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HISTORIA FÁCIL DE LA CERÁMICA EN TALAVERA (9). UNA CIUDAD PUJANTE Y COMERCIAL DE AL -ANDALUS

Foto de Ruiz de Luna río años 20 con la muralla árabe lamida por el río y donde se ve la torre de Nazar

UNA PUJANTE CIUDAD DE AL-ANDALUS

Hace mil años, un viajero árabe llamado Al -Edrisi describía así la Talabayra de entonces:

Talavera es una gran villa construida en la orilla del Tajo; el castillo está perfectamente fortificado y la villa es notable por su belleza, su extensión y la variedad de sus producciones. Los bazares son dignos de verse y las casas están agradablemente dispuestas; un gran número de molinos se elevan sobre las aguas del río. Capital de una provincia importante, Talavera está rodeada de campos fértiles. Sus barrios son hermosos y antiguos, y se encuentran allí monumentos de remota antigüedad. Está situada a setenta millas de Toledo.

La villa de Toledo es una capital no menos importante por su extensión que por el número de habitantes

Las aceñas y molinos del Tajo impresionan a Al Edrisi

Si analizamos este texto observamos la referencia a su importancia estratégica y militar, constatamos las alusiones a una ciudad pujante en la que destacan, su aspecto comercial, los bazares, y su actividad agropecuaria.

Otra constante de Talavera es su vinculación con una gran comarca, en el texto vemos que Al- Edrisi comenta que es capital de una provincia importante, el “iqlim” talaverano que, aunque dependiente del reino toledano, gozó según los historiadores de una relativa independencia. También es curiosa la alusión a los antiguos monumentos, probablemente romanos, que llaman la atención de Al-Edrisi. En definitiva, una gran ciudad que el viajero árabe se permite comparar en términos de igualdad en el último párrafo con la ciudad que había sido capital del reino visigodo, Toledo. Una gran ciudad que en Córdoba, la capital del califato, daba nombre a una de las puertas de su muralla.

Una vista de la alcazaba de ciudad de Vascos, uno de las ciudades del Iklim o provincia de Talavera

En toda la civilización musulmana se producía una fractura importante entre el medio urbano y el rural, Talavera no es una excepción y podemos imaginarnos nuestra comarca de una manera muy parecida a la actual, un foco de atracción urbano importante y una población rural cada vez más dispersa en la comarca. La cultura del agua, tan dominada por la técnica islámica, nos hace imaginar un gran número de huertas en fincas de recreo con jardines, situadas en la que también Al-Edrisi considera fértil vega talaverana.En el río los molinos de rueda vertical, las aceñas, eran dinamizados por los azudes del río, las presas que coincidían en gran medida con las actuales. En una de las torres de la muralla que se adentraba en el cauce del río, una rueda de arcaduces como la albolafia de Córdoba; la alcazaba, el palacio de los gobernadores, con sus baños, como esos otros baños que probablemente ya existían en época musulmana y que dieron nombre a una de las calles de lo que entonces eran arrabales de la ciudad, la calle del Baño. La impresionante muralla árabe es el monumento más importante que nos queda de aquella época y precisaría todo un libro para su descripción.

Rótulo de la calle del Baño de Talavera

La influencia de Toledo hace que hasta aquí se irradie el gran movimiento científico y cultural de la capital del taifa, acudiendo, por ejemplo, a impartir lecciones a Talavera grandes juristas como Muhamed ben Abdús. No olvidemos que nuestra ciudad era la segunda en importancia del territorio de Castilla la Nueva después de Toledo y que en ella se desarrollaba una sociedad próspera y poderosa con notables personajes como Abu Othman caid ben Haken Al Karashi nacido en Talavera ya en época de dominación cristiana, 1205, fue rey de Menorca y además de justo y buen gobernante, fue considerado un hombre muy culto, escritor y poeta con profundos conocimientos de derecho y medicina. Reunió en su corte una importante colección de libros científicos y volúmenes preciosos, allí acudían ante él sabios de todas partes, aunque tenía también fama de sanguinario, llegando en su intransigencia a aplicar penas de tortura y muerte a los que bebían vino o a quien cometía faltas igualmente leves pero consideradas negativamente por la moralidad musulmana.

