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HEREJES EN TALAVERA

HEREJES EN TALAVERA

Proceso de un hereje por la inquisición
Proceso de un hereje por la inquisición

Hablábamos en otra entrada de los casos más famosos de brujería y hechicería en Talavera. Hoy comentaremos algunos casos de herejía en esta ciudad castellana donde se asentaron poco las corrientes religiosas que para la iglesia católica eran consideradas heréticas.

En cuanto a los protestantes sólo algunos fueron procesados por delitos menores como decir que las imágenes de los santos eran pedazos de madera, falta ésta que hasta en los dichos populares aparece con el famoso “¿Quién te conoció ciruelo?”, que decía aquel rústico al ver como la gente veneraba a la imagen del santo que se había hecho con el tronco de un árbol de su propiedad.

Hubo procesados talaveranos por tener inclinaciones luteranas, concretamente por motivos como haber mantenido en público ideas contra la autoridad del Papa, dudar de la validez de sacramentos como la confesión y el matrimonio, o por poner en cuestión la existencia del infierno.

A los condenados en las causas inquisitoriales de los siglos XVI y XVII les costaron sus creencias penas de destierro, azotes o cárcel, pero no se conoce que ningún talaverano muriera por ello en la hoguera. La casa de la dirección de la Real Fábrica de Sedas, o patio de San José, lugar relacionado popularmente con brujerías y herejías.

Patio de San José de la antigua casa de la Dirección de las reales Fábricas de Seda, siempre vinculada en la mentalidad popular a fantasmas, brujas y herejes
Patio de San José de la antigua casa de la Dirección de las reales Fábricas de Seda, siempre vinculada en la mentalidad popular a fantasmas, brujas y herejes

Ya en en el siglo XIX pasa por Talavera viniendo de Extremadura el inglés George Borrow, vendedor protestante de Biblias que escribió su magnífico “Viaje de España” y que al pasar por nuestra ciudad es bien aceptado, aunque en Toledo no le dejan entrar por orden del arzobispo. Es curioso el dato de que encuentra en el camino a un talaverano que dice ser judío pero que profesa en secreto su religión.

Camilo José Cela en su ameno libro de viajes sobre Gredos titulado “Judíos, Moros y Cristianos” habla de que en el cercano pueblo de Guisando había un pequeño grupo de luteranos, pero que en el pueblo en lugar de protestantes les llamaban “protestones”. Los masones, aparte de sus connotaciones políticas, también fueron considerados como corriente herética por la Iglesia.

Dice camilo José Cela que le dijeron en Guisando que en el pueblo había "protestones" en lugar de protestantes
Dice camilo José Cela que le dijeron en Guisando que en el pueblo había «protestones» en lugar de protestantes

En Talavera, parece que la llegada de extranjeros, sobre todo franceses y algún suizo, que vinieron a trabajar en las Reales Fábricas de Seda trajo algunas de estas ideas. Así lo aseguraba en una carta uno de los monjes de Santo Domingo que daba noticias al Santo Oficio de haberse fundado en la ciudad una logia de masones con el nombre de “Corazón”. La había promovido un soriano llamado Vicente Hoces y con ella estaban conectados gran parte de los miembros de la alta sociedad talaverana de finales del siglo XVIII.

Durante la Guerra de la Independencia un alcalde de Pueblanueva fue convencido por un oficial francés que le había salvado de la cárcel para que se hiciera masón. El pobre hombre, con más miedo que ganas de entrar en la logia, pasó por todo un ritual que describe en la declaración que hizo a la Inquisición después de haber sido expulsados los franceses. Un ritual lleno de preguntas, palabras simbólicas, gestos y saludos en clave, pasó de unas habitaciones a otras con el sonido de martillos sobre las mesas, y hasta le someten a la prueba de saltar sobre unas púas que resultaron ser de cera.

En la libreta del capitán Isaac Gabaldón, militar de los servicios secretos militares asesinado tras la Guerra Civil en todavía poco claras circunstancias, aparecían los nombres de numerosos talaveranos a los que clasificaba de masones. Muchos de ellos eran médicos, profesionales, militares y gente influyente en el nuevo régimen, cuya identidad se intentó tapar con la muerte del guardia civil, según aseguran algunos historiadores e insinúa un proceso de revisión que se hizo años después del asesinato. Hubo extranjeros de los que llegaron a Talavera con las Reales Fábricas que se burlaban de los dogmas católicos en público, o mantenían ideas heréticas mezcladas con blasfemias en conversaciones con los del lugar, por lo que hubo de tomar cartas en el asunto el Santo Oficio. Cuatro de ellos fueron procesados por luteranos y, además por sodomitas pero no parece que, aunque entonces la homosexualidad era un grave delito, hubiera mayores consecuencias. En otra ocasión, cuando los talaveranos observaban sorprendidos una estrella durante el día sobre la ermita del Prado, un incrédulo francés dijo que si esa estrella se precipitara desde el cielo no caería sobre la ermita, sino sobre el zancarrón de Mahoma, lo que también le costó ser procesado.

Reales Fábricas de Seda en foto de Ruiz de Luna. Fue lugar donde los franceses difundieron creencias no católicas en Talavera
Reales Fábricas de Seda en foto de Ruiz de Luna. Fue lugar donde los franceses difundieron creencias no católicas en Talavera

Otros también fueron acusados de tener en su poder abanicos con motivos eróticos en los que aparecían clérigos en posturas poco edificantes. Pero el grupo más curioso calificado de hereje por la Inquisición fue una célula de molinosistas que bajo el liderazgo del presbítero Diego Fernández Blanco, se formó en Talavera a principios del siglo XVIII. Miguel de Molinos fue el fundador de esta secta herética cuya teoría, el quietismo, atrajo a muchos personajes importantes de la Italia de finales del siglo XVII, hasta que el fundador fue procesado y condenado a reclusión perpetua. Aparte de los atractivos místicos que sin duda tenían sus ideas y de ciertos aspectos esotéricos de las mismas, era el consentimiento de las relaciones sexuales en sus conventículos o reuniones lo que atrajo más adeptos a esta teoría.

En Talavera, Diego Fernández tenía numerosos episodios de arrobo místico en los que llegaba a eyacular. Había vivido descaradamente amancebado, y con otro clérigo llamado Lorenzo Blanco y una tal Hipólita García captaron en Talavera y su comarca a numerosas mujeres, muchas de ellas monjas y algunas nobles que tenían experiencias místicas y no tan místicas con sus maestros. El grupo fue disuelto por el Santo Oficio y a Diego se le suspendieron sus funciones sacerdotales.

EL ANILLO DEL ARZOBISPO, RELATO

EL ANILLO DEL ARZOBISPO

1378

El puente del arzobispo Tenorio en azulejo puenteño
El puente del arzobispo Tenorio en azulejo puenteño, mostrando todavía las dos torres hoy derribadas

Rodrigo acompañaba a sus carretas que traían desde la sierra largos troncos de madera. Servirían para montar las cimbras del puente que el arzobispo Tenorio había ordenado construir sobre el Tajo.

El camino había sido largo desde los pinares de El Arenal y la cañada leonesa que habían seguido en su viaje se había convertido en un auténtico barrizal más difícil de transitar según se aproximaban a Alcolea. Los bueyes ya no podían más pero esta vez no tendrían que vadear el río con la crecida ni pasar en las frágiles barcazas.

Todavía recordaba a su amigo Sancho, ahogado en el río cuando se espantaron los caballos y volcaron la barca en la corriente fría de febrero, hacía ya siete años. Ahora el puente que se construía serviría para evitar tantos trabajos e infortunios, y además ayudaría a los miles de peregrinos que acudían a visitar el lugar donde se había aparecido la Virgen, en la dehesa de los Guadalupes. El puente de Pinos, un poco más arriba de Azután era de madera y las últimas riadas lo habían destrozado. El puente de Talavera estaba muy alejado y obligaba a los viajeros a transitar por los inseguros montes de La Jara arriesgándose siempre a ser asaltados por los golfines y gentes de mal vivir que frecuentaban los desiertos del otro lado del río.

