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MOLINOS ÁRABES Y ROMANOS DEL TAJO

IV.- INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LOS MOLINOS DE AGUA DE LA PROVINCIA DE TOLEDO

Comenzamos un nuevo capítulo de mi libro agotado «Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo». Describiremos su historia desde los romanos hasta los árabes

Molinos que para algunos son probablemente romanos en el arroyo del Cubillo de Carranque
Molinos que para algunos son probablemente romanos en el arroyo del Cubillo de Carranque

1.-Hasta los árabes

¿Hubo molinos de agua en el valle del Tajo durante la época romana? Puede que la arqueología nos dé algún día una respuesta. Hoy solamente podemos aventurar conjeturas, ya que sí se ha constatado la existencia de presas como la del arroyo de Comeleches (Foto 14)  junto a la villa romana de Carranque y la del molino del arroyo del Cubillo, también próxima a una zona rica en restos arqueológicos como es la de la iglesia visigoda de Melque; ambas presas por su aspecto y contexto pudieran haber sido romanas

Es lógico pensar que si el Fuero Juzgo de los godos hace algunas referencias a la legislación molinera, en Toledo, que fue capital de la Hispania Visigoda, hubiera existido alguno de estos artificios[1].

Ya hemos comentado las referencias de Al- Idrisi, viajero árabe del siglo XI, a los molinos de Talavera. Sus crónicas están basadas según algunos autores en otras de viajeros de épocas anteriores a la suya y por tanto puede que esas alusiones haya que datarlas en realidad  en época tan temprana  como es el siglo IX[2].

En sus obras «Historia de Tulaytula»[3] y «Las Calles de Toledo=[4], Julio Porres nos hace referencia a determinadas citas de fechas inmediatas al año 1085, cuando se reconquista Toledo, en las que aparecen molinos toledanos como los de Azumel (Assomail), molinos de Daicán (Dar Axam) y los de Arsagrazu (Afagraza) que, por sus nombres y antigüedad bien pudieran haber funcionado en época musulmana.

Aceñasa en la Vista de Toledo de El Greco que habrían estado aguas abajo de la actual estación de autobuses
Aceñas de Arzagrazu  en la Vista de Toledo de El Greco que habrían estado aguas abajo de la actual estación de autobuses

El término «aceña», como tantas otras palabras relacionadas con la molinería y la tecnología del agua, es de origen árabe y tanto los restos visibles todavía hoy en día de los molinos de Daicán como los de Arsagrazu (o de Río Llano) que se pueden observar en el cuadro del Greco «Paisaje de Toledo» (fig. 29), presentan por sus característicos tajamares el aspecto de haber sido aceñas, es decir molinos de rueda vertical, los más arcaicos de estos ingenios.[5]

Restos de los molinos de daicán sobre el Tajo en Toledo
Restos de los molinos de daicán sobre el Tajo en Toledo

J.C. Gómez Menor, en su «Historia de la Antigua Tierra de Talavera», sugiere que el término Marrupe, nombre de un pequeño municipio de la Sierra de San Vicente, puede derivar de «Mazarupet» o «Másar ar rubait», traducido como molino de la pequeña rápita. Al respecto solamente podemos decir que en el arroyo Marrupejo existen restos de seis molinos con aspecto y referencias de considerable antigüedad.[6]

En el arroyo de Riolobos, íntimamente relacionados con yacimientos arqueológicos de datación tardorromana y con alusiones a su existencia ya desde el siglo XIII[7], encontramos hoy los restos de dos molinos, siendo uno de ellos muy interesante por su cubo arruinado con aparejo en sus muros de aspecto vetusto aunque de difícil asignación cronológica a simple vista.

Molino de Riolobos. en Velada¿Fue romanos?
Molino de Riolobos. en Velada¿Fue romanos?

Tras la reconquista en el año 1085, los cristianos aprovechan la mayoría de los azudes y los edificios de molinos que los árabes abandonan sobre el Tajo. Así, los molinos de la Reina que en 1142 son cedidos por Alfonso VIII a la Orden de Calatrava,[8] no son otros que los molinos de Daicán . La misma orden posee otros molinos conocidos como de «Calatravilla» (fig. 22 A) junto al puente y fortaleza musulmana de Castros en el término actual de El Torrico pero cercanos a Puente del Arzobispo. Existen tempranas referencias a esta parada molinera ya en el siglo XIII[9] (Foto 15).

Molinos de Calatravilla. Son antiguas aceñas de rueda vertical y las flechas señalan los soportes de la misma
Molinos de Calatravilla. Son antiguas aceñas de rueda vertical y las flechas señalan los soportes de la misma

Bury al Sultan era la Torre del Sultán que fue cedida en 1135 por Alfonso VII a Miguel Midiz para su repoblación con azudas, canales y molinos[10]. Este lugar no es otro que Azután, que más tarde pasaría a las monjas de San Clemente de Toledo que además serían dueñas de sus molinos.

También son muy cercanas a la ocupación árabe las referencias a los molinos de Uso, junto a la ciudad de Vascos[11]. Jiménez de Gregorio recoge alusiones históricas medievales a tres azudes sobre el río Tajo en el entorno de esta ciudad hispano musulmana.[12]

[1] SAENZ DE SANTA MARÍA, A.: Molinos Hidráulicos en el Valle del Ebro. Vitoria, Diputación Foral de Alava, 1985, pp. 127-133.

[2] GARCÍA MERCADAL, J.: Opus cit. p. 45.

[3] PORRES MARTIN- CLETO,  J. : Historia de Tulaytula, Diputación Provincial,Toledo,  plano de la p. 89.

[4] PORRES MARTÍN CLETO, J. : Historia de las Calles de Toledo, véanse los epígrafes correspondientes «Molinos de Daicán» y «Molinos de Azumel» y las láminas 281-284.

[5] GLICK, T.F. : Cristianos y Musulmanes en la España Medieval , 711-1250. Madrid, Alianza Editorial, 1991, pp. 66-69. La visión del mundo musulmán en la península, como una red de ciudades abastecido por sus huertas periféricas, frente al más ruralizado mundo cristiano, nos hace pensar en una concentración molinera junto a las ciudades árabes como Talavera o Toledo donde molerían aceñas de mayor envergadura mientras que el mundo cristiano habría estado más relacionado con el rústico molino de rodezno construido sobre pequeñas corrientes.

[6] GÓMEZ MENOR, J.C. : La Antigua Tierra de Talavera. Toledo, Ayuntamiento de Talavera de la Reina, 1965, p. 9.

[7] SUAREZ ALVAREZ, M. J. : La Villa de Talavera en la Edad Media. Oviedo, Universidad de Oviedo y Diputación Provincial de Toledo, 1982, p. 67.

[8] PORRES MARTÍN CLETO, J. : Opus cit. Historia de las calles … p. 423.

[9] JIMENEZ DE GREGORIO, F. : Historia de la Villafranca de la  Puente del Arzobispo. Toledo, Diputación Provincial, 1989, p. 80.

[10] RODRÍGUEZ -PICAVEA MATILLA, E.: La Villa de Talavera en plena Edad Media. Excmo. Ayto de Talavera,Talavera, 1996, p.67.

 [11] ALFONSO XI. : Libro de la Montería. Universidad de Granada, Granada 1992. p. 564.

 [12] FERNANDO JIMÉNEZ DE GREGORIO. A Tres puentes sobre el Tajo en el Medievo@, Hispania n1 LV, C.S.I.C. Instituto Jerónimo Zurita, Madrid, 1954, pp. 18-20.

LAS PIEDRAS DE MOLINO

LAS PIEDRAS DE MOLINO

Nuevo capítulo de mi libro sobre los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo, ya agotado y que nos habla de las piedras molederas y algún otro elemento del interior del molino.

Interior de uno de los grandes molinos del Tajo. En primer plano el rayado de una piedra solera, detrás varios conjuntos de muela solera y volaera
Interior de uno de los grandes molinos del Tajo. En primer plano el rayado de una piedra solera, detrás varios conjuntos de muela solera y volaera

Las muelas o piedras de molino son dos, la solera y la corredera o volaera. Esta última se sitúa en posición superior y es la piedra móvil a la que el rodezno imprime su movimiento rotatorio. En nuestra provincia, sobre todo en los molinos de arroyo, las piedras preferidas por nuestros molineros eran las de granito. Se llamaban también piedras morenas o españolas (Foto 12) en contraposición con las blancas o francesas de las que más tarde hablaremos.

