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MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE, CUENCA DEL ALBERCHE

MOLINOS DE LA CUENCA DEL ALBERCHE

SIERRA DE SAN VICENTE

Molino en término de Hinojosa sobre el arroyo Guadmora

En la cuenca del Alberche, sobre los pequeños arroyos de pendiente media que descienden de la Sierra de San Vicente hubo molinos que, al menos en épocas lluviosas, molieron para las gentes serranas pero también dieron servicio a los pueblos del valle del Alberche y la comarca de El Horcajo ya que, como hemos visto, el Alberche era río poco molinero.

Recorriendo río arriba los afluentes de la orilla norte del Alberche, nos detendremos primero en el arroyo de Las Tenebreras o de la Virgen, junto a la carretera que va de San Román de los Montes a Hinojosa. Se trata de un molino de cubo en sillería con el depósito característico de agua que delata su adaptación a de motor de gasoil (Te1). Su accesibilidad facilita su visita y el recorrido del canal de corto trayecto que hará comprender fácilmente al curioso el mecanismo básico de los molinos de agua (Foto 31).

Molino del arroyo de Las Tenebreras en San Román

En el mismo casco urbano de El Real de San Vicente existen restos de cuatro molinos de cubo, junto a un quinto un poco aguas abajo del pueblo, cerca del cruce con la carretera de Castillo de Bayuela. Este último conserva su rampa y un canal elevado que deja por debajo un portillo que permite el paso al otro lado del molino donde se encuentra el huerto. Todos estos ejemplares se sitúan sobre las orillas del arroyo de las Cañadillas (C1), (C2),(C3), (C4) y (C5) (Foto 32 y 33).

Molino en el casco urbano de El Real de San Vicente sobre el arroyo de Las Cañadillas

Hinojosa de San Vicente cuenta en su término con dos magníficos ejemplares molineros interesantes por su bonita arquitectura popular, (Gu1) y (Gu2) (Foto 34). Están situados sobre el arroyo de Guadmora que aguas abajo, ya en término de Castillo de Bayuela, movilizaba otros dos artificios de gran antigüedad y que, como los anteriores, cuentan con un receptor de cubo. Uno de ellos sirvió también como batán (Gu3) y (Gu4) (Foto 35).

Además, Castillo de Bayuela tiene en su demarcación otros seis molinos sobre el arroyo de Saucedoso, en la zona conocida como “del Puente Romano”. Los tres más bajos (S4), (S5) y (S6) son de tipología muy similar, con un cubo que tiene la base del mismo sumamente inclinada hasta el punto que podemos definir a estos receptores como de cubo-rampa.

Molino que también fue batán en el arroyo Guadmora

El segundo ejemplar (S2) tiene la peculiaridad de haber asegurado la estanqueidad del cubo mediante unos cilindros de cerámica de un metro de altura que cubren superpuestos la pared interior del receptor evitando así escapes de agua. Esto es lo que fabricado en piedra se conoce en otros lugares de España como “atanores”. El tercer artificio (S3) (Foto 36) toma sus aguas del afluente arroyo del Batán, aunque se sitúa a las orillas del Saucedoso, pero el cuarto (S 4) es de doble captación ya que toma el caudal de ambas corrientes. La presa del quinto molino es de las pocas existentes en la provincia que hemos definido como de “presa paralela a la corriente”, mientras que la presa del sexto tiene su anclaje en los mismos pilares del “Puente Romano”. Aguas abajo hubo un séptimo molino del que hoy ya no quedan restos.

Molinos de Saucedoso

Todos estos artificios estaban también en relación con la cercana localidad de Garciotún donde se pueden observar los pobres restos de un molino de aceite que, por la piedra que todavía permanece junto a sus ruinas, bien pudo haber sido primitivamente un pequeño molino harinero (Ga 1).

Uno de los molinos de Saucedoso

El siguiente afluente del Alberche es el arroyo de San Benito sobre el que se encuentra un hermoso ejemplar dotado de una larga y estrecha rampa. En sus muros se ven todavía los rótulos que indicaban su confiscación durante la guerra civil (S B1) y en su interior se ha dibujado sobre un muro un esquema del repicado de las piedras para recordarlo el molinero (Foto 37). En el arroyo de la Dehesa, tributario del anterior, podemos ver los restos de un pequeño cubo de tan solo un metro de diámetro (De 1). Estos dos ejemplares se encuentran en el término de la pequeña localidad de Nuño Gómez.

Molino de Nuño Gómez en el arroyo de San Benito

Otro arroyo de esta cuenca es el de La Nava que al pasar por Pelahustán daba movimiento a tres ejemplares entre cuyas ruinas  pueden distinguirse  los cubos de dos de ellos (Na 1) y (Na 2). Nos encontramos ya en el antiguo señorío de Escalona, aunque geográficamente estemos todavía en la Sierra de San Vicente, de la que siguen bajando pequeños afluentes hacia el Alberche.

MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE

EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

Tercer molino de la garanta Tejea

Pasemos ahora a la cuenca del río Tiétar, a caballo de los términos de El Real de San Vicente y Almendral de la Cañada se sitúan los molinos de garganta Tejeda sobre una pendiente muy pronunciada a la que se adaptan con el ya descrito receptor de tubo. Tres de ellos cuentan con una pequeña balsa  previa de almacenamiento antes de  la entrada del agua en el tubo (Gt 3), (Gt 4) y (Gt 5). Seguir leyendo MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE: NAVAMORCUENDE Y MARRUPE

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE:

NAVAMORCUENDE Y MARRUPE

Tercer molino de Navamorcuende de proporciones casi monumentales

Vamos a repasar ahora los molinos de la Sierra de San Vicente propiamente dicha y comenzaremos por su lado occidental con los molinos de Navamorcuende y Marrupe . Algunas de sus poblaciones molían en el Tiétar y sus afluentes, y otras situadas más al sur lo hacían en el alto Guadyerbas y en los arroyos tributarios del Alberche. El mismo río Alberche, aunque relativamente caudaloso, es poco molinero por su escasa pendiente y lo arenoso de su cauce en este tramo. No he hallado restos de molinos en su trayecto más bajo, ni siquiera referencia histórica alguna a su existencia.

