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FOTOS DE LA GUERRA CIVIL EN TALAVERA

Tropas republicanas en El Carmen ?

Podemos ver aquí dos fotos de la Guerra Civil en Talavera de la Reina. En la primera de ellas se ve a un grupo de milicianos republicanos que se despliegan en acción de combate por las calles de Talavera. Una ciudad que nos muestra una arquitectura popular de paredes encaladas, ladrillo y tapial con las calles empedradas.

Es difícil saber la localización exacta de la escena e invito a quien visite esta página a intentar una exacta localización. Yo creo que puede tratarse de la calle Salmerón y que a la izquierda se verían las tapias traseras del convento del Carmen, alfar que fue de cerámica y hoy biblioteca. Al fondo se percibiría una vivienda de las situadas al final de la calle Padre Juan de Mariana, junto a la Puerta de Cuartos.

Foto de El País en la que aparecen milicianos desplegándose por las calles del extrarradio de Talavera

En la otra fotografía se puede ver a las tropas nacionales  según se apunta en la ilustración de una edición de la Guerra Civil española de Hugh Thomas descansando en lo que a mí me parece el muro norte de la ermita de Nuestra Señora del Prado aunque un lector nos comenta que como se dice en “La guerra civil en Talavera de la Reina. Conflicto bélico, represión y vida cotidiana” de José Pérez Conde, Juan Carlos Jiménez Rodrigo y Benito Díaz Díaz. En la página 368 se muestra esta imagen y debajo pone:
“Una compañía de soldados de aviación enviada por el mando republicano para intervenir en la zona de Navalmoral, aparecen descansando en la calle del Carmen. Entre los soldados el talaverano Saturnino Arriero Patavia, apoyado en la pared. Diario Ahora de 27 de agosto de 1936”

Los dos grupos de soldados van equipados con sus fusiles, una manta y las comunes y humildes alpargatas. Las dos fotografías parecen haberse realizado en el verano de 1936, como se deduce del vestuario y de que los republicanos solamente mantuvieron sus posiciones en la ciudad hasta su toma por el ejército de Franco el 3 de Septiembre de ese año.

Una mujer da agua a soldados durante la Guerra Civil

En otra de las fotografías se ve a una mujer dando de beber a las tropas republicanas, no olvidemos que el avance de las tropas nacionales se produce en plena canícula y la ocupación de Talavera se produce el 3 de septiembre.

Guardias de asalto republicanos motorizados fotografiados en Talavera

La Guardia de Asalto fue leal a la república y en otra de las fotografías se puede ver a varios guardias motorizados en Talavera. Llevan las cazadoras de cuero típicas de la época, las gorras con orejeras y las gafas del equipamiento habitual en aquellos tiempos.

Civiles armados republicanos se dirigen al frente en un carro.

Otra fotografía muestra a voluntarios y milicianos del ejército republicano que se dirigen al frente de Talavera. En muchos casos la Guerra Civil marcó el paso de las guerras tradicionales a las acciones bélicas con armamento y trasporte más avanzado. Aquí el carro tirado por mulas que lleva la matrícula con el rótulo de Talavera lleva a los entusiastas milicianos que chocarán con el ejército mejor dotado y entrenado de los sublevados.

Republicanos fusilados en la calle Carnicerías tras la entrada de las tropas nacionales.

Una de las fotografías ha sido motivo de discusión pues, aunque refleja la imagen de los cuerpos de fusilados republicanos a la entrada de los nacionales, el bando de franco quiso durante un tiempo hacer creer que era por el contrario un grupo de nacionales fusilados por los milicianos.

Soldados de las tropas de Franco cogiendo el tren en Talavera para ir al frente de Madrid

Esta última foto de un diario italiano muestra a tropas nacionales cogiendo el tren en la estación de Talavera para ir al frente de Madrid. Así mismo hay una colección de fotografías de Alfonso, conocido fotógrafo de la época que comentaremos en otra ocasión.

 

 

 

LA GUERRA CARLISTA COMENZÓ EN TALAVERA

Foto de la plaza del Reloj a principios de siglo. Con un aspecto no muy diferente del que tendría durante el pronunciamiento carlista
Foto de la plaza del Reloj de Talavera de la Reina a principios del siglo 20. Con un aspecto no muy diferente del que tendría durante el pronunciamiento carlista del siglo XIX

UNA GUERRA CIVIL COMIENZA EN TALAVERA

1833. Cuatro hombres se abrazan y sonríen mientras los soldados cierran los portones de la prisión madrileña. Los barrotes, la humedad, el frío y los gritos de los carceleros no han conseguido que se movieran ni una pulgada de sus convicciones. Manuel María González, el jefe de correos de Talavera, se apoya en el hombro de sus compañeros y, mirándoles con fiereza, besa un enorme escapulario que cuelga de su pecho y dice: Dios, la Patria y el Rey legítimo de España premiarán y reconocerán nuestra lucha. ¡Viva el rey Carlos!. Dos de sus compañeros del batallón de Reales Voluntarios Realistas de Talavera, hoy destituidos por el gobierno liberal, han llevado caballos frescos a su comandante y todos juntos toman el camino de Extremadura.

