Archivo de la etiqueta: Bandido Moraleda

CUEVAS, TESOROS Y LEYENDAS DEL BANDIDO MORALEDA (y 2)

CUEVAS, TESOROS Y LEYENDAS DEL BANDIDO MORALEDA

Cañón del río Pusa. En la orilla izquierda junto al río se encuentra una de las cuevas de Moraleda
Cañón del río Pusa. En la orilla izquierda junto al río se encuentra una de las cuevas de Moraleda

Aunque Moraleda se mueve más bien en el territorio de los Montes de Toledo, por toda la comarca de La Jara han quedado también las huellas de este último bandolero.

Se ha sabido de su presencia en Navalucillos, pueblo muy cercano también a las localidades del actual Parque de Cabañeros que fueron el principal escenario del bandido. Se dice que tuvo una novia en este pueblo de profesión alfarera y en el año 1981 todavía me comentaron en Torrecilla de la Jara que una de las familias allí residentes descendían en línea directa de Moraleda. En todos los pueblos de la Jara Alta queda el halo legendario de Bernardo.

Muestra de esa leyenda consolidada son varias cuevas distribuidas por territorio jareño en las que los vecinos sitúan al bandido. Una de ellas se sitúa cerca de Santa Ana de Pusa, en el lugar donde finaliza el cañón del río que se abre paso en un desfiladero de granito. Otra de ellas se sitúa en las cercanías del paso de Guadarranques, en las buitreras de Peña Amarilla cerca de Puerto de San Vicente y otra más frente al cerro de “Las Tres Provincias” en el embalse de Cijara, Hay también referencias a otras dos más en el valle de Valtravieso o en Malamoneda, cerca de Hontanar pueblo en el que se le achaca la muerte de un hombre.

Uno de sus compinches fue el jareño “Parrachatas” del pueblo jareño de Valdelacasa y durante mucho tiempo se escondió por la zona del Rocigalgo y Las Becerras a caballo de los nacientes del Pusa, el Estena y el Cedena

Castillo de Prim en Retuerta de Bullaque
Castillo de Prim en Retuerta de Bullaque

Su figura se hizo muy popular adoptando un tinte de “bandido generoso”, al que también contribuye su relación con una bella hija de un cabrero como cantaba una copla sobre Moraleda.:

“Cuando yo era criminal

en los Montes de Toledo

lo primero que robé

fueron unos ojos negros

que tenía una mujer…

Ignacio Fernández Ollero ha recogido en Sevilleja de la Jara otra anécdota legendaria que relata cuando el bandido sorprendió a otra mujer llamada Valentina por la zona de Horcajo de los Montes y le dio un pañuelo con sus iniciales y la silueta del mapa de España bordados como salvoconducto, sin hacerle mal alguno y dejándola marchar.

 -Mire usted señor bandolero, estos son los únicos cuartos que llevo a Ciudad Real. Allí voy a estudiar con las ganancias de mi padre, que no dan para mucho. Si me los roba tendré que volver a Sevilleja para quedarme allí el resto de mis días.

-Está bien, tome este pañuelo y enséñeselo a todos los que se crucen en su camino. Dígales que va de parte de Bernardo Moraleda.

También nos cuenta este mismo autor que en la cueva de Moraleda de Cijara soñó un vecino de Madrid  que allí se encontraba el tesoro del bandolero bajo un poyo sobre el que dormía una cabra negra. También soñó con el tesoro una mujer de La Mina de Santa Quiteria y el alcalde pedáneo promovió una excavación exhaustiva del lugar con varios hombres para hallarlo.

Una de las cuevas en las quese dice se refuió Moraleda, en este caso en los Montes de Toledo, no en Santa Ana de Pusa

El mismo autor de Sevilleja de la Jara nos relata en una interesante entrevista el testimonio de una vecina, Jesusa:

Mi abuelo José vino de Zamora a trabajar a Los Navalucillos. Entonces se empleó allí con un comerciante que se llamaba Ramos, Narciso Ramos. Mi abuelo estuvo allí trabajando y el jefe le mandaba todas las semanas a llevar una carga de víveres al campo a cierto señor.

