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NOS ACERCAMOS A BUENAVENTURA

NOS ACERCAMOS A BUENAVENTURA

Arquitectura popular de Buenaventura

Cuando nos dirigimos desde Talavera a Mijares y Gavilanes  en el valle del Tiétar pasaremos por Buenaventura, pueblecito de la Sierra de San Vicente ribereño del Tiétar. Es una de las antiguas aldeasdel Señorío de los Dávila en Navamorcuende cuya historia ya comentamos cuando hablamos de este pueblo.

Un paseo por el caserío nos mostrará algunas viviendas pintorescas en mampostería con los balconcillos típicos del valle del Tiétar. Seguir leyendo NOS ACERCAMOS A BUENAVENTURA

EL CONVENTO DEL PIÉLAGO, LA ERMITA Y LA ABADÍA

EL CONVENTO DE EL PIÉLAGO

Son varios los edificios relacionados con los Santos Mártires que se sitúan en el Piélago y la cumbre de la Sierra de San Vicente.

Restos de los muos de la antigua abadía de San Vicente

LA ABADÍA DE SAN VICENTE DE LA SIERRA

En primer lugar tenemos que hablar de la llamada Abadía de San Vicente que a mediados del siglo XII se fundó en estas alturas por monjes de la orden regular de San Rufo que venían de Aviñón. Fueron enviados aquí por el Papa Adriano IV que solicitó la fundación a el rey Alfonso VII. Una de las causas de estas fundaciones era la repoblación de los territorios recién reconquistados a los musulmanes.

El castillo árabe de la cumbre parece que formó parte de sus dependencias y el abad tenía encomendadas las llaves del mismo. Fue la primera fundación de canónigos regulares dependientes de la diócesis de Toledo, aunque se encuentre en territorio del obispado de Ávila. Tuvo gran influencia en la comarca de Talavera.

Pero los restos que quedan del mismo son apenas unos muros de anchura considerable que se encuentran en el collado inmediato al castillo en su lado oriental.

Ermita de la Virgen del Espino o de los Ángeles en fotografía del libro de Esteban y Jesús Sánchez sobre Hinojosa

LA ERMITA DEL PIÉLAGO

No debemos confundirla con el eremitorio de la cueva de los Santos Mártires pues era una ermita que primero estuvo bajo la advocación de la Virgen del Espino más tarde del Piélago y porteriormente Nuestra Señora de los Ángeles, advocación muy frecuente de las ermitas de y conventos de los carmelitas pues fue esta orden la que se estableció en el convento del Piélago junto al que se sitúan las ruinas de la ermita ocultos por las hiedras y las zarzas.

La imagen era venerada en toda la comarca y se hacían numerosas procesiones y rogativas demandando lluvias o salud ante las epidemias.

Virgen del Espino, hoy en la iglesia de Hinojosa, en foto del libro de Esteban y Jesús SanChez

EL CONVENTO CARMELITA DEL PIÉLAGO

Fachada del convento del Piélago

El ermitaño Francisco de Raudona, del que hablamos en el capítulo de la cueva de los Santos Mártires y cuyo enlace adjuntamos más abajo, en el año 1683 pide al provincial de la orden carmelitana fundar un convento junto a la ermita de la virgen del Piélago donde se fue con sus anacoretas bajo la regla de los carmelitas calzados con permiso de los concejos de Hinojosa y Castillo de Bayuela.

Fuente del convento del Piélago

También el Real de San Vicente cedió terreno y un pozo de nieve. Hubo cierta oposición del obispo de Ávila hasta que finalmente llegaron los frailes el 16 de agosto de 1687 desde Torrijos, donde se reunieron procedentes de Madrid, Alcalá de Henares, Valdemoro y Toledo. La ermita de la cueva también quedó en propiedad del monasterio.Su economía mejoró con muchas donaciones y compras de terrenos.

Con su iglesia hoy en ruinas y las dependencias conventuales no muy afortunadamente restauradas sirve hoy como campamento de verano del arzobispado.

Escudo real en la fachada del convento

Se fundó junto a una de las fuentes que dan origen al río Guadyerbas y está construido en sillería de granito y mampostería del mismo material aunque la iglesia presenta algunas zonas aparejo de ladrillo.

Hornacina y escudo de los carmelitas en el convento del Piélago

Las bóvedas del templo se hallan derrumbadas aunque quedan restos reconocibles de algunas capillas. Muchos elementos nobles de la arquitectura del convento han sido pasto del robo y la destrucción.

Interior del convento del Piélago

Los frailes se financiaban especialmente con los pozos de nieve, los molinos y las recuas de mulas que poseían y que alquilaban para hacer portes.

Parte trasera de las dependencias restauradas del monasterio

La legislación de los franceses durante su invasión las sucesivas desamortizaciones y regulaciones contra los monasterios en el siglo XIX llevaron a que en 1835 solamente quedaran 5 monjes y el cenobio fue disuelto pasando a manos particulares hasta que los dueños lo donaron al arzobispado en 1956.

Los que también queráis saber algo más sobre la cueva de los Santos Mártires que dio origen al convento podéis ver el enlace adjunto publicado también en este blog

http://lamejortierradecastilla.com/la-cueva-de-los-santos-martires/

EXCURSIÓN AL PIÉLAGO

CONOCER EL PIÉLAGO

El río Guadyerbas nace en El Piélago en un paraje lleno de magia y elementos históricos y arqueológicos enmarcados por una hermosa naturaleza. En esta excursión vamos a intentar conocerlo

Robledales y castañares de El Piélago
Robledales y castañares de El Piélago

unpaseoporpiélagoPodemos acceder al Piélago desde el Real de San Vicente o desde Navamorcuende, con una distancia desde Talavera de algo más de treinta kilómetros. En el primer caso subiremos entre castañares y en el segundo atravesaremos un hermoso rebollar.

