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PIONEROS DE LA JARA

PIONEROS DE LA JARA

Cumbres de La Jara Alta y su monte cerrado
Cumbres de La Jara Alta y su monte cerrado

Rodrigo estaba ya cansado de los abusos del señor. Él amaba la aldea donde nació pero el día que, no pudiendo pagar al conde, recibió en la cara un golpe con la fusta de uno de sus soldados, decidió que para morir de miseria no hacía falta engordar a nadie y que él y su familia podían iniciar una vida tan miserable pero menos humillante en otro lugar. Cogió los cuatro trastos, los envolvió en una manta y andando con sus cuatro hijos y su mujer se encaminó hasta Talavera. Había oído decir que en la tierra de esta villa no ponían muchas trabas para asentarse en sus montes de La Jara y cruzó el Tajo buscando un poco de libertad.

Contaban con dos costales de centeno y unos cuantos panes para comenzar una nueva vida dominando un pedazo de las duras tierras jareñas. Su primo Leonardo había llegado a la zona dos años atrás y tal vez les echara una mano hasta que se pudieran mantener por sí mismos. Llegaron en marzo y Rodrigo no perdió el tiempo, trabajando con su hijo mayor de sol a sol con el gruñido del hambre en el estómago, fue limpiando de piedras y zarzas un cachillo tierra que se encontraba junto al arroyo. Había que hacer rápidamente un huerto que ese verano les diera algo de comer. Con las pizarras del arroyo fabricó una pequeña presa que las lluvias de primavera destruyeron en dos ocasiones, pero él no se amilanó. Con el barro y los juncos de las orillas volvió a restaurarla y a excavar un canal de veinte varas que llevaba el agua hasta su embrión de civilización. Tuvo que cerrar con ramas el huerto porque por las noches los jabalíes destrozaban los cultivos pero, a pesar del granizo que cayó en mayo, consiguió algo que llevar a la boca de los suyos.

La montonera en la Edad media
La montonera en la Edad media

Cuando no estaba en el huerto se le veía en la raña rozando el suelo de las tierras labrantías, sudaba arrancando jaras y cortando chaparros con su astraleja. Tenía que conseguir limpiar de monte la tierra suficiente para sembrar pan. Su centeno esperaba la sementera, y ojalá el año fuera bueno. Rodrigo no quería ni pensar en lo que sucedería si se arruinaba esa primera cosecha, la idea de su familia mendigando le revolvía las tripas.

De vez en cuando, su primo Leonardo se acercaba por allí con las cabras y siempre tenía un poco de leche o de queso que dar a sus hijos. Un día le comentó que la soledad de la majada no era buena y que tal vez algún día se bajara de la sierra para vivir junto a Rodrigo y su familia sin miedo a los osos, a los lobos y a los golfines.

El pan negro de su primer centeno les supo a gloria bendita, quizá ya no tuvieran que comer gachas de bellotas para matar el hambre. Su hijo Martín tenía una habilidad especial para cazar conejos con los lazos y las losas. Desde pequeño había mostrado curiosidad por ver cómo su padre colocaba las lanchas de piedra con un cebo y el palito que las sostenía en el justo equilibrio hasta que los pequeños animales la hacían caer atrapándolos. Otras veces se iba al río y colocaba en las chorreras sus cañales que se llenaban, sobre todo en primavera, de barbos, bogas y cachuelos. Con todo esto y algún corzo que de vez en cuando cazaba con su ballesta Rodrigo conseguían algo de chicha en el puchero.

La Jara desde las minas de oro de Sierra Jaeña

Un buen día llegaron dos nuevas familias. Rodrigo miró las manos de los hombres y supo que eran gente de bien, gente que como él querían arrancar un poco de vida a esas tierras rojas. Su hermano Leonardo ya se había acercado a vivir con ellos y había levantado la choza junto a la suya en un par de días. La alquería iba creciendo y las mujeres tenían con quien hablar. Entre todos limpiaron una vieja fuente que habían abandonado los pastores y ya no tuvieron que ir más hasta el arroyo a por agua con la borrica. A veces Leonardo sacaba su rabel, el que había hecho con una raíz de fresno, una piel de cabra, y unas crines de caballo y tocaba alguno de esos romances que había aprendido de los serranos que pasaban por el cordel con sus ganados hacia Extremadura. En una ocasión cambiaron una piel de oso por un pellejo de vino y hasta bailaron siendo felices por unas horas.

Monummento a los repoblacores medievales en Alcaudete
Monummento a los repoblacores medievales en Alcaudete

Los días pasaban despacio, las mujeres habían cultivado algo de lino en las navas frescas de la sierra y lo tejían para vestir a los suyos. Un día Herminia le dijo a Rodrigo que ya estaba bien de dormir en la choza, que a ver cuando empezaba a hacerla la casita que había prometido años atrás. Rodrigo fue construyendo de barro y pizarra la ilusión de su mujer y todos los hombres de la alquería fueron un día al río para cortar el álamo más recto que hubiera para viga maestra de la humilde mansión. Primero la techarían con retamas y jaras pero, en cuanto la cosa estuviera un poco mejor, irían al tejar más cercano y Herminia podría tener un techo de verdad. Los cerdos y las gallinas andaban ya con su bullicio rodeando la alquería.

Un día pasaron por allí gentes del concejo de Talavera que les reprendieron por haber cortado unas encinas. Al poco tiempo recibieron órdenes de la villa para que los once vecinos de la aldea hicieran población y que la población se haga junto al arroyo de los Espinos, y que en medio de la población hagan una iglesia y dejen sitio para cementerio y junto a ella lugar para la plaza que sea buena y ancha, y que las casas que se hicieran en el dicho lugar salgan las bocas de ellas a la dicha iglesia y plaza. Y que las casas que cada vecino haga sean de ocho tapias en largo y en ancho, con su corral, quince tapias, y que las tales casas vayan por orden una junta a otra y dejen de anchura a las calles que pueda pasar una carreta y más.

Todo lo cumplieron Rodrigo y sus vecinos, pronto llegó el cura beneficiado del pueblo más cercano por orden de la parroquia madre del lugar en Talavera. Un buen día se reunieron los vecinos y se dieron cuenta de que no tenían patrón en el pueblo. Metieron cuatro o cinco nombres de santos en un sombrero y el que extrajo la mano de Rodrigo sería desde entonces festejado por los vecinos.

Había nacido un pueblo.

«RÍOS DE HISTORIA» EL TAJO MORO ( y 2)

«RÍOS DE HISTORIA» EL TAJO MORO ( y 2)

Torre medieval de Alcaudete, actual casa del cura
Torre medieval de Alcaudete, actual casa del cura

También se fortificaban los lugares estratégicos que dominaban los ríos y arroyos de nuestra comarca instalando torres, torrejones, torrecillas y atalayas distribuidas por toda la geografía comarcana. Es el caso de la torre de Alcaudete defendiendo el valle del Jébalo, de la de Navalmoralejo defendiendo la entrada del valle del arroyo Andilucha.

No vamos a entrar en una detallada descripción del recinto amurallado árabe, el que hoy conocemos como primer recinto amurallado y que tiene diferentes tipos de torres (semicirculares, cuadradas..) y puertas como el Arco de San Pedro, la de Mérida o la del Río) pero sí podemos señalar que la zona de la muralla que linda con el Tajo conserva restos en su parte occidental, junto a la Portiña, aunque los restos de las torres albarranas que se conservan en la zona de la calle de La Lechuga son ya de época cristiana. Sí se conserva un tramo de un lienzo que se sitúa junto al puente de Hierro que conserva la salida de una tarjea de probable origen romano. Entre el puente de hierro y el puente Viejo, sí que existía sin embargo una torre todavía visible en las fotosy en los grabados antiguos que se introduce en el cauce del río un poco al oeste del lagar de los jerónimos (museo Etnográfico) y que sostenía una rueda de  arcaduces que elevaba el agua del río a la ciudad en época musulmana y más tarde a una huerta del monasterio jerónimo. Se trata de la puerta de Nazar, muy similar a la que todavía se mantiene en pie en Córdoba bajo el nombre de la Albolafia, era un artificio movido por la propia corriente para elevar el agua muy similar a la que había también en Toledo en la zona de Safont y que aparecía en los cuadros del Greco y que también ha sido recientemente restaurada. Si seguimos el recorrido aguas arriba  nos encontramos el puente Viejo que aunque no conozcamos referencias históricas de época árabe, ya existía en época romana.

