LAS MURALLAS, PRIMER RECINTO

LAS MURALLAS

Murallas de El Charcón. Dibujo de Enrique Reaño sobre grabado del siglo XIX

HISTORIA

El concepto medieval de ciudad era inseparable de la existencia de un recinto amurallado. Talavera se encuentra en una importante encrucijada de caminos a la orilla de un río importante. Es indudable la trascendencia estratégica de nuestra ciudad que defiende el lugar más vadeable del tramo medio del Tajo. Sus orillas marcan una  línea defensiva poblada de fortalezas como Canturias, Vascos, Castros, Espejel o Alija, mediante las cuales los musulmanes intentaron cortar el paso a las huestes cristianas. Pero, sin embargo, Talavera está situada en una amplia vega, en un terreno llano que dificulta la defensa de un lugar tan estratégico. Esta circunstancia  y la protección de la  propia riqueza agropecuaria y comercial de la ciudad, expresada por viajeros como Al-Idrisi, condicionó la construcción de las magníficas murallas talaveranas. Por otra parte, la ciudad de Toledo mantuvo casi siempre una actitud levantisca hacia el califato, motivo por el que Córdoba potenció y financió la fortificación de Talavera que podía de esta forma ser un punto de apoyo táctico esencial de cara a las sublevaciones de Toledo.

Fueron tres los recintos amurallados de Talavera. Comenzaremos la descripción de los mismos por el que encerraba el casco viejo, esa parte más antigua de la población que era conocida como la villa. Aunque futuras excavaciones y hallazgos arqueológicos puedan confirmarlo con seguridad, se tiene hoy día la práctica certeza de que existía una fortificación romana anterior a la musulmana, como lo atestigua el aspecto del aparejo de ciertos tramos de sillería y algunas cimentaciones que parecen  orientar en este sentido.

Estela romana encastrada en el frente de una torre romana

Desde las primeras referencias escritas sobre Talavera, hay continuas alusiones a la fortaleza de sus defensas. Es el caso de la Crónica del Moro Rasis que se refiere a Talabira en el siglo IX diciendo: «sus murallas son sólidas y elevadas con altas torres», o el mismo Al-Idrisi, que a su paso por la ciudad en el siglo XI observa cómo la «ciudadela está perfectamente fortificada».

Estelas romanas en el cimiento de la muralla de la alcazaba

EL PRIMER RECINTO

 DESCRIPCIÓN

 Los tres recintos amurallados de Talavera son tangenciales a la alcazaba en su trazado. Si seguimos el  primer recinto defensivo, el más antiguo y monumental, podemos ir observando varios elementos y peculiaridades de este impresionante recuerdo de los que probablemente fueron los años de mayor grandeza histórica de nuestra ciudad, la época califal. Posteriormente se añadieron a la muralla otros elementos constructivos por sucesivas reparaciones.

Lienzo de muralla del primer recinto amurallado en su tramo de El Charcón con una de las torres circulares musumanas

Si observamos los lienzos de la muralla podemos distinguir numerosas reconstrucciones consecuencia muchas de ellas de la ruina que determinaron las incursiones de cristianos y musulmanes o las de los reinos de taifas vecinos. Otras de esas reformas fueron debidas a la construcción de elementos nuevos, ya con la tradición arquitectónica del grupo dominante en ese momento. Se ven lienzos construidos con sillería finamente labrada y con la piedra trabajada específicamente para ese fin. Pero otros lienzos, sin embargo, aunque también edificados en sillería, se han levantado con bloques de piedra de construcciones anteriores, siendo muchos de ellos de origen romano como se deduce por el almohadillado característico. En este caso, para nivelar las hiladas de los sillares de diferente altura, se han utilizado verdugadas de una o varias filas de ladrillo, dispuestos en el aparejo que se denomina el “encintado” que, para algunos autores, es preludio de las formas constructivas mudéjares que más tarde combinarán piedra y ladrillo.

Torre musulmana de planta cuadrada en la Corredera

Todavía hoy se pueden observar en los muros algunas inscripciones romanas, siendo numerosas las referencias históricas a lápidas y aras encastradas en la muralla, hasta el punto de que algunos antiguos historiadores creían que estas fortificaciones se levantaron con los restos de una gran necrópolis romana. En otros lugares, como en la zona del alcázar, se ha intentado en época moderna reconstruir el muro con bloques de hormigón, afortunadamente no se continuó tan espantosa rehabilitación de nuestro primer monumento.

Torre albarrana en la calle Carnicerías

En el recorrido vamos constatando la existencia de trecho en trecho de hasta sesenta y cuatro torres de planta cuadrada y otras semicirculares de gran importancia tipológica. De éstas, la más visible se encuentra en la zona del Charcón. Parece, según Martínez Lillo, que estas torres redondas constituyen el elemento más antiguo de la fortaleza de Talabira cuya edificación podría remontarse al siglo IX o X. El mismo autor ve en ciertos aspectos de nuestra muralla la aparición de elementos constructivos de origen norteafricano, lo que no sería de extrañar por la importante proporción de gentes bereberes que poblaron nuestras tierras en época musulmana.

Torre albarrana, muy típica de la muralla talaverana y ya de época cristiana

Pero lo más paradigmático de nuestra muralla son las torres albarranas, esas grandes elevaciones de planta rectangular, edificadas en mampostería con sillería en las esquinas y en sus elevadísimos arcos. En nuestro ámbito geográfico, estas peculiares construcciones podemos solamente contemplarlas en contadas fortificaciones como las del castillo de Escalona y el de Montalbán. Ha sido objeto de discusión para los especialistas el datar  estas torres, pues para algunos se construyeron en época almohade, mientras que otros consideran que fue en época cristiana, durante el reinado de Alfonso VII o de Alfonso VIII, y por último hay quien retrasa su construcción hasta el siglo XIV, en época del “arzobispo arquitecto”, el arzobispo Tenorio. Estas enormes torres dejaban discurrir debajo de ellas el foso y sus frentes se enlazaban con otro recinto defensivo paralelo al principal cuyo nombre es barbacana, así aparece en el dibujo de Van der Wingaerde del trayecto conocido como Entretorres y en el tramo que se sitúa frente a la Cuesta de San Clemente. Hay quien ha querido ver en el escudo de Talavera a la torre albarrana como símbolo más específico de la ciudad. En  el interior de la torre que se sitúa al inicio de La Corredera se aloja la capilla del conocido como “Cristo de los Mercaderes”.

