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HISTORIA, GRABADOS Y FOTOS ANTIGUAS DE LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL PRADO

LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL PRADO ( hoy Basílica)

HISTORIA

El Prado con la ermita de la Virgen y la ermita de San Joaquín y Santa Ana.jpg

Aunque la jerarquía eclesiástica ha decidido conceder la categoría de basílica a nuestra ermita, en el alma popular talaverana el antiquísimo y emblemático templo sigue identificándose con el más entrañable nombre de “la Ermita” o “la Virgen”.

Primero debemos situarla: a las afueras de la ciudad, rodeada de prados y alamedas hasta que el crecimiento urbanístisco la envolvió. Se localiza muy cerca del río Tajo y del arroyo Papacochinos, próxima a una vía de comunicación principal como es la calzada romana que unía Toletum con Emérita Augusta, en un entorno natural fresco, por donde discurría una antigua cañada ganadera y cerca del lugar donde se realizaban las transacciones de ganado en el tradicional mercado talaverano. El sitio reúne todos los ingredientes del “locus amoenus”, ese tipo de parajes con cierto aura de magia y placidez natural, fértiles y agradables, donde se solían situar las apariciones de la Virgen a los pastores durante la Edad Media.

Vista parcial con la ermita en la HISTORIA DE TALAVERA 1768, Manuscrito 82 BIBLIOTECA CLM

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MUSEO DE LOS HORRORES: DE CÓMO JUGARSE LA VIDA PARA VISITAR UN DOLMEN

Dolmen de Azután

MUSEO DE LOS HORRORES:

DE CÓMO JUGARSE LA VIDA PARA VISITAR UN DOLMEN

Hoy traemos al Museo de los Horrores la indolencia, la ignorancia y la desidia de nuestros políticos para con el patrimonio de esta tierra y cómo no se aprovechan en absoluto los recursos arqueológicos, históricos o etnográficos para el desarrollo turístico de nuestros abandonados pueblos.

Un ejemplo muy gráfico y sangrante  es el dolmen de Azután, un importante monumento megalítico con gran interés arqueológico que además se encuentra rodeado de otros elementos etnográficos y arqueológicos que podrían aumentar el atractivo para los turistas que quieran visitar la cercana Ciudad de Vascos después de conocer Puente del Arzobispo y su cerámica.

El monumento fue excavado hace décadas pero a ninguno de nuestros padres de la patria se les ha ocurrido poner no ya un panel que explique sus características e importancia sino que ni siquiera hay un rótulo que indique en la carretera dónde  se encuentra el dolmen en cuestión entre Puente y La Estrella

Tampoco hay aparcamiento alguno, por lo que aquellos intrépidos visitantes que quieran conocerlo tendrán que aparcar a unos centenares de metros y deambular por la carretera en curva y sus cunetas a riesgo de ser atropellados o irse a su casa con un esguince de recuerdo.

Y no pide uno que en Castilla-La Mancha tengan con el patrimonio el cuidado que tienen en Castilla y León o en Extremadura, comunidades gobernadas por diferentes partidos, pero que nos dan cien vueltas, lo que sí podemos es exigir que no sólo se gasten los dineros culturales en grandes eventos como los centenarios del Quijote o el Greco, cuya calidad no discuto, pues como dicen por aquí «con buen bolo bien se jode» . Pero estos grandes eventos de mucho parné interesan sobre todo a nuestros nunca bien ponderados gobernantes porque generan muchas más fotos, canapés y cócteles electoralistas donde lucirse y quedan, sin embargo, abandonados casi todos los elementos culturales rurales, que no por modestos son menos importantes y también deben ser tenidos en cuenta como patrimonio y merecen gastarse en ellos unos durillos.

En Castilla y León también saben organizar las Edades del Hombre, pero además muchas humildes ermitas o yacimientos arqueológicos están restaurados y consolidados, y tienen además su cartelito donde se ponen horarios y forma de visitar los monumentos.

Horno tejar cercano al dolmen de Azután

Para potenciar este dolmen que hemos tomado como ejemplo hágase un aparcamiento donde detenerse, documéntese al visitante con paneles  explicativos, adecéntese el entorno y restáurense elementos como el cercano tejar, el puente, el molino sobre el arroyo Andilucha y véase la forma de enseñar también el cercano cementerio visigodo.

Y por no hablar del dolmen de La Estrella o de otros elementos patrimoniales que sólo aventureros de fuste como Amudsen o el doctor Livingstone serán capaces de localizar por los caminos y veredas jareños, entre ladridos de fieros canes y guardas enfurecidos.

Dolmen de La Estrella

Pero en esta tierra de nuestros dolores ya saben lo del Dante a las puertas del infierno: «Perded toda esperanza», y es lo que tiene ser gobernados  por hijos de la Logse, sea cual sea su ideología.

LOS MOLINOS DE AGUA POR COMARCAS: LA CAMPANA DE OROPESA I

DESCRIPCIÓN DE LOS MOLINOS DE LA PROVINCIA DE TOLEDO POR COMARCAS.

Aceñas del Conde de Oropesa en El Torrico

Este trabajo ha sido realizado sin ninguna ayuda institucional por lo que no es todo lo exhaustivo que hubiera deseado el autor, aun así se ha dibujado a mano alzada la planta de todos los ejemplares que se han podido localizar y se ha fotografiado el alzado y los detalles que se han considerado de interés, estableciendo con los datos obtenidos en el trabajo de campo y los aportados por las entrevistas a molineros y vecinos, la tipología que a continuación se desarrolla.

Para encontrar el mayor número posible de molinos se han utilizado los planos 1/ 50.000 del Instituto Geográfico Nacional y del Instituto Geográfico del Ejército. Se han examinado también las ediciones antiguas de esas mismas hojas en la cartoteca del I.G.N. completándose los datos con el hallazgo de ejemplares hoy desaparecidos o de los que apenas quedan ruinas. La minuciosidad en señalar los datos es variable de unos planos a otros pero las entrevistas con lugareños, pastores o guardas jurados y el recorrido completo del trayecto de las corrientes más importantes me han llevado a completar el estudio. Los planos de escala 1/2.000 y 1/10.000 de la Diputación Provincial aportaron datos referentes sobre todo a los artificios localizados en el casco urbano de los pueblos toledanos.

La documentación histórica ha facilitado también la labor de búsqueda molinera. A partir de las Relaciones de Felipe II[1], las del Cardenal Lorenzana[2] y el Catastro del Marqués de la Ensenada[3] conseguí rellenar algunas lagunas. Han sido de gran utilidad los diccionarios de los pueblos de la provincia de Toledo de Jiménez de Gregorio[4] y de Moreno Nieto[5] que describen nuestras villas y lugares en el siglo XVIII y mediados del XX respectivamente.

