Archivo de la categoría: Historia, leyendas

LA LEYENDA DEL NACIMIENTO DEL ALBERCHE

DOS LEYENDAS

Hércules matando al rey Gerión, con las tres cabezas
Hércules matando al rey Gerión, con las tres cabezas

Gerión es el primer rey mitológico de Tartessos. Fue antepasado de Argantonio, el último rey y el que hizo progresar más su reino antes de que un gran cataclismo unido a la presión fenicia y al agotamiento del comercio de los minerales que le proporcionaban su gran riqueza acabara con aquella civilización..

De Gerión dicen los griegos que apacentaba sus manadas de bueyes junto al Guadalquivir y que uno de los trabajos de Hércules fue precisamente arrebatarle esos ganados. Gerión tenía tres cabezas y tres cuerpos y Hércules lo mató atravesando sus tres corazones con una flecha impregnada de la sangre venenosa de la Hydra.

Meandros por las praderas del primer tramo del río Alberche

Rafael Gómez, archivero municipal, ha recogido una curiosísima leyenda de nuestra comarca en la que aparece este rey Gerión como creador del río Alberche.

Hay dos versiones. En una de ellas el gigante Gerión se agacha a beber agua del Tajo y bebe con tanta sed que al levantarse se marea y su vómito hace que nazca el río Alberche. En la segunda lo que le provoca su sed desmedida es una gran necesidad de orinar y esta orina fluyente es la que da lugar al Alberche, cuyo recorrido tendría esa forma peculiar, con la característica gran curva que traza al entrar en la provincia de Madrid para dirigirse luego a Talavera, por el jugueteo con el chorro de la micción del propio gigante Gerión.

El Alberche a su paso por Navalosa
El Alberche a su paso por Navalosa

Hay otra leyenda con la que a veces bromeamos quienes tenemos afición por la historia, que como todas las leyendas puede que tenga algo de verdad. En algunos cronicones de los siglos XVI y XVII que hablan de la historia de Talavera se dice que nuestra ciudad fue fundada “por los griegos de Cádiz” y no es nombre de chirigota. Esto que parece un disparate, pues Cádiz fue en realidad una ciudad fenicia, puede que tenga algo de verdad.  Ya hemos visto cómo hasta el Tajo subió la cultura tartéssica, que era en realidad una cultura indígena con un probable sustrato céltico atlántico y muy influenciada y admirada por los griegos, que siempre la tuvieron como aliada contra las colonias de los fenicios, y que en muchos referencias clásicas se confunde con Cádiz.

¿Y quién nos dice a nosotros que la primera población fundada en la pequeña elevación a orillas del Tajo y La Portiña no lo fuera por gentes de aquella Edad del Bronce tan influenciadas por los “griegos de Cádiz”?

Fuente del nacimiento del Alberche

DOS SALUDADORES, CURANDEROS DELINCUENTES

DOS SALUDADORES

Otra de las causas criminales de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, primera policía rural, que se custodian en el Archivo Municipal 

Fuente de Guadalupe en una foto de principios del siglo XX
Fuente de Guadalupe en una foto de principios del siglo XX

Solamente le quedaba la sucia chupa negra que le abrigaba algo en las noches húmedas de la cárcel de la Santa Hermandad de Talavera. Maldita sea la hora en que había conocido a ese buhonero de Arroyopuerco. Habían llegado juntos a Guadalupe y plantaron el rancho junto a la puerta del Campo y Carros del convento. Siempre que acudía a la feria le gustaba acampar allí, a la sombra de la alameda. Había venido con su mujer desde La Corchuela para ver si sacaban algún dinero con las artes de saludador que tantas veces había visto practicar a su padre; pero él no era el séptimo de siete hermanos, ni había nacido en jueves santo, sólo había visto muchas veces cómo su padre recitaba extrañas oraciones mientras escupía a los perros rabiosos, o cómo soplaba con fuerza haciendo gestos extraños a los cerdos aojados que perdían el apetito porque algún vecino había mirado con envidia a su dueño.

Él no tenía esa extraña presencia, esa nariz torcida y esas cejas pobladas de su padre que tanto respeto y credulidad infundían a los ignorantes campesinos a los que les pasaba por la cara su gran medalla, una extraña medalla de bronce que halló en una ocasión, cuando la reja de su arado levantó la lancha de piedra que tapaba una tumba en medio de un barbecho.

Se había dirigido con su mujer y su borrica a la feria de Guadalupe para intentar ganar unas monedas por los pueblos del río Ibor quitando el mal de ojo a las vacas flacas y tristes y comerciando con algunas baratijas. Junto a su rancho acampó otra pareja y observó cómo el hombre escupía sobre un buey que era todo llagas y pellejo. Tenía su mismo oficio, el oficio que Felipe quería aprender y que tantas veces su padre había intentado que abandonara diciéndole:

– Tú no vales para esto, no tienes la gracia y además tienes cara de simple.

– Y puede que su padre tuviera razón, su compañero de celda había conseguido meterlo en un buen lío robando ese par de zapatos charros que con tanta avidez habían mirado sus mujeres. Ya le había advertido María que ese hombre era peligroso, que no se casaba con nadie, pero habían bebido juntos unas jarras de vino con el dinero que les dieron por sanar a un burro mohíno al que había mirado un bizco, y acabaron haciendo un disparate.

 Iglesia del pueblo de los saludadores, La Corchuela de Oropesa
Iglesia del pueblo de los saludadores, La Corchuela de Oropesa

Tan fiel amigo había sido su compañero saludador que cuando fue descubierto al hurtar los zapatos y oyó los gritos de ¡Al ladrón! ¡Al ladrón! que daban los zapateros, metió apresuradamente el fruto del robo en los bolsillos de Felipe. Cuando aquel viandante le agarró por el brazo y le detuvo no pensó que la cosa tuviera gran trascendencia, pero cuando le llevaron a la posada y vio sobre la entrada el pendón de la Santa Hermandad de Talavera supo que su vida acababa de arruinarse.

El que más tarde detuvieran también los cuadrilleros al tal Miguel, que huyó después de meterle los zapatos en los bolsillos, y que ahora compartieran la misma celda no le servía de gran consuelo. A ambos les habían embargado las caballerías, su querida borrica y el caballo tordo de su mezquino compañero, al que también habían quitado un caldero nuevo de cobre, de esos tan hermosos que hacen en Guadalupe y que, interrogado, no había sabido decir de donde lo había sacado.

Llevaban ya más de quince días en la cárcel y todavía no habían dictado sentencia, pero habían oído al pregonero anunciar por las calles de la villa la subasta de los animales y de sus pobres enseres. Solamente pedía la Hermandad trescientos cincuenta reales por las dos bestias, ya que el caballo había dicho el perito que estaba estropeado de los pechos y con un alifafe en cada pie. ¡Santísimo Cristo de La Corchuela!, con los trabajos que había pasado para comprar su borriquilla.

Como fueron reconocidos por los testigos en la posada de Guadalupe, el letrado les había recomendado aceptar los hechos y declararse culpables para evitar males mayores. Felipe mordía nervioso la manga de su chupa negra pensando en la pena que podían imponerles. El presidio, aunque solamente fuera un año, suponía el hambre para su familia y tal vez la muerte para él.

El día uno de octubre recibieron la notificación de la pena. El Cuadrillero Mayor entró en su celda y leyó muy serio unos papeles que decían que el Alcalde de la Santa Hermandad les condenaba a seis años de destierro de Talavera y de  la villa de la Puebla de Nuestra Señora de Guadalupe, a diez leguas en contorno de una y otra y que no le quebranten en modo alguno con apercibimiento y so pena de que el que lo hiciere cumplirá el tiempo que le falte en uno de los presidios de Su Majestad que Dios Guarde. Además la sentencia conllevaba el perdimiento de los bienes embargados y se les advertía de que en ningún caso usaran de la que dicen gracia o llamado oficio de saludador, con apercibimiento de que siempre que se les encuentre usándole o descubriendo la insignia de que normalmente se valen para denotar serlo se procediera contra ellos al más riguroso castigo, sin usar de la benignidad que al presente se practicaba.

Ya lo había dicho su padre, él no era el séptimo de siete hermanos, no había nacido en Jueves Santo, no tenía una cruz en el paladar y ni siquiera había llorado en el vientre de su madre, él no podía ser saludador y además tenía cara de simple.