Con frecuencia eran talladas por el mismo molinero en las afloraciones berroqueñas próximas o bien se encargaban a los canteros locales. Las cualidades de las piedras de algunos de nuestros pueblos eran conocidas desde antiguo, tal es el caso de Valdeverdeja, que aparece reflejado en las relaciones de Felipe II, o el de Aldeanueva de Barbarroya que se cita en las Relaciones del Cardenal Lorenzana del siglo XVIII.

Llama la atención, en muchos lugares de gran inaccesibilidad, la dificultad que deberían vencer los molineros para el transporte de las muelas a los molinos. A algunos de ellos solamente se podía llegar a través de caminos de herradura y por testimonios de los propios molineros sabemos que estos problemas se solventaban mediante la utilización de rulos, palancas, cuñas y el tiro experto de las narrias por las caballerías.

Piedras morenas o españolas de granito que muestran los rayones y la lavija
Piedras morenas o españolas de granito que muestran los rayones y la lavija

Algunos molineros preferían labrar las dos piedras al mismo tiempo, mientras que otros tallaban solamente la solera que cuando sufría el desgaste suficiente se colocaba de corredera, encargándose entonces al picapedrero una nueva solera. Muchas veces se labraban las piedras de afloraciones graníticas próximas y todavía hoy se pueden observar los huecos circulares dejados por la extracción de las muelas.

Ya sabemos que el trigo, para ser convenientemente molido sin quemarse y para no molturarse de forma incompleta, debe discurrir adecuadamente desde el interior de las piedras hasta el exterior. Para conseguir este efecto y el del tronzado del grano se realizaba una labor muy característica de los molineros, la del repicado de las muelas. La piedra se divide desde su interior hacia fuera en varias partes, el ojo, el pecho, el antepecho y el moliente como podemos observar en la figura 27 donde aparecen también los modelos de repicado más frecuentes. En nuestro ámbito geográfico la parte de la piedra más cercana al ojo o pecho se llama entrada, y la parte externa o moliente se conoce como mordiente o afinadero.

Rayado o repicado de las piedras con sus partes diferentes
Rayado o repicado de las piedras con sus partes diferentes

Las dos caras molederas de ambas piedras presentan un repicado, característico por la forma de su dibujo en bajorelieve conocido como de rayones, que son líneas radiales pero excéntricas dispuestas en forma de abanico.

Aunque tradicionalmente se han descrito complejas tipologías para la picadura de las piedras, en nuestra zona, tal vez por la mayor utilización de la piedra granítica que es poco apta para la filigrana en el repicado[1], las muelas suelen tener un dibujo sencillo y bastante similar en todos los molinos. De hecho, simplemente presentan unas picaduras radiales principales más o menos excéntricas o rayones y, entre estos, otras  líneas de picadura más fina conocidas como abanicos, los trazos son rectos en algunas ocasiones y curvos en otras, aunque sin mayores complicaciones en  diseño y composición del rayado.

Herramientas de repicado y cabria de un molino harinero
Herramientas de repicado y cabria de un molino harinero

Las piedras graníticas o españolas tenían repicado un número de  rayones muy variable, entre cuatro y cuarenta, mientras que las francesas solían mostrar en su dibujo entre diez y catorce líneas principales. La picadura puede disponerse en sentido dextrógiro o levógiro, pero si la piedra solera está picada hacia la izquierda, la corredera deberá estarlo siempre hacia la derecha y viceversa. Con esto se consigue el efecto de tijera necesario para que el tronzado del grano rompa la cascarilla.

En la piedra corredera debe hacerse la picadura coincidiendo su sentido con el de giro del rodezno, que a su vez dependerá del lado de la rueda sobre el que incida el chorro de agua cuando sale del saetín.

Las herramientas utilizadas para el repicado son: la pica que tiene el borde de percusión lineal, la piquetilla, parecida pero con hojas metálicas intercambiables, y el pico, de percusión puntiforme. Con estos útiles, después de haber pasado una regla con mazarrón u otro colorante que resaltara las desigualdades de la piedra, se labraban primero las estrías principales, después se esbastaban, es decir, se quitaban las  mayores irregularidades y a continuación se picaba el cordoncillo o trazo más fino que formaba los abanicos.

Piedra francesa que como se ve está compuesta de varias partes unidas por un zuncho circular
Piedra francesa que como se ve está compuesta de varias partes unidas por un zuncho circular

Las piedras francesas son menos frecuentes en los molinos toledanos aunque es más fácil encontrarlas en los molinos de mayor envergadura, en los mejor comunicados y en los más modernos o de transición a fábricas de harina.

Estas piedras se componen de varias piezas en forma de sector circular o Aporción de queso@ que se unen con cemento y cinchos metálicos. Procedían de varias fábricas en Francia, como las de La Ferté, Lhor y Dordogne y eran adquiridas por los molineros en los comercios concesionarios de Toledo, Talavera o Madrid (Foto 13). Se introdujeron en España a partir del siglo XIX y tenían la ventaja de necesitar repicarse con una frecuencia diez veces menor que las graníticas, según el testimonio de los propios molineros. Ya en el siglo XVI se describen también muelas similares que se consideran indicadas para los lugares en que la escasez de piedra o la inaccesibilidad del molino desaconsejen las piedras enterizas.[2]

Piedra francesa
Piedra francesa de La Ferté

El grosor de las piedras de molino varía entre los veinte y los cincuenta centímetros, aunque he observado muelas todavía sin desgastar de sólo nueve centímetros de grueso. A veces se encuentran también pequeñas piedras con tan solo un metro y diez centímetros de diámetro, cuando lo habitual es que midan entre uno treinta y uno cuarenta. Puede que estas pequeñas piedras estén hasta cierto punto relacionadas con la terminología de molinillo o de molineta tan frecuentes en la toponimia de los pequeños arroyos. Tal vez se refieran estas palabras en concreto a molinos de menor potencia o rendimiento aunque no puede asegurarse, ya que en ocasiones se pueden encontrar muelas pequeñas en molinos grandes o en corrientes de mayor caudal y por el contrario, en artificios de pequeños arroyuelos, encontramos obras de mayor envergadura y con capacidad para movilizar grandes piedras.

Otros elementos molineros descritos en el texto según Los Veintiún libros de Juanelo
Otros elementos molineros descritos en el texto según Los Veintiún libros de Juanelo

Como hemos visto anteriormente, el diámetro habitual de las piedras oscila entre 1,30 y 1,40 metros, aunque algunas llegan a medir hasta 1,60. La anchura habitual es de unos treinta centímetros, pero el grosor de la solera puede llegar hasta los sesenta. El ojo u orificio central de la muela viene midiendo entre 15 y 30 centímetros. El peso oscila entre media y dos toneladas, siendo recomendable un peso elevado si las piedras se destinan a moler cebada.

Lo más frecuente es que  las piedras tengan sus dos caras paralelas aunque se puede encontrar algún ejemplar levemente troncocónico con las caras molederas algo inclinadas hacia afuera.

El tiempo entre dos repicados varía en función del tipo de piedra y del tiempo de molienda. La clase de piedra también influye, ya que en las graníticas el repicado puede llegar a ser necesario cada dos días, mientras que en las francesas el tiempo de repicado podía dilatarse hasta dos meses. El tipo de granito también es muy variable e igualmente cambia su duración dependiendo del grano, composición mineralógica y grado de degradación de la roca.

La picadura podía llegar a suponer una considerable pérdida de tiempo y trabajo en el transcurso del trabajo del molinero, sobre todo en aquellos molinos situados en corrientes de escaso caudal donde la molienda solamente era posible en contado número de meses e incluso de unas pocas semanas durante el año.

Hay que señalar que para picar las muelas era necesario levantar esos dos mil kilos de piedra y darles la vuelta para que mostraran su cara moliente. Se utilizaba para esta operación una barra que levantaba solamente unos centímetros la piedra para, a continuación, ir introduciendo unas cuñas que facilitaban la colocación bajo la muela de unos rodillos sobre los que se deslizaba con facilidad. Entonces se metía un palo o lobilla por el ojo y haciendo palanca se volcaba la piedra apoyándose en otro madero o torno.

