EL REY ORDOÑO II DE LEÓN ARRASA LA TALAVERA MUSULMANA

EL REY ORDOÑO II DE LEÓN ARRASA LA TALAVERA MUSULMANA

Rey cristiano somete a una ciudad musulmana en azulejería de Ruiz de Luna

Traigo hoy tres curiosos documentos en los que se relata cómo el rey Ordoño II de León arrasa la Talavera musulmana. Ese asalto y la debilidad de las murallas musulmanas de entonces hace que Abderramán III las fortalezca y haga que se construya la alcazaba.

«Fallecido ya su padre y habiéndole sucedido García, su hermano, el belicoso Ordoño, movilizando de nuevo su ejército, se puso en marcha contra Évora, ciudad del reino toledano, que ahora es designada como Talavera; una vez llegado ante ella, la rodeó con sus campamentos, y sin que le valiera para nada la robustez de sus murallas ni el valor de sus defensores sucumbió ante Ordoño, el victorioso y poderoso luchador. Pues, tras un pronto asalto, no sólo tomó, sino que dio muerte a todos los que habían acudido a la lucha con su jefe Suit, y habiendo saqueado todos los bienes de los ciudadanos, regresó rápidamente con una gran multitud de cautivos a su base de partida.»

CRÓNICA SILENSE

Fotografía de Ruiz de Luna que muestra una torre árabe de la muralla a la derecha, en la zona de El Charcón

 

A comienzos de este año [301 de la hégira, que comenzó el 7 de agosto del 913] movilizó sus tropas Urdun ibn Adfuns, (Ordoño, hijo de Alfonso) rey de Galicia, y salió con un gran ejército, formado aproximadamente -entre jinetes, infantes y arqueros- por 30.000 hombres, en dirección a la ciudad de Évora, cuyo amil era a la sazón Marwan ibn Abd al-Malik ibn Ahmad.

Acampó cerca de Évora el miércoles 13 de mubamzm de este año [19 agosto 913], y luego se adelantó entre un grupo de sus guerreros hacia la ciudad, dando la vuelta a su muralla. En esta inspección vio que la muralla era baja, sin antemuros ni almenas, y que en un lugar por la parte de fuera había unos montones de la basura de la ciudad, arrojada junto a la puerta desde dentro de la plaza, que en algunos sitios eran casi tan altos como la muralla. Estas circunstancias le movieron a codicia de tomar la ciudad, y, no dudando que la ganaría, la cercó por todas partes, asedió con rigor a sus habitantes e hizo descabalgar a todos sus jinetes y condes, quedándose sólo con unas cuantas personas de los principales de la gente de su casa, en número no superior a cinco.

Placa fundacional de la Alcazaba y la restauración de la muralla árabe que se encontraba en la esquina Carnicerías -Ronda del Cañillo

Las tropas iniciaron las hostilidades contra los habitantes de Évora, que los rechazaban desde encima de la muralla cuanto podían; pero como los arqueros enemigos les hacían llover las saetas, y no había parapeto que contuviera su avance, llegó un momento en que les abrasaron las flechas, y en que, no pudiendo resistirlas, dejaron libre toda la muralla y se retiraron de ella. Los enemigos entonces se acercaron a la muralla, y, llegando a lo más alto de aquellos montones de basura, lograron echar abajo un remiendo de albañilería recién hecho allí para tapar un boquete. Cuando quisieron darse cuenta los habitantes de la ciudad, ya ésta había sido invadida por varios sitios y se encontraron con el enemigo dentro.

Reaccionaron, sin embargo, los musulmanes en esta ocasión, unidos como un solo hombre; lograron expulsar de la plaza a los invasores, y, retornando a las murallas, mataron buen número de enemigos. Volvieron éstos, sin embargo, a la carga, los derrotaron, y entraron de nuevo en la ciudad. Encarnizóse el combate y arreció la pelea, muriendo mucha gente por ambas partes, hasta que a la postre los enemigos se impusieron por su número, los desbarataron y los obligaron a refugiarse en un sitio, al oriente dela ciudad, cerca de la muralla donde se aglomeraron en poco espacio y no les era posible desenvolverse por causa de la angostura. En consecuencia, los mataron a todos (iDios tenga misericordia de ellos!), y, además, los politeístas se apoderaron de todas sus mujeres, hijos y bienes. Sólo se salvaron diez personas de nota, gente conocida, que se refugiaron con sus familias en algunos de aquellos edificios antiguos; que, encaramados en lo más alto de ellos, resistieron hasta la noche, y que, cuando ésta cerró, bajaron de su escondite y, amparados en la oscuridad, se deslizaron furtivamente hasta llegar a Beja. Nadie se salvó de los  habitantes de Évora más que ellos, que eran de sus vecinos principales. En esta batalla encontró el martirio por la fe Marwan ibn Abd al-Malik,amil de Évora, que fue muerto en su oratorio, y cuyas mujeres e hijos cayeron en cautividad. El número de mujeres y niños hechos prisioneros dentro de la plaza se acercó a los 4.000, y los muertos en el recinto de la ciudad fueron alrededor de 700 hombres.

Tramo de muralla restaurado en la zona de El Charcón

Se cuenta que no había memoria en al-Andalus de un desastre del Islam, por parte del enemigo, más afrentoso y terrible que éste. Durante algún tiempo, el que entraba en la plaza, luego de haberla abandonado el enemigo, y se dirigía al lugar en que se habían apretujado los musumanes sin encontrar ante ellos salida, veía sus cadáveres, apilados unos encima de otros, hombres y mujeres, en montones, casi tan altos como dos veces la talla de un hombre, que llegaban al filo de la muralla.

Se llamaba aquel lugar al-Atrás [¿el Estrecho?], a causa de su angostura. El tirano Urdun partió rápidamente con su ejército el jueves, a otro día de su entrada en la ciudad. El resto de los habitantes del Algarve y de otras regiones se afligieron sobremanera por esta calamidad de Évora, y concibieron tan grande temor del enemigo, que se consagraron a reparar las murallas y a fortificar sus castillos. Los que lo tomaron más a pecho fueron los habitantes de la ciudad de Badajoz, cuya muralla, de adobe y tapial, era la misma de los tiempos de Abd al-Rahman ibnMarwan al-Yilliqi. En efecto, escribieron a su emir Abd Allah ibn Muhammadibn Abd al-Rahman, comunicándole la decisión que habían tomado de fortificar la plaza, y el príncipe, no sólo les animó en su decisión, sino que tomó personalmente a su cargo, en compañía de sus consejeros, el vigilar la obra y reunió a los obreros necesarios para la edificación de la nueva muralla. La hicieron de un ancho de diez palmos en un solo tapial, y los trabajos se continuaron ininterrumpidamente, hasta dejarla concluida en este mismo año”.