Torre musulmana del castillo del Cerro de San Vicente

Es posible que el azud que daba agua al molino que se situaba en el primer ojo del puente sirviera también para inundar la barbacana en caso de asedio por los cristianos y que también existieran tanto la presa que alimenta a los molinos de Arriba en Palomarejos, como la que lleva la corriente a los actuales molinos de Abajo. Lo mismo sucede con los molinos y batán de Cabañuelas, de los que tenemos referencias en documentos muy tempranos posteriores a la reconquista, por lo que igual que los anteriores existirían con toda probabilidad en época musulmana.

El la torre más occidental del alcázar talaverano podemos aún hoy ver el hueco donde se encastraba una placa de mármol en la que se conmemoraba el fortalecimiento de las murallas árabes de Talabayra por Abderramán III, aunque el pueblo había querido ver en aquella inscripción con escritura cúfica otro mensaje: «Cuando el Tajo llegue aquí, Talavera ¡ay! de tí» condicionado por el temor que desde hace siglos han tenido los talaveranos por las grandes crecidas del río. Esa placa de mármol fue llevada a la Real Academia de la historia por el propio ayuntamiento a petición del erudito decimonónico Luis Jiménez de la Llave privando de este importante elemento histórico y arqueológico a la ciudad, aunque hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional

2-Placa fundacional de la alcazaba árabe Talavera que conmemoraba su construcción por Abderramán III
2-Placa fundacional de la alcazaba árabe Talavera que conmemoraba su construcción por Abderramán III

Muy cerca de allí estaba la fuente que daba nombre a la actual Ronda del Cañillo, fuente que es también muy probable que condicionara la instalación aquí del alcázar árabe por facilitar el abastecimiento de agua potable y no en zonas más elevadas como por ejemplo la cuesta de San Clemente. Esa fuente se denominó durante algún tiempo fuente de Tetuán, no por ninguna causa de época musulmana sino por hechos de las guerras del norte de -Africa en el siglo XIX.

La llamada fuente de Tetuán, junto a la alcazaba, en la Ronda del Cañillo
La llamada fuente de Tetuán, junto a la alcazaba, en la Ronda del Cañillo

Otro hecho curioso para reseñarlo es el gran parecido que tiene el perfil ribereño de nuestra ciudad  con la propia Córdoba, capital del Califato, de la que Talavera fue siempre aliada con sus tropas bereberes contra la levantisca Toledo. En Córdoba incluso había una puerta de Talavera al norte de su casco antiguo que daba nombre a la salida de la ciudad hacia Talabayra, la ciudad que los propios árabes llamaban «la ciudad más al norte de Al-Andalus, en la frontera con los politeÍstas» es decir con los cristianos, que eran llamados así por los musulmanes por creer en la Trinidad y en los santos.

Motivos decorativos de cerámicas árabes talaveranas según trabajo de Alberto Moraleda
Motivos decorativos de cerámicas árabes talaveranas según trabajo de Alberto Moraleda

Ese perfil con el puente romano en los dos casos, los molinos varados en el río, la albolafia o la rueda de la torre de Nazar y los perfiles de la colegial y su catedral con el edificio de San Prudencio con gran parecido con las torres cordobesas de la catedral-mezquita.

El acceso principal se realizaba por una doble escalinata de piedra  mientras que un postigo, en la parte opuesta, daba acceso al río. Entre sus dinteles y sillares se hallaron numerosas lápidas sepulcrales romanas. La planta del alcázar es rectangular con unas dimensiones aproximadas de 86×64 metros. Las excavaciones realizadas a la puerta de la alcazaba demostraron la existencia de un habitat tardorromano anterior de cierta importancia.

RÍOS DE HISTORIA: EL TAJO MORO

ÍOS DE HISTORIA: EL TAJO MORO

Torre de Nazar, donde se situaba la rueda que subía agua a la ciudad
Torre de Nazar, donde se situaba la rueda que subía agua a la ciudad

La primera referencia al Tajo aparece en las crónicas árabes en un episodio que se produce al inicio de la invasión musulmana cuando se produce cerca de nuestro río el encuentro entre Muza, que ordena desde el norte de África la invasión de España y su lugarteniente Tarik, el jefe de sus tropas y esclavo liberado por el propio Muza. Ese encuentro aparece en algunas crónicas como sucedido en Talavera y en otros estudios aventuran la posibilidad de haberse producido el encuentro más bien en la zona de Albalat, asentamiento árabe cercano al puente de Almaraz, aguas abajo de Talavera.

En dicho encuentro que también aparece en relatos literarios como en las Crónicas Moriscas de Washington Irving: «tan pronto como Tarik supo que Muza se aproximaba a la ciudad, salió para encontrarlo en Talavera, acompañado muchos de sus más distinguidos compañeros de armas, llevando consigo una recua de caballos y mulas cargados con un gran botín, mediante el cual pensaba conciliar el favor de su jefe…Así pues, cuando Tarik estuvofrente a él, Muza lo observó durante unos instantes con severo e indignado semblante. ¿Por qué has desobedecido mis órdenes?…

Foto de Ruiz de Luna del río en los años 20 con la muralla árabe ribereña del Tajo
Foto de Ruiz de Luna del río en los años 20 con la muralla árabe ribereña del Tajo

He procedido de esa forma -le replicó Tarik- porque pensé que así serviría mejor la causa del islam y colmaría tus deseos. Cuanto he realizado ha sido en calidad de servidor tuyo. Contempla tu parte como comandante en jefe que eres del botín que he reunido

Así diciendo descubrió el inmenso tesoro en oro y plata y costosas blancas y piedras preciosas que traía. 

Cuentan algunos cronistas que Muza golpeó a Tarik con su látigo y lo destituyó, aunque luego hubo de restituirle en su puesto por orden de Damasco. Entre las riquezas que Tarik presentó a Muza cuentan otras leyendas que se encontraba la mítica mesa del rey Salomón la mayor joya conocida por sus metales y piedras preciosas que el general musulmán arrebató a los reyes godos de Toledo.

También los viajeros árabes nos dejaron descripciones de nuestra ciudad en la que aparecen algunos aspectos relacionados con los ríos y el agua. es el caso de la descripción que hace de Talabayra el geógrafo Al-Idrisi:

Lucerna o candil árabe de Talavera
Lucerna o candil árabe de Talavera

Talavera es una gran villa construida en la orilla del Tajo; el castillo está perfectamente fortificado y la villa es notable por su belleza, extensión y la variedad de sus producciones. Los bazares son dignos de verse y las casas están agradablemente dispuestas. Un gran número de molinos se elevan sobre las aguas del río. Capital de una provincia importante, Talavera está rodeada de campos fértiles. Sus barrios son hermosos y antiguos y se encuentran allí monumentos de remota antigüedad. Está situada a setenta millas de Toledo. La villa de Toledo, al oriente de Talavera, es una capital no menos importante.