El punto de partida del sendero se sitúa junto a un pinar, justo en el lugar donde la carretera deja de ascender e inicia el descenso en uno u otro sentido. Desde allí recorreremos unos trescientos metros en dirección Navamorcuende hasta un camino que parte desde una curva hacia el repetidor que se sitúa en la cumbre del Cerro Cruces. Cuando hemos avanzado unos cien metros observamos unos muros derruidos a la izquierda, nos acercaremos a ellos y observaremos que se trata de uno de los pozos de nieve donde los frailes del convento cercano acumulaban apisonada la nieve en capas que alternaban con paja. Luego la trasportaban en caballerías hasta Talavera en recipientes de corcho y durante la noche, para tener así menos pérdidas, constituyendo una de las mayores fuentes de ingresos para los frailes. Fue la única forma de refrigeración hasta finales del siglo pasado y de ahí su interés económico. Con ella se hacían también medicamentos pues se creía en su poder curativo, además de los primeros helados ya documentados desde el siglo XVII.

Pozo de nieve de El Piélago
Pozo de nieve de El Piélago

Seguimos por la ladera del Cerro Pelados y atravesamos un pinar contemplando a la izquierda la cuenca formada entre las elevaciones de Cruces, Pelados y San Vicente, que conocemos como El Piélago, lugar llamado así por tener hasta  las cien  fuentes que se contaban en el siglo XVIII. Llegamos junto a la base del cerro de Las Cruces y tomamos el camino que por su loma nos lleva entre robles y rebollos hasta los repetidores de televisión, desde donde podemos disfrutar de una vista incomparable sobre la Sierra de Gredos y sus pueblos, además de las localidades de la cara norte de la Sierra de San Vicente, como Almendral o La Iglesuela.

Una vez disfrutemos del paisaje, descendemos por el camino que bajaba paralelo a una antigua línea eléctrica hasta llegar a la carretera, que pasa entre un conjunto de tres molinos de agua de los que uno de ellos es casi monumental pues tiene todo el edificio y el cubo fabricados en buena sillería.

Seguimos la carretera y cruzamos el río Guadyerbas en su nacimiento, y si es época lluviosa podemos dar un breve paseo por sus orillas viendo cómo desciende con bonitas chorreras y pequeñas cascadas. Volvemos a la carretera y seguimos hasta llegar a la zona de esparcimiento y un campamento.

El Guadyerbas al salir de los robledales de El Piélago
El Guadyerbas al salir de los robledales de El Piélago

Allí podremos descansar, para a continuación seguir de nuevo por la carretera hasta el convento, construcción en ruinas del siglo XVII y XVIII que tiene su encanto típicamente romántico, con su hiedra y su aspecto sombrío. Poco antes del convento, parte de la carretera un camino hacia la derecha, hasta él retrocederemos, y tras recorrer unos trescientos metros veremos a la izquierda, entre los pinos, las ruinas del edificio de otro pozo de nieve.

Desde aquí mismo, o mejor desde el punto inicial de partida, ascenderemos por la linde de los pinos, hasta la cumbre del cerro de San Vicente y allí, junto al vértice geodésico, se encuentra la cueva de los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta, y sobre ella los restos de la ermita que erigió Francisco de Raudona, un hombre casado con una viuda del pueblo de San Román que andando por estos parajes creyó durante una experiencia mística ver en la cueva las marcas sobre la roca de las espaldas de los mártires patrones de Talavera, escondidos aquí cuando huían de las persecuciones del emperador Diocleciano. Sobre la pared de la izquierda se observa una pililla y una cruz labradas en la piedra.

Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente
Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente


A quinientos metros al sur de la cueva está el castillo. Parece que fue musulmán en su origen, y así lo confirman dos enormes cimitarras grabadas sobre la cara sur de la roca que lo sostiene, aunque una de ellas está parcialmente destruida por haberse fragmentado el batolito de granito. La parte más antigua es una torre que se encuentra a saliente y que es de estilo y época califal. La vista panorámica es desde aquí  impresionante: los valles del Alberche y el Tajo, Talavera al fondo a la derecha, al sur los Montes de Toledo y La Jara, más al oeste el Campo Arañuelo y las Sierras de Guadalupe, y debajo Hinojosa, El Real o Garciotún, casi como si fuéramos a caernos sobre ellos.

Castillo musulmán de la Sierra de San vicente
Castillo musulmán de la Sierra de San vicente

HISTORIA Y MAGIA: Pocos lugares tienen como éste una carga histórica y mágica tan acusada. Dice la tradición y la hipótesis histórica del historiador y arqueólogo alemán Schulten, que desde esta sierra atacaba el caudillo lusitano Viriato a las huestes romanas, y que sería el cerro de San Vicente el que los romanos conocieron como Monte de Venus, que tuvo para ellos unas connotaciones mágicas y religiosas. En él se encontraron sepulturas romanas y una dedicatoria a un dios celta prerromano llamado Togote. También los mártires Vicente sabina y Cristeta, los templarios, que algunos defienden que estuvieron por estos pagos, además de los ermitaños, hacen del Cerro de San Vicente un lugar ideal para los amantes de lo esotérico.

Se puede comer en Navamorcuende y en el Real en varios restaurantes donde son de destacar las carnes a buenos precios.

Recorrido aproximado 10 kilómetros,  2 horas y media, aunque si lo deseamos podemos seguir el Guadyerbas en su descenso hasta el embalse y volver en otra hora larga.

CASTILLO DE SAN VICENTE, Castillos de la Comarca 1

CASTILLO DE SAN VICENTE

Castillos de la comarca  1

Castillo de Cerro de San Vicente

Esá situado en la cumbre del Cerro de San Vicente, en una de las dos elevaciones que la forma. En la otra, más al norte, se encuentra el vértice geodésico y la antigua ermita de la cueva de los Santos Mártires. Este es el que Schulten consideraba el Monte de Venus en el que se refugiaba Viriato tras sus correrías contra los romanos.

La vista que desde él se contempla es impresionante, el valle del Alberche, el valle del Tajo con Talavera y por debajo los pueblecitos de la cara sur de la Sierra de San Vicente. La vista panorámica es desde aquí  impresionante: los valles del Alberche  y el embalse de Cazalegas y el Tajo, Talavera al fondo a la derecha, al sur los Montes de Toledo y La Jara, más al oeste el Campo Arañuelo y las Sierras de Guadalupe, y debajo Hinojosa, El Real o Garciotún, casi como si fuéramos a caernos sobre ellos.

