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HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA  Y VALDEPUSA ( y 2)

HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA  Y VALDEPUSA ( y 2)

Uno de los molinos del arroyo de las Lanchas

En el valle de Robledo del Mazo se molía en la garganta de las Lanchas o en Riofrío, lo que quiere decir que todavía no se habían construido los más cercanos molinos del curso alto del Gébalo. Ya casi en el curso medio de este río, en el paraje del Martinete, sí debía existir ya algún molino pues desde Espinoso bajaban a moler allí.

En las relaciones de Espinoso también se declara que se muele en el río Fresnedoso. Se trata de seis molinos a los que se califica de retamizos, término que alude a la precariedad de estas construcciones de techo de retama. Pero es posible que por extensión se definan así a algunos sencillos artificios que se construirían con un pequeño apoyo en alguna roca del río sobre la que situar un par de vigas de madera que a su vez sostuvieran la piedra. Estos molinillos primitivos pero prácticos aparecen descritos en zonas nórdicas de Europa pero precisamente la precariedad de su construcción habría impedido su conservación hasta hoy. Sigue leyendo HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA  Y VALDEPUSA ( y 2)

MOLINOS DE TALAVERA 1, EL ENTORNO

Puerta del Río y Molinos del primer ojo del puente

Molinos de Talavera .

Antes de referirnos a los grandes molinos del Tajo en Talavera conoceremos algunos molinillos de arroyo que se situaban en las proximidades de la ciudad, concretamente sobre las pequeñas corrientes que descienden desde las sierrecillas de El Berrocal.

Sobre el arroyo Malojo, en las cercanías de El Casar de Talavera, persisten las ruinas de un cubo sin referencias históricas (Ml 1). En el arroyo Bárrago he podido encontrar restos de hasta cinco molinos. Dos de ellos se localizaban en el término de Mejorada, el primero es de cubo (Ba 1), el segundo es de rampa con una presa paralela a la corriente (Ba 2). El tercero apenas es reconocible (Ba 3) pero parece haber sido también movilizado por una rampa y el cuarto mantiene todavía en pie un cubo y una rampa (Ba 4). El quinto se halla muy modificado por la construcción de una vivienda sobre sus ruinas (Ba 5). En el Catastro de Ensenada se documentan dos molinos en el Bárrago en término de Talavera pero pertenecen a vecinos de Mejorada[1].

Molino de cubo del arroyo Malojo en El Casar de Talavera

También molieron dos ejemplares en el arroyo de la Portiña, fueron testigos de los momentos más violentos de la Batalla de Talavera contra las tropas napoleónicas ya que se encontraban en la misma línea de combate. Uno de ellos todavía deja ver en ruinas los restos de su cubo y de los muros. El otro parece haberse localizado en el lugar que hoy ocupa el paredón de la presa de abastecimiento de aguas a Talavera.

En el libro de Mª Jesús Suárez Alvarez sobre “ Talavera en la Edad Media” se anota la existencia de un molino en La Portiña, en la colación de la parroquia de San Andrés. Su localización geográfica nos inclina a pensar en la existencia de este tercer ejemplar en un tramo más bajo y cercano al casco de la ciudad.

Restos de los molinos de la Portiña en un dibujo de 1909

En la Historia de Talavera de Francisco de Soto escrita en el siglo XVII, aparece una referencia a una fuente de Pepino tan caudalosa como para mover una rueda de molino y podría hacer alusión a la que da origen al arroyo de la Portiña[2]. En el siglo XIX, en el Diccionario de Madoz ya ni siquiera aparecen todos estos molinillos. Otro pequeño artificio, dinamitado en la postguerra, se podía ver en el arroyo Zarzueleja de Gamonal pero sus restos son hoy apenas reconocibles.(Zr 1).

Restos que quedan actualmente de uno de los molinos de la Portiña por debajo del murode la presa

Cuando hablamos de los molinos de Talavera debemos tener en cuenta que en las referencias históricas aparecen como tales no sólo estos arriba descritos, cercanos a la propia villa, sino también otros  que, aunque estaban más lejanos, también se situaban en las Antiguas Tierras de Talavera. Es el caso de los molinos de Ciscarros, los de la zona de Valdeverdeja e incluso los de Espejel, hoy día en la provincia de Cáceres.