Murallas de Entretorres en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI

En próximas entradas hablaremos de las puertas del primer recinto amurallado

LA CAÑADA LEONESA ORIENTAL II POR LA HIGUERA Y FRESNEDILLA

LA CAÑADA LEONESA ORIENTAL II

POR LA HIGUERA Y FRESNEDILLA

Recorrido aproximado 10 kilómetros, 2 horas y media

Nacimiento del Tiétar cerca de la Venta del Cojo

La Cañada Leonesa Oriental entra en el valle del Tiétar justo junto a su nacimiento en la Venta del Cojo en Santa María del Tiétar, y discurre paralela al río hasta entrar en la población de Higuera de las Dueñas. Llamada así por haber pertenecido a las monjas,  “dueñas” en lenguaje medieval, del monasterio de San Clemente de Ávila. Luego pasó su señorío al monasterio de San Benito en 1332. Don Álvaro de Luna lo compra para redondear sus estados de la zona.

Esta población no perteneció al señorío de La Adrada, pero sí formó parte del extenso alfoz de Ávila. Higuera da nombre a la sierra que se encuentra al sur de su caserío, a cuya cumbre podemos llegar por una pista y contemplar unas hermosas vistas sobre el valle del Tiétar, Gredos y la Sierra de San Vicente. También la ladera norte de la misma tiene bonitos bosques de robles con vaguadas y arroyuelos que bajan hacia el llano con una vegetación que hace agradable el paseo.

Panel de azulejería talaverana del siglo XVI que representa a San Juan Evangelista en la iglesia de Higuera de las Dueñas

Su monumento más destacado es una iglesia del gótico tardío que presenta una buena portada enmarcada en alfiz y decorada con bolas, como tantas iglesias del siglo XV en Ávila. Las bóvedas de crucería son de calidad y cuenta en la capilla mayor con un buen retablo barroco y paneles de azulejería talaverana representando a los evangelistas. A la entrada del pueblo se encuentra una cruz y una fuente de piedra con pilón de los siglos XVI y XVII. También cuenta el pueblo con arquitectura tradicional en granito y alguna casona de interés. La portada posee un arco con doble filas de dovelas y un alfiz que rodea todo el marco. Su torre esbelta y cuadrada se sitúa en el lienzo norte del templo, al igual que su entrada principal. En su interior cabe destacar, su precioso presbiterio, al que se accede a través de un arco gótico apuntado con dovelas. Resalta su retablo rococó, dorado y de grandes dimensiones, con motivos vegetales y ángeles. La cubierta es una buena bóveda de crucería con nervios, todo ello bien conservado, al igual que el coro. El templo se divide en tres naves. La central más amplia y cubierta con un noble artesonado y separada de las demás por seis grandes columnas graníticas. Cabe mencionar la bien labrada pila bautismal, y ya en el exterior una cruz pétrea sobre un pedestal al que se accede por gradas de granito.

Fuente de Fresnedilla junto a la Cañada Leonesa Oriental

La arquitectura popular de su caserío se conserva relativamente bien con algunas casonas de cierta entidad.

Desde Higuera podemos dar un paseo por una pista asfaltada que luego se hace camino y nos lleva hasta un pequeño puente medieval sobre un arroyo, llamado Puente Chico y, ya en el Tiétar, otro puente magnífico entre pinares llamado Puente Mosquea, aunque esta excursión podemos hacerla desde La Adrada tal como se indica en la ruta de este pueblo incluida en las del valle del Tiétar.

El llamado Puente Chico cerca de Higuera de las Dueñas

Fresnedilla es un pueblecito que sí perteneció al señorío de La Adrada y que, como Higuera, se encuentra en plena cañada, por lo que ambas localidades estuvieron muy vinculadas a la trashumancia. Su iglesia se construyó también en el siglo XVI, aunque es más modesta que la de Higuera y está presidida por una espadaña. Era famosa por tener un buen retablo de azulejería de Talavera, aunque todavía cuenta con algunas imágenes populares del siglo XVIII y con una pila bautismal de cerámica talaverana de la misma centuria.

También podemos ver una fuente y un  pilón a la entrada, en los que tantos ganados trashumantes habrán abrevado. Pero tal vez, lo más curioso de su patrimonio etnográfico es una rústica plaza de toros que conserva las agujas en las que se sujetaban los palos de cerramiento del coso, y unos burladeros hechos con grandes lajas de granito que protegían a los toreros. Cuenta también este pueblecito con algunos rincones de arquitectura popular típica de la zona. Se celebran todavía interesantes fiestas de quintos y en “Las Candelas” se hacen luminarias.

Burladero de la rústica plaza de toros de Fresnedilla, hoy reutilizado como jardinera

ARQUITECTURA POPULAR X: MATERIALES, SOLADOS Y TECHUMBRES EN LA JARA

 

MATERIALES, SOLADOS Y TECHUMBRES EN LA JARA

Suelo de pizarra el suelo de una vivienda en ciudad de Vascos

Las casillas y cocinillas de la Jara son un ejemplo muy ilustrativo de como, en la arquitectura tradicional el hombre utiliza los materiales que le son más próximos, consiguiendo así una economía de medios y una adaptación sumamente sostenible al terreno.

En una casilla de las sierras jareñas, por ejemplo, el suelo lo forman las mejores ymas grandes lanchas de pizarra que el campesino haya podido encontrar en el entorno de su vivienda. puede también haberlas extraído de afloraciones  pizarrosas cercanas con un pico, o con una maceta y una cuña metálica que se introduce en las vetas de la roca, separando lajas fácilmente, ya que las pizarras jareñas son blandas en general. El barro húmedo servirá de lecho a las lanchas formando así el enlosado que se completa a veces con engorronado de cuarcita en los huecos que dejan entre sí las pizarras. Cuando éstas no se encuentran cercanas el suelo se hace de barro apisonado o de engorronado de canto rodado y a veces. en las cercanías de los ríos, de pequeños fragmentos de pizarra rodada de forma alargada que deja suelos muy vistosos.

Son escasas las techumbres de pizarra porque en la Jara esta piedra solo se lamina en lanchas de grueso calibre. En este caso solamente curbre el muro de una construcción secundaria.

La tradición de la utilización de la pizarra como enlosado, arranca en estas tierras, al menos de época visigoda, cuando las tumbas repartidas por todo el campo jareño se construían con grandes lanchas.  Los árabes continúan utilizándola y como ejemplo nos referimos a los llamados Baños de la Mora, en la Ciudad de Vascos, que podemos hoy todavía contemplar con el enlosado de pizarra original. Podemos remontarnos a épocas más antiguas en la utilización de la pizarra en monumentos funerarios y así el dolmen de La Estrella, con más de cuatro mil años, tiene algunos ortostatos de este material, también la estela de Las Herencias que representan un guerrero de la Edad del Bronce con su carro y su armamento es de este material.

