EL TAJO FRONTERIZO

EL TAJO FRONTERIZO

Un nuevo capítulo de «Ríos de Hstoria» en el que tratamos del Tajo como frontera entre cristianos y musulmanes en Talavera y su «korá» o provincia musulmana

Castillo árabe de Espejel junto al Tajo en Valdelacasa

Llama la atención de algunos arqueólogos el hecho de que siendo Talavera una importante ciudad musulmana, los restos que nos quedan de aquella Talabira pujante son relativamente pobres. Aventuran la hipótesis de que en la Edad Media, tanto en la época árabe como en la cristiana, los asedios, asaltos y razzias de uno y otro bando produjeron en varias ocasiones la destrucción de gran parte del caserío e incluso de parte de las murallas, por lo que son frecuentes los niveles arqueológicos de arrasamiento que se encuentran en las excavaciones. Los reyes castellanos, y sobre todo los leoneses como Alfonso I, don García, Ordoño II o Ramiro II atacaron Talavera en numerosas ocasiones, e incluso en “Las Mocedades del Cid” se hace referencia a que nuestro épico héroe nacional venció al jefe moro de Talavera.

La atalaya de El Casar vigila la vega talaverana

Nuestra ciudad tenía una gran importancia estratégica tanto en la defensa de la frontera del Tajo contra los cristianos como en el control que le encomendaron los califas cordobeses sobre la ciudad de Toledo, que en numerosas ocasiones se levantó contra ellos, atacando a la guarnición de Talavera que contaba para su defensa con aguerridos soldados bereberes. Incluso, en época tan temprana como el año 741, cuando se sublevan diferentes núcleos bereberes de la península, entre ellos el de Talavera, debe venir el general Baly ben Bisr al Qusayri para sofocar la rebelión con tropas árabes sirias, y aunque vence a los rebeldes en Guazalete, muere de resultas de las heridas recibidas. En el 795 vuelven a refugiarse en Talavera los bereberes sublevados en la zona de Ronda. En el año 857 los bereberes toledanos hacen una incursión hasta Talavera poniéndola sitio, tal vez en venganza por la matanza que hicieron los talaveranos en el clan de los Banu-Majsi de Toledo. En el año 951 Abderramán III se encuentra en Toledo y envía soldados a sofocar una nueva rebelión de bereberes.

Las torres albarranas de El Charcón en un dibujo de Enrique Reaño sobre grabado del siglo XIX

También fueron frecuentes los ataques a nuestra ciudad desde otros reinos taifas como el de Badajoz, cuando se fragmentó Al-Andalus. De hecho, es posible que las atalayas que salpican nuestro territorio no sólo vigilaran la llegada de las huestes cristianas, sino también la de las tropas de taifas enemigos. Estas atalayas aparecen en algunas crónicas árabes como “torres de señales”, ya que en ellas se encendían hogueras que con el humo avisaban a los talaveranos para que se protegieran refugiándose en el interior de la muralla.

La torre llamada del Polvorín, del segundo recinto amurallado

En la época cristiana Talavera hubo de resistir los frecuentes asedios de los almohades, los almorávides y los benimerines, estos últimos ya en el siglo XIII, por lo que no es extraño que sus habitantes decidieran construir las emblemáticas y magníficas torres albarranas que fortalecieron nuestros muros, además del segundo y tercer recinto amurallado. Es fácil deducir, por los diferentes aparejos de piedra que se observan en los lienzos de la muralla, que ha habido las numerosas reconstrucciones que los talaveranos se vieron obligados a hacer en algunos de los muros.

Durante uno de esos asedios los árabes destruyeron la presa de los molinos de Abajo para que, al descender el nivel del río, fuera más fácil acceder al interior de la villa, ya que las aguas lamían la muralla por su cara sur. Ya nos hemos referido a que precisamente en esa zona se encontraba la torre de Nazar que se introducía en el cauce del río.

No sería el agua de todas formas un gran problema en los asedios, por ser conocida desde antiguo la existencia de pozos en casi todas las viviendas de Talavera en el centro de sus casas-patio de clara tradición musulmana. Esos pozos se hallan en todos los estratos arqueológicos de la ciudad. Entre las leyendas locales relacionadas con los asedios destaca la de los pasadizos y túneles que pasaban al otro lado del río, pero que según parece formaban más bien parte del alcantarillado romano. En aquellos episodios bélicos destacaron los ballesteros cristianos de Talavera, famosos desde el medievo por su destreza con los arcos y ballestas.

Arco de herradura en la entrada al castillo árabe de Marco en Villar del Pedroso

Comienza la repoblación de los antiguos distritos árabes en que se dividía la tierra de Talavera, uno de ellos era Bask, la ciudad de Vascos junto a la desembocadura del Uso en el Tajo,  que abarcaría probablemente gran parte de La Jara, la Ladera (al-sanad) y la Vega (Al –fash) de nuestro gran río con las mejores tierras de cultivo. Esas zonas más ricas y cercanas a la propia ciudad estaban desde la época musulmana explotadas con cultivos de secano pero también con huertas. Era la árabe una civilización con gran dominio de la cultura del agua y que ha dejado en nuestro vocabulario castellano numerosas palabras relacionadas con la horticultura y la hidrología. La Talavera reconquistada muestra algunos topónimos heredados de esas explotaciones como la “almunia de la Reina”, la “huerta del Rey” y otras muchas.

EL TIÉTAR POR LA SIERRA DE SAN VICENTE Y EL BERROCAL

EL TIÉTAR POR LA SIERRA DE SAN VICENTE  Y EL BERROCAL

Seguimos hoy con el segundo tramo del Tiétar al paso del río por los pueblos ribereños de la Sierra de San Vicente y El Berrocal, con su naturaleza y patrimonio

El Tiétar, sigue descendiendo y deja a su izquierda los pueblos de la Sierra de San vicente como La Iglesuela. En esta zona el río es de singular belleza por discurrir entre un bosque de pinos autóctonos. Además, en estos parajes es muy abundante la cigüeña negra y un gran número de rapaces y otras especies de aves.

El Tiétar va cogiendo caudal de otras gargantas
El Tiétar va cogiendo caudal de otras gargantas

Descendemos después el Tiétar por su misma ribera si vamos andando, o por un camino que nos conduce a la carretera de Casavieja. Junto al puente de la carretera, río arriba, se halla otro puente más antiguo en un paraje muy ameno, donde podemos, como en el resto del trayecto fluvial, intentar pescar algún barbo, cachuelo e incluso black-bass.

Cárcavo de un viejo molino en el Tiétar
Cárcavo de un viejo molino en el Tiétar

En el descenso del río se adornan las orillas con algunas alisedas, saucedales, choperas y fresnedas, en los lugares, donde el regadío y las plantaciones de espárragos, no han deteriorado el bosque de ribera. También encontraremos tres ejemplares de molino de agua que dan un toque pintoresco al entorno, sobre todo el conocido como de Castillo construido en obra de buena sillería con un gran canal elevado.

Puente sobre el Tiétar en término de La Iglesuela
Puente sobre el Tiétar en término de La Iglesuela

En el valle del Tiétar, por el término de Lanzahita podemos encontrar zonas cultivadas que producen entre otros productos sus famosas sandías y sus carillas (legumbre de pequeño tamaño que presenta una mancha negra en el centro). Pero también podemos disfrutar de bellas dehesas con encinares y manchas de alcornoque o de roble, además de las solitarias orillas del río Tiétar con amenos rincones donde perdernos.

