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VIAJEROS POR TALAVERA EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX

TALAVERA EN LA LITERATURA

Viajeros por Talavera en los siglos XVIII y XIX

La calle Carnicerías surcada por diversos albañales que causaban tan mala impresión a los viajeros.. Dibujo de Enrique reaño sobre foto se Ruiz de Luna
La calle Carnicerías surcada por diversos albañales que causaban tan mala impresión a los viajeros.. Dibujo de Enrique reaño sobre foto se Ruiz de Luna

Un anónimo viajero que pasa por Talavera en 1700 contempla, como muchos otros, que las recientes lluvias torrenciales han derribado el puente Viejo; y a su paso por El Real de San Vicente anota que se está representando una comedia y que después de correr un toro “furioso” lo matan.

Es agradable la sensación que le produce nuestra ciudad al ilustrado viajero Antonio Ponz en 1784, pues comienza su descripción de ella diciendo: “El territorio hasta Talavera es de más de una legua; y siendo vega muy llana, se podría regar parte de ella con las aguas del Alberche, que me parece vienen someras. Esto, me dijeron, se ha pensado varias veces, pero no se ha hecho. Logra esta villa, que es una de las principales del arzobispado de Toledo una situación tan ventajosa como ninguna otra de cuantas he visto. Está fundada en medio de de la referida vega. Baña el Tajo sus murallas por el lado del mediodía, y en la situación es muy parecida a la ciudad de Córdoba. Dichas murallas se ven bastante arruinadas en aquel lado, y más en otras partes. De los antiguos nombres que dan nuestros escritores a Talavera, como Libura, Evura, Evora o Talabrica, escoja usted el que le parezca que sirve de origen al de hoy”.

La vega de Talavera siempre llamó la atención por su fertilidad y posibilidades de aprovechamiento
La vega de Talavera siempre llamó la atención por su fertilidad y posibilidades de aprovechamiento

A continuación el documentado visitante va describiendo puntualmente y con bastante extensión cada uno de los monumentos de Talavera, además de las Reales Fábricas de Sedas y de los alfares que todavía producen en su época la loza talaverana, aunque ya en franca decadencia.

Ya a principios del siglo XIX pasa por Talavera el francés Laborde: “Éntrase luego en una hermosa llanura circuida a lo lejos de pequeñas montañas, por cuyas raíces corre el Tajo. El camino es bastante bueno, pero mal cuidado. Desde ella se distingue ya a Talavera en toda su extensión, formando con sus grandes edificios, torres y chapiteles, un grupo de diversas pirámides, cuyo golpe de vista agradable, da una idea de la opulencia de esta ciudad. Llégase por fin a ella por una deliciosa alameda, pasando junto a la iglesia de la Virgen del Prado”.

Puerta de Mérida según grabado de la obra de Laborde en 1809. Recreación en dibujo de Enrique Reaño
Puerta de Mérida según grabado de la obra de Laborde en 1809. Recreación en dibujo de Enrique Reaño

Aparte de la agradable visión que le producen los numerosos monumentos de la ciudad, también describe la situación de Talavera en una “llanura descubierta, muy fértil, hermosa y alegre, y bajo un cielo bellísimo” Sin embargo, cuando se adentra en la ciudad dice que está mal planteada y que sus calles son estrechas y tortuosas, mal empedradas y algo sucias, impresión que como veremos será común a muchos otros viajeros.

Ya se habla de la existencia de dos paseos en Talavera: el del Prado y el llamado Paseo Francés que no es otro que el situado en la parte occidental de la ciudad y que se traza cuando en su entorno se levantan los edificios de las Reales Fábricas de Seda, en la zona que ahora conocemos como paseo de los Leones. También se refiere a la hermosura de la Plaza del Pan y a las murallas y sus puertas.

