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EL PUSA POR SANTA ANA HASTA LA CUEVA DE MORALEDA

EL PUSA POR SANTA ANA HASTA LA CUEVA DE MORALEDA

Puente y pequeño cañón del Pusa en Malpasillo

Santa Ana de Pusa es el pueblo más pequeño del señorío de Valdepusa, compuesto por Malpica, antigua capital del estado nobiliario, San Martín de Pusa y Navalmoral de Pusa, uno de los pueblos que en su origen formaron, junto a Navalmoral de Toledo, lo que hoy es la localidad de Los Navalmorales.

Los mayores atractivos de Santa Ana están en torno a su río con los parajes en que el Pusa va encañonado, sus molinos o su puente de Malpasillo y la cueva del bandido Moraleda, el más conocido y nombrado de la comarca. También hay algunos rincones y elementos interesantes en su arquitectura popular.

Chozo en Santa Ana de Pusa

El río vamos a recorrerlo en nuestro paseo de hoy, pero antes conoceremos su interesante fiesta de San Sebastián, tal vez el atractivo más peculiar de esta localidad situada entre canchales, olivos y almendros.

LOS PERROS DE SANTA ANA DE PUSA

La fiesta de San Sebastián celebrada el 20 de enero en este pequeño pueblo de Valdepusa, es uno de los ritos más arcaicos que se conservan entre las celebraciones festivas de nuestra comarca, aunque describimos y analizamos esta curiosa fiesta en otra entrada de este blog en la pestaña de «Fiesta y Rito».

Quintos vestidos de perros» de San Sebastián en Santa Ana de Pusa

En la madrugada del día veinte de Enero los muchachos que componenn la quinta de ese año se visten de «perros». Llegaban antiguamente a ser más de cuarenta mozos, en las épocas de mayor población del lugar, los que se disfrazaban con pieles de animales,  generalmente de cabra o de ternero. Los jóvenes tiznaban además sus rostros de negro, para conseguir así un aspecto más sobrecogedor. A la espalda llevaban y aún llevan colgado un gran cencerro.

Imagen de San Sebastián con su decoración vegetal y otros elementos típicos de un rito de fertilidad

Los perros ya vestidos acechan a las mozas desde primera hora para intentar «mearlas». Deambulan por todas las calles «meando» a las solteras con una bota llena de agua. Las chicas tienen a gala hacer enojar a los mozos huyendo de ellos e intentando evitar que las empapen. Se encierran en las casas y los “perros” escalan muros y balcones ante la mirada condescendiente de los padres de ellas que les invitan a vino y dulces. Tradicionalmente las primeras afectadas eran las componentes de las cuadrillas que se dirigían a recoger la aceituna, labor desarrollada en esta época invernal. El vino y chorizo obtenido en el recorrido por casas y calles del lugar es compartido por todo el grupo.

Artesonado de la iglesia parroquial de Santa Ana

En cuanto a la gastronomía, es típica la elaboración del «hornazo». Curiosamente, en este caso no es una empanada rellena de carne sino un dulce que, como muchos de los elaborados durante las fiestas de invierno, tienen entre sus componentes los anises, además de la clara de huevo con azúcar que adorna con dibujos la superficie de la masa. Las «roscas» son dulces similares pero de menor tamaño, que se destinan a invitar a las visitas en los domicilios. También se colocan dulces como «ofrecimiento» delante de la imagen de San Sebastián en la iglesia.

A la misa acuden también los “perros”, aunque en cierta ocasión un párroco intentó evitarlo, dadas las raíces paganas de la fiesta que luego analizaremos. A la salida se celebra la procesión con el santo, que es llevado y custodiado también por los perros. La imagen va adornada con ramón de olivo del que cuelgan naranjas y roscas, y detrás va el párroco y los demás asistentes a la ceremonia que recorren la «carrera» o trayecto habitual de la procesión.

Horno en una labranza de Santa Ana de Pusa

SIGUIENDO EL RÍO

Partimos de Santa Ana siguiendo el llamado camino de Retamoso, por el que llegaremos hasta la orilla del río, donde se encuentra el molino del Álamo y la balsa que dejaba su presa. Continuamos río abajo por la orilla derecha recorriendo el valle del Pusa, que aquí es ancho y poblado de olivos y almendros.

Pasamos bajo el puente de la carretera, o lo salvamos por arriba según venga el caudal. El río se empieza a encajonar en el granito de forma que en algunos lugares casi se puede pasar de un salto, por lo que, como en otros lugares similares, ha quedado el topónimo de Malpasillo. El puente viejo que nos encontramos a continuación está construido en ladrillo y da al paraje, junto con el llamado molino del Puente, cierto aire pintoresco.

Fuente de los Burros en Santa Ana

Seguimos descendiendo junto a la corriente por la orilla derecha atravesando un paisaje de encinar, entre berroqueños bloques graníticos en los que hay labradas en la piedra algunas de esas sepulturas rupestres llamadas “lucillos”. Vamos en un paseo agradable observando las pozas y chorreras del río hasta llegar a un arroyo que pasamos para llegar al paraje donde se encuentra la Cueva del Bandido Moraleda, donde cuenta la tradición que se escondía este hombre que existió realmente, pero al que se han atribuido aparte de los verdaderos una serie de hechos más bien fantásticos que entran más bien en el campo de lo legendario. También hay una entrada en este blog, en la pestaña de «Personajes» sobre este bandolero.

