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CUATRO PASEOS AL NORTE DEL TAJO.

CUATRO  PASEOS AL NORTE DEL TAJO.

Hoy vamos a conocer el entorno de Talavera al norte del río y para ello recorreremos  pequeños trayectos que parten y finalizan en la ciudad.

Embalse de la Portiña, bajo cuyas aguas se desarrolló en gran parte la batalla de Talavera
Embalse de la Portiña, bajo cuyas aguas se desarrolló en gran parte la batalla de Talavera

1-RUTA DE LA BATALLA.

Salimos de Talavera desde los “Tres Olivos” por el camino de Santa Apolonia y tras cruzar el canal del Alberche y pasar debajo de la autovía llegamos a la antigua ermita de esta santa ya construida en época medieval y a donde se ha vuelto a ir en romería desde hace unos años. Allí concurrían antiguamente los talaveranos con la merienda, en carros o a pie, se instalaban algunos tenderetes y puestos de refrescos, se bailaba y se pasaba alegremente un día de campo hasta el atardecer.

Paralelo a la autovía discurre un cordel que nos lleva hasta la agradable presa de la Portiña. En este pequeño lago rodeado de cerros pintorescos podemos practicar la pesca u observar las muchas aves que se detienen en él. El que lo desee puede ascender hasta la atalaya de Segurilla por el camino o a pie  por el arroyo que nace cerca ella.

Todos estos parajes fueron escenario de la Batalla  de Talavera, en la que los españoles coaligados con los ingleses al mando del Duque de Welington, vencieron a las tropas napoleónicas. Un monumento junto a la autovía recuerda el hecho.

2-SENDEROS DEL BERROCAL

Portada de las dependencias en Cervera de las reales Fábricas de Seda de Talavera
Portada de las dependencias en Cervera de las reales Fábricas de Seda de Talavera

Cualquiera de los antiguos caminos que suben hacia los pueblos del Berrocal (Mejorada, Segurilla, Cervera…) o el ascenso de los arroyos que vienen desde esta granítica sierrecilla, nos proporcionarán un agradable paseo con buenas vistas y lugares amenos. Como ejemplo describiré el que, desde Pepino, nos lleva hasta Cervera subiendo por las orillas del arroyo de Molinillo, pasa por el antiguo molino de agua que le da nombre y entre cercados, prados, encinas y alcornoques nos lleva a Cervera donde nos detendremos en su arquitectura popular, su berroqueña iglesia y los restos de unas antiguas dependencias de la Real Fábrica de Sedas de Talavera que se instalaron en este pueblo. Conserva también un potro de herrar en buen estado y una ermita con buena azulejería  talaverana en el inicio del camino de Segurilla. De vuelta es interesante subir al Cerro del Cura, junto a la carretera, para contemplar la vista panorámica sobre el Berrocal y la Sierra de San Vicente.

Justo antes de iniciar la carretera el descenso hacia el cruce de Pepino, parte un camino hasta unos repetidores de televisión, cerca de ellos hay una pequeña chopera en una  antigua explotación de cal con su horno calero y una buena vista sobre el valle de la Portiña.

3-AL EMBALSE DE CAZALEGAS

Barrancas del Alberche en el embalse de Cazalegas
Barrancas del Alberche en el embalse de Cazalegas

Aunque es accesible por carretera nos acercaremos por el Camino de la Cabra, atravesamos huertas y regadíos hasta llegar al río Alberche donde había un antiguo vado, descendemos hasta el puente y cruzándolo podemos tomar un camino que, desde la otra orilla, pasa junto a una gravera y va atravesando campos hasta llegar al embalse.

La presa de Cazalegas es muy apropiada para iniciarse en el piragüismo, incluso en el camping hay una escuela de iniciación. Se puede además disfrutar del deporte de la pesca en un  bonito entorno. La vuelta la haremos por el canal y la carretera de San Román.

4-CAMINO DEL BARRO

Tablillas del reculaje del embalse de Azután
Tablillas del reculaje del embalse de Azután

Salimos de Talavera por el camino que servía a los ceramistas para acercarse a Calera a por el barro para sus trabajos y que discurre paralelo a la orilla norte del Tajo. Pasamos por los Molinos de Abajo que fueron también fábrica de alpargatas y central eléctrica pero que al menos cuentan con seiscientos años de antigüedad, como los que hoy en ruinas permanecen casi ocultos por la vegetación junto a una antigua gravera en la finca de Cabañuelas ya documentados en el siglo XII. Fueron como ella propiedad de la reina María de Portugal que da apellido a la ciudad.

Las orillas del Tajo, donde las graveras las han respetado, conservan islotes con tarayes y álamos blancos y guardan el sabor de lo que fue el río en Talavera, atravesamos canales y regadíos hasta llegar al reculaje del embalse de Azután en unos parajes de espadañas y zonas inundadas donde podremos contemplar innumerables bandadas de aves como anátidas o garzas, garcillas etc….

Para navegar con piragua son deliciosas las entradas del río por las desembocaduras de canales y arroyos. Volveremos por Calera donde probaremos sus ricos melones de secano y veremos el monumento a Fray Mateo de Cobisa, evangelizador  nada menos que de Taiwan.

En Talavera la Nueva preguntaremos por la villa romana de Saucedoso.

ANTIGUO HOSPITAL DE LA MISERICORDIA, HOY CENTRO CULTURAL RAFAEL MORALES

El Hospital de la Misericordia, hoy Centro Cultural Rafael Morales en la Plaza del Pan
El Hospital de la Misericordia, hoy Centro Cultural Rafael Morales en la Plaza del Pan

Talavera es una ciudad situada en un importante nudo de comunicaciones y además muy cercana a la Villa y Corte de Madrid. Estas circunstancias han condicionado desde antiguo el paso de indigentes transeúntes, soldados de paso o licenciados en sus regimientos, peregrinos a Guadalupe o gallegos que, tras dedicarse a la siega en la comarca, se quedaban por estas tierras en situación de precariedad económica. Todas estas gentes, además de los pobres locales y los de comarcas cercanas históricamente deprimidas, hacían necesaria una infraestructura hospitalaria que atendiera a todos estos desvalidos.

Reloj y galerías altas del antiguo Hospital

SANTO HOSPITAL DE LA MISERICORDIA

El más importante de los antiguos hospitales de Talavera es el Santo Hospital de La Misericordia. El edificio está situado en la plaza del Pan, frente a la Colegial, que los talaveranos han conocido hasta hace pocos años como la Casa de Socorro.

Fue fundado en 1475 por un visitador del arzobispo Carrillo llamado Hernando de Alonso que, al mismo tiempo, funda el Hospital de la Piedad en el pueblo jareño de Villar del Pedroso, en el camino de Guadalupe, pues además de canónigo de la Colegial había sido cura de esa localidad donde todavía se mantiene en pie el edificio con su portada gótica y la placa conmemorativa de su fundación.

Portada del Hospital de la Misericordia con los tres blasones
Portada del Hospital de la Misericordia con los tres blasones

Queda financiada la institución talaverana con una cuantiosa dote de su fundador. En 1591, el caballero talaverano Juan Castrillo y su hermana Juliana de Guzmán dejan también sus bienes al hospital y su escudo aparece en la portada flanqueando al de Hernando de Alonso junto al de otro benefactor, Sancho de Villageda, que financió una sala de convalecientes. Al llegar la Desamortización eran numerosas las propiedades donadas para su mantenimiento y ello había determinado una desahogada administración de la benéfica institución..

Sobre este hospital ha publicado un trabajo Manuel Hernández Lanchas, en él podemos ir conociendo la evolución de los reglamentos y ordenanzas del mismo. Su administración se hallaba tutelada por el Deán y el cabildo de la Colegial aunque recaía la organización más directa y el servicio espiritual del centro sobre un capellán que tenía la obligación de residir en él y dar cuenta de los ingresos y gastos al Cabildo. El hospital acogía a todos los pobres que lo solicitaran, los sanos por una sola noche «e otro día que se vayan donde Dios les ayudare» sin embargo, los enfermos podrían permanecer hasta que «sanen o fallescan».