Causas Criminales de la Santa Hermandad de Talavera. Archivo Municipal, sig. 28/10.

DOS HISTORIAS PARALELAS

DOS HISTORIAS PARALELAS

El mudéjar de Guadalupe guarda grandes similitudes con la arquitectura de la Colegial de Talavera El mudéjar de Guadalupe guarda grandes similitudes con la arquitectura de la Colegial de Talavera

1154 (Río Guadalupejo)

Un hombre jadeante se inclina para beber en las orillas del río Guadalupejo. Sus cuatro compañeros aguardan inquietos, ocultos entre los alisos. Miran en todas las direcciones, como esperando una desgracia que puede sobrevenir en cualquier momento.

Uno de ellos observa cómo el borrico que les acompaña levanta dolido la pata por la caída que ha sufrido en plena huida. Los fugitivos presentan un aspecto poco adecuado para andar por estas sierras, con sus túnicas de seda llenas de arabescos y desgarradas por las zarzas. El que va armado toma el asno del ramal y se dirige hacia la espesura donde, después de descargar un fardo con sumo cuidado, se santigua y asesta una certera puñalada en el cuello al animal que cae desangrándose dando espasmódicas coces de agonía. Con el mismo cuchillo descoyunta una de las patas del pollino que se echa al hombro. Se acerca al resto del grupo y en voz baja le dice al más anciano:

-¡Vamos! Ese no volverá a delatarnos con sus rebuznos. Deprisa, que nos van pisando los talones.

El grupo asciende la empinada cuesta de la ribera entre los robles, han conseguido su objetivo. Los perseguidores han dejado en paz al grueso del grupo que se separó al cruzar el Guadiana dirigiéndose hacia La Xara. Pero, aunque los despistaron, ahora casi oyen la respiración de los soldados de la media luna.

-Debemos esconderla antes de que nos cojan – dice el anciano señalando el fardo.

Junto a una fuente se levantan algunas pizarras que intentan formar una balsa para que beba el ganado. Los hombres sacan sus cuchillos y excavan con ellos la tierra. Ponen una de esas lanchas en el fondo del agujero y otras en los lados formando una caja. Introducen el paquete en su interior. Mientras, el anciano escribe sobre un pergamino que deposita también en el nicho antes de taparlo con piedras y tierra. A continuación,  los cinco hombres desaparecen entre los castaños.

,,,y pidieron los mozárabes huidos de Sevilla ser acogidos en las tierras de Talavera ,,,y pidieron los mozárabes huidos de Sevilla ser acogidos en las tierras de Talavera

Año de 1155 (Talavera)

Junto a la torre de la Colegial esperan los vecinos la llegada del cabildo. Los regidores y hombres buenos van apareciendo por la plaza del Pan y se sientan en la escalinata que, desde tiempo inmemorial, ha servido para las reuniones públicas de la villa. Al final hacen acto de presencia los canónigos el arcediano y otros clérigos de la villa.

Bruscamente cesan el bullicio y los comentarios de la gente cuando ven aparecer, ataviados con vestidos a la morisca, a unas decenas de personas que a primera vista parecerían mendigos, sino fuera por que sus rostros y los nobles pero destrozados harapos que les adornan indican una crianza acomodada.

Imagen de la virgen de Guadalupe en cerámica

A la cabeza va un hombre de edad vestido con sus atributos de obispo que en voz alta se dirige al concejo diciendo:

– Cuando Ab al Mumerr y sus fieras almohades comenzaron a matar a los nuestros en Sevilla, cuando la desgracia llegó a nuestras casas y fueron quemadas nuestras iglesias. Dejamos nuestra tierra, en la que antes nos permitieron vivir los hijos de Mahoma y tuvimos que huir hacia el norte. Llegamos a vuestra villa donde fuimos acogidos y alimentados como hermanos. Hoy, mis amados hijos quieren apelar nuevamente a vuestra caridad para poder ganar el pan que hasta ahora vuestra beneficencia nos ha otorgado. Por esta razón, pedimos a la villa tenga a bien otorgarnos, dentro de los límites de su alfoz, la tierra donde poder construir nuestras casas, aprovechar nuestras granjerías y labrar nuestra propia tierra

Un rincón de Gargantilla, anejo Sevilleja de La Jara, que antes se llamó Cordobilla por ser repoblada por mozárabes huidos de Córdoba

-Los regidores han deliberado y, animados por vuestros hermanos mozárabes que habitan en esta villa, hemos decidido concederos para poblar las tierras que junto a la sierra del Puerto Viejo se hallan incultas y despobladas, para vosotros y vuestros hijos.

-Dios premiará en el cielo lo que hacéis con estos cristianos desdichados que, en recuerdo de la ciudad donde nacieron, llamarán Sevilleja a su nueva patria – respondió el obispo Clemente.

Imagen que muestra la aparición de la Virgen a Gil Cordero indicándole donde se halla la imagen de Guadalupe Imagen que muestra la aparición de la Virgen a Gil Cordero indicándole donde se halla la imagen de Guadalupe

 1274 (  Río Guadalupejo )

Dos hombres se afanan en cargar una mula con anchos caños de corcho recién pelado. Emprenden el camino dejando atrás los rojizos troncos desnudos de los alcornoques.

-Vamos Damián – dice uno de ellos- hay que cubrir la santa imagen antes de que empiecen las lluvias

-Pero decidme ¿Cómo fue hallada la Virgen?. Sabéis que soy nuevo en Alía y no conozco la historia.

-Pues resulta que se hallaba un pastor llamado Gil Cordero por estas sierras y perdió una de sus vacas. La encontró muerta cerca del río y, cuando iba a hacer la cruz sobre ella para desollarla, la vaca se levantó viva apareciéndose la Virgen María en ese momento. Le dijo que fuera a su tierra y avisara a los clérigos y a las gentes para que buscasen en el lugar donde estaba la vaca muerta, porque allí se hallaba una imagen suya. No creyeron al pastor pero, cuando un hijo de él sanó milagrosamente de una mala enfermedad, decidieron cavar y hallaron la imagen con una campanilla y un pergamino. Ya sabéis que con estos corchos haremos el tejado de la capilla que la guardará.

EL ALCALDE BRUJO DE TALAVERA

EL ALCALDE BRUJO DE TALAVERA

Detalle de un panel de azulejos talaveranos en que se representa al diablo
Detalle de un panel de azulejos talaveranos en que se representa al diablo

El licenciado Alonso de Montenegro era alcalde de Talavera a mediados del siglo XVI. En 1558, una beata que vivía junto al convento de la Madre de Dios le denuncia por nigromante o brujo ante el comisario del Santo Oficio, según nos cuenta J.Blazquez de Miguel en su magnífico trabajo sobre «Herejía y Heerodoxia en Talavera».

En una discusión con su hermana la denunciante le había oído decir que los dos eran moros, y que el abuelo de ambos le había dejado un libro de encantamientos por el que sin tener dinero ni heredades podría tener de comer para toda la prolongada vida que le esperaba. Para que los encantamientos del libro tuvieran su efecto debía cumplir con los preceptos de sus antepasados y renegar de la fe cristiana, a lo que le obligó su padre escupiéndole después en la cara para confirmarlo. El brujo le ordenó a su hermana que también renegara y adorara al diablo pero ella se negó, por lo que la discusión fue a mayores golpeándola y arrastrándola del pelo.

A ella también le achacaban las gentes no pocas barbaridades, pues se decía que había consentido el asesinato de uno de sus hijos, otro se había ahogado en extrañas circunstancias y un tercero había sido azotado salvajemente por su propio padre y su tío Montenegro, crucificándole y coronándole de espinas.

Representación de los demonios llevando las almas condenadas en el Juicio Final en azulejería de Piedraescrita
Representación de los demonios llevando las almas condenadas en el Juicio Final en azulejería de Piedraescrita

También la acusaban de permitir las relaciones de su hijo con varias mujeres entre las que se encontraba una criada de la casa a la que hicieron abortar y enterrar el niño en el corral después de asesinarlo. Incluso se aseguraba que en un cuarto retirado de su casa conservaban carne momificada de niños colgando del techo y que Montenegro mantenía además relaciones sexuales con su hermana. El alcalde nigromante contrajo matrimonio tres veces en tierras navarras y otra más con una mujer de Santa Olalla con fama de judía pero con cierta fortuna, terminando así con sus apuros económicos.