Esos molinos de los que habla este cronista son los mismos sobre los que más tarde se asentarían los actuales. Se trata de aceñas, los grandes molinos de rueda vertical que iremos viendo a lo largo del río con sus característicos tajamares entre los que se sitúa la rueda que luego, mediante el cambio del movimiento vertical en horizontal mediante un engranaje conseguía mover las piedras. Todavía no se habían extendido los molinos de cubo en los pequeños ríos y las venerables aceñas centralizaban toda la molienda.

Rótulo de la calle del Baño de Talavera
Rótulo de la calle del Baño de Talavera

También se nos habla de los baños árabes de Talavera donde todavía nos queda una referencia en la calle del Baño. Estas y otras instalaciones balnearias eran las herederas de las romanas y la cultura musulmana les las desarrolló en todas sus ciudades, como es el caso de los baños cuyos restos permanecen todavía en pie en el arroyo de la Mora en la ciudad de Vascos.

Los árabes desarrollaron toda una cultura del agua de la que por ejemplo en el idioma castellano nos han quedado numerosas palabras que sería largo enumerar pero entre las que podemos poner como ejemplo la propia aceña, el azud o presa, acequia, albañal, aljibe, noria…

También podemos encontrar numerosos rastros del árabe en la toponimia de nuestros ríos y arroyos, como es el caso del Alberche, Guadyerbas, Guadalupejo, Gualija, Guadarranque, Albaladiel, Guadmora,palabras todas ellas de origen musulmán, aunque algunas como Guadhierbas ya son mixtas pues contiene elementos árabes -guad y castellano -hierba como el de algunas huertas y parajes de nuestra vega como Aldahui, Alijar, Aflejes, Alcoba, Alija, Allozar, Mencachón (Ben-Cachón), Allozar, Almofrague, Baharil.O pueblos como Alcaudete, «Nava-Almorcuende», Alía, Azután,Garvín, Alcolea, Mohedas o Marrupe, que para algunos significa «masar-ar-rubait» o «molino de la pequeña rápita», otro topónimo acuático etc.

Tinaja con insrcripción en árabe hallada en la puerta de la muralla musulmana del Arco de San Pedro. Según dibujo del siglo XVIII

Muchas de esas palabras también están condicionadas por la fuerte presencia de la población mozárabe en la zona, cuya prueba más importante es que después de la reconquista a esa población se le permitió en Talavera seguir rigiéndose por el Fuero Juzgo, la antigua normativa de esos cristianos arabizados culturalmente que vivían en territorio musulmán.
Otro de los elementos de la herencia musulmana están relacionados con las murallas de una ciudad como Talavera, capital, como dice Al Idrisi, de una provincia importante, un «iqulim» o comarca que era independiente de Toledo y tenía su propio gobernador y su juez o cadí cuya población dependía de Talabayra, ciudad con una gran importancia estratégica pero que se hallaba en un llano, junto a un río y que por tanto el mismo debía formar parte de su sistema defensivo, además de las murallas que los árabes hicieron mayores y más fuertes.

Es conocido que para hacer más difícil el asalto a la ciudad en el recinto amurallado ribereño se dispuso que un azud desviara el agua del río para inundar la barbacana bajo las murallas y que así se defendiera mejor la ciudad. El problema es que con toda probabilidad ya existía entonces la presa de los molinos de Abajo reteniendo el agua para mover las aceñas y que cuando en cierta ocasión se asediaba la ciudad, bastó con romper esa presa para que bajara el nivel de las aguas y así poder asaltar Talavera con mayor facilidad.

CUANDO LA LUZ LLEGÓ A TALAVERA

CUANDO LA LUZ LLEGÓ A TALAVERA

Central eléctrica situada sobre los antiguos molinos del puente. Se ven los precarios postes con palomillas de las primitivas conducciones eléctricas
Central eléctrica situada sobre los antiguos molinos del puente. Se ven los precarios postes con palomillas de las primitivas conducciones eléctricas

Las presas o azudas que, al menos desde tiempos árabes, servían para mover las piedras de molino que molturaban los cereales de la fértil vega talaverana, constituían una base inmejorable para aprovechar la energía hidráulica del Tajo en la producción de energía eléctrica. Por eso no es extraño que solamente seis años después de que Thomas Alba Edison iluminase con lámparas de incandescencia el Mento Park de Nueva York, se alumbrara por primera vez con luz eléctrica la Plaza de la Constitución, hoy del Reloj, de Talavera.

Antiguo rótulo de Hidroeléctrica en la central de los molinos de Arriba

Según nos cuenta Julián Quiroga, trabajador del sector eléctrico talaverano e investigador del mismo, el 18 de Noviembre de 1886 se trató en el ayuntamiento talaverano, regido a la sazón por don Justiniano Luengo, de la concesión del servicio de alumbrado público a los hermanos Miguel y Vicente Fernández Santamaría. La fuerza motriz se tomaría de los molinos del puente Viejo y se conduciría por las calles de Puerta del Río, San Bernardo, plazas de San Pedro y Villatoya y Arco de San Pedro, para instalar en la plaza del Reloj una lámpara de cinco bujías que iluminaría la misma desde la puesta del sol hasta la una de la madrugada. En 1891 la misma empresa extiende la red eléctrica a otras calles talaveranas mediante corriente alterna y transformadores que permitían una corriente de 110 voltios.

Detalle del edificio de la central eléctrica del Puente
Detalle del edificio de la central eléctrica del Puente

Se trata de una de las primeras instalaciones de España junto a la de Gerona,propiedad de la misma empresa y considerada como una instalación ejemplar en Europa. En lo que sí parece que Talavera fue pionera, pues no se conoce otra instalación anterior, es en el transporte de corriente alterna de alta tensión, con un recorrido de unos 800 metros desde los molinos del Puente hasta la plaza. Todavía se conservan perdidas por el casco urbano palomillas con aisladores de porcelana de aquella primitiva instalación, y en fotos antiguas del puente se pueden observar los postes de madera que servían para llevar el fluido eléctrico.

Molinos de Abajo con la central eléctrica a la izquierda a principios del siglo XX
Molinos de Abajo con la central eléctrica a la izquierda a principios del siglo XX

En los molinos de Abajo había en 1895 una instalación molturadora más compleja, una fábrica de harinas movida por una turbina a cuyo eje se adaptó un generador de corriente, siendo así la segunda instalación desde la que se produciría electricidad para nuestra ciudad. En 1903 se constituye sobre la base de esta instalación de los molinos de Abajo, una sociedad llamada Hidroeléctrica Avial, perteneciente a don Alejandro Avial y su esposa V ictoriana Palavicino. Esta empresa es vendida en 1928 a Félix Moro, los hermanos Carrión y Francisco Gómez París, constituyéndose otra sociedad llamada Central Eléctrica La Milagrosa.

Tendidos eléctricos desde la central del puente al casco urbano en una foto de la compañia telefónica en los años 30

Mientras, la empresa de los hermanos Fernández Santamaría que explotaba la central de los molinos del Puente vendió en 1919 la explotación a Hidroeléctrica Renilla, sociedad que ya había aprovechado para producir electricidad unos molinos de Cebolla y que luego se extendería por la sierra de San Vicente y Gredos. Esta misma empresa instaló en 1929 una central térmica de reserva en la isla de los Molinos para aumentar la energía disponible y en 1934 mejoró sus turbinas y pasó a denominarse “Central Virgen del Pilar”.

Compuertas de la central eléctrica de Gavilanes, el rebosadero de la derecha forma una impresionante chorrera que se desploma por la ladera de Gredos
Compuertas de la central eléctrica de Gavilanes, el rebosadero de la derecha forma una impresionante chorrera que se desploma por la ladera de Gredos

En 1935 construye el mayor salto de España de la época con 425 metros en el pueblo serrano de Gavilanes para dar luz a Talavera con una línea de 33 kilómetros de recorrido. Se denomina Hidroeléctrica Santa Teresa y Se finaliza en 1956. En 1958 se amplían las instalaciones de la Milagrosa pero en 1960 la gran empresa Hidroeléctrica Española, entre otras, van adquiriendo las pequeñas centrales consolidando uno de los monopolios típicos del franquismo. Ta m b i é n adquiere las instalaciones de Renilla, desapareciendo estas pequeñas empresas pioneras del abastecimiento eléctrico en nuestra tierra y en España.