Solado de engorronado de pizarras y cuarcitas rodadas combinadas el cuarzo blanco en La Estrella

Los muros se fabrican con los materiales más cercanos y fáciles de manejar, cuarcitas, pizarras, canto rodado o tapial se escogen en función de la accesibilidad principalmente, y se unen con el material más a mano y más barato, el barro; si es preciso ripiar las desiguales caras de los bloques de piedra se utilizarán fragmentos de pizarra o trozos de tejas rotas de anteriores construcciones; si es necesario enlucir algún muro se hará igualmente con barro, pero más arcilloso, de grano más fino y mezclado con paja de centeno para dar una mayor consistencia al rudimentario enfoscado.

Cuando se quieren salvar vanos se fabricarán los dinteles con troncos de encina o de fresno y la estructura de la techumbre se realizará igualmente con madera pero sin pasar por la serrería. Se escogerá el tronco adecuado, se le quitará la corteza para evitar el más fácil ataque por los parásitos y se dejará a secar aislado del suelo el tiempo necesario, ya que la instalación en el maderamen de alguna pieza verde podría llevar al pandeo e incluso la ruina de la techumbre.

Chimemea en una casilla de Paniagua en término de Alcaudete de la Jara. Una viga curva en la parte más alta, otra sobre la que se sostiene la campana hecha con palos, y cañizo protegido por torta de barro. A la izquierda el poyete donde dormía el pastor y una pequeña alacena

La mayor parte de estas construcciones rústicas están techadas a teja vana, es decir, con el armazón del tejado directamente sobre la habitación, sin cielo raso. Son edificios sencillos tejados a dos aguas, los dos aguilones se levantan sobre los muros laterales, en los que no se suelen dejar huecos que debiliten la estructura, la viga se apoya sobre los vértices de los aguilones y precisa ésta de una longitud considerable que sostenga toda la techumbre de la estancia, además de tener un perfil rectilíneo que iguale y nivele todo el caballete del tejado. Estas vigas rectas se solían obtener del álamo negro de las riberas o bien sobre todo en las mayores  construcciones urbanas, se importaban de Gredos o de Talavera donde se podían adquirir los troncos de pino con las dimensiones necesarias. Sobre la viga se apoyan las alfangías o cabrios, palos relativamente rectos sobre los que se colocará el cañizo o la jara que sostendrá el entortado de barro sobre el cual se colocan las tejas árabes. Las viviendas más primitivas utilizan la jara, pero en las del llano o los núcleos urbanos es más frecuente ver la techumbre de cañizo. Las cañas se disponen atadas entre sí con cuerdas de cáñamo o una caña principal algo mas fuerte (caña maestra) que va paralela a cada uno de los cabrios. Si los vanos que debe salvar la viga son excesivos se refuerza su apoyo con uno o más caballos, éstos son troncos que ya no tienen porqué ser rectilíneos, incluso suelen ser troncos curvos de fresno con la convexidad hacía el tejado y con un tarugo  suplemento vertical que lo une con la viga para ayudar así a sostener su peso. Estos caballos se apoyan en los muros paralelos a la viga y a veces desde la misma viga parten dos cabríos, un tanto curvo también, que apoyan sobre los extremos  del caballo para formar lo que se llama refuerzo «en tijera», que distribuye aún mejor las cargas. Los cabrios, por su extremo opuesto a la viga, descansan clavados’ y atados sobre un rollo o palo redondo que se ha colocado en la parte superior del muro.

Viga sobre la que se sostienen los cabrios y sobre ellos la jara, encima de la que se hecha la torta de barro y por último las tejas

La imprescindible chimenea no puede utilizar materiales más sencillos, una viga de madera más o menos recta apoyada en los muros sostiene una campana fabricada con cabrios y cañizo pero enfoscada con una gruesa capa de barro que impide el incendio. De la misma forma, sólo que con una base de adobe o de tapial se hacían los escasos tabiques que separaban las dependencias. Las tejas, la cal y la clavazón eran los únicos materiales que debía el campesino jareño adquirir en los pueblos más cercanos, a veces intercambiándolos en una economía de trueque, casi de subsistencia.

LA CAÑADA LEONESA ORIENTAL (1) DE CEBREROS A SANTA MARÍA DEL TIÉTAR

LA CAÑADA LEONESA ORIENTAL 1

 

Recorrido aproximado 17 kilómetros, 5 horas

Las Tierras de Talavera han tenido desde siempre una especial vinculación con el mundo ganadero. Nuestra ciudad se halla enclavada en un cruce estratégico de comunicaciones. Un lugar de encuentro entre las dos castillas y Extremadura, entre los pastos estivales de altura de la Sierra de Gredos y los pastos de los inviernos suaves de la Lusitania. Talavera fue primero un paso situado en el  lugar más vadeable y arenoso del Tajo y, más tarde, vio cómo por su viejo puente cruzaban los ganados que se dirigían a extremos. Más tarde, los puentes de La Puebla de Montalbán y Puente del Arzobispo vieron cruzar también los millones de ovejas merinas que atravesaban España durante los siglos en los que el Honrado Concejo de La Mesta era uno de los mayores poderes del imperio español. Nuestra tierra es el punto geográfico donde más se aproximan las tres cañadas principales, la Leonesa, la Segoviana y la Soriana. Además son varios los ramales principales y los cordeles que comunican entre sí estas tres grandes vías que atraviesan las mesetas de norte a sur, quedando en su centro Talavera como nudo de comunicaciones ganaderas que no en vano llegó a ser la sede de varias Juntas Generales de invierno del Honrado Concejo y a tener el principal mercado de ganados de la península que, curiosamente, nació como la Mesta en el siglo XIII.

Rebaño de ovejas por la Cañada Leonesa Oriental a su paso por Cebreros

 

Esas cañadas fueron vigiladas por una institución tan talaverana como es la Santa Hermandad Real y Vieja, cobrando en los “puertos” el peculiar impuesto de la asadura como pago por los servicios que prestaban de seguridad en despoblado. Todavía nos quedan ventas, paradores, fuentes, abrevaderos, mojones, cruces y otros elementos que jalonaban el recorrido y tan importante fue el trasiego de gentes y ganados por las cañadas, que incluso hay algunas poblaciones como La Corchuela, Ventas de San Julián o Puerto de San Vicente cuyo nacimiento estuvo relacionado directamente con el paso de las ovejas merinas.

Puente de Valsordo sobre el que discurre la Cañada Leonesa Oriental para cruzar el Alberche

Esas cañadas y cordeles son un patrimonio de todos, un patrimonio caminero que puede servir de arteria vivificante para que el turismo rural se desarrolle en nuestros pueblos.