Torre califal del castillo de San Vicente, construcción probablemente anterior al propio castillo

Aunque hay referencias de restos romanos y prerromanos en el cerro, las primeras referencias que tenemos de él aparecen en las relaciones de Felipe II de Bayuela, en las que se dice que es de origen templario, no sabemos si por confusión con el hecho de que en esta sierra se encontraba una abadía de canónigos regulares procedentes de San Rufo en Avignon,  que incluso tenía silla en el cabildo de la catedral de Toledo y a quien pudo habérselo donado Alfonso VII Aunque es más que dudoso que los templarios estuvieran por aquí por cuestiones cronológicas, también el padre Mariana hace alusión a la orden templaria como primera pobladora del castillo, pero en todo caso sería posterior a la ocupación musulmana que al menos la torre oriental fueron quienes la construyeron, una torre emiral en torno a la que se construiría el castillo en época califal. El aparejo de los muros de la torre también sugeriría esa cronología.

Ventana en la torre occidental del castillo de la sierra de San Vicente

Aparte de los numerosos muros derruidos de y los restos de las torres se puede ver una estructura cuadrada en la vahuada anterior al castillo de la que solamente se ven sus gruesos muros que no sabemos si pertenece a esa época o a otra. También se puede ver dos enormes cimitarras grabadas sobre la cara sur de la roca que lo sostiene, aunque una de ellas está parcialmente destruida por haberse fragmentado el batolito de granito. 

El mango de una de las cimitarras, símbolo del Islam grabadas en la roca sobre la que se asienta el castillo.

HISTORIA Y MAGIA: Pocos lugares tienen como éste una carga histórica y mágica tan acusada. Dice la tradición y la hipótesis histórica del historiador y arqueólogo alemán Schulten, que desde esta sierra atacaba el caudillo lusitano Viriato a las huestes romanas, y que sería el cerro de San Vicente el que los romanos conocieron como Monte de Venus, que tuvo para ellos unas connotaciones mágicas y religiosas. En él se encontraron sepulturas romanas y una dedicatoria a un dios celta prerromano llamado Togote. También los mártires Vicente sabina y Cristeta, los templarios, que algunos defienden que estuvieron por estos pagos, además de los ermitaños, hacen del Cerro de San Vicente un lugar ideal para los amantes de lo esotérico.

HISTORIA DE LOS MOLINOS EN EL VALLE DEL ALBERCHE Y SIERRA DE SAN VICENTE

HISTORIA DE LOS MOLINOS EN EL VALLE DEL ALBERCHE Y SIERRA DE SAN VICENTE

Cárcavo con su rodezno en un molino de la Sierra de San Vicente

Antes de dar unos apuntes sobre los molinos ya descritos de la Sierra de San Vicente y Valle del Alberche vamos a conocer algunos que todavía no hemos descrito.

En Nombela existen referencias históricas de hasta seis molinos. Tres de ellos permanecen todavía en pie con su llamativa arquitectura popular en mampostería de granito (Pa 1), (PA 2) y (Pa 3). El segundo no tiene presa pero consigue desviar el agua mediante el curioso sistema de haberse labrado una acanaladura en la roca de una chorrera. En las proximidades del pueblo hay noticias de la existencia de otros tres molinillos pero los restos son prácticamente irreconocibles.

Sobre el arroyo Pedroso de Aldeancabo de Escalona queda un cubillo de menos de un metro de diámetro, tal vez el menor de la provincia, y sobre el arroyo de Pedrillán funcionaron cuatro artificios (Pe 1), (Pe 2) (Foto 38), (Pe 3) y (Pe 4). Sus ruinas nos permiten constatar que el primero movía su rodezno mediante un cubo de grandes proporciones, el segundo era de doble rampa con dos piedras, el tercero era muy similar al anterior y el último tenía por receptor un doble cubo muy arruinado en la actualidad.

Molino en el arroyo Pedrillán de Nombela

En Almorox quedan restos de tres molinos, dos de ellos en el arroyo de Tabalón, uno muy modificado como segunda vivienda (Tr 1) y otro con un cubo de planta cuadrada (Tr 2). El tercero, ya sobre el arroyo Tordillos, tiene una gran rampa que daba movimiento a dos piedras (Tr3).

En Escalona, la capital del señorío, hubo en el siglo XVII un molino harinero de dos piedras que funcionaba ocho meses al año, podemos por ello presumir que molía con las aguas del río Alberche pues resulta ser el único río de la zona con caudal suficiente durante tan largo periodo tiempo. Actualmente no he hallado resto alguno de este ingenio.

Cubo de un molino junto al castillo de San Silvestre, cerca de Maqueda

Historia

No es mucha la documentación molinera histórica sobre esta comarca. En las Relaciones de Felipe II referentes al pueblo de Los Cerralbos se dice que cuando el río Tajo iba crecido se molía en la sierra de Castillo de Bayuela. Ya hemos visto que en la zona de Puente y Valdeverdeja sí se dotó a sus grandes artificios de molinos de creciente o de invierno, pero no he hallado otros casos similares en el resto de la provincia. Esta carencia llevaba a los habitantes de sus comarcas a buscar alternativas en caso de inundación.     En las respuestas de San Román aparecen ya los molinos de Guadamora y, en cuanto a la zona oriental de la Sierra de San Vicente, sí que se alude a los molinos del arroyo de La Parra en Nombela y al hecho de que los vecinos de Santa Cruz de Retamar  iban a moler su grano al arroyo Tordillos de Almorox.

En el siglo XVIII el Catastro de Ensenada nos aporta una interesante serie de referencias a los molinos serranos. Un primer vistazo sobre el número y la dispersión de los artificios nos lleva a pensar que la práctica totalidad de ellos son los que hoy, más o menos arruinados o reformados, hemos podido estudiar. Así, en Almendral molía uno sobre el arroyo de Las Anchuelas, en Almorox ya funcionaban los tres del Tordillos que, según el diccionario de Madoz, también lo hacían en 1845. En Buenaventura sucedía lo mismo con su único ejemplar.

En Castillo de Bayuela seguían moliendo los vetustos artificios de Guadmora y El Batán, el ya referido afluente del Saucedoso. En el mismo Saucedoso ya molían los cinco ejemplares de los que pueden verse restos en la actualidad. Esta coincidencia se produce también con los ejemplares únicos de Sotillo de las Palomas, Sartajada y San Román, o con los tres ejemplares de La Iglesuela o de Pelahustán. Sin embargo, en otras villas como Nuño Gómez o Marrupe, localizamos hoy incluso un molino más. En Nombela y El Real de San Vicente son dos más los ingenios actuales y cuatro, aunque estén en ruinas, en Navamorcuende. Probablemente, la mayoría de estos nuevos molinos se construyeron en esa segunda edad de oro de la edificación molinera que fue  el final del pasado siglo y el comienzo del actual.

