Archivo de la categoría: Etnografía

HISTORIA DE LOS MOLINOS EN EL VALLE DEL ALBERCHE Y SIERRA DE SAN VICENTE

HISTORIA DE LOS MOLINOS EN EL VALLE DEL ALBERCHE Y SIERRA DE SAN VICENTE

Cárcavo con su rodezno en un molino de la Sierra de San Vicente

Antes de dar unos apuntes sobre los molinos ya descritos de la Sierra de San Vicente y Valle del Alberche vamos a conocer algunos que todavía no hemos descrito.

En Nombela existen referencias históricas de hasta seis molinos. Tres de ellos permanecen todavía en pie con su llamativa arquitectura popular en mampostería de granito (Pa 1), (PA 2) y (Pa 3). El segundo no tiene presa pero consigue desviar el agua mediante el curioso sistema de haberse labrado una acanaladura en la roca de una chorrera. En las proximidades del pueblo hay noticias de la existencia de otros tres molinillos pero los restos son prácticamente irreconocibles.

Sobre el arroyo Pedroso de Aldeancabo de Escalona queda un cubillo de menos de un metro de diámetro, tal vez el menor de la provincia, y sobre el arroyo de Pedrillán funcionaron cuatro artificios (Pe 1), (Pe 2) (Foto 38), (Pe 3) y (Pe 4). Sus ruinas nos permiten constatar que el primero movía su rodezno mediante un cubo de grandes proporciones, el segundo era de doble rampa con dos piedras, el tercero era muy similar al anterior y el último tenía por receptor un doble cubo muy arruinado en la actualidad.

Molino en el arroyo Pedrillán de Nombela

En Almorox quedan restos de tres molinos, dos de ellos en el arroyo de Tabalón, uno muy modificado como segunda vivienda (Tr 1) y otro con un cubo de planta cuadrada (Tr 2). El tercero, ya sobre el arroyo Tordillos, tiene una gran rampa que daba movimiento a dos piedras (Tr3).

En Escalona, la capital del señorío, hubo en el siglo XVII un molino harinero de dos piedras que funcionaba ocho meses al año, podemos por ello presumir que molía con las aguas del río Alberche pues resulta ser el único río de la zona con caudal suficiente durante tan largo periodo tiempo. Actualmente no he hallado resto alguno de este ingenio.

Cubo de un molino junto al castillo de San Silvestre, cerca de Maqueda

Historia

No es mucha la documentación molinera histórica sobre esta comarca. En las Relaciones de Felipe II referentes al pueblo de Los Cerralbos se dice que cuando el río Tajo iba crecido se molía en la sierra de Castillo de Bayuela. Ya hemos visto que en la zona de Puente y Valdeverdeja sí se dotó a sus grandes artificios de molinos de creciente o de invierno, pero no he hallado otros casos similares en el resto de la provincia. Esta carencia llevaba a los habitantes de sus comarcas a buscar alternativas en caso de inundación.     En las respuestas de San Román aparecen ya los molinos de Guadamora y, en cuanto a la zona oriental de la Sierra de San Vicente, sí que se alude a los molinos del arroyo de La Parra en Nombela y al hecho de que los vecinos de Santa Cruz de Retamar  iban a moler su grano al arroyo Tordillos de Almorox.

En el siglo XVIII el Catastro de Ensenada nos aporta una interesante serie de referencias a los molinos serranos. Un primer vistazo sobre el número y la dispersión de los artificios nos lleva a pensar que la práctica totalidad de ellos son los que hoy, más o menos arruinados o reformados, hemos podido estudiar. Así, en Almendral molía uno sobre el arroyo de Las Anchuelas, en Almorox ya funcionaban los tres del Tordillos que, según el diccionario de Madoz, también lo hacían en 1845. En Buenaventura sucedía lo mismo con su único ejemplar.

En Castillo de Bayuela seguían moliendo los vetustos artificios de Guadmora y El Batán, el ya referido afluente del Saucedoso. En el mismo Saucedoso ya molían los cinco ejemplares de los que pueden verse restos en la actualidad. Esta coincidencia se produce también con los ejemplares únicos de Sotillo de las Palomas, Sartajada y San Román, o con los tres ejemplares de La Iglesuela o de Pelahustán. Sin embargo, en otras villas como Nuño Gómez o Marrupe, localizamos hoy incluso un molino más. En Nombela y El Real de San Vicente son dos más los ingenios actuales y cuatro, aunque estén en ruinas, en Navamorcuende. Probablemente, la mayoría de estos nuevos molinos se construyeron en esa segunda edad de oro de la edificación molinera que fue  el final del pasado siglo y el comienzo del actual.

Molino de San Román de los Montes en el arroyo de Las Tenebreras

Hay otros dos molinos que no aparecen en las referencias históricas publicadas y son los dos que, sobre el arroyo Guadmora, se encuentran próximos a Hinojosa (Gu 1) y (Gu 2), mientras que los otros dos ejemplares que se situaban aguas abajo de ese mismo arroyo sí son conocidos al menos desde el siglo XVI[1].

Durante el siglo XVIII, la propiedad molinera se encuentra mayoritariamente en manos de particulares salvo un molino propio del señor de Navamorcuende y cuatro de propiedad religiosa: dos de los carmelitas también en Navamorcuende y otros dos que eran patrimonio de capellanías, uno en Pelahustán y otro en Garciotún.

El tiempo durante el que podía trabajar un molino dependían fundamentalmente del caudal del arroyo que lo alimentaba. Encontramos en los catastros del siglo XVIII que los molinos del Tiétar muelen hasta ocho meses, los del río Guadyerbas seis, y los demás, que se sitúan sobre arroyuelos de escasa entidad, oscilan entre uno y tres meses de operatividad. Incluso, en el caso de algunos ejemplares, se habla solamente de semanas de funcionamiento. Por ejemplo, en  un arroyo molinero como es el Marrupejo, sólo se molía entre uno y dos meses.[2]

Todavía en los años cincuenta de este siglo las aguas movían las piedras de algunos de los molinos de La Iglesuela, Almendral, Garciotún y Navamorcuende, aunque la mayoría ya habían sido sustituidos por fábricas eléctricas de harina o molinos adaptados a gas-oil[3].

En la vertiente sur del valle del Alberche solamente había un arroyo molinero, se trataba del arroyo de San Silvestre en Maqueda. Encontramos referencias en el siglo XVI a dos molinos del Duque de Maqueda en los actuales despoblados de Belvis y San Silvestre (SS 1). Durante la Edad Media perteneció este molino a la orden de Calatrava pero su funcionamiento era controlado por el alcalde y el almotacén según el “fuero de la tierra”. Uno de los molinos de Maqueda fue donado por Alfonso VII a un caballero llamado García García[4]. En la capital del señorío se responde sin embargo que se va a moler al Tajo lo que nos indica la escasa entidad de los molinillos de Maqueda..

Durante el siglo XVIII son ocho los molinejos que funcionan en este arroyo, uno de ellos es propiedad de las religiosas de la Concepción Franciscana. Hoy en día se encuentran en el despoblado de San Silvestre los únicos restos reconocibles de un molino de cubo octogonal de gran diámetro, con sus ocho metros podemos considerar a éste receptor como una balsa más que como un cubo. Recientemente se destruyeron los restos de otro de estos molinos en término de Santa Olalla.

