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JARA EXTREMEÑA, TIERRA TALAVERANA UN PASEO EN COCHE

JARA EXTREMEÑA, TIERRA TALAVERANA

UN PASEO EN COCHE

Uno de los verracos hallados en el término de El Villar

La absurda división provincial del siglo XIX despojó a nuestra tierra de la parte más occidental de sus territorios históricos. Me refiero a la zona de La Jara incluida hoy en las provincias de Cáceres y Badajoz que, por arte de birlibirloque, quedó convertida en tierra extremeña sin serlo, ya que desde Talavera se repoblaron sus pueblos y con Talavera tuvieron siempre una vinculación geográfica, humana y económica imborrable, por más que la también absurda división autonómica intente alejar a sus gentes de nuestra ciudad.

Ahora que explota la naturaleza jareña les invito a conocer esta tierra talaverana llena de historia y paisaje. Comenzamos nuestro periplo cruzando ese puente del Arzobispo Tenorio que desde el siglo XIV mejoró las comunicaciones de esta zona, facilitando el paso de los ganados trashumantes y de los peregrinos que acudían a Guadalupe.

Ese camino de peregrinación es la espina dorsal de esta Jara Occidental y en torno a él crecieron pueblos como Villar del Pedroso, primer lugar en el que nos detendremos y donde todavía permanecen las huellas de ese deambular de gentes humildes pero también de reyes y personajes como Cervantes que acudían al santuario de las Villuercas cuando allá por el siglo XVI y XVII tenía, como destino de peregrinación tanta importancia como Santiago de Compostela. Villar del Pedroso deja ver estas huellas peregrinas en el antiguo Hospital que todavía en pie es ahora casa particular pero que conserva su portada gótica y la lápida que habla de su fundación por el canónigo talaverano Hernando de Alonso. En él se alojaban los peregrinos que enfermaban en el camino y los que ya enfermos acudían a Guadalupe en busca de remedio. Enfrente se encuentra la antigua hospedería, hoy «casa del cura», donde se alojaban los peregrinos sanos con más posibles. Es esta una calle ancha que deja ver como el pueblo fue acercándose al camino real al calor de la peregrinación, bordeándolo con sus mejores casas, alguna de ellas blasonada.

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Castillo árabe de Epejel en término de Valdelacasa y a la orilla del Tajo

Pero Villar tiene también historia más antigua que salpica sus muros en forma de lápidas y aras de antiguos romanos que lo poblaron después de los vettones, pueblo que dejó cuatro o cinco verracos en el mismo casco urbano y en los alrededores como muestra del paso de esta cultura ganadera, de los primeros trashumantes de esta tierra nuestra de cañadas y cordeles. La iglesia granítica es hermosa y hermosos son su retablo y su espadaña que como en otras iglesias de esta parte de La Jara dejan ver dibujadas en el muro otras espadañas primitivas del tiempo de los primeros pobladores medievales que luego, tal vez en las épocas de esplendor del camino de Guadalupe, se levantaron más orgullosas. Esta iglesia es prota-gonista en invierno de unas magníficas fiestas decarnaval llenas de colorido y ritos antiguos. Salimos de Villar por alguno de esos caminos que están todos ellos marcados con cruces antiguas que delimitan el caserío y marcan el territorio urbano cuando sus gentes dicen «de cruces adentro» o de «cruces afuera».

Nos dirigimos hasta Carrascalejo que nos deja ver un caserío donde todavía se conservan rincones con el sabor de la arquitectura rural jareña, especialmente hermosa en esta zona con sus muros que combinan las lanchas de oscura pizarra con los bloques de un pálido granito que dan un vistoso aspecto a los muros. Son miles los chozos, los “mochanos” y las cochineras que con labranzas, casillas y palomares se reparten por sus campos, ribeteando el paseo del curioso con estas pintorescas construcciones.

Navatrasierra y el valle del Gualija formaron parte de las Tierras de talavera

Dejaremos Navatrasierra, agreste pueblecito serrano anejo de Villar, para otro día que sigamos el viejo camino de peregrinos y volveremos sobre nuestros pasos para, desde El Villar, tomar otra carretera que nos lleva a Valdelacasa, pero a mitad de camino deberemos detenernos para ver la capilla de la Virgen de Burguilla que se encuentra a la derecha en una casona que fue de los jerónimos, tan poderosos en todas estas tierras de Talavera.

Valdelacasa tiene apellido, de Tajo. Los riberos del río, festoneados de olivares sobre los que vuelan águilas, buitres y cigüeñas negras, fueron frontera entre moros y cristianos y todavía quedan restos de antiguas fortalezas como la de Castros en término de El Villar, la de Espejel, con sus molinos que también pertenecieron a los jerónimos, o la de Alija, que nos ofrece una vista panorámica impresionante sobre el embalse de Valdecañas. Y es que la Jara Occidental, que no extremeña, se divide entre el río que la limita al norte y la sierra que la bordea al sur. «Los dela sierra» era la forma precavida de denominar en estos pueblos a los guerrilleros antifranquistas, a los maquis que hicieron de sus fragosidades refugio y resistencia. Precisamente a quien la falda de los montes de Valdelacasa se tendió una emboscada a «Quincoces» el tratante guerrillero de Aldeanovita, y aquí murió con sus compañeros quedando como mudo testigo de su lucha un montón de piedras, “un majano”, como modesto monumento jareño a las luchas imposibles del que también fue conocido en la tierra como “Lamío».