Molino de San Román de los Montes en el arroyo de Las Tenebreras

Hay otros dos molinos que no aparecen en las referencias históricas publicadas y son los dos que, sobre el arroyo Guadmora, se encuentran próximos a Hinojosa (Gu 1) y (Gu 2), mientras que los otros dos ejemplares que se situaban aguas abajo de ese mismo arroyo sí son conocidos al menos desde el siglo XVI[1].

Durante el siglo XVIII, la propiedad molinera se encuentra mayoritariamente en manos de particulares salvo un molino propio del señor de Navamorcuende y cuatro de propiedad religiosa: dos de los carmelitas también en Navamorcuende y otros dos que eran patrimonio de capellanías, uno en Pelahustán y otro en Garciotún.

El tiempo durante el que podía trabajar un molino dependían fundamentalmente del caudal del arroyo que lo alimentaba. Encontramos en los catastros del siglo XVIII que los molinos del Tiétar muelen hasta ocho meses, los del río Guadyerbas seis, y los demás, que se sitúan sobre arroyuelos de escasa entidad, oscilan entre uno y tres meses de operatividad. Incluso, en el caso de algunos ejemplares, se habla solamente de semanas de funcionamiento. Por ejemplo, en  un arroyo molinero como es el Marrupejo, sólo se molía entre uno y dos meses.[2]

Todavía en los años cincuenta de este siglo las aguas movían las piedras de algunos de los molinos de La Iglesuela, Almendral, Garciotún y Navamorcuende, aunque la mayoría ya habían sido sustituidos por fábricas eléctricas de harina o molinos adaptados a gas-oil[3].

En la vertiente sur del valle del Alberche solamente había un arroyo molinero, se trataba del arroyo de San Silvestre en Maqueda. Encontramos referencias en el siglo XVI a dos molinos del Duque de Maqueda en los actuales despoblados de Belvis y San Silvestre (SS 1). Durante la Edad Media perteneció este molino a la orden de Calatrava pero su funcionamiento era controlado por el alcalde y el almotacén según el “fuero de la tierra”. Uno de los molinos de Maqueda fue donado por Alfonso VII a un caballero llamado García García[4]. En la capital del señorío se responde sin embargo que se va a moler al Tajo lo que nos indica la escasa entidad de los molinillos de Maqueda..

Durante el siglo XVIII son ocho los molinejos que funcionan en este arroyo, uno de ellos es propiedad de las religiosas de la Concepción Franciscana. Hoy en día se encuentran en el despoblado de San Silvestre los únicos restos reconocibles de un molino de cubo octogonal de gran diámetro, con sus ocho metros podemos considerar a éste receptor como una balsa más que como un cubo. Recientemente se destruyeron los restos de otro de estos molinos en término de Santa Olalla.

En tiempos de Felipe II hubo piedras movidas por el Alberche en Méntrida y La Torre de Esteban Hambrán. En este último pueblo molían dos artificios en el siglo XVIII.

Cuando se agotaba el agua en todos los molinos señalados en este capítulo, los habitantes de la Sierra de San Vicente y del valle del Alberche iban a moler a las aceñas siempre “corrientes y molientes” que se situaban en el tramo del Tajo comprendido entre Talavera y La Puebla de Montalbán.

[1] VIÑAS,C. y PAZ, R.: Opus cit, “Castillo de Bayuela”.

[2] AHPT, Catastro de Ensenada, libros maestros de Navalcán, Velada y Parrillas.

[3] MORENO NIETO, L.: Opus cit, pp. 64, 234, 268 y 422.

[4] RODRÍGUEZ -PICAVEA MATILLA, E.: La Villa de Maqueda y su Tierra en la Edad Media. I.P.I.E.T-Diputación Provincial de Toledo, Toledo 1996, pp. 136.

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE, CUENCA DEL ALBERCHE

MOLINOS DE LA CUENCA DEL ALBERCHE

SIERRA DE SAN VICENTE

Molino en término de Hinojosa sobre el arroyo Guadmora

En la cuenca del Alberche, sobre los pequeños arroyos de pendiente media que descienden de la Sierra de San Vicente hubo molinos que, al menos en épocas lluviosas, molieron para las gentes serranas pero también dieron servicio a los pueblos del valle del Alberche y la comarca de El Horcajo ya que, como hemos visto, el Alberche era río poco molinero.

Recorriendo río arriba los afluentes de la orilla norte del Alberche, nos detendremos primero en el arroyo de Las Tenebreras o de la Virgen, junto a la carretera que va de San Román de los Montes a Hinojosa. Se trata de un molino de cubo en sillería con el depósito característico de agua que delata su adaptación a de motor de gasoil (Te1). Su accesibilidad facilita su visita y el recorrido del canal de corto trayecto que hará comprender fácilmente al curioso el mecanismo básico de los molinos de agua (Foto 31).

Molino del arroyo de Las Tenebreras en San Román

En el mismo casco urbano de El Real de San Vicente existen restos de cuatro molinos de cubo, junto a un quinto un poco aguas abajo del pueblo, cerca del cruce con la carretera de Castillo de Bayuela. Este último conserva su rampa y un canal elevado que deja por debajo un portillo que permite el paso al otro lado del molino donde se encuentra el huerto. Todos estos ejemplares se sitúan sobre las orillas del arroyo de las Cañadillas (C1), (C2),(C3), (C4) y (C5) (Foto 32 y 33).

Molino en el casco urbano de El Real de San Vicente sobre el arroyo de Las Cañadillas

Hinojosa de San Vicente cuenta en su término con dos magníficos ejemplares molineros interesantes por su bonita arquitectura popular, (Gu1) y (Gu2) (Foto 34). Están situados sobre el arroyo de Guadmora que aguas abajo, ya en término de Castillo de Bayuela, movilizaba otros dos artificios de gran antigüedad y que, como los anteriores, cuentan con un receptor de cubo. Uno de ellos sirvió también como batán (Gu3) y (Gu4) (Foto 35).