En tiempos de Felipe II hubo piedras movidas por el Alberche en Méntrida y La Torre de Esteban Hambrán. En este último pueblo molían dos artificios en el siglo XVIII.

Cuando se agotaba el agua en todos los molinos señalados en este capítulo, los habitantes de la Sierra de San Vicente y del valle del Alberche iban a moler a las aceñas siempre “corrientes y molientes” que se situaban en el tramo del Tajo comprendido entre Talavera y La Puebla de Montalbán.

[1] VIÑAS,C. y PAZ, R.: Opus cit, “Castillo de Bayuela”.

[2] AHPT, Catastro de Ensenada, libros maestros de Navalcán, Velada y Parrillas.

[3] MORENO NIETO, L.: Opus cit, pp. 64, 234, 268 y 422.

[4] RODRÍGUEZ -PICAVEA MATILLA, E.: La Villa de Maqueda y su Tierra en la Edad Media. I.P.I.E.T-Diputación Provincial de Toledo, Toledo 1996, pp. 136.

EL TRAJE TÍPICO DE LAS COMARCAS DE TALAVERA, INTRODUCCIÓN

EL TRAJE TÍPICO DE LAS COMARCAS DE TALAVERA DE LA REINA

INTRODUCCIÓN

Tipos con traje tradicional en vista parcial de foto de principios de siglo al comienzo del paseo de los arqueros. Ellos con faja muy ancha, montera y blusón y ella con el guardapiés y el pañuelo

Tradicionalmente se han venido distinguiendo los habitantes de una zona determinada por su lengua y por su indumentaria, ya que es mucho más difícil y compleja su diferenciación por características físicas o antropométricas, y aún más por sus características psicológicas.

Desde los años cincuenta, con la atención que por razones obvias prestaba el régimen anterior a las cuestiones identitarias nacionales, que de forma más o menos adecuada potenciaba la Sección Femenina con la promoción del folklore, se comenzó a prestar atención a lo que entonces se denominaban trajes regionales.

Mujeres en un comercio de principios del sigloXX ataviadas con los guardapes, el mandil y el pañuelo

Precisamente la identificación que se hacía de estas cuestiones con la dictadura franquista hizo que durante los primeros años del sistema democrático se minusvalorara e incluso se rechazara todo lo que se asociaba al folklore y la identidad nacional, aunque afortunadamente una vez pasado este sarampión político se volvieron a valorar diferentes aspectos de la etnografía como expresión cultural de los pueblos.

Las mujeres han sido las verdaderas guardianas de muchas de las expresiones de la cultura popular y, al organizarse en asociaciones locales, han conseguido conservar no sólo el traje típico, sino también la artesanía, la gastronomía, los bailes o las fiestas de muchas localidades que sin su esfuerzo habrían caído en el olvido. Vinieron estos grupos a sustituir a los maestros de los pueblos, que durante años fueron en muchos casos los únicos que se esforzaron por buscar, y conservar muchas de estas tradiciones populares, aunque no podemos olvidar la aportación de francotiradores de la cultura popular como eruditos locales, anticuarios o recopiladores que individualmente se interesaron por el traje típico.

Tipo masculino y femenino con guardapies en el pueblo jareño de Espinoso

La indumentaria tradicional viene conformada por la confluencia de numerosos factores climáticos, geográficos, sociales, económicos y culturales. Hoy día no se visten estos trajes a diario, sino que su utilización es una forma de volver al pasado, a una cultura rural en la que todo tenía su porqué desde el punto de vista práctico y también desde el simbólico.

La bibliografía sobre métodos de estudio en tema tan interesante desde el punto de vista etnográfico como es el de los trajes tradicionales es muy escasa, no así el gran número de los estudios meramente descriptivos de un traje determinado que son muy numerosos.

Mujer en vista parcial de Ruiz de Luna junto a la Portiña, detrás el desaparecido Puente Moris

Los métodos que se han utilizado para el estudio de la indumentaria popular y la combinación de todos ellos nos llevará al menos a introducirnos en tema tan difícil de encarar, y más en estos momentos en que las asociaciones culturales, sin emplear en muchas ocasiones criterios contrastados, fantasean sobre los modelos tradicionales, introduciendo elementos fantásticos que, siendo frecuentemente discutibles desde el punto de vista estético, tienen además poca relación con los trajes que realmente han utilizado las gentes de nuestros pueblos. De todos los datos que se nos aportan, deberemos filtrar la información mediante una criba que nos separe los nuevos tejidos, los nuevos motivos decorativos o los frutos de la imaginación de quienes sin documentarse o sin buscar entre las fotografías, estampas antiguas o en los arcones de las abuelas, diseñan nuevos trajes que poco o nada tienen que ver con el traje típico, regional, popular, tradicional o como queramos llamarlo, pues hasta en esto no se acaban de poner de acuerdo los expertos.

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE, CUENCA DEL ALBERCHE

MOLINOS DE LA CUENCA DEL ALBERCHE

SIERRA DE SAN VICENTE

Molino en término de Hinojosa sobre el arroyo Guadmora

En la cuenca del Alberche, sobre los pequeños arroyos de pendiente media que descienden de la Sierra de San Vicente hubo molinos que, al menos en épocas lluviosas, molieron para las gentes serranas pero también dieron servicio a los pueblos del valle del Alberche y la comarca de El Horcajo ya que, como hemos visto, el Alberche era río poco molinero.

Recorriendo río arriba los afluentes de la orilla norte del Alberche, nos detendremos primero en el arroyo de Las Tenebreras o de la Virgen, junto a la carretera que va de San Román de los Montes a Hinojosa. Se trata de un molino de cubo en sillería con el depósito característico de agua que delata su adaptación a de motor de gasoil (Te1). Su accesibilidad facilita su visita y el recorrido del canal de corto trayecto que hará comprender fácilmente al curioso el mecanismo básico de los molinos de agua (Foto 31).

Molino del arroyo de Las Tenebreras en San Román

En el mismo casco urbano de El Real de San Vicente existen restos de cuatro molinos de cubo, junto a un quinto un poco aguas abajo del pueblo, cerca del cruce con la carretera de Castillo de Bayuela. Este último conserva su rampa y un canal elevado que deja por debajo un portillo que permite el paso al otro lado del molino donde se encuentra el huerto. Todos estos ejemplares se sitúan sobre las orillas del arroyo de las Cañadillas (C1), (C2),(C3), (C4) y (C5) (Foto 32 y 33).

Molino en el casco urbano de El Real de San Vicente sobre el arroyo de Las Cañadillas

Hinojosa de San Vicente cuenta en su término con dos magníficos ejemplares molineros interesantes por su bonita arquitectura popular, (Gu1) y (Gu2) (Foto 34). Están situados sobre el arroyo de Guadmora que aguas abajo, ya en término de Castillo de Bayuela, movilizaba otros dos artificios de gran antigüedad y que, como los anteriores, cuentan con un receptor de cubo. Uno de ellos sirvió también como batán (Gu3) y (Gu4) (Foto 35).

Además, Castillo de Bayuela tiene en su demarcación otros seis molinos sobre el arroyo de Saucedoso, en la zona conocida como “del Puente Romano”. Los tres más bajos (S4), (S5) y (S6) son de tipología muy similar, con un cubo que tiene la base del mismo sumamente inclinada hasta el punto que podemos definir a estos receptores como de cubo-rampa.

