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ASCENDIENDO LA GARGANTA TEJEA

 Ascenso por la garganta Tejea

Pozas en la Garganta Tejea

 Puede que el nombre de esta hermosa garganta, afluente de la de Alardos, derive de la existencia de tejos, especie arbórea hoy en remisión en toda la sierra. Nos podemos introducir en su alto recorrido siguiendo desde el Raso por la pista que lleva al castro vettón.

Puente sobre la Garganta Tejea

Siguiéndola hasta el final llegamos a una zona donde se puede dejar el vehículo y desde donde parte una senda que lleva hasta el puente Pinillos para después, cruzando el puente, seguir por la orilla oeste ascendiendo por la garganta. Pasada la vega de las Berceas (berzas) es mejor coger la senda que sube hasta unas majadas para después llegar a los Chozos de tío Domingo y la fuente del Brial. A partir de aquí el paisaje se va haciendo más árido con grandes canchales de piedra y llegamos a la vega del Zapato, desde donde poco antes sale una senda que asciende por la ladera de la izquierda, aunque luego se pierde. El final de la garganta es muy abrupto y su cauce desciende muy encajonado por la zona de los Barquetes.

Los Hermanitos de Tejea

El paseo es muy ameno, con el sonido de la garganta, los chozos, queseras y majadas, que nos encontramos en el trayecto, y las agradables pozas trasparentes donde podremos bañarnos. No es extraño que veamos cabras monteses.

Aquellos que lo deseen pueden subir por una vaguada hasta los Hermanitos de Tejea, dos picachos gemelos con vistas desde su cara oeste sobre un paisaje de gran belleza con despeñaderos impresionantes. Delante del más sureño de los dos picos se perciben los restos de la muralla de otro castro.

Majada de Braguillas

Podemos también subir desde el aparcamiento final por una pista que sale a la derecha hasta las pinturas rupestres y la majada de Braguillas, a la que igualmente se puede subir por un sendero desde el castro de El Raso.

En el plano solamente figura el trayecto que se realiza desde la pequeña zona de aparcamiento, pues desde El Raso, pasando por el castro, no hay pérdida ya que solamente debemos seguir la pista. Este aparcamiento del que hablamos es también el mejor lugar para darnos acceso a la cabecera de la garganta de Alardos.

 

Recorrido aproximado 11 kilómetros, 3 horas y media

Con subida a los Hermanitos de Tejea 5 horas

EL CASTRO DE EL RASO 

EL CASTRO DE EL RASO
Reconstrucción de dos de las viviendas vettonas del castro de El Raso
En otro capítulo conoceremos algunos aspectos del patrimonio de Candeleda relacionados con la arqueología, pero sin duda el yacimiento más importante que podemos visitar es el castro celta de El Raso, pequeño pueblo perteneciente a su ayuntamiento.
Aunque el yacimiento se conoce desde antiguo, es en las dos últimas décadas cuando se han acometido las excavaciones más importantes que han descubierto un poblado vettón que tal vez sea el de mayor entidad de los conocidos actualmente y el que ha dado más datos sobre este pueblo prerromano.

 

Panel que recrea el interior de una vivienda en el castro de El Raso
Tiene varias zonas excavadas. En una de ellas, la más extensa, han quedado al descubierto numerosas viviendas que presentan la misma estructura, con planta rectangular y con una dependencia principal en la que los habitantes de la casa se sentaban en un banco corrido delante del hogar, que se sitúa en el centro de la habitación. Allí comían pasándose los alimentos de unos a otros. La vivienda tenía otras pequeñas habitaciones que servían tanto de cuadra como de almacén o lugar de trabajo para telares u otras actividades artesanas.
Muralla y zona excavada donde se halló el tesorillo que se comenta en el texto

También hay construcciones de planta circular que probablemente servían como silos o almacén, y hornos que delatan la dedicación a actividades metalúrgicas de sus habitantes, aunque, como es sabido, su principal dedicación era la ganadería y por ello esculpían su manifestación artística más conocida, los verracos de piedra que se encuentran salpicados por toda nuestra geografía y que parece ser eran una especie de grandes amuletos que protegían a los ganados, por lo que aparecen en ocasiones a las puertas de sus corrales. Dos de las casas excavadas han sido reconstruidas.