El sistema de palancas antes descrito era sumamente engorroso, lento y no exento de peligros para el molinero hasta que, a mediados del siglo pasado, se dota a muchos molinos del sistema de cabrias (fig. 28A). Consistía en dos semilunas metálicas partidas y sujetas a un tornillo también metálico que sube y baja la piedra. Las semilunas tienen en su extremo un pivote cada una para introducirlo en sendos huecos laterales de la piedra que servirán de anclaje. Con este cómodo sistema la muela puede levantarse, girarse y apoyarse mucho más fácilmente que con el viejo método de las palancas. Estas pequeñas grúas apoyan frecuentemente por su extremo superior el madero vertical sobre una de las alfangías del techo, mientras que el inferior se sostiene en el suelo y así puede pivotar el brazo horizontal. De él cuelgan las dos semilunas metálicas sujetas por el tornillo de elevación mediante el que ascienden o descienden las piedras.

Al objeto de que la harina no pueda esparcirse saliendo por la junta de ambas piedras se coloca, abrazando toda la circunferencia de las mismas un redor de esparto como sistema más simple para impedirlo. En otras ocasiones se dota al sistema de un tambor o guardapolvo que es un mueble de madera octogonal o circular que envuelve al conjunto de las dos muelas impidiendo que se derrame la harina, recogiéndola y dirigiéndola hacia un orificio o pitera que a su vez desemboca en el harinal o harinero, lugar donde se almacena la harina.

Estos depósitos son a veces simples costales colocados bajo la pitera, en otras ocasiones se trata de troncos vaciados, como en algún molino de Riofrío, o sencillamente un cajón de madera. En la mayoría de los molinos el harinal es un hueco rectangular situado en el suelo junto a las piedras, un depósito fabricado de obra o mediante la colocación de tres lajas de granito o de pizarra.

Desde el harinal, con el cogedor y la paleta del molinero, se va almacenando la harina en sacos para su posterior cernido. En los molinos más avanzados tecnológicamente en lugar de este sistema manual de transporte se empleaban cintas elevadoras de cacillos o los tornillos de Arquímedes que llevaban la harina hasta la cernedora (fig. 25).

Este artefacto forma parte de la maquinaria aneja que podemos encontrar en muchos de nuestros molinos. Es bastante frecuente tropezarnos con sus restos descomponiéndose de los molinos de ribera, dentro de la sala de moler o en dependencias anejas. La función de la cernedora es la de separar la harina del salvado o cascarilla del grano. Se logra mediante cilindros cernedores en los que una tela de cedazo envuelve una estructura prismática o cilíndrica hecha con armadura de listones de madera. Esta estructura gira con una correa transmisora conectada al eje del rodezno principal o a otro rodezno accesorio. En los pequeños molinos es frecuente encontrar cernedoras movidas manualmente mediante una manivela.

Con el sistema de las cernedoras ha coexistido hasta nuestros días el más sencillo método de hacer este trabajo a mano mediante cribas o cedazos que se movían sobre una artesa en la que se recogía la harina.

En las fábricas de harina el cernido es más complejo, consiguiéndose una limpieza mucho más efectiva mediante artilugios mecánicos que juegan con los diversos diámetros de los orificios que tienen las telas de los cedazos, generalmente elaborados con seda.

 

[1] ILLA, A. Opus cit.  pp. .95-103. En esta obra ni siquiera nombra el autor a las piedras de granito que considera deben ser erradicas de la molinería. Aun así persiste en España su utilización hasta que dejan de funcionar los molinos maquileros en los años sesenta

[2] LOS VEINTIÚN LIBROS…: Opus cit. p. 351, fig 204.

LAS FUENTES DE LA SIERRA DE SAN VICENTE

LAS FUENTES DE LA SIERRA DE SAN VICENTE

Manantial y fuente en Cervera
Manantial y fuente en Cervera

Desde el paleolítico, el hombre ha asociado el agua con el renacer de la vida y la fertilidad de la tierra. El conjunto luna-agua-mujer ha sido asumido por diferentes culturas como el círculo antropocósmico de la fecundidad. Nuestra civilización greco-romana es una de las muchas en las que su cosmogonía, sus religiones, afirman que al principio solo existía el agua y que de ella surgió la vida.

Los pueblos vetones, que habitaban nuestra sierra hace dos mil años también veneraban a dioses acuáticos que moraban en las aguas. En nuestro ámbito, en un yacimiento arqueológico cercano como es el del Castro de El Raso se encontró un exvoto de bronce arrojado a la corriente de la garganta de Alardos. En el poblado vettón de Ulaca, en Ávila, se ha descrito un complejo labrado en el granito con depósitos y escalinatas que podría estar relacionado con ritos de agua y sangre de este pueblo que, además, como pueblo céltico que era, consideraba entre sus lugares sagrados a las fuentes y los ríos.

Los romanos, tal vez como herencia de divinidades locales anteriores, han dejado en la epigrafía de la villa de Saucedo en Talavera, entre otras, la referencia a las ninfas en un ara votiva. Entre todas las ninfas, las náyades eran las que habitaban en las fuentes de agua. El rito iniciático de la religión cristiana, el bautismo, está directamente relacionado con el agua y es lógico que fuentes a las que probablemente se asociaron cultos antiguos hayan acabado convirtiéndose en “fuentes santas» como la de La Iglesuela.

Fuente de la ermita de la Virgen de Fuentesanta en La Iglesuela
Fuente de la ermita de la Virgen de Fuentesanta en La Iglesuela

Las fuentes siempre estuvieron vinculadas a esos lugares frescos, amenos y en plena naturaleza donde en la Edad Media se localizaban siempre las apariciones marianas, el “locus amoenus” que frecuentemente aparece en los relatos de Gonzalo de Berceo. Esta amenidad convierte a las fuentes en uno de esos hitos naturales, siempre agradables, en el recorrido del viajero por los parajes más atractivos de nuestra Sierra de San Vicente. Es lo que sorprendió, por ejemplo, al padre Juan de Mariana, precursor de las ciencias históricas en España, cuando vino aquí para escribir el libro que pretendía ser el manual de instrucción de Felipe lll y que por las avanzadas ideas que propugnaba para su época llegó a costarle la cárcel. En el prólogo de su tratado “Del Rey y la Institución Real» nuestro ilustre paisano dice acerca de EI Piélago: Brotan de todas partes las más frescas aguas, corren acá y acullá fuentes cristalinas, cosas todas por lasque no sin razón fue aquel lugar llamado Piélago. Piélago se define como el lugar del mar que dista mucho de la tierra pero, por extensión, podríamos asimilarlo a un Iugar de aguas abundantes. Tan abundantes que un cronista del siglo dieciocho llegaba a decir que en la Sierra había contado más de mil fuentes.

Fuente de Hinojosa de San Vicente
Fuente de Hinojosa de San Vicente

Fuentes de muy diversa categoría. Desde el manantial que ha sido algo excavado y delimitado mediante algunas lanchas de granito en la tierra de su naciente hasta las, casi monumentales, fuentes que servían de abrevadero o lavadero en las cañadas o en los ejidos de los pueblos serranos. Las fuentes siempre han representado la imagen cíclica de la vida, el agua cae del cielo en forma de don de los dioses, penetra en la tierra y vuelve a aflorar en las fuentes, es el enlace entre el mundo alto y el bajo, entre las divinidades celestes y los poderes ctónicos.

Pozos, manantiales y fuentes

Cuando el agua no mana directamente del terreno el hombre ha sabido desde antiguo que es necesario cavar para conseguir el preciado líquido y por ello ha excavado los pozos. En la sierra de San Vicente podemos encontrar muchos de ellos que intentan utilizar los acuíferos superficiales que apenas permiten aprovechar los duros e impermeables suelos graníticos de la zona. Son numerosísimos estos pocillos y tienen un especial encanto por su rústica arquitectura. Encontramos, en primer lugar, pozos con el brocal formado simplemente por lanchas de granito hincadas en el suelo sin ni siquiera argamasa que las una. Este tipo es muy numeroso, por ejemplo, en el arroyo de los Pozos de Marrupe.

