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LA LEYENDA DEL PUENTE DEL ARZOBISPO

LA LEYENDA DEL PUENTE DEL ARZOBISPO 

Grabado del siglo XIX que representa el puente idealizado del Arzobispo Tenorio todavía con sus torres
Grabado del siglo XIX que representa el puente idealizado del Arzobispo Tenorio todavía con sus torres

A pesar de todas las circunstancias de índole económica que llevaron a la construcción de esta magnífica obra del siglo XIV, el pueblo tejió sobre la magnífica edificación una bonita leyenda:

En cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras. Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse el prelado en la pértiga del  barquero para no caer al río, su anillo se hundió en las aguas. Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. Tan disgustado quedó su eminencia por la pérdida, que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intentaron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

Fotografía del puente construido por el Arzobispo Tenorio que muestra los dos pilares que sostenían las torres hoy desaparecidas
Fotografía del puente construido por el Arzobispo Tenorio que muestra los dos pilares que sostenían las torres hoy desaparecidas

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando  ¡A por el anillo del obispo!

Pues escuchad pastores -dijo el arzobispo Tenorio- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

El puente del Arzobispo en azulejería de Puente del Arzobispo

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí. Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el paraje donde había perdido su anillo”.

Los ingresos obtenidos del pontazgo por el paso de millones de ovejas merinas por la cañada leonesa es otra razón, aunque menos poética.

Nidos de Vencejos en el Puente del Arzobispo

 

NATURALEZA EN LA FRONTERA

NATURALEZA EN LA FRONTERA

2º ARTÍCULO DE 4 de la serie LA NATURALEZA Y LA HISTORIA : Premio Cabañeros de periodismo medioambiental

Murallas árabes lamidas por el río Tajo que tanto condicionó la historia de la comarca

La llegada de los pueblos bárbaros ocasiona una nueva dispersión de la población. Son numerosos en toda la provincia de Toledo los yacimientos rurales tardorromano-visigodos. Aparecen dispersos, siguiendo el curso de los arroyos que bajan de los Montes de Toledo y la Jara, numerosos asentamientos de modestas gentes que, según algunos autores, podrían haber tenido en la miel una importante fuente de recursos, pues no debemos olvidar que la capital del reino visigodo estaba en Toledo y que en aquella época el único edulcorante conocido era el producto de las colmenas. Es este aprovechamiento melero uno de los más respetuosos con el ecosistema y el que también arrastraría tras la reconquista cristiana, a los pioneros de la repoblación a las alquerías, embriones de los pueblos de nuestros montes.

Tinaja musulmana hallada en Talavera en el Arco de San Pedro en un dibujo del siglo VIII

Y llegaron los árabes, de nuevo la vuelta a la ciudad, la vida de los musulmanes giraba, al contrario que la de los cristianos del norte, alrededor de  pequeñas o grandes ciudades con un alfoz rural en su entorno que albergaba una escasa población dispersa. Talavera era una de esas ciudades y reunía además otra de las características preferidas por los seguidores de Mahoma, la presencia de un río. Era la suya una «civilización hidráulica» y son en estas tierras los primeros que construyen aceñas, molinos de agua que necesitan de una presa o azuda.

Muchas de las aceñas y molinos del Tajo ya molían en tiempos de los árabes

Azudas que eran también necesarias para llenar los arcaduces de las norias que a su vez colmarían las albercas. Todas estas palabras y muchas más son huellas imborrables de la Cultura del Agua que nos legaron. Esas huertas, que todavía permanecen en las vegas talaveranas con su cenador, su corredor emparrado, su noria, su alberca y sus palmeras, son hijas de  esa cultura respetuosa con el agua que nos legaron los antiguos habitantes de la ciudad que ellos llamaron Talvira. Parece que no hubiera pasado el tiempo cuando Ibn Luyun en el siglo XIV recomienda …hágase una acequia que corra entre la umbría. Plántese junto a la alberca macizos siempre verdes que alegren la vistaen el centro habrá un pabellón en que sentarse con vistas a todos lados…y que haya parrales que cubran los paseos.

Cuando digo cultura respetuosa es porque, para ellos, el agua es un tesoro precioso, no valoran el exceso, el derroche, aprecian ese modesto chorrito que resuena en el jardín como canta Ben-Raisa : Qué bello surtidor que apedrea el cielo como estrellas fugaces que saltan como ágiles acróbatas.

La suya es una naturaleza interior, una naturaleza doméstica, el jardín, una naturaleza que hace necesario sacar del diccionario nuevamente esas palabras de inequívocas raíces árabes o mozárabes: alhelí, aladierno, alcornoque, almendro, albahaca, arrayán…

Las fortalezas como esta de Castros, jalonaban el Tajo

En esa cultura del agua, los baños eran el lugar de encuentro y comunicación, todavía hoy podemos en la impresionante Ciudad de Vascos, visitar en el arroyuelo de Los Baños las ruinas de una de esas instalaciones en un paraje encantador de acebuches, almendros y chaparros.

Pero toda la comarca de la Jara fue durante mucho tiempo, tierra de nadie, un lugar desierto, salvaje e inhóspito donde quienes se aventuraban a asentarse deberían no sólo convivir con osos y lobos, sino también  arriesgarse a perecer ellos y sus cultivos víctimas de las razzias y quemas de ambos bandos. En la cultura árabe el medio ambiente tradicional es el desierto y se asocia con el demonio y el miedo pero el jardín es la forma simbólica islámica del paraíso coránico en la tierra.

Pero esa naturaleza solitaria, ese locus desertus que decían los cristianos del otro lado de la frontera, siempre indujo a la mística y así, algunos eremitas-soldados árabes se retiraron a esos lugares apartados e inseguros, a las rápitas, como la que dio nombre a Marrupe, pueblecito de la sierra de San Vicente, cuyo nombre según los eruditos quiere decir Mazar-al – Rubait,  molino de la pequeña rápita o convento.

Por contraposición los lugares frescos, arbolados, con su arroyete, eran ese locus amoenus donde Berceo situaba las apariciones de la Virgen y los pastorcillos tenían sus visiones místicas.

La cultura árabe y la cristiana se identificaban a ambos lados del Tajo como dos sistemas ecológicos distintos, uno predominantemente cerealícola hacia el norte y otro típicamente mediterráneo hacia el sur con viñedos ,olivares y «oasis» de regadío con un papel menor de los cereales ; y ahí justo en esa frontera militar y ecológica defendida por las fortalezas de Vascos, Castros, Canturias ,Espejel y Alija se encontraba «La ciudad de Talavera, el punto más lejano de las marcas de los musulmanes, y una de las puertas de entrada a la tierra de los politeístas; es ciudad antigua, sobre el río Tajo». Como decía en el siglo XI el geógrafo andalusí Al-Bakri.

Agua y jardín, pero también razzias, incendios y frontera de destrucción fueron algunas de las huellas que los árabes unas veces y los cristianos otras dejaron en los montes y los campos de Talavera.

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA (1)

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA (1)

Primero de los cuatro artículos que por los que el autor de este blog recibió el Premio Cabañeros de Periodismo de la Junta de Comunidades de Castilla- La Mancha 

Dolmen de Azután
Dolmen de Azután

En el calderoniano «gran teatro del mundo» hay un teatrito pequeño y provinciano que se llama Talavera. Ese escenario natural era descrito por uno de sus hijos, padre de la ciencia histórica en España, como: “un valle de cuatro mil pasos de anchura que cortan ríos de amenísimas riberas, entre ellos el Tajo, célebre por sus brillantes arenas de oro, por su extenso cauce y por los muchísimos arroyos que le dan tributo”.