Todos los pueblos de esta pequeña sierra pertenecieron a la ciudad y obispado de Ávila, lo que dificulta la investigación histórica por la escasez de estudios publicados en Toledo sobre la zona. Por otra parte,  la documentación histórica referente a esos pueblos se halla en Ávila donde también escasean los estudios generales de la comarca por pertenecer en la actualidad esos pueblos a la provincia de Toledo.

Molino quinto del Guadyerbas en Sotillo de las Palomas

En el ámbito de la Sierra de San Vicente existieron sobre el Guadyerbas hasta cinco molinos. El más bajo (G5) se sitúa próximo al casco urbano de Sotillo de la Palomas y es el artificio al que nos hemos referido como el único que llegó a moler con motor de vapor de agua. Su receptor hidráulico primitivo era un cubo.

En la cabecera del río, la carretera de Navamorcuende a El Real de San Vicente ha destruido el edificio del primer molino (G1), aunque todavía puede observarse junto a la cuneta el cubo de sillarejo con su saetín. Es un curioso ejemplar abastecido por canales labrados en las laderas próximas que recogían el agua de escorrentía, además de captar la corriente de una fuente cuyo caudal se acumulaba en una balsa excavada por encima del cubo.

Primer molino de Navamorcuende sobre el nacimiento del Guadyerbas, la sala del molino se la llevó la carretera y solo queda el cubo

El segundo molino (G2) está dotado de una gran rampa que tomaba directamente el agua que salía por el socaz del primero. El tercer artificio (G3) es una gran construcción propiedad en sus orígenes del cercano monasterio del Piélago . Su edificio, construido en sillería, tiene tres pisos y un enorme cubo al que llega también directamente el agua desde Gu2 a través de un canal elevado sobre soporte de mampostería. Como peculiaridad, se sirve de una escalera helicoidal que comunica el interior del molino con el cárcavo. El cuarto molino de la cabecera del Guadyerbas (G4) apenas es reconocible, solamente quedan escasas restos de una rampa de considerables proporciones.

Gran rampa de segundo molino de Navamorcuende sobre el nacimiento del Guadyerbas

Pudieran muy bien ser éstos los molinos a los que se refiere el Catastro de Ensenada como pertenecientes al convento. En realidad todos eran accionados por la misma captación de la que luego partía un canal que más tarde estuvo también destinado a llevar agua a la central eléctrica de Navamorcuende y  todavía hoy puede observarse.

Más cerca del casco urbano, encontramos sobre el arroyo del Lugar que cruza el pueblo tres arruinados molinos de menor entidad. Dos son de cubo y uno es de rampa. El más cercano a Navamorcuende perteneció al señor feudal de la villa (L1), (L2) y (L3).

Segundo molino del arroyo Marrupejo en término de Marrupe

En término de Marrupe se hallan los tres primeros molinos del arroyo Marrupejo, el de Arriba (M1), el de Enmedio (M2) y el de Abajo (M3). Los tres son de cubo, bien conservado y adaptado a motor el primero y muy arruinados los otros dos. El tercero mantiene todavía una presa paralela a la dirección de la corriente que aprovecha un recodo del arroyo. Uno de éstos podría ser el molino que, si aceptamos la etimología musulmana que atribuye Gómez Menor a la palabra Marrupe, se habría llamado “molino del convento” durante la dominación árabe de la comarca.

Seguimos en término de Marrupe, en el arroyo de la cabecera del Marrupejo conocido como arroyo de Navatejares quedan, junto a una cascada, restos apenas perceptibles de un molinillo con un cubo como receptor (Nt 1).

MOLINOS DEL TAJO EN VALDEVERDEJA Y TORRICO

MOLINOS DEL TAJO EN VALDEVERDEJA Y TORRICO

Aceñas del Conde En El Torrico

Seguimos aguas abajo y el siguiente complejo molinero que encontramos es el de las aceñas del Conde ( fig. 33 ). Conserva, sobre el pasillo que da acceso a las compuertas, el blasón granítico de los señores de Oropesa. El edificio está relativamente bien conservado pero se perciben en sus muros varias reformas y añadidos que a lo largo de los siglos han ido modificando el aspecto exterior de estos molinos. En esquema se diferencian cuatro partes. La primera y la que más se adentra en el río es la más antigua, la que albergaba las viejas aceñas de rueda vertical. El plural de la denominación se basa en la existencia de dos ruedas verticales. La más interior apoyaba su eje por un lado en un edificio con tajamar macizo y por el extremo exterior se apoyaba en una segunda construcción abovedada similar a la de Calatravilla donde se perciben dos huecos en el piso, uno anterior y otro posterior, que alojaron los dos pares de muelas. La piedra que se situaba río abajo, habría apoyado su eje sobre el tercer cuerpo del complejo molinero, hoy modificado por haberse dispuesto para el alojamiento de varios molinos de regolfo, aunque todavía puede observarse sobre el muro el orificio donde giraba el eje y lo que parece una huella de rozamiento de la rueda. También resulta todavía visible el canal y la compuerta que regulaba el caudal (Foto 22).

En ese tercer cuerpo del edificio se albergaban seis cubas de regolfo en sus respectivos cárcavos con las que se movilizaban seis piedras que se encuentran en una sala común. Desde ella se llega a una puerta de acceso a una pasarela de servicio para las compuertas y a una escalerilla de subida al techo abovedado. Otra pasarela de acceso exterior daba  paso a las cubas de los regolfos.

Por último, el edificio de todo el conjunto más cercano a la orilla es un molino de invierno o de creciente que funcionaba cuando se inundaban el resto de las piedras. Cuenta con tres cubas que desembocan en un sólo cárcavo de salida sobre el que se accedía al molino. Por delante de estas cubas hay una dependencia cubierta donde probablemente se colocaba la cernedora, ya que un orificio en el muro del molino muestra la marca del roce de la correa que era movilizada por el eje del último regolfo del edificio principal. Sobre la bóveda, un pequeño depósito de obra parece que servía para humedecer o airear el trigo si era necesario para una mejor molienda.