Grabado que representa el puente del arzobispo todavía con las torres defensivas
Grabado que representa el puente del arzobispo todavía con las torres defensivas

Picapedreros, albañiles y caballerías se afanaban mientras, desde la otra orilla, los criados de las monjas de San Clemente de Toledo que vivían junto a la torre de Azután miraban la obra con cara de pocos amigos provocando a los obreros con gestos y risotadas. El monasterio estaba presionando en la corte para evitar que don Pedro Tenorio levantara el magnífico puente que ya tenía labrados de buena sillería todos los ojos menos el central. El ganado y los peregrinos ya no cruzarían por el frágil puente de Pinos y el convento dejaría de percibir los jugosos beneficios que le reportaba.

Rodrigo ordenó descargar los troncos y llevar a los bueyes a beber. Entre los álamos de la orilla comenzaron a encenderse las hogueras junto a las tiendas de los obreros. Al cabo de un rato empezó a sonar la música y a correr el vino. Mañana era domingo y podrían descansar después de una semana de trabajo duro.

Un calderero se acercó al grupo en el que cantaban Rodrigo y sus hombres.

-¿Pueden vuesas mercedes darme un trago? Al pasar he oído las voces y he creído que era fiesta en alguna aldea pero, por el barro de sus vestidos, más creo que andan de faena.

-Siéntese, y celebre con nosotros que en unas jornadas acabaremos el arco mayor del puente de mi señor el Arzobispo.

-Pero ¿Que puente es ese? Muchas veces he cruzado en barca el río por este lugar para vender mis calderos en las aldeas de La Jara y nunca escuché hablar de puente alguno.

Un hombre desdentado y con nariz de borrachín se levantó con el vaso de madera de sauce en la mano y díjo:

-Pues yo he de contaros su historia pero habréis de alañarme una tinajilla donde guardo el vino y que no ha mucho se rajó.

-¡Sea! Contestó el forastero.

-Pues dicen que en cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras.

Placa fundacional del puente del arzobispo Tenorio
Placa fundacional del puente del arzobispo Tenorio

Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse en la pértiga del barquero para no caer, su anillo se hundió en las aguas. Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. Su eminencia quedó tan disgustado por la pérdida que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intenta-ron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo, aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando ¡A por el anillo del obispo!

-Pues escuchad pastores –dijo el prelado- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía  cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez, las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí.

Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el mismo lugar donde perdió su anillo.

-¡Vive Dios! que es hermosa la historia -dijo el calderero-pero mis viajes por toda España me han enseñado que ni nobles ni prelados levantan una paja del suelo si con ello no han de sacar para llenar de rubíes mil de mis calderos.

Rodrigo soltó una sonora carcajada diciendo:

-Razón tenéis amigo que muchos maravedíes cruzan por encima de los puentes y ya mi abuelo me contó que desde Talavera vinieron en sus tiempos gentes del concejo para tirar a las monjas el suyo y hasta hubo sangre, pues muchos dineros perdía la villa. Ahora toman ellas la misma medicina con el puente del Arzobispo.

LA MINERÍA EN LA JARA I

LA MINERÍA EN LA JARA I

Trincheras de la mina de cobre de La Borracha cerca de Aldeanovita
Trincheras de la mina de cobre de La Borracha cerca de Aldeanovita

Hace ya más de cuatro milenios, en la Edad del Cobre, unos pueblos que empezaban a conocer la metalurgia se situaron en cerros fácilmente defendibles, en las vías de comunicación que eran entonces los riachuelos que descendían de las sierras de La Jara. Eran las llamadas culturas del periodo Calcolítico Precampaniforme, conocían ya la agricultura y el pastoreo, pero solamente la explotación de recursos mineros superficiales  justifican  la densidad despoblamiento de estas zonas poco rentables para la agricultura, si las comparamos con las muy cercanas del valle del Tajo. De hecho, se han hallado trincheras con un claro intento de beneficiar el mineral, en las cercanías de estos asentamientos de la Edad del Cobre, en los valles del Jébalo, Uso, Cedena  y Pusa.

Restos de la mina de oro en sierra jaeña en 1945
Restos de la mina de oro en sierra jaeña en 1945

Los pueblos que construyeron los dólmenes de Azután, o de la Estrella siguieron aprovechando las vetas, pobres pero muy  superficiales  y por tanto de fácil acceso, de las tierras de Talavera, otras explotaciones de su entorno así lo atestiguan. Muchas trincheras y pozos de La Jara de difícil datación, pueden orientar hacia un aprovechamiento minero del hierro por parte de los pueblos prerromanos y de los mismos romanos, a los que se relaciona ya con los primeros intentos de extraer el mineral de la principal mina de esta comarca, la mina de oro de La Nava de Ricomalillo, ésta, llamada La Oriental, así como la mina de la Sierra Jaeña, con la que no debemos confundirla, parece que estuvieron unidas por un antiguo camino o calzada con la Ciudad de Vascos. Las escorias halladas en las excavaciones arqueológicas de esta impresionante ciudad hispanomusulmana parecen añadir ese aspecto minero a la ya conocida función defensiva de la frontera del Tajo contra los cristianos.

Ruinas de las instalaciones de la mina de oro La Oriental en Sierra Jaeña
Ruinas de las instalaciones de la mina de oro Pilar en Sierra Jaeña

En el siglo XVI aparecen las primeras referencias documentadas a intentos, muchas veces fallidos, de prospecciones y explotaciones mineras en La Jara. La población actual de La Mina de Santa Quiteria se fundó cuando a mediados de esa centuria los habitantes de la vieja aldea de Cordobílla se trasladan junto a una mina de plomo en la que encontraban más trabajo.

En 1599 se da una pragmática por la que se ordena llevar un registro de minas, y por tanto, desde esa fecha podemos tener datos más concretos de las explotaciones.

La mina de oro «La Oriental» a la que ya nos hemos referido, se sigue labrando en el 1690 con abandonos y reaprovechamientos sucesivos durante los siglos XVIII y XIX. En Buenasbodas se han conocido cajas fuertes con el nombre de la mina, y llegaron a funcionar varios hornos de pan y un mortero para pulverizar el mineral. En la Historia de Talavera de Cosme Gómez de Tejada, hay una referencia a las doblas de oro finísimo acuñadas con el metal de estas minas.

Galería de la mina de Sierra Jaeña
Galería de la mina de Sierra Jaeña

En el siglo XVIII se produjo un curioso episodio, cuando se intenta por parte de varios socios recomenzar la extracción del mineral en La Oriental; las desavenencias entre ellos hacen que una de las partes reclame a la Corona sus supuestos derechos. El Rey ordena al corregidor de Oropesa que tome las medidas necesarias para interrumpir los trabajos, éste parece escurrir el bulto, tal vez por encontrarse la mina fuera de su jurisdicción, y dice encontrarse enfermo, delegando en el alcalde de Talavera, el cual acude a la explotación arrasando y quemando las viviendas y chozas de los trabajadores y las dependencias donde se procesaba el mineral. El evidente abuso autoridad supuso incluso lesiones físicas para algunos mineros e hizo que se entablen procesos judiciales donde se reconocen los daños causados, pero ya la mina quedó de nuevo sin explotación.

Potosí, Mariposa, Nueva California, Abundancia, El Desquite, El Porvenir, Matildita, Ultra-tumba, El Disloque, La Sultana, Fortuna, o Mina del Miedo son algunos de los sugerentes nombres con los que los paisanos del siglo XIX bautizaban a sus pozos en nuestra particular fiebre del oro jareña.

Si subimos a las cumbres de las sierras de Sevilleja podemos percibir sobre el terreno los montones de escoria, los pozos y trincheras que desde la prehistoria se han venido excavando, pero parece que al igual que en el Oeste americano, aventureros y visionarios intentaron enriquecerse rápidamente.

Cofre reforzado de las minas para guardar el polvo de oro
Cofre reforzado de las minas para guardar el polvo de oro

En algunas ocasiones eran personajes ilustrados, como sacerdotes (mina de Don Juan), militares (teniente-coronel Mendez-Cabeza, en una mina de Arroyo Blanco en Aldeanueva de Barbarroya) o acaudalados locales los que iniciaban prospecciones con más riesgos que beneficio en la mayor parte de las ocasiones.

Pero otras veces, vecinos humildes de los pueblos de La Jara emulaban a los dueños de las pocas explotaciones pro-ductivas y después de trabajar en alguna de ellas como asalariados emprendían la aventura en solitario o en pequeños grupos.