El breviario era el blasón del canónigo Hernando de Alonso, fundador de este y otros hospitales como el de Villar del Pedroso
El breviario era el blasón del canónigo Hernando de Alonso, fundador de este y otros hospitales como el de Villar del Pedroso

El Cabildo nombraba de entre los canónigos un Visitador al que correspondería la supervisión del hospital, el capellán o los capellanes, pues llegaron a ser tres, tenían, además de la obligación de asistir espiritualmente a los ingresados, la de realizar una serie de oficios religiosos en memoria del fundador y otros benefactores. El médico solía ser alguno de los titulares de la localidad que recibía una pequeña cantidad por su trabajo. El cirujano daba la tercera parte de sus cortos emolumentos al sangrador. Primero un hospitalero y más tarde un matrimonio que hacía de enfermero y enfermera, según el sexo de los hospedados, desempeñaban las labores asistenciales más directas.

El hospital fue uno de los primeros edificios destruidos y saqueados por los franceses. A principios del siglo XIX fue preciso habilitar sus dependencias para, además de sus doce camas habituales, recibir en su troje las camas y enfermos del Hospital de San Juan de Dios. Las enfermedades contagiosas y venéreas así como los tísicos no se admitían en el centro, tampoco las parturientas y niños expósitos que eran enviados a otras instituciones.

Las dolencias con las que más frecuentemente se ingresaba eran el paludismo, endémico en Talavera y todo el Campo Arañuelo, las gastroenteritis, cuyos enfermos tenían asignados la ropa y los colchones viejos ya que la diarrea los “pudría”, y todas aquellas enfermedades compañeras de la miseria y la inanición como úlceras en las extremidades, patología respiratoria, parasitosis y alcoholismo.

Interior del antiguo hospital, hoy centro cultural Rafael Morales

Entre sus dependencias en el siglo XIX figuraban, en la planta baja, los dormitorios comedor y patio para tener separados a los niños, depósito de cadáveres, depósito de “inmundicias”, de ropas y de camillas. Lavadero y tendedero para la ropa de los enfermos, fregadero de los utensilios de los enfermos, despensa, cuarto para la bomba de incendios, tornos y “cuarto de locos”, además de algunos cuartos del portero, situados en el sótano.

En la planta superior estaba la sala de cirugía o de San Miguel, la enfermería de hombres llamada sala de los Santos Mártires, la de mujeres o de Nuestra Señora del Prado, alacenas, cocina, refectorio, cuarto de cofres, alacena para documentación y la capilla con un altar de San José, además de las dependencias de las hermanas.

En 1837 la Junta Municipal de Beneficencia se hace cargo de éste y de los demás hospitales talaveranos, desapareciendo como institución religiosa y pasando a ser Hospital Municipal casi hasta nuestros días.

En 1926 fue reformado por el alcalde Justiniano López Brea.carteljstiniano

CURIOSIDADES

En un corral del hospital existió posiblemente una mezquita durante la dominación musulmana ya que, durante unas obras de remodelación, se halló una inscripción en caracteres cúficos que decía: «En este lugar no es lícito pensar cosa mala, cuanto más hacerla». También se encontró en los cimientos del mismo hospital cuando se iba a labrar una capilla otra piedra con una inscripción que decía: «Santifica señor esta casa, la cual yo indigno sacerdote Hernando Alonso edifiqué en reverencia de tu santo baptismo; e plégate señor de oIr en las alturas de tu sancta gloria las plegarias de los que aquí entraren, porque de nuestras obras merezcamos ser perdonados. Amén»

UN CUADRO DE 1610 QUE REPRESENTA EL RÍO Y EL PUENTE VIEJO DE TALAVERA

UN CUADRO DE 1610 QUE REPRESENTA EL RÍO Y

EL PUENTE VIEJO DE TALAVERA

Cuadro del Louvre-de-Brueghel el Viejo que representa el puente Viejo de Talavera
Cuadro del Louvre-de-Brueghel el Viejo que representa el puente Viejo de Talavera

Debemos a Alberto Loarte Prieto un interesante artículo en el que desvela el descubrimiento de un cuadro del pintor Jan Brueghel el Viejo que representa de forma muy idealizada el puente Viejo de Talavera que vamos a comentar. Tanto éste cuadro como otra versión alegórica del mismo se encuentran en el museo del Louvre de París.

Se trata de un óleo sobre cobre de pequeñas dimensiones (28cm x20,5cm) que representa el puente visto desde lo que hoy sería la calle Puerta del Río con numerosos personajes y un gran trasiego de gentes y ganados en torno a la entrada del mismo. La escena ha sido idealizada ya sea porque el pintor, si es que estuvo en Talavera, lo pintó de memoria o porque se basara en algún grabado anterior.

A la izquierda aparece un edificio de considerable altura que aunque está rematado con una pequeña espadaña, podría representar los molinos que antiguamente aprovechaban la corriente bajo el primer ojo del puente. También podría tratarse de alguna edificación pública que controlaba el paso y del puente y el cobro del pontazgo como más tarde estuvo la casilla de peones camineros.

No es extraño ver a los caballeros bajar hasta el río con sus caballerías pues antiguamente había rampas a los dos lados del puente para hacer más accesible el paso de ganados a la orilla, incluso aparecen en las fotografías del siglo XIX de Cliford. En las épocas de estiaje y sobre todo si estaban abiertas las compuertas de la azuda de los molinos de Abajo el agua bajaba de nivel y debido a la gran anchura del río en este tramo y la escasa profundidad podían los animales pastar en las islas.

Se representan comerciantes y arrieros con sus mercancías, frailes y viandantes. El puente se encuentra muy idealizado, con sus arcos más altos y estilizados, aunque sí que se percibe algún arco arruinado como era habitual en nuestro puente siempre en precaria situación por su asiento arenoso y las crecidas. No se dibuja sin embargo el quiebro que hace el puente con sus tres primeros arcos siguiendo el primitivo trazado romano. El Cerro Negro se representa como una pequeña cordillera montuosa con vegetación abundante y no como la línea de terrazas y barrancas que es en realidad.

El pintor nació en Bruselas, fue hijo de Peter Brueghel el Viejo y amigo de Rubens con quien colaboró en la realización de algunas obras por su dominio de la pintura de bodegones y vegetales. Estudió en Amberes y viajó a Italia donde obtuvo reconocimiento por su obra mientras estuvo al servicio del cardenal Federico Borromeo. Vuelve a Amberes y en 1609 es nombrado pintor del Archiduque Alberto de Austria y la Infanta Isabel Clara Eugenia a quienes Felipe II concede el gobierno de los Paises Bajos por ser ella hija del Rey prudente e Isabel de Valois. El cuadro se pintó en 1610, cuando el pintor flamenco llevaba residiendo 12 años en Amberes. Es fácil por tanto que Brueghel no estuviera jamás en Talavera pero sí estuvo sin duda su señor el archiduque cuando entre los años 1585 y 1598 era arzobispo de Toledo y por tanto señor de Talavera cuya residencia era el alcázar talaverano desde donde precisamente se contemplaba el escenario que aparece en el cuadro. Puede que entre el patrimonio o los recuerdos del archiduque hubiera algún cuadro o grabado que sirviera de modelo a esta pintura de Brueghel.

El templo de la Sibila deTivoli en una composicion de Brueghel junto al puente de Talavera
El templo de la Sibila deTivoli en una composicion de Brueghel junto al puente de Talavera

Existe también en el Louvre otro cuadro de tema alegórico muy curioso pintado al óleo sobre cobre en una plancha circular. Representa el mismo puente de Talavera pero a la izquierda de él se ha pintado sobre una elevación el templo de la Sibila de Tívoli. La sibila es una profetisa mitológica que tenía uno de los templos principales en esta ciudad cercana a Roma que aparece esquemáticamente pintado. En este cuadro se reflejan junto a personajes que deambulan por el puente con mercancías, frailes y jinetes que bajan al río a dar de beber a sus caballerías, algunas figuras femeninas y lo que parece un monje que bendice a los transeúntes rociándoles con agua mediante lo que parece una rama.

También se percibe una empalizada a la derecha del puente y una especie de cobertizo de un mesón a la izquierda con un personaje sentado bebiendo. Se diferencia también del otro cuadro en que en el río se ve una barca y que en el otro extremo del puente se ha dibujado una edificación.