Entonces el señor éste salía; y yo le entregaba cecina, queso, lo que llevara, latas de conserva, sardinas, que sería lo que había entonces, vino… en fin, una carga de género. El señor éste se lo pagaba, mi abuelo volvía a los Navalucillos y así una semana tras otra.

Moraleda cera considerado como un gran amante de los niños. Foto de un artículo de Estampa

Y llegó un buen día que mi abuelo se iba a casar. Había venido a Sevilleja con una mula vendiendo por los pueblos; vino por aquí, se enamoró de mi abuela y ya se iba a casar.

Y le dijo a aquel hombre: “Mire usted, señor, es el último día que vengo a traerle esto porque me voy a casar”.

— ¡Ah! y ¿dónde te casas?

—En Sevilleja de la Jara, con una chica, que me he enamorao y tal…

—Ah bueno, que seas muy feliz. Mira, hoy en vez de pagártelo enseguida, si quieres, de las cosas que traes lo vamos a celebrar, lo de tu boda, y vamos a comer juntos.

—Bueno, pues estoy de acuerdo.

Se sentaron, estuvieron comiendo, y cuando terminó le dio la mano y dijo:

-Bueno pues, enhorabuena, que sepas que este señor a quien has venido a traer los víveres, se llama Moraleda.

Moraleda tenía fama de bandido; mi abuelo se alteró. Y entonces le dijo:

-No te preocupes; tú has visto que yo soy un hombre honrado. Es sólo cuestión de ideas. Me persiguen por cuestiones políticas, y entonces por esto no me puedo insertar en la sociedad, pero la verdad es que, que esto es así.”

Ficha y foto carcelarias de Bernardo Moraleda

Otra anécdota relatada por la misma Jesusa nos ilustra sobre los aspectos humorísticos con los que a veces la gente adorna las leyendas de bandoleros como personajes con atractivo popular.

-Entonces la Guardia Civil le perseguía mucho y con un afán muy grande de apuntarse un tanto, de que le habían logrado coger. Porque, claro, a otros cogían, pero a él no. Era un hombre muy hábil, muy sagaz, muy diplomático. En una ocasión había un señor (debía ser en Campillo o La Estrella, que es donde había puestos de la Guardia Civil), que se llamaba el cabo López, y este señor tenía muchas ganas de cazar a Moraleda, y andaban por allí, cerca de los Guadarranques.

Y entonces él, sabiendo que estaban los guardias en cierta majada, pidió la ropa a un pastor y se disfrazó con lo de él y le pidió un llaro que es como un cencerro sin agujero por abajo. Y entonces le llenó de leche y se fue a saludar a los guardias.

Bernardo Moraleda ya retirado en el reportaje de Estampa

-“¡Hola!” –dijo haciéndose el campesino- ¿Qué tal? ¿Qué tal están ustedes?”

—Pues bien, bien, y ¿usted qué dice?

—Nada, que estaba ahí con las cabras y he dicho: les voy a llevar un llaro de leche.

—Aquí andamos, buscando a Moraleda.

—Pues falta hace. Falta hace que le den un buen castigo porque nos está siempre atemorizando, pidiéndonos y haciéndonos la vida imposible. Yo nunca le doy nada, pero ustedes a ver si le cazan de una vez y nos dejan libres que eso es una pena, aquí por la comarca, que es un terror…

Bueno, total que se fue. Y con otro pastor le mandó una nota que decía: “Señor cabo López, procure usted tener cuidado a quién saluda, porque el señor que les llevó el llaro de leche es Moraleda. Y se cosa usted el tercer botón de la polaina izquierda, que le falta.”

Más curioso aún es que Jesusa la anécdota probablemente falsa sobre Moraleda y el hijo del general Prim la sitúa en una cacería que da en Herrera del Duque el propio duque y es su hijo el que se pierde para ser encontrado por Moraleda. Un caso éste muy ilustrativo junto a las numerosas cuevas y tesoros de Moraleda que nos dan una idea de cómo funciona la mentalidad y la fantasía popular en estos casos.

