Archivo de la categoría: Historia, leyendas

MOROS FAMOSOS DE TALAVERA

MOROS FAMOSOS DE TALAVERA

Murallas árabes de Talavera lamidas por el Tajo en una foto de Ruiz de Luna

Conocemos hoy a varios personajes curiosos y pintorescos de la Talavera musulmana que fueron famosos en Al-Andalus, desde aguerridos integristas que acabaron sus días víctimas de su fundamentalismo, hasta famosos juristas o un rey de Menorca.

En aquellos tiempos, había fanáticos musulmanes que, predicando la guerra santa, llevaban sus creencias religiosas hasta el extremo. Uno de ellos, que fue famoso en Al-Andalus, era un asceta que vivía en nuestra ciudad y se llamaba Muhammad inb-Zahir. Se trataba de uno de esos místicos cercanos al sufismo que se retiraban del mundo.

En este caso, imbuido de fervor a la vuelta de un viaje a oriente, no quiso ya vivir en su casa familiar de Murcia y se construyó una choza de maleza en una huertecilla donde se alimentaba de lo que cultivaba. Intentaba siempre unirse a cualquiera de las expediciones de yihad o guerra santa que llegaba a sus oídos, por lo que se desplazó a vivir a Talavera para estar más cerca de la frontera con los cristianos. En una de esas expediciones contra los infieles en el año 989 perdió la vida víctima de su entusiasmo religioso.

Otro de estos fanáticos fue Ahmed ben Muawiya apodado Ibn-al Quit o El Gato. Se dedicó a predicar la guerra santa en la frontera, sobre todo entre los bravos bereberes de la comarca de Talavera. Encontró especial apoyo en el comandante de la ciudad de Vascos, conocida entonces como Nafza, desde donde se organizó una expedición de castigo contra Zamora, ya que desde allí partían las fuerzas que atacaban entonces Talavera y la marca media.

Alcazaba y barrios excavados de la Ciudad de Vascos

Al-Quit era de sangre real y descendiente de Hisham I. Tenía aficiones de astrólogo y fue convencido por otro santón llamado Al-Sarrach, famoso porque predicaba de pie sobre un burro, para que animara a las gentes bereberes del valle del Guadiana, y más tarde de nuestra comarca, a la guerra santa para expulsar a los cristianos de Zamora. Consiguió reunir en nuestra tierra a una horda fanática de sesenta mil hombres, valiéndose entre otras artimañas de que era astrólogo aficionado y de que impresionaba a la multitud con juegos de manos, como uno en el que hacía rezumar agua de unas pajillas secas sujetas en su puño.

Aseguraba a sus tropas que en cuanto estuvieran ante las murallas de Zamora, éstas se derrumbarían por sus poderes. Al llegar ante la ciudad del Duero, envió un mensaje insolente al rey Alfonso III que, enfurecido, salió a su encuentro, aunque en un primer momento de la batalla se vio obligado a retirarse tras las murallas. Pero no se sabe por qué el cabecilla de los bereberes de la ciudad de Vascos abandonó al iluminado y pendenciero, Al-Quit, siguiéndole después otras fuerzas en la deserción.

El 10 de Julio de 901 fue derrotado por el rey leonés y su cabeza quedó colgada sobre una de las puertas de Zamora. Allí acabó la historia tragicómica de este hombre que engatusaba a sus ejércitos, reclutados en gran parte en las tierras de Talavera, con su verborrea, sus impolutos vestidos blancos y sus trucos.

Alfonso III

Otro musulmán talaverano llamado Abu Othman Caid Ben Haken Al Karashi fue rey de Menorca con vasallaje a Jaime I, al que parece que entregó la isla traicionando al reyezuelo anterior.

Nacido en Talavera en el año1205, además de justo y buen gobernante, fue hombre muy culto, escritor y poeta, con profundos
conocimientos de derecho y medicina. Había reunido en su corte una importante colección de libros científicos y allí acudían sabios musulmanes y cristianos a las reuniones de intelectuales que organizaba. Pero tenía por otra parte una negra fama de sanguinario, llegando en su cruel intransigencia a infligir penas de tortura y muerte a los que bebían vino o cometían otras faltas similares. También fue famoso en Al Ándalus un cadí o juez de Talavera que, a pesar de su cargo, vivía de lo que cultivaba con sus propias manos.

LOS JUDÍOS EN TALAVERA

LOS JUDÍOS EN TALAVERA

Rótulo del callejón de los Judíos en el barrio de San Esteban

Ya en época musulmana había judíos en Talabira, pero es a partir de la reconquista cristiana de la ciudad cuando empieza a quedar constancia documental de la existencia de una importante aljama o colonia judía en nuestra ciudad. Algunos de ellos, probablemente los más pudientes, tenían sus viviendas intramuros de la villa, en el entorno de la Colegial, donde se encontraba la carnicería judía, y en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro, donde muchos de ellos regentaban tiendas y comercios. Otras zonas donde residían muchos judíos era lo que en la Edad Media se conocía como el barrio del Mercado, situado en las cercanías de San Ginés o Santo Domingo.

En el siglo XIX se encontraron algunas tumbas hebreas en la zona del barrio de San Esteban y tal vez por eso se puso el nombre de “callejón de los Xudíos” a uno de sus adarves o callejones sin salida, típicos del urbanismo medieval. Seguir leyendo LOS JUDÍOS EN TALAVERA

CURIOSIDADES, FIESTAS Y COFRADÍAS DE LA PARROQUIA DE SAN ANDRÉS

CURIOSIDADES, FIESTAS Y COFRADÍAS DE LA PARROQUIA  DE SAN ANDRÉS

Imagen de San Antonio Abad en la parroquia de San Andrés

EL HOSPITAL DE SAN ANTÓN

Todavía se conserva en el templo una imagen de San Antonio Abad. Puede que perteneciera a la antigua ermita del mismo nombre que se hallaba en la colación de esta parroquia y que antes fue capilla del Hospital de San Antón. Aún permanece su nombre en la calleja cercana que se encontraba cerrada antiguamente por este Hospital de los Hermanos Hospitalarios de San Antón. Se instalaron estos frailes en Talavera desde la edad media y atendían a las personas afectadas del conocido como «ignis sacer» o fuego sagrado, Esta enfermedad no es otra cosa que la intoxicación por el cornezuelo del centeno, un hongo que contaminaba los panes que se hacían con grano afectado por él y al que algunos autores han achacado las alucinaciones colectivas de la Edad Media, pues no olvidemos que de este hongo se obtiene el ácido lisérgico, la droga psicodélica por excelencia.

