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PENA DE TORMENTO A DON ALEJANDRO PÉREZ CALDERÓN

PENA DE TORMENTO A DON ALEJANDRO PÉREZ CALDERÓN

Potro similar al que aparece en la causa
Potro similar al que aparece en la causa

PENA DE TORMENTO A DON ALEJANDRO PÉREZ CALDERÓN

Entre 1719 y 1721 tiene lugar en el tribunal de la Santa Hermandad uno de los procesos más espectaculares, casi novelesco, del siglo XVIII. Don Alejandro Pérez Calderón y Manuel Ramos estaban acusados y presos por haber cometido numerosos actos criminales por la Sierra de Madrid, Valle del Tiétar y Campo de Arañuelo, en un largo periplo delictivo de robos, hurtos, escalamiento, salteamiento, violación, heridas y muerte.

Durante la instrucción, comprendiendo el alcalde que no existe posibilidad de declaración voluntaria por parte de los encartados, y al no ser las pruebas concluyentes, decide solicitar los permisos oportunos para aplicar tortura a los acusados.

La autorización de la pena de tormento sorprendió y provocó una gran desesperación en la persona de don Alejandro, noble de Alcobendas venido a menos, más entregado a la vida y bienes ajenos que a otros negocios acordes con su origen. Pero no era sólo el rigor de la pena lo que le preocupaba, sino que también su honra y apellidos quedarían manchados para siempre. Era un noble de cuna y no actuaba solo en sus fechorías, pues le acompañaba Manuel Ramos Sanz, “hombre de sangre y calidad baja”, compinche en los horrendos crímenes que se les imputaban. Como él sufriría tormento (1).

El tribunal les había condenado, el diez de marzo de 1721, “a cuestión de tormento, por sí y en cabeza ajena”. Manuel Ramos no planteaba ningún problema jurídico, pero don Alejandro dada su noble extracción no debía sufrir esta pena tan plebeya. Era necesario evacuar consultas al rey Felipe V por mediación del Consejo de Castilla (2). El rey no sólo confirma la pena de tormento, sino que se adelanta al propio tribunal y ratifica de antemano por sentencia definitiva la que se dicte.

Todo se previene como de costumbre. El ejecutor del tormento se trae de Toledo sigilosamente y en secreto, por no haberlo al presente en esta villa. Igualmente se previene que los presos sean separados por ser muy estrecha la cárcel, de tal manera que dándole a uno tormento el otro escucharía por fuerza la confesión, de que se sigue graves ynconbenientes en las averiguaciones. El alcalde ordena que don Alejandro sea llevado, con las prisiones, guardias y custodia nezesarias a casa de Francisco Puebla, vecino que moraba enfrente de la cárcel. Mientras tanto se daría tormento a Manuel, por ser de menor hedad y menor resistenzia. Al tiempo se avisa a los oficiales de la Santa Hermandad para que a las nueve de la noche del tres de abril, estén preparados a las puertas de las casas de don Luis de Arellano Duque de Estrada Meneses y Pacheco, marqués de Villatoya y alcalde que lleva la causa (3).

Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII
Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII

Diez menos cuarto de la noche. Todo está dispuesto para comenzar en la cárcel de la Puerta de Zamora. Asisten al tormento además del alcalde, su asesor jurídico, el escribano, el ejecutor, un médico y un cirujano. No está presente el abogado de la parte, ni siquiera se le ha notificado la pena de tormento. Con posterioridad protestará ante el tribunal, por esto y por no haber admitido la recusación de uno de los asesores jurídicos, hecha por don Alejandro. Dicha circunstancia causará la reprimenda del presidente del Consejo de Castilla al marqués de Villatoya.

Pero sigamos con el asunto. La sala del tormento está ubicada en la planta superior de la cárcel. Una vez torturado Manuel Ramos la noche del tres de abril, “según la calidad y cantidad que determinó el alcalde”, por la mañana, se trajo a don Alejandro Pérez Calderón desde la casa del vecino. Acto seguido se le comunica de nuevo la sentencia y se le requiere por tres veces para que declare y confiese la verdad… en que está negativo, si no quiere experimentar el rigor del tormento; con apercivimiento que…los riesgos que de él se le siguieren serán de su quenta y riesgo.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es P1013473-1024x768.jpg

En este solar de la Puerta de Zamora se encontraban las dependencias donde fue torturado en directo don Alejandro por la Santa Hermandad de Talavera.

Don Alejandro no se impresiona y lo niega todo. Pero la presión continúa. Ahora, a la vista del potro, se le requiere de nuevo para que confiese sus delitos. Por respuesta se obtiene un no. El alcalde manda a Andrés de Brizuela, ejecutor venido de Toledo, que le desnude y prepare para el tormento, pues don Alejandro estaba con los grillos y prisiones nezesarias. Un nuevo requerimiento para que confiese resulta tan poco fructífero como los anteriores. Por lo cual el alcalde le toma juramento para iniciar inmediatamente el castigo. Sin embargo, aun falta un trámite por hacer; es el reconocimiento físico del reo antes de sufrir la pena.

Los peritos del examen no son otros que el médico y el cirujano (4). El primero en efectuar el rejistro (5) es el médico don Pedro de Herrera, que no halla impedimento alguno. Pero al parecer don Alejandro tiene algo abultadas las piernas, por lo que es llamado el cirujano Manuel Vicente Figuereo. Tras su inspección Ocular declara ser un morbo edematoso de las umedades de la prisión pero que, no obstante, ella no le sirbe ni puede serbir de ympedimento para la ejecución del tormento.

Así pues, a la hora de la una y cuarenta minutos de la mañana del día cuatro de abril, don Alejandro fue sentado por el ejecutor en el potro. Y estando en él le afianzó con un cordel por bajo de los brazos a una alcayata, y de las pies al potro, Y luego le dio la primera buelta de lígadura(6) al brazo yzquierdo. Y en ella le preguntó su señoría:

Cárcel de la Santa Hermandad, escenario del tormento de don Alejandro
Cárcel de la Santa Hermandad, escenario del tormento de don Alejandro

-¿Quiény cuántos rovaran las casas de doña Antonia de Quirós, vecina de Robledo de Chavela?

-¿ Quién rovó en las zercanías de las vosques de El Escorial a diferentes arrierao?

-¿Y quién rovó, y quién y quántos rovaron en el pinar de Santa Marina seis arrieros?

-¿ Quién y quántos rovaron al Salto de López diferentes arrieros y pasajeros y una mujer que biolentaron en presencia de su marido?

-¿Quién y quántos rovaran a la Encina Voticaria diferentes arrieros?

-¿Quiény quántos rovaran al señor obispo de Lima mas allá de la villa de Almaraz, en el año pasado de mil setezientos y diez y nueve?

-¿Quién y quántos rovaron e yrieron más de setenta gallegos a la entrada del monte de Parrillas, en el año de mil setezientos y die zy ocho?

-¿ Quién y quántos rovaron o unos caldereros en las zercanías de Montesclaros?

-¿ Quién y quántos quisieron rovar a Domingo González entre la villa de Casatejada y Navalmoral?

-A que respondió:

-No sé, señor. ¡Ay Dios mío!, no sé nada. Y si tal sé, no salga del sitio adonde estoi; que estava preso en la cárcel de Corte por el mes de mayo del año pasado de setezientos y diezyocho.

El noble delincuente no proporciona ninguna información y niega todas las acusaciones en las que está imputado. El juez decide continuar y ordena que se le dé la primera vuelta de ligadura en el brazo derecho. Persiste en su actitud anterior y sólo consigue decir que es “desgraziado y le an levantado este falso testimonio”.

Con un grito desgarrador exclama:

-¡Ay Virgen Santísima!… y puedo jurar a Dios y a setenta mil cruzes que no sé dónde cae el pinar de Santa Marina. Y ya tengo dicho a vuestra señoría estava en la cárzel de Corte por mayo de setezientos y diezyocho. Y que estava en Madrid cuando el rovo del señor obispo de Lima. Que para qué se le pregunta lo del rovo de los caldereros, si an benido a reconozerle a la cárcel y dijeron que no era él…

El juez prosigue con el tormento y ordena una nueva vuelta de ligadura en el brazo derecho requiriéndole a que diga la verdad. A lo que respondió

-¡Virjen Santísima! Señor, de todo lo que se me acumula en la causa ni sé cosa maldita… Yo no sé nada, señor No sé, señor…

Por lo qual mandó su señoría se prosiga. Y por dicho ofizial ejecutor se le dio primer tranpazo (7) del pie yzquierdo. Y en él se le volvió por su señoría a repreguntar quién y quántos yzieron los rovos y violenzia aquí contenido, con espresión de cada uno separado. A que dijo:

-Yo no lo sé, señor, como dios consiente que no permitierais, señor; vajara tu justizia a declararlo, que yo nazí con mucha honra y no puedo ejecutar cosas tan viles (8), Y que en cuanto al rovo de los caldereros, consta del reconozimiento de ellos, que no lo yzo. Y si vuestra señoría quiere que yo diga lo que no e echo, si me salba la conzienzia, lo diré. ¡Virjen de la Soledad! ¡Madre mia!