Llegó más tarde a ser alcalde de Talavera y se decía que castigaba a los buenos y mandaba liberar a los malos, entre los que se contaba una mujer a la que favoreció a cambio de que le enseñara sus artes maléficas. Se acusó a la presunta bruja de haber ido con él al cementerio de El Salvador donde le aconsejó que a la luz de una vela de pez y delante del libro de su abuelo reverenciase a Lucifer y a cambio de su favor le entregasesu alma y la de sus tres hijos. También conseguía, según las acusaciones de varios testigos, provocar fuertes tormentas e inundaciones contra los “cristianillos talaveranos” y sabía conjuros de amor por los que hacía que se enamoraran los jóvenes. Cuando más tarde se casó con las tres mujeres navarras y fue descubierto, el polígamo reconoció serlo y alegó estar enamorado de las cuatro mujeres. No se libró por ello de ser condenado a galeras, aunque por ser hidalgo pudo evitar el castigo pagando una multa. El comisario del Santo Oficio consultó el caso con el prior del convento dominico de San Ginés, pero no sabemos si porque era hombre influyente o porque no había pruebas de los hechos denunciados se olvidó la cuestión.

Demonios y monstruos en un panel del siglo XVI sobre la vida de San Antonio Abad

Los Montenegro eran una noble familia que fundaron a finales del siglo XV la capilla de Santa María del Pópulo en la Colegial enterrándose allí el fundador de la misma y padre o abuelo de nuestro brujo, llamado también Alonso de Montenegro.

BRUJAS TALAVERANAS

BRUJAS TALAVERANAS

La Celestina, la más famosa de las brujas talaveranas
La Celestina, la más famosa de las brujas talaveranas

En la patria de La Celestina, la más famosa hechicera de todos los tiempos, encontramos en los procesos inquisitoriales investigados por Juan Blázquez de Miguel varios casos de talaveranas encausadas por sus supuestas prácticas brujeriles.

Una de ellas es Rosa, una criada de la noble familia de los Gaitán que es acusada ante el Santo Oficio por intentar hacer determinados rituales para atraer a los hombres con los que pretendía relacionarse. Estos conjuros se unían a veces a la ligazón o provocación de impotencia del amado para que no pudiera mantener con otras mujeres relaciones sexuales. Y de ahí precisamente viene la palabra ligar, empleada para definir las relaciones entre jóvenes, o flirteo que dicen los anglosajones. Estos rituales eran muy variados pero en el caso que nos ocupa se hacían mediante algunas jaculatorias que recitaba a Santa Margarita, y otra más curiosa en la que Rosa mezclaba a personajes mitológicos con sus deseos sexuales: “Conjúrote agua mistura dañada por el gran Plutón y por Proserpina y por la laguna Estigia y su confusión por el cancerbero y las furias infernales y por todos sus secuaces y por aquellos que conjurar te puedo”. Aunque la Inquisición intervino en este caso no dieron demasiada importancia a las invocaciones de la chacha enamorada.

Hubo en el siglo XVI varias brujas en Talavera conocidas por toda la población. Una de ellas era Francisca Virueña, que había enseñado algunos conjuros a Montenegro, el alcalde brujo de nuestra ciudad al que nos referiremos en posteriores capítulos. Otra bruja que tenía atemorizada a la villa por su agresividad era una tal Isabel Hernández. Ambas eran amigas, pero enemigas acérrimas de una beata llamada Catalina González, quien por otra parte había denunciado a Montenegro ante el Santo Oficio. En cierta ocasión en la que la encontraron en la ermita de los Santos Mártires, hoy desaparecida pero que se situaba en las cercanías de la actual iglesia del mismo nombre, intentaron ahorcarla entre las dos brujas, cortarla la lengua y aplastarla la cabeza con una piedra si no renegaba de su fe. Para convencerla intentaron también hacerla ver lo rica que sería si se entregaba a las fuerzas infernales, y para ello lanzó Francisca dinero al aire invocando a Barrabás, a Satanás y al Diablo Cojuelo, asegurando los testigos que las monedas estuvieron un rato revoloteando por el templo.

La más famosa bruja que aparece en los expedientes de la Inquisición referentes a Talavera fue Catalina Sánchez. De ella se decía que a medianoche hacía toda una serie de ritos satánicos en torno a la iglesia de San Andrés, junto al panteón de los Carvajales, unos nobles talaveranos protectores de esa iglesia cuyos restos se encontraron en el siglo XIX revueltos y maltratados al abrir la cripta. Llevaba Catalina nueve monedas, número cabalístico, que colocaba en las esquinas del templo, y como hemos podido ver en tantas películas, trazaba un círculo, considerado como puerta del infierno por oposición a la cruz. Se metía en él e invocaba después a los Carvajales en la iglesia de San Andrés

Placa de los Carvajales en la iglesia de San Andrés, bajo la que Catalina hacía sus brujerías

Los elementos más pintorescos eran utilizados por las brujas en sus pócimas demonios que aparecían en forma de cochinos que intentaban acometerla, aunque ella se defendía lanzándoles agua bendita y amenazándoles con reliquias de santos.

En 1649 es procesada otra mujer llamada Mariana Álvarez por sus prácticas curanderiles para quitar el “fuego en el rostro”. Otro curandero de Castañar de Ibor al que acudían las mujeres que habían dejado de producir leche en la lactancia, daba unas sopas de pan a una perra que estuviese criando y cuando el chucho las tenía bien babeadas se las daba a la mujer para que produjera leche.

Otras prácticas por las que fueron procesadas brujas de la tierra talaverana estaban relacionadas con los juegos de azar y otros procedimientos con los que intentaban hacerse ricas. Como el que usaba una mujer apodada “la Carroña” que ya en el siglo XVIII llevaba una sota de espadas a misa y cuando consagraban la hostia decía “Adórote sota de espadas”. Con esta simpleza pretendía ganar a los naipes la riqueza que le había negado la fortuna.

Las Hechiceras

...y el galán perdió su virilidad...
…y el galán perdió su virilidad…

Juan Blázquez nos cuenta en su estudio sobre los procesos de la Inquisición en Talavera varias causas en las que las mujeres hacían prácticas hechiceriles, algo diferentes en el concepto a las de las brujas, pues en general solamente pretendían con ellas atraer a los varones. Una de estas hechiceras era Francisca, una prostituta con marido consentidor que había sido desterrada a Talavera. Se la conocieron varios hechos entre los que abundaban los rituales para conseguir que determinados varones se enamoraran de sus clientas y durante los que invocaba en su patio al Diablo Cojuelo, mientras con un sarmiento azotaba a una banqueta. Era éste un demonio muy popular y conocido por su rapidez, sus travesuras y haber traído a los humanos los pecaminosos bailes de la chacona y la zarabanda.

Juana de Mora hacía también conjuros para atraer a los caballeros hacia sus enamoradas, que para conseguirlo debían quitarles alguna prenda, como botones o trozos de tela de sus trajes. Algo en definitiva que antes hubieran tocado sus víctimas, como hace La Celestina cuando le pide a Melibea un papel con una oración que tiene a Santa Apolonia contra el dolor de muelas, lo que se conoce como prácticas de philocaptio por los estudiosos de los temas brujeriles.

Teresa García era otra hechicera que utilizaba un conjuro mientras quemaba romero en su cocina. Si los restos y cenizas quedaban blancos era buena señal, pero si quedaban negros había poca esperanza de que volviera el hombre amado. Más chocante aún era coger un tiesto de tierra pisada con el pie izquierdo y decir el conjuro más utilizado en estos menesteres: “ Con dos te miro, con tres te mato, la sangre le bebo, el corazón le parto, que vengas tan sujeto a mí como la suela de mi zapato”.

Otro remedio utilizado por una bruja llamada Francisca era hacer un bollo con sangre menstrual de la enamorada y dárselo a comer al hombre deseado, asegurándose la eficacia del remedio colocando bajo la cama un tiesto con un cagajón de burro y semillas de centeno, que luego, ya crecido, se cortaba y se mezclaba con lechuga dándoselo al infeliz de turno. Las habas se utilizaban para, según se dispusieran al tirarlas, saber si habría o no relaciones sexuales con el amado.