Foto de Quincocesl Guerrillero antifranquista de Aldeanovita cuando hacía el servicio militar

Valdelacasa tiene, como casi todos estos pueblos, una soberbia iglesia con un pie en el gótico y otro en el renacimiento, y la arquitectura popular bien merece dar una vuelta por el caserío. Para los que estén bien calzados y no les asuste dar un paseíto por las ásperas sierras jareñas, podemos recomendarles que, siguiendo el antiguo camino que desde Valdelacasa iba, como no, a Guadalupe, suban hasta los restos de la fortaleza de Marcos que más que bastión medieval le parece al que escribe fortificación prehistórica, probablemente de la Edad del Hierro.

Escudo de Valdecaballeros con el de Talavera, dr cuyo alfoz formó parte

Seguimos hasta Garvín que ahora es modesto lugarcillo pero que fue pequeña capital de esta Jara Occidental, por supuesto tiene buena iglesia con retablo de 1620 despojado en la guerra, buena cubierta de arista gótica y hasta una lápida del siglo XIV que a lo mejor habla de los Duque de Estrada, nobles talaveranos relacionados con estos parajes y probablemente dueño de su torre fortificada. La coqueta espadaña con la decoración de «bolas» del siglo XV nos despide cuando nos encaminamos a Peraleda de San Román, pueblo apellidado así llamado así por tener despoblado y luego ermita de la que sólo queda modesto paredón a las orillas del Gualija, donde el río salta de molino en molino y pasa debajo de «la puente» que no es el puente, del Buho, donde los hermanos Cuesta se enfrentaron a los gabachos. Desde la ermita de San Román se ven edificios arruinados, casas de minas que perforaron estas tierras minerales de La Jara, de donde brotan aguas rojas que curaban «las reumas».

Dejaremos para otro día los pueblos talaveranos de Castrejón de Ibor, Navalvillar de Ibor y el despoblado de la Avellaneda, la misma Guadalupe y los pueblos hoy en la provincia de Badajoz de Castilblanco y Valdecaballeros sindo por cierto este último el único que en su heráldica muestra el escudo de Talavera como recuerdo de esa pertenencia a las tierras jareñas.

TALAVERA, COMARCA VERDE QUE NO SE VENDE

TALAVERA, COMARCA VERDE QUE NO SE VENDE
Barrancas del Tajo en Pueblanueva
Si el AVE o el tren de altas prestaciones se hiciera realidad en Talavera, la ciudad que tendríamos que vender para aprovechar el tirón no sería la ciudad del sky line y el “cortinglés”, sino la ciudad tranquila y acogedora con un patrimonio importante que ofrece servicios y que está rodeada de una naturaleza envidiable a muy pocos minutos de ella.

La variedad de ecosistemas y paisaje que tiene nuestra tierra se encuentra difícilmente en otros lugares de la península, paisajes que aunque, como me decía Wioming, “no son de postal”, están llenos de encanto por su riqueza natural y por su soledad.

El Guadyerbas en su nacimiento en la Sierra de San Vicente

La Sierra de San Vicente es un cogollito de naturaleza, pequeño pero que está a nuestra disposición en quince minutos de coche. Castañares, robledales y espesos enebrales se reparten por esta sierrecilla llena de senderos que a su vez cuenta con un patrimonio considerable etnográfico e histórico. Molinos, pozos de nieve, iglesias berroqueñas, verracos, castros, fiestas, baños etc. pueden sin lugar a dudas complementar a su naturaleza privilegiada. La Ruta de Viriato, bien estructurada y señalizada es uno de los ejes para su conocimiento y disfrute.

Son muchos los árboles monumentales de la comarc como esta encina de doña Germana en término de Pepino, pueblo de El Berrocal

Una prolongación de la Sierra de San Vicente es El Berrocal, comarca inmediata a Talavera formada por los pueblos situados al norte de la misma. Mejorada, Segurilla, Pepino, Montesclaros, Cervera con su arquitectura, que debe ser protegida por los ayuntamientos,  sus atalayas, sus caleros etc.

Embalse de La Portiña en pleno Berrocal

Cuenta con una preciosa red de estrechos caminos y callejas que nos conducen entre sus dehesas graníticas por parajes pintorescos y amenos. Estos caminos deben conservar su empedrado y vallados de piedra aunque sean restaurados, pues son unas magníficas vías para practicar el cicloturismo o la hípica. Estamos hablando de lugares que conectan con la zona de La Portiña que, a su vez, sería un atractivo más a añadir a esta comarca del Berrocal donde no sería disparatado preparar un aula de interpretación de la Batalla de Talavera.

Alcornocales de Velada

Desde El Berrocal hasta el embalse de Rosarito hay una enorme extensión de terreno adehesado atravesado por cañadas y caminos donde es fácil perderse entre encinas y alcornoques bajo los que corren los venados e invernan las grullas, con árboles de gran porte en las dehesas de Oropesa y Velada. Esta zona cuenta además con el recientemente declarado Parque Fluvial del Guadyerbas y Los Baldíos de Velada- deben haberse conjuntado todos los astros para que la Junta repare en el interés de algo situado en nuestra comarca- que cuenta con parajes llenos de encanto en los bosques de ribera  que acompañan al río y en la peculiar geología de los arenales de los llanos “velaínos”. Estas grandes dehesas de la zona occidental de la comarca se alternan con las llanuras deforestadas del Campo Arañuelo que sobrevuelan las rapaces con Gredos al fondo.

