UNA YEGUA DEMASIADO BARATA. otra causa criminal de la santa hermandad

UNA YEGUA DEMASIADO BARATA (1733)

Una nueva causa Criminal de la Santa Hermandad de Talavera que relata uno de los muchos delitos «famélicos», delitos ocasionados por la pura miseria de los campesinos en el siglo XVIII

Rollo de La Puebla de Naciados, donde se desarrollan parte de los hechos Rollo de La Puebla de Naciados, donde se desarrollan parte de los hechos

Diego Pérez estaba cansado de rodar. Desde los ocho años andaba de lugar en lugar trabajando en lo que buenamente podía para subsistir. Salió de Carmena, el pueblo donde nació, y estuvo guardando viñas por tierra de Vallecas cuando comenzaba a tener uso de razón. Cuando su bigote era apenas una pelusa negruzca entró a servir al Rey en el Regimiento de Navarra  de donde, harto de ser soldado, se fugó.

Dando tumbos vino a servir a un hortelano de Pueblanueva que apenas sacaba para comer él y su familia, pero le dejaban dormir en el pajar y tenía un poco de pan y cebolla para ir tirando. Su siguiente destino fue La Puebla de Naciados, cerca de Caleruela. Era una villa que sólo tenía de villa el rollo que presidía la plazuela formada por las cuatro casas que quedaron cuando una plaga de termitas arruinó todos los tejados. Allí sirvió siete años al sacristán de un pueblo sin feligreses y a un jerónimo del monasterio de Yuste que vivía allí cuidando de sus propiedades. Luego se fue a Calzada de Oropesa y encontró una mujer que le quiso por lo poco que era y fueron sobreviviendo los dos trabajando en lo que salía. Al final resultaba que lo que mejor sabía hacer a sus cuarenta y cuatro años de vida era trocar caballerías y dedicarse al trato de cualquier clase de animal. Cuanto había rodado para acabar viviendo de un oficio que los gitanos dominaban como nadie.

Llanuras de campo Arañuelo con Gredos al fonde

Llanuras de campo Arañuelo con Gredos al fondo

Aquel día, volvía de Madrid de uno de esos trapicheos y se desvió un poco del camino a la altura de Cazalegas asomándose al valle del Alberche. Era diciembre y se resguardó de la brisa fría del atardecer sentándose detrás de un chaparro. Abajo, entre los álamos, pastaban las ovejas de la cabaña de los jesuitas de Segovia que todos los años bajaban para aprovechar las hierbas de invierno en la Dehesa de Cazalegas. El mayoral y dos rabadanes se esforzaban en sacar a dos ovejas que habían caído al río impidiéndolas volver a subir a la orilla unos zarzales. Diego pensó que era el momento, ya lo había hecho otras veces y no le había sucedido nada. ¿Porqué resignarse a tanta miseria?, a los jesuitas seguro que no les hacía falta esa yegua blanca apartada del resto de las caballerías y que además estaba preñada. Bajó entre los chaparros y los enebros de la barrera, ató al animal una cuerda por el pescuezo, montó a pelo y, cuando el sol se ponía detrás de Talavera, ya estaba lejos de los segovianos.

Pero una yegua blanca preñada y tan hermosa, aunque no tenía hierros ni cortes en las orejas, sería identificada con facilidad si se emprendía su persecución. Después de dejarla unos días en la dehesa de La Calzada, entre los alcornocales más apartados, pensó que sería más fácil deshacerse de ella alejándose de un lugar tan transitado por los serranos que iban y venían por la cañada. Tenía que venderla rápidamente, se alejaría hasta las sierras de Guadalupe

Esa tarde llegó a Castañar de Ibor, y pronto se dio cuenta de que una yegua era una mercancía demasiado valiosa para las humildes economías de aquellos cabreros y colmeneros. Había llegado a ofrecerla por un precio casi ridículo, por un burro, una lechona y cuarenta reales. No le gustaba cómo le había mirado aquel hombre que intentaba adivinar su rostro bajo el ala de la montera negra. Por eso no le extrañó cuando esa misma noche le hicieron preso en nombre de la Santa Hermandad, le pusieron una cadena y le encerraron en la cárcel del lugar.

Chozo de pastor en Castañar de Ibor

Su historia no había convencido, aunque añadió detalles que adobaban el cuento, como que la yegua era hermana de otra de un sacerdote de Herreruela que había perdido el juicio. Respondió al cuadrillero que la había cambiado por un caballo y veinticinco reales para, después, trocarla por dos burros que le venían aparentes para su trabajo de arriero. Los tiritones de frío le mantenían despierto en el cuartucho que hacía de cárcel en El Castañar de Ibor. Durante la noche pasada en vela pensó que había metido la pata, que preguntarían a los vecinos de Herreruela y sus embustes quedarían al descubierto. Así que, a grandes voces, llamó nervioso al carcelero para hacer una nueva declaración al cuadrillero de la Hermandad pero se trataba de otra de sus inconsistentes versiones. Dijo que la yegua había sido abandonada por unos trashumantes en la dehesa de La Calzada y, como había transcurrido mucho tiempo sin aparecer el dueño, el guarda se la regaló. Puesto que, según él, esta era la verdad, pedía que se le dejara libre y que la yegua se entregara al mostrenco, pues le correspondía al no haberse hallado el dueño. Visto que tampoco creyeron el nuevo relato de los hechos, esa noche, forzando el pedal de la cadena, se fugó.

El ladrón de ganado fue a refugiarse a una cabaña de pastores junto a Puebla de Naciados. La sola presencia de los cuadrilleros hizo quebrar de inmediato en los vecinos los más leves conatos de encubrimiento y su escondite fue descubierto al día siguiente de su fuga. Lo primero que hicieron fue embargar todas sus propiedades, una nueva confiscación de la miseria que en la enumeración de los modestos bienes iba pintado una vida sin alegrías:

El ladrón se ocultó en la dehesa de La Calzada

Cuatro morcillas, un poco de longaniza y su bondejo, una hoja de tocino, una sartén, una almohada con su lana, una manta vieja, una sábana más que demediada, unos fajones, una faja de paño y una camisa de lienzo. No le quedaría nada y debería dar gracias si no le condenaban a presidio, robar una yegua era un acto muy grave entonces. Un delito de gitanos, pensó él, pero un gitano jamás se hubiera dejado coger por el precipitado error de pedir un precio demasiado barato por una yegua blanca.