Aquellos viejos molinos árabes que llamaron la atención de los viajeros medievales y que fueron la primera industria talaverana sirvieron también para traer la primera tecnología de la revolución industrial a nuestra ciudad.

EL MOTÍN DE LAS 300 TALAVERANAS

EL MOTÍN DE LAS 300 TALAVERANAS

(MAYO 1898)

Tipos talaveranos y gentes de la comarca en la época en que se producen los acontecimientos
Foto de la calle San francisco con tipos talaveranos y gentes de la comarca poco después de la época en que se producen los acontecimientos

Clementa se despertó al oír el cubo de una vecina chocar contra el fondo del pozo del  patio. Ella y su  familia ocupaban un par de habitaciones relimpias de un antiguo palacio convertido en casa de vecinos. Su marido se había levantado todavía de noche para ir a coger furtivamente en el Cerro Negro un haz de leña de retama para luego vendérselo a los alfareros.

Sentada junto al viejo baúl, único ajuar que pudo dejarle su madre, se miraba las uñas desgastadas y las manos enrojecidas de tanto lavar la ropa de otros en La Portiña para poder llevar el pan a sus cuatro hijos que todavía dormían bajo las mantas y los ropones archirremendados. Barrió la casa y fregó los cuatro cacharros acordándose de su madre cuando le repetía mil veces que la limpieza es la dignidad del pobre. Dejó a los muchachos encima de la mesa el último pedazo de pan que quedaba en su casa. Hoy podía darles además el tazón de leche que le había traído su hermana, la casada con un arriero,  que siempre andaba algo más desahogada.

Se peinó ante el pedazo de espejo pegado en la pared y salió a buscar a las otras mujeres de su barrio que el día anterior habían quedado en acudir juntas al ayuntamiento. Ya no podían más, apenas había jornales para sus maridos y los dos mayoristas andaban especulando con el trigo, pues en Madrid había mucha demanda y quien lo quisiera en Talavera debía pagar un precio imposible para las economías más débiles.

vidaobrerarEn silencio fueron confluyendo delante de las casas consistoriales modestas mujeres talaveranas que pidieron a uno de los empleados municipales hablar con el alcalde sobre la carestía del pan y la falta de trabajo. Solamente recibieron buenas palabras, esas buenas palabras que eran la sintonía de su vida, la música que siempre se habían visto obligadas a escuchar. Prometió el edil muy serio, una vez más, que intentaría paliar la situación en la medida de las posibilidades del municipio que eran bien pocas, pues en un alarde de patriotismo absurdo se habían destinado los últimos fondos para ayudar a las tropas españolas en una guerra perdida de antemano en Cuba.

Las buenas palabras son alimento poco nutritivo y las mujeres se dirigieron a la calle de la Concha donde se estaba cargando un carro de trigo frente a uno de los almacenes de los acaparadores Iglesias y Casajuana. Los sacos fueron derramados por el suelo, se había roto la paciencia secular de las humildes, de las que no tenían nada que perder y, al pasar por la lujosa casona de los especuladores, una lluvia de piedras hizo añicos los cristales. Furiosas, decidieron ir a la estación de ferrocarril para impedir que el trigo que ellas mismas y sus maridos habían segado de sol a sol con un gazpacho por alimento se marchara a Madrid.

Portada del asilo de San Prudencio en el que durante la revuelta se produjo el saqueo de los bienes de los jesuitas, alojados entonces en sus dependencias
Portada del asilo de San Prudencio en el que durante la revuelta se produjo el saqueo de los bienes de los jesuitas, alojados entonces en sus dependencias

La rabia se iba alimentando a sí misma y se oyó el primer grito de ¡Mueran los jesuitas! El muelle del reloj de los mansos de corazón había saltado, muchas mujeres fueron sumándose a la comitiva mientras se dirigían al convento. Al llegar al cruce de la calle del Toro Encohetado se dieron de bruces con el alcalde, el capitán de la Guardia Civil y otros concejales que intentaron detener a las amotinadas ya decididas a todo. Ellas odiaban lo que esos señores representaban, pero eran vecinos suyos y no supieron hacerles daño. Mas la presa ya se había roto y la avalancha no podía detenerse. Golpeaban y arañaban las puertas, las puertas del convento que durante siglos ocuparon los jerónimos, dueños de las mejores y más abundantes tierras de la comarca, dueños de molinos y lagares, dueños de casi todo lo que no estuvo en manos de los nobles. Una de las puertas saltó hecha astillas y el río humano penetró en celdas, cocinas, despensas, sacristías y refectorios. Crucifijos, imágenes, libros sagrados y casullas eran lanzados por las ventanas junto a los muy píos chorizos y jamones, el trigo y las viandas, los muebles y las puertas, todo se amontonaba en el suelo, sobre los albañales, todo comenzó a arder en hogueras que iluminaban las calles de Alonso de Herrera y Río Tajo.

Las autoridades tocaron a somatén y entre guardias, alguaciles y voluntarios, se formó una fuerza que acudió a despejar el lugar cuando ya sólo había cenizas. Las amotinadas precedidas por una bandera de color indeterminado, el trapo de los sin pan, se dirigieron al almacén de los acaparadores de trigo.

Por las ventanas lanzaban las amotinadas muebles y alimentos de los jesuitas.
Por las ventanas lanzaban las amotinadas muebles y alimentos de los jesuitas.

Setenta vecinos armados y diez guardias civiles patrullaron de noche la ciudad, los detenidos fueron hacinados como bestias en las celdas y el ayuntamiento decidió vender al día siguiente tres mil quinientos panes a veinticinco céntimos. Algunas mujeres atemorizadas intentaban acercarse pero las más bravas se lo impedían gritando ¡No queremos pan!.

Querían otra cosa, querían dignidad, querían trabajo, querían un mundo nuevo aunque no sabían bien cómo conseguirlo. Se lanzaron sobre los puestos y, sin poder detenerlas treinta guardias que formaban en la plaza, derribaron los mostradores y pisotearon los panes. Se dirigieron a casa de Sánchez, otro mayorista que huyó saltando tapias mientras las talaveranas arrasaban su casa y sus almacenes de trigo, haciendo lo mismo con los de Iglesias y Casajuana, al grito de ¡Mueran los acaparadores! ¡Mueran los ricos!.

Había que liberar a sus compañeros presos y fueron al ayuntamiento para exigir su libertad. Les fue concedida por las asustadas autoridades que querían ganar tiempo hasta que llegaran refuerzos. Más de ciento cincuenta personas armadas habían sido hasta ahora incapaces de detener la pequeña revolución castellana. Los bienpensantes no salían de su asombro. Más de trescientas mujeres de un viejo pueblo de la meseta se habían levantado e incluso entraban en sus casas y comercios exigiendo las deudas que con ellas tenían contraídas los de su clase desde hacía siglos. Eran las tres de la tarde cuando desembarcó en la estación un destacamento de caballería de la guardia civil al mando del teniente Leardy. Recorrieron las calles al galope con los sables desenvainados entre el griterío de las mujeres.

Clementa cayó sobre el suelo empedrado empujada por un caballo y supo que las cosas volvían a estar en su sitio, en el mismo sitio cabrón donde siempre habían estado.