Barrancos de Los Castillos en el reculaje de Azután en Las Herencias

El propio valle del Tajo cuenta en su curso con una gran variedad de paisajes y aunque los embalses de Azután y Valdecañas nos dejaron sin la belleza del Tajo corriente y moliente, han generado enormes extensiones de agua con zonas encharcadas como las Tablillas de Azután que cuentan con una gran riqueza en avifauna. A esas grandes tablas se unen los parajes en los que el Tajo sigue encajonado en riberas solitarias de gran atractivo paisajístico jalonadas por viejas aceñas y molinos, como los riberos de Aldeanueva-Calera y Alcolea o los de Puente-Valdeverdeja, sobre los que dominan las fostalezas musulmanas de Vascos, Castros, Espejel o Alija. Tramos estos del río llenos de sorpresas y absolutamente desconocidos y desaprovechados para el turismo en piragua.

De La Jara ya hemos tratado en un artículo anterior pero tenemos que recordar la Jara Alta con sus ásperas sierras repletas de fauna y monte impenetrable con algunos castañares y buenos rebollares entre canchales y bosque mediterráneo virginal. Las rañas de la Jara Baja son atravesadas por la Vía Verde y los ríos que descienden desde los Montes de Talavera, que así se llamaban desde la Edad Media y así deberíamos acostumbrarnos a llamarlos ahora. Ríos que discurren entre olivares, áridos pizarrales y cañones graníticos de belleza espectacular como el del Uso, el Pusa, el Jébalo o el Sangrera. Cerca ya de Talavera las rañas se deshacen en barrancas de una gran peculiaridad ecológica, donde los enebrales y coscojares salpicados de cornicabras e higueras locas hacen equilibrios para sobrevivir. Barrancas de la Media Luna, del Águila, de Aguaplata o Maricantarillo que todavía esperan un verdadero plan que las proteja.

Pozas en la garganta Blanca de Gredos

Todo ello es necesario cuidarlo, señalizarlo y vigilar con mano de hierro que ese patrimonio público que son los caminos vecinales, los cordeles y las cañadas no sean usurpados por la prepotencia de unos pocos para impedir el disfrute de la mayoría.

Lo que hemos descrito someramente se refiere al primer círculo de influencia talaverana, pero nuestra ciudad es un nudo estratégico desde donde se puede disfrutar del valle del Tiétar, de la sierra de Gredos y la Vera Alta, o de las sierras de Altamira y las Villuercas, todo ello a poco más de media hora de aquí. La promoción de esa comarca verde es la promoción de la Talavera donde muchos urbanitas cansados de la gran ciudad pueden acudir desde Madrid para instalarse o visitarnos cuando el AVE o lo que sea se convierta en una realidad, si es que sucede en el próximo milenio, pero para eso es necesario trabajar y creer en una verdadera comarca verde.

NI LOS GORRIONES: EL DESIERTO RURAL

NI LOS GORRIONES: EL DESIERTO RURAL

Primero se fue el veterinario, ya no quedaban en el pueblo animales de tiro y las pocas cabras y ovejas eran careadas por viejos pastores que ya se iban muriendo. Ni siquiera vivía ya el herrador, esa especie de ATS de los albéitares.

Los maestros venían en un coche desde la pequeña ciudad y cuando se acababa la jornada se volvían a marchar sin saber casi como se llamaba el pueblo, ya nadie se acordaba de aquellos viejos profesores, de aquellas maestras que organizaban teatros o acompañaban a los chavales por el campo a enseñarles cosas de la naturaleza, la historia o la literatura, las cuatro reglas, pero bien enseñadas.

Cuando hicieron el centro de salud en el pueblo de al lado las pobres gentes creían que allí les “echarían los rayos” y se podrían hacer el «analís», pero solo consiguieron quedarse sin el médico o el enfermero que antes vivían en el pueblo y sabían casi a qué hora se levantaba cada vecino. Muchos echaron de menos aquel decimonónico sistema de las igualas que compensaba a los sanitarios por permanecer en el pueblo «de contino». Pronto los guardias civiles hicieron lo mismo y ya ponían también un cartelito en la puerta del vacío cuartelillo con un teléfono al que dar los avisos.

El secretario también vivía en la pequeña ciudad y solo venía de vez en cuando. Uno de esos esos secretarios con tanto poder en otras épocas, pero que conocían bien los entresijos de la modesta administración de los pequeños pueblos. El alguacil se cambió por un policía local sin corneta pero con un uniforme muy bonito, aunque tampoco se quedaba a dormir en el pequeño lugar. Y el cura sudamericano tenía un montón de pueblos a su cargo y apenas conocía a sus feligreses.

Las gentes con posibles y algunos abuelos compraron con sus ahorros un piso en la pequeña ciudad donde tal vez sus hijos y nietos vivirían un día para encontrar trabajo más fácilmente que en aquellos páramos despoblados. Y ya, desde las últimas elecciones, hasta el alcalde y los de otros pueblos cercanos ni siquiera vivían allí, iban y venían a los plenos desde la cercana ciudad donde vivían en un bonito adosado.

Si había que recoger la aceituna lo hacían casi siempre los rumanos y en las labranzas ya solo se hacían cargo del ganado inmigrantes marroquíes. Apenas quedaban en el pueblo algún que otro tractorista y los guardas de la caza de esas fincazas tan bonitas que se habían comprado y acondicionado “a tó confor” los empresarios del ladrillo, cortando los caminos públicos con total impunidad.