Prosigue la tortura visto que el penitenciado está en negativo. Ahora el trampazo va dirigido al pie derecho con igual interrogatorio. La respuesta es la misma, dice no lo sabe y grita:

-¡Ay Virjen Santísíma! que me quiebra el muslo. Señor, yo no lo sé. ¡Confesión!

Don Alejandro aguanta cuanto puede, pues su libertad pende de un hilo y él lo sabe. Al menor desfallecimiento, a la menor de las debilidades provocadas por el dolorosísimo castigo, el hilo puede trocarse en soga y pender su cuerpo en el patíbulo. También sabe esto el juez que dirige la sesión de tortura. Por eso ordena al ejecutor que continúe, dando ahora la primera vuelta de garrote (6) en el brazo izquierdo. El atormentado noble responde:

-¡Ay Virjen Santísíma! … En la causa de Madrid está provado y los señores de la Sala del Crimen me dieron por libre. Déjelo vuestra señoría, que yo no sé nada… Y el royo del Salto de López y estupro de la muxer, no lo sé… Y era menester toda España para rovar a setenta gallegos… Y ya tengo dicho estava en Madrid al tienpo que se rovó al señor obispo de Lima… Y en quanto al rovo de los caldereros,… en mi vida he sido amigo de hacer calderos…

Aún en estas circunstancias tan especiales el sufrido gentilhombre se permite el lujo de dar unos chispazos de humor a su crítica situación. Cosa que no debía alegrar mucho al acompañamiento.

Alternándose el tormento en sus miembros se le da garrote en el otro brazo.

-¡Virjen Santísima del Carmen!

De nuevo es apercibido para que diga la Verdad, porque en su defecto se continuará con el rigor del tormento. Como su actitud no cambia, el juez manda al executor de la justizia prosiga. Y le dio primera vuelta de mancuerda” (7).

-¡Ay!, que se me quiebran los brazos… Yo no lo sé, señor, ¡ay!… No lo sé señor, que tengo quebrado este brazo…

Segunda vuelta de garrote en el brazo izquierdo.

-Yo no sé nada, señor…¡Virjen Santísíma! No tengo que responder nada más de lo que tengo respondido.

Segunda vuelta de garrote en el brazo derecho.

-¡Ay, Virjen Santísima! No lo sé, señor…¡Virjen Santísima del Prado! No lo sé señor…

Y viendo su negativa se le dio segundo tranpazo del pie yzquierdo. Y en él se le bolbió, por su señoría, a preguntar quién y quántos ejecutaron los referidos rovos, con expresión de cada uno de por sí. A que dijo:

-¡Ay!, no lo sé, señor. Señor no lo sé…

Segunda vuelta de trampazo en el pie derecho.

-Por amor de Dios, señor, que me quiebra el pie… No lo sé señor. ¡Ay Bírjen Santísíma!, yo no sé nada, señor…

La sesión continúa alternando las distintas modalidades de tormento de cuerdas en el potro. Don Alejandro, casi desvanecido por el dolor, niega una y otra vez las acusaciones clamando entre vuelta y vuelta, e implorando incansablemente socorro a la Virgen.

Y queriendo proseguir en el terzer tranpazo de los pies por el ofizial ejecutor de la justizia, se reconozíó tener las piernas y muslos ynchados y muy enbarados. Se mandó por su señoría entrase el dicho Manuel Vicente Figuereo, zirujano, le reconozca de vajo del juramento que tiene fecho y declare el estado en que se alla. Y que si de proseguir en el tormento se le podrá sobrebenir riesgo, 0 aczídente por donde pueda perder la bida o mienbro alguno,

Visto y reconocido por el cirujano insiste en que por ser el dicho don Alejandro demasiado de fornido y grueso, y el potro estrecho, tiene con esijenzia de que se le quiebre el muslo o se le disloque la rodílla, por lo qual es de sentir no se puede proseguir sin riesgo conozido. Ante el peritaje del especialista, el juez manda cesar la ejecución del tormento y que se le ponga en un quarto, en cama y los dichos médíco y zirujano le asistan y curen aplicándole los remedios y medizinas que fuesen necesarias y allaren conduzentes.

No hubo más tormento, ni para el hidalgo ni para su compinche. Ninguno de los dos confiesa delito alguno. No obstante, el tribunal les sentencia a penas de presidio y destierro. La entereza y firmeza demostrada en el potro los libró, sin duda alguna, de una segura pena de muerte por ahorcamiento en el patíbulo del Prado.

  • 1.- Ya adelantábamos que los casos de tormento en el tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera son poco comunes. Traemos aquí éste por dos razones, la primera ya dicha, la segunda es más excepcional ya que éste es el único caso de tormento ejecutado en la persona de un noble, aunque de baja estofa, que se conserva en el archivo de la audiencia hermandina.
  • 2.- El rey era quién únicamente podía autorizar el tormento. El Consejo de Castilla, a través del cual se tramita el asunto, se corresponde hoy con nuestro Tribunal Supreme.
  • 3.- Las casas del palacio del marqués de Villatoya todavía pueden reconocerse en la plaza que lleva su mismo nombre. Es un edificio de construeeión gótica con una hermosa portada.
  • 4.- Para ser médico o cirujano se necesitaba haber cursado determinados estudios y pasar un examen ante el “Protomedicato», tribunal examinador compuesto por los tres médicos del rey. Hasta el más humilde de los oficios relacionado con la medicina, como es el caso de los barberos, debían superar una prueba de aptitud si querian ejercer la profcsión.
  • 5.- Esta palabra se utiliza todavía en la zonas rurales como sinónimo de reconocimiento médico.
  • 6.- Tormento que se daba apretando los cordeles a modo de torniquete. Es uno de los antecedentes de nuestro castizo garrote vil.
  • 7.- Se entendía por trampazo la última de las vueltas que se dan en el tormento de cuerdas, en nuestro caso es la primera, seguramente por la comprensión general del término.
  • 8.- Hace referencia aquí al delito de violación del que es acusado.
  • 9.- Ligadura fuerte que se hace con una cuerda gruesa, dándole vueltas con un palo o garrote. No difería mucho de los anteriores.
  • 10.-.- En este caso, se refiere a la vuelta que se da con la mano en el torno o rueda del potro, del cual el reo permanece atado por los píes, produciéndose el estiramiento del cuerpo al estar las manos atadas a una alcayata en la pared.

TALAVERA EN LA OBRA DE CERVANTES

TALAVERA EN LA OBRA DE CERVANTES

Soldados famosos representados en azulejería de Talavera entre los que se encuentra Cervantes. Es un panel que se encuentra en el Archivo General de la marina de El Viso del marqués y que imita al del pórtico de la Basílica del Prado pero nominando a los personajes
Soldados famosos representados en azulejería de Talavera entre los que se encuentra Cervantes. Es un panel que se encuentra en el Archivo General de la marina de El Viso del marqués y que imita al del pórtico de la Basílica del Prado pero nominando a los personajes

En la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII la alfarería de Talavera llega a conseguir su máxima calidad y difusión en los mercados nacionales, europeos y ultramarinos. Se convierte, como hemos dicho, en la cerámica de moda y también se beneficia de las pragmáticas reales que pretenden impedir el agravamiento de la situación económica mediante la prohibición del lujo excesivo de las casas nobles en los ajuares y vajillas de oro y plata, haciendo así que el uso de la loza talaverana se extienda aún más. Son muchas las alusiones a ella en la literatura del Siglo de Oro que dejaremos para otra entrada del blog.

Por eso, también en la obra de Cervantes aparecen alusiones a la loza de Talavera en “La Guarda Cuidadosa”. Una criada despierta los celos de su novio soldado cuando se interesa por un sacristán, y como no había cocina donde las sirvientas no manejaran las vajillas talaveranas, es muchas veces obligada la alusión a ellas. Elogia el enamorado el trabajo de su moza cuando limpia la loza y la consigue dar un brillo casi metálico, y al mismo tiempo quisiera que el pensamiento de su amada quedara igualmente limpio de pensamientos en su oponente: ¡Oh platera la más limpia que tiene, tuvo o tendrá el calendario de las fregonas! ¿Por qué así como limpias esa loza talaveril que tienes en las manos y la vuelves bruñida y tersa plata, no limpias esa alma de pensamientos bajos y soto-sacristaniles?

La fiesta de Las Mondas es descrita por Cervantes en su obra "Los Trabajos de Persiles y Segismunda
La fiesta de Las Mondas es descrita por Cervantes en su obra «Los Trabajos de Persiles y Segismunda

Lope de Vega no se cansa en muchas de sus obras de alabar la blancura y brillo de los platos talaveranos, y también Tirso de Molina se refiere a ello, junto a otros autores, entre los que incluso se encuentra una de las personas que tal vez hicieron más daño a don Miguel de Cervantes, el autor del Quijote de Avellaneda, que en una de las escenas de su libro hace pedir a una criada dos reales para evitar los palos que le dará su amo cuando se entere de que ha roto dos platos de Talavera.