Además, Castillo de Bayuela tiene en su demarcación otros seis molinos sobre el arroyo de Saucedoso, en la zona conocida como “del Puente Romano”. Los tres más bajos (S4), (S5) y (S6) son de tipología muy similar, con un cubo que tiene la base del mismo sumamente inclinada hasta el punto que podemos definir a estos receptores como de cubo-rampa.

Molino que también fue batán en el arroyo Guadmora

El segundo ejemplar (S2) tiene la peculiaridad de haber asegurado la estanqueidad del cubo mediante unos cilindros de cerámica de un metro de altura que cubren superpuestos la pared interior del receptor evitando así escapes de agua. Esto es lo que fabricado en piedra se conoce en otros lugares de España como “atanores”. El tercer artificio (S3) (Foto 36) toma sus aguas del afluente arroyo del Batán, aunque se sitúa a las orillas del Saucedoso, pero el cuarto (S 4) es de doble captación ya que toma el caudal de ambas corrientes. La presa del quinto molino es de las pocas existentes en la provincia que hemos definido como de “presa paralela a la corriente”, mientras que la presa del sexto tiene su anclaje en los mismos pilares del “Puente Romano”. Aguas abajo hubo un séptimo molino del que hoy ya no quedan restos.

Molinos de Saucedoso

Todos estos artificios estaban también en relación con la cercana localidad de Garciotún donde se pueden observar los pobres restos de un molino de aceite que, por la piedra que todavía permanece junto a sus ruinas, bien pudo haber sido primitivamente un pequeño molino harinero (Ga 1).

Uno de los molinos de Saucedoso

El siguiente afluente del Alberche es el arroyo de San Benito sobre el que se encuentra un hermoso ejemplar dotado de una larga y estrecha rampa. En sus muros se ven todavía los rótulos que indicaban su confiscación durante la guerra civil (S B1) y en su interior se ha dibujado sobre un muro un esquema del repicado de las piedras para recordarlo el molinero (Foto 37). En el arroyo de la Dehesa, tributario del anterior, podemos ver los restos de un pequeño cubo de tan solo un metro de diámetro (De 1). Estos dos ejemplares se encuentran en el término de la pequeña localidad de Nuño Gómez.

Molino de Nuño Gómez en el arroyo de San Benito

Otro arroyo de esta cuenca es el de La Nava que al pasar por Pelahustán daba movimiento a tres ejemplares entre cuyas ruinas  pueden distinguirse  los cubos de dos de ellos (Na 1) y (Na 2). Nos encontramos ya en el antiguo señorío de Escalona, aunque geográficamente estemos todavía en la Sierra de San Vicente, de la que siguen bajando pequeños afluentes hacia el Alberche.

MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE

EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

Tercer molino de la garanta Tejea

Pasemos ahora a la cuenca del río Tiétar, a caballo de los términos de El Real de San Vicente y Almendral de la Cañada se sitúan los molinos de garganta Tejeda sobre una pendiente muy pronunciada a la que se adaptan con el ya descrito receptor de tubo. Tres de ellos cuentan con una pequeña balsa  previa de almacenamiento antes de  la entrada del agua en el tubo (Gt 3), (Gt 4) y (Gt 5). Seguir leyendo MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE: NAVAMORCUENDE Y MARRUPE

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE:

NAVAMORCUENDE Y MARRUPE

Tercer molino de Navamorcuende de proporciones casi monumentales

Vamos a repasar ahora los molinos de la Sierra de San Vicente propiamente dicha y comenzaremos por su lado occidental con los molinos de Navamorcuende y Marrupe . Algunas de sus poblaciones molían en el Tiétar y sus afluentes, y otras situadas más al sur lo hacían en el alto Guadyerbas y en los arroyos tributarios del Alberche. El mismo río Alberche, aunque relativamente caudaloso, es poco molinero por su escasa pendiente y lo arenoso de su cauce en este tramo. No he hallado restos de molinos en su trayecto más bajo, ni siquiera referencia histórica alguna a su existencia.

Todos los pueblos de esta pequeña sierra pertenecieron a la ciudad y obispado de Ávila, lo que dificulta la investigación histórica por la escasez de estudios publicados en Toledo sobre la zona. Por otra parte,  la documentación histórica referente a esos pueblos se halla en Ávila donde también escasean los estudios generales de la comarca por pertenecer en la actualidad esos pueblos a la provincia de Toledo.

Molino quinto del Guadyerbas en Sotillo de las Palomas

En el ámbito de la Sierra de San Vicente existieron sobre el Guadyerbas hasta cinco molinos. El más bajo (G5) se sitúa próximo al casco urbano de Sotillo de la Palomas y es el artificio al que nos hemos referido como el único que llegó a moler con motor de vapor de agua. Su receptor hidráulico primitivo era un cubo.

En la cabecera del río, la carretera de Navamorcuende a El Real de San Vicente ha destruido el edificio del primer molino (G1), aunque todavía puede observarse junto a la cuneta el cubo de sillarejo con su saetín. Es un curioso ejemplar abastecido por canales labrados en las laderas próximas que recogían el agua de escorrentía, además de captar la corriente de una fuente cuyo caudal se acumulaba en una balsa excavada por encima del cubo.

Primer molino de Navamorcuende sobre el nacimiento del Guadyerbas, la sala del molino se la llevó la carretera y solo queda el cubo

El segundo molino (G2) está dotado de una gran rampa que tomaba directamente el agua que salía por el socaz del primero. El tercer artificio (G3) es una gran construcción propiedad en sus orígenes del cercano monasterio del Piélago . Su edificio, construido en sillería, tiene tres pisos y un enorme cubo al que llega también directamente el agua desde Gu2 a través de un canal elevado sobre soporte de mampostería. Como peculiaridad, se sirve de una escalera helicoidal que comunica el interior del molino con el cárcavo. El cuarto molino de la cabecera del Guadyerbas (G4) apenas es reconocible, solamente quedan escasas restos de una rampa de considerables proporciones.

Gran rampa de segundo molino de Navamorcuende sobre el nacimiento del Guadyerbas

Pudieran muy bien ser éstos los molinos a los que se refiere el Catastro de Ensenada como pertenecientes al convento. En realidad todos eran accionados por la misma captación de la que luego partía un canal que más tarde estuvo también destinado a llevar agua a la central eléctrica de Navamorcuende y  todavía hoy puede observarse.