Pocos restos arqueológicos quedan de aquella época, fragmentos de cerámica que aparecen por doquier pero apenas nada más salvo la muralla. Según algunos arqueólogos, la falta de estudios serios y de excavaciones sistemáticas, además de las numerosas incursiones bélicas que la arrasaron pueden ser la causa.

Arcaduz de noria  árabe de cerámica hallado en la excavación del centro Rafael Morales

Para algunos, la mezquita mayor se situó en el solar de lo que más tarde sería iglesia colegial, para otros es el solar del frontero Hospital de la Misericordia el que la habría albergado, ya que existe una curiosa referencia al hallazgo en él de una inscripción epigráfica en la que se leía en letras cúficas: En este lugar no es lícito decir cosa mala, cuando más hacerla.           

En otras entradas de este blog puede el lector encontrar información sobre la ciudad de Vascos y las otras fortalezas del Tajo, sobre la muralla árabe y la alcazaba y también sobre las atalayas y torrecillas de la comarca.

Lucerna o candil árabe de Talavera

UNA HISTORIA FÁCIL DE LA CERÁMICA DE TALAVERA (8) APUNTES SOBRE LA TALABAYRA MUSULMANA

La corte de Abderramán III gran impulsor de Talavera y sus fortificaciones

TALABAYRA

Recién iniciadas las campañas de conquista de los musulmanes en la península, aparece Talavera en las crónicas como el lugar donde Muza, gobernador del Magreb, se encuentra con su lugarteniente Tarik que, con su expedición relámpago, había conseguido el dominio de la hispania visigoda venciendo al rey Rodrigo. Este hecho un tanto legendario y que diferentes autores localizan en diferentes lugares parece que tuvo lugar en Talabayra en el año 713 y el liberto bereber Tarik, para suavizar el enfado de su superior que venía a su encuentro desde Mérida, trajo inmensas riquezas como presente desde Toledo, ciudad en la que se encontraba cuando fue requerido por su superior. Los cronistas destacan entre esos regalos la llamada mesa de Salomón fabricada en metales y piedras preciosas, además de las coronas de los reyes godos, pero cuentan que no fueron suficientes para aplacar las iras de Muza por la desobediencia del general, humillándole de palabra e incluso abofeteándole.

Talavera y su entorno fueron ocupadas y repobladas por aguerridos pueblos beréberes que defendieron la zona fronteriza entre los reinos cristianos y musulmanes convirtiéndose la ciudad en una de las llaves estratégicas entre ambos territorios. En ocasiones, tribus beréberes que se habían sublevado en otros lugares y ciudades del territorio de Al-Andalus acudieron a refugiarse a Talavera en la que los repobladores eran mayoritariamente de esa etnia, como lo eran los habitantes de la próxima ciudad de Nafza, que parece se corresponde con Ciudad de Vascos.

Arco de herradura en el castillo árabe de Marco en Villar del Pedroso

Dado que muchas de las sublevaciones internas contra el poder árabe estaban protagonizadas por estos pueblos norteafricanos, la frontera norte de Al-Andalus se convirtió, sobre todo en el valle del Duero, en una zona sumamente insegura que aprovechó el rey asturiano Alfonso I para ampliar su dominio territorial hacia el sur. Este hecho obligó a los árabes a crear una línea de fortalezas con el Tajo como eje que servirían para frenar el avance cristiano. En nuestra comarca, la propia Talavera, Canturias, Nafza, Castros, Espejel o Alija fueron algunas de esas fortalezas, todas ellas situadas a las orillas de nuestro río.