UNA CRÓNICA ANÓNIMA DE ABDERRAMÁN III.  E. Levy Provenzal y Emilio García Gómez

 

 

 

 

 

El señor de Badajoz, Abdallah b. Muhammad temió que, al haber quedado Évora desierta, se metieran en ella algunos de los bereberes de las inmediaciones y resultara perjudicado, por lo que, saliendo con los suyos hacia allí, destruyó los torreones y echó abajo el resto de las murallas, hasta dejarlas por tierra.

Al-Muqtabis

DESCRIPCIÓN DEL MONASTERIO DE SAN AGUSTÍN

DESCRIPCIÓN Y CURIOSIDADES DEL MONASTERIO DE SAN AGUSTÍN

Fachada de la iglesia y convento de San Agustín

 La  iglesia es también obra de Fray Lorenzo de San Nicolás, en su capilla mayor se enterraban los marqueses de Montesclaros y todavía puede observarse alguno de sus blasones en los restos de la decoración. En la sacristía había un hermoso altar de la Virgen bajo el que estaba sepultado el fundador del Hospital de San Juan de Dios de Talavera, Antonio Cruz de Albiano. La capilla del Cristo servía para dar entierro a los familiares del regidor perpetuo Cárdenas de Salazar. Había además dos capillas dedicadas a Nuestra Señora de La Paz, advocación del convento, y a Nuestra Señora de Copacabana.

Edificio conventual con la elaborada obra de ladrillo de fray Lorenzo de San Nicolás

Seguimos a Pedro López Gayarre en la descripción del templo:

«La planta de la iglesia es de salón con capillas laterales comunicadas entre sí por la central. Se conservan hoy en lamentable estado, la nave central y las capillas del lado izquierdo. Las del lado derecho han desaparecido.

El presbiterio está cubierto por una bóveda encamonada, realizada en ladrillo y madera y adornada por diversas yeserías y molduras.

El arranque de la bóveda falsa de medio cañón de la nave central está recorrido por molduras de yeso que así mismo están presentes en las capillas laterales. Todas las bóvedas se cubren de dibujos geométricos realizados en yeso y que concuerdan con los reproducidos para ese fin en el tratado de arquitectura de Fray Lorenzo…

Fachada de la iglesia de San Agustín con las grandes molduras y ornamentos superiores típicos de la arquitectura de fray Lorenzo de San Nicolás

Los muros se realizan en ladrillo, tapial y mampostería, combinados en lo que se ha dado en llamar “obra toledana” consistentes en la unión de estos tres materiales en cajones de tapial y mampostería rodeados de hiladas y verdugadas de ladrillo que aporta consistencia y regularidad al aparejo. La fachada, sin embargo, como ocurrirá en todos los demás edificios se realiza íntegramente en ladrillo siendo el elemento más característico en estos templos…» Esta fachada se compone de tres cuerpos verticales. Destaca el central con el esquema típico de la época con puerta, hornacina, vano y óculo culminando en frontón  semicircular partido y moldurado.

Un pasadizo unía, sobre la calle que da acceso a la Puerta de Pescaderías, el huerto con las dependencias conventuales que, debido a sus diferentes utilizaciones y reformas han perdido todo su  trazado primitivo.

Arco de San Agustín restaurado

 CURIOSIDADES

Personajes y un fantasma

 El convento agustino fue noviciado desde sus primeros tiempos y en él se formaron misioneros como el escocés Tomás Bort de Santa María que predicó más tarde en su tierra. Otros monjes talaveranos formados aquí llegaron a ser vicarios generales de la congregación y provinciales de la misma. También lo fue el padre Agustín de San Ildefonso, un teólogo de prestigio que publicó su gran obra Teología Mystica. Hubo frailes que marcharon a evangelizar Filipinas y América y otros acabaron retirados en el desierto de La Viciosa, como es el caso del padre talaverano Jerónimo de la Resurrección que fue vicario general de la orden recoleta.

También se guarda un documento en el archivo municipal en el que se describe cómo las autoridades hubieron de tomar parte ante el rumor repetido en la población de que en los sótanos del convento y actual museo se oían ruidos extraños por la existencia de un fantasma.

EL PATRIMONIO DE PUENTE DEL ARZOBISPO

POR LA CAÑADA LEONESA ORIENTAL X

EL PATRIMONIO DE PUENTE DEL ARZOBISPO

ROLLO JURISDICCIONAL DE pUENTE DEL ARZOBISPO

 

El símbolo del privilegio de villazgo de Puente del Arzobispo se conserva todavía y es un magnífico rollo jurisdiccional. Se sitúa a la entrada del pueblo por la Cañada Real y se ha datado a finales del siglo XV. Se asienta sobre una gradería labrada en granito como el resto del monumento. La columna es claramente de estilo gótico tardío y su fuste se compone de nueve tambores. Dos de sus caras están decoradas por sendas piletas labradas pero sin imágenes y las dos opuestas con las cabezas de dos animales fantásticos. En el capitel destacamos los escudos y los cuatro canes que recuerdan a las gárgolas góticas.

DETALLE DECORATIVO DEL ROLLO DE PUENTE DEL ARZOBISPO

La afluencia de romeros a Guadalupe era tal que se hizo necesaria la institución de dos hospitales que acogieran por un lado a las mujeres y niños expósitos y por otro a los hombres. Sus dependencias se situaban en torno a dos patios y su estructura general se conserva, pues formaban parte del edificio que ocupa todo el lado oeste de la plaza mayor puenteña. El concepto medieval de hospital es muy diferente del actual y en su mayor parte eran simplemente edificios donde se cobijaban de las inclemencias del tiempo los viajeros pobres sin que su fundación conllevara, en la mayor parte de los casos, la manutención ni los servicios de médico o barbero-cirujano propios de la época. En el caso de los hospitales de esta villa, el arzobispo Tenorio dejó ordenada la entrega de pan a los peregrinos y para hacer frente a los gastos les dotó de una serie de rentas que durante mucho tiempo permitieron su mantenimiento, como las de la Dehesa del Carrizal, el huerto, el batán, los molinos harineros, los diezmos y el pontazgo que se cobraba a los ganados mazariegos, pues el impuesto que se cobraba a los ganados mesteños o trashumantes correspondía a las monjas de San Clemente como compensación por los perjuicios que ocasionó el nuevo puente a las rentas del suyo de Pinos en Azután. Todas estas rentas fueron aumentando a lo largo de los años por las donaciones realizadas por particulares en sus testamentos, de manera que ya en el siglo XVIII los enfermos tenían asistencia médica y también se abastecían sus dependencias de leña y alimentos.