ROMANCE Y LEYENDA DEL CABALLERO CORNUDO

LEYENDA DEL CABALLERO CORNUDO

Estos ripios son el texto del Romance del Caballero Cornudo que sirvió como guión del primer romance de ciego editado por la Asociación de Vecinos de San Jerónimo. Se basa en una leyenda medieval que, aunque tiene varias versiones, parece que tuvo algo de verdad.

La alcazaba de Talavera en el siglo XVI. En ella se desarrollan parte de los hechos.
La alcazaba de Talavera en el siglo XVI. En ella se desarrollan parte de los hechos.

Hace ya casi mil años

esta historia comenzó.

En Ávila la bien cercada

un caballero vivió

que se llamaba Nalvillos

bravo guerrero se armó

luchaba contra los moros

multitud de ellos mató

Su mujer era muy bella,

verán lo que la ocurrió:

El día de San Lorenzo

cuando iba de procesión

el moro de Talavera

prisionera la cogió,

la trajo para esta villa

En su alcázar la encerró

Pasó gran dolor esos días

y Nalvillos decidió

ir a salvar a su hembra,

a sus caballeros llamó

con cincuenta de ellos vino,

en la atalaya paró,

ocultar a los caballos

y esconderse les mandó

Atalaya de Segurilla, donde quedaron enmascarados los hombres de Nalvillos
Atalaya de Segurilla, donde quedaron enmascarados los hombres de Nalvillos

Si oyerais mi bocina

acudid en mi favor

Se viste de campesino

y a Talavera marchó

cortando un poco de hierba

venderla bien simuló

pasando así la muralla

y al alcázar se llegó

Su mujer por la ventana

muy pronto le divisó

y le hizo subir luego

al palacio con temor

podría llegar pronto el moro

y causarle gran dolor

¡Ay¡ ya gritan en la guardia

que llega el gobernador

La mujer del gran Nalvillos

le manda muy azorada

que se esconda en un baúl.

Entra el moro y la casada

en el lecho con él yace,

él la goza  muy turbada

pues Nalvillos les escucha

mientras ella  es bien amada

por ese perro traidor

Después de la cabalgada

ella queda muy ardiente

muy vencida y entregada

y en voz baja va y le dice

Mohamed toma tu espada

pues yo te voy a entregar

al que antes de la alborada

seguro vas a matar,

Que se trata de Nalvillos

Tu enemigo más mortal

Si me cubres de riquezas

yo te lo he de entregar

que se esconde en ese cofre

pues me vino a rescatar

Si es cierto, responde el moro,

yo te habré de regalar

y la mitad del tesoro

El jeque llama a la guardia, preso Nalvillos ya está
El jeque llama a la guardia, preso Nalvillos ya está

de Talabira tendrás

El jeque llama a la guardia

Preso Nalvillos ya está

y al jeque que le pregunta

cómo cree que morirá

Nalvillos bien le responde

lo que ahora escucharás:

Si en su misma tesitura

él se hubiera de encontrar

que en la montaña más alta

y cercana a la ciudad

él le habría de matar

quemándole muy bien luego

en una hoguera infernal

Tienes razón dice el moro

y así lo haré sin tardar

vayamos a la atalaya

y acabemos esto ya

Tocando las chirimías

Suben los moros gozosos

Pero al llegar a la cumbre

Ya no están tan jubilosos

Nalvillos tocó la bocina

y los cristianos  furiosos

salieron de su escondite

Y a los moros temerosos

hicieron gran mortandad

yendo luego victoriosos

A conquistar Talabira

Mil tesoros muy hermosos

como botín se llevaron

y al árabe presuntuoso

junto a su amante traidora

el Nalvillos muy celoso

vivos los mandó quemar

Vosotros que esto escucháis,

aprended bien la lección:

Cuernos a nadie perdonan

Ni al noble ni al pobretón

y sólo entran por las puertas

de lado, de frente no

pues se lo impiden las astas,

este cuento se acabó.

Miguel Méndez-Cabeza Fuentes

LAS HUERTAS DE TALAVERA EN LA HISTORIA (y 2)

LAS HUERTAS DE TALAVERA EN LA HISTORIA (y 2)

Tractorista representado en un panel de azulejos de El Carmen
Tractorista representado en un panel de azulejos de El Carmen

Pero también en este siglo de esplendor para nuestra ciudad debemos hablar del primer tratado español de agricultura  escrito por nuestro paisano Gabriel Alonso de Herrera , uno de los pioneros europeos de las ciencias agropecuarias. En su “Obra de Agricultura” dedica, el que fue clérigo de la iglesia de San Miguel, varios capítulos a las huertas y árboles frutales en una deliciosa lectura que se basa en sus experiencias en los campos talaveranos y que por tanto dará al lector cumplida idea de cómo era el trabajo de la tierra en nuestro entorno durante aquellos años de florecimiento para Talavera.

En el siglo XVIII, el Catastro de Ensenada nos ofrece datos sobre la tradicional bondad de la “ huerta de riegos y cercados para verde que son de buena calidad y mediana”. Comienza en este siglo a aumentar  en el paisaje de huertas y cercados , un cultivo que , aunque antiguo en la zona, se dispersa en abundancia por toda la comarca. Se trata de la morera que por decenas de miles se plantan  aprovechando sobre todo las lindes de las propiedades, abasteciendo así a los criadores de gusano que lo suministraban a la Real Fábrica de Sedas.

Tratado de Agricultura de gabriel Alonso de Herrera en su versión italiana
Tratado de Agricultura de gabriel Alonso de Herrera en su versión italiana

Ya en el siglo XIX Ildefonso Fernández dice que son famosas” las hortalizas, los espárragos, lentejas, judías, patatas, plantas medicinales de varias clases, y entre las frutas los albaricoques, las peras, los higos, las uvas, los membrillos, melones, sandías, ciruelas…” productos que como se puede observar coinciden con los de épocas anteriores.

Tanto en Talavera como en sus alrededores, la nobleza contaba con huertas que podríamos considerar “de recreo”;  es el caso de la de los marqueses de Velada que, junto a su palacio, poseían una huerta y un jardín” con naranjas, y cidros, limones y zamboos y otros árboles y flores de mucha fruta con sus fuentes abundantes de agua que viene encañada por caños como a un tiro de ballesta del dicho jardín y delante de su palacio un estanque en el cual hay peces, tencas y carpas…”

Un viejo proyecto de hacer regables las vegas talaveranas se consolidó en la postguerra con la construcción del canal Bajo del Alberche que desde el embalse de Cazalegas llevaría el agua por una red de acequias. Se construyó con  el trabajo forzado de los presos republicanos que cumplían condena en la Penitenciería de Santa Apolonia.  Estos canales cambiarían la fisonomía de las antiguas huertas y traerían nuevos cultivos como el algodón y el tabaco, los secaderos de tabaco se repartirían por toda la vega formando parte del paisaje hasta hace  bien poco.

Todas las huertas de la vega talaverana se componían de elementos similares, daba acceso a la finca el paseo si estaba bordeado por setos, o bien el emparrado si el acceso era cubierto; al final se encontraban las dependencias en las que habitaban los hortelanos y, en el caso de las grandes huertas, había un edificio residencial para la familia de los propietarios.

La noria, movida por un burro o una mula, hacía surtir el chorro de agua, aunque más adelante se comenzaron a utilizar los motores, las “bombas” , tanta sensación debió causar a nuestros paisanos alguno de estos primeros artificios que todavía hoy se conoce con nombre propio La Huerta de la Bomba . De la noria caía el agua a uno o varios pilones en los que bebían los animales y desde allí se dirigía  a la alberca donde se almacenaba. Desde la alberca salía el agua por la reguera maestra a inundar las tablas de los diferentes cultivos por otras regueras secundarias.

