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La Fundación Mítica de Talavera

Fundación Mítica de Talavera

Las viejas historias manuscritas de Talavera que se pueden consultar en el Archivo Municipal nos ofrecen pintorescas versiones sobre la fundación de nuestra ciudad.

Estela romana descrita por el padre Fita en la que aparece el nombre de Caesaróbriga por primera vez

La mayor parte de ellas se basan en los viejos cronicones o en autores religiosos que, con un gran esfuerzo de imaginación pero sin ninguna base científica, aseguran conocer hasta el año exacto en el que los primeros pobladores llegaron a estas riberas del Tajo.

Según la mayoría de ellos, después del diluvio universal, los hombres decidieron en su soberbia hacer una altísima torre, de la que dicen conocer con precisión hasta su altura de 5131 pasos. Se trata de la Torre de Babel, donde Dios, castigando su osadía, hizo que se confundieran las lenguas. Concretamente, aseguran que aparecieron setenta y dos nuevos idiomas hablados cada uno por un grupo de hombres

Escultura romana de bronce que representa a Hércules y se halló en la zona de la cuesta de San Clemente, hoy usurpada a Talavera por el Museo de Santa Cruz de Toledo.(foto de Arrabal)

Hércules, uno de los supuestos fundadores de Talavera, atacando a la hidra en una vasija de cerámica del siglo XVII que, al mando de un capitán, marcharon por el mundo a poblarlo. Uno de los hijos de Noé fue Jafet, que a su vez tuvo también un hijo llamado Túbal, el cual decidió ir a poblar la costa fenicia, para desde allí venir después a España. Era hombre de gran afición a fundar pueblos y comenzó a repartirlos por toda la península. Después, de Túbal nació Íbero, que dio nombre a la península, así como a su hijo Brigo le dio por fortificar ciudades junto a los ríos. Una de ellas fue la que luego los romanos llamarían Caesarobriga en honor a César, aunque todavía conservaría en el nombre la huella céltica del nombre de su fundador Brigo. Esta ciudad no es otra que nuestra Talavera. Según estos iluminados escritores Túbal fundó también otras ciudades como Segorbe, Logroño, Montemayor y Oviedo, que por tanto serían nuestras hermanas de padre.

El talaverano Juan de Mariana, aunque lleva la fama de ser el primer historiador científico español, también se dejaba llevar de estas elucubraciones fantásticas, como era habitual en la época, y así, deja caer que en realidad quienes fundaron

Talavera fueron los griegos de Cádiz, que aunque como grupo humano tienen nombre de chirigota, vinieron según él desde la Tacita de Plata hasta las orillas de la Portiña para dar nacimiento a nuestro pueblo.

El párroco de la iglesia de Santa Justa de Toledo, que escribe en la Edad Media una historia de las ermitas de España entre las que se cuenta la nuestra de la Virgen del Prado, también asegura en latín que “fuit gaetanorum”, es decir que fueron los gaditanos, nuestros auténtico abuelos, y tal vez nos venga de allí nuestra socarronería y carácter un tanto sureño.

Vasija de formas orientalizantes hallada en la tumba principesca de finales de la Edad del Bronce de El Carpio en Belvís de la Jara
Vasija de formas orientalizantes hallada en la tumba principesca de finales de la Edad del Bronce de El Carpio en Belvís de la Jara