En «La Gitanilla», una de las novelas ejemplares de Cervantes, aparece Talavera en algún episodio como referencia geográfica de la acción, como no podía ser de otra manera cuando se habla de gitanos que recorren los caminos hacia Extremadura, pues siempre estuvo vinculada esta etnia al trato de caballerías y Talavera era uno de los mercados más frecuentados. De ahí la importancia que todavía hoy tiene la colonia gitana en Talavera.

Pero la obra en la que Cervantes hace alusiones más directas a nuestra ciudad es su novela póstuma, y puede que la más valorada por el propio autor: «Los Trabajos de Persiles y Segismunda». Es muy probable que el mismo Cervantes pasara por Talavera cuando fue en peregrinación a Guadalupe, para dejar allí en ofrenda sus grilletes de cautivo de los moros en Argelia. Una placa en cerámica talaverana situada en el precioso humilladero mudéjar desde el que los peregrinos daban por primera vista al monasterio de las Villuercas recuerda ese momento.

Los personajes de la novela pasan por Talavera a su vuelta de Guadalupe, y en el texto demuestra el autor conocer muy bien nuestra fiesta más emblemática, las Mondas.escanear0012

«La ida de Trujillo fue de allí a dos días la vuelta de Talavera, donde hallaron que se preparaba para celebrar la fiesta de la Monda, que trae su origen de muchos años antes de que Cristo naciese, reducida por los cristianos a tan buen punto y término, que si entonces se celebraba en honra de la diosa Venus por la gentilidad, ahora se celebra en honra y alabanza de la Virgen de las vírgenes. Quisieran esperar a verla; pero por no dar más espacio a su espacio, pasaron adelante, y se quedaron sin satisfacer su deseo”.

Sin satisfacer su deseo ni el nuestro, porque fue esta una gran ocasión que perdimos para que don Miguel hubiera hecho con su pluma universal una descripción de Las Mondas, tan esplendorosas en aquellos tiempos. También es muy curioso constatar que ya entonces era reconocido el origen pagano de estas fiestas.

Más tarde, en los capítulo VII y XVI del libro tercero de «Los Trabajos de Persiles y Segismunda», los personajes conocen a una moza talaverana a la que describen como «de gentil parecer, de hasta veintidós años, vestida a la española, limpia y aseadamente». Relata su historia la moza y resulta ser la mujer adúltera de un polaco llamado Ortel Baledre que, enamorado de ella en Talavera, la desposó, pero la talaverana se fugó con el mozo de un mesón. Apresados los adúlteros en Madrid, él murió en la cárcel y ella se vio obligada a seguir a un soldado español que iba a Italia y que no la trataba demasiado bien. Es el momento en que la talaverana se encuentra con Constanza, es cuando se produce el diálogo en el que Cervantes elogia a Talavera:

«-Desa manera -respondió Constanza-, ¿vos, señora, española debéis de ser?

-¡Y cómo si lo soy! -respondió ella-. Y aún de la mejor tierra de Castilla

-¿De cuál? -replicó Constanza.

-De Talavera de la Reina -respondió ella».

 

Y esta escena es precisamente la que ha dado nombre a esta web.

RUTA DE LA BATALLA DE TALAVERA

Ruta por el escenario de la Batalla de Talavera

Recorrido aproximado 17 kilómetros, 4 horas y media

Aquí os presentamos un recorrido básico, pero todos aquellos que estén interesados en recorridos guiados por el campo de batalla muy documentados pueden acceder a esta web de una joven empresa que organiza excursiones periódicas para conocerlas:

https://www.elprimeredecan.es/bienvenidos/

Hoy vamos a dar un paseo por el escenario de la que fue una de las batallas más importantes de la Guerra de la Independencia, recorrido que además nos servirá para conocer el entorno natural del embalse de la Portiña y las sierrecillas de El Berrocal.

Partimos de los Jardines del Prado en Talavera, donde se encuentra, junto a los arcos de entrada, el monumento erigido con cerámica en el año 2009, con motivo del segundo centenario de la confrontación de los franceses invasores y la coalición de ingleses y españoles, aunque en ambos ejércitos peleaban soldados de otras nacionalidades, como polacos, portugueses, holandeses o alemanes.

Seguimos por el paseo central hasta una rotonda en la que veremos un laurel que se plantó precisamente en el primer centenario. Llegamos a la Basílica del Prado, entonces ermita, frente a la que se exhibió y escarneció con disparos de las tropas el cuerpo del general San Juan, acusado por un clérigo trabucaire de haberse dejado vencer en la batalla de Somosierra, en la que los franceses pasaron el último obstáculo antes de entrar en Madrid. La misma ermita fue expoliada por los invasores, llevándose hasta cincuenta arrobas de plata y convirtiéndola en herrería y carretería, aunque se consiguió conservar la imagen escondida en los desvanes de la Colegial, y parte de su ajuar.

Laurel plantado en 1909 con motivo del primer centenario de la Batalla de Talavera

En la ermita se situaron las baterías que defendían la ciudad de las tropas que pudieran cruzar el Alberche, y aquí empezaba con destacamentos españoles el despliegue de las líneas aliadas en su extremo sur, mientras que aproximadamente a la altura del actual hospital se desplegaron las tropas de los franceses hasta el Alberche.

Desde la basílica nos dirigiremos a la avenida de Francisco Aguirre, que seguiremos en dirección oeste hasta llegar a la rotonda de la carretera de Cervera, pues la línea de despliegue de ambos ejércitos iba en dirección noroeste hasta esta zona en que paralelamente a ella se dispusieron a ambos lados y a prudente distancia  las fuerzas enfrentadas. Nosotros seguiremos por la orilla oeste del arroyo de la Portiña, recorriendo el mismo cauce o, más cómodos, por el camino que, pasando por el paraje de Piedrasmuchas, va hasta las depuradoras del embalse de la Portiña.

En el recorrido urbano que hemos hecho, entonces campos cultivados, y en el tramo de despliegue español hasta el Pajar de Vergara se produjo no se sabe bien porqué un episodio de confusión y una crisis de pánico en las tropas españolas que tenían encomendado ese sector, provocándose una desbandada que no tuvo mayores consecuencias en la batalla, aunque el hecho fue convenientemente magnificado por las crónicas de los ingleses, para intentar así aumentar el protagonismo de sus fuerzas.

Sobre el cerro Cascajal, en la zona de esta labranzo construida en 1909 se situaban las baterías francesas que batían el cerro Medellín

Una moza española llamada Isabel Moreno arengaba y llevaba agua a las tropas españolas y recibió la promesa de ser recompensada cuando finalizara la guerra, pero esta “Agustina de Aragón” talaverana no recibió premio alguno, y fue olvidada por las autoridades, pasada la contienda.

Pronto llegamos a la zona del entonces llamado Pajar de Vergara. Allí comenzaba el despliegue de los ingleses con la fortificación de esa labranza con zanjas y defensas hechas con montones de tierra. En este lugar se produjo, durante la primera fase del ataque general del día 28 de Julio, una de las actuaciones del ejército español que apoyando al inglés hizo que consiguieran los aliados detener a los franceses en uno de sus intentos de avance.

Seguimos en  el sector defendido por las tropas inglesas cuando cruzamos el  Canal Bajo del Alberche y su carretera de servicio, y ascendemos hacia las depuradoras de agua de Talavera, cruzando también el arroyo del valle de las Doncellas.

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Nos encontramos ahora en la zona que sufrió con mayor crudeza el fragor de la batalla, justo en la base oriental del cerro Medellín que se encuentra a la izquierda, y se distingue por tener un chalet en su cumbre. Sobre sus alturas se situaron las baterías inglesas. Para observarlo mejor cruzaremos a territorio “enemigo” por el muro de la presa del arroyo de la Portiña. Allí vemos una construcción de principios del siglo XX en la parte más elevada del cerro Cascajal, donde se encontraba el grueso de las baterías y tropas francesas que intentarían la conquista del cerro Medellín, produciéndose en las inmediaciones del cauce del arroyo y en las lomas de ambas elevaciones los encuentros más violentos y el episodio, más bien legendario, en el que durante un receso de la batalla bajaron soldados de ambos ejércitos a beber al arroyo de La Portiña, donde se encuentran las ruinas de unos molinos que ya existían en aquella época.

Dibujo del escenario de la Batalla de Talavera editado con motivo del primer centenario

Podemos imaginar los repetidos intentos de los galos por ascender y rodear el cerro Medellín, y los miles de muertos que quedaron dispersos por el suelo expuestos al calor y la rapiña de los desvalijadores de cadáveres que, ante la necesidad general reinante cayeron sobre el campo de batalla al finalizar el enfrentamiento. Muchas son las hebillas, balas de cañón y otros objetos hallados cuando se labraron estos campos en tiempos posteriores.