VIAJEROS POR TALAVERA HACE 500 AÑOS

VIAJEROS POR TALAVERA HACE 500 AÑOS

Uno de los palacios donde pudieron pernoctar los vaijeros de hace 500 años. El mal llamado de Francisco de Aguirre(casa de Borrajo) hoy desparecido
Uno de los palacios donde pudieron pernoctar los vaijeros de hace 500 años. El mal llamado de Francisco de Aguirre(casa de Borrajo) hoy desparecido (dIBUJO DE ENRIQUE REAÑO SOBRE FOTOGRAFÍA ANTIGUA)

Nos encontramos en el siglo XV, cuando León de Roshmintal, un cuñado curioso del rey Jorge de Bohemia, viniendo de Guadalupe pasa por aquí y dice que Talavera es una ciudad con castillo, situada en campos regados por el Tajo y que el camino discurre entre olivares y viñas que rodean a la ciudad por los dos lados. Es la primera vez que aparece la referencia directa a los cultivos de secano que rodeaban a Talavera, sobre todo los magníficos olivares que llaman la atención de muchos de los que por aquí pasan.

Ya a finales de esa misma centuria, visita nuestra ciudad Jerónimo Münzer, médico de Nuremberg, geógrafo y astrónomo. También viene de vuelta de Guadalupe, como seguirá sucediendo con muchos viajeros y romeros que durante este siglo y el siguiente peregrinarán al monasterio de las Villuercas mientras se encuentra en su pleno apogeo. Dice este viajero de Talavera que “es una célebre ciudad a orillas del Tajo, que se atraviesa por un puente de veintidós ojos. El arzobispo de Toledo fundó en ella dos monasterios uno de Jerónimos (se refiere a don Pedro Tenorio) y otro de franciscanos (probablemente se trata en este caso de fray Hernando de Talavera que impulsa el convento donde después estaría la parroquia de San Francisco). La población, en donde también hay una colegiata, es tan grande como Nordlingen, y está en una llanura fértil en vino y aceite y otros varios productos”.

Otro lugar común de todos los viajeros a su paso por Talavera será la fertilidad de su tierra a la que aquí se refiere también el alemán. Ya en el siglo XVI Antonio Lalaing viene en 1501 acompañando a España a Felipe el Hermoso y viaja también a Guadalupe mencionando simplemente a nuestra ciudad, en la que pernocta.

Navagero es otro viajero humanista y embajador de Venecia ante Carlos V que en su cuaderno de viaje dice: “El día veinticinco fuimos a Carmena que hay tres leguas, a Cebolla y luego a Talavera. Cerca de Talavera pasamos por un puente de piedra un río que se llama el Alberco (Alberche), que poco después entra en el Tajo. La ciudad de Talavera es muy buen lugar, está a orillas del Tajo y tiene sobre él un puente; conserva un pedazo de muralla antigua y en ella una puerta también antigua “e lápide cuadrato”. Hay ruinas de termas y algunas inscripciones en piedras antiguas, muchas de las cuales no se pueden leer, pero se ve en ellas el nombre de Gneo Pompeyo…lo que he notado en Talavera es que todas las murallas nuevas están hechas con piedras cuadradas de los muros antiguos. Hay aquí un hermoso monasterio de jerónimos y el lugar es del arzobispo de Toledo”.

Ya los viajeros de hace 500 años observaron las inscripciones romanas encastradas en la muralla
Ya los viajeros de hace 500 años observaron las inscripciones romanas encastradas en la muralla

Es de reseñar en esta descripción el espíritu de observación arqueológica de Navagero que fija su atención en las antiguas piedras romanas reutilizadas en la muralla, las inscripciones epigráficas, o las antiguas termas que llega a percibir de antigüedad también romana. Ya es el segundo viajero que se admira de la riqueza del monasterio jerónimo de Santa Catalina, en pleno cenit de su poder y riqueza.

El interventor de Carlos V, Juan de Vandenese hace una descripción de los viajes del Emperador y nos relata que el día 22 y 23 de Abril de 1524 se halla en Talavera doña Leonor de Austria, viuda del rey de Portugal y hermana de Carlos V, que concierta su matrimonio con el rey de Francia. Precisamente en nuestra ciudad se quita el luto para ir a Toledo en busca de su prometido.

Palacio de Villatoya, construido en la época de los viajeros que referimos
Palacio de Villatoya, construido en la época de los viajeros que referimos

En 1542 el portugués Gaspar Barreiros, canónigo de Évora y hombre letrado pasa por Talavera: “Viniendo después a esta villa, que es de los arzobispos de Toledo, está asentada en las orillas del Tajo, cercada de muros de piedra y cal, torreados con sus torres, a las que llaman albarradas (albarranas), con una fortaleza, aunque los muros de los arrabales sean de tapias. Tiene cerca de tres mil vecinos, con catorce iglesias y seis monasterios, cuatro de frailes y dos de monjas y cincuenta lugares de su jurisdicción, los cuales están en su término. Tiene una iglesia colegiata en la que hay deán y todas las demás dignidades, y canónigos como en las catedrales. La tierra es de buena comarca de pan, vino, miel, frutas y ganado. En ella hay mucha gente noble y rica, eclesiástica como secular y muchos hidalgos honrados, algunos de los cuales son del linaje de los Meneses legítimos, sino éstos.”

CUANDO EL TAJO ERA FUENTE DE FELICIDAD ( 1)

CUANDO EL TAJO ERA FUENTE DE FELICIDAD

Bañistas sobre la presa de Palomarejos
Bañistas sobre la presa de Palomarejos

Hoy que es noticia un Tajo lleno de espumarajos en Toledo y putrefacción en Talavera, hay que mostrar cómo el río fue patrimonio de todos sus ribereños, que disfrutaban de una verdadera cultura fluvial que daba alegría a sus vidas. Es lo que  el catedrático aragonés Javier Gil creador de la Fundación Nueva Cultura del Agua llamaba FLUVIOFELICIDAD, en las primeras jornadas del Tajo organizadas por la Plataforma de Talavera.

Vemos aquí algunas instantáneas de esa fluviofelicidad de los talaveranos bañándose en en la playa de Los Arenales, en el Paredón, los Sifones, la Presilla o Palomarejos. He ido recogiendo imágenes de diferentes fuentes. Unas pertenecen a diferentes ciudadanos que las prestaron para una exposición de la Universidad de Mayores, otras a la familia de Pedro Pablo González y otros donantes anónimos.

Se añaden a otras entradas de esta web que podéis buscar en la pestaña de Naturaleza y Ríos o en la de fotos antiguas.

La familia González yendo a disfrutar un día en la playa de los Arenales
La familia González yendo a disfrutar un día en la playa de los Arenales
Familia disfrutando del Tajo
Familia disfrutando del Tajo
Bañistan en el Paredón, al fondo se ve la Real Fábrica de Sedas a la izquierda
Bañistan en el Paredón, al fondo se ve la Real Fábrica de Sedas a la izquierda
Cuando los niños talaveranos disfrutaban de su río
Cuando los niños talaveranos disfrutaban de su río
Otra escena de bañistas en Palomarejos, esta vez por debajo de la presa
Otra escena de bañistas en Palomarejos, esta vez por debajo de la presa
Familia disfrutando en la playa de Los Arenales
Familia disfrutando en la playa de Los Arenales
Bañistas jugando al balón en Los Arenales
Bañistas jugando al balón en Los Arenales
La playa de Los Arenales con sus merenderos
La playa de Los Arenales con sus merenderos
Familia disfrutando en la playa de Los Arenales
Familia disfrutando en la playa de Los Arenales
Chicas talaveranas disfrutando del río en los años 60
Chicas talaveranas disfrutando del río en los años 60

APARECE UNA IMAGEN EN TIERRA DE TALAVERA

APARECE UNA IMAGEN EN TIERRA DE TALAVERA
Cuadro que representa la aparición de la Virgen de Guadalupe a Gil Cordero
Cuadro que representa la aparición de la Virgen de Guadalupe a Gil Cordero

 

El rey Sancho IV había tomado su venganza contra la hidalguía talaverana por el apoyo que había prestado a su padre Alfonso X durante el conflicto bélico que los enfrentó. Entre la historia y la leyenda podemos considerar la muerte de cuatrocientos caballeros de la villa que fueron ajusticiados por Sancho el Bravo. Descuartizados, fueron sus pedazos colgados de la puerta que desde entonces se llamó Puerta de Cuartos.