Si seguimos el Tajo río arriba de Talavera, encontramos que los señores de Malpica y Valdepusa fueron propietarios, al menos desde el siglo XV[1], de molinos sobre el gran río. También los Álvarez de Toledo tuvieron en la otra orilla la gran parada de los molinos de Cebolla. Las dos instalaciones figuran en planos y documentación histórica hasta el siglo XIX, aunque los de Malpica estuvieron arruinados parte de los siglos XVII y XVIII. Estos últimos, conocidos como molinos de Corralejo, tenían la peculiaridad de aprovechar la corriente de un brazo del río semicanalizado que rodeaba un islote[2].

De los molinos de Cebolla, que también fueron utilizados como batán, solamente queda hoy una gran nave abovedada de ladrillo. Bajo ella discurre el agua que sale por tres cárcavos, siendo el resto de estructuras ya inidentificables por la construcción de una central eléctrica.

Grandes bóvedas de ladrillo en los molinos de Cebolla sobre los que se asienta la central eléctrica

Otra gran parada histórica es la de los molinos del Carpio de Tajo. En el siglo XVI se dice de este lugar que en él hay “muchas moliendas y ríos”[3], se arruinan hacia 1627 pero a mediados del siglo XVIII funcionan nuevamente estos “molinos de las Monjas”, llamados tradicionalmente así por haber pertenecido al convento de la Madre de Dios de Torrijos y a las monjas del Hospital de Niños Expósitos de Toledo. El Catastro de Ensenada dice que tienen cinco piedras y dos de ellas son “aceña de roete”, que no es otra cosa que un molino de regolfo, pues el rodete es el pequeño rodezno de este tipo de molinos. En 1845 continúan trabajando pero hoy día apenas se conservan algunos fragmentos de sus muros[4]. Poco más queda de los molinos de Gramosilla situados aguas arriba, fueron también batán y molieron hasta finales del siglo XVIII .

Molinos de Corralexo junto a Malpica y su castillo en el plan de Navegación del Tajo de Carducci en el siglo XVII

Mucha mayor entidad tuvieron las paradas que el señor de Montalbán poseía en la Puebla. Molían sobre ambos extremos del puente en cuyos tajamares se apoyaban los azudes. En la orilla norte apenas quedan unos muros arruinados, pero en la sur todavía se pueden contemplar las cubas de tres grandes regolfos. El resto de estructuras se encuentran muy deterioradas por la instalación de otra central eléctrica. En el siglo XVIII molían sus tres piedras que eran propiedad del Duque de Frías[5]  (fig. 57).

Todos estos grandes artificios del Tajo servían a las comarcas de la Sierra de san Vicente, valle del Alberche y Torrijos pero además, cuando se secaban sus arroyos, los vecinos de La Jara oriental, Valdepusa y Montes de Toledo occidentales también cruzaban a moler mediante las barcas de Montearagón, Mesegar, Malpica o El Carpio.

[1] PALOMEQUE TORRES, A. . Opus cit.

[2] COROGRAFÍA DEL RÍO TAJO…:Opus cit.

[3] VIÑAS,C.  y PAZ, R.: Opus cit. ver “Cebolla” respuestas 20 y 21.

[4] COROGRAFÍA DEL RÍO TAJO…:Opus cit JIMÉNEZ DE GREGORIO, F. : Opus cit ,Los Pueblos…ver  “El Carpio de Tajo”. MADOZ, P. Opus cit.p. 281.

[5] JIMÉNEZ DE GREGORIO, F.: Opus. cit. Los Pueblos de …ver “ La Puebla de Montalbán”

[1] LOPEZ CIDAD, F. y FERNANDEZ GARCÍA, F.: Talavera de la Reina en el Catastro de Ensenada, Madrid, Ed. Tabapress, 1990, pp. 50 y 97.

[2] SOTO, FCO. de : “Historia de la antiquísima Ciudad y Colonia Romana de Elbora de la Carpetania, hoy Talavera de la Reina” , Copia de manuscrito del siglo XVII realizada por Luis Jiménez de la Llave y consultado en el Archivo Municipal de Talavera, pp. 89-93.

HISTORIA DE LOS MOLINOS EN EL VALLE DEL ALBERCHE Y SIERRA DE SAN VICENTE

HISTORIA DE LOS MOLINOS EN EL VALLE DEL ALBERCHE Y SIERRA DE SAN VICENTE

Cárcavo con su rodezno en un molino de la Sierra de San Vicente

Antes de dar unos apuntes sobre los molinos ya descritos de la Sierra de San Vicente y Valle del Alberche vamos a conocer algunos que todavía no hemos descrito.

