LA PUERTA DE TOLEDO EN EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO

LA PUERTA DE TOLEDO

EN EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO

Cara exterior de la Puerta de Toledo, la que daría a La Trinidad. Dibujo de Luis Jiménez de la Llave en el siglo XIX

Seguimos el trazado del segundo recinto amurallado hasta llegar a la Cañada de Alfares y allí, en la desembocadura de la actual calle de San Francisco en la cañada de Alfares, se encontraba, hasta su demolición en 1861, la puerta de Toledo.

Corría el año 1862 y el talaverano Luis Jiménez de la Llave, a la sazón recién nombrado correspondiente de la Real Academia de la Historia , enviaba a esta institución una carta en la que modestamente comunicaba que le era «penoso tener que molestar su elevada atención para dar la noticia de una medida del Ilustre Ayuntamiento de esta villa, por la que se la priva del torreón más bien conservado de su exterior recinto y cuyo arco llamado de Toledo la prestaba entrada por aquella parte». Como vemos la desidia de la administración para con el patrimonio no es algo nuevo, ya que D. Luis, que tanto investigó sobre nuestro patrimonio, había intentado evitar el desaguisado pero, ya consumado el derribo, «con sorpresa de todos empezado y con general disgusto proseguido», envía esta notificación a las autoridades académicas para que al menos conozcan el atentado perpetrado contra uno de los más significados accesos del segundo recinto amurallado, la Puerta de Toledo.

Pero pasemos a la descripción que el mismo Jiménez de la Llave nos hace del monumento: «Su construcción tanto interior como exterior era de machones de ladrillo, fuerte mampostería con algún verdugo y mezcla con canto pelado en los macizos principales». Como vemos  se trata de una construcción con mampostería de granito en la base y aparejo mudéjar de ladrillo en los niveles más elevados, similar a la torre que todavía queda en pie de la Puerta de Zamora.

Cara interior de la Puerta de Toledo, la que daba a la calle de San Francisco. Dibujo de Luis Jiménez de la Llave en el siglo XIX

Nos encontramos ante un torreón almenado de unos diecisiete metros de altura y nueve y medio de ancho. La puerta tiene una luz de tres metros treinta centímetros aproximadamente y está recercada con sillería. Cuenta con una ventana semicircular en la cara posterior, la que daba a la ciudad, y otra en el muro exterior que descubre mediante un artificio del dibujo para que puedan apreciarse los cuatro arcos de ladrillo que separaban cada una de las tres naves interiores. Cuatro verdugadas de ladrillo decoran sus muros y en la base se abre la portada granítica, modificada en época posterior, mostrando sobre ella un escudo que, como dice la leyenda del dibujo, pertenecía al cardenal Tavera y sabemos por Ildefonso Fernández que estaba labrado en piedra blanca.

Otra inscripción se situaba en el lado superior izquierdo de la portada pero la suciedad no permite su lectura a Jiménez de la Llave, aunque adelanta que pudiera ser del siglo XVII. Más tarde Ildefonso Fernández escribe en su historia de Talavera que, tras el derribo, D. Luis guardó las dos piedras, ésta de la que hablamos era de color negro y transcribe su inscripción facilitada por el mismo de la Llave a Fernández:

«Esta obra se reedificó estando en esta villa el señor don Fernando, infante de España, cardenal de la Santa Iglesia de Roma, del título de Santa María del Pórtico, administrador perpetuo del arzobispado de Toledo, y regidor de ella, por su alteza, don Lorenzo de Loaisa y Figueroa, natural de Trujillo. Y obrero mayor de esta villa, Pascual Martínez de Rozas, procurador de ella, natural de Hinestrosa. Talavera año de 1624.»

Puerta de Toledo en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI marcada con una «S»

El arco de la parte interior de la portada parece realizado en ladrillo y, debido a su estrechura, se ven señaladas las marcas producidas por haberse picado el cerco para permitir el paso de los ejes de los carruajes más anchos.

Sobre la época de su construcción no se separa mucho de la Llave cuando dice que «parece que por lo menos debe atribuirse a los que tuvieron la gloria de reconquistar la villa a los moros por última vez, sin perjuicio de que pertenezcan a más remota época los robustos e irregulares trozos sobre que se hallaba elevado y que se distinguían ventajosamente del resto de la obra»

Insinúa por tanto el siglo XII o XIII como el de su edificación y aporta una prueba: «menos significativa pero siempre apreciable, un dinero de vellón de Sancho IV (SANCCI. REX.  rev.  CASTELLE LEGIONIS) hallado en los escombros.»

El dibujo realizado por el ilustre investigador de la historia se encuentra actualmente en la Real Academia, donde fue despachado con un escueto “A la comisión de antigüedades”. Nos aporta el único testimonio gráfico conocido hasta la fecha de esta puerta monumental hoy desaparecida, si exceptuamos una perspectiva muy inconcreta de la misma que se vislumbra en el dibujo de Talavera de Van der Wingaerde del siglo XVI.

LOS MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO EN EL TAJO

LOS MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO EN EL TAJO

Molinos de Puente del Arzobispo

Ya hemos visto cómo los pequeños molinos de esta comarca eran insuficientes para dar servicio de molienda a tan extensa región, pues funcionaban apenas unos meses al año y a veces solamente días como se nos cuenta de los molinos de Corralejo en el mencionado catastro. Pero el Tajo tenía en este tramo una inmejorables condiciones para la construcción de grandes aceñas y molinos de regolfo por lo berroqueño y encajonado de su cauce.

Comenzaremos por los molinos de Puente del Arzobispo que eran los más concurridos y probablemente los más potentes de la zona, incluso de la provincia, y así en el siglo XVIII se dice de ellos que “no hay en el Tajo otros mejores ni más resistentes”[1]. No sería extraño que ya existieran en época musulmana, el Arzobispo Tenorio los hereda de su madre en el siglo XV, los reforma y revitaliza para ayudar a financiar al Hospital de Santa Catalina que albergaría a pobres, enfermos y transeúntes que pasaban por la villa en su peregrinaje hacia Guadalupe cruzando el puente que él mismo hizo construir (Foto21).

Vista de los molinos de Puente del Arzobispo desde aguas abajo de los mismos

En los años inmediatos a su fundación se dice de ellos que son “cuatro aceñas con cinco piedras muy veloces”. Durante el siglo XVIII dos de las ruedas se consideraban muy antiguas y una tercera estaba fechada en 1612. Las piedras tienen nombres que han conservado hasta la actualidad como Espolique, Santa Catalina o Pasapanda.

En 1730 entre las cargas del Hospital está el pago de jornales al maestro molinero y al arriero-maquilador, es decir al hombre que transportaba el grano y ayudaba en la molienda. En el Catastro de Ensenada, entre los artesanos del pueblo se nombra a un molinero al que se le regula de beneficio seis reales, cantidad que podemos considerar  cercana a la media de otros artesanos. El beneficio del molino es mucho mayor ya que aparecen estas piedras como las más rentables de la provincia junto a las de Santa Cruz de la Zarza con nada menos que 1000 fanegas de trigo anuales de utilidad.