También eran elementos muy frecuentes en estos ritos el cilantro, la sal, y la soga o el unto de ahorcado.La muy conocida bruja talaverana Catalina Sánchez decía conocer unos polvos secretos que rociados sobre la cabeza del amado le hacían caer en los brazos de su clienta, despertándosele por la noche un gran deseo de tener relaciones sexuales con ella. Como otras hechiceras, también ligaban a los hombres, es decir, les dejaban impotentes para que no tuvieran relaciones con otras mujeres o simplemente

“Se quejaba por toda la villa de que se había acostado con tres piernas y se había levantado con dos” por motivos de venganza. Como le sucedió con María Peña a un tal Miguel de Lagartera, que tuvo con ella una disputa por el trigo en un molino y por la noche le hizo desaparecer el pene, según él mismo clamaba por toda la villa, diciendo que se había acostado con tres pies y había amanecido con dos. Él mismo después de intentar otros remedios, acudió a la hechicera que, metiendo sus manos bajo un guardapies que le colocó y manipulándole la zona hechizada consiguió que le apareciera el preciado órgano por el que tanto suspiraba la víctima. Otra forma de ligar a los hombres era hacer cinco nudos en un pañuelo manchado de semen de la víctima, elemento muy frecuente también en estos conjuros junto a los pelos del pubis. Uno de estos hombres aseguraba a sus vecinos y al Santo Oficio que «se sintió muy malo, con grandes dolores en sus partes…y el miembro viril se le encoxió de tal manera que le parece ha quedado casi sin nada»

Ya en el siglo XVIII, otra bruja llamada Bernarda González utilizaba para desligar o curar la impotencia otros métodos más pintorescos. El primero era dar al afectado tres cintas verdes con tres nudos que debería ir arrojando en la calle en diferentes lugares. El otro sistema consistía en conseguir en tres iglesias diferentes tres pucheros de agua bendita y cocer en ella una gallina negra para después lavarse los genitales rezando cinco Credos a San Antonio. Esto de la ligazón era creído hasta por la propia Iglesia que lo condenaba y daba algunos remedios para ello, como rezar en demasía, la repetición exhaustiva de la señal de la cruz, e incluso el exorcismo.

EL GUERRILLERO DE LA JARA

EL GUERRILLERO DE LA JARA

1946

Guerrilleros antifranquistas durante una acción Guerrilleros antifranquistas durante una acción

Los guardias civiles arrastran pesadamente sus capotes entre el monte bajo. Van despacio, los fríos bajan la savia de la jara y sus tallos se hacen quebradizos. Cualquier mal paso puede ser escuchado por los maquis y echar a perder toda la operación. Más de doscientos hombres entre guardias y falangistas se despliegan en silencio por las barreras del cerro de Ballesteros, cerca de Navalvillar de Ibor. Un grito del comandante hace que dé comienzo el ataque sorpresa contra la partida de “Quincoces”. El campamento debía ser sorprendido pero el grupo de “Jabato” da la voz de alarma y comienza el enfrentamiento con los guardias que les desbordan en número. Muere el mismo “Jabato”, el “Jopo” y “Sergio”. La desbandada es general y cinco guerrilleros más son detenidos.

Entre los brezos, el “Mejicano” se aplasta en el suelo junto a “Daniela” mujer del “Madroño” que ha sido hecho preso. Los dos observan aterrados cómo un guardia va recogiendo las municiones y la máquina de escribir que han dejado los guerrilleros en la huida se acerca a un canasto de esparto y se agacha al oír el llanto de un niño de pecho. Toma al niño y avisa al cabo que le ordena que se lo lleve. El “Mejicano” tiene que sujetar a la mujer que intenta saltar sobre el guardia para recuperar a su hijo, pero sabe que si lo hace es casi seguro que acabará acribillada a balazos y mordiéndose los puños  se traga las lágrimas contra el barro.

Los supervivientes corren como animales perseguidos por una reala y cruzan el Gualija resbalando con los cantos del río y calándose hasta los huesos un frío treinta de Diciembre. Las cuevas de la sierra o los doblaos de las labranzas y los molinos serán el escondite donde se oculten como alimañas maldurmiendo su pavor. Pronto será fácil encontrar una justificación ante ellos mismos que les lleve a abandonar la lucha armada y, resbalando por la cuesta del miedo, del acoso y de las palizas a sus familiares, es posible que pronto lleguen incluso a la delación. Otros, más fuertes o más convencidos, continuarán en la sierra. Entre ellos, el jefe de la catorce división, Jesús Gómez Recio, el tratante de “Aldeanovita” conocido como “Quincoces”, la leyenda guerillera de la Sierra de Altamira.

Jesús Gómez Recio, "Quincoces" el maqui de Aldeanovita en una fotografía durante el servicio militar Jesús Gómez Recio, «Quincoces» el maqui de Aldeanovita en una fotografía durante el servicio militar

Escondido entre las risqueras de la cumbre Jesús puede contemplar las llanuras pardas de su tierra, La Jara se extiende a sus pies y enfrente asoma la sierra de La Estrella como un volcán. Mientras esperan la hora de encontrarse con el “Manco”, su enlace de Valdelacasa, “Quincoces” piensa en lo precario de su situación. Desde lo de cerro Ballesteros todo ha ido de mal en peor. En Sevilleja han desertado “Cartón” y “Pepillo”, en los enfrentamientos de Los Alares y Piedraescrita han muerto “Salamanca”, “Acero” y “Compadre” y, después, todo ha sido un goteo de muertes y deserciones en cadena. Jesús es un hombre serio pero ya es también un hombre triste. Están lejos los tiempos en que tenían en jaque a los guardias e incluso se reunían en Talavera con los compañeros de Gredos y los de “Chaquetalarga” para coordinar ofensivas finales que nunca llegaron. Recuerda cuando tomaron el pueblo de Higuera de Albalat y, aunque temerosa, la población cantó con ellos la Internacional mientras él les arengaba desde el balcón del ayuntamiento. Todavía entonces pensaban que los ingleses y los franceses harían caer la dictadura de Franco. Jesús es guerrillero, ir rateando por las labranzas y majadas para comer o haciendo secuestros para sobrevivir no es la idea que “Quincoces” tiene de la lucha revolucionaria y, aunque ha habido algunos golpes afortunados como el de la central eléctrica de Belvis de Monroy, su lucha es ya sólo una pelea por la supervivencia. Lo mejor será huir a Portugal o a Francia, pero antes van a contactar con el “Manco” en la Gargantilla Ciega de Valdelacasa, es necesario conseguir munición y documentación.

A su lado fuma un cigarro “Lenín”, hermano del “Manco” mientras esperan a que anochezca. Jesús observa un grupo de buitres sobrevolando el valle del Gualija y recuerda sus días felices en Aldeanueva, con sus cinco hijos y una inquietud por mejorar la miserable vida de sus paisanos que le comía las tripas. Hasta llegó a ser alcalde por más que su mujer Isabel, conociendo su genio, quisiera alejarle de la política. Por eso consiguió que se trasladaran al Pantano de Cijara para comenzar una nueva vida que rompió el alzamiento fascista. El miedo a los culatazos nocturnos en la puerta y a las palizas hacen que Jesús se escape de la cárcel de su pueblo y nazca el mito de “Quincoces”.

Guerrilleros de la zona centro detenidos Guerrilleros de la zona centro detenidos

Abajo humean las casas de la labranza de Marcos y entre la penumbra se van perdiendo de vista los muros de un viejo castillo donde, como Jesús, unos hombres se defendían de otros hombres por estas sierras en las que, desde siempre, se echaron al monte gentes perseguidas.

Ha llegado la hora, los dos hombres van descendiendo hacia las casillas del valle donde, por las señales convenidas que ha dejado el “Manco”, saben que no hay peligro de emboscada. Pero no saben que el de Valdelacasa ha sido detenido hace unos días y con los expeditivos métodos de cuartelillo ha revelado el lugar donde ha de encontrarse con su hermano y su jefe. Él mismo sale a recibirlos por el camino y el grupo desciende sierra abajo. Los dos hermanos se adelantan charlando y “Quincoces” queda algo retrasado cuando se escucha el primer tiro que viene de entre las jaras. El fuego cruzado de los guardias civiles acaba con la vida de los tres hombres.

En Gargantilla Ciega todavía puede verse un montón de piedras, el majano que señala el lugar donde cayó Jesús Gómez Recio, el guerrillero de La Jara.