Molino que también fue batán en el arroyo Guadmora

El segundo ejemplar (S2) tiene la peculiaridad de haber asegurado la estanqueidad del cubo mediante unos cilindros de cerámica de un metro de altura que cubren superpuestos la pared interior del receptor evitando así escapes de agua. Esto es lo que fabricado en piedra se conoce en otros lugares de España como “atanores”. El tercer artificio (S3) (Foto 36) toma sus aguas del afluente arroyo del Batán, aunque se sitúa a las orillas del Saucedoso, pero el cuarto (S 4) es de doble captación ya que toma el caudal de ambas corrientes. La presa del quinto molino es de las pocas existentes en la provincia que hemos definido como de “presa paralela a la corriente”, mientras que la presa del sexto tiene su anclaje en los mismos pilares del “Puente Romano”. Aguas abajo hubo un séptimo molino del que hoy ya no quedan restos.

Molinos de Saucedoso

Todos estos artificios estaban también en relación con la cercana localidad de Garciotún donde se pueden observar los pobres restos de un molino de aceite que, por la piedra que todavía permanece junto a sus ruinas, bien pudo haber sido primitivamente un pequeño molino harinero (Ga 1).

Uno de los molinos de Saucedoso

El siguiente afluente del Alberche es el arroyo de San Benito sobre el que se encuentra un hermoso ejemplar dotado de una larga y estrecha rampa. En sus muros se ven todavía los rótulos que indicaban su confiscación durante la guerra civil (S B1) y en su interior se ha dibujado sobre un muro un esquema del repicado de las piedras para recordarlo el molinero (Foto 37). En el arroyo de la Dehesa, tributario del anterior, podemos ver los restos de un pequeño cubo de tan solo un metro de diámetro (De 1). Estos dos ejemplares se encuentran en el término de la pequeña localidad de Nuño Gómez.

Molino de Nuño Gómez en el arroyo de San Benito

Otro arroyo de esta cuenca es el de La Nava que al pasar por Pelahustán daba movimiento a tres ejemplares entre cuyas ruinas  pueden distinguirse  los cubos de dos de ellos (Na 1) y (Na 2). Nos encontramos ya en el antiguo señorío de Escalona, aunque geográficamente estemos todavía en la Sierra de San Vicente, de la que siguen bajando pequeños afluentes hacia el Alberche.

MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE

EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

Tercer molino de la garanta Tejea

Pasemos ahora a la cuenca del río Tiétar, a caballo de los términos de El Real de San Vicente y Almendral de la Cañada se sitúan los molinos de garganta Tejeda sobre una pendiente muy pronunciada a la que se adaptan con el ya descrito receptor de tubo. Tres de ellos cuentan con una pequeña balsa  previa de almacenamiento antes de  la entrada del agua en el tubo (Gt 3), (Gt 4) y (Gt 5). Seguir leyendo MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE: NAVAMORCUENDE Y MARRUPE

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE:

NAVAMORCUENDE Y MARRUPE

Tercer molino de Navamorcuende de proporciones casi monumentales

Vamos a repasar ahora los molinos de la Sierra de San Vicente propiamente dicha y comenzaremos por su lado occidental con los molinos de Navamorcuende y Marrupe . Algunas de sus poblaciones molían en el Tiétar y sus afluentes, y otras situadas más al sur lo hacían en el alto Guadyerbas y en los arroyos tributarios del Alberche. El mismo río Alberche, aunque relativamente caudaloso, es poco molinero por su escasa pendiente y lo arenoso de su cauce en este tramo. No he hallado restos de molinos en su trayecto más bajo, ni siquiera referencia histórica alguna a su existencia.

Todos los pueblos de esta pequeña sierra pertenecieron a la ciudad y obispado de Ávila, lo que dificulta la investigación histórica por la escasez de estudios publicados en Toledo sobre la zona. Por otra parte,  la documentación histórica referente a esos pueblos se halla en Ávila donde también escasean los estudios generales de la comarca por pertenecer en la actualidad esos pueblos a la provincia de Toledo.

Molino quinto del Guadyerbas en Sotillo de las Palomas

En el ámbito de la Sierra de San Vicente existieron sobre el Guadyerbas hasta cinco molinos. El más bajo (G5) se sitúa próximo al casco urbano de Sotillo de la Palomas y es el artificio al que nos hemos referido como el único que llegó a moler con motor de vapor de agua. Su receptor hidráulico primitivo era un cubo.

En la cabecera del río, la carretera de Navamorcuende a El Real de San Vicente ha destruido el edificio del primer molino (G1), aunque todavía puede observarse junto a la cuneta el cubo de sillarejo con su saetín. Es un curioso ejemplar abastecido por canales labrados en las laderas próximas que recogían el agua de escorrentía, además de captar la corriente de una fuente cuyo caudal se acumulaba en una balsa excavada por encima del cubo.

Primer molino de Navamorcuende sobre el nacimiento del Guadyerbas, la sala del molino se la llevó la carretera y solo queda el cubo

El segundo molino (G2) está dotado de una gran rampa que tomaba directamente el agua que salía por el socaz del primero. El tercer artificio (G3) es una gran construcción propiedad en sus orígenes del cercano monasterio del Piélago . Su edificio, construido en sillería, tiene tres pisos y un enorme cubo al que llega también directamente el agua desde Gu2 a través de un canal elevado sobre soporte de mampostería. Como peculiaridad, se sirve de una escalera helicoidal que comunica el interior del molino con el cárcavo. El cuarto molino de la cabecera del Guadyerbas (G4) apenas es reconocible, solamente quedan escasas restos de una rampa de considerables proporciones.

Gran rampa de segundo molino de Navamorcuende sobre el nacimiento del Guadyerbas

Pudieran muy bien ser éstos los molinos a los que se refiere el Catastro de Ensenada como pertenecientes al convento. En realidad todos eran accionados por la misma captación de la que luego partía un canal que más tarde estuvo también destinado a llevar agua a la central eléctrica de Navamorcuende y  todavía hoy puede observarse.

Más cerca del casco urbano, encontramos sobre el arroyo del Lugar que cruza el pueblo tres arruinados molinos de menor entidad. Dos son de cubo y uno es de rampa. El más cercano a Navamorcuende perteneció al señor feudal de la villa (L1), (L2) y (L3).

Segundo molino del arroyo Marrupejo en término de Marrupe

En término de Marrupe se hallan los tres primeros molinos del arroyo Marrupejo, el de Arriba (M1), el de Enmedio (M2) y el de Abajo (M3). Los tres son de cubo, bien conservado y adaptado a motor el primero y muy arruinados los otros dos. El tercero mantiene todavía una presa paralela a la dirección de la corriente que aprovecha un recodo del arroyo. Uno de éstos podría ser el molino que, si aceptamos la etimología musulmana que atribuye Gómez Menor a la palabra Marrupe, se habría llamado “molino del convento” durante la dominación árabe de la comarca.

Seguimos en término de Marrupe, en el arroyo de la cabecera del Marrupejo conocido como arroyo de Navatejares quedan, junto a una cascada, restos apenas perceptibles de un molinillo con un cubo como receptor (Nt 1).

MOLINOS DE EL BERROCAL. Pepino, Montesclaros, Segurilla, Mejorada, Cervera…

MOLINOS DE EL BERROCAL

Molino en la desembocadura en el Guadyerbas del arroyo de la Cancha

El Berrocal es la subcomarca asentada sobre pequeñas elevaciones graníticas que se sitúa al oeste de la Sierra de San Vicente y al norte de la ciudad de Talavera.

