DE ALDEANUEVA HASTA EL USO. CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (6),

 

Los riberos del Tajo por Aldeanueva de Barbarroya

En el entorno de Aldeanueva encontramos hermosos parajes dignos de visitar. De especial interés son las empinadas laderas que van a dar al Tajo en la zona de Los Riberos, La Marquesa y Ciscarros, lugar este último donde se situaban unos antiquísimos molinos a los que hoy cubren las aguas del reculaje del embalse de Azután. Aquí, sobre la presa del molino, cruzaba antiguamente una barca de maroma, sobre la que atravesaba las gentes de uno y otro bando durante la Guerra Civil. Antes de la construcción del muro del pantano, el Tajo discurría por aquí en “rápidos muy furiosos” que hicieron pensar a los ingenieros de los planes de navegación del siglo XVII en hacer un canal que llevara a las barcazas, a través del arroyo de Alcañizo y del Tiétar, de nuevo hasta el Tajo evitando estos obstáculos, una obra quimérica para la época. Las riberas son muy agradables, pobladas de olivos, almendros y cornicabras entre los que discurren arroyuelos y donde nos tropezamos con algunos chozos de bonita arquitectura popular. En las orillas se puede intentar echar la caña y sacar algún barbo, carpa o black-bass de buenas dimensiones.

Riberos del Tajo frente a Ciscarros

Además de esta romería de verano, Aldeanueva celebra en invierno bajo la advocación de la Virgen de La Paz una típica fiesta de quintos que mantiene todavía aspectos muy arcaicos como costumbre “ La Vaquilla” por la que los mozos recorren el pueblo con una armadura de madera con unos cuernos acometiendo al personal e invitándoles a beber de la bota. Este ritual no es otra cosa que la “vitula” de los romanos que hace dos mil años salía en las fiestas invernales y que ha pervivido impregnando las celebraciones cristianas.

La Vaquilla en la fiesta de las Paces

Reanudamos el camino desde el lavadero de Aldeanueva en dirección oeste y a un kilómetro aproximadamente nos encontraremos con la Vía Verde de la Jara. Recorridos unos metros de la misma, accedemos a la pista asfaltada que une Aldeanueva con La Estrella. De ella  parte un camino en dirección oeste por el que nos desviaremos y, recorridos unos trescientos metros, encontraremos una roca situada en la misma margen izquierda del camino que los lugareños conocen como “ El Canto del Perdón”.

Canto del Perdón. Se observan las piedras depositadas en sus grietas

En este lugar mágico y curioso podemos observar sobre la piedra un grabado rupestre que, aunque tiene labrada junto a él una fecha del siglo XVIII, se trata probablemente de un grabado de la Edad del Bronce con añadidos posteriores. La tradición popular asegura que si arrojas una piedra y formulas un deseo, éste se cumplirá y se perdonarán tus pecados.

Grabado del Canto del Perdón

Se explica el origen de la creencia en cierta pendencia sucedida en un mesón del pueblo, un hombre es perseguido con saña por el ofendido que pretende dar fin a su vida, cuando llegan a este paraje y ya está a punto de consumarse el asesinato por venganza, el agresor se arrepiente perdonando la vida a su víctima. En algunas versiones se dice que se aparece la Virgen a continuación.

Puente de la Mesta sobre el río Huso

Volvemos sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo a la pista asfaltada por la que descendemos en dirección al río Uso. Antes se cruzaba por un puente colgante casi arruinado que se localiza pasado un molino de agua río arriba del puente actual, a algo menos de un kilómetro

Valle del río Uso con un viaducto de la vía verde y la sierra de La Estrella al fondo

El valle del río Uso en este tramo bajo de su cuenca merece que nos detengamos y disfrutar de sus paisajes que impresionan por lo abrupto de las paredes de piedra que delimitan su cañón. Los parajes más agrestes podemos localizarlos río abajo del puente referido hasta la desembocadura en el Tajo. Son pintorescas formaciones graníticas donde anidan numerosas especies de pájaros y rapaces. Para los esparragueros es esta zona, junto con la inmediata sierra de La Estrella, un magnífico lugar para hacernos en su época con un buen manojo de espárragos “de cambronera”, que se diferencian de los trigueros por su mayor grosor, su sabor algo más amargo y, como sugiere su nombre, por ser su planta de mayores dimensiones y más punzante.

Los espárragos de «cambronera» del río Uso con su fruto

LA ESTRELLA, SU SIERRA Y SU ARQUEOLOGÍA. CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (7)

«La Puente» sobre el arroyo Andilucha con La Buha al fondo

A poniente contemplamos desde la pista la Sierra de La Estrella. Esta encantadora sierrecilla, que se levanta como un bastión en medio de la Jara Baja, conserva en la vertiente oriental su vegetación de bosque mediterráneo con arroyuelos que riegan terrazas y huertecillos. Sus cumbres fueron siempre un lugar estratégico de observación y refugio donde actualmente se proyecta instalar un parque de energía eólica.