Solo las asociaciones de mujeres organizaban actividades para intentar conservar la cultura de sus mayores, aunque ya casi todas se dedicaban a sus labores o a coser manteles de Lagartera, porque habían cerrado los dos pequeños talleres de confección. Los pocos jóvenes se sentaban junto a la iglesia sin otra cosa que hacer que mirar sus aparatitos cibernéticos, pero sin saber siquiera distinguir una encina de un alcornoque. El bar ya solo se veía animado cuando después de una jornada de caza se daban las judías a los italianos que venían a disparar como posesos contra los zorzales.

Este año no se ven apenas gorriones y ni siquiera han anidado los vencejos bajo el puente de un río que ya no lleva agua. Y mientras, los que se fueron del pueblo, deambulan fantasmales entre las tiendas y las escaleras mecánicas de las grandes superficies comerciales de la ciudad sin un duro en el bolsillo.

UN APÓSTOL ANTITAURINO POR ESTA TIERRA EN 1915

UN APÓSTOL ANTITAURINO POR ESTA TIERRA EN 1915

Eugenio Noel en la portada de una de sus novelas
Eugenio Noel en la portada de una de sus novelas

Vaya por delante que el que esto escribe no es antitaurino, más bien gusto de ver ritual tan magnífico, arcaico y colorido como es la Fiesta, pero también me sucede como a los japoneses que llevan a Las Ventas, que solo vemos un toro, ellos por necesidades de su intensa agenda turística y yo porque me canso.

Esto viene a cuento porque he encontrado a un curioso y olvidado escritor llamado Eugenio Noel que es un verdadero quijote del apostolado antitaurino. Resulta que a principios del siglo pasado inició un periplo por toda nuestra geografía para intentar convencer a nuestros compatriotas de que los toros eran una fiesta bárbara, pero no contento con esto decidió predicar también contra el flamenco, pues consideraba el “flamenquismo” algo así como una degradación de nuestra cultura. Fue recorriendo España con su aspecto ya un poco bohemio y demodé para la época a base de melena y bigotón a lo Balzac, recogiendo datos y costumbres que le dieran argumentos en su apostolado imposible.

Dos de los relatos recogidos en su libro “Los nervios de España” se localizan en nuestra región. El primero de ellos habla de su pernoctación en una venta manchega que a la entrada tenía un rótulo: “Aquí durmió El Quijote”, con esa eterna confusión nacional entre la realidad y la ficción. Como otros de sus escritos, está lleno de datos costumbristas y etnográficos, manejando además un riquísimo vocabulario de términos populares que a veces incluso hace difícil seguir sus textos.

Plaza de Segurilla, donde se desarrollan los acontecimientos del relato de Eugenio Noel
Plaza de Segurilla, donde se desarrollan los acontecimientos del relato de Eugenio Noel

El segundo artículo relata su asistencia a una capea en Segurilla, pueblo cercano a Talavera, donde un mozo se apuesta con otros que hace llorar a un toro, y para ello acaba clavándole al pobre animal una navaja de siete muelles en un ojo.

De paso por Talavera habla de la Fiesta de Toros, Las Mondas, y se maravilla de la azulejería de la ermita de la Virgen del Prado, pero le espanta que tenga adosada lo que él considera una horrorosa verruga, que no es otra que la plaza de toros de Talavera, que cuatro años después se convertiría en santuario del toreo por la muerte de Joselito. El viajero activista se ha documentado sobre Las Mondas, fiesta en honor de la diosa Ceres y luego de la Virgen del Prado, donde se llegaban a lidiar hasta veinte morlacos. Le sorprende que hasta hubiera un canónigo torero que organizaba los festejos con el regidor torero y también le escandaliza que el predicador de Segurilla no se pronuncie contra fiesta para él tan sanguinaria. La iglesia y otros estamentos se mostraron en contra del toreo e incluso hubo papas y prelados que la prohibieron, pero estos intentos fueron tan estériles como los de otros que quisieron prohibir la prostitución, y así no pocos curas se remangaban las sotanas para dar unos pases o correr delante de los astados.

Retrato del escritor antitaurino Eugenio Noel
Retrato del escritor antitaurino Eugenio Noel

Comete Noel el mismo error de muchos otros antitaurinos que es confundir el toreo reglado en sus suertes con los vesánicos y despreciables desahogos vestidos más o menos de antiguo ritual que a veces se desarrollan en nuestros pueblos.

Eugenio Noel murió, como buen intelectual español, de hambre y en un camastro alquilado de un hospital en abril de 1936,  tres meses antes de otra gran escabechina nacional sin toros de por medio.

EL PAÍS QUE SE ODIABA A SÍ MISMO

Viejo artículo de opinión sobre el único país donde se desprecian los símbolos que unen a sus habitantes: España

Talavera es patria de la historia por ser la patria del Padre Juan de Mariana, como dijo Benito Pérez galdós
Talavera es patria de la historia por ser la patria del Padre Juan de Mariana, como dijo Benito Pérez Galdós. Sufrió cárcel y persecución por justificar el tiranicidio.

Cuando se perpetró la expropiación de REPSOL por el gobierno Argentino, quedé anodadado en Twitter por la cantidad de opiniones de españoles favorables a este expolio ilegal desde un punto de vista supuestamente progresista, y lo curioso es que la expropiación la hacía esa atrabiliaria presidenta de un partido que tiene como héroe fundador a un preclaro dictador fascista, aunque ahora con la proverbial empanada ideológica argentina, se las den de defensores del pueblo y de bolivarianos, condición que uno no sabe realmente en qué consiste, porque no creo que Simón Bolívar hubiera abrazado las teorías políticas de ese otro gran esperpento bananero que es Hugo Chávez.