Algunos historiadores consideran que el deseo de reconciliarse con Talavera llevó al rey a concederla tres grandes dehesas para su repoblación al sur de su extenso alfoz. Una de ellas era la dehesa de los Xebalillos, zona de la actual cabecera del río Gébalo. Otra era la dehesa del Castrejón de Ibor, lo que, aproximadamente, hoy se conoce como comarca de Los Ibores. La tercera era la dehesa del puerto de Juan Román, Ivan Román en grafía medieval, que abarcaba los actuales términos de Valdecaballeros y Castilblanco, hoy en la provincia de Badajoz, Alía y los bosques y montes cercanos al río Guadalupe, más tarde conocidos como dehesa de Los Guadalupes.

Imagen de la Virgen de Guadalupe en cerámica talaverana, obra de Ruiz de Luna
Imagen de la Virgen de Guadalupe en cerámica

“ Sepan quantos esta carta vieren cómo nos don Sancho…por hacer bien y merçed al conçejo de Talavera, porque han pocos pueblos e no an común ninguno e porque el Rey nuestro padre les tomó el montadgo que solían aver, por la merçed que hizo a los pastores, dámosles tres dehesas en su término que las ayan e se aprovechen dellas para su común y las puedan arrendar y puedan hacer en ellas todas las cosas que en su pro sean…E mandamos que aya estas dehesas para siempre jamás con las aguas e los pastos e con los montes e con las mudas de los açores e de los falcones que en ella son o fueren de aquí en adelante e defendemos firmemente que ninguno sea osado de las entrar en ellas”.

La leyenda de la aparición de la imagen de la Virgen de Guadalupe no data concretamente el momento en que se produce el hallazgo pero, por el contenido del relato, sabemos que la talla es escondida por clérigos sevillanos que huían de la persecución musulmana y es hallada más tarde, cuando el territorio ha sido ya reconquistado por los cristianos. Por ello, el comienzo de la devoción guadalupana se situaría probablemente en el siglo XIII, como parece indicar el estilo de la escultura y el hecho de que hasta la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212 no se puede considerar este territorio poblado por cristianos debido a la inseguridad producida sobre estos despoblados de La Jara por las frecuentes razzias árabes.

Los documentos históricos más antiguos en los que aparece mencionada una iglesia y hospital de Guadalupe se remontan a 1327 y 1329 pero en 1339 ya tiene el templo suficientes medios económicos como para adquirir un batán.

Talla de la Virgen de Guadalupe
Talla de la Virgen de Guadalupe

En 1340 el rey Alfonso XI, que ya debería conocer estos parajes por sus correrías cinegéticas, acude a Guadalupe para dar gracias a la Virgen por su victoria en la batalla del Salado, importante estratégicamente porque impedía una nueva invasión musulmana por la secta de los benimerimes aliados con los reyes de Granada, como nos cuenta la “Crónica de Alfonso el Onceno”:

“ E el rey partió luego de Llerena e fue a Santa María de Guadalupe a dar gracias a nuestra Señora, en quien este noble rey Alonso auie gran deboçión e a quien el se auie recomendado cuando yua a pelear con los moros, e por la marauillosa vitoria que Dios por ruego de su madre, le había dado contra los rreyes Alboacén de Marruecos e de Benamarín et de Granada e offresçió muchas cosas; e mandó que se escribiese en Crónica como nuestra Señora auie aparescido en aquel lugar al vaquero e auía hallado allí soterrada su santa ymagen e se auía fecho allí aquella sancta yglesia de Guadalupe donde nuestra Señora hazía tantos milagros y de cómo él auía dado a aquella yglesia el término que tiene de las tierras de Talavera e Trugiello”.

Por un privilegio dado en Sevilla en 1340, Alfonso XI pone bajo su amparo a la iglesia y hospital de Guadalupe con todas sus pertenencias y ganados, a los que autoriza a pasar por todo el reino libremente. En 1341 promueve un patronato real mediante una carta emitida en Cadalso para mejorar la primitiva ermita pues la había encontrado “ asaz  muy pequeña y estaba derribada, e las gentes que i venían a la dicha ermita venían por devoción, non avyan i do estar, nos, por esto tobimos por bién e mandamos fazer esta hermita mucho mayor, de manera que la eglesia es grande, en que puedan caber las gentes que i vienen en romería, e por faser esta eglesia dimos nos el suelo nuestro en que se ficiese, e mandamos labrar las labores de dicha hermita”.

Para mantener al prior y a los clérigos que servirían al santuario y para la financiación del hospital que recibiría a los peregrinos, el rey Alfonso dispuso que se entregaría la martiniega de los nuevos pobladores a la iglesia de Guadalupe. Además dota a la nueva institución del suelo necesario para su manutención y la de sus sirvientes.

TALAVERA NO SE RESIGNÓ

La villa cabeza del alfoz no vio con buenos ojos esta segregación e intenta, tanto a través del concejo y sus agentes como protegiendo a los vecinos que no respetan los privilegios reales de la iglesia de Guadalupe, que prevalezcan sus antiguos derechos sobre el territorio. Los enfrentamientos son constantes y durante todo el siglo XIV los reyes Alfonso XI, doña María, Pedro I, Enrique II y Juan I deben enviar reiteradamente cartas amenazantes a Talavera ordenando que se respete la normativa que protege, por ejemplo, a los ganados de la fundación real y así, recuerda Alfonso XI que deben los talaveranos permitir pastar en sus prados y dehesas a 800 vacas, 50 yeguas, 2000 ovejas y cabras y 500 puercos del futuro monasterio. Tampoco se permite al ganado que transite libremente por las Tierras de Talavera y se aprenden cabezas con frecuencia por los alcaldes y agentes del concejo talaverano, sin ni siquiera permitir que los pastores “tomen corteza de los árboles para hacerse calzado”, lo que nos revela una curiosa utilidad del corcho en la época. También se intenta cobrar por el tránsito y comercio de abastecimientos para Guadalupe, se impide que los bueyes puedan pastar, o que los pobladores de La Puebla instalen colmenas en los términos de Talavera. Los recaudadores del portazgo consideran a los peregrinos como “descaminados” y los toman el vino y las viandas que traen para el camino. La Santa Hermandad de Talavera no se resigna a dejar de cobrar el impuesto de la asadura que servía para mantener a esta institución de policía rural. Los conflictos son permanentes, sobre todo en las zonas fronterizas de Alía y el paraje de la Posada del Rey, cerca del Hospital del Obispo, llegando  incluso a levantarse los mojones de deslinde.

EL NUNCA ACLARADO CRIMEN DEL COMANDANTE GABALDÓN

EL NUNCA ACLARADO CRIMEN DEL COMANDANTE GABALDÓN

Fotografía de Isaac gabaldón
Fotografía de Isaac gabaldón

Todavía llevan algunas calles de Talavera el nombre de personajes o de fechas memorables para el régimen franquista. Una de ellas es la calle del Comandante Gabaldón.

Era éste militar un guardia civil perteneciente a los servicios secretos del régimen, concretamente al SIMP (Servicio de Información de la Policía Militar) aunque tuvo otros destinos: Durante la Guerra Civil estuvo en Talavera recogiendo información sobre los militantes de izquierda e interviniendo en la represión de los grupos de resistencia que todavía quedaban en la zona. Tenía fichas de cientos de personas de toda clase social de Talavera y comarca catalogados como izquierdistas o como masones. Se dice que en las movilizaciones de la izquierda previas a la Guerra Civil en Talavera se gritaba: «Pan Carbón y echar a Gabaldón».

En el año 1939, recién terminada la guerra, pide permiso a sus superiores para retirarse a Talavera alegando que padecía paludismo. La represión en Talavera tras la guerra civil fue encarnizada.