Vamos a conocer desde estas páginas las vías pecuarias que nos conducirán por nuestra variada y hermosa naturaleza comarcal. Iremos deteniéndonos en los pueblos y parajes donde el viajero a pie, a caballo, en bicicleta o con vehículos todoterreno pueda encontrar algún elemento natural, histórico, o etnográfico que sea de su interés.

Provéanse del zurrón, el cayado y los mastines que pues comenzamos a viajar a extremos por nuestras cañadas.

Recorreremos primero la Cañada Leonesa Oriental e iniciaremos nuestro recorrido en el término de Cebreros, antes de trasponer la sierra de Gredos por el puerto de Arrebatacapas. Visitaremos esta población, ya descrita en su ruta correspondiente del valle del Alberche. Saldremos desde el cruce de la cañada con la carretera en el lado occidental del casco urbano. Pasaremos después por el puente de Valsordo, donde observaremos el curioso documento mesteño grabado en la piedra y descrito en esa misma ruta, para después ascender por la cañada hasta el bonito puente de la Yedra, sobre el arroyo del mismo nombre.

Inscripción gótica de grandes dimensiones junto al puente de Valsordo
Transcripción de la inscripción del Puente de Valsordo

Después de un par de kilómetros desparece la pista que hasta este momento nos ha permitido viajar incluso en todoterreno para llegar finalmente hasta el entorno de los Toros de Guisando, tras pasar por el cruce de la carretera N-401 y la Av-511. Podemos visitar el patrimonio descrito en la ruta de este paraje, también incluida en las del valle del Alberche.

Toros de Guisando

Vamos después por debajo del Cerro Guisando y el de La Pinosa, para a continuación pasar junto a la urbanización de Navahonda y el pueblo de Navahondilla que cuenta con algunos rincones pintorescos.

Dejamos a la derecha el Colegio Arzobispal y subimos hasta coronar el valle del arroyo de los Morales, con el embalse del mismo nombre que cuenta con un bosque circundante de gran belleza que ya describimos en la primera ruta del valle del Tiétar. Comenzamos así nuestro recorrido de la vía pecuaria por el valle del Tiétar, justo en su nacimiento de la Venta del Cojo, viejo parador donde precisamente se daba servicio a los pastores trashumantes que por aquí discurrían y a otros viajeros.

El Cerro Guisando en el que se percibe el arruinado monasterio jerónimo
Interior del arruinado monasterio de Guisando en El Tiemblo

HISTORIA, GRABADOS Y FOTOS ANTIGUAS DE LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL PRADO

LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL PRADO ( hoy Basílica)

HISTORIA

El Prado con la ermita de la Virgen y la ermita de San Joaquín y Santa Ana.jpg

Aunque la jerarquía eclesiástica ha decidido conceder la categoría de basílica a nuestra ermita, en el alma popular talaverana el antiquísimo y emblemático templo sigue identificándose con el más entrañable nombre de “la Ermita” o “la Virgen”.

Primero debemos situarla: a las afueras de la ciudad, rodeada de prados y alamedas hasta que el crecimiento urbanístisco la envolvió. Se localiza muy cerca del río Tajo y del arroyo Papacochinos, próxima a una vía de comunicación principal como es la calzada romana que unía Toletum con Emérita Augusta, en un entorno natural fresco, por donde discurría una antigua cañada ganadera y cerca del lugar donde se realizaban las transacciones de ganado en el tradicional mercado talaverano. El sitio reúne todos los ingredientes del “locus amoenus”, ese tipo de parajes con cierto aura de magia y placidez natural, fértiles y agradables, donde se solían situar las apariciones de la Virgen a los pastores durante la Edad Media.

Vista parcial con la ermita en la HISTORIA DE TALAVERA 1768, Manuscrito 82 BIBLIOTECA CLM

Seguir leyendo HISTORIA, GRABADOS Y FOTOS ANTIGUAS DE LA ERMITA DE LA VIRGEN DEL PRADO

MUSEO DE LOS HORRORES: DE CÓMO JUGARSE LA VIDA PARA VISITAR UN DOLMEN

Dolmen de Azután

MUSEO DE LOS HORRORES:

DE CÓMO JUGARSE LA VIDA PARA VISITAR UN DOLMEN

Hoy traemos al Museo de los Horrores la indolencia, la ignorancia y la desidia de nuestros políticos para con el patrimonio de esta tierra y cómo no se aprovechan en absoluto los recursos arqueológicos, históricos o etnográficos para el desarrollo turístico de nuestros abandonados pueblos.

Un ejemplo muy gráfico y sangrante  es el dolmen de Azután, un importante monumento megalítico con gran interés arqueológico que además se encuentra rodeado de otros elementos etnográficos y arqueológicos que podrían aumentar el atractivo para los turistas que quieran visitar la cercana Ciudad de Vascos después de conocer Puente del Arzobispo y su cerámica.

El monumento fue excavado hace décadas pero a ninguno de nuestros padres de la patria se les ha ocurrido poner no ya un panel que explique sus características e importancia sino que ni siquiera hay un rótulo que indique en la carretera dónde  se encuentra el dolmen en cuestión entre Puente y La Estrella

Tampoco hay aparcamiento alguno, por lo que aquellos intrépidos visitantes que quieran conocerlo tendrán que aparcar a unos centenares de metros y deambular por la carretera en curva y sus cunetas a riesgo de ser atropellados o irse a su casa con un esguince de recuerdo.

Y no pide uno que en Castilla-La Mancha tengan con el patrimonio el cuidado que tienen en Castilla y León o en Extremadura, comunidades gobernadas por diferentes partidos, pero que nos dan cien vueltas, lo que sí podemos es exigir que no sólo se gasten los dineros culturales en grandes eventos como los centenarios del Quijote o el Greco, cuya calidad no discuto, pues como dicen por aquí «con buen bolo bien se jode» . Pero estos grandes eventos de mucho parné interesan sobre todo a nuestros nunca bien ponderados gobernantes porque generan muchas más fotos, canapés y cócteles electoralistas donde lucirse y quedan, sin embargo, abandonados casi todos los elementos culturales rurales, que no por modestos son menos importantes y también deben ser tenidos en cuenta como patrimonio y merecen gastarse en ellos unos durillos.

En Castilla y León también saben organizar las Edades del Hombre, pero además muchas humildes ermitas o yacimientos arqueológicos están restaurados y consolidados, y tienen además su cartelito donde se ponen horarios y forma de visitar los monumentos.