Montesclaros es uno de sus pueblos y por su término discurre el arroyo de Zamarrón sobre el que he localizado dos pequeños molinos arruinados. El primero de ellos ( Z1) tiene una balsa de forma romboidal que desagua en un cubo-rampa de planta lenticular. Aguas abajo se encuentra un segundo molino de rampa apenas reconocible (Z2). También en término de Montesclaros, pero en la desembocadura del arroyo de la Cancha en el río Guadyerbas, quedan restos de un gran cubo y de la plataforma sin muros del antiguo edificio molinero (Ca1). Estos tres molinillos son de escasa entidad y no he podido hallar referencia histórica alguna sobre ellos.

Plantas de los molinos del arroyo Zamarrón

En el arroyo Marrupejo, al que ya nos hemos referido para comentar la posible etimología molinera de su nombre, se encuentran ruinas de seis artificios de los que los tres últimos se encuentran en el ámbito de esta subcomarca de El Berrocal. El más bajo de ellos se sitúa en el último tramo del arroyo, cuando éste toma el nombre de arroyo de La Retuerta (M6), justo en el límite de los términos de Mejorada y Segurilla. Es un molino de rampa con un aspecto de considerable antigüedad y tenemos alusiones a su pertenencia al señor de Mejorada [1]en el siglo XVIII.

Restos de la rampa del  sexto molino de Marrupejo o de la Retuerta

Aguas arriba se encuentra el quinto molino del Marrupejo (M5) arruinado y apenas reconocible con su larga rampa sobre una ladera escarpada.  Cerca de éste y junto a una cascada está el cuarto molino pero situado ya en término de Cervera de los Montes (M4) (Foto 27). Reproduzco su planta a escala como prototipo de molino de cubo (fig. 16 bis).

Molinode Marrupejo 4 en Cervera de los Montes

También en el término de Cervera de los Montes, pero sobre el arroyo del Molinillo, quedan restos de un curioso molino de cubo (Mi1). Hay constancia de su funcionamiento hace dos siglos aunque, como todos los anteriores, solamente en épocas lluviosas dada la escasa entidad de su caudal. Es difícil el estudio de su estructura porque el canal se ha reconvertido en gallinero cubriéndole con un tejadillo, el cubo se ha roto para convertirlo en pajar y la sala del molino es una cuadra.

Molino del arroyo del Molinillo entre Pepino y Cervera

Todos estos molinillos, junto al ya descrito de Riolobos (R1) en término de Mejorada, ayudaban en la molienda de la comarca durante las épocas lluviosas, pero los labradores de esta zona, aún siendo poco cerealista, precisaban acudir en épocas de estío a moler a Talavera, e incluso a las gargantas de Gredos en el caso de Montesclaros. Podemos también considerar incluidos en El Berrocal a los molinillos del arroyo Bárrago que luego describiremos al hablar de los molinos de Talavera.

Molino de Riolobos 1, par algunos de posible origen romano

[1] AHPT, Catastro de Ensenada, libro maestro de Mejorada.

MOLINOS DEL TAJO EN VALDEVERDEJA Y TORRICO

MOLINOS DEL TAJO EN VALDEVERDEJA Y TORRICO

Aceñas del Conde En El Torrico

Seguimos aguas abajo y el siguiente complejo molinero que encontramos es el de las aceñas del Conde ( fig. 33 ). Conserva, sobre el pasillo que da acceso a las compuertas, el blasón granítico de los señores de Oropesa. El edificio está relativamente bien conservado pero se perciben en sus muros varias reformas y añadidos que a lo largo de los siglos han ido modificando el aspecto exterior de estos molinos. En esquema se diferencian cuatro partes. La primera y la que más se adentra en el río es la más antigua, la que albergaba las viejas aceñas de rueda vertical. El plural de la denominación se basa en la existencia de dos ruedas verticales. La más interior apoyaba su eje por un lado en un edificio con tajamar macizo y por el extremo exterior se apoyaba en una segunda construcción abovedada similar a la de Calatravilla donde se perciben dos huecos en el piso, uno anterior y otro posterior, que alojaron los dos pares de muelas. La piedra que se situaba río abajo, habría apoyado su eje sobre el tercer cuerpo del complejo molinero, hoy modificado por haberse dispuesto para el alojamiento de varios molinos de regolfo, aunque todavía puede observarse sobre el muro el orificio donde giraba el eje y lo que parece una huella de rozamiento de la rueda. También resulta todavía visible el canal y la compuerta que regulaba el caudal (Foto 22).

En ese tercer cuerpo del edificio se albergaban seis cubas de regolfo en sus respectivos cárcavos con las que se movilizaban seis piedras que se encuentran en una sala común. Desde ella se llega a una puerta de acceso a una pasarela de servicio para las compuertas y a una escalerilla de subida al techo abovedado. Otra pasarela de acceso exterior daba  paso a las cubas de los regolfos.

Por último, el edificio de todo el conjunto más cercano a la orilla es un molino de invierno o de creciente que funcionaba cuando se inundaban el resto de las piedras. Cuenta con tres cubas que desembocan en un sólo cárcavo de salida sobre el que se accedía al molino. Por delante de estas cubas hay una dependencia cubierta donde probablemente se colocaba la cernedora, ya que un orificio en el muro del molino muestra la marca del roce de la correa que era movilizada por el eje del último regolfo del edificio principal. Sobre la bóveda, un pequeño depósito de obra parece que servía para humedecer o airear el trigo si era necesario para una mejor molienda.

Este importante conjunto molinero se completa con otros edificios como la vivienda del molinero, que ya aparece en el proyecto de navegación de Carducci del siglo XVII situada en el mismo lugar elevado que en la actualidad, unas cochineras de gran capacidad y otras dependencias de habitación, almacenaje y cuadras.

Molino de verano de Los Rebollos

Una red de caminos y senderos une todos los grandes molinos de este tramo del Tajo entre los que se encuentra río abajo el ejemplar siguiente, el molino de los Rebollos (fig. 41). Es también un ejemplar magnífico y de gran antigüedad. Está construido en mampostería de granito empleado incluso en las bóvedas, que presentan un peculiar aspecto cubiertas de lanchones de piedra. Ocho pares de  muelas trabajaban en su interior y en la séptima todavía se conserva el orificio de un rodete accesorio que habría movido la maquinaria auxiliar. La sala del molino cuenta con una chimenea curiosamente adaptada al sistema de arcos y bóvedas de su estructura.

Molinos de verano o creciente de Los Rebollos

También están dotados estos molinos de dos piedras de creciente que se alojan en un edificio exento de más reciente construcción (Foto 23). Una balsa previa está construida por la elevación de un muro junto a la orilla que tiene dos compuertas para represar y conducir el agua hacia los dos regolfos que actuaban como molinos de invierno. En otro nivel todavía más elevado se localizan las viviendas y las cuadras a las que se accede por un sistema de empinadas rampas ( Foto 24). En los planos de navegación aparece como molinos perdidos “del Conde de Oropesa” en 1641 y como  “molino de Bravo” en 1820.