Retrato del bandido Moraleda

Seguimos por la orilla hasta el lugar donde se abre nuevamente el paisaje fluvial, saliendo el Pusa del pequeño cañón granítico y contemplamos una magnífica vista.

Cerca de la Cueva de Moraleda, tal  como indica el plano, tomaremos si lo deseamos el camino vecinal entre Santa Ana y San Bartolomé para volver más rápidamente.

EL PUSA POR LOS NAVALMORALES

EL PUSA POR LOS NAVALMORALES

Rebaño de cabras bebiendo en el Pusa

Nuestro río recorre ahora el término de Los Navalmorales, localidad de la que hablamos más abajo

Bajamos el río Pusa desde el puente de la carretera de Los Navalmorales a Espinoso, en cuyo entorno conocimos ya el molino de Bodegas y sabemos que discurría una calzada romana de la que quedan algunos tramos. Como romanos son los restos encontrados en el término de Los Navalmorales por Palomeque Torres.

Molino de Valgrande en el río Pusa

Sigue el cauce en término de Los Navalucillos hasta el molino de Valgrande y discurre brevemente por término de Los Navalmorales hasta el molino y labranza de Colado. El valle va haciéndose más ancho con algunos labrados y barechos y alguna zona de regadío y pastos que a veces de regaban con los canales de los molnos. Fresnedas y algunas choperas pespuntean el cauce y de las barreras ya menos pendientes hay manchas de bosque mediterráneo y algún olivar.  Por encima se extiende las grandes llanuras de las rañas jareñas.

Perspectiva de Los Navalmorales con su iglesia parroquial

El pueblo de Los Navalmorales es llamado así por estar antiguamente dividido en dos: Navalmoral de Pusa población del señorío de Valdepusa y Navalmoral de Toledo, aldea del alfoz de la Imperial Ciudad. Navalmoal de Pusa fue la última de las aldeas del señorío de Valdepusa y durante mucho tiempo fue aldea de San Martín de Pusa.

Navalmoral de Toledo estaba incluida en la comarca histórica de los Montes de Toledo. Dependía de la cuadrilla de Santa maría de la Herrera, donde había minas y ferrerías y su repoblación comenzó con dos vecinos de La Puebla de Montalbán.

Los dos pueblos, separados por el arroyo, al fusionarse en el siglo pasado formaron la actual localidad, que es centro de comunicaciones y  capital económica actual de la comarca de Valdepusa.  Se hizo villa durante el reinado de Felipe IV  y se ha reproducido en la plaza del ayuntamiento el rollo de 1655 que lo simbolizaba.

Rollo reproducido de Los Navalmorales frente al ayuntamiento

Podemos ascender a la ermita del Cristo que, aunque es edificio sin interés, se levanta en la cumbre de la sierrecilla cercana, y es ideal para contemplar las tierras rojas de las rañas, los barbechos y los extensos olivares con su recomendable puesta de sol al atardecer.

Vista de las rañas y olivares de Los navalmorales desde la ermita de San Sebastián

Tiene Los Navalmorales otras dos ermitas construidas en ladrillo, una de ellas junto al cementerio y otra que en realidad fue la iglesia de Navalmoral de Toledo. La iglesia parroquial es una buena construcción dieciochesca en ladrillo y sillería con buena rejería en el ábside y una estilizada torre.

Detalle de una reja en la iglesia de Los Navalmorales

Otros parajes dignos de una visita eran los antiguos baños medicinales, de ellos parte un arroyo rodeado de huertecillos y agradable para el paseo.

El río Cedena también pasa al este del puebloy quedan en él restosde molinos y de una presa para dar luz eléctrica que solamente duró un día al parecer, rompiéndose la primera noche en que se llenó, pero de ello hablaremos otro día. El arroyo Navajata tiene también parajes pintorescos y algunos molinejos de arroyo y su paseo también es agradable.

Arquitectura popular de Los Navalmorales

También son curiosos los estos de las instalaciones de las antiguas minas de La Herrera, situados junto a la carretera que conduce a Navahermosa y que abastecieron de mineral a las ferrerías del Mazo en Los Navalucillos.

También hubo un convento del que hoy quedan pocos restos, aunque es curioso todavía ver la inscripción de VIVA UGT, SALUD en un escudo de los frailes como recuerdo de haber sido también la Casa del Pueblo en tiempos de guerra.

Escudo del convento con la inscripción de UGT

En Los Navalmorales, podemos comer platos caseros y caza en varios establecimientos y a precios muy asequibles. También se celebra una feria anual de artesanía y productos autóctonos de interés.

No debemos marcharnos sin adquirir aceite de oliva virgen de la mayor calidad y de menor coste que los embotellados. Hay dos cooperativas en Los Navalmorales y otra en San Martin donde comprarlo y reponerse del viaje con una rebanada de pan de pueblo con aceite y azúcar.

Capillita del cristo con cerámica de Talavera en Los Navalmorales

En San Martin y en Los Navalmorales se fabrica un mazapán exquisito. Almendra y azúcar como únicos componentes y horno tradicional con leña de retama, tienen el secreto, aunque sus habitantes son llamados cariñosamente en la comarca chocolateros, tal vez por las fábricas de chocolate que hubo en el siglo XIX. Otra actividad muy característica del pueblo la herrería pues de sus fraguas salieron herraduras y otros objetos que dieron trabajo a muchos de sus habitantes.