Horno tejar cercano al dolmen de Azután

Para potenciar este dolmen que hemos tomado como ejemplo hágase un aparcamiento donde detenerse, documéntese al visitante con paneles  explicativos, adecéntese el entorno y restáurense elementos como el cercano tejar, el puente, el molino sobre el arroyo Andilucha y véase la forma de enseñar también el cercano cementerio visigodo.

Y por no hablar del dolmen de La Estrella o de otros elementos patrimoniales que sólo aventureros de fuste como Amudsen o el doctor Livingstone serán capaces de localizar por los caminos y veredas jareños, entre ladridos de fieros canes y guardas enfurecidos.

Dolmen de La Estrella

Pero en esta tierra de nuestros dolores ya saben lo del Dante a las puertas del infierno: «Perded toda esperanza», y es lo que tiene ser gobernados  por hijos de la Logse, sea cual sea su ideología.

LOS MOLINOS DE AGUA POR COMARCAS: LA CAMPANA DE OROPESA I

DESCRIPCIÓN DE LOS MOLINOS DE LA PROVINCIA DE TOLEDO POR COMARCAS.

Aceñas del Conde de Oropesa en El Torrico

Este trabajo ha sido realizado sin ninguna ayuda institucional por lo que no es todo lo exhaustivo que hubiera deseado el autor, aun así se ha dibujado a mano alzada la planta de todos los ejemplares que se han podido localizar y se ha fotografiado el alzado y los detalles que se han considerado de interés, estableciendo con los datos obtenidos en el trabajo de campo y los aportados por las entrevistas a molineros y vecinos, la tipología que a continuación se desarrolla.

Para encontrar el mayor número posible de molinos se han utilizado los planos 1/ 50.000 del Instituto Geográfico Nacional y del Instituto Geográfico del Ejército. Se han examinado también las ediciones antiguas de esas mismas hojas en la cartoteca del I.G.N. completándose los datos con el hallazgo de ejemplares hoy desaparecidos o de los que apenas quedan ruinas. La minuciosidad en señalar los datos es variable de unos planos a otros pero las entrevistas con lugareños, pastores o guardas jurados y el recorrido completo del trayecto de las corrientes más importantes me han llevado a completar el estudio. Los planos de escala 1/2.000 y 1/10.000 de la Diputación Provincial aportaron datos referentes sobre todo a los artificios localizados en el casco urbano de los pueblos toledanos.

La documentación histórica ha facilitado también la labor de búsqueda molinera. A partir de las Relaciones de Felipe II[1], las del Cardenal Lorenzana[2] y el Catastro del Marqués de la Ensenada[3] conseguí rellenar algunas lagunas. Han sido de gran utilidad los diccionarios de los pueblos de la provincia de Toledo de Jiménez de Gregorio[4] y de Moreno Nieto[5] que describen nuestras villas y lugares en el siglo XVIII y mediados del XX respectivamente.

La toponimia también me orientó en algunos casos en los que no había referencia histórica o cartográfica alguna. Para ello hube de inspeccionar y recorrer arroyos llamados «del Molinillo», «del Cubo» o del «Cubillo»; hube de estudiar donde conducían caminos que todavía se denominaban «de Moledores», «de la Presa» o «de la Aceñuela» para poder así localizar restos a veces casi inidentificables de artificios molineros.

Aunque la mayor parte de los croquis y plantas han sido realizados a mano alzada, he querido en todos estos esquemas reflejar la situación de la piedra y su proporción aproximada con las dimensiones del edificio de forma que el lector se haga una idea, aunque no sea matemáticamente exacta, de sus medidas. Para ello debemos tener en cuenta que las piedras de molino miden aproximadamente un metro treinta centímetros.

Algunos de los esquemas sin embargo sí que se han realizado a escala reflejándose la misma en los planos. Muchos  de ellos se midieron con motivo del Inventario Etnológico de la Provincia de Toledo elaborado por la Diputación Provincial con mi colaboración y que afecta a los molinos de la Campana de Oropesa. En otros casos ha sido el interés de un determinado ejemplar como modelo tipológico el que me ha llevado a representarlo a escala.

Aceñas del Conde fotografiadas aguas arriba de las mismas

El abandono, las zarzas, la ruina, la inaccesibilidad, la inundación por embalses o la reutilización del edificio para otros menesteres son obstáculos que han dificultado, cuando no impedido, la ejecución de algunos planos. De todas formas creo que con este trabajo se puede obtener una idea global de la molinería toledana que sirva de apoyo y referencia a los investigadores que quieran estudiar o profundizar en casos y temas concretos.

Las fotografías nos darán una idea de determinados aspectos de la arquitectura popular y el alzado de los molinos. Tienen el inconveniente de que en algunos casos hube de adaptarme a las condiciones de luz del momento en que accedí al molino, que podía coincidir con una inadecuada orientación y climatología y es por ello que algunas no tienen la calidad deseable.

Excusadas algunas de las deficiencias de este trabajo, paso a describir los molinos agrupados por comarcas en función de diversas circunstancias geográficas, históricas, tipológicas y de arquitectura popular.

El Tajo sirve de médula espinal molinera y geográfica a la provincia por lo que iré incluyendo sus molinos en las diferentes comarcas por las que discurre sin que específicamente haga un apartado para los molinos del gran río  salvo en el caso de Toledo capital.

Los esquemas intentan reflejar los muros que en muchas ocasiones se dibujan sólo en su trazado aproximado por la ruina total en que se encuentran que no permite más que vislumbrar su trayecto original sin que a veces sea ni siquiera posible adivinar donde se abrían sus puertas y ventanas.

Dado que los molinos han recibido diferentes nombres a lo largo de la historia he considerado más operativo numerarlos por orden, comenzando desde los que se encuentran en la cabecera de los ríos y arroyos. Considero que salvo pequeños molinos de ribera no documentados históricamente se reflejan en este trabajo un número de ejemplares que se acerca al 95 % de los molinos que han existido en la provincia de Toledo.

Las diferentes piezas que componen el edificio molinero se han señalado con iniciales que nos ayudan a identificarlas en los esquemas de las plantas: SM es la sala del molino donde se desarrollaba la molienda, H es habitación o dormitorio, Co representa la cocinilla, Z es el zaguán y Cu es la cuadra donde muchas veces se dibuja la situación de los pesebres.

Molinos de Puente del Arzobispo

COMARCA NOROESTE

CAMPANA DE OROPESA

Agrupa este primer apartado la Campana de Oropesa con los pueblos de Velada y Calera y Chozas. Comprende la zona oeste de la provincia limitada al norte por el río Tiétar y al sur por el Tajo.