Pozo y pila graníticos en la Sierra de San Vicente
Pozo y pila graníticos en la Sierra de San Vicente

El hueco subterráneo del pozo suele, en general, estar fabricado de mampostería granítica con un par de lanchas horizontales que tapan parcialmente la boca del mismo. El brocal puede estar construido de grandes sillares rectangulares bien trabajados y engranados entre sí con grapas de hierro.

Un tercer tipo se construye utilizando mampostería y argamasa con la típica forma cilíndrica de los pozos y no con planta cuadrada o poligonal, que es más frecuente en los anteriores. Por último, aunque no son abundantes, también podemos encontrar algunos ejemplares en los cuales el brocal ha sido fabricado de una sola pieza, labrando y perforando un gran bloque de granito.

La palabra manantial se define como “el nacimiento del agua” y generalmente se entiende por tal el lugar donde la humedad es suficiente como para aflorar a la superficie y así, con una pequeña excavación se consigue el acúmulo de agua suficiente para que puedan beber el ganado o las personas.

Estos manantiales eran conocidos sobre todo por los pastores que realizaban una labor de mantenimiento sobre las vetas acuíferas superficiales. En la actualidad, la disminución del pastoreo ha causado la pérdida de no pocos de estos manantiales. Alrededor de la afloración del agua se colocaban unas sencillas lanchas de piedra y, a veces, una teja, una caña o un pedazo de corcho que dirigía el pequeño chorro y hacía más fácil beber o recoger el agua en un recipiente. Por ello es frecuente encontrar en la toponimia fuentes con nombres como fuente de la Teja o fuente del Corchito, por ejemplo.

Cuernos de pastor para beber en las fuentes o llevar los ingredientes del gazpacho
Cuernos de pastor para beber en las fuentes o llevar los ingredientes del gazpacho

El recipiente tradicionalmente más utilizado por los pastores era un cuerno con asa de cuero o sin ella y decorado muchas veces con motivos de arte pastoril como la efigie del dueño y sus iniciales, motivos vegetales o animales y un curioso motivo de un ser mitad pez y mitad mujer que para algunos etnólogos no es sino la representación tradicional de las ninfas de las fuentes, y no de las sirenas marinas, poco conocidas como motivo mitológico por nuestras rústicas gentes castellanas.

La fuente es el siguiente escalón después del pozo y el manantial. Es frecuente que se excave una tarjea de captación. Se rellena de cantos rodados de manera que sirva para recoger los caudales subterráneos y hacerlos desembocar en la fuente propiamente dicha. En la Sierra encontramos varios tipos de fuentes y uno de los más peculiares es el que se localiza principalmente en los términos de La lglesuela y Almendral de la Cañada, aunque también se reparten otros ejemplares por toda la geografía serrana. Se trata de una construcción formada por una bóveda de sillares de granito que sirve para cubrir a un pozo-fuente con el brocal elaborado con grandes sillares planos y rectangulares. Son fuentes estéticamente acabadas y que deberían conservarse como patrimonio peculiar de estos pueblos. En Almendral una de ellas se ha reinstalado junto al monumento a la santa Ana de San Bartolomé y en La lglesuela son realmente numerosas acercándose a la decena el número de las mismas.

Fuente abovedada en Almendral de la Cañada
Fuente abovedada en Almendral de la Cañada

Pero, ya que nos encontramos en estas dos localidades de la sierra norte, debemos reseñar la importancia de las dos magníficas fuentes con las que cuentan ambos pueblos. En el ejido de La lglesuela un magnifico ejemplar en granito con un largo abrevadero para el ganado, pilones y un lavadero. En Pelahustán existe también otra fuente con esa misma triple finalidad. En la misma cañada de Almendral se sitúa otro ejemplar con pilón labrado en granito y rematado con pináculos ornamentales. Dentro de las fuentes urbanas más acabadas, contamos en Navamorcuende con la situada delante del atrio de la iglesia y que esta datada en el siglo XVIl. Como no podía ser menos, también esta labrada en granito con un cuerpo esférico tallado con una inscripción. En San Román de los Montes se restauró hace unos años la fuente que se encuentra a la entrada del pueblo con sus pilas de lavar. Curiosamente una de ellas parece haberse labrado en un bloque granítico que puede haber formado parte de algún monumento megalítico, como un dolmen o un menhir, ya que está repleta de cazoletas, o pequeñas oquedades semiesféricas donde los hombres de la edad del cobre podrían, según algunos autores, haber realizado rituales relacionados con el agua. También junto al cordel cuenta Marrupe con dos magníficas fuentes rematadas en un tímpano tallado en granito.

Fuente en un camino de La Iglesuela
Fuente en un camino de La Iglesuela

Repartidas por toda la geografía serrana se localizan numerosas fuentes adosadas directamente a muros de contención o a los mismos terraplenes del terreno. Suelen servir sobre todo de abrevadero y fuente de abastecimiento público con varias pilas unidas en línea o un gran pilón corrido. Ejemplo característico es la fuente que se halla a la salida de El Real de San Vicente hacia Sotillo de la Adrada.

El valor simbólico de las fuentes se observa en detalles como el de Buenaventura, donde se halla representado sobre la fuente el santo que da nombre al pueblo. Son muchos así mismo los aspectos mágicos que se dejan entrever en las descripciones que el pueblo hace de las fuentes; por ejemplo, cuando en el diccionario de Madoz se dice de la fuente de Ia Julara que es muy abundante y sale de entre unos peñascos, o en Almendral, donde se cuenta que en una fuente vive una serpiente que si se toca se convierte en un hilo de oro. A otras fuentes, sin embargo, se les atribuyen efectos curativos o benéficos sobre los que beben de ellas y por eso en ocasiones se cristianizan, como en el caso de la fuente adosada a la misma ermita de la Virgen de la Fuensanta en La lglesuela.

Fuente con abrevadero y lavadero en Pelahustán
Fuente con abrevadero y lavadero en Pelahustán

Aguas con nombre

Las propiedades físicas del agua sirven para clasificarlas en dos grandes grupos según el saber popular: las de aguas “finas» o “delgadas», concepto que podíamos asimilar al de aguas con pocas sales y minerales en disolución y las de aguas gruesas o zarcas, que tienen más concentración de solutos y por tanto suelen mostrar un color más turbio y blanquecino.

No son, sin embargo, los de la Sierra terrenos que den aguas sulfurosas o ferruginosas como es el caso de las fuentes de la cercana comarca de La Jara. En Pelahustán dice el párroco en el siglo XVIII que la fuente del Terrero es medicinal y “que manda el cirujano que traigan de ella para que se refresquen los enfermos… y abre además las ganas de comer». En este aspecto debemos resallar la fuente de los Baños de la Pólvora que alivian las dolencias reumáticas de aquellos que acuden a ellos. Los topónimos de las fuentes serranas están relacionados en muchos casos con los de árboles u otros vegetales que crecen en sus inmediaciones. Es el caso de las fuentes del Espino, el Castaño, el Rubisco, el Majuelo o la Perijona, por ejemplo. Otras llevan el nombre de alguna persona vinculada a la fuente o al paraje como las fuentes de Pero Muñoz o de Mari Muñoz. Los accidentes geográficos o las vías de comunicación cercanas marcan otros topónimos como es el caso de las fuentes del Carrilejo del Barranco o del Prado de la Encina.

Fuente de la cañada en Almendral
Fuente de la cañada en Almendral

Pero todas las fuentes tienen algo en común, que han formado parte de la vida de las gentes que desde hace miles de años han trabajado sus campos, que han servido para aliviar su sed, para deleitarse junto a ellas con un gazpacho elaborado con sus aguas frescas en el cuerno o en el cucharro, o simplemente para descansar de las duras tareas agrícolas regalando a sus habitantes algún momento de placidez en sus vidas afanosas. Merecen por tanto el respeto como elemento cultural y que se tomen las medidas necesarias para conservar estos elementos del patrimonio etnográfico fundamentales para el desarrollo del senderismo y el turismo rural.

