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OLIVARES DE LA JARA

OLIVARES DE LA JARA

Artículo aparecido en 1998 en el que se recrea la vida en los pueblos de La jara en la época de la recogida de aceituna. Fue escrito hace casi veinte años y algunas cosas han cambiado, como la creciente despoblación o la presencia de inmigrantes cogiendo la aceituna

Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo
Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo

El invierno ha cubierto de escarcha las rañas y las barreras, los pueblos cada vez más desiertos de La Jara adquieren una animación inusual, “pa la aceituna” vuelven incluso los hijos del pueblo que marcharon a Madrid o a Barcelona para así ayudar en las faenas del olivar y poder sacar un dinerillo que viene bien a sus ajustadas economías. A veces basta con sacar aceite “ pal gasto” de la casa y poder así recordar a su tierra cuando se aliñen la “ensalá” o se frían un huevo de esos de corral  que les han guardado los abuelos .

Es tiempo de recogida, vuelve la vida a La Jara, por los caminos de piedra y tierra “colorá” van saliendo los jareños hacia los olivares. Unos llevan con mucho cuidado el utilitario que la emigración les permitió comprar y con el que pueden volver al pueblo en las fiestas y algún fin de semana, otros, que consiguieron permanecer en esta tierra dura, han conservado el borriquillo o la mula que les siguen haciendo “buen apaño” para “ la poca labor”  que todavía mantienen.  Los cascos de las caballerías van rompiendo el hielo de los charcos y pisoteando los trampales las gentes adormiladas se dispersan por los olivares “ pa sacarse los cuatro jornalillos” que da la aceituna y que todavía pueden a duras penas mantener en los pueblos a sus habitantes. Mire usted, si no fuera por las olivas ya no quedaban aqui na más que los viejos. Los viejos tractores llevan a los aceituneros en los remolques, las mujeres hablando y riendo, algunos de los jóvenes van adormilados intentando despejarse de “ los medios” que se tomaron la noche anterior. Uno de ellos incluso se ha quedado dormido “arregostao” en las mantas y las varas.

Este año hay buena cosecha, ha llovido a su tiempo y ni los aires ni los pedriscos “han tirao” la aceituna. Pero habrá que trabajar duro, la abundancia de fruto ha bajado los precios y tendrán que llenar muchos sacos para conseguir el dinerillo que ayude a ir tirando un año más arraigados a la tierra que hasta se permite en estas fechas atraer trabajadores de otras latitudes, como las cuadrillas de gitanos que en sus grandes furgonetas llegan en invierno para sacarse unos jornales duros pero libres, o para ir “al rebusco” del fruto que quedó en el suelo.

Aceitunas de los olivares jareños
Aceitunas de los olivares jareños

El olivo es un árbol noble, sagrado para algunas civilizaciones que prohibían cortarlos. Durante la Guerra de la Independencia una de las actitudes de los franceses que más odio provocó entre nuestras gentes fue la tala brutal del olivar que entonces rodeaba a Talavera. Durante la represión de los gabachos en nuestra ciudad rompieron tantas zafras y tinajas que el aceite corría por las calles dejando durante semanas al caserío invadido por  su olor característico.

El olivo ofrece mucho y pide muy poco a cambio. Después de la recogida de la aceituna habrá que podar las olivas, miles de pequeñas columnas de humo se levantaran en los limpios y azules cielos invernales de La Jara cuando se queme “el ramón” para que el barrenillo no encuentre en las muertas ramas lugar donde multiplicarse. También habrá que limpiar y labrar las empinadas barreras donde las mulas o los tractores deben desafiar a la gravedad provocando no pocos accidentes por el vuelco de las máquinas.

Las cooperativas con su moderna maquinaria han sustituido a los antiguos lagares de rulo o de viga. Al menos ya no se llevan los italianos la mayor parte del beneficio vendiendo el aceite jareño como si se tratara de aceite siciliano.

Al atardecer, largas colas de olivareros con los sacos de pienso o de abono repletos de aceituna esperan a la puerta de las almazaras para pesar y entregar su fruto saliendo después sonrientes con un papelito que da fe de los kilos de aceituna recogidos que luego serán molturados para dar ese magnífico aceite que desgraciadamente llevará la denominación de “Montes de Toledo”, una denominación vergonzosa para nuestra tierra y que vuelve a olvidar la propia identidad de La Jara.

Olivares de Belvís

Tanta es la aceituna molida que los arroyos se teñían de negro todos los inviernos por  el «alperchín»  que corría por ellos, hasta que se excavaron balsas de sedimentación que lo almacenara para no perjudicar así los ecosistemas fluviales de los riachuelos jareños. No quiere el olivo manchar ese suelo que él mismo retiene con sus raíces impidiendo la desertización. El olivo lucha contra el desierto porque no se vaya el suelo, porque no se vayan las gentes que producen ese delicioso aceite que a duras penas mantiene con vida a estos pueblos, ese verde fluido que hoy por hoy es la sangre de La Jara.

LA JARA TOTAL

LA JARA TOTAL

Arquitectura popular en Campillo de la Jara
Arquitectura popular en Campillo de la Jara

La Jara es un enorme territorio delimitado por cuatro ríos entre el Tajo al norte y el Guadiana al sur, y entre el Pusa al este y el Ibor al oeste. Las tierras que diferentes monarcas van otorgando a Talavera de la Reina para que sean repobladas después de haber quedado casi desiertas por las guerras de reconquista constituirá la futura comarca de La Jara. Este es un concepto histórico al que debemos otro más importante, el geográfico y cultural, porque como muy bien dice nuestro ilustre paisano Jiménez de Gregorio, “la geografía manda y la historia obedece”.