El Padre Juan de Mariana, autor del texto, nos da la primera constante, la referencia permanente en la naturaleza de Talavera y sus Antiguas Tierras, el río Tajo. A sus orillas dejó el hombre las primeras huellas de su existencia, cantos trabajados en las terrazas que un río cuaternario y descomunal fue labrando en el curso de milenios y deshielos fantásticos.

Bifaces del paleolítico inferior hallados en las terrazas del Tajo

También allí quedó la primera huella agresiva del hombre hacia el medio natural, osamentas de grandes mamíferos despedazados por toscas herramientas fabricadas por toscos homínidos. Pero estos seres tan frágiles y poco numerosos, apenas un habitante por kilómetro cuadrado en las zonas más pobladas, eran sólo partículas insignificantes en aquella naturaleza virgen y exultante.

Con el neolítico viene la agricultura y el pastoreo, pero a estas tierras interiores llega ya muy tarde, muy crecido, en forma de calcolítico, las excelentes tierras de las vegas talaveranas comenzaron en esta época a sufrir las primeras talas, las primeras rozas que despejaban el sin duda impenetrable bosque de ribera que abrazaba al Tajo en todo su recorrido, en esas vegas construyeron esos grupos ya jerarquizados sus dólmenes, como el de Azután en el Tajo o el de Navalcán en el Guadyerbas, son hitos que parecen decir : Este pedazo de naturaleza dominada es nuestra, de nuestro grupo. Aunque son símbolo de una nueva sociedad jerarquizada que obtiene de su trabajo excedentes de alimentos que debe defender.

Estas gentes ya conocen el fuego y también su poder destructivo que les ayudará con las quemas y rozas para conseguir nuevas tierras y pastos, pero también para manipular los metales y así, aparecen infinidad de pequeños yacimientos sobre los cerros elevados del curso de los ríos que se adentran en los montes de La Jara y que intentan aprovechar las afloraciones superficiales de cobre, las primeras heridas que el ser humano araña en la corteza de estas tierras.

Ciervo con su cornamenta de los grabados rupestres de El Martinete
Ciervo con su cornamenta de los grabados rupestres de El Martinete

Pero este hombre de hace cuatro o cinco milenios, aunque iba aprendiendo a dominar los recursos naturales, seguía cazando, pescando y recolectando, conocía los lugares donde la abundancia de caza era mayor y aunque entonces salvajes y casi inaccesibles llegaba a ellos por el cauce de los ríos, primeras autopistas humanas, y allí, en los santuarios de la caza, dibujó y grabó ciervos y arqueros como los del Martinete, en la cabecera del río Jébalo, en un lugar que todavía hoy sobrecoge en su agreste soledad sólo turbada por la berrea de los venados, descendientes afortunados de aquellos que cazaban los jareños de la Edad del Bronce.

Verraco de Torralba de Oropesa
Verraco de Torralba de Oropesa

Fuera de las vegas del Tajo, los suelos de La Jara al sur, y la Sierra de San Vicente y el Berrocal al norte, nunca fueron fértiles, sus bosques fueron adehesados o talados y convertidos en prados y cercados de una antiquísima tradición ganadera unida a esa red de cañadas y cordeles que algunos remontan a tiempos prerromanos, así lo atestiguan los muchos verracos, toros y cerdos de piedra esculpidos por el pueblo vettón hace más de dos mil años.

Pero yo voy más lejos, curiosamente los monumentos megalíticos de la comarca jalonan la Cañada Leonesa, y esta disposición nos orientaría hacia la posible existencia de estas vías de comunicación desde hace quizá cincuenta siglos. El hombre ya sale de su limitado entorno y percibe pastos cálidos al sur y pastos frescos al norte, y emprende el camino, tal vez siguiendo antiguas sendas por donde discurrían los animales salvajes desde tiempos prehistóricos. Y por ello nuestra red transhumante es patrimonio histórico y natural de todos, patrimonio vivo milenario.

Plano de monumentos megalíticos de la comarca talaverana
Plano de monumentos megalíticos (dólmenes y menhires) de la comarca talaverana y su relación con las dos cañadas leonesas

Cuando llegan los romanos, desde la fragosidad de la sierra de San Vicente son atacados por aquellos pueblos lusitanos y vettones coaligados bajo el mando de Viriato que hostigan a los legionarios forrajeros,  buscadores de pastos. Mas al imperio, una vez dominadas las belicosas tribus locales pastoriles, le interesan más las ricas tierras de la vega del Tajo y allí asientan sus villae continuándose la antropización de este valle que comienza así a perder sus alamedas, fresnedas y taraieras, y de esta última palabra, que hace referencia a los bosques de atarfas o tarais, hay quien hace derivar el primitivo nombre de Talavera.

EMBOSCADA Y MUERTE DE JEFES MAQUIS EN TALAVERA

Los cadáveres de “Carlos” y “Lyón” después de suicidarse
Los cadáveres de “Carlos” y “Lyón” después de suicidarse
entre los maizales ante el acoso de la policía.

Corría el año 1946, cuando dos pagadores que llevaban el salario de los trabajadores que construían en Madrid el estadio de Chamartín para la empresa Huarte y Compañía fueron atracados por hombres armados. Al intentar huir, los dos empleados mueren tiroteados y se desencadena una persecución de los militantes comunistas a quienes la policía achaca la acción. En las investigaciones se interroga a la madre de uno de ellos, Jose Antonio Llerandi alias “Julián” y se le encuentra una carta de su hijo en la que se dice que ha de reunirse con unos compañeros activistas en la huerta del “tío Matapulgas” en Talavera.

El movimiento guerrillero de resistencia antifranquista se halla en ese momento en franca decadencia. Cunde la desmoralización entre “los de la sierra” porque el final de la Guerra Mundial no ha hecho que las potencias extranjeras derriben el régimen de Franco.

Guerrilleros antifranquistas se despliegan en tierras extremeñas
Guerrilleros antifranquistas se despliegan en tierras extremeñas

 

Nuestra ciudad se haya enclavada en un lugar estratégico donde acuden a contactar los grupos de hombres armados que, como las partidas de los famosos Quincoces, vecino de Aldeanovita y Chaquetalarga, de Fuenlabrada de los Montes, mantienen su lucha en la zona de La Jara y Las Villuercas, o los grupos de guerrilleros de la sierra de Gredos.

La unión de todas estas partidas se llamaba en conjunto Ejército Guerrillero del Centro y Extremadura.

La policía de Madrid, al conocer la existencia de esta reunión y ante las posibilidades de dar un golpe mortal a la resistencia armada antifranquista, decide desplazarse a Talavera para practicar las detenciones pertinentes, pero quieren llevarse sólo ellos el mérito del operativo e imprudentemente vienen sólo cuatro agentes sin avisar del operativo a las fuerzas de Talavera.

