Archivo de la categoría: Nuestros pueblos

SALIMOS DE BOHONAL PARA EL DESPOBLADO DE LA AVELLANEDA POR EL CAMINO DE GUADALUPE DE LOS IBORES

Arquitectura popular en Bohonal de Ibor

Hay un hostal a la entrada de Bohonal y en los bares de la localidad nos pueden dar algo de comer.

La fiesta de verano es San Bartolomé y todavía se conserva una curiosa costumbre el día de la Cruz de Mayo, concretamente el día dos de este mes, por la que los quintos van de noche marcando con cruces las puertas de las casas donde vive alguna moza por la que se sientan inclinados y a la que quieran halagar con este gesto. El segundo sábado de mayo se acude en romería a una ermita levantada a la Virgen de Guadalupe junto a la carretera de Mesas de Ibor.

Cruces en las puertas de las mozas durante la fiesta de las Cruz de Mayo en Bohonal en Bohonal

Entre los productos autóctonos debemos destacar el aceite de oliva que se comercializa en su almazara.
Desde Bohonal vamos a adentrarnos en Los Ibores siguiendo la ruta que está señalizada por ARJABOR a poco más de un kilómetro del pueblo y que es el antiguo camino entre Navalmoral de la Mata y Castañar de Ibor.

Nuestro camino discurre por el arruinado caserío de La Avellaneda

Discurre por parajes solitarios en trayecto paralelo al arroyo de Valdeazores hasta ascender a la Raña de Las Mesillas, donde confluye con la actual carretera.Nosotros no vamos continuar por ella sino que un poco más adelante dejaremos el asfalto y tomaremos un camino que desciende a la derecha hasta La Avellaneda.

La iglesia de La Avellaneda

Éste es un antiguo lugar, casi despoblado donde sobreviven fantasmales las ruinas de la mayor parte de las casas y alguna que otra mantenida a duras penas por sus dueños. Se trata del más antiguo asentamiento de la dehesa de Castrejón de Ibor que el rey Fernando III el Santo donó a la villa de Talavera, hoy de la Reina, para su repoblación. Perteneció a su concejo y por tanto al señorío de los arzobispos toledanos hasta el siglo XIX. En 1835, con la división provincial estas antiguas tierras de Talavera pasaron a pertenecer a Cáceres junto con parte de La Jara que actualmente se encuentra en la comunidad extremeña.

El cristo de La Avellaneda, hoy en la iglesia de Castañar de Ibor

La Avellaneda tiene una iglesia muy deteriorada construida en el siglo XV que conserva su espadaña pero a la que le han sido desmontados los contrafuertes. Dicen que en la despoblación del lugar tuvo que ver una plaga de termitas y que sus habitantes pasaron a vivir a Castañar, desde donde se celebra todos los años una concurrida romería hasta este lugar encantador situado en el valle del río Ibor por donde continuaremos nuestro periplo hacia Guadalupe.

El embalse de Valdecañas, todo un mar interior

El entorno aequeológico de Bohonal: En las terrazas del Tajo, desde la desembocadura del Gualija hasta el extremo occidental del término, se han hallado numerosas piezas de industria lítica trabajadas por el hombre del paleolítico inferior. Son abundantes los bifaces y raspadores que se pueden encontrar en los sedimentos movidos por el oleaje del embalse de Valdecañas en parajes como Los Navazos o las Cabrerizas.

La puente de Gualija

En las covachas graníticas formadas en la zona de confluencia del río Ibor con el Tajo se han encontrado restos neolíticos y calcolíticos en un entorno agreste de gran belleza y en esa misma zona, en el paraje conocido como Los Pibores, se conserva un buen dolmen, aunque su reutilización como cochinera lo ha deteriorado. Restos de otros cuatro dólmenes más se hallan en el término de Bohonal aunque tampoco se han conservado estos monumentos megalíticos en condiciones óptimas.

También en la Edad del Hierro dejaron los pueblos vetones muestras de su paso por aquí, hasta cinco verracos que se enumeran en las Relaciones de Felipe II y en el testimonio de un erudito del siglo XVIII que nos dejó algunos dibujos. Una de esas esculturas se conservan actualmente en Peraleda y es una cabeza de jabalí en la que se perciben perfectamente los colmillos.

 

COMENZAMOS EL CAMINO DE LOS IBORES A GUADALUPE POR BOHONAL

Casas porticadas en la plaza de Bohonal de Ibor

Desde la Nacional- V , poco antes de Navalmoral de la Mata seguiremos camino hacia el sur con destino a Guadalupe.  Pasamos junto a la arruinada iglesia del despoblado de La Mata ydespués de pasar junto a Peraleda de la Mata llegamos al Tajo, frente al templo romano de Diana que comentaremos en el capítulo próximo.

Antiguamente se cruzaba por la barca de Alarza situada cerca de Bohonal. Todavía se conserva el camino que llega desde ella hasta el pueblo y por él podemos acercarnos hasta el embalse, hasta un paraje solitario de gran belleza en el que la vista se pierde en el mar de agua dulce de Valdecañas. Otros viajeros cruzaban por la barca de Talavera la Vieja, como Ponz, que dijo de la posada del pueblo en 1784 que “No le dé Dios a nadie posada semejante a la que yo encontré en Talavera la Vieja. Nada había a qué apelar, ni para los hombres ni para las bestias”, aunque describe con admiración las riquezas arqueológicas de la villa desaparecida.