Dolmen de La Estrella

En la cima de la Sierra Ancha, la mayor de las dos elevaciones que la forman, podemos visitar los restos del amurallamiento de un castro de la Edad del Hierro en el que es curioso observar los huecos disimulados en el grueso del muro y que servían como refugio. Probablemente, estas cuevas camufladas también fueron utilizadas como escondite por los cristianos que, tras la reconquista, se atrevían a repoblar estas tierras inhóspitas batidas por las razzias de almohades y almorávides que les obligaban a refugiarse en estas alturas que eran denominadas “ las moradas” por los asustados repobladores que dejaron en otras elevaciones de La Jara topónimos y murallas similares.

Fuente y abrevaderos en la sierra de La Estrella

En la Buha, el cerro más puntiagudo, se sitúa una explotación minera antigua. La forma del monte y la cueva minera han hecho que la fantasía popular haya querido ver  un antiguo volcán en la cumbre de esta montaña.

Objetos romanos de bronce hallados en La Estrella

Desde el collado que cruza el camino entre la Buha y la Sierra Ancha desciende en dirección este hacia el río un camino que nos llevará a otro paraje curioso. Se trata de la Cabeza del Conde, una elevación granítica formada en su cumbre por grandes bloques de piedra entre los que se refugiaron los hombres de la Edad del Cobre, más tarde gentes que se escondían durante los inseguros tiempos del medioevo,  bandoleros y, más recientemente, los grupos de maquis que frecuentaban La Jara, sobre todo las partidas de Quincoces.

Arquitectura popular en las inmediaciones de la Cabeza del Conde

Por debajo de Cabeza del Conde discurre el río Uso sobre el que cruza un puente del siglo XVI construido para el paso de los ganados trashumantes por un cordel que anteriormente vadeaba la corriente río arriba para llegar hasta la pequeña aldea de Fuentes. Unos setecientos metros río abajo del puente, podemos visitar las ruinas de un antiguo molino, situado también en un lugar muy ameno en el que durante las primaveras y comienzos del verano disfrutaremos del baño en sus tablas solitarias.

«Marmilas de gigante» formadas por la erosión de las aguas en el río Uso

Desde el collado de la sierra recorremos los dos kilómetros que nos separan del pueblo de La Estrella. En su término se han hallado numerosos restos arqueológicos que demuestran la presencia de pueblos antiguos. Es el caso de las gentes del Calcolítico o Edad del cobre que hace más de cuatro mil años construyeron el dolmen de La Aldehuela. Por él pasaremos más adelante siguiendo nuestro camino hacia Guadalupe. Hay quien quiere hacer derivar Estrella de “stella”, es decir que éste sería un lugar donde se encuentran enterramientos con estelas que llevan inscritas inscripciones sepulcrales romanas en las que aparecen nombres latinos como Sereno, Apiano o Ifito. Jiménez de Gregorio sugiere también que el nombre  de “El Estrella” quiere decir en realidad “El castillo”, y pudiera que la fortaleza en cuestión fuera el castro céltico encaramado en la cumbre de sierra Ancha del que hablamos en el capítulo anterior.

Amurallamientos del castro de La Estrella en la cumbre de su sierra

LLEGAMOS A ALDEANUEVA POR EL CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (5)

Desde el despoblado de Corralrubio se puede acceder a Aldeanueva por el antiguo camino que venimos recorriendo o por una nueva pista cuyo trazado discurre al sur del  anterior.

Construcción en el entorno del despoblado de Corralrrubio

 PATRIMONIO HISTÓRICO ARTÍSTICO

En el río Uso a su paso por el término de Aldeanueva se han encontrado útiles paleolíticos de cuarcita labrada. La población romana se halla constatada por una calzada de la que más tarde hablaremos y la presencia musulmana es segura por la proximidad de la Ciudad de Vascos.

Calzada romana de Aldeanueva de barbarroya

Uno de los primeros núcleos de población de la comarca se encontraba dentro del actual término de Aldeanueva. Se situaba al sur del casco urbano, en torno a una iglesia hoy desaparecida llamada Santiago de Zarzuela que ya aparece referida en el Libro de la Montería de Alfonso XI, donde podemos leer que en el siglo XIV era éste buen monte para la caza del oso en invierno. Esta parroquia fue hasta su desaparición iglesia madre de muchos de los templos de esta parte suroccidental de La Jara.

Otro núcleo que daría más tarde lugar a la formación de nuestro pueblo es Santa María de Barbarroya. Solamente queda la iglesia, cuyo edificio es hoy un pajar donde se podía contemplar una escultura de probable origen ibérico ya destruida. Al final de la Edad Media se va poblando una “aldea nueva” que más tarde toma el apellido de Barbarrroya,  aunque hay un tercer despoblado, Corralrubio, que también incrementó con sus vecinos la población de Aldeanueva. Este es pueblo jareño y por tanto, hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX, perteneció a las antiguas tierras de Talavera.