En esos latines se basaron luego aquellos viejos historiadores para decir que el apellido de la noble familia talaverana de los “gaytanes” procedía de aquellos primigenios gaditanos que vinieron a sentar sus reales por aquí. Incluso, algunos son tan temerarios que se atreven a asegurar que Jasón, Hércules y otros griegos mitológicos, antes de ir a la batalla de Troya se pasearon por España, y, al llegar desde Cádiz a nuestro solar, decidieron que era buen sitio para hacer una ciudad, siguiendo después con sus aventuras épicas por esos mundos de Zeus. Instalados ya en su delirio, llegan estos alucinados historiadores a decir que Talavera se fundó exactamente en el año 1918 antes de Cristo, y no dan la hora y el minuto por no pecar de vanidosos. Y como en toda fantasía hay algo de verdad, les diré que los pueblos llamados orientalizantes, que fundan las primeras ciudades fortificadas, allá por la Edad del Bronce, subieron hasta aquí desde lo que luego sería el mítico reino de Tartessos, situado entre Cádiz y Huelva, dejando varias muestras de su estancia entre nosotros, como la estela de un guerrero hallada en Las Herencias, algunos objetos de bronce encontrados en el arroyo Manzanas y que hoy se guardan en el Museo Metropolitano de Nueva York, o algunos objetos y vasijas depositados en una tumba principesca en las riberas del Jébalo. O sea, que en definitiva algo de fenicios y gaditanos sí que tenemos y no iban tan descaminados los viejos e imaginativos historiadores.

Estela de guerrero de las culturas orientalizantes de la Edad del Bronce hallada en Las Heencias

EL PRIMER PROYECTO DE NAVEGACIÓN DEL TAJO A SU PASO POR TALAVERA

 

Detalle del plano del proyecto de navegación del Tajo de Carduchi del siglo XVII
Detalle del plano del proyecto de navegación del Tajo de Carduchi del siglo XVII

EL PRIMER PROYECTO DE NAVEGACIÓN DEL TAJO

En el siglo XVI hay un hecho que debemos reseñar en primer lugar en la historia de nuestro río,

Y es el primer plan de navegación del mismo. Se debe al ingeniero Juan Bautista Antonelli, italiano para unos y rumano para otros, la propuesta y elaboración del primer proyecto de navegación del Tajo. Había trabajado anteriormente para Felipe II en diversas obras de fortificación y pensando tanto en el provecho que podría suponer para la corona la comunicación fluvial entre Madrid y Lisboa -las dos principales capitales de su imperio por la unión de los dos reinos por herencia- como en el interés estratégico de la navegación para el transporte de tropas ante los previsibles levantamientos de los portugueses, el rey Prudente apoyó con entusiasmo este primer intento de hacer navegable el río con mayor longitud de la península ibérica.

La empresa se desarrolló durante los años 1581 a 1588 y no ha quedado documentación alguna de los planos y proyectos propiamente dichos, aunque sí sabemos que su financiación siempre se vio aquejada de cierta precariedad económica. En el repartimiento destinado a obtener fondos entre las ciudades ribereñas correspondió a Talavera la cantidad de 170.000 maravedíes mientras que Toledo debía pagar 1.300.000. Los gastos para hacer navegable el tramo comprendido entre Talavera la Vieja y Toledo supusieron un total de 433.000 reales y se llevaron a cabo entre los años 1586 y 1588.

Entre las obras acometidas se sabe que se pagaron por rotura y acondicionamiento de las presas de Cabañuelas y El Tejar, cerca de Talavera, 1.156 y 13.305 reales respectivamente. Conocemos también que en Talavera se realizaron embarques por lo que es posible deducir la existencia de algún muelle aunque fuera sencillo en su construcción. Una estructura de obra hoy cubierta por el terraplén de la orilla, aguas abajo del puente viejo, pudo haber correspondido a ese embarcadero pero también pudo haber sido parte de los edificios de los molinos que se situaban aprovechando el primer ojo del puente.

Detalle del plano del proyecto de navegación del Tajo del siglo XVII de Carduchi
Detalle del plano del proyecto de navegación del Tajo del siglo XVII de Carduchi

En carta a Felipe II describía así Antonelli su paso por nuestra comarca:

            Seguí mi camino y, pasado dos leguas encima de la dicha Puente ( del Arzobispo), hallé mejor tabla de río, y mejores orillas y mejor navegación hasta Talavera y Toledo; tanto que si no fuera los sotos que embarazaban la girga con estas crecientes que cubrían las presas, era tan buena la navegación como la del Po; y por la benignidad del cielo y fertilidad de la tierra, paréceme que se puede hacer otra Lombardía, aderezándose la navegación para de invierno y verano, como se puede con cuya comodidad y despacho, convidará a plantar viñas, olivares y frutales, y se llevarán aquí, a Madrid, y a una parte y a otra, harto barato, y será de mucho provecho y comodidad, Talavera y todos los pueblos comarcanos a Tajo…

           

Azután con su desparecida torre musulmana y los molinos

Condiciones y Obstáculos para la navegabilidad

Para que una corriente sea navegable en primer lugar es preciso que tenga una anchura suficiente de cauce, cuestión que en el Tajo no suele ser problemática.