Restos de las instalaciones de La Herrera

RÍO PUSA (3) PUSA ABAJO DESDE NAVALUCILLOS

VAMOS PUSA ABAJO DESDE NAVALUCILLOS

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La caza es elemento fundamental de su gastronomía, de la que además podemos disfrutar de una forma muy lúdica con su afamada tradición de los cortos de cerveza acompañados de magníficas tapas tradicionales, especialmente los domingos y festivos.

Artesanía pastoril de cuero en Los Navalucillos

No debemos marcharnos sin llevarnos aceite de oliva virgen de gran calidad, sus quesos o la miel que se produce en sus montes, y los embutidos y la carne de sus granjas intensivas de cerdos. En cuanto a su artesanía era conocido el pueblo por su cacharrería, sus dulces, la guarnicionería tradicional, con artículos como cinturones, bolsos y otros productos relacionados con la caza, que es otra gran actividad económica de la comarca. También hay alguna fábrica de muebles artesanos.

Artesanía del barro en Los Navalucillos

La fiesta principal es San Sebastián, con sus luminarias, la procesión y las roscas del santo. Las fiestas patronales son el 8 de septiembre y son las típicas fiestas rurales de verano. El segundo domingo de  mayo se celebra la Virgen de Herrera.

Procesión de San Sebastián en Los Navalucillos

También se festeja el carnaval aunque ha perdido algunos de sus elementos más primitivos como los “marraches”, quintos disfrazados y tiznados los rostros moviendo sus cencerros.

Como otros pueblos serranos, han sido siempre numerosos los artesanos, como marroquineros, cacharreros, labores textiles, forja o madera. El trato en general y el de caballerías en particular fue otra de las actividades típicas de este pueblo.

Molino de Bodegas sobre el río Pusa

El río Pusa, una vez pasado el Mazo y la carretera que desde Los Navalucillos va Robledo del Buey se va haciendo menos serrano  ya que discurre como otros ríos jareños en los vallejuelos típicos de La Jara que cortan esas llanuras peculiares de la comarca que son las rañas.

Hay manchas de bosque mediterráneo de chaparreras y encinares, barreras cultivadas y encinares. También hay varios molinos y un puente del siglo XIX.

Puente sobre el Pusa en

Llegamos así hasta el molino de Bodegas, junto a la carretera que va de Los Navalmorales a Espinoso del Rey. En esa zona hay restos de una calzada que puede ser la que discurría por Ispinum al norte del Tajo camino de Emérita Augusta desde Toletum.

Navalucillos tiene un entorno serrano incluido en parte en el parque de Cabañeros y que conoceremos en nuestra ruta, y otra parte más baja de rañas y labrados donde el olivo predomina en el paisaje con grandes extensiones, como la que podemos disfrutar recorriendo una pista que une el pueblo con Santa Ana de Pusa.

Zahurda típica de la arquitectura popular de Los Navalucillos

EL PUSA POR LOS NAVALUCILLOS

EL PUSA POR NAVALUCILLOS

Presa arruinada y compuerta del canal del Mazo en el Pusa

Un poco por debajo del muro de la presa del Pusa hay una presa derruida de la que parte un canal que es agradable seguir porque facilita el paseo por las riberas hasta llegar a un edificio de gran importancia para la arqueología industrial.

Canal de agua que movilizaba las ferrerías del Mazo en Navalucillos

Se trata de las ferrerías del Mazo que también dan nombre a un paraje con merenderos donde se bañan los vecinos y visitantes. El hermano de Michelin, inventor del neumático, fue uno de los ingenieros de estas instalaciones y está enterrado en este pueblo. El dueño fue el empresario Safont, que también da nombre a unos molinos de Toledo y otras instalaciones industriales y mineras de la época. Vale la pena curiosear entre las viejas y arruinadas instalaciones que utilizaban la energía hidráulica del río Pusa.

Las arruinadas ferrerías del Mazo

VAMOS A DAR UNA VUELTA POR LOS NAVALUCILLOS

Esta es una localidad cuyo nombre en plural se debe a que está formada en realidad por dos localidades repobladas en la Edad Media, y que históricamente tuvieron dependencia la una de Toledo, formando parte de los Montes de la ciudad de Toledo, y la otra que era Navalucillos de Talavera y por tanto formaba parte de La Jara, la tierra histórica de Talavera. En el siglo XVIII se unieron ambas poblaciones, que en realidad solamente estaban separadas por una calle, y con esa unión consiguieron uno de los términos de mayor extensión de la región. “Nava” es una llanura elevada y húmeda y “lucillos” son los sepulcros rupestres de piedra que se encuentran repartidos por la zona y que están datados en época altomedieval, aunque algunos los remontan a los visigodos.

Arquitectura tradicional de Los Navalucillos

Es una localidad que llegó a contar con más de cinco mil habitantes y que todavía hoy tiene en la ganadería y en la agricultura, especialmente el olivo, sus recursos más importantes, además del incipiente turismo, que se ha incrementado con su inclusión algo artificial en el parque de Cabañeros, pues es La Jara su comarca natural, muy vinculada en todos los aspectos con Talavera de la Reina. Las primeras referencias al lugar aparecen en documentos del siglo XII. Tuvo una importante colonia judía y algunos quieren ver su legado en algunas costumbres populares actuales.