Las duras condiciones que de por sí lleva aparejado el laboreo minero se agravaban con las condiciones de aislamiento y las climatológicas, ya que las minas se encontraban localizadas en su mayor parte en los lugares más inhóspitos de lo que yo denomino La Jara profunda, las zonas más deforestadas y desiertas de los términos de Sevilleja, Campillo, Aldeanovita etc… Podemos imaginarnos a estas pobres gentes armadas de su miseria y de su ilusión por encontrar algún filón que les permitiera abandonar sus, en muchas ocasiones, paupérrimas tierras.

Picos, palas, bateas y algún borrico eran todo su armamento para extraer el material de profundos pozos, algunos de más de veinte metros, y transportarlos hasta las zonas de lavadero que en estas tierras de La Jara podían encontrarse muy lejos, por la sequedad del suelo pizarroso.

Bocamina de una vieja explotación minera en Anchuras
Bocamina de una vieja explotación minera en Anchuras

Todavía a principios de siglo, los habitantes de La Nava, veían como algunos entusiastas intentaban buscar pepitas de oro con la batea en el arroyo Joyegoso que desciende de La Oriental, al más puro estilo de las películas del Oeste. Incluso en los años posteriores a la Guerra Civil, hubo intentos de sacarle a estos jarales algo más que unas pocas espigas de centeno, y así, en la década de los cuarenta, aún se tramitan permisos de prospección y explotación. La mayor parte de las vetas de La Jara occidental son de galenas argentíferas y de blenda, y la última intentona minera en esta comarca quiso aprovechar, en los años ochenta, la plata de una de ellas en Anchuras, otro pueblo de La Jara con gran tradición minera además de los ya nombrados, y de Los Navalucillos, en La Jara Oriental.

De aquellas antiguas explotaciones quedan conducciones y paredones en ruinas, de las dependencias para el procesado del material, ruinas de algunas viviendas y de los martinetes y ferrerías -como la del Mazo en el río Pusa-. De todas ellas hablaremos en otro artículo. Es interesante la visita de estos pozos y galerías donde se escondieron bandoleros y guerrilleros, y que en nuestra última contienda civil tuvieron una utilidad mucho menos productiva que la minera, acoger a los represaliados de ambos bandos cuyos cadáveres fueron arrojados a ellos, pero esa es otra historia.

TALAVERA Y LOS TOROS

TALAVERA Y LOS TOROS

En el capítulo sobre la fundación mítica de Talavera vemos cómo la influencia del reino de Tartessos llegó hasta nuestra tierra. Su mítico rey Gerión fue famoso por las manadas de toros salvajes que pastaban en sus campos y hay leyendas locales que le vinculan con el nacimiento del Alberche.

Hércules matando al rey Gerión con sus tres cabezas y sus manadas de toros
Hércules matando al rey Gerión con sus tres cabezas y sus manadas de toros

Existen también testimonios arqueológicos de que se halló un toro de bronce cuando se excavaron los cimientos del convento de los jerónimos, lo que nos indica un culto táurico prehistórico o romano en Talavera. Por otra parte, los verracos de piedra, muchos de ellos con forma de toro, se extienden por toda nuestra geografía como testimonio de la importancia que nuestros antepasados los vettones daban a estas esculturas zoomorfas que colocaban a la puerta de las cercas en las que encerraban a sus ganados, seguramente con un sentido de protección religiosa.

Escudo despiezado que procede de la Puerta de Cuartos
Escudo despiezado que procede de la Puerta de Cuartos con la mitad en que aparecen los toros

Al menos desde los tiempos de los romanos, se celebra en Talavera la antiquísima fiesta de las Mondas que llamó la atención de cronistas y escritores del siglo de Oro, incluso de Cervantes, que en su novela de los Trabajos de Persiles y Segismunda hace una admirada alusión a ella. Sabemos por diferentes testimonios históricos que se celebraban corridas en todas las plazas de las diferentes parroquias de la ciudad, lo que quiere decir que en muchas ocasiones se llegaban a torear hasta siete corridas simultáneas con veintitantos toros diarios. De hecho, estas fiestas, que primero se hicieron en honor de la diosa Ceres y luego de la Virgen del Prado sabemos que se llamaron durante mucho tiempo fiestas de Toros, con todo un ritual relacionado con la fiesta taurina que sería largo de describir, pero que sabemos unía a todos los poderes y clases de la villa, desde el pueblo llano hasta los nobles, la Iglesia o el propio Ayuntamiento.

Plaza de toros de Talavera a principios del siglo XX
Plaza de toros de Talavera a principios del siglo XX en Fotografía de Ruiz de Luna

La plaza de Talavera es conocido que desde tiempo inmemorial estaba unida con el edificio de la propia ermita de la Virgen del Prado, a la que tantos capotes han ofrecido las mejores figuras del toreo. Es curioso que nos quede todavía esa muestra de los cultos religiosos primitivos unidos a los toros. En estas fiestas de Mondas toreaban los nobles de Talavera en los siglos XVI y XVII, tal vez debido a la indisoluble vocación ganadera de esta tierra y a la destreza que les daba la práctica de los más diversos lances no sólo en las Mondas sino también en las fiestas de la Virgen de septiembre y en muchas otras ocasiones.

La plaza de toros estuvo desde antiguo unida a la ermita y el hospital de la Virgen del Prado
La plaza de toros estuvo desde antiguo unida a la ermita y el hospital de la Virgen del Prado

Lo cierto es que ese ambiente taurino del Siglo de Oro y posteriores en nuestra ciudad llamó la atención de novelistas como el talaverano Céspedes y Meneses, e hizo que los muchos nobles que tenían entonces sus casonas y palacios en Talavera tuvieran fama de ser diestros en el manejo de los toros.

Uno de sus mejores representantes fue el marqués de Velada, que llegó a torear con una grave cornada en la Plaza Mayor con los intestinos a la vista según los cronistas. Sus faenas merecieron los halagos de Felipe IV y los sonetos de Góngora o Quevedo.

Hay otros datos que relacionan a Talavera con la fiesta de los toros, como el hecho histórico de que uno de los jóvenes hijos de la noble familia de los Duque de Estrada fuera el primer torero de a pie que recogen las crónicas.

Verraco vettón que representa un toro en Castillo de Bayuela
Verraco vettón que representa un toro en Castillo de Bayuela

La suerte de torear a caballo y alancear el toro “a la espera” se relata por primera vez en las crónicas de las fiestas de las Mondas y se decía entonces que los talaveranos estaban especialmente dotados para realizarla.

Y otro detalle de importancia: en el Soto del Piul, cercano a Talavera y que tal vez coincida con el soto de Entrambosríos se criaron los primeros toros bravos de los que hay referencia histórica, por lo que podemos decir que estamos ante la primera ganadería brava conocida.

A todo ello se une la afición de toda la comarca, que conserva en pueblos como los de la sierra de San Vicente las viejas agujas de piedra para cerrar con palos las plazas y los burladeros también hechos de piedra, para poder celebrar corridas y encierros. En el mismo callejero de Talavera conservamos todavía la calle del Toro Encohetado como muestra de viejos ritos táuricos como fue el toro de fuego, con el que ya los antiguos contaban que los íberos derrotaban a sus enemigos atándoles en los cuernos antorchas encendidas.

Agujas de granito para el cerramiento de las plazas para la celebración de festejos taurinos
Agujas de granito para el cerramiento de las plazas para la celebración de festejos taurinos

Sin embargo, curiosamente, talaveranos ilustres como Alonso de Herrera, fray Hernando de Talavera o el padre Mariana se manifestaron en sus escritos contra la crueldad de la fiesta de los toros.

La desgraciada muerte de Joselito hizo que Talavera tuviera un coso taurino de culto, un «santuario» en el mundo del toreo.

LA FOTÓGRAFA INGE MORATH TAMBIÉN ESTUVO EN GAMONAL

Mujer de Gamonal en sus lavaderos (Inge Morath)

Siempre tuvo que ser pintoresco y llamativo ver desde el camino que lleva de Talavera a Velada y a la Sierra de Gredos la algarabía y el ambiente de los lavaderos de Gamonal con sus más de 130 pilas de granito situadas en dos grandes círculos, junto al arroyo de Zarzoleja.

En ellas lavaban su ropa las gamoninas remangadas en las pilas de piedra, frotando la ropa con jabón casero hecho con las grasas sobrantes en casa y con sosa.  La ropa se tendía en los juncales que crecían en el entorno para que se secara y se blanqueara mejor, y si no era suficiente se podía cocer la prenda con ceniza en los domicilios, una verdadera lejía natural.