LA IGLESIA

Fachada de la iglesia de Aldeanueva de Barbarroya
Fachada de la iglesia de Aldeanueva de Barbarroya

La iglesia destaca sobre el caserío y en ella es evidente la diferencia entre sus dos fases de construcción, la primera, más imponente por sus dimensiones, está datada en 1514 y es de estilo gótico plateresco con ábside de tres paramentos y contrafuertes rematados en bolas renacentistas. El ábside se cubre mediante bóveda de crucería con medallones en las claves. La parte más occidental, en la que se abren las dos puertas, es de construcción más modesta y está cubierta por sencillo artesonado de madera de par y nudillo, observándose embutidos en el exterior de sus muros columnas y otros elementos más antiguos que probablemente pertenecieran a la iglesia del antiguo despoblado de Santiago de Zarzuela. En la fachada oeste se abre la entrada principal  y se remata con la espadaña de dos ojos para albergar a las campanas.

CONJUNTO URBANO

Rincón de arquitectura popular de Aldeanueva de Barbarroya

También vale la pena dar una vuelta por el pueblo pues se conservan varias construcciones de cierto empaque construidas en granito con algún que otro blasón en sus portadas. Al norte del casco se encuentra la única estación en el trazado de la Vía del Hambre que se encuentra en un núcleo urbano. Construida en los años cincuenta mantiene todavía el edificio de la estación, los hangares, los muelles de carga, las viviendas de los operarios y hasta un palomar en un conjunto fantasmal que nunca vio pasar el tren. Tenemos por tanto en Aldeanueva un magnífico acceso a la Vía Verde de La Jara.

El «puente Amador», viaducto de la Vía Verde de la Jara sobre el Tajo

No nos marcharemos del pueblo sin acercarnos a uno de esos lugares de encuentro que  existían antiguamente en los pueblos y que además tiene interés etnográfico y pintoresco. Se trata del lavadero de la Fuente Blanca. En él se alinean decenas de pilas labradas en granito donde acudían a hacer su colada a mano las mujeres del pueblo.  Podemos detenernos e imaginar el bullicio de este mentidero local con las ropas tendidas en vallados y juncales. Para llegar hasta él  basta preguntar en el pueblo por el lavadero.

Lavadero de Aldeanueva de Barbarroya

ERMITA

Desde Aldeanueva podemos hacer otra pequeña excursión recorriendo un camino de unos cuatro kilómetros que nos permite acercarnos a la ermita de la Virgen del Espino. Nos encontramos ante una encantadora ermita rodeada por un peristilo en tres de sus lados, uno de ellos formado por columnas y los otros por machones. A los pies se encuentra el acceso bajo el arco central rematado por una espadaña.

Ermita de la Virgen del espino, foto hacia 1992

En su interior se encuentra la imagen de la Virgen del Espino a la que se honra con una concurrida romería el último domingo de Agosto. Recientemente se han hallado al excavar su cripta enterramientos medievales y la sepultura de un caballero protector de la ermita que luchó en los tercios de Flandes. Para llegar solamente debéis preguntar en el pueblo por la pista que, en dirección sur, nos llevará hasta la ermita.

CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (4): LAS HERENCIAS-ALDEANUEVA

LAS HERENCIAS-ALDEANUEVA

Bunker sobre el reculaje del Tajo en la desembocadura deel Jébalo

Abandonamos Las Herencias tomando el camino de Belvís que asciende desde la parte oriental del casco urbano. No debemos confundirlo con el de Alcaudete, que sale del mismo punto pero más hacia la izquierda. Después de un empinado ascenso llegamos a las elevaciones donde nace la impresionante barranca de Valdecasillas. Limita por el oeste con los cortados de Los Castillos.

El valle bajo de El Jébalo desde el camino que vamos recorriendo

El camino discurre paralelo a las cumbres y permite una magnífica vista, hacia el sur contemplamos el valle bajo del Jébalo con las riberas pobladas de frenos y choperas de repoblación y, al norte, el Tajo con las tablillas de Azután. Río abajo, se sitúa el paraje de Canturias identificado por el padre Fita como el “Castellum Ciselli”, que se desplomó sobre las aguas debido al desgaste de las riberas por la corriente y en cuyo entorno se encontró además una lápida funeraria visigoda. En el caserío de la finca actual se ha establecido un complejo de turismo rural que dejaremos a la derecha de nuestro recorrido.

Puente sobre el río Jébalo en nuestro recorrido

La ruta discurre entre chaparros, retamas y algunas coscojas, especie esta última característica de las terrazas altas del Tajo más adaptada a la condición más caliza del terreno. Comenzamos a descender hacia el valle del Jébalo después de haber andado unos cuatro kilómetros desde Las Herencias. Quinientos metros antes del río el camino se bifurca en dos, uno de ellos seguirá hasta Belvís y atravesará por un hermoso puente de ladrillo situado en un ameno paraje.