Semanas más tarde, ya en Talavera, se empiezan a agrupar algunos jinetes en la plaza del reloj que acaba de dar ocho campanadas, Bajo sus capotes, apenas disimulan las armas. Los mercaderes de la plaza Real ya han recogido los géneros de los soportales y van cerrando sus tenderetes. Los caballistas, con las bestias tan nerviosas como ellos y armados hasta los dientes, se concentran en el lugar mientras que algunos de ellos, obedeciendo la voz de su jefe, se dirigen a cada una de las puertas de la muralla de la ciudad cerrando el paso.

Escena costumbrista en la Plaza del Reloj recreada por Enrique Reaño sobre una foto antigua
Escena costumbrista en la Plaza del Reloj recreada por Enrique Reaño sobre una foto antigua

Un zapatero comenta con su vecino el espartero que el hombre que parece mandar la tropa es comandante de los Voluntarios Realistas Manuel María González quien, en ese momento, saca un pliego de una de sus cartucheras y comienza a leerlo en voz alta ante la sorpresa de los vecinos. El caballo gira haciendo que salten chispas del empedrado sin que deje de leer su manifiesto. Los vecinos escuchan estupefactos que Manuel María, el manchego que dirigía correos, está proclamando rey de España al infante don Carlos María Isidro, exigiendo volver al orden tradicional y a la sucesión masculina al trono. Los talaveranos, que son llamados a unirse a la sublevación, comienzan a darse cuenta de la gravedad de los hechos que están presenciando y se encierran en sus casas. La plaza queda desierta.

Placa de una asociación carlista en la Plaza del Reloj de Talavera

Pasa el tiempo y los rebeldes comprueban que nadie se une a ellos, ni siquiera los correligionarios que daban por seguro que iban a sumarse al pronunciamiento. Irritados, se dirigen al ayuntamiento y retienen al alcalde y a algunos concejales. Dos de los carlistas se dirigen al domicilio del general Antonio María de Rojas y le conducen a la plaza del Pan arrestándole junto a la corporación. El cabecilla decide reponer a los regidores de 1832 y destituir a estos que él denomina hatajo de liberales y traidores. Pero los antiguos concejales se niegan a salir de sus casas y los sublevados se ven obligados golpear a alguno de ellos mientras otros son llevados de la pechera hasta el ayuntamiento. Nadie quiere implicarse en una causa que nunca tuvo arraigo en la ciudad y que de antemano se da por perdida.

Exaltados y nerviosos, los revolucionarios encierran a sus rehenes en el claustro de los jerónimos. Mientras pasan la noche en vela, se engañan a sí mismos pensando que a la mañana siguiente una multitud se unirá a su causa. Pero, sin embargo, varios vecinos liberales se apostan en las calles cercanas y se oyen algunos disparos contra los sublevados.

Soldados carlistas

Manuel María no sale de su asombro, es hombre de convicciones profundas y había pensado muchas veces en cómo, al llegar este momento, sus paisanos se revelarían contra el sindiós en que se estaba convirtiendo España. Se da cuenta de que mantenerse en Talavera es encerrarse en una ratonera. No se resigna y vuelve a intentarlo con otra proclama a la mañana siguiente. Únicamente obtiene el silencio sepulcral de la ciudad roto tan solo por algunos adversarios que comienzan a sacar sus caballos y a situarse en las calles vecinas. Una masacre o un enfrentamiento no conducirían a nada y Manuel María, que es al fin y al cabo un hombre religioso, decide retirarse hacia Calera.

Requisan todos los caballos que pueden y se apoderan de los fondos públicos, ciento veinte mil reales. Disparando al aire, el grupo sale a galope por la puerta de Mérida y se dirige hacia el oeste. Hay que acercarse a Portugal, allí se han refugiado don Carlos y los suyos. Las sierras de Guadalupe les darán el amparo que siempre ofrecieron a los que se echaron al monte por estas tierras. Llegan a Calera y en la plaza otra vez proclaman a su rey, y otra vez predican en el desierto, sólo silencio.

Desde Talavera una fuerza armada ha partido ya en su persecución y va pisándoles los talones. Al llegar a Puente del Arzobispo están esperándoles sus habitantes armados y comienza el tiroteo. Seis hombres se entregan y salvarán así sus vidas pero otros seis son apresados. Entre ellos se encuentra un hijo de Manuel María que, como sus compañeros, es fusilado en Talavera, junto al Calvario, y enterrado en el cementerio de Santa Leocadia.

Torre de la iglesia de Santa Leocadia donde fueron enterrados los rebeldes carlistas tras su ejecución

A finales de Octubre el resto de la partida es apresada en Villanueva de la Serena y son fusilados sus miembros.

Los pronunciamientos salpican todo el territorio nacional. Acaba de comenzar otra guerra entre españoles.

 

EL CANOE CLUB DE TALAVERA (1)

Foto de los años 30 donde aparece el Canoe Club de Talavera y la Real Fábrica de Sedas

Foto de los años 30 donde aparece el Canoe Club de Talavera y la Real Fábrica de SedasEn esta fotografía de los años 30 del pasado siglo se pueden observar las instalaciones del Canoe Club de Talavera de la Reina situado en la orilla sur del Tajo,  entre El Paredón y el Puente de Hierro, que quedaría a la derecha de la imagen.

En la otra orilla del río puede observarse el edificio hoy desaparecido de las reales Fábricas de Seda construido a mediados del siglo XVIII y que albergaba a cientos de hilanderas.