Del puente dice que tiene ¡35 arcos!, y que algunos son de madera. Hace después una descripción minuciosa de los principales monumentos de la ciudad y de las Reales Fábricas y también apunta la posibilidad de hacer el Tajo navegable y utilizar sus aguas para regadíos y así “asegurar las cosechas que no perecen sino por sequedad. Su vega amena y deliciosa produce mucho trigo, vino, aceite, seda, hortalizas y legumbres, los pastos de sus dehesas mantienen mucho ganado lanar, vacuno y de cerda”.

El viajero Francés Laborde que llega a Talavera en el siglo XIX señala también a algunos hijos ilustres de la ciudad y en el capítulo de “Usos y Costumbres” aparecen algunos datos curiosos sobre la vida en Talavera en 1809: “Los habitantes de Talavera son quietos y pacíficos; las diversiones son sencillas y poco diversificadas; alguna parte del año se representan comedias, se celebran algunos bailes, y uno de sus placeres es cantar en las calles por la noche, acompañándose de la zambomba. Esto dura desde todos los santos hasta Navidad en que cesa el uso de la zambomba y se sustituye por el pandero. Se conservan en Talavera algunos usos consagrados por la antigüedad. La mañana de Pascua de Resurrección, se levanta una hoguera en una de sus principales plazas, y se coloca en ellas una estatua colosal vestida a la moda que representa a Judas, y cuando pasa la procesión que se celebra del misterio de la Resurrección, se le da fuego y se reduce a cenizas”.

Panoramica de Talavera de la historia de Torrejón con las torres y chapiteles referidos en
Panoramica de Talavera de la historia de Torrejón  del siglo XVIII con las torres y chapiteles referidos en el texto.

Hace después una descripción sucinta de la fiesta de Las Mondas con datos ya conocidos y luego nos habla del clima: “El de Talavera es bellísimo, su cielo puro y sereno, los inviernos templados, las aguas muy buenas y los alimentos de sabrosa calidad; pero el verano es muy cálido, de lo que provienen tercianas intermitentes, o más bien de las aguas corrompidas que se encharcan en las calles y en los alrededores de la ciudad, lo que podría evitarse dándoles desagüe”.

Como vemos, el viajero observa, al igual que otros posteriores, lo caluroso de los veranos de Talavera e intuye que la causa de las fiebres tercianas, llamadas así porque la calentura le subía al paciente cada tres días, y que no son otra cosa que el paludismo, tienen algo que ver con las aguas estancadas, aunque piensa que se debe a su corrupción y no, como sabemos hoy día, a que en ellas se desarrolla el mosquito Anopheles que transmite con su picadura la enfermedad.

ÚLTIMA CAUSA DE LA SANTA HERMANDAD REAL Y VIEJA DE TALAVERA

ÚLTIMA CAUSA DE LA SANTA HERMANDAD REAL Y VIEJA DE TALAVERA

Navatrasierra, donde discurren parte de los hechos, en pleno camino real de Guadalupe
Navatrasierra, donde discurren parte de los hechos, en pleno camino real de Guadalupe

Nos encontramos a primeros de junio de 1833 en Mohedas de la Jara. Hasta aquí se ha desplazado el hermano y comandante de la fuerza de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera para investigar el asalto sufrido por Juan Oliva, vecino de este lugar, que se dirigía hacia Puente del Arzobispo en compañía de un criado.

Según declara la víctima, había sido “asaltado por un hombre que por las señas que tenía y le habían referido, era uno de Carrascalejo(1) que se había dado al robo, quitando al testigo ochenta y un reales en metálico, en veinte pesetas, y lo demás calderilla, dos panes y un poco de cecina de fiambre…que ni al que declara ni al criado molestó el malhechor, pero sí amenazó con un arma de fuego que tenía puesta en el brazo”.