Causas Criminales de la Santa Hermandad. Archivo Municipal de Talavera

Miguel Méndez-Cabeza

LAS FUENTES DE LA SIERRA DE SAN VICENTE (y 2)

LAS FUENTES DE LA SIERRA DE SAN VICENTE (y 2)

Fuente en Almendral de la Cañada Fuente en Almendral de la Cañada[/caption]

La fuente es el siguiente escalón después del pozo y el manantial. Es frecuente que se excave una tarjea de captación. Se rellena de cantos rodados de manera que sirva para recoger los caudales subterráneos y hacerlos desembocar en la fuente propiamente dicha. En la sierra encontramos varios tipos de fuentes y uno de los más peculiares es el que se localiza principalmente en los términos de La Iglesuela y Almendral de la Cañada, aunque también se reparten otros ejemplares por toda la geografía serrana. Se trata de una construcción formada por una bóveda de sillares de granito que sirve para cubrir a un pozo-fuente con el brocal elaborado con grandes sillares planos y rectangulares. Son fuentes estéticamente acabadas y que deberían conservarse como patrimonio peculiar de estos pueblos.

En Almendral una de ellas se ha reinstalado junto al monumento a la Beata Ana de San Bartolomé y en La Iglesuela son realmente numerosas acercándose a la decena el número de las mismas. Pero, ya que nos encontramos en estas dos localidades de la sierra norte, debemos reseñar la importancia de las dos magníficas fuentes con las que cuentan ambos pueblos. En el ejido de La Iglesuela un magnífico ejemplar en granito con un largo abrevadero para el ganado, pilones y un lavadero. En Pelahustán existe también otra fuente con esa misma triple finalidad. En la misma cañada de Almendral se sitúa otro ejemplar con pilón labrado en granito y rematado con pináculos ornamentales. Dentro de las fuentes urbanas más acabadas, contamos en Navamorcuende con la situada delante del atrio de la iglesia y que está datada en el siglo XVII. Como no podía ser menos, también está labrada en granito con un cuerpo esférico tallado con una inscripción. En San Román de los Montes se restauró hace unos años la fuente que se encuentra a la entrada del pueblo con sus pilas de lavar. Curiosamente una de ellas parece haberse labrado en un bloque granítico que puede haber formado parte de algún monumento megalítico, como un dolmen o un menhir, ya que está repleta de cazoletas, pequeñas oquedades semiesféricas donde los hombres de la edad del cobre podrían, según algunos autores, haber realizado rituales relacionados con el agua. También junto al cordel cuenta Marrupe con dos magníficas fuentes rematadas en un tímpano tallado en granito.

Fuente con abrevadero y lavadero en Pelahustán Fuente con abrevadero y lavadero en Pelahustán

Repartidas por toda la geografía serrana se localizan numerosas fuentes adosadas directamente a muros de contención o a los mismos terraplenes del terreno. Suelen servir sobre todo de abrevadero y fuente de abastecimiento público con varias pilas unidas en línea o un gran pilón corrido. Ejemplo característico es la fuente que se halla a la salida de El Real de San Vicente hacia Sotillo de la Adrada.

El valor simbólico de las fuentes se observa en detalles como el de Buenaventura, donde se halla representado sobre la fuente el santo que da nombre al pueblo. Son así mismo muchos los aspectos mágicos que se dejan entrever en las descripciones que el pueblo hace de las fuentes; por ejemplo, cuando en el diccionario de Madoz se dice de la fuente de la Julara que es muy abundante y sale de entre unos peñascos, o en Almendral, donde se cuenta que en una fuente vive una serpiente que si se toca se convierte en un hilo de oro. A otras fuentes, sin embargo, se les atribuyen efectos curativos o benéficos sobre los que beben de ellas y por eso en ocasiones se cristianizan, como en el caso de la fuente adosada a la misma ermita de la Virgen de la Fuensanta en La Iglesuela.

Las  propiedades físicas del agua sirven para clasificarlas en dos grandes grupos según el saber popular: las de aguas “finas” o “delgadas”, concepto que podíamos asimilar al de aguas con pocas sales y minerales en disolución y las de aguas gruesas o zarcas, que tienen más concentración de solutos y por tanto suelen tener un color más turbio y blanquecino. No son, sin embargo, los de la sierra terrenos que den aguas sulfurosas o ferruginosas como es el caso de las fuentes de la cercana comarca de La Jara. En Pelahustán dice el párroco en el siglo XVIII que la fuente del Terrero es medicinal y “ que manda el cirujano que traigan de ella para que se refresquen los enfermos…y abre además las ganas de comer”. En este aspecto debemos resaltar la fuente de los Baños de la Pólvora que alivian las dolencias reumáticas de aquellos que acuden a ellos.

Fuente de la ermita de la virgen de la Fuente Santa en La Iglesuela Fuente de la ermita de la virgen de la Fuente Santa en La Iglesuela.

Los topónimos de las fuentes serranas están relacionados en muchos casos con los de árboles u otras especies vegetales que crecen en sus inmediaciones. Es el caso de las fuentes del Espino, el Castaño, el Rubisco, el Majuelo o la Perijona, por ejemplo. Otras llevan el nombre de alguna persona vinculada a la fuente o al paraje como las fuentes de Pero Muñoz o de Mari Muñoz. Los accidentes geográficos o las vías de comunicación cercanas marcan otros topónimos como es el caso de las fuentes del Carrilejo del Barranco o del Prado de la Encina. Pero todas las fuentes tienen algo en común, que han formado parte de la vida de las gentes que desde hace miles de años han trabajado sus campos, que han servido para aliviar su sed, para deleitarse junto a ellas con un gazpacho elaborado con sus aguas frescas en el cuerno o en el cucharro, o simplemente para descansar de las duras tareas agrícolas regalando a sus habitantes algún momento de placidez en sus vidas afanosas. Merecen por tanto el respeto como elemento cultural y que se tomen las medidas necesarias para conservar estos elementos del patrimonio etnográfico fundamentales para el desarrollo del senderismo y el turismo rural.

Fuente abrevadero en el Ejido de La Iglesuela

 

LOS PRIMEROS AZULES, LA CERÁMICA DE TALAVERA ANTES DE FELIPE II

Horno representado en la azulejería de la Basílica del Prado

LOS PRIMEROS AZULES

LA CERÁMICA DE TALAVERA ANTES DE FELIPE II

Hay algunos documentos y relatos de viajes de la época que nos orientan en el sentido de que la cerámica renacentista de Talavera nació sobre la base de una tradición alfarera que bebe de la cultura árabe y mudéjar, aunque en 1491 solamente había constancia de la existencia de dos alfareros en la ciudad.

Moraleda y Santamaría son los autores que más han estudiado esta época inicial de la cerámica talaverana de transición entre el mudéjar y el renacimiento con su concienzudo estudio de los fragmentos cerámicos hallados en yacimientos arqueológicos y escombreras talaveranas. Son los primeros autores que nos describen una serie en ese periodo de cambio estético que, además, nos muestra los primeros tonos azules en su decoración que tanto caracterizarán a los barros talaveranos.