UNA YEGUA DEMASIADO BARATA. otra causa criminal de la santa hermandad

UNA YEGUA DEMASIADO BARATA (1733)

Una nueva causa Criminal de la Santa Hermandad de Talavera que relata uno de los muchos delitos «famélicos», delitos ocasionados por la pura miseria de los campesinos en el siglo XVIII

Rollo de La Puebla de Naciados, donde se desarrollan parte de los hechos Rollo de La Puebla de Naciados, donde se desarrollan parte de los hechos

Diego Pérez estaba cansado de rodar. Desde los ocho años andaba de lugar en lugar trabajando en lo que buenamente podía para subsistir. Salió de Carmena, el pueblo donde nació, y estuvo guardando viñas por tierra de Vallecas cuando comenzaba a tener uso de razón. Cuando su bigote era apenas una pelusa negruzca entró a servir al Rey en el Regimiento de Navarra  de donde, harto de ser soldado, se fugó.

Dando tumbos vino a servir a un hortelano de Pueblanueva que apenas sacaba para comer él y su familia, pero le dejaban dormir en el pajar y tenía un poco de pan y cebolla para ir tirando. Su siguiente destino fue La Puebla de Naciados, cerca de Caleruela. Era una villa que sólo tenía de villa el rollo que presidía la plazuela formada por las cuatro casas que quedaron cuando una plaga de termitas arruinó todos los tejados. Allí sirvió siete años al sacristán de un pueblo sin feligreses y a un jerónimo del monasterio de Yuste que vivía allí cuidando de sus propiedades. Luego se fue a Calzada de Oropesa y encontró una mujer que le quiso por lo poco que era y fueron sobreviviendo los dos trabajando en lo que salía. Al final resultaba que lo que mejor sabía hacer a sus cuarenta y cuatro años de vida era trocar caballerías y dedicarse al trato de cualquier clase de animal. Cuanto había rodado para acabar viviendo de un oficio que los gitanos dominaban como nadie.

Llanuras de campo Arañuelo con Gredos al fonde

Llanuras de campo Arañuelo con Gredos al fondo

Aquel día, volvía de Madrid de uno de esos trapicheos y se desvió un poco del camino a la altura de Cazalegas asomándose al valle del Alberche. Era diciembre y se resguardó de la brisa fría del atardecer sentándose detrás de un chaparro. Abajo, entre los álamos, pastaban las ovejas de la cabaña de los jesuitas de Segovia que todos los años bajaban para aprovechar las hierbas de invierno en la Dehesa de Cazalegas. El mayoral y dos rabadanes se esforzaban en sacar a dos ovejas que habían caído al río impidiéndolas volver a subir a la orilla unos zarzales. Diego pensó que era el momento, ya lo había hecho otras veces y no le había sucedido nada. ¿Porqué resignarse a tanta miseria?, a los jesuitas seguro que no les hacía falta esa yegua blanca apartada del resto de las caballerías y que además estaba preñada. Bajó entre los chaparros y los enebros de la barrera, ató al animal una cuerda por el pescuezo, montó a pelo y, cuando el sol se ponía detrás de Talavera, ya estaba lejos de los segovianos.

Pero una yegua blanca preñada y tan hermosa, aunque no tenía hierros ni cortes en las orejas, sería identificada con facilidad si se emprendía su persecución. Después de dejarla unos días en la dehesa de La Calzada, entre los alcornocales más apartados, pensó que sería más fácil deshacerse de ella alejándose de un lugar tan transitado por los serranos que iban y venían por la cañada. Tenía que venderla rápidamente, se alejaría hasta las sierras de Guadalupe

Esa tarde llegó a Castañar de Ibor, y pronto se dio cuenta de que una yegua era una mercancía demasiado valiosa para las humildes economías de aquellos cabreros y colmeneros. Había llegado a ofrecerla por un precio casi ridículo, por un burro, una lechona y cuarenta reales. No le gustaba cómo le había mirado aquel hombre que intentaba adivinar su rostro bajo el ala de la montera negra. Por eso no le extrañó cuando esa misma noche le hicieron preso en nombre de la Santa Hermandad, le pusieron una cadena y le encerraron en la cárcel del lugar.

Chozo de pastor en Castañar de Ibor

Su historia no había convencido, aunque añadió detalles que adobaban el cuento, como que la yegua era hermana de otra de un sacerdote de Herreruela que había perdido el juicio. Respondió al cuadrillero que la había cambiado por un caballo y veinticinco reales para, después, trocarla por dos burros que le venían aparentes para su trabajo de arriero. Los tiritones de frío le mantenían despierto en el cuartucho que hacía de cárcel en El Castañar de Ibor. Durante la noche pasada en vela pensó que había metido la pata, que preguntarían a los vecinos de Herreruela y sus embustes quedarían al descubierto. Así que, a grandes voces, llamó nervioso al carcelero para hacer una nueva declaración al cuadrillero de la Hermandad pero se trataba de otra de sus inconsistentes versiones. Dijo que la yegua había sido abandonada por unos trashumantes en la dehesa de La Calzada y, como había transcurrido mucho tiempo sin aparecer el dueño, el guarda se la regaló. Puesto que, según él, esta era la verdad, pedía que se le dejara libre y que la yegua se entregara al mostrenco, pues le correspondía al no haberse hallado el dueño. Visto que tampoco creyeron el nuevo relato de los hechos, esa noche, forzando el pedal de la cadena, se fugó.

El ladrón de ganado fue a refugiarse a una cabaña de pastores junto a Puebla de Naciados. La sola presencia de los cuadrilleros hizo quebrar de inmediato en los vecinos los más leves conatos de encubrimiento y su escondite fue descubierto al día siguiente de su fuga. Lo primero que hicieron fue embargar todas sus propiedades, una nueva confiscación de la miseria que en la enumeración de los modestos bienes iba pintado una vida sin alegrías:

El ladrón se ocultó en la dehesa de La Calzada

Cuatro morcillas, un poco de longaniza y su bondejo, una hoja de tocino, una sartén, una almohada con su lana, una manta vieja, una sábana más que demediada, unos fajones, una faja de paño y una camisa de lienzo. No le quedaría nada y debería dar gracias si no le condenaban a presidio, robar una yegua era un acto muy grave entonces. Un delito de gitanos, pensó él, pero un gitano jamás se hubiera dejado coger por el precipitado error de pedir un precio demasiado barato por una yegua blanca.

Causas Criminales de la Santa Hermandad. Archivo Municipal de Talavera

Miguel Méndez-Cabeza

LA GUERRA DE LOS TRES PUENTES

LA GUERRA DE LOS TRES PUENTES

Puente del Arzobispo Puente del Arzobispo

Rodrigo acompañaba a sus carretas que traían desde la sierra largos troncos de madera. Servirían para montar las cimbras del puente que el arzobispo Tenorio había ordenado construir sobre el Tajo. El camino había sido largo desde El Arenal y la cañada que habían seguido se había convertido en un auténtico barrizal más difícil de transitar según se aproximaban  a Alcolea. Los bueyes ya no podían más pero esta vez no tendrían que vadear el río con la crecida ni pasar en las frágiles barcazas. Todavía recordaba a su amigo Sancho, ahogado en el río cuando se espantaron los caballos y volcaron la barca en la corriente fría de febrero hacía siete años. Ahora el puente que se construía serviría para evitar tantos trabajos e infortunios y además ayudaría a los miles de peregrinos que acudían a visitar el lugar donde se había aparecido la Virgen, en la dehesa de los Guadalupes.

El puente de Pinos, un poco más arriba de Azután era de madera y las ,últimas riadas lo habían destrozado. El puente de Talavera estaba muy alejado y obligaba a los viajeros a transitar por los inseguros montes de La Jara, arriesgándose siempre a ser asaltados por los golfines y gentes de mal vivir que frecuentaban los desiertos del otro lado del río.

Plano del proyecto de navegación del Tajo de Carducci del siglo XVII . Aguas arriba se situaba el Puente de Pinos, próximo al muro del embalse del mismo nombre Plano del proyecto de navegación del Tajo de Carducci del siglo XVII . Aguas arriba se situaba el Puente de Pinos, próximo al muro del embalse del mismo nombre

Picapedreros, albañiles y caballerías se afanaban mientras, desde la otra orilla, los criados de las monjas de San Clemente de Toledo que vivían junto a la torre de Azután miraban la obra con cara de pocos amigos provocando a los obreros con gestos y risotadas. El monasterio estaba presionando en la corte para evitar que don Pedro Tenorio levantara el magnífico puente que ya tenía labrados de buena sillería todos los ojos menos el central. El ganado y los peregrinos ya no cruzarían por el frágil puente de Pinos y el convento dejaría de percibir los jugosos beneficios que le reportaba.