Desde el cerro Cascajal y ya en territorio ocupado por las tropas francesas recorreremos ahora el embalse por su orilla, disfrutando de un paraje muy ameno en el que se practica la pesca y se pueden observar aves como la focha común, la polla de agua, el zampullín chico, ánades reales, somormujos, garzas, cigüeñas, especies limícolas y muchas más, para lo que podemos utilizar el observatorio del aula de la naturaleza del ayuntamiento.

Cuando damos la vuelta al pantano entramos de nuevo en la zona de la batalla y en  el campo inglés, aunque apoyado en algunas incidencias por la caballería española. Justo aquí, al norte del cerro Medellín se produjo otro de los episodios más comentados de la batalla, cuando durante una acometida de los ingleses, fueron muy castigados por los franceses con numerosas bajas, según versión de los británicos, por una supuesta zanja en la que dicen cayeron los caballos y jinetes siendo fácilmente masacrados. Analistas españoles y franceses dijeron que la zanja en cuestión nunca existió y que ésta es una excusa de los ingleses para justificar esa derrota. Pero los franceses no aprovecharon el momento y no consiguieron tomar el cerro Medellín, clave de la batalla. En este flanco de las líneas también tuvieron un papel destacado las fuerzas españolas en apoyo de las inglesas.

Casa de Salinas, de donde huyó Wellington a uña de caballo

Vemos descender el arroyo de la Atalaya desde la misma y observamos en la orilla oeste las elevaciones graníticas en las que se desplegaron tropas españolas que protegían ese flanco y que tuvieron una buena actuación. Seguimos hacia la ladera del cerro Medellín en dirección a la carretera de Mejorada hasta llegar a ella y continuamos en dirección a Talavera.

Justo antes de cruzar la autovía vemos a la izquierda la zona de descanso y el monumento de la Batalla, que se hizo cuando al hacer la autovía A-5 se descubrieron fosas comunes con las corazas y los restos de soldados muertos en la contienda.

En este monumento se representa en azulejo talaverano el despliegue de la batalla con los parajes que venimos visitando. El monumento es como un trípode que simboliza los tres ejércitos contendientes y en el hormigón están inscritos los batallones de cada uno que participaron en esta gran batalla, que se ha considerado ganada por el ejército aliado pero que más bien quedó en tablas porque el número de bajas, en total unas quince mil, fue prácticamente distribuido a partes iguales entre los dos ejércitos contendientes. Sobre la ladera del cerro Medellín vemos la labranza de Pero Gordillo que ya existía en la época, y un poco más arriba el monolito que se levantó también en la conmemoración del primer centenario de la batalla. Podemos volver a Talavera por la carretera de Mejorada o por un camino que va desde el canal entre huertas y paralelo a la carretera por la derecha.

TALAVERA EN LA LITERATURA Y LIBROS DE VIAJES DEL SIGLO DE ORO

TALAVERA EN LA LITERATURA Y LIBROS DE VIAJES DEL SIGLO DE ORO

Vista parcial del dibujo de Van der Wingaerde de Talavera en el siglo XVI
Vista parcial del dibujo de Van der Wingaerde de Talavera en el siglo XVI

Los viajeros que vienen a Talavera en el siglo XVI y comienzos del XVII llegan a la ciudad en su segunda época de mayor pujanza, cuando cuenta con una clase nobiliaria importante numérica y cualitativamente

 “Gente apacible agradable y cortesana, y en particular la noble, que es mucha, lucidísima y de las más calificadas casas de España”.

Como dice Gonzalo Céspedes y Meneses en sus novelas “El Español Gerardo” y “Varia fortuna del soldado Píndaro”, obra esta última en la que habla de Talavera como “una de las más amenas, alegres, abundantes y deleitosas poblaciones” donde la nobleza se entretiene en “caballos, toros, máscaras, sortijas, torneos y otros pasatiempos”. Es éste un buen novelista talaverano de la época.

Retrato de Francisco de Quevedo, buen conocedor de las gentes de mal vivir de Talavera
Retrato de Francisco de Quevedo, buen conocedor de las gentes de mal vivir de Talavera

Don Francisco de Quevedo hace algunas alusiones a Talavera en sus jácaras, como sucede en la “Carta de la Perala a Lampuga su bravo”, donde describe las relaciones entre una prostituta y su chulo y da la sensación de conocer de primera mano los prostíbulos talaveranos:

“Dejásteme en Talavera / a la sombra de un gitano / hombre gafo de los potros / y aturdido de los asnos / No son dotores los matasanos / sino los procesos y el escribano / A lo menos que se puede / pasan aquí los pecados / tierra barata de culpas / mucho amor y pocos cuartos / A una mujer forastera / los hijos del vidriado / no la dan Lampuga un gozque / si pueden darle un alano…”

Dibujo de Enrique Reaño de los corrales situados al sur de la colegial
Dibujo de Enrique Reaño de los corrales situados al sur de la colegial

El chulo de Talavera es un “gitano gafo de los potros”, o sea que tiene deformada la columna vertebral porque ha sido sometido a tormento para confesar sus delitos. También está “aturdido de los asnos”, es decir que ha sido sacado en vergüenza pública a lomos de un borrico.

En los versos siguientes viene a decir que Talavera es ciudad permisiva “barata de culpas” “mucho amor”, o sea prostitución y “pocos cuartos”, ya que afirma que los talaveranos a los que llama “hijos del vidriado”, es decir ceramistas, no te dan un duro si te pueden dar una perra gorda que viene a significar lo del gozque, que es un perro pequeño y el alano que es una especie canina de envergadura considerable.

Un talaverano más que aparece en la obra de Quevedo es otro miembro del hampa llamado “Añasco de Talavera, aquel “hidalgo postizo / hallador de lo guardado / santiguador de bolsillos…” es decir, un falso hidalgo que tiene por oficio el de ladrón. En la obra de Lope de Vega, aparte de las referencias a la cerámica que veremos en otro lugar, aparece Talavera como la ciudad de origen de uno de los personajes principales de la obra “La Serrana de la Vera”, en la que un joven caballero dice haber nacido en nuestra ciudad. Al referirse a que es sobrino de un obispo y desarrollarse la obra en la época de Carlos V, cuando el obispo García de Loaysa era su confesor, podemos deducir que se está refiriendo a un caballero miembro de la vieja familia de los Loaysa en Talavera.

Sepulcro de García de Loaysa, confesor de Carlos V en el convento de Santo Domingo, su fundación
Sepulcro de García de Loaysa, confesor de Carlos V en el convento de Santo Domingo, su fundación

En 1659 un noble francés llamado Francisco Bertaut comenta a su paso por Talavera el dato curioso de que “En el año de 1518, el papa León X quiso dividir el arzobispado de Toledo, que hallaba demasiado grande, y hacer un obispado en Madrid y otro en Talavera, y hasta nombró para comisario al cardenal Adriano” pero no se pudo ejecutar por negarse los de Toledo y su arzobispo.

En 1672 el joven francés A. Jouvin pasa por aquí y hace una guía de su viaje. Al llegar a Cebolla y contemplar la fértil vega del Tajo dice que es “un terreno semejante al paraíso terrenal, donde está la venta de Montearagón, la venta y el puente del Alberche, que se pasa sobre un puente de madera un río grueso que viene de las montañas de la sierra de Toledo, que se ven a mano derecha, que desagua allí cerca en el Tajo, que sigue por un llano el más fértil de España, donde está Talavera de la Reina”. Aunque confunde a la Sierra de Gredos con los Montes de Toledo, aparece nuevamente aquí el lugar común de todos los viajeros, la percibida fertilidad del terreno. De la ciudad dice el viajero que “está dividida en ciudad vieja y nueva. La vieja está cerrada de gruesas y fuertes murallas, y la nueva, que es más grande, no tiene murallas pero sí varias calles grandes, donde viven ricos mercaderes, pero principalmente cerca de la plaza mayor, donde está el Ayuntamiento, adornado por un hermoso reloj. Se estima por toda España la vajilla de loza de Talavera, desde donde se entra en un llano cubierto de olivares para ir a Calera”. Luego continúa su viaje hasta Guadalupe.

En capítulo aparte veremos las ocasiones en que Cervantes hace alusiones a nuestra ciudad en su obra.

HEREJES EN TALAVERA

HEREJES EN TALAVERA

Proceso de un hereje por la inquisición
Proceso de un hereje por la inquisición

Hablábamos en otra entrada de los casos más famosos de brujería y hechicería en Talavera. Hoy comentaremos algunos casos de herejía en esta ciudad castellana donde se asentaron poco las corrientes religiosas que para la iglesia católica eran consideradas heréticas.

En cuanto a los protestantes sólo algunos fueron procesados por delitos menores como decir que las imágenes de los santos eran pedazos de madera, falta ésta que hasta en los dichos populares aparece con el famoso “¿Quién te conoció ciruelo?”, que decía aquel rústico al ver como la gente veneraba a la imagen del santo que se había hecho con el tronco de un árbol de su propiedad.