Molino de losCapitanes en Valdeverdeja

El siguiente artificio es conocido como molino de Los Capitanes      (fig. 42). Es otro ejemplo de gran molino de regolfo abovedado, edificado con sólida factura y que cuenta con cinco cárcavos donde el agua accionaba cinco piedras. En su arquitectura tiene la peculiaridad de tener como acceso un gran zaguán cubierto y previo a la sala  del molino que pudo haber servido como cuadra o cocinilla de “espera” para los clientes. El molinero o los dueños tenían una gran vivienda cercana con dos plantas pero no estaba dotado de molino de invierno para las épocas de crecidas. En 1641 figuran en el plano de Carduchi como molinos de Meneses, familia noble de Talavera, pero ya no aparecen corrientes en 1820. (Foto 25)

Molino Nuevo de Valdeverdeja

Trescientos metros más abajo se sitúa el molino Nuevo (fig. 43) que sí contaba con dos piedras de creciente en un edificio anejo al principal. Se accedía desde la orilla en caso de inundaciones por una pasarela de madera bajo la que discurría el agua. Resulta muy peculiar en su estructura el hecho de que “una” canal lateral movilizaba un rodete que a su vez accionaba mediante correas toda la maquinaria auxiliar. Es éste por tanto un caso de molino de transición con las fábricas de harina hidráulicas. En la parte del edificio situada río adentro se puede ver un canal entre dos espigones que parece haber servido para la instalación de cañales de pesca. Como los demás molinos del Tajo, cuenta con largos espigones que reconducían el agua de los socaces y en el techo tiene las chimeneas y respiraderos que evitan el estallido de las bóvedas en caso de inundaciones, especialmente frecuentes en este trayecto muy encañonado del río (Foto 26).

Sobre las ruinas del molino de los Sacristanes ( fig. 22) se edificó una central eléctrica que daba luz a Valdeverdeja y Valdelacasa, pero los escasos restos todavía existentes nos muestran las ruinas de lo que fue una aceña que, como las del Conde o las de Calatravilla tiene la típica planta en dos niveles para alojar en el inferior el engranaje de linterna. En este caso se observan además los huecos del muro donde se introducían las vigas que sostenían el entarimado de las piedras. Fue molino dotado tradicionalmente de una barca en el reculaje de su presa.

Este molino tiene un gemelo en la orilla cacereña sobre la que también se situaban los molinos de Espejel, en lo que antes fue antigua Tierra de Talavera. Estos últimos molinos se encuentran sumergidos por el embalse de Valdecañas, pertenecieron al monasterio de Guadalupe y se conocen desde el siglo XIV. También tenían barca.

Tampoco he podido estudiar el último molino sobre el Tajo en la provincia de Toledo por encontrarse inundado por el embalse de Valdecañas. Se trata del molino del Barquillo pero por las informaciones de los lugareños se encuadra en la misma tipología que los anteriores.

Toda la molinería del Tajo en su trayecto más occidental de la provincia, sirvió también a la parte de la Jara hoy extremeña y constituyó un importante sector económico para Valdeverdeja que no olvidemos llegó a contar en su término de tierras poco feraces con cerca de seis mil habitantes.

LOS MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO EN EL TAJO

LOS MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO EN EL TAJO

Molinos de Puente del Arzobispo

Ya hemos visto cómo los pequeños molinos de esta comarca eran insuficientes para dar servicio de molienda a tan extensa región, pues funcionaban apenas unos meses al año y a veces solamente días como se nos cuenta de los molinos de Corralejo en el mencionado catastro. Pero el Tajo tenía en este tramo una inmejorables condiciones para la construcción de grandes aceñas y molinos de regolfo por lo berroqueño y encajonado de su cauce.

Comenzaremos por los molinos de Puente del Arzobispo que eran los más concurridos y probablemente los más potentes de la zona, incluso de la provincia, y así en el siglo XVIII se dice de ellos que “no hay en el Tajo otros mejores ni más resistentes”[1]. No sería extraño que ya existieran en época musulmana, el Arzobispo Tenorio los hereda de su madre en el siglo XV, los reforma y revitaliza para ayudar a financiar al Hospital de Santa Catalina que albergaría a pobres, enfermos y transeúntes que pasaban por la villa en su peregrinaje hacia Guadalupe cruzando el puente que él mismo hizo construir (Foto21).

Vista de los molinos de Puente del Arzobispo desde aguas abajo de los mismos

En los años inmediatos a su fundación se dice de ellos que son “cuatro aceñas con cinco piedras muy veloces”. Durante el siglo XVIII dos de las ruedas se consideraban muy antiguas y una tercera estaba fechada en 1612. Las piedras tienen nombres que han conservado hasta la actualidad como Espolique, Santa Catalina o Pasapanda.

En 1730 entre las cargas del Hospital está el pago de jornales al maestro molinero y al arriero-maquilador, es decir al hombre que transportaba el grano y ayudaba en la molienda. En el Catastro de Ensenada, entre los artesanos del pueblo se nombra a un molinero al que se le regula de beneficio seis reales, cantidad que podemos considerar  cercana a la media de otros artesanos. El beneficio del molino es mucho mayor ya que aparecen estas piedras como las más rentables de la provincia junto a las de Santa Cruz de la Zarza con nada menos que 1000 fanegas de trigo anuales de utilidad.

Planta de los molinos de Puente del Arzobispo con sus piedras y dependencias

Jiménez de Gregorio en su historia de Puente, nos facilita unos curiosos datos sobre la reparación de la presa de estos molinos. Se adjudica la dirección de la obra a fray Pedro de Santa María, también conocido como fray Pedro de los Molinos, maestro de “obras y riberas” de los jerónimos de Talavera que como veremos estuvieron muy vinculados a la molinería de la Ciudad de la Cerámica donde llegaron a poseer dos grandes paradas. La obra en cuestión se presupuesta en 40.000 reales y se hace mediante “un encadenado de vigas gruesas con los olambres convenientemente reforzados con cuarterones y rollos, levantando siete pies en cuadro, entablado de cajones interpolados y todo reforzado con viejas piedras”.

Estos molinos presentan en la actualidad un aspecto impresionante con su gran edificio de al menos siete cuerpos con cuatro tajamares y hasta once piedras cada una con su nombre propio ( Rayo, Espolique, Vapor, San Juan, Santa Catalina). Tres de ellas se encuentran en un edificio separado del núcleo principal que se sitúa en un nivel más elevado sobre el cauce. Se trata del “molino de invierno” que se utilizaba cuando las crecidas  inundaban el resto de las piedras.

Otras dependencias se destinaban a cernedero, almacén para los costales e incluso a pecera para mantener fresco el pescado capturado en el cañal del molino. Por encima del edificio molinero propiamente dicho se puede todavía observar otra construcción donde se alojaban una herrería y carretería, las cuadras y los alojamientos. Tiene también estructura acabada en tajamar para soportar las crecidas que pudieran alcanzarla.

La presa, fabricada con bloques graníticos, cuenta hoy con unas dimensiones similares a las descritas por fray Pedro de los Molinos cuando la repara en 1730: 125 pies en la cabecera, 290 en la falda, grueso de cabeza a pies 300 pies, 15 a 18 pies en la profundidad y 9 a 10 en la rasante. Como vemos, esta descripción nos aporta una interesante terminología utilizada para denominar las medidas de una presa molinera.

