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LA NATURALEZA Y LA HISTORIA ( y 4)

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA  (4)

HASTA HOY

El último de los cuatro artículos que recibieron el Premio Cabañeros de Periodismo medioambiental 

Desde la Edad Media se fueron ganando terrenos de cultivo rozando jarales
Desde la Edad Media se fueron ganando terrenos de cultivo rozando jarales

Consolidado el dominio cristiano de las Tierras de Talavera, tras la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212, los reyes adehesan el territorio entre el Tajo y el Guadiana en grandes parcelas que conceden a sus servidores, a la Iglesia o a los concejos como el de Talavera. La condición de propiedad privada, o de propiedad comunal variará sustancialmente las posibilidades de conservación del ecosistema en una zona determinada.

Los alijares eran los territorios «de tierra áspera, inculta y pedregosa vestida de monte bajo y arbustos» que pertenecían al concejo talaverano y que los vecinos presionaban para «rozar y demontar sin pena alguna e sin tributo, pero respetando encinas, robles y alcornoques». Se adehesaban en definitiva estos terrenos pero, como vemos, en todas las épocas había una cierta conciencia conservacionista del arbolado que luego pudo ser más o menos respetada por los particulares. Al final, la necesidad humana fue la que más condicionó la conservación del entorno y vemos cómo los ejidos, baldíos y todas las zonas próximas a los núcleos de población han resultado más deforestados, especialmente si eran de propiedad comunal. Con las especies cinegéticas sucede algo similar, baste constatar su exterminio casi total en las actuales zonas de «caza libre».

Se fueron adehesando las mejores tierras de cultivo en llanos y rañasSe fueron adehesando las mejores tierras de cultivo en llanos y rañas

Las épocas de penuria hacen avanzar el territorio cultivado hasta suelos poco rentables que se deforestan y entran en el maligno ciclo de la erosión. No hace falta ir al Sahel para ver ejemplos. En la última posguerra grandes extensiones de monte bajo, jarales en su mayoría, fueron cultivados en la comarca de La Jara, en zonas de gran pendiente llamadas barreras se hacía pasar un borriquillo con unas gradas primitivas, un palo con unos clavos, que arañara el suelo apenas existente para conseguir unas pocas espigas de centeno con las que elaborar el pan «negro». Hoy las retamas delatan ese desesperado intento, previo a las emigraciones masivas de los años sesenta, de intentar extraer un poco de fruto a la tierra. Todavía viven talaveranos que han pasado un par de días en el calabozo por haber ido a cortar un haz de retamas en el Cerro Negro para intentar comer en la posguerra vendiéndolo para los hornos alfareros.

Hasta mediados de este siglo mantuvo el hombre ese delicado equilibrio para conseguir esa especie de «ecología intuitivamente racional» que ha conseguido que durante siglos el medio natural de nuestra sociedad fundamentalmente agraria apenas sufriera cambios significativos. Porque es bien cierto que desde la Edad Media apenas se modificó el medio ambiente, al menos en la zona que nos ocupa,.

La vida rural estaba integrada en el medio de una manera «natural». Desde la vivienda a la artesanía todo se elaboraba con materiales del entorno, pero sin herir de gravedad a la naturaleza. La arquitectura popular tiene por eso un encanto especial porque no desentona del medio, y así, el barro de los adobes o del enlucido de las paredes, las pizarras en La Jara o el granito en la Sierra de San Vicente y El Berrocal se adaptan al paisaje, casi se camuflan en el entorno.

Valle del río Guadyerbas con Gredos al fondo

La extracción de materiales era limitada y no perjudicaba al ecosistema como esos enormes boquetes en la vega talaverana que dejan las graveras y que, aunque abastecen a las empresas constructoras de materiales, comienzan a ser un problema medioambiental.

Esa vida rural tampoco dejaba residuos, todo se reciclaba con la ayuda del cerdo familiar; y hasta las heces humanas y animales se convertían en nitrógeno vivificador. Es cierto que las vigas y puntales de las casas serranas eran de enebro, o de fresno y álamo en La Jara; que los herreros de los pueblos utilizaban la madera de brezo por el gran poder calórico de su carbón; o que los rabeles para animar las fiestas, o las tarras y especieros, pobre ajuar de nuestros campesinos, se hacían con raíz de fresno; la enea, el junco merino, el mimbre o el sauce trabajados hábilmente proporcionaban cestas o canastas desde el neolítico sin que jamás faltaran estas plantas en regatos y arroyos.

Decenas de miles de moreras y morales como estos fueron cultivados en las Tierras de Talavera para alimentar el gusano de las Reales Fábricas de Seda
Decenas de miles de moreras y morales como estos fueron cultivados en las Tierras de Talavera para alimentar el gusano de las Reales Fábricas de Seda

Con las aguas sucedió algo similar, las presas molineras construidas desde la ocupación árabe no modificaban radicalmente el entorno ni los cauces, y son numerosas las referencias históricas a la abundancia de anguilas hasta en los arroyos más insignificantes, arroyos que movían piedras de molino de dos toneladas y que hoy no mueven ni un chinarro (hay quien todavía asegura que el clima no ha cambiado). Con las grandes presas dejaron de subir las anguilas y se repoblaron sus aguas con especies que van desplazando a las autóctonas. Otras repoblaciones fueron más beneficiosas, sin embargo, y no causaron daño ecológico como la de los canales del Alberche con el Gambusia, pececillo tropical que ayudó a erradicar las larvas del mosquito anófeles, y el paludismo endémico en esta tierra.