Más cerca del casco urbano, encontramos sobre el arroyo del Lugar que cruza el pueblo tres arruinados molinos de menor entidad. Dos son de cubo y uno es de rampa. El más cercano a Navamorcuende perteneció al señor feudal de la villa (L1), (L2) y (L3).

Segundo molino del arroyo Marrupejo en término de Marrupe

En término de Marrupe se hallan los tres primeros molinos del arroyo Marrupejo, el de Arriba (M1), el de Enmedio (M2) y el de Abajo (M3). Los tres son de cubo, bien conservado y adaptado a motor el primero y muy arruinados los otros dos. El tercero mantiene todavía una presa paralela a la dirección de la corriente que aprovecha un recodo del arroyo. Uno de éstos podría ser el molino que, si aceptamos la etimología musulmana que atribuye Gómez Menor a la palabra Marrupe, se habría llamado “molino del convento” durante la dominación árabe de la comarca.

Seguimos en término de Marrupe, en el arroyo de la cabecera del Marrupejo conocido como arroyo de Navatejares quedan, junto a una cascada, restos apenas perceptibles de un molinillo con un cubo como receptor (Nt 1).

ENTRE LAS DOS CASTILLAS

ENTRE LAS  DOS CASTILLAS

Puente sobre el Tiétar en La Iglesuela
Puente sobre el Tiétar en La Iglesuela

ruta2castillas

Vamos a recorrer hoy la zona más septentrional de la Sierra de San Vicente. El término de La Iglesuela se encuentra en pleno valle del Tiétar y asciende incluso por las laderas de Gredos. Históricamente formó parte del señorío de La Adrada y como casi toda la Sierra de San Vicente perteneció a la poderosa ciudad de Ávila y fueron sus caballeros medievales quienes lo repoblaron.

La Iglesuela es el punto de partida de esta ruta que podemos recorrer a pie o en bicicleta de montaña, con la dificultad de que en parte del trayecto no hay camino pero el terreno es practicable en bici.

Iglesia y arquitectura de La Iglesuela
Iglesia y arquitectura de La Iglesuela

Debemos dar una vuelta por el casco urbano y observar su arquitectura popular, de la que todavía quedan no pocos edificios con las características típicas de las construcciones serranas abulenses. Los tejadillos voladizos, las balconadas en algunas fachadas y los perfiles largos de los tejados con escasos huecos en los muros graníticos, son algunas de las características más significativas.

Fuente de la ermita de la Virgen de la Fuensanta en La Iglesuela
Fuente de la ermita de la Virgen de la Fuensanta en La Iglesuela

Otra peculiaridad de La Iglesuela es la abundancia de fuentes tanto en el casco urbano, como en los alrededores, casi todas están abovedadas con sillares graníticos y tienen lavaderos o bebederos para el ganado del mismo material. Junto al pueblo, en el Ejido, hay varias de estas fuentes, una de ellas algo más ornamentada y con un largo bebedero para facilitar el acceso a rebaños numerosos.

A unos quinientos metros del casco urbano, en dirección norte, parte un camino a la derecha que nos llevará hasta la curiosa Ermita de la Fuente Santa, a ella se dirige una bonita romería a primeros de Mayo y es muy venerada la Virgen de la Fuensanta en la comarca por las propiedades curativas atribuidas a la fuente que se sitúa en los mismos muros de la ermita.

Restos de un molino de agua en el Tiétar
Restos de un molino de agua en el Tiétar

Desde aquí seguiremos un camino en dirección nordeste que nos llevará tras ascender al Cerro del Cuadro, hasta el río Tiétar, que en esta zona es de singular belleza por discurrir entre un bosque de pinos piñoneros autóctonos. En estos parajes es muy abundante la cigüeña negra y un gran número de rapaces y otras especies de aves. Esto ha hecho que parte del término de La Iglesuela, haya sido declarado recientemente zona protegida de caza para conservar su  rico patrimonio natural.

El Tiétar a su paso por los pinares de La Iglesuela
El Tiétar a su paso por los pinares de La Iglesuela

Descendemos el Tiétar por su mismo cauce si vamos andando, o por un camino que nos conduce a la carretera de Casavieja. Junto al puente de la carretera, río arriba, se halla otro puente más antiguo en un paraje muy ameno, donde podemos, como en el resto del trayecto fluvial, intentar pescar algún barbo, cachuelo e incluso black-bass. En el descenso del río se adornan las orillas con algunas alisedas, saucedales, choperas y fresnedas, en los lugares donde el regadío y las plantaciones de espárragos no han deteriorado el bosque de ribera. También encontraremos tres ejemplares de molino de agua que dan un toque pintoresco al entorno, sobre todo el conocido como de Castillo construido en obra de sillería.

Puente romano sobre la garganta Torinas en Sartajada
Puente romano sobre la garganta Torinas en Sartajada

Llegamos a la desembocadura de la Garganta Torinas en el Tiétar y un poco más abajo cruza el río un camino que nos conducirá hasta el pueblecito de Sartajada, que es famoso por haber tenido en tiempos una pujante artesanía alfarera con numerosos hornos árabes en su caserío. Sus pequeños cántaros eran célebres por la frescura con que mantenían el agua, eran utilizados en toda la comarca, y tanto es así que cada vez que se rompía alguno se decía «Eso se ha oído en Sartajá», en referencia a que aumentaría el negocio alfarero de sus habitantes.Hoy permanece abierto un taller donde podremos adquirir alfarería tradicional.

Alfar de Sartajada
Alfar de Sartajada

Podemos volver a La Iglesuela a través de un camino que atraviesa un puente medieval o subir hacia la carretera junto a la que, en el paraje conocido como Arroyolugar se halla un curioso museo al aire libre de escultura popular. Un pastor local, Longino, ya fallecido, talló en los bloques graníticos enormes esculturas con motivos animales.

Museo de escultura popular de Longino
Museo de escultura popular de Longino

El proverbial cochinillo de La Iglesuela, nos repondrá de la caminata.

CACERÍAS MEDIEVALES

La riqueza faunística de este terreno ya era conocida en el medievo, y aparece reflejada en el Libro de la Montería de Alfonso XI. En él se cuenta que  «la Yglejuela» y otras zonas cercanas de la Sierra de San Vicente eran «buenas para oso en ynvierno y para puerco en otoño e invierno». También dice que «cuando a buen venado sueltan e lo bien porfían, teniendo buenos canes, non ay si non matarle.