Rótulo cerámico de una calle de Bohonal

Bohonal es el único núcleo de población que queda en la actualidad del antiguo señorío del Conde de Miranda, formado además por Talavera la Vieja y el despoblado de Alija. En el siglo XV los habitantes de este último debían pagar al señor mediante un censo perpetuo dos fanegas de trigo y dos de cebada por cada yunta de bueyes que labrara en la Dehesa de Retuerta, en cuyo territorio se localizaron más tarde los otros dos núcleos de población, Bohonal y Talavera la Vieja. Una concordia del siglo XVI estableció que la propiedad de dicha dehesa era del conde, pero los colonos debían pagarle una cantidad fija para poder labrar las tierras. Esta situación medieval duró hasta 1930 con numerosos pleitos entre los vecinos, el señor y el estado, que en tiempos desamortizadores intentó también aprovecharse de la situación. Fueron muy numerosos los conflictos, e incluso en los años veinte un vecino perdió la vida de una paliza por ser firme defensor del reparto de las tierras entre sus paisanos.

Columnas de Talavera la Vieja salvadas tras lainundación del pueblo y al fondo el ambalse de Valdecañas

Pero el hecho histórico que modificó en mayor medida la historia de este pueblo y sobre todo de la desaparecida Talavera la Vieja fue la construcción del embalse de Valdecañas cuyo proyecto se publicó en 1956, modificando con su ejecución completamente el paisaje y despertando para Bohonal unas perspectivas turísticas que luego no se sustanciaron.

Espadaña de la iglesia de Bohonal

Un paseo por el pueblo nos mostrará su arquitectura popular claramente diferenciada de la forma jareña de construir que hemos venido observando en los pueblos de otros caminos guadalupanos. Son construcciones de mampostería granítica y de adobe que se reparten en intrincadas callejuelas y que tienen con frecuencia portales de acceso rematados con arco carpanel en ladrillo. En la plaza debemos destacar las casas porticadas de tradición mudéjar sobre columnas ochavadas, algunas de ellas reconstruidas pero conservando los soportales tradicionales.

Pila cerámica bautismal de cerámica talaverana en Bohonal

La iglesia de San Bartolomé es construcción del siglo XVI de una sola nave con una graciosa espadaña de sillería y una torre añadida en el siglo XX. El interior sufrió también los embates de la Guerra Civil y aquí se trajeron antes de su inundación algunos de los objetos litúrgicos de la iglesia de “Talaverilla”, entre los que tal vez destaque una pila bautismal de cerámica de Talavera que parece obra de Ruiz de Luna. También se trasladaron aquí dos de las lápidas romanas que se custodiaban en la sacristía talaverina, una de ellas la que hace referencia a los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta. De más valor eran los cuadros del Greco que formaban parte de un retablo de la iglesia inundada; representaban los motivos de la Coronación de la Virgen, San Pedro y San Andrés y actualmente se encuentran en el Museo de Santa Cruz de Toledo. El rollo jurisdiccional de Talavera la Vieja se encuentra actualmente en la cercana población de Rosalejo adonde fueron algunos colonos talaverinos tras anegarse el pueblo.

Arquitectura popular de Bohonal

FINALIZAMOS EL CAMINO DE CARLOS V A GUADALUPE

Hermosos paisajes de Peraleda con el Tajo y los reculajes de sus arroyos

Hoy acabamos con el camino de Carlos V que a partir de Bohonal de Ibor se une con el camino de los Ibores a Guadalupe que describiremos en nuevas entradas de este blog.

Salimos ya de La Jara en nuestro periplo guadalupano y vamos a seguir recorriendo el trayecto que nos llevará ahora a través del señorío del conde de Miranda, que comprendía antiguamente el poblado del castillo de Alija, hoy incluido en el término de Peraleda, la población de Talavera la Vieja, hoy sumergida bajo el embalse de Valdecañas, y el pueblo de Bohonal de Ibor. Para conocer este viejo camino seguiremos, si vamos a pie o en caballería por el tramo que desde Peraleda iba a Talavera la Vieja descendiendo hacia el oeste y pasando cerca del Cerro de la Atalaya, al que vale la pena trepar para contemplar desde la cumbre una magnífica vista panorámica del valle del Gualija y su desembocadura en el embalse de Valdecañas.

Antigua barca del Tajo de Talavera la Vieja que deja ver al fondo el pueblo, la iglesia y el templo de diana hoy junto a la carretera de Guadalupe a Navalmoral

Hacia el este se ven unas barreras o trincherones graníticos en los que se encuentran varios yacimientos calcolíticos como los descritos en Peraleda, en lugares como la barrera de las Cuevas, el Cancho de las Colmenas o el de la Atalaya. Si lo deseamos podemos continuar por un camino que asciende desde estos parajes hasta el castillo de Alija.

Cortados y atalayones en el valle del río Gualija

Continuando ya nuestra ruta llegamos hasta el Puente del Búho y allí tomaremos la cañada que viene del Puente del Conde y que en un trayecto paralelo a la carretera actual nos llevará hasta Bohonal de Ibor, la tercera aldea del señorío del Conde de Miranda en cuyo término se encuentran sumergidos los restos de Talavera la Vieja.