ANTIGUO HOSPITAL DE PUENTE DEL ARZOBISPO, HOY RESIDENCIA DE ANCIANOS

El edificio actual, en el que se alberga una residencia de ancianos, está construido en aparejo mudéjar con los huecos protegidos por rejas, de las que es especialmente llamativa la central con una reja-mirador de grandes proporciones. En el interior se conserva un patio cuadrado con doble galería y en el exterior podemos distinguir una espadaña de construcción más moderna y un pasadizo que comunicaba directamente con la iglesia. Por otra parte, en la hospedería se refugiaban los viajeros que no estaban aquejados de ninguna enfermedad.

IGLESIA PARROQUIAL DE PUENTE DEL ARZOBISPO

La iglesia parroquial de Puente del Arzobispo conserva poco de la primitiva edificación del siglo XV pero en detalles como la torre con los escudos del arzobispo Tenorio, la escalera de caracol de piedra, una portada mudéjar y la lacería gótica de la capilla bautismal persisten muestras de su antigüedad, a pesar de haber sido reedificada en su mayor parte en el siglo pasado debido a los destrozos ocasionados por los enfrentamientos con los franceses durante la Guerra de la Independencia. Es curioso el remate de la torre en un campanil de planta octogonal y decorado con cerámica del siglo XVII.

SOPORTALES DE PUENTE DEL ARZOBISPO, DONDE DESCANSARON MUCHOS PEREGRINOS A GUADALUPE

La plaza donde se sitúan el hospital y la iglesia cuenta con mobiliario urbano decorado con cerámica puenteña al igual que alguno de los edificios del entorno. Delante de la fachada del hospital se ha erigido un monumento al fundador y benefactor de Puente, el arzobispo Tenorio. La arquitectura popular puenteña es en el caso de las viviendas humildes una arquitectura, como la de Alcolea, edificada en adobe y tapial, aunque todavía sobreviven algunas construcciones antiguas porticadas con columnas graníticas de curiosos capiteles. Podemos imaginar a los muchos peregrinos que por aquí deambulaban descansando o guardándose de la lluvia bajo estos pórticos.

CONVENTO FRANCISCANO DE PUENTE DEL ARZOBISPO

El convento franciscano de Puente, del que persiste la iglesia todavía en pie, fue construido con las limosnas de toda la villa y en especial con las de Juan de Villaroel, personaje local que deseaba que se trasladaran sus restos y los de su familia a este monasterio. Su hermano fue Diego de Villaroel, capitán en la conquista de América y fundador de San Miguel de Tucumán.

Ya nada queda de los dos claustros, las celdas y la huerta. En el templo se veneraba la Virgen del Majano, llamada así por haberse aparecido sobre un majano o montón de piedras a un sacristán de Alía. Construida en 1620 es de sillería en las esquinas con mampostería en el resto y ladrillo moldurado en sus cornisas. A los pies tiene una espadaña herreriana y el interior es de una sola nave de buenas proporciones con cúpula sobre pechinas.

MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO EN EL TAJO

LOS MOLINOS DE PUENTE: Varados en el río se hallan los olvidados molinos de Puente que por su importancia etnográfica e histórica bien merecerían la atención de las diferentes administraciones para su conservación. En el siglo XVIII se dice de ellos que “no hay en el Tajo otros mejores ni más resistentes”, pues tenían nada menos que mil fanegas anuales de trigo de utilidad, es decir de ganancia a efectos fiscales. Estos molinos presentan en la actualidad un aspecto impresionante con su gran edificio de al menos siete cuerpos con cuatro tajamares y hasta once piedras, cada una con su propio nombre: Rayo, Vapor, Espolique, San Juan, Santa Catalina etc. Tres de ellas se sitúan en un edificio construido en un nivel más elevado, se trata del molino de invierno que se utilizaba cuando las otras piedras estaban inundadas por las crecidas. Contaban también estas aceñas o molinos con otras dependencias para cernedero, almacén de los costales e incluso una pecera para mantener frescos los barbos y las anguilas que se pescaban en el “cañal” del mismo molino. El conjunto se complementa con otro edificio también rematado en tajamar donde se situaban la carretería y la herrería, las cuadras y los alojamientos.

Estos molinos eran la más jugosa fuente de ingresos para los hospitales de Puente y gracias a sus beneficios se atendió a miles de peregrinos y enfermos. Es posible que existieran ya en época musulmana aunque más tarde el arzobispo Tenorio los heredó de su madre, legándolos luego para sus obras pías y poniéndoles por nombre Santa Catalina. Era muy devoto de esta santa ya que puso también bajo su advocación a los hospitales y a la iglesia de Puente, así como a otras fundaciones suyas como el monasterio de jerónimos de Talavera o el puente de esta misma ciudad. El edificio molinero, que a su entrada tiene labrada en la piedra la rueda dentada con que se martirizó a esta santa, es digno de que curioseemos en su interior y tiene su mejor perspectiva desde la orilla opuesta del río.

MONASTERIO DE SAN AGUSTÍN

MONASTERIO DE SAN AGUSTÍN CASA MADRE DE LOS RECOLETOS Y ACTUAL MUSEO RUIZ DE LUNA

FOTO DE LOS AÑOS 20 DEL PASADO SIGLO EN LA QUE SE OBSERVA DE IZQUIERDA A DERECHA LA IGLESIA DEL MONASTERIO, LAS DEPENDENCIAS CONVENTUALES Y EL ARCO QUE LO UNE CON EL HUERTO DE LA ALCAZABA QUE APARECE SEMBRADO DE MAÍZ. dETRÁS DEL TEJADO DE LA IGLESIA ASOMA LA IGLESIA DE SANTA LEOCADIA

San Alonso de Orozco, nacido en Oropesa y predicador de Felipe II, funda en 1566 este convento bajo la advocación de Nuestra Señora de la Paz, en la zona de la actual plaza de San Agustín, entonces llamada de Almairo. A duras penas consigue subsistir el cenobio hasta que muerto su fundador y protector, desaparece. La institución de este monasterio no estuvo exenta de dificultades ya que, como sucedió en otros casos, la existencia de una nueva comunidad religiosa local chocaba con los intereses de las ya asentadas que veían peligrar su subsistencia, por ser Talavera una villa que no contaba con tan gran vecindario que permitiera mantener tantas casas conventuales. Los nobles partidarios de los monasterios consolidados presionaban sobre el concejo y las autoridades eclesiásticas para impedir nuevas fundaciones. La primera excusa que se puso a la venida de los agustinos fue que habían actuado con nocturnidad y alevosía instalando el Smo. Sacramento en un lugar «indecente que fue una cocina donde durmieron mozos».