Esta comarca siempre ha tenido una mayor vinculación con los pueblos y culturas del occidente peninsular y así, las primeras culturas agrarias, las primeras oleadas de pueblos indoeuropeos hacen que nuestra tierra se enmarque en el conocido como megalitismo extremeño, como nos muestran los dólmenes de Azután y La Estrella. También vemos, por los hallazgos arqueológicos de estelas como la de Las Herencias o “Aldeanovita”, que en todo nuestro territorio se encuentra las más septentrionales muestras de las influencias “orientalizantes” y tartéssicas, propias de esa zona cultural del occidente penínsular con la que siempre veremos relacionarse a nuestro territorio.

Navatrasierra, uno de los pueblos de la Jara que fue incluido en Extremadura con la división provincial
Navatrasierra, uno de los pueblos de la Jara que fue incluido en Extremadura con la división provincial

También es cierto que las esculturas zoomorfas, los verracos de piedra de las tribus vettonas que salpican la geografía jareña nos demuestran la pertenencia de la zona a la España céltica. Es el peublo vettón especialmente ganadero, como lo es la cultura de nuestra comarca, surcada por infinidad de cañadas y cordeles por donde discurrían desde tiempo inmemorial millones de ovejas de la cabaña trashumante. Esta cultura, al igual que las anteriormente referidas, también nos une con el resto de la comarca natural de Talavera, con la parte oriental de Cáceres, Ávila y Salamanca, nuevamente con una clara vinculación a la facies cultural atlántica de nuestra península, al contrario que la vecina comarca de los Montes de Toledo, situada más bien en un contexto ibérico.

Los romanos, que como sabemos tenían un concepto muy práctico y realista de la organización del territorio, incluyen nuestra comarca en la provincia lusitana, situándose la frontera con la España Citerior precisamente en el límite oriental de nuestra comarca.

La Edad Media también configuró claramente una distribución geográfica en la que la korá árabe de Talavera incluía todo el territorio de La Jara defendido del avance cristiano por las fortalezas de Canturias, Vascos, Castros, Espejel y Alija, esa fuerte frontera del Tajo que yo denomino línea “maginot” jareña,

Toda la zona —aunque en la parte más occidental es reconquistada para los cristianos desde la ciudad de Ávila—, queda finalmente en el alfoz talaverano por las concesiones reales, aunque incluida en el reino y arzobispado de Toledo, quedando así fuera del obispado emeritense al que parece haber seguido perteneciendo en los primeros tiempos del reino visigodo con el obispado sufragáneo de Aquis.

Chozo en Aldeanueva de Barbarroya
Chozo en Aldeanueva de Barbarroya

En el siglo XIV comienzan las “mordidas” de diferentes casas señoriales a nuestra extensa comarca. Primero la zona más oriental de La Jara pasa a constituir el señorío de Valdepusa que aunque históricamente queda así separado de La Jara, sigue por su paisaje, cultura y condicionantes geográficos muy unido a las tierras jareñas. Alfonso XI segrega un pequeño territorio de la dehesa de Ivan Román para la fundación del monasterio de Guadalupe, aunque Alía, Castañar de Ibor, La Avellaneda y Navalvillar de Ibor siguen en el alfoz talaverano. Ya en el siglo XVI comienza la compra de privilegios de villazgo a Felipe II, necesitado de fondos para la financiación de sus iniciativas bélicas, y es Espinoso del Rey el primer municipio que se segregará de la villa madre, Talavera, que poco a poco irá perdiendo los territorios bajo su directa administración, aunque todas las poblaciones seguirán manteniendo con la ciudad del Tajo su vinculación económica, social y cultural, una vinculación de la que es símbolo más claro la fiesta de las Mondas, en la que el alcalde talaverano cambia su bastón de mando con los de los pueblos hermanos.

Pero en 1833 con la división provincial de Javier de Burgos se produce una distribución del territorio nefasta para nuestra tierra, pues parte de ella se incluye en la provincia de Cáceres (Valdelacasa, Carrascalejo, Villar del Pedroso, Garvín, Peraleda, Navatrasierra)

Como sucede igualmente con esa otra parte de La Jara que hoy llaman Las Villuercas, con Guadalupe, cuya devoción mariana se halla fuertemente arraigada en los jareños, así como Alía, Castañar de Ibor, Navalvillar y la Avellaneda.

Estela de la Edad del Bronce de Las Herencias
Estela de la Edad del Bronce de Las Herencias

Otra parte de nuestra comarca es incluida en la provincia de Ciudad Real y así el muy jareño rincón de Anchuras queda de manera absurda separado administrativamente de La Jara, aunque la geografía manda y hasta para la atención sanitaria siga dependiendo de Talavera. Por último Valdecaballeros, que en su escudo lleva el de Talavera como símbolo de esa pertenencia a La Jara, y Castilblanco, pueblos que, junto a gran parte de la llamada Siberia Extremeña siguen teniendo una fuerte vinculación económica con la comarca.

La Jara no es por tanto ni toledana, ni cacereña, ni pacense, La Jara es una sola comarca y como tal debe considerarse, debiendo tender las asociaciones que estudian y defienden su patrimonio cultural y humano a considerar este hecho histórico y geográfico, aunque por evidentes razones, el estado autonómico tienda a segregar estos territorios e incluso intenten que se olviden las raíces de esos pueblos. Y no digamos nada de la nueva geografía del absurdo que los políticos hacen y deshacen a su antojo con la búsqueda de las subvenciones de los fondos europeos, incluyendo, por ejemplo, Azután y Navalmoralejo en la comarca de La Campana de Oropesa, Navalucillos en Cabañeros o San Bartolomé de las Abiertas en los Montes de Toledo.

RENTABILIZAR LA HISTORIA

RENTABILIZAR LA HISTORIA

Estatua de Juan de mariana en un artículo de Blanco y negro de los años 60
Estatua de Juan de mariana en un artículo de Blanco y Negro de los años 60

En cierta ocasión pude visitar en el hermoso pueblo manchego de Villanueva de los Infantes el convento donde murió don Francisco de Quevedo. Se invitaba al turista a conocer la celda donde pasó sus últimos días y murió el gran genio español. Pasé a la estancia entre japoneses y un grupo de profesores universitarios interesados por conocer lugar tan culturalmente señalado. Por supuesto que estos visitantes comieron y compraron productos típicos en Villanueva dejándose allí algún dinerillo.