La toponimia también me orientó en algunos casos en los que no había referencia histórica o cartográfica alguna. Para ello hube de inspeccionar y recorrer arroyos llamados «del Molinillo», «del Cubo» o del «Cubillo»; hube de estudiar donde conducían caminos que todavía se denominaban «de Moledores», «de la Presa» o «de la Aceñuela» para poder así localizar restos a veces casi inidentificables de artificios molineros.

Aunque la mayor parte de los croquis y plantas han sido realizados a mano alzada, he querido en todos estos esquemas reflejar la situación de la piedra y su proporción aproximada con las dimensiones del edificio de forma que el lector se haga una idea, aunque no sea matemáticamente exacta, de sus medidas. Para ello debemos tener en cuenta que las piedras de molino miden aproximadamente un metro treinta centímetros.

Algunos de los esquemas sin embargo sí que se han realizado a escala reflejándose la misma en los planos. Muchos  de ellos se midieron con motivo del Inventario Etnológico de la Provincia de Toledo elaborado por la Diputación Provincial con mi colaboración y que afecta a los molinos de la Campana de Oropesa. En otros casos ha sido el interés de un determinado ejemplar como modelo tipológico el que me ha llevado a representarlo a escala.

Aceñas del Conde fotografiadas aguas arriba de las mismas

El abandono, las zarzas, la ruina, la inaccesibilidad, la inundación por embalses o la reutilización del edificio para otros menesteres son obstáculos que han dificultado, cuando no impedido, la ejecución de algunos planos. De todas formas creo que con este trabajo se puede obtener una idea global de la molinería toledana que sirva de apoyo y referencia a los investigadores que quieran estudiar o profundizar en casos y temas concretos.

Las fotografías nos darán una idea de determinados aspectos de la arquitectura popular y el alzado de los molinos. Tienen el inconveniente de que en algunos casos hube de adaptarme a las condiciones de luz del momento en que accedí al molino, que podía coincidir con una inadecuada orientación y climatología y es por ello que algunas no tienen la calidad deseable.

Excusadas algunas de las deficiencias de este trabajo, paso a describir los molinos agrupados por comarcas en función de diversas circunstancias geográficas, históricas, tipológicas y de arquitectura popular.

El Tajo sirve de médula espinal molinera y geográfica a la provincia por lo que iré incluyendo sus molinos en las diferentes comarcas por las que discurre sin que específicamente haga un apartado para los molinos del gran río  salvo en el caso de Toledo capital.

Los esquemas intentan reflejar los muros que en muchas ocasiones se dibujan sólo en su trazado aproximado por la ruina total en que se encuentran que no permite más que vislumbrar su trayecto original sin que a veces sea ni siquiera posible adivinar donde se abrían sus puertas y ventanas.

Dado que los molinos han recibido diferentes nombres a lo largo de la historia he considerado más operativo numerarlos por orden, comenzando desde los que se encuentran en la cabecera de los ríos y arroyos. Considero que salvo pequeños molinos de ribera no documentados históricamente se reflejan en este trabajo un número de ejemplares que se acerca al 95 % de los molinos que han existido en la provincia de Toledo.

Las diferentes piezas que componen el edificio molinero se han señalado con iniciales que nos ayudan a identificarlas en los esquemas de las plantas: SM es la sala del molino donde se desarrollaba la molienda, H es habitación o dormitorio, Co representa la cocinilla, Z es el zaguán y Cu es la cuadra donde muchas veces se dibuja la situación de los pesebres.

Molinos de Puente del Arzobispo

COMARCA NOROESTE

CAMPANA DE OROPESA

Agrupa este primer apartado la Campana de Oropesa con los pueblos de Velada y Calera y Chozas. Comprende la zona oeste de la provincia limitada al norte por el río Tiétar y al sur por el Tajo.

Surcan las llanuras centrales de esta comarca arroyos de escasísima pendiente como el de Alcañizo o el de la Pontezuela, muy arenosos y por tanto poco apropiados para la instalación de molinos hidráulicos debido a las fugas de caudal que conllevarían sus largos canales. Es por esto que tenemos referencias de molinos de viento en Oropesa y Lagartera e incluso quedan restos del edificio en Torralba de Oropesa y en Velada.

En las pequeñas sierrecillas graníticas, como las del sur de Oropesa, o las de Navalcán, Parrillas y Velada, encontramos molinos de agua con escasa entidad que solamente molían en épocas lluviosas, aunque estos molinejos no tenían la suficiente entidad como para moler los cereales que antiguamente producían estas llanuras hoy adehesadas y dedicadas mayoritariamente a la ganadería. Esa capacidad molturadora se consiguió con las grandes paradas molineras que se construyeron a orillas del Tajo y alguna otra sobre el Tiétar.

El señorío de Oropesa fue tal vez la casa nobiliaria más beneficiada por instalaciones molineras de su propiedad. No sólo contaban con dos paradas en «Las Aceñas del Conde» ,sobre el Tajo al sur de su estado, sino que además los Álvarez de Toledo poseían los mayores molinos del Tiétar que más tarde se convertirían en  ALas Máquinas de Monteagudo» (Foto 16), nombre popular de una fábrica de harinas movida por turbina hidráulica[1]. También en el Tajo era dueña esta casa de los molinos de Silos, en el actual término de Calera y Chozas, y de los molinos de Cebolla que tenían una gran potencia molturadora. El escudo de su familia todavía se conserva hoy labrado en piedra en el pasillo de compuertas de las Aceñas del Conde en término de El Torrico (fig. 35).

Molino de Peña en Navalcán sobre el río Tiétar

Tanto los molinillos de arroyo como los de viento proporcionaban escasa potencia de molienda y es por ello que, desde Navalcán, Parrillas, Ventas de San Julián y La Corchuela,  iban a moler sus habitantes al  río Tiétar e incluso a las gargantas de la Sierra de Gredos. Las villas y lugares con una situación más céntrica en la comarca, como Oropesa, Calzada, Lagartera, Herreruela y Torralba, acudían tanto al Tiétar como al Tajo. Sin embargo, los núcleos de población situados al sur de la zona como Valdeverdeja, Torrico y Puente del Arzobispo no sólo contaban con las grandes aceñas y molinos de regolfo sobre el Tajo sino que también molían en más de una docena de pequeños molinos de muy diversa tipología situados en los arroyuelos cercanos.

Ya hemos aludido a los molinos cuya propiedad estaba en manos de la casa de Oropesa, pero también la Iglesia contaba con las grandes aceñas de «rueda mayor»[2], es decir de rueda vertical, que se encuentran situadas junto al casco urbano de Puente del Arzobispo y que financiaban y estaban administradas por el Hospital de Santa Catalina, instituido en esta villa por el fundador del pueblo, el arzobispo Tenorio (fig. 36). La rueda que simboliza a la santa se puede todavía ver sobre el dintel de la puerta de entrada de estas aceñas.

