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HISTORIA FÁCIL DE LA CERÁMICA DE TALAVERA (6) LOS ROMANOS

CERÁMICA ROMANA EN TALAVERA

Vasija romana con el nombre de la propietaria; Marcela una tal marcela

En la segunda Edad del Hierro las tierras de Talavera se hallaban pobladas por los vettones, como ya hemos visto. El  caudillo lusitano Viriato se refugiaba en la sierra de San Vicente desde donde atacaba a las legiones romanas, según aventura el alemán Schulten. También en la cumbre de esa sierra es tradición que se ocultaron de las autoridades romanas los Santos Mártires Vicente Sabina y Cristeta.

No comparto la idea de algunos historiadores sobre que Talavera fuera fundada exnuovo, en el solar que hoy ocupa, sino que muy probablemente hubo poblaciones y culturas anteriores en la confluencia del Tajo y la Portiña, precisamente en esa zona del casco antiguo más elevada sobre el río Tajo, donde creo que tarde o temprano se hallarán restos de poblados indígenas de épocas anteriores a los romanos.

Tras la conquista, Talavera quedó incluida en la Lusitania, cuyo límite discurre cerca del pueblo de Santa Olalla, coincidiendo con la línea que separa la comarca de Talavera y la de Toledo, ciudad ésta más enmarcada en el mundo de los carpetanos. En el año 69 Vespasiano otorga a nuestra ciudad el carácter de municipio.

Marca a punzón de Calvinus, el primer alfarero talaverano conocido. ( LC Juan Tovar,. Del artículo de Manuel Rico en Cuaderna 21-22

No conocemos el momento exacto en el que se funda Caesaróbriga, la Talavera romana. Muchas de las excavaciones de nuestras calle y edificios sabemos que no han sido realizadas, en general, con la metodología adecuada o no se han publicado las memorias de esas actuaciones, y lo que es peor, muchos de los restos han sido destruidos o sumergidos en cemento, o, como se pretende hacer en las nuevas construcciones del casco viejo, cubriéndolos con una losa de hormigón que tapa los restos y, aunque no los destruye, pero sí impide durante muchos años su estudio.

Es evidente que Talavera fue una ciudad romana de importancia donde en el periodo tardío del imperio y en época visigoda incluso se creó un obispado, el de Aquis, sufragáneo de la diócesis de Mérida. Los restos de edificios romanos hallados en el entorno de la plaza del Pan, que muy probablemente fue el foro romano en torno al que se articulaban las dependencias de los edificios públicos y los templos principales, como sucede ahora. Así nos lo muestran las ruinas visitables del hospital de la Misericordia, las del solar de los juzgados o las del patio del Ayuntamiento, o los elementos de granito y mármol labrados hallados en las excavaciones.

Una calzada importante discurría al norte del Tajo y otra al sur, además de algunas secundarias. Como también cruzaban el territorio otras por las actuales cañadas leonesas oriental y occidental, ésta última con la impresionante calzada de el Puerto del Pico. Era por tanto Caesaróbriga una ciudad situada estratégicamente con importantes comunicaciones, como también demuestran los restos del puente romano, cercano y en parte coincidente con el puente Viejo o medieval.

Decoración estampillada de cerámica de uno de los alfares romanos de Talavera. ( LC Juan Tovar en «Talavera de la Reina en la Antigüedad» de Dionisio Urbina

Se han hallado villas romanas como la de Saucedo, baños en esa excavación y en otras localizaciones como en la Ronda del Cañillo. También se han encontrado pinturas y mosaicos de gran interés, así como calles calzadas, templos, y magníficas esculturas de bronce como el Hércules o la Venus. Las murallas visigodas y árabes se cimentan y se componen con restos de la muralla romana entre cuyos elementos se pueden observar estelas, bases y fustes de columnas..

También se han hallado varias necrópolis como la que ya descubrió el Padre Fita junto a La Portiña y, lo que es más significativo, Talavera cuenta con un conjunto epigráfico con inscripciones de la época en un número tal que ponen a nuestra ciudad a la altura de otras romanas importantes de la península. Hay estelas dedicadas a las ninfas, a los dioses manes, a Júpiter o a dioses indígenas como Togote o Aricona. Los nombres de los difuntos y sus dedicatorias nos orientan sobre el origen de algunos de ellos procedentes de otras ciudades romanas como Clunia o Segísama. Nos informa también esa epigrafía de otros datos curiosos sobre algunos de nuestros antepasados romanizados como alguno que pertenecía a la Legión VII Gemina, otro de la tribu quirina o una mujer de la dignidad sacerdotal flamínica llamada Domicia Proculina. También consta un arúspice llamado Iconio.

Así mismo ha descrito el colectivo La Enramá un posible monumento romano en Torrehierro, finca que cuenta también con otra necrópolis con buenos sepulcros. También en la Vegas de Santamaría, junto al Tajo se ha excavado un mausoleo tardorromano en cuyo interior se encontró un sepulcro esculpido que se halla en el Museo Arqueológico Nacional.

Moldes del alfar de terra sigillata de Talavera.( LC Juan Tovar ) en «Talavera de la Reina en la Antigüedad» de Dionisio Urbina

Las villas romanas más conocidas en el entorno Talaverano son las de Saucedo, la Órbiga, La Alcoba, Pompajuela, Las Tamujas, Bercenuño, por decir solo algunos ejemplos más significativos.

Yo personalmente no descarto que, si se sistematizaran y se hicieran de forma adecuada las prospecciones y excavaciones sin interferencia de constructores y con vigilancia estricta de la Junta y el ayuntamiento, tarde o temprano se hallaría el teatro romano y algún otro edificio público de importancia.

Cerámica de terra sigillata de Talavera. Domingo Portela. Cuaderna 20-21

Son de gran interés los hallazgos numismáticos y la cerámica de la que trata este artículo. El arqueólogo Dionisio Urbina ha hecho el trabajo hasta ahora más completo sobre la Talavera romana y en él nos descubre algunas cuestiones al respecto.