Este importante conjunto molinero se completa con otros edificios como la vivienda del molinero, que ya aparece en el proyecto de navegación de Carducci del siglo XVII situada en el mismo lugar elevado que en la actualidad, unas cochineras de gran capacidad y otras dependencias de habitación, almacenaje y cuadras.

Molino de verano de Los Rebollos

Una red de caminos y senderos une todos los grandes molinos de este tramo del Tajo entre los que se encuentra río abajo el ejemplar siguiente, el molino de los Rebollos (fig. 41). Es también un ejemplar magnífico y de gran antigüedad. Está construido en mampostería de granito empleado incluso en las bóvedas, que presentan un peculiar aspecto cubiertas de lanchones de piedra. Ocho pares de  muelas trabajaban en su interior y en la séptima todavía se conserva el orificio de un rodete accesorio que habría movido la maquinaria auxiliar. La sala del molino cuenta con una chimenea curiosamente adaptada al sistema de arcos y bóvedas de su estructura.

Molinos de verano o creciente de Los Rebollos

También están dotados estos molinos de dos piedras de creciente que se alojan en un edificio exento de más reciente construcción (Foto 23). Una balsa previa está construida por la elevación de un muro junto a la orilla que tiene dos compuertas para represar y conducir el agua hacia los dos regolfos que actuaban como molinos de invierno. En otro nivel todavía más elevado se localizan las viviendas y las cuadras a las que se accede por un sistema de empinadas rampas ( Foto 24). En los planos de navegación aparece como molinos perdidos “del Conde de Oropesa” en 1641 y como  “molino de Bravo” en 1820.

Molino de losCapitanes en Valdeverdeja

El siguiente artificio es conocido como molino de Los Capitanes      (fig. 42). Es otro ejemplo de gran molino de regolfo abovedado, edificado con sólida factura y que cuenta con cinco cárcavos donde el agua accionaba cinco piedras. En su arquitectura tiene la peculiaridad de tener como acceso un gran zaguán cubierto y previo a la sala  del molino que pudo haber servido como cuadra o cocinilla de “espera” para los clientes. El molinero o los dueños tenían una gran vivienda cercana con dos plantas pero no estaba dotado de molino de invierno para las épocas de crecidas. En 1641 figuran en el plano de Carduchi como molinos de Meneses, familia noble de Talavera, pero ya no aparecen corrientes en 1820. (Foto 25)

Molino Nuevo de Valdeverdeja

Trescientos metros más abajo se sitúa el molino Nuevo (fig. 43) que sí contaba con dos piedras de creciente en un edificio anejo al principal. Se accedía desde la orilla en caso de inundaciones por una pasarela de madera bajo la que discurría el agua. Resulta muy peculiar en su estructura el hecho de que “una” canal lateral movilizaba un rodete que a su vez accionaba mediante correas toda la maquinaria auxiliar. Es éste por tanto un caso de molino de transición con las fábricas de harina hidráulicas. En la parte del edificio situada río adentro se puede ver un canal entre dos espigones que parece haber servido para la instalación de cañales de pesca. Como los demás molinos del Tajo, cuenta con largos espigones que reconducían el agua de los socaces y en el techo tiene las chimeneas y respiraderos que evitan el estallido de las bóvedas en caso de inundaciones, especialmente frecuentes en este trayecto muy encañonado del río (Foto 26).

Sobre las ruinas del molino de los Sacristanes ( fig. 22) se edificó una central eléctrica que daba luz a Valdeverdeja y Valdelacasa, pero los escasos restos todavía existentes nos muestran las ruinas de lo que fue una aceña que, como las del Conde o las de Calatravilla tiene la típica planta en dos niveles para alojar en el inferior el engranaje de linterna. En este caso se observan además los huecos del muro donde se introducían las vigas que sostenían el entarimado de las piedras. Fue molino dotado tradicionalmente de una barca en el reculaje de su presa.

Este molino tiene un gemelo en la orilla cacereña sobre la que también se situaban los molinos de Espejel, en lo que antes fue antigua Tierra de Talavera. Estos últimos molinos se encuentran sumergidos por el embalse de Valdecañas, pertenecieron al monasterio de Guadalupe y se conocen desde el siglo XIV. También tenían barca.

Tampoco he podido estudiar el último molino sobre el Tajo en la provincia de Toledo por encontrarse inundado por el embalse de Valdecañas. Se trata del molino del Barquillo pero por las informaciones de los lugareños se encuadra en la misma tipología que los anteriores.

Toda la molinería del Tajo en su trayecto más occidental de la provincia, sirvió también a la parte de la Jara hoy extremeña y constituyó un importante sector económico para Valdeverdeja que no olvidemos llegó a contar en su término de tierras poco feraces con cerca de seis mil habitantes.

MOLINOS ÁRABES Y ROMANOS DEL TAJO

IV.- INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LOS MOLINOS DE AGUA DE LA PROVINCIA DE TOLEDO

Comenzamos un nuevo capítulo de mi libro agotado «Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo». Describiremos su historia desde los romanos hasta los árabes

Molinos que para algunos son probablemente romanos en el arroyo del Cubillo de Carranque
Molinos que para algunos son probablemente romanos en el arroyo del Cubillo de Carranque

1.-Hasta los árabes

¿Hubo molinos de agua en el valle del Tajo durante la época romana? Puede que la arqueología nos dé algún día una respuesta. Hoy solamente podemos aventurar conjeturas, ya que sí se ha constatado la existencia de presas como la del arroyo de Comeleches (Foto 14)  junto a la villa romana de Carranque y la del molino del arroyo del Cubillo, también próxima a una zona rica en restos arqueológicos como es la de la iglesia visigoda de Melque; ambas presas por su aspecto y contexto pudieran haber sido romanas

Es lógico pensar que si el Fuero Juzgo de los godos hace algunas referencias a la legislación molinera, en Toledo, que fue capital de la Hispania Visigoda, hubiera existido alguno de estos artificios[1].

