TEJOS MILENARIOS DE NAVALTORIL

LOS TEJOS MILENARIOS

Ejemplar milenario de tejo en Navaltoril, Robledo del Mazo
Ejemplar milenario de tejo en Navaltoril, Robledo del Mazo

Los ejemplares de esta desconocida tejeda son de grandes dimensiones u de gran antigüedad como se deduce del grosor de sus troncos que en algunos de ellos han sido quemados en su interior. Comparado el mayor de ellos con otros repartidos por el territorio nacional que son considerados como los más antiguos de Europa, como el de Bermiego en Asturias, no tienen éstos nada que envidiarles.

Se encuentra esta mancha de tejos en la umbría de la sierra de la Hiruela, frente a la aldea de Navaltoril en el municipio de Robledo del Mazo.

Ejemplar milenario de tejo en Navaltoril, Robledo del Mazo
Ejemplar milenario de tejo en Navaltoril, Robledo del Mazo

Es un árbol considerado mágico por los pueblos celtas y nuestra comarca estuvo poblada por ellos, concretamente por el pueblo vettón. Se utilizó desde la antigüedad como veneno  y aparece en los clásico como instrumento frecuente de suicidio, aunque también  se obtiene de él el Taxol, un medicamento utilizado en el tratamiento del cáncer

Este árbol,que puede llegar a tener 1500 años de antigüedad se repartía por toda nuestra comarca como se deduce de los numerosos topónimos «tejeda» que encontramos tanto en La Jara, la Sierra de San Vicente o Gredos.

EL MOLINO CALANCHO EN LOS NAVALMORALES, UN MOLINO CUALQUIERA QUE HAY QUE CONSERVAR

Cárcavo del molino de Calancha

El presente artículo es el informe que hice para Hispania Nostra de cara a poner en su Lista Roja este elemento del patrimonio.

Se trata de un molino de arroyo que, como tal, tiene la gran importancia etnográfica y de arqueología industrial de todos estos venerables artificios. Este es uno de los casi trescientos molinos de la provincia de Toledo que se haya relativamente bien conservado por mantener la captación, el canal, la represa, el receptor y el cárcavo, aunque la sala se encuentra ya destechada.

Fueron los molinos hidráulicos la primera máquina que ahorró trabajo físico al ser humano. Mejorando su rendimiento en el curso de los siglos, desde el molino de rodezno se llegó al molino de regolfo y, cerrando la cuba de éste, se consiguió la turbina, que más tarde originaría el generador eléctrico y por tanto la revolución industrial.

Croquis de la planta del molino

En cuanto a su historia, les puedo comentar que en el arroyo Navajata no aparece molino alguno hasta casi mediado el siglo XIX pues ni en las Relaciones de Felipe II de Navalmoral de Toledo o Lugarnuevo ni en las de Navalmoral de Pusa aparecen referencias a ellos, mientras que sí se alude a los molinos y batanes del río Pusa o a los del río Cedena a su paso por el término.

Sucede lo mismo en las referencias del siglo XVIII, tanto en el Catastro de Ensenada como en las Relaciones del Cardenal Lorenzana. Pero sí hay, sin embargo, alusiones a seis molinos en el Diccionario de Madoz de 1845, de los que debido a ese elevado número referido puede que alguno de ellos se tratara de este molino de Calancha en cuestión. En el arroyo Navajata existen restos de tres molinos de los que éste artificio es el mejor conservado y ocupa el segundo lugar en el cauce.

Canal y embocadura de la rampa del receptor

Desde el punto de vista de su arquitectura popular sí tiene un gran interés, pues desde la presa molinera y la posterior represa, el agua discurre por un curioso canal elevado hasta el receptor. Dicha conducción está completamente realizada en granito, material abundante en su entorno. Su estructura se levanta con grandes bloques que conforman el canal y que se sustentan sobre pilares de mampostería de bloques pétreos del mismo material. Unas largas piezas rectangulares de granito forman también los laterales del canal al que en algunos lugares se ha aumentado su altura mediante mampostería sobre el borde.

Canal elevado del molino

El canal que viene desde la presa o azud desemboca en una represa anterior al receptor que, además de para aumentar el caudal disponible necesario para la molienda, parece haberse utilizado como reservorio de agua para utilizarla en el regadío de los prados y huertos cercanos.

El receptor del agua es del tipo que en mi libro «Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo» denomino «de rampa» ya que el agua se precipita por un plano inclinado hacia el saetillo sin que se acumule previamente en un depósito, como sí que sucede en los molinos de cubo. Tiene esta rampa el valor de estar fabricada mediante muy buena sillería que en su embocadura está precedida por una entrada también granítica. En el cárcavo, adintelado con bloques graníticos, no parecen conservarse restos del rodezno o de otras estructuras.

La sala del molino está hecha de mampostería y al encontrarse destechada, el artificio corre el riesgo de total destrucción. Se conserva la piedra “solera” pero la «volaera» se encuentra partida.

Acceso a la sala del molino

Considero muy interesante su conservación por lo referido anteriormente y porque, como tantos otros de estos pequeños molinos de arroyo o molinos «bastardos», se encuentra en claro riesgo de desaparición.

Su entorno, con los barrancos graníticos cercanos rodeados de magníficos olivares tiene un gran valor paisajístico que se suma a otros elementos cercanos como el llamado dolmen de La Cobertera, alguna explotación minera cercana y otros elementos de arquitectura popular, como dos pequeños puentes de granito que, articulados en una ruta molinera que partiera desde el pueblo, podían constituirse en un elemento cultural de interés que preserve su integridad con no mucho coste.

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA ( y 4)

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA  (4)

HASTA HOY

El último de los cuatro artículos que recibieron el Premio Cabañeros de Periodismo medioambiental 

Desde la Edad Media se fueron ganando terrenos de cultivo rozando jarales
Desde la Edad Media se fueron ganando terrenos de cultivo rozando jarales

Consolidado el dominio cristiano de las Tierras de Talavera, tras la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212, los reyes adehesan el territorio entre el Tajo y el Guadiana en grandes parcelas que conceden a sus servidores, a la Iglesia o a los concejos como el de Talavera. La condición de propiedad privada, o de propiedad comunal variará sustancialmente las posibilidades de conservación del ecosistema en una zona determinada.

Los alijares eran los territorios «de tierra áspera, inculta y pedregosa vestida de monte bajo y arbustos» que pertenecían al concejo talaverano y que los vecinos presionaban para «rozar y demontar sin pena alguna e sin tributo, pero respetando encinas, robles y alcornoques». Se adehesaban en definitiva estos terrenos pero, como vemos, en todas las épocas había una cierta conciencia conservacionista del arbolado que luego pudo ser más o menos respetada por los particulares. Al final, la necesidad humana fue la que más condicionó la conservación del entorno y vemos cómo los ejidos, baldíos y todas las zonas próximas a los núcleos de población han resultado más deforestados, especialmente si eran de propiedad comunal. Con las especies cinegéticas sucede algo similar, baste constatar su exterminio casi total en las actuales zonas de «caza libre».

Se fueron adehesando las mejores tierras de cultivo en llanos y rañasSe fueron adehesando las mejores tierras de cultivo en llanos y rañas

Las épocas de penuria hacen avanzar el territorio cultivado hasta suelos poco rentables que se deforestan y entran en el maligno ciclo de la erosión. No hace falta ir al Sahel para ver ejemplos. En la última posguerra grandes extensiones de monte bajo, jarales en su mayoría, fueron cultivados en la comarca de La Jara, en zonas de gran pendiente llamadas barreras se hacía pasar un borriquillo con unas gradas primitivas, un palo con unos clavos, que arañara el suelo apenas existente para conseguir unas pocas espigas de centeno con las que elaborar el pan «negro». Hoy las retamas delatan ese desesperado intento, previo a las emigraciones masivas de los años sesenta, de intentar extraer un poco de fruto a la tierra. Todavía viven talaveranos que han pasado un par de días en el calabozo por haber ido a cortar un haz de retamas en el Cerro Negro para intentar comer en la posguerra vendiéndolo para los hornos alfareros.

Hasta mediados de este siglo mantuvo el hombre ese delicado equilibrio para conseguir esa especie de «ecología intuitivamente racional» que ha conseguido que durante siglos el medio natural de nuestra sociedad fundamentalmente agraria apenas sufriera cambios significativos. Porque es bien cierto que desde la Edad Media apenas se modificó el medio ambiente, al menos en la zona que nos ocupa,.

La vida rural estaba integrada en el medio de una manera «natural». Desde la vivienda a la artesanía todo se elaboraba con materiales del entorno, pero sin herir de gravedad a la naturaleza. La arquitectura popular tiene por eso un encanto especial porque no desentona del medio, y así, el barro de los adobes o del enlucido de las paredes, las pizarras en La Jara o el granito en la Sierra de San Vicente y El Berrocal se adaptan al paisaje, casi se camuflan en el entorno.

Valle del río Guadyerbas con Gredos al fondo

La extracción de materiales era limitada y no perjudicaba al ecosistema como esos enormes boquetes en la vega talaverana que dejan las graveras y que, aunque abastecen a las empresas constructoras de materiales, comienzan a ser un problema medioambiental.

Esa vida rural tampoco dejaba residuos, todo se reciclaba con la ayuda del cerdo familiar; y hasta las heces humanas y animales se convertían en nitrógeno vivificador. Es cierto que las vigas y puntales de las casas serranas eran de enebro, o de fresno y álamo en La Jara; que los herreros de los pueblos utilizaban la madera de brezo por el gran poder calórico de su carbón; o que los rabeles para animar las fiestas, o las tarras y especieros, pobre ajuar de nuestros campesinos, se hacían con raíz de fresno; la enea, el junco merino, el mimbre o el sauce trabajados hábilmente proporcionaban cestas o canastas desde el neolítico sin que jamás faltaran estas plantas en regatos y arroyos.