EL BANDIDO MORALEDA, PERSONAJE LEGENDARIO (1)

EL BANDIDO MORALEDA, UN PERSONAJE LEGENDARIO

El Bandido Moraleda
Bernardo Moraleda en foto de la revista Estampa de 1936

El siglo XIX fue el del bandolerismo más típico y tópico que dejó personajes que todavía se mueven entre la historia y la leyenda y que el pueblo ha ido magnificando, idealizando y fantaseando sobre los hechos reales o imaginarios de sus vidas. Hoy conoceremos a uno de ellos y mañana veremos diferentes aspectos de la vinculación del Bandido Moraledacon nuestra comarca y sus aspectos legendarios.

Bernardo Moraleda Ruiz parece que nació en Navas de Estena a mitad de la centuria, aunque se trasladó a Fuente del Fresno, localidad también ciudadrealeña que contaba con varios de sus vecinos dedicados al bandolerismo formando partidas tan famosas como las de dos parejas de hermanos, los “Purgaciones” y los “Juanillones”.

Muchos de estos bandoleros están a caballo entre las partidas carlistas con cierta ideología y el estricto bandidaje. Algunas fuentes los sitúan en las partidas carlistas del apodado “Merendón” y otras aseguran que Moraleda cabalgó junto al párroco de Alcabón, Lucio Dueñas, uno de aquellos curas trabucaires ultraconservadores que asolaron con sus partidas el territorio de La Mancha, los Montes de Toledo, La Jara y Extremadura, justo el mismo ámbito que antes había sido el refugio de los golfines provocando la formación de la Santa Hermandad de Toledo, la de Talavera y la de Ciudad Real, y también la misma zona que tras la Guerra Civil sería refugio de los maquis o guerrilleros antifranquistas.

Frecuentemente el oficio primero que tuvieron fue el de cabrero como es el caso de los “Juanillones” y del propio Moraleda, aunque parece que de niño fue recadero. Con ellos se echa al monte tras la segunda guerra carlista y a partir de 1873 son famosas sus correrías por los Montes de Toledo y la zona de La Jara más próxima a Navalucillos y Robledo del Mazo.

No se sabe a ciencia cierta cuál fue la causa por la que Moraleda comenzó su carrera delictiva. Para algunos fue una discusión con derramamiento de sangre con el patrón y dueño de las cabras que pastoreaba, aunque otros hablan de que mató a su mujer a los cuatro días de casarse o que fue desertor del ejército justo antes de partir con las tropas españolas hacia Filipinas. También se le acusa de haber asesinado a un pastor que lo había denunciado y a un capitán de voluntarios que lo perseguía con inquina.

El hecho de ser cabrero hace que se adapte perfectamente al terreno y que les sea a guardias civiles y otras fuerzas de la época muy difícil capturarle. En una ocasión en que se encuentra rodeado desarma a un guarda y disfrazado con su traje de escopetero consigue burlar el cerco lo que incrementa su leyenda.

También sabe comprar silencios y voluntades con sus monedas de cinco duros, de las que dicen tiene guardado un tesoro en un lugar de los montes de Retuerta del Bullaque, junto con un catalejo y sus armas, aunque cuando años más tarde, al salir de presidio, quiso recuperarlo  no lo encontró, o alguien lo había hallado antes.

Los delitos que las crónicas de la época nos relatan son el despojo de recuas de arrieros, atracos de recaudadores o secuestros y robos a propietarios o al alcalde de Fuente del Fresno, pueblo que llegan a asaltar cometiendo varios atracos. Se les acusó también de algunos asesinatos de civiles como el de un carretero, o de guardias y escopeteros, aunque forman también parte de la leyenda algunos comportamientos algo más cercanos al concepto romántico de bandido generoso. El más conocido de estos episodios tiene relación con uno de los personajes más importantes de la época, el general Prim.

Castillo de Prim, finca en Retuerta del Bullaque
Castillo de Prim, finca en Retuerta del Bullaque

Parece que en una de esas cacerías que daba el héroe de la batalla de Castillejos en su finca de los montes de Toledo con políticos y autoridades de la época, el hijo del general se perdió entre los jarales y dio la casualidad que cuando pedía auxilio se encontró con Moraleda que, llevándolo incluso a hombros por estar desfallecido, lo dejó junto al castillo de Prim, una casona almenada de su propiedad. Cuando el muchacho lo invitó a entrar para que su padre le recompensara, su salvador le dijo que era Moraleda, que estaba huido de la justicia y que por tanto no podía acompañarle al castillo.