Competición de natación en el Tajo del Canoe Club

En 1930 se fundó en Madrid la asociación deportiva Canoe Club, como resultado de las inquietudes de un grupo de montañeros, conscientes de la importancia de la vida al aire libre en cualquiera de sus manifestaciones. Como sucedió con otros establecimientos y asociaciones, este club tuvo una réplica con el mismo nombre en Talavera. Uno de sus miembros escribe unas líneas en el folleto que editó la asociación talaverana y se congratula de su fundación y gran pujanza, además de animarles a hacer una piscina para que las competiciones sean homologables por la Federación Castellana de Natación.

 

Piragüistas del club Canoe de Talavera

En este club se organizaban bailes de sociedad junto a la ribera, campeonatos de natación, competiciones de piragüismo, excursiones y actos de sociedad. Todavía funcionaba poco antes de la guerra Civil pero parece que después de la conflagración ya no volvió a recuperarse su actividad. También tenía merendero para disfrutar los socios de las riberas del río.

Otra foto de piragüistas del Canoe Club de Talavera

En esta entrada mostramos otras fotografías de las actividades desarrolladas en este club donde disfrutaban los talaveranos y gentes que venían de la comarca e incluso de Madrid antes de que nos robaran el Tajo con el trasvase, que lo convirtió en una cloaca.

Grupo de talaveranos en el merendero del Canoe Club

Su presidente honorario fue Antonio Hesse, a la sazón alcalde de Talavera y se fundó el 21 de junio de 193  con 56 socios.

Solamente tardaron un mes desde la constitución de la Junta Directiva en conseguir por suscripción las tres mil pesetas con las que levantarían las instalaciones. Llegaron a los trescientos socios y su primer presidente fue Pedro Fernández con otros talaveranos conocidos en su junta directiva como los hermanos Fernando y Ramón de Sanguino, Vicente Forero, Domingo Ortega, José Ortega, José Bengoechea y otros.

Grupo de bañistas en el Canoe Club

 

DONDE EL ARCIPRESTE DE HITA REPRENDIÓ A LOS CLÉRIGOS DE TALAVERA

 

Arcipreste de Hita, Clérigos Talavera, capilla San Sebastián Colegial
Detrás de esta reja se habría reunido el arcipreste de Hita para reprender a los clérigos de Talavera

La Capilla de San Sebastián es el lugar donde se reunía el cabildo, y por ello el sitio más probable donde en el siglo XIV se habría producIdo la escena en la que el Arcipreste de Hita reprende a los clérigos de Talavera por sus poco edificantes costumbres sexuales.

Iluminada por una gran ventana con buena reja que da a la Plaza del Pan se encuentra una capilla erigida por Hernando de Alonso, fundador también del Hospital de la Misericordia ( lo que hasta hace poco fue «Casa de Socorro»,  frente a la Colegial). Ésta que fue capilla bautismal con la pila donada por él mismo, sala capitular adornada con cerámica en la que se reunía el cabildo de los canónigos y capilla de San Sebastián, acabó convirtiéndose en la sala que alberga el rico archivo de este templo y de las demás parroquias talaveranas.

Allá por Talavera, a principios de Abril,

llegadas son las cartas de Arzobispo D. Gil,

en las cuales venía mandato no vil

que si a alguno agradó, pesó a más de dos mil

El arzobispo de Toledo es don Gil de Albornoz, que vivió durante el siglo XIV y que no debemos confundir con otro prelado del mismo nombre, que era talaverano y cuyos restos se hallan en un sepulcro del convento de las bernardas fundado por su familia. Cuando dice que el mandado pesó a más de dos mil se puede referir no sólo a los canónigos, sino también a los propios vecinos de Talavera, a los que luego veremos que prohibe también tener barraganas

Este pobre arcipreste que traía el mandado,

más lo hacía a disgusto, creo yo, que de grado.

Mandó juntar cabildo; deprisa fue juntado,

¡Pensaron que traía otro mejor recado!

 Comenzó el Arcipreste a hablar y dijo así:

-Si a vosotros apena, también me pesa a mí.

¡Pobre viejo mezquino! ¡En qué envejecí,

En ver lo que estoy viendo y en mirar lo que vi!

 Llorando de sus ojos comenzó esta razón:

Dijo:- El Papa nos manda esta constitución,

os lo he de decir, sea mi gusto o no

aunque por ello sufra de rabia el corazón

 Colegial, capilla de San Sebastián, Talavera de la Reina, Arcipreste de HitaLa flecha señala la reja tras la que se encuentra la capilla de San Sebastián de la Colegial de Talavera, donde el Arcipreste de Hita reprendió a los clérigos

El arcipreste de Hita demuestra en sus escritos ser clérigo de manga ancha en cuanto a los principios morales que tienen que ver con la sexualidad, y por eso no le agrada la misión que trae, pues en realidad debería también reprenderse a sí mismo. El cabildo era la reunión de los canónigos presidida por el deán de la Colegial y se celebraba en la capilla de san Sebastián, cuya ventana cubierta por hermosa reja de forja se asoma a la plaza del Pan, junto a la torre.

Las cartas recibidas eran de esta manera:

Que el cura y el casado, en toda Talavera,

no mantenga manceba, casada ni soltera:

el que la mantuviese, excomulgado era.

No sólo se reprende a los clérigos talaveranos, sino que también advierte a los vecinos casados que deben ser más comedidos en sus hábitos eróticos.