Molinos o aceñas de Calatravilla fotografiados desde la Ciudad de Castros

Río abajo, en las proximidades de la fortaleza y puente de Castros, se pueden todavía observar los restos de una aceña que posiblemente fue la que aparece en los textos históricos como molinos de Calatravilla. Solamente quedan las ruinas del azud, un tajamar macizo para el apoyo del eje de la rueda vertical y otro edificio abovedado para albergar la sala del molino donde se puede percibir el orificio de entrada del eje de la rueda y el suelo que presenta dos niveles para que el más bajo permitiera acoger el juego de engranajes de linterna que cambiaba el movimiento vertical de la rueda en el giro horizontal de las piedras. También se perciben en los muros los huecos donde se alojaban las vigas que sostenían el entarimado que igualaba el nivel de la sala y sobre el que se colocaban las piedras.

Molinos de Calatravilla. Se observa el pontón de acceso en épocas de crecida.

El acceso al edificio se realiza, como en otras aceñas, por un lateral del mismo y a través de un puente de sillarejo en este caso. En los grabados antiguos y en los proyectos de navegación se puede comprobar cómo muchas de estas aceñas se adentraban en el cauce del río para mantener un caudal más continuo que no hiciera necesario subir y bajar continuamente el nivel de la rueda vertical, maniobra para la que estaban preparados estos ingenios. El caso más significativo que podemos observar es el de los molinos de Daicán en Toledo capital con sus tres cuerpos de aceña varados en el río. En estas aceñas de Calatravilla el puente es de cal y canto pero en la mayoría de las aceñas que aparecen en los grabados y en los proyectos de navegación se trata, por su aspecto, de precarias pasaderas de madera.Un largo espigón canaliza el agua a la salida de la rueda para evitar remansos y turbulencias que disminuirían el rendimiento.

[1] PORRES DE MATEO, J., RODRIGUEZ, H. y SANCHEZ,R.: Opus cit. p. 491.

MOLINILLOS DE LOS ARROYOS DE LA CAMPANA DE OROPESA Y VELADA

MOLINILLOS DE LOS ARROYOS DE LA CAMPANA DE OROPESA Y VELADA

Restos del antiguo molino de Riolobos que para algunos pudiera ser romano

En término de Velada y sobre el arroyo de Navalarroyo se halla un antiguo molino de cubo del que no he podido encontrar referencias históricas ni cartográficas (Nv1). Muy próximo se encuentra otro afluente del Guadyerbas llamado arroyo del Molinillo, los restos del artificio que le daba nombre fueron recientemente destruidos por la construcción de una presa y tampoco existen sobre él noticias documentales (Mi1).

Más arriba y en la orilla sur del Guadyerbas desemboca el Riolobos. En esta corriente se encuentra el único ejemplar de rueda gravitatoria de la provincia (fig. 23) (Rl1). Junto a él podemos contemplar los restos de un cubo con aspecto muy antiguo (Rl 2) y que se sitúa en un entorno de yacimientos arqueológicos romanos y medievales. Ya hemos comentado antes que desde el siglo XII existen noticias sobre los molinos de Riolobos.

El tramo del Guadyerbas que discurre por esta comarca solamente contaba con un molino de cubo de dos piedras cerca de Navalcán en el paraje conocido como «del puente romano» (G6) ( Foto 18). Por referencias del siglo XVIII, es posible que existiera otro ejemplar sobre el Guadyerbas en término de Velada pero no he encontrado vestigios del mismo.

Molino del Guadyerbas cercano al puente romano
Plantas esquemáticas de los molinillos a que alude el texto

Esta escasez de molinos en el término indujo al marqués de Velada a construir en su villa un artificio de viento que ha conservado el escudo nobiliario sobre su portada hasta hace unos años. Sin embargo, existen en el propio casco urbano de este municipio, sobre otro arroyo llamado del Molinillo, restos de un molino de presa de acceso directo del que solamente queda en pie el muro de la presa y las tres grandes vigas graníticas que mantenían la estructura del cárcavo y sostenían la piedra. (Ml1).

Las vigas de granito y la presa es lo único que queda de esta sencillísima instalación

En el sur de la comarca, existen dos ejemplares sobre el arroyo de Corralejo aunque se encuentran muy arruinados. El primero tiene un sistema de cubo con un curioso canal  que se ha modificado para dar acceso en rampa a una pequeña cuba de regolfo. Las ruinas de una bóveda aneja demuestran que anteriormente movilizó un rodezno con el cubo al que servía el canal después modificado (Co1). Aguas abajo de este mismo arroyo se encuentra otro molino de cubo que, como el primero, tiene escaso diámetro, cerca de 1,30 metros pero una gran altura (Co2) los dos presentan aspecto de gran antigüedad y su primitivo diseño es similar.

Molinillo del arroyo de Corralejo en Lagartera

Cerca del pueblo de El Torrico discurre el arroyo del Corchito sobre el que se hallan los molinos de Tarrara (Tr1). Cuentan con una presa de acceso directo recientemente modificada por haberse dedicado el paraje a zona recreativa. Presenta un extraño cubo embutido en el mismo muro y que solamente tiene cuarenta centímetros de diámetro. Este tipo de receptor puede sugerirnos el aprovechamiento de este ingenio no sólo como molino sino también como barquín o como batán aprovechando la misma presa. No existen, sin embargo, referencias históricas a las instalaciones metalúrgicas o textiles para las que hubieran trabajado esos artificios en esta villa. Más abajo, sobre este mismo arroyo, se perciben los restos de otros dos molinos pero la maleza y la ruina apenas permiten constatar su mera existencia (Tr2) y (Tr3).

Plantas de algunos molinillos a que alude el texto

Sobre el arroyo del Pilón encontramos cinco pequeños molinos de variada tipología. El primero de ellos podríamos denominarlo como de presa-cubo por las grandes proporciones de su receptor (Pi1). Desde su socaz parte un canal elevado sobre una estructura de mampostería arruinada que lleva el agua al segundo ejemplar (Pi2) del que solamente nos queda un cubo muy deteriorado. Es más interesante el tercero (Pi3) que está dotado de un gran cubo con una balsa previa pero que además cuenta con un sistema de captación de aguas de escorrentía y por ello nos encontramos en realidad ante un molino mixto de cubo-balsa-escorrentía (Foto 19).

Plantas esquemáticas de algunos molinillos a los que alude el texto

Seguimos el arroyo del Pilón corriente abajo y tropezamos con otro ejemplar con un pequeño cubo de apenas un metro de diámetro pero diez de altura (Pi4). El quinto y último molino (Pi5) se ha edificado en una ladera muy escarpada con un cubo-balsa de planta alargada para una mejor adaptación a la considerable pendiente del terreno. El canal accede a la balsa mediante un sifón previo que permite el paso subterráneo del agua para que, dado lo dificultoso del terreno, puedan acceder al molino los hombres y caballerías. El edificio no está abovedado sino tejado, como sucede con la mayoría de los molinos de arroyo porque no suelen sufrir inundaciones. Al contrario que los grandes artificios del Tajo que, dada la frecuencia de avenidas, están todos cerrados con fuertes bóvedas.

Molinillo del arroyo de la Pradera en valdeverdeja

En el cercano arroyo de la Pradera encontramos un primer molino de escorrentía mixto, pues además del muro que recoge las aguas de las laderas cercanas cuenta con una presa sobre el arroyo, desembocando ambos sistemas en un receptor de rampa (Pr1). La segunda molineta, como llamaban en Valdeverdeja a estos pequeños molinos, es de cubo y su edificio se encuentra muy deteriorado (Pr2). A continuación movía este arroyuelo un molino de presa de acceso directo. El muro es de estructura escalonada y está datada en una inscripción como una construcción edificada en el siglo XVIII (Pr3). El cuarto y último artificio se halla muy cercano ya a la desembocadura en el Tajo y era accionado por una rampa. Tiene además la peculiaridad, típica de la Campana de Oropesa, de haber sostenido su techumbre con arcos de tipo carpanel (Pr4).