Una vez más los españoles tirando piedras contra su propio tejado que es un problema que a mi modesto entender tiene sus raíces en el sectarismo rampante de nuestra sociedad. Con el agravante de que en este caso se trata de una “multinacional”, uno de esos bichos diabólicos para la izquierda al estilo de esos seres ancestrales de Lovecraft.

Todo lo que no procede de “los míos”, procede de “los otros” y aunque se hunda tu propia sociedad, si con ella se hunde el adversario nacional cualquier cosa se da por buena.

Tratado de Agricultura de gabriel Alonso de Herrera en su versión italiana
Tratado de Agricultura de Gabriel Alonso de Herrera en su versión italiana, Precursor de las ciencias agronómicas en España y talaverano

Recuerdo que determinados autores literarios como Lorca o Antonio Machado, incluso Clarín eran desconocidos para mí en mi adolescencia porque apenas nos hablaron de ellos en el colegio de curas, mientras que cuando llegué al instituto y me dieron clase los barbudos profesores de la época, jamás nombraron a Pereda, Gabriel y Galán, Juan Valera, o Manuel Machado, a quienes consideraban una especie de reaccionarias antiguallas. En ambos casos se despreciaba algo que es patrimonio de todos porque pertenecía a la España de “los otros”.

En los informativos de Televisión Española (sic) ni siquiera se pronuncia el nombre de España y se dice sin embargo “país”, o cualquier circunloquio, cuando esta tierra de conejos ya se llamaba así, Hispania, desde los romanos. Incluso se dice chistosamente lo de ¡EhhhPPaña!

Somos por otra parte un país sin bandera porque la que llevaban los barcos españoles desde el siglo XVIII no se ha querido admitir todavía por la mitad de la sociedad, que solamente la saca en los mundiales de fútbol, Lo del himno y el patético intento de ponerle letra es más de lo mismo y demuestra que ni siquiera somos capaces de hilar cuatro estrofas que puedan unirnos. La trama que aglutina a las sociedades humanas desde la prehistoria, nos guste o no, se sirve en gran medida de los símbolos.

Escultura que representa a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan
Escultura que representa a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan. El alcalde de Talavera fue autor de la universal obra de La Celestina

Ni siquiera en la épica y la literatura se tiene cierto respeto por los héroes que hablaban nuestro mismo idioma y estaban imbuidos de nuestra misma cultura, desde la epopeya de América hasta la de cualquiera de los miles de personajes apasionantes de nuestra historia que son dignos de ser novelados o filmados. Solamente la Guerra Civil es fuente perpetua de inspiración, precisamente por ser la sublimación bélica de nuestro perpetuo sectarismo nacional.

Algo similar le sucede a la derecha con todo aquello que no es argumento ideológico de su facción y así, cualquier cosa que suene a medio ambiente les hace sacar el latiguillo de que los ecologistas “son como la sandía verdes por fuera y rojos por dentro”, como si el agua o los bosques no fueran patrimonio de todos. Solamente parece para ellos algo que dificulta el negocio y el fluir del dinero. En el otro lado, el concepto de patria es algo de lo que huye la izquierda como de la peste, cuando curiosamente los cubanos, por ejemplo, no se quitan la palabra de la boca.

Pero todas estas cuestiones también se extienden desde lo nacional a lo autonómico e incluso a lo local, y  por ejemplo, algunos prefieren que se sequen sus ríos y se acabe con recurso tan básico antes que unirse a la otra facción en su defensa, y despellejan a quien dice o hace algo que vaya a favor de los intereses de su tierra, si es que lo dicho no va a favor de los intereses de su secta, que por supuesto está siempre por encima de todo en su escala de valores. Incluso consideran el hecho de disentir como un agravio personal digno de miradas aviesas y denegaciones de saludo.

Atizándonos garrotazos enterrados hasta las rodillas como nos pintó Goya.

Estandarte de la Batalla de Talavera junto a la puerta de la catedral de Gasgow
Estandarte de la Batalla de Talavera junto a la puerta de la catedral de Glasgow. También aquellos miles de muertos merecen respeto y consideración.

LA MUERTE CUTRE

LA MUERTE CUTREcartelseportura

Nuestra natural tendencia al esperpento lleva a la degradación de muchas de nuestras costumbres, incluidas las fúnebres, y como siempre, el exceso y la incultura llevan a las grupales conductas hispanas por la vieja y muy hollada senda de lo grotesco.

En cualquier visita a los cementerios hemos visto los millones de flores de plástico que descoloridas, o todavía nuevas y con sus chillones colores, adornan los camposantos; esos falsos bronces desteñidos, o los verdaderos que se hurtan para venderlos como chatarra, son repuestos no porque se quiera honrar al difunto sino por esos viejos ingredientes que guían las hispánicas conductas que son la envidia y «el qué dirán», no vaya a fijarse el vecino o el pariente en que la sepultura no está lo debidamente atendida.