Durante cientos de años en muy poco se modificó el medio natural casi autárquico de nuestros campos. Solamente se vulneraba esa ley cuando factores de demanda externa se introducían en los ciclos de producción. El carboneo de dehesas por la proximidad de Madrid provocó una mayor deforestación durante el siglo pasado. En Navalucillos sucedió lo mismo pero esta vez era la necesidad de las ferrerías de El Mazo, diseñadas por Michelin hermano del inventor del neumático, las que precisaban energía para sus hornos. Grandes masas de robles se perdieron a finales del siglo XIX y principios del XX por la fabricación de traviesas de ferrocarril

La Cabaña Real de Carreteros, de organización similar a la Mesta, tenía en Talavera uno de sus puntos estratégicos y por aquí pasaban miles de pinos de especies autóctonas también cortados en Gredos para distribuirse por toda España, servían para la construcción de viviendas urbanas más pretenciosas utilizados como vigas maestras y alfangías. Otras especies, sin embargo, fueron introducidas a lo largo de la historia y se adaptaron a nuestro paisaje. Es el caso de los castaños, o el de las más de cien mil moreras que se plantaron en la comarca de Talavera en el siglo XVIII para suministrar capullo a su Real Fábrica de Sedas.

Pero desde los años sesenta, con el desarrollo y el alejamiento de las formas de vida tradicionales comienza el deterioro del medio perdiéndose el sentido natural de las cosas,  se acaba con el concepto de aprovechamiento ajustado y racional de los recursos que otro talaverano, allá por el siglo XVI, fue pionero en estudiar, Gabriel Alonso de Herrera con su Libro de Agricultura.

TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (4) DEL DESASTRE PROVINCIAL AL DESASTRE AUTONÓMICO

TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (4)       DEL DESASTRE PROVINCIAL AL DESASTRE AUTONÓMICO

Los franceses fueron causa principal de la decandencia talaverana del siglo IX

Y es en esos mismos años en los que Talavera sufre una de sus más agudas crisis económicas y demográficas de su historia cuando se acomete la división del territorio nacional en las actuales provincias. Nos encontramos en 1833 y éste es uno de los hechos más desafortunados de la historia de nuestra ciudad, pues se incluye a la misma en la provincia de Toledo, partiendo su territorio histórico entre varias otras provincias. La Jara no se conserva como unidad geográfica y parte de ella se incluye en la provincia de Cáceres, con localidades como Valdelacasa, Garvín, Peraleda de San Román, Alía, Villar del Pedroso o Guadalupe; otra parte se incluye en la provincia de Badajoz, concretamente los pueblos de Castilblanco y Valdecaballeros, y, por último, la población de Anchuras, que a su vez había sido aldea de Sevilleja de la Jara es incluida de una manera absurda en la provincia de Ciudad Real. Seguir leyendo TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (4) DEL DESASTRE PROVINCIAL AL DESASTRE AUTONÓMICO

TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (3) XVI-XVIII AUGE Y DECADENCIA

TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (3)

SIGLOS XVI-XVIII AUGE Y DECADENCIA

Dibujo de Enrique Reaño sobre foto antigua del patio del palacio de la plaza de El Salvador

En tiempos de los Reyes Católicos y del Emperador Carlos es cuando nuestra ciudad alcanza una de sus épocas de mayor pujanza, su Edad de Oro, junto a la época de la Talavera musulmana y a la actual.

Durante el reinado de los Reyes Católicos y la época Imperial Talavera vivió uno de sus periodos de mayor pujanza. No dejan de construirse palacios y es muy numerosa la nobleza asentada en la villa. La sociedad talaverana de la época contaba con un diez por ciento de hidalgos y una nobleza con “las haciendas de las más crecidas del reino”. Según el novelista talaverano coetáneo Gonzalo de Céspedes y Meneses en su novela “Varia Fortuna del Soldado Píndaro”, donde también dice que la nobleza talaverana“es mucha y lucidísima y de las más calificadas casas de nuestra España”. En otra de sus obras nos describe sus actividades: “siendo nuestro particular entretenimiento caballos, toros, máscaras, sortijas y torneos y otros pasatiempos con que alegrando la gente, nosotros nos hacíamos prácticos y diestros. Otros días gastábamos en la caza, campo y montería, que cualquier género de esta materia es abundante en aquel terreno”. Se admira también el escritor de los nobles locales por “sus ricas libreas, su adorno y aparato”.

Casa Palacio del siglo XVI en la calle del Sol

Barreiros nos dice en 1542 que en Talavera “hay mucha gente noble y rica, eclesiástica como secular, y muchos hidalgos honrados, algunos de los cuales son del linaje de los Meneses”. Además de esta casa nobiliaria eran de destacar por su riqueza y poder los Ayala, los Suárez de Toledo o los Gaytán, junto a muchos otros también muy pudientes, como los Suárez de Carvajal, los Loaysa, los Estrada, los Carvajal, los Salcedo, los Girón etc…

El resto de habitantes de Talavera formaban una sociedad agropecuaria a la que se añadía la artesanía de la cerámica que, aunque tuvo altibajos a lo largo de ese medio siglo y el inicio del siglo XVII, siguió haciendo de su loza la más demandada de España y América, donde se llegó a dar el nombre de “talavera” a toda la cerámica, casi como si fueran sinónimos. Hasta cuarenta y dos alfareros se dedican a su producción en aquellos tiempos, y no les falta el trabajo, pues hacen incluso miles de azulejos para los palacios reales como el de El Escorial.