Los guerrilleros «Carlos» y «Lyón» fotografiados en vida

La huerta del “tío Matapulgas” se encuentra junto a la estación de ferrocarril, donde los maquis tienen un fácil acceso cuando viajan entre Madrid y Talavera, ya que el guerrillero conocido como “El Maquinista”, por ser conductor de la línea entre la capital y Lisboa, transporta en el ténder a los guerrilleros y al armamento destinados a la lucha en la sierra, aunque a veces también los llevaba hasta Navalmoral de la Mata, donde “Colorín” el kioskero de la estación, les servía de enlace. Cuando Llega la policía a la huerta de Matapulgas no se encuentran allí a los protagonistas de la reunión, pero tras un duro interrogatorio a la hija del “tío Matapulgas”, confiesa a los agentes de la Brigada Central de Información que los maquis se encuentran escondidos en otra huerta cercana conocida como el establo de los Gregorio. Cuando los agentes se dirigen hacia allí e intentan detenerlos se entabla un tiroteo y se dan cuenta de que los guerrilleros antifranquistas se les pueden escapar, por lo que dan aviso a la Guardia Civil y a la policía local de Talavera, que acuden en su ayuda tan apresuradamente que uno de los guardias va con el mono de trabajo y casi es abatido por los propios guardias al confundirlo con uno de los guerrilleros.

Una de las labranzas donde en su huida se refugiaron los guerrilleros

Dos de los maquis siguen en la refriega hasta que se dan cuenta de que es inútil su resistencia y, para no sufrir nuevas torturas ni interrogatorios que les hagan delatar a sus compañeros, deciden suicidarse de un tiro en la sien, y no caen, como dicen entonces las autoridades, bajo los disparos de la Guardia Civil sino bajo los de sus propias pistolas. según investigación de Benito Díaz.

Mapa de la Agrupación del Centro de la resistencia antifranquista
Mapa de la Agrupación del Centro de la resistencia antifranquista con sus tres zonas

Uno de los fallecidos es Jesús Bayón González alias “Carlos”, asturiano huido de un campo de concentración en el que esperaba que se ejecutara su sentencia de muerte y a quien se encomendó por el PCE la misión de aglutinar a los guerrilleros de la zona centro y Extremadura, venciendo la resistencia de los activistas socialistas y anarquistas, más reacios a dejarse manipular por el Partido Comunista. Precisamente en esa reunión iba a ser destituido “Carlos” de su cargo de jefe guerrillero para ser sustituido por “Lyon”, apodo de Manuel Tabernero Antón, también conocido como el “Practicante” o “Robert”, y que al parecer era médico y natural de Béjar. Un tercer guerrillero llamado

El guerrillero «Julián» fusilado tras ser detenido en Talavera

“Julián”,precisamente del que la policía obtuvo las pistas para la operación, es arrestado en la casa del “tío Matapulgas” donde se refugia del tiroteo, y más tarde es fusilado tras un consejo de guerra. El cuarto guerrillero que acudía a la reunión era conocido como “José” y era hermano de “El Maquinista”. Huye a pie siguiendo la vía y consigue escapar cogiendo un tren hacia Madrid en el apeadero que había junto al puente de la vía sobre el río Alberche.

Se producen con estos hechos varias caídas en cadena de otros miembros significados del Partido Comunista, entre ellos la de estudiantes universitarios y el impresor de “La Estrella Roja”. Cae también casi toda la organización de Talavera que se reunían en la Taberna de “Patro”, en la Portiña de San Miguel, y en otra taberna de la calle Delgadillo. También se desactiva la célula que imprimía propaganda en la casa de “tío Quintín” en la finca de La Calera, cerca de Montesclaros, lugar desde donde los cuatro maquis habían llegado a Talavera a lomos de caballerías sin saber que iban a tener tan funesto encuentro.

EL CAMINO DE CARLOS V

“Nueve veces fui a Alemania la Alta, seis he pasado en España, siete en Italia, diez he venido aquí, a Flandes, cuatro, en tiempo de paz y guerra, he entrado en Francia, dos en Inglaterra, otras dos fui contra África, las cuales todas son cuarenta, sin otros caminos de menos cuenta que por visitar mis tierras tengo hechos. Y para esto he navegado ocho veces el mar Mediterráneo y tres el Océano de España, y agora será la cuarta que volveré a pasarle para sepultarme.”

Carlos V llega a Yuste
Carlos V llega a Yuste

Artículo de Miguel Méndez-Cabeza en el Atlas de Caminería Histórica del profesor Criado del Val

EL CAMINO DE CARLOS V

El llamado “Camino de Carlos V” surge de un hecho histórico concreto. En el año 1555 el emperador Carlos I de España decide abdicar en su hijo Felipe II para retirarse al monasterio de Yuste, escogido por las suaves condiciones climáticas de la comarca de la Vera que le deberían hacer más llevadera su patología reumática y gotosa, además de una posible depresión.

La flota de su último viaje a España estaba integrada por sesenta naves guipuzcoanas, vizcaínas, asturianas y flamencas. El emperador iba a bordo de la nave capitana “La Bertendona”. En la salida le acompañaron su hijo Felipe II, a quien despidió afectuosamente dándole algunos consejos para su gobierno y conducta, sus hermanas las reinas viudas de Francia y de Hungría, su hija María y su yerno Maximiliano, rey de Bohemia, además de una brillante comitiva de flamencos y españoles.

Plano con el recorrido de la Ruta de Carlos V
Plano con el recorrido de la Ruta de Carlos V

Parte la flota del puerto holandés de Gante el 17 de septiembre de 1556.  Después de una travesía de 10 días, llega el 28 de Septiembre al puerto de Laredo en Cantabria donde el emperador permaneció descansando cinco días antes de acometer la larga marcha hasta el monasterio extremeño. El trayecto exacto recorrido por el Emperador tenía unas 90 leguas y se dividió en 21 escalas para dormir, aunque se conoce más en algunos tramos por los relatos de viajeros, crónicas o cartas que nos dicen dónde descansa Carlos V, que normalmente pernocta en casas de nobles cercanos, dependencias de la Iglesia o en casonas y palacios alquilados. El séquito del emperador, que viajaba sentado en carroza, estaba compuesto por cerca de 250 personas, entre alabarderos, secretarios, ayudas de cámara y criados. Sus hermanas, Leonor y María le acompañaron en todo el viaje

Inicia el camino con muy mal humor, pues no habían llegado a Laredo ni los médicos que debían asistirle ni los nobles que le acompañarían en el viaje, especialmente don Luis de Quijada, hombre de su confianza. Tampoco le habían suministrado los cuatro mil ducados que financiarían sus primeros días de estancia en España.

Busto de Carlos V en el monasterio de Yuste

CANTABRIA

El 5 de Octubre sale de Laredo en compañía del alcalde de Durango, ascendiendo el valle del río Ansón hasta el puerto de Los Tornos, y atravesando los pueblos de Colindres, Limpias y Ampuero, donde pernocta el día 6 de octubre. Luego sigue por Rasines y Ramales, durmiendo el día 7 en el pueblo vizcaíno de Lanestosa. El día 8 pasan por Soba pernoctando en el municipio castellano de Agüera, en la merindad burgalesa de Montija. Este camino que vamos recorriendo se seguía desde la Edad Media para unir los puertos cántabros con las merindades del norte de Burgos y poder así sacar hacia Europa las mercaderías de la pujante ciudad castellana, y también se utilizaba frecuentemente en los viajes de monarcas, nobles y comerciantes que se dirigían hacia Flandes.

Cuatro leguas separaban Agüera de Medina de Pomar, donde pernoctó el día 9 de Octubre, concretamente en el llamado Arco de la Cadena, donde se situaba la casa- torre del alcaide. Un hito conmemora el paso del Emperador en esta hermosa ciudad medieval y en otros pueblos que son final de etapa.

Después de pasar por Bisjueces cruzó por el Puente de Arenas, de origen romano, aunque con parte de su estructura de los siglos XVI y el XIX, y siguió por la población de El Almiñe por donde discurre la llamada “Calzada del Pescado”, ya que por ella se introducía desde la costa la pesca en Castilla.