Podemos imaginar las bromas, las canciones y los chascarrillos muchas veces subidos de tono, y la alegría y el intercambio de información entre las mujeres del pueblo.

El de Gamonal se trata de un lavadero tradicional con numerosas pilas de piedra en dos círculos que rodean a sendos pozos de planta cuadrada y muros de mampostería granítica de los que se extraía el agua. Actualmente se ha adecentado la zona con un parque, y hay que señalar que debió llamar la atención de la fotógrafa Inge Morath,  Esta fotógrafa pasó por aquí camino de Navalcán, donde tenía amigos españoles y debió llamarle la atención el ambiente de las mujeres lavando en algarabía con las ropas tendidas al sol entre los juncales del arroyo Zarzoleja, e hizo algunas instantáneas del lavadero que conserva el ayuntamiento de Navalcán por donativo del propio Henry Miller.

Pues bien, hemos hablado en otra entrada de este blog de la visita de Inge Morath a Navalcán en 1954 haciendo la famosa fotógrafa austriaca que trabajó con la agencia Magnum y en las más famosas revistas del mundo unas magníficas fotografías de una boda navalqueña. Su marido, el dramaturgo y Nobel de literatura Henry Miller, que se casó con ella después de separarse de Marylin Monroe, agradeció el recibimiento y el homenaje que se hizo a su mujer en el discurso de agradecimiento que pronunció cuando se le otorgó el Premio Príncipe de Asturias. Me remito a esta entrada de mi blog que podéis abrir si queréis más detalles:

INGE MORATH, LA ESPOSA DE ARTHUR MILLER QUE FOTOGRAFIÓ UNA BODA EN NAVALCÁN

Pues bien, observando las fotografías he constatado que dos de ellas al menos están realizadas en los lavaderos de Gamonal, probablemente cuando pasó Inge camino de Navalcán, en aquellos años.

Lavaderos de Gamonal (Inge Morath)

En la primera fotografía se ve a una mujer joven de Gamonal que podéis investigar y decirnos quién puede ser y si vive aún, porque si la foto es de 1954 tendría una edad entre 80 y 95 años aproximadamente. La joven se protege del sol con el sombrero de paja y el pañuelo y se ve el agua turbia por el jabón. En los bordes de la pila hay dos trapos enrollados con forma rectangular que creo pueden tener la utilidad de proteger la ropa cuando se la golpea contra la piedra para mejorar el lavado. Al fondo se ve la carretera con unos arbolitos plantados en el borde y el antiguo camino de Gamonal a El Casar que va paralelo a la carretera. Justo detrás de ella se ven los juncales y el cauce del Zarzoleja.

Pila que se encuentra en la misma situación que la foto de la lavandera gamonina.

En la segunda fotografía se observa el círculo de pilas más cercano a la carretera y a la izquierda se percibe el otro. Todavía no se ve el cementerio nuevo y parece percibirse emergiendo entre los árboles la torre de la iglesia de Gamonal. En primer plano las mujeres extienden la ropa en las orillas del Zarzoleja. Esta foto está tomada desde la carretera, justo en dirección contraria que la primera.

El mismo círculo de pilas fotografiado por Inge Morath, en este caso la instantánea se ha hecho desde un punto algo más al oeste, por lo que no se ve la torre de la iglesia.

APARECE UNA IMAGEN EN TIERRA DE TALAVERA

APARECE UNA IMAGEN EN TIERRA DE TALAVERA
Cuadro que representa la aparición de la Virgen de Guadalupe a Gil Cordero
Cuadro que representa la aparición de la Virgen de Guadalupe a Gil Cordero

 

El rey Sancho IV había tomado su venganza contra la hidalguía talaverana por el apoyo que había prestado a su padre Alfonso X durante el conflicto bélico que los enfrentó. Entre la historia y la leyenda podemos considerar la muerte de cuatrocientos caballeros de la villa que fueron ajusticiados por Sancho el Bravo. Descuartizados, fueron sus pedazos colgados de la puerta que desde entonces se llamó Puerta de Cuartos.

Algunos historiadores consideran que el deseo de reconciliarse con Talavera llevó al rey a concederla tres grandes dehesas para su repoblación al sur de su extenso alfoz. Una de ellas era la dehesa de los Xebalillos, zona de la actual cabecera del río Gébalo. Otra era la dehesa del Castrejón de Ibor, lo que, aproximadamente, hoy se conoce como comarca de Los Ibores. La tercera era la dehesa del puerto de Juan Román, Ivan Román en grafía medieval, que abarcaba los actuales términos de Valdecaballeros y Castilblanco, hoy en la provincia de Badajoz, Alía y los bosques y montes cercanos al río Guadalupe, más tarde conocidos como dehesa de Los Guadalupes.

Imagen de la Virgen de Guadalupe en cerámica talaverana, obra de Ruiz de Luna
Imagen de la Virgen de Guadalupe en cerámica

“ Sepan quantos esta carta vieren cómo nos don Sancho…por hacer bien y merçed al conçejo de Talavera, porque han pocos pueblos e no an común ninguno e porque el Rey nuestro padre les tomó el montadgo que solían aver, por la merçed que hizo a los pastores, dámosles tres dehesas en su término que las ayan e se aprovechen dellas para su común y las puedan arrendar y puedan hacer en ellas todas las cosas que en su pro sean…E mandamos que aya estas dehesas para siempre jamás con las aguas e los pastos e con los montes e con las mudas de los açores e de los falcones que en ella son o fueren de aquí en adelante e defendemos firmemente que ninguno sea osado de las entrar en ellas”.

La leyenda de la aparición de la imagen de la Virgen de Guadalupe no data concretamente el momento en que se produce el hallazgo pero, por el contenido del relato, sabemos que la talla es escondida por clérigos sevillanos que huían de la persecución musulmana y es hallada más tarde, cuando el territorio ha sido ya reconquistado por los cristianos. Por ello, el comienzo de la devoción guadalupana se situaría probablemente en el siglo XIII, como parece indicar el estilo de la escultura y el hecho de que hasta la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212 no se puede considerar este territorio poblado por cristianos debido a la inseguridad producida sobre estos despoblados de La Jara por las frecuentes razzias árabes.

Los documentos históricos más antiguos en los que aparece mencionada una iglesia y hospital de Guadalupe se remontan a 1327 y 1329 pero en 1339 ya tiene el templo suficientes medios económicos como para adquirir un batán.

Talla de la Virgen de Guadalupe
Talla de la Virgen de Guadalupe

En 1340 el rey Alfonso XI, que ya debería conocer estos parajes por sus correrías cinegéticas, acude a Guadalupe para dar gracias a la Virgen por su victoria en la batalla del Salado, importante estratégicamente porque impedía una nueva invasión musulmana por la secta de los benimerimes aliados con los reyes de Granada, como nos cuenta la “Crónica de Alfonso el Onceno”:

“ E el rey partió luego de Llerena e fue a Santa María de Guadalupe a dar gracias a nuestra Señora, en quien este noble rey Alonso auie gran deboçión e a quien el se auie recomendado cuando yua a pelear con los moros, e por la marauillosa vitoria que Dios por ruego de su madre, le había dado contra los rreyes Alboacén de Marruecos e de Benamarín et de Granada e offresçió muchas cosas; e mandó que se escribiese en Crónica como nuestra Señora auie aparescido en aquel lugar al vaquero e auía hallado allí soterrada su santa ymagen e se auía fecho allí aquella sancta yglesia de Guadalupe donde nuestra Señora hazía tantos milagros y de cómo él auía dado a aquella yglesia el término que tiene de las tierras de Talavera e Trugiello”.

Por un privilegio dado en Sevilla en 1340, Alfonso XI pone bajo su amparo a la iglesia y hospital de Guadalupe con todas sus pertenencias y ganados, a los que autoriza a pasar por todo el reino libremente. En 1341 promueve un patronato real mediante una carta emitida en Cadalso para mejorar la primitiva ermita pues la había encontrado “ asaz  muy pequeña y estaba derribada, e las gentes que i venían a la dicha ermita venían por devoción, non avyan i do estar, nos, por esto tobimos por bién e mandamos fazer esta hermita mucho mayor, de manera que la eglesia es grande, en que puedan caber las gentes que i vienen en romería, e por faser esta eglesia dimos nos el suelo nuestro en que se ficiese, e mandamos labrar las labores de dicha hermita”.

