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DESASTRES DE LA GUERRA

DESASTRES DE LA GUERRA

Grabado alegórico a los sufrimientos del pueblo español en la Guerra de la Independencia

En la Guerra de la Independencia no sufrió Talavera solamente los efectos de la gran batalla que lleva el nombre de nuestra ciudad, sino que las idas y venidas de los ejércitos franceses provocaron gran cantidad de víctimas, daños en el caserío y una gran miseria posterior debida a su rapiña insaciable.

En 1819 el ayuntamiento de Talavera emite un informe por orden del rey Fernando VII en el que relata “narraciones verídicas, hechos heroicos, acciones brillantes, sentimientos leales, sufrimiento y trabajos que haya padecido el pueblo desde que las huestes francesas ocuparon su suelo”.

A finales de noviembre de 1808 se crea en Talavera con vecinos de la villa y de sus tierras el Regimiento de Infantería Voluntarios Leales de Fernando VII, bajo las órdenes del también talaverano coronel Genaro Rezábal. Las tropas salen hacia Badajoz ante el avance francés después de cuatro meses de ejercitarse en las armas.

En esta misma época pasa por la villa huyendo de la represión francesa en Madrid “la Suprema Junta Central y todo nuestro ejército en dispersión, prelados eclesiásticos, comunidades religiosas de ambos sexos, grandes títulos, empleados y multitud de familias afligidas y desoladas, y todos encuentran en el recinto de Talavera y sus moradores tantos héroes como vecinos, que se esmeran y distinguen en prestar a estos fieles errantes súbditos cuantos auxilios y recursos hallaban en sus alcances ”.

El llamado patio de San José, antigua casa de la dirección de la Real Fábrica de Sedas fue el lugar donde se alojó José Bonaparte, Pepe Botella, a su paso por Talavera

Podemos imaginar a toda la abigarrada muchedumbre de personalidades, nobles funcionarios y religiosos de Madrid huyendo de las tropas francesas y alojándose en las casas de Talavera. El 11 de diciembre de 1808, un domingo a las ocho de la mañana, entran en nuestra ciudad las tropas francesas al mando del general Lasalle con los regimientos franceses del 10º de Cazadores y el 5º de Dragones, que por su crueldad provocan la huida de nuestros paisanos y “se cubrieron los caminos de personas de todos estados, sexos, condiciones y edades que como náufragos barquichuelos caminaban por donde les conducía el viento de sus desconsuelos en el agitado mar de sus tribulaciones. Volvían sus humedecidos ojos a los muros de su amada patria, que quedaban en el más pavoroso silencio, y se despedían de ella juzgando que no volverían a verla, como sucedió a muchísimos, que de sentimiento, necesidad y miseria fallecieron en los pueblos inmediatos, o en las labranzas, alquerías y cortijos”.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es 1e44c12f52afba3f236ff2eb462bef4f-744x1024.jpg

El general Lasalle, uno de los más crueles generales franceses con la población de Talavera

Una semana más tarde llegan a Talavera más tropas francesas al mando del general Lefevre y se alojan en las casonas, palacios y conventos. “Hacia las ocho de la tarde se esparcen en patrullas de seis u ocho hombres por las calles de la villa con velas encendidas y se dedican a un saqueo general, rompiendo las puertas con hachas y cometiendo toda clase de insultos y violencias con las pocas personas que se habían quedado. Continuaron por todo el día siguiente destrozando y rompiendo en las bodegas y lagares las tinajas de vino y vasos que contenían aceite, de suerte que una y otra especie corrían por las calles hasta incorporarse con la corriente del Tajo ”. El mismo general francés desvalijó el palacio arzobispal y se llevó un furgón cargado, entre otras cosas, con toda la vajilla y telas ricas en las que le sirvieron la cena.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es 3e25f07c4086e14c6e2c716a2c098b30-686x1024.jpg

El general Lefèvre otro militar francés que fue especialmente violento en Talavera

Cuando el 6 de enero de 1809 los franceses abandonaron Talavera tras su primera estancia, habían robado cien mil fanegas de trigo, cuarenta mil de cebada y ocho mil arrobas de garbanzos, cincuenta mil cántaros de aceite y doscientas mil arrobas de vino, además de incontables carnes, aves y ganados. Pero al cabo de sólo nueve días volvieron los gabachos a ocuparla con tropas del primer cuerpo al mando del mariscal Víctor, duque de Bellune que, además de otros agravios, intentó saquear la riqueza en metálico que pudiera quedar en la villa.

Grabado del siglo XIX que representa la Batalla de Talavera

La fría noche del siete de febrero de 1809 fueron los gendarmes y soldados franceses sacando de sus casas a las personas más ricas e influyentes y las llevaron al ayuntamiento. Todos los talaveranos allí encerrados quedaron de acuerdo en no entregar a los invasores ni un solo maravedí de los que les exigían con la excusa de acusarles de apoyar a los insurgentes españoles. Para aterrorizarlos les sacaron de madrugada para llevarlos, seguidos de varios cañones con la mecha encendida, para marchar a pie hasta Almaraz, donde dijeron que les pasarían por las armas. No quebraron así su voluntad y cuando iban por la iglesia del Salvador, viendo los franceses que no amedrentaban a estos paisanos, volvieron a llevarlos al ayuntamiento.

Siguieron entrando y saliendo los franceses de Talavera cometiendo toda clase de tropelías. Pero especialmente cruel fue el general Lavalle cuando volvía de incendiar Arenas de San Pedro, donde además había pasado a cuchillo a muchos de sus habitantes.

Como ya habían dejado en Talavera pocos víveres y riquezas, se llevaron las mantas y sábanas de los vecinos y maltrataron al vicario y cura de Santa Leocadia, registrando y destrozando su casa.

Soldados franceses en un grabado alegórico sobre los desastres de la Guerra

Se empiezan entonces a producir los primeros ataques de los guerrilleros españoles contra los ejércitos napoleónicos, llegando en sus incursiones hasta la plaza del Comercio (hoy del Reloj) y atacando a la guardia francesa del puente. Un guerrillero talaverano llamado Jerónimo Moreno llegó a disparar un cañón contra los invasores desde el sitio conocido como La Redondilla.

Los franceses se alojaban en las casas de los talaveranos y allí les exigían toda clase de alimentos, maltratándoles si no los conseguían, como cuando les pedían castañas frescas en pleno verano. Obligaban a los vecinos a dormir en el suelo y ni siquiera les dejaban arrimar al fuego el miserable puchero que podían permitirse después de los saqueos. Con ocasión de que varios soldados de Napoleón habían muerto en una emboscada a manos de los insurgentes españoles, los franceses dinamitaron más de cuatrocientas casas en Talavera, cebándose especialmente en el barrio de la Puerta de Cuartos por pensar que allí habían ocultado a los guerrilleros que les habían atacado.