El 11 de octubre durmió en Pesadas de Burgos y el día 12, antes de llegar a la ciudad castellana, pasa por Villalta y pernocta en la villa de Hontomín, en una casa cercana a la iglesia, según tradición local.

Después de pasar por Vilimar entró en Burgos, donde permaneció del 13 al 16 de Octubre. Su paso por aquí se conmemora en el arco de Santa María, levantado en el siglo XIX. Sobre él aparece la efigie del Emperador junto a otros personajes importantes en el nacimiento del reino de Castilla. Sale de la actual provincia de Burgos pasando por Celada del Camino

Ruinas del monasterio de Yuste antes de su restauración

PALENCIA

Ya en la provincia de  Palencia duerme el 17 de octubre en Palenzuela. De aquí a Torquemada recorre tres leguas el día 18 y de Torquemada a Dueñas cuatro leguas más el día 19. Había estado indispuesto pero llegó a este pueblo en mejor estado de salud.

VALLADOLID

El día 20 entra en Cabezón de Pisuerga, a cuatro leguas y ya en la provincia de Valladolid. Allí le esperaba su nieto D. Carlos al que todavía no conocía. Partió después de comer para Valladolid, donde hizo la entrada de noche ese mismo día. Allí permanece hasta el 4 de Noviembre durmiendo en el antiguo palacio real que hoy alberga la Capitanía General. Dos semanas en las que está acompañado por sus hermanas, Leonor y María, su hija Juana y su nieto Carlos.

Ese mismo día 4 sale por la Puerta del Campo después de haber comido en público y de haber recibido las muestras de cariño y respeto de la población, nobles y prelados. Por la noche llega a dormir a Valdestillas y el día 5 arriba a Medina del Campo. Allí dormiría en casa del cambista y consejero real Rodrigo de Dueñas, que hizo un recibimiento ostentoso, llegando a poner un brasero de oro macizo y quemando en él palos de canela de Ceilán, lo cual consiguió que el monarca no sólo no quisiera admitir al cambiante a que le besara la mano, sino que además ordenó pagar la estancia en su palacio, conocido hoy como la Casa Blanca, una hermosa mansión renacentista.

AVILA

El 7 de noviembre durmió en Horcajo de las Torres en la provincia de Ávila, donde al llegar dijo “Gracias a Dios que no tendré ya más visitas ni recepciones”.

Palacio de Carlos V anejo al monasterio de Yuste

SALAMANCA

Partieron de aquí  el 7 noviembre para llegar a Peñaranda de Bracamonte. Carlos V se alojó aquella noche en la mansión de los Bracamonte, posiblemente en el palacio de la Puerta del Sol. El día 8 de noviembre durmió en Alaraz después de pasar por Macoteras. Y salió de la provincia de Salamanca por Gallegos de Solmirón, donde es tradición que durmió en la casa del cura.

AVILA

El 10 de noviembre llegan al Barco de Ávila donde la comitiva recibió unas colchas que se habían pedido para mejorar las condiciones del viaje de Su Majestad.

EXTREMADURA

Cuando llegaban de noche a Tornavacas, el Rey se entretuvo en ver pescar truchas con luces en el río Jerte, y después le fueron servidas para cenar el 11 de noviembre de 1556.

El 12 noviembre de viaje hacia Jarandilla S. M. atravesó el Puerto de las Yeguas entre los valles del Jerte y de La Vera, escogiendo así este camino más corto pero más penoso que el que discurre por el valle hasta Plasencia. Pasó con grandes dificultades, ya en la litera, ya en silla de manos, e incluso a cuestas de los lugareños. Al coronar la cima del puerto, dijo: «Ya no franquearé otro puerto que el de la muerte». Después de cruzar el llamado hoy Puente de Carlos V en la garganta de la Serrá. Llegó cansado pero a buena hora a Jarandilla y se alojó en el castillo del Conde de Oropesa, hoy parador de Turismo. Visitó unos días más tarde las obras de acondicionamiento del palacio que habitaría adosado al monasterio jerónimo de Yuste junto al pueblo de Cuacos.

En abril del año 2007 se constituyó la Red de Cooperación de Ciudades y Municipios en la Ruta de Carlos V: Laredo-Yuste. En varias localidades como Medina de Pomar se sienten perfectamente identificados con la ruta, e incluso durante la segunda quincena del mes de septiembre se rememora la presencia imperial con una fiesta medieval.

EL BANDIDO MORALEDA, PERSONAJE LEGENDARIO (1)

EL BANDIDO MORALEDA, UN PERSONAJE LEGENDARIO

El Bandido Moraleda
Bernardo Moraleda en foto de la revista Estampa de 1936

El siglo XIX fue el del bandolerismo más típico y tópico que dejó personajes que todavía se mueven entre la historia y la leyenda y que el pueblo ha ido magnificando, idealizando y fantaseando sobre los hechos reales o imaginarios de sus vidas. Hoy conoceremos a uno de ellos y mañana veremos diferentes aspectos de la vinculación del Bandido Moraledacon nuestra comarca y sus aspectos legendarios.

Bernardo Moraleda Ruiz parece que nació en Navas de Estena a mitad de la centuria, aunque se trasladó a Fuente del Fresno, localidad también ciudadrealeña que contaba con varios de sus vecinos dedicados al bandolerismo formando partidas tan famosas como las de dos parejas de hermanos, los “Purgaciones” y los “Juanillones”.

Muchos de estos bandoleros están a caballo entre las partidas carlistas con cierta ideología y el estricto bandidaje. Algunas fuentes los sitúan en las partidas carlistas del apodado “Merendón” y otras aseguran que Moraleda cabalgó junto al párroco de Alcabón, Lucio Dueñas, uno de aquellos curas trabucaires ultraconservadores que asolaron con sus partidas el territorio de La Mancha, los Montes de Toledo, La Jara y Extremadura, justo el mismo ámbito que antes había sido el refugio de los golfines provocando la formación de la Santa Hermandad de Toledo, la de Talavera y la de Ciudad Real, y también la misma zona que tras la Guerra Civil sería refugio de los maquis o guerrilleros antifranquistas.

Frecuentemente el oficio primero que tuvieron fue el de cabrero como es el caso de los “Juanillones” y del propio Moraleda, aunque parece que de niño fue recadero. Con ellos se echa al monte tras la segunda guerra carlista y a partir de 1873 son famosas sus correrías por los Montes de Toledo y la zona de La Jara más próxima a Navalucillos y Robledo del Mazo.

No se sabe a ciencia cierta cuál fue la causa por la que Moraleda comenzó su carrera delictiva. Para algunos fue una discusión con derramamiento de sangre con el patrón y dueño de las cabras que pastoreaba, aunque otros hablan de que mató a su mujer a los cuatro días de casarse o que fue desertor del ejército justo antes de partir con las tropas españolas hacia Filipinas. También se le acusa de haber asesinado a un pastor que lo había denunciado y a un capitán de voluntarios que lo perseguía con inquina.

El hecho de ser cabrero hace que se adapte perfectamente al terreno y que les sea a guardias civiles y otras fuerzas de la época muy difícil capturarle. En una ocasión en que se encuentra rodeado desarma a un guarda y disfrazado con su traje de escopetero consigue burlar el cerco lo que incrementa su leyenda.

También sabe comprar silencios y voluntades con sus monedas de cinco duros, de las que dicen tiene guardado un tesoro en un lugar de los montes de Retuerta del Bullaque, junto con un catalejo y sus armas, aunque cuando años más tarde, al salir de presidio, quiso recuperarlo  no lo encontró, o alguien lo había hallado antes.