Decoración de la iglesia de Los navalucillos

Debemos dar una vuelta por el pueblo observando su característica arquitectura popular que utiliza la mampostería de cuarcita con el ladrillo graciosamente combinado, aparejo que para algunos deriva no solo de la tradición mudejarista de la zona, sino también de las cuadrillas de albañiles portugueses que vinieron por aquí hace un siglo aproximadamente.

Ermita de la Virgen de Las Saleras en Los Navalucillos

La iglesia parroquial está construida en ladrillo y aunque es modesta en su estructura, guarda un magnifico retablo barroco de la escuela de Churriguera, y por tanto cuenta con una recargada decoración aunque muy armónica, con sus dorados, sus columnas salomónicas y sus motivos vegetales ornamentales.

También debemos visitar la bonita ermita de la Virgen de Las Saleras levantada en ladrillo y decorada en su interior con algunas pinturas alegóricas de la Virgen hechas en el siglo XIX, aunque el edificio fue construido en el siglo XVII.

retablo de la ermita de la Virgen de Las Saleras

EL ALTO PUSA

EL ALTO PUSA

Zona de nacimiento del Pusa con sus robledales

El nombre del río Pusa parece que deriva de la existencia de «posadas» de colmenas en todos estos montes de La Jara que fueron donados por el rey Fernando III el Santo a Talavera para que las repoblara. Toda la zona y especialmente la del nacimiento se conocía como Dehesa de las Pusiellas.

Nuestro río nace cerca de la aldea de Piedraescrita al oeste del monte Viezo, para dirigirse entre robledales y, jarales y brezales hacia el norte para pasar cerca de la aldea de Robledo del Buey, uno de los tres pueblecitos que se encuentran en la parte serrana del extensísimo término de Los Navalucillos, cabecera del municipio de la que hablaremos en futuros capítulos.

Robledo del Buey visto desde el collado de la Ermita

También cuenta Navalucillos con otras dos encantadoras aldeas de hermoso nombre, Los Alares y Valdeazores, que se reparten también su extenso término serrano y que cuentan con algunos rincones de bonita arquitectura popular en mampostería de cuarcita y pizarra, con algunos molinos, zahúrdas, chozos, majadas etc… Estas dos pedanías no se encuentran en el valle del Pusa sino que vierten sus aguas hacia el Guadiana por lo que hablaremos de ellas otro día.

Las tres aldeas tienen iglesias muy modestas pero su localización y su naturaleza agreste son de gran belleza.

Escena en Robledo del Buey

Desde Robledo del Buey el río llega a una zona de picnic y en las tablas del río podremos refrescarnos. Poco después la corriente llega a Las Becerras, donde en una zona de esparcimiento podremos comer y bañarnos. La vista desde el inicio del camino que desciende a las Becerras sobre el valle del principal afluente serrano del Pusa, el arroyo del Chorro, Al fondo a la izquierda la mayor elevación de estas sierras, el monte Rocigalgo.

Todas estas sierras estaban salpicadas de pequeñas labrancillas que llamaban piujares o «atalantos» que en invierno encendían fuego para espantar a los lobos. Se cultivaban pequeños huertos y frutales y se explotaba algo de ganado, pero en gran parte desaparecieron con las repoblaciones forestales.

Estos montes fueron escena de las correrías de los maquis o guerrilleros antifranquistas en la posguerra y también de golfines y bandoleros en la Edad media, cuando eran perseguidos por la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera.

Valle de las Becerras con el Rocigalgo y el chorro al fondo

En este capítulo nos referiremos a una bonita excursión al «chorro» la cascada que da nombre a ese arroyo.

La mayor parte de las rutas que son de interés en el término de Los Navalucillos se encuentran situadas en el Parque de Cabañeros, por lo que se debe pedir permiso para adentrarse en sus montes.

Es el caso de la excursión al Chorro, arroyo afluente del Pusa que cuenta en las faldas del Rocigalgo con unas cascadas muy pintorescas rodeadas de una vegetación de gran interés con tejos, loros, robles, arces de Montpellier etc.

El chorro de Los Navalucillos

Desde Las Becerras tomamos el camino que, en dirección sur, se dirige hacia el paraje del Chorro discurriendo paralelo al arroyo del mismo nombre. En el arroyo de El Chorro, que es afluente del Pusa, encontramos una cascada de unos quince metros de altura pero muy pintoresca por su entorno y su vegetación. Se precipita sobre una charca de aguas trasparentes, en un paraje de gran belleza, sobre todo en invierno, cuando se llega a helar la chorrera. Podemos durante el camino observar árboles singulares como el tejo e incluso, en las umbrías más altas, acebos y abedules.

Podemos después subir paralelamente al arroyo para llegar al pico Rocigalgo, pasando por un hermoso rebollar, donde no será extraño ver algún corzo o venado campando a sus anchas, en un paisaje que se va haciendo cada vez más agreste.

Llegamos a Rocigalgo, que es el pico más elevado de los montes de Toledo y La Jara con sus 1448 metros de altura. Desde allí la vista es impresionante, con un mar de montañas de suave perfil a nuestros pies, con sus pedrizas o canchales y las cresterías de uno de los relieves más antiguos, geológicamente hablando, de la península.