Los molinos del arroyo de Corralejo fueron propiedad del convento de la Purísima Concepción de Oropesa. El poderoso convento de San Clemente de Toledo era dueño de  los molinos de Azután[3]. Ya en el siglo XIV la Orden de Calatrava tenía los molinos de Calatravilla[4]cerca de la ciudad musulmana de Castros.

Cárcavos del molino de Peña en el Tiétar

Esta comarca cuenta con dos importantes molinos en el Tiétar, el molino de Peña en término de Navalcán ( Ti 4 ) tiene un regolfo en el exterior del edificio, al aire libre, y un cárcavo con otras dos cubas de regolfo separadas por un muro y no situadas cada una en su cárcavo como es habitual (Foto17). De estos dos regolfos el más cercano al río recibía desde la canal del otro un aporte suplementario de caudal a través de un saetín abierto en la pared. Por la existencia de orificios en el suelo puede deducirse la existencia de ejes suplementarios que probablemente habrían movido la maquinaria auxiliar. Es uno de los escasos ejemplos de molinos de regolfo no situados en el Tajo o en los ríos manchegos. Su arquitectura popular es granítica y abovedada como en el caso de las grandes paradas del Tajo.

Tanto este artificio como el molino de Montoya situado aguas arriba, en la orilla abulense, aprovechaban sus reculajes para la instalación de sendas barcas que facilitaran el paso de los clientes y viajeros desde las dos orillas.

Aguas abajo y casi en el límite de provincia se encuentra el molino de Monteagudo ( Ti 5 ). Es de dos piedras y de aspecto vetusto con el receptor ya cegado, aunque los cárcavos parecen haber alojado rodeznos. Como los otros ejemplares del mismo río es de arquitectura popular de sillarejo granítico. Junto a este molino se encuentra la fábrica de harinas a la que hemos hecho referencia más arriba, casi destruida en su interior por un incendio, sigue presentando el compacto aspecto de las construcciones protoindustriales del siglo pasado. Está servida por una presa oblicua de grandes dimensiones, que captaba íntegro el caudal del Tiétar para dirigirlo hacia la turbina que movía la maquinaria distribuida en cuatro niveles diferentes, uno en cada piso.

Fábrica de harinas movida por energía hidráulica en término de Oropesa sobre el Tiétar

En la pared ribereña del canal de esta fábrica aparece una curiosa salida lateral que alimentaba probablemente un rodezno complementario de la turbina. También junto al canal, encontramos un muro escalonado y una construcción circular casi metida en el cauce de la que desconocemos su función (Ti6).La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es escanear0026-1024x669.jpg

[1] GARCÍA GIL,O. y  FERNANDEZ ARROYO, A.: Oropesa, Señorío y Condado, pp 23- 56. VIÑAS, C. Y PAZ, R. : Opus cit. Ver AOropesa@.

[2] JIMÉNEZ DE GREGORIO, F.: Opus cit. Historia de la Villafranca….p.80.

[3] JIMENEZ DE GREGORIO, F.: Opus cit, Los pueblos de Toledo… ver A Azután@

[4] JIMENEZ DE GREGORIO, F.: Opus cit, Historia de la Villafranca...p. 80. JIMÉNEZ DE GREGORIO, F. : opus. cit. Los Pueblos de …ver APuente del Arzobispo@

[1] VIÑAS,C. y PAZ, R. : Opus cit.

[2] PORRES DE MATEO,J., RODRIGUEZ, H. y SANCHEZ, R. : Descripciones del Cardenal Lorenzana. Toledo, Diputación Provincial, 1986. En esta encuesta realizada a los párrocos del siglo XVIII, en su cuarta pregunta, aparecen los datos referentes a molinería en el capítulo dedicado a cada uno de los pueblos.

[3] ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE TOLEDO. Sección Catastro de Ensenada, Libros Maestros o Respuestas particulares de cada uno de los pueblos  de la provincia.

[4] MORENO NIETO, L. : La provincia de Toledo. Diputación Provincial de Toledo, Toledo 1960. Esta obra está organizada como un diccionario en el que los pueblos de la provincia aparecen por orden alfabético. En el apartado que se refiere a AIndustria, Comercio y Artesanía@ es donde aparecen los datos sobre molinería de cada localidad.

[5] JIMENEZ DE GREGORIO, F. : Los Pueblos de Toledo hasta finalizar el siglo XVIII. Publicados en tres tomos por orden alfabético en Toledo en los años 1962 (A-M), 1966 (N-S), y 1970 ( S-Y) respectivamente en Biblioteca Toledo.

Molino de arroyo en Valdeverdeja

LOS JUDÍOS EN TALAVERA

LOS JUDÍOS EN TALAVERA

Rótulo del callejón de los Judíos en el barrio de San Esteban

Ya en época musulmana había judíos en Talabira, pero es a partir de la reconquista cristiana de la ciudad cuando empieza a quedar constancia documental de la existencia de una importante aljama o colonia judía en nuestra ciudad. Algunos de ellos, probablemente los más pudientes, tenían sus viviendas intramuros de la villa, en el entorno de la Colegial, donde se encontraba la carnicería judía, y en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro, donde muchos de ellos regentaban tiendas y comercios. Otras zonas donde residían muchos judíos era lo que en la Edad Media se conocía como el barrio del Mercado, situado en las cercanías de San Ginés o Santo Domingo.

En el siglo XIX se encontraron algunas tumbas hebreas en la zona del barrio de San Esteban y tal vez por eso se puso el nombre de “callejón de los Xudíos” a uno de sus adarves o callejones sin salida, típicos del urbanismo medieval. Seguir leyendo LOS JUDÍOS EN TALAVERA

ARQUITECTURA POPULAR IX: LA JARA

ARQUITECTURA POPULAR  IX:

LA JARA

Mampara en una era de Espinoso del Rey

Describiremos ahora algunas de las peculiaridades de la arquitectura de la extensa comarca de La Jara, a la que nos parece conveniente dividir en Jara Alta o Serrana y Jara Baja, esta división es bastante clara ya que los condicionantes de materiales, clima y funcionalidad de las construcciones son, aunque con características comunes, bastante específicos de ambas zonas.

Hay un texto fundamental para el conocimiento de la arquitectura popular de esta comarca y es como no podía ser de otra manera de don Fernando Jiménez de Gregorio,  se titula La vivienda en La Jara toledana, y, al estar escrito en los años cincuenta nos aporta datos preciosos en cuanto a la arquitectura popular no perdurable como son los chozos y mamparas hechos de paja y que la emigración y los cambios obvios en el campo español desde esa fecha han hecho desaparecer.