Caballeros españoles en cerámica del pórtico de la ermita del Prado

Muchos de los palacios nobles que todavía quedan en pie en Talavera son de esa época. Como los dos de la calle del Sol, el de los Girón, la llamada casa del Deán, el edificio blasonado de la calle San Sebastián o el ya desaparecido de los Loaysa en la plaza de Aravaca; o algo más tardíos, ya del siglo XVII, como el de los condes de la Oliva. También son de esta época, segunda mitad del siglo XVI y primeros años del XVII, otros edificios nobles con bellas portadas que se sitúan en torno a la plaza del Pan, como la portada principal del ayuntamiento que da a la plaza Juan de Mariana o la que se abre a la misma plaza con los emblemas arzobispales y que hoy ocupa el ayuntamiento. También se acometen entonces las obras de la ermita que la darán el aspecto actual y son muchas las capillas que los nobles dotan y realzan en iglesias y conventos. Las casas talaveranas mantienen la vieja estructura de la casa-patio que hunde sus raíces en la presencia musulmana en la ciudad, pero en muchas se colocan encastrados sus fachadas los blasones de su boyante nobleza.

En 1518 Talavera intenta recuperar su antiguo obispado, según nos cuenta el historiador Cosme Gómez de Tejada, basándose en que el papa León X concedió una bula en 1514 permitiendo la creación de obispados en Madrid y Talavera. El documento fue remitido al cardenal regente Adriano de Utrech, pero Toledo puso enérgicas dificultades por lo que Talavera hubo de desistir en el empeño. Y como dice Gómez de Tejada “Esto trajo como consecuencia muchísimos disgustos con Toledo, ya que el ayuntamiento de Talavera no iba a Toledo nada más que cuando le convenía, pero cuando quería algo iban al Papa o al Rey”.

Monumento funerario de la madre de García de Loaysa, confesor del emperador Carlos V en el que fue monasterio de Santo Domingo

Nos encontramos en esta segunda mitad del siglo XVI y primeros años del siglo XVII en otro de los periodos de mayor florecimiento de nuestra ciudad. Es como ya hemos dicho el verdadero Siglo de Oro talaverano con personajes de la talla del padre de la historia española, el Padre Juan de Mariana, influyentes prelados y sabios como el confesor de la reina Católica fray Hernando de Talavera o el Doctor Talavera, de la familia de los Maldonado, personajes clave ambos en la aventura americana; el padre de las ciencias agronómicas españolas Gabriel Alonso de Herrera, militares de prestigio como los Duque de Estrada, los Girón o los Verdugo, novelistas como Céspedes de Meneses, además de verdaderos artistas de la cerámica.

Aunque se le niega el derecho atener obispado primero por parte de mérida y ahora por parte de Toledo, desde el punto de vista eclesiástico Talavera llega a ser un arcedianato con más de 110 parroquias, lo que nos habla de la importancia de su ámbito de influencia.

Como casi siempre sucedió en otras épocas históricas, Talavera no se unió a las rebeliones de la cercana ciudad de Toledo y estuvo de parte del bando contrario. El caso más evidente se dio durante el levantamiento de los comuneros, cuando nuestra villa permaneció fiel al Emperador. Sobre ello se conoce la significativa anécdota histórica en la que, cuando desde Toledo llegó una carta para que los talaveranos se unan a la sublevación, un tal Juan García de Cuerva se levantó durante la junta celebrada por los vecinos en la iglesia de San Pedro y dijo: “Señores, buen Rey tenemos y estamos como estamos”, siendo por aclamación  rechazado el apoyo al Toledo sublevado, aunque, curiosamente, uno de los tres famosos cabecillas de la revuelta, Maldonado, era de familia de origen talaverano afincada en Salamanca, descendiente del famoso doctor Talavera, que asesoró a Isabel la Católica sobre la empresa americana entre otras cuestiones. El también talaverano Hernán Duque de Estrada fue embajador del Emperador y a él le encomendó a su madre Juana la Loca durante su retiro forzoso en Tordesillas. Éste y otros personajes originarios de nuestra villa como el obispo García de Loaysa, confesor de Carlos V, tendrán gran influencia en la Corte.

La Talavera pujante del siglo XVI en el dibujo de Van der Wingaerde

En fecha tan temprana como es el siglo XIII se comienzan a desgajar determinadas zonas de las antiguas tierras talaveranas. Sancho IV otorga Mejorada y Marrupe a su Portero Mayor, Alfonso XI en el siglo XIV funda el monasterio de Guadalupe y segrega parte de la dehesa de Ivan Román para dársela al recién fundado cenobio. En 1556 ya adquieren su privilegio de villazgo las lejanas localidades de Castilblanco y Valdecaballeros, en la actual provincia de Badajoz, aunque curiosamente esta última localidad es la única que en la actualidad lleva con orgullo en su escudo la torre y los dos toros del emblema talaverano, como símbolo de la antigua pertenencia a las tierras de Talavera..

El reinado de Felipe II tiene aspectos positivos y negativos para Talavera. Por un lado favorece a la cerámica declarándola junto a la de Sevilla como una especie de “cerámica oficial del reino”, pasa en varias ocasiones por nuestra ciudad y se sorprende en una de ellas con el templo de la Virgen del Prado bautizándola como“la Reina de las Ermitas”, pero, sin embargo, acuciado por las deudas de guerra otorga a los lugares de su demarcación el privilegio de villazgo, comenzando por Espinoso, aunque Talavera consigue retrasar la independencia de sus antiguas aldeas pagando al monarca una cantidad considerable.