Surcan las llanuras centrales de esta comarca arroyos de escasísima pendiente como el de Alcañizo o el de la Pontezuela, muy arenosos y por tanto poco apropiados para la instalación de molinos hidráulicos debido a las fugas de caudal que conllevarían sus largos canales. Es por esto que tenemos referencias de molinos de viento en Oropesa y Lagartera e incluso quedan restos del edificio en Torralba de Oropesa y en Velada.

En las pequeñas sierrecillas graníticas, como las del sur de Oropesa, o las de Navalcán, Parrillas y Velada, encontramos molinos de agua con escasa entidad que solamente molían en épocas lluviosas, aunque estos molinejos no tenían la suficiente entidad como para moler los cereales que antiguamente producían estas llanuras hoy adehesadas y dedicadas mayoritariamente a la ganadería. Esa capacidad molturadora se consiguió con las grandes paradas molineras que se construyeron a orillas del Tajo y alguna otra sobre el Tiétar.

El señorío de Oropesa fue tal vez la casa nobiliaria más beneficiada por instalaciones molineras de su propiedad. No sólo contaban con dos paradas en «Las Aceñas del Conde» ,sobre el Tajo al sur de su estado, sino que además los Álvarez de Toledo poseían los mayores molinos del Tiétar que más tarde se convertirían en  ALas Máquinas de Monteagudo» (Foto 16), nombre popular de una fábrica de harinas movida por turbina hidráulica[1]. También en el Tajo era dueña esta casa de los molinos de Silos, en el actual término de Calera y Chozas, y de los molinos de Cebolla que tenían una gran potencia molturadora. El escudo de su familia todavía se conserva hoy labrado en piedra en el pasillo de compuertas de las Aceñas del Conde en término de El Torrico (fig. 35).

Molino de Peña en Navalcán sobre el río Tiétar

Tanto los molinillos de arroyo como los de viento proporcionaban escasa potencia de molienda y es por ello que, desde Navalcán, Parrillas, Ventas de San Julián y La Corchuela,  iban a moler sus habitantes al  río Tiétar e incluso a las gargantas de la Sierra de Gredos. Las villas y lugares con una situación más céntrica en la comarca, como Oropesa, Calzada, Lagartera, Herreruela y Torralba, acudían tanto al Tiétar como al Tajo. Sin embargo, los núcleos de población situados al sur de la zona como Valdeverdeja, Torrico y Puente del Arzobispo no sólo contaban con las grandes aceñas y molinos de regolfo sobre el Tajo sino que también molían en más de una docena de pequeños molinos de muy diversa tipología situados en los arroyuelos cercanos.

Ya hemos aludido a los molinos cuya propiedad estaba en manos de la casa de Oropesa, pero también la Iglesia contaba con las grandes aceñas de «rueda mayor»[2], es decir de rueda vertical, que se encuentran situadas junto al casco urbano de Puente del Arzobispo y que financiaban y estaban administradas por el Hospital de Santa Catalina, instituido en esta villa por el fundador del pueblo, el arzobispo Tenorio (fig. 36). La rueda que simboliza a la santa se puede todavía ver sobre el dintel de la puerta de entrada de estas aceñas.

Los molinos del arroyo de Corralejo fueron propiedad del convento de la Purísima Concepción de Oropesa. El poderoso convento de San Clemente de Toledo era dueño de  los molinos de Azután[3]. Ya en el siglo XIV la Orden de Calatrava tenía los molinos de Calatravilla[4]cerca de la ciudad musulmana de Castros.

Cárcavos del molino de Peña en el Tiétar

Esta comarca cuenta con dos importantes molinos en el Tiétar, el molino de Peña en término de Navalcán ( Ti 4 ) tiene un regolfo en el exterior del edificio, al aire libre, y un cárcavo con otras dos cubas de regolfo separadas por un muro y no situadas cada una en su cárcavo como es habitual (Foto17). De estos dos regolfos el más cercano al río recibía desde la canal del otro un aporte suplementario de caudal a través de un saetín abierto en la pared. Por la existencia de orificios en el suelo puede deducirse la existencia de ejes suplementarios que probablemente habrían movido la maquinaria auxiliar. Es uno de los escasos ejemplos de molinos de regolfo no situados en el Tajo o en los ríos manchegos. Su arquitectura popular es granítica y abovedada como en el caso de las grandes paradas del Tajo.

Tanto este artificio como el molino de Montoya situado aguas arriba, en la orilla abulense, aprovechaban sus reculajes para la instalación de sendas barcas que facilitaran el paso de los clientes y viajeros desde las dos orillas.

Aguas abajo y casi en el límite de provincia se encuentra el molino de Monteagudo ( Ti 5 ). Es de dos piedras y de aspecto vetusto con el receptor ya cegado, aunque los cárcavos parecen haber alojado rodeznos. Como los otros ejemplares del mismo río es de arquitectura popular de sillarejo granítico. Junto a este molino se encuentra la fábrica de harinas a la que hemos hecho referencia más arriba, casi destruida en su interior por un incendio, sigue presentando el compacto aspecto de las construcciones protoindustriales del siglo pasado. Está servida por una presa oblicua de grandes dimensiones, que captaba íntegro el caudal del Tiétar para dirigirlo hacia la turbina que movía la maquinaria distribuida en cuatro niveles diferentes, uno en cada piso.

Fábrica de harinas movida por energía hidráulica en término de Oropesa sobre el Tiétar

En la pared ribereña del canal de esta fábrica aparece una curiosa salida lateral que alimentaba probablemente un rodezno complementario de la turbina. También junto al canal, encontramos un muro escalonado y una construcción circular casi metida en el cauce de la que desconocemos su función (Ti6).La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es escanear0026-1024x669.jpg

[1] GARCÍA GIL,O. y  FERNANDEZ ARROYO, A.: Oropesa, Señorío y Condado, pp 23- 56. VIÑAS, C. Y PAZ, R. : Opus cit. Ver AOropesa@.

[2] JIMÉNEZ DE GREGORIO, F.: Opus cit. Historia de la Villafranca….p.80.

[3] JIMENEZ DE GREGORIO, F.: Opus cit, Los pueblos de Toledo… ver A Azután@

[4] JIMENEZ DE GREGORIO, F.: Opus cit, Historia de la Villafranca...p. 80. JIMÉNEZ DE GREGORIO, F. : opus. cit. Los Pueblos de …ver APuente del Arzobispo@

[1] VIÑAS,C. y PAZ, R. : Opus cit.

[2] PORRES DE MATEO,J., RODRIGUEZ, H. y SANCHEZ, R. : Descripciones del Cardenal Lorenzana. Toledo, Diputación Provincial, 1986. En esta encuesta realizada a los párrocos del siglo XVIII, en su cuarta pregunta, aparecen los datos referentes a molinería en el capítulo dedicado a cada uno de los pueblos.