Para mantener al prior y a los clérigos que servirían al santuario y para la financiación del hospital que recibiría a los peregrinos, el rey Alfonso dispuso que se entregaría la martiniega de los nuevos pobladores a la iglesia de Guadalupe. Además dota a la nueva institución del suelo necesario para su manutención y la de sus sirvientes.

TALAVERA NO SE RESIGNÓ

La villa cabeza del alfoz no vio con buenos ojos esta segregación e intenta, tanto a través del concejo y sus agentes como protegiendo a los vecinos que no respetan los privilegios reales de la iglesia de Guadalupe, que prevalezcan sus antiguos derechos sobre el territorio. Los enfrentamientos son constantes y durante todo el siglo XIV los reyes Alfonso XI, doña María, Pedro I, Enrique II y Juan I deben enviar reiteradamente cartas amenazantes a Talavera ordenando que se respete la normativa que protege, por ejemplo, a los ganados de la fundación real y así, recuerda Alfonso XI que deben los talaveranos permitir pastar en sus prados y dehesas a 800 vacas, 50 yeguas, 2000 ovejas y cabras y 500 puercos del futuro monasterio. Tampoco se permite al ganado que transite libremente por las Tierras de Talavera y se aprenden cabezas con frecuencia por los alcaldes y agentes del concejo talaverano, sin ni siquiera permitir que los pastores “tomen corteza de los árboles para hacerse calzado”, lo que nos revela una curiosa utilidad del corcho en la época. También se intenta cobrar por el tránsito y comercio de abastecimientos para Guadalupe, se impide que los bueyes puedan pastar, o que los pobladores de La Puebla instalen colmenas en los términos de Talavera. Los recaudadores del portazgo consideran a los peregrinos como “descaminados” y los toman el vino y las viandas que traen para el camino. La Santa Hermandad de Talavera no se resigna a dejar de cobrar el impuesto de la asadura que servía para mantener a esta institución de policía rural. Los conflictos son permanentes, sobre todo en las zonas fronterizas de Alía y el paraje de la Posada del Rey, cerca del Hospital del Obispo, llegando  incluso a levantarse los mojones de deslinde.

VIAJEROS POR TALAVERA HACE 500 AÑOS

VIAJEROS POR TALAVERA HACE 500 AÑOS

Uno de los palacios donde pudieron pernoctar los vaijeros de hace 500 años. El mal llamado de Francisco de Aguirre(casa de Borrajo) hoy desparecido
Uno de los palacios donde pudieron pernoctar los vaijeros de hace 500 años. El mal llamado de Francisco de Aguirre(casa de Borrajo) hoy desparecido (dIBUJO DE ENRIQUE REAÑO SOBRE FOTOGRAFÍA ANTIGUA)

Nos encontramos en el siglo XV, cuando León de Roshmintal, un cuñado curioso del rey Jorge de Bohemia, viniendo de Guadalupe pasa por aquí y dice que Talavera es una ciudad con castillo, situada en campos regados por el Tajo y que el camino discurre entre olivares y viñas que rodean a la ciudad por los dos lados. Es la primera vez que aparece la referencia directa a los cultivos de secano que rodeaban a Talavera, sobre todo los magníficos olivares que llaman la atención de muchos de los que por aquí pasan.

Ya a finales de esa misma centuria, visita nuestra ciudad Jerónimo Münzer, médico de Nuremberg, geógrafo y astrónomo. También viene de vuelta de Guadalupe, como seguirá sucediendo con muchos viajeros y romeros que durante este siglo y el siguiente peregrinarán al monasterio de las Villuercas mientras se encuentra en su pleno apogeo. Dice este viajero de Talavera que “es una célebre ciudad a orillas del Tajo, que se atraviesa por un puente de veintidós ojos. El arzobispo de Toledo fundó en ella dos monasterios uno de Jerónimos (se refiere a don Pedro Tenorio) y otro de franciscanos (probablemente se trata en este caso de fray Hernando de Talavera que impulsa el convento donde después estaría la parroquia de San Francisco). La población, en donde también hay una colegiata, es tan grande como Nordlingen, y está en una llanura fértil en vino y aceite y otros varios productos”.

Otro lugar común de todos los viajeros a su paso por Talavera será la fertilidad de su tierra a la que aquí se refiere también el alemán. Ya en el siglo XVI Antonio Lalaing viene en 1501 acompañando a España a Felipe el Hermoso y viaja también a Guadalupe mencionando simplemente a nuestra ciudad, en la que pernocta.

Navagero es otro viajero humanista y embajador de Venecia ante Carlos V que en su cuaderno de viaje dice: “El día veinticinco fuimos a Carmena que hay tres leguas, a Cebolla y luego a Talavera. Cerca de Talavera pasamos por un puente de piedra un río que se llama el Alberco (Alberche), que poco después entra en el Tajo. La ciudad de Talavera es muy buen lugar, está a orillas del Tajo y tiene sobre él un puente; conserva un pedazo de muralla antigua y en ella una puerta también antigua “e lápide cuadrato”. Hay ruinas de termas y algunas inscripciones en piedras antiguas, muchas de las cuales no se pueden leer, pero se ve en ellas el nombre de Gneo Pompeyo…lo que he notado en Talavera es que todas las murallas nuevas están hechas con piedras cuadradas de los muros antiguos. Hay aquí un hermoso monasterio de jerónimos y el lugar es del arzobispo de Toledo”.

Ya los viajeros de hace 500 años observaron las inscripciones romanas encastradas en la muralla
Ya los viajeros de hace 500 años observaron las inscripciones romanas encastradas en la muralla

Es de reseñar en esta descripción el espíritu de observación arqueológica de Navagero que fija su atención en las antiguas piedras romanas reutilizadas en la muralla, las inscripciones epigráficas, o las antiguas termas que llega a percibir de antigüedad también romana. Ya es el segundo viajero que se admira de la riqueza del monasterio jerónimo de Santa Catalina, en pleno cenit de su poder y riqueza.

El interventor de Carlos V, Juan de Vandenese hace una descripción de los viajes del Emperador y nos relata que el día 22 y 23 de Abril de 1524 se halla en Talavera doña Leonor de Austria, viuda del rey de Portugal y hermana de Carlos V, que concierta su matrimonio con el rey de Francia. Precisamente en nuestra ciudad se quita el luto para ir a Toledo en busca de su prometido.

Palacio de Villatoya, construido en la época de los viajeros que referimos
Palacio de Villatoya, construido en la época de los viajeros que referimos

En 1542 el portugués Gaspar Barreiros, canónigo de Évora y hombre letrado pasa por Talavera: “Viniendo después a esta villa, que es de los arzobispos de Toledo, está asentada en las orillas del Tajo, cercada de muros de piedra y cal, torreados con sus torres, a las que llaman albarradas (albarranas), con una fortaleza, aunque los muros de los arrabales sean de tapias. Tiene cerca de tres mil vecinos, con catorce iglesias y seis monasterios, cuatro de frailes y dos de monjas y cincuenta lugares de su jurisdicción, los cuales están en su término. Tiene una iglesia colegiata en la que hay deán y todas las demás dignidades, y canónigos como en las catedrales. La tierra es de buena comarca de pan, vino, miel, frutas y ganado. En ella hay mucha gente noble y rica, eclesiástica como secular y muchos hidalgos honrados, algunos de los cuales son del linaje de los Meneses legítimos, sino éstos.”

FECHORÍAS DE DOS DESERTORES

FECHORÍAS DE DOS DESERTORES

Nueva causa criminal del libro de «La Enramá» (Miguel Méndez-Cabeza, Rafael Gómez y Angel Monterrubio) sobre los procesos de de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera. Desertores y salteadores en el camino de Madrid.

Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII
Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII

Una noche fría de Febrero, dos hombres jóvenes yacen arrebujados en el suelo. En el silencio de los barbechos se pueden escuchar  voces y risas desde las cercanas y siempre concurridas ventas de El Bravo . Hombro con hombro, van recordando su corta pero accidentada vida.

Uno de nuestros protagonistas es gallego, se llama Andrés y nació en una aldea de Mondoñedo. Cuando tenía doce años había salido de su tierra y , como otros muchos  paisanos suyos, se había asentado en Talavera donde se ganaba la vida recogiendo aceituna y sarmenteando[1] hasta que se colocó como mozo de cocina con el Conde de la Oliva[2]. A su servicio se trasladó más tarde a Madrid.