Animales a los pies de San Anyonio Abad, su patrón, en la azulejería de su hospital que se exhibe hoy en el pórtico de la ermita.

San Antón es el patrón de los animales y  por ello en esta iglesia se ha celebrado su fiesta tradicionalmente en Talavera. Ese día se bendecían los animales con gran afluencia de gentes desde antiguo dado el carácter históricamente ganadero de nuestra ciudad. La cerámica que adornaba esta capilla se puede contemplar hoy en la Ermita de la Virgen del Prado, concretamente en los frisos de la entrada principal y a la derecha del altar mayor.

UNA BRUJA

Bajo esta inscripción y escudo de los Carvajales se encontraba la cripta donde hacía sus sortilegios la bruja Catalina

La más famosa bruja que aparece en los expedientes de la Inquisición referentes a Talavera fue Catalina Sánchez. De ella se decía que a medianoche hacía toda una serie de ritos satánicos en torno a la iglesia de San Andrés, junto al panteón de los Carvajales, unos nobles talaveranos protectores de esa iglesia cuyos restos se encontraron en el siglo XIX revueltos y maltratados al abrir la cripta. Llevaba Catalina nueve monedas, número cabalístico, que colocaba en las esquinas del templo, y como hemos podido ver en tantas películas, trazaba un círculo, considerado como puerta del infierno por oposición a la cruz. Se metía en él e invocaba después a los Carvajales en la iglesia de San Andrés

UNA COFRADÍA

Pintura de la capillita de la cofradía de ánimas de El Salvador. La cofradía fue trasladada a San Andrés cuando se cerró la iglesia y la pintura que fue desmontada hoy no conozco su paradero
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Decoración pintada en los muros de la iglesia de San Andrés

En el año 1500 se instituyó en esta iglesia la Cofradía de las Ánimas del Purgatorio bajo el título de Nuestra Señora de la Piedad que, según nos cuenta Francisco de Soto, comenzó su andadura solamente con limosnas, se fue enriqueciendo con muchos censos y heredades que le fueron donados y acabó su historia localizándose en la iglesia de El Salvador, en cuyo muro occidental se podía observar hasta su remodelación, con una  una hornacina y en ella una pintura con el motivo de las ánimas en el purgatorio.

Los varones cofrades no podían sobrepasar el número de cien, mientras estaba permitido a las mujeres ser un número ilimitado. Tenía una curiosa normativa para mantener las buenas relaciones entre sus miembros y así, las reyertas entre ellos estaban penalizadas con doscientos maravedíes y el hermano que no denunciara estas riñas  sería multado con una libra de cera. Los motes estaban castigados con media libra. Se decían misas por los hermanos difuntos y todos iban a los entierros. El primer domingo de mes acudían los miembros de la cofradía a la iglesia de San Andrés con candelas encendidas y el tercer domingo de septiembre se instalaba en la iglesia una tumba cubierta con el paño de la cofradía y delante la cruz con dos hachas.

LA PARROQUIA DE LAS REALES FÁBRICAS

Imagen de San José en la antigua Casa de la Dirección de las Reales Fábricas de Seda, o «patio de San José

La Real Fábrica de Sedas tenía como patrón a San José, la Hermandad heredera de aquel patrocinio, y puede que de la antigua cofradía radicada en San Miguel, se revitalizó en el siglo XVIII y todavía hoy mantiene la costumbre de celebrar «la función» que, aunque sin el esplendor de otros tiempos, es una tradición digna de conservar. Algunas de las capas y casullas, a pesar de estar bastante deterioradas, muestran magníficas labores en seda y proceden probablemente de dicha Real Fábrica.

En el barrio de la Puerta Cuartos hubo durante muchos años la creencia de que en el patio de San José había fantasmas.

Casulla de seda de San Andrés procedente probablemente de las Reales Fábricas
Retablo mayor con la imagen de San Andrés

ROBO AL CALDERERO FRANCÉS

ROBO AL CALDERERO FRANCÉS

Una de las causas criminales del libro editado por el autor y el colectivo La Enramá en que se describen los procesos de esta institución talaverana de policía rural

Caminos cañadas como esta de Aldeanovita fueron escenario de los delitos que se relatan aquí

Rafael Muñoz era un hombre sin oficio alguno, “de malas costumbres y amigo de aplicar lo que no es suyo”. Sus raterías tenían irritado al vecindario, hasta que un hecho de mayor gravedad llegó a oídos de la Santa Hermandad de Talavera que tomó cartas en el asunto.

Agosto de 1782. Algunos vecinos de Aldeanueva de San Bartolomé se encuentran en la taberna refugiados del calor de la tarde y tomando unos vasos de vino. Un forastero, levantando la cortina, penetra en la estancia y rompe en sollozos. Con acento extraño cuenta cómo, en el camino de El Villar del Pedroso, había sido asaltado “por uno de Mohedas” que le había quitado todo su dinero dejándole maniatado.

Un corro de curiosos rodea al hombre mientras relata su desgracia. Dice ser francés y de oficio calderero. Casi al tiempo entra en la taberna un individuo. El francés se vuelve y atónito señala con el dedo al recién llegado gritando:

-¡Este pícaro es el que me ha robado!

El mohedano al oírlo emprende la huida tomando el camino de Puente del Arzobispo. Pero imprudentemente vuelve a Aldeanovita (1) al anochecer. Allí entabla conversación con unos mozos que se hallan tomando el fresco. El grupo se ve interrumpido por la llegada de un vecino que transmite a los presentes una orden del señor alcalde para que los allí congregados conduzcan al presunto ladrón a su presencia.