Planta de los molinos de Puente del Arzobispo con sus piedras y dependencias

Jiménez de Gregorio en su historia de Puente, nos facilita unos curiosos datos sobre la reparación de la presa de estos molinos. Se adjudica la dirección de la obra a fray Pedro de Santa María, también conocido como fray Pedro de los Molinos, maestro de “obras y riberas” de los jerónimos de Talavera que como veremos estuvieron muy vinculados a la molinería de la Ciudad de la Cerámica donde llegaron a poseer dos grandes paradas. La obra en cuestión se presupuesta en 40.000 reales y se hace mediante “un encadenado de vigas gruesas con los olambres convenientemente reforzados con cuarterones y rollos, levantando siete pies en cuadro, entablado de cajones interpolados y todo reforzado con viejas piedras”.

Estos molinos presentan en la actualidad un aspecto impresionante con su gran edificio de al menos siete cuerpos con cuatro tajamares y hasta once piedras cada una con su nombre propio ( Rayo, Espolique, Vapor, San Juan, Santa Catalina). Tres de ellas se encuentran en un edificio separado del núcleo principal que se sitúa en un nivel más elevado sobre el cauce. Se trata del “molino de invierno” que se utilizaba cuando las crecidas  inundaban el resto de las piedras.

Otras dependencias se destinaban a cernedero, almacén para los costales e incluso a pecera para mantener fresco el pescado capturado en el cañal del molino. Por encima del edificio molinero propiamente dicho se puede todavía observar otra construcción donde se alojaban una herrería y carretería, las cuadras y los alojamientos. Tiene también estructura acabada en tajamar para soportar las crecidas que pudieran alcanzarla.

La presa, fabricada con bloques graníticos, cuenta hoy con unas dimensiones similares a las descritas por fray Pedro de los Molinos cuando la repara en 1730: 125 pies en la cabecera, 290 en la falda, grueso de cabeza a pies 300 pies, 15 a 18 pies en la profundidad y 9 a 10 en la rasante. Como vemos, esta descripción nos aporta una interesante terminología utilizada para denominar las medidas de una presa molinera.

Molinos o aceñas de Calatravilla fotografiados desde la Ciudad de Castros

Río abajo, en las proximidades de la fortaleza y puente de Castros, se pueden todavía observar los restos de una aceña que posiblemente fue la que aparece en los textos históricos como molinos de Calatravilla. Solamente quedan las ruinas del azud, un tajamar macizo para el apoyo del eje de la rueda vertical y otro edificio abovedado para albergar la sala del molino donde se puede percibir el orificio de entrada del eje de la rueda y el suelo que presenta dos niveles para que el más bajo permitiera acoger el juego de engranajes de linterna que cambiaba el movimiento vertical de la rueda en el giro horizontal de las piedras. También se perciben en los muros los huecos donde se alojaban las vigas que sostenían el entarimado que igualaba el nivel de la sala y sobre el que se colocaban las piedras.

Molinos de Calatravilla. Se observa el pontón de acceso en épocas de crecida.

El acceso al edificio se realiza, como en otras aceñas, por un lateral del mismo y a través de un puente de sillarejo en este caso. En los grabados antiguos y en los proyectos de navegación se puede comprobar cómo muchas de estas aceñas se adentraban en el cauce del río para mantener un caudal más continuo que no hiciera necesario subir y bajar continuamente el nivel de la rueda vertical, maniobra para la que estaban preparados estos ingenios. El caso más significativo que podemos observar es el de los molinos de Daicán en Toledo capital con sus tres cuerpos de aceña varados en el río. En estas aceñas de Calatravilla el puente es de cal y canto pero en la mayoría de las aceñas que aparecen en los grabados y en los proyectos de navegación se trata, por su aspecto, de precarias pasaderas de madera.Un largo espigón canaliza el agua a la salida de la rueda para evitar remansos y turbulencias que disminuirían el rendimiento.

[1] PORRES DE MATEO, J., RODRIGUEZ, H. y SANCHEZ,R.: Opus cit. p. 491.

EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO (1)

EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO

Vista parcial del dibujo de Talavera del siglo XVI de Van der Wingaerde en el que se observa el tramo del segundo recinto amurallado que recorremos. Con la flecha roja, la torre del Polvorín con una estructura diferente a la actua y con un puentecito que cruzaba el Papacochinos junto a ella. Con la flecha amarilla la hoy desaparecida Puerta de Toledo. Con flechas verdes otras torres que hoy no existen.

 Aunque el segundo y el tercer recinto amurallados de Talavera son de más moderna ejecución, su erección venía condicionada en mayor medida por el concepto medieval de ciudad que por verdaderas necesidades de seguridad militar, de ahí que los materiales empleados en los lienzos de la muralla fueran de menor calidad y que solamente las puertas se construyeran con algo más de perdurabilidad. Las referencias históricas hablan casi siempre de que estos recintos se levantaron en “tapiería”, es decir en tapial de barro que, al descuidarse en su conservación, es víctima fácil de las inclemencias climatológicas y la erosión del tiempo. La cercanía del arroyo de la Portiña a tan endebles estructuras fue otro factor de ruina que se unió a la expansión de la ciudad y al escaso cuidado con el patrimonio que se ha tenido en Talavera tradicionalmente.

La puerta de Sevilla en una postal de los años setenta

El segundo recinto comenzaba su trazado también tangencialmente al alcázar, justo al final de la calle Carnicerías. Todavía se conserva una de sus puertas, la de Sevilla que, como en el caso de las puertas de Mérida, Toledo o Zamora, su nombre indicaba la ciudad principal en cuya dirección se encaminaban los viajeros que salían desde Talavera por una puerta determinada. A la recíproca, en ciudades como Plasencia o Córdoba existieron puertas llamadas “de Talavera” porque a través de ellas se dirigían los viajeros hacia nuestra ciudad. La puerta de Sevilla es muy sencilla, con un arco de medio punto construido en ladrillo con merlones sobre él y con las armas e inscripción muy deterioradas del cardenal Quiroga, arzobispo de Toledo que la manda edificar en 1579.

La puerta de Sevilla antes en los años 60

La muralla seguía la Ronda del Cañillo y todavía se observan algunos restos de los muros y de pequeñas torres redondas en el lienzo previo a la conocida como Torre del Polvorín, actual oficina de información turística. En su muro oriental se puede observar, formando parte del paramento, la conocida como Cabeza del Moro que da nombre a la calle y que no es otra cosa que la cabeza de un verraco céltico de la cultura vettona cuyo cuerpo forma parte de la estructura de la torre.

Torre del polvorín habitada en una foto antigua donde, en la base a la izquierda, se observa la «cabeza del Moro» que es un verraco vettón. El muro de tapial de la derecha, sobre mampostería granítica pudiera ser parte de la muralla antigua que en muchos tramos era construcción precaria de barro

El recorrido de este segundo recinto subía por la calle de Cabeza del Moro hasta llegar a la Puerta del Sol, donde desembocaba la calle del mismo nombre y cuya denominación no tiene otro origen que el hecho de hallarse orientada hacia el saliente.