Tres años estuvo empleado en su casa trabajando después durante un tiempo como mozo de esquina[3] y luego volvió a sus labores en la cocina esta vez con la Marquesa de Breda. Sirvió en mesones y hosterías hasta que, deslumbrado por el uniforme, el caballo y las armas, acabó alistándose en el Regimiento de Caballería de Borbón.

Conoce allí a otro soldado natural de Letur en Murcia. Se trata de Juan Pérez del Río que había sentado plaza en esta ciudad en el Regimiento de Infantería de la Reina, pero al trasladar el destacamento a Cádiz, deserta. Se encamina a Granada donde se alista de nuevo en una compañía capitaneada por don Nicolás Duque de Estrada [4]. Con él pasa el murciano a Alicante donde es reclamado por su padre para ayudarle en las faenas agrícolas. En Enero de 1760 se alista en el mismo regimiento que su compañero gallego. Ambos deciden desertar en Toledo la noche del 24 de Febrero.

Andrés tenía un hermano en Talavera y hacia nuestra ciudad se encaminan los dos desertores sin entrar en poblado para acabar, como hemos visto, durmiendo cerca de El Bravo. Reinician por la mañana su camino y cuando se encuentran a una legua del Alberche deciden asaltar a algún caminante ocultándose para ello detrás de unas junqueras[5].

La primera víctima que acierta a pasar por el lugar es Juan Suer, un francés de veintinueve años. Al igual que otros muchos compatriotas suyos, trabaja como tejedor de seda y lana en las Reales Fábricas de Seda de nuestra ciudad. Por ser natural de La Picardía se le conoce en Talavera con el apodo de Picar.

El francés volvía de buscar trabajo en Santo Domingo[6] y había hecho noche en las ventas de El Bravo. Cree el infeliz que los dos hombres que están sentados junto al camino detrás de unas matas se encuentran descansando pero, al llegar a su altura,  se levantan de un salto y sacando una escopeta y una espada se las colocan junto al rostro mientras le amenazan diciendo:

¡ Suelta el dinero y todo lo que traes encima o te quitamos la vida!

Asustado les da los veintiséis cuartos que lleva en la faltriquera mientras suplica mintiendo para salvarse:

– No me matéis soy un pobre desertor de Francia  que ando perdido.

Al ver la víctima las ropas y correajes militares de los dos bandidos, intenta con rápidos reflejos despertar en ellos la solidaridad entre desertores.

Los dos salteadores le interrogan:

-¿Has estado alguna vez en Talavera o conoces a alguien allí?

También miente en esta ocasión cuando responde que no. Los asaltantes le proponen:

– Si eso es así, vente con nosotros con la condición que has de hacer todo lo que te mandemos.

El galo simula aceptarlo mientras le devuelven lo robado.

Al rato de ocurrir esta escena pasa un hombre caballero en una mula y aunque intercambian unas palabras no se deciden a asaltarle. Dos pastores cuidan su ganado algo apartados del camino y nuestros desertores se dirigen a ellos amenazándoles para que les den un cordero. Los pobres zagales responden temiendo las iras del dueño del rebaño:

-¡ Son de mi amo, más quiero que me quitéis la vida que no el cordero!

Se lanzan sobre el muchacho derribándolo y registran sus pertenencias encontrando solamente un mendrugo de pan que se llevan como único botín.

Continúan los tres hombres apostados en el mismo lugar cuando pasan dos arrieros[7] con tres pollinos. Son asaltados mientras les gritan:

-¡Traed acá todo el dinero si no queréis perder la vida!

Los desgraciados  se hincan de rodillas suplicando.

– Somos pobres, no tenemos dinero.

En efecto se trata de un nuevo robo fallido pues solamente les hallan en el registro nueve o diez reales que les devuelven dejándoles seguir adelante.

Las nuevas víctimas de nuestros bandidos principiantes son otros dos arrieros de Lagartera que se dirigen a Madrid con una carga de cecina[8] y otros encargos. También creen que los bandoleros están descansando, pero al llegar a su altura les salen al paso, Andrés con la carabina y Juan con la espada desnuda.

-¡ Ea perros ! No abléis palabra que si abláis os han de arder las vozes.

Uno de los arrieros les suplica:

-Señores, déjennos vuesas mercedes por Dios y tomen el dinero que llevamos.

Son apartados del camino detrás de unas retamas mientras de rodillas suplican que no les maten. Uno de ellos saca diez o doce reales que lleva sueltos ofreciéndoselos a los bandidos.

Al ver la pequeña cantidad que le ofrece, Andrés, el desertor gallego, agarra con furia al pobre hombre gritándole:

– ¡Perro! , pues no llevas más dinero que eso para Madrid.

Dominados por el pánico, los trajinantes sacan una bolsa de badana[9] con 142 reales, en dos moneditas de oro de veinte reales cada una y lo demás en pesetas de a cuatro o cinco reales. Los asaltantes continúan su registro hallándoles un reloj de plata que el cura de Lagartera les había encomendado para su reparación en Madrid. También encuentran una navaja, un tintero, un rosario y un pañuelo.

Después de despojar a sus víctimas les obligan a desnudarse mientras les apuntan con la carabina. El frío de Febrero les hace suplicar:

Por amor de Dios, vamos sudando, dejadnos el saio[10] siquiera.

Pero sin apiadarse responden:

-Anda perro desnúdate pronto.

Juan, el desertor murciano, se pone la chupa, calzones y montera[11]de uno de los arrieros y Andrés la enguarinilla[12] de paño pardo del otro, al estilo de la tierra. Después de maniatar con los brazos atrás a sus víctimas, se disponen para asaltar a algún otro viajero. Se trata en esta ocasión de un serrano con su borrico al que apean y atan con una soga. En las alforjas del pollino encuentran cuatro zapatos de cordobán[13] nuevos para mujer y unas medias encarnadas, un pañuelo pintado de azul, unas calcetas, una bota de vino, unas tripas llenas de manteca y un morral de pellejo con cartas.

Los ladrones emprenden la huida después de este último robo dirigiéndose hacia el río Alberche. Mientras, los arrieros consiguen desatarse y completamente desnudos emprenden de nuevo su camino hacia Madrid. En El Bravo, un criado de los agustinos de La Calzada[14] les da unos calzoncillos para que cubran sus vergüenzas.

Los desertores, aunque el río baja crecido y los hechos ocurren en invierno, lo cruzan a nado y vestidos internándose en la dehesa de Salinas hasta llegar a otro arroyo junto al que se secan, cuentan el dinero y descansan hasta que se pone el sol.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es P4241918-1024x768.jpg

En la conversación que mantienen deciden llegar a Talavera, allí dice conocer Andrés a una mujer muy rica  a la que no será difícil robar. Sus planes no quedan ahí pues se proponen , después de cometer este nuevo crimen,  matar a los dos primeros jinetes que pasen tomando sus caballos para huir a otras tierras. Andrés advierte a sus acompañantes que no comenten nada de lo sucedido y se ponen de acuerdo en decir que los tres vienen de Guadalupe, pues el hermano de Andrés es persona respetable y no quiere que conozca sus andanzas.

Toman dirección hacia la villa caminando entre el monte y las viñas para mejor disimular su presencia llegando a Talavera a las ocho de la tarde. Se dirigen a una casa de las afueras en el paraje conocido como “Los Tamujales”.

Preguntan a una mujer por la casa del hermano de Andrés al que hacía seis años que no veía. La vecina les conduce hasta la vivienda donde en ese momento solamente se halla su mujer que, hospitalaria, se dispone a preparar una tortilla de torreznos a los recién llegados mientras manda avisar a su marido que se encuentra trabajando en una bodega. Para acompañar la merienda deciden los dos desertores enviar al francés a por vino.

Fachada de la casa de la dirección de las Reales Fábricas, donde acude el francés en busca de la ayuda del director Rulière. Es el llamado Patio de San José
Fachada de la casa de la dirección de las Reales Fábricas, donde acude el francés en busca de la ayuda del director Rulière. Es el llamado Patio de San José

Pero en vez de dirigirse a la bodega, el supuesto desertor se encamina a la casa del compatriota más influyente en la villa. Se trata de Juan Rulière, director de las Reales Fábricas de Seda de Talavera[15]. Le relata temeroso y amedrentado lo que le ha sucedido con los dos desertores y cómo se ha visto obligado a seguirles en sus robos y asaltos. El ingeniero Rulière le recomienda que acuda con el vino que le ha sido encargado, pero da las órdenes pertinentes a un sargento y cuatro soldados del destacamento que custodia las Reales Fábricas para que, siguiéndole hasta la casa donde se encuentran los delincuentes, procedan a su detención.