En Nombela existen referencias históricas de hasta seis molinos. Tres de ellos permanecen todavía en pie con su llamativa arquitectura popular en mampostería de granito (Pa 1), (PA 2) y (Pa 3). El segundo no tiene presa pero consigue desviar el agua mediante el curioso sistema de haberse labrado una acanaladura en la roca de una chorrera. En las proximidades del pueblo hay noticias de la existencia de otros tres molinillos pero los restos son prácticamente irreconocibles. Sigue leyendo HISTORIA DE LOS MOLINOS EN EL VALLE DEL ALBERCHE Y SIERRA DE SAN VICENTE

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE, CUENCA DEL ALBERCHE

MOLINOS DE LA CUENCA DEL ALBERCHE

SIERRA DE SAN VICENTE

Molino en término de Hinojosa sobre el arroyo Guadmora

En la cuenca del Alberche, sobre los pequeños arroyos de pendiente media que descienden de la Sierra de San Vicente hubo molinos que, al menos en épocas lluviosas, molieron para las gentes serranas pero también dieron servicio a los pueblos del valle del Alberche y la comarca de El Horcajo ya que, como hemos visto, el Alberche era río poco molinero.

Recorriendo río arriba los afluentes de la orilla norte del Alberche, nos detendremos primero en el arroyo de Las Tenebreras o de la Virgen, junto a la carretera que va de San Román de los Montes a Hinojosa. Se trata de un molino de cubo en sillería con el depósito característico de agua que delata su adaptación a de motor de gasoil (Te1). Su accesibilidad facilita su visita y el recorrido del canal de corto trayecto que hará comprender fácilmente al curioso el mecanismo básico de los molinos de agua (Foto 31). Sigue leyendo MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE, CUENCA DEL ALBERCHE

MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE

EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

Tercer molino de la garanta Tejea

Pasemos ahora a la cuenca del río Tiétar, a caballo de los términos de El Real de San Vicente y Almendral de la Cañada se sitúan los molinos de garganta Tejeda sobre una pendiente muy pronunciada a la que se adaptan con el ya descrito receptor de tubo. Tres de ellos cuentan con una pequeña balsa  previa de almacenamiento antes de  la entrada del agua en el tubo (Gt 3), (Gt 4) y (Gt 5). Sigue leyendo MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE: NAVAMORCUENDE Y MARRUPE

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE:

NAVAMORCUENDE Y MARRUPE

Tercer molino de Navamorcuende de proporciones casi monumentales

Vamos a repasar ahora los molinos de la Sierra de San Vicente propiamente dicha y comenzaremos por su lado occidental con los molinos de Navamorcuende y Marrupe . Algunas de sus poblaciones molían en el Tiétar y sus afluentes, y otras situadas más al sur lo hacían en el alto Guadyerbas y en los arroyos tributarios del Alberche. El mismo río Alberche, aunque relativamente caudaloso, es poco molinero por su escasa pendiente y lo arenoso de su cauce en este tramo. No he hallado restos de molinos en su trayecto más bajo, ni siquiera referencia histórica alguna a su existencia.

Todos los pueblos de esta pequeña sierra pertenecieron a la ciudad y obispado de Ávila, lo que dificulta la investigación histórica por la escasez de estudios publicados en Toledo sobre la zona. Por otra parte,  la documentación histórica referente a esos pueblos se halla en Ávila donde también escasean los estudios generales de la comarca por pertenecer en la actualidad esos pueblos a la provincia de Toledo. Sigue leyendo MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE: NAVAMORCUENDE Y MARRUPE

MOLINOS DEL TAJO EN VALDEVERDEJA Y TORRICO

MOLINOS DEL TAJO EN VALDEVERDEJA Y TORRICO

Aceñas del Conde En El Torrico

Seguimos aguas abajo y el siguiente complejo molinero que encontramos es el de las aceñas del Conde ( fig. 33 ). Conserva, sobre el pasillo que da acceso a las compuertas, el blasón granítico de los señores de Oropesa. El edificio está relativamente bien conservado pero se perciben en sus muros varias reformas y añadidos que a lo largo de los siglos han ido modificando el aspecto exterior de estos molinos. En esquema se diferencian cuatro partes. La primera y la que más se adentra en el río es la más antigua, la que albergaba las viejas aceñas de rueda vertical. El plural de la denominación se basa en la existencia de dos ruedas verticales. La más interior apoyaba su eje por un lado en un edificio con tajamar macizo y por el extremo exterior se apoyaba en una segunda construcción abovedada similar a la de Calatravilla donde se perciben dos huecos en el piso, uno anterior y otro posterior, que alojaron los dos pares de muelas. La piedra que se situaba río abajo, habría apoyado su eje sobre el tercer cuerpo del complejo molinero, hoy modificado por haberse dispuesto para el alojamiento de varios molinos de regolfo, aunque todavía puede observarse sobre el muro el orificio donde giraba el eje y lo que parece una huella de rozamiento de la rueda. También resulta todavía visible el canal y la compuerta que regulaba el caudal (Foto 22). Sigue leyendo MOLINOS DEL TAJO EN VALDEVERDEJA Y TORRICO

