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TRES MUCHACHOS EN UNA CUEVA

TRES MUCHACHOS EN UNA CUEVA

Septiembre del 306

Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente o Monte de Venus
Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente o Monte de Venus

Entre la grieta que dejan dos grandes moles de granito se asoman los ojos asustados de un joven mientras el viento agita su túnica. Desde la cumbre del Monte de Venus mira como el Tajo se acuesta en el valle. Al fondo, angustiado, vislumbra los tejados de los templos de la ciudad de Ébora. Vincencio ha recogido unas bellotas que lleva envueltas en un pedazo de lienzo. Vuelve sobre sus pasos hasta le entrada casi oculta de una cueva por la que desciende hasta su interior. Con las espaldas apoyadas sobre la piedra dos muchachas esperan aterradas, pero sonríen aliviadas al verle mientras le interrogan con su mirada.

– No se ven soldados. El día ha salido despejado y debemos continuar – dice entre imperativo y cariñoso su hermano.

Los Santos Mártires Vicente Sabina y Cristeta representados en azulejería de Ruiz de Luna en la iglesia de Castillo de Bayuela
Los Santos Mártires Vicente Sabina y Cristeta representados en azulejería de Ruiz de Luna en la iglesia de Castillo de Bayuela

Aunque las hace estremecer el aire que azota la cumbre esa mañana, al salir de su refugio, la luz y el tibio sol de otoño las reconfortan. Con un poco agua de un fontarrón cercano lavan las heridas de sus pies defendidos de una caminata de nueve horas bajo la lluvia tan sólo por unas pobres sandalias. Antes de descender hacia el Piélago, el muchacho mira desconfiado hacia atrás y recuerda las historias que le contaba su abuelo. Aquí mismo se había fortificado el famoso guerrero Viriato y tuvo en jaque a los romanos desde estas alturas. Pero el lusitano al menos tenía armas. Vincencio, sin embargo, sólo tiene la certeza que empapaba todas sus vísceras de que la religión del judío crucificado, la que dice que los pobres heredarán la tierra, era la religión verdadera. Tan seguro estaba que hacía dos días, delante de Dacio, el gobernador que había encerrado a la piadosa Leocadia en las mazmorras de Toledo, había renegado de los viejos dioses asegurando que cuando los romanos los adoraban era como si veneraran a un montón de piedras y palos. Vincencio no lo creía, pero oyó decir a los soldados que le custodiaban que, en la piedra sobre la que descansaba cuando compareció ante el gobernador, quedaron marcados, como si la roca fuera de cera, sus pies y el báculo que le sostenía.

Capilla del eremitoriode la cueva de los Santos Mártires
Capilla del eremitoriode la cueva de los Santos Mártires

Esos mismos soldados le liberaron esa noche y con sus hermanas Sabina y Cristeta había huido entre encinas y enebros hasta el Monte de Venus. No podía permitir que el empecinamiento que Dacio achacaba sólo al fanatismo de los cristianos afectara a sus hermanas. Pero ellas, tanto y con tanta vehemencia habían escuchado hablar a su hermano sobre la nueva religión, que ya le acompañaban en lo que para unos era delirio y para otros eran convicciones profundas. Estaban ya dispuestas a morir con él sin renunciar al nuevo Dios que los emperadores perseguían con tanta saña.

Caminando entre los robles habían llegado al otro extremo de aquellos montes y podían ver frente a ellos la alta sierra de Gredos que deberían cruzar si querían ponerse a salvo. Unos pastores que los encontraron comiendo moras junto al río Tiétar les dieron refugio esa noche. No subieron por el puerto del Pico pues, junto a la calzada, siempre había soldados que controlaban el paso del ganado y de las mercancías. La senda por la que les condujo uno de los cabreros era empinada pero más segura. Después de alimentarse de carne seca durante cuatro días llegaron, tras atravesar los piornales y las praderas de las cumbres, hasta la ciudad de Ávila. Uno de los pastores, interrogado por los soldados, delató a los hermanos y cuando llegaron a la ciudad de los fríos inviernos estaban esperando para apresarles.