Al entrar en la casa, encuentra el tejedor francés al grupo dando cuenta de la tortilla de torreznos con dos mujeres que sirven la mesa y un muchacho llamado Pedro que trabajaba en la tienda de otro francés  que, al haber tenido relación con nuestro protagonista, lo reconoce mientras éste hace señas desesperadamente para que no le delate. En ese mismo instante llega la guardia que grita imprudentemente desde la calle:

-¡ Picar, Picar!

Las voces acaban de descubrir a Andrés la encerrona y se lanza a coger la escopeta. El francés trata de evitarlo y forcejean mientras se une a la lucha el sargento que acaba de entrar. Se producen momentos de confusión y caen las velas mientras que los tres ruedan a oscuras. Suenan tres tiros y uno de ellos hiere a Picar en el codo y el antebrazo.

Al fin es reducido Andrés y  es conducido atado y custodiado por los cuatro soldados a la cárcel de la Santa Hermandad pues sus delitos se han cometido en despoblado y por tanto es a ella a quien corresponde juzgarlos.

Juan Pérez , el segundo desertor, se escapa por una ventana y pasa la noche escondido en un olivar. Al día siguiente toma el camino de San Román de los Montes, se detiene en una taberna y allí se repone con un poco de pan y vino. Sigue su camino ascendiendo hacia la sierra de San Vicente pero al llegar a Hinojosa es apresado por dos cuadrilleros.

El proceso se desarrolla rápidamente por la abundancia de testigos y hallarse comprobados los hechos. Los reos son condenados a diez años de presidio en África pero antes deben recibir cada uno doscientos azotes en Talavera. El día uno de Abril de 1761 a las once de la mañana se saca a los presos»en bestias de albarda, rapados el pelo y la varba, con sogas de esparto al cuello, atados de pies y manos y desnudos de medio cuerpo arriva».  El recorrido es el acostumbrado o de estilo por las calles de la villa mientras se les azota y se pregonan sus delitos.

El ocho de Abril, ambos son remitidos en cuerda de presos hasta la cárcel de Toledo para desde allí ser enviados a los penales de África[16].

[1] Aunque el paisaje talaverano de hoy está dominado por el regadío, en la época de los hechos los cultivos de secano como el olivo y viñedo eran los más extendidos. Andrés recoge aceituna, uno de los cultivos sociales más importantes aún en la actualidad por los jornales invernales que produce. Sarmentador es el oficio del que recoge los sarmientos podados de las viñas.

[2] El palacio de los Condes de la Oliva todavía se mantiene frente al teatro Victora. Los establecimientos comerciales en él alojados deterioran el aspecto de uno de los pocos palacios que todavía quedan de la antiguamente numerosa nobleza talaverana.

[3] Mozo de cuerda, peón que se contrata para la carga y el trasporte eventual de mercancías con sus propias fuerzas.

[4] Varios hijos de esta antigua y noble familia de Talavera fueron militares famosos. Juan garcía Duque ganó fama por sus proezas combatiendo en la Orden de Calatrava. Diego Duque fue maestresala de los Reyes Católicos y coronel de caballería. Fernán Duque mayordomo de Juana la Loca y embajador en Inglaterra. Manuel Duque fue ayudante de Felipe V. Son todos miembros de la misma estirpe que se enterraban en el monasterio de la Trinidad al que protegían.

[5] Una legua equivale a unos cinco kilómetros y medio por lo que las primeras fechorías de Andrés y Juan habrían tenido lugar cerca del actual cruce de la carretera que va a Cazalegas desde la Nacional V.

[6] Probablemente Val de Santo Domingo, pueblo situado entre Maqueda y Torrijos.

[7] Arriero es el hombre que trasporta mercancías de unos pueblos a otros. La palabra deriva de la interjección ¡Arre!

[8] Carne seca y salada, también denominada tasajo. Era una de las provisiones que se llevaban durante los viajes. Puede fabricarse con carne de cualquier mamífero pero lo más habitual es que fuera de cabra aunque la más considerada era la cecina de burro joven.

[9] Cuero fino y blando generalmente de piel de carnero o de cordero muy utilizado para hacer bolsas que servían como monedero.

[10] Casaca hueca , larga y sin botones que regularmente suele usar la gente del campo

[11] La chupa es una vestidura ajustada al cuerpo y larga hasta las rodillas que abraza las demás vestiduras interiores.Encima de ella no se lleva más ropa que la casaca.

La montera es una cubierta de la cabeza con un casquete redondo, cotado en cuatro cascos y con una vuelta o caída alrededor para cubrir la frente y las orejas.

[12] En varias causas criminales se hace alusión a esta prenda que debía ser característica del vestuario de la comarca. Por otras descripciones podemos deducir que debía tratarse de una especie de blusón amplio de tejido fuerte.

[13] Piel del macho cabrío curtida y aderezada, se dice que el nombre procede de haberse trabajado con gran fama por su calidad en la ciudad de Córdoba.

[14] Tenían los agustinos en La Calzada de Oropesa una de las industrias textiles más prósperas de Castilla. En sus telares se fabricaban gran cantidad de hábitos y ropas religiosas fundamentalmente.

[15] En 1748 se establecen en Talavera estas fábricas y se pone a su mando a este francés nacido en Lyon. Fue perseguido en su país por no aclaradas cuestiones comerciales y después de una novelesca huida a Basilea estudia la maquinaria textil. En Amsterdan conoce a un caballero que le recomienda al ministro español José de Carvajal que le toma bajo su protección . Vienen a nuestra ciudad donde deciden positivamente sobre la idoneidad de nuestra ciudad para el establecimiento de la industria sedera de la que es nombrado director Juan Rulière comprometiéndose a traer operarios franceses expertos en el trabajo textil. Uno de ellos fue seguramente el protagonista de nuestra historia.

[16] Una de estas cuerdas de presos de la Santa Hermandad aparece en el Quijote . Se trata del episodio en que el Ingenioso Hidalgo se enfrenta a los cuadrilleros liberando a los reos.

TALAVERA EN LA LITERATURA Viajeros de la Antigüedad y la Edad Media

TALAVERA EN LA LITERATURA

Viajeros de la Antigüedad y Edad Media

La muralla árabe lamida por el río en foto de Ruiz de luna de principios del siglo XX
La muralla árabe lamida por el río en foto de Ruiz de luna de principios del siglo XX

Cuando Estrabón en sus descripciones geográficas habla de las arenas de oro del Tajo y de sus opulentas ciudades, es posible que se refiera a Talavera como una de ellas, ya que no son muchas las ciudades ribereñas de nuestro río y mucho menos las existentes hace dos mil años.

En las crónicas vuelve a aparecer Talavera cuando en el siglo VIII se describe el encuentro de Tarik y Muza que ya comentamos en otro capítulo. Pero es en el siglo X cuando Ibn Hawqal habla de Talabira como una gran ciudad de la España musulmana llena de tiendas, bazares, y muchos baños y mezquitas. Por primera vez se describe el aspecto eminentemente comercial de la ciudad.

Monumento al geógrafo Al Idrisi en Ceuta, su ciudad de nacimiento. Talavera bien podríaerigir un monumento a quien hace mil años hizo la descripción más elogiosa de Talavera
Monumento al geógrafo Al Idrisi en Ceuta, su ciudad de nacimiento. Talavera bien podría erigir un monumento a quien hace mil años hizo la descripción más elogiosa de Talavera

Al-Idrisi es un geógrafo nacido en Ceuta de la familia de los Hamaditas que estaba al servicio del rey Rogerio de Sicilia. En el siglo XI hace una descripción de Talavera que sugiere que en la época vivía nuestra ciudad uno de sus mayores periodos de esplendor:

“Talavera es una gran villa construida en la orilla del Tajo; el castillo está perfectamente fortificado y la villa es notable por su belleza, su extensión y la variedad de sus producciones. Los bazares son dignos de verse y las casas están agradablemente dispuestas; un gran número de molinos se elevan sobre las aguas del río. Capital de una provincia importante, Talavera está rodeada de campos fértiles. Sus b a rrios son hermosos y antiguos y se encuentran allí monumentos de remota antigüedad. Está situada a 70 millas de Toledo.La villa de Toledo, al oriente de Talavera, es una capital no menos importante”.

