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JARA EXTREMEÑA, TIERRA TALAVERANA UN PASEO EN COCHE

JARA EXTREMEÑA, TIERRA TALAVERANA

UN PASEO EN COCHE

Uno de los verracos hallados en el término de El Villar

La absurda división provincial del siglo XIX despojó a nuestra tierra de la parte más occidental de sus territorios históricos. Me refiero a la zona de La Jara incluida hoy en las provincias de Cáceres y Badajoz que, por arte de birlibirloque, quedó convertida en tierra extremeña sin serlo, ya que desde Talavera se repoblaron sus pueblos y con Talavera tuvieron siempre una vinculación geográfica, humana y económica imborrable, por más que la también absurda división autonómica intente alejar a sus gentes de nuestra ciudad.

Ahora que explota la naturaleza jareña les invito a conocer esta tierra talaverana llena de historia y paisaje. Comenzamos nuestro periplo cruzando ese puente del Arzobispo Tenorio que desde el siglo XIV mejoró las comunicaciones de esta zona, facilitando el paso de los ganados trashumantes y de los peregrinos que acudían a Guadalupe.

Ese camino de peregrinación es la espina dorsal de esta Jara Occidental y en torno a él crecieron pueblos como Villar del Pedroso, primer lugar en el que nos detendremos y donde todavía permanecen las huellas de ese deambular de gentes humildes pero también de reyes y personajes como Cervantes que acudían al santuario de las Villuercas cuando allá por el siglo XVI y XVII tenía, como destino de peregrinación tanta importancia como Santiago de Compostela. Villar del Pedroso deja ver estas huellas peregrinas en el antiguo Hospital que todavía en pie es ahora casa particular pero que conserva su portada gótica y la lápida que habla de su fundación por el canónigo talaverano Hernando de Alonso. En él se alojaban los peregrinos que enfermaban en el camino y los que ya enfermos acudían a Guadalupe en busca de remedio. Enfrente se encuentra la antigua hospedería, hoy «casa del cura», donde se alojaban los peregrinos sanos con más posibles. Es esta una calle ancha que deja ver como el pueblo fue acercándose al camino real al calor de la peregrinación, bordeándolo con sus mejores casas, alguna de ellas blasonada.

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Castillo árabe de Epejel en término de Valdelacasa y a la orilla del Tajo

Pero Villar tiene también historia más antigua que salpica sus muros en forma de lápidas y aras de antiguos romanos que lo poblaron después de los vettones, pueblo que dejó cuatro o cinco verracos en el mismo casco urbano y en los alrededores como muestra del paso de esta cultura ganadera, de los primeros trashumantes de esta tierra nuestra de cañadas y cordeles. La iglesia granítica es hermosa y hermosos son su retablo y su espadaña que como en otras iglesias de esta parte de La Jara dejan ver dibujadas en el muro otras espadañas primitivas del tiempo de los primeros pobladores medievales que luego, tal vez en las épocas de esplendor del camino de Guadalupe, se levantaron más orgullosas. Esta iglesia es prota-gonista en invierno de unas magníficas fiestas decarnaval llenas de colorido y ritos antiguos. Salimos de Villar por alguno de esos caminos que están todos ellos marcados con cruces antiguas que delimitan el caserío y marcan el territorio urbano cuando sus gentes dicen «de cruces adentro» o de «cruces afuera».

Nos dirigimos hasta Carrascalejo que nos deja ver un caserío donde todavía se conservan rincones con el sabor de la arquitectura rural jareña, especialmente hermosa en esta zona con sus muros que combinan las lanchas de oscura pizarra con los bloques de un pálido granito que dan un vistoso aspecto a los muros. Son miles los chozos, los “mochanos” y las cochineras que con labranzas, casillas y palomares se reparten por sus campos, ribeteando el paseo del curioso con estas pintorescas construcciones.

Navatrasierra y el valle del Gualija formaron parte de las Tierras de talavera

Dejaremos Navatrasierra, agreste pueblecito serrano anejo de Villar, para otro día que sigamos el viejo camino de peregrinos y volveremos sobre nuestros pasos para, desde El Villar, tomar otra carretera que nos lleva a Valdelacasa, pero a mitad de camino deberemos detenernos para ver la capilla de la Virgen de Burguilla que se encuentra a la derecha en una casona que fue de los jerónimos, tan poderosos en todas estas tierras de Talavera.

Valdelacasa tiene apellido, de Tajo. Los riberos del río, festoneados de olivares sobre los que vuelan águilas, buitres y cigüeñas negras, fueron frontera entre moros y cristianos y todavía quedan restos de antiguas fortalezas como la de Castros en término de El Villar, la de Espejel, con sus molinos que también pertenecieron a los jerónimos, o la de Alija, que nos ofrece una vista panorámica impresionante sobre el embalse de Valdecañas. Y es que la Jara Occidental, que no extremeña, se divide entre el río que la limita al norte y la sierra que la bordea al sur. «Los dela sierra» era la forma precavida de denominar en estos pueblos a los guerrilleros antifranquistas, a los maquis que hicieron de sus fragosidades refugio y resistencia. Precisamente a quien la falda de los montes de Valdelacasa se tendió una emboscada a «Quincoces» el tratante guerrillero de Aldeanovita, y aquí murió con sus compañeros quedando como mudo testigo de su lucha un montón de piedras, “un majano”, como modesto monumento jareño a las luchas imposibles del que también fue conocido en la tierra como “Lamío».

Foto de Quincocesl Guerrillero antifranquista de Aldeanovita cuando hacía el servicio militar

Valdelacasa tiene, como casi todos estos pueblos, una soberbia iglesia con un pie en el gótico y otro en el renacimiento, y la arquitectura popular bien merece dar una vuelta por el caserío. Para los que estén bien calzados y no les asuste dar un paseíto por las ásperas sierras jareñas, podemos recomendarles que, siguiendo el antiguo camino que desde Valdelacasa iba, como no, a Guadalupe, suban hasta los restos de la fortaleza de Marcos que más que bastión medieval le parece al que escribe fortificación prehistórica, probablemente de la Edad del Hierro.