Con aquestas razones que el mandato decía

quedó muy quebrantada toda la clerecía;

algunos de los legos tomaron acedía.

Para tomar acuerdos juntáronse otro día.

Fue tal el disgusto por la amenaza del Papa que algunos “tomaron acedía”, es decir que la noticia les produjo ardor de estómago.

Estando reunidos todos en la capilla,

levantose el Dean a exponer su rencilla.

Dijo: -Amigos, yo quiero que todos en cuadrilla

nos quejemos del Papa ante el Rey de Castilla.

 -Aunque clérigos somos vasallos naturales,

le servimos muy bien, fuimos siempre leales;

demás lo sabe el Rey: todos somos carnales.

Se compadecerá de aquestos nuestros males.

La referencia al Rey tiene una doble intención cuando dice que todos somos carnales, pues en aquella época los monarcas reinantes no brillaban precisamente por su moralidad, ya que Alfonso XI tuvo nada menos que diez hijos con su favorita, doña Leonor de Guzmán, la que luego sería degollada en Talavera por orden de la reina legítima doña María de Portugal. Otro ejemplo de la época es el hijo de ésta, Pedro I el Cruel, que hizo asesinar a su esposa doña Blanca para disfrutar así de sus amores con doña María de Padilla.

Sigue después uno de los canónigos justificando su convivencia con una barragana:

-¿Dejar yo a Venturosa , la que conquisté antaño?

Dejándola yo a ella recibiera gran daño;

regalé de anticipo doce varas de paño

y aún ¡por la mi corona!, anoche fue al baño.

 -Antes renunciaría a toda mi prebenda

y a la mi dignidad y a toda la mi renta,

que consentir que sufra Venturosa esa afrenta.

Creo que muchos otros seguirán esta senda.

Postal de la colegiata de Talavera donde se señala la capilla de San Sebastián.

 El canónigo se queja por tener que perder los regalos que hizo a su barragana Venturosa, como las doce varas de paño, y el gasto que le supuso pagarla el baño. Pone por testigo a “su corona” es decir la tonsura de la coronilla que debía llevar como clérigo. Hoy día existe en Talavera la calle del Baño donde había unas instalaciones que, aunque todavía daban su servicio en época cristiana, recién reconquistada la villa, podían tratarse de uno de los baños a los que los viajeros árabes aludían en sus descripciones de la Talabira musulmana.

Juro por los apóstoles y por cuanto más vale,

con gran ahincamiento, así como Dios sabe,

con los ojos llorosos y con dolor muy grande:

 -¡Perdonarnos pues porque es agradable!

Habló en pos del Deán, deprisa el Tesorero

era en aquella junta, cofrade justiciero

Dijo:- Amigos, si el caso llega a ser verdadero

si vos esperáis mal, yo lo peor espero

 Si de vuestro disgusto mucho a mí me pesa,

¡También me pesa el propio, a más el de Teresa!

Dejaré Talavera, me marcharé a Oropesa

antes que separarla de mí y de mi mesa

 Pues nunca tan leal fue Blancaflor a Flores,

ni vale más Tristán con todos sus amores;

ella conoce el modo de calmar los ardores,

si de mí la separo volverán los dolores.

 Como suele decirse: el perro en trance angosto

por el miedo a la muerte, al amo muerde el rostro;

¡ Si cojo al Arzobispo en algún paso angosto,

tal vuelta le daría que no llegara a Agosto!

Dama representada en un capitel de la colegiata de Talavera

El tesorero amenaza con irse a Oropesa porque en aquella época pertenecía al obispado de Ávila y no al de Toledo, por lo que de alguna forma podía así escapar a la reconvención del arzobispo de Toledo Gil de Albornoz. Una colegial es una catedral sin obispo. A su cargo están los canónigos sobre los que gobierna el deán, además de otros cargos como el chantre, el tesorero etc. Flores debe ser otro de los canónigos que enfermaría si le separaran de su Blancaflor

Habló después de aqueste, Chantre Sancho Muñoz.

Dijo: – Aqueste Arzobispo, ¿Qué tendrá contra nos?

El quiere reprocharnos lo que perdonó Dios;

por ello, en este escrito apelo, ¡Avivad vos!

 Pues si yo tengo o tuve en casa una sirvienta,

no tiene el Arzobispo que verlo como afrenta;

que no es comadre mía, ni tampoco parienta,

huérfana la crié; no hay nada que yo mienta.

Mantener a una huérfana es obra de piedad,

lo mismo que a viudas, ¡Esto es mucha verdad!

Si el Arzobispo dice que es cosa de maldad,

abandonad las buenas y a las malas buscad!

En muchas ocasiones la excusa para mantener una barragana era que la mujer en cuestión se trataba de alguna sobrina desamparada del clérigo, alguna huérfana que hacía de criada o alguna viuda a la que se hacía pasar por ama de llaves. Hipócritamente el chantre dice que es una obra de caridad.

Don Gozalo, Canónigo, según vengo observando,

de esas buenas alhajas ya se viene prendando;

las vecinas del barrio murmuran comentando

que acoge a una de noche contra lo que les mando.

 Pero no prolonguemos ya tanto las razones;

apelaron a los clérigos, también los clerizones;

enviaron deprisa buenas apelaciones

y después acudieron a más procuraciones.