En el camino Rafael -que así se llama el ratero- intenta sobornar a los mozos diciéndoles que le dejen marchar y a cambio “les daría dos reales o una peseta (2) y él que se iría a donde Dios le cuidase”. Los muchachos no acceden y responden todos a una que “no le dejarán, que el señor alcalde le llamaba”.

Ya en presencia de la autoridad, se inicia el interrogatorio:

-¿Qué dinero has quitado a ese francés en el camino del Vïllar?

-Nada, yo no tengo dinero alguno -responde el ladrón.

-¡Regístradle! -ordena el alcalde.

De entre las piernas le extraen una bolsa de lana y se la entregan a la autoridad local, quien pregunta al francés:

-¿Cuánto dinero os han robado y en qué monedas?

-Dieciséis reales en plata, en una moneda de diez reales nueva, una peseta y un real de plata y veintitantos cuartos.

Abierta la bolsa, las monedas coinciden, aunque faltan nueve cuartos que ya había gastado el ratero. Inmediatamente, el alcalde ordena que sea preso en la cárcel de Aldeanueva de San Bartolomé y asegurado con prisiones. Al cabo de unos días Rafael se escapa de la celda.

Fuente en Mohedas de la jJra, uno de los pueblos escenario de los hechos

Esta es la gota que colma el vaso y la Santa Hermandad envía a Javier de Mejorada como juez comisionado para el caso. Se abren las diligencias y el presunto ladrón se excusa de los hechos diciendo que salió de su lugar a otros a buscar en qué trabajar; sin llevar para su alimento maravedí alguno, ni otra cosa que un pan. Y aunque practicó diligencias no hallo en que emplearse. Y así, en dos días no se desayunó y, viniendo al lugar de Mohedas, encontró en su camino a un mozo calderero a quien, manifestándole su necesidad, le dijo le diese un trozo de pan si llevaba, o para comprar uno, porque si no se lo quitaría. Y que temblando dicho calderero, le expresó no llevaba pan ni más que unos diecisiete reales, los cuales dio al que declara.

En cuanto a la fuga de la cárcel de Aldeanueva, contesta que fueron los regidores los que le soltaron cuando no estaba el alcalde, diciéndole “que se fuese a pedir limosna con su madre de Dios”.

Con motivo de la investigación del asalto al calderero aparecen otros delitos de Rafael cometidos en Mohedas y en Aldeanovita. El año anterior, en compañía de otro mozo, entraron en la vivienda de Domingo Ramos y robaron unos colgaderos de uvas alcanzándolos con un palo. Pero fueron vistos por unos vecinos cuando huían diciendo:

-¡Botova! que hay gente en la cocina -exclamaron al oír el ruido de un almirez.

En otra ocasión a este mismo vecino, “habiendo ido a bellotas al ejido”(3) deste lugar; en el que estaba dicho Rafael, éste, luego que vio al testigo se vino al lugar y se entró en las casas del testigo y, desquiciando una de sus puertas, entró en un cuarto y le quitó veinte reales que tenía en una moneda y con otras de plata en una jarra de la Puente vidriada, entre unos garbanzos que en ella había, los que, luego que vino el testigo del monte, echó de menos con el motivo de que, habiendo entrado en la casa, pisó unos garbanzos y presumió que el dicho Rafael u otro que había  entrado y le había llevado el dinero que tenía en la jarra con los garbanzos

En esta ocasión el ratero es descubierto cuando cambiaba el peso duro (5). La víctima del robo se dirigió a la viuda madre del ladrón y le dijo:

-Vitoria, vosotros queréis que yo os dé que sentir… porque esto de entrar a robar mi casa no se puede aguantar. Tu hijo me ha quitado un peso duro.

-Por el amor de Dios, calla que yo te los buscaré y daré -respondió la pobre mujer.

En viviendas como esta de Aldeanovita se produjeron algunas de las raterías descritas

Rafael acudió por la noche y le devolvió solamente quince reales y diez maravedíes. El valor del dinero restante se lo fue reintegrando su madre en bellotas. A otro vecino, Juan Gudiel, con el que estaba sirviendo, le quitó veinte reales y tres quesos de un arca, mientras que el amo metía una masa de pan en el horno. Un año antes había sido sorprendido después de robar tres ovejas y solamente se pudo recuperar una de ellas ya dezentada (5) de los cerdos y su carne se vendió para las ánimas de Aldeanovita.

En los testimonios se expresa así mismo que por su mal trabajo a nadie le apetece ni quiere tenerle en su casa. Es hombre que no tiene oficio ni hacienda alguna de que mantenerse y se le ve que viste y gasta y come sin tener  trabajo. Rafael es llevado a la cárcel de la Puerta de Zamora en Talavera. Al ser menor de edad judicial en esa época, pues tiene menos de veinticinco años, se nombra un curador ad littem(6) y un letrado que lo defienda.

(1)Con este nombre se conoce coloquialmente a Aldeanueva de San Bartolomé en la comarca de Talavera.

(2) Moneda que tenía un valor de dos reales de plata.

(3) Ejido es el campo comunal de un pueblo inmediato a él, que no se labra y donde suelen reunirse los ganados vecinales o establecerse las eras.

(4) Se refiere a la moneda de 20 reales.

(5) Equivale a encentada y en este caso viene a significar mordisqueada o comenzada a comer.

(6) Tutor legalmente nombrado por el juez para el cuidado de la hacienda y la defensa de las causas o pleitos de alguno, que por ser menor de edad, o falto de juicio, no puede defender-se por sí.

FOTOS ANTIGUAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA PRESA DEL ALBERCHE

LA CONSTRUCCIÓN POR LOS PRESOS DE LA PRESA DEL ALBERCHE

Portadilla decorada con motivos cerámicos talaveranos de la memoria de la construcción de la presa y los canales

Traemos hoy una serie de fotografías de la construcción de la presa de Cazalegas que serviría para llevar el agua al canal Bajo del Alberche. Los regadíos que conllevó esta obra realizada por el régimen del general Franco con la mano de obra de presos forzados republicanos fue la causa principal del crecimiento de Talavera de la Reina en los años 60 y 70.