Chozo de falsa cúpula de Navalmoralejo, construido en pizarra y granito

El chozo de pastor solía ser circular y de cúpula redonda, su armazón era de varas de sauce o de álamo y la cubierta de pajas de centeno. La mampara era una construcción más sencilla, de forma rectangular o de medio chozo, que se utilizaba ya sea como protección de los aires a la entrada del chozo de pastor, simplemente como protección más precaria cuando no era necesario construir un chozo o como chívería o chivitil para proteger al ganado recién nacido o al perro.

Falsa cúpula de un chozo por aproximación de las hiladas de piedra

En la Jara Serrana se utilizaban a veces chozos en ángulo, a modo de tienda de campaña, con o sin mampara protectora. El guango es una construcción que se utiliza todavía y es más bien una protección del labrador o del hortelano que consiste en cuatro palos que se utilizan como pilares y sobre los cuales se extiende la hojarasca, la retama o las jaras para formar una sombra que también resguardará en caso de algún chubasco o tormenta, enl a cara del sur o del poniente se puede construir una pared, también vegetal que proteja del sol o del aire, Cuando el guango se limita simplemente a la estructura de la techumbre, sin paredes, se denomina también sombrajo o chungano. Cuando este tipo de construcciones se hacen en los patios y corralones de las viviendas, pegadas a los muros de las casas, se conocen con el nombre de enramadas o enramás, y pueden, con el tiempo, cubrirse con un emparrado e incluso tejarse.

Majada en La Nava de Ricomalillo con sus corrales y cocinilla

El paso siguiente en la evolución de la habitación más primitiva es el chozo de piedra con techumbre de falsa cúpula por aproximación de las hiladas de piedra, similar al descrito para la Sierra de San Vicente pero fabricada más frecuentemente en pizarra, por su abundancia en la zona.

Estas construcciones son comunes a todas las subcomarcas de Talavera y se ha especulado con su probable origen común de ascendencia céltica, lo cierto es que en los yacimientos de Ia Edad del Bronce y de la Edad del Hierro diseminados por nuestras tierras aparecen fondos de cabaña y restos de construcciones con esa misma forma sólo que techados con cubierta vegetal.

Las cocinillas son otro tipo de construcciones elementales de La Jara, podemos encontrarlas en los olivares, los huertos y parcelas de cultivo que se encuentran algo alejados del casco urbano y donde el agricultor debe permanecer períodos de tiempo algo más largos, por lo cual a veces precisa pernoctar. También cumplen la función estas pequeñas edificaciones, de servir de almacén donde se guardan herramientas y aperos que sería molesto y trabajoso trasportar cada vez  que se acudiera a laborar allí. El edificio es sumamente sencillo, una puerta, uno o dos ventanucos en los muros, una chimenea generalmente de campana con uno o dos poyetes a su lado para dormir sobre ellos o para sentarse al amor de la lumbre.

Alacenas en una de las dependencias de los Baños de la Retortilla

En los muros se dejan algunos huecos a modo de hornacinas y de alacenillas para depositar en ellos algún utillaje y alimentos fuera del alcance de los ratones. Las cocinillas tienen otra utilidad muy específica que es servir, alrededor de las eras, casi siempre algo alejadas del casco, de residencia temporal mientras se trilla el cereal de la familia labradora que permanece así más cerca de su preciado tesoro, el grano, y puede no solo trabajar más cómodamente sino custodiar también el fruto de su trabajo.

Las cocinillas como vemos están vinculadas en mayor medida a la Jara Baja, al mundo agrícola, mientras que las llamadas aquí casillas son muy similares pero más unidas al mundo ganadero de las tierras serranas de la Jara Alta. Son estas casillas y labrancillas de una estética muy llamativa por estar fabricadas en pizarra y cuarcita y por estar situadas en parajes mås agrestes, con grandes desniveles que les dan un aspecto peculiar. Como están en lugares muy alejados de los pueblos tienen alguna dependencia más quelas cocinillas, la pequeña cuadra donde guardar el borrico o la mula. La cochinera o zahurda y a veces la majada donde dejar el aprisco, casi siempre de cabras. Algunas de mayor entidad, o en caso de haber varias agrupadas pueden tener un horno para cocer el pan.

Zahurdas construidas en pizarra en término de Alcaudete de La Jara

En toda la Jara serrana pueden verse lo que a primera vista no son más que corralizas circulares, que, aunque a veces se utilicen como tales, no son otra cosa que los restos de lo que fueron las primeras explotaciones de esta comarca tras la repoblación, las posadas de colmenas. No olvidemos que hasta el siglo XVIII hubo osos en estas tierras y era necesario proteger la miel de estos y otros animales. Siguiendo con las construcciones rústicas son de destacar, también dentro del ámbito de las zonas más elevadas, los restos hoy prácticamente despoblados de algunas aldeas con apenas unas decenas de habitantes, formadas por varias casillas agrupadas generalmente en torno a una era. Entre las mejor conservadas, son de destacar las del entorno del río Jévalo, El Portezuelo, Paniagua. El Martinete o El Majuelo, hermosos conjuntos de arquitectura en pizarra que las autoridades culturales deberían preservar de la ruina.

Casilla en los olivares de Belvís

CURIOSIDADES, FIESTAS Y COFRADÍAS DE LA PARROQUIA DE SAN ANDRÉS

CURIOSIDADES, FIESTAS Y COFRADÍAS DE LA PARROQUIA  DE SAN ANDRÉS

Imagen de San Antonio Abad en la parroquia de San Andrés

EL HOSPITAL DE SAN ANTÓN

Todavía se conserva en el templo una imagen de San Antonio Abad. Puede que perteneciera a la antigua ermita del mismo nombre que se hallaba en la colación de esta parroquia y que antes fue capilla del Hospital de San Antón. Aún permanece su nombre en la calleja cercana que se encontraba cerrada antiguamente por este Hospital de los Hermanos Hospitalarios de San Antón. Se instalaron estos frailes en Talavera desde la edad media y atendían a las personas afectadas del conocido como «ignis sacer» o fuego sagrado, Esta enfermedad no es otra cosa que la intoxicación por el cornezuelo del centeno, un hongo que contaminaba los panes que se hacían con grano afectado por él y al que algunos autores han achacado las alucinaciones colectivas de la Edad Media, pues no olvidemos que de este hongo se obtiene el ácido lisérgico, la droga psicodélica por excelencia.

Animales a los pies de San Anyonio Abad, su patrón, en la azulejería de su hospital que se exhibe hoy en el pórtico de la ermita.

San Antón es el patrón de los animales y  por ello en esta iglesia se ha celebrado su fiesta tradicionalmente en Talavera. Ese día se bendecían los animales con gran afluencia de gentes desde antiguo dado el carácter históricamente ganadero de nuestra ciudad. La cerámica que adornaba esta capilla se puede contemplar hoy en la Ermita de la Virgen del Prado, concretamente en los frisos de la entrada principal y a la derecha del altar mayor.