Minas en Peraleda de San Román

Sobre el río Gualija, aguas abajo del despoblado de San Román, se pueden visitar los restos de tres molinos de agua y un puente pintoresco. Aguas arriba, llegamos primero a un recodo del río en el que hace un ángulo de noventa grados y, si seguimos ascendiendo sus riberas, llegamos a unos impresionantes cortados en los que anidan los buitres en un agradable paraje fluvial. Subiendo aún más arriba, aunque salvo que el río se encuentre en estiaje es difícil proseguir, se puede llegar al Chorrerón paraje que tiene una hermosa cascada en estos lugares solitarios que fueron tan frecuentados por los maquis, que en el cercano cerro Ballesteros sufrieron un gran descalabro a manos de la Guardia Civil que supuso el principio del fin de la partida de Quincoces.

Puente del Buho, donde se produjo el encuentro con las tropas francesas

Emboscada en el Puente del Buho

Sobre el río Gualija cruza el camino que une Peraleda con Talavera la Vieja a través de un bonito puentecillo conocido como el Puente del Buho. Es un paraje pintoresco donde también se pueden ver las ruinas de un viejo molino. Precisamente en este lugar los guerrilleros españoles conocidos como los Hermanos Cuesta tendieron una emboscada a un destacamento de franceses matando al general Marisy y a numerosos soldados y oficiales. Feliciano Cuesta se vistió con las ropas del general y acercándose al francés mientras agonizaba le dijo: ¿No querías ver al brigante de Cuesta?, Pues ya me has visto.Además, los españoles se burlaron de los franceses poniendo en los árboles monigotes vestidos con sus ropas y provocando así que dispararan sobre los peleles al pensar que eran guerrilleros. La derrota del invasor en el Puente del Buho desató la represión de los franceses contra los pueblos de Talavera la Vieja y Peraleda.

Otro de los puentes pintorescos que encontraremos en nuestro camino

ACABAMOS DE CONOCER PERALEDA DE SAN ROMÁN ANTES DE SEGUIR EL CAMINO DE CARLOS V A GUADALUPE

Puerta en una vivienda de Peraleda

La arquitectura popular conserva todavía en Peraleda de San Román algunos de sus elementos característicos con tramos de algunas calles que mantienen cierto encanto. Merece también una visita el casco urbano del pueblo en cuyas proximidades, al borde de un camino que se dirige en dirección norte, encontramos un calvario de granito que conserva casi todas sus cruces. Como hemos visto, en los pueblos de la Jara occidental es común la persistencia de estos elementos etnográficos.

Iglesia parroquial de Peraleda de San Román

La iglesia parroquial de San Juan Bautista también es digna de visitarse. Se trata de un edificio de dimensiones considerables levantado en sillería granítica con los paramentos este y oeste apoyados sobre contrafuertes. El templo está distribuido en una nave única dividida en tres tramos por arcos apoyados en pilastras y cubiertos por bóvedas. La capilla mayor está cubierta con bóveda de crucería y cuenta con una encantadora capillita que está abierta mediante arco ojival y cubierta con bóveda de crucería. A los pies de la nave se encuentra el coro y tiene la curiosidad de apoyarse sobre sendas figuras labradas de granito, la una femenina y la otra masculina. El baptisterio se ubica en la base de la torre que alberga el campanario en su último cuerpo y finaliza en remate desafortunado con cúpula de pizarra.

Calvario de Peraleda de San Román

En el interior se conservan algunos retablos barrocos con pinturas en tablas de cierto valor. La Guerra Civil acabó también aquí con la mayor parte del patrimonio escultórico, aunque se conserva una imagen de la Virgen y otra de la Magdalena en la parte alta del retablo principal, como testigos de una imaginería que tuvo que tener calidad,ya que incluso se conservaba una antigua imagen procedente de la iglesia de San Roman. El edificio se construyó en su mayoría durante el siglo XVI pero se perciben todavía los restos de un templo anterior en la espadaña, que se halla embutida en el muro sur, y en la portada de la cara oeste.

Arquitectura popular de Peraleda de San Román

Dentro del término, en una finca privada, se situaba el despoblado de La Poveda. De su iglesia se conserva solamente parte de una de las portadas cuya construcción data de finales del siglo XV. Presenta un arco carpanel con dos arquivoltas que surgen de pequeñas columnas semicilíndricas, con sus capiteles y basas góticos. En el intermedio de las arquivoltas se inscribe una serie corrida de figuras humanas, elementos vegetales y animales. En su entorno y formando parte de sus muros se hallaron inscripciones y sillares romanos. Los restos de la que fue iglesia de San Román apenas dejan ver las ruinas de algunos muros.

Escena en el entorno de Peraleda

Peraleda celebra dos fiestas veraniegas, una en honor de la Virgen del Rosario el 15 de Agosto y la Fiesta del Cristo el 18 de Septiembre. En invierno todavía se festeja la Candelaria, día en el que los quintos hacen una hoguera, como también sucede el Miércoles de Ceniza cuando además se ofrece un convite por parte del ayuntamiento. El día de san Antón se hacen carreras de burros y el día de año nuevo se corren los gallos en un polémico ritual similar a otros pueblos de España en el que los quintos arrancan a la carrera las cabezas de las aves.
En los bares del pueblo nos pueden servir algo de comer y en las dos panaderías se hacen dulces tradicionales y también modernos. La gastronomía es típicamente jareña y en ella se pueden destacar las migas el cochinillo, la caldereta y los dulces caseros como perrunillas, floretas o magdalenas. En la matanza se suele guisar la cachuela.