Torre medieval de la dehesa de castellanos sobre el valle del Jébalo

Tomando a la izquierda otro camino que parte río arriba pero, antes de cruzar el puente, podemos acercarnos a la Torre de Castellanos. Esta construcción medieval es una de tantas que servían de observatorio y refugio en los inseguros tiempos medievales en que las acometidas de los cristianos y las razzias de los árabes batían las tierras fronterizas del Tajo. La torre está muy deteriorada por las malas actuaciones que se han realizado sobre ella para utilizarla en funciones agrícolas y ganaderas, pero desde su altura domina esta antigua Dehesa de Castellanos propiedad en el siglo XIV de Juan Ortiz Calderón, un caballero de vida poco edificante que poseía una gran fortuna. Al parecer mató a un alcalde de Talavera y desterrado en Portugal conoció al obispo de Coimbra que en aquel entonces era don Pedro Tenorio al cual nombró albacea testamentario. Su última voluntad era que en estas fértiles vegas se fundara un monasterio jerónimo, pero la insuficiente dote y lo insalubre del terreno llevaron al ya por entonces arzobispo de Toledo a destinar tanto esta propiedad como la de Pompajuela al nuevo convento jerónimo que se establecería en Talavera, el monasterio de Santa Catalina.

Volvemos sobre nuestros pasos y cruzamos el puente. Recorremos un kilómetro hasta la carretera y seguimos por ella hasta otro puente que cruza el sobre el Jébalo, también a un kilómetro aproximadamente. Poco antes de este puente sale a la izquierda el camino de Aldeanueva a Talavera por el que continuaremos nuestro periplo jareño.

Objetos de plata hallados en la tumba principesca de transición de la edad del Hierro a la del Bronce halla en la orilla del embalse

Nos encontramos en otro paraje natural de gran belleza. El Tajo, debido al reculaje del embalse de Azután, sube e inunda el valle del Jébalo sobre su antigua desembocadura y aquí, al igual que en las tablillas de Azután, la riqueza de avifauna es considerable. Anátidas y garzas reales abundan entre las espadañas o se posan en los troncos secos de los árboles muertos por la inundación. El paisaje al atardecer es digno de disfrutarse armados de unos prismáticos que nos permitan observar las aves. El camino continúa bordeando la margen izquierda del pantano atravesando unos parajes que también son muy ricos en yacimientos arqueológicos. En la finca de La Golilleja se encontró una de las primeras muestras de la cerámica llamada campaniforme.

Vasijas de cerámica Campaniforme de la Edad del Cobre halladas en La Golilleja, cerca de la desembocadura del Tajo

En la orilla norte, dentro de la finca de El Carpio, que conserva todavía los grandes edificios de su labranza, se encontró una tumba principesca de la transición de la Edad de Bronce a la del Hierro con interesantes cerámicas y un puñal de este metal, novedad tecnológica para la época. También son estos restos, como los ya reseñados de Las Herencias, de tendencia orientalizante y vinculan a esta comarca con el sureste español y el mundo tartésico. Esta tumba fue descubierta por las aguas, al igual que una villa romana cuyas piedras hizo también aparecer el embate de las olas del embalse.

Fresnedas en el Jébalo bajo

Seguimos el viaje hasta una casa casi inundada por las aguas desde la que el camino asciende separándonos del río. Atravesamos junto a las típicas casillas de piedra de las fincas de almendros antes de llegar al arroyo Tamujoso. En este mismo lugar se produjo en los años cuarenta un asalto de los maquis a los vecinos de Aldeanueva que volvían de las ferias de Talavera.

Desde estas lomas podemos ver a la derecha el viaducto o puente de Amador, una impresionante obra que se construyó para el paso de la “Vía del Hambre”. Cruzamos el arroyo y subimos hacia el antiguo solar que ocupaba Corralrrubio, un pueblo hoy desaparecido del que solamente queda una fuente y los vallados de las antiguas propiedades. Proseguimos nuestro viaje y llegamos a Aldeanueva de Barbarroya

LAS TABLILLAS  DE AZUTÁN Y EL PARAJE DE LOS CASTILLOS, CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (3)

LAS TABLILLAS  DE AZUTÁN Y EL PARAJE DE LOS CASTILLOS

Paraje de Los Castillos en Las Herencias

Las Herencias es un pueblo ribereño del Tajo y casi hasta su caserío se acercan las aguas del reculaje del embalse de Azután. En esta zona, al inundar el río las antiguas vegas, forma pequeñas tablas de poca profundidad, pero de humedad casi permanente, que atraen hacia su vegetación palustre de carrizos, eneas y mimbreras numerosas especies que hacen del lugar un observatorio privilegiado para los amantes de las aves, que pueden encontrar aquí garzas imperiales, garcillas, cigüeña negra y gran variedad de anátidas y limícolas.

Tablllas de Azután

El paisaje es de gran belleza pues, además de las zonas inundadas, la vegetación de ribera está representada por los álamos blancos, sauces y tarays y al sur destacan las elevadas barrancas del cerro de Los Castillos.

Orillas del Tajo en el paraje de Los Castillos

LOS CASTILLOS

Vale la pena visitar este paraje natural recientemente acondicionado por el ayuntamiento y subir hasta la cumbre para disfrutar del paisaje con el río a los pies y al norte las vegas talaveranas, las elevaciones de El Berrocal y, en los días claros, las cumbres de Gredos. Este cerro de Los Castillos es también un importante yacimiento arqueológico habitado desde la Edad del Cobre, hace cuatro mil quinientos años, pero, como lugar dominante que es, fue habitado también en la Edad Media y durante la Guerra Civil, cuando se cavaron las trincheras que todavía se perciben y que con pequeños túneles asomaban a las paredes del barranco que hoy sobrevuelan los grajos y desde donde se dominaba el estratégico vado del río y una antigua barca que cruzaba a Calera y Chozas.