Tanto Juan Oliva como su criado reconocen al asaltante cuando se lo muestran a través de la ventana de la cárcel de Mohedas. Con el celo sistemático que ha caracterizado a la Santa Hermandad durante toda su existencia se continúan las pesquisas y, para ello, se traslada la comitiva con el preso a Campillo de la Jara. Allí se toma declaración a un vecino del lugar afectado también por las fechorías de Juan Gómez, El Boyero.

Se trata de Andrés López que se dirigía de La Estrella a Villar del Pedroso (2) montado en su jaca y buscando su trabajo de cedacero (3) y al pasar por el Cordel de las Merinas, “como a un tiro de bala”, le sorprendió un hombre que salió de entre unas peñas y le dijo que se apease y se echase boca abajo apuntándole con una escopeta corta. El ladrón tomó su dinero y quiso también robarle la capa, pero la víctima le rogó que se la dejase “pues que todos eran amigos y convecinos”, a lo que respondió el bandido:

-¡No digas nunca que conoces a nadie, que me dan intenciones de abrasarte!

También es reconocido El Boyero por su víctima de El Campillo. Prosigue el periplo indagatorio hermandino y llegan ahora a La Nava de Ricomalillo en busca de pruebas contra el preso. Como en otras ocasiones, se requiere al alcalde de la localidad para que ponga a disposición de la Santa Hermandad a los testigos que puedan aportar algún dato.

Puente de los Guadarranues, donde se producían numerosos asaltos de bandoleros.
Puente arruinado de los Guadarranques, donde se producían numerosos asaltos de bandoleros.

Comparece Manuel Muñoz que relata cómo “pasando el declarante a la villa de Castilblanco (4) a marquear (5) tierras, y al caer del lado allá del cerro que llaman Atravesado, en el sitio de los Guadarranques, salió de entre una madroña un hombre con una escopeta corta y una especie de lanza o chuzo atado a la boca de ella”, y apuntando al testigo, le dijo en voz alta:

-¡Paisano abajo!, ¡El dinero! ¡Pronto!

Manuel se ve obligado a entregar la peseta que llevaba para el viaje, además de una bota de vino y la merienda para el camino. El ladrón le permite el paso pero cuando se halla ya a cierta distancia le vuelve a llamar a voces, y le dice:

-¡Poco a poco!…, que todavía llevas más dinero…

Asustado, se registra la faldriquera y le entrega unas monedas balbuceando:

Aquí tengo otros cinco cuartos que me han quedado… haga vuestra merced lo que quiera.

Tráigalos vuestra merced. Que vuestra merced no los necesita para llegar al pueblo. Y cuidado con decir algo, porque si lo vuelvo a coger lo pagará todo -responde el salteador.

Este mismo testigo añade que un hortelano, al que comentó su desgracia al llegar a las huertas de Alía, le dijo que un religioso jerónimo de Talavera también había sido asaltado en los Guadarranques.

La siguiente jornada de las investigaciones se desarrolla en Belvís de la Jara. Aprovechando la estancia en este pueblo, es interrogado el propio acusado sobre los hechos que se le imputan. Conocemos así que nuestro protagonista tiene treinta y tres años, es casado y trabajador del campo. Acosado por la persecución que se le hacía y deseoso de mudar de vida, se presentó voluntariamente al comandante de la fuerza de la Santa Hermandad cuando éste requirió su presencia en Carrascalejo. El primer delito en el que se ve implicado es la ejecución de un robo de bastantes intereses en la casa de un hacendado de Alcaudete de la Jara. Pero al salir de la vivienda con sus cómplices, Ajofrín y Montanera, son perseguidos por los vecinos del pueblo capturándole solamente a él y escapando sus compinches.

Prisionero en la cárcel de esa localidad, declara dónde esconde el botín bajo promesa de perdón y libertad. Aunque descubre el escondite la justicia no cumple la promesa y El Boyero decide fugarse por una gatera del calabozo, después de haberse quitado los grillos, aprovechando el bullicio de la noche de las vísperas de La Candelaria. Huye a la sierra de Carrascalejo siendo desde entonces su ocupación la de hurtar lo que ha podido, viéndose perdido y sin tener otro recurso para vivir.