Ya ven ustedes que Al-Idrisi establece una comparación en términos de igualdad entre la capital del reino visigodo y la propia Talabira, lo que nos da una idea de su pujanza. En la crónica del moro Rasis o también en Al – Bakri , encontramos otras referencias a Talavera como importante ciudad localizada en el extremo norte de Al-Andalus “en la frontera con los politeístas”, que es como los árabes llamaban a los cristianos por pensar que creían en varios dioses, pues adoraban a un dios trino y a los santos.

Atalaya de Segurilla, donde quedaron enmascarados los hombres de Nalvillos
Atalaya o torre musulmana de señales de Segurilla

Hay crónicas musulmanas en las que se dice que cerca de Talavera hay una tierra especial que es muy apropiada para combatir las enfermedades de los ojos y quitar las legañas.

Su condición de frontera hace que nuestra ciudad aparezca en numerosas crónicas bélicas de la Edad Media. En algunas de ellas se habla del espíritu guerrero de sus habitantes, pues su territorio estaba poblado por bereberes que defendían la zona de los cristianos o vigilaban a la levantisca Toledo, siempre dispuesta a sublevarse contra el califato de Córdoba. Son por eso numerosas las alusiones a la fortaleza de nuestras murallas, como dice Musalib Al -Absar ya en el siglo XIV, y las referencias a las atalayas que vigilan la llegada del enemigo y hacen señales de humo a la población desde las alturas de Segurilla o El Casar, como nos relata Ibn-Galib en el siglo XII, justo cuando parecen desarrollarse los hechos que describo en la “Leyenda del Caballero Cornudo”.

Lucerna o candil árabe de Talavera
Lucerna o candil árabe de Talavera

También hay descripciones de Rasis o Al Bakri sobre el sistema hidráulico que hacía que se inundara un foso alrededor de las murallas con agua del río o, ya en crónicas posteriores, a lo buenos ballesteros que eran los talaveranos de entonces.

Tinaja hallada en el siglo XVII en el Arco de San Pedro con inscripción en árabe
Tinaja hallada en el siglo XVII en el Arco de San Pedro con inscripción en árabe

Aunque hay referencias en las crónicas históricas a los hechos bélicos de la Talavera medieval, la villa no vuelve a aparecer en una obra literaria hasta el siglo XIV, cuando en el Libro de la Montería de Alfonso XI figuran algunos parajes cercanos. Es el caso del soto de Entrambosríos, entre el Tajo y el Alberche, que aquí llama Soto de Men López, y otros muchos parajes de la comarca en los que caza el Rey, sobre todo en La Jara y la sierra de San Vicente, donde encuentra buenos lugares para monterías de oso o puerco.

PEDAZOS MENUDOS DE CARNE

PEDAZOS MENUDOS DE CARNE

Relato sobre el asesinato del General San Juan en Talavera durante la guerra de la Independencia

Dibujo que representa la batalla de Talavera
Dibujo que representa la batalla de Talavera

El criado miraba a su señor. Nunca le había visto tan triste e inseguro. Cabizbajo, no había ni siquiera probado el plato con la carne del cerdo sacrificado esa misma mañana para impedir que sirviera de alimento a las alimañas francesas.

Había ordenado que cerraran las ventanas y apagaran las velas, como si así fueran a impedir que los dragones y cazadores del mariscal Víctor, irrumpieran en su casa. Miraba al fuego con el ceño fruncido y el criado creyó ver en su rostro, iluminado por las llamas, el de uno de esos santos tan acongojados que observaba aburrido cuando acompañaba a la señora los domingos a la misa en la Colegial.

Don Manuel Espejel, regidor de Talavera, miraba al fuego sin verlo y pensaba en el sufrimiento que habían causado las tropas de Napoleón a todos sus paisanos en los últimos meses. Como miembro de la Municipalidad, había sabido desde el primer momento del engaño francés, y todavía se le encogía el estómago cuando recordaba la llegada de un veredero desde Móstoles con el mensaje de su alcalde que leyeron todos los regidores con alarma porque llamaba a salvar Madrid de los gabachos.

A finales de agosto, las iglesias se llenaron de una multitud de gentes para asistir a las acciones deogracias al Todopoderoso por la huida vergonzosa de los enemigos hasta más allá del Ebro. Tres meses después volvieron a estar repletas por los sufragios a los soldados españoles muertos en el campo de batalla el 29 y 30 de noviembre, cuando luchaban fieramente en la sierra de Madrid para que las tropas extranjeras no entraran de nuevo en la capital.

Grabado que representa los campos de Talavera tras la Batalla de Talavera
Grabado que representa los campos de Talavera tras la Batalla de Talavera

Recordaba con agrado el momento en que su amigo y paisano el coronel Genaro Rezábal había creado el regimiento de Voluntarios de Fernando VII con gentes entusiastas de Talavera y sus pueblos. Parece que estaba viendo a los reclutas sudar en los calurosos días de agosto mientras recibían la instrucción militar cerca de la Ermita del Prado. Todavía guardaba impresa en sus retinas la imagen de las madres saliendo a despedir a sus muchachos hasta el arroyo de Bárrago en su camino hacia Badajoz, donde se agruparían con otras fuerzas para hacer frente al francés, que ya se acercaba a Talavera.

Pero antes de que llegaran los gabachos contempló el discurrir por las calles de la villa de una interminable caravana con las gentes que desde la capital venían huyendo. Largas hileras de hombres y mujeres descompuestos entre los que se mezclaban monjas y frailes de las comunidades religiosas de la capital, prelados eclesiásticos y grandes títulos que portaban las pocas pertenencias que habían tenido tiempo de recoger, pero también iban patéticos empleados de la monarquía y multitud de familias desoladas que a su paso eran acogidas por el vecindario.

Entre esta multitud errante venía la Junta Central que, tras pernoctar en Talavera, siguió su camino hacia Badajoz donde organizaría la resistencia contra el invasor en los meses siguientes. Después de la derrota de Somosierra, las fuerzas españolas se dispersaron hacia el sur y el oeste de Madrid, viniendo a parar a Talavera los restos de un cuerpo de tropas.

Don Manuel había conocido a su general, se llamaba Benito San Juan e incluso le había invitado a comer en una ocasión, acudiendo en compañía de su lugarteniente Heredia. Había quedado su mujer impresionada por la caballerosidad y corrección del militar que les había relatado historias pavorosas sobre las injurias que los franceses habían ocasionado a los madrileños. ¡Cuánto dolor! y ¡Cuánta confusión!

Don Manuel tuvo que apartarse cuando un fraile con un espadón colgado en bandolera avanzaba por la Corredera en dirección al convento de los jesuitas, gritando a varias docenas de soldados que el general San Juan era un traidor y animándoles a tomar venganza. Él no pudo verlo, pero le dijo uno de los padres agustinos, confesor de sus hijas, que el militar se encontraba refugiado en la celda prioral y que peleó bravamente contra sus propios soldados antes de arrojarse a la desesperada por una ventana. Herido, recibió en la calle una descarga de fusilería que acabó con él.

Su cadáver fue arrastrado chorreando sangre por las calles de la villa. Los talaveranos no tomaron parte en semejante brutalidad e incluso habían intentado avisar a la Junta Central para evitar el triste desenlace. Heredia había sido ayudado a cruzar el río huyendo así de una muerte segura.

Iglesia de los jesuitas, ocupado actualmente por el teatro Palenque y el mercado de Abastos
Iglesia de los jesuitas, donde se ocultó el general San Juan ocupado actualmente por el teatro Palenque y el mercado de Abastos

La rabia contra la ocupación francesa fue descargada sobre el cuerpo del general al que colgaron de uno de los añosos álamos del paseo del Prado. Cuantos soldados venían por el camino real de Madrid fueron disparando sus fusiles contra los despojos del militar, de manera que sus carnes divididas en menudos pedazos quedaron esparcidas por el suelo sirviendo de alimento a los perros y a las aves.

Don Manuel no pudo evitar un escalofrío al recordar estos hechos mientras se llevaba un vaso de vino a los labios. ¿Hasta cuándo duraría esto? El horror de la guerra no había hecho nada más que comenzar y la sangre seguiría corriendo, el labrador no sabía porqué pero presentía que su pueblo todavía debería soportar mucho sufrimiento.

Cuando la angustia le oprimía el pecho, dos culatazos en la puerta le despertaron de su ensimismamiento.