Otra de las zonas excavadas en el castro junto a las viviendas reconstruidas.

Entre los objetos hallados se encuentra un tesorillo localizado en la entrada de una de las viviendas, bajo las cenizas de destrucción de la misma, que se produjo probablemente en el momento del asalto de la población por los romanos. Otra de las zonas excavadas se encuentra en la parte más elevada del yacimiento y cuenta con un bastión que defiende una de las puertas de la muralla, la cual circunda a todo el núcleo urbano y ha sido también excavada en algunos tramos. Pero la mayor riqueza de armas, cerámica, ornamentos etc. ha sido encontrada en la necrópolis, donde se enterraron los restos de sus muertos.

Armas vettonas halladas en las excavaciones

Este pueblo adoraban entre otros a un dios innominado al que cantaban en las noches de plenilunio, según nos cuenta Estrabón, y eran magníficos soldados que resistieron con fuerza a los romanos, para después incorporarse a sus ejércitos como mercenarios.

Cerámica y piedras de molino halladas en las excavaciones

En El Raso podemos visitar un pequeño pero interesante museo sobre el castro de El Raso y otros cercanos, así como las pinturas rupestres que se encuentran próximas al yacimiento. Muchos de los elementos hallados en las excavaciones se encuentran en el museo de Ávila, pero aquí también hay algunas de ellas de interés así como algunas reproducciones. Mostramos a continuación algunas de ellas.

Pieza de bronce romana hallada en El Raso

DISFRUTANDO LA GARGANTA BLANCA

DISFRUTANDO LA GARGANTA BLANCA

Garganta al principio de nuestro ascenso desde La Albarea

 La manera más fácil de acceder a la Garganta Blanca es tomar en coche la pista que sale poco antes de tomar la carretera de la ermita de Chilla, recorriendo unos ocho kilómetros y disfrutando de unas vistas magníficas sobre la garganta de Santa María y la garganta Lóbrega, entre hermosos bosques de pinos y robles. Cruzamos entre otros el arroyo Castañarejo, que puede merecer un paseo por sus riberas, y nos detendremos al final del camino, ya en el refugio de la Albarea, junto al puente de la Garganta Blanca.

Refugio de pastores bajo un bolo granítico

Desde allí podemos ascender por la orilla este, pasamos junto a los restos del llamado corral de las Monteses y seguimos, dejando a la derecha el abrupto arroyo de las Alamedas, hasta un pequeño cerrete con grandes bloques de granito en su cima, al que  llega la senda, y desde donde se contemplan magníficas vistas de la garganta Blanca y de la espalda del circo de Gredos. Enseguida encontramos los grandes bloques graníticos que distinguen las cabeceras de todas estas corrientes de la vertiente sur de Gredos.  Continuamos por la mal marcada senda que discurre entre los bolos berroqueños, quedando a la derecha el arroyo de las Cañas y poco después el arroyo de la Ribera que nace junto al risco del Fraile, que vemos elevarse solitario en la cumbre.

La garganta Blanca nace en la espalda del circo de Gredos en un paisaje granítico imponente

El camino se va haciendo cada vez más penoso y la corriente a veces desaparece bajo las grandes piedras. Llegamos finalmente a la zona de los Covachones, desde donde se levanta el gran macizo pétreo del circo. Arriba vemos a los Tres Hermanitos y su portilla, desde donde bajan en chorreras que cortan la piedra dos arroyos que dan origen a la Garganta Blanca. Antes hemos dejado a la derecha otro arroyo que nos permitiría subir hasta la portilla del Morezón con relativa facilidad. La zona de los Covachones es llamada así por las cuevas y grandes fracturas y grietas que han dejado con el tiempo el agua y la erosión. Los que estén preparados para el montañismo pueden incluso subir hasta la cresta del circo y ver abajo la laguna de Gredos.