El ayuntamiento llega a impugnar su fundación «por ser mucha parte de los vecinos de esta villa pobres y los monasterios de esta villa no se pueden sustentar y padecen detrimento».

FOTO DEL ARCO DE SAN AGUSTÍN ANTES DE SU RECONSTRUCCIÓN. APARECEN TODAVÍA VIVIENDAS ADOSADAS A LA MURALLA.

Más tarde, el municipio comenzó a perder la unanimidad en sus planteamientos e incluso permite a los monjes asistir a una procesión a la Virgen del Prado en demanda de lluvias. Poco a poco se van limando asperezas pero el convento no consigue salir de su pobreza hasta que, en 1589, es refundado por agustinos recoletos con la protección de Felipe II y su limosnero, el talaverano García de Loaysa. El convento se encuentra desierto y paupérrimo a su llegada y los frailes comienzan su andadura guiándose por las órdenes reformadas inspiradas por fray Luis de León. Es éste de Talavera el primer monasterio que las abraza y por ello es considerado como la casa madre de los agustinos recoletos, habiéndose celebrado en él con frecuencia los capítulos de la orden.

MONASTERIO DE SAN AGUSTÍN Y SU HUERTOEN LA ALCAZABA EN UNA FOTO AÉREA DE 1937

Tras su fundación, como nos cuenta su cronista Angel Martínez Cuesta, sufrieron numerosas penalidades pero conectaron rápidamente con el pueblo talaverano por su ascetismo sincero. Hasta el punto de que, cuando el fraile encargado de recoger los donativos enfermó, eran las propias gentes las que se acercaban a ofrecer sus ayudas a los agustinos. Además, el pueblo trabajó desinteresadamente en las obras y reformas del edificio, incluso en masa, como cuando se precisó el concurso de mucha gente para derribar un muro.

BLASONES DE LOS MARQUESES DE MONTESCLAROS,PROTECTORES DE ESTE CONVENTO ANTES DE LA RESTAURACIÓN DEL MISMO. LAS PINTURAS DECORABAN EL SALÓN DE BAILE QUE ALOJÓ LA IGLESIA DESAMORTIZADA

En el siglo XVII el marqués de Montesclaros, antiguo Virrey de Méjico y Perú, toma bajo su protección este convento, y estimula el culto al Ave María que incluso llega a dar nombre al cenobio.

El monasterio fue utilizado como noviciado y profesado en el siglo XVII, durante el que viene teniendo una media de 45 frailes. Pero en el siglo XVIII se mantiene una lenta decadencia pues nunca había sido esta institución muy dotada de propiedades y rentas y esto les obliga a salir a predicar por los pueblos, a ser párrocos rurales e incluso maestros. Uno de ellos tenía el cargo de administrador de la fábrica de sayales que la orden poseía en Calzada de Oropesa. En 1788 se cambian los monjes a la casa que habían dejado los expulsados jesuitas en el convento de San Ildefonso, actual solar ocupado por el teatro Palenque y el mercado de Abastos. El ayuntamiento destina en 1793 el antiguo edificio agustino para escuelas municipales aunque, mientras se realiza el traslado definitivo, los maestros dan clases en los antiguos hospitales de San Bartolomé y San Lázaro.

DETALLE DE LA FACHADA DE LA IGLESIA DE SAN AGUSTÍN EN DIBUJO DE JESÚS MORALES

Durante la invasión francesa la destrucción del viejo monasterio casi se consuma pues hasta desmantelaron las tropas buena parte del tejado. Más tarde se convierte en pajar con la desamortización de 1835 y en 1886 se utiliza la iglesia como teatro “La Unión”. Actualmente la iglesia se mantiene en pie a duras penas y el convento aloja el Museo de Cerámica Ruiz de Luna.

En su nueva localización de San Agustín el Nuevo, sufrió la comunidad la inquina de los franceses y a duras penas se mantuvo con cinco frailes hasta su disolución en 1834 debido a la desamortización de Mendizábal. El huerto de San Agustín, antiguo alcázar, se vendió a un particular.

FOTOS GENERALES DE LOS JARDINES DEL PRADO

FOTOS GENERALES DE LOS JARDINES DEL PRADO

Siguiendo con la serie de entradas de fotografías antiguas y descripción e historia de los Jardines del Prado traigo hoy varias fotografías del paseo central del Prado y vistas y postales generales de este elemento patrimonial tan talaverano

El «paseo de enmedio» de los jardines del Prado en postal de 1927 de J.Camino

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DESASTRES DE LA GUERRA

DESASTRES DE LA GUERRA

Grabado alegórico a los sufrimientos del pueblo español en la Guerra de la Independencia

En la Guerra de la Independencia no sufrió Talavera solamente los efectos de la gran batalla que lleva el nombre de nuestra ciudad, sino que las idas y venidas de los ejércitos franceses provocaron gran cantidad de víctimas, daños en el caserío y una gran miseria posterior debida a su rapiña insaciable.

En 1819 el ayuntamiento de Talavera emite un informe por orden del rey Fernando VII en el que relata “narraciones verídicas, hechos heroicos, acciones brillantes, sentimientos leales, sufrimiento y trabajos que haya padecido el pueblo desde que las huestes francesas ocuparon su suelo”.

A finales de noviembre de 1808 se crea en Talavera con vecinos de la villa y de sus tierras el Regimiento de Infantería Voluntarios Leales de Fernando VII, bajo las órdenes del también talaverano coronel Genaro Rezábal. Las tropas salen hacia Badajoz ante el avance francés después de cuatro meses de ejercitarse en las armas.