UNA BRUJA

Bajo esta inscripción y escudo de los Carvajales se encontraba la cripta donde hacía sus sortilegios la bruja Catalina

La más famosa bruja que aparece en los expedientes de la Inquisición referentes a Talavera fue Catalina Sánchez. De ella se decía que a medianoche hacía toda una serie de ritos satánicos en torno a la iglesia de San Andrés, junto al panteón de los Carvajales, unos nobles talaveranos protectores de esa iglesia cuyos restos se encontraron en el siglo XIX revueltos y maltratados al abrir la cripta. Llevaba Catalina nueve monedas, número cabalístico, que colocaba en las esquinas del templo, y como hemos podido ver en tantas películas, trazaba un círculo, considerado como puerta del infierno por oposición a la cruz. Se metía en él e invocaba después a los Carvajales en la iglesia de San Andrés

UNA COFRADÍA

Pintura de la capillita de la cofradía de ánimas de El Salvador. La cofradía fue trasladada a San Andrés cuando se cerró la iglesia y la pintura que fue desmontada hoy no conozco su paradero
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Decoración pintada en los muros de la iglesia de San Andrés

En el año 1500 se instituyó en esta iglesia la Cofradía de las Ánimas del Purgatorio bajo el título de Nuestra Señora de la Piedad que, según nos cuenta Francisco de Soto, comenzó su andadura solamente con limosnas, se fue enriqueciendo con muchos censos y heredades que le fueron donados y acabó su historia localizándose en la iglesia de El Salvador, en cuyo muro occidental se podía observar hasta su remodelación, con una  una hornacina y en ella una pintura con el motivo de las ánimas en el purgatorio.

Los varones cofrades no podían sobrepasar el número de cien, mientras estaba permitido a las mujeres ser un número ilimitado. Tenía una curiosa normativa para mantener las buenas relaciones entre sus miembros y así, las reyertas entre ellos estaban penalizadas con doscientos maravedíes y el hermano que no denunciara estas riñas  sería multado con una libra de cera. Los motes estaban castigados con media libra. Se decían misas por los hermanos difuntos y todos iban a los entierros. El primer domingo de mes acudían los miembros de la cofradía a la iglesia de San Andrés con candelas encendidas y el tercer domingo de septiembre se instalaba en la iglesia una tumba cubierta con el paño de la cofradía y delante la cruz con dos hachas.

LA PARROQUIA DE LAS REALES FÁBRICAS

Imagen de San José en la antigua Casa de la Dirección de las Reales Fábricas de Seda, o «patio de San José

La Real Fábrica de Sedas tenía como patrón a San José, la Hermandad heredera de aquel patrocinio, y puede que de la antigua cofradía radicada en San Miguel, se revitalizó en el siglo XVIII y todavía hoy mantiene la costumbre de celebrar «la función» que, aunque sin el esplendor de otros tiempos, es una tradición digna de conservar. Algunas de las capas y casullas, a pesar de estar bastante deterioradas, muestran magníficas labores en seda y proceden probablemente de dicha Real Fábrica.

En el barrio de la Puerta Cuartos hubo durante muchos años la creencia de que en el patio de San José había fantasmas.

Casulla de seda de San Andrés procedente probablemente de las Reales Fábricas
Retablo mayor con la imagen de San Andrés

ROBO AL CALDERERO FRANCÉS

ROBO AL CALDERERO FRANCÉS

Una de las causas criminales del libro editado por el autor y el colectivo La Enramá en que se describen los procesos de esta institución talaverana de policía rural

Caminos cañadas como esta de Aldeanovita fueron escenario de los delitos que se relatan aquí

Rafael Muñoz era un hombre sin oficio alguno, “de malas costumbres y amigo de aplicar lo que no es suyo”. Sus raterías tenían irritado al vecindario, hasta que un hecho de mayor gravedad llegó a oídos de la Santa Hermandad de Talavera que tomó cartas en el asunto.

Agosto de 1782. Algunos vecinos de Aldeanueva de San Bartolomé se encuentran en la taberna refugiados del calor de la tarde y tomando unos vasos de vino. Un forastero, levantando la cortina, penetra en la estancia y rompe en sollozos. Con acento extraño cuenta cómo, en el camino de El Villar del Pedroso, había sido asaltado “por uno de Mohedas” que le había quitado todo su dinero dejándole maniatado.

Un corro de curiosos rodea al hombre mientras relata su desgracia. Dice ser francés y de oficio calderero. Casi al tiempo entra en la taberna un individuo. El francés se vuelve y atónito señala con el dedo al recién llegado gritando:

-¡Este pícaro es el que me ha robado!

El mohedano al oírlo emprende la huida tomando el camino de Puente del Arzobispo. Pero imprudentemente vuelve a Aldeanovita (1) al anochecer. Allí entabla conversación con unos mozos que se hallan tomando el fresco. El grupo se ve interrumpido por la llegada de un vecino que transmite a los presentes una orden del señor alcalde para que los allí congregados conduzcan al presunto ladrón a su presencia.

En el camino Rafael -que así se llama el ratero- intenta sobornar a los mozos diciéndoles que le dejen marchar y a cambio “les daría dos reales o una peseta (2) y él que se iría a donde Dios le cuidase”. Los muchachos no acceden y responden todos a una que “no le dejarán, que el señor alcalde le llamaba”.

Ya en presencia de la autoridad, se inicia el interrogatorio:

-¿Qué dinero has quitado a ese francés en el camino del Vïllar?

-Nada, yo no tengo dinero alguno -responde el ladrón.

-¡Regístradle! -ordena el alcalde.

De entre las piernas le extraen una bolsa de lana y se la entregan a la autoridad local, quien pregunta al francés:

-¿Cuánto dinero os han robado y en qué monedas?

-Dieciséis reales en plata, en una moneda de diez reales nueva, una peseta y un real de plata y veintitantos cuartos.

Abierta la bolsa, las monedas coinciden, aunque faltan nueve cuartos que ya había gastado el ratero. Inmediatamente, el alcalde ordena que sea preso en la cárcel de Aldeanueva de San Bartolomé y asegurado con prisiones. Al cabo de unos días Rafael se escapa de la celda.

Fuente en Mohedas de la jJra, uno de los pueblos escenario de los hechos

Esta es la gota que colma el vaso y la Santa Hermandad envía a Javier de Mejorada como juez comisionado para el caso. Se abren las diligencias y el presunto ladrón se excusa de los hechos diciendo que salió de su lugar a otros a buscar en qué trabajar; sin llevar para su alimento maravedí alguno, ni otra cosa que un pan. Y aunque practicó diligencias no hallo en que emplearse. Y así, en dos días no se desayunó y, viniendo al lugar de Mohedas, encontró en su camino a un mozo calderero a quien, manifestándole su necesidad, le dijo le diese un trozo de pan si llevaba, o para comprar uno, porque si no se lo quitaría. Y que temblando dicho calderero, le expresó no llevaba pan ni más que unos diecisiete reales, los cuales dio al que declara.