Fue notorio el gélido recibimiento que se dio al rey José Bonaparte, “Pepe Botella” para el pueblo, cuando entró en Talavera al mando de treinta mil hombres. Se alojó en la Casa de la Dirección de las Reales Fábricas de Sedas, el conocido como patio de San José, y durante su estancia de tres días no recibió ni el más mínimo obsequio por parte de los talaveranos, ni se escuchó ni una sola vez en la villa el grito de ¡Viva el Rey José!, mientras que al llegar nuestro ejército con los aliados ingleses y portugueses, el recibimiento fue clamoroso.

Después vendría la Batalla de Talavera y los franceses que volvieron a recuperar después la ciudad se vengaron de la ayuda prestada a los aliados sometiéndola a un nuevo y horroroso saqueo. Otra vez se producen crímenes, tala masiva de los centenarios olivos talaveranos y arrancamiento de cepas.

La miseria, la destrucción y las enfermedades hicieron que la población se llegara a reducir a una tercera parte y Talavera entró en una crisis de la que tardaría muchos años en recuperarse, ya que a ello se unía la decadencia de las Reales Fábricas de Seda que había dejado en desempleo a miles de personas de la ciudad y su comarca. Talavera fue la primera población que recibió al mensajero del alcalde de Móstoles con el llamamiento a la sublevación militar contra los franceses y en el Archivo Municipal se guarda incluso el recibo de uno de las postas que contestó a la llamada de auxilio contra los franceses.

MONJES LUJURIOSOS, UN HALLAZGO Y UN MOTÍN

MONJES LUJURIOSOS, UN HALLAZGO Y UN MOTÍN

CURIOSIDADES DEL MONASTERIO JERÓNIMO

Claustro ´sur de los jerónimos mal llamado «de los Canónigos», ya que estos nunca se llegaron a enclaustrar

HOY TRAEMOS TRES CURIOSIDADES HISTÓRICAS REFERIDAS AL MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA

Costumbres poco edificantes

 Poco antes del cierre definitivo de este monasterio en 1803 se produjeron algunos hechos escandalosos que nos hablan de la decadencia del mismo y de la utilización de los bienes del convento para el beneficio personal de los monjes.

Fray Joaquín de Segurilla acostumbraba a visitar a sus barraganas en Gamonal con una vistosa mula blanca a la que los jóvenes del pueblo cortaron la cola como humorístico escarmiento, paseando este monje su vergüenza por toda la comarca y llegando a establecerse el dicho “Estás más descolado que la mula de Fray Joaquín”.

Otro fraile hubo de salir desnudo por los tejados de Talavera huyendo de un marido celoso, mientras que también eran famosos los escándalos sexuales que se producían debido al mantenimiento de “amas” poco recomendables por los frailes a cuyo cargo se encontraban los molinos o la granja de Pompajuela.

Por estas ventanas se arrojaron jamones y enseres de los jesuitas en el Motín del Pan

 Un levantamiento revolucionario.

El dos de mayo de 1898 fue asaltada la residencia jesuítica de Talavera en un motín de carácter anarquista protagonizado por mujeres talaveranas que protestaban por la subida exorbitante del precio del pan, de este suceso nos ha quedado un curioso aunque parcial relato de uno de los concejales de la época, el médico D. Fulgencio Farinós:

 «Una vez abierta la puerta penetraron las más atrevidas, arrojando a la vía pública todo cuanto encontraron. De una a otra habitación recorrieron todo el edificio. Detrás de las mujeres penetraron hombres y no hubo mueble, ropa, ni objeto de adorno, que no destrozasen. Crucifijos, imágenes, libros sagrados, ornamentos, nada en una palabra se libró de sus manos.

Por aquellas puertas rotas , por aquellos balcones y rejas eran arrojados a la calle jamones, chorizos, trigo y comestibles de todas clases; colchones hechos pedazos, camas, muebles, crucifijos y objetos sin fin…y con navajas y cuchillos rasgaban las ropas, sotanas, habitos, casullas…todo cuanto cogían.

No contentos con romper hicieron hogueras para que todo fuera pasto de las llamas.

Los Sres. Alcalde y Capitán de la Guardia Civil, lograron casi a viva fuerza penetrar en el recinto, exponiéndose a las iras de aquellos desgraciados; se colocaron frente a las puertas que trataban de derribar y les intimaban que para abrirlas habían de pasar sobre sus cuerpos…Todo inútil, todo en vano, aquello no hubiera podido dominarse más que con las bayonetas y las balas…el señor alcalde ordenó tocar las campanas en son de somatén…»

Un hallazgo arqueológico

 «Cuando se abrieron las zanjas para los cimientos de la capilla mayor de este monasterio hallaron los oficiales una cabeza de becerro de bronce vaciado, continuada con su pescuezo hasta los hombros, con un movimiento y habitud de gran maestría y primor; guardola un monje antiguo y curioso, y a dos años dispuso labrándose una campana, la echó en la fundición quizá con consideración que si había sido instrumento de idolatría en la ciega gentilidad , de allí adelante se incorporase en otro instrumento que llama y despierta a dar el verdadero culto a Dios» Esta curiosa noticia arqueológica nos confirma la importancia del entorno de la Colegial, zona incluida en el primer recinto amurallado, como localización de restos similares al referido en este párrafo que se ha extraído de la historia de Talavera de Francisco de Soto. Podríamos pensar en el  origen probablemente romano de esta escultura perdida por el celo religioso del monje.

LA REINA QUE DIO APELLIDO A TALAVERA

LA REINA QUE DIO APELLIDO A TALAVERA

Escultura de doña María de dudoso gusto a la entrada de Talavera desde Extremadura

La reina doña María de Portugal

El rey Alfonso XI se casó con doña María, la hija de Alfonso IV rey de Portugal. Talavera fue uno de los regalos que la reina recibió en su boda. Desde entonces permaneció bastante unida a la villa, conservándose algunos documentos de la época que hablan de las normas y privilegios que promulgó para el mejor gobierno de la misma, como por ejemplo, la regulación del nombramiento de los escribanos, una especie de notarios de la época, o la confirmación de algunos privilegios de la Santa Hermandad talaverana.

Doña María era prima hermana del rey Alfonso “el onceno” por doble vínculo y debido a esta circunstancia tuvieron los contrayentes que obtener dispensa papal para su matrimonio.

Sustituyó así la portuguesa a la primitiva prometida del monarca que era doña Constanza. hija del noble y escritor don Juan Manuel, que siempre guardaría rencor a don Alfonso por haber roto el compromiso con su hija, doña Constanza. Ella se comprometió después con el heredero portugués, pero Alfonso XI la retuvo en España.

Estos hechos y la infidelidad del Rey con doña Leonor de Guzmán enturbiaron las relaciones entre España y Portugal, llegándose a producir varios conflictos bélicos durante el reinado de Alfonso entre los dos países, aunque en situaciones de peligro para el reino por el ataque de los musulmanes, supo doña María pedir auxilio a su padre el rey de Portugal por el interés de España.

Alfonso XI en una recreación de su retrato

La Reina tuvo un primer hijo llamado Fernando que murió siendo un niño de apenas un año y, según la tradición, fue enterrado en la iglesia talaverana de San Clemente, en un sepulcro que estaba situado en el lado del edificio que daba al río en la antigua parroquia. La reina pasaba largas temporadas en el alcázar de Talavera, cuya propiedad le correspondía por ser la señora de la villa. Pero mientras tanto, su marido viajaba incesantemente de un lugar a otro de Castilla, o de campaña en campaña militar contra los moros, siempre acompañado por su amante doña Leonor, mientras doña María vivía humillada en su soledad.