En esta misma época pasa por la villa huyendo de la represión francesa en Madrid “la Suprema Junta Central y todo nuestro ejército en dispersión, prelados eclesiásticos, comunidades religiosas de ambos sexos, grandes títulos, empleados y multitud de familias afligidas y desoladas, y todos encuentran en el recinto de Talavera y sus moradores tantos héroes como vecinos, que se esmeran y distinguen en prestar a estos fieles errantes súbditos cuantos auxilios y recursos hallaban en sus alcances ”.

El llamado patio de San José, antigua casa de la dirección de la Real Fábrica de Sedas fue el lugar donde se alojó José Bonaparte, Pepe Botella, a su paso por Talavera

Podemos imaginar a toda la abigarrada muchedumbre de personalidades, nobles funcionarios y religiosos de Madrid huyendo de las tropas francesas y alojándose en las casas de Talavera. El 11 de diciembre de 1808, un domingo a las ocho de la mañana, entran en nuestra ciudad las tropas francesas al mando del general Lasalle con los regimientos franceses del 10º de Cazadores y el 5º de Dragones, que por su crueldad provocan la huida de nuestros paisanos y “se cubrieron los caminos de personas de todos estados, sexos, condiciones y edades que como náufragos barquichuelos caminaban por donde les conducía el viento de sus desconsuelos en el agitado mar de sus tribulaciones. Volvían sus humedecidos ojos a los muros de su amada patria, que quedaban en el más pavoroso silencio, y se despedían de ella juzgando que no volverían a verla, como sucedió a muchísimos, que de sentimiento, necesidad y miseria fallecieron en los pueblos inmediatos, o en las labranzas, alquerías y cortijos”.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es 1e44c12f52afba3f236ff2eb462bef4f-744x1024.jpg

El general Lasalle, uno de los más crueles generales franceses con la población de Talavera

Una semana más tarde llegan a Talavera más tropas francesas al mando del general Lefevre y se alojan en las casonas, palacios y conventos. “Hacia las ocho de la tarde se esparcen en patrullas de seis u ocho hombres por las calles de la villa con velas encendidas y se dedican a un saqueo general, rompiendo las puertas con hachas y cometiendo toda clase de insultos y violencias con las pocas personas que se habían quedado. Continuaron por todo el día siguiente destrozando y rompiendo en las bodegas y lagares las tinajas de vino y vasos que contenían aceite, de suerte que una y otra especie corrían por las calles hasta incorporarse con la corriente del Tajo ”. El mismo general francés desvalijó el palacio arzobispal y se llevó un furgón cargado, entre otras cosas, con toda la vajilla y telas ricas en las que le sirvieron la cena.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es 3e25f07c4086e14c6e2c716a2c098b30-686x1024.jpg

El general Lefèvre otro militar francés que fue especialmente violento en Talavera

Cuando el 6 de enero de 1809 los franceses abandonaron Talavera tras su primera estancia, habían robado cien mil fanegas de trigo, cuarenta mil de cebada y ocho mil arrobas de garbanzos, cincuenta mil cántaros de aceite y doscientas mil arrobas de vino, además de incontables carnes, aves y ganados. Pero al cabo de sólo nueve días volvieron los gabachos a ocuparla con tropas del primer cuerpo al mando del mariscal Víctor, duque de Bellune que, además de otros agravios, intentó saquear la riqueza en metálico que pudiera quedar en la villa.

Grabado del siglo XIX que representa la Batalla de Talavera

La fría noche del siete de febrero de 1809 fueron los gendarmes y soldados franceses sacando de sus casas a las personas más ricas e influyentes y las llevaron al ayuntamiento. Todos los talaveranos allí encerrados quedaron de acuerdo en no entregar a los invasores ni un solo maravedí de los que les exigían con la excusa de acusarles de apoyar a los insurgentes españoles. Para aterrorizarlos les sacaron de madrugada para llevarlos, seguidos de varios cañones con la mecha encendida, para marchar a pie hasta Almaraz, donde dijeron que les pasarían por las armas. No quebraron así su voluntad y cuando iban por la iglesia del Salvador, viendo los franceses que no amedrentaban a estos paisanos, volvieron a llevarlos al ayuntamiento.

Siguieron entrando y saliendo los franceses de Talavera cometiendo toda clase de tropelías. Pero especialmente cruel fue el general Lavalle cuando volvía de incendiar Arenas de San Pedro, donde además había pasado a cuchillo a muchos de sus habitantes.

Como ya habían dejado en Talavera pocos víveres y riquezas, se llevaron las mantas y sábanas de los vecinos y maltrataron al vicario y cura de Santa Leocadia, registrando y destrozando su casa.

Soldados franceses en un grabado alegórico sobre los desastres de la Guerra

Se empiezan entonces a producir los primeros ataques de los guerrilleros españoles contra los ejércitos napoleónicos, llegando en sus incursiones hasta la plaza del Comercio (hoy del Reloj) y atacando a la guardia francesa del puente. Un guerrillero talaverano llamado Jerónimo Moreno llegó a disparar un cañón contra los invasores desde el sitio conocido como La Redondilla.

Los franceses se alojaban en las casas de los talaveranos y allí les exigían toda clase de alimentos, maltratándoles si no los conseguían, como cuando les pedían castañas frescas en pleno verano. Obligaban a los vecinos a dormir en el suelo y ni siquiera les dejaban arrimar al fuego el miserable puchero que podían permitirse después de los saqueos. Con ocasión de que varios soldados de Napoleón habían muerto en una emboscada a manos de los insurgentes españoles, los franceses dinamitaron más de cuatrocientas casas en Talavera, cebándose especialmente en el barrio de la Puerta de Cuartos por pensar que allí habían ocultado a los guerrilleros que les habían atacado.

Fue notorio el gélido recibimiento que se dio al rey José Bonaparte, “Pepe Botella” para el pueblo, cuando entró en Talavera al mando de treinta mil hombres. Se alojó en la Casa de la Dirección de las Reales Fábricas de Sedas, el conocido como patio de San José, y durante su estancia de tres días no recibió ni el más mínimo obsequio por parte de los talaveranos, ni se escuchó ni una sola vez en la villa el grito de ¡Viva el Rey José!, mientras que al llegar nuestro ejército con los aliados ingleses y portugueses, el recibimiento fue clamoroso.

Después vendría la Batalla de Talavera y los franceses que volvieron a recuperar después la ciudad se vengaron de la ayuda prestada a los aliados sometiéndola a un nuevo y horroroso saqueo. Otra vez se producen crímenes, tala masiva de los centenarios olivos talaveranos y arrancamiento de cepas.

