TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (3) XVI-XVIII AUGE Y DECADENCIA

TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (3)

SIGLOS XVI-XVIII AUGE Y DECADENCIA

Dibujo de Enrique Reaño sobre foto antigua del patio del palacio de la plaza de El Salvador

En tiempos de los Reyes Católicos y del Emperador Carlos es cuando nuestra ciudad alcanza una de sus épocas de mayor pujanza, su Edad de Oro, junto a la época de la Talavera musulmana y a la actual.

Durante el reinado de los Reyes Católicos y la época Imperial Talavera vivió uno de sus periodos de mayor pujanza. No dejan de construirse palacios y es muy numerosa la nobleza asentada en la villa. La sociedad talaverana de la época contaba con un diez por ciento de hidalgos y una nobleza con “las haciendas de las más crecidas del reino”. Según el novelista talaverano coetáneo Gonzalo de Céspedes y Meneses en su novela “Varia Fortuna del Soldado Píndaro”, donde también dice que la nobleza talaverana “es mucha y lucidísima y de las más calificadas casas de nuestra España”. En otra de sus obras nos describe sus actividades: “siendo nuestro particular entretenimiento caballos, toros, máscaras, sortijas y torneos y otros pasatiempos con que alegrando la gente, nosotros nos hacíamos prácticos y diestros. Otros días gastábamos en la caza, campo y montería, que cualquier género de esta materia es abundante en aquel terreno”. Se admira también el escritor de los nobles locales por “sus ricas libreas, su adorno y aparato”.

Casa Palacio del siglo XVI en la calle del Sol

Barreiros nos dice en 1542 que en Talavera “hay mucha gente noble y rica, eclesiástica como secular, y muchos hidalgos honrados, algunos de los cuales son del linaje de los Meneses”. Además de esta casa nobiliaria eran de destacar por su riqueza y poder los Ayala, los Suárez de Toledo o los Gaytán, junto a muchos otros también muy pudientes, como los Suárez de Carvajal, los Loaysa, los Estrada, los Carvajal, los Salcedo, los Girón etc…

El resto de habitantes de Talavera formaban una sociedad agropecuaria a la que se añadía la artesanía de la cerámica que, aunque tuvo altibajos a lo largo de ese medio siglo y el inicio del siglo XVII, siguió haciendo de su loza la más demandada de España y América, donde se llegó a dar el nombre de “talavera” a toda la cerámica, casi como si fueran sinónimos. Hasta cuarenta y dos alfareros se dedican a su producción en aquellos tiempos, y no les falta el trabajo, pues hacen incluso miles de azulejos para los palacios reales como el de El Escorial.

Caballeros españoles en cerámica del pórtico de la ermita del Prado

Muchos de los palacios nobles que todavía quedan en pie en Talavera son de esa época. Como los dos de la calle del Sol, el de los Girón, la llamada casa del Deán, el edificio blasonado de la calle San Sebastián o el ya desaparecido de los Loaysa en la plaza de Aravaca; o algo más tardíos, ya del siglo XVII, como el de los condes de la Oliva. También son de esta época, segunda mitad del siglo XVI y primeros años del XVII, otros edificios nobles con bellas portadas que se sitúan en torno a la plaza del Pan, como la portada principal del ayuntamiento que da a la plaza Juan de Mariana o la que se abre a la misma plaza con los emblemas arzobispales y que hoy ocupa el ayuntamiento. También se acometen entonces las obras de la ermita que la darán el aspecto actual y son muchas las capillas que los nobles dotan y realzan en iglesias y conventos. Las casas talaveranas mantienen la vieja estructura de la casa-patio que hunde sus raíces en la presencia musulmana en la ciudad, pero en muchas se colocan encastrados sus fachadas los blasones de su boyante nobleza.