LAS FUENTES DE LA SIERRA DE SAN VICENTE

LAS FUENTES DE LA SIERRA DE SAN VICENTE

Manantial y fuente en Cervera
Manantial y fuente en Cervera

Desde el paleolítico, el hombre ha asociado el agua con el renacer de la vida y la fertilidad de la tierra. El conjunto luna-agua-mujer ha sido asumido por diferentes culturas como el círculo antropocósmico de la fecundidad. Nuestra civilización greco-romana es una de las muchas en las que su cosmogonía, sus religiones, afirman que al principio solo existía el agua y que de ella surgió la vida.

Los pueblos vetones, que habitaban nuestra sierra hace dos mil años también veneraban a dioses acuáticos que moraban en las aguas. En nuestro ámbito, en un yacimiento arqueológico cercano como es el del Castro de El Raso se encontró un exvoto de bronce arrojado a la corriente de la garganta de Alardos. En el poblado vettón de Ulaca, en Ávila, se ha descrito un complejo labrado en el granito con depósitos y escalinatas que podría estar relacionado con ritos de agua y sangre de este pueblo que, además, como pueblo céltico que era, consideraba entre sus lugares sagrados a las fuentes y los ríos.

Los romanos, tal vez como herencia de divinidades locales anteriores, han dejado en la epigrafía de la villa de Saucedo en Talavera, entre otras, la referencia a las ninfas en un ara votiva. Entre todas las ninfas, las náyades eran las que habitaban en las fuentes de agua. El rito iniciático de la religión cristiana, el bautismo, está directamente relacionado con el agua y es lógico que fuentes a las que probablemente se asociaron cultos antiguos hayan acabado convirtiéndose en “fuentes santas» como la de La Iglesuela.

Fuente de la ermita de la Virgen de Fuentesanta en La Iglesuela
Fuente de la ermita de la Virgen de Fuentesanta en La Iglesuela

Las fuentes siempre estuvieron vinculadas a esos lugares frescos, amenos y en plena naturaleza donde en la Edad Media se localizaban siempre las apariciones marianas, el “locus amoenus” que frecuentemente aparece en los relatos de Gonzalo de Berceo. Esta amenidad convierte a las fuentes en uno de esos hitos naturales, siempre agradables, en el recorrido del viajero por los parajes más atractivos de nuestra Sierra de San Vicente. Es lo que sorprendió, por ejemplo, al padre Juan de Mariana, precursor de las ciencias históricas en España, cuando vino aquí para escribir el libro que pretendía ser el manual de instrucción de Felipe lll y que por las avanzadas ideas que propugnaba para su época llegó a costarle la cárcel. En el prólogo de su tratado “Del Rey y la Institución Real» nuestro ilustre paisano dice acerca de EI Piélago: Brotan de todas partes las más frescas aguas, corren acá y acullá fuentes cristalinas, cosas todas por lasque no sin razón fue aquel lugar llamado Piélago. Piélago se define como el lugar del mar que dista mucho de la tierra pero, por extensión, podríamos asimilarlo a un Iugar de aguas abundantes. Tan abundantes que un cronista del siglo dieciocho llegaba a decir que en la Sierra había contado más de mil fuentes.

Fuente de Hinojosa de San Vicente
Fuente de Hinojosa de San Vicente

Fuentes de muy diversa categoría. Desde el manantial que ha sido algo excavado y delimitado mediante algunas lanchas de granito en la tierra de su naciente hasta las, casi monumentales, fuentes que servían de abrevadero o lavadero en las cañadas o en los ejidos de los pueblos serranos. Las fuentes siempre han representado la imagen cíclica de la vida, el agua cae del cielo en forma de don de los dioses, penetra en la tierra y vuelve a aflorar en las fuentes, es el enlace entre el mundo alto y el bajo, entre las divinidades celestes y los poderes ctónicos.

Pozos, manantiales y fuentes

Cuando el agua no mana directamente del terreno el hombre ha sabido desde antiguo que es necesario cavar para conseguir el preciado líquido y por ello ha excavado los pozos. En la sierra de San Vicente podemos encontrar muchos de ellos que intentan utilizar los acuíferos superficiales que apenas permiten aprovechar los duros e impermeables suelos graníticos de la zona. Son numerosísimos estos pocillos y tienen un especial encanto por su rústica arquitectura. Encontramos, en primer lugar, pozos con el brocal formado simplemente por lanchas de granito hincadas en el suelo sin ni siquiera argamasa que las una. Este tipo es muy numeroso, por ejemplo, en el arroyo de los Pozos de Marrupe.

Pozo y pila graníticos en la Sierra de San Vicente
Pozo y pila graníticos en la Sierra de San Vicente

El hueco subterráneo del pozo suele, en general, estar fabricado de mampostería granítica con un par de lanchas horizontales que tapan parcialmente la boca del mismo. El brocal puede estar construido de grandes sillares rectangulares bien trabajados y engranados entre sí con grapas de hierro.

Un tercer tipo se construye utilizando mampostería y argamasa con la típica forma cilíndrica de los pozos y no con planta cuadrada o poligonal, que es más frecuente en los anteriores. Por último, aunque no son abundantes, también podemos encontrar algunos ejemplares en los cuales el brocal ha sido fabricado de una sola pieza, labrando y perforando un gran bloque de granito.

La palabra manantial se define como “el nacimiento del agua” y generalmente se entiende por tal el lugar donde la humedad es suficiente como para aflorar a la superficie y así, con una pequeña excavación se consigue el acúmulo de agua suficiente para que puedan beber el ganado o las personas.

Estos manantiales eran conocidos sobre todo por los pastores que realizaban una labor de mantenimiento sobre las vetas acuíferas superficiales. En la actualidad, la disminución del pastoreo ha causado la pérdida de no pocos de estos manantiales. Alrededor de la afloración del agua se colocaban unas sencillas lanchas de piedra y, a veces, una teja, una caña o un pedazo de corcho que dirigía el pequeño chorro y hacía más fácil beber o recoger el agua en un recipiente. Por ello es frecuente encontrar en la toponimia fuentes con nombres como fuente de la Teja o fuente del Corchito, por ejemplo.