MOLINOS ÁRABES Y ROMANOS DEL TAJO

IV.- INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LOS MOLINOS DE AGUA DE LA PROVINCIA DE TOLEDO

Comenzamos un nuevo capítulo de mi libro agotado “Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo”. Describiremos su historia desde los romanos hasta los árabes

Molinos que para algunos son probablemente romanos en el arroyo del Cubillo de Carranque
Molinos que para algunos son probablemente romanos en el arroyo del Cubillo de Carranque

1.-Hasta los árabes

¿Hubo molinos de agua en el valle del Tajo durante la época romana? Puede que la arqueología nos dé algún día una respuesta. Hoy solamente podemos aventurar conjeturas, ya que sí se ha constatado la existencia de presas como la del arroyo de Comeleches (Foto 14)  junto a la villa romana de Carranque y la del molino del arroyo del Cubillo, también próxima a una zona rica en restos arqueológicos como es la de la iglesia visigoda de Melque; ambas presas por su aspecto y contexto pudieran haber sido romanas

Es lógico pensar que si el Fuero Juzgo de los godos hace algunas referencias a la legislación molinera, en Toledo, que fue capital de la Hispania Visigoda, hubiera existido alguno de estos artificios[1]. Sigue leyendo MOLINOS ÁRABES Y ROMANOS DEL TAJO

UN DÍA CORRIENTE Y MOLIENTE

UN DÍA CORRIENTE Y MOLIENTE

Molino de Riofrío en Sevilleja de la jara
Molino de Riofrío en Sevilleja de la jara

Salvador había nacido en el molino. Su madre casi le parió cuando se agachaba para abrir uno de los aliviaderos del canal. Su padre tuvo que correr con la mula hasta llegar al pueblo para traerse a Juana, la comadrona, hasta la ribera. Lo primero que escuchó al nacer fueron los tres ruidos molineros: el agua al salir del saetín para mover el rodezno, las piedras en su roce benéfico pero atronador y la tarabilla golpeando sobre las muelas.

Aquel día era importante para Salvador. Había construido un cubo nuevo junto al antiguo para poder así mover una piedra más que hoy tendría que traer desde la cantera. Habían pasado muchos días desde que localizó la buena veta de granito para labrar las dos muelas necesarias. Con paciencia y unas buenas cuñas que le había preparado especialmente su amigo Remigio, el herrero, había conseguido separar el bloque adecuado que con paciencia había ido retocando a ratos perdidos. Ayer acabó de hacer el ojo de la piedra y hoy tenía que trasportarla. Se había levantado temprano y había dicho a su mujer que preparara un buen almuerzo para sus dos cuñados y el molinero de abajo que vendrían a echarle una mano. El esfuerzo necesario para mover esas moles debía serles reconocido a sus ayudantes y también había preparado algunos buenos chorizos para regalárselos. Al fin y al cabo a él le sobraban. En el molino nunca se pasaba hambre y sus cerdos y gallinas siempre estaban bien hermosos comiendo la harina y el salvado que recogía de barrer  la sala.

Molino en el río Guadyerbas cerca de Navalcán
Molino en el río Guadyerbas cerca de Navalcán

Habían preparado una rampa. Acularían el carro y, metiendo un palo por el ojal de las piedras, después de levantarlas con una palanca, las harían rodar hasta el interior de la carreta tirada por bueyes. Después las llevarían por el pedregoso carril hasta el molino. Todo salió bien y el vino corrió en abundancia. Por fortuna no había sucedido como cuando el molinero de arriba perdió un brazo al caerle una piedra.

Solamente quedaba repicar la superficie de las dos muelas, la solera y la volaera, con el dibujo que su padre le enseñó, con sus rayones y sus abanicos. Se puso las gafas de red de alambre para no herirse los ojos. Lentamente, con sumo cuidado, empezó con la piqueta a trazar los dibujos que tronzarían el grano y llevarían la harina hacia el exterior de la piedra.

Su mujer le observaba. Siempre le había sorprendido lo serio y abstraído que su marido se ponía cuando realizaba esta labor. Sabía que durante ese tiempo no debía hablarle, pues entraba en una especie de trance. En el misterioso tintineo de la piqueta palpitaba la musica de su vida.