Sale el río Pusa encajonado del valle de las becerras y un embalse retiene sus aguas en un paraje de hermosas vistas.

Embalse del Pusa en la sierra de Navalucillos

UN siglo EN EL QUE nuestra COMARCA FUE ESCENARIO histórico

UN SIGLO EN EL QUE LA COMARCA FUE ESCENARIO

Castillo de Montalbán, donde se ocultó el rey Juan II con don Álvaro de Luna

Juan II y su valido Álvaro de Luna, después de haber huido de Talavera y del secuestro del rey por su primo el infante de Aragón, pasaron tres semanas en el castillo de Montalbán, hasta que volvieron nuevamente a Talavera al retirar el infante don Enrique el asedio.

Pasó el Rey en nuestra ciudad los días de Navidad de aquel año de 1420 rodeado de la corte que celebró la victoria de don Juan. Para ello acudió también el rey de Navarra, que había llegado a serlo por matrimonio y durante cuyas bodas precisamente intentó su hermano Enrique hacerse con el poder secuestrando al Rey.

Alcázar de Talavera, donde residían en la época los reyes en sus estancias en Talavera

Volvió en otras ocasiones Juan II el Débil a Talavera en este siglo pleno de luchas entre facciones de nobles y la realeza. Como la sucedida en 1442, cuando el enfrentamiento se producía entre el propio Juan II y su hijo Enrique IV el Impotente.

En este caso, Pero Suárez, hijo del señor de Oropesa, toma nuestra villa declarándose partidario del futuro Enrique IV. Garciálvarez, su padre, que fiel al rey le había seguido en su huida al castillo de Montalbán, es apresado en esta ocasión por Juan II, por lo que después de unos días su hijo abandona el sitio de la ciudad y el Rey perdona a los sublevados dejando marchar a su padre a Oropesa.

En muchas de las luchas que hubo durante el reinado del rey Juan II la Santa Hermandad de Talavera aportó fuerzas armadas a los bandos en contienda.

Otro de los datos que nos hablan de la vinculación de Juan II a nuestra ciudad es que Alonso Martínez de Toledo, el Arcipreste de Talavera, tuvo entre otros cargos el de capellán del Rey y fue precisamente durante el tiempo que desempeñó estas atribuciones escribió su obra más conocida “El Corbacho” o «Reprobación del amor mundano».

Don Álvaro de Luna fue acumulando como hombre de confianza del rey numerosos señoríos vecinos de nuestra ciudad. A él pertenecieron Castillo de Bayuela y La Adrada, que le fueron entregados por Juan II después del episodio de la huida a Montalbán; Escalona, San Martín de Valdeiglesias, El Colmenar (que luego sería la Villa de Mombeltrán) y gran parte del valle del Tiétar.

Portada de la parte palaciega del castillo de Escalona donde residió y resistió don Álvaro de Luna

Construyó los castillos de Maqueda y el cercano de San Silvestre y todas estas posesiones se completarían luego con las que obtuvo por su matrimonio en segundas nupcias, con doña Juana de Pimentel, ya que había enviudado de su primera mujer, con la que se casó en Talavera.

De los territorios obtenidos por este matrimonio destacaba Arenas de San Pedro y su territorio, con el que don Álvaro de Luna fue dueño de la práctica totalidad del territorio que separaba a Talavera de la sierra de Gredos, controlando los puertos de montaña, los puentes y las cañadas de la Mesta. Este hecho daba a sus señoríos un gran poder estratégico en aquella época, pues dominaba el paso entre las dos Castillas.

También estuvo don Álvaro a punto de perjudicar gravemente a Talavera pues apoyó al Maestre de la Orden de Alcántara cuando usurpó a nuestra ciudad los territorios situados más al sur de La Jara, con los términos actuales de Sevilleja, Campillo, Puerto de San Vicente, Castilblanco Alía, y Valdecaballeros.

Cuando don Álvaro cayó en desgracia y fue ejecutado por el rey que tanto confió en él, su viuda se retiró al castillo de Arenas, que por eso se llamó desde entonces “de la Triste Condesa”.

Nuestra ciudad y las tierras de su entorno siguieron teniendo cierto protagonismo en la historia de España durante el reinado de Enrique IV el Impotente, rey calificado por Marañón como un “eunucoide displásico”, pero que fue un hombre misántropo y bondadoso a quien no se pudo atribuir directamente ninguna de las muertes que se produjeron durante las luchas nobiliarias que tuvieron lugar a lo largo de su reinado.

Enrique IV el Impotente

Está documentada su presencia en varias ocasiones en Talavera dada su afición al monasterio de Guadalupe, donde fue enterrado, y ser nuestra villa camino habitual hacia el monasterio de las Villuercas en aquellos tiempos en los que se hallaba en su época de mayor esplendor.

Pero es durante la guerra civil que enfrenta a los partidarios de don Enrique con los de su hermano Alfonso, que pretendía reinar por considerarse que Juana, la única hija de Enrique, era en realidad hija del apuesto cortesano Beltrán de la Cueva, y por eso era llamada la Beltraneja, dada la manifiesta impotencia del rey en su primer matrimonio. Se llega incluso a hacer una ridícula ceremonia en la que dos prelados certifican que el rey había recuperado su virilidad en el segundo matrimonio.