El siglo XVII es una época de decadencia, aunque en la primera mitad Talavera disfruta del gran esplendor de su industria más significativa, la cerámica. Así, don Francisco de Quevedo en una de sus jácaras nos llama “hijos del vidriado”, demostrando además en esos mismos escritos conocer muy de cerca los prostíbulos de la ciudad.

El siglo XVIII es para Talavera una época de recuperación económica y demográfica, como para casi todo el territorio nacional, pero ese avance se retrasa en los primeros años porque nuestro territorio debe sufrir el paso de los ejércitos contendientes en la Guerra de Sucesión.

En la iglesia de San Andrés quedan algunas casullas fabricadas en las Reales Fábricas de Seda de Talavera

Sin embargo, durante el reinado de Fernado VI, mediado ya el siglo, se produce un hecho de vital importancia para la historia de la ciudad: la decisión de don José de Carvajal, un verdadero benefactor de Talavera que ni siquiera tiene una calle en ella, de instalar a las órdenes del ingeniero francés Juan Rulière las Reales Fábricas de Seda que llegarán a dar de comer a tres mil familias de Talavera y su comarca. Una instalación fabril que probablemente fuera en aquel tiempo la mayor de la península y que supuso un cambio importante para la economía local. Durante esa época Talavera llega a ser una ciudad cosmopolita donde se mezclan las lenguas de los cientos de operarios franceses, suizos o piamonteses traídos para enseñar sus técnicas artesanas a los obreros locales. También traen sus costumbres y su religión protestante, que chocan con la sobria cultura católica de una villa castellana. El ministro Carvajal, viendo el progreso de la fábrica quiso constituir en Talavera una intendencia, una especie de provincia de la época independiente de la de Toledo, añadiéndole una parte de la de Ávila para encomendársela a don Juan Rulière junto a la dirección de las fábricas, pero él mismo le pidió que lo suspendiese hasta que éstas tomasen más cuerpo. El encarcelamiento de Rulière, debido a una malversación que luego demuestra falsa y fruto de la coalición de varios de sus enemigos, hace que la fábrica entre en una franca decadencia que culminará cuando los franceses, a quienes se había copiado la tecnología, al llegar a Talavera destruyan en gran parte sus instalaciones. Pero esta destrucción es sólo una pequeña muestra de los males causados por la presencia del ejército napoleónico y la Batalla de Talavera, con toda la secuela de hambre, pobreza y despoblación y expolio causados por ellos, ya que el número de vecinos  de la ciudad llega a reducirse a la cuarta parte. Pero sin embargo los franceses perciben también la unidad territorial, la unidad geográfica de Talavera y sus tierras, y deciden estructurar su territorio como la subprefectura de Campo Arañuelo en el marco de la prefectura de Cáceres. De nuevo nos unen a Extremadura, como cuando los hombres del calcolítico venidos de allí construían sus dólmenes o cuando los romanos nos situaron en la Lusitania.

Escudo real de las Fábricas de Seda en el ábside de la ermita

Talavera va saliendo como puede de la grave situación de crisis en que la dejan las tropas napoleónicas y el declive de las fábricas de seda. Sorprendentemente se produce aquí el primer alzamiento carlista de España, cuando se subleva el jefe de correos. La revuelta es sofocada,  la mayor parte de sus protagonistas ejecutados y Talavera no volverá a tener protagonismo en las crónicas guerras carlistas del siglo, aunque su comarca sí sufrirá las partidas y el bandidaje que éstas dejan como secuela.

EL TABÚ PROVINCIAL

EL TABÚ PROVINCIAL

Curioso mapa de los caciques españoles por provincias en el siglo XIX
 

Cuando Moisés bajo con las Tablas de la Ley del monte Sinaí lo que iba escrito en ellas no eran los diez mandamientos, sino la división provincial que Javier de Burgos hizo en 1833, porque esta división es tratada por políticos e intelectuales como si fuera una verdad revelada, como una distribución territorial sin posible contestación ni cuestionamiento.

Y cuídense de cuestionarla aquellos que no la consideren adecuada porque rápidamente sufrirán el anatema de todos aquellos que jamás han estudiado historia ni geografía, sufriendo improperios del tipo de paleto, o provinciano, que es curioso calificativo para aquellos que no están a favor de la división provincial.

Esta división se hizo al estilo de las divisiones coloniales africanas trazando líneas y fronteras muchas veces caprichosas o directamente derivadas de los intereses caciquiles de espadones y magnates de entonces. Es una división territorial que ha acabado machacando a la comarca de Talavera .

Distribución del territorio de 1813 anterior a las provincias en la que Talavera y su tierra esan diferenciadas

Unos años antes de esa división caprichosa y muchas veces absurda los franceses habían percibido la unidad geográfica y cultural de las tierras de Talavera y habían decidido delimitar la subprefectura de Campo Arañuelo con capital en nuestra ciudad. En el siglo XVIII se le propuso a Juan Ruliêre, director de las Reales Fábricas de Sedas que se hiciera cargo de una·»provincia» que abarcaría los territorios en los que la producción del gusano  estaba bajo su jurisdicción y que coincidía con la comarca natural y económica de Talavera incluyendo el valle del Tiétar y la Vera alta, aunque el pobre don Juan se negó porque bastante tenía con organizar las Reales Fábricas.