Ya hemos comentado las referencias de Al- Idrisi, viajero árabe del siglo XI, a los molinos de Talavera. Sus crónicas están basadas según algunos autores en otras de viajeros de épocas anteriores a la suya y por tanto puede que esas alusiones haya que datarlas en realidad  en época tan temprana  como es el siglo IX[2].

En sus obras «Historia de Tulaytula»[3] y «Las Calles de Toledo=[4], Julio Porres nos hace referencia a determinadas citas de fechas inmediatas al año 1085, cuando se reconquista Toledo, en las que aparecen molinos toledanos como los de Azumel (Assomail), molinos de Daicán (Dar Axam) y los de Arsagrazu (Afagraza) que, por sus nombres y antigüedad bien pudieran haber funcionado en época musulmana.

Aceñasa en la Vista de Toledo de El Greco que habrían estado aguas abajo de la actual estación de autobuses
Aceñas de Arzagrazu  en la Vista de Toledo de El Greco que habrían estado aguas abajo de la actual estación de autobuses

El término «aceña», como tantas otras palabras relacionadas con la molinería y la tecnología del agua, es de origen árabe y tanto los restos visibles todavía hoy en día de los molinos de Daicán como los de Arsagrazu (o de Río Llano) que se pueden observar en el cuadro del Greco «Paisaje de Toledo» (fig. 29), presentan por sus característicos tajamares el aspecto de haber sido aceñas, es decir molinos de rueda vertical, los más arcaicos de estos ingenios.[5]

Restos de los molinos de daicán sobre el Tajo en Toledo
Restos de los molinos de daicán sobre el Tajo en Toledo

J.C. Gómez Menor, en su «Historia de la Antigua Tierra de Talavera», sugiere que el término Marrupe, nombre de un pequeño municipio de la Sierra de San Vicente, puede derivar de «Mazarupet» o «Másar ar rubait», traducido como molino de la pequeña rápita. Al respecto solamente podemos decir que en el arroyo Marrupejo existen restos de seis molinos con aspecto y referencias de considerable antigüedad.[6]

En el arroyo de Riolobos, íntimamente relacionados con yacimientos arqueológicos de datación tardorromana y con alusiones a su existencia ya desde el siglo XIII[7], encontramos hoy los restos de dos molinos, siendo uno de ellos muy interesante por su cubo arruinado con aparejo en sus muros de aspecto vetusto aunque de difícil asignación cronológica a simple vista.

Molino de Riolobos. en Velada¿Fue romanos?
Molino de Riolobos. en Velada¿Fue romanos?

Tras la reconquista en el año 1085, los cristianos aprovechan la mayoría de los azudes y los edificios de molinos que los árabes abandonan sobre el Tajo. Así, los molinos de la Reina que en 1142 son cedidos por Alfonso VIII a la Orden de Calatrava,[8] no son otros que los molinos de Daicán . La misma orden posee otros molinos conocidos como de «Calatravilla» (fig. 22 A) junto al puente y fortaleza musulmana de Castros en el término actual de El Torrico pero cercanos a Puente del Arzobispo. Existen tempranas referencias a esta parada molinera ya en el siglo XIII[9] (Foto 15).

Molinos de Calatravilla. Son antiguas aceñas de rueda vertical y las flechas señalan los soportes de la misma
Molinos de Calatravilla. Son antiguas aceñas de rueda vertical y las flechas señalan los soportes de la misma

Bury al Sultan era la Torre del Sultán que fue cedida en 1135 por Alfonso VII a Miguel Midiz para su repoblación con azudas, canales y molinos[10]. Este lugar no es otro que Azután, que más tarde pasaría a las monjas de San Clemente de Toledo que además serían dueñas de sus molinos.

También son muy cercanas a la ocupación árabe las referencias a los molinos de Uso, junto a la ciudad de Vascos[11]. Jiménez de Gregorio recoge alusiones históricas medievales a tres azudes sobre el río Tajo en el entorno de esta ciudad hispano musulmana.[12]

[1] SAENZ DE SANTA MARÍA, A.: Molinos Hidráulicos en el Valle del Ebro. Vitoria, Diputación Foral de Alava, 1985, pp. 127-133.

[2] GARCÍA MERCADAL, J.: Opus cit. p. 45.

[3] PORRES MARTIN- CLETO,  J. : Historia de Tulaytula, Diputación Provincial,Toledo,  plano de la p. 89.

[4] PORRES MARTÍN CLETO, J. : Historia de las Calles de Toledo, véanse los epígrafes correspondientes «Molinos de Daicán» y «Molinos de Azumel» y las láminas 281-284.

[5] GLICK, T.F. : Cristianos y Musulmanes en la España Medieval , 711-1250. Madrid, Alianza Editorial, 1991, pp. 66-69. La visión del mundo musulmán en la península, como una red de ciudades abastecido por sus huertas periféricas, frente al más ruralizado mundo cristiano, nos hace pensar en una concentración molinera junto a las ciudades árabes como Talavera o Toledo donde molerían aceñas de mayor envergadura mientras que el mundo cristiano habría estado más relacionado con el rústico molino de rodezno construido sobre pequeñas corrientes.

[6] GÓMEZ MENOR, J.C. : La Antigua Tierra de Talavera. Toledo, Ayuntamiento de Talavera de la Reina, 1965, p. 9.

[7] SUAREZ ALVAREZ, M. J. : La Villa de Talavera en la Edad Media. Oviedo, Universidad de Oviedo y Diputación Provincial de Toledo, 1982, p. 67.

[8] PORRES MARTÍN CLETO, J. : Opus cit. Historia de las calles … p. 423.

[9] JIMENEZ DE GREGORIO, F. : Historia de la Villafranca de la  Puente del Arzobispo. Toledo, Diputación Provincial, 1989, p. 80.

[10] RODRÍGUEZ -PICAVEA MATILLA, E.: La Villa de Talavera en plena Edad Media. Excmo. Ayto de Talavera,Talavera, 1996, p.67.

 [11] ALFONSO XI. : Libro de la Montería. Universidad de Granada, Granada 1992. p. 564.

 [12] FERNANDO JIMÉNEZ DE GREGORIO. A Tres puentes sobre el Tajo en el Medievo@, Hispania n1 LV, C.S.I.C. Instituto Jerónimo Zurita, Madrid, 1954, pp. 18-20.