Rodrigo ordenó descargar los troncos y llevar a los bueyes a beber. Entre los álamos de la orilla comenzaron a encenderse las hogueras junto a las tiendas de los obreros. Al cabo de un rato empezó a sonar la música y a correr el vino. Mañana era domingo y podrían descansar después de una semana de trabajo duro. Un calderero se acercó al grupo en el que cantaban Rodrigo y sus hombres.

-¿Pueden vuesas mercedes darme un trago? Al pasar he oído las voces y he creído que era fiesta en alguna aldea pero, por el barro de sus vestidos, más creo que andan de faena.

-Siéntese, y celebre con nosotros que en unas jornadas acabaremos el arco mayor del puente del Arzobispo.

-Pero ¿Qué puente es ese? Muchas veces he cruzado en barca el río por este lugar para vender mis calderos en las aldeas de La Jara y nunca escuché hablar de puente alguno.

Un hombre desdentado y con nariz de borrachín se levantó con el vaso de madera de sauce en la mano y dijo:

-Pues yo he de contaros su historia pero habréis de alañarme una tinajilla donde guardo el vino y que no ha mucho se rajó.

-¡Sea! Contestó el forastero.

-Pues dicen que en cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras. Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse el prelado en la pértiga del  barquero para no caer al río, su anillo se hundió en las aguas. Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. Tan disgustado quedó su eminencia por la pérdida, que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intentaron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando  ¡A por el anillo del obispo!

Pues escuchad pastores -dijo el arzobispo Tenorio- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí. Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el paraje donde había perdido su anillo.

¡Vive Dios!, que es hermosa la historia -dijo el calderero- pero mis viajes por toda España me han enseñado que ni nobles ni prelados levantan una paja del suelo si con ello no han de sacar para llenar de rubíes mil de mis calderos.

Puente de Talavera en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI Puente de Talavera en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI

Rodrigo soltó una sonora carcajada diciendo:

-Razón tenéis amigo que muchos maravedíes cruzan por encima de los puentes y ya mi abuelo me contó que desde Talavera vinieron en sus tiempos gentes del concejo para tirar a las monjas el suyo y hasta hubo sangre, pues muchos dineros perdía la villa. Ahora toman las reverendas madres la misma medicina con el puente del Arzobispo.

TALAVERA RECONQUISTADA, APUNTES HISTÓRICOS PARA UNA HISTORIA FÁCIL DE LA CERÁMICA (11)

Grabado del siglo XIX que representa las torres albarranas del Charcón, construidas por los cristianos para reforzar las murallas musulmanas.

TALAVERA RECONQUISTADA

Aunque ya en manos de Alfonso VI, Talavera no perdió su condición de ciudad altamente estratégica de la frontera media y, hasta que se consolida el territorio cristiano con la victoria de las Navas de Tolosa en 1212, le espera a nuestra ciudad más de un siglo de inseguridad en el que seguirá siendo objetivo de razzias, asedios y conquistas por parte de los musulmanes impulsados por el fanatismo bélico-religioso de los almorávides y los almohades.

El primer gran ataque contra Talavera se produjo en el año 1102. Alfonso VI había dirigido sus huestes contra Medinaceli, y en respuesta a esa agresión, el gobernador de Granada envió un ejército musulmán contra Talavera, que fue asaltada, aunque parece que la alcazaba resistió.

En 1109 la necesidad de neutralizar Talavera como paso previo al ataque contra Toledo supone una nueva agresión de las fuerzas almorávides que consiguen la conquista de la ciudad y su saqueo consiguiente. Para ello consiguen romper la presa de los actuales molinos de Abajo que hacía más difícil el asalto por inundar con un sistema de compuertas el foso que discurría junto a la muralla. Durante un tiempo quedó en Talabayra una guarnición almorávide y se devolvió el culto islámico a las mezquitas. Sigue la villa algunos años en poder de los almorávides, aunque en fecha no determinada vuelve a poder cristiano, sufriendo durante un tiempo nuevas algaradas sarracenas. También desde Talavera parten acciones de castigo contra territorio musulmán.

Al primer gobernador castellano nombrado por Alfonso VI, Sancho del Carpio, le costó la vida su ineficacia para defender la plaza y cierta connivencia con los árabes, pues el rey ordenó que fuera ejecutado, como se relata en una entrada de este mismo blog.

También durante el reinado de Alfonso VI se produce un hecho que la leyenda y la fábula han nublado con el paso de los siglos, pero que sin duda tiene algo de verdad. Se trata de la historia de Nalvillos que, en la primera de las versiones, asegura que el rey Alfonso apadrina a una hija de Al Mamum, rey moro de Toledo que le había acogido en el exilio provocado por el enfrentamiento con su hermano Sancho. Aixa Galiana, que así se llamaba la princesa, es enviada a Ávila, donde es acogida por Urraca, hija de Alfonso VI. Allí se enamora de ella Nalvillos, un caballero abulense hijo del señor de Navamorcuende, que finalmente se casa con ella, para lo que previamente había renunciado a la religión musulmana. Se rompe con este enlace la promesa de concederla en matrimonio a Jazmín Hiaya, moro principal de Talavera y amigo del monarca. A nuestra villa acude Nalvillos para cuidar del rico patrimonio que Aixa había heredado de su padre en nuestra ciudad y en su entorno. Aquí es recibido con simulada simpatía por Hiaya, en quien cree el joven caballero abulense haber encontrado un buen amigo.

Nalvillos debe acudir a cuidar de un castillo roquero encomendado por el rey. Mientras, con la excusa de llevar a Aixa las rentas de sus posesiones en Talavera, acude el moro a Ávila donde se entrevista con ella en ausencia de su marido ofreciéndola ricos presentes y declarándola su amor. Huyen ambos a Calatrava mientras Hiaya es nombrado por los conjurados rey de Toledo y Talavera. Él y sus adeptos piensan en traicionar a Jasmín gobernador cristiano de la villa y sumarse al plan de los almorávides de atacar Toledo en 1109 neutralizando previamente la plaza fuerte de Talavera. El afrentado Nalvillos acude en auxilio de los suyos en Talavera con trescientos escuderos, entra en la ciudad por un postigo y consigue vencer a la facción musulmana y prender a Hiaya, a quien descuartiza mientras que su mujer es quemada viva en Ávila.

En otra versión que aparece en la “Crónica de Ávila”, Aixa es secuestrada en un ataque de los moros talaveranos contra Ávila. Para recuperarla, Nalvillos acude a Talavera y deja emboscados a sus hombres en una de las atalayas próximas probablemente la de Segurilla. El joven caballero se disfraza de labriego y entra en la villa con la excusa de vender un haz de hierba que había cortado. Llega al palacio donde residían Jasmín y Aixa para contactar con su esposa, pero ella en lugar de disimular su presencia, mientras yace con el moro denuncia a Nalvillos y sus intenciones de llevarla con él. Es detenido el cristiano, preguntado por su captor Jasmín sobre la forma de ser ajusticiado que prefería, indicó que él si se encontrara en lugar del gobernador árabe de Talavera, le habría llevado a ejecutar al lugar más alto. Por ello Hiaya lleva al detenido a la atalaya junto a la que esperan sus hombres que, al tocar Nalvillos una bocina, atacan tomando preso al moro que es quemado en la misma hoguera que estaba preparada para el marido cristiano afrentado. Los caballeros abulenses atacaron después la villa saqueándola y tomando prisioneros y la musulmana infiel es quemada a su vez cuando los cristianos pasan por la finca de La Alcoba.

En 1129 vuelve a ser atacada Talavera por los almorávides, pero trescientos jinetes parten de la ciudad en persecución de los agresores y consiguen infligirles una gran derrota, llevando numerosos cautivos musulmanes de vuelta a la villa. El jefe de las tropas Waidy ben Umar al Lutumi es destituido y obligado a pagar el rescate de los guerreros presos en poder de los cristianos.