Se conocen de esta manera nuevos detalles sobre sus robos, así como otras fechorías. Al jerónimo de Talavera le había asaltado en Navatrasierra y robado trescientos cuarenta reales, aunque no le hizo mal alguno, ni siquiera desmontarle de la mula, aún cuando conoció que llevaba más dinero. Y dándole una peseta que le pidió.

También robó en el sitio de La Oliva cuarenta reales a un jabonero y en el mismo lugar asaltó al herrador de Valdelacasa quitándole una peseta y dejándole con otra, pues no llevaba más que dos.

La Hermandad intenta obtener datos sobre otros delincuentes y delitos y le preguntan sobre un famoso Antolín Martin, y sobre el robo que se hizo a unos vecinos de la Mina y de Helechosa en el que se derramaron los santos óleos que se llevaban a este último pueblo. El Boyero niega toda relación con tan horroroso atentado. Igualmente aclara que la escopeta y el polvorín que utilizaba en sus atracos, se los robó a un cabrero de El Castañar de Ibor (7).

Al llegar a Talavera se encierra al reo en la cárcel de la Santa Hermandad y se depositan las armas en su tribunal. Sin embargo, no se inicia el proceso judicial porque se intenta pasar la causa a la jurisdicción ordinaria. Para ello se remite un oficio al Corregidor que no acepta en principio este caso porque los hechos se han desarrollado en despoblado. Después de varias idas y venidas el corregidor asume el proceso pues el primer delito había sido cometido en una casa de Alcaudete. Lejos están ya los tiempos en que la Santa Hermandad intentaba abarcar una mayor jurisdicción, y no como en estos años finales de la institución que trata de eludir su responsabilidad.

Dos años más tarde, en 1835, es abolida la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera.

(1) Pueblo de La Jara incluido actualmente en la provincia de Cáceres.

(2) Pueblo de La Jara actualmente incluido en la provincia de Cáceres.

(3) Es el oficio artesanal del que fabrica y vende cedazos. Consiste en un bastidor de madera sobre el que se ajusta otro del mismo material y que sujeta la tela o piel con los orificios más o menos gruesos según el material que se quiera cribar. En nuestra comarca se utilizaba la piel de perro. Los cedaceros ambulantes se llevaban los animales vivos que les facilitaban los clientes y en el siguiente viaje traían el cedazo ya fabricado.

(4) Pueblo de La Jara actualmente en la provincia de Badajoz

(5) Marcar, delimitar, deslindar y medir tierras. Oficio equivalente al de los antiguos agrimensores o los actuales topógrafos.

(6) Pueblo de La Jara actualmente incluido en la provincia de Cáceres

(7) Lugar que hoy se incluye en la comarca extremeña de Los Ibores pero que perteneció a la Tierra de Talavera.

LA JARA ÉPICA Y ESTÉTICA

HOMENAJE A D. FERNANDO JIMÉNEZ DE GREGORIO

CONFERENCIA 18-3-1998

LA JARA ÉPICA Y ESTÉTICA

Este es el texto de la conferencia impartida por Miguel Méndez-Cabeza con motivo del homenaje que organizado por los colectivos de La Enramá y Arrabal, tributó Talavera a Don Fernando Jiménez de Gregorio

Chozo de pizarra en La Jara
Chozo de pizarra en La Jara

Es una satisfacción poder hacer una aportación personal con esta conferencia al homenaje que sin duda nuestra ciudad debía tributar al maestro, amigo y paisano que hoy preside esta mesa. Paisano que lo es y por partida doble, pues ya es talaverano de hecho y derecho pero también porque es jareño, nacido en uno de esos pueblos que fueron aldeas de Talavera, que ejerció de madre de todas ellas y también a veces, porqué no decirlo, un poco de madrastra.