LLEGAMOS A PERALEDA DE SAN ROMÁN POR EL CAMINO DE CARLOS V A GUADALUPE

Castillo de Alija con el embalse de Valdecañas en el tajo al fondo

Vamos a detenernos ahora en Peraleda de San Román, población en la que se encuentran numerosos e interesantes restos prehistóricos. La zona occidental y meridional del término están delimitadas por los ríos Gualija y Tajo y muestra un paisaje granítico de grandes bloques pétreos en cerros elevados de fácil defensa que fueron habitados desde la Edad del Cobre o Calcolítico, hace unos cuatro mil quinientos años. Son yacimientos en los que encontramos fragmentos de cerámica hecha a mano y abundante industria lítica en cuarcita, aunque también se pueden ver algunas piezas fabricadas en sílex.

Cazoletas y grabados del altar prehistórico de Peña Castillo

En toda La Jara abunda este tipo de asentamientos junto a los cauces de los ríos que en algunos casos cuentan con restos de amurallamientos, como es el caso del paraje de Peraleda conocido como “El Castillejo” donde también se perciben los muros de las sencillas viviendas que se acomodan entre los pasadizos y covachas formados por los grandes bloques graníticos.

Capitel representando a un caballero barbado en la iglesia de Peraleda de San Román

Uno de estos grandes fragmentos pétreos que impresiona por sus dimensiones es el conocido como Peña Castillo, uno de esos parajes que tienen el halo mágico de los lugares sagrados prehistóricos. A los pies del gran peñasco se encuentran sobre otras rocas numerosos grabados rupestres del conocido como Arte Esquemático de la Edad del Bronce que encontramos en otras estaciones jareñas y en algunos monumentos megalíticos como son los menhires y dólmenes de la comarca incluidos todos ellos en el denominado Megalitismo Extremeño. Los grabados son en su mayoría unos huecos semiesféricos tallados en la piedra y conocidos como cazoletas, que en este caso concreto se encuentran unidos por curiosos canales cuyo significado se ignora. Hay además otros signos como hombrecillos esquemáticos (homúnculos) y otros variados puntiformes, cruciformes, vulviformes etc.

Las zahurdas son abundantes en la Jara Occidental, donde el cerdo tuvo especial importancia en la economía doméstica

La proximidad de Talavera la Vieja, pueblo hoy sumergido por el embalse de Valdecañas que fue la antigua Augustóbriga, nos hace pensar en la presencia de los romanos en la zona, como se confirma por la existencia de una probable calzada y de algunos restos de cerámica y tégulas en el despoblado de San Román. Este antiguo lugar fue también habitado por los visigodos y cerca de su caserío, del cual solamente quedan unos pobres restos de los muros de la iglesia, también se localizan antiguas explotaciones mineras. Parte del término de Talavera la Vieja pasó tras de su desaparición a formar parte de la demarcación de Peraleda de San Román como es el caso del castillo de Alija.

Cruz en el extremo occidental del casco de Peraleda

De la presencia musulmana nos quedan, en la confluencia del río Gualija con el Tajo, los restos del castillo y la población de Alija, los cuales, al igual que otras fortalezas como Canturias, Castros, Vascos y Espejel formaban parte de la línea defensiva que los árabes construyeron contra el avance de los cristianos a lo largo de las riberas del Tajo en su orilla sur.
Como sucede con estas otras fortificaciones, también en torno de la fortaleza de Alija había una población relativamente numerosa rodeando a la alcazaba. El abigarrado trazado de los muros de sus viviendas y callejuelas se distingue perfectamente, como también se percibe la presencia, al igual que en ciudad de Vascos, de una muralla que circunda el caserío y en la que podemos observar torres arruinadas de trecho en trecho con formas cuadradas o semicirculares y una puerta de acceso al recinto en la cara oeste de la muralla. Del castillo quedan pocos muros en pie pero la vista panorámica que sobre el embalse de Valdecañas se contempla es impresionante. Ya en época cristiana hubo una iglesia con su espadaña de la que hoy no quedan restos.

Peña Castillo y sus altares de culto prehistórico

Cerca de este castillo de Alija, aunque sumergido hoy día bajo el pantano, permanecen las ruinas del Puente del Conde, construcción antiquísima de la que al menos algunos sillares demuestran que en su origen fue construcción romana, aunque reedificada por la casa de los condes de Miranda. Daba paso este puente a una importante cañada trashumante pero fue volado por los españoles durante la Guerra de la Independencia para impedir el paso de los franceses. Se encontraban muy próximos y también sumergidos actualmente los Baños de la Cuadra o de la Guarra que, como tantos otros repartidos por La Jara, servían desde el siglo XIX para aliviar las dolencias reumáticas.
Alija llegó a despoblarse igual que San Román y sus habitantes constituyeron el núcleo humano que dio origen a la refundación de Talavera la Vieja. Peraleda se llamaba en principio Peraleda de Garvín, tal vez por depender su iglesia de la parroquia del pueblo vecino, hasta que para evitar equívocos se puso al pueblo el apellido de San Román por ser este despoblado uno de los que originaron el pueblo. Peraleda es el último lugar de La Jara hacia el suroeste, fronterizo al señorío del conde de Miranda. Perteneció por tanto a la villa de Talavera de la Reina hasta la desaparición de los señoríos.