El segundo hijo de la Reina fue don Pedro, conocido más tarde como “el Cruel”, muy unido a su madre al principio de su vida. La guerra por el trono entre Pedro y su hermanastro Enrique, hijo de doña Leonor, hizo que los partidarios del bastardo difundieran leyendas que hacían dudar hasta de que don Alfonso fuera el verdadero padre de Pedro. Se decía que en realidad doña María había tenido una niña y que Pedro era hijo de una judía que había parido la misma noche que la reina. La hija del rey se le habría dado a un judío converso para que lo criara.

María de Portugal en un retrato de la Biblioteca Británica

Muerto Alfonso XI por la peste negra durante las guerras contra los moros en Algeciras, doña María manda asesinar inmediatamente a la favorita del Rey en el alcázar de Talavera y asume la tutoría del nuevo rey Pedro I que sólo tiene 15 años en ese momento.

El nuevo monarca también se enamoró como su padre de una mujer, María de Padilla, que no era su esposa legítima. La joven Blanca de Borbón era su verdadera esposa, pero fue abandonada y mandada asesinar a mazazos por Pedro el Cruel. Doña María de Portugal siempre intentó que su hijo volviera con doña Blanca que, al igual que ella, sufría la infidelidad de su marido, pero no lo consiguió. Antes de morir, la reina doña Blanca fue llevada a Toledo y allí se acogió a sagrado en una iglesia protegida por doña María, que intentó así salvarla de la muerte que presentía.

Alcázar de Talavera,donde pasó doña María algunas temporadas y donde ordenó degollar a doña Leonor favorita de su marido Alfonso XI. Vista parcial de un dibujo de Van der Wingaerde del sigloXVI

Talavera se puso también de parte de doña Blanca y acogió a los bastardos Enrique y Fadrique, hijos de doña Leonor de Guzmán, que ya por entonces hacían campaña contra don Pedro, que marchó sobre Toledo y desterró a su madre la reina doña María a Sigüenza.

El rey acabó distanciándose de ella hasta la ruptura total, cuando en Toro, donde ella se había retirado con algunos nobles fieles, los ejecutó él mismo en su presencia.

Marchó doña María a su patria y en la Ébora portuguesa murió, dicen algunos que envenenada por su propio hermano el rey de Portugal. La mujer desgraciada y vengativa por la que nuestra ciudad llevaría para siempre el apellido “de la Reina” falleció tan indignamente como ella había acabado con la vida de la amante de su marido. Fue enterrada en Sevilla.

Sepulcro de doña María de Portugal en el monasterio de San Clemente de Sevilla

CURIOSIDADES DE VENTAS Y VENTEROS EN LA COMARCA

SOBRE VENTAS Y VENTEROS

No debemos tener el concepto de que los peregrinos y viajeros se encontraban con establecimientos hosteleros de los que hoy estamos habituados a disfrutar, sino que simplemente disponían, en el mejor de los casos, de alguna pequeña habitación con un jergón y el pan cocido en la propia venta. A veces algún huevo, algún conejo o alguna modesta vianda que pudiera proporcionar el dueño de la misma. Pero en la mayoría de las ocasiones, una venta no era otra cosa que un techo y un poco de paja compartidos casi siempre con los animales.

A este respecto he encontrado un ejemplo curioso de la descripción de ventas y venteros en el siglo XVIII que se relata en “El Pelegrino Curioso” y que le sucede a un tal Bartolomé Villalba, vecino de Talavera que realiza el mismo trayecto que nosotros llevamos. Sale de Talavera y primero duerme en una venta de Calera donde “el ventero no decía verdad”, la siguiente noche pernocta en la Venta de la Cierva, en la que “pagando y rogando no pudo persuadir a la ventera que le diese un jarro para beber agua donde hubiese habido antes vino”, frase que parece aludir irónicamente a la costumbre de los venteros de “bautizar” fraudulentamente el agua con el vino.

La higiene no debía ser muy estricta pues el viajero compone unos versos en los que califica a la posadera entre otras lindezas de  “rabiosa puerca, sucia, desdeñada, infame y endiablada”.

Solamente los molineros superan a los venteros en las alusiones literarias en su fama de ladrones y defraudadores y nuestro viajero talaverano a Guadalupe se inspira en su experiencia para escribir unos versos:

“Enemigos de pobrezas /

venteros sois de contino /

pésaos de ver pan y vino, /

amigos de las larguezas /

no de pobre o peregrino”.

En Villar del Pedroso “ El Pelegrino” se queja de una ventera borracha cuando dice: “Tomada la posada, la huéspeda se apoderó tan reciamente del dios Baco que ni a sus hijas dejaba de infamar ni a los pelegrinos dejaba dormir”. Según nuestro viajero, sólo se hallan en los caminos “venteras marcadas, mesoneras sucias, posadas infames y tanta cochambre y martín, que el día bueno es víspera del malo”.

Cuando habla de “venteras marcadas”  puede que se refiera a las marcas que hacía sobre la piel la Santa Hermandad  a los delicuentes o a las cicatrices de las lesiones sifilíticas.

También cuenta cómo eran despreciados los huéspedes “de a pie” porque tomaban una cama entre varios y las mil tretas utilizadas por los venteros para robar los víveres y pertenencias de los viajeros, pues saben bien los posaderos “hurtar la carne, desfalcar del pescado con achaque del gato y desaparecer las cosas”.

Y hablando de ventas, es también curioso cómo Rubén Darío se queja de lo insalubres e incómodas que eran las ventas españolas y nos relata cómo viajando por Gredos ha de soportar los ronquidos y ventosidades de los arrieros en las ventas, donde apenas hay nada que comer y a veces la cama es un poco de paja.

En una finca en término de Oropesa llamada El Verdugal se produjo la detención del bandido conocido como El Maragato por un franciscano de Rosarito que lo desarmó cuando le exigía que le diera sus zapatos y le disparó impidiendo su huida. El hecho fue inmortalizado en seis cuadritos por Goya como, contamos en otra entrada de este blog, y se encuentran en el museo de Chicago.

Cuadros sobre la detención de El Maragato en la Venta de El Verdugal pintados por Goya

Una de las ventas más antiguas de España se encuentra en la actual autovía Nacional V frente a Alcañizo, es la venta de Pelabanegas, en realidad de Pero Benegas o Pedro Benegas.  Hoy sigue siendo un bar de carretera pero aparece ya como venta hace casi ochocientos años en un deslinde entre los términos de Talavera y Alcañizo.

FOTOS DE LA EXCAVACIÓN DE LOS CANALES DEL ALBERCHE POR PRESOS REPUBLICANOS

FOTOS DE LA EXCAVACIÓN DE LOS CANALES

DEL ALBERCHE POR PRESOS REPUBLICANOS

Presos republicanos cavando el canal del Alberche

Traemos hoy algunas fotografías de la excavación por presos forzados republicanos del Canal bajo del Alberche y sus acequias y canales secundarios., aunque también recibían algunos de ellos una pequeña retribución y otros trabajadores eran profesionales al servicio del estado.