Decenas de miles de moreras y morales como estos fueron cultivados en las Tierras de Talavera para alimentar el gusano de las Reales Fábricas de Seda
Decenas de miles de moreras y morales como estos fueron cultivados en las Tierras de Talavera para alimentar el gusano de las Reales Fábricas de Seda

Con las aguas sucedió algo similar, las presas molineras construidas desde la ocupación árabe no modificaban radicalmente el entorno ni los cauces, y son numerosas las referencias históricas a la abundancia de anguilas hasta en los arroyos más insignificantes, arroyos que movían piedras de molino de dos toneladas y que hoy no mueven ni un chinarro (hay quien todavía asegura que el clima no ha cambiado). Con las grandes presas dejaron de subir las anguilas y se repoblaron sus aguas con especies que van desplazando a las autóctonas. Otras repoblaciones fueron más beneficiosas, sin embargo, y no causaron daño ecológico como la de los canales del Alberche con el Gambusia, pececillo tropical que ayudó a erradicar las larvas del mosquito anófeles, y el paludismo endémico en esta tierra.

Durante cientos de años en muy poco se modificó el medio natural casi autárquico de nuestros campos. Solamente se vulneraba esa ley cuando factores de demanda externa se introducían en los ciclos de producción. El carboneo de dehesas por la proximidad de Madrid provocó una mayor deforestación durante el siglo pasado. En Navalucillos sucedió lo mismo pero esta vez era la necesidad de las ferrerías de El Mazo, diseñadas por Michelin hermano del inventor del neumático, las que precisaban energía para sus hornos. Grandes masas de robles se perdieron a finales del siglo XIX y principios del XX por la fabricación de traviesas de ferrocarril

La Cabaña Real de Carreteros, de organización similar a la Mesta, tenía en Talavera uno de sus puntos estratégicos y por aquí pasaban miles de pinos de especies autóctonas también cortados en Gredos para distribuirse por toda España, servían para la construcción de viviendas urbanas más pretenciosas utilizados como vigas maestras y alfangías. Otras especies, sin embargo, fueron introducidas a lo largo de la historia y se adaptaron a nuestro paisaje. Es el caso de los castaños, o el de las más de cien mil moreras que se plantaron en la comarca de Talavera en el siglo XVIII para suministrar capullo a su Real Fábrica de Sedas.

Pero desde los años sesenta, con el desarrollo y el alejamiento de las formas de vida tradicionales comienza el deterioro del medio perdiéndose el sentido natural de las cosas,  se acaba con el concepto de aprovechamiento ajustado y racional de los recursos que otro talaverano, allá por el siglo XVI, fue pionero en estudiar, Gabriel Alonso de Herrera con su Libro de Agricultura.

DE LAS POSADAS DE COLMENAS A LAS DEHESAS

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA 3

Tercer artículo de cuatro que obtuvieron el Premio Cabañeros de periodismo medioambiental de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

DE LAS POSADAS DE COLMENAS A LAS DEHESAS

Monumento al primer repoblador medieval de Alcaudete de La Jara
Monumento al primer repoblador medieval de Alcaudete de La Jara

Tras la reconquista de Talavera en el siglo XI, vuelven los cristianos y comienzan los titubeantes intentos de repoblación del inhóspito y desierto territorio de La Jara durante varias centurias. Primero se aprovechan unas cuantas colmenas y después se van rozando los encinares y jarales para conseguir tierras «de pan llevar».

Estos pioneros se enfrentan a tierras casi vírgenes habitadas todavía por osos, como en Robledo del Mazo donde, en el siglo XVI, justifican sus habitantes el nombre del pueblo porque sus abuelos al llegar a ese hermoso valle tienen que luchar con la glotonería de los plantígrados que destrozan sus posadas de colmenas, consiguen ingeniárselas mediante un mazo movido por una rueda hidráulica que machaca incesantemente espantando a los osos.

Los cultivos se fueron asentando tras rozar el monte bajo y los bosques de La jara

Los cultivos se fueron asentando tras rozar el monte bajo y los bosques de La jaraLos venados, los corzos y los jabalíes campan a sus anchas por una comarca salvaje donde se esconden golfines y bandidos aumentando la inseguridad de sus pobres habitantes. Se funda por ello una de las primeras  policías rurales de Europa, la Santa Hermandad Vieja de Toledo, Talavera y Villa Real, que vigilará los caminos y despoblados de los Montes de Toledo y entre cuyos símbolos figuran un jabalí y una colmena por su vinculación a meleros y ballesteros, primeros hombres que se aventuran en esas tierras.

En algunos aspectos, al igual que las actuales patrullas de medio ambiente de la Guardia Civil, tenía esta Hermandad Vieja competencias que pudiéramos considerar como «ecológicas», ya que cuidaban sus cuadrilleros de impedir rozas, talas y carboneos ilegales que las férreas ordenanzas talaveranas intentaban impedir.

En épocas de hambruna era, a veces, la tala de un poco de leña, el único recurso de subsistencia y tanto era así que el concejo talaverano se vio obligado a dar un bando llamando a los vecinos a evitar las cortas abusivas de leña porque si no vendría la ruina para ellos e «incluso los ricos hombres» serían pasto del hambre y la miseria. Egoísta e interesado concepto éste de la conciencia ecológica pero que, aplicado hoy, puede hacernos ver también cómo el deterioro de algún paraje natural o de la capa de ozono son un problema de todos los estratos de la sociedad.

Ciervos en una dehesa de Oropesa

Pero en esas ordenanzas municipales había además, como hoy, normativas menos afortunadas que por ejemplo premiaban el exterminio de «alimañas» pagando por cada ejemplar de «oso, lobo, o raposa» que se demostrara fehacientemente haber dado muerte mediante la entrega de su cabeza y garras. La caza, como siempre, ejemplo de la esquizoide relación amor -desamor entre el hombre y la naturaleza.

Todavía en el medievo la caza era al menos una actividad más noble, el hombre se enfrentaba al animal con las flechas de su ballesta y su astucia, cualidad desarrollada en las Tierras de Talavera cuando se descubre aquí la caza de paloma con cimbel, como se refiere en actas municipales del siglo XV.

Un siglo antes esa actitud dual entre el cazador que depreda y al mismo tiempo admira el medio natural la encontramos en las sabrosas descripciones de parajes y cazaderos que nos hace el Libro de la Montería de Alfonso XI , rey que recorrió la Sierra de San Vicente por ser «buen monte de oso en invierno». Pero antes que él, ya se habían fijado en el encanto de esta sierrecilla los mismísimos romanos, que la bautizaron con el nombre de su diosa de la naturaleza, Monte de Venus la llamaron.

Una fuente en El Piélago en la Sierra San Vicente
Una fuente en El Piélago en la Sierra San Vicente

Ya hemos hablado del talaverano Padre Juan de Mariana, preceptor de Felipe III que vino aquí a inspirarse para escribir el libro «Del Rey y la institución real» en el que por primera vez se justifica el tiranicidio.

Soplan templadísimos vientos libres de todo miasma, brotan de todas partes las más frescas aguas, corren acá y acullá fuentes cristalinas, cosas todas por las que no sin razón fue aquel lugar llamado Piélago. Alegre es allí el sol, alegre el cielo, alegre por demás la tierra cubierta de tomillo, borraja, acedera , peonía y mucho más de yezgos y de helechos…        

Todavía hoy la Sierra de San Vicente no desmerece de esa descripción de finales del siglo XVII.

Pero no es este el único documento histórico que describe o ensalza alguno de los parajes de nuestra comarca, las Relaciones de Felipe II cuentan con jugosas descripciones de la flora y la fauna que nos ayudan a comprender los cambios en el medio natural y, curiosamente, sorprende que la degradación, sobre todo del manto vegetal, no ha sido tan intensa como podríamos pensar. Vayamos por ejemplo al otro extremo de la comarca, a Mohedas de la Jara donde en 1572  «El monte es abundoso de leña de enzina, alcornoques y robles, quexigos e jaras, madroño e brezo. Descripción exacta de la actual vegetación de monte mediterráneo de la sierra de Altamira en Mohedas.

Dejamos pasar doscientos años y en 1784, el cura del pueblo responde a su obispo que en ese pueblo jareño » se cría con abundanzia benado, zierbas, corzos, benaetes, jabalíes, muchos lobos, zorros, gatos monteses, guarduños, lobos zerbales, conejos, liebres, perdizes, abertruzes, quebrantahuesos, águilas, vilanos, víboras ponzoñosas muchas y otros animalejos que se ignoran sus nombres.

No sabemos si el párroco quiso sorprender al obispo con lo de las avestruces o si aplicaba ese nombre a alguna otra especie de ave.

NATURALEZA EN LA FRONTERA

NATURALEZA EN LA FRONTERA

2º ARTÍCULO DE 4 de la serie LA NATURALEZA Y LA HISTORIA : Premio Cabañeros de periodismo medioambiental

Murallas árabes lamidas por el río Tajo que tanto condicionó la historia de la comarca

La llegada de los pueblos bárbaros ocasiona una nueva dispersión de la población. Son numerosos en toda la provincia de Toledo los yacimientos rurales tardorromano-visigodos. Aparecen dispersos, siguiendo el curso de los arroyos que bajan de los Montes de Toledo y la Jara, numerosos asentamientos de modestas gentes que, según algunos autores, podrían haber tenido en la miel una importante fuente de recursos, pues no debemos olvidar que la capital del reino visigodo estaba en Toledo y que en aquella época el único edulcorante conocido era el producto de las colmenas. Es este aprovechamiento melero uno de los más respetuosos con el ecosistema y el que también arrastraría tras la reconquista cristiana, a los pioneros de la repoblación a las alquerías, embriones de los pueblos de nuestros montes.

Tinaja musulmana hallada en Talavera en el Arco de San Pedro en un dibujo del siglo VIII

Y llegaron los árabes, de nuevo la vuelta a la ciudad, la vida de los musulmanes giraba, al contrario que la de los cristianos del norte, alrededor de  pequeñas o grandes ciudades con un alfoz rural en su entorno que albergaba una escasa población dispersa. Talavera era una de esas ciudades y reunía además otra de las características preferidas por los seguidores de Mahoma, la presencia de un río. Era la suya una «civilización hidráulica» y son en estas tierras los primeros que construyen aceñas, molinos de agua que necesitan de una presa o azuda.