En cuanto a la fuga de la cárcel de Aldeanueva, contesta que fueron los regidores los que le soltaron cuando no estaba el alcalde, diciéndole “que se fuese a pedir limosna con su madre de Dios”.

Con motivo de la investigación del asalto al calderero aparecen otros delitos de Rafael cometidos en Mohedas y en Aldeanovita. El año anterior, en compañía de otro mozo, entraron en la vivienda de Domingo Ramos y robaron unos colgaderos de uvas alcanzándolos con un palo. Pero fueron vistos por unos vecinos cuando huían diciendo:

-¡Botova! que hay gente en la cocina -exclamaron al oír el ruido de un almirez.

En otra ocasión a este mismo vecino, “habiendo ido a bellotas al ejido”(3) deste lugar; en el que estaba dicho Rafael, éste, luego que vio al testigo se vino al lugar y se entró en las casas del testigo y, desquiciando una de sus puertas, entró en un cuarto y le quitó veinte reales que tenía en una moneda y con otras de plata en una jarra de la Puente vidriada, entre unos garbanzos que en ella había, los que, luego que vino el testigo del monte, echó de menos con el motivo de que, habiendo entrado en la casa, pisó unos garbanzos y presumió que el dicho Rafael u otro que había  entrado y le había llevado el dinero que tenía en la jarra con los garbanzos

En esta ocasión el ratero es descubierto cuando cambiaba el peso duro (5). La víctima del robo se dirigió a la viuda madre del ladrón y le dijo:

-Vitoria, vosotros queréis que yo os dé que sentir… porque esto de entrar a robar mi casa no se puede aguantar. Tu hijo me ha quitado un peso duro.

-Por el amor de Dios, calla que yo te los buscaré y daré -respondió la pobre mujer.

En viviendas como esta de Aldeanovita se produjeron algunas de las raterías descritas

Rafael acudió por la noche y le devolvió solamente quince reales y diez maravedíes. El valor del dinero restante se lo fue reintegrando su madre en bellotas. A otro vecino, Juan Gudiel, con el que estaba sirviendo, le quitó veinte reales y tres quesos de un arca, mientras que el amo metía una masa de pan en el horno. Un año antes había sido sorprendido después de robar tres ovejas y solamente se pudo recuperar una de ellas ya dezentada (5) de los cerdos y su carne se vendió para las ánimas de Aldeanovita.

En los testimonios se expresa así mismo que por su mal trabajo a nadie le apetece ni quiere tenerle en su casa. Es hombre que no tiene oficio ni hacienda alguna de que mantenerse y se le ve que viste y gasta y come sin tener  trabajo. Rafael es llevado a la cárcel de la Puerta de Zamora en Talavera. Al ser menor de edad judicial en esa época, pues tiene menos de veinticinco años, se nombra un curador ad littem(6) y un letrado que lo defienda.

(1)Con este nombre se conoce coloquialmente a Aldeanueva de San Bartolomé en la comarca de Talavera.

(2) Moneda que tenía un valor de dos reales de plata.

(3) Ejido es el campo comunal de un pueblo inmediato a él, que no se labra y donde suelen reunirse los ganados vecinales o establecerse las eras.

(4) Se refiere a la moneda de 20 reales.

(5) Equivale a encentada y en este caso viene a significar mordisqueada o comenzada a comer.

(6) Tutor legalmente nombrado por el juez para el cuidado de la hacienda y la defensa de las causas o pleitos de alguno, que por ser menor de edad, o falto de juicio, no puede defender-se por sí.

LA IGLESIA DE SAN ANDRÉS

LA IGLESIA DE SAN ANDRÉS

Fragmmento del dibujo de la historia de Talavera del padre Torrejón donde aparece la iglesia de San Andrés detrás de la puerta de Cuartos

HISTORIA

La historia del barrio de la Puerta de Cuartos ha estado siempre relacionada con la iglesia y parroquia de San Andrés. Alrededor de ella giró la vida de esta popular barriada que aproximadamente coincide con los llamados arrabales viejos de la ciudad de Talavera. En el fondo del Monasterio de San Clemente de Toledo del Archivo Municipal de Talavera aparece la parroquia de “Sant Andree” en la escritura de unas casas vendidas en 1203. Otro documento de la Colegial de 1477 habla de la venta del huerto de un judío «en la collaçion de la iglesia de San Andrés». El templo primitivo debía ser de notable antigüedad porque al levantar los cimientos para realizarse las obras de reconstrucción de 1560 se encontró, como en la iglesia de San Miguel, «debajo de tierra un sepulcro labrado de ladrillo en el qual avía un pedaço de grana colorada y otras cosas que mostraban averse enterrado allí persona principal».

Panel de azulejos del siglo XVII que representan a San Andrés sobre la puerta norte del templo

La escasez de población en su entorno hace que durante el siglo XV este templo se convierta en anejo de la iglesia de Santa María o «Colegial», cuyo cabildo «ponía en ella un capellán que dijese misa, sin que hubiese en ella sacramento ni se enterrase en ella». Pero en 1520 «era esta parroquia por su mucha vecindad y mucho trabajo, de gran embarazo para la Colegial, y así acordó en cabildo de ponerla en manos del arzobispo de Toledo, que a la sazón lo era el Cardenal don Guillermo de Croy para que le proveyera de cura propio escribiéndole a Flandes…». Así, el seis de Junio de ese año, comienza la andadura independiente de esta iglesia con un tal Juan Velázquez como cura párroco de la misma.

«Era entonces esta parroquia muy estrecha y estaba muy mal parada de calidad que amenazaba ruina, por lo cual el año de 1560, siendo cura propio de ella el Ldo. Pero López natural de esta villa, deseoso de reparar su iglesia, dio traza de que entre los vecinos de su feligresía se hiciese un ofertorio que bastó para derribar lo viejo y crear cimientos de muy fuerte mampostería y se fue continuando esta fábrica hasta dejar acabada la capilla mayor; que después compró para su entierro Gaspar de Carbajal , hidalgo principal de esta villa.»