Puerta del Río /22), y Puerta de Sevilla (28) y torre del Polvorín (20) con el arroyo Papacochinos sobre el que pasan dos puentes, en un dibujo de la historia de Talavera de la Biblioteca Regional

Seguimos el trazado hasta llegar a la Cañada de Alfares y allí, sobre la desembocadura en la misma de la actual calle de San Francisco, se encontraba, hasta su demolición en 1861, la puerta de Toledo que describiremos en la próxima entrada.

La torre del Polvorín en la actualidad. La flecha señala la base de mampostería de la muralla, aunque muy reconstruido

ARQUITECTURA POPULAR XII, LA CAMPANA DE OROPESA

ARQUITECTURA POPULAR XII

LA CAMPANA DE OROPESA

Arquitectura de adobe y tapial de Alañizo

La tercera subcomarca con características propias en cuanto a arquitectura vernácula es la de la Campana de Oropesa. Casi todos sus núcleos urbanos se encuentran en las proximidades de las afloraciones graníticas que dominan las llanuras del Campo Arañuelo por lo que, en mayor o menor proporción se utiliza el granito como material de construcción. También está muy extendida la utilización del adobe y del tapial, principalmente en los pueblos más alejados de la piedra como Alcañizo, el ladrillo es poco utilizado en esta zona.

Casa de la Hidalga en Calzada de Oropesa

Al ser estas tierras las más occidentales, deja ver su arquitectura la influencia de Extremadura, Calzada de Oropesa es el ejemplo más evidente. Allí podemos observar portadas de piedra, algunas blasonadas, que dan paso a un zaguán de distribución al estilo extremeño, son más frecuentes las grandes chimeneas y se generaliza el enjalbegado exterior de las viviendas. Es de destacar el barrio noroeste con pequeñas casitas de adobes muy modestas. Tuvo también Calzada un pequeño núcleo de clase más acomodada que ha dejado algunos hermosos ejemplares de casonas señoriales como la Casa de la Hidalga o la Casa de los de la Llave, por ejemplo.

Puertas carreteras de granito labrado típicas de Herreruela, Caleruela o Lagartera

En Herreruela encontramos también algunas peculiaridades como son las grandes portadas de puertas carreteras, enmarcadas con jambas y dinteles de piedra labrada de una sola pieza. Llevan un tejadillo protector y en muchos casos dan paso a agradables patios enlosados previos a la vivienda. Otra característica de este pueblo que también veremos en Lagartera es la presencia de balconadas en doblado que se forman al dejar sin cerrar una parte de las trojes y que son conocidas como solanos o solanas, que en muchas ocasiones se encuentran cerradas con cristaleras y servían para que las mujeres se dedicaran cómodamente a sus tradicionales labores de bordado.

Balconada en Lagartera

Otra característica más utilitaria de esta localidad es la presencia al sur de la población de numerosas zahurdas con una casita y un corral donde se criaba fundamentalmente cerdo ibérico, pero lo que quizá sea más distintivo de Herreruela es la presencia en muchas edificaciones populares de tres y hasta cuatro alturas contando con una especie de, semisótano en algunas casas.

La arquitectura de Caleruela es muy similar a la de Herreruela. En Lagartera es mucho más abundante la piedra. El adobe se utiliza casi exclusivamente en doblados y construcciones complementarias. Son típicos de Lagartera los portales de entrada o zaguanes donde exponen las casas los mejores platos de cerámica del ajuar y las labores famosas del lugar. Como en Herreruela, hay grandes portadas y muchas casas donde, en lugar de accederse por el portal, se entra por un patio decorado con flores, cerámica, etc. al más puro estilo sureño. Además de los balcones del tipo que hemos descrito en Herreruela, que dan en Lagartera algunas balconadas que nos sugieren la influencia con esta comarca de culturas serranas a través de la repoblación abulense de la Edad Media. El granito se utiliza en mampostería ripiada, con sillería en vanos y esquinazos, y algunos relieves de motivos religiosos en les dinteles.

Adobe y tapial sobre mampostería granítica en Caleruela

La arquitectura rústica es menos abundante aquí que en las comarcas serranas de La Jara o de la sierra de San Vicente ya que en este caso las poblaciones se encuentran más cercanas concentrando a los habitantes en torno a ellas y con núcleos de población dispersa solo en las grandes dehesas donde se encuentran las casillas de los guardas, peones y tractoristas. En ocasiones estas dehesas tienen auténticos palacios de los propietarios de las mismas, en algunos casos vinculados antiguamente a los Álvarez de Toledo, señores de Oropesa. Muchos de estos caseríos de las dehesas fueron antiguamente casi pequeñas poblaciones con su tejar. su herrería, su lagar, su horno para el pan etc.

Son típicos los patios enlosados con su pozo en la Campana de Oropesa

Esta comarca se encuentra surcada por numerosas cañadas y cordeles de ganados que atraviesan grandes distancias donde no había, entre Gredos y los núcleos de población de la Campana de Oropesa, ninguna posibilidad de refugio para viajeros y trashumantes, por ello. unas construcciones qua aparecieron en relación con las cañadas fueron las ventas. Tenían éstas una zona dc alojamiento para las bestias, horno de pan y alguna fuente cercana. En tomo a ellas se fueron agrupando pequeñas poblaciones como es cl caso de La Corchuela y Ventas de San Julián que como vemos, lleva en el nombre su origen hostelero.

Otras construcciones típicas do la comarca son las casillas de hortelano que aparecen a lo largo de las escasas corrientes de agua que la surcan. Es el caso de la zona de Las Vegas en término de Calzada; suelen ser pequeñas casillas de adobe para almacenar aperos y una cocinilla que sirve de alojamiento.

Llaveras típicas de la Campana de Oropesa, obra en su mayoría de la familia Igual

En esta zona es algo más abundante la rejería ya que hubo cierta tradición de herrería en Caleruela y también en Herreruela, como su propio nombre indica. Quedan algunos ejemplares de rejas exentas no carceleras como hemos visto hasta ahora, con alguna ornamentación discreta sin salirse de la sobriedad castellana. En Caleruela y Alcolea se asentaron algunos herreros de la familia Igual a los que pertenecen los curiosos diseños de llaveras y llamadores que podemos observar en muchas de las puertas de estos pueblos.

En la comarca que estamos describiendo es escasa la arquitectura protoindustrial ya que al no haber grandes corrientes de agua, existen pocos molinos o artilugios hidráulicos, es de destacar sin embargo la existencia de los restos del molino de viento más occidental de la provincia, el de Torralba de Oropesa y un impresionante edificio situado en el Tiétar conocido como “las máquinas de Monteagudo”, y qua no es otra cosa que una antigua fábrica de harinas de finales del pasado siglo movida por una turbina hidráulica.