Uno de los bunkers republicanos cercanos al paraje de Los Castillos

En 1801 se produjo un derrumbe de las tierras que forman estas elevadas terrazas sobre el Tajo causando un gran estruendo e interrumpiendo la corriente del río durante unos minutos. Algo similar sucedió dos kilómetros río abajo en el paraje conocido como Canturias, donde se levantaban las ruinas de un castillo árabe y restos arqueológicos romanos que se desplomaron al río en su totalidad.

Paisaje al trasponer de Las Herencias al Valle del Jébalo

PASAMOS POR LAS HERENCIAS, Camino de Los Bandoleros a Guadalupe (2)

PASAMOS POR LAS HERENCIAS,

Camino de Los Bandoleros a Guadalupe (2)

Ventana en Las Herencias, decorada con azulejería de Ruiz de Luna

Enfrente de la isla de El Alariche se encuentra la antigua granja de Pompajuela. Es una explotación agrícola que aparece en los textos históricos desde la Edad Media y cuyo nombre, según Jiménez de Gregorio, derivaría de algún personaje romano llamado Pompeyo. No sería extraño que en tierras tan feraces hubiera tenido su solar alguna villa romana y en el mismo sentido apuntarían los restos arqueológicos de la época hallados en su entorno. Seguir leyendo PASAMOS POR LAS HERENCIAS, Camino de Los Bandoleros a Guadalupe (2)

CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (1)

CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE

Talavera-Las Herencias

Cuadrillero de la Santa Hermandad de Talavera, Perseguían a los bandoleros que hacían asaltos en el Camino de Guadalupe

Iniciamos hoy el segundo camino más utilizado por los peregrinos para acercarse a Guadalupe. El Camino Real o Camino VIejo, ya descrito, es el más antiguo pero debido a lo inseguro, despoblado y agreste de su recorrido fue menos utilizado desde el siglo XVII en adelante, cuando se comenzó a utilizar el camino que discurría a través de La Jara cruzando los Guadarranques. Sobre esta vía de acceso y sus variantes versarán los siguientes capítulos.

Los viajeros debían cruzar primero el Puente Viejo de Talavera, arruinado por las avenidas del río y en muchas ocasiones restaurado precariamente con tablas y maderos. Ya en la otra orilla, tomaban el camino a la derecha hacia el puente de Hierro donde, paralelo a la carretera de Alcaudete, discurre más próximo al río, el antiguo camino de Las Herencias.

Las elevaciones de la orilla sur del Tajo han sido habitadas desde la prehistoria

El recorrido podría ser más agradable si no fuera por el destrozo incontrolado que las graveras han ocasionado en el entorno y que llevan camino de destruir toda la ribera, pues solamente quedan restos de la vegetación ribereña en un pequeño soto de tarays y fresnos y en algunos álamos blancos que apenas resisten el empuje de la especulación.

Foto del autordel kiosco del paredón en sus últimos tiempos hacia 1974

Pasaremos primero por la presa de El Paredón que forma parte del conjunto de azudas que retenían el agua del Tajo para mover los molinos de Abajo y que, según muchos de los viajeros antiguos que pasaban por Talavera, eran la causa de que el paludismo, las fiebres tercianas que decían entonces, fuera un mal endémico en la ciudad por la facilidad con que se criaban los mosquitos anófeles en las aguas estancadas. Era costumbre en Talavera acudir en procesión con los jerónimos a abrir las compuertas de estas presas para que se limpiaran una vez al año las arenas y limos retenidos en el fondo.

Una de las estelas de guerrero de Las Herencias en la Edad de Hierro

Vamos a discurrir por parajes de nombre antiguo, heredades llamadas de la misma forma desde la Edad Media como Miralrío, Los Álamos, Aldea del Rey, Albiches, Tejadillo o Manzanas. Tierras fértiles de vega que han sido pobladas desde la prehistoria como iremos viendo.

Esquema de estela de guerrero en el que se aprecia el escudo,el guerrero, la lanza, el carro o la cimera

UN POCO FENICIOS

Primero cruzaremos el arroyo de Lientes en el que han sido hallados huesos de animales prehistóricos y cantos tallados que nos recuerdan que hace cientos de miles de años ya estaban pobladas estas terrazas del Tajo durante los deshielos cuaternarios. El siguiente arroyo es el Manzanas donde el erudito talaverano, y tal vez el primer defensor del maltratado patrimonio histórico de la ciudad, Luis Jiménez de la Llave, encontró en el año 1860, en el paraje conocido como Las Fraguas, una tumba de dos mil seiscientos años de antigüedad en cuyo interior se hallaban varios objetos de gran interés por cuanto demostraba en sus influencias orientalizantes que nuestra comarca fue la frontera norte del mítico mundo tartésico.