Los delitos que las crónicas de la época nos relatan son el despojo de recuas de arrieros, atracos de recaudadores o secuestros y robos a propietarios o al alcalde de Fuente del Fresno, pueblo que llegan a asaltar cometiendo varios atracos. Se les acusó también de algunos asesinatos de civiles como el de un carretero, o de guardias y escopeteros, aunque forman también parte de la leyenda algunos comportamientos algo más cercanos al concepto romántico de bandido generoso. El más conocido de estos episodios tiene relación con uno de los personajes más importantes de la época, el general Prim.

Castillo de Prim, finca en Retuerta del Bullaque
Castillo de Prim, finca en Retuerta del Bullaque

Parece que en una de esas cacerías que daba el héroe de la batalla de Castillejos en su finca de los montes de Toledo con políticos y autoridades de la época, el hijo del general se perdió entre los jarales y dio la casualidad que cuando pedía auxilio se encontró con Moraleda que, llevándolo incluso a hombros por estar desfallecido, lo dejó junto al castillo de Prim, una casona almenada de su propiedad. Cuando el muchacho lo invitó a entrar para que su padre le recompensara, su salvador le dijo que era Moraleda, que estaba huido de la justicia y que por tanto no podía acompañarle al castillo.

Después de numerosos delitos las autoridades les siguen de cerca y les tienden una emboscada cuando se disponen a asaltar el tren en Villacañas, que pretendían previamente hacer descarrilar. Antes habían tenido éxito soltando el último vagón para desvalijarlo en Venta de Cárdenas secuestrando antes al jefe de estación y a otros ferroviarios.

De resultas de estas detenciones en Villacañas los dos “purgaciones” y un “juanillón” son detenidos, juzgados y ejecutados en Toledo en 1882 pero Moraleda huye saltando por una ventana en compañía del otro “juanillón” hasta Portugal. Parece que escapan por la Senda de los Contrabandistas que discurre a lo largo de las cumbres de las sierras oretanas sin tocar pueblo alguno entre Lisboa y Valencia.

Con el fruto de los robos se establecen cerca de la frontera poniendo un comercio de ultramarinos, pero son tantas las cartas que el compañero de Moraleda envía imprudentemente a su mujer que son descubiertos y detenidos. Son extraditados por el país vecino con la condición de que no sean ejecutados aunque se les achacan veintidós asesinatos, treinta tantos robos y tres secuestros.

Son condenados sin embargo a largas penas de presidio, casi ciento quince años, y enviados a Ceuta, donde el Juanillón muere por un proceso respiratorio. Bernardo Moraleda pasa muchos años todavía allí pasando penalidades y con los grilletes puestos lo que le ocasiona úlceras infectadas.  Su encarcelamiento sucede en 1882 y permanece allí hasta 1911, año en que es trasladado a Santoña para ser liberado en 1923 con 71 años.

Los hermanos Juanillones, compañeros de fechorías de Moraleda
Los hermanos Juanillones, compañeros de fechorías de Moraleda, El de la izquierda fue ejecutado y el de la derecha murió cuando estaba con Moraleda en el penal de Ceuta.

Como un mendigo camina hasta Retuerta de Bullaque donde intenta encontrar su botín escondido de cinco mil duros sin conseguirlo. Aunque al pueblo le atemorizaba su presencia, hasta el punto de que un antiguo delator abandonó el lugar, ya solo era un anciano artrítico y sin fuerzas.

Fue a pedir auxilio a la finca de Prim donde el administrador le puso al cargo de la bodega, pues no se olvidaba en la casa cómo había salvado al marqués de Castillejos, hijo del general. Muere en 1936 en el asilo de Ciudad Real, poco antes de que otra guerra civil eche al monte a otros españoles.

RELATO SOBRE CAÑADAS Y TRASHUMANTES

CAÑADAS Y CORDELES:

Puente medieval construido entre La Mesta y el Concejo de Talavera para el paso de un cordel trashumante
Puente medieval construido entre La Mesta y el Concejo de Talavera para el paso de un cordel trashumante

Marzo de 1557

Esa mañana el movimiento era febril en la venta. El olor del pan recién cocido daba al amanecer un aroma de placidez. Los rabadanes daban órdenes a los zagales que  intentaban agrupar a sus hatos con los mastines, separando las ovejas extraviadas de rebaños ajenos entre el ir y venir de las carretas de la Real Cabaña. Los bueyes venían tirando desde la Mancha de largas hileras de carros con la leña que habían cargado en los montes de Toledo y que después venderían a los alfareros talaveranos. En la villa cargarían tejas vidriadas y cacharros para llevarlos hasta Sevilla y embarcarlos con destino a las Indias.

Tenían que darse prisa. Allí mismo iba a tener lugar una vista del Alcalde Entregador de la Mesta a causa de la denuncia de los pastores. Tenía que juzgar el rompimiento de la cañada por unos vecinos que habían cultivado unas viñas en ella.

Los hateros estaban acabando de cargar el pan, la ropa y los utensilios en sus caballos. De uno de ellos colgaban las pieles de dos lobos que los perros habían matado poco antes de cruzar el puerto del Pico. Un comerciante vendía a los trashumantes la sal que portaba en sus borricos. En unos minutos, los cientos de ovejas despejaron el lugar para ir a beber a la fuente de un descansadero cercano, donde permanecerían mientras los ganaderos curioseaban como espectadores en el juicio que iba a tener lugar.

Rebaño por la cañada leonesa a través del Baldío de Velada

El concejo de la villa había sido reunido a campana tañida. Los alcaldes, regidores y hombres buenos llegaron todos juntos al lugar. Una polvareda a lo lejos indicaba que la comitiva del Honrado Alcalde y Entregador Mayor de las mestas y cañadas de Su Majestad estaba próxima. Más de doscientas personas entre escribanos, criados, secretarios y gente armada formaban su séquito. Los ganaderos se descubrían a su paso y, montado en su caballo engalanado para la ocasión, avanzaba el hombre que tenía la capacidad de juzgar todos los hechos acaecidos en las cañadas, cordeles y veredas, o que tuvieran relación con los hombres y ganados de la Mesta que transitaban por ellos. Iban llegando más curiosos hasta que una multitud se reunió en torno al estrado que los hombres del Entregador habían montado el día anterior bajo un toldo.

Fuente en la Cañada Leonesa Oriental a la altura de Almendral de la Cañada

Con gran ceremonia, el juez de las cañadas tomó asiento y ante él compareció el  procurador del Honrado Concejo de la Mesta. Con un largo discurso acusó a algunos vecinos de la villa de haber plantado panes y viñas en la cañada y de hacer a los rabadanes y pastores diferentes injurias, quebrantándoles sus hatos y llevándoles sus ganados. Pidió que la cañada fuese abierta de nuevo arrancando las cepas que en ella se habían plantado y quitando los cercados. También solicitaba una compensación de diez mil maravedíes para los ganaderos afectados directamente. El concejo de la villa protestó por las numerosas ocasiones en que los ganados habían invadido al atravesar su término las cinco cosas vedadas: panes, dehesas, viñas, huertas y prados de guadaña. Además, era sabido que los serranos habían intentado eludir el pago de la la asadura a la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera cuando cruzaban el puerto de Berrocalejo, y como el Entregador sabía, los cuadrilleros hermandinos debían cobrar esa renta, pues con ella se protegían las cañadas y despoblados de los bandidos y los ladrones de ganado.