Escudo de Valdecaballeros con el de Talavera, dr cuyo alfoz formó parte

Seguimos hasta Garvín que ahora es modesto lugarcillo pero que fue pequeña capital de esta Jara Occidental, por supuesto tiene buena iglesia con retablo de 1620 despojado en la guerra, buena cubierta de arista gótica y hasta una lápida del siglo XIV que a lo mejor habla de los Duque de Estrada, nobles talaveranos relacionados con estos parajes y probablemente dueño de su torre fortificada. La coqueta espadaña con la decoración de «bolas» del siglo XV nos despide cuando nos encaminamos a Peraleda de San Román, pueblo apellidado así llamado así por tener despoblado y luego ermita de la que sólo queda modesto paredón a las orillas del Gualija, donde el río salta de molino en molino y pasa debajo de «la puente» que no es el puente, del Buho, donde los hermanos Cuesta se enfrentaron a los gabachos. Desde la ermita de San Román se ven edificios arruinados, casas de minas que perforaron estas tierras minerales de La Jara, de donde brotan aguas rojas que curaban «las reumas».

Dejaremos para otro día los pueblos talaveranos de Castrejón de Ibor, Navalvillar de Ibor y el despoblado de la Avellaneda, la misma Guadalupe y los pueblos hoy en la provincia de Badajoz de Castilblanco y Valdecaballeros sindo por cierto este último el único que en su heráldica muestra el escudo de Talavera como recuerdo de esa pertenencia a las tierras jareñas.

NI LOS GORRIONES: EL DESIERTO RURAL

NI LOS GORRIONES: EL DESIERTO RURAL

Primero se fue el veterinario, ya no quedaban en el pueblo animales de tiro y las pocas cabras y ovejas eran careadas por viejos pastores que  se iban muriendo. Ni siquiera vivía ya el herrador, esa especie de ATS de los albéitares.

Los maestros venían en un coche desde la pequeña ciudad y cuando se acababa la jornada se volvían a marchar sin saber casi como se llamaba el pueblo, ya nadie se acordaba de aquellos viejos profesores, de aquellas maestras que organizaban teatros o acompañaban a los chavales por el campo a enseñarles cosas de la naturaleza, la historia o la literatura. Las cuatro reglas, pero bien enseñadas.

Cuando hicieron el centro de salud en el pueblo de al lado las pobres gentes creían que allí les “echarían los rayos” y se podrían hacer el «analís», pero solo consiguieron quedarse sin el médico o el enfermero que antes vivían en el pueblo y sabían casi a qué hora se levantaba cada vecino. Muchos echaron de menos aquel decimonónico sistema de las igualas que compensaba a los sanitarios por permanecer en el pueblo «de contino». Pronto los guardias civiles hicieron lo mismo y ya ponían también un cartelito en la puerta del vacío cuartelillo con un teléfono al que dar los avisos.

El secretario también vivía en la pequeña ciudad y solo venía de vez en cuando. Uno de esos secretarios con tanto poder en otras épocas, pero que conocían bien los entresijos de la modesta administración de los pequeños pueblos. El alguacil se cambió por un policía local sin corneta pero con un uniforme muy bonito, aunque tampoco se quedaba a dormir en el pequeño lugar. Y el cura sudamericano tenía un montón de pueblos a su cargo y apenas conocía a sus feligreses.

Las gentes con posibles y algunos abuelos compraron con sus ahorros un piso en la pequeña ciudad donde tal vez sus hijos y nietos vivirían un día para encontrar trabajo más fácilmente que en aquellos páramos despoblados. Y ya, desde las últimas elecciones, hasta el alcalde y los de otros pueblos cercanos ni siquiera vivían allí. Iban y venían a los plenos desde la cercana ciudad donde residían en un bonito adosado.

Si había que recoger la aceituna lo hacían casi siempre los rumanos y en las labranzas ya solo se hacían cargo del ganado inmigrantes marroquíes. Apenas quedaban en el pueblo algún que otro tractorista y los guardas de la caza de esas fincazas tan bonitas que se habían comprado y acondicionado “a tó confor” los empresarios del ladrillo, cortando los caminos públicos con total impunidad.

Solo las asociaciones de mujeres organizaban actividades para intentar conservar la cultura de sus mayores, aunque ya casi todas se dedicaban a sus labores o a coser manteles de Lagartera, porque habían cerrado los dos pequeños talleres de confección. Los pocos jóvenes se sentaban junto a la iglesia sin otra cosa que hacer que mirar sus aparatitos cibernéticos, pero sin saber siquiera distinguir una encina de un alcornoque. El bar ya solo se veía animado cuando después de una jornada de caza se daban las judías a los italianos que venían a disparar como posesos contra los zorzales.

Este año no se ven apenas gorriones y ni siquiera han anidado los vencejos bajo el puente de un río que ya no lleva agua. Y mientras, los que se fueron del pueblo, deambulan fantasmales entre las tiendas y las escaleras mecánicas de las grandes superficies comerciales de la ciudad sin un duro en el bolsillo.

TALAVERA, COMARCA VERDE QUE NO SE VENDE

TALAVERA, COMARCA VERDE QUE NO SE VENDE
Barrancas del Tajo en Pueblanueva
Si el AVE o el tren de altas prestaciones se hiciera realidad en Talavera, la ciudad que tendríamos que vender para aprovechar el tirón no sería la ciudad del sky line y el “cortinglés”, sino la ciudad tranquila y acogedora con un patrimonio importante que ofrece calidad de vida, servicios y que está rodeada de una naturaleza envidiable a muy pocos minutos de ella.

La variedad de ecosistemas y paisaje que tiene nuestra tierra se encuentra difícilmente en otros lugares de la península, paisajes que aunque, como me decía Wioming, “no son de postal”, están llenos de encanto por su riqueza natural y por su soledad.

El Guadyerbas en su nacimiento en la Sierra de San Vicente

La Sierra de San Vicente es un cogollito de naturaleza, pequeño pero que está a nuestra disposición en quince minutos de coche. Castañares, robledales y espesos enebrales se reparten por esta sierrecilla llena de senderos que a su vez cuenta con un patrimonio considerable etnográfico e histórico. Molinos, pozos de nieve, iglesias berroqueñas, verracos, castros, fiestas, baños etc. pueden sin lugar a dudas complementar a su naturaleza privilegiada. La Ruta de Viriato, bien estructurada y señalizada es uno de los ejes para su conocimiento y disfrute.