Vasija hallada en el arroyo Manzanas, actualmente en el museo metropolitano de Nueva York

Una cultura íntimamente unida a influencias fenicias, por lo que no van tan descaminados los que tildan de “fenicios” a los talaveranos a causa de su ancestral dedicación a las más variadas actividades comerciales. En el enterramiento en cuestión se encontró una vasija metálica de gran interés, un jarro piriforme con asa de triple sección que termina en tres cabezas de serpiente y en su arranque se decora con una palmeta rematada por dos capullos. El profesor Fernández Miranda demostró que esta pieza no es otra que la que hoy día se expone en el Museo Metropolitano de Nueva York al que fue donada en 1956, después de estar en poder de varios anticuarios hasta que la fundación Pulitzer- Bequest la donó al museo en 1956. También se halló en la sepultura un timiaterio y restos de un braserillo que servían para la realización de una serie de rituales con libaciones e incineración de sustancias olorosas que acompañaban a los enterramientos de rango aristocrático.

Esquema de la vasija del Metropolitano en dibujo de Jiménez de la Llave

Siguiendo arroyo arriba por el mismo Manzanas en un agradable paseo de un kilómetro, se llega al lugar donde se encuentra la fuente del Sauco junto a la que antiguamente se levantaba la ermita del mismo nombre, hoy desaparecida.

Otra muestra arqueológica de esas influencias orientales en los pueblos indígenas de nuestra comarca se encuentra en las estelas de guerrero, datadas ochocientos años antes de Cristo. Una de las más significativas se halló también en estas elevaciones al sur del Tajo. Se trata de una laja de pizarra en la que se representa esquemáticamente al guerrero enterrado bajo la misma. También se han grabado en esquema los objetos de su ajuar que indicarían que se trata de un miembro destacado de la tribu o que en vida fue un héroe de la misma. En esta estela aparecen concretamente un carro, una lanza, un escudo de los llamados de escotadura, un espejo y lo que tal vez pudieran ser unas tenazas. Este antiguo guerrero jareño aparece tocado con un casco de cimera.

Las elevaciones que limitan hacia el sur la vega debido a la proximidad del río, a la feracidad del terreno y a su fácil defensa han estado pobladas desde antiguo, como demuestran los numerosos yacimientos arqueológicos hallados en su suelo. Justo al oeste del arroyo Manzanas se sitúan sobre estos cerros restos de la edad del bronce y de la edad del hierro. De esta última época es uno de estos yacimientos donde vivieron gentes relacionadas con el mundo de los vetones y que por su cultura y cronología estarían vinculados con el famoso castro céltico de El Raso que podemos visitar en Gredos y que nos dará una idea de cómo vivían estas gentes hace más de dos mil años. Del peculiar ecosistema de estas barrancas pobladas por enebros y coscojas hablaremos en próximos capítulos.

RUTA DE LOS RIBEROS Y MOLINOS EN VALDEVERDEJA

RUTA DE LOS RIBEROS Y MOLINOS EN VALDEVERDEJA

 Recorrido aproximado trece kilómetros, 4 horas

 Se han indicado por el ayuntamiento varias rutas por las inmediaciones de Valdeverdeja. En el paseo que sugerimos hoy recorreremos en realidad dos de ellas. Y para ello primero nos dirigiremos a la llamada fábrica de la luz. Tomaremos el camino que discurre junto al cementerio viejo. Justo después de pasarlo se bifurca el camino y tomaremos el de la derecha y más tarde otro que sale hacia a la izquierda.

Riberos del Tajo en Valdeverdeja

Vemos un risco que domina el paisaje y a él nos subiremos. Primero por tener desde su cumbre unas vistas impresionantes sobre el Tajo, que en estos parajes hace honor a su nombre, y después porque es interesante curiosear los restos arqueológicos que en él se asientan, pues allí se hallan los restos de un antiguo poblado de la Edad de Hierro sobre una elevación coronada por dos cerretes, en uno de los cuales se ha labrado en la roca viva un curioso aljibe para almacenar el agua y resistir así los asedios de otros grupos humanos enemigos en aquella época. También se encuentran restos de cerámicas a hechas a mano y otras sigillatas de origen romano, además de algunas piedras trabajadas de poblamientos anteriores con algunos restos de murallas.

Pozo en el entorno de Valdeverdeja

Bajaremos después siguiendo el arroyo y pasando por los restos de un viejo puente hasta la central eléctrica de los años treinta que se asienta sobre las ruinas de los molinos de Los Sacristanes y unas aceñas anteriores, en un paraje escarpado realmente hermoso. En la orilla de enfrente se ve el molino de Tani.