Ahora que los grupos mediáticos dominantes nos dicen cual es la épica que debemos consumir, los humanos, siempre anhelantes de motivar nuestras aburridas vidas con lo heroico, y ahora que nuestros chavales son asaltados por la industria cinematográfica norteamericana, que antes de hacer una película ya sabe cuantos millones de dólares va a recaudar. Ahora que la gente joven piensa y hasta viste como deciden las grandes marcas multinacionales – a veces hasta visten de “yanquis pobres” como denuncia con ironía Camilo José Cela- a mí realmente se me llevan los demonios cuando veo que los héroes consumidos por nuestra juventud son musculosos héroes estúpidos cuyo nombre hay que traducir y además envueltos en una visión de la historia que hasta es ofensiva y sesgada para nosotros los españoles. Es el caso de la visión de la Inquisición que nos ha hecho tragar el mundo anglosajón en la que parece que España ha sido la madre de todas las infamias, cuando sabemos por ejemplo que el número de los que fueron quemados en la hoguera en muchos países de Europa es muy superior al de los que murieron en España a manos de tan terrible institución. Ahora, por ejemplo, debemos tragarnos en una película realizada por los descendientes de los cultivadores de algodón, una imagen de España como paradigma de nación esclavista. Una sarta de disparates en fin que además degustamos con delectación y lo que es peor, pagando por ello.

Pues bien, en un territorio pobre y olvidado que tenemos aquí cerca hay toda una épica, argumentos para mil novelas, madera humana para esculpir mil héroes en la imaginación. Porque quiero decirles que hoy mis palabras no quieren ser palabras de historia sino palabras de fantasía, de la fantasía que despiertan la historia y las gentes de La Jara en mi imaginación .

Dolmen de Azután
Dolmen de Azután

Y puestos a imaginar y a buscar aventuras, vayamos cuatro mil años atrás y veamos con nuestra neuronal máquina del tiempo cómo un grupo de hombres comienza a colonizar nuestro territorio jareño, imaginemos cómo traen por primera vez desde poniente la sabiduría de la agricultura. La humanidad ya no debe levantarse cada día por la mañana sin saber si va o no va a tener ese día un bocado que llevarse a la boca. La agricultura produce excedentes que deben ser custodiados del ataque de tribus cercanas y esto conlleva jerarquización de los pueblos. Esa renuncia de la libertad individual conduce sin embargo a poder llevar a cabo empresas ambiciosas como la construcción de dólmenes. Dólmenes como éste de Azután que podemos imaginar durante su construcción con esos primeros jareños sociales manejando rulos, palancas y toscas herramientas para cortar y transportar los enormes ortostatos de granito que conforman este primer monumento de La Jara.

Esas gentes que ya deben proteger de los enemigos cercanos sus primeros excedentes alimentarios o su valiosa producción mineral, se asientan en cerros elevados y fortificados con amurallamientos y empalizadas que dominan los valles de los ríos, verdaderas autopistas prehistóricas, para adentrarse en el fragoso terreno de nuestra tierra hasta llegar a las pobres pero superficiales y fácilmente aprovechables vetas de minerales jareños. Imaginemos la batalla entre los hombre de la Edad del Bronce que ocupaban por ejemplo las elevaciones del Jébalo contra otra tribu en el Pusa que hubiera perdido su cosecha por un incendio. Imaginemos guerreros como éste que aparece en la estela de Las Herencias con su casco su espada, su carro y su ajuar.

Estela de guerrero de Las Herencias de la Edad del Bronce
Estela de guerrero de Las Herencias de la Edad del Bronce

Un milenio después unas curiosas tribus célticas que van salpicando de extrañas esculturas de toros y cerdos nuestra tierra. Recorren los incipientes caminos ganaderos con su pobre ajuar de pueblos pastores en busca del aprovechamiento estacional de los pastos. Unos odres para el agua, una escudilla de madera y una mochila de cuero. Un pueblo este de los vettones que no ha dejado por ello casi restos arqueológicos. Solamente sus mágicos animales de piedra repartidos por toda La Jara y el resto de las tierras de Talavera.

