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OTROS RECEPTORES DEL MOLINO DE AGUA: RAMPA, TUBO, REGOLFO

OTROS RECEPTORES DEL MOLINO DE AGUA ADEMÁS DEL CUBO: RAMPA, TUBO, REGOLFO

Otro nuevo capítulo de mi libro agotado “Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo”

Cuando el canal no desemboca en un cubo sino que, desde el desnivel conseguido, se precipita el agua directamente por una prolongación en rampa de ese mismo canal, nos encontramos ante un molino de rampa (figs. 15 y 17) o simplemente de canal como suelen referirse a este receptor los molineros.

Tipos de receptor de los molinos de agua con rueda hidráulica de rodezno
Tipos de receptor de los molinos de agua con rueda hidráulica de rodezno

La frecuencia de este tipo de receptor en rampa es mayor en la comarca de los Montes de Toledo y precisa de un caudal relativamente abundante para su funcionamiento. Es curioso constatar que en más de diez casos de todos los estudiados, se asocia este sistema de rampa con un cubo anejo en el mismo molino que serviría para moler en épocas de escasez de agua, mientras que la rampa aprovecharía los mayores caudales de los días lluviosos, e incluso funcionarían los dos sistemas a la vez si el caudal lo permitiera.

Las rampas pueden estar descubiertas o techadas con grandes lajas de granito que también sirven para enlosar las paredes y el suelo. Lo más frecuente es que estas rampas tengan una cubierta de lajas y sobre ellas se acumule tierra y mampostería irregular (fig. 17). Es muy habitual que los molinos de rampa tengan balsas previas de dimensiones considerables que tienen acceso a las rampas mediante compuertas regulables (Foto 5).

La altura y la anchura de la sección de las rampas oscila entre uno y dos metros siendo siempre la altura algo mayor que la anchura. La longitud de las rampas varía desde los cinco hasta los veinte metros. La inclinación viene siendo de entre 301 y 601.

Casi todos los tratados clásicos de molinería se inclinan por la rampa como sistema más arcaico de receptor entre los molinos de rodezno. Los molinos de cubo o arubah serían un descubrimiento posterior probablemente surgido en el ámbito de la cultura musulmana.

Recptor de molino de tubo con un cubo de xinc adaptado para mantener esranqueidad. Molino de garganta Tejea
Recptor de molino de tubo con un cubo de xinc adaptado para mantener esranqueidad. Molino de garganta Tejea

Cuando estas rampas se hacen más estrechas, cerradas y de una mayor inclinación, nos encontramos ante  lo que yo he querido llamar molinos de tubo (fig.15). Cinco ejemplares de la garganta Tejeda, en El Real de San Vicente, y otros tres sobre la garganta de Las Lanchas en Robledo del Mazo son buena muestra de este tipo de receptor en nuestra provincia. Se localizan en arroyos de fuerte pendiente y caudal bastante mantenido. Una pequeña presa en la torrentera desvía el agua a un canal que, en el caso de garganta Tejeda, abastecerá consecutivamente a los tubos de cinco molinos situados en una loma lateral de la ribera del arroyo (Foto 6).

Quedan restos de troncos vaciados de castaño que debieron servir en principio  como conducto y que luego fueron sustituidos por tubos metálicos en El Real, y de cemento en el caso de Robledo. Los tubos tienen entre veinticinco y cincuenta centímetros de diámetro y, dada su inclinación, conducen el agua con gran potencia. Es evidente la influencia de los molinos abulenses sobre este tipo de receptor. Visitando las gargantas de la sierra de Gredos podemos observar un gran número de ellos.

Con el molino de tubo hemos descrito todas las formas de receptor que accionan los rodeznos: molinos de presa de acceso directo, molinos de escorrentía, molinos de rampa y molinos de cubo. Pero además de la rueda tradicional o rodezno, existen en nuestra provincia representaciones numerosas de ese otro paso en la evolución molinera que es el sistema de regolfo.

Restos de la cuba de piedra de un molino de regolfo
Restos de la cuba de piedra de un molino de regolfo

En los molinos de regolfo no existe “el canal”. El agua entra directamente al molino con el mismo nivel que lleva la corriente fluvial y pasa bajo el edificio mediante un conducto de sección rectangular pero más estrecho a la salida que se conoce como “la”canal, lo que se conoce como “la bomba” en los tratados clásicos. La diferencia de estas conducciones con las rampas es que éstas se encuentran inclinadas mientras que la canal de los regolfos no.

