LA RUTA DE LA CAL

LA RUTA DE LA CAL

Ruta de la Cal de mi libro Rutas y Senderos de talavera y Comarcas
Ruta de la Cal de mi libro Rutas y Senderos de talavera y Comarcas

Diecisiete kilómetros separan Talavera de Montesclaros, y desde este encantador pueblecito comenzaremos la travesía de hoy.

Preguntaremos por el camino de los caleros y a menos de un kilómetro topamos con la restaurada ermita de San Sebastián que, por la arcada ciega occidental, da la sensación de ser obra inacabada, junto a ella se encuentra el crucero,gótico tardío con el escudo de los señores de Montesclaros que también lo fueron de Castillo de Bayuela y los pueblos de su entorno.

Crucero junto a la ermita de San Sebastián en el inicio del camino.
Crucero junto a la ermita de San Sebastián en el inicio del camino.

Recorremos otro trecho de medio kilómetro y encontramos a un lado y otro del camino los dos primeros hornos de cal o caleros. Vale la pena detenerse para observar su estructura. Son pozos de hasta cinco metros de profundidad con una anchura máxima también de unos cinco metros y que se construían con bloques graníticos unidos con barro .Por la pequeña abertura inferior se cargaba de leña fina (jara ,retama…), la llamada” hornija “.En la parte inferior del pozo un saliente del muro en forma de repisa servirá para “encañar” la piedra caliza, es decir colocarla en forma más o menos abovedada para que absorva bien el calor de la hornija. La piedra se obtenía con picos y almadanas de las vetas cercanas cuya explotación da al entorno un curioso aspecto. La cal, cargada en caballerías, se llevaba a toda la comarca de Talavera y Gredos para “enjalbegar” y hacer la argamasa que se utilizaba en la construcción antes de la generalización del cemento.

Hasta veinte de estos hornos podemos observar en el camino, cada uno con su nombre propio: Carlos Chato, Campana Gorda, Cosa Mala y otros sugerentes apelativos recuerdan el tiempo en que la actividad de aprovechamiento de la cal era un componente fundamental de la economía de los montesclareños.

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El camino es sumamente agradable mientras descendemos hacia el Guadyerba, alcornoques de gran porte, tupidos encinares que se pierden en el horizonte y ejemplares aislados de quejigo de de roble enmarcan las praderas y cercados que nos hablan de una actividad mayoritariamente ganadera. Seguimos nuestro camino y a la derecha se observa un caserón alargado con buena cantería en las esquinas y, poco más abajo, un antiguo artefacto sobre ruedas, vieja maquinaria de una antigua cantera de mármol cuyos filones, sobre las cumbres de la derecha, pueden haber sido aquellos a los cuales en 1779 se arrancaron las moles de piedra con las que se esculpirían las estatuas de la Cibeles y Neptuno de Madrid. Desde estas viejas canteras se observan otras más modernas todavía en explotacion. Bajamos por el camino hacia el río siguiendo el mismo recorrido que siguió la materia prima de las emblemáticas estatuas, cruzamos el río Guadyerbas y vamos a parar a la Cañada Leonesa, junto a una antigua venta que daba servico a los pastores trashumantes. Recorremos la cañada en dirección oeste como un kilómetro y tomamos el cordel que partiendo de ella en dirección norte nos conducirá nuevamente a Montesclaros.

El paisaje es muy agradable entre berrocales, prados, y encinares solitarios .La única compañia que se suele encontrar es el ganado bravo que pasta en las fincas colindantes, debe caminarse con precaución.

La vista ,a nuestra derecha ,de un destacado cerrete llamado de D.Pedro nos avisará de la cercanía del pueblo, situado al noroeste de esta elevación se encuentra un impresionante bosque de quejigos y robles que sorprende en estas latitudes ,en el paraje conocido como La Robledosa.

Antes de regresar no estará de más dar un paseo por Montesclaros y visitar el rollo gótico, la iglesia con su valioso retablo, la berroqueña arquitectura popular con un par de caserones que resaltar y la fuente llamada romana, de tipología abovedada muy frecuente en estas sierrecillas .

Cauce seco del Guadyerbas por donde se trasladaron las piedras para hacer las fuentes de Cibeles y Neptuno de Madrid
Cauce seco del Guadyerbas por donde se trasladaron las piedras para hacer las fuentes de Cibeles y Neptuno de Madrid

Cibeles y Neptuno

En su librito “La Cibeles y Neptuno vinieron de Montesclaros” el malogrado periodista montesclareño Eliseo Albarrán, nos describe como se extrajeron en 1779 nada menos que 1138 arrobas de piedra marmórea de las canteras de Montesclaros Eran sesenta y seis piezas que tardaron noventa y dos días en llegar a Madrid pasando por Velada y Talavera, donde se repusieron las vigas de madera necesarias para el transporte con un carro reforzado o “cureña”. La primera parte del traslado se hizo por el cauce seco del Guadyerbas y el transporte estuvo a cargo de un contratista con el adecuado nombre de Pedro de la Paliza.

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