En 1518 Talavera intenta recuperar su antiguo obispado, según nos cuenta el historiador Cosme Gómez de Tejada, basándose en que el papa León X concedió una bula en 1514 permitiendo la creación de obispados en Madrid y Talavera. El documento fue remitido al cardenal regente Adriano de Utrech, pero Toledo puso enérgicas dificultades por lo que Talavera hubo de desistir en el empeño. Y como dice Gómez de Tejada “Esto trajo como consecuencia muchísimos disgustos con Toledo, ya que el ayuntamiento de Talavera no iba a Toledo nada más que cuando le convenía, pero cuando quería algo iban al Papa o al Rey”.

Monumento funerario de la madre de García de Loaysa, confesor del emperador Carlos V en el que fue monasterio de Santo Domingo

Nos encontramos en esta segunda mitad del siglo XVI y primeros años del siglo XVII en otro de los periodos de mayor florecimiento de nuestra ciudad. Es como ya hemos dicho el verdadero Siglo de Oro talaverano con personajes de la talla del padre de la historia española, el Padre Juan de Mariana, influyentes prelados y sabios como el confesor de la reina Católica fray Hernando de Talavera o el Doctor Talavera, de la familia de los Maldonado, personajes clave ambos en la aventura americana; el padre de las ciencias agronómicas españolas Gabriel Alonso de Herrera, militares de prestigio como los Duque de Estrada, los Girón o los Verdugo, novelistas como Céspedes de Meneses, además de verdaderos artistas de la cerámica.

Aunque se le niega el derecho atener obispado primero por parte de mérida y ahora por parte de Toledo, desde el punto de vista eclesiástico Talavera llega a ser un arcedianato con más de 110 parroquias, lo que nos habla de la importancia de su ámbito de influencia.

Como casi siempre sucedió en otras épocas históricas, Talavera no se unió a las rebeliones de la cercana ciudad de Toledo y estuvo de parte del bando contrario. El caso más evidente se dio durante el levantamiento de los comuneros, cuando nuestra villa permaneció fiel al Emperador. Sobre ello se conoce la significativa anécdota histórica en la que, cuando desde Toledo llegó una carta para que los talaveranos se unan a la sublevación, un tal Juan García de Cuerva se levantó durante la junta celebrada por los vecinos en la iglesia de San Pedro y dijo: “Señores, buen Rey tenemos y estamos como estamos”, siendo por aclamación  rechazado el apoyo al Toledo sublevado, aunque, curiosamente, uno de los tres famosos cabecillas de la revuelta, Maldonado, era de familia de origen talaverano afincada en Salamanca, descendiente del famoso doctor Talavera, que asesoró a Isabel la Católica sobre la empresa americana entre otras cuestiones. El también talaverano Hernán Duque de Estrada fue embajador del Emperador y a él le encomendó a su madre Juana la Loca durante su retiro forzoso en Tordesillas. Éste y otros personajes originarios de nuestra villa como el obispo García de Loaysa, confesor de Carlos V, tendrán gran influencia en la Corte.

La Talavera pujante del siglo XVI en el dibujo de Van der Wingaerde

En fecha tan temprana como es el siglo XIII se comienzan a desgajar determinadas zonas de las antiguas tierras talaveranas. Sancho IV otorga Mejorada y Marrupe a su Portero Mayor, Alfonso XI en el siglo XIV funda el monasterio de Guadalupe y segrega parte de la dehesa de Ivan Román para dársela al recién fundado cenobio. En 1556 ya adquieren su privilegio de villazgo las lejanas localidades de Castilblanco y Valdecaballeros, en la actual provincia de Badajoz, aunque curiosamente esta última localidad es la única que en la actualidad lleva con orgullo en su escudo la torre y los dos toros del emblema talaverano, como símbolo de la antigua pertenencia a las tierras de Talavera..

El reinado de Felipe II tiene aspectos positivos y negativos para Talavera. Por un lado favorece a la cerámica declarándola junto a la de Sevilla como una especie de “cerámica oficial del reino”, pasa en varias ocasiones por nuestra ciudad y se sorprende en una de ellas con el templo de la Virgen del Prado bautizándola como“la Reina de las Ermitas”, pero, sin embargo, acuciado por las deudas de guerra otorga a los lugares de su demarcación el privilegio de villazgo, comenzando por Espinoso, aunque Talavera consigue retrasar la independencia de sus antiguas aldeas pagando al monarca una cantidad considerable.