Caballos enjaezados después de cruzar el Tiétar en la romería entre Lanzahita y Hontanares
Caballos enjaezados después de cruzar el Tiétar en la romería entre Lanzahita y Hontanares

UNA ROMERÍA  QUE CRUZA EL RÍO

La fiesta más peculiar de Lanzahita es la romería, celebración de gran antigüedad que algunos datan en el siglo XVI y que basa su tradición en una curiosa leyenda. La imagen del Cristo de la Luz fue encontrada por un pastor cerca del vecino pueblo de Hontanares, en las proximidades del río Tiétar. Esta imagen fue llevada a Lanzahita, pare ser custodiada en la ermita de la Virgen del Prado, pero desapareció para ser hallada otra vez en el lugar de su aparición. Nuevamente se llevó a Lanzahita, pero volvió a aparecer en Hontanares. El pastor indicó que le había sido revelado que el Cristo debía estar en Hontanares, por lo que se le construyó una ermita en este pueblecito, hoy su iglesia. Los vecinos de Lanzahita olvidaron el culto a la imagen y todo tipo de desgracias cayeron sobre el pueblo, por lo que se volvió a recuperar la devoción al Cristo, llevando todos los años en romería un cirio que se bendice previamente en la ermita de la Virgen del Prado.

Ofrenda en la romería entre Lanzahita y Hontanares
Ofrenda en la romería entre Lanzahita y Hontanares

La fiesta está declarada de interés turístico regional y durante ella los caballistas y carruajes engalanados van hasta el Tiétar acompañando al cirio tradicional. El último tramo del camino se hace a la carrera en un espectáculo lleno de alegría y colorido y, después de la procesión con el Cristo por las calles de Hontanares se hace una comida campestre a orillas del río. 

Molino de Castillo en el Tiétar
Molino de Castillo en el Tiétar

El entorno de Buenaventura es muy ameno con sus dehesas, los bosques ribereños del Tiétar y otros parajes de interés, como son la charca de la Margañona, desde donde subiremos al oeste del caserío y a la que podemos acceder siguiendo el arroyo de Pedro García que va saltando en pequeñas cascadas, como lo hace el arroyo que baja desde Navamorcuende en el paraje de las Chorreras, por donde podemos subir en un recorrido que nos lleve al pueblo vecino.

Tiétar a su paso por el término de La Iglesuela
Tiétar a su paso por el término de La Iglesuela

PIONEROS DE LA JARA

PIONEROS DE LA JARA

Cumbres de La Jara Alta y su monte cerrado
Cumbres de La Jara Alta y su monte cerrado

Rodrigo estaba ya cansado de los abusos del señor. Él amaba la aldea donde nació pero el día que, no pudiendo pagar al conde, recibió en la cara un golpe con la fusta de uno de sus soldados, decidió que para morir de miseria no hacía falta engordar a nadie y que él y su familia podían iniciar una vida tan miserable pero menos humillante en otro lugar. Cogió los cuatro trastos, los envolvió en una manta y andando con sus cuatro hijos y su mujer se encaminó hasta Talavera. Había oído decir que en la tierra de esta villa no ponían muchas trabas para asentarse en sus montes de La Jara y cruzó el Tajo buscando un poco de libertad.

Contaban con dos costales de centeno y unos cuantos panes para comenzar una nueva vida dominando un pedazo de las duras tierras jareñas. Su primo Leonardo había llegado a la zona dos años atrás y tal vez les echara una mano hasta que se pudieran mantener por sí mismos. Llegaron en marzo y Rodrigo no perdió el tiempo, trabajando con su hijo mayor de sol a sol con el gruñido del hambre en el estómago, fue limpiando de piedras y zarzas un cachillo tierra que se encontraba junto al arroyo. Había que hacer rápidamente un huerto que ese verano les diera algo de comer. Con las pizarras del arroyo fabricó una pequeña presa que las lluvias de primavera destruyeron en dos ocasiones, pero él no se amilanó. Con el barro y los juncos de las orillas volvió a restaurarla y a excavar un canal de veinte varas que llevaba el agua hasta su embrión de civilización. Tuvo que cerrar con ramas el huerto porque por las noches los jabalíes destrozaban los cultivos pero, a pesar del granizo que cayó en mayo, consiguió algo que llevar a la boca de los suyos.

La montonera en la Edad media
La montonera en la Edad media

Cuando no estaba en el huerto se le veía en la raña rozando el suelo de las tierras labrantías, sudaba arrancando jaras y cortando chaparros con su astraleja. Tenía que conseguir limpiar de monte la tierra suficiente para sembrar pan. Su centeno esperaba la sementera, y ojalá el año fuera bueno. Rodrigo no quería ni pensar en lo que sucedería si se arruinaba esa primera cosecha, la idea de su familia mendigando le revolvía las tripas.

De vez en cuando, su primo Leonardo se acercaba por allí con las cabras y siempre tenía un poco de leche o de queso que dar a sus hijos. Un día le comentó que la soledad de la majada no era buena y que tal vez algún día se bajara de la sierra para vivir junto a Rodrigo y su familia sin miedo a los osos, a los lobos y a los golfines.

El pan negro de su primer centeno les supo a gloria bendita, quizá ya no tuvieran que comer gachas de bellotas para matar el hambre. Su hijo Martín tenía una habilidad especial para cazar conejos con los lazos y las losas. Desde pequeño había mostrado curiosidad por ver cómo su padre colocaba las lanchas de piedra con un cebo y el palito que las sostenía en el justo equilibrio hasta que los pequeños animales la hacían caer atrapándolos. Otras veces se iba al río y colocaba en las chorreras sus cañales que se llenaban, sobre todo en primavera, de barbos, bogas y cachuelos. Con todo esto y algún corzo que de vez en cuando cazaba con su ballesta Rodrigo conseguían algo de chicha en el puchero.

La Jara desde las minas de oro de Sierra Jaeña

Un buen día llegaron dos nuevas familias. Rodrigo miró las manos de los hombres y supo que eran gente de bien, gente que como él querían arrancar un poco de vida a esas tierras rojas. Su hermano Leonardo ya se había acercado a vivir con ellos y había levantado la choza junto a la suya en un par de días. La alquería iba creciendo y las mujeres tenían con quien hablar. Entre todos limpiaron una vieja fuente que habían abandonado los pastores y ya no tuvieron que ir más hasta el arroyo a por agua con la borrica. A veces Leonardo sacaba su rabel, el que había hecho con una raíz de fresno, una piel de cabra, y unas crines de caballo y tocaba alguno de esos romances que había aprendido de los serranos que pasaban por el cordel con sus ganados hacia Extremadura. En una ocasión cambiaron una piel de oso por un pellejo de vino y hasta bailaron siendo felices por unas horas.

Monummento a los repoblacores medievales en Alcaudete
Monummento a los repoblacores medievales en Alcaudete

Los días pasaban despacio, las mujeres habían cultivado algo de lino en las navas frescas de la sierra y lo tejían para vestir a los suyos. Un día Herminia le dijo a Rodrigo que ya estaba bien de dormir en la choza, que a ver cuando empezaba a hacerla la casita que había prometido años atrás. Rodrigo fue construyendo de barro y pizarra la ilusión de su mujer y todos los hombres de la alquería fueron un día al río para cortar el álamo más recto que hubiera para viga maestra de la humilde mansión. Primero la techarían con retamas y jaras pero, en cuanto la cosa estuviera un poco mejor, irían al tejar más cercano y Herminia podría tener un techo de verdad. Los cerdos y las gallinas andaban ya con su bullicio rodeando la alquería.