El 28 de Julio de ese mismo año tres jóvenes de la organización comunista de las Juventudes Socialistas Unificadas se dirigieron vestidos de militar con uniformes de teniente, alférez y soldado desde la estación del Norte de Madrid por la carretera de Extremadura en dirección a Talavera de la Reina. Los tres militantes se llamaban Damián García Mayoral, Sebastián Santamaría y Francisco Rivares que enseñando la documentación falsa que llevaban se montaron en el primer camión que pasaba para ir a Cuatro Vientos y luego en otro hasta llegar a Cazalegas. Damián era de este pueblo y se sentía seguro allí, en casa de sus tíos. Se sabe que esa noche habló con ciertas personas por las que preguntó a sus tíos pero no se conoce con certeza de qué personas se trataba. Lo cierto es que en esas entrevistas le debían dar información sobre la misión encomendada en ese viaje.

Cartel de la película Las Trece Rosas. Los hechos que se relatan se reflejan en el film aunque se sitúa el asesinato en una zona de pinares y no en la zona de cañaverales que hay pasado el instituto de la Granja Escuela, San Isidro, junto a los desguaces de la antigua nacional V.
Cartel de la película Las Trece Rosas. Los hechos que se relatan se reflejan en el film aunque se sitúa el asesinato en una zona de pinares y no en la zona de cañaverales que hay pasado el instituto de la Granja Escuela, San Isidro, junto a los desguaces de la antigua nacional V.

Al día siguiente, se dirigieron en otro camión a Talavera, atravesaron andando la ciudad con su traje de militar y pasaron sin problemas un control de la legión, para después ir hacia Oropesa y cenar en una venta junto a la carretera, comentando a sus dueños que iban a hacer un importante servicio a Navalmoral de la Mata.

Ese mismo día el comandante Gabaldón, su hija de 18 años y el chófer tomaron la carretera de Extremadura para ir por Oropesa hasta Puente del Arzobispo, donde el militar se estaba haciendo una casa. De vuelta, después de comprar dos jamones en Oropesa, tomaron rumbo hacia Talavera.

El grupo de los tres jóvenes comunistas se habían distanciado algo de Oropesa caminando y se habían detenido en la cuneta ya de noche. Dejaron pasar a varios vehículos pero, aunque la misión que les había llevado hasta allí era supuestamente el atraco a un estanco, no cometieron robo alguno. Cuando Damián vio la matrícula del coche del comandante salió con su traje de oficial a la carretera y Gabaldón, que por ser hombre de los servicios secretos era extremadamente cuidadoso y desconfiado, paró inexplicablemente su coche para que subieran los tres jóvenes.

Justo al llegar al cruce de Velada, Damián sacó la pistola encañonando al conductor mientras que sus compañeros hacían lo mismo con la muchacha y el comandante, que tal vez, por no poner en peligro a su hija, no utilizó la pistola que llevaba. Cuando el coche pasaba a la altura del kilómetro 121 de la carretera de Extremadura, hicieron que el conductor sacara el Ford de la calzada y se desviara hacia unos árboles cercanos. Después de registrarles para quitarles el dinero que llevaban, Damián sacó la pistola y llevó a sus tres víctimas hasta un cañaveral cercano donde disparó contra ellos a bocajarro encasquillándosele el arma, por lo que tuvo que volver hasta donde se encontraban sus compañeros y pedirles otra de las pistolas para rematar a fue asesinado el Comandante de la Guardia Civil D. Isaac Gabaldón Irurzun, su hija Pilar (17 años) y el conductor del coche oficial D. José Luis Díez Madrigal (23 años).

Además de las 104 pesetas que llevaban los asesinados, tomaron también las dos placas del SIPM y una libreta de notas del comandante. Estaba llena de anotaciones sobre personajes de Talavera y su comarca con diferentes calificativos a miembros conocidos de la sociedad talaverana, desde ricos empresarios a médicos, a los que calificaba en sus anotaciones de caciques o de masones, hasta dueños de tabernas con fama de comunistas. Para algunos historiadores puede que el comandante Isaac Gabaldón tuviera demasiada información sobre algunos personajes de Talavera y de Madrid que, aunque ahora parecían ser adeptos al régimen, podía por sus antecedentes peligrar su situación, si es que el agente les delataba.

Uno de los dos médicos que aparecían en la libreta era suegro de un compañero de Gabaldón, del cual el agente sospechaba que podía ser un masón infiltrado en la policía militar de los nacionales. Otro de los médicos que entonces ejercía en Cazalegas era sospechoso también de masón y tenía un hijo que fue posiblemente una de esas personas con las que Damián se entrevistó en el pueblo la noche antes de matar a Gabaldón. Los tres compañeros del comandante a los que acusaba de masones estaban también con toda probabilidad implicados en el paso de gentes con documentación falsa de la zona republicana a la zona nacional.

Croquis del lugar del asesinato del comandante Gabaldón
Croquis del lugar del asesinato del comandante Gabaldón

Después de dar muerte a sus tres víctimas, los activistas siguieron en el Ford camino de Talavera, pero el coche se averió y tuvieron que detener a un camión militar que les remolcó hasta el parque de automóviles del ejército en Talavera, donde excusaron su marcha diciendo que la misión que tenían encomendada les impedía esperar a su reparación. Se dirigieron andando a Cazalegas donde descansaron también esa noche en casa de sus tíos.

Mientras, alarmada la familia del comandante, había comenzado a buscarlo, hasta que el lunes 31 por la mañana descubrió sus cadáveres una patrulla de la Guardia Civil. No sabían los jóvenes comunistas que la policía de Madrid el mismo día que ellos salieron rumbo a Talavera había comenzado a detener a muchos de sus compañeros. habían sido delatados por uno de ellos que incluso durante los interrogatorios simulaba ser torturado también para en las celdas sacarles más información. De esas detenciones derivó además el apresamiento de los asesinos del comandante.

El ayudante de Gabaldón también murió curiosamente por un disparo accidental a los pocos días y los franquistas  acusaron a su novia, autora del disparo, de ser masona. También aseguran que los autores del crimen escaparon demasiado fácilmente de campos de concentración y otro fue puesto en libertad a pesar de haber sido oficial en el ejército republicano. tanto el propio Franco como el general Yagüe se interesaron por la reapertura del caso. Los archivos de Gabaldón fueron robados de la casa que tenía en Madrid y su superior y su secretario murieron también en un oportuno accidente cerca de Santa Cruz de Retamar. Todos ellos son datos que nos llevan a pensar en que realmente hubo un oscuro y todavía no aclarado complot.

El seis de agosto fueron fusilados los autores de la muerte de Gabaldón y muchos de sus compañeros, entre ellos las trece jóvenes madrileñas conocidas como las “trece rosas”, cuya peripecia se relata en la novela del mismo nombre de Carlos Fonseca, de donde he extraído la mayoría de la información que aquí reflejo.

En los interrogatorios intervinieron el ayudante del fiscal Carlos Arias Navarro, último presidente del franquismo, y el entonces capitán Manuel Gutiérrez Mellado que incluso sacó de las filas de los que iban a ser fusilados al jefe de la célula apodado Pionero para que presenciara el fusilamiento de sus compañeros y ofrecerle así la salvación si daba más información, pero como carecía de ella fue ejecutado también, según unas versiones, y según otras fue liberado y por eso se dio orden de exhumar más tarde el cadáver.

El que fuera vicepresidente del gobierno con Adolfo Suárez fue acusado por sectores ultraderechistas durante la transición y los sucesos del 23-F de ser masón y de haber sido un agente doble. Lo que sí es cierto es que era ayudante del teniente coronel Bonell, uno de esos compañeros de Gabaldón acusados de ser antiguos masones infiltrados en la Policía Militar. Ante las serias dudas sobre el asesinato, del que se decía abiertamente que había sido cometido por los jóvenes de la JSU, pero manipulados por determinados elementos de los servicios secretos militares.

La familia de Gabaldón pidió que se reabriera el caso por dudar también de los verdaderos impulsores del asesinato del comandante, pero después de diez años de investigación y aplazamientos, sólo se aceptó en 1949 por las autoridades de la época que realmente pudo haber un inductor externo a los jóvenes comunistas de las JSU.

FECHORÍAS DE DOS DESERTORES

FECHORÍAS DE DOS DESERTORES

Nueva causa criminal del libro de «La Enramá» (Miguel Méndez-Cabeza, Rafael Gómez y Angel Monterrubio) sobre los procesos de de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera. Desertores y salteadores en el camino de Madrid.

Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII
Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII

Una noche fría de Febrero, dos hombres jóvenes yacen arrebujados en el suelo. En el silencio de los barbechos se pueden escuchar  voces y risas desde las cercanas y siempre concurridas ventas de El Bravo . Hombro con hombro, van recordando su corta pero accidentada vida.

Uno de nuestros protagonistas es gallego, se llama Andrés y nació en una aldea de Mondoñedo. Cuando tenía doce años había salido de su tierra y , como otros muchos  paisanos suyos, se había asentado en Talavera donde se ganaba la vida recogiendo aceituna y sarmenteando[1] hasta que se colocó como mozo de cocina con el Conde de la Oliva[2]. A su servicio se trasladó más tarde a Madrid.

Tres años estuvo empleado en su casa trabajando después durante un tiempo como mozo de esquina[3] y luego volvió a sus labores en la cocina esta vez con la Marquesa de Breda. Sirvió en mesones y hosterías hasta que, deslumbrado por el uniforme, el caballo y las armas, acabó alistándose en el Regimiento de Caballería de Borbón.

Conoce allí a otro soldado natural de Letur en Murcia. Se trata de Juan Pérez del Río que había sentado plaza en esta ciudad en el Regimiento de Infantería de la Reina, pero al trasladar el destacamento a Cádiz, deserta. Se encamina a Granada donde se alista de nuevo en una compañía capitaneada por don Nicolás Duque de Estrada [4]. Con él pasa el murciano a Alicante donde es reclamado por su padre para ayudarle en las faenas agrícolas. En Enero de 1760 se alista en el mismo regimiento que su compañero gallego. Ambos deciden desertar en Toledo la noche del 24 de Febrero.

Andrés tenía un hermano en Talavera y hacia nuestra ciudad se encaminan los dos desertores sin entrar en poblado para acabar, como hemos visto, durmiendo cerca de El Bravo. Reinician por la mañana su camino y cuando se encuentran a una legua del Alberche deciden asaltar a algún caminante ocultándose para ello detrás de unas junqueras[5].

La primera víctima que acierta a pasar por el lugar es Juan Suer, un francés de veintinueve años. Al igual que otros muchos compatriotas suyos, trabaja como tejedor de seda y lana en las Reales Fábricas de Seda de nuestra ciudad. Por ser natural de La Picardía se le conoce en Talavera con el apodo de Picar.

El francés volvía de buscar trabajo en Santo Domingo[6] y había hecho noche en las ventas de El Bravo. Cree el infeliz que los dos hombres que están sentados junto al camino detrás de unas matas se encuentran descansando pero, al llegar a su altura,  se levantan de un salto y sacando una escopeta y una espada se las colocan junto al rostro mientras le amenazan diciendo:

¡ Suelta el dinero y todo lo que traes encima o te quitamos la vida!

Asustado les da los veintiséis cuartos que lleva en la faltriquera mientras suplica mintiendo para salvarse:

– No me matéis soy un pobre desertor de Francia  que ando perdido.

Al ver la víctima las ropas y correajes militares de los dos bandidos, intenta con rápidos reflejos despertar en ellos la solidaridad entre desertores.

Los dos salteadores le interrogan:

-¿Has estado alguna vez en Talavera o conoces a alguien allí?

También miente en esta ocasión cuando responde que no. Los asaltantes le proponen:

– Si eso es así, vente con nosotros con la condición que has de hacer todo lo que te mandemos.

El galo simula aceptarlo mientras le devuelven lo robado.

Al rato de ocurrir esta escena pasa un hombre caballero en una mula y aunque intercambian unas palabras no se deciden a asaltarle. Dos pastores cuidan su ganado algo apartados del camino y nuestros desertores se dirigen a ellos amenazándoles para que les den un cordero. Los pobres zagales responden temiendo las iras del dueño del rebaño:

-¡ Son de mi amo, más quiero que me quitéis la vida que no el cordero!

Se lanzan sobre el muchacho derribándolo y registran sus pertenencias encontrando solamente un mendrugo de pan que se llevan como único botín.

Continúan los tres hombres apostados en el mismo lugar cuando pasan dos arrieros[7] con tres pollinos. Son asaltados mientras les gritan:

-¡Traed acá todo el dinero si no queréis perder la vida!

Los desgraciados  se hincan de rodillas suplicando.

– Somos pobres, no tenemos dinero.

En efecto se trata de un nuevo robo fallido pues solamente les hallan en el registro nueve o diez reales que les devuelven dejándoles seguir adelante.

Las nuevas víctimas de nuestros bandidos principiantes son otros dos arrieros de Lagartera que se dirigen a Madrid con una carga de cecina[8] y otros encargos. También creen que los bandoleros están descansando, pero al llegar a su altura les salen al paso, Andrés con la carabina y Juan con la espada desnuda.

-¡ Ea perros ! No abléis palabra que si abláis os han de arder las vozes.

Uno de los arrieros les suplica:

-Señores, déjennos vuesas mercedes por Dios y tomen el dinero que llevamos.

Son apartados del camino detrás de unas retamas mientras de rodillas suplican que no les maten. Uno de ellos saca diez o doce reales que lleva sueltos ofreciéndoselos a los bandidos.

Al ver la pequeña cantidad que le ofrece, Andrés, el desertor gallego, agarra con furia al pobre hombre gritándole:

– ¡Perro! , pues no llevas más dinero que eso para Madrid.

Dominados por el pánico, los trajinantes sacan una bolsa de badana[9] con 142 reales, en dos moneditas de oro de veinte reales cada una y lo demás en pesetas de a cuatro o cinco reales. Los asaltantes continúan su registro hallándoles un reloj de plata que el cura de Lagartera les había encomendado para su reparación en Madrid. También encuentran una navaja, un tintero, un rosario y un pañuelo.

Después de despojar a sus víctimas les obligan a desnudarse mientras les apuntan con la carabina. El frío de Febrero les hace suplicar:

Por amor de Dios, vamos sudando, dejadnos el saio[10] siquiera.

Pero sin apiadarse responden:

-Anda perro desnúdate pronto.

Juan, el desertor murciano, se pone la chupa, calzones y montera[11]de uno de los arrieros y Andrés la enguarinilla[12] de paño pardo del otro, al estilo de la tierra. Después de maniatar con los brazos atrás a sus víctimas, se disponen para asaltar a algún otro viajero. Se trata en esta ocasión de un serrano con su borrico al que apean y atan con una soga. En las alforjas del pollino encuentran cuatro zapatos de cordobán[13] nuevos para mujer y unas medias encarnadas, un pañuelo pintado de azul, unas calcetas, una bota de vino, unas tripas llenas de manteca y un morral de pellejo con cartas.

Los ladrones emprenden la huida después de este último robo dirigiéndose hacia el río Alberche. Mientras, los arrieros consiguen desatarse y completamente desnudos emprenden de nuevo su camino hacia Madrid. En El Bravo, un criado de los agustinos de La Calzada[14] les da unos calzoncillos para que cubran sus vergüenzas.

Los desertores, aunque el río baja crecido y los hechos ocurren en invierno, lo cruzan a nado y vestidos internándose en la dehesa de Salinas hasta llegar a otro arroyo junto al que se secan, cuentan el dinero y descansan hasta que se pone el sol.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es P4241918-1024x768.jpg

En la conversación que mantienen deciden llegar a Talavera, allí dice conocer Andrés a una mujer muy rica  a la que no será difícil robar. Sus planes no quedan ahí pues se proponen , después de cometer este nuevo crimen,  matar a los dos primeros jinetes que pasen tomando sus caballos para huir a otras tierras. Andrés advierte a sus acompañantes que no comenten nada de lo sucedido y se ponen de acuerdo en decir que los tres vienen de Guadalupe, pues el hermano de Andrés es persona respetable y no quiere que conozca sus andanzas.

Toman dirección hacia la villa caminando entre el monte y las viñas para mejor disimular su presencia llegando a Talavera a las ocho de la tarde. Se dirigen a una casa de las afueras en el paraje conocido como “Los Tamujales”.

Preguntan a una mujer por la casa del hermano de Andrés al que hacía seis años que no veía. La vecina les conduce hasta la vivienda donde en ese momento solamente se halla su mujer que, hospitalaria, se dispone a preparar una tortilla de torreznos a los recién llegados mientras manda avisar a su marido que se encuentra trabajando en una bodega. Para acompañar la merienda deciden los dos desertores enviar al francés a por vino.