Fradmento de cerámica de la serie de «la palma». Principios del siglo XVI, del libro «Talaveras» de César González Zamora

Jarros, ataifores y escudillas son las formas más frecuentes de estas piezas que en muchos casos no tienen esmaltado el exterior de las vasijas. Tanto el azul como el blanco de estas primeras piezas presentan esmaltes más desvaídos, menos brillantes y luminosos que los de épocas posteriores. Se denomina esta primera serie la de “la palma” porque sus motivos más frecuentes son trazos curvos y anchos unidos por la base que recuerdan a una hoja de palma esquemática. Se trata de trazos azules sobre fondo blanco estannífero.

Ánforas representadas en la azulejería de la Basílica del Prado

El reinado de los Reyes Católicos va del 1474 al 1517. Durante esos años no hay muchas referencias a la actividad alfarera en Talavera, solamente en un padrón de repartimiento de 1491 aparecen en la parroquia de Santiago un cantarero y un hornero, aunque es evidente que la artesanía del barro estaba presente en mayor medida, dada la tradición mudéjar antes descrita. También a principios del siglo XVI se habla en inventarios documentados de la ciudad portuguesa de Coimbra de la importación a esa ciudad portuguesa de “potes de Castilla blancos… y jarros vidriados de Castilla”.

Ataifor de la misma serie de las «.palmas» del libro Talaveras, de César González Zamora

En otro padrón de Talavera de 1513 aparecen ya varios olleros, alfareros y horneros avecindados en varias parroquias de Talavera, pero desde 1518, bajo el posterior reinado de Carlos I, fue aumentando el número de artesanos dedicados al oficio. M. Carmen González Muñoz en su magnífico trabajo sobre la evolución de la población talaverana a lo largo de la historia nos informa de que en 1513 solo había cuatro alfareros, en 1518 eran seis. En 1548 suben a veinte, en 1554 son ya treinta los artesanos, que descienden a veintidós en 1561, y es a partir de esa fecha cuando aumenta considerablemente el número de ceramistas hasta cuarenta y dos.

También comenzó a especificarse en los padrones la presencia de pintores y de alfareros “contiosos”, que podríamos considerar como pequeños empresarios de la cerámica, entre los hidalgos y pecheros. Ya contaba Talavera en esos padrones con más de cincuenta vecinos dedicados a esa actividad.

Fragmentos de cerámica de la serie de «las palmas» en el libro de Alberto Moraleda y Antonio Santamaría » Cerámicas medievales decoradas de Talavera de la Reina». Trazos azules sobre blanco estannífero.

En 1521 ya tenemos una referencia indirecta a una intensa actividad alfarera cuando en un acuerdo del ayuntamiento se regula por ordenanzas el encendido de los hornos de barro de la villa, para obligar a que se haga por la noche evitando así las molestias a los vecinos bajo sanción de 600 maravedíes. Coincide la fecha de estas ordenanzas con el tiempo en que Fernando de Rojas era alcalde de nuestra entonces villa. Ya se habla en ese documento de “unas ordenanzas antiguas” que nos indican la presencia de actividad alfarera importante a finales del siglo XV y comienzos del XVI. La normativa afectaba a toda la Tierra de Talavera y así, por ejemplo, en 1523, se da por parte del concejo un permiso para la actividad de un horno tejar en el pueblo jareño de Valdelacasa.

Comienzan también a aparecer en los protocolos los contratos entre los alfareros y sus aprendices y se especifican un poco más las diferentes actividades de los artesanos del barro, apareciendo por ejemplo un “alfarero de rueda de abierto”.

Otros fragmentos decorados de la misma época que aparecen en el libro de Alberto Moraleda y Antonio Santamaría sobre Cerámicas Medievales decoradas de Talavera de la Reina. Trazos azules sobre blanco estannífero.

Es en 1536 cuando se hace en una de las viejas historias de Talavera la primera referencia a una gran actividad alfarera en el manuscrito de García Fernández:

“Hácese en Talavera barro vidriado en blanco, verde, azul, jaspeado y de otras colores interpoladas es lo mejor que en Castilla se labra….y de ello se provee castilla, andaluzía y portugal y se pasa a yndias”.

Como vemos, no solo se deduce de esas palabras una producción importante, sino que es considerada de gran calidad. Vemos por primera vez que se hace el vidriado blanco que tanta fama daría a los barros talaveranos, así como una variada paleta de colores. La cerámica se hace polícroma y es de calidad con una producción cuantiosa y que incluso se exporta. A pesar del carácter popular que todavía tenía la cerámica talaverana en esa época, comienzan ya a considerarse un lujo las piezas de loza de la villa, pues incluso se regalan como reconocimiento a los arzobispos de Toledo, señores de la villa. Hacia mediados de siglo siguen apareciendo numerosos vecinos hidalgos y pecheros dedicados a la actividad alfarera.

Otros fragmentos decorados de la misma época que aparecen en el libro de Alberto Moraleda y Antonio Santamaría sobre Cerámicas Medievales decoradas de Talavera de la Reina. Motivos vegetales en trazos azules sobre blanco estannífero.

Lucio Marineo Sículo en su “Cosas memorables de España” dice que en 1539 “en Talavera se labra muy excelente vidriado blanco y verde” lo que nos orienta en el sentido de que en la villa la producción era todavía mayoritariamente mudéjar, aunque ya se empezaran a producir las piezas azules características. Moraleda y Santamaría también han hallado fragmentos de azules y dorados de probable origen levantino, que no debemos confundir con la inicial producción talaverana de tonos azules.

 

LAS FUENTES DE LA SIERRA DE SAN VICENTE (1)

 

Manatial en en Cervera de los Montes conocida como Fuentesanta

 Manantial en en Cervera de los Montes

Desde el paleolítico, el hombre ha asociado el agua con el renacer de la vida y la fertilidad de la tierra. El conjunto luna-agua-mujer ha sido asumido por diferentes culturas como el círculo antropocósmico de la fecundidad. Nuestra civilización greco-romana es una de las muchas en las que su cosmogonía, sus religiones, afirman que al principio sólo existía el agua y que de ella surgió la vida.