Son muchos los árboles monumentales de la comarc como esta encina de doña Germana en término de Pepino, pueblo de El Berrocal

Una prolongación de la Sierra de San Vicente es El Berrocal, comarca inmediata a Talavera formada por los pueblos situados al norte de la misma. Mejorada, Segurilla, Pepino, Montesclaros, Cervera con su arquitectura, que debe ser protegida por los ayuntamientos,  sus atalayas, sus caleros etc.

Embalse de La Portiña en pleno Berrocal

Cuenta con una preciosa red de estrechos caminos y callejas que nos conducen entre sus dehesas graníticas por parajes pintorescos y amenos. Estos caminos deben conservar su empedrado y vallados de piedra aunque sean restaurados, pues son unas magníficas vías para practicar el cicloturismo o la hípica. Estamos hablando de lugares que conectan con la zona de La Portiña que, a su vez, sería un atractivo más a añadir a esta comarca del Berrocal donde no sería disparatado preparar un aula de interpretación de la Batalla de Talavera.

Alcornocales de Velada

Desde El Berrocal hasta el embalse de Rosarito hay una enorme extensión de terreno adehesado atravesado por cañadas y caminos donde es fácil perderse entre encinas y alcornoques bajo los que corren los venados e invernan las grullas, con árboles de gran porte en las dehesas de Oropesa y Velada. Esta zona cuenta además con el recientemente declarado Parque Fluvial del Guadyerbas y Los Baldíos de Velada- deben haberse conjuntado todos los astros para que la Junta repare en el interés de algo situado en nuestra comarca- que cuenta con parajes llenos de encanto en los bosques de ribera  que acompañan al río y en la peculiar geología de los arenales de los llanos “velaínos”. Estas grandes dehesas de la zona occidental de la comarca se alternan con las llanuras deforestadas del Campo Arañuelo que sobrevuelan las rapaces con Gredos al fondo.

Barrancos de Los Castillos en el reculaje de Azután en Las Herencias

El propio valle del Tajo cuenta en su curso con una gran variedad de paisajes y aunque los embalses de Azután y Valdecañas nos dejaron sin la belleza del Tajo corriente y moliente, han generado enormes extensiones de agua con zonas encharcadas como las Tablillas de Azután que cuentan con una gran riqueza en avifauna. A esas grandes tablas se unen los parajes en los que el Tajo sigue encajonado en riberas solitarias de gran atractivo paisajístico jalonadas por viejas aceñas y molinos, como los riberos de Aldeanueva-Calera y Alcolea o los de Puente-Valdeverdeja, sobre los que dominan las fostalezas musulmanas de Vascos, Castros, Espejel o Alija. Tramos estos del río llenos de sorpresas y absolutamente desconocidos y desaprovechados para el turismo en piragua.

De La Jara ya hemos tratado en un artículo anterior pero tenemos que recordar la Jara Alta con sus ásperas sierras repletas de fauna y monte impenetrable con algunos castañares y buenos rebollares entre canchales y bosque mediterráneo virginal. Las rañas de la Jara Baja son atravesadas por la Vía Verde y los ríos que descienden desde los Montes de Talavera, que así se llamaban desde la Edad Media y así deberíamos acostumbrarnos a llamarlos ahora. Ríos que discurren entre olivares, áridos pizarrales y cañones graníticos de belleza espectacular como el del Uso, el Pusa, el Jébalo o el Sangrera. Cerca ya de Talavera las rañas se deshacen en barrancas de una gran peculiaridad ecológica, donde los enebrales y coscojares salpicados de cornicabras e higueras locas hacen equilibrios para sobrevivir. Barrancas de la Media Luna, del Águila, de Aguaplata o Maricantarillo que todavía esperan un verdadero plan que las proteja.

Pozas en la garganta Blanca de Gredos

Todo ello es necesario cuidarlo, señalizarlo y vigilar con mano de hierro que ese patrimonio público que son los caminos vecinales, los cordeles y las cañadas no sean usurpados por la prepotencia de unos pocos para impedir el disfrute de la mayoría.

Lo que hemos descrito someramente se refiere al primer círculo de influencia talaverana, pero nuestra ciudad es un nudo estratégico desde donde se puede disfrutar del valle del Tiétar, de la sierra de Gredos y la Vera Alta, o de las sierras de Altamira y las Villuercas, todo ello a poco más de media hora de aquí. La promoción de esa comarca verde es la promoción de la Talavera donde muchos urbanitas cansados de la gran ciudad pueden acudir desde Madrid para instalarse o visitarnos cuando el AVE o lo que sea se convierta en una realidad, si es que sucede en el próximo milenio, pero para eso es necesario trabajar y creer en una verdadera comarca verde.

UN APÓSTOL ANTITAURINO POR ESTA TIERRA EN 1915

UN APÓSTOL ANTITAURINO POR ESTA TIERRA EN 1915

Eugenio Noel en la portada de una de sus novelas
Eugenio Noel en la portada de una de sus novelas

Vaya por delante que el que esto escribe no es antitaurino, más bien gusto de ver ritual tan magnífico, arcaico y colorido como es la Fiesta, pero también me sucede como a los japoneses que llevan a Las Ventas, que solo vemos un toro, ellos por necesidades de su intensa agenda turística y yo porque me canso.

Esto viene a cuento porque he encontrado a un curioso y olvidado escritor llamado Eugenio Noel que es un verdadero quijote del apostolado antitaurino. Resulta que a principios del siglo pasado inició un periplo por toda nuestra geografía para intentar convencer a nuestros compatriotas de que los toros eran una fiesta bárbara, pero no contento con esto decidió predicar también contra el flamenco, pues consideraba el “flamenquismo” algo así como una degradación de nuestra cultura. Fue recorriendo España con su aspecto ya un poco bohemio y demodé para la época a base de melena y bigotón a lo Balzac, recogiendo datos y costumbres que le dieran argumentos en su apostolado imposible.

Dos de los relatos recogidos en su libro “Los nervios de España” se localizan en nuestra región. El primero de ellos habla de su pernoctación en una venta manchega que a la entrada tenía un rótulo: “Aquí durmió El Quijote”, con esa eterna confusión nacional entre la realidad y la ficción. Como otros de sus escritos, está lleno de datos costumbristas y etnográficos, manejando además un riquísimo vocabulario de términos populares que a veces incluso hace difícil seguir sus textos.