La propia Oropesa participa de todas estas características generales, pqro conserva menos elementos de arquitectura popular,

Seguiremos con La Campana y las Villas en la próxima entrada.

MOROS FAMOSOS DE TALAVERA

MOROS FAMOSOS DE TALAVERA

Murallas árabes de Talavera lamidas por el Tajo en una foto de Ruiz de Luna

Conocemos hoy a varios personajes curiosos y pintorescos de la Talavera musulmana que fueron famosos en Al-Andalus, desde aguerridos integristas que acabaron sus días víctimas de su fundamentalismo, hasta famosos juristas o un rey de Menorca.

En aquellos tiempos, había fanáticos musulmanes que, predicando la guerra santa, llevaban sus creencias religiosas hasta el extremo. Uno de ellos, que fue famoso en Al-Andalus, era un asceta que vivía en nuestra ciudad y se llamaba Muhammad inb-Zahir. Se trataba de uno de esos místicos cercanos al sufismo que se retiraban del mundo.

En este caso, imbuido de fervor a la vuelta de un viaje a oriente, no quiso ya vivir en su casa familiar de Murcia y se construyó una choza de maleza en una huertecilla donde se alimentaba de lo que cultivaba. Intentaba siempre unirse a cualquiera de las expediciones de yihad o guerra santa que llegaba a sus oídos, por lo que se desplazó a vivir a Talavera para estar más cerca de la frontera con los cristianos. En una de esas expediciones contra los infieles en el año 989 perdió la vida víctima de su entusiasmo religioso.

Otro de estos fanáticos fue Ahmed ben Muawiya apodado Ibn-al Quit o El Gato. Se dedicó a predicar la guerra santa en la frontera, sobre todo entre los bravos bereberes de la comarca de Talavera. Encontró especial apoyo en el comandante de la ciudad de Vascos, conocida entonces como Nafza, desde donde se organizó una expedición de castigo contra Zamora, ya que desde allí partían las fuerzas que atacaban entonces Talavera y la marca media.

Alcazaba y barrios excavados de la Ciudad de Vascos

Al-Quit era de sangre real y descendiente de Hisham I. Tenía aficiones de astrólogo y fue convencido por otro santón llamado Al-Sarrach, famoso porque predicaba de pie sobre un burro, para que animara a las gentes bereberes del valle del Guadiana, y más tarde de nuestra comarca, a la guerra santa para expulsar a los cristianos de Zamora. Consiguió reunir en nuestra tierra a una horda fanática de sesenta mil hombres, valiéndose entre otras artimañas de que era astrólogo aficionado y de que impresionaba a la multitud con juegos de manos, como uno en el que hacía rezumar agua de unas pajillas secas sujetas en su puño.

Aseguraba a sus tropas que en cuanto estuvieran ante las murallas de Zamora, éstas se derrumbarían por sus poderes. Al llegar ante la ciudad del Duero, envió un mensaje insolente al rey Alfonso III que, enfurecido, salió a su encuentro, aunque en un primer momento de la batalla se vio obligado a retirarse tras las murallas. Pero no se sabe por qué el cabecilla de los bereberes de la ciudad de Vascos abandonó al iluminado y pendenciero, Al-Quit, siguiéndole después otras fuerzas en la deserción.

El 10 de Julio de 901 fue derrotado por el rey leonés y su cabeza quedó colgada sobre una de las puertas de Zamora. Allí acabó la historia tragicómica de este hombre que engatusaba a sus ejércitos, reclutados en gran parte en las tierras de Talavera, con su verborrea, sus impolutos vestidos blancos y sus trucos.

Alfonso III

Otro musulmán talaverano llamado Abu Othman Caid Ben Haken Al Karashi fue rey de Menorca con vasallaje a Jaime I, al que parece que entregó la isla traicionando al reyezuelo anterior.

Nacido en Talavera en el año1205, además de justo y buen gobernante, fue hombre muy culto, escritor y poeta, con profundos
conocimientos de derecho y medicina. Había reunido en su corte una importante colección de libros científicos y allí acudían sabios musulmanes y cristianos a las reuniones de intelectuales que organizaba. Pero tenía por otra parte una negra fama de sanguinario, llegando en su cruel intransigencia a infligir penas de tortura y muerte a los que bebían vino o cometían otras faltas similares. También fue famoso en Al Ándalus un cadí o juez de Talavera que, a pesar de su cargo, vivía de lo que cultivaba con sus propias manos.

LA JARA: LABRANZAS, BALNEARIOS, MOLINOS Y OTROS ELEMENTOS

ARQUITECTURA POPULAR XI

LA JARA: LABRANZAS, BALNEARIOS, MOLINOS Y OTROS ELEMENTOS

Arquitectura popular jareña de Aldeanueva de San Bartolomé

Dentro de las construcciones rústicas, solamente nos queda por referimos en La Jara a las construcciones de mayor envergadura, las labranzas. Se sitúan éstas en las zonas de mayor fertilidad del suelo que son las rañas y los valles bajos de los ríos, corno el Jébalo y el Tajo. Su distribución se suele configurar como una serie de construcciones con diversas funciones, como cuadras, viviendas de los peones, el guarda e incluso de “los amos”, pajares y almacenes, que se sitúan todas ellas en torno de un gran patio o corral casi siempre empedrado.

Labranza en Alcaudete con el típico palomar sobre la entrada

Una peculiaridad de las grandes labranzas de La Jara es que muchas de ellas tienen sobre el portalón de acceso un palomar bajo el cual quedan protegidas las puertas y se aprovecha el espacio techado a modo de zaguán. Son ejemplos de este tipo de grandes labranzas las situadas a lo largo del valle del Jébalo en lo que fue la Dehesa de Castellanos.

Dentro de la arquitectura popular que podríamos llamar protoindustrial, encontramos en esta zona, como en la de la sierra de San Vicente, un gran número de molinos de agua en los arroyos de cierta entidad. En casi todos los casos se trata de molinos de cubo, estos cubos son en ocasiones de gran altura para aumentar la potencia del artilugio, y esto, unido a que están casi todos ellos fabricados en piedra, les da un aspecto que les hace ser una de las construcciones más estéticas de nuestra arquitectura rural. Existe otro tipo de molinos con una represa anterior al edificio que tiene la forma aproximada de un arco y que son característicos de La Jara.

Uno de los molinos jareños de Riofrío

Capítulo aparte merecen los balnearios populares donde hasta hace solo unos años, cuando cerraron los baños del Vivaque en BeIvís de la Jara, las gentes de la comarca van a intentar que las aguas medicinales calmen sus dolores.