Los pueblos vettones, que habitaban nuestra sierra hace dos mil años, también veneraban a dioses acuáticos o que moraban en las aguas. En nuestro ámbito, en un yacimiento arqueológico cercano como es el del castro de El Raso se encontró un exvoto de bronce arrojado a la corriente de la garganta de Alardos. En el poblado vettón de Ulaca, en Ávila, se ha descrito un complejo labrado en el granito con depósitos y escalinatas que podría estar relacionado con ritos de agua y sangre de este pueblo que, además, como pueblo céltico que era, consideraba entre sus lugares sagrados a las fuentes y los ríos. Los romanos, tal vez como herencia de divinidades locales anteriores, han dejado en la epigrafía de la villa de Saucedo en Talavera, entre otras, la referencia a las ninfas en un ara votiva. Entre todas las ninfas, las náyades eran las que habitaban en las fuentes de agua.

 Fuente en término de La Iglesuela

El rito iniciático de la religión cristiana, el bautismo, está directamente relacionado con el agua y es lógico que fuentes a las que probablemente se asociaron cultos antiguos hayan acabado convirtiéndose en “fuentes santas” como la de La Iglesuela. Las fuentes siempre estuvieron vinculadas a esos lugares frescos, amenos y en plena naturaleza donde en la Edad Media se localizaban siempre las apariciones marianas, el locus amoenus que frecuentemente aparece en los relatos de Gonzalo de Berceo.

Esta amenidad convierte a las fuentes en uno de esos hitos naturales, siempre agradables, en el recorrido del viajero por los parajes más atractivos de nuestra Sierra de San Vicente. Es lo que sorprendió, por ejemplo, al padre Juan de Mariana, precursor de las ciencias históricas en España, cuando vino aquí para escribir el libro que pretendía ser el manual de instrucción de Felipe III y que por las avanzadas ideas que propugnaba para su época llegó a costarle la cárcel. En el prólogo de su tratado “Del Rey y la Institución Real” nuestro ilustre paisano dice acerca de El Piélago: Brotan de todas partes las más frescas aguas, corren acá y acullá fuentes cristalinas, cosas todas por las que no sin razón fue aquel lugar llamado Piélago.

Cuerno de pastor para beber con la representación muy frecuente de una sirena o ninfa.

 Cuerno de pastor para beber con la representación muy frecuente de una sirena o ninfa.

Piélago se define como el lugar del mar que dista mucho de la tierra pero, por extensión, podríamos asimilarlo a un lugar de aguas abundantes. Tan abundantes que un cronista del siglo dieciocho llegaba a decir que en la sierra había contado más de mil fuentes. Fuentes de muy diversa categoría. Desde el manantial que ha sido algo excavado y delimitado mediante algunas lanchas de granito en la tierra de su naciente hasta las, casi monumentales, fuentes que servían de abrevadero o lavadero en las cañadas o en los ejidos de los pueblos serranos.

Las fuentes siempre han representado la imagen cíclica de la vida, el agua cae del cielo en forma de don de los dioses, penetra en la tierra y vuelve a aflorar en las fuentes, es el enlace entre el mundo alto y el bajo, entre las divinidades celestes y los poderes ctónicos.

 Fuente en San Román de los Montes

Cuando el agua no mana directamente del terreno el hombre ha sabido desde antiguo que es necesario cavar para conseguir el preciado líquido y por ello ha excavado los pozos. En la sierra de San Vicente podemos encontrar numerosos muchos de ellos que intentan utilizar los acuíferos superficiales que apenas permiten aprovechar los duros e impermeables suelos graníticos de la zona. Son numerosísimos estos pocillos y tienen un especial encanto por su rústica arquitectura. Encontramos, en primer lugar, pozos con el brocal formado simplemente por lanchas de granito hincadas en el suelo sin ni siquiera argamasa que las una. Este tipo es muy numeroso, por ejemplo, en el arroyo de los Pozos de Marrupe.

Pozo con pequeñas pilas labradas en Castillo de Bayuela

 Pozo con pequeñas pilas labradas en Castillo de Bayuela

El  hueco subterráneo del pozo suele, en general, estar fabricado de mampostería granítica con un par de lanchas horizontales que tapan parcialmente la boca del mismo. El brocal puede estar construido de grandes sillares rectangulares bien trabajados y engarzados entre sí con grapas de hierro. Un tercer tipo se construye utilizando mampostería y argamasa con la típica forma cilíndrica de los pozos y no con planta cuadrada o poligonal, que es más frecuente en los anteriores. Por último, aunque no son abundantes, también podemos encontrar algunos ejemplares en los cuales el brocal ha sido fabricado de una sola pieza, labrando y perforando un gran bloque de granito.

La palabra manantial se define como “ el nacimiento del agua” y generalmente se entiende por tal el lugar donde la humedad del suelo es suficiente como para aflorar a la superficie y así, con una pequeña excavación se consigue el acúmulo de agua suficiente como para que puedan beber el ganado o las personas. Estos manantiales eran conocidos sobre todo por los pastores que realizaban una labor de mantenimiento sobre las vetas acuíferas superficiales. En la actualidad, la disminución del pastoreo ha causado la pérdida de no pocos de estos manantiales. Alrededor de la afloración del agua se colocaban unas sencillas lanchas de piedra y, a veces, una teja, una caña o un pedazo de corcho que dirigía el pequeño chorro y hacía más fácil beber o recoger el agua en un recipiente. Por ello es frecuente encontrar en la toponimia fuentes con nombres como fuente de la Teja o fuente del Corchito, por ejemplo.

 Fuente en Marrupe

El  recipiente tradicionalmente más utilizado por los pastores era un cuerno con asa de cuero o sin ella y decorado muchas veces con motivos de arte pastoril como la efigie del dueño y sus iniciales, motivos vegetales o animales y un curioso motivo de un ser mitad pez y mitad mujer que para algunos etnólogos no es sino la representación tradicional de las ninfas de las fuentes, y no de las sirenas marinas, poco conocidas como motivo mitológico por nuestras rústicas gentes castellanas.

LA GUERRA DE LOS TRES PUENTES

LA GUERRA DE LOS TRES PUENTES

Puente del Arzobispo Puente del Arzobispo

Rodrigo acompañaba a sus carretas que traían desde la sierra largos troncos de madera. Servirían para montar las cimbras del puente que el arzobispo Tenorio había ordenado construir sobre el Tajo. El camino había sido largo desde El Arenal y la cañada que habían seguido se había convertido en un auténtico barrizal más difícil de transitar según se aproximaban  a Alcolea. Los bueyes ya no podían más pero esta vez no tendrían que vadear el río con la crecida ni pasar en las frágiles barcazas. Todavía recordaba a su amigo Sancho, ahogado en el río cuando se espantaron los caballos y volcaron la barca en la corriente fría de febrero hacía siete años. Ahora el puente que se construía serviría para evitar tantos trabajos e infortunios y además ayudaría a los miles de peregrinos que acudían a visitar el lugar donde se había aparecido la Virgen, en la dehesa de los Guadalupes.