Después de numerosos delitos las autoridades les siguen de cerca y les tienden una emboscada cuando se disponen a asaltar el tren en Villacañas, que pretendían previamente hacer descarrilar. Antes habían tenido éxito soltando el último vagón para desvalijarlo en Venta de Cárdenas secuestrando antes al jefe de estación y a otros ferroviarios.

De resultas de estas detenciones en Villacañas los dos “purgaciones” y un “juanillón” son detenidos, juzgados y ejecutados en Toledo en 1882 pero Moraleda huye saltando por una ventana en compañía del otro “juanillón” hasta Portugal. Parece que escapan por la Senda de los Contrabandistas que discurre a lo largo de las cumbres de las sierras oretanas sin tocar pueblo alguno entre Lisboa y Valencia.

Con el fruto de los robos se establecen cerca de la frontera poniendo un comercio de ultramarinos, pero son tantas las cartas que el compañero de Moraleda envía imprudentemente a su mujer que son descubiertos y detenidos. Son extraditados por el país vecino con la condición de que no sean ejecutados aunque se les achacan veintidós asesinatos, treinta tantos robos y tres secuestros.

Son condenados sin embargo a largas penas de presidio, casi ciento quince años, y enviados a Ceuta, donde el Juanillón muere por un proceso respiratorio. Bernardo Moraleda pasa muchos años todavía allí pasando penalidades y con los grilletes puestos lo que le ocasiona úlceras infectadas.  Su encarcelamiento sucede en 1882 y permanece allí hasta 1911, año en que es trasladado a Santoña para ser liberado en 1923 con 71 años.

Los hermanos Juanillones, compañeros de fechorías de Moraleda
Los hermanos Juanillones, compañeros de fechorías de Moraleda, El de la izquierda fue ejecutado y el de la derecha murió cuando estaba con Moraleda en el penal de Ceuta.

Como un mendigo camina hasta Retuerta de Bullaque donde intenta encontrar su botín escondido de cinco mil duros sin conseguirlo. Aunque al pueblo le atemorizaba su presencia, hasta el punto de que un antiguo delator abandonó el lugar, ya solo era un anciano artrítico y sin fuerzas.

Fue a pedir auxilio a la finca de Prim donde el administrador le puso al cargo de la bodega, pues no se olvidaba en la casa cómo había salvado al marqués de Castillejos, hijo del general. Muere en 1936 en el asilo de Ciudad Real, poco antes de que otra guerra civil eche al monte a otros españoles.

EL PUSA POR SANTA ANA HASTA EL PARAJE DE LA CUEVA DE MORALEDA

EL PUSA POR SANTA ANA HASTA LA CUEVA DE MORALEDA

Puente y pequeño cañón del Pusa en Malpasillo

Santa Ana de Pusa es el pueblo más pequeño del señorío de Valdepusa, compuesto por Malpica, antigua capital del estado nobiliario, San Martín de Pusa y Navalmoral de Pusa, uno de los pueblos que en su origen formaron, junto a Navalmoral de Toledo, lo que hoy es la localidad de Los Navalmorales.

Los mayores atractivos de Santa Ana están en torno a su río con los parajes en que el Pusa va encañonado, sus molinos o su puente de Malpasillo y la cueva del bandido Moraleda, el más conocido y nombrado de la comarca. También hay algunos rincones y elementos interesantes en su arquitectura popular.

Chozo en Santa Ana de Pusa

El río vamos a recorrerlo en nuestro paseo de hoy, pero antes conoceremos su interesante fiesta de San Sebastián, tal vez el atractivo más peculiar de esta localidad situada entre canchales, olivos y almendros.

LOS PERROS DE SANTA ANA DE PUSA

La fiesta de San Sebastián celebrada el 20 de enero en este pequeño pueblo de Valdepusa, es uno de los ritos más arcaicos que se conservan entre las celebraciones festivas de nuestra comarca, aunque describimos y analizamos esta curiosa fiesta en otra entrada de este blog en la pestaña de «Fiesta y Rito».