Central eléctrica de Valdeverdeja

Volveremos después sobre nuestros pasos hasta la primera bifurcación del viejo cementerio y seguiremos el otro camino que también va hacia el Tajo. Bajamos hacia el río por una colada que discurre paralela a una granja al final del camino, hasta el arroyo del Pueblo o de Malezo. El arroyo se despeña después de un primer molinejo precedido de una presa por pequeñas cascadas y luego  junto a otro molinillo de arroyo en ruinas. Llegamos así siguiendo un camino molinero a la ribera del Tajo, que aquí presenta una vista espectacular, y visitamos el gran molino de los Capitanes, que nos impresiona por su sólida estructura y sus bóvedas y regolfos. Desde él parte otra senda que nos lleva aguas abajo hasta el molino Nuevo, en ocasiones semisumergido por el reculaje del embalse de Valdecañas y que, como su nombre indica, es más moderno, con restos de ejes y ruedas que movían lo que más bien era ya una pequeña fábrica de harinas movida por energía hidráulica.

Molino de los Capitanes en Valdeverdeja

Pero no acaban aquí los lugares de interés de Valdeverdeja. Junto a las escuelas del pueblo sale también una pista que nos lleva al lugar de La Facciosa, donde se ha adecentado la ribera con una zona verde y un restaurante. Es un lugar que se puede tomar como punto de partida para preciosas excursiones en piragua. Una de ellas puede consistir simplemente en cruzar el río para curiosear en el castillo de Espejel, fortaleza musulmana que se sitúa justo enfrente, en término ya de Valdelacasa de Tajo. Los molinos de Espejel, río arriba, se mantienen bajo el agua y solamente puede verse la casa de los molineros y de los frailes, ya que pertenecieron durante años al monasterio de Guadalupe.

Molino Nuevo de Valdeverdeja

En otras entradas conoceremos otras rutas molineras de este tramo del río Tajo.

Interior de uno de los grandes molinos de aldeverdeja

ANIMEROS Y ANIMERAS , ARTESANÍA Y GASTRONOMÍA DE VALDEVERDEJA

ANIMEROS Y ANIMERAS , ARTESANÍA Y GASTRONOMÍA

Decoración de las alabardas de los animeros

Si algún rito festivo es especialmente frecuente en los pueblos de la comarca de Talavera ese es el de las soldadescas, lleven o no ese nombre. Se trata de celebraciones de origen pagano muy vinculadas a las fiestas invernales y que en muchos casos fueron asumidas por cofradías de ánimas.

Bailando la Bandera en el carnaval de Ánimas

En Valdeverdeja podemos ver a los jóvenes de ambos sexos vestidos con los trajes tradicionales, en la mujer en sus dos versiones de novia y de labradora. Cuando el Domingo de Carnaval o Domingo del Gallo acaba la misa,los animeros y animeras suben en grupo hacia la plaza seguidos de las autoridades locales y otros asistentes. Evolucionan luego en desfile multicolor frente al ayuntamiento con sus albardas adornadas con cintas multicolores y después el abanderado baila la bandera al ritmo del tamborilero en una vistosa ceremonia que se completará por la tarde con el ofertorio en el que por parejas se hacen sus donativos y las señoras de la Asociación de Nuestra Señora de los Desamparados organizan un convite.

Dos parejas de animeros y animeras con su preciosa indumentaria

En Semana Santa se celebraba con gran devoción la Procesión del Encuentro. Las fiestas patronales son el tres de Febrero en honor de San Blas, aunque para celebrar una fiesta veraniega se instituyó hace unos años la fiesta de la Confraternidad o “fiesta de verano” simplemente. La romería a la ermita de la Virgen de los Desamparados se hace el primer fin de semana de mayo y con ese motivo se celebra un certamen de bailes regionales.

Los animeros y animeras evolucionan por la plaza de Valdeverdeja

PUEBLO ARTESANO

Valdeverdeja fue siempre pueblo de artesanos, aunque la emigración y el abandono de las labores agrícolas ha hecho desaparecer la mayor parte de ellos. Ya no quedan ceramistas de basto, telares, hojalateros, espartero o albarderos, solamente se siguen realizando labores y bordados aunque también trabaja algún herrero y los verdejos han sido siempre excelentes canteros y molineros.

Alfarería tradicional verdeja

GASTRONOMÍA

Estamos en tierras casi extremeñas y la cultura del cerdo debe notarse en la gastronomía con platos tan matanceros como la cachuela o la chanfaina. El mundo pastoril se refleja en las migas o en las sopas canas. Para postre, los dulces tradicionales como las floretas, las roscas y mangas de las bodas, las perrunillas y los mantecados. Un plato tradicional, dada la vinculación de Valdeverdeja con el río y los molinos con sus cañales de pesca, era, por ejemplo, las anguilas fritas o en salsa.

RUTA DE LOS POZOS NUEVOS Y LAS ACEÑAS DEL TAJO

RUTA DE LOS POZOS Y LAS ACEÑASpozos-y-acenas

LA EXCURSIÓN

Recorrido aproximado 13 kilómetros,  4 horas

Pozo, pila de lavar, parapeto de mampostería en el arroyo de los Pozos nuevos en Valdeverdeja
Pozo, pila de lavar, parapeto de mampostería en el arroyo de los Pozos nuevos en Valdeverdeja

Vamos hoy a comenzar otro recorrido en el que conoceremos parajes de gran belleza en las riberas del Tajo, donde se encuentran numerosas y antiguas instalaciones molineras así como otros elementos etnográficos y paisajísticos de interés. Esta ruta discurre por los términos de El Torrico y Valdeverdeja, pueblo este último donde comenzaremos nuestro trayecto, a la entrada del caserío, donde se marca el inicio de la Ruta de los Pozos.