TALAVERA Y LA TRASHUMANCIA

La Cañada Leonesa Oriental a su paso por el Baldío de Velada

TALAVERA Y LA TRASHUMANCIA

Artículo publicado en el programa de la fiesta de 1994 de la Hermandad de San Isidro de Talavera sobre la relación de Talavera y su Tierra con la trashumancia en sus aspectos generales que ampliaremos en otras entradas

Esquileo de ovejas
Esquileo de ovejas

Es de todos conocida la vinculación de nuestras Tierras de Talavera con el mundo de la ganadería en todos sus aspectos. Su mercado de ganados, con referencias históricas desde el siglo XIII, la abundancia de pastizales, en tierras poco propicias para la agricultura como La Jara y la Sierra de San Vicente; o los pastos ribereños de las numerosas corrientes fluviales que surcan nuestra comarca son algunos de los factores que unieron desde antiguo a sus habitantes con el mundo pecuario.

Pero otra actividad casi olvidada condicionó en gran manera las formas de vida de nuestras gentes vinculándonos al mundo pastoril, y es la importancia que tuvo Talavera como nudo de comunicaciones de esa red de cañadas y cordeles por donde un incesante trasiego de ganados, sobre todo de oveja merina, constituyó desde la Edad Media una de las actividades económicas más importantes de España hasta el siglo XIX, la trashumancia.

Curiosa coincidencia entre el trazado de las cañadas y los monumentos megalíticos de la comarca
Curiosa coincidencia entre el trazado de las cañadas y los monumentos megalíticos de la comarca

Talavera es una ciudad que se formó en torno a un vado del Tajo, antes incluso de que se construyera el puente romano, cruzarían por nuestro río ‘ganados y personas a través de ese tramo del cauce rico en islotes y arenales  más facfilmente vadeble que otros trayectos del Tajo con fondos más profundos y orillas más ásperas. Su situación geográfica en el camino natural que desciende desde el puerto del Pico, aumentó su importancia estratégica junto al hecho de trascurrir también por nuestras tierras otra vía romana que unía Toletum con Emérita Augusta.

Las  cañadas ganaderas han sido consideradas por muchos autores como caminos prerromanos y en nuestra comarca es curioso constatar cómo los monumentos megalíticos con hasta 4.500 años de antigüedad que se han encontrado en ella se sitúan muy próximos a estos caminos pecuarios, es el caso de los dólmenes de Azután y La Estrella, el menhir de Velada y el de Parrillas, los dólmenes de Navalcán, y de Almendral de la Cañada, que como veis, lleva la trashumancia hasta en el nombre. Algunos van más lejos e incluso consideran que en parte eran las vías migratorias de las manadas salvajes, como todavía sucede en África

Demos ahora un salto en el tiempo, y nos encontramos 2000 años después con que esta zona se encuentra poblada por un pueblo eminentemente ganadero y que al parecer llevaba con sus ganados una vida poco sedentaria, me refiero a los vettones, ese pueblo que dejó salpicada la comarca con sus esculturas graníticas que representan a sus animales, cerdos o toros, y que todos conocemos como “verracos”, de los que entre los más conocidos y accesibles podemos enumerar el de Castillo de Bayuela, los deTorralba de Oropesa, los gemelos de El Bercial, o el de la Torre del Polvorín, en Talavera y más conocido como la Cabeza del Moro.

Fuente de Almendral situada en la misma Cañada Leonesa Oriental
Fuente de Almendral situada en la misma Cañada Leonesa Oriental

Ya hemos visto la importancia de las vías romanas para las comunicaciones ganaderas denuestra comarca. La conquista musulmana hace que para proteger la zona en las épocas de conflictos e inseguridad se repueble “Talvira” y su entorno con aguerridos pueblos pastoriles y guerreros bereberes que defenderán su importancia estratégica.

En Talavera se producía una de las lanas más finas de oveja merina de toda España, e incluso algunos autores han querido ver el origen de la palabra “merina” en las ovejas que trajeron consigo las tribus norteafrícanas de los Beni-Merines.

Conquistada la orilla norte del Tajo en 1065 por Alfonso VI queda entre este río y el Guadiana una zona despoblada y peligrosa por las razzias frecuentes de ambos bandos, tierra de nadie. Nos referimos a La Jara, y esta inseguridad condicionó en gran medida una mayor actividad ganadera en la zona ya que la movilidad del ganado permitía ponerlo a salvo en caso de peligro. Esto era mucho más difícil hacerlo con las cosechas, que tenían muchas probabilidades de acabar quemadas.

La palabra berebere “mechta” designa los campamentos invernales de los ganaderos nóma-das argelinos, y es en el reinado de Alfonso X el Sabio cuando se funda el Honrado Concejo de la Mesta que reconoce la activídad de la trashumancia, la regula y pone bajo la proteccíon del monarca a lo que se conocía como “la Cabaña Real” que agrupaba a todos los ganados del reino.

Consolidadas las fronteras con los árabes en los siglos XIII, XIV y XV tras el avance de la Reconquista, la actividad ganadera tanto estante como trashumante se sigue desarrollando en las tierras de Talavera constituyendo ya en la Baja Edad Media un sector económco de peso considerable.

Carnero merino
Carnero merino

De las tierras de Soria, Sigüenza, El Escorial etc…  venían los ganados por la Cañada Segoviana a parar a Escalona y desde aquí se dirigían pasando el puente del Alberche a los pastos de invierno de Talavera y Guadalupe. De tierras algo mas occidentales venían los rebaños que accedían a Talavera a través de la cañada leonesa oriental que pasa por Navamorcuende, cruzando el Tajo. En Alcaudete  confluían los ganados que habían atravesado el río en la Puebla de Montalbân.  La Cañada Leonesa Occidental discurría por Velada y por tierras de Oropesa hacia Puente del Arzobíspo encontrándose con los ganados que procedían de Alcaudete en el Puerto de San Vicente. Un entramado de cordeles y veredas formaban una tupida red que, observándola hoy en un plano, nos da idea de esa importancia de la trashumancia en la vida de nuestros paisanos en siglos pasados.

Pisode un puente de la Mesta sobre el Huso

El trasiego ganadero producía ciertos beneficios al fisco local, como era la llamada “’oveja del Verde”, impuesto que se cobraba al ganado trashumante por utilizar los entonces muy abundantes pastos comunales de Talavera. Los puentes daban también beneficios considerables por el derecho de pontazgo, que ocasionó graves disputas, incluso muertos, por la competencia  originada entre el puente de Talavera y el de Azután, perteneciente al poderoso convento de San Clemente de Toledo y, más tarde, conflictos de las monjas señoras de Azután con el Arzobispo Tenorio por la construcción del puente que da nombre a la villa de Puente del Arzobispo.

Por otro lado los cuadrilleros de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera cobraban otro impuesto, “la asadura”, a cambio de la protección de esta policía rural en los montes y despoblados de La Jara donde bandidos, golfines y cuatreros amargaban el viaje a los trashumantes. Durante el reinado de los Reyes Católicos, alcanza el Horrado Concejo de la Mesta un esplendor no ajeno a la protección real, desde el siglo XVI son numerosos los documentos históricos que nos hablan del alquiler de los pastos en muchas localidades de nuestro entorno.

Un lento declinar acabará con el Honrado Concejo a principios del siglo XIX, aunque incluso hoy día vemos descender algunas vacadas por el Puerto del Pico para dirigirse a los pastos de Extremadura. La Mesta tuvo en varias ocasiones a Talavera como sede de sus juntas anuales, donde acudían ganaderos de toda España. Diremos por últirno que la patrona del Honrado Concejo de la Mesta es una virgen aparecida en las antiguas tierras de Talavera, la Virgen de Guadalupe a la que se encomendaban los pastores de la que fue “principal sustancia de estos reinos”, la ganadería trashumante.

Miguel Méndez-Cabeza

Puente de la mesta y el concejo de Talavera sobre el río Huso cerca de Aldeanueva de Barbarroya

LOS MOLINOS DEL TAJO EN TIEMPOS DE FELIPE II

LOS MOLINOS DEL TAJO EN TIEMPOS DE FELIPE II

Molinos de Silos en fotografía de ARDEIDAS cuando bajó el embalse de azután hace unos años
Molinos de Silos en fotografía de ARDEIDAS cuando bajó el embalse de azután hace unos años

En este capítulo de de la serie «Ríos de Historia» quqemos apuntar algunos datos sobre molinos en tiempos de Felipe II, aunque dedicaremos un artículo más extenso a los grandes molinos y aceñas del Tajo.