En el año 788 muere Abderramán I dejando su reino al tercero de sus hijos, Hixem. Sus dos hermanos, Suleiman y Abdalah no lo aceptan y se hacen fuertes en Toledo sitiándolos Hixem. A duras penas se mantiene la paz hasta su muerte en 796. Nombra heredero a su hijo Al-Hakam, que ordenó mejorar las fortificaciones de Talavera, pero sus tíos Abdalah y Soleimán vuelven a reclamar su derecho dinástico y se sublevan nombrando a Ubayd Allah Humayd como autoridad suya en Toledo.

Los bereberes de Talavera, al mando del renegado Amrús, permanecen fieles al emir de Córdoba que le ordena sofocar la rebelión de los toledanos. Consigue el jefe de la guarnición talaverana que, a cambio de dinero y riquezas, le entreguen la cabeza del general rebelde de Toledo. Los emisarios que traen la cabeza a nuestra ciudad son bereberes toledanos, los Banú-Majsi, que tenían cuentas pendientes con el clan de los bereberes talaveranos y al anochecer, aunque habían depuesto sus armas contra el emir son asesinados por venganza. Amrús deja en Toledo a su hijo Yusuf como jefe de la guarnición.

Placa fundacional de la muralla y la alcazaba levantadas por Abderramán III

Pero no es este el único suceso sangriento en que se ve envuelto el jefe militar musulmán de Talavera, ya que en el 805 los toledanos, ayudados por soldados francos, vuelven a sublevarse y Yusuf es tomado preso. Amrús vuelve a vencer, se inician conversaciones y se restablece la paz simulando Amrús haber perdonado a los insumisos e invitándoles a una fiesta en la que, durante la conocida como “Jornada del Foso”, asesina y decapita a cuatrocientos notables árabes toledanos y expone sus cabezas en público. Cuentan las crónicas que este hecho fue presenciado por un adolescente, el futuro Abderramán II, que quedaría afectado toda su vida por un tic nervioso originado por la impresión que le causó la masacre.

Estas y otras sublevaciones de los toledanos explican la importante fortificación de Talavera pues, como vemos, su importancia estratégica no estaba sólo condicionada por ser un bastión ante el avance cristiano sino también como punto de control sobre los insumisos toledanos, junto a otras ciudades como Madrid, Zorita y Calatrava  que con ese fin fueron fortificadas por Muhamad I que, en el caso de esta última fortaleza manchega, refuerza su guarnición en el año 855 con  gentes de Talavera, conocidas en la época por su ímpetu y preparación militar.

Pero los enfrentamientos entre Toledo y nuestra ciudad no cesarían y así, en el año 857, las tropas bereberes toledanas atacan Talavera, sufren una emboscada y son setecientas las cabezas de los vencidos atacantes que son enviadas a Córdoba.

Ahmed ben Muhawiya, un cordobés apodado Ibn al Quitt, “el hijo del Gato” se hace pasar por mahdí, jefe religioso miembro de la familia de Mahoma que debía venir a destruir la fe corrompida y restablecer la verdadera fe del Islam en todo el universo. Este visionario predica la guerra santa a los bereberes de las fronteras inferior y media prometiéndoles conquistar la ciudad de Zamora. Las gentes berberiscas de Talavera y su alfoz se unen masivamente a la iniciativa y Al-Quitt reúne un ejército de 60.000 hombres. Le ayuda el jefe de Nafza y en esta ciudad musulmana se establece el cuartel general. Cercada Zamora en el año 901, Al -Quitt es derrotado y su cabeza colgada como trofeo en una de las puertas de la ciudad.

A medida que se fortalecen los reinos del norte, comienza Talavera a sufrir las incursiones de los monarcas cristianos como es el caso de Alfonso III, rey de León que, en una expedición contra el reino de Toledo, ataca Talavera y vuelve a Zamora con un rico botín a comienzos del siglo X. Otras incursiones de D. García, Ordoño II, Ramiro II y Ordoño III afectan a la Talabayra musulmana de este siglo ocasionándola en mayor o menor medida daños en sus murallas, despoblación, destrucción de cosechas y pérdida de ganados y otros bienes.  En el año 936, Abderramán III construye la alcazaba talaverana dejando en la torre sureste la placa fundacional que hoy se halla en el Museo Arqueológico Nacional.