Muchas de las aceñas y molinos del Tajo ya molían en tiempos de los árabes

Azudas que eran también necesarias para llenar los arcaduces de las norias que a su vez colmarían las albercas. Todas estas palabras y muchas más son huellas imborrables de la Cultura del Agua que nos legaron. Esas huertas, que todavía permanecen en las vegas talaveranas con su cenador, su corredor emparrado, su noria, su alberca y sus palmeras, son hijas de  esa cultura respetuosa con el agua que nos legaron los antiguos habitantes de la ciudad que ellos llamaron Talvira. Parece que no hubiera pasado el tiempo cuando Ibn Luyun en el siglo XIV recomienda …hágase una acequia que corra entre la umbría. Plántese junto a la alberca macizos siempre verdes que alegren la vistaen el centro habrá un pabellón en que sentarse con vistas a todos lados…y que haya parrales que cubran los paseos.

Cuando digo cultura respetuosa es porque, para ellos, el agua es un tesoro precioso, no valoran el exceso, el derroche, aprecian ese modesto chorrito que resuena en el jardín como canta Ben-Raisa : Qué bello surtidor que apedrea el cielo como estrellas fugaces que saltan como ágiles acróbatas.

La suya es una naturaleza interior, una naturaleza doméstica, el jardín, una naturaleza que hace necesario sacar del diccionario nuevamente esas palabras de inequívocas raíces árabes o mozárabes: alhelí, aladierno, alcornoque, almendro, albahaca, arrayán…

Las fortalezas como esta de Castros, jalonaban el Tajo

En esa cultura del agua, los baños eran el lugar de encuentro y comunicación, todavía hoy podemos en la impresionante Ciudad de Vascos, visitar en el arroyuelo de Los Baños las ruinas de una de esas instalaciones en un paraje encantador de acebuches, almendros y chaparros.

Pero toda la comarca de la Jara fue durante mucho tiempo, tierra de nadie, un lugar desierto, salvaje e inhóspito donde quienes se aventuraban a asentarse deberían no sólo convivir con osos y lobos, sino también  arriesgarse a perecer ellos y sus cultivos víctimas de las razzias y quemas de ambos bandos. En la cultura árabe el medio ambiente tradicional es el desierto y se asocia con el demonio y el miedo pero el jardín es la forma simbólica islámica del paraíso coránico en la tierra.

Pero esa naturaleza solitaria, ese locus desertus que decían los cristianos del otro lado de la frontera, siempre indujo a la mística y así, algunos eremitas-soldados árabes se retiraron a esos lugares apartados e inseguros, a las rápitas, como la que dio nombre a Marrupe, pueblecito de la sierra de San Vicente, cuyo nombre según los eruditos quiere decir Mazar-al – Rubait,  molino de la pequeña rápita o convento.

Por contraposición los lugares frescos, arbolados, con su arroyete, eran ese locus amoenus donde Berceo situaba las apariciones de la Virgen y los pastorcillos tenían sus visiones místicas.

La cultura árabe y la cristiana se identificaban a ambos lados del Tajo como dos sistemas ecológicos distintos, uno predominantemente cerealícola hacia el norte y otro típicamente mediterráneo hacia el sur con viñedos ,olivares y «oasis» de regadío con un papel menor de los cereales ; y ahí justo en esa frontera militar y ecológica defendida por las fortalezas de Vascos, Castros, Canturias ,Espejel y Alija se encontraba «La ciudad de Talavera, el punto más lejano de las marcas de los musulmanes, y una de las puertas de entrada a la tierra de los politeístas; es ciudad antigua, sobre el río Tajo». Como decía en el siglo XI el geógrafo andalusí Al-Bakri.

Agua y jardín, pero también razzias, incendios y frontera de destrucción fueron algunas de las huellas que los árabes unas veces y los cristianos otras dejaron en los montes y los campos de Talavera.

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA (1)

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA (1)

Primero de los cuatro artículos que por los que el autor de este blog recibió el Premio Cabañeros de Periodismo de la Junta de Comunidades de Castilla- La Mancha 

Dolmen de Azután
Dolmen de Azután

En el calderoniano «gran teatro del mundo» hay un teatrito pequeño y provinciano que se llama Talavera. Ese escenario natural era descrito por uno de sus hijos, padre de la ciencia histórica en España, como: “un valle de cuatro mil pasos de anchura que cortan ríos de amenísimas riberas, entre ellos el Tajo, célebre por sus brillantes arenas de oro, por su extenso cauce y por los muchísimos arroyos que le dan tributo”.

El Padre Juan de Mariana, autor del texto, nos da la primera constante, la referencia permanente en la naturaleza de Talavera y sus Antiguas Tierras, el río Tajo. A sus orillas dejó el hombre las primeras huellas de su existencia, cantos trabajados en las terrazas que un río cuaternario y descomunal fue labrando en el curso de milenios y deshielos fantásticos.

Bifaces del paleolítico inferior hallados en las terrazas del Tajo

También allí quedó la primera huella agresiva del hombre hacia el medio natural, osamentas de grandes mamíferos despedazados por toscas herramientas fabricadas por toscos homínidos. Pero estos seres tan frágiles y poco numerosos, apenas un habitante por kilómetro cuadrado en las zonas más pobladas, eran sólo partículas insignificantes en aquella naturaleza virgen y exultante.

Con el neolítico viene la agricultura y el pastoreo, pero a estas tierras interiores llega ya muy tarde, muy crecido, en forma de calcolítico, las excelentes tierras de las vegas talaveranas comenzaron en esta época a sufrir las primeras talas, las primeras rozas que despejaban el sin duda impenetrable bosque de ribera que abrazaba al Tajo en todo su recorrido, en esas vegas construyeron esos grupos ya jerarquizados sus dólmenes, como el de Azután en el Tajo o el de Navalcán en el Guadyerbas, son hitos que parecen decir : Este pedazo de naturaleza dominada es nuestra, de nuestro grupo. Aunque son símbolo de una nueva sociedad jerarquizada que obtiene de su trabajo excedentes de alimentos que debe defender.

Estas gentes ya conocen el fuego y también su poder destructivo que les ayudará con las quemas y rozas para conseguir nuevas tierras y pastos, pero también para manipular los metales y así, aparecen infinidad de pequeños yacimientos sobre los cerros elevados del curso de los ríos que se adentran en los montes de La Jara y que intentan aprovechar las afloraciones superficiales de cobre, las primeras heridas que el ser humano araña en la corteza de estas tierras.

Ciervo con su cornamenta de los grabados rupestres de El Martinete
Ciervo con su cornamenta de los grabados rupestres de El Martinete

Pero este hombre de hace cuatro o cinco milenios, aunque iba aprendiendo a dominar los recursos naturales, seguía cazando, pescando y recolectando, conocía los lugares donde la abundancia de caza era mayor y aunque entonces salvajes y casi inaccesibles llegaba a ellos por el cauce de los ríos, primeras autopistas humanas, y allí, en los santuarios de la caza, dibujó y grabó ciervos y arqueros como los del Martinete, en la cabecera del río Jébalo, en un lugar que todavía hoy sobrecoge en su agreste soledad sólo turbada por la berrea de los venados, descendientes afortunados de aquellos que cazaban los jareños de la Edad del Bronce.

Verraco de Torralba de Oropesa
Verraco de Torralba de Oropesa

Fuera de las vegas del Tajo, los suelos de La Jara al sur, y la Sierra de San Vicente y el Berrocal al norte, nunca fueron fértiles, sus bosques fueron adehesados o talados y convertidos en prados y cercados de una antiquísima tradición ganadera unida a esa red de cañadas y cordeles que algunos remontan a tiempos prerromanos, así lo atestiguan los muchos verracos, toros y cerdos de piedra esculpidos por el pueblo vettón hace más de dos mil años.

Pero yo voy más lejos, curiosamente los monumentos megalíticos de la comarca jalonan la Cañada Leonesa, y esta disposición nos orientaría hacia la posible existencia de estas vías de comunicación desde hace quizá cincuenta siglos. El hombre ya sale de su limitado entorno y percibe pastos cálidos al sur y pastos frescos al norte, y emprende el camino, tal vez siguiendo antiguas sendas por donde discurrían los animales salvajes desde tiempos prehistóricos. Y por ello nuestra red transhumante es patrimonio histórico y natural de todos, patrimonio vivo milenario.

Plano de monumentos megalíticos de la comarca talaverana
Plano de monumentos megalíticos (dólmenes y menhires) de la comarca talaverana y su relación con las dos cañadas leonesas

Cuando llegan los romanos, desde la fragosidad de la sierra de San Vicente son atacados por aquellos pueblos lusitanos y vettones coaligados bajo el mando de Viriato que hostigan a los legionarios forrajeros,  buscadores de pastos. Mas al imperio, una vez dominadas las belicosas tribus locales pastoriles, le interesan más las ricas tierras de la vega del Tajo y allí asientan sus villae continuándose la antropización de este valle que comienza así a perder sus alamedas, fresnedas y taraieras, y de esta última palabra, que hace referencia a los bosques de atarfas o tarais, hay quien hace derivar el primitivo nombre de Talavera.

LOS CLAUDIO COELLO DE LA CALZADA

LOS CLAUDIO COELLO DE LA CALZADA

Las pinturas del hermoso retablo mayor de la iglesia parroquial de La Calzada de Oropesa y del que hablaremos otro día son en principio encargadas al pintor madrileño José Jiménez Donoso, pintor  que colaboró con Claudio Coello, pero que no llega a realizar este trabajo por resultar demasiado caro para las arcas de la parroquia, por lo que se encargan las pinturas a Simón Vicente, pintor toledano que ajusta los lienzos en un precio menor.

A este artista se atribuían las pinturas del retablo hasta que el restaurador Luciano Gutiérrez descubrió durante  la limpieza de los lienzos la autoría de Claudio Coello, como se contaba en el diario “El País” el 19 de marzo de 1986:

Retablo central de Claudio Coello en la iglesia de La Calzada
Retablo central de José Jiménez Donoso en la iglesia de La Calzada

Un fugaz escalofrío recorrió, a comienzos de este año, el cuerpo del restaurador toledano Luciano Gutiérrez. Desde un andamio de 16 metros de altura y con evidente peligro para su integridad física descubrió una inscripción latina que rezaba: «Claudius Acoello pigtor rexis faciebat 1691». Era sin duda la prueba que determinaba que los tres óleos de la parte superior del retablo de la iglesia de la Asunción de Calzada de Oropesa (Toledo) pertenecen al pintor barroco Claudio Coello, discípulo de Ricci, y no a otro artista toledano, como se creía hasta entonces.