Clérigo representado en un capitel de la Colegiata de Talavera

Los clérigos intentaron evitar mediante apelaciones dejar a sus amantes o al menos no ser castigados, pero no debió surtir mucho efecto la regañina que en nombre del arzobispo traía el arcipreste de Hita pues algunos años más tarde, el arzobispo Tenorio, de familia talaverana, intenta que los canónigos hagan vida reglada y para eso les ofrece ricas propiedades entre las que destaca la dehesa de Castellanos cerca de Alcaudete, pero los canónigos prefieren seguir con su vida libertina y renuncian al ofrecimiento, por lo que el arzobispo destina el claustro y el que después sería monasterio de Santa Catalina a los frailes jerónimos.

El Libro de Buen Amor llegó a causar el encarcelamiento del Arcipreste de Hita, tal vez por orden del propio arzobispo Gil de Albornoz.

 

 

                                                                                       

 

LAS MINAS DE ORO DE SIERRA JAEÑA

Fotografía antigua en la que se ven las instalaciones mineras de Sierra Jaeña tras una nevada
Fotografía antigua en la que se ven las instalaciones mineras de Sierra Jaeña tras una nevada
Fotografía antigua con las instalaciones de la mina de oro llamada Pilar en 1945
Fotografía antigua con las instalaciones de la mina de oro llamada Pilar en 1945

Fueron las de mayor producción aurífera de la península durante el siglo XVIII, aunque se tiene constancia de su explotación desde el tiempo de los romanos hasta el pasado siglo. De sus vetas se extraía el oro finísimo con el que se fabricaban durante el siglo XVI las monedas conocidas como “doblas jaeñas”.

Vagoneta minera a la entrada del centro de interpretación de la minería jareña en Buenasbodas

En el año 1731 fueron arrasadas sus instalaciones por el alcaide mayor de Talavera obedeciendo una orden real por un problema de concesiones, al haber enfermado el corregidor de Oropesa al que se le había encomendado en principio.  Se destruyeron sus dependencias y se quemaron las chozas de los mineros.: “llegaron a las minas con escolta de caballería, atemorizaron sus gentes, se apoderaron de las llaves de ella, de los materiales y pertrechos, quemaron las casas de los trabajadores e hicieron otras vejaciones, hasta que consiguieron el intento de que se dejase la mina desierta”

En su última etapa se conocieron con el nombre de “La Oriental” y hasta hace poco se conservaban en Buenasbodas algunas de las viejas cajas blindadas con fuertes herrajes para guardar el polvo de oro extraído.

Bocamina de La Oriental. mina de oro de Sierra Jaeña
Bocamina de La Oriental. mina de oro de Sierra Jaeña

Hoy apenas se mantienen en pie los restos de los muros de los edificios donde se procesaba el mineral con los almacenes, canalizaciones, túneles y hornos en los que se producía el proceso. Puede entrarse con iluminación y mucha precaución a la bocamina principal y observar en sus galerías las vetas de cuarzos auríferos.

Galería de la mina de oro La Oriental en Sierra Jaeña
Galería de la mina de oro La Oriental en Sierra Jaeña

Es curiosa la descripción de los hechos comentados por los que el Rey ordena coger muestras de la piedra del mineral que hubiera en la mina “puesta en costales y serones cerrados y sellados para que se traigan a esta ciudad, donde su majestad ha resuelto se hagan ensayos de ella…para ver si tiene cuenta beneficiarla o no”.

Después la benefició don Juan Portalegre en nombre de la real hacienda hasta 1736, año en que se volvieron a cerrar por su muerte y se entregaron sus llaves a un regidor “vecino de dicho lugar”, quien luego le entregó los enseres a Francisco Portalegre, hijo del anterior que hizo otros trabajos y fundiciones y ordenó mandar 5 arrobas del material a la corte.

Cofre reforzado para guardar el oro de la mina en el aula de interpretación de Buenasbodas

Un inventario decía que los enseres que pertenecían a la real hacienda eran “nueve azadas de hierro, cuatro montones de cal como de tres mil fanegas, y otro montón de ciento ochenta, dos casas con noventa pies de largo cada una en las que había mucha porción de mineral.

En el alquería, otra casa concluida con diferentes departamentos, había cuatro hornos de distintos tamaños y hechuras, una tahona, un mortero y otra casa con provisiones para el beneficio de la mina que sería molesto referir”

En 1748 se hace otro inventario y solamente hay dos molinos de piedra, dos cajones de piedra y beta, una bigornia de hierro, una cazuela de hierro y una tahona” porque otros materiales se habían entregado por deudas de la explotación al tal Joseph Álarez.

Instalaciones en ruinas de las minas de oro de sierra Jaeña

 

EL MENHIR DE LA LAGUNA DEL CONEJO

Menhir mostrando sus cazoletas en término de Talavera de la Reina (Gamonal)
Menhir mostrando sus cazoletas en término de Talavera de la Reina (Gamonal)

Cerca de Velada, pero en término de Talavera de la Reina (Gamonal) muy próximo al cruce de la cañada leonesa Oriental con el llamado Carril de las Mulas  se encuentra el paraje conocido popularmente como la laguna del Conejo o laguna de la Dehesa. También es conocido el paraje en Gamonal como el cerro de la Piedra, por razones obvias.