El «Venturro» de Ventas de San Julián en la Cañada Leonesa Occidental

El Entregador respondió que eso, aunque fuera cierto, no les excusaba de los rompimientos de cañadas y era su obligación hacer cumplir las cartas y privilegios que los reyes habían otorgado al Honrado Concejo, siempre que los testigos confirmaran las acusaciones. Para ello ordenó al concejo de la villa que designara seis hombres buenos para que con el Alcalde Entregador andaran y apearan la cañada usurpada, lo que les mandó que cumplieran si no querían incurrir en las penas contenidas en las cartas y privilegios del Rey.

Un relato breve: COLMENEROS, 1486

Colmenas de corcho en La Jara
Colmenas de corcho en La Jara

COLMENEROS, 1486

Marcela se acercó hasta la entrada del muro de piedra que circundaba la posada de colmenas y permaneció allí, quieta. Con un movimiento de cabeza llamó a su hijo Bartolomé. Ella sabía bien que una mujer mientras estuviera con su flor no debía acercarse a las abejas. Ni siquiera cuando hubiera comido ajos o cebollas, pues eran animalias muy delicadas a las que también molestaban los malos olores.

El muchacho se acercó a ella y tomó la cantarilla de vino, la hogaza y el pedazo de queso  que les había traído para el almuerzo. Su marido dejó de encalar el poyete de pizarra cogida con barro que acababa de levantar para dar asiento a las colmenas.

Imagen medieval que representa un huerto con colmenas

Imagen medieval que representa un huerto con colmenasDespues de comer se lavó cuidadosamente las manos en el arroyo del Endrino. Sabía que las abejas debían ser tratadas con mucha limpieza y que un colmenero no podía jamás ser sucio ni borracho. Así se lo enseñó en cierta ocasión el beneficiado de la parroquia de San Miguel, don Gabriel Alonso de Herrera. Incluso le dijo que debía ser casto, pues ya los antiguos aseguraban que la diosa de la castidad tenía a su cargo las abejas. Además, si ellas son castas y limpias, es razón que las trate persona casta y limpia.

Pasó aquel día un buen rato con don Gabriel, respondiendo a las muchas preguntas que el cura le hizo sobre la granjería de la miel. Se hizo su amigo y siempre que iba por la villa le llevaba un cirio de la cera de sus abejas para alumbrar a la Quinta Angustia.

El olor de la jara, tan dulce que a veces podía casi paladearse, lo invadía todo. Bartolomé se acercó a orinar a unas junqueras y, de pronto, se agachó, levantando orgulloso una gran culebra a la que desnucó con un brusco movimiento de muñeca. Bien sabía por las enseñanzas de su padre que los lagartos, las culebras y escuerzos sólo hacían daño en la posada. El padre se levantó y fue cojeando otra vez hacia el caldero de la cal para acabar su tarea.

Colmeneros en el pueblo jareño de Carrascalejo

A veces, cuando Bartolomé veía a su padre renqueando, sentía un escalofrío y, al mismo tiempo, una extraña sensación de orgullo. Recordaba cómo siendo niño acompañaba una mañana a su padre a visitar las colmenas más lejanas de su casa, en la sierra del Atalayón.

Tal vez por el ruido del río que venía crecido o debido al fuerte viento en contra, se dieron de bruces con un oso al entrar en el colmenar. Andaba golosineando con los panales. Los había sacado de los corchos que habían rodado de un zarpazo despedazados por el suelo. Con un salto de sus patas traseras el enorme animal se abalanzó sobre el colmenero, mientras su hijo se ocultaba llorando detrás de la pared. No pudo Bartolomé ver la pelea de la bestia con su padre hasta que, herido, se acercó hasta él arrastrándose y gimiendo. El animal, antes de morir de una certera cuchillada en el cuello, le había desgarrado la pantorrilla de un zarpazo.

Paisaje jareño típico. Los colmeneros fueron los primeros en repoblarlo

Costó curar la herida, pero su vecino el hortelano, que había ido a vender unos canastos de priscos a Talavera, llevó la cabeza y las garras del oso hasta la cárcel de la Santa Hermandad cobrando la recompensa. La Santa Hermandad se fundó para vigilar los yermos y despoblados y defender de bandidos a los colmeneros. Ellos premiaban a los que acababan con sus enemigos y uno muy importante era el oso.

Y cuando más tarde fue toda la familia a la feria, todavía estaban clavados los despojos en la puerta y, debajo, un pliego con el nombre de su padre que los viandantes miraban con curiosidad. Desde entonces, Bartolomé decidió que él también sería colmenero algún día.

La estancia donde iban a ser instaladas las colmenas ya estaba preparada, el muro tenía más de dos varas de alto para dificultar el paso a los osos. El viento del norte no dañaría a las colmenas pues se había instalado en una buena solana.

El agua limpia del arroyo corría muy cerca y el suelo estaba bien saneado. La pizarra afloraba inclinada como dientes de perro y el agua de la lluvia correría sin pudrir los corchos. Bartolomé recibió la orden de limpiar el monte cercano. Su padre no quería que volviera a suceder como cuando, dos años antes, el fuego que prendieron unos pastores para aumentar el pasto quemó sus dos mejores posadas.

Símbolos de de la Santa Hermandad entre los que se encuentra una colmena en recuerdo de que la institución comenzó siendo una hermandad de colmeneros. También aparece un jabalí y el yugo y las flechas de los Reyes Católicos, por ser hermandad real-

Todo estaba preparado. Hasta habían guiado dos acebuches junto a la pared para que así anidaran en ellos los enjambres que se salieran de los corchos. Pero había que atraer a las abejas, y Bartolomé ya sabía que debería untar las ramas de los árboles con un poco de aguamiel.

Las colmenas habían sido fabricadas en las largas noches de invierno, a la luz de las velas que ellos mismos hacían con la cera más sucia de sus panales, que las buenas ya las teníanapalabradas en Guadalupe. Habían escogido las mejores cañas de corcho del alcornocal del Puerto, que no tuvieran hendiduras ni resquebrajamientos, y las habían clavado con virus de jara afilados y endurecidos al fuego. En Piedraescrita  consiguieron una carga de estiercol de becerro que, mezclado con barro, sellaría las colmenas salvándolas del frío y de las sabandijas.Con unos palos de encina atados en forma de portera cerraron en la corraliza los corchos que esperaban sus enjambres.

Bartolomé pensó que, al fin y al cabo, este no era un mal oficio. Solamente el silencio del monte, con el aullido del lobo acompañándole muchas noches, le producía cierto sobresalto. Pero no era el miedo lo que le más le angustiaba. Solamente le turbaba la posibilidad de que a Blanca, la muchacha que le estuvo mirando en la fiesta del pueblo, no le gustara vivir en la soledad de la alquería.

Aunque, cuando contempló que la temprana primavera ya teñía los cerros de enfrente con sus cantuesos de color morado, y que la jara, el cantueso, el tomillo y el romero llenaban de olores el aire pensó que la cosecha sería buena. Podría comprarle a Blanca ese pañuelo que miraba con tanta atención cuando se lo ofreció el buhonero después de la romería.