«Nunca dudé», cuenta Luciano Gutiérrez -quien ayudara hace unas semanas a John Brealey en la limpieza de El Expolio de El Greco en la catedral de Toledo-, «que la obra pertenecía a un gran pintor», porque «vi desde el principio que era maravillosa». Tras casi 300 años ocultos bajo el polvo, el restaurador y escultor Luciano Gutiérrez descubrió a comienzos de este año que los tres cuadros que forman el tríptico del retablo del altar mayor de la iglesia de Calzada de Oropesa pertenecen a Claudio Coello. En la parte superior de este retablo, de finales del siglo XVII, donde la pintura se amplía hasta entrar en uno de los ábsides del templo, se pueden apreciar tres óleos. El central, La coronación de la Virgen, tiene una dimensiones de 4,5 por 3,20 metros, y los otros dos, de 4,67 por 1,86, recogen La gloria de los ángeles, que festejan esta coronación.

Gerardo Ortega, cura párroco de Calzada de Oropesa, ha explicado a este periódico que la razón por la que el pintor pudo realizar esta obra dos años antes de su muerte estaría en que en 1685 el conde de Oropesa, Manuel Joaquín Álvarez de Toledo, fue nombrado valido de Carlos II. Dos años antes, en 1683, Claudio Coello comenzó a trabajar para la Corte del Rey en Madrid . Ésta es la interpretación que los expertos dan para explicar la vinculación del artista con el pequeño pueblo, en el límite con la provincia de Cáceres y con apenas 1.000 habitantes

Archivo parroquial

En principio se consideraba que los tres lienzos pertenecían a un pintor toledano, Simón Vicente, al encontrarse en el archivo parroquial con fecha de 1687 una carta del obispado de Ávila -diócesis a la que pertenecía entonces la localidad- por la que se le recomendaba al párroco el encargo de unas pinturas para el retablo de la iglesia del pueblo. En la carta se nombra como posibles autores de las pinturas a José Donoso y a Simón Vicente, éste último «maestro de pintura de Toledo que lo hará por menos cantidad», señala Gerardo Ortega citando los documentos.

Lo cierto es que el encargo no le resultó barato a sus patrocinadores, porque ya en el siglo XVII el tallado y el dorado del retablo en oro de 23 kilates costó 17.000 ducados-oro.

Pero en el retablo de la iglesia parroquial, de estilo herreriano, desafecta al culto desde el final de la contienda civil hasta la década de los cincuenta, alberga en su parte central una pintura del artista nacido en Calzada de Oropesa Nicolás Soria, el mismo que tallara la cruz de los Caídos.

Los estudiosos no descartan que esta pintura central, La Asunción, que sustituye otra anterior que ocupaba el mismo lugar, fuera pintada también por Coello, al ser precisamente la Asunción la que da nombre a la parroquia. Este primer lienzo de cinco por tres metros fue destruido durante la guerra civil. Para ocupar su espacio, Nicolás Soria pintó otro de las mismas dimensiones. 

Después de dos meses de trabajo, tres manos de limpieza y otras tres para revitalizar la pintura ha necesitado Gutiérrez para que las tonalidades primitivas de los lienzos afloraran. Precisamente y después de todo este trabajo el restaurador halló la inscripción latina prueba de la autenticidad de los cuadros.

Además, se ha tenido que tensar y retelar la parte derecha del tríptico, desprendido del bastidor en su parte derecha. Los gastos de restauración del retablo, el arreglo de los ventanales de la iglesia y el acondicionamiento de un crucifijo tallado en madera del siglo XVII han sido costeados entre el arzobispado de Toledo, la propia parroquia de Calzada y las donaciones de los fieles del pueblo”.

LOS GRABADOS RUPESTRES DE ANCHURAS EN LA JARA

Vista del orden de los circulos grabados de la Etrera. Rio Estenilla. Anchuras

Vista del orden de los circulos grabados de la Etrera. Rio Estenilla. Anchuras. FOTO DOMINGO PORTELA

Los grabados rupestres postpaleoliticos de “La Etrera”. Rio Estenilla. Anchuras. Ciudad real (España). Una nueva estación con grabados rupestres en la Comarca de La Jara
DOMINGO PORTELA HERNANDO
MIGUEL MÉNDEZ-CABEZA FUENTES

RESUMEN: En este trabajo presentamos el estudio de una nueva estación con grabados rupestres postpaleolíticos al aire libre “La Etrera”, que se encuentra en la margenderecha del río Estenilla en el término municipal de Anchuras (Ciudad Real).
Fueron descubiertos por Javier Méndez – Cabeza Sánchez en 1991 y dados a conocer en la prensa local por Miguel Méndez-Cabeza Fuentes.

En el estudio que presentamos describimos los aspectos técnicos e iconográficos, clasificamos los motivos por tipos, buscamos sus paralelos, proponemos su cronología y la comparamos con las cercanas estaciones, ya publicadas (Portela 2006), de “El
Martinete” (Alcaudete de la Jara) y “La Zarzuela” (La Nava de Ricomalillo).
Esta nueva estación viene a incrementar el número de lugares con grabados rupestres en la Comarca de La Jara y los Montes de Toledo, amplia el catálogo de motivos conocidos en la zona y plantea nuevas interrogantes sobre su dispersión y significado.
PALABRAS CLAVE: Arte postpaleolítico. Montes de Toledo. Comarca de La Jara. Anchuras. Estación de arte rupestre “La Etrera”. Grabados aire libre. Edad del Bronce.
ABSTRACT: In this project we present the study of a new art station with postpaleolithic art engravings open air “La Etrera”, located on the right bank of the Estenilla river in the municipality of Anchuras located (Ciudad Real). They were discovered
by Javier Mendez – Cabeza Sánchez in 1991 and released in the local press by Miguel Méndez- Cabeza Fuentes.
In the study presented here we describe the technical and iconographic aspects, we classify the reasons types, seek their parallel, we propose chronology and compared
with nearby stations already published (Portela 2006), “El Martinete” (Alcaudete de la Jara ) and “La Zarzuela” (La Nava de Ricomalillo).
This new station is to increase the number of places with rock engravings in the La Jara´s shire and Toledo´s Mountains, extensive catalog of known motifs in the area and raises new questions about its dispersion and meaning.
KEYWORDS: Postpaleolithic art. Toledo´s Mountains. La Jara´s shire. Anchuras. “La Etrera” rock art station. Engravings open air. Bronze Age.

Los grabados inéditos que presentamos fueron descubiertos de manera casual por Javier Méndez-Cabeza en 1994 y que tengamos noticias no ha sido objeto de ningún estudio ni mención, solo conocemos una breve reseña sobre su descubrimiento y un dibujo publicado Miguel-Méndez Cabeza en el periódico local la Voz de Talavera en 1994.

Entorno de los Grabados en el río Estenilla de Anchuras
Entorno de los Grabados en el río Estenilla de Anchuras. FOTO DOMINGO PORTELA

Esta nueva estación con arte rupestre formaba parte del estudio del conjunto de grabados y pinturas postpaleolíticas en los Montes de Toledo. Respecto a la Jara que es la zona que nos ocupa donde se localizan los grabados de la Etrera, se conocen dos importantes estaciones, “El Martinete” y “LaZarzuela”.
El abrigo de El Martinete, (Alcaudete de la Jara), en la orilla izquierda
del río Gébalo, junto al cauce, conserva cinco paneles, que fueron grabados durante toda la Edad de Bronce, en los que conviven algunas pinturas ocres, en estudio, y numerosos grabados realizados principalmente por picado, entre ellos destacan los antropomorfos semiesquemáticos y esquemáticos, los zoomorfos y los carros. El lugar fue dado a conocer por D. Fernando Jiménez de Gregorio, en 1973. La estación al aire libre de la “La Zarzuela” (La Nava de Ricomalillo), en la que sobre un afloramiento de pizarras aparecen grabados tres paneles de la I Edad del Hierro, fue dada a conocer por Miguel Méndez Cabeza en las Actas del I Congreso de Arqueología de la provincia de Toledo en 1990. Ambas estaciones rupestres, “El Martinete” y “La Zarzuela”, fueron estudiadas en 1993 por Domingo Portela Hernando quien la presentó en 1994, como tesina, en el Departamento de Prehistoria e Historia Antigua de la UNED y fueron publicadas en las actas del Congreso de Arte Rupestre Esquemático
en la Península ibérica en 2006.
Localizacion y características Los grabados están hechos al aire libre, junto a la orilla del río, en una zona inundable, que en algunas épocas pudo estar cubierta de agua, sobre una roca plana de pizarra, un poco más baja que las rocas que la rodean y ligeramente inclinada hacia el río, lo que permitiría poder deslizarse por ella.
Aunque presentan un alto grado de erosión, que no permite casi ni verlos durante la mayor parte del día, están en muy buen estado y no han sufrido ningún tipo de agresión antrópica.