Mapa de España de la la época de Carlos IV en el que Talavera también forma una unidad del territorio
 
También a principios del siglo XIX organizaron los liberales una distribución territorial en la que Arenas se llamó Arenas de Talavera o Higuera de las Dueñas se denominó Higuera de Talavera, pero llegó la división provincial que fragmentó las Tierras de Talavera entre varias provincias, hasta el punto de que, por ejemplo, su histórica tierra de repoblación que es La Jara se dividió de forma un tanto pintoresca entre la provincia de Cáceres (Alía, Castañar de Ibor, Navalvillar, el despoblado de La Avellaneda, Villar, Navatrasierra, Carrascalejo, Valdelacasa, Garvín, Peraleda, y Guadalupe), la provincia de Badajoz (Castilblanco y
Valdecaballeros), Ciudad Real (Anchuras) y Toledo.

Una tierra que quedó absolutamente descuartizada por la división provincial, y que ya acabaron de fastidiar con la división autonómica, que nos separó definitivamente de esos territorios a los que durante siglos habíamos estado unidos desde todos los puntos de vista, aunque también podríamos remontarnos a intentos aún más lejanos de hacer de nuestro territorio algo unido, como el que se acometió durante el reinado de Carlos V al querer hacer un obispado en Talavera, que por supuesto no pudo vencer la férrea oposición de Toledo que frustró el intento.

Talavera en la prefectura de Cáceres era la subprefectura de Campo Arañuelo durante la ocupación francesa

Y en época más reciente, los factores económicos hicieron que, por ejemplo, para dar servicio a su amplísima comarca económica se hiciera en Talavera una delegación del Banco de España que muestra en su zaguán (no me gusta lo de «hall») un curioso mapa en azulejos de Ruiz de Luna con todos esos territorios desgajados.

Cuestionar esa división provincial que tanto nos ha maltratado parece a los ojos de algunos un delito equiparable al de los asesinos múltiples o los traficantes de armas, y no señores, todo es cuestionable en democracia (si es que esto es una democracia, que lo dudo) y hay comunidades autónomas en las que se ha reconocido un estatus especial a territorios diferenciados como es el caso de Ponferrada y el Bierzo en Castilla y León, comarca que cuenta con un estatuto especial dentro de su comunidad autónoma. También hay autonomías como Galicia o Cataluña que han comarcalizado la administración y nadie se ha rasgado las vestiduras.

Allá por los años de la Santa Transición, cuando los que no gustaban mucho de él decían que el estado autonómico supondría un aumento poco eficiente del gasto, como así fue, los defensores del mismo argumentaban que eso era algo absolutamente equivocado porque en el nuevo estado democrático se eliminarían las diputaciones provinciales, pero ahí las tenemos, pues han resultado ser un nicho de empleo importante para los partidos y sus pesebreros, y oiga, con las cosas de comer no se juega, y por tanto seguirán haciéndonos creer que la división provincial es palabra de Dios.
Plano de la comarca económica de Talavera de Ruiz de Luna en el antiguo Banco de España

CONDICIONANTES GEOGRÁFICOS EN EL TRAJE TRADICIONAL DE LAS TIERRAS DE TALAVERA

CONDICIONANTES GEOGRÁFICOS EN EL TRAJE TRADICIONAL DE LAS TIERRAS DE TALAVERA

Campesinos con sus vestimentas tradicionales a principios de siglo en la plaza del Reloj

Muchos de los datos etnográficos pueden llegarnos desde el análisis de la distribución geográfica de la tipología de los trajes en general y de sus diferentes prendas y complementos en particular. Este reparto territorial sólo a grandes rasgos coincide con delimitaciones históricas, casi nunca con delimitaciones político administrativas, y jamás con las arbitrarias aunque consolidadas divisiones provinciales. Sí que es, sin embargo, más coincidente con regiones y comarcas naturales, aunque tampoco de manera absoluta.

El problema surge cuando hay que determinar el límite de las comarcas naturales en función de su geología, su topografía, su clima, su fauna y su flora, o factores de más difícil determinación como son los étnicos o históricos que además se difuminan entre las divisiones políticas y administrativas, que poco tienen que ver con las comarcas estrictamente naturales y culturales. Éste es el caso de Talavera y su Tierra que como zona de intersección de varias comarcas naturales formaría más bien una “región” en el sentido estrictamente geográfico de la palabra, como ha indicado don Fernando Jiménez de Gregorio. La integración de todos estos aspectos, unidos al estudio de la cultura material y espiritual de esas zonas, es la que en definitiva nos dará una visión más aproximada de una geografía de la indumentaria.

Talaveranas dibujadas en 1809 por un oficial británico herido en la batalla de Talavera

Este método nos llevará al trazado de mapas donde podremos delimitar centros de aparición de características concretas de los trajes, así como determinar las áreas de extensión de elementos específicos de la indumentaria. De gran utilidad será comparar estos planos con los de distribución de los aperos, los ajuares, la ornamentación etc…

Talavera de la Reina se sitúa en una zona de confluencia de tres regiones administrativas, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Extremadura, y son por tanto variadas las influencias culturales que inciden en su etnografía y costumbres. Por otra parte, la actividad comercial ha sido una constante histórica en la ciudad, que se ha convertido durante siglos en el lugar donde acudían las gentes de una extensa zona de influencia para vender sus productos o comprar herramientas, aperos y todo tipo de suministros.

