RUTA DEL LAZARILLO

RUTA DEL LAZARILLO

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En esta ruta vamos a recorrer los pueblos en los que el autor de El Lazarillo de Tormes sitúa la acción de su obra inmortal. Por una parte recorreremos las tres localidades por el viejo camino que habría recorrido el protagonista cuando se dirigía hacia Toledo, que no coincide con la carretera actual que une las tres localidades, pues va más al este. Haremos una descripción del patrimonio de Almorox, Escalona y Maqueda y un breve resumen de la acción de la novela que trascurre en cada uno de los pueblos, aunque es más recomendable releer los tratados 1 y 2 del libro. Por otra parte, ya en Maqueda describiremos también una pequeña excursión hasta  el castillo de San Silvestre.

Detalle de la portada de la iglesia de Almorox
Detalle de la portada de la iglesia de Almorox

Viniendo de Salamanca, el Lazarillo pasa con su amo por Almorox camino de Toledo. Este pueblo cuenta con un magnífico pinar que desde antiguo perteneció al estado de Escalona y los vecinos cuidaban de él por ser de donde obtenían todos los pueblos del señorío las vigas para sus viviendas y construcciones. Es un pinar cuidado con ejemplares de pino autóctono de gran envergadura, aunque se han construido algunas urbanizaciones que deterioran el entorno.

Almorox es palabra árabe que quiere decir “el prado”, aunque puede que estuviera ya poblado en época romana como demuestra para algunos el viejo puente de Barguillas. La villa de Almorox cuenta con uno de los mejores rollos de la provincia, que simboliza el momento en que se independiza de la cabeza del ducado de Escalona en 1566, fecha que aparece inscrita en este rollo, que cuenta además con una grada de cinco escalones, una columna toscana rematada con cuatro leones orientados a los cuatro puntos cardinales y un templete formado por cuatro columnillas jónicas que sostienen el remate con pináculos. Se encuentra en la plaza del ayuntamiento, edificio que es construcción de  finales del siglo XVIII.

La iglesia parroquial merece una detenida visita, pues cuenta con algunos elementos de interés, como la preciosa portada sur, que es renacentista con decoración de grutescos, roleos y putis, flanqueada por dos columnas rematadas con pináculos y una gran concha en la parte superior. En su interior hay retablos y pinturas de interés, alguna de Pedro Berruguete, y un púlpito gótico labrado muy bello con escudo, además de otro púlpito de hierro forjado. También podemos señalar la particularidad de la presencia de un antiguo pozo en el interior del templo, así como un órgano del siglo XVIII.  El edificio tiene elementos góticos y renacentistas y es de sillería granítica de grandes proporciones con contrafuertes y con la torre decorada por balaustradas en el remate y los huecos del campanario.

La ermita de la Virgen de la Piedad cuenta con la imagen de su advocación y la del Cristo del mismo nombre. Se encuentra en la parte más elevada del pueblo y desde ella se pueden contemplar unas hermosas vistas de la zona. Es construcción barroca del siglo XVII en aparejo toledano y está rematada con espadaña. En su interior destacaremos el retablo y la decoración pintada de la cúpula con nubes y angelotes.

Ya hemos comentado que hasta Almorox llegaba desde Madrid una vía ferroviaria que dejó de dar servicio en 1965 y que debería, según el proyecto inicial, haber llegado hasta Talavera.

LAZARILLO EN ALMOROX

 En Almorox les regalan a Lazarillo y su amo un racimo de uvas y el ciego quiere tener con el muchacho la “liberalidad” de compartirlo con él. Quedan en comer solamente una uva cada vez para repartirlas equitativamente, pero al acabar, el ciego pregunta a Lazarillo porqué ha comido las uvas de tres en tres. El chaval se sorprende de que lo haya adivinado, porque en efecto así ha sido, y su patrón le contesta que lo ha sabido porque él las había comido de dos en dos y Lazarillo no había protestado, lo que demostraba que el muchacho estaba comiendo más que él.

Panel de azulejos en la plaza de Escalona que representa la venganza de Lazarillo con el ciego
Panel de azulejos en la plaza de Escalona que representa la venganza de Lazarillo con el ciego

Vamos a seguir el camino que siguió el Lazarillo con el ciego, y por ello nos acercaremos a la capital del señorío, a la gran villa de Escalona, donde hay un refrán que dice: Tres cosas tiene Escalona/ dignas de ver y admirar/ el castillo de don Álvaro,/ la iglesia y el hospital.

Pues empecemos por el primero.