Hubo procesados talaveranos por tener inclinaciones luteranas, concretamente por motivos como haber mantenido en público ideas contra la autoridad del Papa, dudar de la validez de sacramentos como la confesión y el matrimonio, o por poner en cuestión la existencia del infierno.

A los condenados en las causas inquisitoriales de los siglos XVI y XVII les costaron sus creencias penas de destierro, azotes o cárcel, pero no se conoce que ningún talaverano muriera por ello en la hoguera. La casa de la dirección de la Real Fábrica de Sedas, o patio de San José, lugar relacionado popularmente con brujerías y herejías.

Patio de San José de la antigua casa de la Dirección de las reales Fábricas de Seda, siempre vinculada en la mentalidad popular a fantasmas, brujas y herejes
Patio de San José de la antigua casa de la Dirección de las reales Fábricas de Seda, siempre vinculada en la mentalidad popular a fantasmas, brujas y herejes

Ya en en el siglo XIX pasa por Talavera viniendo de Extremadura el inglés George Borrow, vendedor protestante de Biblias que escribió su magnífico “Viaje de España” y que al pasar por nuestra ciudad es bien aceptado, aunque en Toledo no le dejan entrar por orden del arzobispo. Es curioso el dato de que encuentra en el camino a un talaverano que dice ser judío pero que profesa en secreto su religión.

Camilo José Cela en su ameno libro de viajes sobre Gredos titulado “Judíos, Moros y Cristianos” habla de que en el cercano pueblo de Guisando había un pequeño grupo de luteranos, pero que en el pueblo en lugar de protestantes les llamaban “protestones”. Los masones, aparte de sus connotaciones políticas, también fueron considerados como corriente herética por la Iglesia.

Dice camilo José Cela que le dijeron en Guisando que en el pueblo había "protestones" en lugar de protestantes
Dice camilo José Cela que le dijeron en Guisando que en el pueblo había «protestones» en lugar de protestantes

En Talavera, parece que la llegada de extranjeros, sobre todo franceses y algún suizo, que vinieron a trabajar en las Reales Fábricas de Seda trajo algunas de estas ideas. Así lo aseguraba en una carta uno de los monjes de Santo Domingo que daba noticias al Santo Oficio de haberse fundado en la ciudad una logia de masones con el nombre de “Corazón”. La había promovido un soriano llamado Vicente Hoces y con ella estaban conectados gran parte de los miembros de la alta sociedad talaverana de finales del siglo XVIII.

Durante la Guerra de la Independencia un alcalde de Pueblanueva fue convencido por un oficial francés que le había salvado de la cárcel para que se hiciera masón. El pobre hombre, con más miedo que ganas de entrar en la logia, pasó por todo un ritual que describe en la declaración que hizo a la Inquisición después de haber sido expulsados los franceses. Un ritual lleno de preguntas, palabras simbólicas, gestos y saludos en clave, pasó de unas habitaciones a otras con el sonido de martillos sobre las mesas, y hasta le someten a la prueba de saltar sobre unas púas que resultaron ser de cera.

En la libreta del capitán Isaac Gabaldón, militar de los servicios secretos militares asesinado tras la Guerra Civil en todavía poco claras circunstancias, aparecían los nombres de numerosos talaveranos a los que clasificaba de masones. Muchos de ellos eran médicos, profesionales, militares y gente influyente en el nuevo régimen, cuya identidad se intentó tapar con la muerte del guardia civil, según aseguran algunos historiadores e insinúa un proceso de revisión que se hizo años después del asesinato. Hubo extranjeros de los que llegaron a Talavera con las Reales Fábricas que se burlaban de los dogmas católicos en público, o mantenían ideas heréticas mezcladas con blasfemias en conversaciones con los del lugar, por lo que hubo de tomar cartas en el asunto el Santo Oficio. Cuatro de ellos fueron procesados por luteranos y, además por sodomitas pero no parece que, aunque entonces la homosexualidad era un grave delito, hubiera mayores consecuencias. En otra ocasión, cuando los talaveranos observaban sorprendidos una estrella durante el día sobre la ermita del Prado, un incrédulo francés dijo que si esa estrella se precipitara desde el cielo no caería sobre la ermita, sino sobre el zancarrón de Mahoma, lo que también le costó ser procesado.

Reales Fábricas de Seda en foto de Ruiz de Luna. Fue lugar donde los franceses difundieron creencias no católicas en Talavera
Reales Fábricas de Seda en foto de Ruiz de Luna. Fue lugar donde los franceses difundieron creencias no católicas en Talavera

Otros también fueron acusados de tener en su poder abanicos con motivos eróticos en los que aparecían clérigos en posturas poco edificantes. Pero el grupo más curioso calificado de hereje por la Inquisición fue una célula de molinosistas que bajo el liderazgo del presbítero Diego Fernández Blanco, se formó en Talavera a principios del siglo XVIII. Miguel de Molinos fue el fundador de esta secta herética cuya teoría, el quietismo, atrajo a muchos personajes importantes de la Italia de finales del siglo XVII, hasta que el fundador fue procesado y condenado a reclusión perpetua. Aparte de los atractivos místicos que sin duda tenían sus ideas y de ciertos aspectos esotéricos de las mismas, era el consentimiento de las relaciones sexuales en sus conventículos o reuniones lo que atrajo más adeptos a esta teoría.

En Talavera, Diego Fernández tenía numerosos episodios de arrobo místico en los que llegaba a eyacular. Había vivido descaradamente amancebado, y con otro clérigo llamado Lorenzo Blanco y una tal Hipólita García captaron en Talavera y su comarca a numerosas mujeres, muchas de ellas monjas y algunas nobles que tenían experiencias místicas y no tan místicas con sus maestros. El grupo fue disuelto por el Santo Oficio y a Diego se le suspendieron sus funciones sacerdotales.

EL ANILLO DEL ARZOBISPO, RELATO

EL ANILLO DEL ARZOBISPO

1378

El puente del arzobispo Tenorio en azulejo puenteño
El puente del arzobispo Tenorio en azulejo puenteño, mostrando todavía las dos torres hoy derribadas

Rodrigo acompañaba a sus carretas que traían desde la sierra largos troncos de madera. Servirían para montar las cimbras del puente que el arzobispo Tenorio había ordenado construir sobre el Tajo.

El camino había sido largo desde los pinares de El Arenal y la cañada leonesa que habían seguido en su viaje se había convertido en un auténtico barrizal más difícil de transitar según se aproximaban a Alcolea. Los bueyes ya no podían más pero esta vez no tendrían que vadear el río con la crecida ni pasar en las frágiles barcazas.

Todavía recordaba a su amigo Sancho, ahogado en el río cuando se espantaron los caballos y volcaron la barca en la corriente fría de febrero, hacía ya siete años. Ahora el puente que se construía serviría para evitar tantos trabajos e infortunios, y además ayudaría a los miles de peregrinos que acudían a visitar el lugar donde se había aparecido la Virgen, en la dehesa de los Guadalupes. El puente de Pinos, un poco más arriba de Azután era de madera y las últimas riadas lo habían destrozado. El puente de Talavera estaba muy alejado y obligaba a los viajeros a transitar por los inseguros montes de La Jara arriesgándose siempre a ser asaltados por los golfines y gentes de mal vivir que frecuentaban los desiertos del otro lado del río.

Grabado que representa el puente del arzobispo todavía con las torres defensivas
Grabado que representa el puente del arzobispo todavía con las torres defensivas

Picapedreros, albañiles y caballerías se afanaban mientras, desde la otra orilla, los criados de las monjas de San Clemente de Toledo que vivían junto a la torre de Azután miraban la obra con cara de pocos amigos provocando a los obreros con gestos y risotadas. El monasterio estaba presionando en la corte para evitar que don Pedro Tenorio levantara el magnífico puente que ya tenía labrados de buena sillería todos los ojos menos el central. El ganado y los peregrinos ya no cruzarían por el frágil puente de Pinos y el convento dejaría de percibir los jugosos beneficios que le reportaba.

Rodrigo ordenó descargar los troncos y llevar a los bueyes a beber. Entre los álamos de la orilla comenzaron a encenderse las hogueras junto a las tiendas de los obreros. Al cabo de un rato empezó a sonar la música y a correr el vino. Mañana era domingo y podrían descansar después de una semana de trabajo duro.

Un calderero se acercó al grupo en el que cantaban Rodrigo y sus hombres.

-¿Pueden vuesas mercedes darme un trago? Al pasar he oído las voces y he creído que era fiesta en alguna aldea pero, por el barro de sus vestidos, más creo que andan de faena.

-Siéntese, y celebre con nosotros que en unas jornadas acabaremos el arco mayor del puente de mi señor el Arzobispo.

-Pero ¿Que puente es ese? Muchas veces he cruzado en barca el río por este lugar para vender mis calderos en las aldeas de La Jara y nunca escuché hablar de puente alguno.

Un hombre desdentado y con nariz de borrachín se levantó con el vaso de madera de sauce en la mano y díjo:

-Pues yo he de contaros su historia pero habréis de alañarme una tinajilla donde guardo el vino y que no ha mucho se rajó.