Una de las bellas pozas de la garganta Blanca en su tramo bajo

Haremos después la segunda parte de la excursión. Apenas una hora de camino hay desde este mismo refugio de la Albarea hasta la conjunción de la garganta Blanca con la de Santa María, junto al puente del Camino al Puerto de Candeleda y el refugio del Rey.

Garganta Blanca desde la Hiruela Baja

Este tramos es un agradable paseo entre bosques serranos con la garganta despeñándose en pozas y chorreras muy bellas, siguiendo una senda bastante bien marcada que baja por la orilla oeste. La vuelta la podemos hacer subiendo por el camino del Puerto desde el puente del mismo nombre hasta el carril que viene desde el refugio de la Albarea, volviendo así al punto de partida.

Recorrido aproximado: Subida de la garganta, ida y vuelta 6 kilómetros, dos horas

Descenso hasta desembocadura, ida y vuelta 5 kilómetros, 1 hora y media

CANDELEDA SEGÚN CELA

CANDELEDA SEGÚN CELA

Macizo central de de Gredos , gran parte de él en término de Candeleda

Hoy vamos a comenzar a conocer el pueblo que se sitúa bajo el macizo central en su vertiente sur, junto a las elevaciones más pronunciadas de la sierra, el circo de Gredos y el Almanzor, con sus casi 2600 metros de altura. Por otra parte, estamos en La Vera abulense que sorprendió a  Camilo José Cela, pues escribió de Candeleda que:

Fofotografía de Candeleda en los años 60

“tiene de todo; es como el arca de Noé de los tres reinos de la naturaleza, a saber: el animal, el vegetal y el mineral. En Candeleda se cría el tabaco y el maíz, el pimiento para hacer pimentón y la judía carilla, sabrosa como pocas. El término de Candeleda mide alturas para todos los gustos y voluntades, desde los cuatrocientos metros hasta cerca de los dos mil seiscientos.

Garganta de Santa María en Candeleda

En Candeleda a la vista de las nieves perpetuas, florecen el limonero, el naranjo y el almendro. Candeleda muestra fresnedas y robledales, higuerales y piornales, castañares, pinares y olivares. El término municipal de Candeleda, mal medido, da ochenta leguas cuadradas sin contar el proindiviso con Arenas de San Pedro. En Candeleda hay cancho y praderío, huerta y majada, pan, vino y aceite. En los riachuelos de Candeleda brota entre truchas el cimbreante junco y, entre ranas, la airosa espadaña.

Balcón típico de Candeleda

En el campo de Candeleda se enseña la glauca flor del piorno, la alba margarita de la manzanilla, la campánula rosa, morada y azul. En los balcones volados de Candeleda crecen el geranio y el clavel, la albahaca y el botón de la rosa francesilla, el fragante dondiego que unos nombran donpedro y otros dicen donjuan, el nardo y el jazmín.”  No puede ser más hermosa la descripción que nos hace el premio nobel en cuyo libro “Judíos, moros y cristianos” aparece y que ya hemos dicho es de obligada lectura para aquellos que quieran adentrarse a conocer estas sierras.

Secadero de pimentón en Candeleda

RECORRIENDO EL RÍO ARBILLAS EN GREDOS

RECORRIENDO EL RÍO ARBILLAS EN GREDOS

Es curioso observar que en la Sierra de Gredos a unas corrientes se las llama gargantas y a otras muy similares se las denomina río, sin que haya una causa clara que lo explique, pues regímenes y caudales son muy similares. Es el caso del río Arbillas, que cuenta con hermosos parajes y que está vinculado al pueblo de Poyales del Hoyo.