Otro tipo de pozo en el arroyo de los pozos Nuevos de Guadalajara

Seguimos el camino señalado hasta llegar a una explanada donde acaba el camino carretero. Continuamos por la senda bajando hacia el valle y comenzamos a transitar por un curioso paraje donde a un lado y otro del arroyo vamos observando la existencia de numerosos pozos con el brocal de granito. Algunos de ellos tienen en la tapa de hierro o en sus pilas las iniciales grabadas de sus dueños. Junto a las pilas algunas presentan unas pequeñas mesitas de piedra donde se tendía y golpeaba la ropa. Varios de estos pozos tienen incluso una pequeña casa de mampostería. Hay también un huerto con una fuente cubierta y, más arriba, un pozo de mayores dimensiones obra del ayuntamiento y de uso común. Este paraje del arroyo de los “Pozos Nuevos” tiene un gran interés etnográfico.

Iniciales del dueño y cerraduras sobre la tapa metálica de un pozo de Valdeverdeja
Iniciales del dueño y cerraduras sobre la tapa metálica de un pozo de Valdeverdeja

Pasamos también en el recorrido por la confluencia con el arroyo del Cubo, llamado así por tener el cubo de uno de los dos molinos que hay en sus orillas. Seguimos por el camino molinero que gira con el arroyo de La Pradera hacia el sur pasando junto a pequeños molinillos, hermanos pequeños de los grandes molinos del Tajo. Uno de ellos conserva su vieja presa atravesada sobre el cauce con una inscripción en las piedras del muro que lo data en el siglo XVIII. Desemboca finalmente junto al molino de los Rebollos. que no tienen nada que envidiar en lo pintoresco del paraje y del edificio a las aceñas del Conde que veremos después, con su molino de invierno y de verano, su sala abovedada con todas las piedras en su sitio y la chimenea que calentaba a molineros y clientes. También es un buen lugar para echar las cañas de pescar y sacar alguna carpa o algún barbo.

Aceñas del Conde

Cruzamos a la otra orilla del arroyo de la Pradera en su desembocadura  y, subiendo a media ladera, avanzamos por una senda que discurre río Tajo arriba hasta las Aceñas del Conde. El camino baja luego en dirección a esta histórica instalación molinera que recibe su nombre por haber pertenecido a los condes de Oropesa, cuyo escudo se ve labrado sobre uno de los sillares del pasadizo de las compuertas. Una aceña es un molino cuyas piedras giraban mediante el impulso de una rueda vertical. En este caso eran dos las ruedas y se situaban en la parte del edificio situada más en el interior del cauce. La segunda parte de la construcción albergaba piedras movidas con una especie de turbina primitiva de rueda horizontal llamada regolfo, y la tercera, situada ya en la orilla y a un nivel superior, es el molino de invierno, con el que se molía cuando las aguas venían muy crecidas. Curioseemos bajo sus compactas bóvedas que tantas avenidas resistieron e imaginemos el ambiente con el ruido de todas las piedras “corrientes y molientes” en medio del trasiego de gentes llegadas desde toda la comarca con sus caballerías.

Molinos de las Rebollos

La casa del molinero se distingue un poco más elevada en la ribera con las zahúrdas, cuadras y otras dependencias anejas. Subamos ahora por el camino y gocemos al llegar arriba de la hermosa vista panorámica del valle del Tajo. Se perciben hacia el este los pilares de un viejo puente medieval custodiado por la fortaleza hispanomusulmana de Castros, que se divisa en lo más alto de la escarpada orilla sur, abajo, a la derecha, el gran edificio de las aceñas del Conde varado en el río con su presa o azud rota por la corriente, y al fondo Puente del Arzobispo.

Una de las casetas abovedadas en el arroyo de los Pozos

Si seguimos el arroyo del Pilón arriba daremos un bonito paseo y encontraremos las ruinas de cinco vetustos molinillos de agua que por lo pintoresco de su arquitectura popular merecen alguna fotografía. Los dos primeros se sitúan haciendo verdaderos equilibrios junto a unas cascadas. Justo allí tenemos dos opciones, o continuar el cauce del arroyo hasta la carretera, encontrando antes un pequeño puente de aspecto medieval, o seguir por el camino hasta la carretera en la zona de la casa de la Dehesa Boyal.

Ruinas de un molinejo de cubo en el arroyo de La Pradera
Ruinas de un molinejo de cubo en el arroyo de La Pradera

Subimos ahora por la carretera en dirección a El Torrico y, junto al cruce, observamos a la derecha una pequeña elevación donde podemos subir para disfrutar de la vista panorámica y ver un horno de cal que servía para explotar las afloraciones calizas de ese mismo cerro. Seguimos hacia el pueblo y encontramos una ermita de nueva construcción en un paraje con buena panorámica. Poco después llegamos al pueblo de El Torrico. Volveremos a Valdeverdeja por la pista indicada después de visitarlo.