Esquema de un molino de regolfo
Esquema de un molino de regolfo

Las dimensiones de las canales de nuestros molinos de regolfo varía según sirvan a molinos manchego, los cuales tienen una altura de alrededor de un metro, o que sirvan a los grandes molinos del Tajo, en cuyo caso las canales son más anchas en la entrada del agua que en la salida hacia la cuba del regolfo. La anchura en la entrada varía entre cincuenta centímetros y un metro y en la salida entre los quince y los treinta centímetros. La longitud de estas canales, que como hemos dicho discurren bajo la sala del molino, oscila entre los dos y los diez metros. Las menores dimensiones de los molinos de regolfo de La Mancha se corresponde con lo que en Los Veintiún Libros de Juanelo se define como medio regolfo, “que es de la misma hechura mas que no se le da tanta agua como al regolfo entero”[1]

Todas las formas de receptor ya descritas nos dan una idea general de la tipología molinera, aunque todavía no hayamos tenido en cuenta las distintas variedades de ruedas hidráulicas que complicarán más la variedad de los molinos toledanos.

Además, las formas de receptor no suelen ser formas puras sino mixtas, y así por ejemplo, podemos ver un molino sobre el arroyo de San Silvestre en Maqueda que tiene un cubo de tan grandes dimensiones que casi podríamos considerarlo como una presa, sino fuera porque no está excavado sino edificado sobre el nivel del suelo con muros de obra. Lo mismo sucede con los grandes cubos o presas en arco invertido de los molinos de La Jara. Otras veces es difícil diferenciar un cubo profundo de un bombo alto, o una rampa estrecha e inclinada de un tubo. Hay cubos con un suelo tan inclinado que podrían asimilarse a una rampa no cubierta etc.

Esquema de un molino de regolfo en los 21 Libros de uanelo urriano
Esquema de un molino de regolfo en los 21 Libros de uanelo urriano

Por otra parte, en muchos casos se combinan dos o varias formas: hay molinos de balsa que desembocan en un cubo o en una rampa; molinos de cubo y rampa juntos en el mismo edificio. Un molino de escorrentía con un cubo asociado y otras muchas combinaciones que siempre intentan adaptarse al terreno, a los caudales o a las pendientes disponibles. En la tipología influye además la época histórica concreta en que fueron edificados esos molinos y el área geográfica donde se instalaron. También, la posibilidad de una mayor o menor clientela condicionará el que se hagan intentos de conseguir una superior rentabilidad del ingenio mediante la aplicación de innovaciones, reformas o un aumento del número de piedras y receptores.

 

 

[1] LOS VEINTIÚN LIBROS…: Opus cit. pp. 368 y 369.

CUATRO MAQUIS EN LA HUERTA DE MATAPULGAS: RELATO

CUATRO MAQUIS  EN LA HUERTA DE  MATAPULGAS

(Septiembre de 1946)

"Carlos " y "Lyón" los dos guerrilleros protagonistas del relato.
“Carlos ” y “Lyón” los dos guerrilleros protagonistas del relato.

Nunca había creído en eso de que poco antes de morir te pasa por la cabeza la película de tu vida. Siempre pensó que eran cosas de curas para llamar al arrepentimiento a los más descreídos. Pero lo cierto es que, caído entre los surcos del maizal, mientras notaba que la sangre empapaba su chaqueta, le venían a la memoria fragmentos desordenados de su vida.

No sabía porqué, pero se acordaba de escenas que creía olvidadas en las que aparecía de niño corriendo por los prados de Asturias. No podía olvidar sus penalidades en el campo de concentración, su condena a muerte y el día que escapó del campo de concentración de los vencedores. Recordaba como si fuera ayer el momento en que el partido le encomendó la tarea de aglutinar a los elementos dispersos que luchaban en las sierras de la zona centro y Extremadura para formar la primera agrupación de guerrilleros antifranquistas. No había sido fácil, entre los hombres huidos de la represión en la Guerra Civil y los que, más tarde, habían decidido tomar las armas contra el régimen había militantes anarquistas y socialistas que desconfiaban de los manejos del partido. Otros, sin embargo, no querían perder su protagonismo personal y seguían una estrategia individual que rayaba a veces en el bandolerismo de supervivencia.