Nidos de cigüeña en la entrada del Tajo en el embalse de Valdecañas. Bajo esas aguas se encuentra el Puente del Conde

SEGUIMOS POR EL CAMINO DE CARLOS V A GUADALUPE Y LLEGAMOS A GARVÍN

Espadaña de la iglesia de Garvín

Desde Valdelacasa podemos ir a Garvín por la carretera o dirigirnos directamente a Peraleda de San Román por un camino que va en esa dirección y que discurre entre la carretera y el cementerio, que por cierto tiene numerosas placas de cerámica de Puente y Talavera con las curiosas dedicatorias de lírica popular funeraria frecuentes en los pueblos de la comarca.

Casa porticada en Garvín

GARVÍN

Aunque actualmente Garvín sea el más pequeño de los pueblos de la Jara occidental se da la paradoja de que es el más antiguo y que su iglesia fue cabecera de las parroquias de la zona, incluidas las de lugares como Castañar y Navalvillar de Ibor, de ahí lo monumental de su fábrica en sillería y su mayor antigüedad, pues su decoración de perlas y sus bóvedas de crucería nos indican que fue erigida en el siglo XV.

Ya hemos visto los numerosos yacimientos arqueológicos de Valdelacasa y conoceremos más tarde los de Peraleda y, aunque no se han hallado muchos vestigios en el propio Garvín, tenemos por ellos la certeza de la presencia humana en la zona desde el calcolítico, con los vetones, árabes y cristianos entre los pueblos que dejaron en el entorno muestras de su paso por aquí. Solamente se conoce alguna referencia de antiguos viajeros a ciertas ruinas romanas hoy desaparecidas.

Olivo en el muro de la iglesia de Garvín

Este lugar fue también desde la repoblación cristiana tierra de Talavera, incluida en el ámbito de las diecisiete heredades del Pedroso que Fernando III el Santo otorgó a la villa cabeza del alfoz. Figura en la lista de los cincuenta y cuatro lugares que Talavera hubo de comprar a Felipe II para evitar que consiguieran su independencia con la concesión por el monarca del correspondiente privilegio de villazgo, previo pago de los derechos que irían a aliviar las exhaustas arcas reales. Las Relaciones de Felipe II nos informan de la vinculación a este pueblo de un noble talaverano que poseía un torreón medieval que, probablemente, habría sido desde época musulmana una de las muchas atalayas o torres de defensa y vigía que salpicaban La Jara. El concejo talaverano y por tanto los arzobispos toledanos conservaron su dominio sobre Garvín y el resto de La Jara hasta la abolición de los señoríos con la constitución de 1812.

Arquitectura popular en Garvín

Como todos los pueblos que vamos conociendo, Garvín tuvo que convivir después de la Guerra Civil con la guerrilla antifranquista y con la represión de la misma, ocurriendo desdichados episodios como el sucedido en una de las casas del pueblo cuando varios hermanos de la resistencia fueron sorprendidos en su domicilio de Garvín por la Guardia Civil y algunos falangistas ofreciéndoles resistencia. En la refriega murieron dos guerrilleros, otros dos lograron huir por los tejados pero uno de ellos también fue localizado más tarde a dos kilómetros del pueblo muriendo en el encuentro. El único superviviente continuó luchando en la sierra.

En el pueblo no debemos dejar de visitar su iglesia, ya que es de las pocas que conserva el patrimonio en su interior, manteniendo un buen retablo con buena imaginería y pintura. Es un templo de construcción granítica, gótico tardío y cubierto con  bóvedas de crucería. Aunque el casco urbano es pequeño, se mantienen algunos edificios característicos de la arquitectura jareña que combina en sus muros, como sucede en el resto de La Jara occidental, los aparejos de pizarra y granito.

Cruz junto al cementerio de Garvín

En el cercano arroyo del Risquillo se conservan los restos de un antiguo molino de agua y en las inmediaciones del pueblo algunas de las cruces del antiguo calvario.

En Garvín se puede comer en alguno de los dos bares locales y en su gastronomía debemos recomendar el magnífico cordero y la caza.

Las fiestas tienen lugar el 12 de Junio en honor de la Virgen del Rosario en conmemoración de la extinción de una epidemia que asoló el pueblo, por lo que se denominaban antiguamente “Fiestas del Sarampión”.

HERNÁN DUQUE DE ESTRADA

Este personaje talaverano era dueño de la torre de Garvín. Fue maestresala de los Reyes Católicos y ayo del príncipe don Juan. Más tarde fue nombrado mayordomo de la reina Juana la Loca. Enviado como embajador a Francia, también le destinó Fernando el Católico a Inglaterra para negociar el que después sería desgraciado matrimonio de su hija Catalina con Enrique VIII. También fue comisionado a Tordesillas donde la reina Juana, perdido ya el juicio, se negaba a ingerir alimentos y a dormir, y parece que consiguió sosegarla en cierta medida, lo que su hijo el emperador Carlos V agradeció al noble desde Flandes. Esta familia se unió más tarde con la de los marqueses de Villatoya cuyo palacio se conserva aún en Talavera.

El mismo emperador Carlos V pasó por Garvín volviendo de Guadalupe el 19 de Abril de 1525, durmiendo en Valdelacasa para encaminarse después a Oropesa.

CAMINO DE CARLOS V A GUADALUPE (2) CONOCEMOS VALDELACASA

Arquitectura popular en Valdelacasa

En Valdelacasa todavía se conservan numerosos elementos de arquitectura popular jareña en pizarra, a veces enjalbegada, y granito. También cuenta con un hermoso calvario de cruces de piedra a la entrada del pueblo y varias cruces más en la salida de los caminos. También es de destacar el verraco que describimos en el anterior capítulo.