En otras ocasiones Talavera servía de campamento base para las razzias de los musulmanes contra los reinos cristianos de Galicia o León.  El mismo Almanzor pernocta en la alcazaba talaverana en una de sus aceifas contra los cristianos.

Tinaja musulmana con inscripción en árabe hallada en Talavera al hacer obras en el arco de San Pedro, una de las puerta musulmanas de la muralla

Todos estos hechos bélicos en torno a la ciudad condicionaron no sólo la ya comentada fortaleza de sus murallas, sino la abundancia de atalayas y torres de observación en su entorno y en toda la comarca, es el caso de las atalayas de Segurilla, El Casar y Mejorada, o de castillos como el del Cerro de San Vicente, toda una línea de observación y avanzadilla situada en las elevaciones de El Berrocal, para que Talavera no fuera sorprendida ni por los ataques cristianos ni por los reinos taifas vecinos en los últimos años de la dominación árabe. Parece que desde las atalayas se avisaba a la población con señales de humo. Tenían una puerta elevada sobre el suelo con una escala que se podía retirar en caso de peligro y varios pisos sin apenas huecos de ventana y almenadas en su borde superior. La de El Casar se observan algunas estructuras de habitación en su entorno.

Talavera contaba con un sistema de inundación del foso que discurría entre la muralla y otro muro externo de menor envergadura. Este sistema se alimentaba de las aguas del Tajo que inundaban el foso cerrando las presas y aliviaderos de los molinos y aceñas del Tajo pero en algún asedio se invalidó su misión defensiva derribando simplemente la presa de los molinos de Abajo.

Dividido Al-Andalus en reinos taifas, Talavera queda incluida en el reino de Toledo y uno de sus reyes, Al Mamum tiene que huir a Talavera tras su derrota a manos del reino taifa de Zaragoza que había conquistado parte de sus territorios de Guadalajara. Desde nuestra ciudad pide ayuda al rey de Pamplona enviándole dinero y regalos.

Atalaya de El Casar de Talavera

El sucesor de Al-Mamum fue el último rey árabe de Toledo, Al- Qadir. Su debilidad, las revueltas internas y la injerencia de taifas vecinos como el de Badajoz o el de Zaragoza, obligaron a Al Qadir a pedir ayuda a Alfonso VI que se la concedió en varias ocasiones, pero imponiéndole cada vez condiciones más duras, incluso la concesión de la fortaleza musulmana más cercana a Talavera, Canturias, en el Tajo, frente a la actual población de Calera.

Alfonso VI había sido acogido por Al- Mamum en Toledo hasta la muerte de su hermano y enemigo Sancho IV. Aunque Alfonso VI, mientras vivió su anfitrión, respetó la integridad del reino de Toledo, pero la precariedad de la situación de Al-Qadir llevó a la postre a la capitulación de la ciudad de Toledo en 1085. Dos años antes, en 1083, Talavera y otras plazas cercanas, ya estaban en manos cristianas.

HISTORIA FÁCIL DE LA CERÁMICA DE TALAVERA (4) LA EDAD DEL HIERRO I

EDAD DEL HIERRO I

El PERIODO ORIENTALIZANTE

Uno de los cuencos hallados en la tumba de El Carpio en Belvís

A partir de una serie de objetos metálicos singulares, se propuso hace unos años la existencia de una ruta natural en dirección sur-norte que discurría por el occidente de la península ibérica, un viejo camino que sería el precedente de lo que más tarde, en época romana, se denominaría la Vía de la Plata[1]. Desde Huelva y Cádiz, ascendía un trayecto jalonado de hallazgos de braseros y jarros, con ramificaciones por los valles de los grandes ríos hacia el interior. Varios hallazgos en la comarca de Talavera nos indican que al menos llegaba hasta aquí una de esas vías secundarias que nos relacionaban con el mundo de Tartessos.