[3] ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE TOLEDO. Sección Catastro de Ensenada, Libros Maestros o Respuestas particulares de cada uno de los pueblos  de la provincia.

[4] MORENO NIETO, L. : La provincia de Toledo. Diputación Provincial de Toledo, Toledo 1960. Esta obra está organizada como un diccionario en el que los pueblos de la provincia aparecen por orden alfabético. En el apartado que se refiere a AIndustria, Comercio y Artesanía@ es donde aparecen los datos sobre molinería de cada localidad.

[5] JIMENEZ DE GREGORIO, F. : Los Pueblos de Toledo hasta finalizar el siglo XVIII. Publicados en tres tomos por orden alfabético en Toledo en los años 1962 (A-M), 1966 (N-S), y 1970 ( S-Y) respectivamente en Biblioteca Toledo.

Molino de arroyo en Valdeverdeja

LOS JUDÍOS EN TALAVERA

LOS JUDÍOS EN TALAVERA

Rótulo del callejón de los Judíos en el barrio de San Esteban

Ya en época musulmana había judíos en Talabira, pero es a partir de la reconquista cristiana de la ciudad cuando empieza a quedar constancia documental de la existencia de una importante aljama o colonia judía en nuestra ciudad. Algunos de ellos, probablemente los más pudientes, tenían sus viviendas intramuros de la villa, en el entorno de la Colegial, donde se encontraba la carnicería judía, y en las inmediaciones de la iglesia de San Pedro, donde muchos de ellos regentaban tiendas y comercios. Otras zonas donde residían muchos judíos era lo que en la Edad Media se conocía como el barrio del Mercado, situado en las cercanías de San Ginés o Santo Domingo.

En el siglo XIX se encontraron algunas tumbas hebreas en la zona del barrio de San Esteban y tal vez por eso se puso el nombre de “callejón de los Xudíos” a uno de sus adarves o callejones sin salida, típicos del urbanismo medieval. Seguir leyendo LOS JUDÍOS EN TALAVERA

ARQUITECTURA POPULAR IX: LA JARA

ARQUITECTURA POPULAR  IX:

LA JARA

Mampara en una era de Espinoso del Rey

Describiremos ahora algunas de las peculiaridades de la arquitectura de la extensa comarca de La Jara, a la que nos parece conveniente dividir en Jara Alta o Serrana y Jara Baja, esta división es bastante clara ya que los condicionantes de materiales, clima y funcionalidad de las construcciones son, aunque con características comunes, bastante específicos de ambas zonas.

Hay un texto fundamental para el conocimiento de la arquitectura popular de esta comarca y es como no podía ser de otra manera de don Fernando Jiménez de Gregorio,  se titula La vivienda en La Jara toledana, y, al estar escrito en los años cincuenta nos aporta datos preciosos en cuanto a la arquitectura popular no perdurable como son los chozos y mamparas hechos de paja y que la emigración y los cambios obvios en el campo español desde esa fecha han hecho desaparecer.

Chozo de falsa cúpula de Navalmoralejo, construido en pizarra y granito

El chozo de pastor solía ser circular y de cúpula redonda, su armazón era de varas de sauce o de álamo y la cubierta de pajas de centeno. La mampara era una construcción más sencilla, de forma rectangular o de medio chozo, que se utilizaba ya sea como protección de los aires a la entrada del chozo de pastor, simplemente como protección más precaria cuando no era necesario construir un chozo o como chívería o chivitil para proteger al ganado recién nacido o al perro.

Falsa cúpula de un chozo por aproximación de las hiladas de piedra

En la Jara Serrana se utilizaban a veces chozos en ángulo, a modo de tienda de campaña, con o sin mampara protectora. El guango es una construcción que se utiliza todavía y es más bien una protección del labrador o del hortelano que consiste en cuatro palos que se utilizan como pilares y sobre los cuales se extiende la hojarasca, la retama o las jaras para formar una sombra que también resguardará en caso de algún chubasco o tormenta, enl a cara del sur o del poniente se puede construir una pared, también vegetal que proteja del sol o del aire, Cuando el guango se limita simplemente a la estructura de la techumbre, sin paredes, se denomina también sombrajo o chungano. Cuando este tipo de construcciones se hacen en los patios y corralones de las viviendas, pegadas a los muros de las casas, se conocen con el nombre de enramadas o enramás, y pueden, con el tiempo, cubrirse con un emparrado e incluso tejarse.

Majada en La Nava de Ricomalillo con sus corrales y cocinilla

El paso siguiente en la evolución de la habitación más primitiva es el chozo de piedra con techumbre de falsa cúpula por aproximación de las hiladas de piedra, similar al descrito para la Sierra de San Vicente pero fabricada más frecuentemente en pizarra, por su abundancia en la zona.

Estas construcciones son comunes a todas las subcomarcas de Talavera y se ha especulado con su probable origen común de ascendencia céltica, lo cierto es que en los yacimientos de Ia Edad del Bronce y de la Edad del Hierro diseminados por nuestras tierras aparecen fondos de cabaña y restos de construcciones con esa misma forma sólo que techados con cubierta vegetal.

Las cocinillas son otro tipo de construcciones elementales de La Jara, podemos encontrarlas en los olivares, los huertos y parcelas de cultivo que se encuentran algo alejados del casco urbano y donde el agricultor debe permanecer períodos de tiempo algo más largos, por lo cual a veces precisa pernoctar. También cumplen la función estas pequeñas edificaciones, de servir de almacén donde se guardan herramientas y aperos que sería molesto y trabajoso trasportar cada vez  que se acudiera a laborar allí. El edificio es sumamente sencillo, una puerta, uno o dos ventanucos en los muros, una chimenea generalmente de campana con uno o dos poyetes a su lado para dormir sobre ellos o para sentarse al amor de la lumbre.

Alacenas en una de las dependencias de los Baños de la Retortilla

En los muros se dejan algunos huecos a modo de hornacinas y de alacenillas para depositar en ellos algún utillaje y alimentos fuera del alcance de los ratones. Las cocinillas tienen otra utilidad muy específica que es servir, alrededor de las eras, casi siempre algo alejadas del casco, de residencia temporal mientras se trilla el cereal de la familia labradora que permanece así más cerca de su preciado tesoro, el grano, y puede no solo trabajar más cómodamente sino custodiar también el fruto de su trabajo.