La segunda condición es que la dirección de la corriente no sufra cambios bruscos de velocidad como los producidos por los remolinos que aparecen en los planes de navegación como “regolfos” y  “ollas”, aunque esta última palabra tiene más bien un sentido de poza o zona de aguas profundas. Estos obstáculos podían salvarse mediante canales realizados de piedra o de empalizadas y señalados en algunos mapas como “carreras” Uno de ellos es señalado en las inmediaciones de los molinos de Ciscarros frente a Aldeanueva de Barbarroya como “Carrera del Rey” en un proyecto posterior.

Los islotes deben también tenerse en cuenta por las maniobras bruscas que pueden obligar a realizar a las embarcaciones. Además deben reflejarse los afluentes que en sus desembocaduras llegan causar dificultades para los navíos debido a los remolinos, los cambios repentinos de dirección de la corriente y los bancos de arena que suelen originar.

En los planes de navegación se señalan los obstáculos como las chorreras de éste

En tercer lugar debía haber una profundidad o calado suficiente que variaba con el plan de navegación por el tipo de embarcación a utilizar en su época pero, en general, se consideraba necesario que no fuera menor de medio metro. Los obstáculos aparecen en los planos como bajos de arena, cascajares o riberas bajas e islas de cantos rodados o grava. También se detallan los fondos rocosos y los peñascos que emerjan de las aguas o se encuentren a baja profundidad.

Las presas son obstáculos que deben salvarse mediante la rotura de las mismas o con la construcción de esclusas y compuertas. Este segundo sistema mantendría el nivel de las aguas para así reducir los perjuicios de molineros y otros usuarios ribereños mientras que, al mismo tiempo, elevaría los niveles de la corriente aguas arriba facilitando la navegación.

Otra condición necesaria para la navegación es que la velocidad no exceda de determinados límites. Es lo que se señala en los planos como “rápidos”, que si se acompañan de fondos pedregosos y superficiales aparecen como “chorreras” o cuando la velocidad es muy elevada como “chorreras furiosas”. Entre la desembocadura del Jébalo y el Puente del Conde, bajo el embalse de Valdecañas, aparecen numerosas zonas de rápidos y chorreras furiosas que se intentaron eludir por Carducci como luego veremos con la excavación de un canal.

Puerta del Río y Molinos del primer ojo del puente

Para el estudio de todas estas condiciones de navegabilidad era necesario que en los planos se vieran reflejados las distancias, la anchura del cauce, los fondos verificados mediante sondeos, los márgenes, las chorreras, las pendientes y los afluentes.

La navegación contra corriente plantea el problema de la tracción necesaria, sobre todo en tramos de corriente rápida y en el paso de presas y esclusas. Los primeros caminos de sirga se abrieron en época de Antonelli y en las obras realizadas con motivo de los planes de navegación del siglo XIX para que por ellos, mediante tracción humana o animal, se “halara” a los barcos río arriba. Estos caminos eran muy costosos debido a lo escarpado de las orillas de nuestro río y a causa de esto se añadían a veces a su pavimento pequeñas lanchas de piedra o pizarra clavadas transversalmente para que sirvieran de punto de apoyo a los hombre o animales que tiraban de la embarcación. En otras ocasiones se colocaban anillas que facilitaran el efecto de polea del sistema de tracción  utilizado.

El Tajo está en todo su segundo tramo muy despoblado en sus orillas. No tiene pueblos ribereños, ni posadas ni refugios que sirvan para realizar paradas de reparación o avituallamiento y por ello en algunos proyectos se contemplaba la edificación de ventas y mesones. También debían construirse embarcaderos que dieran servicio a las comarcas ribereñas además de acondicionarse los caminos de acceso a las orillas que casi siempre se encontraban en mal estado para la circulación de carretas debido, sobre todo, a las grandes pendientes de las riberas del Tajo.