Chorreras en el Arbillas

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ASCENDIENDO A LA MIRA POR LOS GALAYOS

ASCENDIENDO A LA MIRA POR LOS GALAYOS

 Partimos desde Guisando por la carretera que sube por el valle del río Pelayos, que en su naciente se conoce como vertiente de Los Galayos. Llegaremos junto a un puente que se halla cerca de un campamento juvenil. Por él podremos acceder, si vamos con tiempo o en alguna otra ocasión, al llamado “Pino Bartolo”, un árbol singular de grandes dimensiones que vale la pena visitar por ser un pino albar de 500 años de antigüedad que se encuentra rodeado de los “bartolitos”, otros pinos que forman un ameno conjunto. El camino es empinado pero vale la pena subir por lo solitario del lugar y por haber sido acondicionada e indicada la senda recientemente.

Pino Bartolo

 

Pero volvamos a la ruta principal. A Los Galayos se accede por una senda que parte de El Nogal de El Barranco, lugar en el que se acaba la carretera y en el que se sitúa un monumento a la cabra montesa autóctona, la Capra Hispánica.

Poco después de pasar el refugio, un poco más arriba, unos indicadores nos llevarán a una majada de cabreros restaurada en la que podemos ver los edificios que tradicionalmente constituían estos conjuntos ganaderos. En primer lugar cuenta con el chozo en el que habitaba la familia, en el que observamos una piedra que sobresale del muro en el lugar donde se hacía el fuego, para evitar así que las chispas prendieran en el techo de piornos. Solamente alguna alacena completa la sencilla estructura de estas construcciones.

«La cabra» del Nogal del Barranco

También podremos ver la quesera, otra especie de chozo circular situado siempre en zonas umbrosas y por cuyo suelo de piedras discurría una corriente de agua que mantenía fresco el queso producido en estos puestos de cabreros. Se trata en realidad de una ingeniosa nevera que permitía a estos ganaderos conservar el queso para no tener que hacer continuos viajes para vender su producto a las zonas habitadas. También podemos ver un pintoresco horno de pan, cochineras y chivitiles para guardar los cerdos o los cabritos respectivamente, o el berengón, otra construcción cubierta de techo vegetal pero con planta rectangular donde se guardaban las cabras.

Horno del puesto rehabilitado en el puesto de

La subida hacia los Galayos es al principio relativamente suave, aunque tanto el piso de la senda, como la pendiente, nos lo van haciendo cada vez más difícil. Pero al llegar junto a Los Galayos no nos arrepentiremos del esfuerzo, pues el paraje granítico con sus elevadas agujas pétreas es sobrecogedor. Los aficionados a la escalada tienen grandes alicientes para la práctica de este deporte en aquellas verticales paredes de piedra y, tanto los montañeros como los excursionistas pueden alojarse en el refugio Víctory, donde podemos curiosear el el mundillo y el ambiente de los escaladores.

Macizo de los Galayos

Seguimos subiendo por una senda donde nos tropezaremos con las monteses, para llegar al refugio en ruinas de Los Pelaos, y un poco más allá, por las praderas y piornales de las cumbres, accederemos a La Mira, gran elevación de 2343 metros de altura, el segundo pico más alto de Gredos después del Almanzor y de los picachos que forman el circo de la Laguna Grande. En su cumbre se levanta todavía una pequeña atalaya construida a piedra seca desde la que disfrutaremos magníficas vistas panorámicas sobre ambas vertientes de Gredos. La torreta se levantó para hacer señales telegráficas luminosas con espejos cuando no había otros medios de comunicación. Las praderas y arroyuelos de estas alturas con sus impresionantes vistas panorámicas harán que nuestro esfuerzo sea rentable.

Recorrido aproximado 15 kilómetros ida y vuelta, 7 horas y media.