Plaza de Segurilla, donde se desarrollan los acontecimientos del relato de Eugenio Noel
Plaza de Segurilla, donde se desarrollan los acontecimientos del relato de Eugenio Noel

El segundo artículo relata su asistencia a una capea en Segurilla, pueblo cercano a Talavera, donde un mozo se apuesta con otros que hace llorar a un toro, y para ello acaba clavándole al pobre animal una navaja de siete muelles en un ojo.

De paso por Talavera habla de la Fiesta de Toros, Las Mondas, y se maravilla de la azulejería de la ermita de la Virgen del Prado, pero le espanta que tenga adosada lo que él considera una horrorosa verruga, que no es otra que la plaza de toros de Talavera, que cuatro años después se convertiría en santuario del toreo por la muerte de Joselito. El viajero activista se ha documentado sobre Las Mondas, fiesta en honor de la diosa Ceres y luego de la Virgen del Prado, donde se llegaban a lidiar hasta veinte morlacos. Le sorprende que hasta hubiera un canónigo torero que organizaba los festejos con el regidor torero y también le escandaliza que el predicador de Segurilla no se pronuncie contra fiesta para él tan sanguinaria. La iglesia y otros estamentos se mostraron en contra del toreo e incluso hubo papas y prelados que la prohibieron, pero estos intentos fueron tan estériles como los de otros que quisieron prohibir la prostitución, y así no pocos curas se remangaban las sotanas para dar unos pases o correr delante de los astados.

Retrato del escritor antitaurino Eugenio Noel
Retrato del escritor antitaurino Eugenio Noel

Comete Noel el mismo error de muchos otros antitaurinos que es confundir el toreo reglado en sus suertes con los vesánicos y despreciables desahogos vestidos más o menos de antiguo ritual que a veces se desarrollan en nuestros pueblos.

Eugenio Noel murió, como buen intelectual español, de hambre y en un camastro alquilado de un hospital en abril de 1936,  tres meses antes de otra gran escabechina nacional sin toros de por medio.

OLIVARES DE LA JARA

OLIVARES DE LA JARA

Artículo aparecido en 1998 en el que se recrea la vida en los pueblos de La jara en la época de la recogida de aceituna. Fue escrito hace casi veinte años y algunas cosas han cambiado, como la creciente despoblación o la presencia de inmigrantes cogiendo la aceituna

Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo
Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo

El invierno ha cubierto de escarcha las rañas y las barreras, los pueblos cada vez más desiertos de La Jara adquieren una animación inusual, “pa la aceituna” vuelven incluso los hijos del pueblo que marcharon a Madrid o a Barcelona para así ayudar en las faenas del olivar y poder sacar un dinerillo que viene bien a sus ajustadas economías. A veces basta con sacar aceite “ pal gasto” de la casa y poder así recordar a su tierra cuando se aliñen la “ensalá” o se frían un huevo de esos de corral  que les han guardado los abuelos .

Es tiempo de recogida, vuelve la vida a La Jara, por los caminos de piedra y tierra “colorá” van saliendo los jareños hacia los olivares. Unos llevan con mucho cuidado el utilitario que la emigración les permitió comprar y con el que pueden volver al pueblo en las fiestas y algún fin de semana, otros, que consiguieron permanecer en esta tierra dura, han conservado el borriquillo o la mula que les siguen haciendo “buen apaño” para “ la poca labor”  que todavía mantienen.  Los cascos de las caballerías van rompiendo el hielo de los charcos y pisoteando los trampales las gentes adormiladas se dispersan por los olivares “ pa sacarse los cuatro jornalillos” que da la aceituna y que todavía pueden a duras penas mantener en los pueblos a sus habitantes. Mire usted, si no fuera por las olivas ya no quedaban aqui na más que los viejos. Los viejos tractores llevan a los aceituneros en los remolques, las mujeres hablando y riendo, algunos de los jóvenes van adormilados intentando despejarse de “ los medios” que se tomaron la noche anterior. Uno de ellos incluso se ha quedado dormido “arregostao” en las mantas y las varas.

Este año hay buena cosecha, ha llovido a su tiempo y ni los aires ni los pedriscos “han tirao” la aceituna. Pero habrá que trabajar duro, la abundancia de fruto ha bajado los precios y tendrán que llenar muchos sacos para conseguir el dinerillo que ayude a ir tirando un año más arraigados a la tierra que hasta se permite en estas fechas atraer trabajadores de otras latitudes, como las cuadrillas de gitanos que en sus grandes furgonetas llegan en invierno para sacarse unos jornales duros pero libres, o para ir “al rebusco” del fruto que quedó en el suelo.

Aceitunas de los olivares jareños
Aceitunas de los olivares jareños

El olivo es un árbol noble, sagrado para algunas civilizaciones que prohibían cortarlos. Durante la Guerra de la Independencia una de las actitudes de los franceses que más odio provocó entre nuestras gentes fue la tala brutal del olivar que entonces rodeaba a Talavera. Durante la represión de los gabachos en nuestra ciudad rompieron tantas zafras y tinajas que el aceite corría por las calles dejando durante semanas al caserío invadido por  su olor característico.

El olivo ofrece mucho y pide muy poco a cambio. Después de la recogida de la aceituna habrá que podar las olivas, miles de pequeñas columnas de humo se levantaran en los limpios y azules cielos invernales de La Jara cuando se queme “el ramón” para que el barrenillo no encuentre en las muertas ramas lugar donde multiplicarse. También habrá que limpiar y labrar las empinadas barreras donde las mulas o los tractores deben desafiar a la gravedad provocando no pocos accidentes por el vuelco de las máquinas.

Las cooperativas con su moderna maquinaria han sustituido a los antiguos lagares de rulo o de viga. Al menos ya no se llevan los italianos la mayor parte del beneficio vendiendo el aceite jareño como si se tratara de aceite siciliano.

Al atardecer, largas colas de olivareros con los sacos de pienso o de abono repletos de aceituna esperan a la puerta de las almazaras para pesar y entregar su fruto saliendo después sonrientes con un papelito que da fe de los kilos de aceituna recogidos que luego serán molturados para dar ese magnífico aceite que desgraciadamente llevará la denominación de “Montes de Toledo”, una denominación vergonzosa para nuestra tierra y que vuelve a olvidar la propia identidad de La Jara.