Un día pasaron por allí gentes del concejo de Talavera que les reprendieron por haber cortado unas encinas. Al poco tiempo recibieron órdenes de la villa para que los once vecinos de la aldea hicieran población y que la población se haga junto al arroyo de los Espinos, y que en medio de la población hagan una iglesia y dejen sitio para cementerio y junto a ella lugar para la plaza que sea buena y ancha, y que las casas que se hicieran en el dicho lugar salgan las bocas de ellas a la dicha iglesia y plaza. Y que las casas que cada vecino haga sean de ocho tapias en largo y en ancho, con su corral, quince tapias, y que las tales casas vayan por orden una junta a otra y dejen de anchura a las calles que pueda pasar una carreta y más.

Todo lo cumplieron Rodrigo y sus vecinos, pronto llegó el cura beneficiado del pueblo más cercano por orden de la parroquia madre del lugar en Talavera. Un buen día se reunieron los vecinos y se dieron cuenta de que no tenían patrón en el pueblo. Metieron cuatro o cinco nombres de santos en un sombrero y el que extrajo la mano de Rodrigo sería desde entonces festejado por los vecinos.

Había nacido un pueblo.

NUESTROS RÍOS: TIÉTAR, PRIMER TRAMO

NUESTROS RÍOS: TIÉTAR, PRIMER TRAMO

Comenzamos hoy una nueva serie sobre nuestors ríos en la que haremos un recorrido por sus cauces y con los elementos culturales y naturales que se ven en sus inmediaciones.

El Tiétar nace en la Venta del Cojo
El Tiétar nace en la Venta del Cojo

Hoy comenzamos a recorrer uno de los ríos más importantes de nuestra comarca. Se trata del río Tiétar, que nace en el límite entre las provincias de Madrid y Ávila, cerca de la carretera nacional 501 y justo en la frontera de los términos de Santa María del Tiétar y Rozas de Puerto Real. La carretera discurre por el trazado de la antigua Cañada Leonesa Oriental y junto a ella se sitúa la Venta del Cojo, que daba servicio a los ganaderos trashumantes y en cuyo entorno brotan los manantiales que darán los primeros caudales a nuestro río.

Santa María del Tiétar, antes Escarabajosa, y Sotillo de la Adrada, los primeros pueblos del valle del tiétar
Santa María del Tiétar, antes Escarabajosa, y Sotillo de la Adrada, los primeros pueblos del valle del tiétar

Durante gran parte de sus ciento cincuenta kilómetros discurre al sur de la sierra de Gredos, de la que recibe por su orilla derecha el caudal de las gargantas de la sierra, mientras sirve de frontera entre las provincias de Ávila y Toledo, para adentrarse más adelante en Cáceres, donde desemboca en el Tajo, recorriendo antes la comarca de La Vera.

Casillas y Sotillo de la Adrada son los primeros pueblos del señorío de La Adrada que vamos a encontrar en nuestro recorrido por el Valle del Tiétar, cuya cabeza, La Adrada, fue capital del estado al comienzo de la Edad Media.

Castillo en la cabeza del señorío de La Adrada por cuyos pueblos discurre el Tiétar en su cabecera.
Castillo en la cabeza del señorío de La Adrada por cuyos pueblos discurre el Tiétar en su cabecera.

En 1393, el condestable de Castilla y corregidor de Ávila don Ruy López Dávalos recibió del rey Enrique III un gran señorío al sur de Gredos que incluía lugares tan lejanos como La Adrada, Arenas de San Pedro, Castillo de Bayuela o Puebla de Santiago del Arañuelo, muy cerca ya del Tajo en las proximidades del actual pueblo de Valdeverdeja. En 1422 le son confiscados estos territorios y de ellos La Adrada, Arenas y Bayuela pasan a formar parte de los extensos territorios del otro condestable, don Álvaro de Luna como herencia de su mujer. Tras su ejecución por orden del Rey, Bayuela y Arenas siguen en poder de su esposa la “Triste Condesa”, ya que habían sido recibidos por ella en herencia de su padre, pero La Adrada y los pueblos que formaban el estado (Sotillo, Casasviejas, Casillas, Fresnedilla, Piedralaves e Iglesuela) los recibe don Beltrán de la Cueva como donativo de Enrique IV. Pasará todo este territorio a manos de su segundo hijo don Antonio de la Cueva y Mendoza, separándose así del señorío de Mombeltrán en manos del duque de Alburquerque, hermano mayor de la familia.

Apenas un hilo de agua es el Tiétar a su paso por Sotillo de la Adrada, pero el río discurre por los agradables parajes del puente Mosquea sobre el Tiétar y el puente Chico sobre un pequeño afluente en la orilla izquierda. Aguas abajo, donde la carretera de La Iglesuela cruza también el río, se encuentra la puente Mocha, otro pintoresca construcción medieval. Todo el recorrido discurre entre pinares muy amenos en un trazado llano muy agradable.

Puente Mosquea sobre el Tiétar
El Puente Mosquea y la Puente Mocha son dos magníficas obras  sobre el Tiétar
Puente Chico sobre un afluente cerca del tiétar
Puente Chico sobre un afluente cerca del tiétar

Al término de gavilanes se une en el siglo XIX el de la aldea de Las Torres, la más vieja población del lugar que queda así desierta desde entonces.

Ruinas de la iglesia del despoblado de Las Torres, uno de los primeros núcleos habitados del valle del Tiétar
Ruinas de la iglesia del despoblado de Las Torres, uno de los primeros núcleos habitados del valle del Tiétar

Al despoblarse el núcleo cercano al ríode las Torres en 1773 situado  , el altar mayor de la iglesia se trasladó a Mijares.

El Tiétar es en este primer tramo poco caudaloso pues todavía ha recogido el caudal de pocas gargantas. Alamos, blacos, alisos y sauces festonean sus riberas que a veces son muy intrincadas en su vegetación y llegan a formar galerías. Suele en verano detenerse el río en pozas a veces muy extensas y al final empiezan a aparecer las primeras rocas graníticas y los primeros playazos por arrastre de las arenas graníticas de Gredos.

El Tiétar adolescente comienza a recorrer su valle
El Tiétar adolescente comienza a recorrer su valle
Alamedas, alisedas y saucedales festonean sus orillas
Alamedas, alisedas y saucedales festonean sus orillas
Los cultivos de regadío con espárragos y maizales comienzan a aprovechar sus aguas
Los cultivos de regadío con espárragos y maizales comienzan a aprovechar sus aguas

«RÍOS DE HISTORIA» EL TAJO MORO ( y 2)

«RÍOS DE HISTORIA» EL TAJO MORO ( y 2)

Torre medieval de Alcaudete, actual casa del cura
Torre medieval de Alcaudete, actual casa del cura

También se fortificaban los lugares estratégicos que dominaban los ríos y arroyos de nuestra comarca instalando torres, torrejones, torrecillas y atalayas distribuidas por toda la geografía comarcana. Es el caso de la torre de Alcaudete defendiendo el valle del Jébalo, de la de Navalmoralejo defendiendo la entrada del valle del arroyo Andilucha.