LA GUERRA CARLISTA COMENZÓ EN TALAVERA

Foto de la plaza del Reloj a principios de siglo. Con un aspecto no muy diferente del que tendría durante el pronunciamiento carlista
Foto de la plaza del Reloj de Talavera de la Reina a principios del siglo 20. Con un aspecto no muy diferente del que tendría durante el pronunciamiento carlista del siglo XIX

UNA GUERRA CIVIL COMIENZA EN TALAVERA

1833. Cuatro hombres se abrazan y sonríen mientras los soldados cierran los portones de la prisión madrileña. Los barrotes, la humedad, el frío y los gritos de los carceleros no han conseguido que se movieran ni una pulgada de sus convicciones. Manuel María González, el jefe de correos de Talavera, se apoya en el hombro de sus compañeros y, mirándoles con fiereza, besa un enorme escapulario que cuelga de su pecho y dice: Dios, la Patria y el Rey legítimo de España premiarán y reconocerán nuestra lucha. ¡Viva el rey Carlos!. Dos de sus compañeros del batallón de Reales Voluntarios Realistas de Talavera, hoy destituidos por el gobierno liberal, han llevado caballos frescos a su comandante y todos juntos toman el camino de Extremadura.

Semanas más tarde, ya en Talavera, se empiezan a agrupar algunos jinetes en la plaza del reloj que acaba de dar ocho campanadas, Bajo sus capotes, apenas disimulan las armas. Los mercaderes de la plaza Real ya han recogido los géneros de los soportales y van cerrando sus tenderetes. Los caballistas, con las bestias tan nerviosas como ellos y armados hasta los dientes, se concentran en el lugar mientras que algunos de ellos, obedeciendo la voz de su jefe, se dirigen a cada una de las puertas de la muralla de la ciudad cerrando el paso.

Escena costumbrista en la Plaza del Reloj recreada por Enrique Reaño sobre una foto antigua
Escena costumbrista en la Plaza del Reloj recreada por Enrique Reaño sobre una foto antigua

Un zapatero comenta con su vecino el espartero que el hombre que parece mandar la tropa es comandante de los Voluntarios Realistas Manuel María González quien, en ese momento, saca un pliego de una de sus cartucheras y comienza a leerlo en voz alta ante la sorpresa de los vecinos. El caballo gira haciendo que salten chispas del empedrado sin que deje de leer su manifiesto. Los vecinos escuchan estupefactos que Manuel María, el manchego que dirigía correos, está proclamando rey de España al infante don Carlos María Isidro, exigiendo volver al orden tradicional y a la sucesión masculina al trono. Los talaveranos, que son llamados a unirse a la sublevación, comienzan a darse cuenta de la gravedad de los hechos que están presenciando y se encierran en sus casas. La plaza queda desierta.

Placa de una asociación carlista en la Plaza del Reloj de Talavera

Pasa el tiempo y los rebeldes comprueban que nadie se une a ellos, ni siquiera los correligionarios que daban por seguro que iban a sumarse al pronunciamiento. Irritados, se dirigen al ayuntamiento y retienen al alcalde y a algunos concejales. Dos de los carlistas se dirigen al domicilio del general Antonio María de Rojas y le conducen a la plaza del Pan arrestándole junto a la corporación. El cabecilla decide reponer a los regidores de 1832 y destituir a estos que él denomina hatajo de liberales y traidores. Pero los antiguos concejales se niegan a salir de sus casas y los sublevados se ven obligados golpear a alguno de ellos mientras otros son llevados de la pechera hasta el ayuntamiento. Nadie quiere implicarse en una causa que nunca tuvo arraigo en la ciudad y que de antemano se da por perdida.

Exaltados y nerviosos, los revolucionarios encierran a sus rehenes en el claustro de los jerónimos. Mientras pasan la noche en vela, se engañan a sí mismos pensando que a la mañana siguiente una multitud se unirá a su causa. Pero, sin embargo, varios vecinos liberales se apostan en las calles cercanas y se oyen algunos disparos contra los sublevados.

Soldados carlistas

Manuel María no sale de su asombro, es hombre de convicciones profundas y había pensado muchas veces en cómo, al llegar este momento, sus paisanos se revelarían contra el sindiós en que se estaba convirtiendo España. Se da cuenta de que mantenerse en Talavera es encerrarse en una ratonera. No se resigna y vuelve a intentarlo con otra proclama a la mañana siguiente. Únicamente obtiene el silencio sepulcral de la ciudad roto tan solo por algunos adversarios que comienzan a sacar sus caballos y a situarse en las calles vecinas. Una masacre o un enfrentamiento no conducirían a nada y Manuel María, que es al fin y al cabo un hombre religioso, decide retirarse hacia Calera.

Requisan todos los caballos que pueden y se apoderan de los fondos públicos, ciento veinte mil reales. Disparando al aire, el grupo sale a galope por la puerta de Mérida y se dirige hacia el oeste. Hay que acercarse a Portugal, allí se han refugiado don Carlos y los suyos. Las sierras de Guadalupe les darán el amparo que siempre ofrecieron a los que se echaron al monte por estas tierras. Llegan a Calera y en la plaza otra vez proclaman a su rey, y otra vez predican en el desierto, sólo silencio.

Desde Talavera una fuerza armada ha partido ya en su persecución y va pisándoles los talones. Al llegar a Puente del Arzobispo están esperándoles sus habitantes armados y comienza el tiroteo. Seis hombres se entregan y salvarán así sus vidas pero otros seis son apresados. Entre ellos se encuentra un hijo de Manuel María que, como sus compañeros, es fusilado en Talavera, junto al Calvario, y enterrado en el cementerio de Santa Leocadia.

Torre de la iglesia de Santa Leocadia donde fueron enterrados los rebeldes carlistas tras su ejecución

A finales de Octubre el resto de la partida es apresada en Villanueva de la Serena y sus miembros son fusilados .

Los pronunciamientos salpican todo el territorio nacional. Acaba de comenzar otra guerra entre españoles.

 

DONDE EL ARCIPRESTE DE HITA REPRENDIÓ A LOS CLÉRIGOS DE TALAVERA

 

Arcipreste de Hita, Clérigos Talavera, capilla San Sebastián Colegial
Detrás de esta reja se habría reunido el arcipreste de Hita para reprender a los clérigos de Talavera

La Capilla de San Sebastián es el lugar donde se reunía el cabildo, y por ello el sitio más probable donde en el siglo XIV se habría producIdo la escena en la que el Arcipreste de Hita reprende a los clérigos de Talavera por sus poco edificantes costumbres sexuales.

Iluminada por una gran ventana con buena reja que da a la Plaza del Pan se encuentra una capilla erigida por Hernando de Alonso, fundador también del Hospital de la Misericordia ( lo que hasta hace poco fue «Casa de Socorro»,  frente a la Colegial). Ésta que fue capilla bautismal con la pila donada por él mismo, sala capitular adornada con cerámica en la que se reunía el cabildo de los canónigos y capilla de San Sebastián, acabó convirtiéndose en la sala que alberga el rico archivo de este templo y de las demás parroquias talaveranas.

Allá por Talavera, a principios de Abril,

llegadas son las cartas de Arzobispo D. Gil,

en las cuales venía mandato no vil

que si a alguno agradó, pesó a más de dos mil

El arzobispo de Toledo es don Gil de Albornoz, que vivió durante el siglo XIV y que no debemos confundir con otro prelado del mismo nombre, que era talaverano y cuyos restos se hallan en un sepulcro del convento de las bernardas fundado por su familia. Cuando dice que el mandado pesó a más de dos mil se puede referir no sólo a los canónigos, sino también a los propios vecinos de Talavera, a los que luego veremos que prohíbe también tener barraganas

Este pobre arcipreste que traía el mandado,

más lo hacía a disgusto, creo yo, que de grado.

Mandó juntar cabildo; deprisa fue juntado,

¡Pensaron que traía otro mejor recado!

