BUSCANDO A GABRIEL Y GALÁN ENTRE ENCINAS Y JAMONES

BUSCANDO AL POETA ENTRE ENCINAS Y JAMONES (1 de 2)

Un viaje con humor a los espacios de Gabriel y Galán

Nos encaminamos hacia Guijo de  Granadilla

Los viajeros han salido de madrugada para venir a parar por vez primera en la jornada donde desde la vetusta Vía de la Plata convertida en autovía se toma la desviación hacia el pueblo donde murió don José María Gabriel y Galán. Desde la terraza y mojando un donut en el café equivalente yanqui de nuestras autóctonas rosquillas pero de más escaso fundamento, vemos viejas construcciones que en su tiempo fueron ventas y mesones que alojaron trashumantes y trajinantes y que tuvieron su último pálpito vital vendiendo mimbres y otros objetos artesanales elaborados en material tan poco lusitano como el bambú.

Junto a la mesa una máquina expendedora expone a la solanera unos sándwich que en formación exhiben sus salsas y mahonesas para una mejor reproducción de salmonellas y estafilococos. Los viajeros ríen con el rótulo que anuncia tan sufridos alimentos: “Pica-pica” se intitula el invento y pensamos que el título está bien traído por el prurito que producirán en los esfínteres del sufrido usuario cuando deba aligerarse tirando de pantalón en próximas cunetas salvadoras.

Ven los exploradores de literarios solares cómo se anuncia la ciudad romana de Cáparra con su arco famoso pero es largo el recorrido y además es lunes, día maldito de la semana para los curiosos de museos y pedruscos en general. Van los viajeros comentando la belleza de los sanos encinares que asombran los buenos pastos que las lluvias abundantes han dejado este año y aparecen las primeras vacas coloradas y cochinos retozones.

Rótulo en la ermita del Cristu Benditu, motivo de uno de los poemas más conocidos de Gabriel y Galán. A la entrada de Guijo de Granadilla

Llegamos a Guijo de Granadilla pueblo donde vivió sus últimos años don Jose María y justo a la entrada del caserío se levanta la ermita que aloja la imagen del Cristu Benditu al que dedicó uno de sus más conocidos poemas. Recuerdan los visitantes cómo estas terminaciones en u de la alta Extremadura nos hablan de la repoblación leonesa, en definitiva de un asturianu mal hablau. La ermita ha perdido parte del sabor rústico, pues ya no tiene el pórtico pintoresco que han visto en viejas fotografías.

Recorren el casco y disfrutan de algunos rincones y construcciones que vieron pasar al maestro que casó con la hija de los terratenientes. Muchas de las casas están adornadas  con una parra que recorre la fachada. La iglesia donde el pío vate escucharía tantas veces la misa está cerrada. Muestra en puertas y sillares la cruz de San Andrés que nos habla de su advocación. Es construcción berroqueña de cierto empaque en la que curiosean los viajeros y descubren una gárgola con aspecto de ángel feo y cabezón.

Siempre llama en los pueblos poco turísticos la atención de los vecinos la presencia de forasteros a los que muchas veces confunden con cobradores de la luz que miran los contadores o con alguien que viene desde la capital para tocar los cojones, porque en general es a eso a lo que van los enviados de la administración a los pequeños lugares.

Vivienda de Guijo de Granadilla donde vivió Gabriel y Galán, hoy casa museo

Una señora setentona, como ve a los viajeros hacer fotografías de la iglesia, deja de desconfiar de ellos y  les dice que tiene una medicina que es gratis, andar, se toca las chocolatinas chuleando de abdominales planos y cuenta que no solo echar un pie detrás de otro la mantiene en forma, que en la cama flexiona las piernas y otras gimnasias y que por ello no está como otras más jóvenes que ella “que se mean encima y ni se menean”.

Callejeando llegan a la plaza, presidida por un busto del poeta. Mira hacia el ayuntamiento adornado con el mismo balcón desde el que con motivo de hacerle hijo adoptivo recitó un largo poema el nuevo “hijo del Guijo”. Se trata de solo para mi aldea y los viajeros, que han hecho no pocos pregones en octosílabos para las fiestas de los pueblos de su tierra, observan cómo se trata de una composición sencilla destinada a gentes sencillas, que incluso puede parecer algo ramplona. Tampoco tiene ni una sola alusión al lugar en sí o a sus gentes, vamos que lo mismo se podía haber escrito para el Guijo de Granadilla que para San Feliú de Guixols.