Otros balnearios populares, aunque hoy en ruinas, son magníficos ejemplos de funcionalidad de la arquitectura popular, es el caso de los baños de La Retortilla, próximos a la vía del tren abandonada, en las cercanías de La Nava de Ricomalillo. No les falta detalle. La cocina de campana para el servicio de huéspedes y personal, los almacenes con espacio para las tinajas del agua y del aceite, un palomar (no olvidemos las propiedades reconstituyentes que se le atribuían al caldo de pichón), dos pisos de alojamiento con habitaciones con vistas al valle del río Uso y la sierra de La Estrella, la cuadra, la cantina, las dependencias para los empleados y el edificio de los baños con la retorta para calentar el agua que da nombre al balneario, el aljibe, y las bañeras dobles e individuales. Este edificio se encuentra en el más absoluto abandono, como casi todo nuestro patrimonio etnográfico, y no sería mala idea, ya que se encuentra junto a la Vía Verde de la Jara, rehabilitarlo incluso como balneario y destinarlo a albergue para turismo rural.

Fuente de la Ferrumbrosa en Aldeanovita, que abasteció a los baños del mismo nombre hoy desparecidos

Otros balnearios populares se encuentran en Aldeanueva de San Bartolomé, los de La Ferrumbrosa, donde, aunque simplemente queda la fuente, el pueblo quiere rehabilitarlos como recurso turístico. Los de La Parrilla, también próximos a La Nava de Ricomalillo y, por último, en Gargantilla, hasta hace poco, acudían las gentes a intentar aliviarse “las reúmas” en sus baños del arroyo del Cañar.

Las viviendas de los núcleos urbanos de La Jara varían en la utilización de los materiales, y así en la Jara Baja es más frecuente el tapial y el adobe, con una mayor o menor combinación con el ladrillo. Es el caso de Alcaudete, Belvís, Las Herencias o La Pueblanueva. En Aldeanueva de Barbarroya y Navalmoralejo, al abundar el granito, encontramos que la mayor parte de las viviendas se fabrican con este material; la pizarra es abundante en el resto de La Jara en combinación con las cuarcitas según las zonas.

Conjunto de labranzas de El Martinete

Las viviendas más humildes, de los pegujaleros, tienen dos o tres dormitorios, cocina, despensa, un portal de acceso engorronado y el doblado, si lo hay, la troje dividida o no en “apartijos” que separaban los productos del campo que allí se almacenaban y los muebles, trastos y aperos en desuso. Una de las habitaciones se destinaba a veces a sala de respeto pero, en las viviendas modestas, la vida se hacía alrededor de la cocina y esa dependencia apenas se utilizaba.

Rincón de Sevilleja de la Jara

En la casa del labrador más pudiente, las dependencias son más numerosas, hay dormitorios, sala, comedor, mas dependencias de almacén y el doblado no solo se destina a troje sino que total o parcialmente se aprovecha para habitaciones. Las cuadras, corrales y enramadas nos indican la mayor actividad económica de estos labradores relativamente acomodados. El exterior de las viviendas estaba generalmente blanqueado, en su totalidad o solo, alrededor de las puertas y ventanas en las viviendas de piedra de la Jara Alta.

Vivienda típica de Navalucillos de ladrillo y mampostería de cuarcita

En las poblaciones más occidentales se hace ver la influencia extremeña en detalles como por ejemplo las grandes chimeneas, o el portal de entrada abovedado de algunas casas; por el contrario, en la zona oriental, por ejemplo en La Pueblanueva o San Bartolomé, se observa la influencia de la arquitectura de Toledo y el valle del Tajo, con el empleo mayoritario de aparejo mudejarista que se hace más evidente todavía en el estado de Valdepusa.

Aruitectura urbana de la Jara Baja con los vanos rematados por arcos de medio punto rebajados

Es característico de algunos pueblos como Navalucillos o Belvís el empleo en las puertas y ventanas del arco de medio punto rebajado en lugar del adintelado simple de las tradicionales viviendas rústicas, aunque parece que es una adquisición tardía por influencia de albañiles portugueses. Estos dos pueblos tienen una arquitectura con peculiaridades específicas en el casco urbano, aunque la arquitectura rural siga las líneas generales del resto de La Jara. En Navalucillos, por ejemplo, se utiliza lacería sencilla de ladrillo en los remates de aleros y ventanas mientras que en Belvís se pinta una franja de color alrededor de puertas y vanos.

HERNANDO DE LOAYSA, OTRO DE LOS AZULEJEROS DE LA CERÁMICA DE TALAVERA EN SU INICIO

Sala del palacio del Infantado en Guadalajara con pinturas renacentistas y cerámica de Hernando de Loaysa

Fue otro de los alfareros que participaron en el ensayo de Gerónimo Montero ordenado por Felipe II en los inicios del impulso real a la artesanía talaverana del barro. Era un ceramista talaverano pero que llegó a residir en Valladolid y a producir allí sus obras debido a la demanda que tuvo su obra por parte de los nobles, los banqueros y la iglesia. Como ya apuntamos en el capítulo anterior, también participó en la azulejería del Palacio del Infantado de Guadalajara.

Al igual que sucede con otros alfareros, estaba relacionado familiarmente con otros del oficio como Antonio Díaz, del que era sobrino, y Juan Fernández de Oropesa, de quien era yerno. También tuvo relación profesional con el famoso Juan Fernández, del que más adelante hablaremos.

Detalle del panel de los apóstoles en el palacio del infantado

Según el investigador Manuel Moratinos García, el talaverano Hernando de Loaysa comienza su relación con Valladolid en 1580 cuando se compromete con doña Francisca Cepeda a cubrir de azulejos una capilla de su propiedad en el monasterio de Santa María del Prado. Se trataba de un diseño que previamente había realizado para el colegio de Santa Cruz con sus características labores de lagartillo y de ventanillas. Ante el aumento de la demanda de la azulejería talaverana, se asienta en Valladolid en 1583. Al menos vive en la ciudad hasta 1592, año en el que fallece su esposa y decide volver a Talavera. Loaysa aparece como uno de los “alcalleres” de Valladolid que se asentaban sobre todo en el barrio de Santa María y también pertenece a la cofradía de Nuestra Señora de la Consolación, formada por sus compañeros alfareros. Tiene dos hijos: Luis de Loaysa, también ceramista, y Mencía.

Azulejos de repetición en un panel de la iglesia de Manzanillo en Valladolid

También según Moratinos, fue el obispo de Palencia, don Álvaro de Mendoza quien encargó varios trabajos a este ceramista al igual que había hecho cuando era arzobispo de Ávila y así recibe varios encargos como los de Nuestra Señora de la Asunción de Tudela de Duero, Santa María de la Overuela, San Pedro de Langayo, Santiago de Fuentes de Duero, San Justo de Manzanillo y San Esteban de Amusquillo de Esgueva, trabajos que se conservan en alguno de los casos, aunque otros azulejos de estilo muy similar se localizan en San Pelayo de Olivares de Duero, Santa María Magdalena de Matapozuelos, San Andrés de Torre de Peñafiel, colegiata de Villagarcía de Campos y el monasterio de Santa María de Valbuena de Duero. Los motivos decorativos de repetición son muy variados y los más frecuentes son los florones bicolores y polícromos, los de punta de diamante, cintas de calabrote, glifos y alizares con motivos vegetales.