Quintos vestidos de perros» de San Sebastián en Santa Ana de Pusa

En la madrugada del día veinte de Enero los muchachos que componenn la quinta de ese año se visten de «perros». Llegaban antiguamente a ser más de cuarenta mozos, en las épocas de mayor población del lugar, los que se disfrazaban con pieles de animales,  generalmente de cabra o de ternero. Los jóvenes tiznaban además sus rostros de negro, para conseguir así un aspecto más sobrecogedor. A la espalda llevaban y aún llevan colgado un gran cencerro.

Imagen de San Sebastián con su decoración vegetal y otros elementos típicos de un rito de fertilidad

Los perros ya vestidos acechan a las mozas desde primera hora para intentar «mearlas». Deambulan por todas las calles «meando» a las solteras con una bota llena de agua. Las chicas tienen a gala hacer enojar a los mozos huyendo de ellos e intentando evitar que las empapen. Se encierran en las casas y los “perros” escalan muros y balcones ante la mirada condescendiente de los padres de ellas que les invitan a vino y dulces. Tradicionalmente las primeras afectadas eran las componentes de las cuadrillas que se dirigían a recoger la aceituna, labor desarrollada en esta época invernal. El vino y chorizo obtenido en el recorrido por casas y calles del lugar es compartido por todo el grupo.

Artesonado de la iglesia parroquial de Santa Ana

En cuanto a la gastronomía, es típica la elaboración del «hornazo». Curiosamente, en este caso no es una empanada rellena de carne sino un dulce que, como muchos de los elaborados durante las fiestas de invierno, tienen entre sus componentes los anises, además de la clara de huevo con azúcar que adorna con dibujos la superficie de la masa. Las «roscas» son dulces similares pero de menor tamaño, que se destinan a invitar a las visitas en los domicilios. También se colocan dulces como «ofrecimiento» delante de la imagen de San Sebastián en la iglesia.

A la misa acuden también los “perros”, aunque en cierta ocasión un párroco intentó evitarlo, dadas las raíces paganas de la fiesta que luego analizaremos. A la salida se celebra la procesión con el santo, que es llevado y custodiado también por los perros. La imagen va adornada con ramón de olivo del que cuelgan naranjas y roscas, y detrás va el párroco y los demás asistentes a la ceremonia que recorren la «carrera» o trayecto habitual de la procesión.

Horno en una labranza de Santa Ana de Pusa

SIGUIENDO EL RÍO

Partimos de Santa Ana siguiendo el llamado camino de Retamoso, por el que llegaremos hasta la orilla del río, donde se encuentra el molino del Álamo y la balsa que dejaba su presa. Continuamos río abajo por la orilla derecha recorriendo el valle del Pusa, que aquí es ancho y poblado de olivos y almendros.

Pasamos bajo el puente de la carretera, o lo salvamos por arriba según venga el caudal. El río se empieza a encajonar en el granito de forma que en algunos lugares casi se puede pasar de un salto, por lo que, como en otros lugares similares, ha quedado el topónimo de Malpasillo. El puente viejo que nos encontramos a continuación está construido en ladrillo y da al paraje, junto con el llamado molino del Puente, cierto aire pintoresco.

Fuente de los Burros en Santa Ana

Seguimos descendiendo junto a la corriente por la orilla derecha atravesando un paisaje de encinar, entre berroqueños bloques graníticos en los que hay labradas en la piedra algunas de esas sepulturas rupestres llamadas “lucillos”. Vamos en un paseo agradable observando las pozas y chorreras del río hasta llegar a un arroyo que pasamos para llegar al paraje donde se encuentra la Cueva del Bandido Moraleda, donde cuenta la tradición que se escondía este hombre que existió realmente, pero al que se han atribuido aparte de los verdaderos una serie de hechos más bien fantásticos que entran más bien en el campo de lo legendario. También hay una entrada en este blog, en la pestaña de «Personajes» sobre este bandolero.