El puente de Pinos, un poco más arriba de Azután era de madera y las ,últimas riadas lo habían destrozado. El puente de Talavera estaba muy alejado y obligaba a los viajeros a transitar por los inseguros montes de La Jara, arriesgándose siempre a ser asaltados por los golfines y gentes de mal vivir que frecuentaban los desiertos del otro lado del río.

Plano del proyecto de navegación del Tajo de Carducci del siglo XVII . Aguas arriba se situaba el Puente de Pinos, próximo al muro del embalse del mismo nombre Plano del proyecto de navegación del Tajo de Carducci del siglo XVII . Aguas arriba se situaba el Puente de Pinos, próximo al muro del embalse del mismo nombre

Picapedreros, albañiles y caballerías se afanaban mientras, desde la otra orilla, los criados de las monjas de San Clemente de Toledo que vivían junto a la torre de Azután miraban la obra con cara de pocos amigos provocando a los obreros con gestos y risotadas. El monasterio estaba presionando en la corte para evitar que don Pedro Tenorio levantara el magnífico puente que ya tenía labrados de buena sillería todos los ojos menos el central. El ganado y los peregrinos ya no cruzarían por el frágil puente de Pinos y el convento dejaría de percibir los jugosos beneficios que le reportaba.

Rodrigo ordenó descargar los troncos y llevar a los bueyes a beber. Entre los álamos de la orilla comenzaron a encenderse las hogueras junto a las tiendas de los obreros. Al cabo de un rato empezó a sonar la música y a correr el vino. Mañana era domingo y podrían descansar después de una semana de trabajo duro. Un calderero se acercó al grupo en el que cantaban Rodrigo y sus hombres.

-¿Pueden vuesas mercedes darme un trago? Al pasar he oído las voces y he creído que era fiesta en alguna aldea pero, por el barro de sus vestidos, más creo que andan de faena.

-Siéntese, y celebre con nosotros que en unas jornadas acabaremos el arco mayor del puente del Arzobispo.

-Pero ¿Qué puente es ese? Muchas veces he cruzado en barca el río por este lugar para vender mis calderos en las aldeas de La Jara y nunca escuché hablar de puente alguno.

Un hombre desdentado y con nariz de borrachín se levantó con el vaso de madera de sauce en la mano y dijo:

-Pues yo he de contaros su historia pero habréis de alañarme una tinajilla donde guardo el vino y que no ha mucho se rajó.

-¡Sea! Contestó el forastero.

-Pues dicen que en cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras. Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse el prelado en la pértiga del  barquero para no caer al río, su anillo se hundió en las aguas. Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. Tan disgustado quedó su eminencia por la pérdida, que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intentaron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando  ¡A por el anillo del obispo!

Pues escuchad pastores -dijo el arzobispo Tenorio- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí. Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el paraje donde había perdido su anillo.

¡Vive Dios!, que es hermosa la historia -dijo el calderero- pero mis viajes por toda España me han enseñado que ni nobles ni prelados levantan una paja del suelo si con ello no han de sacar para llenar de rubíes mil de mis calderos.

Puente de Talavera en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI Puente de Talavera en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI

Rodrigo soltó una sonora carcajada diciendo:

-Razón tenéis amigo que muchos maravedíes cruzan por encima de los puentes y ya mi abuelo me contó que desde Talavera vinieron en sus tiempos gentes del concejo para tirar a las monjas el suyo y hasta hubo sangre, pues muchos dineros perdía la villa. Ahora toman las reverendas madres la misma medicina con el puente del Arzobispo.

LO POCO QUE QUEDA DE LAS REALES FÁBRICAS DE SEDAS

LO POCO QUE QUEDA DE LAS REALES FÁBRICAS DE SEDAS

El único edificio que todavía queda en pie del complejo de las Reales Fábricas, los llamados "molinos Nuevos" El único edificio que todavía queda en pie del complejo de las Reales Fábricas, los llamados «molinos Nuevos»

La Real Fábrica de Sedas de Talavera de la Reina languideció sin  su director y fundador Juan Rulière hasta su cierre definitivo en 1851, sufriendo el deterioro  sus instalaciones, especialmente durante la invasión de las tropas francesas y la famosa batalla de Talavera. El rey José Bonaparte, a su paso por la ciudad a la cabeza del ejército francés, se alojó durante tres días en la Casa del Director de las Reales Fábricas que también construyera Juan Rulière.

Fachada de la fundería de las Reales fábricas que hoy es portada del cuartel de la Guardia Civil
Fachada de la fundería de las Reales fábricas que hoy es portada del cuartel de la Guardia Civil

Después de la Guerra Civil, la Casa de la Hilanza fue utilizada como cárcel, donde se hacinaron más de tres mil presos republicanos. Hoy ocupa su solar un instituto de enseñanza secundaria.

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Escudo de las Reales Fábricas en el muro oriental de la ermita del Prado

La portada de la casa de la hilanza es actualmente la del Cuartel de la Guardia Civil y la casa de los molinos nuevos es el único edificio fabril que se mantiene en pie. En el exterior de la Basílica del Prado, en el muro de la cabecera se encuentra encastrado un blasón granítico de la fábrica, y en el interior se custodian mantos de la Virgen donados por ella, además de los tejidos que en palacios de toda España y especialmente de Madrid y Aranjuez son muestra de la perfección que llegaron a alcanzar las “telas ricas” de Talavera mientras don Juan Rulière dirigió las Reales Fábricas.

Casa del Tinte de la seda en el barrio de la Puerta de Cuartos Casa del Tinte de la seda en el barrio de la Puerta de Cuartos

A continuación podéis ver una serie de rótulos del callejero relacionados con las reales fábricas de Seda. Y en otra entrada mostraremos documentos gráficos de las antiguas Fábricas de Seda.

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DOS MONUMENTOS PETARDOS: BLANCANIEVES Y EL PRÍNCIPE VALIENTE

MUSEO DE LOS HORRORES:

BLANCANIEVES Y EL PRÍNCIPE VALIENTE

Escultura dedicada a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan Escultura dedicada a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan 

Los políticos españoles y especialmente los de nuestra ciudad tienen entre sus muchas cualidades  la de ser omniscientes, saben de todo sin saber de nada y así nos va.

Y digo esto porque se ha plantificado una escultura que representa a Fernando de Rojas, autor de La Celestina, la segunda obra más universal de las letras españolas después de El Quijote.  Y la escultura en sí, de cuya ejecución no tengo nada que decir, parece más bien representar a un príncipe de las armas que a un príncipe de las letras.