Dibujo esquemático sobre los grabados rupestres de La Etrera en el río Estenilla de Anchuras
Dibujo esquemático sobre los grabados rupestres de La Etrera en el río Estenilla de Anchuras

Contexto histórico-arqueológico, geológico y geográfico
Los grabados de La Etrera se hallan en el término municipal de Anchuras de los Montes, localidad situada en la provincia de Ciudad Real, pero que geográfica e históricamente pertenece la comarca de La Jara. Este extenso territorio es el alfoz de repoblación medieval de Talavera de la Reina, ciudad que aún hoy mantiene su influencia económica y de servicios sobre la localidad de Anchuras. Esta situación especial es la que ha hecho que se denomineel término de este municipio el “Enclave” o “Rincón” de Anchuras (Jiménez 1953). Su territorio se compone de la propia población de Anchuras
y sus cuatro aldeas: Encinacaída, La Enjambre, Gamonoso y Huertas del Sauceral, localidad ésta última que se encuentra más próxima a los grabados objeto de este artículo. Todos estos pueblos se sitúan en las estribaciones hacia el sur de las sierras de Altamira, La Hiruela y Sevilleja. Geológicamente la zona se encuentra como la mayor parte de La Jara sobre rocas consolidadas silíceas y de gran antigüedad sobre las que predominan las pizarras. Las zonas más elevadas de los serratos están formadas por crestas cuarcitas con pedrizas a veces muy extensas tendidas sobre las laderas. Los afloramientos graníticos que se dan más en la zona norte de la comarca, así como los pizarrosos de la zona que nos ocupa están cubiertos por arcillas y cantos de cuarcita formando extensas llanuras llamadas rañas,
cortadas y delimitadas por profundos surcos que han sido excavados por los cursos de agua. Se trata de un relieve “apalachense” y en el área donde se localizan los grabados el suelo está compuesto por pizarras silíceas, litarenitas y areniscas de la serie anteordovícica superior (Muñoz 1991).
Las sierras cuarcíticas al norte de los grabados de La Etrera ascienden
por encima de los 1300 metros mientras que las rañas se sitúan entre los 600 y los 700 metros. La estación rupestre se encuentra en la orilla de uno de los ríos que ha excavado este territorio, el Estenilla. Los suelos pizarrosos y de cuarcita son en general muy pobres por loque los cultivos se limitan prácticamente a las llanuras cerealistas de las rañas y a los olivares de las “barreras” y llanuras de menor pendiente cercanas a los pueblos. Los pastos son de buena calidad pero escasos y algunos huertecillos se riegan con las numerosas corrientes de ríos y arroyos que atraviesan la zona, aunque tienen regímenes caudalosos en época de lluvias pero con estiajes prolongados en verano. El caudal medio de los ríos comarcanos es de unos 2 m/s en la desembocadura.
Las precipitaciones son más abundantes según ascendemos orográficamente a las sierras adyacentes llegando hasta los 1000 l./m2 con temperatura media anual inferior a los 14º, mientras que en las zonas más bajas como la que aloja los grabados oscilan las lluvias entre los 400 y 600 l./m2, según la cercanía a las elevaciones serranas, sobrepasando los 15º de temperaturamedia.
La minería ha sido un recurso aprovechado durante siglos. En el entorno La zona fue rica asimismo en balnearios populares cuyas propiedades medicinales eran aprovechadas por los vecinos para aliviar sus patologíasreumáticas.
La caza sigue siendo aún hoy, junto al olivar, el principal recurso económico de la zona por las extensísimas zonas de monte bajo cerrado, jarales, encinares y alcornocales con robles, quejigos, enebrales y pinares de repoblación.
Una rica flora y fauna muy similar a la del colindante Parque Nacional
de Cabañeros, con los venados y jabalíes como especies cinegéticas
más abundantes. La pesca de sus ríos pudo ser en la zona un recurso de cierta importancia para las gentes de la prehistoria y la miel es otra de las producciones tradicionales y, de hecho, sus primeros repobladores medievales fueron colmeneros.
El río Estenilla, en cuyas riberas se localizan los grabados, nace en el
cercano término de otra población jareña, Los Navalucillos. Discurre en suprimer tramo en dirección sur por terreno montuoso para girar hacia el oeste y pasar junto a la aldea de Los Alares. Después de dar agua a algunos huertecillos y molinos hidráulicos, toma de nuevo la dirección sur para llegar asu desembocadura en el Guadiana, en los reculajes del embalse de Cijara y muy cerca de la desembocadura de otros dos ríos que confluyen casi juntos: el Estena y el Estomiza.
Estos ríos fueron sin duda las primitivas vías de comunicación de una
zona tan retirada y agreste, además de los caminos que llegaban desde Talavera de la Reina, la ciudad capital del alfoz al norte, y los que llegaban desde el sur, sin localidades importantes hasta desplazarnos muy al mediodía en la llamada Siberia extremeña y el señorío de la Puebla de Alcocer.
Un poco más al norte de los grabados cruza un puente que por su aspecto parece haberse construido en el siglo XIX, tal vez para aprovechar los recursos mineros y para conectar estos territorios con el sur, pues el camino que por él cruza el río viene desde la localidad de El Bohonal, hoy con escasos habitantes pero que fue uno de los primeros núcleos en ser repoblados después de la batalla de Las Navas de Tolosa.
Desde ese momento la frontera entre árabes y cristianos bajó desde el Tajo hasta el Guadiana, dejando el enorme desierto de La Jara para ser repoblado desde Talavera. De hecho, la población madre de Anchuras fue Sevilleja de La Jara, repoblada por mozárabes sevillanos (y también cordobeses que poblaron la cercana Cordobilla, hoy desaparecida). Iban encabezados por su obispo Clemente que pidió tierras al concejo talaverano tras su huida de la represión de los almohades.
Madoz en su Diccionario Geográfico dice que “el terreno es sumamente montuoso, áspero y cruzado de sierras en todas direcciones”. Hemos de recordar también para ilustrar lo apartado y agreste de estos territorios que es aquí donde se producen las incursiones primeras de los Golfines, bandoleros que hubieron de ser reprimidos por la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera
antecedente como policía rural de la Guardia Civil y que se funda
como una cofradía de autodefensa de los colmeneros perjudicados por las incursiones de los salteadores. Partidas carlistas o de guerrilleros antifranquistas también se refugiaron en estos montes.
En cuanto al entorno arqueológico de los grabados solamente podemos hacer referencia a las azuelas y hachas pulimentadas halladas en las rañas y a algunos topónimos como “La Torrezuela” o “Las Ruinas” en el valle del de Anchuras y la localidad de Sevilleja, de la que dependía como anejo hasta hacerse municipio independiente en 1785, se han documentado cerca de medio centenar de explotaciones mineras, especialmente de galenas argentíferas
y hierro, además de una mina de oro muy próxima, en la localidad de
la Nava de Ricomalillo, la llamada mina La Oriental de Sierra Jaeña, la más importante explotación aurífera en el territorio nacional durante los siglos XVII y XVIII y que parece haber sido aprovechada desde tiempos romanos. De ella se extraía el metal para elaborar las conocidas durante el siglo XVII como doblas jaeñas.
En Anchuras se explotó hasta los años ochenta la mina de plata El Brillante, la última en cerrar en la zona y de cuya presa se abastece de agua potable actualmente el pueblo. Colindante con Anchuras se encuentra la localidad de Minas de Santa Quiteria, que es el lugar más cercano a los grabados en el que se documentan minas de cobre así como en el paraje de El Labradillo, en Sevilleja.
(Montero et al. 1990; Urbina et al. 1994).
En algunos de estos yacimientos es tan frecuente el hallazgo de cierta
proporción de estaño junto al cobre que podríamos hablar de aleación natural de bronce, circunstancia que podría explicar los relativamente numerosos asentamientos del calcolítico y el bronce en La Jara, a pesar de ser tan escasos sus recursos agrícolas (Carrobles y Méndez-Cabeza 1991).
En cuanto a otros yacimientos de cobre que pudieran condicionar la presencia de grupos humanos en la Edad del Bronce la extracción más cercana se encuentra en la localidad de Aldeanueva de San Bartolomé, en la conocida como mina de La Borracha.
Hay algunas instalaciones de aprovechamiento del mineral, tanto en lapropia Anchuras junto al río Fresnedoso, como en localidades colindantes. Es el caso de las importantes ferrerías de El Mazo en Navalucillos, el Martinete que da nombre a un paraje en término de Alcaudete de La Jara o el mazo que da apellido al municipio situado al norte de Anchuras, Robledo del Mazo. En este mismo municipio se encuentra también el topónimo minero de arroyo de los Lavaderos. Hay referencias en la obra de Larruga a minas de cobre en término también de Alcaudete. En Campillo de la Jara se
han hallado minerales de cobre y estaño. En Los Navalmorales se encontraban las ferrerías de la Herrera y también hay referencias a la existencia de plomo y cobre. En la cercana aldea de Robledo del Buey en el río Estenilla, aguas arriba de los grabados de La Etrera también hay restos de una mina de galena.

La zona fue rica asimismo en balnearios populares cuyas propiedades
medicinales eran aprovechadas por los vecinos para aliviar sus patologías reumáticas. La caza sigue siendo aún hoy, junto al olivar, el principal recurso económico de la zona por las extensísimas zonas de monte bajo cerrado, jarales, encinares y alcornocales con robles, quejigos, enebrales y pinares de repoblación.
Una rica flora y fauna muy similar a la del colindante Parque Nacional
de Cabañeros, con los venados y jabalíes como especies cinegéticas
más abundantes. La pesca de sus ríos pudo ser en la zona un recurso de ciertaimportancia para las gentes de la prehistoria y la miel es otra de las produccionestradicionales y, de hecho, sus primeros repobladores medievales fueron colmeneros.
El río Estenilla, en cuyas riberas se localizan los grabados, nace en el
cercano término de otra población jareña, Los Navalucillos. Discurre en su primer tramo en dirección sur por terreno montuoso para girar hacia el oestey pasar junto a la aldea de Los Alares. Después de dar agua a algunos huertecillos y molinos hidráulicos, toma de nuevo la dirección sur para llegar a su desembocadura en el Guadiana, en los reculajes del embalse de Cijara y muy cerca de la desembocadura de otros dos ríos que confluyen casi juntos: el Estena y el Estomiza.
Estos ríos fueron sin duda las primitivas vías de comunicación de una
zona tan retirada y agreste, además de los caminos que llegaban desde Talavera de la Reina, la ciudad capital del alfoz al norte, y los que llegaban desde el sur, sin localidades importantes hasta desplazarnos muy al mediodía en la llamada Siberia extremeña y el señorío de la Puebla de Alcocer.
Un poco más al norte de los grabados cruza un puente que por su aspecto parece haberse construido en el siglo XIX, tal vez para aprovechar los recursos mineros y para conectar estos territorios con el sur, pues el camino que por él cruza el río viene desde la localidad de El Bohonal, hoy con escasos habitantes pero que fue uno de los primeros núcleos en ser repoblados después de la batalla de Las Navas de Tolosa.
Desde ese momento la frontera entre árabes y cristianos bajó desde el Tajo hasta el Guadiana, dejando el enorme desierto de La Jara para ser repoblado desde Talavera. De hecho, la población madre de Anchuras fue Sevilleja de La Jara, repoblada por mozárabes sevillanos (y también cordobeses que poblaron la cercana Cordobilla, hoy desaparecida). Iban encabezados por su obispo Clemente que pidió tierras al concejo talaverano tras su huida de la represión de los almohades.
Madoz en su Diccionario Geográfico dice que “el terreno es sumamente montuoso, áspero y cruzado de sierras en todas direcciones”. Hemos de recordar también para ilustrar lo apartado y agreste de estos territorios que es aquí donde se producen las incursiones primeras de los Golfines, bandoleros que hubieron de ser reprimidos por la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera
antecedente como policía rural de la Guardia Civil y que se funda
como una cofradía de autodefensa de los colmeneros perjudicados por las incursiones de los salteadores. Partidas carlistas o de guerrilleros antifranquistas también se refugiaron en estos montes.
En cuanto al entorno arqueológico de los grabados solamente podemos hacer referencia a las azuelas y hachas pulimentadas halladas en las rañas y a algunos topónimos como “La Torrezuela” o “Las Ruinas” en el valle del Estenilla, al norte de los grabados, así como una Laguna de los Moros tambiéncerca del cercano pueblo de Los Alares y en cuyo entorno se han halladoescorias de fundición con hierro, plomo e indicios de zinc y plata.
En las cumbres cercanas de La Jara Alta, al noroeste de los grabados hay algunos topónimos de etimología probablemente más morfológica que arqueológica, como son “El Castillazo” o “El Atalayón”, aunque hay otros como “Las Moradas”, cumbre más elevada de la zona donde sí que se perciben restos de construcciones precarias, que son de difícil datación pues no aparecen materiales en superficie. Para algunos serían lugares elevados de refugio en la época de la Reconquista, con el significado que, por ejemplo, le
da Santa Teresa al término “Las Moradas”, como lugar de refugio y aislamiento, y para otros puede tratarse de castros de ocupación temporal para aprovechamientos de pastos altos, muy similares al yacimiento estudiado en la cumbre de la cercana sierra de La Estrella. Por último, algunos piensan que son simplemente asentamientos pastoriles de difícil concreción cronológica.

Elementos individualizados de los grabados de La Etrera en el río Estenilla de Anchuras
Elementos individualizados de los grabados de La Etrera en el río Estenilla de Anchuras

Metodología
La piedra donde están los grabados estaba casi limpia, solo tenía en la
superficie algunas colonias de líquenes y musgos, que cubrían parcialmente los motivos y en las grietas y laterales algunas hierbas. Los líquenes se eliminaron utilizando espátulas de plástico y madera, más blandas que el soporte, y se limpiaron con agua y cepillos suaves y las hierbas se arrancaroncon raíz.
Como es habitual en nuestros trabajos de campo hicimos un calco directo sobre plástico transparente intentando ver y reflejar en los posible los detalles, el los contornos y las irregularidades del soporte, procurando se lo más fiel posible, ya que por alto grado de erosión el trabajo era difícil.

Los grabados se fotografiaron en un día soleado, a diferentes horas del día funcionando muy bien, para poder ver las figuras, resaltar los motivos y apreciar la técnica empleada, las que hicimos a la caída de la tarde, con la luz del sol incidiendo sobre los motivos en un ángulo entre 60 /70 grados, ya que después, con un ángulo, menor algunas figuras comenzaban a estar poco iluminadas o en zonas de sombra. Por la mañana y a mediodía las figuras casi no se aprecian y pasan desapercibidas. Para el dibujo definitivo utilizamos el calco y las fotografía ampliadas a tamaño natural. Somos de la opinión que los calcos directos, denostados por algunos investigadores, en los que a los grabados se refiere y cuando el soporte lo permite, son casi imprescindibles, ya que permiten que el investigador este en contacto con el soporte y la obra, con un grado de atención y posibilidad de conocer detalles y aspectos, como la forma de ejecución,diferencia de trazos y profundidad, diferentes herramientas, las dificultades
físicas a la que tuvo que enfrentarse el autor para hacerlos, la incidencia de la luz, la situación respecto a los montes y el rio…, que difícilmente puede llegar a conocer por una imagen.
Aunque consideramos el panel como un conjunto y no como motivos
aislados, para intentar averiguar datos que se nos podían escapar hemos considerado conveniente el estudio de cada motivo por separado, pero teniendo en cuenta y recogiendo su relación con el resto, para diferenciarlos los hemos numerado, comenzando por la parte superior del panel, la más alta y alejada de la orilla, también hemos tenido en cuenta la posición y orientación del antropomorfo. Como el primer motivo que aparece es uno de los cuatro motivos
independientes de círculos concéntricos, hemos preferido por si están relacionados, numerarlos todos seguidos, de arriba abajo, según orden de aparición, numerando después el geométrico (5) y el antropomorfo (6).
Características técnicas y motivos
La roca que les sirve de soporte tiene forma rectangular, mide de alto
en el centro 1,67 m y en el lateral derecho 1,48 cm, de ancho, en la parte superior 86 cm, en el centro 77 cm y 94 cm en la parte inferior.
Los grabados, cuatro motivos independientes de círculos concéntricos, un geométrico y un antropomorfo están tallados, por piqueteado sobre una laja de pizarra que previamente regularizaron y alisaron para dejarla plana. El piqueteado parece en principio, ya que su alto grado de erosión puede llevar a error, que es igual o similar en todas las figuras y fue hecho dando pequeños golpes contiguos, que producían pequeños levantamientos de la roca, hasta formar la figura deseada. Las incisiones, que tienen muy pocosmm una profundidad, tienen sección semicircular, con el fondo irregular, sin pulir, y un ancho que oscila entre 1 y 2 cm. En la cabeza del antropomorfo
da la impresión que los piqueteados del circulo exterior, del interior y su relleno, son semicirculares, más pequeños, están más juntos y no marcan claramente los contornos de los círculos ya que algunos no se tocan entre sí. Hemos de mencionar que entre la pierna izquierda del antropomorfo, el motivo de círculos concéntricos 2 y el geométrico, se aprecian unas incisiones finas y poco profundas hechas posiblemente con un instrumento de corte, que, aunque con muchas dudas, pudieran pertenecer a alguna figura perdida.

Un detalle de los grabados de Anchuras

Junto al círculo concéntrico más cercano al antropomorfo parecen observarse los restos de unos trazos incisos, no hechos picando la superficie, de los que no hay más que algunos trazos pequeños , y muy finos hechos posiblemente con un instrumento de corte rayando y cortando la pizarra, que por su tamaño y forma no se pueden identificar ninguna figura, ni determinar su forma, raya horizontal ver si corta al círculo concéntrico, ver el posible ramiforme, identificar sobre foto algunos nuevos , pero que como no coinciden con las líneas naturales de los esquitos de la pizarra, consideramos
que pudieran ser motivos.
Los círculos concéntricos
Los círculos concéntricos ocupan el centro del soporte y están distribuidos en una banda en zig-zag, en la que se alternan uno grande a la derecha y uno más pequeño a la izquierda. Puede decirse que están tallados dentro de un rectángulo vertical, que se separa del lado izquierdo 22 cm y 27 del derecho, de 38 cm de ancho y el mismo largo, 1,67 cm, que el soporte.

Motivo 1 – Círculos concéntricos de 6 círculos.
Este motivo de círculos concéntricos se localiza en la parte superior del panel a 27 cm del borde, a 29 cm del lateral derecho, a 27 cm del izquierdo y a 112 cm del final del panel. Está formado por 6 anillos concéntricos, que se conservan casi completos, separados entre sí entre 1 y 3 cm, tiene de diámetro 30 cm, está separado de la cabeza del antropomorfo 10 cm y del motivo dos, círculos concéntricos, 8 cm. Desde el centro al final del panel hay 128 cm, a los laterales izquierdo y derecho unos 43 cm y a la parte superior 41 cm, por lo que podemos decir que está centrado respecto a la parte superior
y los bordes. Del centro de este motivo al centro del motivo dos, círculos concéntricos, hay 31 cm, al motivo tres, círculos concéntricos, 52 cm, al cuatro, también circulos concentricos,114 cm, al geométrico (5) 45 cm y al centro de la cabeza del antropomorfo 32 cm.

Motivo 2 – Círculos concéntricos de 4 círculos.
Este motivo de círculos concéntricos se localiza en la parte superior, debajo del círculo concéntrico uno del que solo está separado 8 cm, a la izquierda del antropomorfo del que solo está separado 5, 5 cm de la pierna y 2,5, del brazo y abajo el geométrico del que solo está separado 1 cm. A la derecha a 10 cm se encuentra el motivo de círculos concéntricos tres. La distancia que hay al borde izquierdo es de 22 cm, al derecho 39, 5 cm, 61 cm de la parte superior y 90 cm del final del panel. Está formado por 4 anillos concéntricos, que se conservan completos, separados entre sí entre 0,5 y 2 cm y tiene un diámetro de 17×17 cm.
Desde el centro al final del panel hay 100 cm, al lateral izquierdo 30 cm, al derecho 48 cm y a la parte superior 68 cm. Del centro de este motivo al centro del motivo uno, (círculos concéntricos), hay 31 cm, al motivo tres, (círculos concéntricos), 30 cm, al cuatro (círculos concéntricos), 86 cm, al geométrico (5) 15 cm y a la cabeza del antropomorfo, 26 cm.
Motivo 3 – Círculos concéntricos de 6 círculos.
Este motivo de círculos concéntricos se localiza en centro del panel,
junto al geométrico del que solo está separado 5 cm y a 10 cm del motivo dos, círculos concéntricos, ambos a la derecha. Al borde izquierdo hay 36,5 cm, al derecho 17 cm, 81 cm a la parte superior y 63 cm del final del panel.
Está formado por 6 anillos concéntricos, que se conservan completos,
separados entre sí entre 0,5 y 2 cm, su forma es ligeramente ovalada y mide 18 x 21 cm. Desde el centro del motivo al final del panel hay 76 cm, al lateral izquierdo 48 cm, al derecho 30 cm, a la parte superior 92 cm, al motivo uno, (círculos concéntricos), 52 cm, al motivo dos, (círculos concéntricos), 30 cm, al cuatro, (círculos concéntricos), 63,5 cm, al geométrico (5) 20 cm y a la cabeza del antropomorfo, 56 cm.
Motivo 4 – Círculos concéntricos de 4 círculos.
Este motivo de círculos concéntricos se localiza al final del panel separado 55 cm del geométrico y 40 cm del motivo tres (círculos concéntricos). La distancia que hay desde este motivo al borde izquierdo es de 30 cm, al derecho 33 / 50 cm y al final del panel, 6 cm.
Está formado por 4 anillos concéntricos, muy erosionados, separados
entre sí entre 0,5 y 2 cm, su forma es ligeramente ovalada y mide 18 x 21 cm.
Desde el centro al final del panel hay 17 cm, al lateral izquierdo 36 cm,
al centro del motivo uno (círculos concéntricos) hay 114 cm, al motivo dos, (círculos concéntricos) 86 cm, al tres (círculos concéntricos) 63,5 cm, al geométrico (5) 71 cm y a la cabeza del antropomorfo, 108 cm.

Detalle de los grabados de La Etrera con el antropomorfo
Detalle de los grabados de La Etrera con el antropomorfo

Motivo 5 – Geométrico.
Este motivo de círculos concéntricos se localiza entre los concéntricos dos y tres, de los que está separado 1 cm y 5 cm, y junto a la pierna del antropomorfo, de la que solo está separado 8 cm La distancia que hay desde este motivo al borde izquierdo es de 25 cm, al derecho 42,5 cm, al borde superior 78,5, y al final del panel, 89 cm. Tiene forma rectangular ovalada con las esquinas redondeadas y el lado inferior semicircular vuelto hacia adentro, y fue tallada, como el resto de motivos, por piqueteado. En diagonal el interior mide 7,5 por 7,5 cm y el ancho del piqueteado es de 1/ 1,3 cm.
Desde el centro, al lateral izquierdo, hay 29,5 cm, al derecho 42,5 cm,
al centro del motivo uno, (círculos concéntricos),45 cm, al motivo dos,
(círculos concéntricos), 15 cm, al tres, (círculos concéntricos), 20 cm, al
cuatro, (círculos concéntricos), 71 cm, y a la cabeza del antropomorfo,
39,5 cm.
Motivo 6 – Antropomorfo.
El antropomorfo está a solo a 5,5 cm del borde izquierdo entre los concéntricos uno, del que está separado 10 cm, y dos, del que solo está separado 5,5 cm de la pierna izquierda, 2,5, del brazo y el geométrico, del que está separado 8 cm. Mide de altura 47 cm y de ancho 22 cm y en tiene marcadas la cabeza, que se encuentra a 126 cm del final del panel, los brazos, a 98 cm, y piernas a 79 cm, no tiene de tronco por lo que la cabeza, los brazos
y las piernas se unen en el mismo sitio, a 111 cm del final del panel, sin
que se marque el cuello. La cabeza está separada de la parte superior del panel 39 cm, del borde izquierdo 5,5 cm, y del derecho 65 cm. Del centro de la cabeza al lateral izquierdo hay 12,5 cm, al derecho 73,5 cm, al centro del motivo uno, (círculos concéntricos), 32 cm, al dos, (círculos concéntricos), 26 cm, al tres, (círculos concéntricos), 56 cm, al cuatro, (círculos concéntricos), 108 cm, y al geométrico, 39,5 cm. La cabeza tiene 16 cm de diámetro y está formada
por dos círculos concéntricos. El interior, de 9 x 9 cm de diámetro, es el único circulo del panel que esta relleno de piqueteados semicirculares pequeños y juntos, algunos sin tocarse entre sí y sin marcar claramente los contornos de los círculos. En el resto del antropomorfo, brazos y piernas, el piqueteado es diferente al de la cabeza, la huella que deja el golpe es irregular, tiende a ser rectangular o cuadrada y va marcando los contorno, que quedan ligeramente rehundidos, respecto al soporte y es igual que lasdemás figuras, círculos concéntricos y geométrico. Se separa del siguiente
anillo por un espacio sin picar de 1,5 / 2 cm de ancho y el anillo exterior tiene 1 cm de ancho, en el lado izquierdo, y 2,5 junto a los concéntricos.
Las piernas son paralelas, están separadas entre sí unos 3 cm y parece
que tienen marcadas las rodillas. En la parte superior miden 1,7 cm de
ancho y a partir de las posibles rodillas comienzan a estrecharse hasta desaparecer. La izquierda mide de largo 33 cm y la derecha 26 cm.
Los brazos están colocados junto a las piernas y en ellos no se diferencian el brazo, antebrazo ni la mano. El derecho, caído a lo largo de la pierna, está separado de ella 5,5 cm y mide de largo 14,5 cm. En su parte superior se curva y forma una especie de hombro y en la inferior se desplaza hacia adentro, se estrecha y desaparece. Del borde está a 6 cm y su ancho es de 1,5 cm.
El brazo izquierdo está colocado casi en horizontal, ligeramente curvado hacia arriba y caído hacia abajo, como señalando los círculos concéntricos y el geométrico. Mide 9,5 cm de largo, 2 cm de ancho y está mejor grabado que las piernas y el brazo derecho. Da la impresión que hubo cierta intencionalidad en dar importancia al brazo izquierdo respecto al derecho del que se diferencia en tamaño, ancho, largo y colocación.

Conclusiones
Por el tipo de lugar, la piedra elegida, más baja que las que le rodean y
parte del año cubierta, parece que no tenían, como en el Martinete, ningúninterés en que se vieran, por lo que debemos considerar que se trata de un lugar privado.
En principio los círculos concéntricos de “La Etrera”, no creemos que
puedan estar relacionados con los círculos concéntricos gallegos, que en general suelen estar asociados con canalillos, cazoletas, armas y ciervos, y casi nunca con la figura humana, aunque hemos de mencionar que el antropomorfo de Outeiro da Mina VII, en Pontevedra, tiene una cabeza de dos círculos.
Respecto al parecido de los motivos de La Etrera con las estelas de
guerrero, figura humana, escudos, distribución, y que los círculos concéntricos pueden identificarse con escudos e incluso el geométrico con una fíbula, hemos de decir que los escudos de las estelas casi siempre suelen presentar escotaduras en V, y aunque hay algunos circulares, estelas de Valdetorres I y II por ejemplo, no tienen tantos círculos concéntricos, la distancia entre ellos es variable, solo aparece uno y siempre suelen tener un asa en el centro, aunque hemos de mencionara que los escudos no son exclusivos de las estelas, ya que se han documentado dos escudos con
escotaduras en V y armas, grabados en una roca, en el Arroyo Tamujoso, La Serena. Badajoz (Colado 2009:321, fig. 44)
Dentro de los grabados conocidos en La Jara hasta este momento no
hay representados círculos concéntricos y no conocemos paralelos en la provincia de Toledo, ni en Castilla-La Mancha.
Respecto de sus posibles y variados significados al ser motivos básicos, que aparece en mayor o menor medida en todas las culturas y su significado simbólico pueden depender de su situación, monte, llano, laderas,cumbres, lugares visibles, zonas ocultas, arroyos, corrientes de agua, fuentes, tipo de soporte, técnica, tamaño, motivos representados, ordenación, distribución, localización, al tratarse de motivos simples y fáciles de representar incluso asociar con significados primarios como el sol, es difícil acercarse a su simbología, pero en el caso de La Etrera, si tenemos en cuenta que uno de los significados de los círculos concéntricos es el agua y que en este caso se conservan cuatro grupos de círculos concéntricos ordenados
y en zig-zag, en la misma orilla del río, consideramos que pueden
estar asociados con el río el agua.
Respecto al antropomorfo llama la atención que no tenga tronco, la diferencia que hay, forma, tamaño, ancho, largo, posición, entre el brazo izquierdo, que parece señalar los círculos concéntricos, y el derecho, que está caído con un ligero ángulo junto al cuerpo. Respecto a la cabeza, se resolvió con dos círculos concéntricos, el interior picado, lo que relaciona al antropomorfo con los cuatro grupos de círculos concéntricos y con el agua, lo que nos lleva a plantear la posibilidad de poder estar ante la representación
simbólica de una deidad relacionada un río. Hay ejemplos de
escenas de marcado carácter ritual o mágico en El Martinete, donde documentamos un grupo de antropomorfos ancoriformes y dos figuras con tocados entorno a un motivo central, que puede identificarse como un fuego, donde cabe pensar en el uso de alucinógenos.
El hecho que la piedra donde están tallados los grabados muestre dos
tipos de alisado, que no podemos asociar exclusivamente con procesos erosivos atmosféricos, viento lluvia, etc., o con los que puede producir el propio río por las crecidas o por estar en algunas época cubierto de agua, ya que las piedras de la zona, las de su entono próximo y las colindantes no tienen igual la superficie ni los mismos desgastes, confirma que el desgaste, que afecta a toda la roca donde están los grabados, está relacionado con la preparación previa del soporte y el otro más intenso posterior a los grabados
y que también afecta a toda la roca, producidos en parte por los procesos erosivos mencionados pero el hecho que este desgaste sea desigual y no sea uniforme en toda la roca, afectando mucho más al lado izquierdo, como puede apreciarse en el desgate producido sobre la parte izquierda de los motivos que incluso los ha borrado parcialmente, nos lleva a pensar que este desgaste, que afecta solo a parte izquierda de los grabados, y que no se debe a un proceso geológico debe de tener un origen antrópico, lo que nos lleva a plantearnos, si la piedra donde están los grabados, además de su
carga simbólica, por el simple hecho de tenerlos, tuvo también algún uso ritual o mágico.
Respecto a su cronología debe de encuadrase en un horizonte culturalde la Edad del Bronce. La piedra donde están tallados los motivos su grado de erosión de ha borrado casi los motivos y lo liso casi pulido de parte de su superficie, que la hace diferente a todas las piedras que están junto a ella, puede estar indicándonos que debió de usarse para algo que de momento se nos escapa, y nos hace plantearnos dar algún tipo de de explicación al su diferencias, que
aunque está en una zona inundable anualmente, como ocurre en El Martinete, no puede deberse solo a la erosión fluvial, ya que lógicamente también afectaría a las rocas colindantes, de momento aunque no tenemos como comprobarlo consideramos que la piedra que se utilizó como soporte de los grabados, se eligió cuidadosamente y que en la elección debieron tenerse en cuenta entre otras aspectos, su tamaño, situación, inclinación,
superficie, …,y que una vez elegida se adaptó, preparó y alisó antes de
tallar los motivos, y que el grado de erosión que presentan no puede achacarse solo a la acción erosiva de las aguas del río y debemos buscar otras razones que explique su estado actual, por su situación junto en la misma orilla del río podemos considerar que pudo utilizarse para algún tipo de ritual relacionado con el río que pudiese producir este tipo de  desgaste, como por ejemplo el deslizamiento por ella hacia las aguas.