Las tablas de mayor extensión eran ocupadas por  el maíz, destinado principalmente a la alimentación del ganado de la huerta, y las tablas de patatas que eran más tarde vendidas con los tomates, pepinos, pimientos , melones etc… que se llevaban al mercado talaverano; a los mayoristas de la ciudad y en ocasiones a los asentadores de Madrid.

Tabla de los años 50 que representa el aumento de producción hortícola con los regadíos del canal bajo del Alberche
Tabla de los años 50 que representa el aumento de producción hortícola con los regadíos del canal bajo del Alberche

Otros edificios albergaban las cuadras con algunas vacas, la mula y el macho. No faltaban las guarreras para los cerdos de la matanza familiar, y a veces otra dependencia hacía de pajar o granero, aunque se solía utilizar más para esta función la troje o doblao que, en ocasiones, tenía una trampilla de acceso directo a las cuadras.

A veces , además de la vivienda de los hortelanos, había otra más residencial para los dueños de la finca, también se construía  un cenador en el que se pasaban las veladas al fresco utilizando la alberca como piscina donde refrescarse. El cenador no era necesario si unos buenos nogales, las higueras o incluso algún pino piñonero daban suficiente sombra para conseguir ese rincón ameno de descanso que no faltaba en ninguna huerta.

Además de las vacas y las caballerías siempre pululaban por la huerta los perros, las gallinas, y los gallos que se guardaban para las Navidades y otras fiestas. Entre esas pequeñas celebraciones familiares de la huerta estaba la de la siembra de la patata, en ella los componentes de toda la familia y a veces los vecinos, ayudaban en la faena de cortar las patatas en fragmentos para la siembra. Casi todas las huertas tenían alguna parcela sembrada de trigo o de cebada para los animales y trillarlo en la parva suponía otro motivo de júbilo sobre todo para la chiquillería. También se reunía la familia para espanizar, que no es otra cosa que quitarle la cubierta a las panochas de maíz para después enristrarlas y colgarlas. La matanza era la fiesta doméstica invernal por antonomasia donde se realizaba esta labor con el ritual acostumbrado.

Acabamos, no sin cierta tristeza, al recordar aquellas huertas que los talaveranos utilizaban como merenderos como La Bombilla o Miralrío, de una frescura y una amenidad que nos recuerdan los versos de los musulmanes cantando a sus huertas, como éste que Ben Sara escribió en el siglo XII:

¡ Qué bella la alberca rebosante! Parece una pupila cuyas espesas pestañas son las flores.

Nuestra huertas son directas herederas de aquellas que los árabes disfrutaron en la hermosa Talabayra cantada por sus viajeros. Esa gran ciudad recibida de los godos que, al observar  la abundancia de sus aguas, bautizaron  con el nombre de AQUIS.

LAS HUERTAS DE TALAVERA EN LA HISTORIA (1)

LAS HUERTAS DE TALAVERA EN LA HISTORIA

Foto de una huerta talaverana de Ruiz de Luna
Foto de una huerta talaverana de Ruiz de Luna

Aunque los habitantes de Talavera y su entorno siempre explotaron las buenas tierras de la vega del Tajo mediante el cultivo de huertas, el paisaje actual, determinado por los regadíos del Canal Bajo del Alberche, puede hacernos concebir una imagen un tanto distorsionada del aspecto agrario de la ciudad en el transcurso de la historia. En realidad, lo que siempre predominó en los campos talaveranos fue el olivar, acompañado de viñedo y campos cerealistas de buena calidad.

Pero sin embargo, siempre hubo intentos para desarrollar el potencial de los buenos suelos de la vega talaverana y la abundancia de aguas que propios y extraños percibían como recursos desaprovechados. Entre los forasteros que anotan esta impresión a su paso por la ciudad está Antonio Ponz que dice: “ Más abajo del puente, como a dos o tres tiros de fusil, entra el Alberche en el Tajo. El territorio hasta Talavera es de más de una legua; y siendo vega muy llana, se podría regar parte de ella con las aguas del Alberche, que me parecen bien someras. Esto, me dijeron, se ha pensado varias veces pero no se ha hecho…Logra esta villa, que es de las principales del Arzobispado de Toledo, situación tan ventajosa como ninguna otra ciudad de cuantas yo he visto”. Y entre los paisanos que lamentan la falta de aprovechamiento de nuestro feraz territorio citaremos al Padre Juan de Mariana, que llega a reprender a sus convecinos por la indolencia y falta de iniciativa para enriquecer los cultivos de la hermosa tierra que les había sido dada.

Foto de huerta talaverana a principios del siglo XX
Foto de huerta talaverana a principios del siglo XX

De todas formas, las explotaciones de regadío, aunque no todo lo ambiciosas que debieran, han sido una constante en el curso de la historia de Talavera. Existen en toda la comarca numerosos asentamientos tardorromanos situados junto a corrientes poco abundantes pero de caudal constante que, por su localización y aprovechamiento hortícola posterior, nos sugieren la existencia de huertos mediante la fácil canalización de estos arroyuelos. Es el caso de yacimientos como los de Riolobos en Mejorada, arroyo del Valle en Los Navalmorales, cabecera del Cedena, Tamujoso y otros. También las ricas villae   romanas situadas en la misma vega del Tajo aprovecharon en mayor o menor medida las aguas del río para los cultivos y el recreo de sus dueños.

Dibujo alegórico de Ruiz de Luna sobre los regadíos y huertas del Alberche
Dibujo alegórico de Ruiz de Luna sobre los regadíos y huertas del Alberche

Los árabes nos traen su cultura hidráulica y Talavera es una ciudad típicamente musulmana, con un núcleo urbano muy poblado y un gran alfoz en su entorno en el que se aprovechan dispersas explotaciones agrícolas, muchas de ellas en huertas. Cualquier talaverano que halla viajado a Córdoba, capital del califato habrá sentido esa sensación de familiaridad con su paisaje urbano, una estructura general  muy parecida a la de Talavera. El mismo Ponz nos dice, también  en su “Viaje de España”, a su paso por nuestra ciudad: “ Está fundada en medio de la referida vega, baña el Tajo sus murallas por el lado del Mediodía, y en la situación es muy parecida a la ciudad de Córdoba.”, y es que, en efecto, con su río, islas, puente, muralla y templos forma Talavera un conjunto muy similar a la que fue su capital en época musulmana y a la que sirvió con las armas contra Toledo en numerosas ocasiones. Pero hay otro elemento hoy desaparecido que aumentaba todavía más esa semejanza, me refiero a la albolafia de Córdoba, una rueda de cangilones que como otra similar  en Talavera se sumergía en el río y subía el agua a la villa para abastecerla primero y para regar la huerta de los jerónimos más tarde. Esa rueda o noria se situaba en una torre de la muralla que se adentraba en el río frente al lagar y que puede observarse en una de las fotografías de época que nos dejó Ruiz de Luna. También existió una almunia, huerta en árabe, situada en la zona de la Puerta de Cuartos.

Tras la reconquista, los cristianos encuentran esas explotaciones árabes que siguen trabajando agricultores moriscos. La reina doña María de Portugal, que dio apellido a la ciudad, recibió como dote junto con la misma villa la llamada Huerta o Almunia  de la Reina, situada en las inmediaciones de lo que hoy se conoce como finca de Cabañuelas, cerca de Talaverilla .También se conservan allí los restos de unos molinos que fueron asimismo de propiedad real. Conocemos además  referencias medievales a la  Huerta del Rey y , concretamente en el año1192, a otras explotaciones en la colación de San Antolín, iglesia situada al oeste de Talavera y todavía no exactamente localizada,,y es curioso constatar que los dueños de estas huertas tienen apellidos mozárabes en su mayoría, Lope ben Farach, Vicente ben Yahya o Miguel ben Amor

En las actas medievales del ayuntamiento se nombran los lugares concretos donde deben situarse los puestos de frutas y hortalizas, generalmente en la zona de la muralla que daba a la Corredera y en la misma ubicación en que hasta hace poco se han mantenido los tenderetes  veraniegos de sandías y melones.