La presa es en realidad un dique hecho por la acumulación de la tierra extraída de las elevaciones del lado sur del embalse recubierta con hormigón. Reproducimos también algunos planos y esquemas, la mayor parte extraídos de la documentación de un estudio publicado por el ministerio de Obras Públicas de entonces.

Croquis de la presa del Alberche

Terrero de donde extraía la tierra para hacer el dique de la presa.

Excavación de los pilares de la presa

Construcción de los pilares de la presa

El dique de tierra, base de la presa

Otra instantánea de la construcción de los pilares de la presa de Cazalegas

Muro y pilares más avanzados en la obra de la presa

El muro avanzado ya de la presa del Alberche

Croquis de la presa de Cazalegas

Construcción del muro de hormigón y las torretas de las compuertas de la presa

Construcción de los aliviaderos de la presa de Cazalegas

Sistemas de elevación de las compuertas

Presa del Alberche ya casi finalizada

CUANDO LA LUZ LLEGÓ A TALAVERA

CUANDO LA LUZ LLEGÓ A TALAVERA

Central eléctrica del Puente, la segunda de España después de la de Gerona

Las presas o azudas que, al menos desde tiempos árabes, servían para mover las piedras de molino que molturaban los cereales de la fértil vega talaverana, constituían una base inmejorable para aprovechar la energía hidráulica del Tajo en la producción de energía eléctrica. Por eso no es extraño que solamente seis años después de que Thomas Alba Edison iluminase con lámparas de incandescencia el Mento Park de Nueva York, se alumbrara por primera vez con luz eléctrica la Plaza de la Constitución, hoy del Reloj, de Talavera. Según nos cuenta Julián Quiroga, trabajador del sector eléctrico talaverano e investigador del mismo, el 18 de Noviembre de 1886 se trató en el ayuntamiento talaverano, regido a la sazón por don Justiniano Luengo, de la concesión del servicio de alumbrado público a los hermanos Miguel y Vicente Fernández Santamaría. La fuerza motriz se tomaría de los molinos del puente Viejo y se conduciría por las calles de Puerta del Río, San Bernardo, plazas de San Pedro y Villatoya, y Arco de San Pedro, para instalar en la plaza del Reloj una lámpara de cinco bujías que iluminaría la misma desde la puesta del sol hasta la una de la madrugada.

La central del puente edificios anejos. Todavía mantiene el rótulo de Hidroeléctrica Renilla

En 1891 la misma empresa extiende la red eléctrica a otras calles talaveranas mediante corriente alterna y transformadores que permitían una corriente de 110 voltios. Se trata de una de las primeras instalaciones de España junto a la de Gerona. Era propiedad de la misma empresa y considerada como una instalación ejemplar en Europa. En lo que sí parece que Talavera fue pionera, pues no se conoce otra instalación anterior, es en el transporte de corriente alterna de alta tensión, con un recorrido de unos 800 metros desde los molinos del Puente hasta la plaza. Todavía se conservan perdidas por el casco urbano palomillas con aisladores de porcelana de aquella primitiva instalación, y en fotos antiguas del puente se pueden observar los postes de madera que servían para llevar el fluido eléctrico.

Central eléctrica y molinos de Abajo

En los molinos de Abajo había en 1895 una instalación molturadora más compleja, una fábrica de harinas movida por una turbina a cuyo eje se adaptó un generador de corriente, siendo así la segunda instalación desde la que se produciría electricidad para nuestra ciudad. En 1903 se constituye sobre la base de esta instalación de los molinos de Abajo, una sociedad llamada Hidroeléctrica Avial, perteneciente a don Alejandro Avial y su esposa Victoriana Palavicino.

Postes originales que llevaban la corriente eléctrica a la plaza del Reloj en una antigua postal

Esta empresa es vendida en 1928 a Félix Moro, los hermanos Carrión y Francisco Gómez París, constituyéndose otra sociedad llamada Central Eléctrica La Milagrosa. Mientras, la empresa de los hermanos Fernández Santamaría que explotaba la central de los molinos del Puente vendió en 1919 la explotación a Hidroeléctrica Renilla, sociedad que ya había aprovechado para producir electricidad unos molinos de Cebolla y que luego se extendería por la sierra de San Vicentey Gredos.

Esta misma empresa instaló en 1929 una central térmica de reserva en la isla de los Molinos para aumentar la energía disponible y en 1934 mejoró sus turbinas y pasó a denominarse “Central Virgen del Pilar”.

Captación del agua de la central de Gavilanes

En 1935 construye el mayor salto de España de la época con 425 metros en el pueblo serrano de Gavilanes para dar luz a Talavera con una línea de 33 kilómetros de recorrido. Se denomina Hidroeléctrica Santa Teresa y se finaliza en 1956.

En 1958 se amplían las instalaciones de la Milagrosa pero en 1960 la gran empresa Hidroeléctrica Española, entre otras, van adquiriendo las pequeñas centrales consolidando uno de los monopolios típicos del franquismo. Ta m b i é n adquiere las instalaciones de Renilla, desapareciendo estas pequeñas empresas pioneras del abastecimiento eléctrico en nuestra tierra y en España.

Aliviadero formando cascada en el salto de Gavilanes.A la derecha discurre el tubo, aunque se percibe peor

Aquellos viejos molinos árabes que llamaron la atención de los viajeros medievales y que fueron la primera industria talaverana sirvieron también para traer la primera tecnología industrial a nuestra ciudad.