Probablemente estas elevaciones escarpadas sobre el Alberche han sido habitadas desde la prehistoria, aunque solamente se han hallado restos arqueológicos de la Edad del Cobre en el cercano paraje de Sambabilé, y de época visigoda en el ámbito de la propia fortaleza. Además, aseguran los viejos cronicones que la villa fue fundada por hebreos, basándose en la similitud del nombre de Escalona con la ciudad de Ascalon en Palestina, pues así se denominaba nuestra villa en tiempos de la reconquista. Los romanos dejaron un monumento o “aedícula” con un relieve que representa a dos personajes en el paraje de Piedraescrita, ya en término de Cenicientos. Otros autores han querido identificar a Escalona con la desconocida ciudad hispanomusulmana de Saktán.

El castillo y la villa pertenecieron al rey desde su reconquista en 1085 para, desde 1283 hasta 1349, pasar a ser señorío de la familia de los Manuel, cuyo miembro más ilustre fue el conocido escritor don Juan Manuel. De esta época son las torres albarranas y parte de la muralla que las une. Estas altas torres con su elevado arco son similares a las de Talavera y Montalbán, las tres fortificaciones más características que presentan estos elementos defensivos.

Es en tiempo de don Álvaro de Luna, durante el siglo XV, cuando se acometen las obras de un soberbio palacio en el interior de la fortaleza, pero es arrasado por un incendio producido por un rayo en cuya extinción participan mil hombres. Fue reconstruido nuevamente con elementos y yeserías gótico-mudéjares de gran belleza que decoraban puertas y capillas, y con bellos artesonados, algunos de alerce y marfil con incrustaciones de oro. En sus salas celebró la nobleza con la presencia del rey Juan II, fiestas y bailes con todo el lujo de la corte de los años del Condestable, el hombre más poderoso de su tiempo hasta ser decapitado por orden del mismo rey que lo encumbró. En su patio de armas, de gran extensión, hubo juegos y torneos realizados con todo esplendor y su claustro era también grandioso, aunque apenas nos queden de él algunos capiteles reutilizados distribuidos en lugares de la villa, como los que podemos ver formando parte de las columnas de los soportales del ayuntamiento. La parte palaciega propiamente dicha, y en parte restaurada no muy adecuadamente en los años setenta, estaba compuesta por la torre del homenaje, de estructura cuadrada y otra torre cilíndrica en cuyo interior se alojaba la capilla de Santiago, ya que don Álvaro era maestre de esta orden militar. Es una obra de arte cuya cúpula está decorada con salmos escritos y falsas nervaduras. El acceso se hacía entre dos grandes parras labradas en piedra que confluían en el centro, donde también se había esculpido un escudo. El castillo tenía un aljibe que en cierta ocasión, al ser desescombrado, descubrió en su interior dos cadáveres vestidos con su armadura. La nueva familia que se alojó en el castillo, los marqueses de Villena, parecen haber dejado únicamente reformas de tipo militar. En la Guerra de la Independencia el castillo es destruido en parte por los franceses que al mando del mariscal Soult utilizan sus vigas y artesonados para restaurar el puente, destruido por los españoles en vísperas de la Batalla de Talavera.

También conserva la villa algunos tramos de la muralla que la circundaba y que contaba con dos portillos y cuatro puertas, de las que destacaremos por su monumentalidad y por mantenerse aún en pie la de San Miguel, al norte del casco, junto a la iglesia parroquial, y otra reconstruida en la zona oeste llamada de San Vicente, ambas de arco apuntado. La plaza mayor tuvo que ser realmente hermosa debido a sus soportales y a algunos edificios significativos, aunque hoy se encuentra muy modificada y no se mantienen antiguos elementos como la iglesia de San Martín, la cárcel o algunas viviendas pintorescas. Solamente permanece la Casa del Concejo, construcción reformada en el siglo XVIII con elementos reutilizados del castillo.

Otro antiguo edificio fundado también por los marqueses de Villena y del que quedan restos que van a ser restaurados es el hospital de San Andrés. Del antiguo puente sobre el Alberche, aguas abajo del actual, solamente se mantienen visibles los cimientos de sus tajamares.

La alamedas que se han repoblado en las riberas del Alberche merecen un paseo contemplando las majestuosas vistas de las ruinas del castillo de Escalona, escenario de tanta historia y cultura, y vinculado a personajes como Santa Teresa que dicen que en él se inspiró para escribir su obra “Castillo de las Siete Moradas, ya que pernoctó aquí camino de Ávila a Toledo; Doña Juana Pimentel, llamada la Triste Condesa después de la ejecución de su marido don Álvaro de Luna, que resistió sola en el castillo el asedio de Juan II hasta que huyó al de Arenas, donde acabó sus días. O María de Padilla, la mujer del comunero, rechazada por su tío y señor de Escalona cuando huyendo del Emperador vestida de campesina quiso refugiarse aquí.