Berengón para guardar el ganado en el puesto de cabreros

Hay también en la zona este del término de Guisando un pino resinero de unos doscientos años llamado el pino de La Víbora, y cerca del pueblo, una antigua casa forestal se ha habilitado como Casa del Parque, un aula de interpretación de la Sierra de Gredos que se puede visitar todos los días menos los martes. Si seguimos descendiendo por el río Pelayos por debajo del caserío encontraremos una senda por su orilla oeste que nos llevará hasta la carretera de Arenas a Poyales, donde hay un merendero. Antes habremos pasado por la Charca Verde, un lugar de baño con encanto natural.

LLEGAMOS A POYALES

LLEGAMOS A POYALES  DEL HOYO

Arquitectura popular de Poyales en uno de los magníficos almanaques que se publican en el pueblo con motivo de la fiesta de San Sebastián

Poyales es un pueblo situado en la falda de Gredos que podemos considerar como el primero de La Vera, porque tanto él como Candeleda, aun encontrándose en la provincia de Ávila, forman parte de esta peculiar comarca natural. Las higueras de Poyales producen un fruto de excepcional calidad que se exporta fresco o seco, y el aceite de sus olivares es también de los de los más valorados en la zona. Además de la parte serrana, Poyales tiene una zona de influencia en la vega, regada por el Arbillas y en la que se produce tabaco o pimentón, entre otros productos.

Uno de los molinos de agua del río Arbillas

Desde siempre esta localidad ha peleado legalmente en un largo contencioso con los pueblos vecinos de Arenas y Candelada pues, cuando en la Edad Media nuestro pueblo era simplemente una aldea dependiente de Arenas que se conocía como “El Foyo”, ambas villas se disputaban el entorno de Poyales, hasta que llegaron a un acuerdo para su aprovechamiento conjunto en 1472, dejando a nuestro pueblo solamente un pequeño término como ejido para que pastaran sus ganados de labor, lo que ha constreñido su crecimiento desde antiguo.

El llamado proindiviso está cubierto por una de las zonas boscosas, especialmente de robles, mejor conservadas y más extensas de Gredos

Pasa después a llamarse Aldeanueva de Poyales pero ni siquiera cuando consiguió su privilegio de villazgo en el siglo XVII, denominándose Villanueva de Poyales del Hoyo, consiguió ampliar su jurisdicción, lo que le ha llevado a mantener litigios hasta la actualidad por la jurisdicción sobre el llamado “proindiviso” de Candelada y Arenas. El nombre de Poyales deriva de los cultivos de lino a los que se dedicaba gran parte de su población en siglos pasados, ya que un “poial” es una de esas pequeñas terrazas regadas por arroyos en los que se cultivaba esa fibra vegetal. De hecho el caserío se funda en torno a una denominada “casa poial”.

Imagen de San Sebastián, patrón de Poyales del Hoyo

Entre los atractivos de Poyales contamos con un taller artesano que fabrica juguetes de cartón piedra y que tiene además un pequeño museo. Por otra parte, también puede visitarse “La Casa de las Abejas”, donde se observa a través de vidrios la actividad que desarrollan estos insectos en sus colmenas produciendo la miel y la cera. Es esta una curiosa aula de interpretación de la actividad apícola que entusiasma a los chavales.

Su fiesta más conocida se desarrolla en Enero y es la fiesta de San Sebastián durante la que se encienden luminarias y se reparten dulces típicos, además de la celebración de la Virgen de Gracia el 15 de agosto, típica festividad veraniega.

Retablo de la iglesia de Poyales del Hoyo

El casco urbano conserva rincones con la arquitectura tradicional de entramados, solanas y  curiosas chimeneas, en un abigarrado caserío que vale la pena pasear para ver también su iglesia  gótica de finales del siglo XV, cuyo ábside se cubre con bóveda de crucería. En el exterior podemos ver algunos adornos de ladrillo de tradición mudéjar y en el interior destaca un retablo barroco de finales del siglo XVII fabricado por un artesano de la cacereña población de Casatejada, y que es muy interesante por presentar algunos motivos decorativos similares a los de las iglesias americanas, con máscaras de aspecto indígena además de otros motivos vegetales muy originales.