Cuernos de pastor para beber en las fuentes o llevar los ingredientes del gazpacho
Cuernos de pastor para beber en las fuentes o llevar los ingredientes del gazpacho

El recipiente tradicionalmente más utilizado por los pastores era un cuerno con asa de cuero o sin ella y decorado muchas veces con motivos de arte pastoril como la efigie del dueño y sus iniciales, motivos vegetales o animales y un curioso motivo de un ser mitad pez y mitad mujer que para algunos etnólogos no es sino la representación tradicional de las ninfas de las fuentes, y no de las sirenas marinas, poco conocidas como motivo mitológico por nuestras rústicas gentes castellanas.

La fuente es el siguiente escalón después del pozo y el manantial. Es frecuente que se excave una tarjea de captación. Se rellena de cantos rodados de manera que sirva para recoger los caudales subterráneos y hacerlos desembocar en la fuente propiamente dicha. En la Sierra encontramos varios tipos de fuentes y uno de los más peculiares es el que se localiza principalmente en los términos de La lglesuela y Almendral de la Cañada, aunque también se reparten otros ejemplares por toda la geografía serrana. Se trata de una construcción formada por una bóveda de sillares de granito que sirve para cubrir a un pozo-fuente con el brocal elaborado con grandes sillares planos y rectangulares. Son fuentes estéticamente acabadas y que deberían conservarse como patrimonio peculiar de estos pueblos. En Almendral una de ellas se ha reinstalado junto al monumento a la santa Ana de San Bartolomé y en La lglesuela son realmente numerosas acercándose a la decena el número de las mismas.

Fuente abovedada en Almendral de la Cañada
Fuente abovedada en Almendral de la Cañada

Pero, ya que nos encontramos en estas dos localidades de la sierra norte, debemos reseñar la importancia de las dos magníficas fuentes con las que cuentan ambos pueblos. En el ejido de La lglesuela un magnifico ejemplar en granito con un largo abrevadero para el ganado, pilones y un lavadero. En Pelahustán existe también otra fuente con esa misma triple finalidad. En la misma cañada de Almendral se sitúa otro ejemplar con pilón labrado en granito y rematado con pináculos ornamentales. Dentro de las fuentes urbanas más acabadas, contamos en Navamorcuende con la situada delante del atrio de la iglesia y que esta datada en el siglo XVIl. Como no podía ser menos, también esta labrada en granito con un cuerpo esférico tallado con una inscripción. En San Román de los Montes se restauró hace unos años la fuente que se encuentra a la entrada del pueblo con sus pilas de lavar. Curiosamente una de ellas parece haberse labrado en un bloque granítico que puede haber formado parte de algún monumento megalítico, como un dolmen o un menhir, ya que está repleta de cazoletas, o pequeñas oquedades semiesféricas donde los hombres de la edad del cobre podrían, según algunos autores, haber realizado rituales relacionados con el agua. También junto al cordel cuenta Marrupe con dos magníficas fuentes rematadas en un tímpano tallado en granito.

Fuente en un camino de La Iglesuela
Fuente en un camino de La Iglesuela

Repartidas por toda la geografía serrana se localizan numerosas fuentes adosadas directamente a muros de contención o a los mismos terraplenes del terreno. Suelen servir sobre todo de abrevadero y fuente de abastecimiento público con varias pilas unidas en línea o un gran pilón corrido. Ejemplo característico es la fuente que se halla a la salida de El Real de San Vicente hacia Sotillo de la Adrada.

El valor simbólico de las fuentes se observa en detalles como el de Buenaventura, donde se halla representado sobre la fuente el santo que da nombre al pueblo. Son muchos así mismo los aspectos mágicos que se dejan entrever en las descripciones que el pueblo hace de las fuentes; por ejemplo, cuando en el diccionario de Madoz se dice de la fuente de Ia Julara que es muy abundante y sale de entre unos peñascos, o en Almendral, donde se cuenta que en una fuente vive una serpiente que si se toca se convierte en un hilo de oro. A otras fuentes, sin embargo, se les atribuyen efectos curativos o benéficos sobre los que beben de ellas y por eso en ocasiones se cristianizan, como en el caso de la fuente adosada a la misma ermita de la Virgen de la Fuensanta en La lglesuela.

Fuente con abrevadero y lavadero en Pelahustán
Fuente con abrevadero y lavadero en Pelahustán

Aguas con nombre

Las propiedades físicas del agua sirven para clasificarlas en dos grandes grupos según el saber popular: las de aguas “finas» o “delgadas», concepto que podíamos asimilar al de aguas con pocas sales y minerales en disolución y las de aguas gruesas o zarcas, que tienen más concentración de solutos y por tanto suelen mostrar un color más turbio y blanquecino.

No son, sin embargo, los de la Sierra terrenos que den aguas sulfurosas o ferruginosas como es el caso de las fuentes de la cercana comarca de La Jara. En Pelahustán dice el párroco en el siglo XVIII que la fuente del Terrero es medicinal y “que manda el cirujano que traigan de ella para que se refresquen los enfermos… y abre además las ganas de comer». En este aspecto debemos resallar la fuente de los Baños de la Pólvora que alivian las dolencias reumáticas de aquellos que acuden a ellos. Los topónimos de las fuentes serranas están relacionados en muchos casos con los de árboles u otros vegetales que crecen en sus inmediaciones. Es el caso de las fuentes del Espino, el Castaño, el Rubisco, el Majuelo o la Perijona, por ejemplo. Otras llevan el nombre de alguna persona vinculada a la fuente o al paraje como las fuentes de Pero Muñoz o de Mari Muñoz. Los accidentes geográficos o las vías de comunicación cercanas marcan otros topónimos como es el caso de las fuentes del Carrilejo del Barranco o del Prado de la Encina.

Fuente de la cañada en Almendral
Fuente de la cañada en Almendral

Pero todas las fuentes tienen algo en común, que han formado parte de la vida de las gentes que desde hace miles de años han trabajado sus campos, que han servido para aliviar su sed, para deleitarse junto a ellas con un gazpacho elaborado con sus aguas frescas en el cuerno o en el cucharro, o simplemente para descansar de las duras tareas agrícolas regalando a sus habitantes algún momento de placidez en sus vidas afanosas. Merecen por tanto el respeto como elemento cultural y que se tomen las medidas necesarias para conservar estos elementos del patrimonio etnográfico fundamentales para el desarrollo del senderismo y el turismo rural.