Castillo de Mombeltrán

Detrás de esta guerra se esconden en realidad las luchas entre diferentes facciones de la nobleza, y debido al enfrentamiento llegan los detractores de don Enrique a hacer un simulacro de destronamiento del rey en Ávila vistiendo con sus atributos a un muñeco, quitándoselos después y derribándole de una patada.

Los nobles y prelados que apoyaban la causa de don Alfonso se reunieron en julio de1466 en Talavera, partidaria entonces de los rebeldes para tomar una serie de decisiones sobre la estrategia a seguir contra don Enrique. El arzobispo de Toledo y el maestre de la orden de Santiago se muestran más belicosos pero el conde de Benavente y el maestre de Alcántara tienen una actitud más moderada que es al final es la que se adopta.

RUTA DEL MIRADOR DE LA JARA

RUTA DEL MIRADOR DE LA JARA

La flecha indica la localización del mirador

Esta es una ruta muy sencilla en la que ascenderemos hasta la cumbre de la Sierra de La Estrella. Un lugar incomparable para disfrutar de hermosas vistas panorámicas no sólo sobre la comarca de La Jara, sino también sobre Las Villuercas, el valle del Tajo y, al fondo, la sierra de Gredos.

El ascenso se hace desde la pista que conduce a Aldeanueva de Barbarroya desde La Estrella, tomando a un kilómetro aproximadamente el camino llamado de Chozuelas, camino que sube por la ladera oeste de esta sierrecilla encantadora que se levanta como un bastión en medio de la Jara Baja. Conserva en la vertiente oriental su vegetación de bosque mediterráneo con arroyuelos que riegan terrazas y huertecillos. Sus cumbres fueron siempre un lugar estratégico de observación y refugio y hoy tiene un mirador con zona recreativa.

Oropesa y el macizo central de Gredos desde el mirador de la Jara

Este lado de la sierra es el más deforestado, tanto por los cultivos del hombre como por los incendios, siendo la ladera de saliente mucho más poblada de monte. Aun así, vamos subiendo entre almendros, olivos silvestres o acebuches, cornicabras y chaparros hasta un collado en el que el camino gira a la derecha llevándonos hasta la cumbre. Desde allí, la vista es magnífica y podemos distinguir decenas de poblaciones. Al norte se contemplan las cumbres nevadas de Gredos y el farallón de la sierra que se levanta de forma imponente al fondo de las llanuras y dehesas de Oropesa y Campo Arañuelo. Abajo podemos distinguir los caseríos de Navalmoralejo, Puente del Arzobispo, Azután y las murallas de la Ciudad de Vascos con el embalse de Azután al fondo. Al este, vemos el río Uso, la Vía Verde, el caserío de Aldeanuela de Barbarroya y la Cabeza del Conde. Si miramos hacia el sur aparecen las cumbres de la Jara Alta y las llanuras de esta comarca que se extienden hasta el Puerto del Rey y el Puerto de San Vicente. A poniente, podemos percibir los caseríos de Villar del Pedroso, Carrascalejo y la parte del territorio de La Jara incluido en la provincia de Cáceres, con las ásperas cumbres de la sierra de Altamira y las Villuercas al fondo.

La sierra de Altamira y la Jara occidental desde el mirador

En la cima de la Sierra Ancha, justo en el collado situado al sur de la cumbre, podemos visitar los restos del amurallamiento de un castro de la Edad del Hierro en el que es curioso observar los huecos habitables disimulados en el grueso del muro que servían como refugio. Probablemente, estas cuevas camufladas también fueron utilizadas como escondite por los cristianos que, tras la reconquista, se atrevían a repoblar estas tierras inhóspitas batidas por las razzias de almohades y almorávides que les obligaban a esconderse en estas alturas que eran denominadas “moradas” por los asustados repobladores que dejaron en otras elevaciones de La Jara topónimos y murallas similares.

El embalse de Azután con Talavera al fondo desde el mirador

El otro pico de la sierra es La Buha, el cerro más puntiagudo, en cuya cumbre se sitúa una antigua explotación minera. La forma del monte y la cueva minera han hecho que la fantasía popular haya querido ver un antiguo volcán en la cumbre de esta montaña, e incluso se cuenta la anécdota de que cuando en cierta ocasión un ganadero quemó unas alpacas de paja creyeron algunos vecinos que el volcán entraba en erupción.

En la falda oriental de la sierra se ha preparado una zona recreativa en torno a una fuente situada en un agradable paraje al que se puede acceder desde la pista que conduce a Aldeanueva de Barbarroya por un camino que parte a la izquierda por la falda de la sierra.