Olivares de Belvís

Tanta es la aceituna molida que los arroyos se teñían de negro todos los inviernos por  el «alperchín»  que corría por ellos, hasta que se excavaron balsas de sedimentación que lo almacenara para no perjudicar así los ecosistemas fluviales de los riachuelos jareños. No quiere el olivo manchar ese suelo que él mismo retiene con sus raíces impidiendo la desertización. El olivo lucha contra el desierto porque no se vaya el suelo, porque no se vayan las gentes que producen ese delicioso aceite que a duras penas mantiene con vida a estos pueblos, ese verde fluido que hoy por hoy es la sangre de La Jara.

LA JARA TOTAL

LA JARA TOTAL

Arquitectura popular en Campillo de la Jara
Arquitectura popular en Campillo de la Jara

La Jara es un enorme territorio delimitado por cuatro ríos entre el Tajo al norte y el Guadiana al sur, y entre el Pusa al este y el Ibor al oeste. Las tierras que diferentes monarcas van otorgando a Talavera de la Reina para que sean repobladas después de haber quedado casi desiertas por las guerras de reconquista constituirá la futura comarca de La Jara. Este es un concepto histórico al que debemos otro más importante, el geográfico y cultural, porque como muy bien dice nuestro ilustre paisano Jiménez de Gregorio, “la geografía manda y la historia obedece”.

Esta comarca siempre ha tenido una mayor vinculación con los pueblos y culturas del occidente peninsular y así, las primeras culturas agrarias, las primeras oleadas de pueblos indoeuropeos hacen que nuestra tierra se enmarque en el conocido como megalitismo extremeño, como nos muestran los dólmenes de Azután y La Estrella. También vemos, por los hallazgos arqueológicos de estelas como la de Las Herencias o “Aldeanovita”, que en todo nuestro territorio se encuentra las más septentrionales muestras de las influencias “orientalizantes” y tartéssicas, propias de esa zona cultural del occidente penínsular con la que siempre veremos relacionarse a nuestro territorio.

Navatrasierra, uno de los pueblos de la Jara que fue incluido en Extremadura con la división provincial
Navatrasierra, uno de los pueblos de la Jara que fue incluido en Extremadura con la división provincial

También es cierto que las esculturas zoomorfas, los verracos de piedra de las tribus vettonas que salpican la geografía jareña nos demuestran la pertenencia de la zona a la España céltica. Es el peublo vettón especialmente ganadero, como lo es la cultura de nuestra comarca, surcada por infinidad de cañadas y cordeles por donde discurrían desde tiempo inmemorial millones de ovejas de la cabaña trashumante. Esta cultura, al igual que las anteriormente referidas, también nos une con el resto de la comarca natural de Talavera, con la parte oriental de Cáceres, Ávila y Salamanca, nuevamente con una clara vinculación a la facies cultural atlántica de nuestra península, al contrario que la vecina comarca de los Montes de Toledo, situada más bien en un contexto ibérico.

Los romanos, que como sabemos tenían un concepto muy práctico y realista de la organización del territorio, incluyen nuestra comarca en la provincia lusitana, situándose la frontera con la España Citerior precisamente en el límite oriental de nuestra comarca.

La Edad Media también configuró claramente una distribución geográfica en la que la korá árabe de Talavera incluía todo el territorio de La Jara defendido del avance cristiano por las fortalezas de Canturias, Vascos, Castros, Espejel y Alija, esa fuerte frontera del Tajo que yo denomino línea “maginot” jareña,

Toda la zona —aunque en la parte más occidental es reconquistada para los cristianos desde la ciudad de Ávila—, queda finalmente en el alfoz talaverano por las concesiones reales, aunque incluida en el reino y arzobispado de Toledo, quedando así fuera del obispado emeritense al que parece haber seguido perteneciendo en los primeros tiempos del reino visigodo con el obispado sufragáneo de Aquis.

Chozo en Aldeanueva de Barbarroya
Chozo en Aldeanueva de Barbarroya

En el siglo XIV comienzan las “mordidas” de diferentes casas señoriales a nuestra extensa comarca. Primero la zona más oriental de La Jara pasa a constituir el señorío de Valdepusa que aunque históricamente queda así separado de La Jara, sigue por su paisaje, cultura y condicionantes geográficos muy unido a las tierras jareñas. Alfonso XI segrega un pequeño territorio de la dehesa de Ivan Román para la fundación del monasterio de Guadalupe, aunque Alía, Castañar de Ibor, La Avellaneda y Navalvillar de Ibor siguen en el alfoz talaverano. Ya en el siglo XVI comienza la compra de privilegios de villazgo a Felipe II, necesitado de fondos para la financiación de sus iniciativas bélicas, y es Espinoso del Rey el primer municipio que se segregará de la villa madre, Talavera, que poco a poco irá perdiendo los territorios bajo su directa administración, aunque todas las poblaciones seguirán manteniendo con la ciudad del Tajo su vinculación económica, social y cultural, una vinculación de la que es símbolo más claro la fiesta de las Mondas, en la que el alcalde talaverano cambia su bastón de mando con los de los pueblos hermanos.

Pero en 1833 con la división provincial de Javier de Burgos se produce una distribución del territorio nefasta para nuestra tierra, pues parte de ella se incluye en la provincia de Cáceres (Valdelacasa, Carrascalejo, Villar del Pedroso, Garvín, Peraleda, Navatrasierra)

Como sucede igualmente con esa otra parte de La Jara que hoy llaman Las Villuercas, con Guadalupe, cuya devoción mariana se halla fuertemente arraigada en los jareños, así como Alía, Castañar de Ibor, Navalvillar y la Avellaneda.

Estela de la Edad del Bronce de Las Herencias
Estela de la Edad del Bronce de Las Herencias

Otra parte de nuestra comarca es incluida en la provincia de Ciudad Real y así el muy jareño rincón de Anchuras queda de manera absurda separado administrativamente de La Jara, aunque la geografía manda y hasta para la atención sanitaria siga dependiendo de Talavera. Por último Valdecaballeros, que en su escudo lleva el de Talavera como símbolo de esa pertenencia a La Jara, y Castilblanco, pueblos que, junto a gran parte de la llamada Siberia Extremeña siguen teniendo una fuerte vinculación económica con la comarca.