No vamos a entrar en una detallada descripción del recinto amurallado árabe, el que hoy conocemos como primer recinto amurallado y que tiene diferentes tipos de torres (semicirculares, cuadradas..) y puertas como el Arco de San Pedro, la de Mérida o la del Río) pero sí podemos señalar que la zona de la muralla que linda con el Tajo conserva restos en su parte occidental, junto a la Portiña, aunque los restos de las torres albarranas que se conservan en la zona de la calle de La Lechuga son ya de época cristiana. Sí se conserva un tramo de un lienzo que se sitúa junto al puente de Hierro que conserva la salida de una tarjea de probable origen romano. Entre el puente de hierro y el puente Viejo, sí que existía sin embargo una torre todavía visible en las fotosy en los grabados antiguos que se introduce en el cauce del río un poco al oeste del lagar de los jerónimos (museo Etnográfico) y que sostenía una rueda de  arcaduces que elevaba el agua del río a la ciudad en época musulmana y más tarde a una huerta del monasterio jerónimo. Se trata de la puerta de Nazar, muy similar a la que todavía se mantiene en pie en Córdoba bajo el nombre de la Albolafia, era un artificio movido por la propia corriente para elevar el agua muy similar a la que había también en Toledo en la zona de Safont y que aparecía en los cuadros del Greco y que también ha sido recientemente restaurada. Si seguimos el recorrido aguas arriba  nos encontramos el puente Viejo que aunque no conozcamos referencias históricas de época árabe, ya existía en época romana.

Torre musulmana del castillo del Cerro de San Vicente

Es posible que el azud que daba agua al molino que se situaba en el primer ojo del puente sirviera también para inundar la barbacana en caso de asedio por los cristianos y que también existieran tanto la presa que alimenta a los molinos de Arriba en Palomarejos, como la que lleva la corriente a los actuales molinos de Abajo. Lo mismo sucede con los molinos y batán de Cabañuelas, de los que tenemos referencias en documentos muy tempranos posteriores a la reconquista, por lo que igual que los anteriores existirían con toda probabilidad en época musulmana.

El la torre más occidental del alcázar talaverano podemos aún hoy ver el hueco donde se encastraba una placa de mármol en la que se conmemoraba el fortalecimiento de las murallas árabes de Talabayra por Abderramán III, aunque el pueblo había querido ver en aquella inscripción con escritura cúfica otro mensaje: «Cuando el Tajo llegue aquí, Talavera ¡ay! de tí» condicionado por el temor que desde hace siglos han tenido los talaveranos por las grandes crecidas del río. Esa placa de mármol fue llevada a la Real Academia de la historia por el propio ayuntamiento a petición del erudito decimonónico Luis Jiménez de la Llave privando de este importante elemento histórico y arqueológico a la ciudad, aunque hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional

2-Placa fundacional de la alcazaba árabe Talavera que conmemoraba su construcción por Abderramán III
2-Placa fundacional de la alcazaba árabe Talavera que conmemoraba su construcción por Abderramán III

Muy cerca de allí estaba la fuente que daba nombre a la actual Ronda del Cañillo, fuente que es también muy probable que condicionara la instalación aquí del alcázar árabe por facilitar el abastecimiento de agua potable y no en zonas más elevadas como por ejemplo la cuesta de San Clemente. Esa fuente se denominó durante algún tiempo fuente de Tetuán, no por ninguna causa de época musulmana sino por hechos de las guerras del norte de -Africa en el siglo XIX.

La llamada fuente de Tetuán, junto a la alcazaba, en la Ronda del Cañillo
La llamada fuente de Tetuán, junto a la alcazaba, en la Ronda del Cañillo

Otro hecho curioso para reseñarlo es el gran parecido que tiene el perfil ribereño de nuestra ciudad  con la propia Córdoba, capital del Califato, de la que Talavera fue siempre aliada con sus tropas bereberes contra la levantisca Toledo. En Córdoba incluso había una puerta de Talavera al norte de su casco antiguo que daba nombre a la salida de la ciudad hacia Talabayra, la ciudad que los propios árabes llamaban «la ciudad más al norte de Al-Andalus, en la frontera con los politeÍstas» es decir con los cristianos, que eran llamados así por los musulmanes por creer en la Trinidad y en los santos.

Motivos decorativos de cerámicas árabes talaveranas según trabajo de Alberto Moraleda
Motivos decorativos de cerámicas árabes talaveranas según trabajo de Alberto Moraleda

Ese perfil con el puente romano en los dos casos, los molinos varados en el río, la albolafia o la rueda de la torre de Nazar y los perfiles de la colegial y su catedral con el edificio de San Prudencio con gran parecido con las torres cordobesas de la catedral-mezquita.

El acceso principal se realizaba por una doble escalinata de piedra  mientras que un postigo, en la parte opuesta, daba acceso al río. Entre sus dinteles y sillares se hallaron numerosas lápidas sepulcrales romanas. La planta del alcázar es rectangular con unas dimensiones aproximadas de 86×64 metros. Las excavaciones realizadas a la puerta de la alcazaba demostraron la existencia de un habitat tardorromano anterior de cierta importancia.

RÍOS DE HISTORIA: EL TAJO MORO

ÍOS DE HISTORIA: EL TAJO MORO

Torre de Nazar, donde se situaba la rueda que subía agua a la ciudad
Torre de Nazar, donde se situaba la rueda que subía agua a la ciudad

La primera referencia al Tajo aparece en las crónicas árabes en un episodio que se produce al inicio de la invasión musulmana cuando se produce cerca de nuestro río el encuentro entre Muza, que ordena desde el norte de África la invasión de España y su lugarteniente Tarik, el jefe de sus tropas y esclavo liberado por el propio Muza. Ese encuentro aparece en algunas crónicas como sucedido en Talavera y en otros estudios aventuran la posibilidad de haberse producido el encuentro más bien en la zona de Albalat, asentamiento árabe cercano al puente de Almaraz, aguas abajo de Talavera.

En dicho encuentro que también aparece en relatos literarios como en las Crónicas Moriscas de Washington Irving: «tan pronto como Tarik supo que Muza se aproximaba a la ciudad, salió para encontrarlo en Talavera, acompañado muchos de sus más distinguidos compañeros de armas, llevando consigo una recua de caballos y mulas cargados con un gran botín, mediante el cual pensaba conciliar el favor de su jefe…Así pues, cuando Tarik estuvofrente a él, Muza lo observó durante unos instantes con severo e indignado semblante. ¿Por qué has desobedecido mis órdenes?…

Foto de Ruiz de Luna del río en los años 20 con la muralla árabe ribereña del Tajo
Foto de Ruiz de Luna del río en los años 20 con la muralla árabe ribereña del Tajo

He procedido de esa forma -le replicó Tarik- porque pensé que así serviría mejor la causa del islam y colmaría tus deseos. Cuanto he realizado ha sido en calidad de servidor tuyo. Contempla tu parte como comandante en jefe que eres del botín que he reunido

Así diciendo descubrió el inmenso tesoro en oro y plata y costosas blancas y piedras preciosas que traía. 

Cuentan algunos cronistas que Muza golpeó a Tarik con su látigo y lo destituyó, aunque luego hubo de restituirle en su puesto por orden de Damasco. Entre las riquezas que Tarik presentó a Muza cuentan otras leyendas que se encontraba la mítica mesa del rey Salomón la mayor joya conocida por sus metales y piedras preciosas que el general musulmán arrebató a los reyes godos de Toledo.

También los viajeros árabes nos dejaron descripciones de nuestra ciudad en la que aparecen algunos aspectos relacionados con los ríos y el agua. es el caso de la descripción que hace de Talabayra el geógrafo Al-Idrisi:

Lucerna o candil árabe de Talavera
Lucerna o candil árabe de Talavera

Talavera es una gran villa construida en la orilla del Tajo; el castillo está perfectamente fortificado y la villa es notable por su belleza, extensión y la variedad de sus producciones. Los bazares son dignos de verse y las casas están agradablemente dispuestas. Un gran número de molinos se elevan sobre las aguas del río. Capital de una provincia importante, Talavera está rodeada de campos fértiles. Sus barrios son hermosos y antiguos y se encuentran allí monumentos de remota antigüedad. Está situada a setenta millas de Toledo. La villa de Toledo, al oriente de Talavera, es una capital no menos importante.