Cubo-rampa  del segundo Molinillo en el arroyo de Malezo en Valdeverdeja

En el arroyo Malezo o Piejachica, próximos al casco urbano de Valdeverdeja y situados sobre la escarpada desembocadura del arroyo sobre el Tajo, se localizan dos ejemplares: el primero es también de presa escalonada de acceso directo (Pj1) y el segundo, pocos metros más abajo sobre una gran pendiente y casi colgado de los riscos graníticos (Pj2), era accionado por una rampa.

El primer molinillo del arroyo Malezo en las mescarpadas orillas cercanas al Taljo

Caleruela y Lagartera cuentan en su toponimia con la referencia a dos «arroyos del Molinillo», en el primer caso quedan restos apenas identificables de la estructura por haberse construido después sobre el edificio un molino de aceite (Mc1). De el segundo no he conseguido encontrar ni siquiera las ruinas.

LOS MOLINOS DE AGUA POR COMARCAS: LA CAMPANA DE OROPESA I

DESCRIPCIÓN DE LOS MOLINOS DE LA PROVINCIA DE TOLEDO POR COMARCAS.

Aceñas del Conde de Oropesa en El Torrico

Este trabajo ha sido realizado sin ninguna ayuda institucional por lo que no es todo lo exhaustivo que hubiera deseado el autor, aun así se ha dibujado a mano alzada la planta de todos los ejemplares que se han podido localizar y se ha fotografiado el alzado y los detalles que se han considerado de interés, estableciendo con los datos obtenidos en el trabajo de campo y los aportados por las entrevistas a molineros y vecinos, la tipología que a continuación se desarrolla.

Para encontrar el mayor número posible de molinos se han utilizado los planos 1/ 50.000 del Instituto Geográfico Nacional y del Instituto Geográfico del Ejército. Se han examinado también las ediciones antiguas de esas mismas hojas en la cartoteca del I.G.N. completándose los datos con el hallazgo de ejemplares hoy desaparecidos o de los que apenas quedan ruinas. La minuciosidad en señalar los datos es variable de unos planos a otros pero las entrevistas con lugareños, pastores o guardas jurados y el recorrido completo del trayecto de las corrientes más importantes me han llevado a completar el estudio. Los planos de escala 1/2.000 y 1/10.000 de la Diputación Provincial aportaron datos referentes sobre todo a los artificios localizados en el casco urbano de los pueblos toledanos.

La documentación histórica ha facilitado también la labor de búsqueda molinera. A partir de las Relaciones de Felipe II[1], las del Cardenal Lorenzana[2] y el Catastro del Marqués de la Ensenada[3] conseguí rellenar algunas lagunas. Han sido de gran utilidad los diccionarios de los pueblos de la provincia de Toledo de Jiménez de Gregorio[4] y de Moreno Nieto[5] que describen nuestras villas y lugares en el siglo XVIII y mediados del XX respectivamente.

La toponimia también me orientó en algunos casos en los que no había referencia histórica o cartográfica alguna. Para ello hube de inspeccionar y recorrer arroyos llamados «del Molinillo», «del Cubo» o del «Cubillo»; hube de estudiar donde conducían caminos que todavía se denominaban «de Moledores», «de la Presa» o «de la Aceñuela» para poder así localizar restos a veces casi inidentificables de artificios molineros.

Aunque la mayor parte de los croquis y plantas han sido realizados a mano alzada, he querido en todos estos esquemas reflejar la situación de la piedra y su proporción aproximada con las dimensiones del edificio de forma que el lector se haga una idea, aunque no sea matemáticamente exacta, de sus medidas. Para ello debemos tener en cuenta que las piedras de molino miden aproximadamente un metro treinta centímetros.

Algunos de los esquemas sin embargo sí que se han realizado a escala reflejándose la misma en los planos. Muchos  de ellos se midieron con motivo del Inventario Etnológico de la Provincia de Toledo elaborado por la Diputación Provincial con mi colaboración y que afecta a los molinos de la Campana de Oropesa. En otros casos ha sido el interés de un determinado ejemplar como modelo tipológico el que me ha llevado a representarlo a escala.

Aceñas del Conde fotografiadas aguas arriba de las mismas

El abandono, las zarzas, la ruina, la inaccesibilidad, la inundación por embalses o la reutilización del edificio para otros menesteres son obstáculos que han dificultado, cuando no impedido, la ejecución de algunos planos. De todas formas creo que con este trabajo se puede obtener una idea global de la molinería toledana que sirva de apoyo y referencia a los investigadores que quieran estudiar o profundizar en casos y temas concretos.

Las fotografías nos darán una idea de determinados aspectos de la arquitectura popular y el alzado de los molinos. Tienen el inconveniente de que en algunos casos hube de adaptarme a las condiciones de luz del momento en que accedí al molino, que podía coincidir con una inadecuada orientación y climatología y es por ello que algunas no tienen la calidad deseable.

Excusadas algunas de las deficiencias de este trabajo, paso a describir los molinos agrupados por comarcas en función de diversas circunstancias geográficas, históricas, tipológicas y de arquitectura popular.

El Tajo sirve de médula espinal molinera y geográfica a la provincia por lo que iré incluyendo sus molinos en las diferentes comarcas por las que discurre sin que específicamente haga un apartado para los molinos del gran río  salvo en el caso de Toledo capital.

Los esquemas intentan reflejar los muros que en muchas ocasiones se dibujan sólo en su trazado aproximado por la ruina total en que se encuentran que no permite más que vislumbrar su trayecto original sin que a veces sea ni siquiera posible adivinar donde se abrían sus puertas y ventanas.

Dado que los molinos han recibido diferentes nombres a lo largo de la historia he considerado más operativo numerarlos por orden, comenzando desde los que se encuentran en la cabecera de los ríos y arroyos. Considero que salvo pequeños molinos de ribera no documentados históricamente se reflejan en este trabajo un número de ejemplares que se acerca al 95 % de los molinos que han existido en la provincia de Toledo.

Las diferentes piezas que componen el edificio molinero se han señalado con iniciales que nos ayudan a identificarlas en los esquemas de las plantas: SM es la sala del molino donde se desarrollaba la molienda, H es habitación o dormitorio, Co representa la cocinilla, Z es el zaguán y Cu es la cuadra donde muchas veces se dibuja la situación de los pesebres.

Molinos de Puente del Arzobispo

COMARCA NOROESTE

CAMPANA DE OROPESA

Agrupa este primer apartado la Campana de Oropesa con los pueblos de Velada y Calera y Chozas. Comprende la zona oeste de la provincia limitada al norte por el río Tiétar y al sur por el Tajo.

Surcan las llanuras centrales de esta comarca arroyos de escasísima pendiente como el de Alcañizo o el de la Pontezuela, muy arenosos y por tanto poco apropiados para la instalación de molinos hidráulicos debido a las fugas de caudal que conllevarían sus largos canales. Es por esto que tenemos referencias de molinos de viento en Oropesa y Lagartera e incluso quedan restos del edificio en Torralba de Oropesa y en Velada.