En esas mismas actas figuran también los numerosos conflictos entre los agricultores que desviaban los cauces de los arroyos de la comarca con los hortelanos de aguas abajo; otras veces el choque se producía entre ellos y los molineros o los cultivadores de lino que en sus aterrazamientos  precisaban de la inundación de los linares. Esas mismas referencias medievales nos hablan de la producción de higos, duraznos, peras, granadas y çirmenos que eran protegidos por bardales,es decir, por vallados vegetales.

Los viajeros del siglo XVI como Munzer o Jouvin cantan las excelencias de las hortalizas talaveranas y la frescura y feracidad de sus huertas. En las Relaciones de Felipe II se dice: “ junto a esta villa hay muchas y muy buenas huertas de hortalizas y frutales de duraznos y ciruelas y perales y granadí y higueras y otras frutas”. Como testimonio gráfico de este siglo contamos con el dibujo que de la ciudad hace Van der Wingaerde, en él se percibe el verdor de la huerta del convento de las benitas; otros huertos monacales fueron el de La Trinidad, el de los carmelitas que estuvo en la zona del antiguo cine Calderón, el de San Agustín, el huerto de los jerónimos y el de Santo Domingo que todavía hoy se conserva.

La torre de Nazarque entra en el río y en la que se situó la rueda de cangilones con la que se regaba la huerta de los jerónimos.

PIONEROS MEDIEVALES EN LA JARA, COMO EL OESTE PERO SIN INDIOS

PIONEROS EN LA JARA

Dibujo medieval en el que se representa un colemero como aquellos que repoblaron La Jara
Dibujo medieval en el que se representa un colemero como aquellos que repoblaron La Jara

Ahora nos vamos a la Edad Media para conocer cómo vivían  los primeros habitantes de las entonces despobladas Tierras de Talavera, gentes que con su dura forma de vida en nada tienen que envidiar a la épica que nos venden los americanos con sus pioneros de las películas del oeste.

A partir de 1212, una vez aseguradas las fronteras en el Guadiana con la batalla de Las Navas de Tolosa, era necesario repoblar las grandes extensiones de montes y dehesas que los reyes habían cedido al concejo talaverano al sur de la villa.

Como todavía había razzias e incursiones de los almohades, almorávides y benimerines, quemando cosechas, violando, asesinando y tomando cautivos, las primeras gentes que se atrevían a poblar La Jara eran sobre todo colmeneros, ganaderos y cazadores. A finales del siglo XIII había unas cuatrocientas posadas de colmenas en las tierras de Talavera que debían mantener una distancia determinada entre ellas.

Tropas musulmanas medievales como las que razziaban La Jara
Tropas musulmanas medievales como las que razziaban La Jara

Estos primeros pioneros apicultores construían al principio una pequeña choza en la que resguardarse y la posada, que es como se llamaba al lugar donde se colocaban las colmenas de corcho rodeadas de un muro de piedra de mayor altura que las cercas ganaderas normales, para proteger así la miel de los osos que entonces poblaban La Jara con abundancia. Ademas solían tener mastines y otros perros de gran tamaño como los ganaderos, para así protegerse de los lobos, también abundantes entonces.

Pero no era este el único peligro al que estaban expuestos, pues si las razzias árabes llegaban hasta sus pobres asentamientos, rápidamente debían refugiarse en lugar seguro, y es por eso que algunos historiadores consideran que el topónimo que aparece en algunas de las elevaciones de las sierras jareñas como “Las Moradas” o “Las Morás ” hace alusión a los pequeños refugios o covachas más o menos enmascarados en el terreno o en las cercas y murallas que las circundan y que serían precarios e s c o n d i t e s utilizados por los atemorizados pobladores para protegerse de las incursiones árabes. Son esos mismos refugios de las cumbres a los cuales alude espiritualmente Santa Teresa cuando habla de “las moradas” como lugar de retiro místico.

Muralla de la sierra de La Estrella. ¿Castro o "moradas" medievales?
Muralla de la sierra de La Estrella. ¿Castro o «moradas» medievales?

Por si fuera poca la inseguridad causada por las incursiones musulmanas, los soldados de fortuna que habían quedado sin oficio después de las campañas de los ejércitos cristianos, acostumbrados al saqueo y al botín de guerra, se echaban al monte formando grupos de bandidos. Como aquellos primeros grupos de gente armada conocidos como los golfines, precursores de un fenómeno tan español como es el bandolerismo. Para proteger a esos pioneros colmeneros de estos forajidos nació la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera de la que hablaremos más extensamente.

Al ir aumentando la seguridad de aquellos desiertos, los colmeneros fueron acompañados poco a poco de los pastores y vaqueros que con sus ganados tenían igualmente una mayor movilidad ante posibles peligros, aunque también eran acosados por los lobos y los osos.

Poco a poco se fueron quemando y rozando las tierras para poder iniciar los cultivos de cereales, y se fueron aprovechando las parcelas desbrozadas que podían ser regadas en las riberas de los arroyos para plantar así huertos de subsistencia.

Los cazadores y loseros, unos tramperos que utilizaban curiosos artificios hechos con losas de piedra para cazar pequeñas piezas, se fueron también repartiendo por los montes con su vida montaraz.

La "Torrecilla" musulmana de Villar del Pedroso con su entrada de arco de herradura
La «Torrecilla» musulmana de Villar del Pedroso con su entrada de arco de herradura

Poco a poco se fueron formando en todo el territorio pequeñas aldeas que también dependían a su vez de una determinada parroquia o colación de Talavera, pero que luego comenzaron a organizarse por sí mismas en el territorio. En ocasiones estas poblaciones se asentaban en torno a pequeñas torres de vigilancia o defensa que en algunos casos ya existirían en época árabe. Entre ellas podemos señalar la torre de Alcaudete, la de Torrecilla de la Jara, la torrecilla de Villar del Pedroso o el castillo de Santisteban en San Martín de Pusa, además de otras muchas torres, castrejones y castillejos repartidos por todas la comarca.

VIOLACIÓN EN LA PORTIÑA (y 2)

VIOLACIÓN EN LA PORTIÑA (y 2)

Puerta de Zamora y a la izquierda las columnas de la portada de la Santa Hermandad
Puerta de Zamora y a la izquierda las columnas de la portada de la Santa Hermandad

Después de haber sido violada en el Valle de las Doncellas, y disimulando el verdadero alcance de la agresión de que había sido objeto ante los testigos cercanos que habían oído sus voces, Tomasa Rodrigo llega a Segurilla, su pueblo.

Ya en su casa la moza ultrajada cuenta la verdad.Su padre Juan «Elías», mancillada su honra y arrebatado el rostro de ira y dolor, baja corriendo los cerros de Segurilla hacia la Portiña, acortando por el monte, saltando entre los chaparros. Trata de averiguar disimuladamente quien es el autor de la vejación, guiado por las señas de las que la azorada muchacha le ha dado cuenta:

– Era de estatura baja, moreno, pecoso de viruelas, ni demasiado delgado ni grueso, llevaba una montera de paño pardo como de la hechura de los que usan los de Gamonal y Velada, coleto, mangas de paño pardo, de los calzones no puedo dar razón y si que tenía botillas de paño pardo y calcetas, con costal al hombro. Parecía ganadero –Pudo contar aún temblorosa.