Una mujer y dosniñosen una vista parcial de una postal de Ruiz de Luna

El Mercado de Ganados, uno de los principales del territorio nacional, ha traído hasta la ciudad a ganaderos y tratantes de toda España desde hace ochocientos años. Las ferias locales, tan unidas al mundo agropecuario, han condicionado también el flujo de numerosos visitantes a Talavera, que hoy día cuenta con una parte muy importante de su población venida de diferentes lugares de su extenso alfoz. Por otra parte, son muchas las cañadas y cordeles ganaderos que atraviesan por nuestra comarca, con el trasiego humano que en dirección norte-sur se producía todos los años con el paso de los “serranos” con sus rebaños. En dirección este-oeste las tierras de Talavera han sido siempre el lugar de paso hacia Extremadura y Portugal desde el centro peninsular y las capitales del reino, Toledo o Madrid según las épocas.

Esa extensa comarca natural es además variadísima en su orografía, edafología y ecosistemas, a los que el hombre ha debido adaptarse produciéndose en el entorno una gran variedad cultural desde el punto de vista etnográfico, condicionando numerosas variantes en la arquitectura popular, la gastronomía, o la cultura material, e influyendo concretamente también en el traje tradicional.

Campesino  en un anuncio comercial de comienzos del siglo XX

La zona geográfica que abarca el presente trabajo, aunque no considera todas las comarcas de esa región etnográfica talaverana, sí va a fijar su atención en tres partes bien diferenciadas desde todos los puntos de vista geográficos y culturales: la Sierra de San Vicente, La Jara y la propia Talavera con el Horcajo de Santa María y el valle del Tajo.

Otro de los factores que modifican desde el punto de vista geográfico el diseño de los trajes es algo tan sencillo como la disponibilidad de las materias primas o de los artesanos necesarios, y así por ejemplo, en el pueblo de Segurilla vivía una artesana del pueblo abulense de Navalosa que como otras personas de su localidad salían de su apartada aldea en Gredos para recorrer los pueblos cercanos del valle del Tiétar y del Tajo ofreciendo su artesanía como cesteros, banasteros, hojalateros etc. y que incluso a veces se asentaban en esos pueblos. Esta señora ha hecho muchos de los refajos que hoy se utilizan en Segurilla, dejando en los motivos de fieltro con que se les adorna la impregnación cultural de su pueblo de origen. Otro ejemplo es el de algunos pueblos de la Sierra de San Vicente, que adquieren sus refajos en Pedrobernardo, y aunque la Sierra de San Vicente fue repoblada por la ciudad de Ávila en la Edad Media y tiene también por proximidad características comunes con el valle del Tiétar, no deja de desvirtuar el traje propio y los motivos decorativos que tradicionalmente se han utilizado, aunque el mestizaje de culturas es algo inevitable que siempre se ha producido en todos los niveles.

Anciana a principios del sigloXX

ARQUITECTURA POPULAR 1: CONDICIONANTES CLIMÁTICOS, GEOGRÁFICOS E HISTÓRICOS

ARQUITECTURA POPULAR 1:

CONDICIONANTES CLIMÁTICOS, GEOGRÁFICOS E HISTÓRICOS

Comenzamos hoy con una serie de artículos sobre la arquitectura popular de las Tierras de Talavera. Hoy, condicionantes climáticos, geográficos e históricos

Arquitectura popular de Valdeverdeja
Arquitectura popular de Valdeverdeja

Talavera y su entorno, como zona históricamente fronteriza, oomo nudo de comunicaciones desde la antigüedad, ha sido influenciada por las culturas próximas y por los pueblos que por aquí han  pasado.

No se puede por tanto hablar de homogeneidad en su arquitectura popular, como sucede en muchos otros de sus elementos culturales y etnográficos. La variedad es la ley en esta oomarca natural de Talavera que como tal estudiaremos, olvidando las divisiones históricas o administrativas.

Podemos diferenciar, sin embargo, algunas subcomarcas con características propias, aunque sin trazar líneas de división absolutas. Sierra de San Vicente, Jara Alta, Jara Baja, Campana de Oropesa, Valdepusa, o el Valle del Tajo y el Horcajo son estas subcomarcas que más tarde estudiaremos específicamente.

Labranza en La Jara
Labranza en La Jara

Veremos reflejadas las influencias extremeñas, castellanas, leonesas y toledano-mudejaristas que han impregnado la estética y el utilitarismo de la vivienda en estas tierras. No son solamente condicionantes geográficos y culturales los que modifican la arquitectura sino que las variantes climáticas, la disponibilidad de materiales y las vías de comunicación, influirán en las formas de hábitat humano.

Climatología de la comarca de Talavera
Climatología de la comarca de Talavera

Condicionantes climáticos

El clima mediterráneo continental es común a toda nuestra comarca pero la occidentalidad nuestra situación lo suaviza un tanto dándole ciertas características oceánicas, como son una menor extremosidad en las temperaturas y algo más de pluviosidad que en los climas puramente mesetarios.

Otros factores son más locales como la humedad ambiente del valle del Tajo, la proximidad a Gredos de los pueblos más norteños o la cercanía de las sierras jareñas o de San Vicente a otras localidades.

En la Jara Baja, el régimen de precipitaciones es el de los climas secos, con precipitaciones medias anuales que no llegan a superar los quinientos milímetros por metro cuadrado, a medida que nos aproximamos al valle del Tajo aumentan las lluvias hasta aproximarse al clima casi subhúmedo de la misma Talavera con casi seiscientos milímetros o Calera con seiscientos treinta.

También es clima subhúmedo el de las cumbres jareñas o el de la Sierra de San Vicente. Solamente encontramos clima húmedo dentro de nuestra comarca en la parte más noroeste, en las zonas más cercanas a Gredos de los términos de Ventas de San Julián y Oropesa, con precipitaciones cercanas a los mil milímetros por metro cuadrado.