En cuanto a los edificios religiosos, hubo en Escalona cuatro iglesias de las que solamente queda en pie la de San Miguel, antigua colegiata que en principio tuvo estructura gótica y ha sido recientemente restaurada. Cuenta con tres naves paralelas y conserva la capilla del Rosario y el retablo mayor, barroco de calidad que en su centro muestra una pintura de la Inmaculada Concepción de la escuela madrileña del siglo XVIII. También debemos destacar una imagen gótica de gran tamaño labrada en alabastro y que representa a la Virgen con el Niño sosteniendo un pajarillo.

El convento de las concepcionistas se encuentra extramuros, frente a la puerta de San Miguel. Fueron cuatro beatas las que fundaron el cenobio pero más tarde fue dotado en el siglo XVI por los marqueses de Villena, para que en él pudieran profesar sus dos hijas. Está edificado en varios estilos, desde el gótico isabelino hasta el neoclásico, con elementos de tradición mudéjar en la arquería superior del claustro. La iglesia es de una sola nave y destaca su portada plateresca, sus bóvedas y algunas imágenes de interés, como un Cristo gótico o la Inmaculada Concepción situada en un retablo con unas curiosas pinturas sobre la simbología mariana, además de otra imagen gótica de alabastro y dos losas sepulcrales del siglo XVI bellamente labradas y que puede que pertenecieran a las dos hijas monjas de los marqueses de Villena que profesaron en el cenobio. También franciscano era otro convento en el camino de Nombela del que apenas quedan algunos restos de sus muros y el gran pino de su huerta.

EL LAZARILLO SE DESHACE DEL CIEGO

 En la plaza mayor de Escalona, en alguna de las columnas de sus pórticos, es donde el autor de El Lazarillo sitúa el conocido pasaje en el que, en venganza por las muchas vejaciones del ciego, el muchacho hace que el viejo salte sobre un supuesto arroyo que ha crecido por la lluvia, y el ciego se da de cabeza contra la pétrea columna, huyendo el muchacho hacia Maqueda. El motivo por el que el ciego había golpeado a su pupilo es el de haber descubierto que el pícaro le había cambiado una jugosa salchicha por un escuálido nabo, por lo que no sólo lo maltrata sino que se burla de él delante de las gentes de Escalona cuando están curando sus heridas con vino, lo que humilla a Lázaro y hace que tome tan brutal venganza con su amo. La escena está representada en azulejo talaverano en el templete de música de la plaza.

Iglesia parroquial de Maqueda
Iglesia parroquial de Maqueda

Seguimos el camino que hizo el Lazarillo hacia Toledo y llegamos a Maqueda. Villa antigua que nos recibe con el rollo jurisdiccional que lo atestigua. La importancia estratégica del lugar en el camino de Extremadura y el que unía Toledo con Ávila y Salamanca hicieron que en la zona hubiera población ya en tiempos prerromanos y que se construyera en la Edad Media el castillo que domina con su mole sobre el caserío.

Se trata de una fortaleza de planta cuadrada con torres circulares en sus cuatro esquinas y en la mitad tres de los lienzos de su muralla, pues en el cuarto se sitúa la portada con detalles isabelinos de decoración, sobre el que campa el escudo de los Cárdenas y una cruz de Santiago. La mayor parte de la obra fue levantada en el siglo XV y su potencia defensiva se completaba con la muralla que circundaba a la localidad y de la que quedan pocos restos salvo la estructura que precede a la puerta de la iglesia.

Esta iglesia parroquial no fue la única del pueblo, pues se mantienen todavía los restos de Santo Domingo, otro templo del que solamente nos queda la espadaña.

EL LAZARILLO Y EL CLÉRIGO

 En este pueblo se desarrolla todo el tratado segundo del Lazarillo de Tormes, que escapó del trueno y dio en el relámpago, según el mismo dice, pues fue a ponerse al servicio de un clérigo que era aún más ruin que el ciego. Con él suceden algunos episodios más en el que siempre está presente el fino humor de esta obra magistral. Cuando le daba una humilde cebolla le decía que no hacía “sino golosinar”, y cuando le ofrecía una cabeza de carnero de la que solamente quedaban los huesos, le reprochaba al infeliz muchacho que tenía mejor vida que el Papa. Consigue Lázaro una llave para abrir el arca donde guardaba el cura los panes o bodigos y los roe diciendo que es un ratón quien se los come. Lázaro llega a devorar de pura hambre hasta las cortezas de queso que el clérigo pone en la ratonera. Pero un vecino dice que más bien debe ser una culebra, y cuando el pobre chaval duerme con la llave escondida en la boca provoca un silbido al respirar que le hace creer al amo que el ruido proviene de la culebra que le roba su pan, y descarga un fuerte garrotazo sobre el desgraciado Lazarillo que, después de recuperarse, es despedido emprendiendo nuevamente viaje a Toledo.

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