La miseria, la destrucción y las enfermedades hicieron que la población se llegara a reducir a una tercera parte y Talavera entró en una crisis de la que tardaría muchos años en recuperarse, ya que a ello se unía la decadencia de las Reales Fábricas de Seda que había dejado en desempleo a miles de personas de la ciudad y su comarca. Talavera fue la primera población que recibió al mensajero del alcalde de Móstoles con el llamamiento a la sublevación militar contra los franceses y en el Archivo Municipal se guarda incluso el recibo de uno de las postas que contestó a la llamada de auxilio contra los franceses.

LLEGAMOS A PUENTE DEL ARZOBISPO

LLEGAMOS A PUENTE DEL ARZOBISPO
 EL PUENTE

Recorrido aproximado 9 kilómetros, 3 horas y media

Desde Alcolea la cañada nos une con Puente del Arzobispo tras recorrer escasos dos kilómetros y pasar por un puente sobre el arroyo de Las Praderas

Puente de la cañada leonesa oriental sobre el arroyo de las Praderas en Alcolea

Aguas abajo de Talavera de la Reina eran muchas las leguas que recorría el Tajo sin que hubiera ni un solo puente estable desde el tiempo de los romanos. Talavera mantenía a ultranza sus derechos sobre el paso del río por los grandes beneficios económicos y estratégicos que ello le reportaba, y ponía por ello toda clase de dificultades a la construcción de algún otro puente que hiciera competencia al suyo, aunque a duras penas se mantuviera en pie y hubiera de sufrir continuas reparaciones causadas por las crecidas. Por este motivo, incluso llegó a haber encuentros violentos con las monjas del monasterio de San Clemente de Toledo, señoras de Azután que defendían el paso a través del Puente Pinos, muy precario en su construcción y situado bajo el embalse actual, cerca del muro. Las gentes que querían cruzar el Tajo y aventurarse en La Jara, bien para repoblarla o para dirigir hacia los pastos de invierno a sus ganados trashumantes, debían vadearlo en las zonas más favorables durante el estiaje o atravesarlo en las barcas y cajones que cruzaban el río y que estaban frecuentemente situados aguas arriba de las presas molineras.

Representación dl puente en azulejos puenteños representandolo con las torres hoy desaparecida

A finales del siglo XIV detentaba la mitra toledana el arzobispo Tenorio que tenía propiedades en la zona de Alcolea heredadas de su madre Juana Duque, perteneciente a una noble familia talaverana. El prelado frecuentaba la zona por esta razón y conocía de los peligros a los que debían hacer frente los miles de peregrinos que se dirigían al monasterio de Guadalupe. Conmovido por los riesgos que afrontaban, el arzobispo inició la construcción de un magnífico puente medieval.

Se trata de una construcción en sillería de gran solidez que en un principio tenía ocho ojos pero que en la actualidad cuenta con once, siendo de mayor amplitud los dos centrales bajo los que pasa la mayor parte del caudal. En dos de sus estribos hay practicadas dos puertas que permitían en tiempos de inseguridad acceder directamente al agua del río, pues sobre ellos se erigían antiguamente sendas torres fuertes para defensa del paso. En uno de estos estribos se encuentra todavía una inscripción en piedra con letras góticas que dice:

ESTA PUENTE CON LAS TORRES DELLA MANDÓ FAZER EL MUCHO HONRADO EN CHRISTO PADRE E SEÑOR DON PEDRO TENORIO POR LA GRACIA DE DIOS ARÇOBISPO DE TOLEDO, ACABOSE DE FAZER EN EL MES DE OCTUBRE EL AÑO DEL SEÑOR DE MIL CCCLXXXVIII AÑOS.

Placa fundacional en letra gótica del puente del Arzobispo

Por supuesto, las monjas dueñas del puente de Pinos que habían tenido que luchar contra el concejo talaverano para mantener sus derechos, ahora protestaban porque el nuevo puente construido por el arzobispo perjudicaba a sus intereses, hasta el punto de que el prelado hubo de firmar con ellas una concordia para mantener sus derechos y evitar enfrentamientos, permitiendo que cobraran sustanciosos beneficios por el ganado trashumante que cruzaba por él.

Para valorar bien las verdaderas dimensiones y la belleza arquitectónica de este puente, debemos descender a la orilla del río, aguas abajo, y desde allí observaremos su prestancia y lo seguro de su construcción.

Centenares de nidos de vencejos en un ojo del puente.

Los viajeros de todas las épocas quedaban sorprendidos por su belleza y en grabados antiguos todavía pueden verse las torres. El noble bohemio León de Rosmithal se admira en 1466 por las dos “lindas torres” que tiene el puente. En el siglo XVI refiere Navagero que Puente “es buen lugar, situado a orillas del Tajo, y tiene sobre él un hermoso puente de piedra con una torre”. Ponz dice en el siglo XVIII que es obra “digna, grandiosa y benéfica”.

Es sin lugar a dudas este puente uno de los mejores construidos en España durante la Baja Edad Media, y tanto es así que al cruzarlo el rey Juan I dijo que “fue un gran servicio de Dios e una de las más notables cosas que en mi reinado se hizo y especialmente por se hacer en el río Tajo, en lugar muy necesario” pues antes de su construcción “los que acostumbraban a ir al romeraje de Santa María de Guadalupe… peligraban muchos cristianos en las barcas que entonces eran en el río”.

Vista del Puente del Arzobispo

Parece que antes de éste existió otro de madera junto a una pequeña población llamada Alcherina. Después de la construcción del puente, unas chozas y pequeñas viviendas comienzan a asentarse en su entorno y al pasar el rey Juan I en 1390, nos cuenta el alcalde en el siglo XVI, que decide fundar una villa en torno del puente. Esta villa será declarada franca de los impuestos de la época por lo que se denominará en un principio La Villa Franca de La Puente del Arzobispo. Como hemos visto, la construcción del puente tuvo su origen en razones devotas y en otros motivos económicos no tan altruistas, pues las monjas de San Clemente percibían “el pontazgo que pagaba el ganado trashumante y todo ganado forastero de pezuña hendida, yeguada y muletadas”. El Alcaide de las torres se llevaba también en tiempos de Felipe II diez mil maravedíes,  un leño por cada carga de leña que pasara y mil maravedíes por cada esclavo fugitivo que se apresara en la villa, o bien se quedaba con él si no aparecía el dueño.