En las pequeñas sierrecillas graníticas, como las del sur de Oropesa, o las de Navalcán, Parrillas y Velada, encontramos molinos de agua con escasa entidad que solamente molían en épocas lluviosas, aunque estos molinejos no tenían la suficiente entidad como para moler los cereales que antiguamente producían estas llanuras hoy adehesadas y dedicadas mayoritariamente a la ganadería. Esa capacidad molturadora se consiguió con las grandes paradas molineras que se construyeron a orillas del Tajo y alguna otra sobre el Tiétar.

El señorío de Oropesa fue tal vez la casa nobiliaria más beneficiada por instalaciones molineras de su propiedad. No sólo contaban con dos paradas en «Las Aceñas del Conde» ,sobre el Tajo al sur de su estado, sino que además los Álvarez de Toledo poseían los mayores molinos del Tiétar que más tarde se convertirían en  ALas Máquinas de Monteagudo» (Foto 16), nombre popular de una fábrica de harinas movida por turbina hidráulica[1]. También en el Tajo era dueña esta casa de los molinos de Silos, en el actual término de Calera y Chozas, y de los molinos de Cebolla que tenían una gran potencia molturadora. El escudo de su familia todavía se conserva hoy labrado en piedra en el pasillo de compuertas de las Aceñas del Conde en término de El Torrico (fig. 35).

Molino de Peña en Navalcán sobre el río Tiétar

Tanto los molinillos de arroyo como los de viento proporcionaban escasa potencia de molienda y es por ello que, desde Navalcán, Parrillas, Ventas de San Julián y La Corchuela,  iban a moler sus habitantes al  río Tiétar e incluso a las gargantas de la Sierra de Gredos. Las villas y lugares con una situación más céntrica en la comarca, como Oropesa, Calzada, Lagartera, Herreruela y Torralba, acudían tanto al Tiétar como al Tajo. Sin embargo, los núcleos de población situados al sur de la zona como Valdeverdeja, Torrico y Puente del Arzobispo no sólo contaban con las grandes aceñas y molinos de regolfo sobre el Tajo sino que también molían en más de una docena de pequeños molinos de muy diversa tipología situados en los arroyuelos cercanos.

Ya hemos aludido a los molinos cuya propiedad estaba en manos de la casa de Oropesa, pero también la Iglesia contaba con las grandes aceñas de «rueda mayor»[2], es decir de rueda vertical, que se encuentran situadas junto al casco urbano de Puente del Arzobispo y que financiaban y estaban administradas por el Hospital de Santa Catalina, instituido en esta villa por el fundador del pueblo, el arzobispo Tenorio (fig. 36). La rueda que simboliza a la santa se puede todavía ver sobre el dintel de la puerta de entrada de estas aceñas.

Los molinos del arroyo de Corralejo fueron propiedad del convento de la Purísima Concepción de Oropesa. El poderoso convento de San Clemente de Toledo era dueño de  los molinos de Azután[3]. Ya en el siglo XIV la Orden de Calatrava tenía los molinos de Calatravilla[4]cerca de la ciudad musulmana de Castros.

Cárcavos del molino de Peña en el Tiétar

Esta comarca cuenta con dos importantes molinos en el Tiétar, el molino de Peña en término de Navalcán ( Ti 4 ) tiene un regolfo en el exterior del edificio, al aire libre, y un cárcavo con otras dos cubas de regolfo separadas por un muro y no situadas cada una en su cárcavo como es habitual (Foto17). De estos dos regolfos el más cercano al río recibía desde la canal del otro un aporte suplementario de caudal a través de un saetín abierto en la pared. Por la existencia de orificios en el suelo puede deducirse la existencia de ejes suplementarios que probablemente habrían movido la maquinaria auxiliar. Es uno de los escasos ejemplos de molinos de regolfo no situados en el Tajo o en los ríos manchegos. Su arquitectura popular es granítica y abovedada como en el caso de las grandes paradas del Tajo.

Tanto este artificio como el molino de Montoya situado aguas arriba, en la orilla abulense, aprovechaban sus reculajes para la instalación de sendas barcas que facilitaran el paso de los clientes y viajeros desde las dos orillas.

Aguas abajo y casi en el límite de provincia se encuentra el molino de Monteagudo ( Ti 5 ). Es de dos piedras y de aspecto vetusto con el receptor ya cegado, aunque los cárcavos parecen haber alojado rodeznos. Como los otros ejemplares del mismo río es de arquitectura popular de sillarejo granítico. Junto a este molino se encuentra la fábrica de harinas a la que hemos hecho referencia más arriba, casi destruida en su interior por un incendio, sigue presentando el compacto aspecto de las construcciones protoindustriales del siglo pasado. Está servida por una presa oblicua de grandes dimensiones, que captaba íntegro el caudal del Tiétar para dirigirlo hacia la turbina que movía la maquinaria distribuida en cuatro niveles diferentes, uno en cada piso.

Fábrica de harinas movida por energía hidráulica en término de Oropesa sobre el Tiétar

En la pared ribereña del canal de esta fábrica aparece una curiosa salida lateral que alimentaba probablemente un rodezno complementario de la turbina. También junto al canal, encontramos un muro escalonado y una construcción circular casi metida en el cauce de la que desconocemos su función (Ti6).La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es escanear0026-1024x669.jpg

[1] GARCÍA GIL,O. y  FERNANDEZ ARROYO, A.: Oropesa, Señorío y Condado, pp 23- 56. VIÑAS, C. Y PAZ, R. : Opus cit. Ver AOropesa@.

[2] JIMÉNEZ DE GREGORIO, F.: Opus cit. Historia de la Villafranca….p.80.

[3] JIMENEZ DE GREGORIO, F.: Opus cit, Los pueblos de Toledo… ver A Azután@

[4] JIMENEZ DE GREGORIO, F.: Opus cit, Historia de la Villafranca...p. 80. JIMÉNEZ DE GREGORIO, F. : opus. cit. Los Pueblos de …ver APuente del Arzobispo@

[1] VIÑAS,C. y PAZ, R. : Opus cit.

[2] PORRES DE MATEO,J., RODRIGUEZ, H. y SANCHEZ, R. : Descripciones del Cardenal Lorenzana. Toledo, Diputación Provincial, 1986. En esta encuesta realizada a los párrocos del siglo XVIII, en su cuarta pregunta, aparecen los datos referentes a molinería en el capítulo dedicado a cada uno de los pueblos.

[3] ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE TOLEDO. Sección Catastro de Ensenada, Libros Maestros o Respuestas particulares de cada uno de los pueblos  de la provincia.

[4] MORENO NIETO, L. : La provincia de Toledo. Diputación Provincial de Toledo, Toledo 1960. Esta obra está organizada como un diccionario en el que los pueblos de la provincia aparecen por orden alfabético. En el apartado que se refiere a AIndustria, Comercio y Artesanía@ es donde aparecen los datos sobre molinería de cada localidad.

[5] JIMENEZ DE GREGORIO, F. : Los Pueblos de Toledo hasta finalizar el siglo XVIII. Publicados en tres tomos por orden alfabético en Toledo en los años 1962 (A-M), 1966 (N-S), y 1970 ( S-Y) respectivamente en Biblioteca Toledo.

Molino de arroyo en Valdeverdeja