Los molinosde Abajo en Talavera y otros muchos con sus presas fueron obstáculo para la navegación

A todos estos obstáculos se unía la resistencia de los dueños de presas y artificios a las expropiaciones y roturas,  más teniendo en cuenta que en muchas ocasiones la propiedad de molinos o batanes estaba en mano de poderosas e influyentes instituciones religiosas o de señoríos laicos.

En la época de Felipe II descendieron desde Toledo y sobre todo desde Alcántara algunas barcazas con tropas, pertrechos de guerra y productos necesarios para el mantenimiento de esas fuerzas como eran principalmente las cargas de trigo. También bajaron algunas embarcaciones con hasta ciento diez forzados a galeras.

Múltiples fueron los problemas y deficiencias estructurales y presupuestarias que impidieron el que, al menos en el tramo bajo de su recorrido, se mantuviera como una realidad rentable la navegación del Tajo. Entre otros habría que citar la falta de marineros con experiencia en una navegación fluvial, no exenta por otra parte de obstáculos. Sabemos que cuatro de los marineros de una de las expediciones eran originarios del ribereño pueblo de Serradilla y conocemos un naufragio en Garrovillas, un choque contra el puente de Talavera y algunos embarrancamientos como ejemplos de los frecuentes accidentes acaecidos. A esto se añadía la ausencia de pueblos y caseríos en las escarpadas y muchas veces mal comunicadas orillas del río, dificultándose así la reparación y el servicio de las embarcaciones y de sus viajeros y tripulantes. Otras vías alternativas de comunicación ofrecían más rapidez y seguridad, sobre todo durante el pasado siglo. El contrabando era un fenómeno crónico en la zona que competía en desigual superioridad con tan dificultosa navegación. Los intereses de propietarios y molineros que restauraban las presas en cuanto disminuía el tráfico se unía a la precariedad financiera crónica de todos los proyectos y a hechos bélicos contemporáneos con las iniciativas de navegación fluvial como fue, por ejemplo, la financiación de la Armada Invencible en tiempos del proyecto de Antonelli.

En otros capítulos me referiré a otros planes de navegación posteriores.

ARQUITECTURA POPULAR PUEBLO A PUEBLO, CARRASCALEJO

Chozo de pizarra en Carrascalejo. Se ven las lanchas de la falsa cúpula de pizarra pero ya ha perdido la capa de compresión de tierra que las cubría, o tal vez no se le acabó de echar.

El caserío cuenta sin embargo con bastantes construcciones y algunos rincones que nos pueden dar una idea de lo pintoresco que debió ser el aspecto de estas poblaciones jareñas cuando todavía conservaban su bonita arquitectura popular en pizarra y algo de granito.

Muro de pizarra con adobes en la parte superior

En el siglo XVI tenemos una descripción de las casas de Carrascalejo en las Relaciones de Felipe II: “Es lugar no cercado de setenta vecinos y la mayor parte de las casas son pajizas, las demás de tierra y paja sin alto ninguno. Provéense de la teja de lugares comarcanos”.

Humilde casilla en Carrascalejo de la Jara

Llama la atención que en este pueblo no se habla de casas retamizas, sino pajizas  y diferencia entre las viviendas pajizas, probablemente simples chozos de paja y las casas que tienen “tierra y paja”, aunque sin alto, sólo de un piso, aunque hay otras que sí están tejadas.

A veces no se rematan en esquina los edificios sino que se redondean los esquinazos por el pequeño tamaño de las piezas de pizarra que lo hacen necesario

Una característica peculiar de Carrascalejo es la abundancia de chozos de pizarra que hay repartidos por el término y a los que dedicaremos una entrada monográfica, aquí solo decir que son de planta redonda en su mayoría y menos frecuentemente cuadrada o rectangular. Solo tienen alguna alacena interior en sus muros y en escasas ocasiones cuentan con chimenea, que puede ser simplemente una pieza de pizarra que se desplaza algo desde el interior para que salga el humo. La cubierta es como en tantos de los chozos de nuestra comarca, de falsa cúpula por aproximación de hiladas y a veces una capa de compresión de tierra sobre ella, una técnica que nos encontramos desde la prehistoria.