Unos meses más tarde supe que la celda en cuestión había sido redecorada con viejos muebles que nunca estuvieron en contacto con las posaderas del malhumorado escritor y que, con un poquito de imaginación y la ayuda de vecinos y chamarileros, se había ambientado adecuadamente la estancia. En la plaza adyacente al convento se puede además contemplar un monumento dedicado al autor de El Buscón. Es absolutamente lógico que se explote la imagen de tan ilustre vecino aunque sea con pequeñas dosis de “turismo –ficción”, pues parece además que los restos que se veneran como los del tullido insigne son los de un mocetón bien formado de robusta osamenta, según estudio realizado hace un siglo.

Escultura que representa a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan
Escultura que representa a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan

Hace unos días visitaba Salamanca y podía pasear por el jardín de Melibea y en Valladolid pude también conocer la casa de Cervantes, con buena decoración de época pero utilizando objetos que nunca coexistieron con don Miguel, entre ellos, por cierto, buena cerámica de Talavera.  Ávila con Santa Teresa es otro ejemplo de cómo algunas ciudades saben rentabilizar su historia y sus personajes ilustres para hacer que el turista se acerque a ellas.

Cenotafio de García de Loaisa, confesor de Carlos V y fundador del convento de Santo Domingo en Talavera

Si queremos quitar a Talavera su aire y fama de localidad un tanto rústica, mezclados con su aspecto de ciudad dormitorio, y darnos así un poquito de “caché”, sin renunciar por supuesto a los vínculos que desde siempre hemos tenido con el mundo agropecuario, sería interesante potenciar el reconocimiento de los muchos personajes históricos que nacieron o vivieron aquí.

Boceto de monumento a la Batalla de Talavera que no se llegó a realizar
Boceto de monumento a la Batalla de Talavera que no se llegó a realizar

Porque resulta, por ejemplo, que por nuestras calles corrieron de niños Fray Hernando de Talavera  y Rodrigo Arias Maldonado, el “Doctor Talavera”, dos hombres influyentes ante Isabel la Católica que contribuyeron en gran medida a que se iniciara la empresa americana. Pues bien, la casa natal de fray Hernando estuvo a punto de derrumbarse aunque ha sido felizmente recuperada. Podemos aprovechar el tirón que tanto su figura como la de Maldonado o Francisco de Aguirre tendrían para el turismo y para el prestigio de nuestro pueblo.

Fray Hernando cuenta ya con un monumento en la ciudad como lo tiene, aunque no muy apropiado, Fernando de Rojas. Se ha erigido uno más bien modesto a la Celestina. Pero digo yo que el autor de la considerada como segunda obra más universal de nuestra literatura podría dar mucho más de sí en cuanto a dar a Talavera la pátina cultural que tanto necesita. Una ruta digna de La Celestina y del que fue alcalde de nuestra ciudad debería instalarse sin importar que se hayan de hacer nuevas placas cerámicas que sirvan de guía por los lugares vinculados con él y su obra, y por su puesto el acceso al claustro de la Colegial, donde se encuentran sus restos, debería estar garantizado. La figura del Arcipreste de Talavera, otro literato de gran talla, tampoco ha sido resaltada en modo alguno como personaje vinculado a nuestra ciudad.

Para llamar la atención sobre el aspecto histórico de Talavera, qué mejor símbolo que el Padre Juan de Mariana, al que se refería Benito Pérez Galdós en el centenario de la Batalla de Talavera declarando que “Talavera es la patria de la Historia por haber sido la patria de Mariana”. Creo que el centenario de su figura debería haber merecido algo más que el paripé académico que se celebró.

Otras disciplinas podrían tener también como patrones a algunos de nuestros más ilustres personajes. Por ejemplo a Gabriel Alonso de Herrera, primer estudioso nacional de la agricultura y la ganadería. El campo y el medio ambiente tendrían en él un magnífico patrón de prestigio para haber instaurado en Talavera estudios universitarios de Medio Ambiente, pero claro, tuvieron que ponerlos en Toledo donde se deben estudiar los selváticos bosques de la Sagra, o las agrestes llanuras manchegas.

Portada de la edición italiana del Libro de Agricultura de gabriel Alonso de herrera
Portada de la edición italiana del Libro de Agricultura de gabriel Alonso de herrera

Hagamos que estos y otros muchos paisanos ilustres estén más presentes en calles y eventos culturales, vamos a querernos un poquito más y no olvidemos a los mejores de nuestros paisanos.

TRECE MENTIRAS Y UN MANTRA SOBRE EL TAJO QUE USTED NO DEBE CREER

DOCE  MENTIRAS Y UN MANTRA SOBRE EL TAJO

QUE USTED NO DEBE CREER

Mentira 1ª: “Esto lo arregla el Plan Hidrológico Nacional”. Falso: El dichoso plan no derogaba el trasvase y dejaba al Tajo tal cual.

Mentira 2ª: “Con el Plan Hidrológico Nacional, en vez del Tajo se trasvasaría del Ebro”. Gran engaño generalizado, ya que en el Plan esto no aparece por ningún lado, y no por repetido deja de ser falso.

La histórica manifestación en defensa del Tajo de Talavera de 2009
La histórica manifestación en defensa del Tajo de Talavera de 2009, a su paso por la calle San Francisco

Mentira 3ª: “El trasvase es solidario” El trasvase es la colonización de una comarca pobre por otra región rica. ¿Desde cuándo eso es solidaridad? Eso es Robin Hood al revés. Por el trasvase no va agua, van euros. Unos se empobrecen para que otros se enriquezcan.