Algunas proceden de la exposición que organizamos con la Plataforma en Defensa del Tajo y el Alberche, de trabajadores de la Confederación Hidrográfica del Tajo, de la propia colección de la CHT en su delegación de Talavera y de la colección del estudioso del tema e historiador talaverano José Pérez Conde.

Con la construcción de este canal por aquellos represaliados Talavera comenzó un crecimiento que triplicaría su población. Fuera de cualquier otra connotación política, aunque solo sea por humanidad, aquellos hombres bien merecen un recuerdo. Y qué mejor recuerdo que este fragmento del poema de Joaquín Benito de Lucas «El Cerro de Santa Apolonia»

…Algo más tarde supe

que en ese cerro de Santa Apolonia

santa patrona del dolor de muelas,

vivían unos hombres, todos encadenados

a un invierno sin fin,

que no reían ni cantaban.

Prisioneros del odio,

hacían del trabajo su redención, y nunca

se quejaban ni de dientes ni de muelas;

quizá porque la santa cuidó su dentadura

o porque no tenían qué llevarse a la boca.

Y seguían trabajando

en la estación total de su desgracia,

escarbando en la tierra con picos y con palas

sin encontrar las ocultas raíces

que dan en primavera

la tierna y delicada flor de la libertad.

Excavación del canal frente al cruce de la carretera de Ávila. Obsérvese también aquí una silueta de los militares que vigilaban a los presos

Cavandoelcanal

presos republicanos cavando el canal del alberche. Obsérvense las carretillas con raíles para retirar la tierra

Los presos encofrando los muros del canal

Otra vista de los encofrados del canal con el preso en primer plano con ropas militares

Canal en curva ya finalizado

Ingenieros observando los canales del Alberche ya finalizados

Presos construyendo las acequias del Canal Bajo del Alberche. Véanse las gorras cuarteleras

Acequias del Canal Bajo del Alberche con los cultivos de regadío ya en marcha

LA CAZA EN LAS TIERRAS DE TALAVERA

LA CAZA EN LAS TIERRAS DE TALAVERA

Cuadrillero de la Santa Hermandad de Talavera armado de ballesta y su carcaj con saetas

Las Tierras de Talavera siempre han tenido una gran riqueza cinegética en su extenso territorio. Hay numerosas referencias históricas que hacen alusión a la práctica de la caza. El rey Alfonso VII acostumbraba a pasar largas temporadas en nuestra ciudad saliendo de cacería con su cortejo e incluso llegó en una de esas salidas a presenciar el amojonamiento de los términos de la villa acompañando al concejo. Más tarde Alfonso XI en su Libro de la Montería recoge los parajes con más abundancia de caza de oso y puerco, que es como se llamaba entonces al jabalí.

Oso devorando una colmena en un azulejo de Ruiz de Luna

El oso era una especie abundante en los montes de La Jara y de la Sierra de San Vicente y no se extingue en nuestros bosques hasta el siglo XVIII. De hecho, era un problema severo para los colmeneros que se veían obligados a levantar elevados muros para proteger sus posadas de colmenas e intentar evitar que los plantígrados se comieran sus panales y destrozaran los corchos. La Santa Hermandad, que nace como institución de policía rural para proteger a los colmeneros, premiaba en metálico a los cazadores que presentaran las garras o la cabeza de un oso, y la cantidad asignada al premio era superior si se trataba de osas o de oseznos. Los trofeos eran clavados en las puertas de la cárcel hermandina junto a la puerta de Zamora. Los hospitales y ventas que jalonaban el camino de Guadalupe servían también para proteger a los peregrinos del ataque de osos y lobos, entonces muy abundantes en La Jara y Las Villuercas.

Escena cinegética en cerámica talaverana del siglo XVII

Eran numerosas las personas que se dedicaban a la caza en la comarca y muchas de ellas fueron las primeras que repoblaron los extensos territorios de la villa después de la reconquista de Talavera. Algunos cazaban con ballestas, arma que utilizaban los talaveranos con gran destreza, como figura en algunos textos medievales. Las mismas varetas de jara eran, templadas al fuego, de gran utilidad para fabricar flechas, o saetas como se decía entonces. Esos mismos “virus” de jara eran utilizados para unir entre sí las paredes de los corchos de las colmenas y los tajos de corcho para sentarse los pastores.

Calco de un grabado rupestre junto al Jébalo que representa un cérvicdo con su cornamenta

Otra técnica de caza era la utilizada por los loseros. Se trataba de cazadores que mediante trampas capturaban piezas de caza menor, utilizando una losa o lancha de piedra sujeta con palitos que, al ser derribados por el animal, dejaban caer la lancha de piedra y lo atrapaban. Otras veces las losas basculaban y las piezas caían en fosas preparadas al efecto. Estos loseros tenían privilegios concedidos por Alfonso VIII sobre los “cazadores de asalto” o armados, estando además eximidos de ciertos impuestos.

Las redes, los lazos y trampas ayudaban en el arte cinegético de los talaveranos pero en realidad por lo que fueron famosos principalmente fue por el uso de las ballestas. Las perdices eran capturadas ocultándose los cazadores detrás de los bueyes, acercándose así a las mismas y disparándolas con más facilidad. Esta técnica se intentó evitar mediante diferentes reglamentaciones, aunque la prohibición dio escaso resultado.

Pero la técnica cinegética que tiene su origen documentado en las Tierras de Talavera es la caza de palomas con cimbel. En este caso se practicaba principalmente en las dehesas que rodean a la villa, más que en los montes y sierras de La Jara. La técnica es descrita por un historiador de Talavera llamado García Fernández en el siglo XVI: “Cázanse por un arte sutil y es de esta manera: que los cazadores arman unos lazos con que en las encinas toman las palomas vivas y con lo hueco de una pluma del ala le entur bian o vuelven la niña de los ojos y ponen la cabeza de la paloma en su boca y dan grandes voces hasta que la atruenan y la quedan sorda y ciega y mansa y pónenle unas piguelas como a halcón y danle de comer con la boca, como ella hacía  a sus pollos. A esta ave le queda por nombre señuelo. Pónenle en los árboles en una vara y de la punta de ella atado un cordel que baja hasta una choza donde al pie del árbol está el cazador escondido y cuando las palomas andan en el aire, con el cordel mueve la vara y el señuelo se menea al modo de cuando la paloma se sienta en el árbol, y las que andan volando se sientan en el mismo árbol y el ballestero les tira con la ballesta”.

Jabalí representado en un documento de la Santa Hermandad de Talavera

En algunas partes del reino se usa esta ballestería de un tiempo acá, la cual se ha extendido desde Talavera”. La caza en todo el término de Talavera, es decir en la villa y toda su antigua tierra, estaba abierta a los vecinos para poder abastecer mejor a la villa, y por eso también estaba prohibido sacar cualquier pieza de su término.