El siglo XVII es una época de decadencia, aunque en la primera mitad Talavera disfruta del gran esplendor de su industria más significativa, la cerámica. Así, don Francisco de Quevedo en una de sus jácaras nos llama “hijos del vidriado”, demostrando además en esos mismos escritos conocer muy de cerca los prostíbulos de la ciudad.

El siglo XVIII es para Talavera una época de recuperación económica y demográfica, como para casi todo el territorio nacional, pero ese avance se retrasa en los primeros años porque nuestro territorio debe sufrir el paso de los ejércitos contendientes en la Guerra de Sucesión.

En la iglesia de San Andrés quedan algunas casullas fabricadas en las Reales Fábricas de Seda de Talavera

Sin embargo, durante el reinado de Fernado VI, mediado ya el siglo, se produce un hecho de vital importancia para la historia de la ciudad: la decisión de don José de Carvajal, un verdadero benefactor de Talavera que ni siquiera tiene una calle en ella, de instalar a las órdenes del ingeniero francés Juan Rulière las Reales Fábricas de Seda que llegarán a dar de comer a tres mil familias de Talavera y su comarca. Una instalación fabril que probablemente fuera en aquel tiempo la mayor de la península y que supuso un cambio importante para la economía local. Durante esa época Talavera llega a ser una ciudad cosmopolita donde se mezclan las lenguas de los cientos de operarios franceses, suizos o piamonteses traídos para enseñar sus técnicas artesanas a los obreros locales. También traen sus costumbres y su religión protestante, que chocan con la sobria cultura católica de una villa castellana. El ministro Carvajal, viendo el progreso de la fábrica quiso constituir en Talavera una intendencia, una especie de provincia de la época independiente de la de Toledo, añadiéndole una parte de la de Ávila para encomendársela a don Juan Rulière junto a la dirección de las fábricas, pero él mismo le pidió que lo suspendiese hasta que éstas tomasen más cuerpo. El encarcelamiento de Rulière, debido a una malversación que luego demuestra falsa y fruto de la coalición de varios de sus enemigos, hace que la fábrica entre en una franca decadencia que culminará cuando los franceses, a quienes se había copiado la tecnología, al llegar a Talavera destruyan en gran parte sus instalaciones. Pero esta destrucción es sólo una pequeña muestra de los males causados por la presencia del ejército napoleónico y la Batalla de Talavera, con toda la secuela de hambre, pobreza y despoblación y expolio causados por ellos, ya que el número de vecinos  de la ciudad llega a reducirse a la cuarta parte. Pero sin embargo los franceses perciben también la unidad territorial, la unidad geográfica de Talavera y sus tierras, y deciden estructurar su territorio como la subprefectura de Campo Arañuelo en el marco de la prefectura de Cáceres. De nuevo nos unen a Extremadura, como cuando los hombres del calcolítico venidos de allí construían sus dólmenes o cuando los romanos nos situaron en la Lusitania.

Escudo real de las Fábricas de Seda en el ábside de la ermita

Talavera va saliendo como puede de la grave situación de crisis en que la dejan las tropas napoleónicas y el declive de las fábricas de seda. Sorprendentemente se produce aquí el primer alzamiento carlista de España, cuando se subleva el jefe de correos. La revuelta es sofocada,  la mayor parte de sus protagonistas ejecutados y Talavera no volverá a tener protagonismo en las crónicas guerras carlistas del siglo, aunque su comarca sí sufrirá las partidas y el bandidaje que éstas dejan como secuela.

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2 comentarios sobre “TIERRAS DE TALAVERA, HISTORIA DE UNA IDENTIDAD (3) XVI-XVIII AUGE Y DECADENCIA”

  1. Toledo como diente hecha somos zancadillas, aparte de que aquí tenemos unos ‘regidores’ desde hace años, mejor décadas que los mandaba a las Urdes con perdón de las Urdes

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