Esos molinos de los que habla este cronista son los mismos sobre los que más tarde se asentarían los actuales. Se trata de aceñas, los grandes molinos de rueda vertical que iremos viendo a lo largo del río con sus característicos tajamares entre los que se sitúa la rueda que luego, mediante el cambio del movimiento vertical en horizontal mediante un engranaje conseguía mover las piedras. Todavía no se habían extendido los molinos de cubo en los pequeños ríos y las venerables aceñas centralizaban toda la molienda.

Rótulo de la calle del Baño de Talavera
Rótulo de la calle del Baño de Talavera

También se nos habla de los baños árabes de Talavera donde todavía nos queda una referencia en la calle del Baño. Estas y otras instalaciones balnearias eran las herederas de las romanas y la cultura musulmana les las desarrolló en todas sus ciudades, como es el caso de los baños cuyos restos permanecen todavía en pie en el arroyo de la Mora en la ciudad de Vascos.

Los árabes desarrollaron toda una cultura del agua de la que por ejemplo en el idioma castellano nos han quedado numerosas palabras que sería largo enumerar pero entre las que podemos poner como ejemplo la propia aceña, el azud o presa, acequia, albañal, aljibe, noria…

También podemos encontrar numerosos rastros del árabe en la toponimia de nuestros ríos y arroyos, como es el caso del Alberche, Guadyerbas, Guadalupejo, Gualija, Guadarranque, Albaladiel, Guadmora,palabras todas ellas de origen musulmán, aunque algunas como Guadhierbas ya son mixtas pues contiene elementos árabes -guad y castellano -hierba como el de algunas huertas y parajes de nuestra vega como Aldahui, Alijar, Aflejes, Alcoba, Alija, Allozar, Mencachón (Ben-Cachón), Allozar, Almofrague, Baharil.O pueblos como Alcaudete, «Nava-Almorcuende», Alía, Azután,Garvín, Alcolea, Mohedas o Marrupe, que para algunos significa «masar-ar-rubait» o «molino de la pequeña rápita», otro topónimo acuático etc.

Tinaja con insrcripción en árabe hallada en la puerta de la muralla musulmana del Arco de San Pedro. Según dibujo del siglo XVIII

Muchas de esas palabras también están condicionadas por la fuerte presencia de la población mozárabe en la zona, cuya prueba más importante es que después de la reconquista a esa población se le permitió en Talavera seguir rigiéndose por el Fuero Juzgo, la antigua normativa de esos cristianos arabizados culturalmente que vivían en territorio musulmán.
Otro de los elementos de la herencia musulmana están relacionados con las murallas de una ciudad como Talavera, capital, como dice Al Idrisi, de una provincia importante, un «iqulim» o comarca que era independiente de Toledo y tenía su propio gobernador y su juez o cadí cuya población dependía de Talabayra, ciudad con una gran importancia estratégica pero que se hallaba en un llano, junto a un río y que por tanto el mismo debía formar parte de su sistema defensivo, además de las murallas que los árabes hicieron mayores y más fuertes.

Es conocido que para hacer más difícil el asalto a la ciudad en el recinto amurallado ribereño se dispuso que un azud desviara el agua del río para inundar la barbacana bajo las murallas y que así se defendiera mejor la ciudad. El problema es que con toda probabilidad ya existía entonces la presa de los molinos de Abajo reteniendo el agua para mover las aceñas y que cuando en cierta ocasión se asediaba la ciudad, bastó con romper esa presa para que bajara el nivel de las aguas y así poder asaltar Talavera con mayor facilidad.

CUANDO LA LUZ LLEGÓ A TALAVERA

CUANDO LA LUZ LLEGÓ A TALAVERA

Central eléctrica situada sobre los antiguos molinos del puente. Se ven los precarios postes con palomillas de las primitivas conducciones eléctricas
Central eléctrica situada sobre los antiguos molinos del puente. Se ven los precarios postes con palomillas de las primitivas conducciones eléctricas

Las presas o azudas que, al menos desde tiempos árabes, servían para mover las piedras de molino que molturaban los cereales de la fértil vega talaverana, constituían una base inmejorable para aprovechar la energía hidráulica del Tajo en la producción de energía eléctrica. Por eso no es extraño que solamente seis años después de que Thomas Alba Edison iluminase con lámparas de incandescencia el Mento Park de Nueva York, se alumbrara por primera vez con luz eléctrica la Plaza de la Constitución, hoy del Reloj, de Talavera.

Antiguo rótulo de Hidroeléctrica en la central de los molinos de Arriba

Según nos cuenta Julián Quiroga, trabajador del sector eléctrico talaverano e investigador del mismo, el 18 de Noviembre de 1886 se trató en el ayuntamiento talaverano, regido a la sazón por don Justiniano Luengo, de la concesión del servicio de alumbrado público a los hermanos Miguel y Vicente Fernández Santamaría. La fuerza motriz se tomaría de los molinos del puente Viejo y se conduciría por las calles de Puerta del Río, San Bernardo, plazas de San Pedro y Villatoya y Arco de San Pedro, para instalar en la plaza del Reloj una lámpara de cinco bujías que iluminaría la misma desde la puesta del sol hasta la una de la madrugada. En 1891 la misma empresa extiende la red eléctrica a otras calles talaveranas mediante corriente alterna y transformadores que permitían una corriente de 110 voltios.

Detalle del edificio de la central eléctrica del Puente
Detalle del edificio de la central eléctrica del Puente

Se trata de una de las primeras instalaciones de España junto a la de Gerona,propiedad de la misma empresa y considerada como una instalación ejemplar en Europa. En lo que sí parece que Talavera fue pionera, pues no se conoce otra instalación anterior, es en el transporte de corriente alterna de alta tensión, con un recorrido de unos 800 metros desde los molinos del Puente hasta la plaza. Todavía se conservan perdidas por el casco urbano palomillas con aisladores de porcelana de aquella primitiva instalación, y en fotos antiguas del puente se pueden observar los postes de madera que servían para llevar el fluido eléctrico.

Molinos de Abajo con la central eléctrica a la izquierda a principios del siglo XX
Molinos de Abajo con la central eléctrica a la izquierda a principios del siglo XX

En los molinos de Abajo había en 1895 una instalación molturadora más compleja, una fábrica de harinas movida por una turbina a cuyo eje se adaptó un generador de corriente, siendo así la segunda instalación desde la que se produciría electricidad para nuestra ciudad. En 1903 se constituye sobre la base de esta instalación de los molinos de Abajo, una sociedad llamada Hidroeléctrica Avial, perteneciente a don Alejandro Avial y su esposa V ictoriana Palavicino. Esta empresa es vendida en 1928 a Félix Moro, los hermanos Carrión y Francisco Gómez París, constituyéndose otra sociedad llamada Central Eléctrica La Milagrosa.

Tendidos eléctricos desde la central del puente al casco urbano en una foto de la compañia telefónica en los años 30

Mientras, la empresa de los hermanos Fernández Santamaría que explotaba la central de los molinos del Puente vendió en 1919 la explotación a Hidroeléctrica Renilla, sociedad que ya había aprovechado para producir electricidad unos molinos de Cebolla y que luego se extendería por la sierra de San Vicente y Gredos. Esta misma empresa instaló en 1929 una central térmica de reserva en la isla de los Molinos para aumentar la energía disponible y en 1934 mejoró sus turbinas y pasó a denominarse “Central Virgen del Pilar”.