Dominando la plaza sobre un plinto sobreelevado está la casa museo del poeta, donde murió joven y comenzando su carrera literaria. Es casa que se nota caciquil y un tanto pretenciosa adornada de alta reja y una terracita con balaustre. Hoy día solamente la mitad de ella es visitable pues la casona sufrió las particiones familiares. Observan los viajeros que se encuentra abierta en edificio anejo la biblioteca municipal y entran por si aun siendo lunes suena la flauta y les enseña el museo un alma caritativa.

Juanjo es el bibiotecario, hombre grande que custodia también la casa del poeta y nos recibe en bermudas dada la canícula extremeña. Con entusiasmo se ofrece a enseñárnosla. Comentamos a la entrada uno de los documentos enmarcados en el que aparece un extracto del registro con el certificado de defunción del poeta. Siempre se dijo que falleció de una pulmonía por la tupina de agua que se pegó un día frío en el que hubo de cabalgar para asistir a un sepelio, pero parece que ya antes andaba mantujo el vate y en el certificado dice algo así como fiebre nerviosa gástrica que algunos médicos, entre ellos un nieto suyo también facultativo piensan que se trató en realidad de una apendicitis con peritonitis lo que le llevó a la tumba.

Certificado de defunción de Gabriel y Galán

Todavía conservan algunas de las habitaciones las pinturas un tanto pretenciosas, imitación de papel pintado de principios de siglo, la casa del terrateniente, aunque no está mal la cocina con útiles etnográficos entre los que se encuentra algo que llama la atención de los visitantes, unos rústicos zancos para andar por los prados encharcados del pueblo como si de algún pueblo gallego se tratara. Deben ser cosas del cambio climático.

Conmueve la mesa auténtica con tablero de pizarra donde escribió el poeta y las alcobas con elementos originales, hasta un reclinatorio, que no es extraño por la profunda religiosidad del vate, un punto beatorra. Viejas fotografías, algunas interesantes y pintorescas, como la de don José María vestido de charro o la de su madre, “el ama” de su poema. Carteles y paneles de exposiciones de cuando había “conquibus” para eventos culturales completan la exposición.

En el umbral preguntan al guía por la consideración general que ha quedado en el alma popular de El Guijo con respecto a su ciudadano más famoso y responde Juanjo con una frase terminante, “un santo, la gente le consideraba un santo”. Sorprende a los viajeros la respuesta y piensan que para que la opinión general respecto a Gabriel y Galán fuera esa, siendo el personaje el yerno del cacique, es que realmente debería ser buena gente.

Escalera de la casa de Gabriel y Galán en Guijo de Granadilla

Antes de marchar los viajeros se toman unos botellines con el custodio del solar del poeta, la tapa es guarro, cortezas que rezuman apetitoso colesterol y choricillos con gran cantidad de deliciosos triglicéridos reconfortantes. Lo engullen los viajeros aún jugándose la vida, pero como no somos nadie y si no que se lo digan al poeta que murió en primera versión de una tupina de agua y un “constipao mal curao”, que es diagnóstico frecuente entre españoles.

Aprovechando el calor del Mahou, nuestro guía aprovecha para trincar a los viajeros para unas jornadas culturales. Anda la cosa de la cultura a la cuarta pregunta pues en España siempre se ha considerado algo superfluo y así nos va. Pero en el medio rural ya es indigencia y no tienen los ayuntamientos ni para las medallas de bakelita de las carreras de sacos y los partidos de solteros contra casados, que es la mayor manifestación cultural que va quedando en las cada vez más decadentes aldeas.

Juanjo endilga a los forasteros hacia el cementerio y allá se dirigen, aparcan bajo frondosas encinas y comentan el curioso rótulo de la entrada del camposanto que prohíbe “la circulación en el recinto”, suponen los curiosos viajeros que será el tráfago de las ánimas benditas.

Sepultura de Gabriel y Galán en Guijo de Granadilla

El cementerio mantiene todavía una zona sin nichos, esos nuevos pudrideros que a Miguel le dan un poco de grima. No puede en estos terrenos de clima extremo y extremeño haber césped como en los cementerios europeos pero pequeños cardos verdean el suelo. Tardan en encontrar el enterramiento de GyG pero al final damos con ella.  Jaramagos y hierbajos adornan la abandonada tumba del hombre más sensible que pisó estas tierras. Leen los viajeros uno de sus poemas y vuelven a lamentarse una vez más del desierto cultural patrio origen de todos nuestros males y no hablan de flores naturales y rituales decimonónicos sino de respeto y cariño por lo nuestro.

 

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