He visto enormes tibores imitación dinastía Ming con grandes floripondios y bien sujetos con cementazo para evitar el robo de quienes, y eso es lo más curioso de nuestra esperpéntica conducta, piensan que a su deudo muerto no le importará desde el otro mundo que los jarrones o las flores que se le ofrecen sean los que ha pagado un vecino de hipogeo, y de ahí que ya las cerámicas vasijas se vendan personalizadas con el nombre del que allí reposa.placacem

Pero lo que más me llama la atención es el ritual cutre que ahora se puede ver en cada sepelio, cuando dos operarios con un mono donde se lee, por ejemplo, «Talleres Fermi» desarrolla lo que he dado en denominar «el rito del rasillón», y es que como ya no se da tierra a los difuntos, sino que se les sepulta en su cajón  de obra, todos los deudos circunspectos y llorosos observan con gran atención cómo se va haciendo la masa de cemento con primor en la mezcla,  escuchan ese nuevo gori-gori que es el sonido de los golpes de paleta del operario que rompe el rasillón de ladrillo para su mejor encaje en la tumba, y como en muchos casos ya ni siquiera se dicen unas palabras o se reza sobre la sepultura, el proceso termina con un «ya está» del albañil, que se erige así en el improvisado capellán del mortuorio evento.

En los grandes cementerios hay una especie de curas de todo a cien que con desgana y eficiente rapidez van acogiendo a la entrada a los difuntos y en un pis-pas les dan boleta para el otro mundo. No sé si en otras más costosas pólizas se incluirá un más sentido sermón o algún poema de Jorge Manrique en el caso de laicos entierros. En mi pueblo, además, esa espiritual bienvenida del cadáver se da en un zaguán cubierto por los graníticos pilares del antiguo matadero municipal. Muy propio. Es también de reseñar que con algunas de esas pólizas mortuorias de pago mensual y tras toda una vida de cotización bien se podría el asegurado haber financiado la pirámide de Keops como sepulcro.

Y como esta sociedad cutre a todos nos iguala por abajo, hemos conseguido llegar a optar por descansar en primera instancia en un pudridero, como los reyes en El Escorial y así, en esos cajones de hormigón llamados nichos acabamos como sacos de gusanos nuestras miserables vidas, soltando incluso por las chimeneas del mortuorio dispositivo cierto olor a muerte que, en verano sobre todo, se percibe en algunos de esos campos de nichos. En este caso, el rito del rasillón es sustituido por el sentido proceso de la silicona, cuando los apenados deudos miran con igual atención que en el caso del rasillón, cómo se sellan con pistola de silicona los nichos, incluso precedida la sentida ceremonia por el mecánico sonido de la grúa que sube, como si de las alturas celestiales se tratara, a la fila de nichos del quinto piso al infeliz que ya no volverá a penar en esta perra y chabacana vida.

¡Ay, si los escritores románticos vieran en lo que ha quedado su mayor fuente de inspiración!

OLIVARES DE LA JARA

OLIVARES DE LA JARA

Artículo aparecido en 1998 en el que se recrea la vida en los pueblos de La jara en la época de la recogida de aceituna. Fue escrito hace casi veinte años y algunas cosas han cambiado, como la creciente despoblación o la presencia de inmigrantes cogiendo la aceituna

Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo
Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo

El invierno ha cubierto de escarcha las rañas y las barreras, los pueblos cada vez más desiertos de La Jara adquieren una animación inusual, “pa la aceituna” vuelven incluso los hijos del pueblo que marcharon a Madrid o a Barcelona para así ayudar en las faenas del olivar y poder sacar un dinerillo que viene bien a sus ajustadas economías. A veces basta con sacar aceite “ pal gasto” de la casa y poder así recordar a su tierra cuando se aliñen la “ensalá” o se frían un huevo de esos de corral  que les han guardado los abuelos .

Es tiempo de recogida, vuelve la vida a La Jara, por los caminos de piedra y tierra “colorá” van saliendo los jareños hacia los olivares. Unos llevan con mucho cuidado el utilitario que la emigración les permitió comprar y con el que pueden volver al pueblo en las fiestas y algún fin de semana, otros, que consiguieron permanecer en esta tierra dura, han conservado el borriquillo o la mula que les siguen haciendo “buen apaño” para “ la poca labor”  que todavía mantienen.  Los cascos de las caballerías van rompiendo el hielo de los charcos y pisoteando los trampales las gentes adormiladas se dispersan por los olivares “ pa sacarse los cuatro jornalillos” que da la aceituna y que todavía pueden a duras penas mantener en los pueblos a sus habitantes. Mire usted, si no fuera por las olivas ya no quedaban aqui na más que los viejos. Los viejos tractores llevan a los aceituneros en los remolques, las mujeres hablando y riendo, algunos de los jóvenes van adormilados intentando despejarse de “ los medios” que se tomaron la noche anterior. Uno de ellos incluso se ha quedado dormido “arregostao” en las mantas y las varas.

Este año hay buena cosecha, ha llovido a su tiempo y ni los aires ni los pedriscos “han tirao” la aceituna. Pero habrá que trabajar duro, la abundancia de fruto ha bajado los precios y tendrán que llenar muchos sacos para conseguir el dinerillo que ayude a ir tirando un año más arraigados a la tierra que hasta se permite en estas fechas atraer trabajadores de otras latitudes, como las cuadrillas de gitanos que en sus grandes furgonetas llegan en invierno para sacarse unos jornales duros pero libres, o para ir “al rebusco” del fruto que quedó en el suelo.