SUBIMOS A GUISANDO

SUBIMOS A GUISANDO

Guisando y el valle del río Pelayos

Parece que fue en torno a unas majadas de cabras que se fue articulando el caserío que daría lugar a este pintoresco pueblo de Guisando. Fue siempre aldea de la Villa de Arenas hasta que adquirió su privilegio de villazgo por concesión de Carlos III en 1760, año que figura en la base del rollo jurisdiccional erigido en la nueva villa.

Rollo jurisdiccional de Guisando

El pueblo es muy pintoresco tanto por sus paisajes como por su arquitectura popular que conserva muchos rincones para fotografiar, aunque como sucede en tantos lugares de la zona han ido disminuyendo ante el empuje urbanístico del turismo. Camilo José Cela habla también de Guisando en su precioso libro de viajes por Gredos “Judíos, Moros y Cistianos” en el que además de referir que por su tez y altura las mujeres de Guisando parecen godas y las de Candeleda moras, cuenta la anécdota de cómo le refirieron que en el pueblo había “protestones”, curiosa forma de denominar a un grupo de protestantes que históricamente hubo en la población y que llamaba la atención en tiempos pasados por lo difícil que resultaba mantenerse una comunidad así en la España del nacional catolicismo.

Algunas fotos antiguas de Guisando se exhiben por sus calles

Pío Baroja también pasa por aquí y en su novela “La Dama Errante” comenta “Llegaron a la vista de Guisando. Desde lejos, el pueblo era bonito, con sus tejados rojos y su aspecto de aldea suiza; pero dentro no tenía nada que celebrar: Las calles están llenas de barro y los cerdos andaban entre la gente”.

Como vemos, siempre aparece Guisando como pueblo pintoresco. Todavía quedan hermosos rincones con los elementos típicos de la arquitectura serrana de balcones y solanas con algún entramado y tal vez una mayor superficie de paredes blanqueadas que en otros pueblos de la comarca, lo que hacía decir a Cela que “Guisando es caserío blanco como paloma y sosegado igual que el agua de la fuente clara”, aunque anteriormente era mayor el número de fachadas de mampostería desnuda o revocada y pintada de añil.

Arquitectura popular de Guisando

La iglesia parroquial está bajo la advocación de la Purísima Concepción y es de construcción reciente, aunque no desentona con el entorno y guarda todavía algunas pinturas de mérito en su retablo del siglo XVIII. En la ermita que se halla a la entrada del pueblo podemos ver azulejería talaverana del siglo XVI.

Sus fiestas patronales son el 29 de septiembre en honor de San Miguel, aunque en invierno los carnavales son muy celebrados y nos permiten ver a las mujeres ataviadas con el traje típico. Además, el domingo de Resurrección se celebra el día del huevo en que se pintan huevos cocidos con tintes naturales para dárselos a los niños.

Rincón pintoresco de Guisando

RUTA POR RIOCUEVAS A LAS CHORRERAS DE LA LANCHA

RUTA POR RIOCUEVAS A LAS CHORRERAS DE LA LANCHA

Embalse de Ríocuevas al comienzo de nuestra ruta

Este río nace de la espalda de los Galayos, desde donde se dirige en dirección sudeste hacia Arenas de San Pedro. Pasa por las majadas del Hoyuelo, y después por unas pintorescas chorreras por donde el agua se reparte en chorros y láminas de agua que discurren por el batolito granítico. Junto a estas chorreras se pueden observar unos magníficos ejemplares de pino autóctono, tal vez los más impresionantes de la sierra. Sigue después bajando el río por un cauce cubierto de cepellones.