MINEROS EN LA JARA, UN RELATO

Explotaciones mineras en el pueblo de Las Minas de Snta Quiteria

MINEROS DE LA JARA, OCTUBRE 1877

Minas junto al río Uso en Sevilleja de la Jara
Minas junto al río Uso en Sevilleja de la Jara

Sentado sobre un montón de escorias, Agapito mira desolado hacia la bocamina. Observa el paisaje impregnado de esa suciedad triste que siempre acompaña a los trabajos mineros. Al fondo, en el nacimiento del río Uso, se oye la berrea de los venados que, con sus escaramuzas de macho en celo, demuestran que el impulso de la vida late todavía con fuerza entre los robledales y los alcornocales de la sierra. Agapito piensa que hasta los ciervos y los jabalíes son más felices que él, que la naturaleza es más generosa con las alimañas que con él mismo, aunque el cura les haya dicho tantas veces en los sermones que Dios hizo al hombre para que fuera el rey de la creación.

Había decidido cerrar su pozo cuando ayer murió su socio Manuel el de Almadén. Todo el mundo le llamaba así en Sevilleja porque, aunque era arriero, había sucumbido a la tentación de robar en los Guadarranques un par de caballerías a la comitiva de una marquesa en peregrinación a Guadalupe. Hirió al ser descubierto a uno de sus mozos y la Santa Hermandad lo hizo preso. La condena a las minas de azogue de Almadén era peor que una condena de muerte. Pero tuvo la suerte de que uno de los encargados fuera familia de su mujer y pudo regresar con vida. Manuel había perdido sus mulas y en el pueblo desconfiaban de él, ya no podría ser arriero. Vino con la salud muy resentida, con la sangre envenenada del mercurio, pero con la seguridad de que si la suerte le había salvado del azogue también le favorecería encontrando una buena veta de oro.

Ruinas de las "minas de Antonio" en Sevilleja
Ruinas de las «minas de Antonio» en Sevilleja

Agapito envolvió el cadáver de su compañero en unos sacos de arpillera y lo echó sobre la borrica. El animal también daba la sensación de estar triste y cansado de aquel lugar donde no se acercaban ni los cabreros. Solamente jarales amarillentos, como queriendo secarse, y esa tierra áspera de pizarras sin hierba que se extendía hasta Anchuras.

Cuánto esfuerzo y cuánta soledad, para que al final la miseria siguiera siendo la compañera de su vida. Miraba a sus albarcas y veía asomar sus pies teñidos del color verdoso del mineral. Había tenido que fabricarse él mismo su calzado con una raíz de fresno y unas lías de esparto, ya no tenían ni para comprar sal. Les quedaba pan de centeno mohoso y algún conejo que Manuel había cogido en los cepos. En primavera colocaba sus cañales sobre las chorreras del río y las anguilas y pececillos que cogía con destreza les ayudaban a matar el hambre. El hambre, siempre amenazante, siempre asomada en la boca del estómago, como advirtiendo de que podría llegar a ser más dolorosa.

Todos los árboles que rodeaban a la mina habían ido secándose cuando la lluvia quemaba las raíces con los venenos de las escorias. Solamente quedaba un fresno junto al arroyo con una rama gruesa y robusta de la que Agapito había pensado colgarse por el cuello en no pocas ocasiones. Ahora la miraba en silencio hasta que una urraca con su graznido le despertó de su ensimismamiento.

Era el cuarto pozo que abría, el cuarto intento de llegar a ser un hombre feliz sin tener que esperar jornales de otros para poder comer. Era tanto el entusiasmo y la esperanza en la fortuna que sintió la primera vez que abrió una galería en la tierra, que la puso por nombre Nueva California. A Agapito le habían contado que en ese lugar lejano se habían hecho ricos muchos como él. Su segundo intento se produjo cuando nació su hija Matildita y así llamó a este nuevo intento que también fracasó. En la tercera obtuvo algún dinerillo al principio de trabajar la veta, pero luego se agotó, acabando con la ilusión que había depositado en su mina Potosí, que hasta hizo que le escribieran el nombre en un tablón y lo clavó a la entrada.

Bocamina de las explotaciones de galenas argentíferas junto al río Uso
Bocamina de las explotaciones de galenas argentíferas junto al río Uso

Al levantarse, notó ese dolor en la espalda que, desde que le cayó encima uno de los encofrados, le mantenía despierto tantas noches. Se acercó al pozo y fue enrollando la escala de palos y cuerda. Mientras, recordaba la primera vez que entró en esta mina y el susto que se llevó cuando en una de las galerías inundadas encontró los huesos de un hombre que alguna guerra olvidada había dejado allí, como ocultándolo a la historia. Según el maestro del pueblo este pozo era obra de los antiguos y esto animó a Agapito a intentar buscar la veta que seguramente ocultaban sus entrañas.

El minero cogió los capachos de esparto remendados con los que había sacado tantas arrobas de escoria y los llenó con sus pobres pertenencias y sus herramientas. Picos, mazos, punteros, cuñas y almadanas colgaban junto al cuerpo de su amigo como si fueran las armas de un caballero. Tomó el camino polvoriento hacia Sevilleja. El polvo había sido el verdadero compañero de su vida. ¡Dios Santo! -pensó- cuánto polvo habré tragado en toda mi vida. Al entrar en el pueblo, los niños se apartaban aterrados al paso de aquel hombre de pelo y rostro sucios y renegridos.

ACABAMOS EL CAMINO DE LOS IBORES A GUADALUPE CONOCIENDO NAVALVILLAR

Arquitectura popular cerca de Navalvillar

Dejamos Castañar y tenemos dos opciones para continuar camino de Guadalupe. O bien seguimos por la carretera hacia Navalvillar, o descendemos nuevamente hacia el río y continuamos el camino paralelo al Ibor siguiéndolo en dirección sur. Si tomamos esta segunda opción llegamos a cruzarnos con la garganta Salóbriga que aguas arriba, bajo el viaducto de la carretera, cuenta un paraje muy bonito con dos viejos molinos en umbrías muy amenas.

Cada vez se cultivan más cerezosen el valle del Ibor

Si descendemos aguas abajo del arroyo, hasta su desembocadura en el Ibor también nos encontramos con otro viejo molino de pizarra en la confluencia. Aguas abajo de él, se levanta el edificio de una antigua ferrería que servía para procesar el metal extraído de las minas cercanas.
Desde garganta Salóbriga ascendemos hacia Navalvillar por la antigua carretera o por el camino que aquí se convierte en una senda.

Portada mudéjar de la iglesia de Navalvillar de Ibor

El propio nombre de Navalvillar ya nos indica la existencia de una población anterior, pues “nava” quiere decir llanura elevada y húmeda, mientras que “villar” hace referencia a la existencia previa a la repoblación de ruinas de antiguos caseríos de época indeterminada. Pero la primera alusión documentada al pueblo, o al menos al paraje donde hoy se sitúa, se encuentra en el documento del siglo XIII referido en el capítulo anterior por el que Sancho IV dona a Talavera la dehesa de Castrejón de Ibor, concretando su amojonamiento y apareciendo el paraje de Navalvillar como uno de los incluidos en dicha dehesa. Así, perteneció este pueblo a las Antiguas Tierras de Talavera y por tanto al señorío de los arzobispos de Toledo, hasta el siglo XIX en que la división provincial le incluyó en Cáceres, aunque quedó como recuerdo de aquella vieja viculación la actual pertenencia a la demarcación eclesiática de la mitra toledana.

Navalvillar desde el valle del Ibor

La iglesia de Navalvillar es construcción del siglo XVI, pero las reformas y vicisitudes bélicas apenas han dejado huellas de su antiguo patrimonio.
La principal atracción de este pueblo es su agreste y rica naturaleza con los bosques de castaños, los alcornocales y los lugares de interés que se sitúan en torno al Ibor y la garganta Salóbriga, con los parajes que antes hemos referido entre otros de interés.

Alcornocales en el valle del Ibor

En la gastronomía de Los Ibores no debemos olvidarnos del magnífico queso de cabra con denominación de origen que se produce en estas sierras con sus diferentes variedades. Esos magníficos pastos también hacen que el cabrito de la zona sea delicioso acompañándolo si queremos con unas buenas migas. Las aguas del Ibor y de sus arroyos riegan con sus aguas limpias los huertecillos que producen verduras de calidad, entre las que destacaremos las judías. También en esas aguas se crían los magníficos peces que podemos capturar y degustar. De postre, las roscas de muédago o las cerezas que se cultivan en la zona.

Paisaje con molino en Navalvillar

En cuanto a la artesanía, Castañar y Navalvillar son dos pueblos donde se pueden adquirir labores tradicionales en unos casos con los motivos y técnicas autóctonos y en otros de tipo lagarterano. Las fiestas populares de Navalvillar se celebran el diez de febrero, Santa Escolástica, y el dieciseis de agosto, San Roque.

Labores en Navalvillar

Desde Navalvillar hasta el empalme con la carretera que viene del ya descrito Camino Viejo o Camino Real de Guadalupe y del Hospital del Obispo hay cerca de diez kilómetros. El camino antiguo discurre paralelo a la carretera por su lado oriental y se une con el Camino Viejo en el paraje conocido como de la Venta Real, que dio servicio antiguamente a los romeros y de la que hoy no quedan apenas restos. El tramo de este camino de Los Ibores que continúa hasta Guadalupe coincide con el Camino Viejo en su trayecto final.