Otra vez los ofrecimientos de renuncia, otra vez mantenerse en esa curiosa fe que a Daciano, en realidad, le parecía tan falsa como la suya propia, una forma más de someter a los que debían someterse. Los desnudaron y los sacaron fuera de la ciudad y después les azotaron hasta la extenuación. En el tormento que llaman hecúleo descoyuntaron sus miembros sobre una cruz en aspa. Como no acababan con sus vidas apretaron las cabezas de los tres hermanos en una prensa formada por dos tablones poniéndoles, en fin, grandes losas de piedra y golpeando sobre ellas con grandes mazos hasta que sus sesos quedaron desparramados.

Después de muertos los arrojaron  a una cueva que llaman de la Soterraña. Y dicen las gentes de Ávila que, como no permitieran los soldados que nadie enterrase los cuerpos, una gran serpiente salió de las profundidades levantada la cerviz y dando temerosos silbidos. Cuentan que un judío miraba sus cuerpos con poca reverencia y la culebra se enroscó en su cuerpo casi asfixiándole hasta que prometió, convirtiéndose al cristianismo, levantar un templo que custodiara los cuerpos de los tres muchachos de Ébora.

LOS SANTOS MÁRTIRES HUYEN DE TALAVERA. DETALLE DEL CENOTAFIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES EN LA BASÍLICA DE SAN VICENTE DE ÁVILA

UN HISTÓRICO HALLAZGO DEL ARCHIVERO MUNICIPAL: LA FIRMA DE FERNANDO DE ROJAS EN UN DOCUMENTO

REPRESENTACIÓN DE FERNANDO DE ROJAS EN UNA DE LAS PRIMERAS EDICIONES DE LA CELESTINA

En el archivo municipal ha aparecido “por primera vez una firma autógrafa de Fernando de Rojas, autor de “La Celestina” que fue alcalde de Talavera de la Reina, donde vivió entre 1509 y 1541”.

En rueda de prensa con el archivero municipal, Rafael Gómez, ha explicado que hasta la fecha en todos los documentos que se conocían en los que intervenía Fernando de Rojas como actuante oficial “no había aparecido jamás firma ni rúbrica alguna, ni siquiera como alcalde de la ciudad, responsabilidad que tuvo en diversas etapas históricas”.

Gómez ha avanzado que la firma de Fernando de Rojas apareció con la última documentación adquirida por el ayuntamiento y perteneciente al Archivo Nobiliario de la casa Villatoya.  “Por fin estamos en condiciones de afirmar que Fernando de Rojas nos dejó su huella más personal: la firma con su nombre y rúbrica. Lo único, hasta la fecha, que personaliza a uno de los grandes escritores de la literatura castellana moderna”. Ha añadido que es “un hecho de gran transcendencia que supera las fronteras nacionales”.

El archivero municipal ha indicado que el documento ya fue restaurado en el siglo XIX y consistió en pegar una tira de papel en la doblez medial del documento, que estaba roto y donde aparece la firma, para dar solidez y consistencia al mismo. Esta restauración dejó desajustada la firma y rúbrica de Rojas por la rotura del soporte de papel. El documento consta de 5 páginas contenidas en tres folios; y en el último de ellos está la firma de Fernando de Rojas.

RAFAEL GÓMEZ, ARCHIVERO MUNICIPAL

El documento está fechado el 18 de junio de 1511 y trata sobre los heredamientos, montes, tierras y otros bienes que son en Bencachón, Aceituna y Sauquillo, para que sea protegido y amparado el derecho que Alonso Fernández Aceituno tiene sobre ellos. Comienza el texto así:

“En la villa de Talavera a diez y ocho días del mes de junio, año del nascimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil e quinientos e once años. Este dicho día ante el muy virtuoso señor bachiller Fernando de Rojas, alcalde mayor en la dicha villa por el noble señor licenciado Francisco de Barrionuevo, del consejo del muy ilustre y reverendísimo señor don Fray Francisco Ximénez… etc”.

Fernando de Rojas interviene, como profesional que es (bachiller en leyes), en un acto jurídico. “Y por primera vez refrendando, actuando y dando oficialidad a lo contenido en dicho documento, con el aval de su firma y su rúbrica, y con la autenticación de la firma del notario o escribano público, Juan Castillo”.