Si consideramos la comarca de talavera desde la desembocadura del río Cedena constatamos que los primeros grandes molinos son del señor de Malpica, son  los molinos de Corralejo, que le rentan novecientas fanegas de trigo al año. Los molinos que se sitúan a continuación en el cauce son los de Cebolla, que pertenecían entonces al Conde de Oropesa.

El siguiente molino, del que tampoco quedan apenas restos es el de Merillos o Mirillos donde iban a moler desde Cazalegas. En las relaciones de Pueblanueva s nos dan algunas noticias de interés como que los molinos de Merillos son de don Luis de Loaysa, noble talaverano que en las relaciones de Villanueva del Horcajo nos informan de que era señor de la “villa de Guerta”  (Huerta de Valdecarábanos). En la relación de Talavera aparece que rentan 400 ducados al al año.

Molinos del primer ojo del puente Viejo en el dibujo del siglo XVI de Van der Wingaerde
Molinos del primer ojo del puente Viejo en el dibujo del siglo XVI de Van der Wingaerde

De los molinos de Talavera ya hemos hablado pero las relaciones de Felipe II nos aportan los datos siguientes: Los molinos del Puente son de la villa y dan una rentabilidad de mil fanegas de trigo anuales. Suponemos que hablan de los del primer ojo del puente que pertenecían al concejo pero los otros situados en medio del puente no parecen moler en la época. También se nombran los molinos de abajo, pertenecientes a los Jerónimos y se arriendan por otras mil fanegas de trigo.

En las relaciones de El Casar se nos informa de que los molinos de Cabañuelas cercanos a Talavera y de que eran propiedad de los jerónimos de Talavera y las monjas de San Clemente de Toledo. En las relaciones de Talavera nos informan de que pertenecen también a las monjas de la Madre de Dios de Talavera, algunos particulares y de las monjas de Torrijos. Se arrendaban por mil maravedís y de ellos solamente nos quedan algunas ruinas cubiertas de vegetación cercanas a la finca del mismo nombre.

Entrada del agua a los regolfos en el llamado molino Nuevo de Valdeverdeja
Entrada del agua a los regolfos en el llamado molino Nuevo de Valdeverdeja

La siguiente estación molinera es la de los molinos de Silos en el paraje del mismo nombre cerca de Calera  en cuyo despoblado de Cobisa  se nos informa de que los molinos de Silos son del Conde de Oropesa o según se informa en las relaciones de Talavera, de la condesa de Deleitosa, de la misma familia y tienen dos piedras a cada lado del río. Se arriendan en cuatrocientos ducados.

En Belvís  van a moler a los molinos de Silos del Tajo cuando se seca el Jébalo  y también en Alcaudete van a moler a las aceñas del Tajo cuando se seca el Jébalo. Frente a Aldeanueva de Barbarroya, el Monasterio de El Bercial el propietario de las aceñas o molinos del Tajo que, por estar a media legua del pueblo, deben corresponderse con los de Ciscarros. La siguiente estación molinera es la de Azután, propiedad de las monjas de San Clemente de Toledo.

Interior del molino de los Capitanes en Valdeverdeja donde se ven algunas de sus piedras de moler
Interior del molino de los Capitanes en Valdeverdeja donde se ven algunas de sus piedras de moler

También podemos saber por las relaciones de Talavera que los molinos de Espejel en las riberas de Valdelacasa pertenecía a los frailes de Guadalupe y rentaban cuatrocientos ducados.

Los potentes molinos de Puente del Arzobispo financiaban el Hospital de la villa de Puente, del que eran propiedad. También hay una azuda arruinada llamada de Calatravilla que servía a otros molinos que hoy día mantienen en pie el edificio frente a la fortaleza de Castros. Aguas abajo se nos dice que hay otros molinos propiedad de un tal Oliva, que se podrían corresponder con el actual molino de los Rebollos o las llamadas aceñas del Conde.

OLIVARES DE LA JARA

OLIVARES DE LA JARA

Artículo aparecido en 1998 en el que se recrea la vida en los pueblos de La jara en la época de la recogida de aceituna. Fue escrito hace casi veinte años y algunas cosas han cambiado, como la creciente despoblación o la presencia de inmigrantes cogiendo la aceituna

Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo
Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo

El invierno ha cubierto de escarcha las rañas y las barreras, los pueblos cada vez más desiertos de La Jara adquieren una animación inusual, “pa la aceituna” vuelven incluso los hijos del pueblo que marcharon a Madrid o a Barcelona para así ayudar en las faenas del olivar y poder sacar un dinerillo que viene bien a sus ajustadas economías. A veces basta con sacar aceite “ pal gasto” de la casa y poder así recordar a su tierra cuando se aliñen la “ensalá” o se frían un huevo de esos de corral  que les han guardado los abuelos .

Es tiempo de recogida, vuelve la vida a La Jara, por los caminos de piedra y tierra “colorá” van saliendo los jareños hacia los olivares. Unos llevan con mucho cuidado el utilitario que la emigración les permitió comprar y con el que pueden volver al pueblo en las fiestas y algún fin de semana, otros, que consiguieron permanecer en esta tierra dura, han conservado el borriquillo o la mula que les siguen haciendo “buen apaño” para “ la poca labor”  que todavía mantienen.  Los cascos de las caballerías van rompiendo el hielo de los charcos y pisoteando los trampales las gentes adormiladas se dispersan por los olivares “ pa sacarse los cuatro jornalillos” que da la aceituna y que todavía pueden a duras penas mantener en los pueblos a sus habitantes. Mire usted, si no fuera por las olivas ya no quedaban aqui na más que los viejos. Los viejos tractores llevan a los aceituneros en los remolques, las mujeres hablando y riendo, algunos de los jóvenes van adormilados intentando despejarse de “ los medios” que se tomaron la noche anterior. Uno de ellos incluso se ha quedado dormido “arregostao” en las mantas y las varas.

Este año hay buena cosecha, ha llovido a su tiempo y ni los aires ni los pedriscos “han tirao” la aceituna. Pero habrá que trabajar duro, la abundancia de fruto ha bajado los precios y tendrán que llenar muchos sacos para conseguir el dinerillo que ayude a ir tirando un año más arraigados a la tierra que hasta se permite en estas fechas atraer trabajadores de otras latitudes, como las cuadrillas de gitanos que en sus grandes furgonetas llegan en invierno para sacarse unos jornales duros pero libres, o para ir “al rebusco” del fruto que quedó en el suelo.

Aceitunas de los olivares jareños
Aceitunas de los olivares jareños

El olivo es un árbol noble, sagrado para algunas civilizaciones que prohibían cortarlos. Durante la Guerra de la Independencia una de las actitudes de los franceses que más odio provocó entre nuestras gentes fue la tala brutal del olivar que entonces rodeaba a Talavera. Durante la represión de los gabachos en nuestra ciudad rompieron tantas zafras y tinajas que el aceite corría por las calles dejando durante semanas al caserío invadido por  su olor característico.

El olivo ofrece mucho y pide muy poco a cambio. Después de la recogida de la aceituna habrá que podar las olivas, miles de pequeñas columnas de humo se levantaran en los limpios y azules cielos invernales de La Jara cuando se queme “el ramón” para que el barrenillo no encuentre en las muertas ramas lugar donde multiplicarse. También habrá que limpiar y labrar las empinadas barreras donde las mulas o los tractores deben desafiar a la gravedad provocando no pocos accidentes por el vuelco de las máquinas.

Las cooperativas con su moderna maquinaria han sustituido a los antiguos lagares de rulo o de viga. Al menos ya no se llevan los italianos la mayor parte del beneficio vendiendo el aceite jareño como si se tratara de aceite siciliano.

Al atardecer, largas colas de olivareros con los sacos de pienso o de abono repletos de aceituna esperan a la puerta de las almazaras para pesar y entregar su fruto saliendo después sonrientes con un papelito que da fe de los kilos de aceituna recogidos que luego serán molturados para dar ese magnífico aceite que desgraciadamente llevará la denominación de “Montes de Toledo”, una denominación vergonzosa para nuestra tierra y que vuelve a olvidar la propia identidad de La Jara.