UN DÍA CORRIENTE Y MOLIENTE

UN DÍA CORRIENTE Y MOLIENTE

Molino de Riofrío en Sevilleja de la jara
Molino de Riofrío en Sevilleja de la jara

Salvador había nacido en el molino. Su madre casi le parió cuando se agachaba para abrir uno de los aliviaderos del canal. Su padre tuvo que correr con la mula hasta llegar al pueblo para traerse a Juana, la comadrona, hasta la ribera. Lo primero que escuchó al nacer fueron los tres ruidos molineros: el agua al salir del saetín para mover el rodezno, las piedras en su roce benéfico pero atronador y la tarabilla golpeando sobre las muelas. Seguir leyendo UN DÍA CORRIENTE Y MOLIENTE

LAS PRESAS DE LOS MOLINOS DE AGUA (1)

III.- DESCRIPCIÓN DEL MOLINO DE AGUA

Ya hemos visto cómo lo que básicamente consigue un molino es aprovechar una determinada elevación del agua – mantenida por un canal – desde una presa río arriba, para que al caer el agua por la fuerza de la gravedad mueva la rueda de nuestro artificio (fig. 5).

Partimos de la estructura del molino de rueda horizontal o rodezno para explicar este mecanismo, ya que se trata del más frecuente con mucho en nuestros ríos y arroyos. Es además el modelo más sencillo a partir del cual explicaremos las peculiaridades de otros tipos de molino.

        

Presa de un molino de agua en el río Huso. Trazado muy irregular construido con pizarras y cuarcitas rodadas Presa de un molino de agua en el río Huso. Trazado muy irregular construido con pizarras y cuarcitas rodadas

LAS PRESAS

Lo primero que necesitamos en la construcción de una instalación molinera es retener el agua en un punto del cauce con una altura determinada y desviar ese agua hacia un canal cuya misión es mantener ese nivel hasta llegar al edificio del molino. Ambas cosas se consiguen mediante la presa que podemos definir por tanto como un obstáculo fijo, opuesto a la corriente y que embalsándola con elevación de nivel produce un remanso[1].

Se sitúan estas presas en lugares topográficamente favorables para su construcción como es el caso de estrechuras del cauce, elevaciones del fondo del río o lugares donde la existencia de rocas laterales o un fondo firme y berroqueño del río permitan un mejor anclaje de la estructura. Se buscan sobre todo pérdidas de nivel de la corriente lo más bruscas posible, de forma que consigan hacer ganar  desnivel al canal en un corto recorrido para ahorrar así esfuerzo en su excavación. Es el caso de los molinos situados junto a las cascadas y chorreras de los arroyos.

Para la construcción de presas se huye en general de los terrenos arenosos con gran filtración. También se intentan evitar los tramos de cauce fluvial muy anchos que hacen necesaria la construcción de presas de gran longitud, más frágiles ante las avenidas y que se colmatan de sedimentos más fácilmente. Se precisa además no trazar los azudes en perfiles topográficos de escasa pendiente porque conllevarían canales demasiado largos. Aunque hay excepciones, como es el caso de las zonas donde ese mismo canal se aprovecha para regadíos ribereños y la utilización para este fin hace más rentable su excavación.

Presa de los molinos de los Sacristanes reutilizada para una central eléctrica. Obsérvese la disposición de los bloques graníticos ajustados como granos de granada Presa de los molinos de los Sacristanes reutilizada para una central eléctrica. Obsérvese la disposición de los bloques graníticos ajustados como granos de granada.

Las presas se fabricaban con esmero aunque la pobreza de los antiguos materiales disponibles y la, generalmente, modesta condición económica de los molineros influía en la precariedad de estas construcciones, salvo en las más potentes aceñas y molinos del Tajo. A estas circunstancias se unía el régimen semitorrencial de muchos de nuestros arroyos y riachuelos serranos que presentaban en invierno avenidas importantes que ayudaban a su destrucción, obligando a frecuentes reparaciones de mantenimiento. En la actualidad quedan pocas de estas presas completas, existen numerosas referencias históricas a destrozos de las riadas y a las obras necesarias para su reparación, principalmente en la documentación existente sobre los molinos de Toledo y Talavera.

Otras presas que resistieron el embate de las aguas se han visto con el paso del tiempo anegadas por el arrastre de arenas y cienos. Para evitar esto se acudía en ocasiones al levantamiento aguas arriba de otra presa de peor factura que intentaba retener los materiales que anegaban la principal. Ese parece ser el objeto de una presa secundaria construida en el primer molino del arroyo de Piejachica en Valdeverdeja.

Las presas tienen dimensiones variables dependiendo de la entidad y características topográficas de la corriente sobre la que se construyan. Van desde los dos metros escasos de las presas de los molinos de Garganta Tejeda en el Real de San Vicente, hasta las presas o azudas del Tajo que sobrepasan los cien metros en algunas ocasiones. La altura y la anchura de los muros de las presas varían entre uno y diez metros.

Anclaje en la orilla de una presa en el río Huso que muestra las lanchas de pizarra reforzando el calicanto de la estructura Anclaje en la orilla de una presa en el río Huso que muestra las lanchas de pizarra reforzando el calicanto de la estructura

Las presas podían construirse sobre el lecho de la corriente sin ningún apoyo especial, pero a veces se anclaban en grandes rocas o en los tajamares de los puentes. También las orillas de los islotes que jalonaban los ríos servían a veces como apoyo para su edificación.

Las secciones pueden ser rectangulares, trapezoidales o escalonadas. Estas dos últimas formas intentan evitar que se socave el cauce y peligre la cimentación de la presa, ya que impiden que el agua caiga violentamente desde el rebosadero (fig. 7). Asociados a estos perfiles podemos encontrar contrafuertes de obra que intentan conseguir una mayor resistencia de la presa a las avenidas del río.