La influencia oceánica se manifiesta además en un menor número de heladas, y aunque las temperaturas máximas son similares a las del resto de la región, la temperatura media anual es por ello algo superior, debido a lo cual en pueblos como Calera, Cazalegas, Valdeverdeja o Talavera las temperaturas medias anuales son 16.6, 15,4, 15,7 y 15,3 respectivamente.

Arquitectura popular de El Casar de Talavera
Arquitectura popular de El Casar de Talavera

La nieve no suele resultar un problema salvo en las dos zonas serranas ya aludidas y en escasas ocasiones.

Aunque con las matizaciones reflejadas, no deja el nuestro de ser un clima mesetario con heladas invernales y veranos muy secos, con temperaturas que sobrepasan los cuarenta grados y con más de tres mil horas anuales de insolación.

Referencias históricas

A finales del siglo XVI se recogieron en buen número de los pueblos de nuestra comarca las llamadas «Relaciones de Felipe II », en ellas se interrogaba sobre diferentes cuestiones a los vecinos relevantes de villas y lugares y en las preguntas numeradas como 30 o 35, según el cuestionario de 1568 o el del año 1572 respectivamente, se pide que se diga “la suerte de las casas y edificios que se usan en el pueblo, y de qué materiales son, y si lo hay en la tierra o los traen de otra parte”.

Esgrafiados típicos en una vivienda de Cazalegas
Esgrafiados típicos en una vivienda de Cazalegas

El análisis de todos los datos extraídos de estas Relaciones nos aporta interesantes detalles sobre tradiciones arquitectónicas, utilización y extracción de materiales con el origen de los mismos, e incluso dimensiones de las viviendas. Tienen estos valiosos cuestionarios, el inconveniente de no haberse realizado o no estar publicados los correspondientes a los pueblos de la Campana de Oropesa y muchos de la sierra de San Vicente. En las «cartas puebla» con las que los señores medievales regulaban los nuevos asentamientos en sus territorios también se hallan algunas noticias sobre las características mínimas exigidas por el feudal a los repobladores de su señorío para la construcción de sus viviendas.

Del Catastro de Ensenada, realizado a finales del siglo XVIII pueden también entresacarse algunas referencias a las características y dimensiones de los inmuebles objeto de esta recopilación de datos fiscales. Pero para lo que nos interesa aquí es preciso conocer sobre todo las denominadas respuestas individuales de dicho Catastro.

El Diccionario Geográfico de Pascual Madoz (1845) nos ofrece escasos apartados donde a lo sumo se hacen alusiones a la calidad general de las viviendas de una localidad determinada.

Mucho más interesante es el Diccionario de los Pueblo de la Provincia de Toledo de Luis Monreno Nieto que, escrito a mediados del siglo pasado, acumula gran cantidad de referencias no solo a los materiales de las clases populares sino también a sus plantas, distribución, aparejos e incluso salubridad, y todo ello, justo en la época anterior a la masiva destrucción de nuestro patrimonio de arquitectura vernácula.

TALAVERA Y LA TRASHUMANCIA

La Cañada Leonesa Oriental a su paso por el Baldío de Velada

TALAVERA Y LA TRASHUMANCIA

Artículo publicado en el programa de la fiesta de 1994 de la Hermandad de San Isidro de Talavera sobre la relación de Talavera y su Tierra con la trashumancia en sus aspectos generales que ampliaremos en otras entradas

Esquileo de ovejas
Esquileo de ovejas

Es de todos conocida la vinculación de nuestras Tierras de Talavera con el mundo de la ganadería en todos sus aspectos. Su mercado de ganados, con referencias históricas desde el siglo XIII, la abundancia de pastizales, en tierras poco propicias para la agricultura como La Jara y la Sierra de San Vicente; o los pastos ribereños de las numerosas corrientes fluviales que surcan nuestra comarca son algunos de los factores que unieron desde antiguo a sus habitantes con el mundo pecuario.

Pero otra actividad casi olvidada condicionó en gran manera las formas de vida de nuestras gentes vinculándonos al mundo pastoril, y es la importancia que tuvo Talavera como nudo de comunicaciones de esa red de cañadas y cordeles por donde un incesante trasiego de ganados, sobre todo de oveja merina, constituyó desde la Edad Media una de las actividades económicas más importantes de España hasta el siglo XIX, la trashumancia.

Curiosa coincidencia entre el trazado de las cañadas y los monumentos megalíticos de la comarca
Curiosa coincidencia entre el trazado de las cañadas y los monumentos megalíticos de la comarca

Talavera es una ciudad que se formó en torno a un vado del Tajo, antes incluso de que se construyera el puente romano, cruzarían por nuestro río ‘ganados y personas a través de ese tramo del cauce rico en islotes y arenales  más facfilmente vadeble que otros trayectos del Tajo con fondos más profundos y orillas más ásperas. Su situación geográfica en el camino natural que desciende desde el puerto del Pico, aumentó su importancia estratégica junto al hecho de trascurrir también por nuestras tierras otra vía romana que unía Toletum con Emérita Augusta.