También recibió encargos de otros importantes personajes de la época en Valladolid, como el rector del colegio de Santa Cruz, los Pérez Cepeda o el banquero Fabio Nelli.

Fotografía del catálogo monumental de Valladolid con dos paneles figurativos en la colegiata de San Luis en Villagarcía de Campos

Pero también realizó hermosas composiciones figuradas, como la de iglesia de Fuentes de Duero, la del palacio de Fabio Nelli, aunque tal vez sus mejores obras se hallan en el convento de Santa Isabel, en la escalera del claustro y en la capilla de San Francisco, además de otras obras en conventos como el de Santa Cruz y el de la Trinidad, donde pidió ser enterrada su mujer y donde había recibido el encargo de los azulejos del enterramiento del banquero genovés Meliadus Espínola en la sacristía. Trabajó también con azulejeros locales como Juan Lorenzo y su cuñado el solador Francisco de Cuevas.

Azulejos de repetición en la iglesia de Matapozuelos en Valladolid

Tres documentos que sacan a la luz el padre Vaca y Juan Ruiz de Luna nos ofrecen los pocos datos que tenemos sobre este ceramista. El primero de ellos pertenece al archivo de Protocolos de Valladolid. En él Loaysa se califica a sí mismo como “maestro de açer açulejos” y nos dice que es residente en Valladolid en 1586. Por licencia del obispo de Palencia se encarga al maestro hacer en la iglesia de San Pedro de la Vega un frontal con su peana y testeros para el altar mayor que estarán “acabados en toda perfición”. El porte de Valladolid a la iglesia se hará a costa del mayordomo de la iglesia y pide un adelanto a cuenta de 50 reales.

En el segundo documento, del Archivo de Protocolos de Talavera, da poder a su yerno, el también alfarero Juan Fernández de Oropesa para que en su nombre haga los contratos pertinentes con los clientes y se obliga a cumplir con las escrituras que firme en cuanto a la fabricación de “açulejos y baxillas”. Lo hace en general, aunque concreta específicamente un encargo realizado por el Condestable de Castilla.

Azulejos de repetición en el convento de Santa Cruz

El tercer documento está firmado en Guadalajara ante el contador del señor duque, y son precisamente las escrituras del contrato con el duque para hacer los azulejos del palacio. Lo firma de Hernando de Loaysa mancomunado con “Antonio Díaz su tío, maestro de açulejos”,  Por él se obliga a hacer 8.000 azulejos “que son necesarios para la sala de los linajes, para el corredor de la huerta y camarín nuevo, en que entran los alizares que son necesarios para los nichos del comedor”. Continúa especificando algunas características de la obra que se ha de realizar y se compromete a hacerlo conforme a una muestra con algunas figuras “poquinicas”. Entregará los azulejos “acabados y hechos” en Talavera.  En el contrato con el condestable de Castilla Juan Fernández de Oropesa dice que Loaysa es su suegro. Vemos de nuevo esa cierta endogamia que había en el sector alfarero.

La obra más importante era la del salón de linajes y debía ser en el formato de «compartimentos». La Guerra Civil destruyó la mayor parte de la obra pero se conservan algunas fotografías en que se puede vislumbrar la composición con compartimentos en forma de T, con medallones ovalados de fondo jaspeado y rectángulos donde se representan figuras mitológicas. La separación entre los compartimentos se hace con el eslabón de cadeneta, habitual en muchas de sus obras.

Los zócalos del palacio del Infantado están datados en 1595, pero hoy se encuentran dispersos o desaparecidos en gran parte. Son una magnífica obra de este autor con sus medallones en amarillo sobre fondo azul con brillos y relieves en blanco. Para el gran especialista Pleguezuelo, siguen modelos realizados en Génova y Venecia de la serie llamada «berettina»

Panel del palacio del Infantado de Guadalajara de Hernando de Loaysa

Como en otros contratos se especifica el número de azulejos que se hará en entregas parciales y se establece el precio por cada uno de ellos, en este caso 13 maravedíes. También se puntualizan aspectos del trasporte como que se debe enviar con los azulejos un oficial que cobrará tres reales desde que salga de Talavera hasta que vuelva. Si se rompen azulejos en el camino, corren de parte del Hernando de Loaysa que deberá reponerlos. De su parte corren también las “seras y la paja” para trasportarlos, pero recibe por adelantado doscientos reales a cuenta.

RUTA POR LA CAÑADA A NAVAMORCUENDE

CAÑADA LEONESA ORIENTAL IV

DE ALMENDRAL A NAVAMORCUENDE

Recorrido aproximado 8 kilómetros, 2 horas y media

A la salida de Almendral se sitúa una de las fuentes más bonitas de todo el camino ganadero y, justo enfrente, un antiguo lagar convertido en bar y casa rural.  Reiniciamos el camino y, también en medio del cordel, nos encontramos con la ermita de San Sebastián
que, como muchas otras de la sierra, tiene planta cuadrada y está levantada en sillería granítica. Guarda en su interior una graciosa imagen popular del santo atravesado por las flechas de su martirio.

Continuamos el camino y vamos ascendiendo entre jarales, encinas y rebollares, mientras contemplamos al norte la sierra de Gredos con los pueblecillos colgados de su falda.

Navamorcuende rodeado de prados

Llegamos a Navamorcuende, que es la capital señorial del occidente de la sierra de San Vicente. Se trata de uno de los señoríos más antiguos, pues ya fue otorgado por el rey Alfonso X el Sabio en 1276, cuando lo recibe el caballero Blasco Ximénez por sus señalados servicios al monarca, con facultades de repoblación y vasallaje. Esta familia formaba parte del mismo tronco de caballeros abulenses de la familia Dávila, famosos guerreros en la Edad Media y estirpe de la que derivan varias casas nobiliarias como la de Velada, casa con la que los señores locales mantuvieron largos pleitos cuando se creó el marquesado de Navamorcuende en 1641, pues reclamaban su titularidad. Comprendían sus estados las localidades de Marrupe, Sotillo, Buenaventura, Almendral y Cardiel. El Conde de Cedillo llegó a conocer el rollo jurisdiccional que daba al pueblo categoría de villa.

Cúpula granítica en la entrada de la iglesia parroquial de Navamorcuende

Es obligada una parada para visitar la magnífica iglesia parroquial de Santa María de la Nava, una soberbia construcción de sillería granítica de armónicas proporciones y adornada de contrafuertes y pináculos renacentistas rematados en bolas. En ella cabe destacar también la impresionante torre y la cúpula pétrea del pórtico principal y de la sacristía, dependencia que probablemente pertenece a una construcción anterior como indica su bóveda ojival del siglo XV. El ábside está decorado con dos grandes pilastras dóricas. Otros detalles que realzan el edificio son la ventana del baptisterio, las bolas de granito que rematan las columnas y balaustradas y el escudo de los Dávila en el exterior del ábside. El edificio está rodeado por un pretil de piedra y es obra de Pedro de Tolosa, discípulo de Juan de Herrera que trabajó también en El Escorial. En el interior se guarda una imagen barroca interesante de Cristo “amarrao” a la columna.