El llamado «puñal de Ronda» o de El Carpio de Tajo, aunque en realidad se encontró en término de Mesegar, es de una tipología ya enmarcada en la llamada metalurgia del «grupo Ría de Huelva» y se datan en torno al siglo IV a. d. C.[2]

Estela de guerrero de Las Herencias

Aunque se han hallado cerca de media docena de las estelas llamadas de guerrero de esa época, la primera de ellas, la estela hallada en las Herencias, que pudiera estar relacionada con la necrópolis indígena de un asentamiento cercano del Arroyo Manzanas donde se han encontrado algunas cerámicas contemporáneas, es una estela de las llamadas del tipo II C de Pingel. Este tipo se caracteriza por la presencia de figura humana a la que suelen acompañar una serie de atributos como la espada, lanza, escudo, carro o espejo. En nuestro caso, el personaje aparece tocado con un casco de cimera, una lanza con la hoja hacia abajo, un escudo con escotadura en V, una posible fíbula y tal vez unas tenazas bajo la mano derecha. También se ha datado en el siglo IX a.d.C.[3] Nuevos ejemplares de estas estelas se han encontrado como una en Aldeanueva de San Bartolomé, y otra más de Las Herencias.

Jarrita tartéssica de Las Fraguas en arroyo Manzanas, hoy en el Museo Metropolitano de Nueva York

El ajuar funerario de «Las Fraguas» fue dado a conocer por el historiador talaverano Jiménez de la Llave en 1860 y consiste en tres elementos, un jarro y un timiaterio en dos piezas, además de la referencia a «trozos muy delgados de cobre que indican haber pertenecido a una caldera u otro cuerpo esférico». El jarro es de los llamados tartéssicos y es un jarro piriforme de boca plana con asa de triple sección que termina junto a la boca en tres cabezas de serpiente y que arranca de una palmeta con dos canalículos rematados en un capullo esquemático.

Entre los paralelos de este jarro había uno que era muy similar y que se encontraba depositado en el Metropolitan Museum de Nueva York; el estudio de M. Fernández Miranda y J. Pereira ha permitido conocer que es el mismo que el encontrado en Talavera, dada la coincidencia con el dibujo de Jiménez de la Llave y su procedencia del comercio de antigüedades[4].

Vasija hallada en el enterramiento de El Carpio con incrustaciones de cobre

El jarro, el timiaterio y el posible brasero permiten identificar el conjunto con un ajuar funerario con el que se realizarían rituales-libaciones, incineración de sustancias olorosas; estos rituales serían privativos de los individuos más relevantes del área tartéssica y su zona de influencia. Estas fórmulas funerarias estarían datadas en torno al siglo VII a. de C.

Hallamos en estos yacimientos de la primera Edad del Hierro cerámicas hechas a mano decoradas con pinturas de color rojo, amarillo o blanco asociadas a zonas de habitación y en el arroyo Manzanas con restos de moluscos de río.

Otro de los yacimientos de gran importancia en esta época de transición entre la Edad del Bronce y la del Hierro es el enterramiento hallado en la labranza de “El Carpio”. Se trata de una sepultura de características principescas, como se deduce de la calidad de los objetos metálicos elaborados en hierro y plata, así como el ajuar cerámico de tipo orientalizante aparecidos en su excavación y que nos habla de una influencia del mundo tartésico en las culturas de la zona allá por el siglo VII antes de Cristo. El enterramiento de la casa de El Carpio se sitúa en el actual reculaje del embalse de Azután en la desembocadura del río Jébalo, el embate de las aguas puso al descubierto esta interesante inhumación del momento en que se produce en nuestra comarca la transición de la Edad del Bronce a la de Hierro.[5]

Se trata de una fosa de sección escalonada en la que se practicó la inhumación de al menos, dos individuos, un adulto femenino y un recién nacido con un ajuar abundante en el que se combinan piezas locales y foráneas. Diversos cuencos a mano con decoración pintada con motivos geométricos que podrían formar parte de un depósito de ofrendas, seis grandes urnas, anillos y brazaletes de bronce, son algunos de los objetos hallados que podríamos considerar como autóctonos.