Menhir de la laguna del Conejo en Gamonal. Al fondo la sierrecilla de El Berrocal

Allí podemos ver sobre una elevación un curioso menhir que, que se enmarca dentro del conocido como Megalitismo Extremeño que, como otro desparecido junto al embalse del Guadyerbas, el menhir de Parrillas, también se localiza junto a las viejas vías pecuarias de la trashumancia.

Plano donde se observa la situación de algunos de los monumentos megalíticos de la comarca.

El menhir fue descubierto por el que esto escribe y lo publiqué en mi primer libro “La Villa de Velada” (1990)

Detalle del menhir mostrando sus cazoletas en término de Talavera de la Reina (Gamonal) y señalado uno de sus canales por la flecha
Detalle del menhir mostrando sus cazoletas en término de Talavera de la Reina (Gamonal) y señalado uno de sus canales por la flecha

Se trata de un bloque granítico con la típica forma apuntada de los menhires que tiene en su cara sur numerosos huecos semiesféricos, las “cazoletas”, cuyo significado ritual para las gentes que lo erigieron hace cuatro mil quinientos años desconocemos. Algunas de estas cazoletas están comunicadas por canalitos cuyo simbolismo también ignoramos y que podemos ver en la imagen señaladas por una flecha.

Esquema de las cazoletas en el menhir de lGamonal

Su situación era, según el propietario de la finca, algo más desplazado al norte y en su entorno solamente localicé alguna pequeña lasca de sílex.  Estos monumentos megalíticos se erigieron aproximadamente en hace cuatro mil quinientos años. Las cazoletas algunos han aventurado la posibilidad  de que tuvieran algún simbolismo religioso, que con ellas se hicieran determinados rituales y otros autores incluso hablan de la posibilidad de que fueran una especie de mapas astrológicos.

Los dólmenes y menhires aparte de su funcionalidad funeraria, la mayor parte de autores los considera elementos de amojonamiento de los territorios de una determinada tribu o clan de aquellos antepasados

LA LEYENDA DE NALVILLOS, EL CABALLERO CORNUDO

 

Postal de los años 70 donde aparecen los restos de la alcazaba, escenario de parte de la leyenda de Nalvillos
Postal de los años 70 donde aparecen los restos de la alcazaba, escenario de parte de la leyenda de Nalvillos

Vamos a conocer una leyenda que se basa en hechos históricos y que tiene como escenario la alcazaba de Talavera, situada antiguamente en lo que hoy conocemos como Huerto de San Agustín. Se trata de la Leyenda de Nalvillos, el caballero cornudo.

Nos encontramos a comienzos del siglo XI. Ximén Blazquez es uno de los caballeros cristianos con mayor protagonismo en la reconquista y repoblación de las tierras de la ciudad de Ávila, cuyo territorio limitaba por su extremo sur con la entonces musulmana ciudad de Talavera con la que guerreaban continuamente.

De la estirpe de este noble saldría la familia de los Dávila, con viejas ramas nobiliarias como el marquesado de Velada y el condado de Navamorcuende, territorios cercanos a Talavera que les fueron concedidos a nobles abulenses precisamente por intervenir en la conquista de los mismos a los árabes. Un hijo de Ximén Blazquez se llamaba Nalvillos y su mujer fue raptada en las cercanías de la ciudad del Adaja cuando iba de romería el día de San Lorenzo, durante una algarada que los moros talaveranos.

El joven marido, considerado también un valiente caballero famoso por sus hechos de guerra, ante el agravio infligido por los moros solicitó del concejo abulense que fuesen con él en cabalgada contra Talavera. Así lo hicieron, dejando que cincuenta caballeros acompañaran a Nalvillos y, como dice la crónica, «Quando llegaron a las atalayas çerca de Talavera, metió los cavalleros todos en una çelada, e rogoles e mandóles que no saliesen de allí mientras que no le oyesen a él tañer su bocina».

Una vez dejó a sus compañeros de armas ocultos probablemete junto a la que hoy conocemos como atalaya de Segurilla, Nalvillos se cambió de ropa, cortó hierba, entró en la villa simulando querer venderla y llegó hasta la alcazaba donde su mujer permanecía después de haberla tomado el gobernador militar árabe como esposa. Estando asomada a una ventana, la mujer le reconoció e hizo que pasara al interior, donde le advirtió del peligro de muerte que corría si era descubierto. Pero el joven caballero le insistió en el gran amor que la profesaba y penetró en el interior del palacio.

Pero estando en éstas, «entrava el moro por el alcaçar e mandol ella a Nalvillos esconderse en cavo del palacio. E el moro echose en la cama con ella. E faziendo sus deportes olvidó el amor del Enalviello».

y Nalvillo fue apresado….

Curiosa manera ésta del deporte para llamar en la Edad Media a las actividades eróticas que tan bien debía ejercitar el jefe árabe, a quien ella, arrobada de placer, le preguntó después de yacer juntos sobre el premio que daría a la persona que le entregase a Nalvillos, su mayor enemigo cristiano en el campo de batalla. A lo que el gobernador contestó que le otorgaría la mitad de las tierras y riquezas de su señorío.

Atraída por la oferta y tal vez por los “deportes” que practicaba con el moro, la cristiana traicionó a su marido y lo entregó. Una vez apresado, el gobernador preguntó a Nalvillos qué tipo de muerte daría a su mayor enemigo si, como era el caso, le tuviese en su poder, y el caballero de Ávila respondió que lo quemaría en el lugar más elevado de la ciudad con la concurrencia de todo el mundo después de pregonarlo.