Coinciden estas señas con las de un zagal y un mayoral(1) cuidadores de cerdos que por aquellos lugares ejercían su custodia. Hacia ellos encamina su pesquisa. El primero es Sebastian Colilla, natural y vecino de Velada, casado, de 26 años que servía en el ganado de cerda de D. Pedro de Villarroel, al que encuentra, acompañado de su mayoral, pastoreando la piara. Intenta con cautela ganar su confianza, comentando incluso cómo en cierta ocasión comieron juntos un cerdo que había muerto de una mala capadura. Más tarde, ya sin tantos rodeos, directamente le inculpa directamente del asalto de su hija, refiriéndose al episodio como si solamente se hubiera tratado de un robo. El azorado zagal se defiende diciendo.

-Yo no seré, que yo no se lo habría de quitar.

-¡Ello se habrá de averiguar!

Exclama amenazante «Elías».

Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII
Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII

El otro sospechoso, Gregorio Sánchez,es natural y vecino de Mejorada, soltero, de 30 años, mayoral del ganado de cerda de Esteban Tobías, es localizado por el despechado padre más abajo. Se aproxima a observarlo sin imputarle directamente ninguna acusación.

-¿Viste bajar un buey por el arroyo? 

El ganadero respondió que nada había visto, ajeno a la intención indagadora  de su interlocutor y aún le pregunta que de donde se había escapado la res. A ello responde con desgana el de Segurilla mientras se aleja:

-De una arada que tengo allá arriba.(2)

Sin conseguir ningún indicio más que le pueda llevar a conocer la identidad del violador, el padre denuncia los hechos y a los posibles sospechosos ante el Tribunal de la Santa Hermandad en su casa y cárcel.

Se inicia el proceso. Comienza con la declaración de Tomasa Rodrigo que describe puntualmente los hechos que ya conocemos. El reconocimiento de la víctima es encomendado a Juana Munío, comadre y partera en la villa, que tras reconocer con el mayor cuidado y atención a Tomasa«no se la ofrece duda a su leal saber y entender».

-Se haya rota y conocida de varón.(3)

El cuadrillero mayor (4) Francisco Sánchez de Mingo detiene a los sospechosos poniéndolos a buen recaudo en la cárcel de la Santa Hermandad, junto a la Puerta de Zamora.

Para la correcta identificación de los presuntos culpables se dispone que se ponga a los reos en rueda de reconocimiento. Se organiza la misma en el patio de la cárcel, allí se sitúan cinco hombres, de los que sólo uno de ellos es uno de los presos sospechosos.

Desde dentro y a través de un ventanuco, Tomasa Rodrigo, «habiéndolos examinado con mucha reflexión, se retiró y espuso que ninguno de ellos era el agresor». Se siguen varias ruedas de reconocimiento. El cuadrillero cambia de lugar a los hombres, varias veces, sin ningún resultado. E incluso invita a Tomasa Rodrigo a salir al patio y así poder reconocerlos más de cerca. La muchacha se niega convencida de no equivocarse.

Idéntico resultado se obtiene en la rueda de reconocimiento con el segundo acusado. Pero aunque no han sido reconocidos por Tomasa ninguno de los dos, ambos siguen  en prisión.

Los acusados presentan sus coartadas y sus testigos a los que el Alcalde de la Santa Hermandad (5) comienza a interrogar. En primer lugar Antonio de Sosa, el músico, más tarde a los segadores gallegos, vecinos de dos aldeas de Muro, arzobispado de Santiago. También a Juan García Galán, Antonio Merino, Andrés Florido y Martín Gómez. Ninguna pista o dato nuevo  añaden a lo que ya conocemos en lo que se refiere al asalto. Pero sí confirman, sin embargo, las coartadas  de los encartados.

Sebastián Colilla, el zagal «velaíno» había dormido con su mayoral, tumbados ambos en un barbecho por encima de la Labranza de Pedro Gordillo. De allí salieron con su ganado, al romper el día, hacia Valdefuentes. Cuando ya el sol estaba alto (8 ó 9 de la mañana) bajaron a sestear a un olivar próximo a los molinillos de la Portiña.

Mientras, Gregorio Sánchez, el mayoral de Mejorada, había descansado con su zagal en el pajar de la labranza de Pedro Gordillo, desde donde se dirigió a las rastrojeras de la labranza de Cervines y más tarde, mientras su zagal con la caballería, subía a Mejorada a vestirse y avituallarse de alimentos, él se encaminó a los olivares de la Portiña.

Allí se encuentra con sus colegas y juntos disponen su almuerzo con tocino, gazpacho y queso que trasegaron con frecuentes tientos a una bota de excelente vino de Mejorada y compartieron en charla con Gregorio Sánchez y Antonio Merino, suegro de Sebastián, que había subido buscando a su yerno para que le ayudara a coger hoja de morera. Terminada la colación, bien pasadas las 10, Sebastián y Antonio se dirigieron arroyo abajo hacia las moreras de Narciso Ezquerra, cargados con un saco de lienzo, un costal de jerga blanco, la destraleja y el garabato, mientras Juan y Gregorio se disponían a echarse la siesta, protegidos del calor canicular de junio por la sombra de una encina.

Aquellos, permanecieron en el moreral hasta las 12, aplicados en su tarea de llenar el saco, hasta ellos se acercó la mujer de Martín «el Podador» para llevarles un poco de agua que aliviara su sed. A pesar de la invitación de comer en la villa que le sugiere su suegro, Sebastián regresa a su ganado, aposentándose al lado de sus compañeros dormidos. Todos despiertan alrededor de las tres cuando el ganado comienza a levantarse y es necesario pastorearlo. Aderezan gazpacho(6) para merendar y después cada cual se ocupa de su piara.

En este caso como en otros muchos de la Santa Hermandad, no llegamos a conocer si el culpable es o no juzgado y castigado, por no haberse hallado el delincuente o por haberse perdido el final de la causa o diligencias posteriores.

El violador vemos como le dice a su víctima durante la comisión del delito, que si es soltera se casaría con ella. No es cinismo del asaltante sino una forma de guardarse las espaldas ya que, en la época en que se desarrollan los hechos, ciertos delitos, incluso de sangre, podían mediante acuerdo entre  los particulares, no ir más adelante y quedar sin castigo el delincuente siempre que resarciera a la víctima.

… Y el tres de julio ambos son puestos en libertad.

 

 

(1)Zagal: Pastor mozo, Mayoral: Jefe principal de los pastores, y que cuida de una cabaña de ganado.

(2)Por entonces los bueyes eran todavía utilizados como principal fuerza de tiro en los trabajos agrícolas, lo que se ha venido haciendo en la comarca hasta hace unas décadas, quedan todavía en las trojes de nuestros pueblos los yugos para uncir a los bueyes, diferentes a los de las caballerías

(3)Obsérvese el meticuloso procedimiento de la justicia de la Santa Hermandad, con pruebas periciales como la aquí aludida de la comadrona, y con fórmulas todavía utilizadas en la justicia actual como la de » a su leal saber y entender»

(4) El Cuadrillero Mayor era en la Santa Hermandad, la máxima autoridad de la fuerza ejecutiva de la misma, a su mando directo estaban los cuadrilleros y sobre él solamente los dos alcaldes y los dos regidores. Era un cargo remunerado.

(5) La cabeza jerárquica de la Santa Hermandad eran dos Alcaldes que asumían la autoridad ejecutiva y la judicial.

(6)El gazpacho era comida habitual entre los ganaderos y también los agricultores que por ejemplo en la siega formaba parte importantísima de su dieta. En Velada, de donde es original el Zagal sospechoso se sirve y elabora el gazpacho en un cuenco de  corcho llamado «cuzarro» que además de mantener mejor el sabor , en el cuerno del gazpacho, muchas veces decorado por los pastores, se llevaba el condimento y otro cuerno cortado servía como vaso.

Cuzarros para el gazpacho, el tercero se ha adaptado como cenicero.