Calvario del viacrucis de granito de Valdelacasa

Es también muy interesante darse una vuelta por el entorno del pueblo y observar las numerosísimas zahurdas que se construyeron en su entorno, especialmente todo un barrio de ellas situadas al este del casco urbano. Se disponen incluso en calles donde construcciones cubiertas con falsa cúpula de lanchas y en mampostería, nos muestran toda una tipología de ellas, desde las más modestas con capacidad para un cerdo hasta otras con numerosas parideras para guardar a los lechones.

Una de las agrupaciones de zahurdas de Valdelacasa
Otro grupo de zahurdas de Valdelacasa

La iglesia está construida en granito y es de buena factura, sobre todo las bóvedas de crucería de su interior y la curiosa entrada porticada. Parece construcción de finales del siglo XV y comienzos del siglo dieciséis, aunque la torre es de construcción más moderna.

Iglesia parroquial de Valdelacasa

En Valdeacasa se celebran dos fiestas estivales. Por un lado Santiago y Santa Ana el veinticinco de Julio y por otro la conocida como “Fiesta del Remolino” el 27 y 28 de Agosto. Esta última se conmemoraba con mayor esplendor en tiempos pasados pues incluso tenía lugar esos días una feria de ganado. Hoy cuenta con gran concurrencia ya que acuden muchos de los hijos del pueblo que emigraron.

Peculiar azulejo que da nombre a una calle de Valdelacasa

En cuanto a la artesanía tenemos que destacar la presencia de un guarnicionero que realiza sus trabajos en cuero. Tal vez el plato más típico sea las migas, como ocurre en tantos pueblos jareños cuya gastronomía gira también en torno a la matanza y a la caza mayor de sus sierras y la caza menor de sus llanos. Podemos hospedarnos en una casa rural y seguro que encontramos algo de comida casera en sus bares.

INICIAMOS CAMINO DE CARLOS V A GUADALUPE POR VALDELACASA DE TAJO

Verraco vettón de Valdelacasa en el que se aprecian labradas algunas cazoletas

Otra opción para llegar Guadalupe es la que, recorriendo el Camino Viejo desde Talavera por Puente del Arzobispo, se desvía de éste al cruzar el río Pedroso y en lugar de seguir hasta el Puerto de Arrebatacapas por Villar, continúa hacia Valdelacasa, Garvín y Peraleda para enlazar después con el Camino de Los Ibores que más adelante conoceremos.

Desde Puente tenemos dos opciones, la primera es seguir la carretera hacia Villar y tomar la desviación a la derecha pasado el río Pedroso y la segunda consiste en recorrer el camino que va directamente desde Puente hasta Valdelacasa pasando por La Oliva, antiguo despoblado que conserva su iglesia, sus inscripciones romanas y sus dos verracos. Este último camino viene a desembocar también a la carretera, junto al río Pizarroso algo más de tres kilómetros antes de llegar a Valdelacasa.

Reja en una casa de Valdelacasa

Como todos los pueblos de la Jara Occidental también éste es rico en hallazgos arqueológicos. Hay ruinas de amurallamientos de viejos castros prerromanos en algunas de sus elevaciones, encontramos en su término restos de hasta tres dólmenes bastante deteriorados que son conocidos como el del Tesoro, Talayuelas I y Talayuelas II. En el paraje conocido como el Castillejo, además de los restos de una atalaya musulmana, se encuentran cerámicas del calcolítico y algunos grabados rupestres muy sencillos pertenecientes al Arte Esquemático. Un verraco, que demuestra la presencia vetona en el pueblo, se ha instalado a la entrada del caserío. Los romanos dejaron en el lugar dos inscripciones epigráficas, una de ellas en mármol sobre el enterramiento de varios personajes de la época a los que se aludía como gente de la tribu “taganana”, nombre relacionado probablemente con el paso del Tajo (Tagus) por la zona. Otros topónimos como Los Villares, el Castrejon o las Moralas nos hablan también de antiguas poblaciones.

Murallas del castillo de Espejael y el Tajo al fondo

Los árabes dejaron en su término una de las fortalezas que formaban con Canturias, Vascos, Castros o Alija esa línea defensiva fluvial que protegía a los musulmanes del avance de los cristianos. En este caso, se trata del castillo de Espejel cuyo nombre tiene resonancias mozárabes y en cuyo entorno también existía un poblado, más tarde habitado por los primeros repobladores cristianos, resultando por ello el antecedente directo del pueblo de Valdelacasa, en cuya localización actual, más fértil y menos abrupta, acabaron asentándose.

Una de las plazas de Valdelacasa

Esta antigua población medieval se sitúa concretamente entre la desembocadura del arroyo del Madroño y el Tajo. Apenas quedan en pie las murallas y restos de un foso defensivo en la cara este y las paredes caídas de antiguas viviendas del poblado repartidas por las empinadas laderas. Hoy las aguas tienen elevado su nivel por el reculaje del embalse de Valdecañas y esto hace que no se puedan visitar los cercanos molinos de Espejel, propiedad en otros tiempos de los jerónimos de Guadalupe y de los que sí podemos ver las antiguas dependencias donde habitaban frailes y molineros. Este castillo fue otorgado por Alfonso VIII a la orden de Santiago en el siglo XII para que lo defendiera y lo restaurara, aunque se entabló un pleito por la reclamación que hizo sobre la fortaleza un tal Juan Martínez al que se lo había donado Sancho IV, pero que al final transige pasando a los caballeros santiaguistas.