Grabado del siglo XIX que representa el puente del Arzobispo idealizado

LA LEYENDA DEL PUENTE

A pesar de todas estas circunstancias de índole económica, el pueblo tejió sobre la magnífica edificación una bonita leyenda: “En cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras. Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse el prelado en la pértiga del  barquero para no caer al río, su anillo se hundió en las aguas. Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. Tan disgustado quedó su eminencia por la pérdida, que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intentaron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando  ¡A por el anillo del obispo!

Pues escuchad pastores -dijo el arzobispo Tenorio- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí. Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el paraje donde había perdido su anillo”.

MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MOLINOS DE LA SIERRA DE SAN VICENTE

EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

Tercer molino de la garanta Tejea

Pasemos ahora a la cuenca del río Tiétar, a caballo de los términos de El Real de San Vicente y Almendral de la Cañada se sitúan los molinos de garganta Tejeda sobre una pendiente muy pronunciada a la que se adaptan con el ya descrito receptor de tubo. Tres de ellos cuentan con una pequeña balsa  previa de almacenamiento antes de  la entrada del agua en el tubo (Gt 3), (Gt 4) y (Gt 5). Seguir leyendo MOLINOS DE EL REAL, ALMENDRAL Y LA IGLESUELA

MONJES LUJURIOSOS, UN HALLAZGO Y UN MOTÍN

MONJES LUJURIOSOS, UN HALLAZGO Y UN MOTÍN

CURIOSIDADES DEL MONASTERIO JERÓNIMO

Claustro ´sur de los jerónimos mal llamado «de los Canónigos», ya que estos nunca se llegaron a enclaustrar

HOY TRAEMOS TRES CURIOSIDADES HISTÓRICAS REFERIDAS AL MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA

Costumbres poco edificantes

 Poco antes del cierre definitivo de este monasterio en 1803 se produjeron algunos hechos escandalosos que nos hablan de la decadencia del mismo y de la utilización de los bienes del convento para el beneficio personal de los monjes.

Fray Joaquín de Segurilla acostumbraba a visitar a sus barraganas en Gamonal con una vistosa mula blanca a la que los jóvenes del pueblo cortaron la cola como humorístico escarmiento, paseando este monje su vergüenza por toda la comarca y llegando a establecerse el dicho “Estás más descolado que la mula de Fray Joaquín”.

Otro fraile hubo de salir desnudo por los tejados de Talavera huyendo de un marido celoso, mientras que también eran famosos los escándalos sexuales que se producían debido al mantenimiento de “amas” poco recomendables por los frailes a cuyo cargo se encontraban los molinos o la granja de Pompajuela.

Por estas ventanas se arrojaron jamones y enseres de los jesuitas en el Motín del Pan

 Un levantamiento revolucionario.

El dos de mayo de 1898 fue asaltada la residencia jesuítica de Talavera en un motín de carácter anarquista protagonizado por mujeres talaveranas que protestaban por la subida exorbitante del precio del pan, de este suceso nos ha quedado un curioso aunque parcial relato de uno de los concejales de la época, el médico D. Fulgencio Farinós:

 «Una vez abierta la puerta penetraron las más atrevidas, arrojando a la vía pública todo cuanto encontraron. De una a otra habitación recorrieron todo el edificio. Detrás de las mujeres penetraron hombres y no hubo mueble, ropa, ni objeto de adorno, que no destrozasen. Crucifijos, imágenes, libros sagrados, ornamentos, nada en una palabra se libró de sus manos.

Por aquellas puertas rotas , por aquellos balcones y rejas eran arrojados a la calle jamones, chorizos, trigo y comestibles de todas clases; colchones hechos pedazos, camas, muebles, crucifijos y objetos sin fin…y con navajas y cuchillos rasgaban las ropas, sotanas, habitos, casullas…todo cuanto cogían.

No contentos con romper hicieron hogueras para que todo fuera pasto de las llamas.

Los Sres. Alcalde y Capitán de la Guardia Civil, lograron casi a viva fuerza penetrar en el recinto, exponiéndose a las iras de aquellos desgraciados; se colocaron frente a las puertas que trataban de derribar y les intimaban que para abrirlas habían de pasar sobre sus cuerpos…Todo inútil, todo en vano, aquello no hubiera podido dominarse más que con las bayonetas y las balas…el señor alcalde ordenó tocar las campanas en son de somatén…»

Un hallazgo arqueológico

 «Cuando se abrieron las zanjas para los cimientos de la capilla mayor de este monasterio hallaron los oficiales una cabeza de becerro de bronce vaciado, continuada con su pescuezo hasta los hombros, con un movimiento y habitud de gran maestría y primor; guardola un monje antiguo y curioso, y a dos años dispuso labrándose una campana, la echó en la fundición quizá con consideración que si había sido instrumento de idolatría en la ciega gentilidad , de allí adelante se incorporase en otro instrumento que llama y despierta a dar el verdadero culto a Dios» Esta curiosa noticia arqueológica nos confirma la importancia del entorno de la Colegial, zona incluida en el primer recinto amurallado, como localización de restos similares al referido en este párrafo que se ha extraído de la historia de Talavera de Francisco de Soto. Podríamos pensar en el  origen probablemente romano de esta escultura perdida por el celo religioso del monje.

JARA EXTREMEÑA, TIERRA TALAVERANA UN PASEO EN COCHE

JARA EXTREMEÑA, TIERRA TALAVERANA

UN PASEO EN COCHE

Uno de los verracos hallados en el término de El Villar

La absurda división provincial del siglo XIX despojó a nuestra tierra de la parte más occidental de sus territorios históricos. Me refiero a la zona de La Jara incluida hoy en las provincias de Cáceres y Badajoz que, por arte de birlibirloque, quedó convertida en tierra extremeña sin serlo, ya que desde Talavera se repoblaron sus pueblos y con Talavera tuvieron siempre una vinculación geográfica, humana y económica imborrable, por más que la también absurda división autonómica intente alejar a sus gentes de nuestra ciudad.

Ahora que explota la naturaleza jareña les invito a conocer esta tierra talaverana llena de historia y paisaje. Comenzamos nuestro periplo cruzando ese puente del Arzobispo Tenorio que desde el siglo XIV mejoró las comunicaciones de esta zona, facilitando el paso de los ganados trashumantes y de los peregrinos que acudían a Guadalupe.