Compuertas de la central eléctrica de Gavilanes, el rebosadero de la derecha forma una impresionante chorrera que se desploma por la ladera de Gredos
Compuertas de la central eléctrica de Gavilanes, el rebosadero de la derecha forma una impresionante chorrera que se desploma por la ladera de Gredos

En 1935 construye el mayor salto de España de la época con 425 metros en el pueblo serrano de Gavilanes para dar luz a Talavera con una línea de 33 kilómetros de recorrido. Se denomina Hidroeléctrica Santa Teresa y Se finaliza en 1956. En 1958 se amplían las instalaciones de la Milagrosa pero en 1960 la gran empresa Hidroeléctrica Española, entre otras, van adquiriendo las pequeñas centrales consolidando uno de los monopolios típicos del franquismo. Ta m b i é n adquiere las instalaciones de Renilla, desapareciendo estas pequeñas empresas pioneras del abastecimiento eléctrico en nuestra tierra y en España.

Aquellos viejos molinos árabes que llamaron la atención de los viajeros medievales y que fueron la primera industria talaverana sirvieron también para traer la primera tecnología de la revolución industrial a nuestra ciudad.

OTROS RECEPTORES DEL MOLINO DE AGUA: RAMPA, TUBO, REGOLFO

OTROS RECEPTORES DEL MOLINO DE AGUA ADEMÁS DEL CUBO: RAMPA, TUBO, REGOLFO

Otro nuevo capítulo de mi libro agotado «Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo»

Cuando el canal no desemboca en un cubo sino que, desde el desnivel conseguido, se precipita el agua directamente por una prolongación en rampa de ese mismo canal, nos encontramos ante un molino de rampa (figs. 15 y 17) o simplemente de canal como suelen referirse a este receptor los molineros.

Tipos de receptor de los molinos de agua con rueda hidráulica de rodezno
Tipos de receptor de los molinos de agua con rueda hidráulica de rodezno

La frecuencia de este tipo de receptor en rampa es mayor en la comarca de los Montes de Toledo y precisa de un caudal relativamente abundante para su funcionamiento. Es curioso constatar que en más de diez casos de todos los estudiados, se asocia este sistema de rampa con un cubo anejo en el mismo molino que serviría para moler en épocas de escasez de agua, mientras que la rampa aprovecharía los mayores caudales de los días lluviosos, e incluso funcionarían los dos sistemas a la vez si el caudal lo permitiera.

Las rampas pueden estar descubiertas o techadas con grandes lajas de granito que también sirven para enlosar las paredes y el suelo. Lo más frecuente es que estas rampas tengan una cubierta de lajas y sobre ellas se acumule tierra y mampostería irregular (fig. 17). Es muy habitual que los molinos de rampa tengan balsas previas de dimensiones considerables que tienen acceso a las rampas mediante compuertas regulables (Foto 5).

La altura y la anchura de la sección de las rampas oscila entre uno y dos metros siendo siempre la altura algo mayor que la anchura. La longitud de las rampas varía desde los cinco hasta los veinte metros. La inclinación viene siendo de entre 301 y 601.

Casi todos los tratados clásicos de molinería se inclinan por la rampa como sistema más arcaico de receptor entre los molinos de rodezno. Los molinos de cubo o arubah serían un descubrimiento posterior probablemente surgido en el ámbito de la cultura musulmana.

Recptor de molino de tubo con un cubo de xinc adaptado para mantener esranqueidad. Molino de garganta Tejea
Recptor de molino de tubo con un cubo de xinc adaptado para mantener esranqueidad. Molino de garganta Tejea

Cuando estas rampas se hacen más estrechas, cerradas y de una mayor inclinación, nos encontramos ante  lo que yo he querido llamar molinos de tubo (fig.15). Cinco ejemplares de la garganta Tejeda, en El Real de San Vicente, y otros tres sobre la garganta de Las Lanchas en Robledo del Mazo son buena muestra de este tipo de receptor en nuestra provincia. Se localizan en arroyos de fuerte pendiente y caudal bastante mantenido. Una pequeña presa en la torrentera desvía el agua a un canal que, en el caso de garganta Tejeda, abastecerá consecutivamente a los tubos de cinco molinos situados en una loma lateral de la ribera del arroyo (Foto 6).

Quedan restos de troncos vaciados de castaño que debieron servir en principio  como conducto y que luego fueron sustituidos por tubos metálicos en El Real, y de cemento en el caso de Robledo. Los tubos tienen entre veinticinco y cincuenta centímetros de diámetro y, dada su inclinación, conducen el agua con gran potencia. Es evidente la influencia de los molinos abulenses sobre este tipo de receptor. Visitando las gargantas de la sierra de Gredos podemos observar un gran número de ellos.

Con el molino de tubo hemos descrito todas las formas de receptor que accionan los rodeznos: molinos de presa de acceso directo, molinos de escorrentía, molinos de rampa y molinos de cubo. Pero además de la rueda tradicional o rodezno, existen en nuestra provincia representaciones numerosas de ese otro paso en la evolución molinera que es el sistema de regolfo.

Restos de la cuba de piedra de un molino de regolfo
Restos de la cuba de piedra de un molino de regolfo

En los molinos de regolfo no existe «el canal». El agua entra directamente al molino con el mismo nivel que lleva la corriente fluvial y pasa bajo el edificio mediante un conducto de sección rectangular pero más estrecho a la salida que se conoce como «la»canal, lo que se conoce como «la bomba» en los tratados clásicos. La diferencia de estas conducciones con las rampas es que éstas se encuentran inclinadas mientras que la canal de los regolfos no.

Esquema de un molino de regolfo
Esquema de un molino de regolfo

Las dimensiones de las canales de nuestros molinos de regolfo varía según sirvan a molinos manchego, los cuales tienen una altura de alrededor de un metro, o que sirvan a los grandes molinos del Tajo, en cuyo caso las canales son más anchas en la entrada del agua que en la salida hacia la cuba del regolfo. La anchura en la entrada varía entre cincuenta centímetros y un metro y en la salida entre los quince y los treinta centímetros. La longitud de estas canales, que como hemos dicho discurren bajo la sala del molino, oscila entre los dos y los diez metros. Las menores dimensiones de los molinos de regolfo de La Mancha se corresponde con lo que en Los Veintiún Libros de Juanelo se define como medio regolfo, «que es de la misma hechura mas que no se le da tanta agua como al regolfo entero»[1]

Todas las formas de receptor ya descritas nos dan una idea general de la tipología molinera, aunque todavía no hayamos tenido en cuenta las distintas variedades de ruedas hidráulicas que complicarán más la variedad de los molinos toledanos.

Además, las formas de receptor no suelen ser formas puras sino mixtas, y así por ejemplo, podemos ver un molino sobre el arroyo de San Silvestre en Maqueda que tiene un cubo de tan grandes dimensiones que casi podríamos considerarlo como una presa, sino fuera porque no está excavado sino edificado sobre el nivel del suelo con muros de obra. Lo mismo sucede con los grandes cubos o presas en arco invertido de los molinos de La Jara. Otras veces es difícil diferenciar un cubo profundo de un bombo alto, o una rampa estrecha e inclinada de un tubo. Hay cubos con un suelo tan inclinado que podrían asimilarse a una rampa no cubierta etc.

