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RÍOS DE HISTORIA, LOS VETTONES

LOS VETTONES

Nuevo capítulo sobre nuestra historia en relación con nuestros ríos. Hoy, ya en la edad del hierro,  el pueblo vettón, que ocupó nuestro territorio antes de la llegada de los romanos.

Bocado de hierro del atalaje de un caballo hallado en el castro de El Bercial
Bocado de hierro del atalaje de un caballo hallado en el castro de El Bercial

Sobre el sustrato del anterior periodo orientalizante, sobre esas culturas de transición de la Edad del Bronce a la del Hierro que lo conformaron, irán incidiendo corrientes culturales mediterráneas y centroeuropeas que, al mezclarse con las variadas peculiaridades autóctonas, irán conformando la personalidad de los pueblos protohistóricos que van a encontrar los romanos a su llegada a Hispania en general, y a nuestra tierra en particular. Se produce durante este periodo una progresiva «celtización», una mayor influencia centroeuropea, cultural e incluso étnica, sobre unos pueblos que, como hemos visto en el capítulo anterior, ya venían recibiendo desde el suroeste de la península las influencias orientalizantes mediterráneas de pueblos fenicios y de los griegos a través de Tartessos. Seguir leyendo RÍOS DE HISTORIA, LOS VETTONES

EL CERDO DE PIEDRA, RELATO VETTÓN

EL CERDO DE PIEDRA

Detalle de la cabeza de un verraco de Torralba de Oropesa Detalle de la cabeza de un verraco de Torralba de Oropesa

Se deshace la escarcha sobre las piedras de la muralla cuando el sol se asoma tímido por entre las crestas de Gredos. Desde que aparecieron esos malditos romanos por el valle del Tajo, los ancianos del castro consideraron que debía doblarse la guardia.

El ganado había estado tranquilo durante la noche y, aunque Baraeco se había protegido del frío y la humedad con su capa de piel de ternero y el gran toro de piedra de la entrada del corral le había resguardado del frío de esa noche de finales de otoño, el joven vetón necesitaba calentarse, sacudirse las gotas heladas de su barba. Cuando llegó el relevo se saludaron con monosílabos y Baraeco se dirigió a casa de sus padres.

Cuando llegó, la puerta ya estaba abierta, sus hermanas habían ido a ordeñar y los pequeños estaban sentados en el banco, apoyados contra la pared esperando su desayuno. En el centro de la estancia, Trebaruna, su madre, se afanaba preparando unas gachas de bellotas junto al fuego.

-Ven hijo, caliéntate y descansa. El camino que emprenderás esta mañana es largo. Menos mal que irás con tu amigo Togo y dormiré tranquila durante vuestros tres días de camino hasta el castro del vado del Gran Río.

Sé que conocéis bien el camino por las muchas veces que habéis bajado por las cañadas con los ganados, pero las gentes de la tribu de Arecorata pueden asaltaros y los lobos y los osos bajan por las nevadas a buscar comida a zonas menos frías. Ya he preparado el macuto con las tortas y el queso. Incluso os he llenado un pellejo con la cerveza tan buena que hicimos con la cosecha del año pasado.

El castro de El Raso

El muchacho comió con avidez y, tomando su espada, su lanza de astil de fresno y el zurrón de piel donde guardaba las herramientas de su oficio, salió después de besar a su madre y prometerla que la traería una de esas cazuelas que tan bien fabricaban las tribus del valle del Gran Río.

Fue a buscar a su amigo Togo. El pueblo tenía a esas horas un aspecto triste y frío con el humo de los hogares saliendo entre los piornos de las techumbres. Daba la sensación de que todo el caserío iba a comenzar a arder y de que los cerdos avisaban con gritos agudos a sus dueños. Pasó junto al templo que había dado fama a su castro en todos los contornos. Ulaca era conocido en toda la Vettonia porque las ceremonias de sus sacerdotes se desarrollaban en aquellos altares labrados en la roca viva y por los baños de vapor con los que tantas veces Baraeco se había relajado después de sus ejercicios militares o de las cacerías a las que acudía con sus amigos.

Ofrenda en el altar de sacrificios del castro de Ulaca Ofrenda en el altar de sacrificios del castro de Ulaca

Los dos compañeros salieron entre las empalizadas que protegían la entrada del castro y se dirigieron a los puertos de Menga y del Pico. En tres días llegaron al castro del Vado del Gran Río sin desviarse de la cañada principal.

El paso del Tiétar fue dificultoso pues iba algo crecido. Afortunadamente, un gran aliso había sido derribado por el río en las últimas crecidas y el tramo más profundo pudieron cruzarlo sobre él. Dejaron los bosques de encinas y alcornoques y llegaron a las llanuras del Gran Río, esas buenas tierras para el cultivo que esos malditos romanos querían obligarles a desalojar.

Llegaron al castro del Vado del Gran Río y observaron las fuertes defensas que preparaban sus hermanos. Habían elevado la muralla de piedra y habían erizado de empalizadas y campos de piedras clavadas en el suelo que intentaban impedir el asalto de los extranjeros. Cuando los guardias vieron el sol de metal que pendía del cuello de Baraeco les permitieron pasar sin dificultad, sabían que se trataba de uno de los sacerdotes de la piedra. Los únicos facultados para labrar los cerdos y los toros de piedra que protegían sus ganados y marcaban las zonas de pastos.

El jefe de la tribu del Vado del Gran Río no se encontraba allí, había salido por la mañana hacia el castro vecino de Manzanas para cambiar cebada por cerdos y no regresaría hasta el atardecer. Mientras llegaba, los dos ulacos pasaron el rato bebiendo cerveza y observando las fatigas de los hermanos vettones de las sierras que pasaban el vado del Gran Río de islote en islote con grandes trabajos para sus ganados.

Cuando llegó el jefe del clan les agasajó invitándoles a su casa. Les contó cómo, en un ataque de los bandidos de los desiertos del sur del Gran Río, había muerto su sacerdote de la piedra. Las tribus vecinas habían intentado aprovecharse de los pastos de poniente y debían marcarlos con dos verracos sagrados que demostraran a quién pertenecían las hierbas y la bellota. No quería que las armas tuvieran que llegar a utilizarse contra tribus hermanas estando tan cerca los enemigos romanos.

Verraco en Castillo de Bayuela

Al día siguiente se pusieron manos a la obra. Acudieron a los berrocales cercanos con tres parejas de sus mejores bueyes. Baraeco buscó un buen bloque de piedra, ni tan duro que dificultase su trabajo hasta el punto de necesitar templar continuamente sus cortafríos y bujardas, ni tan blando que se deshiciera con las lluvias y los hielos. No en todas partes había buenos herreros como su amigo Arentio del castro de Cogotas, él sí sabía endurecer el hierro con el fuego del brezo. Después de elegir la piedra fue bendecida con las ceremonias y los rezos habituales y con gran esfuerzo se llevó arrastrándola mediante rulos de madera hasta el lugar donde el verraco debería ser erigido. Allí Baraeco tardó tres semanas en esculpirlo pero lo acabó como a él le gustaba rematar sus trabajos. Le insinuó el rabo retorcido, labró sobre el granito dos grandes colmillo que indicaran que se trataba de un buen macho y marcó los ojos, la boca, las pezuñas y hasta el bulto de una gran verga. Cuando llegara la siguiente luna, la tribu celebraría una gran fiesta porque los pastos que siempre habían sido suyos estarían protegidos y marcados por el hermoso cerdo de piedra de Baraeco.

DOS NUEVOS VERRACOS EN VILLAR DEL PEDROSO

DOS NUEVOS VERRACOS EN VILLAR DEL PEDROSO

Bulto de verraco de Villar con numerosas cazoletas

En realidad se trata de dos de los llamados «bultos de verraco», esculturas zoomorfas vettonas que han sido modificadas pero que aún conservan parte de su morfología. El material de los dos es el granito.

Una de ellas parece haber formado parte de un muro como un sillar más. Ha sido esculpido para que cumpliera mejor esta función y por ello se percibe su tronco y el arranque de las patas. Pero su mayor peculiaridad es que todo el tórax y el abdomen  están cubiertos de cazoletas, huecos semiesfericos labrados en la roca. Hay diferentes teorías para explicarlos, desde los que piensan que son una especie de mapas astrológicos en los que se representarían estrellas y planetas o los que aventuran que en ellos se hacían determinados rituales o que tenían una determinada simbología. Podemos encontrar estos «guas» como decía coloquialmente Jiménez de Gregorio, en monumentos megalíticos dos mil años antes de haberse tallado estos verracos y en este caso es el ejemplar que cuenta con un mayor número y una mayor superficie cubierta por ellos. Seguir leyendo DOS NUEVOS VERRACOS EN VILLAR DEL PEDROSO

EL CASTRO DE EL RASO 

EL CASTRO DE EL RASO
Reconstrucción de dos de las viviendas vettonas del castro de El Raso
En otro capítulo conoceremos algunos aspectos del patrimonio de Candeleda relacionados con la arqueología, pero sin duda el yacimiento más importante que podemos visitar es el castro celta de El Raso, pequeño pueblo perteneciente a su ayuntamiento.
Aunque el yacimiento se conoce desde antiguo, es en las dos últimas décadas cuando se han acometido las excavaciones más importantes que han descubierto un poblado vettón que tal vez sea el de mayor entidad de los conocidos actualmente y el que ha dado más datos sobre este pueblo prerromano.

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CAMINO REAL DE GUADALUPE 5, NOS ACERCAMOS AL EMBALSE DE AZUTÁN Y EL BERCIAL

Embalse de Azután en la zona de Ciscarros

CAMINO REAL DE GUADALUPE 5, NOS ACERCAMOS AL EMBALSE DE AZUTÁN Y EL BERCIAL

Un paseo hasta el embalse de Azután. En el transcurso de nuestro viaje por los caminos de Guadalupe iremos sugiriendo algunas pequeñas excursiones que pueden realizarse desde el trayecto principal recorriendo distancias no mayores de cinco kilómetros aproximadamente. Andando, en algo más de una hora, podemos acercarnos desde Alcolea hasta el muro de hormigón que embalsa desde 1969 las aguas del Tajo para la producción de energía eléctrica. Seguir leyendo CAMINO REAL DE GUADALUPE 5, NOS ACERCAMOS AL EMBALSE DE AZUTÁN Y EL BERCIAL

SUBIDA AL CERRO DEL CASTILLO

Subida al Cerro del Castillo

Torre fortificada del poblado del cerro del Castillo. Al fondo el cerro del Oso y el Real de San Vicente
Torre fortificada del poblado del cerro del Castillo. Al fondo el cerro del Oso y el Real de San Vicente

 Recorrido aproximado 6 kilómetros. Entre 2 y 3 horas, según nos detengamos en los yacimientos arqueológicossubida-al-cerro-del-castillo

 Preguntamos en el pueblo de Castillo de Bayuela por el camino de “la Madalena”, que nos subirá hasta el antiguo emplazamiento medieval de este pueblo, “el castillo”. Pasamos por una vieja fuente restaurada y llegamos al lugar de donde parte la vaguada por la que asciende el camino, entre las dos elevaciones principales del cerro del Castillo. En la cumbre occidental se encuentra el antiguo pueblo amurallado medieval,  que a su vez se sitúa sobre los restos del viejo castro vettón. Podemos visitar la arruinada iglesia que mantiene su aspecto fortificado medieval en la torre, la portada de aires mudéjares y restos de sepulturas. Seguir leyendo SUBIDA AL CERRO DEL CASTILLO

RUTA DEL CASTRO DEL RASO Y LA GARGANTA TEJEA

RUTA DEL CASTRO DEL RASO Y LA GARGANTA TEJEA

En otra ruta conocíamos algunos aspectos del patrimonio candeledano relacionados con la arqueología, pero sin duda el yacimiento más importante que podemos visitar es el castro celta de El Raso, pequeño pueblo perteneciente a su ayuntamiento.
Ruta de la garganta Tejea
Ruta de la garganta Tejea

Aunque el yacimiento se conoce desde antiguo, es en las dos últimas décadas cuando se han acometido las excavaciones más importantes que han descubierto un poblado vettón que tal vez sea el de mayor entidad de los conocidos actualmente y el que ha dado más datos sobre este pueblo prerromano. Tiene varias zonas excavadas. En una de ellas, la más extensa, han quedado al descubierto numerosas viviendas que presentan la misma estructura, con planta rectangular y con una dependencia principal en la que los habitantes de la casa se sentaban en un banco corrido delante del hogar, que se sitúa en el centro de la habitación. Allí comían pasándose los alimentos de unos a otros. La vivienda tenía otras pequeñas habitaciones que servían tanto de cuadra como de almacén o lugar de trabajo para telares u otras actividades artesanas. Seguir leyendo RUTA DEL CASTRO DEL RASO Y LA GARGANTA TEJEA