Abrevadero y fuente de granitoen Valdelacasa de Tajo

Fernando III el Santo concede a Talavera los territorios de las diecisiete heredades del Pedroso para que desde la villa sean repobladas. En su ámbito se encontraba nuestro pueblo y desde entonces perteneció Valdelacasa a la Tierra de Talavera y por tanto a los arzobispos toledanos hasta la desaparición de los señoríos en el siglo XIX, centuria en que también se divide La Jara incluyendo en Extremadura esta parte del alfoz talaverano.

ALBERCHE (19), POR EL BAJO ALBERCHE

BAJO ALBERCHE

Detalle del rollo de Cardiel de los Montes

Vamos a seguir descendiendo el río por el último tramo, el más llano, arenoso y plácido que, aunque está sitiado por urbanizaciones abusivas, mantiene un bosque de ribera que sorprende por su gran belleza. Densas alamedas naturales o repobladas, alisedas y fresnedas que se prolongan por los arroyos tributarios y saucedas que festonean el cauce hacen muy agradable el paseo por la zona contemplando las arboledas y las viñas silvestres y el lúpulo y las hiedras que trepan por sus troncos y ramas. Incluso hay algunas zonas pantanosas con pequeñas pozas en la zona de El Casar. En la orilla izquierda discurrimos por el término de Nombela, y otros pueblos ya en el ámbito de la Sierra de San Vicente de los que hablaremos en otros capítulos. En la orilla derecha se encuentran otras dos poblaciones que pertenecieron al señorío de Escalona.

Paisaje del bajo Alberche

Hormigos es una pequeña aldea del señorío de Escalona cuya iglesia es del siglo XVII, construida en ladrillo pero con una parte granítica con restos de una espadaña de mayor antigüedad. Encontramos en un paseo por el casco algunas casas de arquitectura tradicional de interés.

En algunas zonas del bajo Alberche podemos ver el lúpulo subiendo por las ramas del arbolado.

Río abajo nos encontramos con El Casar de Escalona que antiguamente se llamó El Casar de Alberche. Los lugares hoy despoblados de El Bravo al sur, y Hortúm Sancho, junto al río, estuvieron en el término de El Casar, que cuenta con poco patrimonio histórico en su casco urbano. Su iglesia parroquial está construida en ladrillo y canto rodado, destacando la torre y los aleros de ladrillo aplantillado del ábside y el crucero. También tiene cierto encanto la ermita de San Roque a las afueras del pueblo.

Arenales del Vado de San Benito en el Alberche

Podemos recorrer las riberas por un camino paralelo al río hasta llegar al reculaje del embalse de Cazalegas. Muy cerca se encuentra la pequeña localidad de Cardiel de los Montes, cuyo nombre han relacionado unos eruditos con los cardos y otros con los jilgueros (“carduelis” en latín). Es lugar que se sitúa junto a un antiguo vado del Alberche al que protegía la atalaya que da nombre a una urbanización cercana. En esta zona el río se remansa y es agradable navegar en piragua entre sus saucedas y carrizos. Perteneció el lugar al marqués de Navamorcuende hasta que se independizó judicialmente con el privilegio de villazgo que es simbolizado por el magnífico rollo erigido en la plaza.

Cormoranes en las choperas del Alberche

En las relaciones de Felipe II se dice que los vecinos consideraba a Cardiel el pueblo más antiguo de la zona y que había un despoblado con ruinas de una iglesia en el lugar llamado Casas del Bispo. En ese mismo documento se describe así nuestro río: “Que cerca de dicha villa pasa un río que tiene por nombre Alberche, el cual de invierno es muy caudaloso y de verano tiene poco agua, el cual no tiene frutales en las riberas, ni árboles algunos, ni otro aprovechamiento que el abrevadero de ganados, porque la dicha ribera son grandes barrancos. El río por la parte de la villa no tiene puente ninguno sino una barca que es del señor don Enrique, en el que llaman puerto de Atacón. En dicho río se crían bogas, y barbos y peces más pequeños que se pescan con mangas y cestos y, en tiempos de desovadero, con atarrayas para la rexaca”.

La tupida vegetación ribereña del Alberche forma verdaderos manglares en algunas zonas

En el lugar ribereño de El Rincón hay un paraje en el que las praderas llegan hasta el río y las gentes acuden a disfrutar de un buen día en el campo. También hay en el pueblo dos viejas fuentes, la del Arco y la Fuentona.

La iglesia se construye en varias fases que comienzan en el siglo XIV y conserva tallas de antiguas como las de Santa Brígida, San Gregorio o San Benito

Lavanderas en el Alberche a su paso por El Casar

LA EXCURSIÓN

El recorrido que planteamos para conocer estos pueblos y los parajes de su entorno parte del puente de la carretera que une la Nacional V con Cardiel de los Montes cuando cruza el Alberche. Un poco antes de llegar al río sale un camino que nos llevará paralelamente al cauce, aunque nos podemos acercar al mismo por caminos trasversales que a veces se dirigen a antiguos vados.

Es el caso del vado de San Benito por el que si el río no lleva mucho caudal podremos cruzar a la otra orilla con facilidad para dirigirnos hacia Cardiel a través de un paisaje de hermosas dehesas y sotillos de fresnos que festonean los arroyos.