Esquema de un molino de regolfo en los 21 Libros de uanelo urriano
Esquema de un molino de regolfo en los 21 Libros de uanelo urriano

Por otra parte, en muchos casos se combinan dos o varias formas: hay molinos de balsa que desembocan en un cubo o en una rampa; molinos de cubo y rampa juntos en el mismo edificio. Un molino de escorrentía con un cubo asociado y otras muchas combinaciones que siempre intentan adaptarse al terreno, a los caudales o a las pendientes disponibles. En la tipología influye además la época histórica concreta en que fueron edificados esos molinos y el área geográfica donde se instalaron. También, la posibilidad de una mayor o menor clientela condicionará el que se hagan intentos de conseguir una superior rentabilidad del ingenio mediante la aplicación de innovaciones, reformas o un aumento del número de piedras y receptores.

 

[1] LOS VEINTIÚN LIBROS…: Opus cit. pp. 368 y 369.

GUISANDO Y EL RÍO PELAYOS

GUISANDO Y EL RÍO PELAYOS.

ASCENDIENDO A LA MIRA Y LOS GALAYOS

Ruta de subida a los Galayos y la Mira desde Guisando
Ruta de subida a los Galayos y la Mira desde Guisando

Parece que fue en torno a unas majadas de cabras que se fue articulando el caserío que daría lugar a este pintoresco pueblo de Guisando. Fue siempre aldea de la Villa de Arenas hasta que adquirió su privilegio de villazgo por concesión de Carlos III en 1760, año que figura en la base del rollo jurisdiccional erigido en la nueva villa.

El pueblo es muy pintoresco tanto por sus paisajes como por su arquitectura popular que conserva muchos rincones para fotografiar, aunque como sucede en tantos lugares de la zona han ido disminuyendo ante el empuje urbanístico del turismo. Camilo José Cela habla también de Guisando en su precioso libro de viajes por Gredos “Judíos, Moros y CRistianos” en el que además de referir que por su tez y altura las mujeres de Guisando parecen godas y las de Candeleda moras, cuenta la anécdota de cómo le refirieron que en el pueblo había “protestones”, curiosa forma de denominar a un grupo de protestantes que históricamente hubo en la población y que llamaba la atención en tiempos pasados por lo difícil que resultaba mantenerse una comunidad así en la España del nacional catolicismo. Pío Baroja también pasa por aquí y en su novela “La Dama Errante” comenta “Llegaron a la vista de Guisando. Desde lejos, el pueblo era bonito, con sus tejados rojos y su aspecto de aldea suiza; pero dentro no tenía nada que celebrar: Las calles están llenas de barro y los cerdos andaban entre la gente”.

Rincón de Guisando
Rincón de Guisando

Como vemos, siempre aparece Guisando como pueblo pintoresco. Todavía quedan hermosos rincones con los elementos típicos de la arquitectura serrana de balcones y solanas con algún entramado y tal vez una mayor superficie de paredes blanqueadas que en otros pueblos de la comarca, lo que hacía decir a Cela que “Guisando es caserío blanco como paloma y sosegado igual que el agua de la fuente clara”, aunque anteriormente era mayor el número de fachadas de mampostería desnuda o revocada y pintada de añil.

La iglesia parroquial está bajo la advocación de la Purísima Concepción y es de construcción reciente, aunque no desentona con el entorno y guarda todavía algunas pinturas de mérito en su retablo del siglo XVIII. En la ermita que se halla a la entrada del pueblo podemos ver azulejería talaverana del siglo XVI.

Sus fiestas patronales son el 29 de septiembre en honor de San Miguel, aunque en invierno los carnavales son muy celebrados y nos permiten ver a las mujeres ataviadas con el traje típico. Además, el domingo de Resurrección se celebra el día del huevo en que se pintan huevos cocidos con tintes naturales para dárselos a los niños.

Las impresionantes risqueras de Los Galayos
Las impresionantes risqueras de Los Galayos

 LA EXCURSIÓN

Ascendiendo a La Mira por Los Galayos

 Partimos desde Guisando por la carretera que sube por el valle del río Pelayos, que en su naciente se conoce como vertiente de Los Galayos. Llegaremos junto a un puente que se halla cerca de un campamento juvenil. Por él podremos acceder, si vamos con tiempo o en alguna otra ocasión, al llamado “Pino Bartolo”, un árbol singular de grandes dimensiones que vale la pena visitar por ser un pino albar de 500 años de antigüedad que se encuentra rodeado de los “bartolitos”, otros pinos que forman un ameno conjunto. El camino es empinado pero vale la pena subir por lo solitario del lugar y por haber sido acondicionada e indicada la senda recientemente.

Pero volvamos a la ruta principal. A Los Galayos se accede por una senda que parte de El Nogal de El Barranco, lugar en el que se acaba la carretera y en el que se sitúa un monumento a la cabra montesa autóctona, la Capra Hispánica.

Horno de pan de la majada restaurada junto al Nogal del Barranco
Horno de pan de la majada restaurada junto al Nogal del Barranco

Poco después de pasar el refugio, un poco más arriba, unos indicadores nos llevarán a una majada de cabreros restaurada en la que podemos ver los edificios que tradicionalmente constituían estos conjuntos ganaderos. En primer lugar cuenta con el chozo en el que habitaba la familia, en el que observamos una piedra que sobresale del muro en el lugar donde se hacía el fuego, para evitar así que las chispas prendieran en el techo de piornos. Solamente alguna alacena completa la sencilla estructura de estas construcciones. También podremos ver la quesera, otra especie de chozo circular situado siempre en zonas umbrosas y por cuyo suelo de piedras discurría una corriente de agua que mantenía fresco el queso producido en estos puestos de cabreros. Se trata en realidad de una ingeniosa nevera que permitía a estos ganaderos conservar el queso para no tener que hacer continuos viajes para vender su producto a las zonas habitadas. También podemos ver un pintoresco horno de pan, cochineras y chivitiles para guardar los cerdos o los cabritos respectivamente, o el berengón, otra construcción cubierta de techo vegetal pero con planta rectangular donde se guardaban las cabras.

La subida hacia los Galayos es al principio relativamente suave, aunque tanto el piso de la senda, como la pendiente, nos lo van haciendo cada vez más difícil. Pero al llegar junto a Los Galayos no nos arrepentiremos del esfuerzo, pues el paraje granítico con sus elevadas agujas pétreas es sobrecogedor. Los aficionados a la escalada tienen grandes alicientes para la práctica de este deporte en aquellas verticales paredes de piedra y, tanto los montañeros como los excursionistas pueden alojarse en el refugio Víctory, donde podemos curiosear el el mundillo y el ambiente de los escaladores.

Seguimos subiendo por una senda donde nos tropezaremos con las monteses, para llegar al refugio en ruinas de Los Pelaos, y un poco más allá, por las praderas y piornales de las cumbres, accederemos a La Mira, gran elevación de 2343 metros de altura, el segundo pico más alto de Gredos después del Almanzor y de los picachos que forman el circo de la Laguna Grande. En su cumbre se levanta todavía una pequeña atalaya construida a piedra seca desde la que disfrutaremos magníficas vistas panorámicas sobre ambas vertientes de Gredos. La torreta se levantó para hacer señales telegráficas luminosas con espejos cuando no había otros medios de comunicación.Las praderas y arroyuelos de estas alturas con sus impresionantes vistas panorámicas harán que nuestro esfuerzo sea rentable.

Recorrido aproximado 15 kilómetros ida y vuelta, 7 horas y media.

Hay también en la zona este del término de Guisando un pino resinero de unos doscientos años llamado el pino de La Víbora, y cerca del pueblo, una antigua casa forestal se ha habilitado como Casa del Parque, un aula de interpretación de la Sierra de Gredos que se puede visitar todos los días menos los martes. Si seguimos descendiendo por el río Pelayos por debajo del caserío encontraremos una senda por su orilla oeste que nos llevará hasta la carretera de Arenas a Poyales, donde hay un merendero. Antes habremos pasado por la Charca Verde, un lugar de baño con encanto natural.