EL PLAN DE NAVEGACIÓN DE SIMÓN PONTERO

EL TAJO DIECIOCHESCO

EL PLAN DE NAVEGACIÓN DE SIMÓN PONTERO

La ermita de Ronda en El Carpio de Tajo y la barca actualmente restaurada

 Durante el reinado de Fernando VI, el Alcalde de Casa y Corte D. Carlos Simón Pontero retoma el proyecto de navegación hasta Talavera para mejorar los abastecimientos de la capital de España y conseguir además dinamizar la economía agrícola de las comarcas ribereñas. De esta forma expresan sus impresiones al respecto los ingenieros encargados del reconocimiento don José Briz y don Pedro Simó:

            Las cosechas de vinos, aceites y granos son copiosísimas en este gran pedazo de tierra desde Toledo poco poblada, pero muy dispuesta en hacer feliz a Madrid si se proporciona la navegación, porque se da la  mano con Extremadura.

La vega de Talavera causaba impresión en los ingenieros que hacían los planes de navegación

En 1756 se forma con apoyo del rey una compañía de cuarenta y seis accionistas  interesados en desarrollar el proyecto pero, solucionados los problemas de abastecimiento a Madrid de productos alimentarios, el sueño vuelve a caer en el olvido.

Casa del barquero de El Carpio de Tajo

Los planos de este proyecto carecen de las distancias aproximadas que se reseñan en el de Carducci, se señalan especialmente las plantas de las presas e instalaciones molineras de cuya observación se deduce, por la forma de los cuerpos y tajamares de los edificios entre los que se aprecia un espacio donde gira una rueda, que todavía nos encontramos en la mayor parte de los casos ante aceñas, es decir ante los antiguos molinos de rueda vertical, aunque es en este siglo en el que se difunde un nuevo tipo de molino, el llamado “de regolfo”, ingenio que se mueve ya por la energía centrífuga del agua y que es el antecedente directo de la turbina hidráulica. Se señalan también en este proyecto las presas arruinadas, los castillos, las ermitas y pueblos e incluso alguna fuente.

Plano de Navegación del proyecto de Simón Pontero con los molinos y la barca de Cebolla

 Descripción del río en el proyecto de Simón Pontero

Vuelven a aparecer los molinos de Corralejo en Malpica con un edificio de cuatro cuerpos o tajamares que alojarían cuatro aceñas o cuatro regolfos aprovechando su presa uno de los brazos del río. Se puede ver el castillo de Malpica con el de Villalba enfrente, y en la ribera del río lo que se denomina en el plano Soto de Malpica que nos da idea del paisaje ribereño de la época, más arbolado antes de convertir esa vega en regadíos.

Molinos de Corralejo en Malpica de tajo

Se reflejan en este proyecto varias barcas como ésta de Malpica que se sitúa por delante de la desembocadura del Pusa. La ermita de San Illán, famosa por sus aguas que según el vulgo curaban la rabia, y aguas abajo aparece el molino de Cebolla con la barca que lleva el nombre de este mismo pueblo, aunque no se refleja la de Montearagón cuya caseta aún se conserva hoy día.

Talavera y sus molinos en el plano del proyecto de navegación de Simón Pontero

El río Alberche es representado con su puente y la venta que se situaba en uno de sus extremos y que hoy, muy arruinada, permanece en pie. Llegando a Talavera aparece la ermita de la Virgen del Prado y sí que figura en este caso como molino perdido el del primer ojo del puente que por su aspecto da la impresión de haber sido también una aceña. Los molinos de Arriba, también en el puente, aparecen como pertenecientes a los jerónimos y se señalan además las presas de Palomarejos y la de Los Sifones que conducían el agua hacia los molinos como hoy todavía lo hacen hacia la vieja central eléctrica. Los molinos de Abajo no se han dibujado por no pretender este proyecto la navegación más allá de Talavera.

La ermita de San Illán en Cebolla, se representa en estos planos del proyecto de Navegación.

AZAÑA, FERNÁN GÓMEZ Y BRENAN EN TALAVERA

AZAÑA, FERNÁN GÓMEZ Y BRENAN EN TALAVERA

El teatro Victoria en el que «invernaba» la compañía de Fernando Fernán Gómez

El presidente de la segunda república, don Manuel Azaña, pasa por Talavera a la vuelta de un viaje al parador de Gredos, como cuenta en sus diarios:

“Al pasar por Talavera el calor era sofocante. Mientras tomábamos gasolina se han acercado al coche unos chicuelos que hablaban entre sí y no los entendía; tan cerrado era su acento. Esta es la tierra donde se dice “lo cerdoha” en vez de “los cerdos”. Don Manuel sufre la canícula talaverana y observa en nuestro modo de hablar las características eses aspiradas de nuestro lenguaje.

Manuel Azaña

Por aquellos mismos años andaba Fernando Fernán Gómez recorriendo nuestras carreteras en una compañía de comedias. Todas sus experiencias sobre aquella vida ajetreada las refleja en esta novela, basada en la cual luego se rodó la película “El viaje a ninguna parte”. Talavera aparece en varias ocasiones en la obra como destino de los cómicos, que refieren aquí la competencia de un actor radiofónico llamado Doroteo Martí que les hacia aquí la competencia.

En la novela de Eduardo Alonso publicada por Austral “Los Jardines de Aranjuez” aparecen varios personajes vinculados a nuestra ciudad, desde una viuda a un cacharrero o un perillán con distintos oficios.

Otros libros en los que aparece Talavera puede que no brillen por su calidad literaria pero aportan una serie de datos interesantes y escenas pintorescas de nuestra ciudad. Es el caso de Féliz González Robles, cuando describe las ferias y mercados de los años cincuenta con curiosas anécdotas y datos entrañables en su libro “Un muchacho en Talavera de la Reina” de Huerga Fierro Editores.

Una calle de la Talavera pobre de posguerra que conoció Gerald Brenan

En la obra de Gerald Brenan “La Faz de España” el escritor inglés describe su paso por Talavera. La impresión que da nuestra ciudad al autor de “Al sur de Granada” es de lo más negativo. Llega a Talavera en los años cuarenta, cuando es una población que había sido machacada por la Guerra Civil y todavía no había experimentado el desarrollo de los sesenta y setenta. Habla Brenan de la vinculación de Talavera con Fernando de Rojas y con el Padre Juan de Mariana, “pero esos antecedentes no han impedido que hoy sea un lugar desagradable y una de las pocas ciudades de España que uno puede llamar escuálidas. Sus calles son polvorientas y están mal pavimentadas, sus edificios o feos o insignificantes y su propia disposición desordenada y sin un plan concreto. Uno no ve ninguna casa encalada. Viniendo del sur con su culto a la elegancia cívica y a la formalidad, uno se siente impresionado por la indiferencia mostrada hacia las cosas estéticas e incluso a la limpieza ordinaria. Talavera consigue combinar las peores cualidades de Castilla y Extremadura”.