Retrato del bandido Moraleda

Seguimos por la orilla hasta el lugar donde se abre nuevamente el paisaje fluvial, saliendo el Pusa del pequeño cañón granítico y contemplamos una magnífica vista.

Cerca de la Cueva de Moraleda, tal  como indica el plano, tomaremos si lo deseamos el camino vecinal entre Santa Ana y San Bartolomé para volver más rápidamente.

EL BANDIDO MORALEDA, UN PERSONAJE LEGENDARIO

EL BANDIDO MORALEDA, UN PERSONAJE LEGENDARIO

Primera parte

Como vamos recorriendo el río Pusa a su paso por Santa Ana hasta la cueva de Moraleda, taeremos hoy otra vez a este personaje legendario de La Jara y los Montes de Toledo.

El Bandido Moraleda
Bernardo Moraleda en foto de la revista Estampa de 1936

El siglo XIX fue el del bandolerismo más típico y tópico que dejó personajes que todavía se mueven entre la historia y la leyenda y que el pueblo ha ido magnificando, idealizando y fantaseando sobre los hechos reales o imaginarios de sus vidas. Hoy conoceremos a uno de ellos y mañana veremos diferentes aspectos de la vinculación del Bandido Moraleda con nuestra comarca y sus aspectos legendarios.

Bernardo Moraleda Ruiz parece que nació en Navas de Estena a mitad de la centuria, aunque se trasladó a Fuente del Fresno, localidad también ciudadrealeña que contaba con varios de sus vecinos dedicados al bandolerismo formando partidas tan famosas como las de dos parejas de hermanos, los “Purgaciones” y los “Juanillones”.

Muchos de estos bandoleros están a caballo entre las partidas carlistas con cierta ideología y el estricto bandidaje. Algunas fuentes los sitúan en las partidas carlistas del apodado “Merendón” y otras aseguran que Moraleda cabalgó junto al párroco de Alcabón, Lucio Dueñas, uno de aquellos curas trabucaires ultraconservadores que asolaron con sus partidas el territorio de La Mancha, los Montes de Toledo, La Jara y Extremadura, justo el mismo ámbito que antes había sido el refugio de los golfines provocando la formación de la Santa Hermandad de Toledo, la de Talavera y la de Ciudad Real, y también la misma zona que tras la Guerra Civil sería refugio de los maquis o guerrilleros antifranquistas.

Frecuentemente el oficio primero que tuvieron fue el de cabrero como es el caso de los “Juanillones” y del propio Moraleda, aunque parece que de niño fue recadero. Con ellos se echa al monte tras la segunda guerra carlista y a partir de 1873 son famosas sus correrías por los Montes de Toledo y la zona de La Jara más próxima a Navalucillos y Robledo del Mazo.

No se sabe a ciencia cierta cuál fue la causa por la que Moraleda comenzó su carrera delictiva. Para algunos fue una discusión con derramamiento de sangre con el patrón y dueño de las cabras que pastoreaba, aunque otros hablan de que mató a su mujer a los cuatro días de casarse o que fue desertor del ejército justo antes de partir con las tropas españolas hacia Filipinas. También se le acusa de haber asesinado a un pastor que lo había denunciado y a un capitán de voluntarios que lo perseguía con inquina.

El hecho de ser cabrero hace que se adapte perfectamente al terreno y que les sea a guardias civiles y otras fuerzas de la época muy difícil capturarle. En una ocasión en que se encuentra rodeado desarma a un guarda y disfrazado con su traje de escopetero consigue burlar el cerco lo que incrementa su leyenda.

También sabe comprar silencios y voluntades con sus monedas de cinco duros, de las que dicen tiene guardado un tesoro en un lugar de los montes de Retuerta del Bullaque, junto con un catalejo y sus armas, aunque cuando años más tarde, al salir de presidio, quiso recuperarlo  no lo encontró, o alguien lo había hallado antes.

Los delitos que las crónicas de la época nos relatan son el despojo de recuas de arrieros, atracos de recaudadores o secuestros y robos a propietarios o al alcalde de Fuente del Fresno, pueblo que llegan a asaltar cometiendo varios atracos. Se les acusó también de algunos asesinatos de civiles como el de un carretero, o de guardias y escopeteros, aunque forman también parte de la leyenda algunos comportamientos algo más cercanos al concepto romántico de bandido generoso. El más conocido de estos episodios tiene relación con uno de los personajes más importantes de la época, el general Prim.