Los materiales empleados suelen ser la piedra de extracción local  y la argamasa. Las rocas más frecuentemente empleadas en nuestra geografía son el granito, las cuarcitas rodadas o no y la pizarra (Foto 1). El paramento se refuerza con esmerado ripio a presión que ajusta la estructura de sillarejo. En La Jara, sobre el arroyo Cubilar, se pueden ver algunas presas fabricadas con grandes lajas de pizarras clavadas oblicuamente en el cauce y reforzadas con acúmulo posterior de otros materiales. El ladrillo o el mero acúmulo de tierras son poco empleados en las presas aunque sí se utilizan en los canales.

Presa y arranque del canal en una presa de Riofrío

En los grandes ríos como el Tajo e incluso el Tiétar, las presas conllevan una obra de mucho mayor envergadura. Son generalmente de sección trapezoidal, su base es ancha y suelen estar formadas por grandes bloques graníticos que constituyen el núcleo de la obra. Posteriormente se enlosará con sillería más regular e incluso se rematará con un revocado  exterior.

A veces adopta el aparejo una curiosa disposición como en el caso de la presa de las Aceñas del Conde en término de El Torrico. En este gran azud del Tajo los bloque exteriores de la cubierta de la presa se han tallado con formas trocopiramidales similares a los granos de una granada, muy acuñados con ripio a presión y relleno de mampostería en el interior de la estructura.

El borde superior de las presas molineras se encuentra especialmente bien rematado, en general con acabados curvos que eviten la erosión, incluso en ocasiones puede construirse en sillería o con pizarras alineadas y unidas con argamasa. Las presas suelen tener también rebosaderos y compuertas que no sólo desaguan en el canal del molino sino que a veces sirven también para el abastecimiento de canales de riego y abrevaderos.

[1]  DIPUTACIÓN FORAL DE VIZCAYA: Bizkaiko Presoak, Presas de Vizcaya. Catálogo. Bilbao, Diputación Foral de Bizkaia, 1990, pp. 11-19.

CONCEPTOS BÁSICOS DEL FUNCIONAMIENTO DE LOS MOLINOS DE AGUA

Segundo capítulo de mi libro agotado «Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo» en el que se dan algunos conceptos básicos sobre la energía hidráulica para comprender su funcionamiento

II.- LA ENERGÍA HIDRÁULICA

Molino de cubo en Riofrío, Sevilleja de la Jara
Molino de cubo en Riofrío, Sevilleja de la Jara

Conozcamos ahora algunos conceptos básicos sobre energía hidráulica que, aunque en su desarrollo teórico no eran conocidos por la mayoría de los constructores de molinos, sí que eran, sin embargo, intuitivamente aplicados por ellos. Conseguían así adaptarse al medio en condiciones frecuentemente muy adversas de topografía, pendientes y caudales, consiguiendo la máxima rentabilidad del artificio para una molienda más productiva y un aprovechamiento del caudal de forma que se pudiera moler el mayor tiempo posible del año hidrológico.

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ETNOGRAFÍA DE UN PUEBLO, CASTILLO DE BAYUELA (III)

ETNOGRAFÍA DE UN PUEBLO, CASTILLO DE BAYUELA (III)

Cultivos y arquitectura popular

Espada de espadar el lino y rueca para hilar
Espada de espadar el lino y rueca para hilar

En el siglo XVIII se nos dice que la mayor parte de las parcelas de regadío se dedican al cultivo del lino, sesenta fanegas nada menos son para este aprovechamiento que junto al de la morera son los dos grandes desaparecidos en la historia de la Sierra de San Vicente. Vamos a acudir a un paisano nuestro, el talaverano Gabriel Alonso de Herrera para saber algunos datos de cómo era el cultivo tradicional del lino, este clérigo de la parroquia de San Miguel que durante el siglo XVI vivió en Talavera sacó de sus vivencias por toda la comarca sus conocimientos para escribir el primer tratado de agricultura de España y uno de los primeros que en Europa intentaban hacer una ciencia del cultivo de los campos. Hoy da nombre a un instituto donde estudian muchos de los hijos de este pueblo. Pues bien sobre los tipos de lino dice: “ Uno es invernizo, que se siembra antes del invierno que en algunas tierras llaman vayal, otro hay que se siembra a la primavera, que es por hebrero o marzo, y porque se riega llaman regantío”

Aparece una palabra que a todos os sonará, vayal y que es una bayuela, sino un diminutivo de vayal, yo estoy con los que mantienen que el nombre de vuestro pueblo y el apellido de bayolero por el que se conoce a los vecinos de aqui deriva directamente de estos linares ya desaparecidos.

Y sigue Alonso de Herrera: “ Cuando lo arrancaren han de hacer pequeños manojos…unos lo sacuden sobre sábana y otros con un peine de madera tan estrecho de púa que la cabezuela donde está la simiente no pueda pasar..y luego lo lleven al río… pónganle pesas encima porque ello es muy liviano…después bien enxuto y soleado, tráyanlo so techado, y antes que lo majen pónganlo en lugar algo húmido que la hebra tome correa, que si así seco lo majassen y espadassenc ortaríen la hebra y perdería mucho. Esto hecho entréguenselo a las mujeres que hagan dello como saben y lo pongan en perfición”

He leido en un artículo de AGUASAL como se guarda todavía memoria de los lugares donde se cultivaron los últimos linares y las piedras donde se majaba el lino virgen, y cómo todavía se guardan algunas espadas de madera de espadar el lino y algún peine de púas para obtener la fibra vegetal además de algunas mañas de esta fibra vegetal.

Molino de agua del arroyo Saucedoso
Molino de agua del arroyo Saucedoso

En el Catastro de Ensenada se hace también referencia a los olivares de donde se obtenía la aceituna que más tarde se molturaría en los lagares o molinos de aceite del pueblo. En aquella época eran dos y hoy todavía queda algún resto del llamado molino del Cura, hoy todavía se puede recrear la planta de sus instalaciones.

En cuanto al vino, hemos visto que en época tan temprana como el siglo XIV ya se hace referencia a las “viñuelas del castiello”. Todavía en la actualidad quedan algunas bodegas donde se mimaba la producción vinícola de la zona que, en el caso de una de las aldeas de Castillo, como es Hinojosa llegó a tener cierta fama.