Haciendo queso en un chozo, aunque los «reores» o moldes ya no son de esparto sino de plástico

Pero nosotros vamos a ascender desde Arenas y para ello comenzaremos nuestro recorrido desde la presa del mismo río que se encuentra junto a la salida de Arenas por la carretera de Guisando. Daremos un agradable paseo por las orillas del embalse subiendo hacia la cabecera de la presa, para después ascender por un camino que nos lleva a la carretera antes aludida.

Chorreras sobre La Lancha

Por ella iremos entre pinares, castaños y olivares hasta la población de Guisando que recorreremos hasta su salida por la pista asfaltada que lleva hacia el Nogal del Barranco. Junto al hostal que allí se sitúa, parte una pista que nos llevará hasta una explanada en la que hay una fuente con su pilón y un refugio. Allí tomaremos un camino que sube en dirección norte y llegaremos a cruzar un arroyo. Subiremos ese arroyo por la orilla sur y contemplaremos los ya referidos monumentales pinos autóctonos y unas chorreras que descienden lamiendo grandes bloques graníticos en un paraje singular.

La flórula en primavera es muy variada y abundante en nuestro recorrido

Por ese mismo camino podemos seguir unos dos kilómetros hasta un puesto de cabreros que conserva los chozos, berengones y otras construcciones tradicionales.

 Recorrido aproximado 18 kilómetros ida y vuelta, 5 horas

EL PALACIO DEL INFANTE DESTERRADO EN ARENAS Y VELADA

EL PALACIO DEL INFANTE DESTERRADO EN ARENAS Y VELADA

Palacio de la Mosquera en Arenas de San Pedro, construido para residencia de Luis de Norbón

En Arenas de San Pedro pasó sus últimos días el infante don Luis de Borbón. Había nacido en 1727 y sus padres fueron Felipe V e Isabel de Farnesio. Su hermano mayor fue el rey Fernando VI, pero al morir sin descendencia fue otro de sus hermanos, Carlos III, que a la sazón reinaba en Nápoles, el que se convirtió en el cuarto Borbón de la monarquía española ya que el rey Luis I tuvo un reinado de muy corta duración por su muerte prematura y, de hecho, a nuestro personaje se le puso por nombre Luis en recuerdo de su hermano mayor fallecido.

Familia del infante don Luis pintado por Goya, probablemente entre Arenas y Velada

Con ocho años de edad es nombrado cardenal de Toledo. Éste y otros cargos, entre los que contaba ser maestre de las cuatro órdenes militares fueron atendidos por administradores que gestionaban su considerable fortuna, mientras que Luis residía en la Corte y nunca se ordenó sacerdote, renunciando en 1754 al capelo cardenalicio por graves problemas de conciencia, debido a que, como buen Borbón, su obsesión por el sexo era casi enfermiza, por lo que después de numerosas escapadas y devaneos renunció a la púrpura cardenalicia. Incluso llegó Carlos III a desterrar al pintor Paret por haber hecho presuntamente de alcahuete del Infante en sus salidas amorosas. Entre otras, hubo una amante llamada Mariquita, que tuvo un hijo de sus relaciones y fue desterrada a Palencia por el Consejo de Castilla. Se sabe también que contrajo una enfermedad venérea que hizo renunciar por miedo al contagio a alguna de las reales candidatas a contraer matrimonio con el Infante.

Puerta principal del palacio de La Mosquera

La legislación de entonces, que exigía que el rey fuera nacido en España, habría llevado a que la sucesión de Carlos III no hubiera recaído sobre su hijo, el futuro Carlos IV, sino sobre su hermano Luis, por lo que tanto el Rey como Isabel de Farnesio hicieron toda clase de maniobras para impedirlo, hasta el punto de que Carlos III se llevaba a su hermano a las cacerías para evitar cualquier tipo de intriga que le llevara a la sucesión e incluso al trono.