Mentira 4ª: “Al río Tajo le sobra agua, luego se puede trasvasar” Esta es la gran falacia sobre la que se apoya el expolio del río. Cuando se hizo el trasvase, las aportaciones en cabecera eran de hasta 1300 hectómetros cúbicos al año y se llevaban 500, hoy solo caen los 500 y se llevan la práctica totalidad. Incluso hay años que se han llevado el 120%.

El Tajo en los años 70 a su paso por el Castillo de Malpica, residencia medieval del señor de Valdepusa

Mentira 5ª: “Murcia necesita el agua” Con las desaladoras, sus acuíferos y sus propios recursos solamente es una cuestión de precio. Pero claro, el trasvase les sale casi gratis. Así lo han reconocido entre otros catedráticos de hidrología de la universidad murciana. Y más, teniendo en cuenta el gran número de hectáreas regadas ilegalmente.

Mentira 6ª: “Lo importante es una reserva en cabecera”.  Falso. Lo que realmente es necesario es un caudal ecológico real y verdadero en Aranjuez, Toledo y Talavera.

Mentira 7ª: “El agua del Tajo es de Castilla-La Mancha” Falso. El Tajo es de los pueblos y ciudades de la cuenca del río Tajo. Da exactamente igual que vaya a regar los campos de golf de Murcia o a los viñedos de La Mancha.

Mentira 8ª: “Madrid necesita el Alberche”. Falso: Madrid está en la cuenca del Tajo y puede abastecerse de sus embalses de cabecera sin tener que utilizar el caudal del Alberche necesario para los regadíos de Talavera.

Mentira 9ª: “El problema es la sequía”. Falso: El problema es la gestión nefasta de los ríos por intereses políticos y electoralistas, aunque la sequía agrava la situación.

El Tajo a su paso por Valdeverdeja

Mentira 10ª: “El agua no es de quien la ve pasar” Falso: De quien seguro que no es el agua es de los especuladores urbanísticos de la costa murciana. En todas las normativas europeas la cuenca cedente tiene preferencia para mantener su caudal ecológico sobre los intereses económicos de la cuenca favorecida.

Mentira 11ª: “Aprobada la construcción de estaciones de aforo para medir el caudal del Tajo en Talavera y del Alberche en Escalona” Verdadero, pero los políticos se hacen el longui. Aunque las aprobaron en el senado con los votos del PP y el PSOE y se presupuestaron, no las construyen porque no les interesa que se pueda demostrar ante un Juez o ante Bruselas el lamentable estado de nuestros ríos que trasgrede la normativa.

Mentira 12ª: «La tubería del arroyo de las Parras supone la modernización de los regadíos». Falso de toda falsedad. El objeto de esa tubería es regar con el Tajo en lugar de con el Alberche, es convertir a la vega de Talavera en la balsa de sedimentación de toda la mierda biológica y química de Madrid.

Mentira 13º: «Hay políticos que defienden el Tajo» La madre de todas las grandes mentiras. No hay ni un solo político, congresista o senador, que se haya manifestado taxativamente y en sede parlamentaria contra el trasvase y en defensa de los intereses de los ciudadanos ribereños del Tajo. .

Un mantra: “Agua en cantidad y calidad” No por repetida, esta demagógica frase quiere decir algo, ya que nunca dicen nuestros poco comprometidos representantes ni qué cantidad ni qué parámetros de calidad quieren para el Tajo. Es mantra de los políticos para con este latiguillo, salir del paso y no decir nada sobre el trasvase, y así salir del paso.

El Tajo a su paso por Toledo

LOS CAMINOS USURPADOS

LOS CAMINOS USURPADOS

La Cañada Leonesa Oriental a su paso por Aldeanovita La Cañada Leonesa Oriental a su paso por Aldeanovita

Todavía a principios de los años 80 se podía transitar por la mayoría de los caminos públicos sin que candados y porteras cerradas a cal y canto impidieran el paso a los que querían disfrutar de la naturaleza.

Poco a poco la situación se ha ido deteriorando hasta el punto de que son centenares los caminos que desde hace siglos servían para unir pueblos y parajes recónditos y ahora han sido usurpados por propietarios que hacen de su capa un sayo sin que haya nadie que recupere lo que es propiedad de todos. Utilizan para ello métodos tan mezquinos como meter el arado al camino antiguo haciéndolo intransitable, y trazar otro paralelo pero ya dentro de su finca para así impedir el paso, poner carteles falsos de “finca privada, prohibido el paso”, encharcarlos, y otros arteros procedimientos.

Camino empedrado cerca de Belvís de la Jara

No tengo nada contra la actividad cinegética si se desarrolla en el marco de las leyes, pero la principal causa de este problema es sin duda la caza, todas esas fincas que los nuevos ricos del ladrillo, entre otros, adquirieron con su dinero fresco, y algo pestilente en muchos casos, para dar tono a su ascenso en la categoría social, y así, la caza, como el golf, se convirtieron en signo de riqueza y status. Esas propiedades fueron rápidamente cercadas con altos vallados, muchas veces ilegales, y en su interior se criaron venados como si fueran borregos para cazarlos como en caseta de feria o vendérselos a los italianos como si fueran salvajes criaturas, cuando en realidad estaban casi estabulados y comiendo pienso. Además, se hicieron tremendos casoplones que enseñar a socios y amistades en una perpetua y berlanguiana escopeta nacional. Y para mantener sus mansos venados sin que los furtivos pudieran cazarlos a cantazos cerraron los caminos públicos con la arrogancia que les daba su influencia de señorito sobre el alcalde de turno que, salvo honrosas excepciones, no se atrevía a denunciar la usurpación y molestar con ello al influyente propietario. La Guardia Civil, que antiguamente vigilaba realmente el patrimonio caminero, ahora solamente suele tomar medidas si hay una denuncia previa.