 Comenzó el Arcipreste a hablar y dijo así:

-Si a vosotros apena, también me pesa a mí.

¡Pobre viejo mezquino! ¡En qué envejecí,

En ver lo que estoy viendo y en mirar lo que vi!

 Llorando de sus ojos comenzó esta razón:

Dijo:- El Papa nos manda esta constitución,

os lo he de decir, sea mi gusto o no

aunque por ello sufra de rabia el corazón

 Colegial, capilla de San Sebastián, Talavera de la Reina, Arcipreste de HitaLa flecha señala la reja tras la que se encuentra la capilla de San Sebastián de la Colegial de Talavera, donde el Arcipreste de Hita reprendió a los clérigos

El arcipreste de Hita demuestra en sus escritos ser clérigo de manga ancha en cuanto a los principios morales que tienen que ver con la sexualidad, y por eso no le agrada la misión que trae, pues en realidad debería también reprenderse a sí mismo. El cabildo era la reunión de los canónigos presidida por el deán de la Colegial y se celebraba en la capilla de san Sebastián, cuya ventana cubierta por hermosa reja de forja se asoma a la plaza del Pan, junto a la torre.

Las cartas recibidas eran de esta manera:

Que el cura y el casado, en toda Talavera,

no mantenga manceba, casada ni soltera:

el que la mantuviese, excomulgado era.

No sólo se reprende a los clérigos talaveranos, sino que también advierte a los vecinos casados que deben ser más comedidos en sus hábitos eróticos.

Con aquestas razones que el mandato decía

quedó muy quebrantada toda la clerecía;

algunos de los legos tomaron acedía.

Para tomar acuerdos juntáronse otro día.

Fue tal el disgusto por la amenaza del Papa que algunos “tomaron acedía”, es decir que la noticia les produjo ardor de estómago.

Estando reunidos todos en la capilla,

levantose el Dean a exponer su rencilla.

Dijo: -Amigos, yo quiero que todos en cuadrilla

nos quejemos del Papa ante el Rey de Castilla.

 -Aunque clérigos somos vasallos naturales,

le servimos muy bien, fuimos siempre leales;

demás lo sabe el Rey: todos somos carnales.

Se compadecerá de aquestos nuestros males.

La referencia al Rey tiene una doble intención cuando dice que todos somos carnales, pues en aquella época los monarcas reinantes no brillaban precisamente por su moralidad, ya que Alfonso XI tuvo nada menos que diez hijos con su favorita, doña Leonor de Guzmán, la que luego sería degollada en Talavera por orden de la reina legítima doña María de Portugal. Otro ejemplo de la época es el hijo de ésta, Pedro I el Cruel, que hizo asesinar a su esposa doña Blanca para disfrutar así de sus amores con doña María de Padilla.

Sigue después uno de los canónigos justificando su convivencia con una barragana:

-¿Dejar yo a Venturosa , la que conquisté antaño?

Dejándola yo a ella recibiera gran daño;

regalé de anticipo doce varas de paño

y aún ¡por la mi corona!, anoche fue al baño.

 -Antes renunciaría a toda mi prebenda

y a la mi dignidad y a toda la mi renta,

que consentir que sufra Venturosa esa afrenta.

Creo que muchos otros seguirán esta senda.

Postal de la colegiata de Talavera donde se señala la capilla de San Sebastián.

 El canónigo se queja por tener que perder los regalos que hizo a su barragana Venturosa, como las doce varas de paño, y el gasto que le supuso pagarla el baño. Pone por testigo a “su corona” es decir la tonsura de la coronilla que debía llevar como clérigo. Hoy día existe en Talavera la calle del Baño donde había unas instalaciones que, aunque todavía daban su servicio en época cristiana, recién reconquistada la villa, podían tratarse de uno de los baños a los que los viajeros árabes aludían en sus descripciones de la Talabira musulmana.

Juro por los apóstoles y por cuanto más vale,

con gran ahincamiento, así como Dios sabe,

con los ojos llorosos y con dolor muy grande:

 -¡Perdonarnos pues porque es agradable!

Habló en pos del Deán, deprisa el Tesorero

era en aquella junta, cofrade justiciero

Dijo:- Amigos, si el caso llega a ser verdadero

si vos esperáis mal, yo lo peor espero

 Si de vuestro disgusto mucho a mí me pesa,

¡También me pesa el propio, a más el de Teresa!

Dejaré Talavera, me marcharé a Oropesa

antes que separarla de mí y de mi mesa

 Pues nunca tan leal fue Blancaflor a Flores,

ni vale más Tristán con todos sus amores;

ella conoce el modo de calmar los ardores,

si de mí la separo volverán los dolores.

 Como suele decirse: el perro en trance angosto

por el miedo a la muerte, al amo muerde el rostro;

¡ Si cojo al Arzobispo en algún paso angosto,

tal vuelta le daría que no llegara a Agosto!

Dama representada en un capitel de la colegiata de Talavera

El tesorero amenaza con irse a Oropesa porque en aquella época pertenecía al obispado de Ávila y no al de Toledo, por lo que de alguna forma podía así escapar a la reconvención del arzobispo de Toledo Gil de Albornoz. Una colegial es una catedral sin obispo. A su cargo están los canónigos sobre los que gobierna el deán, además de otros cargos como el chantre, el tesorero etc. Flores debe ser otro de los canónigos que enfermaría si le separaran de su Blancaflor

Habló después de aqueste, Chantre Sancho Muñoz.

Dijo: – Aqueste Arzobispo, ¿Qué tendrá contra nos?

El quiere reprocharnos lo que perdonó Dios;

por ello, en este escrito apelo, ¡Avivad vos!

 Pues si yo tengo o tuve en casa una sirvienta,

no tiene el Arzobispo que verlo como afrenta;

que no es comadre mía, ni tampoco parienta,

huérfana la crié; no hay nada que yo mienta.

Mantener a una huérfana es obra de piedad,

lo mismo que a viudas, ¡Esto es mucha verdad!

Si el Arzobispo dice que es cosa de maldad,

abandonad las buenas y a las malas buscad!

En muchas ocasiones la excusa para mantener una barragana era que la mujer en cuestión se trataba de alguna sobrina desamparada del clérigo, alguna huérfana que hacía de criada o alguna viuda a la que se hacía pasar por ama de llaves. Hipócritamente el chantre dice que es una obra de caridad.

Don Gozalo, Canónigo, según vengo observando,

de esas buenas alhajas ya se viene prendando;

las vecinas del barrio murmuran comentando

que acoge a una de noche contra lo que les mando.

 Pero no prolonguemos ya tanto las razones;

apelaron a los clérigos, también los clerizones;

enviaron deprisa buenas apelaciones

y después acudieron a más procuraciones.

Clérigo representado en un capitel de la Colegiata de Talavera

Los clérigos intentaron evitar mediante apelaciones dejar a sus amantes o al menos no ser castigados, pero no debió surtir mucho efecto la regañina que en nombre del arzobispo traía el arcipreste de Hita pues algunos años más tarde, el arzobispo Tenorio, de familia talaverana, intenta que los canónigos hagan vida reglada y para eso les ofrece ricas propiedades entre las que destaca la dehesa de Castellanos cerca de Alcaudete, pero los canónigos prefieren seguir con su vida libertina y renuncian al ofrecimiento, por lo que el arzobispo destina el claustro y el que después sería monasterio de Santa Catalina a los frailes jerónimos.

El Libro de Buen Amor llegó a causar el encarcelamiento del Arcipreste de Hita, tal vez por orden del propio arzobispo Gil de Albornoz.