Alfonso VII dirigiéndose a su coronación

El monarca Alfonso VII gustaba de descansar en Talavera entre sus diferentes operaciones bélicas en las que parte de sus fuerzas están formadas por caballeros y escuderos talaveranos. En 1172, pasa una temporada después de las razzias que él mismo encabeza por las cercanías de Sevilla y Córdoba. Ordenó remodelar y fortificar la alcazaba talaverana e incluso participó directamente en el amojonamiento y deslinde de los territorios talaveranos que reivindicaba para sí la poderosa ciudad de Ávila. También interviene en la delimitación de las tierras de Talavera con las de Toledo, al este del alfoz.

En 1172, desde Andalucía, y 1173 desde Badajoz, la villa se ve afectada por grandes incursiones almohades, la segunda con 4000 guerreros, y en ella se producen gran número de bajas cristianas con el consabido robo de ganados, destrucción de cosechas y secuestro de mujeres y niños.

En 1177, nuevamente las fuerzas almohades al mando de Alí al Husayn vuelven a atacar el alfoz talaverano. En ocasiones estas razzias estaban determinadas por operaciones estratégicas que intentaban conseguir que los reyes cristianos levantaran el asedio sobre otras ciudades como Cuenca o Ciudad Rodrigo. También en este año de 1177 un destacamento de talaveranos participó en un ataque de Fernando II contra Jerez, pero al volver fueron emboscados y la mayoría muertos o apresados por los musulmanes.

La leyenda del escudo de Talavera nos habla del engaño a los sitiadores musulmanes soltando dos toros para simular abundancia de alimentos en el interior durante un asedio en el que los cristianos se veían perdidos por falta de alimentos

En 1182 una nueva agresión almohade es descubierta por un caballero que consigue huir de las fuerzas sarracenas poniendo en alerta a la población. Acampan las fuerzas islámicas sobre un cerro situado a una milla de distancia, pero la villa arma en su defensa una gran fuerza de diez mil hombres de los que mil eran judíos, lo que nos da idea de la importancia de este grupo étnico en el conjunto de la población talaverana. Consiguen ahuyentar al enemigo que antes había destruido todo lo que se había puesto en su camino.

Después de la derrota castellana de Alarcos, los musulmanes a las órdenes de Almanzor se internan por Extremadura y, tras atacar Trujillo y Plasencia, llegan a Talavera, pero, aunque saquean y destruyen todo lo que encuentran a su paso, no consiguen vencer la fortaleza de sus murallas.

La tregua decretada poco después es el comienzo de una época algo más segura que abarcará casi todo el siglo XIII, aunque todavía nuestro territorio sufrirá ataques más ocasionales y de menor entidad, ya que la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 consolida la frontera en el Guadiana. Aun así, todavía a finales del siglo XII debe Talavera sufrir algunos ataques de los benimerines.

Pero la paz no duraría mucho ya que es ahora la lucha entre facciones rivales de los propios cristianos la que condicionará la inseguridad que todavía durará unas décadas. La fortaleza de las murallas talaveranas seguirá haciendo de la villa un lugar de interés estratégico para los diferentes bandos.

Pero ¿cómo era esa Talavera recién conquistada por las tropas cristianas? Todos los episodios bélicos que hemos enumerado anteriormente condicionaron sin duda cierta decadencia de nuestra ciudad comparándola con la boyante Talabayra musulmana. Las murallas del primer recinto sufrieron debido a los asedios sucesivos derribos y reconstrucciones que todavía podemos observar en la variada tipología de los aparejos de sus muros ocasionada por las sucesivas reparaciones. La ciudad se componía de la “villa”, es decir todo el caserío incluido dentro de ese primer recinto murado islámico, y de unos incipientes arrabales que pronto se convertirán en diferentes colaciones de parroquias como la de San Miguel, Santiago, o el Salvador. Arrabales que luego protegería el segundo recinto amurallado. Las características torres albarranas se construyeron en época cristiana, aunque se duda si fue en el reinado de Alfonso VII y Alfonso VIII o posteriormente.

Hasta diez parroquias se llegan a constituir en la Talavera de estos años Santa María, San Pedro y San Clemente dentro de la villa, y Santiago, Santa Eugenia, Santa Leocadia, San Miguel, San Salvador, San Ginés y San Martín en los arrabales. Esta abundancia de iglesias nos sugiere que la política de repoblación de los monarcas que querían fortalecer la marca media incidió en el aumento demográfico de la Talavera cristiana medieval.

Los nuevos habitantes llegados con la conquista son, en su estrato superior, los caballeros francos y castellanos. En la época era conocida Talavera por la preparación bélica de sus habitantes, y tanto fue así que las huestes locales estuvieron formadas por medio millar de guerreros entre caballeros y peones que llegan a hacer por propia iniciativa acometidas contra los territorios musulmanes. Los ballesteros talaveranos eran famosos por su destreza y estaban exentos por privilegios reales de ciertas cargas. El día de San Cebrián debían las fuerzas desfilar armadas ante las autoridades y la población.

Aún llegó el románico a las tierras de Talavera, recién reconquistado su territorio. Pantocrátor sw la iglesia de Piedraescrita.

Muchos de los recién llegados se aglutinaron en torno a la parroquia de El Salvador de Los Caballeros, que tomó su apellido de esta circunstancia, y es tradición que en su pórtico se juzgaba según su fuero, ya que la población mozárabe, cristianos arabizados que residían en Talavera antes de su reconquista, ocuparon en un principio la antigua villa intramuros y muchas de las viviendas y propiedades de los musulmanes obligados a marchar. Su parroquia principal era la antigua mezquita, luego colegial.

Tanto los caballeros recién llegados como los mozárabes, tenían su propio alcalde y se regían por su propio fuero. Los mozárabes incluso hablaban y escribían en árabe, aunque su origen fuera visigodo o hispanorromano. Un ejemplo curioso es que en algunos documentos medievales se hace referencia al párroco de la que colegiata como el “imán de Santa María. Parece que en la parroquia de San Esteban se reunían también a impartir justicia.

Las persecuciones que los musulmanes integristas ejercen sobre estos cristianos mozárabes que vivían en territorio musulmán afectan incluso a los fieles del arzobispo de Sevilla, Clemente, que debe huir con los suyos de territorio musulmán y se refugia en Talavera, que les cede para repoblar territorios jareños. Esos grupos andaluces de mozárabes repueblan algunas de esas zonas, y de su presencia nos han quedado topónimos que todavía permanecen y que nos indican el origen de sus primeros habitantes. Es el caso de Sevilleja, otros han desaparecido o han cambiado la denominación original, como el núcleo inicial del actual pueblecito de Gargantilla que se llamó Cordobilla, otra Cordobilla hoy desaparecida se encontraba en las inmediaciones de las Minas de Santa Quiteria. Anteriormente, durante la ocupación árabe de Talavera algunos cristianos arabizados perseguidos contribuyeron a la repoblación de León o de Zamora

Pero la mayoría de la población estaba constituida por los pecheros, agricultores y ganaderos que no estaban exentos de impuestos como los caballeros. Los artesanos y comerciantes, menos numerosos, completaban el panorama de la población talaverana de la época.

Rótulo del callejón de los Judíos,

La aljama judía de Talavera se encontraba entre las doce más pobladas de España y sus componentes residían en los Arrabales Viejos en su mayoría, aunque sus tiendas se localizaban en la zona comercial de la Puerta de San Pedro y a lo largo del curso de la muralla. Todavía se conserva en la zona de la que fue parroquia de San Esteban un “Callejón de los Xudyos”. De lo numerosos que llegaron a ser los hebreos talaveranos nos da una idea los mil soldados que se unen a la fuerza que repele en 1182 el ataque de los musulmanes. Uno de los más influyentes de la época fue Cidelo, médico y consejero de Alfonso VI y jefe de la aljama de Toledo. Otros judíos aparecen en documentos medievales como artesanos y propietarios de molinos, tiendas y tierras de labor.

Los moriscos que permanecieron en Talavera tras la conquista cristiana debieron ser relativamente numerosos, aunque pertenecerían a las clases más bajas dedicadas a labores agrícolas y artesanales, como la cerámica o la construcción. Parece que en su mayoría vivieron en las viviendas más modestas intramuros.