Las cocinillas como vemos están vinculadas en mayor medida a la Jara Baja, al mundo agrícola, mientras que las llamadas aquí casillas son muy similares pero más unidas al mundo ganadero de las tierras serranas de la Jara Alta. Son estas casillas y labrancillas de una estética muy llamativa por estar fabricadas en pizarra y cuarcita y por estar situadas en parajes mås agrestes, con grandes desniveles que les dan un aspecto peculiar. Como están en lugares muy alejados de los pueblos tienen alguna dependencia más quelas cocinillas, la pequeña cuadra donde guardar el borrico o la mula. La cochinera o zahurda y a veces la majada donde dejar el aprisco, casi siempre de cabras. Algunas de mayor entidad, o en caso de haber varias agrupadas pueden tener un horno para cocer el pan.

Zahurdas construidas en pizarra en término de Alcaudete de La Jara

En toda la Jara serrana pueden verse lo que a primera vista no son más que corralizas circulares, que, aunque a veces se utilicen como tales, no son otra cosa que los restos de lo que fueron las primeras explotaciones de esta comarca tras la repoblación, las posadas de colmenas. No olvidemos que hasta el siglo XVIII hubo osos en estas tierras y era necesario proteger la miel de estos y otros animales. Siguiendo con las construcciones rústicas son de destacar, también dentro del ámbito de las zonas más elevadas, los restos hoy prácticamente despoblados de algunas aldeas con apenas unas decenas de habitantes, formadas por varias casillas agrupadas generalmente en torno a una era. Entre las mejor conservadas, son de destacar las del entorno del río Jévalo, El Portezuelo, Paniagua. El Martinete o El Majuelo, hermosos conjuntos de arquitectura en pizarra que las autoridades culturales deberían preservar de la ruina.

Casilla en los olivares de Belvís

CURIOSIDADES, FIESTAS Y COFRADÍAS DE LA PARROQUIA DE SAN ANDRÉS

CURIOSIDADES, FIESTAS Y COFRADÍAS DE LA PARROQUIA  DE SAN ANDRÉS

Imagen de San Antonio Abad en la parroquia de San Andrés

EL HOSPITAL DE SAN ANTÓN

Todavía se conserva en el templo una imagen de San Antonio Abad. Puede que perteneciera a la antigua ermita del mismo nombre que se hallaba en la colación de esta parroquia y que antes fue capilla del Hospital de San Antón. Aún permanece su nombre en la calleja cercana que se encontraba cerrada antiguamente por este Hospital de los Hermanos Hospitalarios de San Antón. Se instalaron estos frailes en Talavera desde la edad media y atendían a las personas afectadas del conocido como «ignis sacer» o fuego sagrado, Esta enfermedad no es otra cosa que la intoxicación por el cornezuelo del centeno, un hongo que contaminaba los panes que se hacían con grano afectado por él y al que algunos autores han achacado las alucinaciones colectivas de la Edad Media, pues no olvidemos que de este hongo se obtiene el ácido lisérgico, la droga psicodélica por excelencia.

Animales a los pies de San Anyonio Abad, su patrón, en la azulejería de su hospital que se exhibe hoy en el pórtico de la ermita.

San Antón es el patrón de los animales y  por ello en esta iglesia se ha celebrado su fiesta tradicionalmente en Talavera. Ese día se bendecían los animales con gran afluencia de gentes desde antiguo dado el carácter históricamente ganadero de nuestra ciudad. La cerámica que adornaba esta capilla se puede contemplar hoy en la Ermita de la Virgen del Prado, concretamente en los frisos de la entrada principal y a la derecha del altar mayor.

UNA BRUJA

Bajo esta inscripción y escudo de los Carvajales se encontraba la cripta donde hacía sus sortilegios la bruja Catalina

La más famosa bruja que aparece en los expedientes de la Inquisición referentes a Talavera fue Catalina Sánchez. De ella se decía que a medianoche hacía toda una serie de ritos satánicos en torno a la iglesia de San Andrés, junto al panteón de los Carvajales, unos nobles talaveranos protectores de esa iglesia cuyos restos se encontraron en el siglo XIX revueltos y maltratados al abrir la cripta. Llevaba Catalina nueve monedas, número cabalístico, que colocaba en las esquinas del templo, y como hemos podido ver en tantas películas, trazaba un círculo, considerado como puerta del infierno por oposición a la cruz. Se metía en él e invocaba después a los Carvajales en la iglesia de San Andrés

UNA COFRADÍA

Pintura de la capillita de la cofradía de ánimas de El Salvador. La cofradía fue trasladada a San Andrés cuando se cerró la iglesia y la pintura que fue desmontada hoy no conozco su paradero
La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es IMG_5643-1024x821.jpg
Decoración pintada en los muros de la iglesia de San Andrés

En el año 1500 se instituyó en esta iglesia la Cofradía de las Ánimas del Purgatorio bajo el título de Nuestra Señora de la Piedad que, según nos cuenta Francisco de Soto, comenzó su andadura solamente con limosnas, se fue enriqueciendo con muchos censos y heredades que le fueron donados y acabó su historia localizándose en la iglesia de El Salvador, en cuyo muro occidental se podía observar hasta su remodelación, con una  una hornacina y en ella una pintura con el motivo de las ánimas en el purgatorio.

Los varones cofrades no podían sobrepasar el número de cien, mientras estaba permitido a las mujeres ser un número ilimitado. Tenía una curiosa normativa para mantener las buenas relaciones entre sus miembros y así, las reyertas entre ellos estaban penalizadas con doscientos maravedíes y el hermano que no denunciara estas riñas  sería multado con una libra de cera. Los motes estaban castigados con media libra. Se decían misas por los hermanos difuntos y todos iban a los entierros. El primer domingo de mes acudían los miembros de la cofradía a la iglesia de San Andrés con candelas encendidas y el tercer domingo de septiembre se instalaba en la iglesia una tumba cubierta con el paño de la cofradía y delante la cruz con dos hachas.

LA PARROQUIA DE LAS REALES FÁBRICAS

Imagen de San José en la antigua Casa de la Dirección de las Reales Fábricas de Seda, o «patio de San José

La Real Fábrica de Sedas tenía como patrón a San José, la Hermandad heredera de aquel patrocinio, y puede que de la antigua cofradía radicada en San Miguel, se revitalizó en el siglo XVIII y todavía hoy mantiene la costumbre de celebrar «la función» que, aunque sin el esplendor de otros tiempos, es una tradición digna de conservar. Algunas de las capas y casullas, a pesar de estar bastante deterioradas, muestran magníficas labores en seda y proceden probablemente de dicha Real Fábrica.

En el barrio de la Puerta Cuartos hubo durante muchos años la creencia de que en el patio de San José había fantasmas.

Casulla de seda de San Andrés procedente probablemente de las Reales Fábricas
Retablo mayor con la imagen de San Andrés

Página Talavera y su Tierra de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies