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VIRIATO EN EL MONTE DE VENUS

VIRIATO EN EL MONTE DE VENUS

Dibujo del siglo XIX que representa a Viriato

El Cerro de San Vicente,  en el nacimiento  se ha conocido también como “El Cerro de Viriato” ya que aseguró el gran historiador alemán Schulten que ese era el llamado Monte de Venus y desde allí el famoso guerrero lusitano Viriato (150 -139 a. C. ) fustigó al ejercito romano.

El historiador y arqueólogo Schulten

Y es curioso constatar que la sierra de San Vicente vista desde la llanura del Tajo tiene el aspecto de una mujer tumbada cuyo pecho sería el propio vértice del cerro. De hecho es curioso que en pueblos como Cazalegas lo llamaran la «mujer muerta».

La sierra de San Vicente desde el valle del Tajo

Viriato nació en la Sierra de la Estrella en Portugal y según dice Floro, era un hombre de astucia agudísima que, de pastor y cazador, pasó a bandolero para más tarde convertirse en general y jefe de los lusitanos y otros pueblos como los vettones de nuestra tierra que se revelaron ante la crueldad del romano Galba. Este Galba engañó a los lugareños y tras hacer que entregaran las armas, perpetró una verdadera carnicería.

Viriato al ver semejante atrocidad se echó al monte; allí organizó y desarrolló una forma de combate que sería precursora de la guerra de guerrillas; es decir, hostigar al enemigo en incursiones rápidas y fulminantes con retiradas igualmente instantáneas, sin presentar nunca batalla en campo abierto, y causando siempre gran mortandad en las filas del enemigo. Los llamados forrajeadores romanos, es decir las tropas encargadas de buscar pastos por estas sierras, fueron el principal punto de mira de las vertiginosas acciones de los hombres de Viriato y muchos pagaron con la vida.

El Monte de Venus desde La Hinojosa de San Vicente

Después de un tiempo, los romanos empezaron a ver a Viriato como un enemigo de cuidado y pusieron en marcha todas las opciones que estaban en sus manos para librarse de tan molesto contrincante. Como es sabido, cuando los romanos no podían vencer a alguien en el campo de batalla, no tenían el menor escrúpulo en elimnarlo de otra forma; así que contactaron con tres hombres de confianza de Viriato, Audas, Ditalkon y Minuro, para que eliminaran al caudillo. Lo hicieron esperando grandes recompensas, pero lo que encontraron al ir a cobrar el producto de su felonía alevosa y nocturna fue una de esas frases quo han pasado a la historia, “Roma no paga traidores”.

Cuadro del siglo XIX que representa la muerte de Viriato

Era tal la admiración y devoción de los generales lusitanos hacia Viriato que los honores que se le rindieron en el funeral se hicieron legendarios. El cuerpo de Viriato fue incinerado en una pira funeraria, se realizaron sacrificios en su honor, los guerreros hicieron juegos fúnebres y se cantaron himnos en honor del hombre que para las generaciones posteriores, simbolizó la resistencia de Hispania a la dominación romana.

Según los historiadores antiguos Viriato era

  • Como jefe militar.
    • Diodoro: Belicoso y conocedor del arte bélico.
    • Apiano: Amante de la Guerra.
  • Criado entre piedras.
    • Dion Casio: La mayor parte de su vida la pasó al raso y esta satisfecho con lo que la naturaleza le daba.
  • Generoso con sus seguidores.
    • Diodoro: Basaba sus recompensas en el mérito y hacía regalos especiales a aquellos hombres que se distinguían por su valor, además no cogía para su uso particular lo que pertenecía a la reserva común.
    • Apiano: Un ejército constituido por elementos tan heterogéneos nunca se revelo [contra su jefe] y siempre fue sumiso y el más resuelto a la hora del peligro.

      Plano en el que aparece la Lusitania con Talavera y la comarca incluidas en la provincia romana
  • Su boda con la hija de Astolpas, un rico propietario lusitano.
    • Diodoro: Habiéndose expuesto gran cantidad de copas de plata y oro y vestidos de muchas clases y colores, viriato, apoyándose en la lanza, miró con desdén todas aquellas riquezas sin asombrarse o maravillarse de ellas, antes bien manifestando desprecio. Ni siquiera se sentó en la mesa del banquete. Únicamente tomo panes y carne y los distribuyó entre quienes le acompañaban, mandó que buscasen a su novia, la montó en su caballo y partió hacia su escondida morada.

      Espadas halladas en el castro vettón de El Raso

ARMAMENTO LUSITANO

Para sus rápidas incursiones los Iusitanos precisaban un armamento ligero, lo menos pesado posible. Estrabón cuenta que: “…su escudo es pequeño, de unos dos pies de diámetro, cóncavo por su lado anterior; lo llevan suspendido por delante con correas, y no tiene, al parecer, agarraderas ni asas. Van armados de un puñal, la mayor parte llevan corazas de lino, y pocos cotas de malla y cascos con tres cimeras. Otros se cubren con cascos tejidos de nervios y los infantes usan «quemides” o perneras y llevan varias jabalinas; algunos sírvense de lanzas con la punta de bronce…” en otro párrafo sigue con la descripción de los guerreros lusitanos y su armamento: “…los caballos están habituados a escalar montañas y a flexionar rápidamente las manos a una orden dada en un momento oportuno”.

En estas excavaciones del castro de El Raso se halló un tesorillo bajo las cenizas de las viviendas que fueron quemadas por los romanos.

Todo esto lo cuento para hacer especial referencia a que cuando se sienten ustedes sobre cualquier piedra de la cima del Cerro de San Vicente, puedan dejar volar la imaginación, ya que Io que piensen, seguramente superará cualquier guión cinematográfico.

EXCURSIÓN AL PIÉLAGO

CONOCER EL PIÉLAGO

El río Guadyerbas nace en El Piélago en un paraje lleno de magia y elementos históricos y arqueológicos enmarcados por una hermosa naturaleza. En esta excursión vamos a intentar conocerlo

Robledales y castañares de El Piélago
Robledales y castañares de El Piélago

unpaseoporpiélagoPodemos acceder al Piélago desde el Real de San Vicente o desde Navamorcuende, con una distancia desde Talavera de algo más de treinta kilómetros. En el primer caso subiremos entre castañares y en el segundo atravesaremos un hermoso rebollar.

El punto de partida del sendero se sitúa junto a un pinar, justo en el lugar donde la carretera deja de ascender e inicia el descenso en uno u otro sentido. Desde allí recorreremos unos trescientos metros en dirección Navamorcuende hasta un camino que parte desde una curva hacia el repetidor que se sitúa en la cumbre del Cerro Cruces. Cuando hemos avanzado unos cien metros observamos unos muros derruidos a la izquierda, nos acercaremos a ellos y observaremos que se trata de uno de los pozos de nieve donde los frailes del convento cercano acumulaban apisonada la nieve en capas que alternaban con paja. Luego la trasportaban en caballerías hasta Talavera en recipientes de corcho y durante la noche, para tener así menos pérdidas, constituyendo una de las mayores fuentes de ingresos para los frailes. Fue la única forma de refrigeración hasta finales del siglo pasado y de ahí su interés económico. Con ella se hacían también medicamentos pues se creía en su poder curativo, además de los primeros helados ya documentados desde el siglo XVII.

Pozo de nieve de El Piélago
Pozo de nieve de El Piélago

Seguimos por la ladera del Cerro Pelados y atravesamos un pinar contemplando a la izquierda la cuenca formada entre las elevaciones de Cruces, Pelados y San Vicente, que conocemos como El Piélago, lugar llamado así por tener hasta  las cien  fuentes que se contaban en el siglo XVIII. Llegamos junto a la base del cerro de Las Cruces y tomamos el camino que por su loma nos lleva entre robles y rebollos hasta los repetidores de televisión, desde donde podemos disfrutar de una vista incomparable sobre la Sierra de Gredos y sus pueblos, además de las localidades de la cara norte de la Sierra de San Vicente, como Almendral o La Iglesuela.

Una vez disfrutemos del paisaje, descendemos por el camino que bajaba paralelo a una antigua línea eléctrica hasta llegar a la carretera, que pasa entre un conjunto de tres molinos de agua de los que uno de ellos es casi monumental pues tiene todo el edificio y el cubo fabricados en buena sillería.

Seguimos la carretera y cruzamos el río Guadyerbas en su nacimiento, y si es época lluviosa podemos dar un breve paseo por sus orillas viendo cómo desciende con bonitas chorreras y pequeñas cascadas. Volvemos a la carretera y seguimos hasta llegar a la zona de esparcimiento y un campamento.

El Guadyerbas al salir de los robledales de El Piélago
El Guadyerbas al salir de los robledales de El Piélago

Allí podremos descansar, para a continuación seguir de nuevo por la carretera hasta el convento, construcción en ruinas del siglo XVII y XVIII que tiene su encanto típicamente romántico, con su hiedra y su aspecto sombrío. Poco antes del convento, parte de la carretera un camino hacia la derecha, hasta él retrocederemos, y tras recorrer unos trescientos metros veremos a la izquierda, entre los pinos, las ruinas del edificio de otro pozo de nieve.

Desde aquí mismo, o mejor desde el punto inicial de partida, ascenderemos por la linde de los pinos, hasta la cumbre del cerro de San Vicente y allí, junto al vértice geodésico, se encuentra la cueva de los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta, y sobre ella los restos de la ermita que erigió Francisco de Raudona, un hombre casado con una viuda del pueblo de San Román que andando por estos parajes creyó durante una experiencia mística ver en la cueva las marcas sobre la roca de las espaldas de los mártires patrones de Talavera, escondidos aquí cuando huían de las persecuciones del emperador Diocleciano. Sobre la pared de la izquierda se observa una pililla y una cruz labradas en la piedra.

Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente
Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente


A quinientos metros al sur de la cueva está el castillo. Parece que fue musulmán en su origen, y así lo confirman dos enormes cimitarras grabadas sobre la cara sur de la roca que lo sostiene, aunque una de ellas está parcialmente destruida por haberse fragmentado el batolito de granito. La parte más antigua es una torre que se encuentra a saliente y que es de estilo y época califal. La vista panorámica es desde aquí  impresionante: los valles del Alberche y el Tajo, Talavera al fondo a la derecha, al sur los Montes de Toledo y La Jara, más al oeste el Campo Arañuelo y las Sierras de Guadalupe, y debajo Hinojosa, El Real o Garciotún, casi como si fuéramos a caernos sobre ellos.

Castillo musulmán de la Sierra de San vicente
Castillo musulmán de la Sierra de San vicente

HISTORIA Y MAGIA: Pocos lugares tienen como éste una carga histórica y mágica tan acusada. Dice la tradición y la hipótesis histórica del historiador y arqueólogo alemán Schulten, que desde esta sierra atacaba el caudillo lusitano Viriato a las huestes romanas, y que sería el cerro de San Vicente el que los romanos conocieron como Monte de Venus, que tuvo para ellos unas connotaciones mágicas y religiosas. En él se encontraron sepulturas romanas y una dedicatoria a un dios celta prerromano llamado Togote. También los mártires Vicente sabina y Cristeta, los templarios, que algunos defienden que estuvieron por estos pagos, además de los ermitaños, hacen del Cerro de San Vicente un lugar ideal para los amantes de lo esotérico.

Se puede comer en Navamorcuende y en el Real en varios restaurantes donde son de destacar las carnes a buenos precios.

Recorrido aproximado 10 kilómetros,  2 horas y media, aunque si lo deseamos podemos seguir el Guadyerbas en su descenso hasta el embalse y volver en otra hora larga.