El cerro de la Buha al fondo desde la puente de La estrella

CONVENTO DE LOS CARMELITAS, «EL CARMEN»

CONVENTO DE LOS CARMELITAS, «EL CARMEN»

Fachada del convento de los carmelitas o «El Carmen»

EL CARMEN

 HISTORIA

 El monje talaverano Melchor de San Antonio llegó a la ciudad en el año de 1690 con el ánimo de fundar junto a otro compañero una comunidad de su orden de carmelitas descalzos. La empresa hubo de vencer la oposición de las otras comunidades religiosas ya asentadas y de los nobles que las protegían. Sin embargo, los frailes son tutelados por el cardenal Portocarrero y por la influyente familia Meneses, doña Luisa Luna Meneses y don Pedro de Meneses que les concedieron las casas en las que se instalaron por primera vez los frailes, consiguiendo al fin fijarse en Talavera. Seguir leyendo CONVENTO DE LOS CARMELITAS, «EL CARMEN»

EXCURSIÓN AL PIÉLAGO

CONOCER EL PIÉLAGO

El río Guadyerbas nace en El Piélago en un paraje lleno de magia y elementos históricos y arqueológicos enmarcados por una hermosa naturaleza. En esta excursión vamos a intentar conocerlo

Robledales y castañares de El Piélago
Robledales y castañares de El Piélago

unpaseoporpiélagoPodemos acceder al Piélago desde el Real de San Vicente o desde Navamorcuende, con una distancia desde Talavera de algo más de treinta kilómetros. En el primer caso subiremos entre castañares y en el segundo atravesaremos un hermoso rebollar.

El punto de partida del sendero se sitúa junto a un pinar, justo en el lugar donde la carretera deja de ascender e inicia el descenso en uno u otro sentido. Desde allí recorreremos unos trescientos metros en dirección Navamorcuende hasta un camino que parte desde una curva hacia el repetidor que se sitúa en la cumbre del Cerro Cruces. Cuando hemos avanzado unos cien metros observamos unos muros derruidos a la izquierda, nos acercaremos a ellos y observaremos que se trata de uno de los pozos de nieve donde los frailes del convento cercano acumulaban apisonada la nieve en capas que alternaban con paja. Luego la trasportaban en caballerías hasta Talavera en recipientes de corcho y durante la noche, para tener así menos pérdidas, constituyendo una de las mayores fuentes de ingresos para los frailes. Fue la única forma de refrigeración hasta finales del siglo pasado y de ahí su interés económico. Con ella se hacían también medicamentos pues se creía en su poder curativo, además de los primeros helados ya documentados desde el siglo XVII.

Pozo de nieve de El Piélago
Pozo de nieve de El Piélago

Seguimos por la ladera del Cerro Pelados y atravesamos un pinar contemplando a la izquierda la cuenca formada entre las elevaciones de Cruces, Pelados y San Vicente, que conocemos como El Piélago, lugar llamado así por tener hasta  las cien  fuentes que se contaban en el siglo XVIII. Llegamos junto a la base del cerro de Las Cruces y tomamos el camino que por su loma nos lleva entre robles y rebollos hasta los repetidores de televisión, desde donde podemos disfrutar de una vista incomparable sobre la Sierra de Gredos y sus pueblos, además de las localidades de la cara norte de la Sierra de San Vicente, como Almendral o La Iglesuela.

Una vez disfrutemos del paisaje, descendemos por el camino que bajaba paralelo a una antigua línea eléctrica hasta llegar a la carretera, que pasa entre un conjunto de tres molinos de agua de los que uno de ellos es casi monumental pues tiene todo el edificio y el cubo fabricados en buena sillería.

Seguimos la carretera y cruzamos el río Guadyerbas en su nacimiento, y si es época lluviosa podemos dar un breve paseo por sus orillas viendo cómo desciende con bonitas chorreras y pequeñas cascadas. Volvemos a la carretera y seguimos hasta llegar a la zona de esparcimiento y un campamento.

El Guadyerbas al salir de los robledales de El Piélago
El Guadyerbas al salir de los robledales de El Piélago

Allí podremos descansar, para a continuación seguir de nuevo por la carretera hasta el convento, construcción en ruinas del siglo XVII y XVIII que tiene su encanto típicamente romántico, con su hiedra y su aspecto sombrío. Poco antes del convento, parte de la carretera un camino hacia la derecha, hasta él retrocederemos, y tras recorrer unos trescientos metros veremos a la izquierda, entre los pinos, las ruinas del edificio de otro pozo de nieve.

Desde aquí mismo, o mejor desde el punto inicial de partida, ascenderemos por la linde de los pinos, hasta la cumbre del cerro de San Vicente y allí, junto al vértice geodésico, se encuentra la cueva de los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta, y sobre ella los restos de la ermita que erigió Francisco de Raudona, un hombre casado con una viuda del pueblo de San Román que andando por estos parajes creyó durante una experiencia mística ver en la cueva las marcas sobre la roca de las espaldas de los mártires patrones de Talavera, escondidos aquí cuando huían de las persecuciones del emperador Diocleciano. Sobre la pared de la izquierda se observa una pililla y una cruz labradas en la piedra.

Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente
Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente


A quinientos metros al sur de la cueva está el castillo. Parece que fue musulmán en su origen, y así lo confirman dos enormes cimitarras grabadas sobre la cara sur de la roca que lo sostiene, aunque una de ellas está parcialmente destruida por haberse fragmentado el batolito de granito. La parte más antigua es una torre que se encuentra a saliente y que es de estilo y época califal. La vista panorámica es desde aquí  impresionante: los valles del Alberche y el Tajo, Talavera al fondo a la derecha, al sur los Montes de Toledo y La Jara, más al oeste el Campo Arañuelo y las Sierras de Guadalupe, y debajo Hinojosa, El Real o Garciotún, casi como si fuéramos a caernos sobre ellos.