Otro paraje dentro del ámbito de Guisando es el paraje de La Lancha, en el naciente de Riocuevas, un paraje del que ya hemos hablado en otra ruta, que es curioso por las chorreras que en época de lluvias se precipitan por una gran lancha de granito. Muy cerca se halla también el puesto de cabreros de La Lancha, con un horno y dos típicos chozos de pastor. Se accede por una pista que sale del extremo norte del casco urbano de Guisando, junto al hostal.

EL MOTÍN DE LAS 300 TALAVERANAS

EL MOTÍN DE LAS 300 TALAVERANAS

(MAYO 1898)

Tipos talaveranos y gentes de la comarca en la época en que se producen los acontecimientos
Foto de la calle San francisco con tipos talaveranos y gentes de la comarca poco después de la época en que se producen los acontecimientos

Clementa se despertó al oír el cubo de una vecina chocar contra el fondo del pozo del  patio. Ella y su  familia ocupaban un par de habitaciones relimpias de un antiguo palacio convertido en casa de vecinos. Su marido se había levantado todavía de noche para ir a coger furtivamente en el Cerro Negro un haz de leña de retama para luego vendérselo a los alfareros.

Sentada junto al viejo baúl, único ajuar que pudo dejarle su madre, se miraba las uñas desgastadas y las manos enrojecidas de tanto lavar la ropa de otros en La Portiña para poder llevar el pan a sus cuatro hijos que todavía dormían bajo las mantas y los ropones archirremendados. Barrió la casa y fregó los cuatro cacharros acordándose de su madre cuando le repetía mil veces que la limpieza es la dignidad del pobre. Dejó a los muchachos encima de la mesa el último pedazo de pan que quedaba en su casa. Hoy podía darles además el tazón de leche que le había traído su hermana, la casada con un arriero,  que siempre andaba algo más desahogada.

Se peinó ante el pedazo de espejo pegado en la pared y salió a buscar a las otras mujeres de su barrio que el día anterior habían quedado en acudir juntas al ayuntamiento. Ya no podían más, apenas había jornales para sus maridos y los dos mayoristas andaban especulando con el trigo, pues en Madrid había mucha demanda y quien lo quisiera en Talavera debía pagar un precio imposible para las economías más débiles.

vidaobrerarEn silencio fueron confluyendo delante de las casas consistoriales modestas mujeres talaveranas que pidieron a uno de los empleados municipales hablar con el alcalde sobre la carestía del pan y la falta de trabajo. Solamente recibieron buenas palabras, esas buenas palabras que eran la sintonía de su vida, la música que siempre se habían visto obligadas a escuchar. Prometió el edil muy serio, una vez más, que intentaría paliar la situación en la medida de las posibilidades del municipio que eran bien pocas, pues en un alarde de patriotismo absurdo se habían destinado los últimos fondos para ayudar a las tropas españolas en una guerra perdida de antemano en Cuba.

Las buenas palabras son alimento poco nutritivo y las mujeres se dirigieron a la calle de la Concha donde se estaba cargando un carro de trigo frente a uno de los almacenes de los acaparadores Iglesias y Casajuana. Los sacos fueron derramados por el suelo, se había roto la paciencia secular de las humildes, de las que no tenían nada que perder y, al pasar por la lujosa casona de los especuladores, una lluvia de piedras hizo añicos los cristales. Furiosas, decidieron ir a la estación de ferrocarril para impedir que el trigo que ellas mismas y sus maridos habían segado de sol a sol con un gazpacho por alimento se marchara a Madrid.

Portada del asilo de San Prudencio en el que durante la revuelta se produjo el saqueo de los bienes de los jesuitas, alojados entonces en sus dependencias
Portada del asilo de San Prudencio en el que durante la revuelta se produjo el saqueo de los bienes de los jesuitas, alojados entonces en sus dependencias

La rabia se iba alimentando a sí misma y se oyó el primer grito de ¡Mueran los jesuitas! El muelle del reloj de los mansos de corazón había saltado, muchas mujeres fueron sumándose a la comitiva mientras se dirigían al convento. Al llegar al cruce de la calle del Toro Encohetado se dieron de bruces con el alcalde, el capitán de la Guardia Civil y otros concejales que intentaron detener a las amotinadas ya decididas a todo. Ellas odiaban lo que esos señores representaban, pero eran vecinos suyos y no supieron hacerles daño. Mas la presa ya se había roto y la avalancha no podía detenerse. Golpeaban y arañaban las puertas, las puertas del convento que durante siglos ocuparon los jerónimos, dueños de las mejores y más abundantes tierras de la comarca, dueños de molinos y lagares, dueños de casi todo lo que no estuvo en manos de los nobles. Una de las puertas saltó hecha astillas y el río humano penetró en celdas, cocinas, despensas, sacristías y refectorios. Crucifijos, imágenes, libros sagrados y casullas eran lanzados por las ventanas junto a los muy píos chorizos y jamones, el trigo y las viandas, los muebles y las puertas, todo se amontonaba en el suelo, sobre los albañales, todo comenzó a arder en hogueras que iluminaban las calles de Alonso de Herrera y Río Tajo.

Las autoridades tocaron a somatén y entre guardias, alguaciles y voluntarios, se formó una fuerza que acudió a despejar el lugar cuando ya sólo había cenizas. Las amotinadas precedidas por una bandera de color indeterminado, el trapo de los sin pan, se dirigieron al almacén de los acaparadores de trigo.

Por las ventanas lanzaban las amotinadas muebles y alimentos de los jesuitas.
Por las ventanas lanzaban las amotinadas muebles y alimentos de los jesuitas.

Setenta vecinos armados y diez guardias civiles patrullaron de noche la ciudad, los detenidos fueron hacinados como bestias en las celdas y el ayuntamiento decidió vender al día siguiente tres mil quinientos panes a veinticinco céntimos. Algunas mujeres atemorizadas intentaban acercarse pero las más bravas se lo impedían gritando ¡No queremos pan!.

Querían otra cosa, querían dignidad, querían trabajo, querían un mundo nuevo aunque no sabían bien cómo conseguirlo. Se lanzaron sobre los puestos y, sin poder detenerlas treinta guardias que formaban en la plaza, derribaron los mostradores y pisotearon los panes. Se dirigieron a casa de Sánchez, otro mayorista que huyó saltando tapias mientras las talaveranas arrasaban su casa y sus almacenes de trigo, haciendo lo mismo con los de Iglesias y Casajuana, al grito de ¡Mueran los acaparadores! ¡Mueran los ricos!.

Había que liberar a sus compañeros presos y fueron al ayuntamiento para exigir su libertad. Les fue concedida por las asustadas autoridades que querían ganar tiempo hasta que llegaran refuerzos. Más de ciento cincuenta personas armadas habían sido hasta ahora incapaces de detener la pequeña revolución castellana. Los bienpensantes no salían de su asombro. Más de trescientas mujeres de un viejo pueblo de la meseta se habían levantado e incluso entraban en sus casas y comercios exigiendo las deudas que con ellas tenían contraídas los de su clase desde hacía siglos. Eran las tres de la tarde cuando desembarcó en la estación un destacamento de caballería de la guardia civil al mando del teniente Leardy. Recorrieron las calles al galope con los sables desenvainados entre el griterío de las mujeres.

Clementa cayó sobre el suelo empedrado empujada por un caballo y supo que las cosas volvían a estar en su sitio, en el mismo sitio cabrón donde siempre habían estado.

Página Talavera y su Tierra de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes

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