También hay algunos ejemplares de la típica casa jareña

Estamos en una zona pizarrosa y es este material el más empleado para la construcción a veces con pequeñas lanchas que hacen difícil hacer esquinazos trabados por lo que en vez de esquinas se redondean los edificios. El adobe y el tapial son, como en otros lugares de La Jara, los materiales más frecuentemente empleados en el segundo piso o las trojes de las viviendas o en construcciones auxiliares de pajares, corrales, tapias etc…

Herraje de una puerta en Carrascalejo

También hay algunos ejemplares de la típica casa jareña con huecos rematados en arco rebajado y recercado pintado sobre el revocado de cal y arena de los muros.

Chimenea y alacena en el interior de un chozo

Un periodista del siglo pasado Rafael Monje , en una crónica del Semanario Pintoresco de 1847, cuenta todos los prolegómenos y ceremonias de una boda en Carrascalejo. Describe desde el cortejo junto al ventanuco con reja de palo que todavía podemos observar en algunas casas, hasta la petición de mano del mozo ofreciendo al padre de la novia “un corpulento cigarro envuelto en papel escrito”. La navaja de dos reales y “ la liga con mote y cordón de seda” que se intercambian los novios como regalo.

Curiosa ventana en esquinazo con vierteaguas de pizarra en Carrascalejo

El nuevo hogar es adecentado blanqueándolo, dorando el suelo con “boñiga de buey desleída en agua limpia y revocando sus paredes con barro. Es curioso el humilde ajuar y mobiliario de los recién casados: una tarima de palos de roble, una jerga de paja de centeno, un colchón con media arroba de lana, sábanas de estopa, una “serra” de corcho para la sal y el pimentón, un mortero de palo, una mesa de corazón de encina, cuatro sillas, un candil y una vajilla compuesta de tres cántaros de barro encarnado y docena y media de platos de Puente del Arzobispo.

Estas sencillas rejas son frecuentes en La Jara

ACABAMOS EL CAMINO DE LOS IBORES A GUADALUPE CONOCIENDO NAVALVILLAR

Arquitectura popular cerca de Navalvillar

Dejamos Castañar y tenemos dos opciones para continuar camino de Guadalupe. O bien seguimos por la carretera hacia Navalvillar, o descendemos nuevamente hacia el río y continuamos el camino paralelo al Ibor siguiéndolo en dirección sur. Si tomamos esta segunda opción llegamos a cruzarnos con la garganta Salóbriga que aguas arriba, bajo el viaducto de la carretera, cuenta un paraje muy bonito con dos viejos molinos en umbrías muy amenas. Seguir leyendo ACABAMOS EL CAMINO DE LOS IBORES A GUADALUPE CONOCIENDO NAVALVILLAR

ARQUITECTURA POPULAR PUEBLO A PUEBLO, CARDIEL DE LOS MONTES

Arquitectura popular de Cardiel con muros de mampostería y tapial y bardal vegetal protegiendo el vallado.

Este pueblo tiene en su localización geográfica dos vertientes, por un lado se encuentra muy cerca del río Alberche,  y por tanto el material más cercano y accesible es el barro de su vega.