La Jara no es por tanto ni toledana, ni cacereña, ni pacense, La Jara es una sola comarca y como tal debe considerarse, debiendo tender las asociaciones que estudian y defienden su patrimonio cultural y humano a considerar este hecho histórico y geográfico, aunque por evidentes razones, el estado autonómico tienda a segregar estos territorios e incluso intenten que se olviden las raíces de esos pueblos. Y no digamos nada de la nueva geografía del absurdo que los políticos hacen y deshacen a su antojo con la búsqueda de las subvenciones de los fondos europeos, incluyendo, por ejemplo, Azután y Navalmoralejo en la comarca de La Campana de Oropesa, Navalucillos en Cabañeros o San Bartolomé de las Abiertas en los Montes de Toledo.

RENTABILIZAR LA HISTORIA

RENTABILIZAR LA HISTORIA

Estatua de Juan de mariana en un artículo de Blanco y negro de los años 60
Estatua de Juan de mariana en un artículo de Blanco y Negro de los años 60

En cierta ocasión pude visitar en el hermoso pueblo manchego de Villanueva de los Infantes el convento donde murió don Francisco de Quevedo. Se invitaba al turista a conocer la celda donde pasó sus últimos días y murió el gran genio español. Pasé a la estancia entre japoneses y un grupo de profesores universitarios interesados por conocer lugar tan culturalmente señalado. Por supuesto que estos visitantes comieron y compraron productos típicos en Villanueva dejándose allí algún dinerillo.

Unos meses más tarde supe que la celda en cuestión había sido redecorada con viejos muebles que nunca estuvieron en contacto con las posaderas del malhumorado escritor y que, con un poquito de imaginación y la ayuda de vecinos y chamarileros, se había ambientado adecuadamente la estancia. En la plaza adyacente al convento se puede además contemplar un monumento dedicado al autor de El Buscón. Es absolutamente lógico que se explote la imagen de tan ilustre vecino aunque sea con pequeñas dosis de “turismo –ficción”, pues parece además que los restos que se veneran como los del tullido insigne son los de un mocetón bien formado de robusta osamenta, según estudio realizado hace un siglo.

Escultura que representa a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan
Escultura que representa a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan

Hace unos días visitaba Salamanca y podía pasear por el jardín de Melibea y en Valladolid pude también conocer la casa de Cervantes, con buena decoración de época pero utilizando objetos que nunca coexistieron con don Miguel, entre ellos, por cierto, buena cerámica de Talavera.  Ávila con Santa Teresa es otro ejemplo de cómo algunas ciudades saben rentabilizar su historia y sus personajes ilustres para hacer que el turista se acerque a ellas.

Cenotafio de García de Loaisa, confesor de Carlos V y fundador del convento de Santo Domingo en Talavera

Si queremos quitar a Talavera su aire y fama de localidad un tanto rústica, mezclados con su aspecto de ciudad dormitorio, y darnos así un poquito de “caché”, sin renunciar por supuesto a los vínculos que desde siempre hemos tenido con el mundo agropecuario, sería interesante potenciar el reconocimiento de los muchos personajes históricos que nacieron o vivieron aquí.

Boceto de monumento a la Batalla de Talavera que no se llegó a realizar
Boceto de monumento a la Batalla de Talavera que no se llegó a realizar

Porque resulta, por ejemplo, que por nuestras calles corrieron de niños Fray Hernando de Talavera  y Rodrigo Arias Maldonado, el “Doctor Talavera”, dos hombres influyentes ante Isabel la Católica que contribuyeron en gran medida a que se iniciara la empresa americana. Pues bien, la casa natal de fray Hernando estuvo a punto de derrumbarse aunque ha sido felizmente recuperada. Podemos aprovechar el tirón que tanto su figura como la de Maldonado o Francisco de Aguirre tendrían para el turismo y para el prestigio de nuestro pueblo.

Fray Hernando cuenta ya con un monumento en la ciudad como lo tiene, aunque no muy apropiado, Fernando de Rojas. Se ha erigido uno más bien modesto a la Celestina. Pero digo yo que el autor de la considerada como segunda obra más universal de nuestra literatura podría dar mucho más de sí en cuanto a dar a Talavera la pátina cultural que tanto necesita. Una ruta digna de La Celestina y del que fue alcalde de nuestra ciudad debería instalarse sin importar que se hayan de hacer nuevas placas cerámicas que sirvan de guía por los lugares vinculados con él y su obra, y por su puesto el acceso al claustro de la Colegial, donde se encuentran sus restos, debería estar garantizado. La figura del Arcipreste de Talavera, otro literato de gran talla, tampoco ha sido resaltada en modo alguno como personaje vinculado a nuestra ciudad.

Para llamar la atención sobre el aspecto histórico de Talavera, qué mejor símbolo que el Padre Juan de Mariana, al que se refería Benito Pérez Galdós en el centenario de la Batalla de Talavera declarando que “Talavera es la patria de la Historia por haber sido la patria de Mariana”. Creo que el centenario de su figura debería haber merecido algo más que el paripé académico que se celebró.

Otras disciplinas podrían tener también como patrones a algunos de nuestros más ilustres personajes. Por ejemplo a Gabriel Alonso de Herrera, primer estudioso nacional de la agricultura y la ganadería. El campo y el medio ambiente tendrían en él un magnífico patrón de prestigio para haber instaurado en Talavera estudios universitarios de Medio Ambiente, pero claro, tuvieron que ponerlos en Toledo donde se deben estudiar los selváticos bosques de la Sagra, o las agrestes llanuras manchegas.

Portada de la edición italiana del Libro de Agricultura de gabriel Alonso de herrera
Portada de la edición italiana del Libro de Agricultura de gabriel Alonso de herrera

Hagamos que estos y otros muchos paisanos ilustres estén más presentes en calles y eventos culturales, vamos a querernos un poquito más y no olvidemos a los mejores de nuestros paisanos.

TRECE MENTIRAS Y UN MANTRA SOBRE EL TAJO QUE USTED NO DEBE CREER

DOCE  MENTIRAS Y UN MANTRA SOBRE EL TAJO

QUE USTED NO DEBE CREER

Mentira 1ª: “Esto lo arregla el Plan Hidrológico Nacional”. Falso: El dichoso plan no derogaba el trasvase y dejaba al Tajo tal cual.

Mentira 2ª: “Con el Plan Hidrológico Nacional, en vez del Tajo se trasvasaría del Ebro”. Gran engaño generalizado, ya que en el Plan esto no aparece por ningún lado, y no por repetido deja de ser falso.