Las  cañadas ganaderas han sido consideradas por muchos autores como caminos prerromanos y en nuestra comarca es curioso constatar cómo los monumentos megalíticos con hasta 4.500 años de antigüedad que se han encontrado en ella se sitúan muy próximos a estos caminos pecuarios, es el caso de los dólmenes de Azután y La Estrella, el menhir de Velada y el de Parrillas, los dólmenes de Navalcán, y de Almendral de la Cañada, que como veis, lleva la trashumancia hasta en el nombre. Algunos van más lejos e incluso consideran que en parte eran las vías migratorias de las manadas salvajes, como todavía sucede en África

Demos ahora un salto en el tiempo, y nos encontramos 2000 años después con que esta zona se encuentra poblada por un pueblo eminentemente ganadero y que al parecer llevaba con sus ganados una vida poco sedentaria, me refiero a los vettones, ese pueblo que dejó salpicada la comarca con sus esculturas graníticas que representan a sus animales, cerdos o toros, y que todos conocemos como “verracos”, de los que entre los más conocidos y accesibles podemos enumerar el de Castillo de Bayuela, los deTorralba de Oropesa, los gemelos de El Bercial, o el de la Torre del Polvorín, en Talavera y más conocido como la Cabeza del Moro.

Fuente de Almendral situada en la misma Cañada Leonesa Oriental
Fuente de Almendral situada en la misma Cañada Leonesa Oriental

Ya hemos visto la importancia de las vías romanas para las comunicaciones ganaderas denuestra comarca. La conquista musulmana hace que para proteger la zona en las épocas de conflictos e inseguridad se repueble “Talvira” y su entorno con aguerridos pueblos pastoriles y guerreros bereberes que defenderán su importancia estratégica.

En Talavera se producía una de las lanas más finas de oveja merina de toda España, e incluso algunos autores han querido ver el origen de la palabra “merina” en las ovejas que trajeron consigo las tribus norteafrícanas de los Beni-Merines.

Conquistada la orilla norte del Tajo en 1065 por Alfonso VI queda entre este río y el Guadiana una zona despoblada y peligrosa por las razzias frecuentes de ambos bandos, tierra de nadie. Nos referimos a La Jara, y esta inseguridad condicionó en gran medida una mayor actividad ganadera en la zona ya que la movilidad del ganado permitía ponerlo a salvo en caso de peligro. Esto era mucho más difícil hacerlo con las cosechas, que tenían muchas probabilidades de acabar quemadas.

La palabra berebere “mechta” designa los campamentos invernales de los ganaderos nóma-das argelinos, y es en el reinado de Alfonso X el Sabio cuando se funda el Honrado Concejo de la Mesta que reconoce la activídad de la trashumancia, la regula y pone bajo la proteccíon del monarca a lo que se conocía como “la Cabaña Real” que agrupaba a todos los ganados del reino.

Consolidadas las fronteras con los árabes en los siglos XIII, XIV y XV tras el avance de la Reconquista, la actividad ganadera tanto estante como trashumante se sigue desarrollando en las tierras de Talavera constituyendo ya en la Baja Edad Media un sector económco de peso considerable.

Carnero merino
Carnero merino

De las tierras de Soria, Sigüenza, El Escorial etc…  venían los ganados por la Cañada Segoviana a parar a Escalona y desde aquí se dirigían pasando el puente del Alberche a los pastos de invierno de Talavera y Guadalupe. De tierras algo mas occidentales venían los rebaños que accedían a Talavera a través de la cañada leonesa oriental que pasa por Navamorcuende, cruzando el Tajo. En Alcaudete  confluían los ganados que habían atravesado el río en la Puebla de Montalbân.  La Cañada Leonesa Occidental discurría por Velada y por tierras de Oropesa hacia Puente del Arzobíspo encontrándose con los ganados que procedían de Alcaudete en el Puerto de San Vicente. Un entramado de cordeles y veredas formaban una tupida red que, observándola hoy en un plano, nos da idea de esa importancia de la trashumancia en la vida de nuestros paisanos en siglos pasados.

Pisode un puente de la Mesta sobre el Huso

El trasiego ganadero producía ciertos beneficios al fisco local, como era la llamada “’oveja del Verde”, impuesto que se cobraba al ganado trashumante por utilizar los entonces muy abundantes pastos comunales de Talavera. Los puentes daban también beneficios considerables por el derecho de pontazgo, que ocasionó graves disputas, incluso muertos, por la competencia  originada entre el puente de Talavera y el de Azután, perteneciente al poderoso convento de San Clemente de Toledo y, más tarde, conflictos de las monjas señoras de Azután con el Arzobispo Tenorio por la construcción del puente que da nombre a la villa de Puente del Arzobispo.

Por otro lado los cuadrilleros de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera cobraban otro impuesto, “la asadura”, a cambio de la protección de esta policía rural en los montes y despoblados de La Jara donde bandidos, golfines y cuatreros amargaban el viaje a los trashumantes. Durante el reinado de los Reyes Católicos, alcanza el Horrado Concejo de la Mesta un esplendor no ajeno a la protección real, desde el siglo XVI son numerosos los documentos históricos que nos hablan del alquiler de los pastos en muchas localidades de nuestro entorno.

Un lento declinar acabará con el Honrado Concejo a principios del siglo XIX, aunque incluso hoy día vemos descender algunas vacadas por el Puerto del Pico para dirigirse a los pastos de Extremadura. La Mesta tuvo en varias ocasiones a Talavera como sede de sus juntas anuales, donde acudían ganaderos de toda España. Diremos por últirno que la patrona del Honrado Concejo de la Mesta es una virgen aparecida en las antiguas tierras de Talavera, la Virgen de Guadalupe a la que se encomendaban los pastores de la que fue “principal sustancia de estos reinos”, la ganadería trashumante.

Miguel Méndez-Cabeza

Puente de la mesta y el concejo de Talavera sobre el río Huso cerca de Aldeanueva de Barbarroya