Puente, camino y lavadero en La Estrella Puente, camino y lavadero en La Estrella

De esta forma, poco a poco se va expoliando nuestro patrimonio viario, que además es un recurso de primer orden para el turismo rural. Y tanto es así, que cualquier persona que deambule por el campo sin otra intención que disfrutar de la naturaleza es considerada como sospechosa que se va a llevar los conejos en el bolsillo y es interpelado por guardas y encargados, que les someten a un tercer grado sobre cuáles son sus inconfesables intenciones en el campo.

Realmente han conseguido con todo esto poner puertas al campo, aunque hay comunidades autónomas, como Extremadura, donde la normativa establece que aquel propietario que cierra un camino es quien tiene que probar que es privado, mientras que en otras regiones como la nuestra, primero se cierran y luego vete tú a un proceso judicial y tengas pleitos y los ganes.

Un camino empedrado con granito cerca de Segurilla, actualmente cubierto de zahorra

Es necesario que los ayuntamientos hagan un inventario exhaustivo de los caminos y que luego se amojonen. Es el instrumento necesario para que no se produzcan las expropiaciones forzosas que se vienen haciendo de facto y que, además de vulnerar la legalidad por apropiarse de lo ajeno, vulneran derechos fundamentales cuando los guardas de las fincas te salen al paso como si fueras un delincuente, interrogándote e incluso tomándose atribuciones policiales,  pidiéndote la documentación e intentando a veces hasta registrar tu vehículo, todo ello adobado con malos modos.

Las vías pecuarias principales sí que se van amojonando por la administración, aunque no obligan a retranquearse al que se ha venido fuera de la linde apropiándose de parte de la cañada, pero al menos es una buena iniciativa que debe continuar, como también debe cambiar la normativa y se debe dar al SEPRONA y a la guardería medioambiental atribuciones más ejecutivas sobre nuestros caminos para así impedir este expolio permanente.

Una venta trashumante, El Venturro, junto a la cañada leonesa occidental

EL TAJO QUE YO CONOCÍ

EL TAJO QUE YO CONOCÍ

El merendero de El Paredón ya abandonado en el año 1974 El merendero de El Paredón ya abandonado en el año 1974

Cuando se hizo el 20-J de 2009 la multitudinaria manifestación en defensa del Tajo en Talavera, llamó la atención de los medios nacionales la presencia de algunos ciudadanos que portaban sencillas pancartas en las que,  sobre un cartón, pegaban fotografías de los momentos felices que pasaron en el  río antes de que nos lo usurpara el trasvase. Hay muchas razones  económicas, medioambientales e incluso de defensa de la propia dignidad para reivindicar nuestro río, pero lo que hoy  quiero contarles solo va de su aspecto más entrañable, humano y cultural.

La playa de Los Arenales con sus merenderos

Nuestro Tajo antes del trasvase  olía a río, un olor que ha quedado en el recuerdo y que no tiene nada que ver con el olor a cloaca y albañal que tiene hoy día. No era ya el río trasparente y de oro que describía Cervantes,  pero tenía el color de la vida, de verde o de tierra pero vivo. Hasta los cienos eran cienos que no olían a corrupción y a extraños componentes químicos. Aguas putrefactas  que llegan desde una ciudad de seis millones de habitantes y que producen extrañas espumas e irisaciones que hicieron en 2006 que muchos regantes se negaran a utilizarlas para sus cultivos.

Bañistas en la playa de Los Arenales en Talavera. Al fondo el casco antiguo y en primer plano uno de los frecuentados merenderos Bañistas en la playa de Los Arenales en Talavera. Al fondo el casco antiguo y en primer plano uno de los frecuentados merenderos

Siendo chavales íbamos con la familia a los merenderos del río. El conejo, la ensalada, el pollo, la tortilla o los filetes empanados que después del baño  devorábamos, acompañando la comida con el vino y la gaseosa, y por las noches a veces hasta se arrancaba alguien a tocar la guitarra. Había chiringuitos en Los Arenales, la Presilla, o el Paredón, aunque el recuerdo más entrañable que conservo es el del quiosco Miralrío, que se encontraba donde ahora está el colegio Madre de la Esperanza. La alberca con las carpas a las que echábamos migas de pan, con el chorro que salía del pozo y que, al intentar beber,  siempre daba calambre. La sombra deliciosa bajo los árboles con el sonido del agua corriendo por las acequias que también  con su chisporroteo llenaba de frescura los atardeceres de verano.

Recuerdo el paseo hacia los Arenales con las sombrillas y las familias talaveranas confluyendo hacia un puente de madera sobre el arroyo Berrenchín. La playa de arena finísima con islotes más elevados de álamos y tarayes,  y el baño en un río limpio con las gentes todavía con flotadores hechos de corchos o cámaras de neumático, incluso de tractor, las que provocaban más  envidia a los críos que nos lanzábamos desde un trampolín rústico hecho de tablas. Cruzar a nado a la isla del Chamelo, donde cogíamos paloduz nos provocaba la emoción de la aventura,  y también  ver a Telesforo con su barca y la noticia que nos sobrecogía de algún ahogado cuyo cuerpo había ido a recuperar.

Bañistas en la Playa de Los Arenales antes del nefasto trasvase Bañistas en la Playa de Los Arenales antes del nefasto trasvase

Pero el mejor de mis recuerdos es  el momento en que cogíamos un viejo saco mi hermano y yo, y arrimándole contra la orilla y alborotando entre los juncales,  lo sacábamos  rápidamente y dejaba en su fondo un verdadero tesoro de vida. Ahí aparecían carpillas, bogas, gambusias, barbetes, extraños insectos,  trasparentes camarones, o lampreas. Metíamos aquellas joyas en cubos de playa  junto a los mejillones fluviales, y se los enseñábamos a todos los críos, y a los mayores, a quienes  distraíamos en la sobremesa de café de termo y copa de soberano.

En Toledo con su playa de Safont, en Malpica, o en Puente habrá sin duda mucha gente que recuerda también todo aquello que nos robaron el día que se decidió que nuestro río fuera a enriquecer otras tierras, con la complicidad de quienes, habiendo sido elegidos para ser nuestros representantes,  sólo defendieron y defienden los intereses de su secta.