Como hemos comentado, también en aquella época, Talavera era una ciudad comercial debido a su situación comunicada y estratégica. Los talleres artesanales parece que se situaron especialmente en la parte occidental del casco y la riqueza generada hizo que las clases dominantes demandaran determinadas mercancías de lujo como la cerámica más elaborada, la llamada de “terra sigillata”. También son necesarios los recipientes cerámicos para contener las mercancías especialmente de índole alimentario destinadas all comercio que generaría la ciudad. Es por ello que incluso sabemos de la existencia de alfares locales e incluso de empresarios o alfareros, como “Calvinus” que dejaron su marca en las piezas elaboradas por él. La mayor parte de esos talleres se han hallado en los yacimientos excavados al oeste de la ciudad y en ellos se han documentado zonas soladas con ladrillo para secar las piezas antes de su cocción, testares o basureros donde se arrojaban las piezas rotas o defectuosas, además de restos de moldes, y atifles y ajustadores para colocar y separar las vasijas en los hornos etc…

Son piezas de lujo para la mesa y decoradas con forma de botellas, cuencos y platos. También aparecen otros elementos de lujo, como las cerámicas llamadas de paredes finas que incluso llegan a ser de tan escaso espesor que se denominan en “cáscara de huevo”. Las “marmoratas” llevan un acabado jaspeado imitando al mármol, aunque se han encontrado, en menor cantidad. También se halló en la zona de la calle de la Lechuga la marca de otro alfarero, Zoilus, pero en este caso parece ser que su producción deriva de Tuccci (Martos, Jaén). También se encuentran desde tiempo de Augusto cerámicas campanienses que en Italia eran de color negro pero que aquí se imitan pero son terminadas con tonos rojizos debido al barniz aplicado.

Por todo ello el arqueólogo Dionisio Urbina nos dice “cuenta Talavera con una industria cerámica desde el siglo I y los datos arqueológicos parecen confirmar su permanencia en épocas tardías e hispanomusulmana lo que extiende a casi dos mil años la tradición alfarera… de la ciudad de la cerámica”.

También se hallan otras cerámicas pintadas de tradición indígena que elaboraban los pueblos vettones antes de la conquista romana, además de algunas de importación como las “sigillatas orientales” de las llamadas de “engobe rojo pompeyano”y otras de origen norteafricano de tonalidades más claras.

En los últimos siglos de dominación romana se va produciendo una ruralización que conlleva también una economía más autárquica con talleres locales que elaboran cerámica de menor calidad. Empiezan a aparecer los motivos cristianos en la decoración que, por otra parte, ya no se hace con molde, sino con estampillados y decoración a ruedecilla, en tonos anaranjados y grises, así como otras cerámicas locales de tonos oscuros que intentan imitar a las lujosas cerámicas campanienses

Capitel romano hallado en el término de Velada

PARAJES EN EL ENTORNO DE VALDELACASA, SIGUIENDO EL CAMINO DE CARLOS V A GUADALUPE (12)

Castillo de Espejel

Son numerosos los parajes pintorescos de su término. En primer lugar, debemos visitar el castillo de Espejel a las orillas del Tajo donde los aficionados al piragüismo pueden realizar recorridos solitarios por esta zona del río donde a su paso levantarán el vuelo las cigüeñas negras, las rapaces o las garzas. En las orillas del río Pizarroso visitaremos el embalse donde los aficionados pueden practicar la pesca y, aguas abajo, cerca ya del Tajo, el terreno se hace más abrupto y hay parajes de interés como los que rodean a los dos arruinados molinos. Los olivares colonizan las riberas con sus casillas de bonita arquitectura tradicional.

Caseta de olivar techada con falsa cúpula en las orillas del Tajo

Valdelacasa tiene también una parte serrana, refugio desde antiguo de las gentes que en diversas épocas se echaron al monte, con paisajes curiosos como sus bravías cumbres cuarcíticas o la llanura situada entre la sierra y el Gualija conocida como el Planchón. El río Gualija corre por aquí montaraz entre sobrecogedoras soledades y se remansa en pequeñas pozas donde podemos tomar un baño y donde no será raro ver a los venados o a los corzos bajar a beber y a los buitres volar sobre los riscos.

Riberos del Tajo en la zona de Valdelacasa

Ahora hablaremos de uno de esos personajes. Como ya comentamos en el capítulo de “Aldeanovita”, en término de Valdelacasa, en el paraje conocido como Las Gargantillas cayó el guerrillero “Quincoces”, luchador antifranquista de estas sierras, muerto en una emboscada de la Guardia Civil tras capturar a un enlace originario de Valdelacasa que también murió en el encuentro, además de su hermano que acompañaba a Jesús Gómez Recio.Estos hechos sucedieron justo el día antes de abandonar la lucha para huir a Francia. Dicen que en el paraje queda un majano como mudo testigo del lugar en que encontraron la muerte los tres maquis.

Ermita del despoblado de La Oliva

DOS EXCURSIONES

El término de El Villar es muy extenso y gran parte de nuestro recorrido hasta Guadalupe lo haremos todavía a través de su demarcación, pero, antes de alejarnos, a una distancia de algo más de seis kilómetros hacia el suroeste, podemos acercarnos a otra de las diecisiete heredades del Pedroso que Fernando III otorgó a Talavera para que las repoblara. Se trata de La Oliva, despoblado situado en una hermosa dehesa con buenos ejemplares de encina y alcornoque y que, al igual que El Villar, muestra signos de las diferentes culturas que se asentaron allí a través de los siglos. Se han hallado al menos tres verracos en su entorno, de los cuales quedan dos, uno apenas reconocible en un prado cercano a la arruinada iglesia y el otro, situado junto a la vivienda de los propietarios actuales de la finca, que es conocido como el “Toro Mocho” por haber perdido parte del morro. Para algunos eruditos, los cimientos de la iglesia tienen en sus aparejos la apariencia de haber sido romanos, civilización que confirma su presencia por la inscripción de un ara que se sitúa frente a la puerta norte, entre otros restos arqueológicos. La construcción de la iglesia medieval pudo hacerse en su mayor parte durante el siglo XV, como indican los arcos conopiales de sus portadas. La cúpula ochavada que cubre el ábside tiene aspecto de haber sido construida en el siglo XVIII y en ella todavía se percibe el camarín donde se alojaba la Virgen de las Misericordias, aparecida sobre una oliva según la tradición y con fama de milagrosa en la comarca.