Acceso por la escalera principal al palacio de La Mosquera

Conociendo de su inclinación por las mujeres, el rey permitió que Luis se casara con una mujer sin sangre real, hija de un militar y de la condesa de Torresecas, lo que sirvió de pretexto para apartarle de la línea sucesoria, siendo incluso desterrado de la corte, de la que debía mantenerse apartado una distancia determinada. Primero se pensó en que residiera en Talavera, pero la distancia a Madrid no era suficiente, por lo que pensó en construir un palacio en Arenas de San Pedro. Mientras se construía el edificio, don Luis vivió largas temporadas en el palacio de los Marqueses de Velada, villa a la que se trasladó frecuentemente con su familia y en la que residió con su pequeña corte, compuesta entre otros por músicos como Bocherini y pintores como Goya o Paret. Fue dueño de colecciones artísticas y científicas de gran valor para la época. En Velada nacieron sus dos hijas y se conservan en su iglesia las crismeras con las que recibieron el bautismo y que regaló el infante a la parroquia. Una de estas “velaínas” sería más tarde la condesa de Chinchón y con ella se casaría el valido Godoy. Fue don Luis protector de las artes y Goya pintó retratos tanto de toda la familia del infante como de las de sus hijas, como el famoso de la condesa de Chinchón que se encuentra en el museo del Prado y en la que se ven las cumbres de Gredos al fondo.

La «velaína» Condesa de Chinchón pintada por Goya

El Infante murió en Arenas, su cadáver fue llevado a la capilla del monasterio de San Pedro y constan en los escritos las protestas de los monjes por mantenerse allí el cuerpo en putrefacción. En 1800 fue llevado con todos los honores a El Escorial. Su sobrino Carlos IV, de paso por Velada, quiso visitar las estancias en las que vivió su desgraciado tío. Su mujer tuvo prohibido ver a sus hijos durante siete años hasta que el Rey lo permitió compadeciéndose de ella, que pasó largas temporadas en Velada. Los sirvientes del Infante vendieron gran parte del patrimonio del palacio de Arenas y muchas de las pinturas y ricos adornos fueron a parar al palacio de Boadilla del Monte, que también perteneció a don Luis.

Jardines de la Mosquera reproducidos en su diseño como los jardines franceses del gusto de la época y de la casa Borbón

EL PALACIO

Sobre el elevado paraje de La Mosquera cedió el ayuntamiento de Arenas los terrenos necesarios para la construcción del palacio del Infante, a cambio de realizar algunas obras de interés para el municipio.

La condesa de Chinchón de niña en un retrato de Goya en el que se ven las cumbres de Gredos.

Se encomendaron los planos a Ventura Rodríguez, que realizó una traza de líneas sencillas. Las obras comenzaron en 1780, aunque finalizaron tres años más tarde sin que se hubieran realizado más que en un sesenta por ciento de la superficie del proyecto inicial, ni se hubiera acabado en todos sus detalles la magnífica portada principal con tres arcos, sobre los que se sitúa un balcón con balaustrada y seis columnas dóricas adosadas. De los jardines apenas queda nada de lo que fueron, pues han desaparecido los adornos, fuentes y esculturas, además de las exóticas especies que los poblaban. En la cercana Casa de Oficios vivían los sirvientes y también había cuadras donde se alojaban los caballos y los perros que tan frecuentemente utilizaba el Infante en su mayor afición después del sexo, la caza. De los cuatro torreones que remataban las esquinas del edificio solamente se construyeron dos. En el interior son de destacar su escalera monumental, sus pisos de piedra, sus novedosas letrinas o el patio con una sencilla fuente.

Vista desde una de las ventanas del palacio de la Mosquera similar al del retrato de Goya de la Imagen anterior.

Pocos años más tarde, invadida España por los franceses, utilizaron el palacio como cuartel general durante su estancia en Arenas y quemaron la villa, sufriendo su población la brutal violencia de las fuerzas napoleónicas.