La histórica manifestación en defensa del Tajo de Talavera de 2009
La histórica manifestación en defensa del Tajo de Talavera de 2009, a su paso por la calle San Francisco

Mentira 3ª: “El trasvase es solidario” El trasvase es la colonización de una comarca pobre por otra región rica. ¿Desde cuándo eso es solidaridad? Eso es Robin Hood al revés. Por el trasvase no va agua, van euros. Unos se empobrecen para que otros se enriquezcan.

Mentira 4ª: “Al río Tajo le sobra agua, luego se puede trasvasar” Esta es la gran falacia sobre la que se apoya el expolio del río. Cuando se hizo el trasvase, las aportaciones en cabecera eran de hasta 1300 hectómetros cúbicos al año y se llevaban 500, hoy solo caen los 500 y se llevan la práctica totalidad. Incluso hay años que se han llevado el 120%.

El Tajo en los años 70 a su paso por el Castillo de Malpica, residencia medieval del señor de Valdepusa

Mentira 5ª: “Murcia necesita el agua” Con las desaladoras, sus acuíferos y sus propios recursos solamente es una cuestión de precio. Pero claro, el trasvase les sale casi gratis. Así lo han reconocido entre otros catedráticos de hidrología de la universidad murciana. Y más, teniendo en cuenta el gran número de hectáreas regadas ilegalmente.

Mentira 6ª: “Lo importante es una reserva en cabecera”.  Falso. Lo que realmente es necesario es un caudal ecológico real y verdadero en Aranjuez, Toledo y Talavera.

Mentira 7ª: “El agua del Tajo es de Castilla-La Mancha” Falso. El Tajo es de los pueblos y ciudades de la cuenca del río Tajo. Da exactamente igual que vaya a regar los campos de golf de Murcia o a los viñedos de La Mancha.

Mentira 8ª: “Madrid necesita el Alberche”. Falso: Madrid está en la cuenca del Tajo y puede abastecerse de sus embalses de cabecera sin tener que utilizar el caudal del Alberche necesario para los regadíos de Talavera.

Mentira 9ª: “El problema es la sequía”. Falso: El problema es la gestión nefasta de los ríos por intereses políticos y electoralistas, aunque la sequía agrava la situación.

El Tajo a su paso por Valdeverdeja

Mentira 10ª: “El agua no es de quien la ve pasar” Falso: De quien seguro que no es el agua es de los especuladores urbanísticos de la costa murciana. En todas las normativas europeas la cuenca cedente tiene preferencia para mantener su caudal ecológico sobre los intereses económicos de la cuenca favorecida.

Mentira 11ª: “Aprobada la construcción de estaciones de aforo para medir el caudal del Tajo en Talavera y del Alberche en Escalona” Verdadero, pero los políticos se hacen el longui. Aunque las aprobaron en el senado con los votos del PP y el PSOE y se presupuestaron, no las construyen porque no les interesa que se pueda demostrar ante un Juez o ante Bruselas el lamentable estado de nuestros ríos que trasgrede la normativa.

Mentira 12ª: «La tubería del arroyo de las Parras supone la modernización de los regadíos». Falso de toda falsedad. El objeto de esa tubería es regar con el Tajo en lugar de con el Alberche, es convertir a la vega de Talavera en la balsa de sedimentación de toda la mierda biológica y química de Madrid.

Mentira 13º: «Hay políticos que defienden el Tajo» La madre de todas las grandes mentiras. No hay ni un solo político, congresista o senador, que se haya manifestado taxativamente y en sede parlamentaria contra el trasvase y en defensa de los intereses de los ciudadanos ribereños del Tajo. .

Un mantra: “Agua en cantidad y calidad” No por repetida, esta demagógica frase quiere decir algo, ya que nunca dicen nuestros poco comprometidos representantes ni qué cantidad ni qué parámetros de calidad quieren para el Tajo. Es mantra de los políticos para con este latiguillo, salir del paso y no decir nada sobre el trasvase, y así salir del paso.

El Tajo a su paso por Toledo

LOS CAMINOS USURPADOS

LOS CAMINOS USURPADOS

La Cañada Leonesa Oriental a su paso por Aldeanovita La Cañada Leonesa Oriental a su paso por Aldeanovita

Todavía a principios de los años 80 se podía transitar por la mayoría de los caminos públicos sin que candados y porteras cerradas a cal y canto impidieran el paso a los que querían disfrutar de la naturaleza.

Poco a poco la situación se ha ido deteriorando hasta el punto de que son centenares los caminos que desde hace siglos servían para unir pueblos y parajes recónditos y ahora han sido usurpados por propietarios que hacen de su capa un sayo sin que haya nadie que recupere lo que es propiedad de todos. Utilizan para ello métodos tan mezquinos como meter el arado al camino antiguo haciéndolo intransitable, y trazar otro paralelo pero ya dentro de su finca para así impedir el paso, poner carteles falsos de “finca privada, prohibido el paso”, encharcarlos, y otros arteros procedimientos.

Camino empedrado cerca de Belvís de la Jara

No tengo nada contra la actividad cinegética si se desarrolla en el marco de las leyes, pero la principal causa de este problema es sin duda la caza, todas esas fincas que los nuevos ricos del ladrillo, entre otros, adquirieron con su dinero fresco, y algo pestilente en muchos casos, para dar tono a su ascenso en la categoría social, y así, la caza, como el golf, se convirtieron en signo de riqueza y status. Esas propiedades fueron rápidamente cercadas con altos vallados, muchas veces ilegales, y en su interior se criaron venados como si fueran borregos para cazarlos como en caseta de feria o vendérselos a los italianos como si fueran salvajes criaturas, cuando en realidad estaban casi estabulados y comiendo pienso. Además, se hicieron tremendos casoplones que enseñar a socios y amistades en una perpetua y berlanguiana escopeta nacional. Y para mantener sus mansos venados sin que los furtivos pudieran cazarlos a cantazos cerraron los caminos públicos con la arrogancia que les daba su influencia de señorito sobre el alcalde de turno que, salvo honrosas excepciones, no se atrevía a denunciar la usurpación y molestar con ello al influyente propietario. La Guardia Civil, que antiguamente vigilaba realmente el patrimonio caminero, ahora solamente suele tomar medidas si hay una denuncia previa.