Con la cabria colocó la piedra  ajustando la lavija y, con gesto grave, le ordenó a su hijo que abriera la compuerta del canal que movería el nuevo rodezno. El cubo comenzó a llenarse y enseguida todo quedó dispuesto para abrir una nueva puerta al futuro de su familia. Tiró de la palanca de la paraera y el agua comenzó a golpear en los álabes de la rueda que, con un crujido, hizo girar al árbol. El ruido y el olor a piedra nueva un poco quemada le gustó. Abrió la espita de la tolva y el grano comenzó a caer. Ya salía la harina por la pitera.

Acercó un saco al harinal para llenarlo de aquel fecundo polvo blanco. Quería ofrecer la primicia a su padre en reconocimiento a su maestría de viejo molinero.

Todo iba bien. Ajustó la corriente con la llave de dar agua y la separación de las piedras con la barra de alivio. Todo funcionaba a la perfección. Se sentó en el poyete, junto a la saetera y, mirando hacia los fresnos del río, comenzó a liar un cigarro. Por entre las ramas podía ver a su mujer afanándose entre  las tomateras del huerto que se regaban con el mismo canal del molino. María levantó feliz la cabeza al oir la nueva piedra.

Miró sonriendo hacia la ventana donde estaba Salvador. Le lanzó un beso con la mano y volvió a sus surcos. Pensó que al año próximo podrían comprarse la casa en el pueblo y el pequeño podría ir a la escuela. Ella quería que fuese maestro; no deseaba que se oxidara su vida entre las humedades del río.

Por la tarde llegaron algunos clientes a moler y, como el caudal ya no era muy abundante, la espera se hacía necesaria. Uno de ellos sacó la guitarra y la bota empezó a correr. Entre canción y canción se contaba algún chisme del pueblo que la molinera degustaba con curiosidad. Salvador recordó aquella ocasión en que, en pleno enero, se atascó el saetín con un cabrito muerto que habían arrastrado las aguas y estuvo a punto de morir de una pulmonía que le trató don Segismundo. Recordaba con orgullo que su mujer se hizo cargo del molino durante dos meses sin que ningún cliente se quejara, salvo las protestas habituales por el desacuerdo con las maquilas que todos sabían eran algo más de los estipulado, pues no había molinero honrado. Dicho esto por el mismo Salvador causó la risa de los demás contertulios aunque fueran ellos los perjudicados. Pero también sabían que en los años de la sequía, había ayudado a algunos de los vecinos del pueblo más necesitados que habían acudido a él en demanda de un poco de pan.

Paco, el arriero que más trabajo traía a su molino,  pidió que les contara una vez más lo sucedido cuando aquel bandolero intentó robarle una noche de tormenta y despúes de volcarle encima la tolva del trigo le sacudió con la paleta poniendole en fuga tras quitarle la escopeta.

En ese momento llamaron a la puerta. Era la pareja de la Guardia Civil que venía haciendo su recorrido. Les invitaron a sentarse y aunque se sentaron un poco aparte con el gesto algo distante que les exigían las ordenanzas, también participaron en la conversación con monosílabos mientras trasegaban de la bota. Salvador estaba contento y echó unos pedazos de tocino a la lumbre. La juerga continuó, el molino palpitaba, el molino tenía vida.

LAS PRESAS DE LOS MOLINOS DE AGUA (1)

III.- DESCRIPCIÓN DEL MOLINO DE AGUA

Ya hemos visto cómo lo que básicamente consigue un molino es aprovechar una determinada elevación del agua – mantenida por un canal – desde una presa río arriba, para que al caer el agua por la fuerza de la gravedad mueva la rueda de nuestro artificio (fig. 5).

Partimos de la estructura del molino de rueda horizontal o rodezno para explicar este mecanismo, ya que se trata del más frecuente con mucho en nuestros ríos y arroyos. Es además el modelo más sencillo a partir del cual explicaremos las peculiaridades de otros tipos de molino.

        

Presa de un molino de agua en el río Huso. Trazado muy irregular construido con pizarras y cuarcitas rodadas
Presa de un molino de agua en el río Huso. Trazado muy irregular construido con pizarras y cuarcitas rodadas

LAS PRESAS

Lo primero que necesitamos en la construcción de una instalación molinera es retener el agua en un punto del cauce con una altura determinada y desviar ese agua hacia un canal cuya misión es mantener ese nivel hasta llegar al edificio del molino. Ambas cosas se consiguen mediante la presa que podemos definir por tanto como un obstáculo fijo, opuesto a la corriente y que embalsándola con elevación de nivel produce un remanso[1].

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