Estos y otros pueblos son derrotados y deben descender de las elevaciones donde se asientan porque así lo consideran más seguro para su imperio los colonizadores romanos que van dejando pinceladas arqueológicas en los muros de nuestros modestos pueblecitos. Inscripciones y aras de una cultura latina sobre la que se levantará la nueva cultura cristiana. Hasta en las piedras sillares de las iglesias hallamos esas raíces romanas o en esas grandes tégulas y piedras de molino de mano que tropezamos en las orillas de cualquier arroyo, restos de esta nueva colonización que dejará repleto el territorio de “villares y villarejos”. Una recolonización más de esta tierra que lleva como un estigma en su nombre de “La Jara” la marca indeleble del inseguro desierto en que se convertirán una y otra vez sus tierras.

Capitel visigodo de Mohedas de La Jara
Capitel visigodo de Mohedas de La Jara

Otro pueblo más, el visigodo, se aventura a intentar sembrar estas duras tierras y suben por sus ríos y arroyos en una dispersión ruralizante a la que sucederá otra nueva fase de desierto. Dejan sus tumbas hechas de lajas de pizarra donde reposan hombres de buena envergadura pero que, en nuestro caso, apenas se acompañan en su último viaje de una jarrita junto a su cabeza y algún pequeño pendiente de nácar. De nuevo la épica de la supervivencia en una naturaleza dura, casi hostil.

Sepultura hecha de lajas en el prado de la Moneda en Los Villarejos en Alcaudete, hoy sumergido por embalse del Jébalo
Sepultura hecha de lajas en el prado de la Moneda en Los Villarejos en Alcaudete, hoy sumergido por embalse del Jébalo

España es conquistada por los musulmanes. Tariq y Muza se encuentran en la capital de La Jara, en Talavera, y aquí nos gusta creer en la leyenda de cómo el general presenta a su señor nada menos que la mesa de Salomón elaborada con oro y piedras preciosas que había arrebatado a los visigodos de Toledo, para así calmar sus iras. La Jara y Talavera se repueblan de aguerridas gentes norteafricanas, bárbaras según los propios árabes, los llamados bereberes, que en realidad se nombran a sí mismos como el pueblo amazigh. Guerreros que como tantas veces en la historia del Islam siguen al primer iluminado que quiere guardar las esencias de su religión. Ahmed ben Muáwiya, un cordobés apodado Ibn al-Quitt, que se hace pasar por Mahdí (es decir, por un imán misterioso, miembro de la familia de Mahoma que debía venir a restablecer la fe corrompida y someter a todo el universo al Islam), predica la guerra santa a los bereberes de la frontera inferior y media y les promete conquistar la fuerte ciudad de Zamora. Las gentes de Talavera y su alfoz se unen masivamente a la iniciativa. Al-Quitt consigue reunir un ejército de 60.000 hombres. Le ayuda el jefe de la fortaleza de Nafza, identificada con nuestra ciudad de Vascos, donde queda instalado el cuartel general. Cercada Zamora, fue derrotado y muerto el imán al Qitt en el año 901 y su cabeza colgada durante muchos días como trofeo de victoria en una de las puertas zamoranas.

Alcazaba de la ciudad de Vascos con el reculaje del embalse de Azután en el Uso
Alcazaba de la ciudad de Vascos con el reculaje del embalse de Azután en el Uso

Cuanto misterio encierra la ciudad de Vascos, una ciudad completa hispanomusulmana abandonada en un paraje tan agreste y hermoso junto a los despeñaderos del Uso. Pero no es la única, la fortaleza de Castros con los estribos de su puente, el castillo de Espejel, el castillo de Alija y el desaparecido de Canturias formaban esa impenetrable línea “maginot”, una casi inexpugnable línea defensiva que los árabes trazaron junto al Tajo para impedir así el avance de los cristianos. Era frontera de la marca media con los politeístas, como denominaban los musulmanes a nuestra tierra.