No obstante Rafael Gómez ha dicho que “lo mejor está al final; ya que una vez identificado el actuante como alcalde mayor faltaba concluir el documento con la firma del mismo y ante la presencia del notario o escribano público. Dice el texto”:

Ante Juan Castillo, escribano y notario público dado por las autoridades apostólica y real. E otro sí escribano  público, uno de los del número de dicha villa de Talavera que fui presente a todo lo que dicho es en uno con el dicho señor alcalde que aquí firmó su nombre,  Bachiller de Rojas, e con los dichos testigos. Y de mandamiento del dicho señor alcalde (…).

FIRMA DE FERNANDO DE ROJAS HALLADA EN EL ARCHIVO MUNICIPAL DE TALAVERA

“Tanto el papel, como la tinta, así como la firma que suponemos ya manuscrita del propio Fernando de Rojas cumplen con los parámetros documentales de la época y con los modismos y formalidades coetáneos del siglo XVI”, por lo tanto, ha asegurado  Gómez “no nos cabe ninguna duda de que estamos ante la primera firma manuscrita de tan insigne talaverano que muy pronto se naturalizaría en nuestra ciudad”.

Ha explicado igualmente que paralelamente y ante la posibilidad de que pudiera haber alguna muestra o firma más relacionada Fernando de Rojas, “se revisó y releyó el texto completo, y sorpresivamente, Rojas nos da una alegría aunque de manera indirecta en una anotación marginal sin aparente relación con el asunto”.

La mención se encuentra en el folio 54 vuelto del mismo documento. Se trata del testamento de Inés Méndez (de la Casa Villatoya fallecida en 1542), que deja a su criado, Juan del Encina “una viña que yo tengo al pago de Terrumbre, hasta dos o tres hoces, e alinda con una viña del bachiller Rojas….”. El pago de Terrumbres está al noroeste de la ciudad, próximo al pago de Pastera en la zona conocida popularmente como “La Tomatera”. Pero Rojas había fallecido el año anterior y su cuerpo sepultado en convento de la Madre de Dios.

CUANDO EL TAJO NO ERA SOLO CIENO Y MOSQUITOS

CUANDO EL TAJO NO ERA SOLO CIENO Y MOSQUITOS

Foto aérea del río de 1937 que muestra las islas y arenales del río limpios.
Foto aérea del río de 1937 que muestra las islas y arenales del río limpios.

El Tajo de las arenas de oro como lo describía Cervantes, era un río como todos, con sus crecidas y sus avenidas que limpiaban los fondos y las orillas descubriendo sus arenales para el disfrute de los bañistas.arenalescolor

Hoy se ha convertido en una charca sin apenas fondo de cieno ovas donde crecen los espadañares y el río se va quedando reducido a la mínima expresión gracias al trasvase y sus muchos cómplices.tajolimpio1
En el siglo XVII cuenta una historia de Talavera que los jerónimos hacían anualmente una procesión hasta los molinos de Abajo, entonces de su propiedad y después de oraciones y bendiciones abrían las compuertas bruscamente para que la corriente arrastrara la suciedad del río.islalimpia

Para que el río tenga un cauce fluvial con un régimen de caudales que limpie islas y playas como antiguamente tendremos que cerrar las compuertas del trasvase y así el Tajo volverá a ser simplemente eso, un río.

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FELIPE II VISITA TALAVERA

FELIPE II VISITA TALAVERA

(Marzo de 1580)

Arcabuceros en la azulejería del siglo XVI de la ermita de Nuestra Señora del Prado en Talavera
Arcabuceros en la azulejería del siglo XVI de la ermita de Nuestra Señora del Prado en Talavera

La Venta del Alberche era un hervidero de viajeros, pastores, furcias y bribones que, ante la presencia inusitada del concejo, los nobles y el cabildo de la Colegial, se mantenían en un extraño silencio. Un calderero llegó corriendo con su borrica y, entre el ruido de sus cobres, podían apenas oírse las grandes voces que daba anunciando la llegada de la comitiva real. Uno de los caballos de los cuadrilleros de la Santa Hermandad se desbocó y casi da en el río con el jinete que, con una ballesta en la mano y las riendas en otra, intentaba mantener el equilibrio.