Las aguas limpias del Tajo en una postal de los años 60

EL BORBONEO SECULAR

EL BORBONEO  SECULAR

Caricatura que muestra a Isabel II practicando su deporte favorito Caricatura que muestra a Isabel II practicando su deporte favorito

De la tierra de l´amour, Emmanuelle, El Último Tango y el Marqués de Sade pasando por Perpignán nos vino la dinastía reinante hoy en España. Y llegaron el primer año del siglo de las luces, que llevaría a finales de la centuria a la explosión de la liberté, del placer y del rodar cabezas.

Y Felipe V, primer Borbón, parece que mezcló una parte de la psicalipsis de su patria de origen con la pasión exacerbada de los súbditos que le tocaba gobernar, y así llegó a permanecer días y noches en el real catre retozando con la reina y cayendo alternativamente en el más profundo arrepentimiento y la lascivia más patológica, que le hacía pasar de la oración al ardor pudendo sin cesar, del flagelo al zurriago sin parar.

Algunos de los borbones a los que alude el texto Algunos de los borbones a los que alude el texto

Abdicó Felipe en su hijo Luis I, aunque la corte seguía en La Granja en manos de su madrastra  la reina Isabel de Farnesio. Luisito sólo tiene quince años cuando le casan y su mujer Luisa Isabel de Orleáns es caprichosa, sucia y extravagante, hasta el punto de jugar desnuda por los jardines de palacio, por lo que el joven rey, que también padece de “melancolía” como su padre, se dedica a sus fiestas y correrías nocturnas por Madrid, aunque poco puede divertirse, pues muere de viruelas a los ocho meses de reinado.

Fernando VI también tiene una obsesión enfermiza con su mujer Bárbara de Braganza, portuguesa poco agraciada y bien entrada en carnes pero que al rey le ponía cantidad. Y quiere yacer con ella sin cesar, hasta el punto de que cuando ella está ya agonizante, no se resiste a entrar con ella en la cama por el mucho apetito sexual que le despierta su real persona. Cuando muere la reina y no puede “hacer uso del matrimonio”, Fernando VI se vuelve loco y acaba encerrado en el caserón de Villaviciosa de Odón lanzando sus propios excrementos a ministros, cortesanos y prelados que acuden a visitarle.

Carlos III es rey más cazador que fornicador, las dos pasiones dinásticas, prefiriendo cobrar conejos en el monte y no en la corte, aunque llega a ser rey por los apaños de Isabel de Farnesio, que tiene una buena excusa para relegar al que habría tenido en realidad mayor derecho a reinar, el infante Luis de Borbón. La excusa es que don Luis no piensa en otra cosa que en el sexo y tanto es así que para evitar escándalos le casan con una mujer casi plebeya, para que calme así su fogosidad. Con esa excusa se le destierra de la corte y viene a Velada, al palacio del marqués, con su corte, acompañado de Goya y Bocherini entre otros artistas, mientras le construyen el palacio de Arenas.

El tontaina de Carlos IV ve como la reina más fea que vieron los siglos bebe los vientos por Godoy. Fernando VII, aparte de su conocida bajeza moral, padecía macrosomía genital y hasta tal punto eran grandes sus atributos sexuales que le tuvieron que fabricar una almohadilla en forma de donut para yacer con su señora sin dañarla al hacer uso del matrimonio. Su viuda Maria Cristina, que decía que su marido el Rey yacía con ella con “lujuria de animal”, tuvo al enviudar varios hijos con un guardia de corps de nombre Muñoz.

Del amor de Isabel II por los militares de todo el escalafón, desde sargentos hasta el “general bonito”, mucho se ha escrito, mientras que de su marido Francisco de Asís de Borbón, que paseó sus cuernos con gran dignidad, dijo ella que qué se podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más puntillas y encajes que ella misma.

Alfonso XII gustaba de las actrices y  Alfonso XIII también, aunque a este último le valía cualquier cosa, sin ser nada selectivo en sus fornicios. Y para qué seguir con monarcas más actuales si los medios nos informan a diario.

¿MORIRÁN EN MURCIA POR DO MÁS PECADO HABÍAN?

Foto de la contaminación del Mar Menor. Foto Rosillo-EL PAÏS

MORIRÁN POR DO MÁS PECADO HABÍAN

He viajado hace poco a Murcia, la rica región que se desarrolla con los recursos naturales que a nosotros se nos expolian, y además de la indignación natural que te subleva cuando ves que quien dice no tener agua cuenta con decenas de campos de golf y continuos aterrazamientos para nuevos regadíos con un agua que no tienen, he experimentado visitando estas tierras cierta sensación de que se está produciendo una especie de justicia poética natural que vengará los abusos que está generando una escala social de valores que tiene únicamente como regla de oro la codicia.

Cuando llegaba al cabo de Palos contemplé el primer horror, lo que debería ser un paraíso, era solamente una sucesión de horribles mamotretos que cercan el Mar Menor en la pequeña franja de tierra que era un cordón de dunas a lo largo de casi treinta kilómetros. Salvo Benidorm no he visto un atentado mayor urbanístico en la ya de por sí destrozada costa mediterránea.

Y ese que hubiera sido un hermoso lago marino lleno de vida además se está pudriendo con sus aguas pestilentes debido precisamente a los abonos y pesticidas de la agricultura intensiva que se hace con el agua del trasvase Tajo-Segura en el campo de Cartagena, y que va a parar finalmente al Mar Menor. La gente que habita esos altos y espeluznantes edificios tiene ya que ir a bañarse a otros lugares porque su agua va dando un poco de asquito.