Una ilustración que representa a Fernando de Rojas como bachiller en una de las primeras ediciones de La Celestina Una ilustración que representa a Fernando de Rojas como bachiller en una de las primeras ediciones de La Celestina

con sus botas de cosaco y su espadón, pero vestido con una indumentaria más militar que adecuada para un Bachiller, título por el que se conoce a nuestro alcalde, ilustre escritor y hombre de derecho. Tiene el engendro un parecido sumamente sospechoso con el dibujo moderno que representa a Rojas en la Wikipedia que, con su pintoresca nariz aguileña, quiere simbolizar las raíces hebreas del genio de familia conversa.

Esta escultura no hubiera estado mal  para representar tal vez a  algún conquistador, como por ejemplo Francisco de Aguirre, o un militar del estilo del paisano capitán Verdugo,  pero no para nuestro antiguo alcalde. Si se hubieran documentado mínimamente habrían buscado vestiduras más apropiadas como lo hizo el ayuntamiento de La Puebla de Montalbán, localidad donde nació.

Monumento a Fernando de Rojas en La Puebla de Montalbán Monumento a Fernando de Rojas en La Puebla de Montalbán

Las dos representaciones de las imágenes anteriores son mucho más adecuadas que la escultura del «príncipe valiente» que se ha instalado sin pedestal en la Plaza del Pan, y que, además, va vestida un tanto anacrónicamente, con un vestuario de medio siglo después.

Para justificar el petardo dicen sus defensores que debe ser muy bonita porque la gente se hace fotos junto al bronce. Pero es que si hubieran puesto una escultura de un pitufo, los entusiastas viandantes se harían igualmente millones de instantáneas para la posteridad.

Escultura que representa a la reina María de Portugal en la Puerta de Cuartos de talavera Escultura que representa a la reina María de Portugal en la Puerta de Cuartos de Talavera

Y para que no digan que mis críticas van dirigidas solo a uno de los lados del espectro político, también traigo  a este museo de los horrores a esta reina María de Portugal que gobiernos municipales anteriores perpetraron en la Puerta de Cuartos, donde se representa una escultura hecha de molde con lo que parece fibra de vidrio, y que con sus mofletes, su moderna y rizada melena de aspecto un tanto cochambroso y su corona descomunal, parece más bien representar a un personaje de alguna película de Walt Disney, como Blancanieves, la Cenicienta  o similar, aparte de presentar el muñeco un gesto un tanto adusto y malencarado.

ARQUITECTURA POPULAR PUEBLO A PUEBLO: CERVERA DE LOS MONTES

Ventana enjalbegada en Cervera de los Montes

Cervera de los Montes es una localidad cercana a Talavera situada en la subcomarca de El Berrocal. Y como ese nombre indica se trata de un territorio granítico y su mampostería de piedra es su principal material de construcción.

Cerradura y cerrojo en una casa de Cervera

Los muros se levantan en mampostería y sillarejo en general bastante irregular, aunque también hay edificios más modernos o de servicio público que están erigidos con sillería, Entre ellos el viejo edificio hoy convertido en casa de vecinos, donde se alojaban ciertas dependencias de las Reales Fábricas de Seda de Talavera. La mayor de las casas tradicionales son de dos plantas, la vivienda en la baja y la troje en la alta, aunque también entre las casas más recientes existen edificios de dos plantas reales, y no el bajo granero de las trojes

Típica portada de Cervera

Muchas de ellas tienen un patio que precede a la vivienda al que da acceso una puerta protegida por tejadillo o por un bloque de piedra a modo de dintel. En otros casos la puerta tiene dimensiones de portón o incluso de puertas carreteras. Estas mismas puertas dan también acceso a pajares y corrales. El piso tradicional era de ladrillo aunque calles y corrales se hallaban empedrados.

Foto de 1960 de una de las calles de Cervera. Del libro de Moreno Nieto «La Provincia de Toledo»

El piso era de lanchas de piedra o de ladrillo, aunque más recientemente se solaba con baldosa hidraúlica. Los huecos son pequeños como sucede en todas las construcciones de mampostería poco trabajada, aunque en las esquinas algunas cuentan con sillería, aunque no muy elaborada en general.

Casa en Cervera de mampostería ripiada y ventana con típico cerco enjalbegado.

También en algunas edificaciones más modernas se mezcla la piedra con el ladrillo, y en edificaciones secundarias podemos ver algunos muros o medianeras de adobe.

Muchas de las puertas y ventanas están recercadas y enjalbegadas, aunque hay viviendas completamente blanqueadas.

Plaza de Cervera en 1960
Cuadra y corral en Cervera de los Montes

LAS PRESAS DE LOS MOLINOS DE AGUA (y2)

Plano del proyecto de navegación del Tajo de Carducci en el siglo XVII donde se ve la presa de  los molinos de Abajo de Talavera.

Segunda parte del capítulo referido a las presas molineras de mi libro agotado «Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo»

Desviación del agua hacia un canal molinero en el río Arbillas, en Gredos

La fábrica y reparación de estas grandes presas se realizaba durante el estiaje, hincando estacas de unos quince centímetros de diámetro en el fondo del cauce. Se dejaba entre ellas una distancia de entre veinticinco y cuarenta centímetros, a continuación se clavaban tablas de trabazón de estaca a estaca y se iban volcando piedras con carros y caballerías aguas arriba de esta armadura de madera. En otras ocasiones era la simple acumulación de bloques de piedra la que formaba el núcleo de la presa. En algunos grandes molinos del Tajo como el de los Rebollos en Valdeverdeja todavía se pueden observar en la misma orilla las canteras desde donde se dejaban caer los peñascos al río.

La capacidad de estos azudes varía entre los 0,1 y los 3 hectómetros cúbicos. Al encontrarse en grandes ríos se sitúan en disposición más o menos oblicua con respecto a la corriente para evitar mayores desbordamientos y los posibles daños ocasionados por las crecidas. La función de estas grandes presas es accionar las aceñas o los molinos de regolfo ya que los molinos de rodezno, situados en los pequeños arroyos, precisan de menor cubicaje, alrededor de 0,2 hectómetros cúbicos.

Presa o azud semiderruido por la corriente, que da servicio al molino de los Capitanes en el Tajo a su paso por Valdeverdeja

Como quiera que hay cierta confusión con la terminología que hace referencia a estas presas, diremos que su nombre es en realidad azud y que las palabras azuda, zuda o zua se refieren más bien a las ruedas elevadoras de agua aunque, por extensión, se denomine así también a las presas que las alimentan, tanto en el caso de que sirvan a esas ruedas como a otros artificios como molinos, batanes, lavaderos etc. Muchas de estas presas se destinaban desde la antigüedad a cañales de pesca y de ahí que al azud también se le conociera con el nombre de pesquera.