Muro de tapial sobre zócalo de mampostería con bardal de teja

Por otra parte esta pequeña localidad se halla en el ámbito de la  Sierra de San Vicente y por tanto bajo su influencia, aunque las afloraciones graníticas se encuentran relativamente lejos por lo que es menos utilizado este material, aunque si hay muros de mampostería granítica de pequeño tamaño. Seguir leyendo ARQUITECTURA POPULAR PUEBLO A PUEBLO, CARDIEL DE LOS MONTES

CONOCEMOS CASTAÑAR Y SALIMOS PARA NAVALVILLAR CAMINO DE GUADALUPE

Frescos con pinturas del siglo XVI que decoran un púlpito de la iglesia de Castañar representando a los padres de la Iglesia, en la imagen San Jerónimo

Conocida la historia, vamos ahora a conocer el patrimonio de Castañar de Ibor. La iglesia merece una visita pues conserva un buen retablo y un curioso púlpito decorado con pinturas del siglo XVI.La iglesia es de una sola nave y está revocada y blanqueada en su exterior ocultando así sus muros de mampostería. En el interior un arco gótico mudéjar de influencia guadalupana da acceso a una capilla y otro a la sacristía. Seguir leyendo CONOCEMOS CASTAÑAR Y SALIMOS PARA NAVALVILLAR CAMINO DE GUADALUPE

SEGUIMOS HACIA GUADALUPE DESDE LA AVELLANEDA A CASTAÑAR DE IBOR

Castañar monumental en término de El Castañar de Ibor

Desde La Avellaneda podemos encaminarnos hacia el sur por una pista en buen estado que nos llevará hasta la carretera que va desde Castañar de Ibor a Robledollano. Durante el camino podemos recrearnos con el paisaje del valle medio del Ibor con sus galerías de alisos que en algunos lugares ocultan pozas transparentes donde podemos bañarnos y pescar. En el trayecto encontramos algunos ejemplares de la arquitectura popular de estas sierras así como algunos molinos pintorescos. Los olivares suben por las laderas hasta donde el monte y los canchales se aferran todavía al terreno haciendo el paisaje más agreste. Seguir leyendo SEGUIMOS HACIA GUADALUPE DESDE LA AVELLANEDA A CASTAÑAR DE IBOR

SALIMOS DE BOHONAL PARA EL DESPOBLADO DE LA AVELLANEDA CAMINO DE GUADALUPE

Arquitectura popular en Bohonal de Ibor

Hay un hostal a la entrada de Bohonal y en los bares de la localidad nos pueden dar algo de comer.

La fiesta de verano es San Bartolomé y todavía se conserva una curiosa costumbre el día de la Cruz de Mayo, concretamente el día dos de este mes, por la que los quintos van de noche marcando con cruces las puertas de las casas donde vive alguna moza por la que se sientan inclinados y a la que quieran halagar con este gesto. El segundo sábado de mayo se acude en romería a una ermita levantada a la Virgen de Guadalupe junto a la carretera de Mesas de Ibor.

Cruces en las puertas de las mozas durante la fiesta de las Cruz de Mayo en Bohonal en Bohonal

Entre los productos autóctonos debemos destacar el aceite de oliva que se comercializa en su almazara.
Desde Bohonal vamos a adentrarnos en Los Ibores siguiendo la ruta que está señalizada por ARJABOR a poco más de un kilómetro del pueblo y que es el antiguo camino entre Navalmoral de la Mata y Castañar de Ibor.

Nuestro camino discurre por el arruinado caserío de La Avellaneda

Discurre por parajes solitarios en trayecto paralelo al arroyo de Valdeazores hasta ascender a la Raña de Las Mesillas, donde confluye con la actual carretera.Nosotros no vamos continuar por ella sino que un poco más adelante dejaremos el asfalto y tomaremos un camino que desciende a la derecha hasta La Avellaneda.

La iglesia de La Avellaneda

Éste es un antiguo lugar, casi despoblado donde sobreviven fantasmales las ruinas de la mayor parte de las casas y alguna que otra mantenida a duras penas por sus dueños. Se trata del más antiguo asentamiento de la dehesa de Castrejón de Ibor que el rey Fernando III el Santo donó a la villa de Talavera, hoy de la Reina, para su repoblación. Perteneció a su concejo y por tanto al señorío de los arzobispos toledanos hasta el siglo XIX. En 1835, con la división provincial estas antiguas tierras de Talavera pasaron a pertenecer a Cáceres junto con parte de La Jara que actualmente se encuentra en la comunidad extremeña.