Mientras notaba un agudo dolor en el costado recordaba el aspecto serio, de hombre duro y curtido que tenía Quincoces, el guerrillero de Aldeanovita que tanto luchó por las sierras de La Jara. Qué diferente de Reguilón, el maestro nacional que se echó al monte y regó de propaganda todo el valle del Tiétar. Era un luchador del fusil y de la pedagogía que incluso consiguió organizar un pequeño taller de impresión en la casa del tío Quintín, guarda de La Calera, junto a Montesclaros. Le vino a la mente la figura alargada de Chaquetalarga, el guerrillero al que más querían y apoyaban las mujeres. O el Francés, que tanto dio que hablar por las sierras extremeñas hasta que cayó en una emboscada allá, cerca de Monfragüe. Hombres recelosos porque habían sido perseguidos como alimañas y a los que él mismo había conseguido hilvanar en una incipiente y frágil organización guerrillera que esperaba la victoria de los aliados para  ayudar desde el monte en la caída del  franquismo que creían inminente.

Talavera había sido la ciudad elegida como centro de operaciones. Cuantas veces había tenido que viajar con el Maquinista, ferroviario que conducía el expreso Madrid-Cáceres y que transportaba en el ténder de su locomotora hombres y armamento. También se acordó de Colorín el kioskero de Navalmoral de la Mata que les servía eficazmente de estafeta.

Cuántas reuniones clandestinas en la taberna de la tía Patro, en esta ciudad de Talavera que al final iba a ser su tumba sin que nadie, ni siquiera el partido, se lo agradeciera. Qué paradoja, qué absurdo, el día que Lyon, ese médico o practicante , nadie lo sabía, metido a maquis, traía las órdenes de destituirle, ambos morirían junto a la huerta donde el tío Matapulgas tantas veces le había acogido cuando viajaba de un lado a otro del Tajo para enlazar las partidas de guerrilleros de una y otra sierra. No comprendía cómo pero había caído en desgracia ante el Comité Central. Tal vez la ruptura total de Reguilón con el partido y la caída del Francés tuvieran que ver con ello; la mala suerte hizo que en la garganta de Alardos muriera Tito, su sustituto en una refriega con la guardia civil. El hecho cierto es que Lyón, Julián, el comunista cubano que había venido a España a luchar contra Franco, y José, el hermano del Maquinista, habían sido encontrados por la brigada de información de Madrid.

La vista se le nublaba, quería huir pero no podía, le habían dado y también a Lyón, que durante unos segundos había gemido cerca de él. Entre las mazorcas de maíz que, en el septiembre caluroso de la ciudad del Tajo, esperaban a ser recolectadas vio aparecer un tricornio de los guardias civiles de Talavera que ayudaban a la policía política de Madrid en la cacería. Antes de morir escuchó el tableteo de una ametralladora y se preguntó si habrían cogido también a Julián y a José, mientras veía junto a su cabeza uno de esos zapatos viejos pero bien lustrados con betún que llevaba la polícia y que tantas veces había mirado mientras le golpeaban en los interrogatorios.

Jesús Bayón González alias Carlos, que fuera jefe de la agrupación de guerrillas Extremadura-Centro y Manuel Tabernero Antonio, alias Lyón y Robert, jefe de la 12  División Gredos murieron cerca de la estación de ferrocarril de Talavera de la Reina, en la llamada huerta de Machuca o del tío Matapulgas. Unas semanas antes habían sido atracados y muertos los pagadores de la empresa Huarte que en Madrid construía el estadio de Chamartín.

Jose Antonio Llerandi, alias Julián. La carta hallada a su madre llevó al final de Carlos y Lyón
Jose Antonio Llerandi, alias Julián. La carta hallada a su madre llevó al final de Carlos y Lyón

Las indagaciones realizadas llevaron al registro del domicilio en Ávila de la madre de Jose Antonio Llerandi alias Julián, donde se encontró una carta en la que indicaba la dirección a la que debía serle enviado el correo en la huerta de Talavera. La policía interroga a la hija del tío Matapulgas que descubre el escondite de los guerrilleros en la troje de otra huerta cercana. La Brigada de Información Central  pide ayuda a la guardia civil de Talavera y los rodean, Carlos y Lyón mueren  entre los maizales y Julián vuelve a la huerta de Matapulgas donde es arrestado y tras consejo de guerra es más tarde fusilado. José consigue llegar hasta un apeadero cercano al río Alberche y toma el tren hasta Madrid consiguiendo escapar.

Otros dijeron que solo escucharon los tiros, dos, el que dirigieron los dos maquis a sus cabezas antes de que les apresaran y les obligaran a delatar a sus compañeros.