Plantas, sección y partes de una presa molinera según se explica en el texto Plantas, sección y partes de una presa molinera según se explica en el texto

Casi todas estas grandes presas han sido utilizadas y reutilizadas desde la Edad Media y muchas de ellas se han adaptado en la actualidad para abastecer a centrales eléctricas, tanto por ser obras de sólida factura , como por estar situadas en los lugares topográficamente adecuados. Es el caso de antiguas presas molineras como Valdajos, Cebolla, Puente Viejo de Talavera, Ciscarros, Sacristanes y varias de la ciudad de Toledo, entre otras.

También se ha dado el caso de que se adaptaran para movilizar las turbinas que durante el siglo pasado y comienzos de éste accionaron las fábricas harineras, por ejemplo las máquinas de Monteagudo sobre el Tiétar en Oropesa  o diferentes industrias impulsadas por energía hidráulica como la alpargatería situada junto a la presa de los molinos de Abajo en Talavera de la Reina.

Además de esta primera división en grandes y pequeñas presas podemos establecer otra tipología en función de su orientación respecto a la dirección de la corriente (fig. 8).

Perpendiculares: Son más frecuentes en pequeños caudales pues al ofrecer una mayor resistencia son de más fácil ruina.

Oblicuas: Adaptadas a corrientes caudalosas para no ocasionar en las crecidas reboses excesivos gracias a su mayor longitud, evitando así perjuicios a la obra de la presa e inundaciones al molino. Son con mucho las más frecuentes y las que más se corresponden con la denominación de azud.

Paralelas: Son muy raras y aprovechan un codo del arroyo para conducir la corriente por un canal que seguirá artificialmente la misma dirección que tiene el arroyo antes del codo natural (fig. 8d). Son ejemplo de este tipo las presas de algunos molinos de rodezno como Marrupejo 3, Bárrago 1 y Saucedoso 5.

Aún podemos hacer una última clasificación de las presas según su planta en presas rectas o de gravedad y curvas o en arco. Las primeras mantienen retenidas las aguas por el propio peso de la mampostería, mientras que las segundas, por su diseño curvo, hacen cargar las líneas de fuerza sobre pilares laterales de las orillas o sobre contrafuertes situados más o menos a mitad de su recorrido. Seguimos en esta tipología a Fernández Casado[1].

Las presas molineras con respecto a la dirección de la corriente como se explica en el texto Las presas molineras con respecto a la dirección de la corriente como se explica en el texto

En realidad la mayoría de las presas tienen estructura mixta gravedad-arco, gravedad-contrafuerte y arco-contrafuerte e incluso en otras ocasiones son de planta absolutamente irregular o quebrada por distintas readaptaciones o por la necesidad de anclaje en diferentes islotes, como en el caso, por ejemplo, de la presa de los molinos de Abajo de Talavera.

Puede también darse el caso de que no exista presa y que se aproveche íntegramente todo el caudal, previamente canalizado, de un determinado río cuyas aguas discurren bajo el edificio del molino que se apoya en ambas riberas (fig. 9A). Es el caso de la mayoría de los molinos manchegos de regolfo sobre los ríos Cigüela y Riansares.

La presa tampoco es absolutamente necesaria cuando se utiliza la desviación natural o artificial de una parte del caudal fluvial hacia un brazo de río que ha sido ocasionado por una isla que divide el cauce, aprovechándose casi siempre el ramal por el que la corriente es de menor cuantía.

En Talavera por ejemplo, se incrementa con la presa de Palomarejos la corriente que discurre al sur de la isla del Chamelo (fig. 9E). En Malpica, el molino de Corralejo se situaba junto a una isla similar. Cerca de Toledo, frente al paraje de San Bernardo, existen ruinas de un molino que también aprovechaba la corriente que circunda el islote pero con la presa situada a la misma altura del río que el propio edificio del molino (fig. 9D).

Otro tipo particular de presa es la del molino del Estanco en Riofrío (fig.9C) que se sitúa en la misma desembocadura de este afluente del río Uso y que aprovecha todo su caudal con dos cubos adosados al muro. La presa se ha construido perpendicular a la dirección de la corriente obstruyendo completamente el cauce del Riofrío antes de desaguar en el Uso.

Las presas ocasionaban continuos trabajos a los molineros por su encenagamiento, oclusión de compuertas y fracturas de la obra. Era muy  importante que se construyeran de forma que el remanso ocasionado no llegara a inundar el cárcavo y el socaz del anterior molino impidiendo así el correcto funcionamiento de los rodeznos. Tampoco podían perjudicarse las corrientes y caudales de los hortelanos ni las zonas de abrevadero del ganado. Referencias muy abundantes a todos los pleitos generados por estas circunstancias pueden encontrarse en la documentación histórica que alude a los molinos.

Era frecuente que el remanso producido por la presa molinera se aprovechara para la instalación de una barca que facilitaba el paso a los clientes del molino y a otros viajeros. Es por ejemplo el caso del molino del Barquillo en Valdeverdeja, el de Ciscarros en Aldeanueva de Barbarroya o el de Cebolla.

En los años de 1641, 1755 y 1828 se hicieron diferentes reconocimientos del río Tajo con motivo de estudiar la viabilidad de los correspondientes proyectos de navegación encargados por los regentes de la época a sus respectivos ingenieros Carducci, Simón Pontero y Cabanes. En estos proyectos se reflejan los accidentes del río que pueden obstaculizar el paso de las embarcaciones aportándonos datos preciosos sobre las presas y la molinería  en el trayecto fluvial comprendido entre Toledo y la frontera con Portugal[2]. Se señalan en el recorrido ochenta y seis presas de las que treinta y ocho estaban arruinadas. Cincuenta y tres del total pertenecían al tramo del río comprendido en la actual provincia de Toledo.

 

[1] FERNÁNDEZ CASADO, C.: Ingeniería Hidráulica Romana.. Madrid,1983.

 [2]  Corografía del río Tajo: Proyectos de navegación del río Tajo a que corresponden los reconocimientos puestos a continuación:

11.- Año de 1641, proyecto de Carduchi y reconocimiento de Martelli.

21.- Año de 1755, proyecto de Simón Pontero y reconocimiento de Briz -Simó.

31.- Año de 1828, proyecto de Cabanes y reconocimiento de Marco Artú

Cuadserno con la copia de los tres proyectos cedido para su consulta por la Excma Diputación de Toledo.

LAS PRESAS DE LOS MOLINOS DE AGUA (1)

III.- DESCRIPCIÓN DEL MOLINO DE AGUA. LAS PRESAS

Ya hemos visto cómo lo que básicamente consigue un molino es aprovechar una determinada elevación del agua – mantenida por un canal – desde una presa río arriba, para que al caer el agua por la fuerza de la gravedad mueva la rueda de nuestro artificio (fig. 5).