El cristo de La Avellaneda, hoy en la iglesia de Castañar de Ibor

La Avellaneda tiene una iglesia muy deteriorada construida en el siglo XV que conserva su espadaña pero a la que le han sido desmontados los contrafuertes. Dicen que en la despoblación del lugar tuvo que ver una plaga de termitas y que sus habitantes pasaron a vivir a Castañar, desde donde se celebra todos los años una concurrida romería hasta este lugar encantador situado en el valle del río Ibor por donde continuaremos nuestro periplo hacia Guadalupe.

El embalse de Valdecañas, todo un mar interior

El entorno aequeológico de Bohonal: En las terrazas del Tajo, desde la desembocadura del Gualija hasta el extremo occidental del término, se han hallado numerosas piezas de industria lítica trabajadas por el hombre del paleolítico inferior. Son abundantes los bifaces y raspadores que se pueden encontrar en los sedimentos movidos por el oleaje del embalse de Valdecañas en parajes como Los Navazos o las Cabrerizas.

La puente de Gualija

En las covachas graníticas formadas en la zona de confluencia del río Ibor con el Tajo se han encontrado restos neolíticos y calcolíticos en un entorno agreste de gran belleza y en esa misma zona, en el paraje conocido como Los Pibores, se conserva un buen dolmen, aunque su reutilización como cochinera lo ha deteriorado. Restos de otros cuatro dólmenes más se hallan en el término de Bohonal aunque tampoco se han conservado estos monumentos megalíticos en condiciones óptimas.

También en la Edad del Hierro dejaron los pueblos vetones muestras de su paso por aquí, hasta cinco verracos que se enumeran en las Relaciones de Felipe II y en el testimonio de un erudito del siglo XVIII que nos dejó algunos dibujos. Una de esas esculturas se conservan actualmente en Peraleda y es una cabeza de jabalí en la que se perciben perfectamente los colmillos.

 

TALAVERA LA VIEJA, LA AUGUSTÓBRIGA SUMERGIDA

TALAVERA LA VIEJA, LA AUGUSTÓBRIGA SUMERGIDA.

EN EL CAMINO DE LOS IBORES A GUADALUPE

Los “Mármoles”, el antiguo templo de Diana de Talavera la Vieja salvado junto al embalse de Vldecañas

La mayor parte del término de Talavera la Vieja, incluido el caserío, pasaron tras la inundación provocada por el embalse de Valdecañas en los años sesenta, a formar parte de la demarcación de Bohonal de Ibor. Fue una gran pérdida para la historia y la arqueología de la zona el anegamiento de “Talaverilla”, pues esta población asentaba sus cimientos sobre la antigua Augustóbriga de los romanos.

Los “Mármoles” o templo de Diana en su emplazamiento original de Talavera la Vieja

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COMENZAMOS EL CAMINO DE LOS IBORES A GUADALUPE POR BOHONAL

Casas porticadas en la plaza de Bohonal de Ibor

Desde la Nacional- V , poco antes de Navalmoral de la Mata seguiremos camino hacia el sur con destino a Guadalupe.  Pasamos junto a la arruinada iglesia del despoblado de La Mata ydespués de pasar junto a Peraleda de la Mata llegamos al Tajo, frente al templo romano de Diana que comentaremos en el capítulo próximo.

Antiguamente se cruzaba por la barca de Alarza situada cerca de Bohonal. Todavía se conserva el camino que llega desde ella hasta el pueblo y por él podemos acercarnos hasta el embalse, hasta un paraje solitario de gran belleza en el que la vista se pierde en el mar de agua dulce de Valdecañas. Otros viajeros cruzaban por la barca de Talavera la Vieja, como Ponz, que dijo de la posada del pueblo en 1784 que “No le dé Dios a nadie posada semejante a la que yo encontré en Talavera la Vieja. Nada había a qué apelar, ni para los hombres ni para las bestias”, aunque describe con admiración las riquezas arqueológicas de la villa desaparecida. Seguir leyendo COMENZAMOS EL CAMINO DE LOS IBORES A GUADALUPE POR BOHONAL