También fue cuestión de codicia que por crear unos pocos puestos de trabajo se llenara de lodos venenosos donde no crece una brizna de hierba la cercana bahía de Portmán, un paraje de gran belleza donde hasta se acabó con su puertecito a base de echar 70 millones de toneladas de lodos mineros saturados de metales pesados y otros residuos insalubres sin cumplir una sola medida preventiva de las que se les exigían. Ahora vienen los llantos y las lamentaciones y el ¡Cómo dejaríamos que hicieran aquello! Pero el desastre ya se ha consumado con esa debilidad que muestran con estas cosas los jueces españoles, siempre presionados por la opinión que genera el dinero, la demagogia y la baja política que nos abruma.

Pocos territorios naturales protegidos había en Murcia, pero la depredación no tiene límites y lugares maravillosos como Cabo Cope se desprotegieron. La mayoría de su extensión se llenó de cultivos y sus plásticos rompen sus ecosistemas y contaminan las que deberían ser playas paradisíacas. Incluso, para comunicar hipotéticas urbanizaciones que iban a alzarse allí pero que la crisis frenó, se hizo una autopista por la que no pasa nadie pero que todos pagaremos.

Quizá nosotros muramos en Talavera de pobreza y despoblamiento pero hay otros que morirán “por do más pecado habían”: por su codicia y la depredación sin límites de su medio natural, y el de los demás.

Morirán por «do más pecado habían» como cuenta la leyenda que exclamó el último rey godo don Rodrigo cuando, enterrado con serpientes comenzaron devorarle sus partes pudendas por ser su deseo sexual el que le había hecho perder España ante los musulmanes: «Ya me comen, ya me comen por do más pecado había».

TIEMPOS MEJORES, TIEMPOS PEORES

TIEMPOS MEJORES, TIEMPOS PEORES

 

Talavera fue percibida desde hace siglos como una ciudad con futuro y así decía Pons en el siglo XVIII

“El territorio hasta Talavera es de más de una legua; y siendo vega muy llana, se podría regar parte de ella con las aguas del Alberche, que me parece vienen someras. Esto, me dijeron, se ha pensado varias veces, pero no se ha hecho. Logra esta villa …una situación tan ventajosa como ninguna otra de cuantas he visto. Está fundada en medio de la referida vega. Baña el Tajo sus murallas por el lado del mediodía, y en la situación es muy parecida a la ciudad de Córdoba.”

También Laborde a principios del XIX vislumbra las posibilidades de nuestra ciudad

“llanura descubierta, muy fértil, hermosa y alegre, y bajo un cielo bellísimo”

“Desde ella se distingue ya a Talavera en toda su extensión, formando con sus grandes edificios, torres y chapiteles, un grupo de diversas pirámides, cuyo golpe de vista agradable, da una idea de la opulencia de esta ciudad. «

“Su vega amena y deliciosa produce mucho trigo, vino, aceite, seda, hortalizas y legumbres, los pastos de sus dehesas mantienen mucho ganado lanar, vacuno y de cerda”.

Y hasta se felicita por el clima.

“El de Talavera es bellísimo, su cielo puro y sereno, los inviernos templados, las aguas muy buenas y los alimentos de sabrosa calidad; pero el verano es muy cálido

Y algunos como Barreiros comienzan a describir una Talavera ya pujante en 1548

“La tierra es buena comarca de pan, vino, miel, frutas y ganado. En ella hay mucha gente noble y rica, eclesiástica como secular y muchos hidalgos honrados…”

O cuando A. Jouvin en 1672 dice que es:

“un terreno semejante al paraíso terrenal…y la venta y el puente del Alberche, que se pasa sobre un puente de madera, un río grueso…, que desagua allí cerca en el Tajo, que sigue por un llano el más fértil de España, donde está Talavera de la Reina”

Aunque la descripción de una Talavera más importante es la que hace de la Tababyra musulmana Al-Idrisi hace mil años

“Talavera es una gran villa construida en la orilla del Tajo; el castillo está perfectamente fortificado y la villa es notable por su belleza, su extensión y la variedad de sus producciones. Los bazares son dignos de verse y las casas están agradablemente dispuestas; un gran número de molinos se elevan sobre las aguas del río. Capital de una provincia importante, Talavera está rodeada de campos fértiles. Sus barrios son hermosos y antiguos y se encuentran allí monumentos de remota antigüedad. Está situada a 70 millas de Toledo. La villa de Toledo, al oriente de Talavera, es una capital no menos importante”.

Nuestro novelista Céspedes y Meneses vive en esa otra Talavera rica del siglo XVI

 “Gente apacible agradable y cortesana, y en particular la noble, que es mucha, lucidísima y de las más calificadas casas de España”.

“una de las más amenas, alegres, abundantes y deleitosas poblaciones” donde la nobleza se entretiene en “caballos, toros, máscaras, sortijas, torneos y otros pasatiempos”.

Y a estas talaveras boyantes podemos añadir esos años llenos de vida de finales de los 60 y principios de los 70 que la consagraron como la segunda ciudad de esta región en la que nos metieron con calzador, para luego olvidarse de nuestra existencia.

Pero también hubo tiempos peores, como la Talavera de después del destrozo de los franceses que hicieron correr el vino y el aceite por las calles o dinamitaron centenares de casas especialmente en el barrio de San Andrés. Talavera vio reducida en casi dos tercios su población, y además había visto poco antes como se cerraban las Reales Fábricas de Seda que daban empleo a tres mil personas en la comarca.

O la Talavera fea y pobre que ve Gerald Brenan cuando se tiene que quedar aquí en los años de la posguerra civil por una avería del tren (¿les suena?).

Lo que sí es cierto es que con la ayuda o sin la ayuda (que es lo habitual) de las administraciones volveremos a salir adelante. Seguro.

TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (6) LA «REGIÓN TALAVERANA» Y SUS CÍRCULOS DE INFLUENCIA

TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (6)

LA «REGIÓN TALAVERANA» Y SUS CÍRCULOS DE INFLUENCIA

Postal de los años 70 con el Tajo todavía limpio

Podemos en definitiva asegurar que, con grandes dificultades sobrevenidas de la marginación histórica de la ciudad, de la anacrónica división provincial y la caprichosa y perjudicial estructura autonómica condicionada por sus fronteras antinaturales, las Tierras de Talavera vienen manteniendo una unidad geográfica en la que se pueden apreciar varios círculos de influencia de intensidad decreciente según nos alejamos de la propia ciudad.