Partimos de la estructura del molino de rueda horizontal o rodezno para explicar este mecanismo, ya que se trata del más frecuente con mucho en nuestros ríos y arroyos. Es además el modelo más sencillo a partir del cual explicaremos las peculiaridades de otros tipos de molino.

        

Presa de un molino de agua en el río Huso. Trazado muy irregular construido con pizarras y cuarcitas rodadas Presa de un molino de agua en el río Huso. Trazado muy irregular construido con pizarras y cuarcitas rodadas

LAS PRESAS

Lo primero que necesitamos en la construcción de una instalación molinera es retener el agua en un punto del cauce con una altura determinada y desviar ese agua hacia un canal cuya misión es mantener ese nivel hasta llegar al edificio del molino. Ambas cosas se consiguen mediante la presa que podemos definir por tanto como un obstáculo fijo, opuesto a la corriente y que embalsándola con elevación de nivel produce un remanso[1].

Se sitúan estas presas en lugares topográficamente favorables para su construcción como es el caso de estrechuras del cauce, elevaciones del fondo del río o lugares donde la existencia de rocas laterales o un fondo firme y berroqueño del río permitan un mejor anclaje de la estructura. Se buscan sobre todo pérdidas de nivel de la corriente lo más bruscas posible, de forma que consigan hacer ganar  desnivel al canal en un corto recorrido para ahorrar así esfuerzo en su excavación. Es el caso de los molinos situados junto a las cascadas y chorreras de los arroyos.

Para la construcción de presas se huye en general de los terrenos arenosos con gran filtración. También se intentan evitar los tramos de cauce fluvial muy anchos que hacen necesaria la construcción de presas de gran longitud, más frágiles ante las avenidas y que se colmatan de sedimentos más fácilmente. Se precisa además no trazar los azudes en perfiles topográficos de escasa pendiente porque conllevarían canales demasiado largos. Aunque hay excepciones, como es el caso de las zonas donde ese mismo canal se aprovecha para regadíos ribereños y la utilización para este fin hace más rentable su excavación.

Presa de los molinos de los Sacristanes reutilizada para una central eléctrica. Obsérvese la disposición de los bloques graníticos ajustados como granos de granada Presa de los molinos de los Sacristanes reutilizada para una central eléctrica. Obsérvese la disposición de los bloques graníticos ajustados como granos de granada.

Las presas se fabricaban con esmero aunque la pobreza de los antiguos materiales disponibles y la, generalmente, modesta condición económica de los molineros influía en la precariedad de estas construcciones, salvo en las más potentes aceñas y molinos del Tajo. A estas circunstancias se unía el régimen semitorrencial de muchos de nuestros arroyos y riachuelos serranos que presentaban en invierno avenidas importantes que ayudaban a su destrucción, obligando a frecuentes reparaciones de mantenimiento. En la actualidad quedan pocas de estas presas completas, existen numerosas referencias históricas a destrozos de las riadas y a las obras necesarias para su reparación, principalmente en la documentación existente sobre los molinos de Toledo y Talavera.

Otras presas que resistieron el embate de las aguas se han visto con el paso del tiempo anegadas por el arrastre de arenas y cienos. Para evitar esto se acudía en ocasiones al levantamiento aguas arriba de otra presa de peor factura que intentaba retener los materiales que anegaban la principal. Ese parece ser el objeto de una presa secundaria construida en el primer molino del arroyo de Piejachica en Valdeverdeja.

Las presas tienen dimensiones variables dependiendo de la entidad y características topográficas de la corriente sobre la que se construyan. Van desde los dos metros escasos de las presas de los molinos de Garganta Tejeda en el Real de San Vicente, hasta las presas o azudas del Tajo que sobrepasan los cien metros en algunas ocasiones. La altura y la anchura de los muros de las presas varían entre uno y diez metros.

Anclaje en la orilla de una presa en el río Huso que muestra las lanchas de pizarra reforzando el calicanto de la estructura Anclaje en la orilla de una presa en el río Huso que muestra las lanchas de pizarra reforzando el calicanto de la estructura

Las presas podían construirse sobre el lecho de la corriente sin ningún apoyo especial, pero a veces se anclaban en grandes rocas o en los tajamares de los puentes. También las orillas de los islotes que jalonaban los ríos servían a veces como apoyo para su edificación.

Las secciones pueden ser rectangulares, trapezoidales o escalonadas. Estas dos últimas formas intentan evitar que se socave el cauce y peligre la cimentación de la presa, ya que impiden que el agua caiga violentamente desde el rebosadero (fig. 7). Asociados a estos perfiles podemos encontrar contrafuertes de obra que intentan conseguir una mayor resistencia de la presa a las avenidas del río.

Los materiales empleados suelen ser la piedra de extracción local  y la argamasa. Las rocas más frecuentemente empleadas en nuestra geografía son el granito, las cuarcitas rodadas o no y la pizarra (Foto 1). El paramento se refuerza con esmerado ripio a presión que ajusta la estructura de sillarejo. En La Jara, sobre el arroyo Cubilar, se pueden ver algunas presas fabricadas con grandes lajas de pizarras clavadas oblicuamente en el cauce y reforzadas con acúmulo posterior de otros materiales. El ladrillo o el mero acúmulo de tierras son poco empleados en las presas aunque sí se utilizan en los canales.

Presa y arranque del canal en una presa de Riofrío

En los grandes ríos como el Tajo e incluso el Tiétar, las presas conllevan una obra de mucho mayor envergadura. Son generalmente de sección trapezoidal, su base es ancha y suelen estar formadas por grandes bloques graníticos que constituyen el núcleo de la obra. Posteriormente se enlosará con sillería más regular e incluso se rematará con un revocado  exterior.

A veces adopta el aparejo una curiosa disposición como en el caso de la presa de las Aceñas del Conde en término de El Torrico. En este gran azud del Tajo los bloque exteriores de la cubierta de la presa se han tallado con formas trocopiramidales similares a los granos de una granada, muy acuñados con ripio a presión y relleno de mampostería en el interior de la estructura.

El borde superior de las presas molineras se encuentra especialmente bien rematado, en general con acabados curvos que eviten la erosión, incluso en ocasiones puede construirse en sillería o con pizarras alineadas y unidas con argamasa. Las presas suelen tener también rebosaderos y compuertas que no sólo desaguan en el canal del molino sino que a veces sirven también para el abastecimiento de canales de riego y abrevaderos.

[1]  DIPUTACIÓN FORAL DE VIZCAYA: Bizkaiko Presoak, Presas de Vizcaya. Catálogo. Bilbao, Diputación Foral de Bizkaia, 1990, pp. 11-19.

Página Talavera y su Tierra de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes

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