Fachada de la casa de la dirección de las Reales Fábricas, donde acude el francés en busca de la ayuda del director Rulière. Es el llamado Patio de San José
Fachada de la casa de la dirección de las Reales Fábricas, donde acude el francés en busca de la ayuda del director Rulière. Es el llamado Patio de San José

Pero en vez de dirigirse a la bodega, el supuesto desertor se encamina a la casa del compatriota más influyente en la villa. Se trata de Juan Rulière, director de las Reales Fábricas de Seda de Talavera[15]. Le relata temeroso y amedrentado lo que le ha sucedido con los dos desertores y cómo se ha visto obligado a seguirles en sus robos y asaltos. El ingeniero Rulière le recomienda que acuda con el vino que le ha sido encargado, pero da las órdenes pertinentes a un sargento y cuatro soldados del destacamento que custodia las Reales Fábricas para que, siguiéndole hasta la casa donde se encuentran los delincuentes, procedan a su detención.

Al entrar en la casa, encuentra el tejedor francés al grupo dando cuenta de la tortilla de torreznos con dos mujeres que sirven la mesa y un muchacho llamado Pedro que trabajaba en la tienda de otro francés  que, al haber tenido relación con nuestro protagonista, lo reconoce mientras éste hace señas desesperadamente para que no le delate. En ese mismo instante llega la guardia que grita imprudentemente desde la calle:

-¡ Picar, Picar!

Las voces acaban de descubrir a Andrés la encerrona y se lanza a coger la escopeta. El francés trata de evitarlo y forcejean mientras se une a la lucha el sargento que acaba de entrar. Se producen momentos de confusión y caen las velas mientras que los tres ruedan a oscuras. Suenan tres tiros y uno de ellos hiere a Picar en el codo y el antebrazo.

Al fin es reducido Andrés y  es conducido atado y custodiado por los cuatro soldados a la cárcel de la Santa Hermandad pues sus delitos se han cometido en despoblado y por tanto es a ella a quien corresponde juzgarlos.

Juan Pérez , el segundo desertor, se escapa por una ventana y pasa la noche escondido en un olivar. Al día siguiente toma el camino de San Román de los Montes, se detiene en una taberna y allí se repone con un poco de pan y vino. Sigue su camino ascendiendo hacia la sierra de San Vicente pero al llegar a Hinojosa es apresado por dos cuadrilleros.

El proceso se desarrolla rápidamente por la abundancia de testigos y hallarse comprobados los hechos. Los reos son condenados a diez años de presidio en África pero antes deben recibir cada uno doscientos azotes en Talavera. El día uno de Abril de 1761 a las once de la mañana se saca a los presos»en bestias de albarda, rapados el pelo y la varba, con sogas de esparto al cuello, atados de pies y manos y desnudos de medio cuerpo arriva».  El recorrido es el acostumbrado o de estilo por las calles de la villa mientras se les azota y se pregonan sus delitos.

El ocho de Abril, ambos son remitidos en cuerda de presos hasta la cárcel de Toledo para desde allí ser enviados a los penales de África[16].

[1] Aunque el paisaje talaverano de hoy está dominado por el regadío, en la época de los hechos los cultivos de secano como el olivo y viñedo eran los más extendidos. Andrés recoge aceituna, uno de los cultivos sociales más importantes aún en la actualidad por los jornales invernales que produce. Sarmentador es el oficio del que recoge los sarmientos podados de las viñas.

[2] El palacio de los Condes de la Oliva todavía se mantiene frente al teatro Victora. Los establecimientos comerciales en él alojados deterioran el aspecto de uno de los pocos palacios que todavía quedan de la antiguamente numerosa nobleza talaverana.

[3] Mozo de cuerda, peón que se contrata para la carga y el trasporte eventual de mercancías con sus propias fuerzas.

[4] Varios hijos de esta antigua y noble familia de Talavera fueron militares famosos. Juan garcía Duque ganó fama por sus proezas combatiendo en la Orden de Calatrava. Diego Duque fue maestresala de los Reyes Católicos y coronel de caballería. Fernán Duque mayordomo de Juana la Loca y embajador en Inglaterra. Manuel Duque fue ayudante de Felipe V. Son todos miembros de la misma estirpe que se enterraban en el monasterio de la Trinidad al que protegían.

[5] Una legua equivale a unos cinco kilómetros y medio por lo que las primeras fechorías de Andrés y Juan habrían tenido lugar cerca del actual cruce de la carretera que va a Cazalegas desde la Nacional V.

[6] Probablemente Val de Santo Domingo, pueblo situado entre Maqueda y Torrijos.

[7] Arriero es el hombre que trasporta mercancías de unos pueblos a otros. La palabra deriva de la interjección ¡Arre!

[8] Carne seca y salada, también denominada tasajo. Era una de las provisiones que se llevaban durante los viajes. Puede fabricarse con carne de cualquier mamífero pero lo más habitual es que fuera de cabra aunque la más considerada era la cecina de burro joven.

[9] Cuero fino y blando generalmente de piel de carnero o de cordero muy utilizado para hacer bolsas que servían como monedero.

[10] Casaca hueca , larga y sin botones que regularmente suele usar la gente del campo

[11] La chupa es una vestidura ajustada al cuerpo y larga hasta las rodillas que abraza las demás vestiduras interiores.Encima de ella no se lleva más ropa que la casaca.

La montera es una cubierta de la cabeza con un casquete redondo, cotado en cuatro cascos y con una vuelta o caída alrededor para cubrir la frente y las orejas.

[12] En varias causas criminales se hace alusión a esta prenda que debía ser característica del vestuario de la comarca. Por otras descripciones podemos deducir que debía tratarse de una especie de blusón amplio de tejido fuerte.

[13] Piel del macho cabrío curtida y aderezada, se dice que el nombre procede de haberse trabajado con gran fama por su calidad en la ciudad de Córdoba.

[14] Tenían los agustinos en La Calzada de Oropesa una de las industrias textiles más prósperas de Castilla. En sus telares se fabricaban gran cantidad de hábitos y ropas religiosas fundamentalmente.

[15] En 1748 se establecen en Talavera estas fábricas y se pone a su mando a este francés nacido en Lyon. Fue perseguido en su país por no aclaradas cuestiones comerciales y después de una novelesca huida a Basilea estudia la maquinaria textil. En Amsterdan conoce a un caballero que le recomienda al ministro español José de Carvajal que le toma bajo su protección . Vienen a nuestra ciudad donde deciden positivamente sobre la idoneidad de nuestra ciudad para el establecimiento de la industria sedera de la que es nombrado director Juan Rulière comprometiéndose a traer operarios franceses expertos en el trabajo textil. Uno de ellos fue seguramente el protagonista de nuestra historia.

[16] Una de estas cuerdas de presos de la Santa Hermandad aparece en el Quijote . Se trata del episodio en que el Ingenioso Hidalgo se enfrenta a los cuadrilleros liberando a los reos.

EL PUENTE DE HIERRO, FOTOS ANTIGUAS Y DESCRIPCIÓN

Fotografía de Ruiz de Luna con las primeras obras del puente de Hierro
Fotografía de Ruiz de Luna con las primeras obras del puente de Hierro

EL PUENTE DE HIERRO

 HISTORIA

 Desde mediados del siglo pasado nuestra ciudad y las poblaciones de su entorno, sobre todo las situadas en la zona sur de su ámbito de influencia, venían demandando una solución definitiva al problema crónico de las comunicaciones, que se veían obstaculizadas por el lamentable estado del Puente Viejo. Sufría éste continuos destrozos por las crecidas y los cortes consiguientes del tránsito sobre el Tajo con las pérdidas económicas que eso suponía. Benito Díaz Díaz nos cuenta en su libro sobre la Restauración en Talavera que ya en la década de 1870 hay una iniciativa encabezada por el representante en cortes del distrito talaverano, el marqués de Malpica, para conseguir la construcción de un nuevo puente que remediara la permanente precariedad del antiguo.