Fuente con inscripción de Carlos IV junto a la iglesia de Navamorcuende

El templo da a dos plazas, la mayor tiene una de las mayores tradiciones taurinas de la comarca, y en la otra podemos ver una graciosa fuente del siglo XVIII con una inscripción de Carlos IV. También hay un crucero junto a la iglesia y algún pilón.

Ermita del Cristo en Navamorcuende

La arquitectura popular es también interesante, aunque no quedan muchos edificios tradicionales de mampostería granítica. Sí podemos visitar algunos edificios singulares, como el palacio inacabado de los marqueses, edificio del siglo XVIII hoy arruinado, salvo la zona reutilizada como bar. También podemos acercarnos a la salida del pueblo hasta la ermita del Cristo de los Remedios, un edificio dieciochesco de considerables proporciones para su fin y pintoresco por su espadaña y su portalillo cubierto. Otros edificios de interés son los molinos de arroyo Lugar y otros tres situados ya en el Piélago que dejaremos, junto a otras muchas cosas de interés, como el convento, para un viaje específico a este paraje singular situado en la sierra y sobre el que hemos descrito una de las rutas de la Sierra de san Vicente.

Robledales de Navamorcuende bajo el arco iris

Sus taurinas fiestas se celebran del 7 al 11 de septiembre en honor de Nuestra Señora de la Nava. Antes de reiniciar nuestro camino trashumante podemos recuperarnos en uno de los restaurantes del pueblo en los que destacan los asados.

Un viejo azulejo nos indica todavía el nombre de una calle dedicada a maese Leví, un judío de la numerosa aljama de Navamorcuende que tenía a finales del siglo XV una reconocida fama de “galeno sangrante”. Ejerció también en Talavera y parece que su fama llegó incluso a la corte, donde reclamaron sus servicios, aunque también fue procesado por la muerte del hijo del alguacil de Sotillo, con el que parece se pasó de sangrías. Hubo en el pueblo otros judíos que fueron procesados por la inquisición, como el pescadero del pueblo que era a su vez cobrador del señor feudal.

FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

Escena taurina en cerámica de Talavera del siglo XVII-XVIII

Jose Facundo de Vanga, Facundín, torero que había lidiado con notable éxito en Talavera en las últimas fiestas de Nuestra Señora del Prado, salió de Madrid en su caballo el miércoles tres de enero de 1748 muy de mañana. Chupeta (1) de tapiz de colores, vaquetilla (2) acanelada, calzones de terciopelo negro, medias y camisola blancas, capa parda, pañuelo blanco al cuello, montera de terciopelo negro forrada de pieles blancas, espada de media talla al cinto y ninguna otra arma porque, aunque tiene suya una escopeta, hace dos meses que la tiene a componer en la villa de Brunete porque se le torció en una caída del caballo. Le acompañan José Rodríguez, alias Faldillas, de profesión carnicero, por ser su pariente, y José Alvarez, empedrador, por venirse a pasear y acompañarle.

El motivo del viaje es entregar a don Francisco, boticario de Cebolla, un caballo de cinco años, pelo negro y con un poco de blanco en la frente que Facundín le había vendido y ajustado en trato por once doblones. Ya de paso, querían acercarse desde aquel pueblo a Talavera para llevar unos encargos que de la villa le habían hecho, concretamente una zalea (3) de pellejo con lana que le tenía encargada desde hacía tiempo don José Arellano, un sombrero de Salamanca para el mesonero Pedro Pérez y una caja de turrón de Madrid con que pretendía obsequiar a sus amigos de Talavera.

Aquel día comieron nuestros viajeros en la villa de El Álamo y durmieron en la de Casarrubios, en la posada que estaba en la plaza, frente a la botica. Al día siguiente, almorzaron de camino en la villa de Portillo en casa de El Torero, compañero de oficio de Facundín, que en el pueblo tenía una tienda de ultramarinos. De allí pasa a Santa Olalla donde pretenden visitar a otro colega de nombre Alfonso Pérez, más conocido como El Cortador de Maqueda (4), pero en esos momentos se encuentra preso en la cárcel de Toledo y no precisamente por temas taurinos. En su casa comen en compañía del cebollano don Blas de Mora con quien se dirigen después en amena conversación hasta Cebolla.

Entregado y cobrado el caballo que traían para don Francisco, pasan la noche en la posada de El Perdigón, situada en la plaza mayor del pueblo. A las tres de la tarde del día siguiente entraban nuestros protagonistas en una de las más concurridas posadas de Talavera, situada en las inmediaciones del Prado y regentada por Pedro Pérez y su mujer Juliana. En ella paraban habitualmente cuando venían a Talavera.

Toro representado en cerámica de Talavera

No sería más de media tarde, cuando el torero, durante un tranquilo paseo por la villa, conversaba con el zapatero Juan Vizente cerca de la plaza del Comercio (5). Allí, de repente, los cuadrilleros de la Santa Hermandad se le echan encima, le rodean y detienen, siendo conducido de inmediato a la cárcel de Roque Amador. Sus compañeros corren la misma suerte al ser presos mientras jugaban a las cañas en el mesón despreocupados. La Santa Hermandad había esperado pacientemente durante más de dos meses para apresarles. Todo indicaba que nuestros personajes coincidían en sus señas con tres salteadores que en el camino de Guadalupe habían robado a unos vecinos de Valdeverdeja. Juan Bravo, Tomas Vazquez y Manuel Igual iban de camino hacia Alía y Castilblanco a primera hora de la mañana del día nueve de diciembre de 1747. Querían vender madera y castañas y comprar trigo pero, al pasar por el sitio que llaman los Guadarranques, como a una legua del Puerto de San Vicente, salieron a ellos tres hombres embozados, dos a caballo y otro a pie. Uno de ellos de bastante estatura, zerrado de barva, con una montera a lo valenciano, capo de paño obscuro, quasi negro, con una espada o cuchillo largo al cinto y montando un caballo negro. Otro era mediado de talla, con capotillo oscuro y caballo bermejo que tenía una estrella y raia blanca toda la frente abajo hasta el hocico. El de a pie, un hombrecillo pequeño con capa parda, vestido de paño y zapatos blancos con hebillas.

-¡Deténganse! -les gritó el más alto.

Los dos de a caballo les amenazaban con las escopetas en la mano. Sin desmontar dieron orden a su compinche para que les atase, lo que efectuó rápidamente sacando de la faltriquera tres cordeles.

Una vez amarrados registran minuciosamente a las víctimas, quitándoles trescientos reales que llevaban para emplear en el trigo, además de una manta, una cincha, dos tarros con pimientos y dos costales de jerga de Don Benito(6), uno rayado de negro y otro con el nombre de Manuel Igual. Denunciado el hecho a la Santa Hermandad, empiezan de inmediato las pesquisas.