“…y llevaron preso a Nalvillos para ejecu-tarlo en el lugar más alto cercano a la villa…”

Esto mismo ordenó hacer el gobernador árabe. Llevaron leña a Las Atalayuelas, paraje que como ya hemos dicho pudiera tratarse de la atalaya de Segurilla, como lugar de mayor altitud, o bien del primitivo despoblado de Velada conocido como Las Atalayuelas en la finca El Barrero. Cuando le ofrecieron a Nalvillos pedir un último deseo antes de morir, El valiente caballero manifestó que quería tocar la bocina mientras era ejecutado. Pero al hacerlo aparecieron los cristianos abulenses que se encontraban emboscados y causaron gran mortandad entre los desprevenidos musulmanes, quemando vivo al gobernador en la misma pira que tenía preparada para Nalvillos. Entraron después los caballeros de Ávila en Talavera por sorpresa, matando y cautivando a cuantos encontraron y llevándose un gran botín. La mujer de Nalvillos no tuvo mejor suerte que su amante el gobernador, ya que fue también quemada por los cristianos en un paraje que en la crónica se denomina La Alvacoba, lugar que pudiera tratarse del antiguo asentamiento vettón, romano y luego granja de los jerónimos de La Alcoba, cerca de “Talaverilla”.

Antes de embarcarse en esta aventura Nalvillos consultó los augurios de las aves, pues al parecer era un gran escrutador del destino mediante la observación de las vísceras de los animales o el vuelo de los pájaros, por lo que una vez seguro de su éxito se decidió a emprender camino a Talavera con sus huestes para tomar v

LA ENCINA MONUMENTAL DEL GACHO EN LA IGLESUELA

Encina del Gacho con su impresionante ramaje

En término de La Iglesuela y en pleno valle del Tiétar se encuentra la conocida como encina de El Gacho. Se trata de un magnífico ejemplar que dicen las gentes de La Iglesuela es la mayor del mundo apareciendo en el libro Guiness.

Se localiza en el extremo occidental de La Mesa, una elevación aplanada cubierta de monte mediterráneo.

Encina del Gacho en La IGlesuela

Gacho es un toro que tiene un cuerno más bajo que otro. No sé si el nom re de la encina es debido a que el paraje se denomine así o porque la encina tiene algunas de sus ramas caídas hacia abajo: gachas

La encina cuenta con un diámetro de 1, 5 metros aproximadamente pero lo que más llama la atención es su enorme copa y la gran longitud y grosor de sus ocho ramas principales que llegan extenderse hasta 15 metros desde el tronco.

Los chozos de las Tierras de Talavera

LOS CHOZOS

Chozo en Navalmoralejo

Aunque más adelante estudiaremos los chozos de cada una de las subcomarcas talaveranas,hoy amos a dar una visión general de los mismos.

Son las construcciones más sencillas de la arquitectura popular de la comarca los pintorescos chozos que se levantan en mampostería de la piedra local, en estos dos casos granito y pizarra, o ambos combinados, a veces unidas las piedras con barro y otras a piedra seca.

Chozo de pizarra en término de Aldeanueva de San bartolomé
Chozo de pizarra en término de Aldeanueva de San Bartolomé

Sus muros suelen tener un hueco de entrada con puerta de madera, si se conserva, y muchas veces sin ningún otro hueco, salvo algún ventanuco.

Los techos están rematados en falsa cúpula construida por aproximación de lanchas de piedra y con una capa de compresión impermeabilizadora de tierra sobre ellas. En Gredos los chozos mantienen sus cubiertas vegetales de piorno o escoba según la altura. También en la sierra hay un espacio delante de los chozos con bancos de piedra en torno a un vallado protector enlosado que se llama “estanza”

Chozo de granito en término de Segurilla
Chozo de granito en término de Segurilla

Se solían utilizar para alojamiento temporal de pastores y en ocasiones como refugio para estancias temporales de aprovechamiento agrícola de viñas, olivares, huertos etc

Suelen ser de planta redonda, aunque en algunas ocasiones son más cercanas a la planta cuadrada o incluso rectangular, que las hace parecidas a las navetas prehistóricas de Menorca.

Chozo de Valdeverdeja de planta rectangular en el arroyo de los Pozos

En su interior encontramos pocos elementos constructivos. Vemos alguna alacena hecha en el propio muro para salvaguardar de insectos y roedores los víveres. En escasas ocasiones cuentan con una chimenea muy sencilla o simplemente una lancha de piedra que se desplaza para que salga el humo; En los chozos de Gredos hay una lancha que sobresale del muro llamada tiznera y que desvía las chispas para que no se prendan las techumbres vegetales que abundan más en la sierra. y también encontramos algún banco de piedra.

Falsa cúpula de un chozo vista desde el interior.

Los suelos pueden estar enlanchados, empedrados o simplemente con una capa de barro comprimido. Antiguamente esos suelos se enlucían con boñigas de vaca disueltas en agua que luego se endurece y hasta se puede fregar.