Aceitunas de los olivares jareños
Aceitunas de los olivares jareños

El olivo es un árbol noble, sagrado para algunas civilizaciones que prohibían cortarlos. Durante la Guerra de la Independencia una de las actitudes de los franceses que más odio provocó entre nuestras gentes fue la tala brutal del olivar que entonces rodeaba a Talavera. Durante la represión de los gabachos en nuestra ciudad rompieron tantas zafras y tinajas que el aceite corría por las calles dejando durante semanas al caserío invadido por  su olor característico.

El olivo ofrece mucho y pide muy poco a cambio. Después de la recogida de la aceituna habrá que podar las olivas, miles de pequeñas columnas de humo se levantaran en los limpios y azules cielos invernales de La Jara cuando se queme “el ramón” para que el barrenillo no encuentre en las muertas ramas lugar donde multiplicarse. También habrá que limpiar y labrar las empinadas barreras donde las mulas o los tractores deben desafiar a la gravedad provocando no pocos accidentes por el vuelco de las máquinas.

Las cooperativas con su moderna maquinaria han sustituido a los antiguos lagares de rulo o de viga. Al menos ya no se llevan los italianos la mayor parte del beneficio vendiendo el aceite jareño como si se tratara de aceite siciliano.

Al atardecer, largas colas de olivareros con los sacos de pienso o de abono repletos de aceituna esperan a la puerta de las almazaras para pesar y entregar su fruto saliendo después sonrientes con un papelito que da fe de los kilos de aceituna recogidos que luego serán molturados para dar ese magnífico aceite que desgraciadamente llevará la denominación de “Montes de Toledo”, una denominación vergonzosa para nuestra tierra y que vuelve a olvidar la propia identidad de La Jara.

Olivares de Belvís

Tanta es la aceituna molida que los arroyos se teñían de negro todos los inviernos por  el «alperchín»  que corría por ellos, hasta que se excavaron balsas de sedimentación que lo almacenara para no perjudicar así los ecosistemas fluviales de los riachuelos jareños. No quiere el olivo manchar ese suelo que él mismo retiene con sus raíces impidiendo la desertización. El olivo lucha contra el desierto porque no se vaya el suelo, porque no se vayan las gentes que producen ese delicioso aceite que a duras penas mantiene con vida a estos pueblos, ese verde fluido que hoy por hoy es la sangre de La Jara.

HOMO FELÁTOR, MI ARTÍCULO MÁS LEÍDO

HOMO FELÁTOR

Artículo sobre antropología política cachonda que mereció más lecturas y comentarios al publicarse en prensa digital. Fue escrito hace tres años pero sigue de tremenda actualidad, aunque con algunas especies nuevas surgidas en la sabana.

Dos ejemplares de Homo Felátor en acción
Dos ejemplares de Homo Felátor en acción

HOMO FELÁTOR

Los especialistas en prehistoria han constatado en diferentes yacimientos que en la península ibérica existió un pueblo, el Homo Hispánicus, que, por el lenguaje simbólico de sus pinturas, basaba el funcionamiento de la sociedad en conceptos como la honra, el honor, la palabra dada, el espíritu de sacrificio, la verdad y otros similares que les llevaron a extenderse por los cuatro continentes, prevaleciendo sobre el resto de culturas del orbe.

Analizando los siguientes estratos se pudo constatar un nivel de cenizas y destrucción que por el carbono catorce se ha datado en el año 1936. Parece que tras aquella hecatombe el Homo Hispánicus desapareció y pasados unos años nació una nueva especie que los especialistas han denominado Homo Sectarius. Muchos se apuntan a la teoría de que eran dos las subespecies que nacieron de aquella conflagración, el Homo Rojus y el Homo Facciosus que, entre otras, tenían la peculiaridad de no reconocer los muertos provocados por una y otra especie en aquella guerra primigenia por vesánicos individuos de cada bando. En sus culturas se daba la curiosa característica de que por parte del Homo Facciosus nunca se reconocía que el líder de su bando, cuyos ancestros procedían de la costa gallega, había sido un tirano, mientras que el Homo Rojus ponía como paradigma democrático a los habitantes de un pueblo con gobierno también tiránico asentado en una isla del Caribe perteneciente a los grandes dominios de aquella cultura primigenia ya olvidada.

En éstas, hubo una mutación genética del Homo Sectarius que dio nacimiento a una nueva subespecie, el Homo Felátor. Corría en grandes manadas por las llanuras de Iberia en busca de su principal alimento: el fruto del Árbol de la Subvención, aunque también se alimentaba de otros frutos silvestres que casi siempre nacían junto a las cuevas de los jefes tribales y que necesitaban de su permiso para ser consumidos. Me refiero al Contratus Digitalis, el Conciertus Sanitarius o el Colócanos a Totus por citar sólo algunos ejemplos. El Homo Felátor jamás emitía opinión alguna que pudiera molestar al jefe tribal, quien mediante el control de los arbustos mantenía la disciplina de los individuos. El Homo Felátor intentaba simular con sus semejantes cierta familiaridad con el líder, y así se han encontrado numerosas inscripciones que se refieren a Pepe Bono o a María Dolores, Emiliano o Paco, que parece fueron líderes de las tribus centrales de Iberia. En ellas les tratan con gran familiaridad, como si de componentes de su propio clan se tratara. El Homo Felátor no había desarrollado un sistema independiente de pensamiento y cuando en los encuentros de individuos de las bandas se emitían opiniones contrarias a sus líderes, entraban en un absoluto mutismo que no comprometiera su acceso a los arbustos, adoptando una posición refleja genuflexa similar a las de las hembras antes de la cópula posterior.