Desde Cardiel podremos bajar de nuevo hasta el Alberche por la carretera o por un camino paralelo a la misma que nos lleva hasta el reculaje del embalse de Cazalegas. Allí cerca podremos visitar el paraje de El Rincón.

Si no podemos cruzar el Alberche la alternativa es subir hasta El Casar de Escalona para después volver por los caminos y cordeles indicados hasta nuestro punto de partida, aunque este es un recorrido mayor, recomendable en bicicleta o todoterreno pues son unos 30 kilómetros.

 Recorrido aproximado primera parte 15 kilómetros, 4 horas. Segunda parte treinta kilómetros.

TALAVERA LA VIEJA, LA AUGUSTÓBRIGA SUMERGIDA

TALAVERA LA VIEJA, LA AUGUSTÓBRIGA SUMERGIDA.

EN EL CAMINO DE LOS IBORES A GUADALUPE

Los «Mármoles», el antiguo templo de Diana de Talavera la Vieja salvado junto al embalse de Vldecañas

La mayor parte del término de Talavera la Vieja, incluido el caserío, pasaron tras la inundación provocada por el embalse de Valdecañas en los años sesenta, a formar parte de la demarcación de Bohonal de Ibor. Fue una gran pérdida para la historia y la arqueología de la zona el anegamiento de “Talaverilla”, pues esta población asentaba sus cimientos sobre la antigua Augustóbriga de los romanos.

Los «Mármoles» o templo de Diana, y para otros la curia romana en su emplazamiento original de Talavera la Vieja

Ya el nombre orienta de por sí a la existencia de una población prerromana anterior, pues la raíz “briga” indica “lugar fortificado” en el idioma de los pueblos célticos anteriores a los romanos que, al colonizarlo, pusieron el apellido de Augusto a la primitiva ciudad. Es como si se hubiera llamado algo así como “El Castillo de Augusto” al igual que Talavera de la Reina se llamó Caesaróbriga, “El Castillo del César”.

Talavera la vieja descubierta por la bajada de aguas del embalse

Visto desde el aire el plano de Talavera la Vieja era la típica cuadrícula con la que urbanizaban los romanos sus fundaciones. Son muy numerosas las huellas de su colonización encontradas en el caserío y sus alrededores. En primer lugar debemos destacar el conjunto monumental conocido como “Los Mármoles”. Se trata, según el investigador Marcelino Santos, del edificio que habría servido de curia o tribunal en la antigua Augustóbriga.

Restos sumergidos del templo de la Cilla

En 1963 fue salvado de las aguas trasladándose piedra a piedra hasta su emplazamiento actual junto al puente del embalse por el que discurre la carretera de Navalmoral de la Mata a Guadalupe, en un marco realmente pintoresco. Se conserva íntegro el basamento granítico sobre el que se asientan cuatro grandes columnas en el frente y dos a los costados, sobre un zócalo interrumpido por la portada coronada con un arco también de granito.

El templo de Diana, los mármoles o la curia,  en su situación actual

Todo el edificio es de piedra y parece que en él se distinguían restos de estuco. En el pueblo se decía que el nombre de Los Mármoles derivaba de que anteriormente las columnas habían estado decoradas con vidrio que por su brillo hacía que las gentes denominaran así al monumento. No sabemos si el resto del edificio estaría formado por más columnas o si fue simplemente una construcción de sillares berroqueños. El monumento está datado en el siglo II.

Las tres columnas salvadas del templo de la cilla que hoy se encuentran junto al templo de Dianao curia  fuera del embalse

Cerca del emplazamiento actual de Los Mármoles se pueden ver también, mirando hacia el oeste, tres fustes pertenecientes a las cuatro columnas que formaban parte del pórtico de otro edificio singular que todavía conserva bajo las aguas los gruesos muros de su construcción. Se trata de la construcción conocida como “el Templo” o la cilla, pues fue utilizada como panera por el feudal del pueblo y en sus sótanos es tradición se mantuvieron presos a los Santos Mártires. Según antiguos viajeros en su fachada se podía ver una inscripción en la cual podía leerse que el templo había estado dedicado a Júpiter.

Restos sumergidos de Talavera la Vieja

En el siglo tercero de nuestra era dicen los eruditos que fue construida la muralla romana de forma semicircular y fabricada en mampostería y argamasa de la que todavía se perciben restos cuando bajan las aguas. Además, también quedan ruinas de lo que parece haber sido un antiguo acueducto o más bien una tarjea, además de conducciones subterráneas de agua con restos de baños y de otras estructuras tal vez relacionadas con actividades metalúrgicas.

Restos sumergidos de Talavera la Vieja con el templo de la cilla en primer término

Hasta treinta y una inscripciones epigráficas documentó Marcelino Santos entre las ruinas anegadas del pueblo junto a otras halladas anteriormente en el pueblo. En ellas se pueden leer diferentes textos entre los que señalaremos la de los Santos Mártires, una que habla de la propia Augustóbriga y otra funeraria de una tal Tita Salvia que por avaricia mató a sus hijos. También se encontraron restos de calzadas, esculturas romanas entre las que destacan dos bustos de ambos sexos, cerámica, piedras de molino, monedas e incluso un tesorillo de plata que estaba embutido entre unos ladrillos del edificio de “Los Mármoles”.

Er,ita en la orilla más cercana a Talavera la Vieja, levantada con sillares de la misma por sus antiguos habitantes