Se produce con este hecho una caída en cadena de otros miembros del P.C.E. y de diferentes organizaciones vinculadas al partido comunista en Madrid, entre ellas la de los estudiantes universitarios y el impresor de La Estrella Roja. Para algunos, estos hechos fueron importantes en el cambio de estrategia que supondría el principio del fin de la resistencia armada organizada frente al franquismo en España, aunque incluso hasta finales de la década de los cincuenta quedarían partidas residuales como la de Veneno que continuarían actuando en el monte.

LA VÍA DEL HAMBRE, CUENTO, (Y 2)

LA VÍA DEL HAMBRE, CUENTO, (Y 2)

Al fondo, la desembocadura del Joyegoso, donde s produjo el asalto de los maquis de este relato
Al fondo, la desembocadura del Tamujoso, donde s produjo el asalto de los maquis de este relato

Después de compartir el vino, se fue rompiendo la frialdad de los primeros momentos y al cabo de un rato los chicos estaban tratando a los ancianos con el aire entre paternalista y estúpido con el que los urbanos tratan a los rústicos, especialmente cuando son ancianos.

– Eran los tiempos de la posguerra -comenzó a relatar el abuelo- Cuando acabó la escabechina  hubo gente de los que perdieron que tuvo que echarse al monte para salvar el pellejo y más tarde empezaron a luchar contra los de Franco en todos estos montes, hasta la sierra de Guadalupe.

– ¡Ah, los maquis! – dijo con aire un poco conspirador uno de los jóvenes con aspecto de profesor de instituto -.

– En efecto- continuó Ramiro- por aquí andaban las partidas de Quincoces, un tratante de ganado de Aldeanovita que antes de echarse al monte había sido alcalde y llamaban “Lamío”. Los guerrilleros llevaban ya dos años arrastrando el culo por esos jarales y los aliados no condenaban al régimen. Más que luchar sobrevivían tirando con lo que les ayudaban los molineros y la gente de las labranzas y con algún asalto de poca monta que daban de vez en cuando. Sigue leyendo LA VÍA DEL HAMBRE, CUENTO, (Y 2)

LA VÍA DEL HAMBRE, CUENTO (1)

LA VÍA DEL HAMBRE, CUENTO (1)

La llamada hoy Vía Verde de la jara es denominada por los lugareños la Vía del Hambre. En este cuento de obras que no se acabaron se relata el porqué. 

Estación de la Vía del Hambre en Aldeanueva de Barbarroya
Estación de la Vía del Hambre en Aldeanueva de Barbarroya

Había llegado esa hora de los inviernos de Castilla en la que es difícil permanecer sentado sin que se enfríen las orejas. Cuando el sol rojo, que cae después de uno de esos días despejados de un azul diáfano, quiere calentarnos más, pero no puede y se hunde en la tierra húmeda de la que empieza a levantarse una neblina rastrera. Ramiro “el jefe” se ha quedado pensativo sobre el andén mohoso que nunca pisó ningún pasajero. Mirando hacia el suelo mientras se cala la gorra, murmura: Sigue leyendo LA VÍA DEL HAMBRE, CUENTO (1)

VIOLACIÓN EN LA PORTIÑA (y 2)

VIOLACIÓN EN LA PORTIÑA (y 2)

Puerta de Zamora y a la izquierda las columnas de la portada de la Santa Hermandad
Puerta de Zamora y a la izquierda las columnas de la portada de la Santa Hermandad

Después de haber sido violada en el Valle de las Doncellas, y disimulando el verdadero alcance de la agresión de que había sido objeto ante los testigos cercanos que habían oído sus voces, Tomasa Rodrigo llega a Segurilla, su pueblo.

Ya en su casa la moza ultrajada cuenta la verdad.Su padre Juan “Elías”, mancillada su honra y arrebatado el rostro de ira y dolor, baja corriendo los cerros de Segurilla hacia la Portiña, acortando por el monte, saltando entre los chaparros. Trata de averiguar disimuladamente quien es el autor de la vejación, guiado por las señas de las que la azorada muchacha le ha dado cuenta: Sigue leyendo VIOLACIÓN EN LA PORTIÑA (y 2)

VIOLACIÓN EN LA PORTIÑA (1)

VIOLACIÓN EN LA PORTIÑA  (1ª Parte)