Sin embargo, parece que el río le causa una buena impresión. “Pero el río Tajo es hermoso. Es un río realmente grande, con un caudal diez veces el volumen de agua del Guadiana, y con la consistencia y la fuerza de los ríos septentrionales. Así pues, pese a la sequía, discurría en dos amplios canales que ocupaban más de la mitad de su amplio lecho. Su color era de un amarillo intenso -dorado a los ojos de un poeta- y sus orillas estaban flanqueadas con altos álamos de tronco blanco y arbustos de gigantescos tamariscos. El viejo puente, viejo y con muchos arcos, resultó dañado por las crecidas, y un nuevo puente funcional metálico y feo había sido erigido a su lado” El río todavía conservaba su vegetación autóctona y el trasvase no había disminuido su caudal hasta convertirlo en el arroyo de aguas fecales que es hoy día. Don Geraldo, como le llamaban en Las Alpujarras, pasa después junto a la fábrica de cerámica de Ruiz de Luna y le llaman la atención las murallas que “en cualquier ciudad distinta a ésta alegrarían la vista”, y la pena es que en eso tiene razón y seguimos como entonces. Se sorprende también de que no hay agua corriente y que las mujeres pasan horas haciendo cola en las fuentes e incluso se montan jaranas con guitarras para hacer la espera más agradable. Da como explicación al mal estado de la ciudad “que durante los últimos sesenta años las autoridades municipales han sido corruptas y negligentes”.

El gran río Tajo, todavía limpio y caudaloso, que conoció Gerald Brenan

Hay un párrafo en el que el escritor se deja llevar por la melancolía y lo paga con Talavera: “Regresamos al hotel, caliente y lleno de polvo. Se había levantado un molesto viento y, en esas calles que nunca han sido barridas ni regadas, los montones de polvo y las hebras de paja y los papeles se alzan y remolinean por todas partes. Estaba sonando la llamada del Ángelus –un sonido duro y como irritado-, y en el deslustrado café con sus oscuras y cuarteadas paredes, decoradas con frisos de papel que mostraba los efectos de los bichos, y en las cuales colgaba un retrato de Franco lleno de cagadas de moscas y coloristas carteles de corridas. Las fuertes y roncas voces de los hombres sin afeitar que discutían el último partido de fútbol producían una sensación deprimente.”

En fin, parece que a este tan bien considerado snob británico que, como a tantos de su nación les gustaba recorrer el mundo con aires de superioridad pero con una poco disimulable envidia por ciertos aspectos de la forma de vida de los españoles, no le gustó nuestra ciudad y se siente deprimido por encontrarse en “una ciudad fea, un día lluvioso y un hotel desagradable”. Este inglés que tuvo una hija con una adolescente durante su estancia en Las Alpujarras, era sin embargo sumamente delicado en sus apreciaciones sobre nuestra ciudad y sus habitantes, que seguro no intentó conocer con cierta profundidad, como se deduce de lo poco informado que parecía estar con respecto a nuestras tradiciones, pues, por ejemplo, habla de una fiesta del Toro de San Marcos que aquí nunca se celebró y no parece haber visitado ninguno de sus monumentos.

VIAJEROS POR TALAVERA EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX

TALAVERA EN LA LITERATURA

Viajeros por Talavera en los siglos XVIII y XIX

La calle Carnicerías surcada por diversos albañales que causaban tan mala impresión a los viajeros.. Dibujo de Enrique reaño sobre foto se Ruiz de Luna
La calle Carnicerías surcada por diversos albañales que causaban tan mala impresión a los viajeros.. Dibujo de Enrique reaño sobre foto se Ruiz de Luna

Un anónimo viajero que pasa por Talavera en 1700 contempla, como muchos otros, que las recientes lluvias torrenciales han derribado el puente Viejo; y a su paso por El Real de San Vicente anota que se está representando una comedia y que después de correr un toro “furioso” lo matan.

Es agradable la sensación que le produce nuestra ciudad al ilustrado viajero Antonio Ponz en 1784, pues comienza su descripción de ella diciendo: “El territorio hasta Talavera es de más de una legua; y siendo vega muy llana, se podría regar parte de ella con las aguas del Alberche, que me parece vienen someras. Esto, me dijeron, se ha pensado varias veces, pero no se ha hecho. Logra esta villa, que es una de las principales del arzobispado de Toledo una situación tan ventajosa como ninguna otra de cuantas he visto. Está fundada en medio de de la referida vega. Baña el Tajo sus murallas por el lado del mediodía, y en la situación es muy parecida a la ciudad de Córdoba. Dichas murallas se ven bastante arruinadas en aquel lado, y más en otras partes. De los antiguos nombres que dan nuestros escritores a Talavera, como Libura, Evura, Evora o Talabrica, escoja usted el que le parezca que sirve de origen al de hoy”.

La vega de Talavera siempre llamó la atención por su fertilidad y posibilidades de aprovechamiento
La vega de Talavera siempre llamó la atención por su fertilidad y posibilidades de aprovechamiento

A continuación el documentado visitante va describiendo puntualmente y con bastante extensión cada uno de los monumentos de Talavera, además de las Reales Fábricas de Sedas y de los alfares que todavía producen en su época la loza talaverana, aunque ya en franca decadencia.