Entre las instalaciones preindustriales de interés en Castillo de Bayuela debemos destacar la molinería de sus arroyos, nada menos que ocho molinos de agua eran movidos por el Guadmora y el Saucedoso. Son preciosas muestras de arquitectura popular en granito que debéis conservar, son molinos de cubo, de rampa y algunos de cubo-rampa según la terminología que utilizo en mi trabjo sobre los molinos de la provincia, el molino fue siempre lugar de trabajo pero también de encuentro, de vida y porqué no decirlo, de sisa y de estraperlo. Nos llevaría mucho tiempo hablar de su funcionamiento, de la maquila, de sus presas de sus canales de sus cárcavos y rodeznos, pero quede constancia de nuestra referencia a los molinos de agua, primera máquina que ahorra tiempo y esfuerzo al ser humano.

Ejemplar de vivienda arquitectura popular tradicional en castillo de Bayuela. Mampostería de granito con piso bajo blanqueado
Ejemplar de vivienda arquitectura popular tradicional en castillo de Bayuela. Mampostería de granito con piso bajo blanqueado

Ya me he referido a la belleza que como arquitectura popular tienen los edificios molineros, pero hay muchas otras muestras de esa arquitectura tradicional  que tuvimos tiempo de analizar en una conferencia anterior monográfica sobre ese tema. Pero recordemos que la sencilla forma de costruir de estas sierras hunde sus raices en el mundo céltico de las edificaciones redondas con techos vegetales que luego se transforman en falsas bóvedas por superposición de lanchas de granito, es el caso de los chozos y las cochineras, repartidas por vuestros montes. La arquitectura popular tiene una característica fundamental que es la utilización de los materiales más inmediatos y así el granito en mampostería y en más raras ocasiones en sillería predomina sobre otros materiales como el adobe y el tapial que se reservan para construcciones secundarias o para aumentar la altura de las escasas viviendas dobladas. Ese segundo nivel de vuestras casas donde se guardaba la paja y que os valió el nombre que se os aplica en el conocido dicho “ Los de Castillo pajariegos, que toda la paja encierran y un año que no la cerraron se murieron las becerras.”

Cerradura tradicional de madera empleada en muchas puertas y porteras de la Sierra de san Vicente
Cerradura tradicional de madera empleada en muchas puertas y porteras de la Sierra de san Vicente

La tradición arquitectónica de los pueblos serranos abulenses se deja también sentir en vuestras viviendas tradicionales: bajos perfiles de prolongadas techumbres, pequeños huecos y vanos y sobriedad absoluta en la ornamentación. Si acaso alguna cerradura en la que el herrero se entretuvo en adornar con motivos sencillos.

Pero no debemos olvidar las encantadoras construcciones secundarias como los pilones graníticos, los abrevaderos y comederos de animales vaciados en la piedra o en grandes troncos, las parideras, las majadas, los ameales, las fuentes y los puentes de bloques ciclópeos de granito, ese granito que también sirvió para labrar las cruces del calvario o la calavera que preside el cementerio, porque hasta en el cementerio se puede encontrar el sabor de la cultura popular y alli también me adentré con todo respeto y contemplé algunas de esas preciosas lápidas de cerámica de Talavera que tienen escritos bonitos epitafios imaginados por el corazón sencillo de un labrador que ha perdido a un ser querido, casi siempre algún niño.

No había sin embargo lavaderos en Castillo, las mujeres se encontraban en el arroyo y allí cambiaban impresiones y chascarrillos, hoy la consulta del médico y los comercios han sustituido a ese lugar de encuentro que era la fuente o el lavadero.

Pero volvamos otra vez doscientos años atrás y analicemos la sociedad bayolera de entonces: Dos clérigos representaban a la iglesia en el pueblo, los funcionarios de entonces entre comillas eran un administrador del señor feudal, un cirujano y un boticario, un maestro de primeras letras y un escribano;  hoy, la mejora de los medios de comunicación y el falso atractivo de la ciudad hace que ni los sanitarios, los maestros o los administrativos vivan en los núcleos rurales en su mayoría, este hecho disminuye de alguna manera el dinamismo social de nuestros pueblos.

Pozos y pilas en Bayuela

BREVE HISTORIA DE LOS MOLINOS DE AGUA (I)

LOS MOLINOS DE AGUA DE LA PROVINCIA DE TOLEDO

(Fragmento de mi libro publicado por la Diputación de Toledo y ya agotado «Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo))

Autor: Miguel Méndez-Cabeza

Molinos de los Rebollos en el Tajo (Valdeverdeja)
Molinos de los Rebollos en el Tajo (Valdeverdeja)

I.- INTRODUCCIÓN HISTÓRICA A LA MOLINERÍA

   El concepto de máquina se define como el de “ un conjunto de piezas con movimientos combinados mediante el que se aprovecha una fuerza para producir un trabajo”. Podemos considerar al molino de agua -que es la aplicación más directa de la rueda hidráulica- como la primera máquina, el primer artificio que ahorra tiempo y energía al ser humano y a sus animales domésticos. Solamente la vela impulsó a las embarcaciones antes de que las aguas hicieran rodar las piedras de molino[1].

Mola asinaria romana, molinos de "sangre" movidos por fuerza de animales o de esclavos

Mola asinaria romana, molinos de «sangre» movidos por fuerza de animales o de esclavosHasta su invención, eran pequeños molinos de mano o los denominados en la antigüedad con el significativo nombre de “molinos de sangre” los que, movidos por energía animal (mola asinaria) (fig. 1) o humana (mola trusátilis), abastecían de harina a una sociedad esclavista como la romana[2]. Es probable que hace tres mil años existieran ya rudimentarios molinos de rueda horizontal en Asia Menor, precisamente en la misma zona de la tierra que vio nacer las culturas neolíticas y con ellas el cultivo de los cereales.[3]

A comienzos de nuestra era estos ingenios se documentan en Grecia y Escandinavia. Hacia el año 100 antes de Cristo, Estrabón, en una crónica sobre Mithridates del Ponto, se refiere a un tal Manganareios Hydraleia que vivía en Sardes. Este nombre ha sido traducido como “ constructor de molinos de agua”.[4]También Antipater de Salónica se refiere a nuestros ingenios en un texto que, según la traducción de V. Gordon Childe, dice:

“ Molineras, no toquéis más el molino de mano porque Deméter ha pedido a las ninfas que realicen vuestro trabajo. Ellas corren en lo alto de la rueda y hacen girar sus ejes”.[5]Existen además algunas otras referencias posteriores de autores helenísticos que parecen hablarnos de molinos hidráulicos.[6]

En tiempos de César, describió Vitrubio en el libro X de su obra “ De Architectura” el molino de rueda vertical que posiblemente se habría inspirado en la rueda persa o saquiya. Este artilugio precisaba de engranajes que transmitieran el movimiento a las piedras situadas en un plano horizontal y por tanto perpendicular a la dirección del movimiento de la rueda.[7] La necesidad de estos engranajes hizo preciso el desarrollo de una carpintería mecánica que acompañaría a la evolución de los molinos de agua y de viento hasta la Edad Moderna, impulsando así una cada vez más compleja tecnología preindustrial.[8]

Molinos del primer ojo del puente en el dibujo de Van der Wingaerde
Molinos del primer ojo del puente en el dibujo de Van der Wingaerde

Además de Vitrubio otros autores de la misma época citan molinos de agua. Es el caso de Plinio que describe un artificio para moler grano en el norte de Italia. Encontramos referencias similares en la historia de Jutlandia, Inglaterra y China donde aparecen molinos de tecnología muy sencilla.[9]

En el ágora ateniense se hallaron restos arqueológicos de estructuras que parecían pertenecer a un molino de rueda vertical de tipo vitrubiano y que se dataron en torno al siglo V a.C. También en Francia, cerca de Arlés, se encontraron restos de ingenios romanos dedicados a la molturación y que aprovechaban el desagüe de una presa.[10]

Podemos añadir, a estos escasos restos arqueológicos que nos confirman la presencia de molinos en la antigüedad, la presencia en mosaicos de época romana o bizantina de imágenes que nos sugieren la silueta de ruedas y molinos de agua.[11].

Por los datos que tenemos, estos primeros ingenios habrían sido movidos por una rueda vertical que, como luego veremos, precisa de corrientes de caudal considerable para su funcionamiento. Las avenidas que durante siglos tuvieron esos grandes ríos habrían dificultado la conservación de los restos de estos primeros artificios.

Molino de arroyo en el Guadmora . Hinojosa de San Vicente
Molino de arroyo en el Guadmora . Hinojosa de San Vicente

Los pequeños molinos de rueda horizontal, aunque tienen el inconveniente de aprovechar en menor medida la energía hidráulica, se adaptan, sin embargo, a regímenes más torrenciales y de mayor pendiente pero de menor caudal.. Se produce gracias a esto una gran dispersión de los pequeños molinos de ribera desde la Edad Media. De esta manera se distribuyen en zonas más montuosas y marginales en menor relación con los grandes ríos y sus fértiles y pobladas vegas.

A pesar de que ya los romanos legislaron sobre el molino hidráulico, éste debió tener poca importancia en la época imperial pues en una economía esclavista como la romana no resultaba rentable su construcción por el desembolso de capital que precisaba. La escasez de mano de obra a partir del siglo IV motivó la consideración de utilidad pública para los molinos y, por ejemplo durante el siglo V en Irlanda y en el VI en la legislación de otros pueblos bárbaros, aparece reflejada la dispersión e importancia que fueron tomando.

Molinos de Calatravilla aguas abajo de Puente del Arzobispo

[12]

A partir del siglo X se localizan en Castilla la Vieja gran cantidad de instalaciones molineras aunque en nuestra zona, el escaso conocimiento de las fuentes árabes hace que no documentemos con certeza la existencia de molinos hasta el siglo XI y sobre todo el XII, centuria en la que aparecen dentro del ámbito de Castilla la Nueva alusiones a molinería en el fuero de Cuenca, mientras que en el territorio de Castilla la Vieja ya en época tan temprana como es el siglo IX hay abundantes referencias a molinos en los fueros de diferentes ciudades. En nuestra provincia, durante el siglo XII, el viajero árabe al- Idrisi a su paso por Talavera nos habla de que “ un gran número de molinos se elevan sobre las aguas del río” (fig. 2).[13]

Para estas fechas el molino de agua ha alcanzado una considerable difusión en Europa, baste decir que Guillermo el Conquistador censa en sus territorios británicos un número de 5.684 molinos de ribera.

1 DAUMAS, M.: Las Grandes Etapas del Progreso Técnico. México, Fondo de Cultura Económica 1983, p. 46.

[2]  ESCALERA,J.y VILLEGAS, A.: Molinos y panaderías tradicionales. Madrid, Editora Nacional, 1983, p. 23.

[3]  GARCÍA, N y CARRICAZO, C.: Molinos de la Provincia de Valladolid. Valladolid, Cámara Oficial de Comercio e Industria de Valladolid, 1990, p. 50.

[4] DAUMAS, M.: Opus cit. p. 48.

[5] MUMFORD, L.: Técnica y Civilización. Madrid, Alianza Editorial, 1982, p. 132.

[6] DAUMAS, M.: Opus cit. p. 48.

[7] VITRUVIO, Marco Lucio.: Los diez libros de Arquitectura. BLANQUEZ, A. Editorial Iberia, Barcelona 1955, Libro X, p. 269.

[8] GONZÁLEZ TASCON, I.: Fábricas Hidráulicas Españolas. Madrid, M.O.P.U.- C.E.H.O.P.U. 1987.

[9] DERRY, T.K. y WILLIAMS, T.I. : Historia de la Tecnología. Madrid, Siglo XXI,1986,p. 369.

[10] GARCÍA ,N. y  CARRICAZO C.: Opus cit. p. 150.

[11] Ibidem p. 53.

[12] MUMFORD, L. Opus cit. p. 133.

[13] GARCÍA MERCADAL, J.: Viajes por España. Madrid, Alianza Editorial, 1972, p. 45.