Son muchas las especies venatorias que aparecen en los documentos históricos como los venados o los gamos, e incluso figuran en los legajos especies con nombre curioso, como cuando el cura de Mohedas afirma en las Relaciones del Cardenal Lorenzana que en su pueblo hay avestruces, pero no sabemos exactamente a qué ave se referiría. La cetrería está también documentada en numerosas referencias e incluso Calixto en “La Celestina” entra en el huerto de Melibea detrás de un azor. Los reyes casi siempre que en la Edad Media cedían territorios a nuestra villa para su repoblación se reservaban las crías de las aves rapaces, tan abundantes en nuestros montes.

REDADA DE GITANOS EN LA JARA ( Y 2)

REDADA DE GITANOS EN LA JARA ( Y 2)

Comienzan los interrogatorios a los testigos por el oficial hermandino. El primero en declarar es el arrendador de la alcabala del viento (1), que confirma la dedicación de los encausados al chalaneo, al trueque y cambios de caballerías. Sin embargo, reconoce que le han pagado los impuestos correspondientes. También afirma que no tienen domicilio ni vecindad. Pero más tarde nos enterarnos de que la habían solicitado en Valdecaballeros (2) sin que se les concediese. Les achaca también el que vivan en cuadrilla y confirma los prejuicios del vecindario, cuando dice que aceptan los trueques propuestos por los gitanos “a causa de no tener desazón con ellos”.

Este y varios testigos más, enumeran algunos delitos cometidos en los alrededores en los que quieren ver la mano ejecutora de los encausados. Es el caso del robo de una borriquilla al santero de la ermita de San Simón, el hurto de varios cabritos y unos setecientos reales a unos serranos (3) que se encontraban en el labrado de Buencuerpo.

No se aporta ni una sola prueba de que los delitos hayan sido cometidos por nuestros protagonistas. No obstante, algunos de los declarantes se atreven a asegurar que, “aunque el testigo no sabe quién lo ejecutó, Se persuade y tiene por cierto lo ejecutaron dichos gitanos”.

El único delito que se demuestra es el hurto de un cuchillo en un mesón del pueblo, pero apercibido el dueño de su falta, recrimina este hecho a los gitanos que devuelven lo robado sin resistencia. También es cierto que varios vecinos se quejan de haber sido engañados en los cambios de caballerías “dándoles diferentes petardos”.

Torre de la Puerta de Zamora anexa a la Carcel de la Santa Hermandad donde se enceraron a los gitanos varones de nuestra historia

Resulta curiosa la descripción de las triquiñuelas utilizadas para mejorar el aspecto de vivacidad de los animales: “Para dicho cambio, ponían al pescuezo una cinta encamada con la que se avispaban los borricos para su mejor despacho y, aunque los que trataban con ellos les dezían que les quitaran dicha cinta, nunca quisieron ejecutarlo, antes bien se la mudaban y ponían entre las orejas”. Puede que la cinta, mediante la presión que ejerciera sobre un clavo, un cardo, o unos abrojos, estimulara la viveza del animal, o que fuera algún producto impregnado el que ocasionara este efecto.

Los gastos ocasionados y la inseguridad de la cárcel de Castilblanco obligan al traslado de los presos a Talavera. Inmediatamente se ponen los bienes de los gitanos en pública almoneda y las autoridades hermandinas ordenan que los borricos se tasen por el albéitar (4) antes de ser vendidos. De la tasación resulta que los cinco pollinos son valorados en seiscientos cincuenta reales. “Y, aunque se publicó por espacio de tiempo, no hubo postura”.

Se procede varias veces a la subasta, pero los talaveranos no quieren comprar los burros embargados a los gitanos. Tanto es así, que pasan algunos meses durante los cuales da tiempo a que uno de los asnos muera “de dolor de tripa” y otro de accidente. Por fin se rebaja el valor de salida y se consiguen vender los animales, aunque al bajo precio de doscientos veinte reales. Las pertenencias del grupo se subastan también, obteniéndose un beneficio de ciento veintiocho reales, de los que se descontara la paja y los jornales ocasionados por la necesidad de sacar la inmundicia de las dependencias de la Santa Hermandad.

Se toma declaración a los gitanos que niegan cualquier relación a los delitos que les imputan, a pesar de que algunos reconocen hablar la lengua jerigonza. Preguntados si para hacer dichos cambios usaban de algún engaño a otras ficciones, de que resultavan quejosos y agraviados los sujetos con quien cambiaban, dijeron que “no usavan de otro arbitrio que abisparlas con una vara para que manifestaran viveza y, desta forma, procuraban deshacerse de las maulas (5) y sacar el dinero. Y aunque es verdad que algunos solíanr acudir a quejarse de sus engaños, les procuraban contestar amistosamente, ya dándoles otra cavalleria o perdiendo la señal, o ya por medio de alguna gratificación, sin dar lugar a que la queja llegase a la justicia”.

Representación de luna cuerda de presos de la Santa Hermandad en la Edad Media. En una similar a esta fueron tasladados los gitanos hasta sus presidios.

Se intenta averiguar si han permanecido en descampado para ver si se consigue alguna pista sobre hurtos o salteamientos. Los gitanos responden que no lo han hecho, “salvo cuando han ido de camino al río de Guadiana, a por mimbres para sus maniobras (6)

Diego Montes, uno de nuestros gitanos, explica su presencia en Valdecaballeros porque el jerónimo, administrador de la dehesa del Monasterio de El Escorial, le tenía prometido el puesto de guarda en dicha dehesa. Es el mismo clérigo que recibiera a Micaela cuando escapó y se acogió a sagrado. El gitano ya había trabajado como guarda del Marques de San Antonio en una de sus propiedades en Guadalcanal. Por esta profesión justifica la posesión de armas de fuego.

El interrogatorio de Juana de Salazar es más pintoresco, ya que “al intentar tomarla declaración hizo diferentes demostraciones coma de loca, como de insensata y como de enferma”. De nuevo, en sucesivos intentos, se la amenaza con declararla confesa si persiste en su actitud, pues el alcaide de la cárcel la ha observado y por su conducta supone ser todo puro fingimiento. Al final se desiste de tomarla declaración. Juana ha conseguido su objetivo.

En la cárcel de la Santa Hermandad en Talavera, tanto las gitanas como los gitanos intentan fugarse de sus respectivas celdas. Ellas son descubiertas cuando, encaramadas en un cepo que se hallaba en su celda, intentan romper una de las tablas del techo raspando con un hueso de la comida que se les ha suministrado. “Y biendo avía otro techo encima desmaiaron y lo dejaron”.

Los hombres que se encuentran encerrados en la torre de la Puerta de Zamora -la cual forma parte del edificio dc la cárcel hermandina- lo intentan extrayendo del muro uno de los cantos rodados que llaman gorrones. Con él y golpeando una astilla de madera, pretenden sacar alguna piedra de mayor tamaño y así poder huir. Unos fragmentos de la argamasa que ve el alcaide en el suelo delatan sus intenciones abortándose la fuga.