HISTORIA DEL HALLAZGO DE LOS RESTOS DE FERNANDO DE ROJAS

HISTORIA DEL HALLAZGO DE LOS RESTOS DE FERNANDO DE ROJAS

Restos de Fernando de Rojas al ser halla-dos por las excavaciones de Careaga Restos de Fernando de Rojas al ser halla-dos por las excavaciones de Careaga aparecido en ABC

Esta historia comienza en los años treinta y en un lugar lejano, Nueva Orleáns. En esta ciudad norteamericana, que tiene curiosamente los rótulos de las calles elaborados con cerámica talaverana, desempeñaba sus funciones como diplomático don Luis Careaga. Llevaba el cónsul varios años trabajando sobre la figura de Fernando de Rojas, ilustre alcalde de Talavera e inmortal autor de La Celestina, cuando llegó a sus manos la copia de un documento propiedad de Fernando del Valle Lerchundi, descendiente del famoso Bachiller. Esos papeles eran nada menos que su testamento, donde con fecha de 3 de Abril de 1541 expresaba el escritor su última voluntad “viéndose enfermo del cuerpo y sano de la memoria”.

Azulejería del siglo XVI que se situaba en la puerta principal del convento de la Madre de Dios

Deseaba que sus restos fueran enterrados en la iglesia del monasterio de la Madre de Dios. Este convento, hoy desaparecido, se había establecido primero en la plazuela de San Miguel, trasladándose después junto a la plaza de El Salvador, en la actual calle Fernando de Rojas. En el año 1110, doña mayor Fernández con otras señoras y familiares decidieron vivir en hábito de beatas en una casa que se encontraba junto a la torre de la iglesia de San Miguel y se comunicaba con ella por un pasadizo sobre un arco. En 1404 se hacen franciscanas y en 1518 se trasladan a su ubicación definitiva en el lugar donde más tarde pediría ser enterrado Fernando de Rojas. El convento de las monjas, que vestían curiosamente de los colores simbólicos de Talavera, el blanco y el azul, fue decayendo hasta que por su extrema pobreza se vieron obligadas a abandonarlo. Actualmente sólo nos queda de él un bonito panel de azulejería del siglo XVI que presidía su entrada principal y hoy se se puede ver en el museo Ruiz de Luna. Luis Careaga viene a buscar los restos de Fernando de Rojas en 1936, dos años después de ser abandonado el convento. Habla a su llegada con el párroco de Santiago, bajo cuya custodia se encontraba el edificio, y pregunta a otras personas y eruditos, pero nadie sabe nada del enterramiento del insigne escritor. Tampoco quedaban inscripciones ni documentos que pudieran orientar al respecto, aunque por el testamento sabía el cónsul que el enterramiento se debía encontrar en el presbiterio, junto al altar. Así que se puso manos a la obra, pidió permiso al arzobispo y a las autoridades culturales de la época y con el auxilio entusiasta del talaverano José García Verdugo, además de otros especialistas en antropología y medicina legal, comenzó las excavaciones.

El suelo de la iglesia estaba entarimado y debajo solamente había tierra, sin ninguna lápida. En la excavación se encontraron primero los restos casi deshechos de un cadáver en el lado del Evangelio y dos días más tarde, en la zona central de la capilla, se hallaron los huesos de otro enterramiento que fue descubierto minuciosamente a base de brochas. Se identificaron pequeños pedazos de tela gruesa de color pardo y Careaga recordó que Fernando de Rojas había dado orden de ser enterrado con el hábito franciscano. El difunto no podía además ser un clérigo por encontrarse con los pies hacia el altar y no hacia los feligreses. También se encontraron los restos de una cajita de madera cubierta de tela y adornada con un alfiler de oro y una hilera de lentejuelas, junto a pobres vestigios de un almohadón adornado con galones.

Fernnando de Rojas en la edición valenciana de La Celestina Fernando de Rojasen la edición valenciana de La Celestina

 Fotografía del desaparecido convento de la Madre de Dios, donde fue enterrado Fernando de Rojas
Fotografía del desaparecido convento de la Madre de Dios, donde fue enterrado Fernando de Rojas. Estuvo en la esquina suroeste de la Plaza de El Salvador.

Pero lo que más llamó la atención a Careaga, lo que le resultó más sugerente y evocador es que el cuerpo se había depositado sobre su lado izquierdo y apoyando la cabeza sobre la mano del mismo lado, como nos recuerda García Verdugo en un artículo de Blanco y Negro de 1936. El talaverano se emociona al recordar cómo Careaga relaciona con esa postura las palabras de Rojas en la carta “a un su amigo” que precede al texto de La Celestina: “ asaz veces retraído en mi cámara, acostado sobre mi propia mano, echando mis sentidos por ventores y mi juicio a volar, me venía a la memoria no sólo la necesidad que nuestra común patria tiene de la presente obra…”. Parecía como si el autor hubiera sido enterrado en su postura favorita.

También se encontraron los huesos de otra persona más, pero bien conservados y medio metro más arriba, lo que hacía pensar en un fallecido mucho más reciente. El cadáver situado en el lado del Evangelio era de una mujer y además de ser más reciente, pertenecía a un adolescente.

El relato se interrumpe cuando se van a investigar los restos hallados, pues nos encontramos tres meses antes de la Guerra Civil. El propio García Verdugo muere fusilado en Madrid y será en 1966 cuando el periodista de “La Gaceta Ilustrada”, Federico Villagrán, retome la investigación cuando Del Valle Lerchundi, el descendiente de Fernando de Rojas, viene a Talavera y al entrar en el ya arruinado convento se encuentra con la sorpresa de que un grupo de jóvenes de la organización juvenil católica HOAC se disponen a montar un teatrillo precisamente en la zona del presbiterio en la que Careaga volvió a enterrar posiblemente una caja con los restos hallados antes de la Guerra Civil. Del Valle Lerchundi habla con el alcalde y con la Dirección de Bellas Artes que detiene las obras inmediatamente.

Como no tienen la seguridad de que los restos se encuentren allí, Villagrán se entrevista con algunos de los obreros que estuvieron presentes. Algún testimonio asegura que la caja está en El Escorial, pero el hijo del médico talaverano presente en la exhumación don José Fernández Sanguino, el también médico Luis Fernández Sanguino, asegura que sin lugar a dudas los restos volvieron a ser enterrados en el solar del convento, aunque otro testigo siembra la duda cuando dice que el señor Careaga había tenido la idea de llevarse los huesos a Nueva Orleáns y levantar allí un monumento. Por fin consiguen asegurarse cuando obtienen el texto de una conferencia impartida por el cónsul en la universidad neoyorquina de Columbia en 1937, y en la que decía literalmente: “Se colocaron, por último, cristianamente, los restos hallados en sus lugares respectivos, encerrados en tres cajas de cobre debidamente protegidas de la tierra por obras de mampostería con las tapas grabadas con letras góticas…La caja mayor, colocada en el centro del presbiterio, envuelta en lirios y ramos de cipreses contenía en la inscripción de la tapa el nombre del bachiller Fernando de Rojas, que fue nacido en la Puebla de Montalbán y muerto en Talavera de la Reina en 1541”.

Testamento de Fernando de Rojas en poder de la familia Lerchundi
Testamento de Fernando de Rojas en poder de la familia Lerchundi

Pero habrán de pasar dos años más hasta que en 1968 el mismo del Valle Lerchundi sea nombrado abogado de la Dirección de Bellas Artes y pueda acometerse mediante su influencia una nueva excavación, encontrándose bajo una losa de cemento la caja con los restos de Fernando de Rojas. Por fin obtienen fruto las muchas investigaciones y viajes que había realizado para hallar los restos de su ilustre antepasado.

Recuerda cuando comenzó sus conversaciones con el cónsul Careaga y cómo Menéndez Pidal. Ortega y Gasset y Américo Castro le animaron en su empeño desde que leyó en sus documentos familiares cómo Juan, el biznieto de Fernando de Rojas escribía: “Fueron mis bisabuelos el bachiller Fernando de Rojas que compuso La Celestina, y Leonor Álvarez. Están enterrados en el convento de la Madre de Dios de la Villa de Talavera, junto al altar de Nuestra Señora, donde están con un letrero que dice: Aquí yace el bachiller Fernando de Rojas”.

Durante diez años permanecieron los restos en el despacho del alcalde de Talavera, desde donde siendo primer edil don Pablo Tello se llevaron solemnemente al claustro de la iglesia Colegial, lugar donde reposan actualmente. Salvo algunos restos óseos que fueron cedidos a La Puebla de Montalbán.