Alabastrón hallado en el enterramiento de El Carpio en Belvís

Los materiales de inspiración externa serían: una vasija globular cuya forma y decoración tiene paralelos en el horizonte cultural andaluz, con dos recipientes de pequeño tamaño y clara adscripción al mundo cultural fenicio, se trata de una ampolla y un alabastrón de cerámica que tenían la función de conservar aceites perfumados. También, aparecieron seis urnas fabricadas a mano con perfil globular y borde exvasado con tratamiento superficial con escobillado y restos de pintura. Hay también cuarenta cuencos hechos a mano con arcillas de perfil semiesférico, borde redondeado apuntado, ligeramente marcado por un leve estrangulamiento. Conservaban restos de decoración pintada con diferentes motivos geométricos en amarillo y rojo, tanto en el exterior como en el interior. Otros peculiares objetos cerámicos aparecidos son un pequeño recipiente con forma de pera con un orificio en el extremo superior y plano en la base con abundantes agujeros a modo de colador que algunos consideran un reloj de agua o clepsidra y para otros sería un curioso instrumento que se introduce en un recipiente, se llena de líquido y luego se tapa el orificio hacienda el vacío para luego verter su contenido en otro recipiente. También formaba parte del ajuar una placa rectangular con los lados más estrechos cóncavos y por último, en un nivel por debajo de los restos humanos inhumados, se descubrió una gran urna realizada a mano que contenía a su vez otro gran recipiente en el que se encontraban, además de dos cuencos pintados, dos jarritas, una de ellas con decoración de incrustación de bolitas de bronce.

En cuanto al ajuar metálico, los restos de un caldero de bronce, una vasijita de plata usada para libaciones, los restos de un brasero de bronce, una fíbula de bronce, parte de un vasito de plata, varios anillos, un pequeño brazalete y dos cuchillitos de hierro, que son tal vez lo más significativo de este hallazgo, ya que ese metal en un contexto cronológico de transición del bronce al hierro, se consideraría un objeto exótico y muy valorado.

Todo este hallazgo se debe considerar formando parte de un ritual autóctono de inhumación y las ofrendas de tipo alimenticio, la distribución de los ajuares y el propio ajuar son componentes de origen más bien foráneo.

Un último hallazgo, unas fíbulas encontradas en Azután, confirmaría la presencia de tradiciones indígenas asociadas a influencias procedentes del suroeste peninsular, del área de influencia tartéssica y fenicia occidental[6]. Puede que estos indígenas, enriquecidos por el comercio con esos lugares, se enterraran con los ricos ajuares que hemos visto y que identifican más bien a las clases más poderosas de esas culturas, que habrían conseguido su enriquecimiento a través del comercio de metales, sal etc…

[1]FERNÁNDEZ MIRANDA, M. y PEREIRA SIESO, J. :Indigenismo y orientalización en la Tierra de Talavera, en Actas Primeras jornadas de Arqueología de Talavera y su Tierra. Diputación Provincial de Toledo. Toledo 1992.

[2]JIMÉNEZ DE GREGORIO, F. :Archivo Español de Arqueología Vol.XXVIII . pp 174-186.

3FERNÁNDEZ MIRANDA, M

Estudios en Homenaje al Dr. Antonio Beltrán Martínez), 1986, ISBN 84-600-4366-5, págs. 463-476

 

[4]MAROTO, M.: Fuentes para el estudio de la arqueología en la provincia de Toledo. Diputación Provincial de Toledo. Toledo 1990.

[5]PEREIRA SIESO, J. : Aportes orientalizantes en el valle del Tajo, en Revista de Arqueología nº 62

[6]JIMÉNEZ DE GREGORIO,F. : Fíbulas de tipo hispánico de Azután, Archivo Español de Arqueología XXVIII, pp. 185-187.