Olivares de Belvís

Tanta es la aceituna molida que los arroyos se teñían de negro todos los inviernos por  el «alperchín»  que corría por ellos, hasta que se excavaron balsas de sedimentación que lo almacenara para no perjudicar así los ecosistemas fluviales de los riachuelos jareños. No quiere el olivo manchar ese suelo que él mismo retiene con sus raíces impidiendo la desertización. El olivo lucha contra el desierto porque no se vaya el suelo, porque no se vayan las gentes que producen ese delicioso aceite que a duras penas mantiene con vida a estos pueblos, ese verde fluido que hoy por hoy es la sangre de La Jara.

EL MOLINO DE MUROS ADENTRO

EL MOLINO DE MUROS ADENTRO

Nuevo capítulo de mi libro agotado»Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo» en el que comenzamos a conocer la maquinaria de los molinos

Interior de un molino en Almendral de la cañada sobre la garganta Torinas
Interior de un molino en Almendral de la cañada sobre la garganta Torinas

Hasta ahora hemos ido conociendo la tipología molinera en función de las presas, los canales y los receptores hidráulicos pero, ya en el interior del molino, los elementos básicos son comunes a todas las formas descritas, con la excepción ya comentada de los engranajes necesarios para transformar en horizontal el movimiento vertical en el caso de las aceñas y en el de las ruedas gravitatorias. Vamos a referirnos a los molinos de agua tradicionales, ya que si nos introducimos en el mundo de las fábricas de harina, la complejidad tecnológica de las maquinarias nos haría entrar en el campo de la arqueología industrial más que en el de la etnografía (Foto 11). Seguir leyendo EL MOLINO DE MUROS ADENTRO

EXCURSIÓN A LOS MOLINOS DE RIOFRÍO EN LA JARA

EXCURSIÓN A LOS MOLINOS DE RIOFRÍOrutariofrio

En el ámbito de Buenasbodas y Gargantilla, aunque muchos molineros eran de La Nava de Ricomalillo,  se localizan gran parte de los molinos de cubo de Riofrío. Nada menos que veintitrés artificios se reparten a lo largo de los aproximadamente diez kilómetros de cauce de este río jareño.

Molino de Riofrío y dependencias anexas de vivienda, cuadras...
Molino de Riofrío y dependencias anexas de vivienda, cuadras…

Ya hay constancia de la existencia de al menos uno de estos molinos en el siglo XIV y forman un conjunto de gran interés etnográfico pues se aprovecha prácticamente toda la potencia del agua por captarse casi inmediatamente el caudal para mover el rodezno de un molino nada más salir del cárcavo del anterior, aguas arriba. Seguir leyendo EXCURSIÓN A LOS MOLINOS DE RIOFRÍO EN LA JARA

OTROS RECEPTORES DEL MOLINO DE AGUA: RAMPA, TUBO, REGOLFO

OTROS RECEPTORES DEL MOLINO DE AGUA ADEMÁS DEL CUBO: RAMPA, TUBO, REGOLFO

Otro nuevo capítulo de mi libro agotado «Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo»

Cuando el canal no desemboca en un cubo sino que, desde el desnivel conseguido, se precipita el agua directamente por una prolongación en rampa de ese mismo canal, nos encontramos ante un molino de rampa (figs. 15 y 17) o simplemente de canal como suelen referirse a este receptor los molineros.

Tipos de receptor de los molinos de agua con rueda hidráulica de rodezno
Tipos de receptor de los molinos de agua con rueda hidráulica de rodezno

La frecuencia de este tipo de receptor en rampa es mayor en la comarca de los Montes de Toledo y precisa de un caudal relativamente abundante para su funcionamiento. Es curioso constatar que en más de diez casos de todos los estudiados, se asocia este sistema de rampa con un cubo anejo en el mismo molino que serviría para moler en épocas de escasez de agua, mientras que la rampa aprovecharía los mayores caudales de los días lluviosos, e incluso funcionarían los dos sistemas a la vez si el caudal lo permitiera.

Las rampas pueden estar descubiertas o techadas con grandes lajas de granito que también sirven para enlosar las paredes y el suelo. Lo más frecuente es que estas rampas tengan una cubierta de lajas y sobre ellas se acumule tierra y mampostería irregular (fig. 17). Es muy habitual que los molinos de rampa tengan balsas previas de dimensiones considerables que tienen acceso a las rampas mediante compuertas regulables (Foto 5).

La altura y la anchura de la sección de las rampas oscila entre uno y dos metros siendo siempre la altura algo mayor que la anchura. La longitud de las rampas varía desde los cinco hasta los veinte metros. La inclinación viene siendo de entre 301 y 601.

Casi todos los tratados clásicos de molinería se inclinan por la rampa como sistema más arcaico de receptor entre los molinos de rodezno. Los molinos de cubo o arubah serían un descubrimiento posterior probablemente surgido en el ámbito de la cultura musulmana.

Recptor de molino de tubo con un cubo de xinc adaptado para mantener esranqueidad. Molino de garganta Tejea
Recptor de molino de tubo con un cubo de xinc adaptado para mantener esranqueidad. Molino de garganta Tejea

Cuando estas rampas se hacen más estrechas, cerradas y de una mayor inclinación, nos encontramos ante  lo que yo he querido llamar molinos de tubo (fig.15). Cinco ejemplares de la garganta Tejeda, en El Real de San Vicente, y otros tres sobre la garganta de Las Lanchas en Robledo del Mazo son buena muestra de este tipo de receptor en nuestra provincia. Se localizan en arroyos de fuerte pendiente y caudal bastante mantenido. Una pequeña presa en la torrentera desvía el agua a un canal que, en el caso de garganta Tejeda, abastecerá consecutivamente a los tubos de cinco molinos situados en una loma lateral de la ribera del arroyo (Foto 6).

Quedan restos de troncos vaciados de castaño que debieron servir en principio  como conducto y que luego fueron sustituidos por tubos metálicos en El Real, y de cemento en el caso de Robledo. Los tubos tienen entre veinticinco y cincuenta centímetros de diámetro y, dada su inclinación, conducen el agua con gran potencia. Es evidente la influencia de los molinos abulenses sobre este tipo de receptor. Visitando las gargantas de la sierra de Gredos podemos observar un gran número de ellos.

Con el molino de tubo hemos descrito todas las formas de receptor que accionan los rodeznos: molinos de presa de acceso directo, molinos de escorrentía, molinos de rampa y molinos de cubo. Pero además de la rueda tradicional o rodezno, existen en nuestra provincia representaciones numerosas de ese otro paso en la evolución molinera que es el sistema de regolfo.

Restos de la cuba de piedra de un molino de regolfo
Restos de la cuba de piedra de un molino de regolfo

En los molinos de regolfo no existe «el canal». El agua entra directamente al molino con el mismo nivel que lleva la corriente fluvial y pasa bajo el edificio mediante un conducto de sección rectangular pero más estrecho a la salida que se conoce como «la»canal, lo que se conoce como «la bomba» en los tratados clásicos. La diferencia de estas conducciones con las rampas es que éstas se encuentran inclinadas mientras que la canal de los regolfos no.

Esquema de un molino de regolfo
Esquema de un molino de regolfo

Las dimensiones de las canales de nuestros molinos de regolfo varía según sirvan a molinos manchego, los cuales tienen una altura de alrededor de un metro, o que sirvan a los grandes molinos del Tajo, en cuyo caso las canales son más anchas en la entrada del agua que en la salida hacia la cuba del regolfo. La anchura en la entrada varía entre cincuenta centímetros y un metro y en la salida entre los quince y los treinta centímetros. La longitud de estas canales, que como hemos dicho discurren bajo la sala del molino, oscila entre los dos y los diez metros. Las menores dimensiones de los molinos de regolfo de La Mancha se corresponde con lo que en Los Veintiún Libros de Juanelo se define como medio regolfo, «que es de la misma hechura mas que no se le da tanta agua como al regolfo entero»[1]

Todas las formas de receptor ya descritas nos dan una idea general de la tipología molinera, aunque todavía no hayamos tenido en cuenta las distintas variedades de ruedas hidráulicas que complicarán más la variedad de los molinos toledanos.