En ocasiones las paredes interiores están enfoscadas con barro e incluso enjalbegadas

Choso en término de Gamonal

 

ASALTO EN LOS GUADARRANQUES PERSEGUIDO POR LA SANTA HERMANDAD DE TALAVERA

Cuadrillero de la Santa Hermandad pintado en una de las causas criminales de La Santa Hermandad que se guardan en el archivo municipal de Talavera
Cuadrillero de la Santa Hermandad pintado en una de las causas criminales de La Santa Hermandad que se guardan en el archivo municipal de Talavera

ASALTO EN LOS GUADARRANQUES

1788

D.Josef Pérez salió de Pueblanueva con su criado Manuel Durán. Sus obligaciones, como agente del mayordomo del Arzobispo de Toledo, le obligaban a realizar largos viajes por las tierras de La Jara para cobrar las rentas que el arzobispado tenía en toda la tierra de Talavera.

Primero se dirigieron a Talavera la Vieja donde recibieron del escribano quinientos tres reales y medio. Mientras el cobrador contaba las monedas una a una el criado miraba con curiosidad un edificio con grandes columnas que, según decía su señor, habían construido los antiguos romanos. Desde allí se dirigieron por el Camino Real hasta El Castañar donde pagaron una deuda a una vecina del lugar. Al día siguiente continuaron su camino entre castaños y alcornoques para descansar en Guadalupe. En otra jornada pasaron por Alía y Valdecaballeros para cobrar otras rentas terminando su periplo recaudador en Castilblanco.

Puente de los Guadarranques en torno del cual se produce el asalto que relatamos

Se levantaron de madrugada, el criado preparó las caballerías y después acudió a oír misa con D.Josef. Querían salir pronto hacia Talavera, pues era sabido que en el lugar de los Guadarranques abundaban las gentes de mal vivir y los contrabandistas que, ocultos en las cuevas y la fragosidad del terreno, no dudaban en asaltar a los viajeros que se aventuraban a pasar por lugar tan solitario. Había que andar rápido para que al menos no les sorprendiera la noche allí.

Sello de la Santa Hermandad que se conserva en el archivo municipal de Talavera donde aparece un cuadrillero ajusticiando con ballesta a un reo. Se ve también un oso, enemigo de los colmeneros y una colmena

Cuerda de presos de la Santa Hermandad

Era una mañana soleada de Junio y a las diez de la mañana ya amenazaba con ser un día caluroso. El temor por lo intrincado del monte y lo angosto del paraje hacían sudar al cobrador más que la elevada temperatura. Los buitres sobrevolaban el lugar en el momento en que cuatro hombres armados salieron al camino dando el alto a los viajeros.

Uno de ellos, moreno y velludo, caripintado de viruelas, grueso y como de dos varas de alto parecía el jefe. Mirando a las víctimas, con la seguridad que le daba su cinturón de grandes hebillas doradas repleto de pistolas y cuchillos, gritó:

– Apearos y sacad inmediatamente todo el dinero que traigáis.

– Aquí  está el dinero- dijo el cobrador- pero no nos molesten ni a mi criado ni a mí.

Otro de los hombres, delgado descolorido y con los dientes negros respondió:

– No tenéis que temer, pues sólo queremos el dinero. Alguien tiene que pagar el tabaco que nos han quitado.

Sello de la Santa Hermandad que se conserva en el archivo municipal de Talavera donde aparece un cuadrillero ajusticiando con ballesta a un reo. Se ve también un oso, enemigo de los colmeneros y una colmena

Sello de la Santa Hermandad que se conserva en el archivo municipal de Talavera donde aparece un cuadrillero ajusticiando con ballesta a un reo. Se ve también un oso, enemigo de los colmeneros y una colmena

Por estas palabras dedujeron las dos víctimas que los cuatro asaltantes eran contrabandistas de tabaco. Desmontaron tres de ellos y comenzaron registrar los fardos que llevaban a lomos de las caballerías hasta encontrar un talego con dos mil reales en plata. El otro hombre, recio, caricolorado y pecoso de viruelas, permanecía subido aún en el caballo y observando a uno y otro lado.

– Usted trae más dinero- dijo el jefe.

El agente del Arzobispo señaló un fardo con papeles y, sacando un gran cuchillo de triple filo que produjo un escalofrío a las víctimas, el cuarto bandido, también picado de viruelas, muy negro de tez y con el pelo largo, cortó la cuerda del paquete apareciendo entre los legajos un paquete en cuyo interior estaba escondido el oro.

-¡Venga!, saca lo que tengas en la faltriquera.

Mientras don Josef mostraba unos cuartos en la palma de la mano, el jefe de los bandoleros dijo que podía quedarse con algún dinero para las necesidades del viaje. El hombre de los dientes negros protestó argumentando que bastante dinero le quedaba en casa, que no debían dejarle nada. Sin embargo, el del pelo largo le alargó una de las monedas de oro.

El jefe cogió también la escopeta que llevaban los dos temblorosos viajeros y montando en su magnífico caballo castaño sonrió diciendo:

– Dios le dé a usted salud para juntar más dinero y que otros grandísimos pícaros como nosotros se lo quiten.

Dando grandes risotadas los cuatro hombres vestidos con sus botines de becerrillo blanco, sus chambergos, la chupa de cabrón y el chaleco de estameña se marcharon galopando río abajo y agitando sus sombreros y con siete mil reales en las alforjas.

A la una y media llegaron los infortunados a Mohedas y a las diez de la mañana del día siguiente estaban en el mesón de Belvís de la Jara contando sus desdichas al mesonero. La Santa Hermandad de Talavera tomaría rápido cartas en el asunto pero, probablemente, ya era demasiado tarde.