Frente a la labranza de Entrambosrríos asomaban ya los primeros soldados y criados reales. Los alcaldes, nerviosos, se colocaron la indumentaria de gala mientras daban órdenes apresuradas a la comitiva que había acudido desde la Villa a recibir al rey Felipe. El carruaje paró, su majestad dejó a un lado los papeles que iba despachando con uno de sus secretarios y bajó junto al pescante del coche donde recibió el homenaje de las autoridades y el clero talaveranos. La Santa Hermandad Real y Vieja extendió su estandarte precediendo a la comitiva que continuó su recorrido hacia Talavera. Al pasar junto al arroyo de las Parras, el cortejo observó dos grandes palos clavados junto al camino real donde todavía picoteaban las urracas los despojos del último bandido ejecutado por la Hermandad.

Detalle de la decoración renacentista de la fachada sur del monasterio jerónimo de Santa Catalina

En otro carro iba la reina Anna, la adorada esposa del rey, y detrás más de trescientas personas entre soldados, sirvientes, escribanos, secretarios y nobles cortesanos. La primavera estaba ya despuntando en las ramas de los fresnos y los álamos que crecían junto al cordel. Al fondo se podían ver los tejados de la ermita de la Virgen del Prado, la que el mismo rey había bautizado en un viaje anterior como la Reina de las Ermitas. Su majestad ordenó parar y en compañía del cabildo municipal y el de la Colegial entró en el templo mientras repicaban las campanas de su espadaña. Permaneció unos minutos orando y a continuación se reanudó la marcha hasta llegar a la villa, en cuyo recinto la comitiva real penetró por la Puerta de Toledo.

Felipe II fue el rey que declaró a la cerámica de Talavera como la oficial del Imperio español con la sevillana. Horno representado en la azulejería del siglo XVI de la ermita.
Felipe II fue el rey que declaró a la  cerámica de Talavera como la “oficial” del Imperio español con la sevillana. Horno representado en la azulejería del siglo XVI de la ermita del Prado.

Fuera de este segundo muro de barro, muy deteriorado por el paso del tiempo, quedaban en la Cañada de los Alfares los hornos humeantes donde, por encargo del rey, tantos miles de azulejos se habían cocido para sus reales alcázares, sus palacios de caza y para su monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Juan Floris y Juan Fernández, sus alfareros predilectos, habían acudido a las audiencias que el rey concedió en sus anteriores estancias en Talavera, interesándose por la marcha de sus trabajos. Desde la Puerta de Toledo, que lucía su renovado aspecto por la restauración del Cardenal Tavera, se dirigieron después hacia el interior del caserío por la calle de Zapaterías pasando bajo los arcos triunfales de flores y follaje que adornaban las calles. Los hermosos palacios de la nobleza talaverana y las más modestas casas de ladrillo y tapial lucían colchas y gallardetes para saludar la presencia del monarca.

Todos los viajeros quedaron impresionados por las esbeltas torres albarranas que hacían más fuerte aún la muralla que dejaron los hijos de Alá. Después siguieron entre el griterío de la concurrencia hasta el monasterio jerónimo de Santa Catalina, donde el rey dormiría como en las dos anteriores ocasiones que pernoctó en Talavera. Era la de estos frailes su orden favorita, a quien había encomendado el gran monasterio del Escorial. Siempre se había encontrado cómodo entre los jerónimos. El prior rindió homenaje al monarca a la entrada del convento y el rey Felipe, tras las formalidades de rigor, quiso saber si su arquitecto Juan de Herrera había ayudado a la comunidad talaverana a resolver la amenaza de ruina de la capilla mayor de la iglesia, agrietada cuando iba a cerrarse la media naranja de la cúpula por el gran peso de la misma y de los muros. El fraile señaló el gran machón que Herrera había hecho construir pegado a la cabecera para evitar el derrumbe; la grieta era alarmante pero el arquitecto había asegurado a los monjes que el templo ya no correría peligro.