-¡Sea! Contestó el forastero.

-Pues dicen que en cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras.

Placa fundacional del puente del arzobispo Tenorio
Placa fundacional del puente del arzobispo Tenorio

Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse en la pértiga del barquero para no caer, su anillo se hundió en las aguas. Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. Su eminencia quedó tan disgustado por la pérdida que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intenta-ron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo, aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando ¡A por el anillo del obispo!

-Pues escuchad pastores –dijo el prelado- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía  cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez, las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí.

Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el mismo lugar donde perdió su anillo.

-¡Vive Dios! que es hermosa la historia -dijo el calderero-pero mis viajes por toda España me han enseñado que ni nobles ni prelados levantan una paja del suelo si con ello no han de sacar para llenar de rubíes mil de mis calderos.

Rodrigo soltó una sonora carcajada diciendo:

-Razón tenéis amigo que muchos maravedíes cruzan por encima de los puentes y ya mi abuelo me contó que desde Talavera vinieron en sus tiempos gentes del concejo para tirar a las monjas el suyo y hasta hubo sangre, pues muchos dineros perdía la villa. Ahora toman ellas la misma medicina con el puente del Arzobispo.

LA MINERÍA EN LA JARA I

LA MINERÍA EN LA JARA I

Trincheras de la mina de cobre de La Borracha cerca de Aldeanovita
Trincheras de la mina de cobre de La Borracha cerca de Aldeanovita

Hace ya más de cuatro milenios, en la Edad del Cobre, unos pueblos que empezaban a conocer la metalurgia se situaron en cerros fácilmente defendibles, en las vías de comunicación que eran entonces los riachuelos que descendían de las sierras de La Jara. Eran las llamadas culturas del periodo Calcolítico Precampaniforme, conocían ya la agricultura y el pastoreo, pero solamente la explotación de recursos mineros superficiales  justifican  la densidad despoblamiento de estas zonas poco rentables para la agricultura, si las comparamos con las muy cercanas del valle del Tajo. De hecho, se han hallado trincheras con un claro intento de beneficiar el mineral, en las cercanías de estos asentamientos de la Edad del Cobre, en los valles del Jébalo, Uso, Cedena  y Pusa.

Restos de la mina de oro en sierra jaeña en 1945
Restos de la mina de oro en sierra jaeña en 1945

Los pueblos que construyeron los dólmenes de Azután, o de la Estrella siguieron aprovechando las vetas, pobres pero muy  superficiales  y por tanto de fácil acceso, de las tierras de Talavera, otras explotaciones de su entorno así lo atestiguan. Muchas trincheras y pozos de La Jara de difícil datación, pueden orientar hacia un aprovechamiento minero del hierro por parte de los pueblos prerromanos y de los mismos romanos, a los que se relaciona ya con los primeros intentos de extraer el mineral de la principal mina de esta comarca, la mina de oro de La Nava de Ricomalillo, ésta, llamada La Oriental, así como la mina de la Sierra Jaeña, con la que no debemos confundirla, parece que estuvieron unidas por un antiguo camino o calzada con la Ciudad de Vascos. Las escorias halladas en las excavaciones arqueológicas de esta impresionante ciudad hispanomusulmana parecen añadir ese aspecto minero a la ya conocida función defensiva de la frontera del Tajo contra los cristianos.

Ruinas de las instalaciones de la mina de oro La Oriental en Sierra Jaeña
Ruinas de las instalaciones de la mina de oro Pilar en Sierra Jaeña

En el siglo XVI aparecen las primeras referencias documentadas a intentos, muchas veces fallidos, de prospecciones y explotaciones mineras en La Jara. La población actual de La Mina de Santa Quiteria se fundó cuando a mediados de esa centuria los habitantes de la vieja aldea de Cordobílla se trasladan junto a una mina de plomo en la que encontraban más trabajo.

En 1599 se da una pragmática por la que se ordena llevar un registro de minas, y por tanto, desde esa fecha podemos tener datos más concretos de las explotaciones.

La mina de oro «La Oriental» a la que ya nos hemos referido, se sigue labrando en el 1690 con abandonos y reaprovechamientos sucesivos durante los siglos XVIII y XIX. En Buenasbodas se han conocido cajas fuertes con el nombre de la mina, y llegaron a funcionar varios hornos de pan y un mortero para pulverizar el mineral. En la Historia de Talavera de Cosme Gómez de Tejada, hay una referencia a las doblas de oro finísimo acuñadas con el metal de estas minas.

Galería de la mina de Sierra Jaeña
Galería de la mina de Sierra Jaeña

En el siglo XVIII se produjo un curioso episodio, cuando se intenta por parte de varios socios recomenzar la extracción del mineral en La Oriental; las desavenencias entre ellos hacen que una de las partes reclame a la Corona sus supuestos derechos. El Rey ordena al corregidor de Oropesa que tome las medidas necesarias para interrumpir los trabajos, éste parece escurrir el bulto, tal vez por encontrarse la mina fuera de su jurisdicción, y dice encontrarse enfermo, delegando en el alcalde de Talavera, el cual acude a la explotación arrasando y quemando las viviendas y chozas de los trabajadores y las dependencias donde se procesaba el mineral. El evidente abuso autoridad supuso incluso lesiones físicas para algunos mineros e hizo que se entablen procesos judiciales donde se reconocen los daños causados, pero ya la mina quedó de nuevo sin explotación.

Potosí, Mariposa, Nueva California, Abundancia, El Desquite, El Porvenir, Matildita, Ultra-tumba, El Disloque, La Sultana, Fortuna, o Mina del Miedo son algunos de los sugerentes nombres con los que los paisanos del siglo XIX bautizaban a sus pozos en nuestra particular fiebre del oro jareña.

Si subimos a las cumbres de las sierras de Sevilleja podemos percibir sobre el terreno los montones de escoria, los pozos y trincheras que desde la prehistoria se han venido excavando, pero parece que al igual que en el Oeste americano, aventureros y visionarios intentaron enriquecerse rápidamente.

Cofre reforzado de las minas para guardar el polvo de oro
Cofre reforzado de las minas para guardar el polvo de oro

En algunas ocasiones eran personajes ilustrados, como sacerdotes (mina de Don Juan), militares (teniente-coronel Mendez-Cabeza, en una mina de Arroyo Blanco en Aldeanueva de Barbarroya) o acaudalados locales los que iniciaban prospecciones con más riesgos que beneficio en la mayor parte de las ocasiones.

Pero otras veces, vecinos humildes de los pueblos de La Jara emulaban a los dueños de las pocas explotaciones pro-ductivas y después de trabajar en alguna de ellas como asalariados emprendían la aventura en solitario o en pequeños grupos.

Las duras condiciones que de por sí lleva aparejado el laboreo minero se agravaban con las condiciones de aislamiento y las climatológicas, ya que las minas se encontraban localizadas en su mayor parte en los lugares más inhóspitos de lo que yo denomino La Jara profunda, las zonas más deforestadas y desiertas de los términos de Sevilleja, Campillo, Aldeanovita etc… Podemos imaginarnos a estas pobres gentes armadas de su miseria y de su ilusión por encontrar algún filón que les permitiera abandonar sus, en muchas ocasiones, paupérrimas tierras.

Picos, palas, bateas y algún borrico eran todo su armamento para extraer el material de profundos pozos, algunos de más de veinte metros, y transportarlos hasta las zonas de lavadero que en estas tierras de La Jara podían encontrarse muy lejos, por la sequedad del suelo pizarroso.

Bocamina de una vieja explotación minera en Anchuras
Bocamina de una vieja explotación minera en Anchuras

Todavía a principios de siglo, los habitantes de La Nava, veían como algunos entusiastas intentaban buscar pepitas de oro con la batea en el arroyo Joyegoso que desciende de La Oriental, al más puro estilo de las películas del Oeste. Incluso en los años posteriores a la Guerra Civil, hubo intentos de sacarle a estos jarales algo más que unas pocas espigas de centeno, y así, en la década de los cuarenta, aún se tramitan permisos de prospección y explotación. La mayor parte de las vetas de La Jara occidental son de galenas argentíferas y de blenda, y la última intentona minera en esta comarca quiso aprovechar, en los años ochenta, la plata de una de ellas en Anchuras, otro pueblo de La Jara con gran tradición minera además de los ya nombrados, y de Los Navalucillos, en La Jara Oriental.

De aquellas antiguas explotaciones quedan conducciones y paredones en ruinas, de las dependencias para el procesado del material, ruinas de algunas viviendas y de los martinetes y ferrerías -como la del Mazo en el río Pusa-. De todas ellas hablaremos en otro artículo. Es interesante la visita de estos pozos y galerías donde se escondieron bandoleros y guerrilleros, y que en nuestra última contienda civil tuvieron una utilidad mucho menos productiva que la minera, acoger a los represaliados de ambos bandos cuyos cadáveres fueron arrojados a ellos, pero esa es otra historia.