Pequeña torre espadaña mudéjar de la iglesia de San Andrés

Para ello nombró como «capitán a un hombre de poca hacienda pero grande ánimo» llamado Juan Gómez de la Torre, que comenzó a granjearse gran número de «soldados». Este Juan arrendaba el río para vender la pesca y «permitió Dios por su buena intención que prendiese en las redes y cayeran en los cañales tanta abundancia que tenía que echar algunos en el río … Con estos ingresos  vestía y armaba a sus soldados causando en la villa tanto regocijo en sus salidas, que animados también  por el ejemplo del «capitán», que ofreció muchos ducados, ofrecieron todos con ánimo devoto tanta cantidad que se començo luego a labrar la yglesia de Sant Andrés desde los cimientos». Nos encontramos ante una interesantísima descripción de uno de esos ritos festivos conocidos como soldadescas que, en este caso, tenía la función de obtener fondos para la reconstrucción de la iglesia. Posteriormente otros dos “capitanes” consiguieron fondos para el artesonado de la capilla y la sacristía, ya que el tejado de las tres naves iniciales se acabó en madera tosca por haberse terminado los fondos de la primera iniciativa.

En 1596 se permitió custodiar en ella el Santo Sacramento por comisión del talaverano, entonces gobernador del arzobispado, García de Loaysa y Girón que, a su vez, obtuvo permiso del príncipe Alberto, cardenal y arzobispo de Toledo. Presidió la ceremonia el abad de la iglesia de “Santiuste” de Alcalá de Henares con gran concurrencia del pueblo, el regimiento y el cabildo de la Colegial.

Cuenta Francisco de Soto que «Pasados algunos años, y siendo cura de esta iglesia el Ldo Juan Bautista Baillo, la quitó los pilares de ladrillo que tenía a los lados, y la dejó de una nave muy capaz y la acabó de levantar y perfeccionar con la capacidad y hermosura en que hoy está, en que gastó mucha cantidad de ducados de su propia hacienda, de que nos dejó memoria de su gran ánimo y celo».

Pila bautismal y azulejería de florón en la iglesia de San Andrés

Durante el siglo XVIII la iglesia y el barrio estuvieron fuertemente vinculados a la Real Fábrica de Sedas que se encontraba en su demarcación. Así lo refiere su párroco en 1784: «En el distrito de esta parroquial están establecidas las Reales Fábricas de Sedas, por el señor D. Fernando el sexto en el año de 1748, en las que se trabajaban todas las manufacturas de esta especie y texidos tanto anchos como angostos, de todas calidades y colores, con oro, plata y sin ellos, tisúes y demás telas de cualesquiera clase tanto en las que caben en seda fina como la filoseda y toda clase de media de telar». Algunas casullas y capas pluviales que se conservan en la sacristía son de gran belleza y seguramente proceden de dicha Real Fábrica.

A principios del siglo XIX la amenaza de ruina motivó que de nuevo se hicieran reformas en el templo, principalmente en la techumbre. Durante la Guerra Civil sirvió como refugio a los huidos republicanos.

Prendas religiosas labradas en las Reales Fábricas de Seda

DESCRIPCIÓN

       «La iglesia es de una sola nave con cabecera separada por arco triunfal de medio punto y de sección ochavada, aparejado en ladrillo. Al fondo hornacina abocinada que soporta el retablo.

El coro se sostiene por sendos pies derechos de fuste circular y orden dórico; balaustre de madera de bolillos. Zócalo de cerámica, probablemente del siglo XVII.

Se cubre la nave por cerchas de madera a dos aguas y el cabecero por artesonado. Bajo el coro, pila bautismal  gótica cerrada con madera de bolillos del siglo XVIII.

El exterior es una fábrica de aparejo toledano que refleja fielmente el interior. Destacan los contrafuertes laterales, la espadaña en el hastial del pie y el ábside curvo del cabecero. Se cubre a dos aguas.»

Cuadro que representa la adoración de los magos copia de un Tiépolo en la iglesia de San Andrés

Esta descripción pertenece al inventario del Ministerio de Cultura y a ella podemos añadir algunos detalles. En el exterior destaca sobre la puerta de acceso de la fachada norte un panel de azulejos del siglo XVII representando a San Andrés mientras que en la sur se encuentra la primitiva espadaña de aspecto más antiguo que el resto de la fábrica del templo y que no carece de encanto.

En el interior debemos destacar el gran lienzo central del retablo, una pintura del siglo XVII representa al patrón de la iglesia y que algunos autores atribuyen a Maella. En este cuadro es de destacar la buena factura del rostro del santo. Sobre ella se sitúa un lienzo más pequeño con el motivo del bautismo de Cristo. Otras dos pinturas completan el patrimonio pictórico de la iglesia, una copia de la Adoración de los Magos de Tiépolo pintada en el siglo XIX y un cuadro de la Entrega de las Llaves a San Pedro, que podría, según César Pacheco, haber formado parte de uno de los altares laterales que estaba dedicado a este santo y cuya  interesante azulejería pasó luego a decorar el altar mayor.

Parte de la cerámica y  ajuar parece que pertenecieron a la desaparecida iglesia de San Clemente, como es el caso de un aguamanil de cerámica del XVI que lleva la leyenda “Soi de San Clemente”. Del mismo material, época y autor es una pila de agua bendita de cerámica, también de gran calidad pero cuya cruz de San Andrés dibujada en el centro nos orienta a su pertenencia a la propia parroquia. No debemos dejar de reseñar el artesonado octogonal en madera de lacería mudejarista tardía así como la cerámica de la sacristía.

Es de destacar también la decoración pintada de sus muros recientemente descubierta.

Aguamanil de cerámica de talavera del siglo XVIII procedente de la antigua iglesia de San Clemente

Todavía permanece encastrada en sus muros la inscripción que el sobrino del arriba mencionado mecenas de esta iglesia, Gaspar de Carvajal, mandó colocar en el siglo XVII para recordar la protección y las obras que realizó su tío enterrado en la capilla mayor. Algunos de los bancos con escudo en marquetería, y puede que alguna imagen, proceden del cercano convento de El Carmen. Debemos por último referirnos a otras imágenes como un Cristo crucificado del siglo XVII y un probable San Juan del XVI que se encuentran en la sacristía así como un San José que está en un lateral de la nave del templo y, según Nicolau de Castro, parece tener ciertas características que orientarían hacia talleres de la escuela madrileña del siglo XVIII.

FOTOS ANTIGUAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA PRESA DEL ALBERCHE

LA CONSTRUCCIÓN POR LOS PRESOS DE LA PRESA DEL ALBERCHE

Portadilla decorada con motivos cerámicos talaveranos de la memoria de la construcción de la presa y los canales

Traemos hoy una serie de fotografías de la construcción de la presa de Cazalegas que serviría para llevar el agua al canal Bajo del Alberche. Los regadíos que conllevó esta obra realizada por el régimen del general Franco con la mano de obra de presos forzados republicanos fue la causa principal del crecimiento de Talavera de la Reina en los años 60 y 70.