Además, las formas de receptor no suelen ser formas puras sino mixtas, y así por ejemplo, podemos ver un molino sobre el arroyo de San Silvestre en Maqueda que tiene un cubo de tan grandes dimensiones que casi podríamos considerarlo como una presa, sino fuera porque no está excavado sino edificado sobre el nivel del suelo con muros de obra. Lo mismo sucede con los grandes cubos o presas en arco invertido de los molinos de La Jara. Otras veces es difícil diferenciar un cubo profundo de un bombo alto, o una rampa estrecha e inclinada de un tubo. Hay cubos con un suelo tan inclinado que podrían asimilarse a una rampa no cubierta etc.

Esquema de un molino de regolfo en los 21 Libros de uanelo urriano
Esquema de un molino de regolfo en los 21 Libros de uanelo urriano

Por otra parte, en muchos casos se combinan dos o varias formas: hay molinos de balsa que desembocan en un cubo o en una rampa; molinos de cubo y rampa juntos en el mismo edificio. Un molino de escorrentía con un cubo asociado y otras muchas combinaciones que siempre intentan adaptarse al terreno, a los caudales o a las pendientes disponibles. En la tipología influye además la época histórica concreta en que fueron edificados esos molinos y el área geográfica donde se instalaron. También, la posibilidad de una mayor o menor clientela condicionará el que se hagan intentos de conseguir una superior rentabilidad del ingenio mediante la aplicación de innovaciones, reformas o un aumento del número de piedras y receptores.

 

[1] LOS VEINTIÚN LIBROS…: Opus cit. pp. 368 y 369.

LAS HUERTAS DE TALAVERA EN LA HISTORIA (y 2)

LAS HUERTAS DE TALAVERA EN LA HISTORIA (y 2)

Tractorista representado en un panel de azulejos de El Carmen
Tractorista representado en un panel de azulejos de El Carmen

Pero también en este siglo de esplendor para nuestra ciudad debemos hablar del primer tratado español de agricultura  escrito por nuestro paisano Gabriel Alonso de Herrera , uno de los pioneros europeos de las ciencias agropecuarias. En su “Obra de Agricultura” dedica, el que fue clérigo de la iglesia de San Miguel, varios capítulos a las huertas y árboles frutales en una deliciosa lectura que se basa en sus experiencias en los campos talaveranos y que por tanto dará al lector cumplida idea de cómo era el trabajo de la tierra en nuestro entorno durante aquellos años de florecimiento para Talavera.

En el siglo XVIII, el Catastro de Ensenada nos ofrece datos sobre la tradicional bondad de la “ huerta de riegos y cercados para verde que son de buena calidad y mediana”. Comienza en este siglo a aumentar  en el paisaje de huertas y cercados , un cultivo que , aunque antiguo en la zona, se dispersa en abundancia por toda la comarca. Se trata de la morera que por decenas de miles se plantan  aprovechando sobre todo las lindes de las propiedades, abasteciendo así a los criadores de gusano que lo suministraban a la Real Fábrica de Sedas.

Tratado de Agricultura de gabriel Alonso de Herrera en su versión italiana
Tratado de Agricultura de gabriel Alonso de Herrera en su versión italiana

Ya en el siglo XIX Ildefonso Fernández dice que son famosas” las hortalizas, los espárragos, lentejas, judías, patatas, plantas medicinales de varias clases, y entre las frutas los albaricoques, las peras, los higos, las uvas, los membrillos, melones, sandías, ciruelas…” productos que como se puede observar coinciden con los de épocas anteriores.

Tanto en Talavera como en sus alrededores, la nobleza contaba con huertas que podríamos considerar “de recreo”;  es el caso de la de los marqueses de Velada que, junto a su palacio, poseían una huerta y un jardín” con naranjas, y cidros, limones y zamboos y otros árboles y flores de mucha fruta con sus fuentes abundantes de agua que viene encañada por caños como a un tiro de ballesta del dicho jardín y delante de su palacio un estanque en el cual hay peces, tencas y carpas…”

Un viejo proyecto de hacer regables las vegas talaveranas se consolidó en la postguerra con la construcción del canal Bajo del Alberche que desde el embalse de Cazalegas llevaría el agua por una red de acequias. Se construyó con  el trabajo forzado de los presos republicanos que cumplían condena en la Penitenciería de Santa Apolonia.  Estos canales cambiarían la fisonomía de las antiguas huertas y traerían nuevos cultivos como el algodón y el tabaco, los secaderos de tabaco se repartirían por toda la vega formando parte del paisaje hasta hace  bien poco.

Todas las huertas de la vega talaverana se componían de elementos similares, daba acceso a la finca el paseo si estaba bordeado por setos, o bien el emparrado si el acceso era cubierto; al final se encontraban las dependencias en las que habitaban los hortelanos y, en el caso de las grandes huertas, había un edificio residencial para la familia de los propietarios.

La noria, movida por un burro o una mula, hacía surtir el chorro de agua, aunque más adelante se comenzaron a utilizar los motores, las “bombas” , tanta sensación debió causar a nuestros paisanos alguno de estos primeros artificios que todavía hoy se conoce con nombre propio La Huerta de la Bomba . De la noria caía el agua a uno o varios pilones en los que bebían los animales y desde allí se dirigía  a la alberca donde se almacenaba. Desde la alberca salía el agua por la reguera maestra a inundar las tablas de los diferentes cultivos por otras regueras secundarias.

Las tablas de mayor extensión eran ocupadas por  el maíz, destinado principalmente a la alimentación del ganado de la huerta, y las tablas de patatas que eran más tarde vendidas con los tomates, pepinos, pimientos , melones etc… que se llevaban al mercado talaverano; a los mayoristas de la ciudad y en ocasiones a los asentadores de Madrid.

Tabla de los años 50 que representa el aumento de producción hortícola con los regadíos del canal bajo del Alberche
Tabla de los años 50 que representa el aumento de producción hortícola con los regadíos del canal bajo del Alberche

Otros edificios albergaban las cuadras con algunas vacas, la mula y el macho. No faltaban las guarreras para los cerdos de la matanza familiar, y a veces otra dependencia hacía de pajar o granero, aunque se solía utilizar más para esta función la troje o doblao que, en ocasiones, tenía una trampilla de acceso directo a las cuadras.

A veces , además de la vivienda de los hortelanos, había otra más residencial para los dueños de la finca, también se construía  un cenador en el que se pasaban las veladas al fresco utilizando la alberca como piscina donde refrescarse. El cenador no era necesario si unos buenos nogales, las higueras o incluso algún pino piñonero daban suficiente sombra para conseguir ese rincón ameno de descanso que no faltaba en ninguna huerta.

Además de las vacas y las caballerías siempre pululaban por la huerta los perros, las gallinas, y los gallos que se guardaban para las Navidades y otras fiestas. Entre esas pequeñas celebraciones familiares de la huerta estaba la de la siembra de la patata, en ella los componentes de toda la familia y a veces los vecinos, ayudaban en la faena de cortar las patatas en fragmentos para la siembra. Casi todas las huertas tenían alguna parcela sembrada de trigo o de cebada para los animales y trillarlo en la parva suponía otro motivo de júbilo sobre todo para la chiquillería. También se reunía la familia para espanizar, que no es otra cosa que quitarle la cubierta a las panochas de maíz para después enristrarlas y colgarlas. La matanza era la fiesta doméstica invernal por antonomasia donde se realizaba esta labor con el ritual acostumbrado.

Acabamos, no sin cierta tristeza, al recordar aquellas huertas que los talaveranos utilizaban como merenderos como La Bombilla o Miralrío, de una frescura y una amenidad que nos recuerdan los versos de los musulmanes cantando a sus huertas, como éste que Ben Sara escribió en el siglo XII:

¡ Qué bella la alberca rebosante! Parece una pupila cuyas espesas pestañas son las flores.

Nuestra huertas son directas herederas de aquellas que los árabes disfrutaron en la hermosa Talabayra cantada por sus viajeros. Esa gran ciudad recibida de los godos que, al observar  la abundancia de sus aguas, bautizaron  con el nombre de AQUIS.