Abside mudéjar del Hospital de la orden de Santiago (Santiaguito), donde se hayaban los restos de pelayo Correas que visitó Felipe II
Abside mudéjar del Hospital de la orden de Santiago (Santiaguito), donde se hayaban los restos de pelayo Correas que visitó Felipe II

Por la mañana fueron recibidos en audiencia el concejo y los nobles talaveranos. A petición de uno de ellos, don Antonio Meneses y Padilla, el rey visitó el sepulcro de Pelayo Pérez Correa en la antigua iglesia del hospital de Santiago, llamada por el pueblo el Cristo Santiaguito. Este monje guerrero allí sepultado había sido Maestre de la Orden de Santiago, librando famosas batallas en la reconquista de Aldalucía. Una creencia muy arraigada en las gentes relataba cómo, durante uno de sus enfrentamientos con los moros, había recibido la ayuda de la Virgen que había detenido el sol a su puesta para que las huestes cristianas pudieran acabar felizmente la batalla. Murió en 1275 y fue enterrado en este hospital que la orden militar tenía en Talavera hasta que, en 1510, su cuerpo fue trasladado a la iglesia de Nuestra Señora de Tudia en Badajoz. El rey, minucioso como siempre, mandó poner “aquí yació” donde figuraba “aquí yace” sobre su sepultura ya vacía.

Era la tercera vez que Felipe II visitaba Talavera. En la primera ocasión se dirigía a Guadalupe para agradecer a la Virgen que don Juan de Austria hubiera sofocado el levantamiento de los moriscos. En su segundo viaje también se dirigía al santuario de las Villuercas para entrevistarse con su sobrino D. Sebastián, rey de Portugal, e intentar convencerle, sin conseguirlo, de que no emprendiera la suicida campaña africana donde el portugués perdió la vida en la batalla de Alcazarquivir. En ese encuentro, la comida fue servida a los dos monarcas en una hermosa vajilla de Talavera con el escudo de Portugal.

Ahora el rey se dirigía al reino vecino para hacerse cargo de él. Partió el cortejo de Talavera acompañándole las autoridades hasta el arroyo Bárrago. La reina Anna volvería a pasar por aquí siete meses más tarde pero ya sin vida pues había fallecido en Badajoz. El talaverano García de Loaysa oficiaría su entierro en el Escorial.

POR EL CORDEL A PELAHUSTÁN

POR EL CORDEL A PELAHUSTÁN

Nueva excursión de las que aparecen en mi libro Rutas y Senderos de Talavera y Comarcas que une tres pueblecitos de la sierra de san Vicente en un paseo variado y agradable.escanear0027
Nuestra excursión semanal comienza hoy en el pequeño pueblo serrano de Garciotún. El nombre de esta localidad, así como el de las otras dos que vamos a visitar, procede del nombre de sendos caballeros abulenses que repoblaron esta zona en la Edad Media: García Fortún, Nuño Gómez, o un tal Pelayo, en el caso de Pelahustán, fueron premiados por sus hazañas en la reconquista con el territorio en el que luego se asentarían estos tres pueblos de la Sierra de San Vicente.

Antes de partir de Garciotún visitaremos la ermita restaurada, la placita de la iglesia y daremos una vuelta por sus calles observando su arquitectura popular. Seguir leyendo POR EL CORDEL A PELAHUSTÁN

VIEJAS FOTOS DE COMERCIOS TALAVERANOS (1)

VIEJAS FOTOS DE COMERCIOS TALAVERANOS

Hoy traemos aquí una primera serie de fotos antiguas de comercios talaveranos. El comercio ha sido históricamente una de las actividades vitales para la economía de la ciudad. Ya el viajero Al Idrisi habla de los magníficos bazares de la ciudad hace casi mil años y hay muchísimas referencias históricas al intercambio comercial hasta el punto que a nuestra ciudad le llaman los pueblos comarcanos “el pozo”, porque es donde viene todo a parar desde los pueblos de las antiguas tierras de Talavera  y de muchas comarcas cercanas.