Uno de los procesos  reunidos por el “Colectivo La Enramá” (Miguel Méndez-Cabeza, Rafael Gómez y Angel Monterrubio” para su libro “Causas Criminales de la Santa Hermandad”

Dibujo de 1909 que representa el paraje de Los Molinillos de la Portiña al que se alude en el texto
Dibujo de 1909 que representa el paraje de Los Molinillos de la Portiña al que se alude en el texto

Corría el año de 1770, esa misma noche fresca de junio comenzaba el verano. Tomasa Rodrigo se había levantado con el gallo.Vistió sus veinte años con la camisa y el jubón, un guardapiés de bayeta verde adornado de ribetes encarnados, con su delantal, la mantilla de paño pardo y el pañuelo blanco al cuello, protegió su cabeza con una pobre montera descolorida y calzó sus viejos zapatos atados con majoleras.

Resplandeciente, con las modestas galas de una hija de labradores de Segurilla, se encontraba feliz. Iba a Talavera para visitar a su hermana que había entrado a servir con un señor de esa villa.

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FELIPE II VISITA TALAVERA

FELIPE II VISITA TALAVERA

(Marzo de 1580)

Arcabuceros en la azulejería del siglo XVI de la ermita de Nuestra Señora del Prado en Talavera
Arcabuceros en la azulejería del siglo XVI de la ermita de Nuestra Señora del Prado en Talavera

La Venta del Alberche era un hervidero de viajeros, pastores, furcias y bribones que, ante la presencia inusitada del concejo, los nobles y el cabildo de la Colegial, se mantenían en un extraño silencio. Un calderero llegó corriendo con su borrica y, entre el ruido de sus cobres, podían apenas oírse las grandes voces que daba anunciando la llegada de la comitiva real. Uno de los caballos de los cuadrilleros de la Santa Hermandad se desbocó y casi da en el río con el jinete que, con una ballesta en la mano y las riendas en otra, intentaba mantener el equilibrio. Sigue leyendo FELIPE II VISITA TALAVERA

LOS RECEPTORES HIDRÁULICOS EN LOS MOLINOS DE AGUA (1) EL CUBO

Molino de cubo en Riofrío
Molino de cubo en Riofrío

LOS RECEPTORES HIDRÁULICOS EN LOS MOLINOS DE AGUA

Nuevo capítulo de mi libro agotado “Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo”.

Los receptores son aquellos dispositivos que, en sus diferentes modalidades, acogen el agua transformando su fuerza viva en la energía rotatoria que moverá la muela o piedra de molino. Sigue leyendo LOS RECEPTORES HIDRÁULICOS EN LOS MOLINOS DE AGUA (1) EL CUBO

TRES MUCHACHOS EN UNA CUEVA

TRES MUCHACHOS EN UNA CUEVA

Septiembre del 306

Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente o Monte de Venus
Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente o Monte de Venus

Entre la grieta que dejan dos grandes moles de granito se asoman los ojos asustados de un joven mientras el viento agita su túnica. Desde la cumbre del Monte de Venus mira como el Tajo se acuesta en el valle. Al fondo, angustiado, vislumbra los tejados de los templos de la ciudad de Ébora. Vincencio ha recogido unas bellotas que lleva envueltas en un pedazo de lienzo. Vuelve sobre sus pasos hasta le entrada casi oculta de una cueva por la que desciende hasta su interior. Con las espaldas apoyadas sobre la piedra dos muchachas esperan aterradas, pero sonríen aliviadas al verle mientras le interrogan con su mirada. Sigue leyendo TRES MUCHACHOS EN UNA CUEVA

EL RATERO ARREPENTIDO

EL RATERO ARREPENTIDO

Nueva causa criminal de la Santa hermandad de Talavera que se custodia en el archivo municipal y que se desarrolla en el extremo occidental de las Tierras de Talavera.

Paisaje en la zona de Los Guadarranques, cerca de Navatrasierra
Paisaje en la zona de Los Guadarranques, cerca de Navatrasierra

Retiró la perdiz que todavía se movía atrapada por la percha. El lazo trenzado con cerdas de caballo había cumplido con su cometido y, una vez más, podría Tiburcio llevar algo de comer a su mujer y a sus tres hijos. En un canchal cercano se oyeron rodar algunas piedras y el cazador se agachó ocultándose tras unos chaparros. Era una falsa alarma, un corzo había cruzado la pedrera. Podía seguir buscando entre los jarales y barbechos el fruto de sus artes prohibidas de caza.

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