Castillo musulmán de la Sierra de San vicente
Castillo musulmán de la Sierra de San vicente

HISTORIA Y MAGIA: Pocos lugares tienen como éste una carga histórica y mágica tan acusada. Dice la tradición y la hipótesis histórica del historiador y arqueólogo alemán Schulten, que desde esta sierra atacaba el caudillo lusitano Viriato a las huestes romanas, y que sería el cerro de San Vicente el que los romanos conocieron como Monte de Venus, que tuvo para ellos unas connotaciones mágicas y religiosas. En él se encontraron sepulturas romanas y una dedicatoria a un dios celta prerromano llamado Togote. También los mártires Vicente sabina y Cristeta, los templarios, que algunos defienden que estuvieron por estos pagos, además de los ermitaños, hacen del Cerro de San Vicente un lugar ideal para los amantes de lo esotérico.

Se puede comer en Navamorcuende y en el Real en varios restaurantes donde son de destacar las carnes a buenos precios.

Recorrido aproximado 10 kilómetros,  2 horas y media, aunque si lo deseamos podemos seguir el Guadyerbas en su descenso hasta el embalse y volver en otra hora larga.

MOLINOS DEL VALLE DEL JÉBALO         

MOLINOS DEL VALLE DEL JÉBALO

Molino en el Jébalo frente a Navaltoril

En el Jébalo, frente a los pueblecitos de Navaltoril y Robledillo, se encuentran sendos molinos construidos en mampostería de pizarra (Ge 1)

Molino del arroyo de las Lanchas junto a la carretera

(Foto 48) y (Ge 2). Antes de llegar a Las Humfrías se cruza el arroyo de Las Lanchas que cuenta con referencias a sus molinos ya desde el siglo XVI, temprano asentamiento molinero para tierras tan tardíamente repobladas. He podido visitar las ruinas de cinco artificios, (La 1) el más alto en la corriente es un pequeño molinejo de no más de cuatro metros de lado en el que un tubo o una rampa servían para mover su piedra. Inmediatamente después de salir de su cárcavo el agua era captada sin volver al cauce fluvial para, tras recorrer un canal elevado sobre mampostería, caer en el cubo del segundo ejemplar (La 2) de nada menos que diez metros de altura (Foto 49), uno de los más elevados de la provincia. El tercer y cuarto molinos de esta garganta (La 3) y (La 4) son los dos únicos con receptor de tubo de nuestra provincia, junto a los de Garganta Tejeda en la Sierra de San Vicente.

Molino de cubo en el arroyo de las Lanchas

El quinto molino de Las Lanchas se sitúa más separado, junto a la misma  desembocadura de este arroyo en el Jébalo. Tiene como receptor el típico cubo-presa jareño (La 5).

Molino junto a la confluencia del arroyo de Las Lanchas y el río Jébalo

Molino del Jébalo cerca de Las Humfrías

En el paraje conocido como El Martinete, se localiza, ya en término de Alcaudete, un molino muy arruinado cuyo sistema receptor es una rampa de pendiente considerable. La planta es muy alargada y  todas las dependencias están dispuestas en línea (G 3).

Molino del Jébalo en el paraje del Martinete

Río abajo, en el tramo más próximo al pueblecito de La Fresneda, se localiza otro molino (G 4). Es buen ejemplo de asociación molinera con explotación de “la isla” del molino para su aprovechamiento como huerto mediante reutilización del canal. Su receptor es un cubo-rampa y debía desarrollar suficiente energía como para movilizar la piedra y la maquinaria auxiliar.

Molino del Jébalo por debajo del muro de la presa de la Fresneda

En pleno cañón del Jébalo, frente a la finca La Berciosa, quedan restos apenas reconocibles de los arruinados muros de otro molino que tiene cegado el receptor aunque parece haber sido una rampa (G 4’). Además pueden observarse los restos de tres estructuras circulares que pudieran haber sido tres cubetas de regolfo, pero es difícil asegurarlo.

El quinto artificio del Jébalo es también de rampa y su planta es modelo de adaptación a las riberas más escarpadas. El canal accede al edificio perpendicularmente a la salida del cárcavo como puede observarse en su planta (G 5). Junto a su canal, aguas arriba, quedan restos de otro molino abovedado con aspecto de antigüedad y que era movilizado por un cubo fabricado con buena sillería (G 5’).

Molino en la vega de Alcaudete sobre el río Jébalo

En el canal que ya cerca de Alcaudete es utilizado para el regadío se sitúan otros dos molinos que, como en el caso anterior, se asociaban a la producción hortícola y tenían dependencias para la residencia, al menos temporal, de los hortelanos. Estos dos ejemplares eran dinamizados por cubos dobles de forma alargada y con el suelo inclinado en rampa, (G  6) y (G  7) (Foto 50).

Molino situado ya en la vega del Jéblo junto a Alcaudete

Durante la década de 1950 muelen todavía al menos diez molinos maquileros en La Jara, además de algunos de los que figuran como molinos de pienso en el diccionario de Moreno Nieto y que probablemente serían también hidráulicos. Funcionan ya cinco fábricas de harina y numerosos molinos eléctricos y de motor, aún así es en esta comarca donde más tiempo permanecen en funcionamiento nuestras venerables máquinas.