Ese camino de peregrinación es la espina dorsal de esta Jara Occidental y en torno a él crecieron pueblos como Villar del Pedroso, primer lugar en el que nos detendremos y donde todavía permanecen las huellas de ese deambular de gentes humildes pero también de reyes y personajes como Cervantes que acudían al santuario de las Villuercas cuando allá por el siglo XVI y XVII tenía, como destino de peregrinación tanta importancia como Santiago de Compostela. Villar del Pedroso deja ver estas huellas peregrinas en el antiguo Hospital que todavía en pie es ahora casa particular pero que conserva su portada gótica y la lápida que habla de su fundación por el canónigo talaverano Hernando de Alonso. En él se alojaban los peregrinos que enfermaban en el camino y los que ya enfermos acudían a Guadalupe en busca de remedio. Enfrente se encuentra la antigua hospedería, hoy «casa del cura», donde se alojaban los peregrinos sanos con más posibles. Es esta una calle ancha que deja ver como el pueblo fue acercándose al camino real al calor de la peregrinación, bordeándolo con sus mejores casas, alguna de ellas blasonada.

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Castillo árabe de Epejel en término de Valdelacasa y a la orilla del Tajo

Pero Villar tiene también historia más antigua que salpica sus muros en forma de lápidas y aras de antiguos romanos que lo poblaron después de los vettones, pueblo que dejó cuatro o cinco verracos en el mismo casco urbano y en los alrededores como muestra del paso de esta cultura ganadera, de los primeros trashumantes de esta tierra nuestra de cañadas y cordeles. La iglesia granítica es hermosa y hermosos son su retablo y su espadaña que como en otras iglesias de esta parte de La Jara dejan ver dibujadas en el muro otras espadañas primitivas del tiempo de los primeros pobladores medievales que luego, tal vez en las épocas de esplendor del camino de Guadalupe, se levantaron más orgullosas. Esta iglesia es prota-gonista en invierno de unas magníficas fiestas decarnaval llenas de colorido y ritos antiguos. Salimos de Villar por alguno de esos caminos que están todos ellos marcados con cruces antiguas que delimitan el caserío y marcan el territorio urbano cuando sus gentes dicen «de cruces adentro» o de «cruces afuera».

Nos dirigimos hasta Carrascalejo que nos deja ver un caserío donde todavía se conservan rincones con el sabor de la arquitectura rural jareña, especialmente hermosa en esta zona con sus muros que combinan las lanchas de oscura pizarra con los bloques de un pálido granito que dan un vistoso aspecto a los muros. Son miles los chozos, los “mochanos” y las cochineras que con labranzas, casillas y palomares se reparten por sus campos, ribeteando el paseo del curioso con estas pintorescas construcciones.

Navatrasierra y el valle del Gualija formaron parte de las Tierras de talavera

Dejaremos Navatrasierra, agreste pueblecito serrano anejo de Villar, para otro día que sigamos el viejo camino de peregrinos y volveremos sobre nuestros pasos para, desde El Villar, tomar otra carretera que nos lleva a Valdelacasa, pero a mitad de camino deberemos detenernos para ver la capilla de la Virgen de Burguilla que se encuentra a la derecha en una casona que fue de los jerónimos, tan poderosos en todas estas tierras de Talavera.

Valdelacasa tiene apellido, de Tajo. Los riberos del río, festoneados de olivares sobre los que vuelan águilas, buitres y cigüeñas negras, fueron frontera entre moros y cristianos y todavía quedan restos de antiguas fortalezas como la de Castros en término de El Villar, la de Espejel, con sus molinos que también pertenecieron a los jerónimos, o la de Alija, que nos ofrece una vista panorámica impresionante sobre el embalse de Valdecañas. Y es que la Jara Occidental, que no extremeña, se divide entre el río que la limita al norte y la sierra que la bordea al sur. «Los dela sierra» era la forma precavida de denominar en estos pueblos a los guerrilleros antifranquistas, a los maquis que hicieron de sus fragosidades refugio y resistencia. Precisamente a quien la falda de los montes de Valdelacasa se tendió una emboscada a «Quincoces» el tratante guerrillero de Aldeanovita, y aquí murió con sus compañeros quedando como mudo testigo de su lucha un montón de piedras, “un majano”, como modesto monumento jareño a las luchas imposibles del que también fue conocido en la tierra como “Lamío».

Foto de Quincocesl Guerrillero antifranquista de Aldeanovita cuando hacía el servicio militar

Valdelacasa tiene, como casi todos estos pueblos, una soberbia iglesia con un pie en el gótico y otro en el renacimiento, y la arquitectura popular bien merece dar una vuelta por el caserío. Para los que estén bien calzados y no les asuste dar un paseíto por las ásperas sierras jareñas, podemos recomendarles que, siguiendo el antiguo camino que desde Valdelacasa iba, como no, a Guadalupe, suban hasta los restos de la fortaleza de Marcos que más que bastión medieval le parece al que escribe fortificación prehistórica, probablemente de la Edad del Hierro.

Escudo de Valdecaballeros con el de Talavera, dr cuyo alfoz formó parte

Seguimos hasta Garvín que ahora es modesto lugarcillo pero que fue pequeña capital de esta Jara Occidental, por supuesto tiene buena iglesia con retablo de 1620 despojado en la guerra, buena cubierta de arista gótica y hasta una lápida del siglo XIV que a lo mejor habla de los Duque de Estrada, nobles talaveranos relacionados con estos parajes y probablemente dueño de su torre fortificada. La coqueta espadaña con la decoración de «bolas» del siglo XV nos despide cuando nos encaminamos a Peraleda de San Román, pueblo apellidado así llamado así por tener despoblado y luego ermita de la que sólo queda modesto paredón a las orillas del Gualija, donde el río salta de molino en molino y pasa debajo de «la puente» que no es el puente, del Buho, donde los hermanos Cuesta se enfrentaron a los gabachos. Desde la ermita de San Román se ven edificios arruinados, casas de minas que perforaron estas tierras minerales de La Jara, de donde brotan aguas rojas que curaban «las reumas».

Dejaremos para otro día los pueblos talaveranos de Castrejón de Ibor, Navalvillar de Ibor y el despoblado de la Avellaneda, la misma Guadalupe y los pueblos hoy en la provincia de Badajoz de Castilblanco y Valdecaballeros sindo por cierto este último el único que en su heráldica muestra el escudo de Talavera como recuerdo de esa pertenencia a las tierras jareñas.

Página Talavera y su Tierra de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes

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