Llanos de Alcolea de Tajo con Gredos al fondo

El primer círculo estaría compuesto por la parte de las antiguas tierras que actualmente se incluyen en el territorio de Castilla-La Mancha. Estarían aquí incluidas por tanto las comarcas de La Jara, salvo la parte extremeña, la Sierra de San Vicente, El Berrocal, El Alcor, la Campana de Oropesa y las cuatro Villas ribereñas del Tajo (Alcolea, Puente del Arzobispo, Valdeverdeja, El Torrico). Por el este, el Horcajo de Santa María, Valdepusa, que fue segregada en el siglo XIV de La Jara, y otras localidades históricamente no vinculadas a Talavera como Santa Olalla o El Casar de Escalona, Carriches, Erustes o Mesegar, entre otros, que por su proximidad están dentro del área más cercana.

Esta unión de las poblaciones del primer círculo con su cabecera es muy fuerte con una actividad comercial y administrativa intensa que se aprecia en los dos sentidos, además de una vinculación humana que hace raro que cualquier habitante de la zona no tenga familiares o propiedades en Talavera. Incluso se está produciendo el hecho de que por la carestía de la vivienda muchos talaveranos están comenzando a desplazarse a los pueblos más cercanos para domiciliarse en ellos.

Paisaje en La Jara Alta

El segundo círculo de influencia abarca zonas que, aunque históricamente han estado unidas a otras provincias, sus condicionantes geográficos son tan significativos que por fuerza las relaciones con Talavera han de ser intensas, a pesar de que administrativamente no estén incluidas en la misma provincia ni en la misma comunidad autónoma. Me refiero concretamente a las poblaciones del Valle del Tiétar que para acudir a Ávila precisan pasar dos puertos muchas veces nevados y con carreteras de montaña. Sus habitantes acuden con muchísima frecuencia al hospital de Talavera o a la medicina privada de la ciudad de forma que las autoridades sanitarias de las dos castillas se han visto obligadas a firmar un acuerdo para que los vecinos del valle del Tiétar sean atendidos en Talavera no sólo en las urgencias. Pocos son los que van a Ávila para adquirir equipamientos, tanto por las dificultades de comunicación como por la mayor oferta de nuestra ciudad. Otro vínculo importante es el que en dirección contraria se produce cuando los talaveranos adquieren su vivienda de recreo en la sierra de Gredos o simplemente utilizan sus bosques y gargantas como lugares para disfrutar el tiempo libre durante los fines de semana.

El río Tajo a su paso por Aldeanueva de Barbarroya

También podemos incluir en este segundo círculo de influencia a los pueblos de la Vera Alta, es decir Madrigal, Villanueva y Valverde de la Vera, que por su proximidad geográfica tienen similares circunstancias que los pueblos del valle del Tiétar abulense. Además, muchos de sus habitantes formaron parte de los colonos que vinieron a las vegas talaveranas para cultivar sus regadíos y es raro el “verato” que no tiene algún familiar en nuestra ciudad.

Por otra parte, las localidades jareñas que fueron incluidas arbitrariamente en la provincia de Cáceres, habiendo pertenecido geográfica e históricamente a Talavera, siguen manteniendo fuertes lazos de unión con Talavera. Me refiero a Villar del Pedroso, Valdelacasa, Peraleda de San Román, Garvín, Navatrasierra o Alía, que siguen abasteciéndose comercialmente de Talavera y mantienen estrechos vínculos humanos con sus habitantes. El pueblo jareño de Anchuras de los Montes, aunque esté actualmente en la provincia de Ciudad Real, debemos incluirle en el primer círculo de influencia simplemente por cuestiones geográficas evidentes.

El Baldío o llanos de Velada

El tercer círculo de influencia comprende a localidades más distantes, pero que en realidad también se encuentran muy alejadas de otras ciudades de referencia, o éstas son pequeñas poblaciones con pocos servicios y escaso potencial comercial. Me refiero por ejemplo a los pueblos de Campo Arañuelo que, aunque tienen por capital comarcal a Navalmoral de la Mata, se desplazan a Talavera para muchas de sus transacciones, al igual que sucede con las poblaciones del valle del Río Ibor incluyendo a Guadalupe. Parecida circunstancia se da en los pueblos del señorío de La Puebla de Alcocer y Herrera del Duque, con los antiguos pueblos jareños de Castilblanco y Valdecaballeros, además de muchas localidades de la llamada Siberia Extremeña. La Vera Baja ya se encuentra más unida a Plasencia y a Navalmoral, pero mantiene una relación comercial muy fuerte con Talavera.

Como dice Jiménez de Gregorio, el territorio de nuestra ciudad es por tanto una región, en el sentido geográfico estricto del término, ya que está formada por diferentes comarcas y subcomarcas que, aunque tienen sus pequeñas capitales de referencia como Arenas de San Pedro, Belvís de la Jara, Los Navalmorales, Castillo de Bayuela, Oropesa etc… mantienen una inequívoca unión con esa ciudad a la que ellos mismos llaman “el pozo” por considerar irónicamente que es el lugar donde van a parar los frutos económicos de todas ellas.

El embalse de Guadyerbas

Talavera necesita a su comarca y los pueblos necesitan a esa ciudad cuyas calles conocen como si fueran las suyas y por eso, el día de Mondas, cuando el alcalde de Talavera se intercambia en la basílica del Prado el bastón de mando con los alcaldes de los pueblos de las Tierras de Talavera es un día sumamente simbólico, en el cual se representa la unión de todos los habitantes de la que Cervantes denominó “la mejor tierra de castilla”.

El bosque mediterráneo en los montes de La Jara