La presa es en realidad un dique hecho por la acumulación de la tierra extraída de las elevaciones del lado sur del embalse recubierta con hormigón. Reproducimos también algunos planos y esquemas, la mayor parte extraídos de la documentación de un estudio publicado por el ministerio de Obras Públicas de entonces.

Croquis de la presa del Alberche

Terrero de donde extraía la tierra para hacer el dique de la presa.

Excavación de los pilares de la presa

Construcción de los pilares de la presa

El dique de tierra, base de la presa

Otra instantánea de la construcción de los pilares de la presa de Cazalegas

Muro y pilares más avanzados en la obra de la presa

El muro avanzado ya de la presa del Alberche

Croquis de la presa de Cazalegas

Construcción del muro de hormigón y las torretas de las compuertas de la presa

Construcción de los aliviaderos de la presa de Cazalegas

Sistemas de elevación de las compuertas

Presa del Alberche ya casi finalizada

ARQUITECTURA POPULAR SIERRA SAN VICENTE (2) MAJADAS, CHOZOS, MOLINOS…

Majada reutilizada como zahurda

Otras construcciones del ámbito rústico de la Sierra de San Vicente son, por ejemplo las majadas o “majás”. Estas edificaciones abundan en el término de El Real de San Vicente y principalmente en los arroyos de Valdesanvicente y el Budial. Como quiera que los parajes por donde discurren estos arroyos están relativamente alejados del núcleo urbano, en estas “majás” se hacía vida durante épocas determinadas del año, ya sea para aprovechar los pastos frescos. Para la montanera de los encinares cercanos, o para la cosecha del escaso cereal que se cultivaba en estas tierras.

Boyería con pesebres de granito

Constan, en general, de un pajar casi siempre abierto por uno de sus lados con pilares de enebro o machones de piedra entre sus vanos, y tejado a una o dos aguas según su amplitud, de unas zahurdas para los cerdos de la matanza familiar, de una cocinilla para el alojamiento que en ocasiones se encuentra exenta y otras veces es una pieza del pajar, mejor o peor aislada del recinto de los animales y que se calienta mediante una chimenea que en el capítulo anterior denominábamos “de esquina”.

Pilares de piedra y enebro y techumbre de una majada

Un muro cierra el recinto por delante de estos edificios formando el corral. Dentro del alargado pajar se almacena el forraje y al mismo tiempo se resguarda el ganado, vacuno u ovino, por lo que se pueden encontrar dentro de él y del corral tanto pesebres como bebederos de piedra o de grandes troncos vaciados.

Majada con pesebre fabricado con un tronco vaciado

Pueden añadirse en ocasiones a las dependencias referidas algún gallinero e incluso una cuadra para las caballerías. Podemos también encontrar las dependencias antes referidas aisladas, sin agruparse en majadas y así, es frecuente encontrar zahurdas o “chajurdas” aisladas en montes o dehesas. Las parideras, donde las crías de cerdos, ovejas o cabras pasan más protegidas de las inclemencias sus primeros días de vida.

Parideras en San Román de los Montes

Estas construcciones son muy características de estas sierras y consisten en cubículos de un metro y medio de lado aproximadamente, techados con falsa bóveda y pegados lateralmente unos a otros, sin ningún hueco exterior salvo la pequeña puerta por donde accede el animal al interior. Estas Puertas se alinean de cara al corralillo común y según su número, hasta veinticinco, se disponen linealmente o en forma de U.

Chozo en Hinojosa de San Vicente

La portalera es la denominación que se da en Castillo de Bayuela a la unión de un pajar-cuadra con un corral y a veces una cocinilla. Ya hemos comentado que la arquitectura de la Sierra de San Vicente es una arquitectura eminentemente  granítica, como graníticos son todos los bienes inmuebles del patrimonio etnográfico de la comarca; las fuentes abovedadas de gran belleza, cuyos prototipos son las de Almendral y La Iglesuela, las cruces y calvarios, los puentes  con aspecto casi megalítico por el empleo de grandes lajas de granito de hasta cuatro metros de longitud, los lavaderos con sus agrupaciones de varias pilas con las iniciales del dueño grabadas, los pesebres de cuadras y boyerías y los edificios industriales tradicionales, lagares y molinos.

Puente de granito en Marrupe

Los molinos de esta comarca son muy numerosos, ya que las pendientes considerables y los caudales no muy abundantes, pero sí bastante continuos, hacen de esta pequeña sierrecilla un lugar idóneo para su construcción, y de hecho ya en el siglo XV, hay constancia documental de la existencia de algunos de ellos, aunque dedicaremos capítulos sucesivos de esta serie a su descripción, diremos aquí que son construcciones de gran belleza, con concentraciones importantes en el arroyo Saucedoso junto al llamado Puente Romano de Castillo de Bayuela; en el arroyo que discurre por el mismo casco urbano de El Real de San Vicente, en el arroyo Guadmora.

Lavadero en Segurilla

Su cárcavo, hueco abovedado o adintelado que aloja el rodezno al cual mueven las aguas, es su característica más vistosa, en cuanto a la estética del edificio, junto al cubo en el que se acumula el agua antes de mover al salir por el saetín, el rodezno que al girar movilizará la piedra volaera del molino. Aunque el sistema de receptor de cubo es frecuente también la rampa lo es, y otro tipo muy característico de esta tierra, el tubo. Movidos con este sistema existen varios ejemplares en la Garganta Tejea, es esta peculiaridad  una de las muchas muestras de la influencia de las vecinas tierras abulenses en la arquitectura popular local.

Molino de Agua en Hinojosa de San Vicente

Otra construcción popular es la ermita ya que se suele guiar por las mismas pautas utilitarias que el resto de edificios de la arquitectura tradicional. En esta tierra las ermitas suelen ser de planta cuadrada aparejo de sillarejo más o menos elaborado, algunas enjalbegadas e incluso otras como la de Nuño Gomez con un pequeño pórtico de columnas de piedra. El tejado es a cuatro aguas y son ejemplos típicos las de Marrupe, Hinojosa, Almendral o Pelahustán, aunque otras como las de Navamorcuende o la de Guadyerbas son más bien iglesias y se salen del ámbito de la arquitectura popular.

Fachada de San Román con decoración de motivos pastoriles

Salvo algún esgrafiado o algún dibujo popular en revocos o chimeneas, ya hemos hecho referencia a la sobriedad decorativa, aunque existen algunas excepciones como la encantadora decoración dibujada del altar y la hornacina de la ermita de San Roque en Hinojosa, o una fachada pintada con motivos pastoriles en una casa de San Román.

Los herrajes son igualmente sobrios, así como las cerraduras y rejería, ´típicamente castellana machihembrada, solamente destacar la frecuencia de unos picaportes con formas sugerentemente eroticas que dibujan infantilmente unos órganos sexuales masculinos.