Guarnicionería Cerdán
Guarnicionería Cerdán

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LOS RECEPTORES HIDRÁULICOS EN LOS MOLINOS DE AGUA (1) EL CUBO

Molino de cubo en Riofrío
Molino de cubo en Riofrío

LOS RECEPTORES HIDRÁULICOS EN LOS MOLINOS DE AGUA

Nuevo capítulo de mi libro agotado “Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo”.

Los receptores son aquellos dispositivos que, en sus diferentes modalidades, acogen el agua transformando su fuerza viva en la energía rotatoria que moverá la muela o piedra de molino.

Los tres tipos más frecuentes de receptores hidráulicos
Los tres tipos más frecuentes de receptores hidráulicos

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EL SOLDADO CUATRERO

EL SOLDADO CUATRERO

Causa criminal de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera

1711

Desertores de la Guerra de Sucesión por la que se entronizó a Felipe V son los protagonistas de esta causa criminal
Desertores de la Guerra de Sucesión por la que se entronizó a Felipe V son los protagonistas de esta causa criminal

Por el puerto de Plasencia ascienden al atardecer cuatro arrieros con sus fuertes y relucientes caballerías. Algunos otros paisanos se han unido a la comitiva pues no son seguros los caminos en estos días. Los soldados que han luchado en la Guerra de Sucesión deambulan por los caminos de una España agotada de sequías y batallas. Un saco de trigo es un tesoro que despierta la codicia más que una bolsa con mil ducados.

Cuatro hombres vestidos de militar, pero con el desaliño de los desertores y soldados licenciados, saltan al camino y, colocándose delante de los viajeros, gritan: Seguir leyendo EL SOLDADO CUATRERO

PARAJES Y PAISAJES DE VELADA, Los Arenales de El Baldío y Sotos del Guadyerbas

PARAJES Y PAISAJES DE VELADA

Los Arenales de El Baldío y Sotos del Guadyerbas y otras cosillas

Camino sobre los arenales del Baldío de Velada
Camino sobre los arenales del Baldío de Velada

Esta es una villa que, a primera vista, da la sensación al visitante de no ser precisamente un pueblo rico en recursos naturales. Tal vez sea debido a esa idea sobre Velada que tiene el forastero por identificar su entorno con lo que en la comarca se conocen como “los llanos de Velada” y que no es otra cosa que el Baldío con su aspecto de llanura árida y arenosa que da al viajero una sensación casi desértica. Seguir leyendo PARAJES Y PAISAJES DE VELADA, Los Arenales de El Baldío y Sotos del Guadyerbas

MUSEO DE LOS HORRORES: DONDE CALIXTO Y MELIBEA HACÍAN MOUNTAIN BIKE

MUSEO DE LOS HORRORES:

DONDE CALIXTO Y MELIBEA HACÍAN MOUNTAIN BIKE

Sobre los restos de la ermita de la madalena, señalados con la flecha se han vertido toneladas de Tierra a mayor gloria de Fernando de Rojas y el patrimonio talaverano
Sobre los restos de la ermita de la Magdalena, señalados con la flecha se han vertido toneladas de Tierra a mayor gloria de Fernando de Rojas y el patrimonio talaverano

Aunque por cuestiones cronológicas algunos autores niegan la posibilidad de que Talavera sugiriera algunos de los párrafos de La Celestina a su alcalde Fernando de Rojas, otros escritores como el poeta Rafael Morales defienden la tesis de que la acción de la Tragicomedia bien pudiera haberse desarrollado en nuestra ciudad. Tampoco sería extraño que Fernando de Rojas hubiera conocido bien nuestra entonces villa antes de venirse a ella a ejercer su oficio de abogado pues era originario de la cercana localidad de La Puebla de Montalbán. Una de las referencias de la obra inmortal que pudieran tener relación con  es debida a que  hay en La Celestina una referencia a otro edificio religioso de Talavera, concretamente a la ermita de la Magdalena, que primero estuvo situada en la zona del convento de santo Domingo y más tarde en el que hoy conocemos como paseo de los Leones. Es en este caso Calixto el que dice: “Rezando hoy ante el altar de La Madalena me vino con tu mensaje alegre aquella solícita mujer”. Seguir leyendo MUSEO DE LOS HORRORES: DONDE CALIXTO Y MELIBEA HACÍAN MOUNTAIN BIKE