Puente, camino y lavadero en La Estrella Puente, camino y lavadero en La Estrella

De esta forma, poco a poco se va expoliando nuestro patrimonio viario, que además es un recurso de primer orden para el turismo rural. Y tanto es así, que cualquier persona que deambule por el campo sin otra intención que disfrutar de la naturaleza es considerada como sospechosa que se va a llevar los conejos en el bolsillo y es interpelado por guardas y encargados, que les someten a un tercer grado sobre cuáles son sus inconfesables intenciones en el campo.

Realmente han conseguido con todo esto poner puertas al campo, aunque hay comunidades autónomas, como Extremadura, donde la normativa establece que aquel propietario que cierra un camino es quien tiene que probar que es privado, mientras que en otras regiones como la nuestra, primero se cierran y luego vete tú a un proceso judicial y tengas pleitos y los ganes.

Un camino empedrado con granito cerca de Segurilla, actualmente cubierto de zahorra

Es necesario que los ayuntamientos hagan un inventario exhaustivo de los caminos y que luego se amojonen. Es el instrumento necesario para que no se produzcan las expropiaciones forzosas que se vienen haciendo de facto y que, además de vulnerar la legalidad por apropiarse de lo ajeno, vulneran derechos fundamentales cuando los guardas de las fincas te salen al paso como si fueras un delincuente, interrogándote e incluso tomándose atribuciones policiales,  pidiéndote la documentación e intentando a veces hasta registrar tu vehículo, todo ello adobado con malos modos.

Las vías pecuarias principales sí que se van amojonando por la administración, aunque no obligan a retranquearse al que se ha venido fuera de la linde apropiándose de parte de la cañada, pero al menos es una buena iniciativa que debe continuar, como también debe cambiar la normativa y se debe dar al SEPRONA y a la guardería medioambiental atribuciones más ejecutivas sobre nuestros caminos para así impedir este expolio permanente.

Una venta trashumante, El Venturro, junto a la cañada leonesa occidental

EL TAJO QUE YO CONOCÍ

EL TAJO QUE YO CONOCÍ

El merendero de El Paredón ya abandonado en el año 1974 El merendero de El Paredón ya abandonado en el año 1974

Cuando se hizo el 20-J de 2009 la multitudinaria manifestación en defensa del Tajo en Talavera, llamó la atención de los medios nacionales la presencia de algunos ciudadanos que portaban sencillas pancartas en las que,  sobre un cartón, pegaban fotografías de los momentos felices que pasaron en el  río antes de que nos lo usurpara el trasvase. Hay muchas razones  económicas, medioambientales e incluso de defensa de la propia dignidad para reivindicar nuestro río, pero lo que hoy  quiero contarles solo va de su aspecto más entrañable, humano y cultural.

La playa de Los Arenales con sus merenderos

Nuestro Tajo antes del trasvase  olía a río, un olor que ha quedado en el recuerdo y que no tiene nada que ver con el olor a cloaca y albañal que tiene hoy día. No era ya el río trasparente y de oro que describía Cervantes,  pero tenía el color de la vida, de verde o de tierra pero vivo. Hasta los cienos eran cienos que no olían a corrupción y a extraños componentes químicos. Aguas putrefactas  que llegan desde una ciudad de seis millones de habitantes y que producen extrañas espumas e irisaciones que hicieron en 2006 que muchos regantes se negaran a utilizarlas para sus cultivos.

Bañistas en la playa de Los Arenales en Talavera. Al fondo el casco antiguo y en primer plano uno de los frecuentados merenderos Bañistas en la playa de Los Arenales en Talavera. Al fondo el casco antiguo y en primer plano uno de los frecuentados merenderos

Siendo chavales íbamos con la familia a los merenderos del río. El conejo, la ensalada, el pollo, la tortilla o los filetes empanados que después del baño  devorábamos, acompañando la comida con el vino y la gaseosa, y por las noches a veces hasta se arrancaba alguien a tocar la guitarra. Había chiringuitos en Los Arenales, la Presilla, o el Paredón, aunque el recuerdo más entrañable que conservo es el del quiosco Miralrío, que se encontraba donde ahora está el colegio Madre de la Esperanza. La alberca con las carpas a las que echábamos migas de pan, con el chorro que salía del pozo y que, al intentar beber,  siempre daba calambre. La sombra deliciosa bajo los árboles con el sonido del agua corriendo por las acequias que también  con su chisporroteo llenaba de frescura los atardeceres de verano.

Recuerdo el paseo hacia los Arenales con las sombrillas y las familias talaveranas confluyendo hacia un puente de madera sobre el arroyo Berrenchín. La playa de arena finísima con islotes más elevados de álamos y tarayes,  y el baño en un río limpio con las gentes todavía con flotadores hechos de corchos o cámaras de neumático, incluso de tractor, las que provocaban más  envidia a los críos que nos lanzábamos desde un trampolín rústico hecho de tablas. Cruzar a nado a la isla del Chamelo, donde cogíamos paloduz nos provocaba la emoción de la aventura,  y también  ver a Telesforo con su barca y la noticia que nos sobrecogía de algún ahogado cuyo cuerpo había ido a recuperar.

Bañistas en la Playa de Los Arenales antes del nefasto trasvase Bañistas en la Playa de Los Arenales antes del nefasto trasvase

Pero el mejor de mis recuerdos es  el momento en que cogíamos un viejo saco mi hermano y yo, y arrimándole contra la orilla y alborotando entre los juncales,  lo sacábamos  rápidamente y dejaba en su fondo un verdadero tesoro de vida. Ahí aparecían carpillas, bogas, gambusias, barbetes, extraños insectos,  trasparentes camarones, o lampreas. Metíamos aquellas joyas en cubos de playa  junto a los mejillones fluviales, y se los enseñábamos a todos los críos, y a los mayores, a quienes  distraíamos en la sobremesa de café de termo y copa de soberano.

En Toledo con su playa de Safont, en Malpica, o en Puente habrá sin duda mucha gente que recuerda también todo aquello que nos robaron el día que se decidió que nuestro río fuera a enriquecer otras tierras, con la complicidad de quienes, habiendo sido elegidos para ser nuestros representantes,  sólo defendieron y defienden los intereses de su secta.

Las aguas limpias del Tajo en una postal de los años 60