Obras en el primer pilar del puente de Hierro
Obras en el primer pilar del puente de Hierro

A finales del siglo XIX el problema se agrava y la movilización ciudadana intenta conseguir una solución definitiva, sobre la que muchos se muestran escépticos por el fracaso anterior de diferentes tentativas. Es el caso del cronista de la época, Ildefonso Fernández, que en su Historia de Talavera, comenta:

«Hechos están, según parece, los planos para construir otro puente de hierro, frente a la Glorieta; pero el proyecto no ha pasado de esa categoría, acaso uno de tantos ardides políticos como se suelen emplear para conseguir votos en vísperas de elecciones de diputados».

Fotografía de Ruiz de Luna con las obras del primer pilar del puente de Hierro
Fotografía de Ruiz de Luna con las obras del primer pilar del puente de Hierro

Sin embargo, en las elecciones generales de 1898, el candidato liberal, Jose Luis Gallo, gana en el distrito de Talavera y consigue llevar a efecto una de sus promesas electorales, lograr la construcción de un nuevo puente sobre el Tajo. Fue grande el alborozo de los talaveranos al aceptar el gobierno acometer el proyecto, celebrándose el hecho con repicar de campanas cuando llegó la noticia a la ciudad. José Luis Gallo fue nombrado hijo adoptivo de Talavera y a él se dedicó la calle que actualmente da acceso al puente, la antigua calle de Los Siete Linajes.

Por diversas vicisitudes políticas y administrativas se retrasa la subasta de las concesiones hasta 1901, pero tres años más tarde, en 1904,  comienzan las obras, debido este retraso, en parte, a las crecidas del río. La construcción del puente se adjudica a la Sociedad Metalúrgica Duro-Felguera que, a su vez, subcontrata las obras de “tierra y fábrica” a la empresa del constructor Félix Forero. La vivienda de este empresario se conserva todavía en la plaza de Aravaca y alberga la delegación de la Consejería de Agricultura. Es una hermosa construcción de arquitectura racionalista, con detalles de cerámica en su patio y fachada. Fue, ésta del puente, una obra innovadora para el momento y su inauguración  constituyó una noticia de alcance nacional. El hecho se convirtió en toda una fiesta popular para los talaveranos, con arcos de triunfo, fuegos artificiales junto al río y diversos actos culturales y sociales entre los que destacó la representación de una comedia alusiva al evento. La ceremonia central fue la inauguración propiamente dicha con el desfile de la comitiva de autoridades desde la estación de ferrocarril hasta el puente.

Ingenieros, contratistas y obreros haciendo los cimientos del Puente de Hierro
Ingenieros, contratistas y obreros haciendo los cimientos del Puente de Hierro

La humedad  y el tiempo habían deteriorado gravemente esta obra de ingeniería tan significativa en la historia reciente de Talavera, sufriendo además en su estructura los avatares de la Guerra Civil, que dejó huellas de los bombardeos en sus estructuras metálicas. El puente ha sido recientemente restaurado por la Consejería de Obras Públicas y se ha rebautizado con el nombre de puente Reina Sofía pintándole de color rojo.

Ceremonia de inauguración del puente de Hierro
Ceremonia de inauguración del Puente de Hierro

DESCRIPCIÓN

El Puente de Hierro tiene una longitud total de 426 metros, está dividido en diez tramos metálicos de 41 metros de luz que se construyen en hierro y acero. La  estructura se desliza sobre cojinetes de acero que, a su vez, se apoyan en  nueve pilares y dos estribos de mampostería que se fundamentan sobre hormigón. Los paseos vuelan de la estructura y la iluminación se realiza a base de farolas de época.

Los curiosos visitan el puente de Hierro en foto de Ruiz de Luna
Los curiosos visitan el puente de Hierro en foto de Ruiz de Luna

EL PUENTE DEL ALBERCHE

EL PUENTE DEL ALBERCHE

Los dos únicos arcos del Puente del Alberche aún en pie
Los dos únicos arcos del Puente del Alberche aún en pie

 La red viaria romana unía Toletum con Emérita Augusta a través de Talavera (Caesaróbriga). Desde hace dos mil años nuestra ciudad era y es paso obligado de las comunicaciones del centro peninsualr con el occidente ibérico. Era por tanto obligado cruzar también, casi siempre, el puente del Alberche que, según los expertos, tiene parte de su sillería más antigua labrada en esa misma época romana.

Los restos que quedan del puente nos permiten todavía observar dos de los arcos, precisamente aquellos por los que discurre hoy el poco caudal del Alberche. El resto de pilares se cimentan sobre los restos de sillería del primitivo puente romano, que en algunos de ellos muestra todavía el arranque de los arcos.  Esos pilares son de ladrillo aunque se rematabn en la parte superior por sillares planos de granito. En algún tramo, especialmente en el extremo oriental del puente se percibe parte de la barandilla, también de ladrillo.

Pilar moderno del puente del Alberche sobre las antiguas estructuras romanas
Pilar moderno del puente del Alberche sobre las antiguas estructuras romanas

El río Alberche, aunque menos caudaloso que el Tajo, sufre en determinadas épocas grandes avenidas por los deshielos de Gredos o por las escorrentías serranas de épocas lluviosas. Como en el caso del puente sobre el Tajo, eran continuos los desperfectos y los arreglos consiguientes, que debía asumir el concejo talaverano para mantener transitable una de sus principales fuentes de ingresos, «por el mucho peligro que ay en el paso de la dicha puente» como se decía ya en 1501. Es popular el dicho de la comarca que avisa de estos peligros: «Si el Alberche y el Tajo se amistan, Talavera Dios te asista». Cuando el puente, en el que confluía también el transitado Camino de los Veratos, estaba inutilizado se cruzaba el río por el vado de La Cabra, situado a algo más de dos kilómetros río arriba.

La mayor parte de los ganados trashumantes que pasaban por Talavera, salvo los que discurrían por  la cañada leonesa a través de Navamorcuende y Velada directamente hacia Puente del Arzobispo, se veían obligados a pasar por el puente del Alberche. La Mesta llega a firmar diferentes concordias con la villa para regular el paso de ganados por el puente y surgen algunos conflictos, uno de ellos en el siglo XVI, porque los arrendadores de la renta del puente del Alberche obligaban ilegalmente «a beuer o pagar un açunbre de vino» a los hermanos mesteños que sólo debían pagar realmente dos ovejas por cada mil cabezas y un dinero por cabeza de rebujal.

Entrada oriental al puente del Alberche
Entrada oriental al puente del Alberche

En los puentes no sólo se cobraban derechos de pontazgo por el paso de mercancías o ganado, también la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera aprovechaba estos lugares estratégicos para recaudar la “asadura”, impuesto destinado a financiarla, que sobre el ganado cobraba tan significativa institución que hacía funciones de “policía rural”  en las tierras de Talavera.

Vinculada a este puente estaba otra fuente de ingresos paralela del concejo talaverano, la Venta del Alberche, un lugar lleno de historia y trasiego de gentes que todavía conserva algunos edificios junto a la orilla occidental  aunque se encuentra en estado de abandono total. También, eran controlados en este punto los viajeros y mercancías durante los periodos epidémicos poniendo guardias que vigilaran el paso.

Dibujo de jesús Morales que representa a la Venta del Alberche poco antes de su demolición
Dibujo de jesús Morales que representa a la Venta del Alberche poco antes de su demolición

Por su valor estratégico sufrió este puente diversas vicisitudes bélicas entre las que destacaríamos la Batalla de Talavera, durante la Guerra de la Independencia. En ella jugó un papel estratégico esencial, siendo asignada su defensa a las tropas españolas. Como huella de esa importancia estratégica durante la Guerra Civil todavía pueden observarse los restos de los bunkers que lo defendían.

Uno de los búnkers de la Guerra Civil a la entrada del puente del Alberche
Uno de los búnkers de la Guerra Civil a la entrada del puente del Alberche

Cuando visitaban los reyes Talavera o cruzaban por la ciudad de paso hacia Extremadura o Portugal, las autoridades, clero y nobleza locales acudían a esperarles al puente de Alberche, aunque también se aguardaba a estas visitas regias o a otras de menor importancia en el puente Cordero, un poco más próximo a Talavera, sobre el arroyo de las Parras, justo en el mismo lugar donde se exhibían para público escarmiento los cuartos de los ajusticiados que habían sido despedazados.