Estas frustradas evasiones pueden costarles muy caro, pues según la instrucción dc 1749 que regulaba la gran redada ordenada por el Rey, a todo gitano que se huyere, sin más justificación se le ahorque irremisiblemente. Desde la Santa Hermandad de Talavera se piden instrucciones al Gobernador del Consejo de Castilla -que a la sazón es el obispo dc Cartagena-, el cual envía recado político para que se atenga la causa a lo dispuesto en 1749, fundamento jurídico para la recolección de gitanos que se produjo en toda España y por la que se conduciría a miles de personas a determinados lugares. Los hombres a trabajos forzados y las mujeres y niños a casas de recogida donde deberían trabajar artesanalmente para su manutención.

El fiscal de la causa, con poco fundamentados argumentos, pide la pena de horca para los cinco reos sin haber demostrado ninguno de los delitos y por el mero hecho de su condición étnica. En las propias palabras del acusador público, “por cometer los insultos a que les llama e inclina su propensión y naturaleza de ser como son enemigos de la soziedad y quietud umana”. Pide la pena capital para que “sirviendo dc castigo a éstos, sea ejemplo para que otros se abstengan de cometer tales delitos y se extingan y recojan gentes tan malvadas”.

Pero la Santa Hermandad no parece tan severa en sus apreciaciones. Finalmente son condenados los hombres a diez años de trabajos forzados en el presidio cerrado de El Ferrol y las mujeres a ser confinadas en los pueblos destinados por la normativa de 1749 para la “avitación de gitanos”. En cadena de presos parten para la caja y cárcel de Toledo y desde allí serán conducidos a sus destinos.

1.- Impuesto que se pagaba por todas las mercancías que entraban en una población.

2.- La otra población de la actual provincia de Badajoz que formó parte de La Jara y Tierra de Talavera. En su escudo lleva el Talavera por ese motivo

3.- Ganaderos trashumantes que invernaban con sus ganados en este pueblo, como en otros lugares de las Tierras de Talavera y Extremadura

4.-El que tenía el arte de curar las enfermedades de las bestias. Es el actual veterinario.

5.- Animal inútil por enfermo, viejo o muy trabajado.

6.- Se refiere a sus trabajos artesanales de fabricación de cestos

REDADA DE GITANOS EN LA JARA (1)

1753, REDADA DE GITANOS EN LA JARA (1)

Primera parte de una de las causas criminales de la Santa Hermandad del libro de La Enramá que se desarrolla en uno de los dos pueblos jareños que pertenecieron a las Tierras de Talavera y que hoy pertenecen a la provincia de Badajoz, Castilblanco

Año de 1753. La Santa Hermandad de Talavera ha recibido una carta del alcalde de Castilblanco por la que le da noticia “de hallarse en dicha villa diferentes gitanos y dos giranas, encargando la posible
brevedad para que éstos se aseguren según lo prevenido y mandado por diferentes reales órdenes de su Majestad,… y pudiendo ser avidos los gitanos que se mencionan y quales quiera otros facinerosos, se les ponga presos y conduzca a la carzel Real de dicha Santa Hermandad con la seguridad necesaria, embargándoles todos y quales quiera vienes que parezieren ser de los susodichos”.

El hecho de ser gitano se asimilaba directamente a la delincuencia en aquella época y por ello, mediante comisión de la Hermandad, sane el Cuadrillero Mayor desde el pueblo de La Estrella con la asistencia de dos hermanos.

Tras dos jornadas de viaje llegan a Castilblanco. Allí el alcalde es requerido para actuar contra los gitanos. Primero son detenidos Francisco Quirós y María Montoya, su mujer, así como sus hijos Micaela y Tomás, que es mudo. “Acto seguido se les puso presos y se condujeron a la cárcel pública de esta villa, y se aseguraron cada uno con su par de grillos, y una cadena, en uno de sus calavozos”.

El pobre ajuar, que nos demuestra la condición de chalanes ambulantes de nuestros protagonistas, se embarga. Unas alforjas, una cabezada, tres cinchas -una de cuero, otra de cáñamo y otra de esparto- una espuela sin correas, una espuerta, dos camisas viejas, unas calcetas, un pabellón (1) y algunos fragmentos de lienzo y de pellejo, además de un pollino negro. Los escasos bienes de la familia gitana son depositados temporalmente en manos de un vecino de Castilblanco.

Al tener noticias de que otros gitanos se encuentran en el cercano pueblo de Valdecaballeros, parten hacia allí los cuadrilleros. En el requerimiento a la justicia de este lugar se justifica la persecución simplemente por el hecho de ser todos “havidos, tenidos y reputados por gitanos que andan vagando por estos contornos de más de año y medio a esta parte, en quadrilla, haciendo truecos y cambios de caballerías, sin tener domicilio alguno en ninguna de las villas y lugares desta zercanía… Y lo pernicioso y perjudiciales que son semejantes gentes en los pueblos y caminos”. Es el único “delito” que se les puede achacar a estas personas hasta el momento: ser gitanos, pertenecer a otra raza, a otro pueblo de costumbres diferentes y hablar en su propia lengua, prohibida y conocida como lengua jerigonza (2).

El cuadrillero mayor se dirige a practicar la detención acompañado de un vecino llamado Seylas y del escribano que va armado con un trabuco, hecho éste poco usual pues los escribanos se limitan a dar fe pública de los actos do la institución.

Cuenta el escribano como llamaron a la puerta y abrió un muchacho, “accedieron después al portal donde, al fondo, estaban echados los gitanos. El cuadrillero mayor se abalanzó agarrando al tal Diego Montes, lo levantó y ordenó al dicho Seylas que le fuera vistiendo. Y ya vestido y entregado a dicho Seylas para que le asegurase, por tener Su Merced que acudir al resguardo de una escopeta y otras armas que estaban en un rincón junto a la cama de otro gitano, éste, con el mayor brío, se desasió de dicho Seylas y se bino a la puerta, y queriendo yo guardarla sin poder disparar el trabuco por estar delante Su Merced, aztropelló a todos dicho gitano asiéndose de mi trabuco. Y el susodicho, los señores alcaldes y otras muchas personas que habían acudido a la puerta, caymos amontonados en el suelo asidos de dicho gitano. Y al mismo tiempo salió otra gitana desnuda y solo con camisa. Se bino al montón forcejeando para quitarme el trabuco, lo que no pudo conseguir sin embargo de tenerle yo solo con una mano, pues con la otra estaba asido del gitano. Y una gitana intentó dispararle pero no pudo por ser muchos los movimientos”. Aunque al final son reducidos, los gitanos no se resignan y venden cara su libertad.

A pesar de todo no llegan a producirse heridos durante el apresamiento. En el embargo de esta familia gitana, cuyo patrimonio no es tan modesto como el del grupo de Castilblanco, hallamos entre sus pertenencias diferentes prendas de vestir que nos recuerdan esa pulsión gitana de adornarse con su llamativo sentido estético y su atracción por los metales preciosos. Un mantillo blanco con cinta azul y blanca, un jubón de damasco dorado con un Santiago de plata y una higa (3) de coral engastada en plata. Un justillo de raso encamado y blanco, un capotillo de paño pardo forrado en cabritillas, unos calzones de gamuza con botones de metal blanco y una jaquetilla de paño fino forrada de sempitema. Otras de sus pertenencias están relacionadas con sus oficios de chalanes y esquiladores, como son unas tijeras de esquilar con su funda, alforjas, frenos y unos albardones con estribos.

Algo que no les favorece en el proceso es la posesión de armas con sus complementos: Una escopeta descargada, una bolsa de baqueta vieja, un polvorín de asta con un poco de pólvora, una bola bastante gruesa, un eslabón y dos piedras. También se encuentra en su poder una espada de a caballo con su vaina. Sin embargo, lo más valioso que posee este grupo son cuatro borricos de “diferentes hedades y pelos”. También esta familia es llevada a Castilblanco donde se les encierra con los demás gitanos en la cárcel pública.

Pero la joven Micaela se escapa refugiándose en un primer momento en las casas del reverendo padre administrador del Monasterio del Escorial y pidiendo acogerse a sagrado más tarde en la iglesia del lugar. No obstante, el cuadrillero mayor recuerda al cura el decreto del Papa de 1747 por el que se permitía que las autoridades extrajeran a los delincuentes que se hubieran refugiado en sagrado y se les llevara a las iglesias de los presidios. Primer paso para acabar con el amparo que desde siglos habían tenido en los templos y que afectaría especialmente a los gitanos que ya desde antiguo viajaban acampándose junto a ermitas, iglesias e incluso cementerios para escapar a la represión justificada o no de sus supuestos delitos. La úmica formalidad que se le exige al cuadrillero es que jure que no se castigará personalmente a la referida Micaela Bernarda mediante el sagrado que tiene tomado.

La familia Quirós es originaria del pueblo de Feria (4) aunque su vida, como corresponde a los de su raza, ha sido nómada y se han ido asentando en diferentes lugares. Su hija Micaela ha nacido en Salvatierra, durante seis años pasan a Lisboa donde viven de acarrear y vender agua y de trabajar la herrería, oficio que ejerce Francisco Quirós como otros muchos gitanos de la época.

Hacía tres años que se había establecido en Castilblanco, Alía y otros pueblos de los alrededores, ganando la vida a “hacer cestas, cambiar caballerías y trabajar su padre a su oficio cuando hallaba qué”.

Angela, la gitana apresada en Valdecaballeros procedía del pueblo andaluz llamado también Castilblanco, se casó con Diego Montes natural de Constantina a los trece años, por hallarse desamparada con otros tres hermanos que quedaron. Su marido ha tenido siempre el oficio de vender y cambiar caballerías, aunque también estuvieron varios años en Lisboa como aguadores hasta que, en compañía de la familia Quirós, se volvieron de Portugal a estas tierras.

  • (1) Pabellón es una tienda de campaña cónica, sostenida por un grueso palo central y sujeta al suelo todo alrededor por estacas y cuerdas.
  • (2) Se refiere al caló o romaní, lengua gitana prohibida por diversas pragmáticas reales
  • (3) Amuleto contra el mal de ojo. Consiste en la figura de una mano, cerrado el puño mostrando el dedo pulgar por entre el dedo índice y el dedo corazón.
  • (4) Pueblo de la provincia de Badajoz

FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

Escena taurina en cerámica de Talavera del siglo XVII-XVIII

Jose Facundo de Vanga, Facundín, torero que había lidiado con notable éxito en Talavera en las últimas fiestas de Nuestra Señora del Prado, salió de Madrid en su caballo el miércoles tres de enero de 1748 muy de mañana. Chupeta (1) de tapiz de colores, vaquetilla (2) acanelada, calzones de terciopelo negro, medias y camisola blancas, capa parda, pañuelo blanco al cuello, montera de terciopelo negro forrada de pieles blancas, espada de media talla al cinto y ninguna otra arma porque, aunque tiene suya una escopeta, hace dos meses que la tiene a componer en la villa de Brunete porque se le torció en una caída del caballo. Le acompañan José Rodríguez, alias Faldillas, de profesión carnicero, por ser su pariente, y José Alvarez, empedrador, por venirse a pasear y acompañarle.

El motivo del viaje es entregar a don Francisco, boticario de Cebolla, un caballo de cinco años, pelo negro y con un poco de blanco en la frente que Facundín le había vendido y ajustado en trato por once doblones. Ya de paso, querían acercarse desde aquel pueblo a Talavera para llevar unos encargos que de la villa le habían hecho, concretamente una zalea (3) de pellejo con lana que le tenía encargada desde hacía tiempo don José Arellano, un sombrero de Salamanca para el mesonero Pedro Pérez y una caja de turrón de Madrid con que pretendía obsequiar a sus amigos de Talavera.

Aquel día comieron nuestros viajeros en la villa de El Álamo y durmieron en la de Casarrubios, en la posada que estaba en la plaza, frente a la botica. Al día siguiente, almorzaron de camino en la villa de Portillo en casa de El Torero, compañero de oficio de Facundín, que en el pueblo tenía una tienda de ultramarinos. De allí pasa a Santa Olalla donde pretenden visitar a otro colega de nombre Alfonso Pérez, más conocido como El Cortador de Maqueda (4), pero en esos momentos se encuentra preso en la cárcel de Toledo y no precisamente por temas taurinos. En su casa comen en compañía del cebollano don Blas de Mora con quien se dirigen después en amena conversación hasta Cebolla.

Entregado y cobrado el caballo que traían para don Francisco, pasan la noche en la posada de El Perdigón, situada en la plaza mayor del pueblo. A las tres de la tarde del día siguiente entraban nuestros protagonistas en una de las más concurridas posadas de Talavera, situada en las inmediaciones del Prado y regentada por Pedro Pérez y su mujer Juliana. En ella paraban habitualmente cuando venían a Talavera.

Toro representado en cerámica de Talavera

No sería más de media tarde, cuando el torero, durante un tranquilo paseo por la villa, conversaba con el zapatero Juan Vizente cerca de la plaza del Comercio (5). Allí, de repente, los cuadrilleros de la Santa Hermandad se le echan encima, le rodean y detienen, siendo conducido de inmediato a la cárcel de Roque Amador. Sus compañeros corren la misma suerte al ser presos mientras jugaban a las cañas en el mesón despreocupados. La Santa Hermandad había esperado pacientemente durante más de dos meses para apresarles. Todo indicaba que nuestros personajes coincidían en sus señas con tres salteadores que en el camino de Guadalupe habían robado a unos vecinos de Valdeverdeja. Juan Bravo, Tomas Vazquez y Manuel Igual iban de camino hacia Alía y Castilblanco a primera hora de la mañana del día nueve de diciembre de 1747. Querían vender madera y castañas y comprar trigo pero, al pasar por el sitio que llaman los Guadarranques, como a una legua del Puerto de San Vicente, salieron a ellos tres hombres embozados, dos a caballo y otro a pie. Uno de ellos de bastante estatura, zerrado de barva, con una montera a lo valenciano, capo de paño obscuro, quasi negro, con una espada o cuchillo largo al cinto y montando un caballo negro. Otro era mediado de talla, con capotillo oscuro y caballo bermejo que tenía una estrella y raia blanca toda la frente abajo hasta el hocico. El de a pie, un hombrecillo pequeño con capa parda, vestido de paño y zapatos blancos con hebillas.