El Homo Felátor llegó a desarrollar cierta laxitud en los músculos de la mandíbula que le permitía introducir grandes presas de forma cilíndrica, de manera similar a como hacía con las cobayas la protagonista Diana en la televisiva serie “V”. La mayor concentración de individuos de Homo Felátor se producía en las tomas de posesión de cargos públicos y en unas curiosas ceremonias rituales de autoconvencimiento llamadas mítines, donde agitaban pieles con el símbolo de la subespecie y emitían sonidos guturales de satisfacción, palmeando espasmódicamente las manos y gritando insultos que consideraban ingeniosos contra sus antepasados de Homo Sectarius de la subespecie rojus o facciosus.

Parece que el cruce de individuos de Homo Felátor con Homo Sectarius está produciendo un nuevo eslabón en la degeneración de la especie ibérica, el Homo Lameanus que llevará a la definitiva extinción del Homo Civis, del hombre como ciudadano.

LA JARA TOTAL

LA JARA TOTAL

Arquitectura popular en Campillo de la Jara
Arquitectura popular en Campillo de la Jara

La Jara es un enorme territorio delimitado por cuatro ríos entre el Tajo al norte y el Guadiana al sur, y entre el Pusa al este y el Ibor al oeste. Las tierras que diferentes monarcas van otorgando a Talavera de la Reina para que sean repobladas después de haber quedado casi desiertas por las guerras de reconquista constituirá la futura comarca de La Jara. Este es un concepto histórico al que debemos otro más importante, el geográfico y cultural, porque como muy bien dice nuestro ilustre paisano Jiménez de Gregorio, “la geografía manda y la historia obedece”. Seguir leyendo LA JARA TOTAL

GRATIS TOTAL O LOS BOLSILLOS LLENOS DE CROQUETAS

GRATIS TOTAL

Un artículo de opinión de hace unos años sobre usos y abusos del gratis total entre los españoles¿Por qué los buffets nos convierten en personas irracionales?

Todos hemos oído historias de los abuelos que en los viajes del Imserso se subían a las habitaciones las croquetas en los bolsillos, mas dos flanes y tres yogures,  o que algunos se ponían tan “atiestos” en los buffets que les daba algún que otro “tripisín”.

Los abuelos yendo de acá para allá como la farsa monea, que algunos vivían en un frenesí, hoy con la asociación de vecinos, mañana los pensionistas, pasado la asociación de viudas, que era un sinvivir y traían a los abuelos como un dominguillo, y en los autobuses hasta les ponían vídeos del político benefactor.  Y como hasta hace poco los autobuses regionales eran gratuitos para los ancianos, pues iban y venían a las ciudades sin nada que hacer, incluso tuvieron que quitar los bancos de algunas estaciones porque se quedaban allí las horas muertas para estar más calentitos.

Ahora ya ha llegado Paco con la rebaja y anda el viejerío algo más sosegado, aunque  cualquier cosa causa furor a muchos ciudadanos si es de balde, como los que hacían colas hace poco en las pizzerías de una cadena que las daba por un euro, y no se veían en las colas precisamente abuelos ni indigentes.

He estado en presentaciones de libros donde he oído a una de las asistentes: “¡Ah! ¿Pero no regalan el libro?  Pues vaya mierda”

En el ágape que daban después de actos culturales he visto en formación delante de las mesas a algunos que mantenían con codazos y miradas aviesas su privilegiado lugar de ataque  desde el que engullir tales trozos de tortilla o empanada que por un momento temí  la muerte por “añurgamiento” del afectado, al que el libro en cuestión se le daba una higa. La romería de Santa Apolonia de Talavera perdió la mitad de asistentes cuando dejaron de regalar la panceta y el vinillo.

Siempre fue el español muy dado a la sopa boba y sigue esta costumbre dando sus coletazos en fiestas y saraos de los pueblos donde se hacen guisos comunales. A ellos acuden algunos vecinos con peroles de tales dimensiones que darían para surtir a las bodas de Caná.

Ha habido casos recientes de paellas o postres que querían entrar en el Guiness  y que,  al ir a repartirlo, se han necesitado a las fuerzas desplegadas en Afganistán para contener las ansias de los hambrientos asistentes, cayendo al suelo mesas, pasteles y comensales. Nadie se entera de la convocatoria de los actos culturales, salvo de aquellos donde hay pincho, que por un misterioso sistema sin redes sociales llega a oídos de todo el vecindario con afluencia masiva.

Me contaron en cierta ocasión que en el servicio de urgencias de un Hospital, le puso por error la enfermera  a una paciente mayor las gafas del médico que la había atendido. Al salir la hija de la paciente le preguntó: “¿Pero y esas gafas madre?”, “Pues me las ha puesto el médico” “¿Pero ve usted bien con ellas?” “No hija, no veo ni torta”. “Pues ahora mismo las devuelvo”. La señora montó en cólera y le respondió a la hija sujetándose las gafas con fuerza: “De ninguna manera, si me las ha puesto el médico, por algo será, y además no me han costado nada”. En sanidad podríamos hablar de estos  temas  durante horas.

Aun así, por mucho que en estas cuestiones abusen los españolitos, nunca llegará el montante total a la milésima parte de lo que se llevan crudo los políticos corruptos del “Gratis total”, el millón de euros en IPADSs para diputados,  o los banqueros lesmanbroders de primas escandalosas.