Ya a principios del siglo XIX pasa por Talavera el francés Laborde: “Éntrase luego en una hermosa llanura circuida a lo lejos de pequeñas montañas, por cuyas raíces corre el Tajo. El camino es bastante bueno, pero mal cuidado. Desde ella se distingue ya a Talavera en toda su extensión, formando con sus grandes edificios, torres y chapiteles, un grupo de diversas pirámides, cuyo golpe de vista agradable, da una idea de la opulencia de esta ciudad. Llégase por fin a ella por una deliciosa alameda, pasando junto a la iglesia de la Virgen del Prado”.

Puerta de Mérida según grabado de la obra de Laborde en 1809. Recreación en dibujo de Enrique Reaño
Puerta de Mérida según grabado de la obra de Laborde en 1809. Recreación en dibujo de Enrique Reaño

Aparte de la agradable visión que le producen los numerosos monumentos de la ciudad, también describe la situación de Talavera en una “llanura descubierta, muy fértil, hermosa y alegre, y bajo un cielo bellísimo” Sin embargo, cuando se adentra en la ciudad dice que está mal planteada y que sus calles son estrechas y tortuosas, mal empedradas y algo sucias, impresión que como veremos será común a muchos otros viajeros.

Ya se habla de la existencia de dos paseos en Talavera: el del Prado y el llamado Paseo Francés que no es otro que el situado en la parte occidental de la ciudad y que se traza cuando en su entorno se levantan los edificios de las Reales Fábricas de Seda, en la zona que ahora conocemos como paseo de los Leones. También se refiere a la hermosura de la Plaza del Pan y a las murallas y sus puertas.

Del puente dice que tiene ¡35 arcos!, y que algunos son de madera. Hace después una descripción minuciosa de los principales monumentos de la ciudad y de las Reales Fábricas y también apunta la posibilidad de hacer el Tajo navegable y utilizar sus aguas para regadíos y así “asegurar las cosechas que no perecen sino por sequedad. Su vega amena y deliciosa produce mucho trigo, vino, aceite, seda, hortalizas y legumbres, los pastos de sus dehesas mantienen mucho ganado lanar, vacuno y de cerda”.

El viajero Francés Laborde que llega a Talavera en el siglo XIX señala también a algunos hijos ilustres de la ciudad y en el capítulo de “Usos y Costumbres” aparecen algunos datos curiosos sobre la vida en Talavera en 1809: “Los habitantes de Talavera son quietos y pacíficos; las diversiones son sencillas y poco diversificadas; alguna parte del año se representan comedias, se celebran algunos bailes, y uno de sus placeres es cantar en las calles por la noche, acompañándose de la zambomba. Esto dura desde todos los santos hasta Navidad en que cesa el uso de la zambomba y se sustituye por el pandero. Se conservan en Talavera algunos usos consagrados por la antigüedad. La mañana de Pascua de Resurrección, se levanta una hoguera en una de sus principales plazas, y se coloca en ellas una estatua colosal vestida a la moda que representa a Judas, y cuando pasa la procesión que se celebra del misterio de la Resurrección, se le da fuego y se reduce a cenizas”.

Panoramica de Talavera de la historia de Torrejón con las torres y chapiteles referidos en
Panoramica de Talavera de la historia de Torrejón  del siglo XVIII con las torres y chapiteles referidos en el texto.

Hace después una descripción sucinta de la fiesta de Las Mondas con datos ya conocidos y luego nos habla del clima: “El de Talavera es bellísimo, su cielo puro y sereno, los inviernos templados, las aguas muy buenas y los alimentos de sabrosa calidad; pero el verano es muy cálido, de lo que provienen tercianas intermitentes, o más bien de las aguas corrompidas que se encharcan en las calles y en los alrededores de la ciudad, lo que podría evitarse dándoles desagüe”.

Como vemos, el viajero observa, al igual que otros posteriores, lo caluroso de los veranos de Talavera e intuye que la causa de las fiebres tercianas, llamadas así porque la calentura le subía al paciente cada tres días, y que no son otra cosa que el paludismo, tienen algo que ver con las aguas estancadas, aunque piensa que se debe a su corrupción y no, como sabemos hoy día, a que en ellas se desarrolla el mosquito Anopheles que transmite con su picadura la enfermedad.

ÚLTIMA CAUSA DE LA SANTA HERMANDAD REAL Y VIEJA DE TALAVERA

ÚLTIMA CAUSA DE LA SANTA HERMANDAD REAL Y VIEJA DE TALAVERA

Navatrasierra, donde discurren parte de los hechos, en pleno camino real de Guadalupe
Navatrasierra, donde discurren parte de los hechos, en pleno camino real de Guadalupe

Nos encontramos a primeros de junio de 1833 en Mohedas de la Jara. Hasta aquí se ha desplazado el hermano y comandante de la fuerza de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera para investigar el asalto sufrido por Juan Oliva, vecino de este lugar, que se dirigía hacia Puente del Arzobispo en compañía de un criado.

Según declara la víctima, había sido “asaltado por un hombre que por las señas que tenía y le habían referido, era uno de Carrascalejo(1) que se había dado al robo, quitando al testigo ochenta y un reales en metálico, en veinte pesetas, y lo demás calderilla, dos panes y un poco de cecina de fiambre…que ni al que declara ni al criado molestó el malhechor, pero sí amenazó con un arma de fuego que tenía puesta en el brazo”.

Tanto Juan Oliva como su criado reconocen al asaltante cuando se lo muestran a través de la ventana de la cárcel de Mohedas. Con el celo sistemático que ha caracterizado a la Santa Hermandad durante toda su existencia se continúan las pesquisas y, para ello, se traslada la comitiva con el preso a Campillo de la Jara. Allí se toma declaración a un vecino del lugar afectado también por las fechorías de Juan Gómez, El Boyero.

Se trata de Andrés López que se dirigía de La Estrella a Villar del Pedroso (2) montado en su jaca y buscando su trabajo de cedacero (3) y al pasar por el Cordel de las Merinas, “como a un tiro de bala”, le sorprendió un hombre que salió de entre unas peñas y le dijo que se apease y se echase boca abajo apuntándole con una escopeta corta. El ladrón tomó su dinero y quiso también robarle la capa, pero la víctima le rogó que se la dejase “pues que todos eran amigos y convecinos”, a lo que respondió el bandido:

-¡No digas nunca que conoces a nadie, que me dan intenciones de abrasarte!