TALAVERA Y LOS TOROS

TALAVERA Y LOS TOROS

En el capítulo sobre la fundación mítica de Talavera vemos cómo la influencia del reino de Tartessos llegó hasta nuestra tierra. Su mítico rey Gerión fue famoso por las manadas de toros salvajes que pastaban en sus campos y hay leyendas locales que le vinculan con el nacimiento del Alberche.

Hércules matando al rey Gerión con sus tres cabezas y sus manadas de toros
Hércules matando al rey Gerión con sus tres cabezas y sus manadas de toros

Existen también testimonios arqueológicos de que se halló un toro de bronce cuando se excavaron los cimientos del convento de los jerónimos, lo que nos indica un culto táurico prehistórico o romano en Talavera. Por otra parte, los verracos de piedra, muchos de ellos con forma de toro, se extienden por toda nuestra geografía como testimonio de la importancia que nuestros antepasados los vettones daban a estas esculturas zoomorfas que colocaban a la puerta de las cercas en las que encerraban a sus ganados, seguramente con un sentido de protección religiosa.

Escudo despiezado que procede de la Puerta de Cuartos
Escudo despiezado que procede de la Puerta de Cuartos con la mitad en que aparecen los toros

Al menos desde los tiempos de los romanos, se celebra en Talavera la antiquísima fiesta de las Mondas que llamó la atención de cronistas y escritores del siglo de Oro, incluso de Cervantes, que en su novela de los Trabajos de Persiles y Segismunda hace una admirada alusión a ella. Sabemos por diferentes testimonios históricos que se celebraban corridas en todas las plazas de las diferentes parroquias de la ciudad, lo que quiere decir que en muchas ocasiones se llegaban a torear hasta siete corridas simultáneas con veintitantos toros diarios. De hecho, estas fiestas, que primero se hicieron en honor de la diosa Ceres y luego de la Virgen del Prado sabemos que se llamaron durante mucho tiempo fiestas de Toros, con todo un ritual relacionado con la fiesta taurina que sería largo de describir, pero que sabemos unía a todos los poderes y clases de la villa, desde el pueblo llano hasta los nobles, la Iglesia o el propio Ayuntamiento.

Plaza de toros de Talavera a principios del siglo XX
Plaza de toros de Talavera a principios del siglo XX

La plaza de Talavera es conocido que desde tiempo inmemorial estaba unida con el edificio de la propia ermita de la Virgen del Prado, a la que tantos capotes han ofrecido las mejores figuras del toreo. Es curioso que nos quede todavía esa muestra de los cultos religiosos primitivos unidos a los toros. En estas fiestas de Mondas toreaban los nobles de Talavera en los siglos XVI y XVII, tal vez debido a la indisoluble vocación ganadera de esta tierra y a la destreza que les daba la práctica de los más diversos lances no sólo en las Mondas sino también en las fiestas de la Virgen de septiembre y en muchas otras ocasiones.

La plaza de toros estuvo desde antiguo unida a la ermita y el hospital de la Virgen del Prado
La plaza de toros estuvo desde antiguo unida a la ermita y el hospital de la Virgen del Prado

Lo cierto es que ese ambiente taurino del Siglo de Oro y posteriores en nuestra ciudad llamó la atención de novelistas como el talaverano Céspedes y Meneses, e hizo que los muchos nobles que tenían entonces sus casonas y palacios en Talavera tuvieran fama de ser diestros en el manejo de los toros.

Uno de sus mejores representantes fue el marqués de Velada, que llegó a torear con una grave cornada en la Plaza Mayor con los intestinos a la vista según los cronistas. Sus faenas merecieron los halagos de Felipe IV y los sonetos de Góngora o Quevedo.

Hay otros datos que relacionan a Talavera con la fiesta de los toros, como el hecho histórico de que uno de los jóvenes hijos de la noble familia de los Duque de Estrada fuera el primer torero de a pie que recogen las crónicas.

Verraco vettón que representa un toro en Castillo de Bayuela
Verraco vettón que representa un toro en Castillo de Bayuela

La suerte de torear a caballo y alancear el toro “a la espera” se relata por primera vez en las crónicas de las fiestas de las Mondas y se decía entonces que los talaveranos estaban especialmente dotados para realizarla.

Y otro detalle de importancia: en el Soto del Piul, cercano a Talavera y que tal vez coincida con el soto de Entrambosríos se criaron los primeros toros bravos de los que hay referencia histórica, por lo que podemos decir que estamos ante la primera ganadería brava conocida.

A todo ello se une la afición de toda la comarca, que conserva en pueblos como los de la sierra de San Vicente las viejas agujas de piedra para cerrar con palos las plazas y los burladeros también hechos de piedra, para poder celebrar corridas y encierros. En el mismo callejero de Talavera conservamos todavía la calle del Toro Encohetado como muestra de viejos ritos táuricos como fue el toro de fuego, con el que ya los antiguos contaban que los íberos derrotaban a sus enemigos atándoles en los cuernos antorchas encendidas.

Agujas de granito para el cerramiento de las plazas para la celebración de festejos taurinos
Agujas de granito para el cerramiento de las plazas para la celebración de festejos taurinos

Sin embargo, curiosamente, talaveranos ilustres como Alonso de Herrera, fray Hernando de Talavera o el padre Mariana se manifestaron en sus escritos contra la crueldad de la fiesta de los toros.

La desgraciada muerte de Joselito hizo que Talavera tuviera un coso taurino de culto, un «santuario» en el mundo del toreo.

VIAJEROS POR TALAVERA HACE 500 AÑOS

VIAJEROS POR TALAVERA HACE 500 AÑOS

Uno de los palacios donde pudieron pernoctar los vaijeros de hace 500 años. El mal llamado de Francisco de Aguirre(casa de Borrajo) hoy desparecido
Uno de los palacios donde pudieron pernoctar los vaijeros de hace 500 años. El mal llamado de Francisco de Aguirre(casa de Borrajo) hoy desparecido (dIBUJO DE ENRIQUE REAÑO SOBRE FOTOGRAFÍA ANTIGUA)

Nos encontramos en el siglo XV, cuando León de Roshmintal, un cuñado curioso del rey Jorge de Bohemia, viniendo de Guadalupe pasa por aquí y dice que Talavera es una ciudad con castillo, situada en campos regados por el Tajo y que el camino discurre entre olivares y viñas que rodean a la ciudad por los dos lados. Es la primera vez que aparece la referencia directa a los cultivos de secano que rodeaban a Talavera, sobre todo los magníficos olivares que llaman la atención de muchos de los que por aquí pasan.

Ya a finales de esa misma centuria, visita nuestra ciudad Jerónimo Münzer, médico de Nuremberg, geógrafo y astrónomo. También viene de vuelta de Guadalupe, como seguirá sucediendo con muchos viajeros y romeros que durante este siglo y el siguiente peregrinarán al monasterio de las Villuercas mientras se encuentra en su pleno apogeo. Dice este viajero de Talavera que “es una célebre ciudad a orillas del Tajo, que se atraviesa por un puente de veintidós ojos. El arzobispo de Toledo fundó en ella dos monasterios uno de Jerónimos (se refiere a don Pedro Tenorio) y otro de franciscanos (probablemente se trata en este caso de fray Hernando de Talavera que impulsa el convento donde después estaría la parroquia de San Francisco). La población, en donde también hay una colegiata, es tan grande como Nordlingen, y está en una llanura fértil en vino y aceite y otros varios productos”.

Otro lugar común de todos los viajeros a su paso por Talavera será la fertilidad de su tierra a la que aquí se refiere también el alemán. Ya en el siglo XVI Antonio Lalaing viene en 1501 acompañando a España a Felipe el Hermoso y viaja también a Guadalupe mencionando simplemente a nuestra ciudad, en la que pernocta.

Navagero es otro viajero humanista y embajador de Venecia ante Carlos V que en su cuaderno de viaje dice: “El día veinticinco fuimos a Carmena que hay tres leguas, a Cebolla y luego a Talavera. Cerca de Talavera pasamos por un puente de piedra un río que se llama el Alberco (Alberche), que poco después entra en el Tajo. La ciudad de Talavera es muy buen lugar, está a orillas del Tajo y tiene sobre él un puente; conserva un pedazo de muralla antigua y en ella una puerta también antigua “e lápide cuadrato”. Hay ruinas de termas y algunas inscripciones en piedras antiguas, muchas de las cuales no se pueden leer, pero se ve en ellas el nombre de Gneo Pompeyo…lo que he notado en Talavera es que todas las murallas nuevas están hechas con piedras cuadradas de los muros antiguos. Hay aquí un hermoso monasterio de jerónimos y el lugar es del arzobispo de Toledo”.

Ya los viajeros de hace 500 años observaron las inscripciones romanas encastradas en la muralla
Ya los viajeros de hace 500 años observaron las inscripciones romanas encastradas en la muralla

Es de reseñar en esta descripción el espíritu de observación arqueológica de Navagero que fija su atención en las antiguas piedras romanas reutilizadas en la muralla, las inscripciones epigráficas, o las antiguas termas que llega a percibir de antigüedad también romana. Ya es el segundo viajero que se admira de la riqueza del monasterio jerónimo de Santa Catalina, en pleno cenit de su poder y riqueza.

El interventor de Carlos V, Juan de Vandenese hace una descripción de los viajes del Emperador y nos relata que el día 22 y 23 de Abril de 1524 se halla en Talavera doña Leonor de Austria, viuda del rey de Portugal y hermana de Carlos V, que concierta su matrimonio con el rey de Francia. Precisamente en nuestra ciudad se quita el luto para ir a Toledo en busca de su prometido.

Palacio de Villatoya, construido en la época de los viajeros que referimos
Palacio de Villatoya, construido en la época de los viajeros que referimos

En 1542 el portugués Gaspar Barreiros, canónigo de Évora y hombre letrado pasa por Talavera: “Viniendo después a esta villa, que es de los arzobispos de Toledo, está asentada en las orillas del Tajo, cercada de muros de piedra y cal, torreados con sus torres, a las que llaman albarradas (albarranas), con una fortaleza, aunque los muros de los arrabales sean de tapias. Tiene cerca de tres mil vecinos, con catorce iglesias y seis monasterios, cuatro de frailes y dos de monjas y cincuenta lugares de su jurisdicción, los cuales están en su término. Tiene una iglesia colegiata en la que hay deán y todas las demás dignidades, y canónigos como en las catedrales. La tierra es de buena comarca de pan, vino, miel, frutas y ganado. En ella hay mucha gente noble y rica, eclesiástica como secular y muchos hidalgos honrados, algunos de los cuales son del linaje de los Meneses legítimos, sino éstos.”

APARECE UNA IMAGEN EN TIERRA DE TALAVERA

APARECE UNA IMAGEN EN TIERRA DE TALAVERA
Cuadro que representa la aparición de la Virgen de Guadalupe a Gil Cordero
Cuadro que representa la aparición de la Virgen de Guadalupe a Gil Cordero

 

El rey Sancho IV había tomado su venganza contra la hidalguía talaverana por el apoyo que había prestado a su padre Alfonso X durante el conflicto bélico que los enfrentó. Entre la historia y la leyenda podemos considerar la muerte de cuatrocientos caballeros de la villa que fueron ajusticiados por Sancho el Bravo. Descuartizados, fueron sus pedazos colgados de la puerta que desde entonces se llamó Puerta de Cuartos.

Algunos historiadores consideran que el deseo de reconciliarse con Talavera llevó al rey a concederla tres grandes dehesas para su repoblación al sur de su extenso alfoz. Una de ellas era la dehesa de los Xebalillos, zona de la actual cabecera del río Gébalo. Otra era la dehesa del Castrejón de Ibor, lo que, aproximadamente, hoy se conoce como comarca de Los Ibores. La tercera era la dehesa del puerto de Juan Román, Ivan Román en grafía medieval, que abarcaba los actuales términos de Valdecaballeros y Castilblanco, hoy en la provincia de Badajoz, Alía y los bosques y montes cercanos al río Guadalupe, más tarde conocidos como dehesa de Los Guadalupes.

Imagen de la Virgen de Guadalupe en cerámica talaverana, obra de Ruiz de Luna
Imagen de la Virgen de Guadalupe en cerámica

“ Sepan quantos esta carta vieren cómo nos don Sancho…por hacer bien y merçed al conçejo de Talavera, porque han pocos pueblos e no an común ninguno e porque el Rey nuestro padre les tomó el montadgo que solían aver, por la merçed que hizo a los pastores, dámosles tres dehesas en su término que las ayan e se aprovechen dellas para su común y las puedan arrendar y puedan hacer en ellas todas las cosas que en su pro sean…E mandamos que aya estas dehesas para siempre jamás con las aguas e los pastos e con los montes e con las mudas de los açores e de los falcones que en ella son o fueren de aquí en adelante e defendemos firmemente que ninguno sea osado de las entrar en ellas”.

La leyenda de la aparición de la imagen de la Virgen de Guadalupe no data concretamente el momento en que se produce el hallazgo pero, por el contenido del relato, sabemos que la talla es escondida por clérigos sevillanos que huían de la persecución musulmana y es hallada más tarde, cuando el territorio ha sido ya reconquistado por los cristianos. Por ello, el comienzo de la devoción guadalupana se situaría probablemente en el siglo XIII, como parece indicar el estilo de la escultura y el hecho de que hasta la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212 no se puede considerar este territorio poblado por cristianos debido a la inseguridad producida sobre estos despoblados de La Jara por las frecuentes razzias árabes.

Los documentos históricos más antiguos en los que aparece mencionada una iglesia y hospital de Guadalupe se remontan a 1327 y 1329 pero en 1339 ya tiene el templo suficientes medios económicos como para adquirir un batán.

Talla de la Virgen de Guadalupe
Talla de la Virgen de Guadalupe

En 1340 el rey Alfonso XI, que ya debería conocer estos parajes por sus correrías cinegéticas, acude a Guadalupe para dar gracias a la Virgen por su victoria en la batalla del Salado, importante estratégicamente porque impedía una nueva invasión musulmana por la secta de los benimerimes aliados con los reyes de Granada, como nos cuenta la “Crónica de Alfonso el Onceno”:

“ E el rey partió luego de Llerena e fue a Santa María de Guadalupe a dar gracias a nuestra Señora, en quien este noble rey Alonso auie gran deboçión e a quien el se auie recomendado cuando yua a pelear con los moros, e por la marauillosa vitoria que Dios por ruego de su madre, le había dado contra los rreyes Alboacén de Marruecos e de Benamarín et de Granada e offresçió muchas cosas; e mandó que se escribiese en Crónica como nuestra Señora auie aparescido en aquel lugar al vaquero e auía hallado allí soterrada su santa ymagen e se auía fecho allí aquella sancta yglesia de Guadalupe donde nuestra Señora hazía tantos milagros y de cómo él auía dado a aquella yglesia el término que tiene de las tierras de Talavera e Trugiello”.

Por un privilegio dado en Sevilla en 1340, Alfonso XI pone bajo su amparo a la iglesia y hospital de Guadalupe con todas sus pertenencias y ganados, a los que autoriza a pasar por todo el reino libremente. En 1341 promueve un patronato real mediante una carta emitida en Cadalso para mejorar la primitiva ermita pues la había encontrado “ asaz  muy pequeña y estaba derribada, e las gentes que i venían a la dicha ermita venían por devoción, non avyan i do estar, nos, por esto tobimos por bién e mandamos fazer esta hermita mucho mayor, de manera que la eglesia es grande, en que puedan caber las gentes que i vienen en romería, e por faser esta eglesia dimos nos el suelo nuestro en que se ficiese, e mandamos labrar las labores de dicha hermita”.

Para mantener al prior y a los clérigos que servirían al santuario y para la financiación del hospital que recibiría a los peregrinos, el rey Alfonso dispuso que se entregaría la martiniega de los nuevos pobladores a la iglesia de Guadalupe. Además dota a la nueva institución del suelo necesario para su manutención y la de sus sirvientes.

TALAVERA NO SE RESIGNÓ

La villa cabeza del alfoz no vio con buenos ojos esta segregación e intenta, tanto a través del concejo y sus agentes como protegiendo a los vecinos que no respetan los privilegios reales de la iglesia de Guadalupe, que prevalezcan sus antiguos derechos sobre el territorio. Los enfrentamientos son constantes y durante todo el siglo XIV los reyes Alfonso XI, doña María, Pedro I, Enrique II y Juan I deben enviar reiteradamente cartas amenazantes a Talavera ordenando que se respete la normativa que protege, por ejemplo, a los ganados de la fundación real y así, recuerda Alfonso XI que deben los talaveranos permitir pastar en sus prados y dehesas a 800 vacas, 50 yeguas, 2000 ovejas y cabras y 500 puercos del futuro monasterio. Tampoco se permite al ganado que transite libremente por las Tierras de Talavera y se aprenden cabezas con frecuencia por los alcaldes y agentes del concejo talaverano, sin ni siquiera permitir que los pastores “tomen corteza de los árboles para hacerse calzado”, lo que nos revela una curiosa utilidad del corcho en la época. También se intenta cobrar por el tránsito y comercio de abastecimientos para Guadalupe, se impide que los bueyes puedan pastar, o que los pobladores de La Puebla instalen colmenas en los términos de Talavera. Los recaudadores del portazgo consideran a los peregrinos como “descaminados” y los toman el vino y las viandas que traen para el camino. La Santa Hermandad de Talavera no se resigna a dejar de cobrar el impuesto de la asadura que servía para mantener a esta institución de policía rural. Los conflictos son permanentes, sobre todo en las zonas fronterizas de Alía y el paraje de la Posada del Rey, cerca del Hospital del Obispo, llegando  incluso a levantarse los mojones de deslinde.