-¡Deténganse! -les gritó el más alto.

Los dos de a caballo les amenazaban con las escopetas en la mano. Sin desmontar dieron orden a su compinche para que les atase, lo que efectuó rápidamente sacando de la faltriquera tres cordeles.

Una vez amarrados registran minuciosamente a las víctimas, quitándoles trescientos reales que llevaban para emplear en el trigo, además de una manta, una cincha, dos tarros con pimientos y dos costales de jerga de Don Benito(6), uno rayado de negro y otro con el nombre de Manuel Igual. Denunciado el hecho a la Santa Hermandad, empiezan de inmediato las pesquisas.

En el puente delos Guadarranques se producían numerosos asaltos a viajeros a Guadalupe

Las primeras pistas las encuentran los comisarios en la Villafrancade la Puente del Arzobispo. Los vecinos han visto pasar a unos transeúntes muy parecidos a los que describen los asaltados, cabalgando en derechura a la villa de Talavera. Ya en ella, se confirma que se han hospedado en el mesón que esta junto al Prado. No cabe duda acerca de su identidad: son Facundín el torero y sus amigos.

Aunque los encausados niegan los hechos con empecinamiento, las averiguaciones confirman lo sucedido, llegando incluso más lejos, pues de los informes que envía la Santa Hermandad al Tribunal de la Villa y Corte de Madrid, solicitando información sobre los antecedentes de los encartados, se deduce que nuestros bandoleros toreros han realizado reiterados salteamientos en el contorno de la capital, concretamente en el término de Brunete, donde los testimonios y descripciones tomados por la Justicia encajan a la perfección con la banda de Facundín.

Este nuevo giro de la situación hace que el tribunal de la capital reclame a los reos y la causa, pues tenemos que tener en cuenta que el primer delito conocido se comete dentro del ámbito jurisdiccional de aquel tribunal que se extendía cinco leguas en el contorno dc la capital. La Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, aunque es la que resuelve el caso, se inhibe. Facundín, Faldillas y el Empedrador son conducidos en cuerda de presos desde Talavera a Madrid.

  • Prenda de vestir con mangas ajustadas que cubría el cuerpo, tenía una faldilla pequeña

dividida en cuatro partes de arriba abajo. -»

(2) Cuero o piel de buey o vaca curtido.

(3) Piel dc oveja o carnero curtida con su lana. Se emplea bien como alfombra, forro de

zapatillas o para confeccionar prendas de abrigo.

(4) Persona que se dedica a cortar vestidos o calzado.

(5) Actualmente Plaza del Reloj.

(6) Tela de lana gruesa y tosca cuyo tejido forma rayas diagonales.

MOROS FAMOSOS DE TALAVERA

MOROS FAMOSOS DE TALAVERA

Murallas árabes de Talavera lamidas por el Tajo en una foto de Ruiz de Luna

Conocemos hoy a varios personajes curiosos y pintorescos de la Talavera musulmana que fueron famosos en Al-Andalus, desde aguerridos integristas que acabaron sus días víctimas de su fundamentalismo, hasta famosos juristas o un rey de Menorca.

En aquellos tiempos, había fanáticos musulmanes que, predicando la guerra santa, llevaban sus creencias religiosas hasta el extremo. Uno de ellos, que fue famoso en Al-Andalus, era un asceta que vivía en nuestra ciudad y se llamaba Muhammad inb-Zahir. Se trataba de uno de esos místicos cercanos al sufismo que se retiraban del mundo.

En este caso, imbuido de fervor a la vuelta de un viaje a oriente, no quiso ya vivir en su casa familiar de Murcia y se construyó una choza de maleza en una huertecilla donde se alimentaba de lo que cultivaba. Intentaba siempre unirse a cualquiera de las expediciones de yihad o guerra santa que llegaba a sus oídos, por lo que se desplazó a vivir a Talavera para estar más cerca de la frontera con los cristianos. En una de esas expediciones contra los infieles en el año 989 perdió la vida víctima de su entusiasmo religioso.

Otro de estos fanáticos fue Ahmed ben Muawiya apodado Ibn-al Quit o El Gato. Se dedicó a predicar la guerra santa en la frontera, sobre todo entre los bravos bereberes de la comarca de Talavera. Encontró especial apoyo en el comandante de la ciudad de Vascos, conocida entonces como Nafza, desde donde se organizó una expedición de castigo contra Zamora, ya que desde allí partían las fuerzas que atacaban entonces Talavera y la marca media.

Alcazaba y barrios excavados de la Ciudad de Vascos

Al-Quit era de sangre real y descendiente de Hisham I. Tenía aficiones de astrólogo y fue convencido por otro santón llamado Al-Sarrach, famoso porque predicaba de pie sobre un burro, para que animara a las gentes bereberes del valle del Guadiana, y más tarde de nuestra comarca, a la guerra santa para expulsar a los cristianos de Zamora. Consiguió reunir en nuestra tierra a una horda fanática de sesenta mil hombres, valiéndose entre otras artimañas de que era astrólogo aficionado y de que impresionaba a la multitud con juegos de manos, como uno en el que hacía rezumar agua de unas pajillas secas sujetas en su puño.

Aseguraba a sus tropas que en cuanto estuvieran ante las murallas de Zamora, éstas se derrumbarían por sus poderes. Al llegar ante la ciudad del Duero, envió un mensaje insolente al rey Alfonso III que, enfurecido, salió a su encuentro, aunque en un primer momento de la batalla se vio obligado a retirarse tras las murallas. Pero no se sabe por qué el cabecilla de los bereberes de la ciudad de Vascos abandonó al iluminado y pendenciero, Al-Quit, siguiéndole después otras fuerzas en la deserción.

El 10 de Julio de 901 fue derrotado por el rey leonés y su cabeza quedó colgada sobre una de las puertas de Zamora. Allí acabó la historia tragicómica de este hombre que engatusaba a sus ejércitos, reclutados en gran parte en las tierras de Talavera, con su verborrea, sus impolutos vestidos blancos y sus trucos.

Alfonso III

Otro musulmán talaverano llamado Abu Othman Caid Ben Haken Al Karashi fue rey de Menorca con vasallaje a Jaime I, al que parece que entregó la isla traicionando al reyezuelo anterior.

Nacido en Talavera en el año1205, además de justo y buen gobernante, fue hombre muy culto, escritor y poeta, con profundos
conocimientos de derecho y medicina. Había reunido en su corte una importante colección de libros científicos y allí acudían sabios musulmanes y cristianos a las reuniones de intelectuales que organizaba. Pero tenía por otra parte una negra fama de sanguinario, llegando en su cruel intransigencia a infligir penas de tortura y muerte a los que bebían vino o cometían otras faltas similares. También fue famoso en Al Ándalus un cadí o juez de Talavera que, a pesar de su cargo, vivía de lo que cultivaba con sus propias manos.