En el puente delos Guadarranques se producían numerosos asaltos a viajeros a Guadalupe

Las primeras pistas las encuentran los comisarios en la Villafrancade la Puente del Arzobispo. Los vecinos han visto pasar a unos transeúntes muy parecidos a los que describen los asaltados, cabalgando en derechura a la villa de Talavera. Ya en ella, se confirma que se han hospedado en el mesón que esta junto al Prado. No cabe duda acerca de su identidad: son Facundín el torero y sus amigos.

Aunque los encausados niegan los hechos con empecinamiento, las averiguaciones confirman lo sucedido, llegando incluso más lejos, pues de los informes que envía la Santa Hermandad al Tribunal de la Villa y Corte de Madrid, solicitando información sobre los antecedentes de los encartados, se deduce que nuestros bandoleros toreros han realizado reiterados salteamientos en el contorno de la capital, concretamente en el término de Brunete, donde los testimonios y descripciones tomados por la Justicia encajan a la perfección con la banda de Facundín.

Este nuevo giro de la situación hace que el tribunal de la capital reclame a los reos y la causa, pues tenemos que tener en cuenta que el primer delito conocido se comete dentro del ámbito jurisdiccional de aquel tribunal que se extendía cinco leguas en el contorno dc la capital. La Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, aunque es la que resuelve el caso, se inhibe. Facundín, Faldillas y el Empedrador son conducidos en cuerda de presos desde Talavera a Madrid.

  • Prenda de vestir con mangas ajustadas que cubría el cuerpo, tenía una faldilla pequeña

dividida en cuatro partes de arriba abajo. -»

(2) Cuero o piel de buey o vaca curtido.

(3) Piel dc oveja o carnero curtida con su lana. Se emplea bien como alfombra, forro de

zapatillas o para confeccionar prendas de abrigo.

(4) Persona que se dedica a cortar vestidos o calzado.

(5) Actualmente Plaza del Reloj.

(6) Tela de lana gruesa y tosca cuyo tejido forma rayas diagonales.

ALMENDRAL DE LA CAÑADA «LEONESA ORIENTAL»

CAÑADA LEONESA ORIENTAL III

Una estampa repetida desde hace siglos, las ovejas por la Cañada Leonesa Oriental a su paso por Almendra

ALMENDRAL DE LA CAÑADA

Recorrido aproximado 10 kilómetros, dos horas y media

Salimos de Fresnedilla y, tal como indica el plano, en una curva de la carretera que une esta localidad con El Real de San Vicente sale la cañada en dirección oeste hacia Almendral, entrando así en la provincia de Toledo.

Discurre la vía pecuaria amplia y respetada en toda su anchura, como en los orígenes de estos caminos ganaderos que algunos remontan hasta tiempos prehistóricos, cuando los vettones y pueblos ganaderos aún más antiguos se movían con sus ganados para aprovechar los pastos de las zonas cálidas en invierno y las frescas y serranas en verano. Vamos entre encinares y cercados, con la Sierra de San Vicente al sur y el farallón de Gredos al norte, hasta que, recorridos aproximadamente seis kilómetros, parte un camino hacia la izquierda que va hasta los Baños de la Pólvora, un balneario popular donde se podían tomar baños fríos y calientes de aguas medicinales con propiedades que, según sus usuarios, son beneficiosas para las enfermedades reumáticas. Disponía de alojamiento y servicio de comidas en un ambiente aislado y rústico.

Baños de la Pólvora balneario popular cercano a la cañada

Poco antes del caserío se levantan en medio del cordel las ruinas de la ermita del Cristo de la Sangre.

Ermita del Cristo en Plena cañada leonesa oriental

El pueblo se llamó Almendral de Arriba hasta 1916, en que su apellido pasó a ser “de la Cañada”, precisamente la que vamos conociendo. El cordel de ganados ha marcado incluso la toponimia de los pueblos de su recorrido.

Fuente en plena cañada a su paso por Almendral

Aunque existen los restos de los que pudiera haber sido un dolmen en el lugar conocido como “Los Majanos” junto al arroyo de las Fuentes, la primera referencia al lugar es de 1337, año en el que parece haber restos de una torre musulmana en su entorno, lo que explicaría el nombre de “Almenar”(atalaya o torre de observación) fuera con más probabilidad el nombre original, que habría derivado en Almendral. Cosas de la toponimia que podemos creer o no. No conocemos su primitiva localización aunque sí se encuentran restos de población medieval por todo el término, como en el paraje de “Las Artesas”, llamado así por la existencia de sepulcros medievales labrados en la piedra y que en la imaginación popular simulan las artesas, esos recipientes rectangulares en los que se hace la matanza o se guarda el pan.

Fue lugar del señorío de Navamorcuende, por lo que debía pagar al feudal una gallina por el solar donde asentaban sus viviendas.

Torre de la vieja iglesia del Salvador. hoy cementerio, tras la cruz blanca la cripta en la que se retiraba Ana de Almendral

No debemos dejar de visitar el cementerio, que en realidad es de la primitiva iglesia de El Salvador, arruinada ya. Sus antiguos muros guardan el pintoresco camposanto, con una de las viejas capillas convertida en un panteón familiar. En el muro oriental se puede ver una a modo de alacena de decoración gótica que serviría probablemente de sagrario. Al oeste se sitúa los restos de la torre y de la cripta donde, según sus escritos, tuvo sus primeras experiencias místicas la beatificada Ana de San Bartolomé, la que fuera secretaria de confianza de Santa Teresa, y la que con ella compartió proceso inquisitorial. Nació en 1549 y en sus memorias han quedado algunas anécdotas de su infancia en Almendral, como cuando la vaca “Cereza” la salvó de morir por la mordedura de un perro rabioso llevándola al pueblo sobre su lomo, o cómo los bueyes se amansaban para trillar con facilidad y no alterar las oraciones de Ana. Acabó sus días en una de las fundaciones carmelitas de Bélgica. Ha sido recientemente beatificad y se le ha erigido un monumento en Almendral junto a una fuente abovedada.

Monumento a la secretaria de Santa teresa, Beata Ana de San Bartolomé

Otros lugares con halo de magia se encuentran en el término, como La Mora Encantada, un lugar cerca de los molinos de Tejea, donde dicen que a los pastores que pasaban por allí se les metían serpientes por la boca.

En el pueblo encontraremos también algunos rincones pintorescos con arquitectura tradicional en mampostería granítica, y veremos también la actual iglesia y las agujas de piedra del antiguo cerramiento de la plaza para las corridas de toros.

Ermita de San Sebastián junto a la Cañada con otra de sus fuentes.

En el término, lo que más llama la atención en es el gran robledal que puebla toda la cara norte del cerro de Cruces, aunque también valen la pena los paseos por el entorno de la garganta Torinas, donde quedan restos de algún molino de agua. En una relación de 1951 se habla de la riqueza natural de nuestro pueblo y se dice que había raposos, tejones erizos, hurones, gatos monteses y alguna nutria.

Página Talavera y su Tierra de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes

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