Molinos de Espejel

Si todavía tenemos ganas de andar unos dos kilómetros, podemos descender por el camino de La Barca hasta el río Tajo, donde disfrutaremos de un paraje de singular belleza que sobrevuelan las rapaces y en el que se encontraban antiguamente los viejos molinos de Los Sacristanes y de Tani, hoy sumergidos por el embalse de Valdecañas, aunque todavía hoy asoma fantasmal una antigua central eléctrica que daba luz a Valdelacasa y Valdeverdeja, un curioso ejemplo de arquitectura industrial de los años treinta.

Entrada a la ermita de la Virgen de Burguilla con el jarro de azucenas, símbolo de la Virgen, sobre el dintel.

La otra excursión nos llevará a conocer la ermita de la Virgen de Burguilla, en la carretera de El Villar a Valdelacasa. En realidad se trata de una imagen de la Virgen de Guadalupe que se entronizó en este paraje ya en el siglo XV y que servía como adelanto e impulso al peregrino para llegar hasta la Virgen de Las Villuercas. El edificio, que también perteneció con su dehesa al monasterio, mantiene algunas huellas de su antigua utilidad conventual e incluso unas cochineras de mampostería que por sus dimensiones podríamos calificar de monumentales si no fuera por el fin a que estuvieron destinadas. Hasta Burguilla se realiza una romería desde ambos pueblos limítrofes el ocho de septiembre.

UN POCO DE HISTORIA OROPESANA

Vista general del conjunto monumental de Oropesa

Los restos arqueológicos que se hallan diseminados al norte de Oropesa, aunque se encuentren a menudo en jurisdicción de la villa, están más cercanos a otros municipios, pues la complicada división de términos y dehesas que resultó de las exenciones de las villas respectivas hace que, por ejemplo, muchos de los restos paleolíticos del Guadyerbas se encuentren en término de Oropesa, así como el menhir llamado de Parrillas y otros muchos hallazgos.

Menhir hoy desaparecido situado junto al embalse de Guadyerbas. Se observan numerosas cazoletas.

Son numerosos los útiles de piedra tallada y pulimentada hallados que representan la huella del hombre del paleolítico o de la Edad del Cobre respectivamente, así como los monumentos megalíticos que confirman la presencia humana en esta época, entre dos mil y dos mil quinientos años antes de Cristo. Algunos fondos de cabaña hallados por el autor en la orilla del embalse y un yacimiento en el Golín de la Senda con lascas de sílex y cerámica son muestra de los poblados que en esta época y a lo largo de la Edad del Bronce poblaron el valle del Guadyerbas en término de Oropesa. De la Edad del Hierro contamos con abundantes muestras de que el pueblo vettón habitó la zona dejando sus esculturas zoomorfas como legado. Concretamente en la finca Valdepalacios se conserva un verraco al que le falta la cabeza.

Industria paleolítica de sílex de los yacimientos del río Guadyerbas

Los romanos dejaron una epigrafía abundante, como nos describe Jiménez de Gregorio con una lápida dedicada a Júpiter y otras dos invocando a los dioses manes de las que una de ellas hace referencia a un “castillo Comediano”. Es tradición que esta última desapareció en una restauración de la ermita encontrándose actualmente embutida en el muro. También son numerosos los restos de enterramientos y yacimientos tardorromanos repartidos por sus campos entre los que fue excavado el conocido como de El Rondal, cerca de Guadyerbas las Bajas y que, por los restos hallados de un horno de fundición y algunas herramientas y clavos de hierro y bronce, podemos deducir tuvo utilidad como lugar de producción metalúrgica. Otra villa romana fue localizada junto a una necrópolis en el entorno de la laguna de las Limas.

Guerrero en azulejería de Ruiz de Luna en el Hogar Rural de 1946, situado en la plaza mayor

En el casco urbano se encontró una estatuilla femenina en terracota con datación probablemente romana. Hay autores que aceptan la hipótesis de una primitiva fortificación romana de Oropesa que defendería el estratégico paso de la cañada y calzada que desde Talavera  (Caesaróbriga) se dirigía a Mérida (Emérita Augusta). Algunos fragmentos de cerámica y lo estratégico de su situación, además de algunos topónimos de la zona nos hacen pensar en la pervivencia de población musulmana en Oropesa y su entorno.

Este gran torreón es probablemente el más antiguo de la fortaleza de Oropesa, para algunos podía remontarse a época musulmana

La reconquista de la zona estuvo a cargo de los caballeros abulenses que batieron toda la comarca quedando como huella de aquellas conquistas medievales la pertenencia eclesiástica de La Campana de Oropesa a la diócesis de Ávila hasta hace unas décadas. La repoblación propiamente dicha comenzaría en el siglo XII y ya con Alfonso X se concedieron en 1274 ciertas franquicias a los pobladores del castillo. Nace así la población actual de Oropesa como tal.

Muralla medieval de Oropesa

En 1281 la dona este mismo rey a la Orden Militar de Santa María de España que después se incorporaría a la Orden de Santiago. A comienzos del siglo XIV el castillo es propiedad de uno de sus hijos, el infante don Juan, que otorga a sus defensores los privilegios propios de los Caballeros de Extremadura. Permanece Oropesa vinculada a miembros de la familia real como don Juan el Tuerto y sus descendientes, doña Leonor de Guzmán, favorita del rey Alfonso XI y asesinada en Talavera por su esposa la reina doña María de Portugal, y el infante don Juan de Aragón, hasta que en 1369 se une a la noble casa de los Álvarez de Toledo por donación de Enrique II a don García Álvarez de Toledo.

Uno de los dibujos murales en el Hospital de San Juan Bautista. Algunos de ellos son de época medieval

Continuará

RUTA: UNA VUELTA POR EL ENTORNO DE LAGARTERA

RUTA: UNA VUELTA POR EL ENTORNO DE LAGARTERA

 Recorrido aproximado 8 kilómetros, 2 horas y media

Hornacina del Calvario de Lagartera

 Podemos dar un agradable paseo por el extrarradio de Lagartera conociendo algunos elementos de interés de su paisaje y su patrimonio. Para ello preguntaremos por el camino que va hacia el calvario. En dirección sureste, tomaremos a la izquierda la senda que entre olivares va siguiendo las cruces graníticas de las estaciones del viacrucis. Las tres cruces de la estación del calvario se levantan sobre un plinto también de piedra cerca del que podemos ver un pequeño altarcillo en forma de hornacina coronada por una cruz, y junto a él una roca completamente enjalbegada donde suelen dejar pequeñas cruces hechas de palitos de olivo o de hinojo los lagarteranos que suben hasta aquí haciendo el viacrucis. Vale la pena detenernos en estas alturas desde donde se contempla el núcleo histórico oropesano que destaca al este, el murallón de Gredos al Norte y el caserío de Lagartera delante de nosotros, dominando sobre él la esbelta torre de la iglesia. Al sur se adivinan las sierras jareñas. Seguir leyendo RUTA: UNA VUELTA POR EL ENTORNO DE LAGARTERA

OTROS TESOROS LAGARTERANOS

OTROS TESOROS LAGARTERANOS

Uno de los altares colocados en los portales de Lagartera el día del Corpus

La riqueza etnográfica de Lagartera se manifiesta principalmente en tres de sus aspectos culturales: el emblemático traje típico, las labores de Lagartera y la fiesta del Corpus Christi, donde se muestran muchas de sus mejores y más antiguas telas labradas.

El traje de lagarterana es mundialmente conocido, aunque en otros pueblos arañuelos las indumentarias tradicionales son también sumamente llamativas. La fama de la que goza actualmente comienza con las pinturas que hace Sorolla de tipos lagarteranos, guiado por Platón Páramo allá por los primeros años del siglo XX, aunque otros pintores y fotógrafos famosos contribuyeron también a su divulgación, llegando a ser tal vez uno de los símbolos españoles del mundo rural más castizos. Una boda en lagartera es un espectáculo que vale la pena realmente por el colorido desplegado en traje y rituales.

Lagarteranos en uno de los cuadros de Sorolla de la Hispanic Society

EL MUSEO:

Algunas muestras de los diferentes tipos de labores pueden ser admiradas en el Museo Marcial Moreno Pascual, muestra pequeña pero abigarrada, como todo lo lagarterano, donde podemos ver en el entorno de una casa típica las diferentes dependencias de la vivienda con su decoración tradicional y específica para cada pieza y con los elementos etnográficos habituales de cada una de ellas. Especialmente esos zaguanes tan típicos, repletos de cerámica de talavera y Manises y objetos de cobre. En el piso superior se puede visitar una magnífica muestra de las pinturas y dibujos del artista que da nombre al museo con una variada muestra de sus retratos y algunos de sus cuadros más significativos referidos a escenas costumbristas de Lagartera.

Lagarteranas en el Corpus

EL CORPUS LAGARTERANO:

Esta fiesta no se ha valorado suficientemente pues se trata de una explosión de estética popular durante la que por un espacio muy breve de tiempo, apenas tres horas, se exponen algunas de las mejores y más antiguas labores de Lagartera que se sacan de los arcones para, inmediatamente después del paso de la custodia, volver a la intimidad de los ajuares familiares.

Desde las nueve de la mañana aproximadamente comienzan en un buen número de casas lagarteranas las labores de decoración de sus portales para alojar al paso de la procesión pequeños altarcillos que son un prodigio de abigarrada pero al mismo tiempo delicada estética popular llena de colorido. Se hace del portal una preciosa hornacina cubriendo uno o dos metros del zaguán de entrada con bellas labores.

Niño Jesús en un altar del Corpus, vestido de lagarterano

La procesión, en la que últimamente desfilan vecinos con el vistoso traje local, parte de la puerta de la iglesia y recorre un trayecto fijado desde hace siglos solamente modificado por las ampliaciones del casco urbano. Los caballeros de la Veracruz con sus capas acompañan a la custodia. El sacerdote se va deteniendo en cada altar para bendecirle y mientras lo hace, niñas vestidas de comunión lanzan pétalos de rosa. La comitiva sigue el recorrido cantando y un momento después de pasar la procesión se deshace cada altar para que las telas labradas no se deterioren con el sol y la intemperie.

Oso con colmena en deshilado lagarterano

ARTESANÍA Y GASTRONOMÍA:

Las primeras referencias a las mujeres lagarteranas que realizaban bordados son del siglo XVI, cuando aparecen en un documento del Archivo Histórico Nacional tres muchachas lagarteranas llamadas Isabel, Catalina y María, nietas de Juan García Herráez, uno de los compañeros de Pizarro en la conquista del Perú, que cosen en su casa del barrio de Toledillo para doña Juana de Toledo, condesa de Orgaz, que les hace encargos para la decoración del castillo de Oropesa.

Desde pequeñas se ejercitan las niñas en Lagartera en la ejecución de labores, trabajando en esas muestras de variadas puntadas y motivos que son los dechados, conservándose así la tradición bajo la mirada atenta de las madres y abuelas.  Hoy se mantiene la producción y no debemos marcharnos sin llevarnos un recuerdo de tan preciada artesanía.

Quesos y otros productos lagarteranos

Un plato típico de Lagartera es el hornazo que, como su nombre indica, es una masa de pan con relleno de embutido cocida en el horno. Todos los pueblos arañuelos tienen en el cerdo una de sus bases gastronómicas y también es de destacar el queso de las ovejas que pastan en sus dehesas. La caza menor se complementa con las perdices y codornices de los criaderos locales. Los dulces tradicionales son mangas, roscas o floretas.

LA ARQUITECTURA, LAS ERMITAS Y LA IGLESIA DE LAGARTERA

LA IGLESIA:

Iglesia parroquial de Lagartera en azulejos

Aunque Lagartera guarda sus más preciados tesoros en los arcones y portales de sus casas, también son dignos de conocer algunos aspectos de su patrimonio. En primer lugar debemos visitar la iglesia parroquial de El Salvador. En el antiguo barrio de Toledillo parece que existió un primitivo templo que hacia mediados del siglo XV es sustituido por el actual. Aunque se comenzó a construir en aquella época, tuvo diferentes fases de ampliación en siglos posteriores. Del siglo XV y comienzos del XVI quedan el coro y algunas de las zonas del edificio como las portadas decoradas con las típicas perlas del gótico tardío. Los muros son de mampostería con sillería en algunas zonas. La planta del templo es de cruz latina enmarcando sus tres naves que están separadas por pilares ochavados y se construyen en el siglo XVI con el impulso del conde de Oropesa don Francisco Álvarez de Toledo. Ya mediado el siglo XVIII se hizo el crucero y a principios del XIX se levantó la esbelta torre que domina todo el caserío, pues la iglesia se construyó en lugar elevado que incluso hizo necesaria la adecuación del terreno de acceso con calzadillas y escaleras.

Portico norte de la iglesia de Lagartera, donde Sorolla pintó algunos tipos lagarteranos

Cuenta la parroquia con dos pórticos, uno al sur y otro más pintoresco al norte llamado pórtico de Gredos, con un patio anterior y sostenido por seis arcos rebajados con las armas del conde de Oropesa y de su esposa en la enjuta central. Precisamente en este pórtico aparece Sorolla en una antigua foto pintando a tipos lagarteranos. La Guerra Civil se llevó gran parte de la imaginería antigua aunque quedan dos tallas de Santa Teresa y Santa Catalina de cierta calidad, así como tres retablos barrocos que sobrevivieron a la contienda.

Ermita de Lagartera dedicada a los Santos Mártires

ERMITAS:

En Lagartera se mantienen en pie dos ermitas, una de ellas es la de los Santos Mártires y se sitúa en el camino que más tarde tomaremos para seguir hasta Herreruela. Es un edificio del siglo XVII construido en aparejo toledano con sillería en algunas zonas de los zócalos y contrafuertes. El edificio está coronado por una espadaña de ladrillo y la entrada se sitúa en la portada del muro sur. Es de destacar el artesonado mudéjar octogonal que cubre su capilla mayor. Fue también cementerio donde se enterraban los cofrades de los santos mártires Fabián y Sebastián, de ahí su nombre.

Erimta de Santa Ana de Lagartera con los restos de su ábside y retablo

De la ermita de Santa Ana solamente queda el ábside original de sillería y mampuesto. Fue también cementerio y se sitúa al norte del caserío, cerca de la antigua carretera Nacional-V.

Arquitectura popular de Lagartera

ARQUITECTURA POPULAR:

En nuestro deambular por Lagartera podemos disfrutar también de una arquitectura popular granítica de mampostería con portadas de cierto empaque en algunos casos, aunque solamente dos de ellas aparecen blasonadas. Ya han desaparecido casi todos los pavimentos empedrados con grandes losas de piedra que se pueden ver en algunas fotografías antiguas, pero todavía se conservan en el casco y su entorno algunas cruces de granito de las que varias eran utilizadas en el rito religioso de las llamadas “Rogativas”.

Chozo de cúpula en Lagartera

También se mantienen en uso los dos puentecillos que salvaban el arroyo en el barrio de Toledillo. En la plaza que se encuentra junto a la cabecera de la iglesia se levantó un monumento a las labranderas lagarteranas que también podemos visitar.

EL GRAN ESCRITOR PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN PASA POR TALAVERA

Dibujo de Enrique Reaño sobre foto de Clifford del siglo XIX

Pedro Antonio de Alarcón tiene un librito delicioso de viajes en el que uno de ellos tiene como destino el monasterio de Yuste. El escritor pasa por Talavera y reproducimos aquí el texto desde que sale de Madrid hasta que llega  Navalmoral de la Mata.

Si sois algo jinete (condición sine qua non); si contáis además con cuatro días y treinta duros de sobra, y tenéis, por último, en Navalmoral de la Mata algún conocido que os proporcione caballo y guía, podéis hacer facilísimamente un viaje de primer orden—que os ofrecerá reunidos los múltiples goces de una exploración geográfico-pintoresca, el grave interés de una excursión historial y artística, y la religiosa complacencia de aquellas romerías verdaderamente patrióticas que, como todo deber cumplido, ufanan y alegran el alma de los que todavía respetan algo sobre la tierra —Podéis, en suma, visitar el Monasterio de Yuste.

Puerta de Mérida vista por su cara oriental poco antes de su total destrucción

Para ello (suponemos que estáis en Madrid) empezaréis por tomar un billete, de berlina o de interior, hasta Navalmoral de la Mata, en la «Diligencia de Cáceres» — que sale diariamente de la calle del Correo de ésta que fue corte[1], a las siete y media de la tarde. La carretera es buena por lo general, y en ningún paraje peligrosa. Pasaréis sucesivamente por la Dehesa de los Carabancheles, donde los Artilleros tenían establecida su muy notable Escuela práctica; — por las Ventas de Alcorcón y por Alcorcón mismo, que es como si dijéramos por el Sévres[2] de los actuales madrileños ;—por Móstoles, donde os acordaréis de su órgano y de su célebre Alcalde del año de 1808;—por Navalcarnero, uno de los principales lagares que surten de peleón a Madrid;—por Valmojado, que nada tiene de mojado ni de valle, pues ocupa un terreno muy alto y arcilloso;—por Santa Cruz del Retamar, abundante en fiebres intermitentes y en carbones;—por Maqueda, todavía monumental hoy, cuanto poderosa en la antigüedad romana y en tiempos de nuestra doña Berenguela,—y, en fin, por Santa Olalla, patria del historiador Alvar Gómez de Castro y del predicador Cristóbal Fonseca, ambos insignes varones y literatos;—con lo cual, al amanecer (dado que viajéis, como os lo aconsejamos, en primavera o en otoño), os encontraréis en Talavera de la Reina, confirmada (supongo) recientemente con el nombre de Talavera de la República federal[3].

Muchachas pintando cerámica de Talavera en un dibujo de un viajero a principios del siglo XX

Dicho se está que en todo este trayecto no habéis visto casi nada, a causa de la obscuridad de la noche y de haber ido proveyéndoos de sueño, o bien de dormición o dormimiento (como se decía antaño, para evitar confusiones entre la gana y el acto de dormir); y en ello habréis hecho perfectamente, pues no os esperan grandes hoteles, que digamos, en toda vuestra romería;—pero al llegar a Talavera, donde se detiene el coche una hora y se toma chocolate, despertaréis sin duda alguna, y podréis ver al paso muchas y muy buenas cosas Por ahorraros gastos, no presuponemos que caéis en la tentación de pasar todo un día en aquella ilustre villa , cuna del ínclito Padre Mariana; rica de monumentos arquitectónicos; emporio de los opimos frutos y frutas de todo el país que vais a recorrer; renombrada por sus barros cocidos, que os indemnizan del bochorno cerámico que pasasteis en Alcorcón[4], y vecina del memorable campo de batalla en que españoles e ingleses dimos tan buena cuenta de José Napoleón, de Sebastiani, de Víctor y de otros generales del Imperio, con más de 50.000 soldados vencedores de Europa — En otro caso vierais allí, además de las murallas, y la catedral[5], y los conventos, y los palacios, los celebérrimos jardines y alamedas que forman un paseo público a la orilla del noble Tajo —Pero ¡nada! vosotros vais a Yuste exclusivamente, y no podéis deteneros en parte alguna.

Dibujo de Sorolla del castillo de Oropesa

Montaréis, pues, de nuevo en la Diligencia, y , dejando a la izquierda el gran río y viendo siempre a la derecha la cadena del Guadarrama[6] (que, con el nombre de Sierra de Gredos y otros, se extiende hasta Portugal), continuaréis vuestro camino y cruzaréis por delante de la imponente villa de Oropesa, de aspecto feudal, coronada por su viejo castillo y presidida por el magnífico palacio de los antiguos Condes de Oropesa, hoy Duques de Frías — Como sabéis a dónde vais, no dejaréis seguramente de saludar agradecidos aquella villa, ni de pensar con reverencia en los mencionados Condes, cuyos recuerdos habéis de encontrar íntimamente ligados con los del Monasterio de Yuste; y , cumplida esta obligación , pasaréis por la Calzada de Oropesa, último pueblo de la provincia de Toledo; entraréis poco después en Extremadura, y, en fin,  eso de las doce del día os hallaréis en Navalmoral de la Mata[7].

[1] Estamos en 1873, en tiempos de la primera República y por eso dice Alarcón que ya Madrid ya no es corte real

[2] Se burla Alarcón de la cacharrería de Alcorcón comparándola con la fina porcelana de Sévres

[3] Situación similar a la de Talavera en la segunda República, cuando tras el alzamiento del 18 de Julio se cambia el nombre de Talavera de la Reina por Talavera del Tajo.

[4] Vuelve a burlarse de los pucheros de Alcorcón.

[5] Confunde la Colegiata con una catedral.

[6] Confunde el Sistema Central con la Sierra de Guadarrama, en la que incluye a Gredos.

[7] Este viaje se hizo y fue escrito en 1873. Pocos años después se podría hacer este viaje en ferrocarril a Navalmoral de la Mata.

 

RUTA DE LOS POZOS NUEVOS Y LAS ACEÑAS DEL TAJO

RUTA DE LOS POZOS Y LAS ACEÑASpozos-y-acenas

LA EXCURSIÓN

Recorrido aproximado 13 kilómetros,  4 horas

Pozo, pila de lavar, parapeto de mampostería en el arroyo de los Pozos nuevos en Valdeverdeja
Pozo, pila de lavar, parapeto de mampostería en el arroyo de los Pozos nuevos en Valdeverdeja

Vamos hoy a comenzar otro recorrido en el que conoceremos parajes de gran belleza en las riberas del Tajo, donde se encuentran numerosas y antiguas instalaciones molineras así como otros elementos etnográficos y paisajísticos de interés. Esta ruta discurre por los términos de El Torrico y Valdeverdeja, pueblo este último donde comenzaremos nuestro trayecto, a la entrada del caserío, donde se marca el inicio de la Ruta de los Pozos.

Otro tipo de pozo en el arroyo de los pozos Nuevos de Guadalajara

Seguimos el camino señalado hasta llegar a una explanada donde acaba el camino carretero. Continuamos por la senda bajando hacia el valle y comenzamos a transitar por un curioso paraje donde a un lado y otro del arroyo vamos observando la existencia de numerosos pozos con el brocal de granito. Algunos de ellos tienen en la tapa de hierro o en sus pilas las iniciales grabadas de sus dueños. Junto a las pilas algunas presentan unas pequeñas mesitas de piedra donde se tendía y golpeaba la ropa. Varios de estos pozos tienen incluso una pequeña casa de mampostería. Hay también un huerto con una fuente cubierta y, más arriba, un pozo de mayores dimensiones obra del ayuntamiento y de uso común. Este paraje del arroyo de los “Pozos Nuevos” tiene un gran interés etnográfico.

Iniciales del dueño y cerraduras sobre la tapa metálica de un pozo de Valdeverdeja
Iniciales del dueño y cerraduras sobre la tapa metálica de un pozo de Valdeverdeja

Pasamos también en el recorrido por la confluencia con el arroyo del Cubo, llamado así por tener el cubo de uno de los dos molinos que hay en sus orillas. Seguimos por el camino molinero que gira con el arroyo de La Pradera hacia el sur pasando junto a pequeños molinillos, hermanos pequeños de los grandes molinos del Tajo. Uno de ellos conserva su vieja presa atravesada sobre el cauce con una inscripción en las piedras del muro que lo data en el siglo XVIII. Desemboca finalmente junto al molino de los Rebollos. que no tienen nada que envidiar en lo pintoresco del paraje y del edificio a las aceñas del Conde que veremos después, con su molino de invierno y de verano, su sala abovedada con todas las piedras en su sitio y la chimenea que calentaba a molineros y clientes. También es un buen lugar para echar las cañas de pescar y sacar alguna carpa o algún barbo.

Aceñas del Conde

Cruzamos a la otra orilla del arroyo de la Pradera en su desembocadura  y, subiendo a media ladera, avanzamos por una senda que discurre río Tajo arriba hasta las Aceñas del Conde. El camino baja luego en dirección a esta histórica instalación molinera que recibe su nombre por haber pertenecido a los condes de Oropesa, cuyo escudo se ve labrado sobre uno de los sillares del pasadizo de las compuertas. Una aceña es un molino cuyas piedras giraban mediante el impulso de una rueda vertical. En este caso eran dos las ruedas y se situaban en la parte del edificio situada más en el interior del cauce. La segunda parte de la construcción albergaba piedras movidas con una especie de turbina primitiva de rueda horizontal llamada regolfo, y la tercera, situada ya en la orilla y a un nivel superior, es el molino de invierno, con el que se molía cuando las aguas venían muy crecidas. Curioseemos bajo sus compactas bóvedas que tantas avenidas resistieron e imaginemos el ambiente con el ruido de todas las piedras “corrientes y molientes” en medio del trasiego de gentes llegadas desde toda la comarca con sus caballerías.

Molinos de las Rebollos

La casa del molinero se distingue un poco más elevada en la ribera con las zahúrdas, cuadras y otras dependencias anejas. Subamos ahora por el camino y gocemos al llegar arriba de la hermosa vista panorámica del valle del Tajo. Se perciben hacia el este los pilares de un viejo puente medieval custodiado por la fortaleza hispanomusulmana de Castros, que se divisa en lo más alto de la escarpada orilla sur, abajo, a la derecha, el gran edificio de las aceñas del Conde varado en el río con su presa o azud rota por la corriente, y al fondo Puente del Arzobispo.

Una de las casetas abovedadas en el arroyo de los Pozos

Si seguimos el arroyo del Pilón arriba daremos un bonito paseo y encontraremos las ruinas de cinco vetustos molinillos de agua que por lo pintoresco de su arquitectura popular merecen alguna fotografía. Los dos primeros se sitúan haciendo verdaderos equilibrios junto a unas cascadas. Justo allí tenemos dos opciones, o continuar el cauce del arroyo hasta la carretera, encontrando antes un pequeño puente de aspecto medieval, o seguir por el camino hasta la carretera en la zona de la casa de la Dehesa Boyal.

Ruinas de un molinejo de cubo en el arroyo de La Pradera
Ruinas de un molinejo de cubo en el arroyo de La Pradera

Subimos ahora por la carretera en dirección a El Torrico y, junto al cruce, observamos a la derecha una pequeña elevación donde podemos subir para disfrutar de la vista panorámica y ver un horno de cal que servía para explotar las afloraciones calizas de ese mismo cerro. Seguimos hacia el pueblo y encontramos una ermita de nueva construcción en un paraje con buena panorámica. Poco después llegamos al pueblo de El Torrico. Volveremos a Valdeverdeja por la pista indicada después de visitarlo.

UN DIBUJO DE RUIZ DE LUNA DE LA ERMITA DE SAN BLAS EN GUADALUPE

UN DIBUJO DE RUIZ DE LUNA DE LA ERMITA DE SAN BLAS EN GUADALUPE

En otra entrada de este blog traje dos postales del gran maestro en la que se ven dos paisajes de Guadalupe.  Hoy mi amigo Antonio Dávila, entusiasta promotor del Camino Real de Guadalupe me facilita este bonito dibujo coloreado en el que se representa la curiosa ermita de San Blas en Guadalupe. Al fondo se percibe el monasterio y el caserío de la propia Puebla de Guadalupe.

Según me dice Antonio: «Este año de 1947 coincidió con el arreglo de esta ermita de San Blas, por parte del cura Claudio López , un franciscano muy querido por el pueblo de Guadalupe en estos años de escasez y penurias.

Este párroco adecentó esta popular ermita y muchos de los mayores aun le recuerdan por este hecho y sus muchas obras de caridad .
 Y como colofón a esta obra de rescate del patrimonio, el afamado ceramista y pintor Ruiz de Luna de Talavera de la Reina, buen amigo del Padre Claudio hizo un dibujo de la ermita de san Blas , con el pueblo al fondo , para la posteridad.
Este dibujo lleva la firma del autor y un poema (con la rúbrica también ) , de don Ángel Marina en agradecimiento por la buena labor de este párroco que tiene una calle en el pueblo y este poeta también, pues el pueblo así lo decidió y merecido lo tienen».
En este otro fragmento aparece el poema aludido:

RUTA PARA CONOCER EL PIÉLAGO, NACIMIENTO DEL GUADYERBAS

CONOCER EL PIÉLAGO

Ya hemos conocido en anteriores entradas la naturaleza del Piélago, bonito paraje donde nace el río Guadyerbas. Hoy vamos a dar una vuelta por su entorno mediante una ruta, aunque luego iremos conociendo cada uno de los elementos patrimoniales que aquí señalamos.

 Recorrido aproximado 10 kilómetros,  2 horas y media, aunque si lo deseamos podemos seguir el Guadyerbas en su descenso hasta el embalse y volver en otra hora larga.

Bosques del Piélago

Podemos acceder al Piélago desde el Real de San Vicente o desde Navamorcuende, con una distancia desde Talavera de algo más de treinta kilómetros. En el primer caso subiremos entre castañares y en el segundo atravesaremos un hermoso rebollar.

El punto de partida del sendero se sitúa junto a un pinar, justo en el lugar donde la carretera deja de ascender e inicia el descenso en uno u otro sentido. Desde allí recorreremos unos trescientos metros en dirección Navamorcuende hasta un camino que parte desde una curva hacia el repetidor que se sitúa en la cumbre del Cerro Cruces.

Pozo de nieve en el Piélago

Cuando hemos avanzado unos cien metros observamos unos muros derruidos a la izquierda, nos acercaremos a ellos y observaremos que se trata de uno de los pozos de nieve donde los frailes del convento cercano acumulaban apisonada la nieve en capas que alternaban con paja. Luego la trasportaban en caballerías hasta Talavera en recipientes de corcho y durante la noche, para tener así menos pérdidas, constituyendo una de las mayores fuentes de ingresos para los frailes. Fue la única forma de refrigeración hasta finales del siglo pasado y de ahí su interés económico. Con ella se hacían también medicamentos pues se creía en su poder curativo, además de los primeros helados ya documentados desde el siglo XVII.

Cueva de los Santos Mártires

Seguimos por la ladera del Cerro Pelados y atravesamos un pinar contemplando a la izquierda la cuenca formada entre las elevaciones de Cruces, Pelados y San Vicente, que conocemos como El Piélago, lugar llamado así por tener hasta  las cien  fuentes que se contaban en el siglo XVIII. Llegamos junto a la base del cerro de Las Cruces y tomamos el camino que por su loma nos lleva entre robles y rebollos hasta los repetidores de televisión, desde donde podemos disfrutar de una vista incomparable sobre la Sierra de Gredos y sus pueblos, además de las localidades de la cara norte de la Sierra de San Vicente, como Almendral o La Iglesuela.

Ruinas del eremitorio y cueva de los Santos Mártires

Una vez disfrutemos del paisaje, descendemos por el camino que bajaba paralelo a una antigua línea eléctrica hasta llegar a la carretera, que pasa entre un conjunto de tres molinos de agua de los que uno de ellos es casi monumental pues tiene todo el edificio y el cubo fabricados en buena sillería.

Seguimos la carretera y cruzamos el río Guadyerbas en su nacimiento, y si es época lluviosa podemos dar un breve paseo por sus orillas viendo cómo desciende con bonitas chorreras y pequeñas cascadas. Volvemos a la carretera y seguimos hasta llegar a la zona de esparcimiento y un campamento.

Allí podremos descansar, para a continuación seguir de nuevo por la carretera hasta el convento, construcción en ruinas del siglo XVII y XVIII que tiene su encanto típicamente romántico, con su hiedra y su aspecto sombrío. Poco antes del convento, parte de la carretera un camino hacia la derecha, hasta él retrocederemos, y tras recorrer unos trescientos metros veremos a la izquierda, entre los pinos, las ruinas del edificio de otro pozo de nieve.

Torreón oriental del castillo del cerro de San Vicente

Desde aquí mismo, o mejor desde el punto inicial de partida, ascenderemos por la linde de los pinos, hasta la cumbre del cerro de San Vicente y allí, junto al vértice geodésico, se encuentra la cueva de los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta, y sobre ella los restos de la ermita que erigió Francisco de Raudona, un hombre casado con una viuda del pueblo de San Román que andando por estos parajes creyó durante una experiencia mística ver en la cueva las marcas sobre la roca de las espaldas de los mártires patrones de Talavera, escondidos aquí cuando huían de las persecuciones del emperador Diocleciano. Sobre la pared de la izquierda se observa una pililla y una cruz labradas en la piedra.

Convento de El Piélago

A quinientos metros al sur de la cueva está el castillo. Parece que fue musulmán en su origen, y así lo confirman dos enormes cimitarras grabadas sobre la cara sur de la roca que lo sostiene, aunque una de ellas está parcialmente destruida por haberse fragmentado el batolito de granito. La parte más antigua es una torre que se encuentra a saliente y que es de estilo y época califal. La vista panorámica es desde aquí  impresionante: los valles del Alberche y el Tajo, Talavera al fondo a la derecha, al sur los Montes de Toledo y La Jara, más al oeste el Campo Arañuelo y las Sierras de Guadalupe, y debajo Hinojosa, El Real o Garciotún, casi como si fuéramos a caernos sobre ellos.

Molino de Guadyerbas en el piélago

HISTORIA Y MAGIA: Pocos lugares tienen como éste una carga histórica y mágica tan acusada. Dice la tradición y la hipótesis histórica del historiador y arqueólogo alemán Schulten, que desde esta sierra atacaba el caudillo lusitano Viriato a las huestes romanas, y que sería el cerro de San Vicente el que los romanos conocieron como Monte de Venus, que tuvo para ellos unas connotaciones mágicas y religiosas. En él se encontraron sepulturas romanas y una dedicatoria a un dios celta prerromano llamado Togote. También los mártires Vicente sabina y Cristeta, los templarios, que algunos defienden que estuvieron por estos pagos, además de los ermitaños, hacen del Cerro de San Vicente un lugar ideal para los amantes de lo esotérico.

Se puede comer en Navamorcuende y en el Real en varios restaurantes donde son de destacar las carnes a buenos precios.