También es reconocido El Boyero por su víctima de El Campillo. Prosigue el periplo indagatorio hermandino y llegan ahora a La Nava de Ricomalillo en busca de pruebas contra el preso. Como en otras ocasiones, se requiere al alcalde de la localidad para que ponga a disposición de la Santa Hermandad a los testigos que puedan aportar algún dato.

Puente de los Guadarranues, donde se producían numerosos asaltos de bandoleros.
Puente arruinado de los Guadarranques, donde se producían numerosos asaltos de bandoleros.

Comparece Manuel Muñoz que relata cómo “pasando el declarante a la villa de Castilblanco (4) a marquear (5) tierras, y al caer del lado allá del cerro que llaman Atravesado, en el sitio de los Guadarranques, salió de entre una madroña un hombre con una escopeta corta y una especie de lanza o chuzo atado a la boca de ella”, y apuntando al testigo, le dijo en voz alta:

-¡Paisano abajo!, ¡El dinero! ¡Pronto!

Manuel se ve obligado a entregar la peseta que llevaba para el viaje, además de una bota de vino y la merienda para el camino. El ladrón le permite el paso pero cuando se halla ya a cierta distancia le vuelve a llamar a voces, y le dice:

-¡Poco a poco!…, que todavía llevas más dinero…

Asustado, se registra la faldriquera y le entrega unas monedas balbuceando:

Aquí tengo otros cinco cuartos que me han quedado… haga vuestra merced lo que quiera.

Tráigalos vuestra merced. Que vuestra merced no los necesita para llegar al pueblo. Y cuidado con decir algo, porque si lo vuelvo a coger lo pagará todo -responde el salteador.

Este mismo testigo añade que un hortelano, al que comentó su desgracia al llegar a las huertas de Alía, le dijo que un religioso jerónimo de Talavera también había sido asaltado en los Guadarranques.

La siguiente jornada de las investigaciones se desarrolla en Belvís de la Jara. Aprovechando la estancia en este pueblo, es interrogado el propio acusado sobre los hechos que se le imputan. Conocemos así que nuestro protagonista tiene treinta y tres años, es casado y trabajador del campo. Acosado por la persecución que se le hacía y deseoso de mudar de vida, se presentó voluntariamente al comandante de la fuerza de la Santa Hermandad cuando éste requirió su presencia en Carrascalejo. El primer delito en el que se ve implicado es la ejecución de un robo de bastantes intereses en la casa de un hacendado de Alcaudete de la Jara. Pero al salir de la vivienda con sus cómplices, Ajofrín y Montanera, son perseguidos por los vecinos del pueblo capturándole solamente a él y escapando sus compinches.

Prisionero en la cárcel de esa localidad, declara dónde esconde el botín bajo promesa de perdón y libertad. Aunque descubre el escondite la justicia no cumple la promesa y El Boyero decide fugarse por una gatera del calabozo, después de haberse quitado los grillos, aprovechando el bullicio de la noche de las vísperas de La Candelaria. Huye a la sierra de Carrascalejo siendo desde entonces su ocupación la de hurtar lo que ha podido, viéndose perdido y sin tener otro recurso para vivir.

Se conocen de esta manera nuevos detalles sobre sus robos, así como otras fechorías. Al jerónimo de Talavera le había asaltado en Navatrasierra y robado trescientos cuarenta reales, aunque no le hizo mal alguno, ni siquiera desmontarle de la mula, aún cuando conoció que llevaba más dinero. Y dándole una peseta que le pidió.

También robó en el sitio de La Oliva cuarenta reales a un jabonero y en el mismo lugar asaltó al herrador de Valdelacasa quitándole una peseta y dejándole con otra, pues no llevaba más que dos.

La Hermandad intenta obtener datos sobre otros delincuentes y delitos y le preguntan sobre un famoso Antolín Martin, y sobre el robo que se hizo a unos vecinos de la Mina y de Helechosa en el que se derramaron los santos óleos que se llevaban a este último pueblo. El Boyero niega toda relación con tan horroroso atentado. Igualmente aclara que la escopeta y el polvorín que utilizaba en sus atracos, se los robó a un cabrero de El Castañar de Ibor (7).

Al llegar a Talavera se encierra al reo en la cárcel de la Santa Hermandad y se depositan las armas en su tribunal. Sin embargo, no se inicia el proceso judicial porque se intenta pasar la causa a la jurisdicción ordinaria. Para ello se remite un oficio al Corregidor que no acepta en principio este caso porque los hechos se han desarrollado en despoblado. Después de varias idas y venidas el corregidor asume el proceso pues el primer delito había sido cometido en una casa de Alcaudete. Lejos están ya los tiempos en que la Santa Hermandad intentaba abarcar una mayor jurisdicción, y no como en estos años finales de la institución que trata de eludir su responsabilidad.

Dos años más tarde, en 1835, es abolida la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera.

(1) Pueblo de La Jara incluido actualmente en la provincia de Cáceres.

(2) Pueblo de La Jara actualmente incluido en la provincia de Cáceres.

(3) Es el oficio artesanal del que fabrica y vende cedazos. Consiste en un bastidor de madera sobre el que se ajusta otro del mismo material y que sujeta la tela o piel con los orificios más o menos gruesos según el material que se quiera cribar. En nuestra comarca se utilizaba la piel de perro. Los cedaceros ambulantes se llevaban los animales vivos que les facilitaban los clientes y en el siguiente viaje traían el cedazo ya fabricado.

(4) Pueblo de La Jara actualmente en la provincia de Badajoz

(5) Marcar, delimitar, deslindar y medir tierras. Oficio equivalente al de los antiguos agrimensores o los actuales topógrafos.

(6) Pueblo de La Jara actualmente incluido en la provincia de Cáceres

(7) Lugar que hoy se incluye en la comarca extremeña de Los Ibores pero que perteneció a la Tierra de Talavera.