Castillo de Prim, finca en Retuerta del Bullaque
Castillo de Prim, finca en Retuerta del Bullaque

Parece que en una de esas cacerías que daba el héroe de la batalla de Castillejos en su finca de los montes de Toledo con políticos y autoridades de la época, el hijo del general se perdió entre los jarales y dio la casualidad que cuando pedía auxilio se encontró con Moraleda que, llevándolo incluso a hombros por estar desfallecido, lo dejó junto al castillo de Prim, una casona almenada de su propiedad. Cuando el muchacho lo invitó a entrar para que su padre le recompensara, su salvador le dijo que era Moraleda, que estaba huido de la justicia y que por tanto no podía acompañarle al castillo.

Después de numerosos delitos las autoridades les siguen de cerca y les tienden una emboscada cuando se disponen a asaltar el tren en Villacañas, que pretendían previamente hacer descarrilar. Antes habían tenido éxito soltando el último vagón para desvalijarlo en Venta de Cárdenas secuestrando antes al jefe de estación y a otros ferroviarios.

Castillo del General Prim en los Montes de Toledo

De resultas de estas detenciones en Villacañas los dos “purgaciones” y un “juanillón” son detenidos, juzgados y ejecutados en Toledo en 1882 pero Moraleda huye saltando por una ventana en compañía del otro “juanillón” hasta Portugal. Parece que escapan por la Senda de los Contrabandistas que discurre a lo largo de las cumbres de las sierras oretanas sin tocar pueblo alguno entre Lisboa y Valencia.

Con el fruto de los robos se establecen cerca de la frontera poniendo un comercio de ultramarinos, pero son tantas las cartas que el compañero de Moraleda envía imprudentemente a su mujer que son descubiertos y detenidos. Son extraditados por el país vecino con la condición de que no sean ejecutados aunque se les achacan veintidós asesinatos, treinta tantos robos y tres secuestros.

Son condenados sin embargo a largas penas de presidio, casi ciento quince años, y enviados a Ceuta, donde el Juanillón muere por un proceso respiratorio. Bernardo Moraleda pasa muchos años todavía allí pasando penalidades y con los grilletes puestos lo que le ocasiona úlceras infectadas.  Su encarcelamiento sucede en 1882 y permanece allí hasta 1911, año en que es trasladado a Santoña para ser liberado en 1923 con 71 años.

Los hermanos Juanillones, compañeros de fechorías de Moraleda
Los hermanos Juanillones, compañeros de fechorías de Moraleda, El de la izquierda fue ejecutado y el de la derecha murió cuando estaba con Moraleda en el penal de Ceuta.

Como un mendigo camina hasta Retuerta de Bullaque donde intenta encontrar su botín escondido de cinco mil duros sin conseguirlo. Aunque al pueblo le atemorizaba su presencia, hasta el punto de que un antiguo delator abandonó el lugar, ya solo era un anciano artrítico y sin fuerzas.

Fue a pedir auxilio a la finca de Prim donde el administrador le puso al cargo de la bodega, pues no se olvidaba en la casa cómo había salvado al marqués de Castillejos, hijo del general. Muere en 1936 en el asilo de Ciudad Real, poco antes de que otra guerra civil eche al monte a otros españoles.

El río Pusa en las inmediaciones de la Cueva de Moraleda

HACIA LA CUEVA DE MORALEDA EN SANTA ANA DE PUSA

 

Puente de Malpasillo sobre el río Pusa

Santa Ana de Pusa es el pueblo más pequeño del señorío de Valdepusa, compuesto por Malpica, antigua capital del estado nobiliario, San Martín de Pusa y Navalmoral de Pusa, uno de los pueblos que en su origen formaron, junto a Navalmoral de Toledo, lo que hoy es la localidad de Los Navalmorales. Seguir leyendo HACIA LA CUEVA DE MORALEDA EN SANTA ANA DE PUSA