Puerta norte de la ciudad de Castros
Puerta norte de la ciudad de Castros

Esos castillos, pero sobre todo infinidad de torres, torrecillas y torrejones como esta de Alcaudete salpican La Jara. Desde ellas los musulmanes vigilaban el avance de los cristianos dicen algunos que avisando a los suyos con señales de humo. Más tarde, también los cristianos escudriñaban el horizonte temiendo las razzias del islam. Cuanto valor, cuanta necesidad obligaría a los pioneros repobladores de uno y otro bando que se atrevían a internarse en los desiertos jareños con sus rebaños y sus colmenas. Gentes con el miedo en el cuerpo, en una permanente inseguridad, viviendo miserablemente en sus chozas retamizas tantas veces quemadas, con sus ganados tantas veces robados, con sus mujeres violadas.

Torre medieval de Alcaudete de La Jara
Torre medieval de Alcaudete de La Jara

Conquista Alfonso VI Talavera y La Jara se convierte en la tierra de nadie donde solamente se atreven a internarse cazadores, pastores y colmeneros que inician la verdadera conquista de una tierra, conquista que no es la militar sino la aventura de la repoblación de LaJara por estas humildes gentes, siempre al límite de la supervivencia en una tierra salvaje. Nuevos caudillos integristas mueven a los mismos pueblos que hoy día se ahogan en sangre en Argelia, a penetrar nuevamente en territorio cristiano a sangre y fuego, son los almohades, los almorávides e incluso los benimerines, los que con sus continuas incursiones obligan a esos primeros y humildísimos jareños a refugiarse en las moradas, elevados escondrijos toscamente amurallados como el que lleva ese nombre, Risco de Las Moradas, el pico más alto de La Jara.

En el interiordel propio muro de la muralla castreña de la Sierra de la Estrella hay refugios o "moradas"
En el interiordel propio muro de la muralla castreña de la Sierra de la Estrella hay refugios o «moradas»

Después de la batalla de Las Navas de Tolosa se consolidan las fronteras y se afianza esa pequeña gran epopeya que fue la repoblación de los territorios jareños. Son colmeneros los primeros habitantes que van asentándose por toda La Jara con sus posadas de colmenas. Una especie de corral situado en pendiente y fabricado con muro de mampostería algo elevado para impedir el acceso de los osos, que además siempre debía situarse cercano a una corriente de agua por ser necesario para las abejas. Las colmenas hechas de corcho con virus de jara se cerraban con barro y boñiga de caballo. Esos colmeneros que basaban su industria en la escasez de edulcorantes de la época fueron también cultivando las tierras cercanas a sus colmenas, cultivando primero pequeños huertecillos y alguna tierra de pan llevar para después, junto a pastores y cazadores ir agrupándose en pequeñas aldehuelas que irían dando origen a los pueblos actuales. Sobrecoge la soledad y la incomunicación de aquellos pioneros jareños.

Pero aquellos colmeneros debían protegerse de los muchos bandidos que infectaban la Jara y que aprovechaban esas soledades para cometer todo tipo de atropellos contra ellos. Es así como se organiza un sistema de autoprotección popular que a principios del siglo XIV se sustanciaría en la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera que mediante expeditivos métodos justicieros asaeteaba atados a un árbol a los delincuentes atrapados in fraganti. ¡Cuantas escenas de persecuciones y llamadas nocturnas de favor a campana tañida podemos imaginar, cuantos miles de argumentos novelescos guarda el archivo de la Santa Hermandad.

Cuerda de presos custodiados por los cuadrilleros de la Santa Hermandad
Cuerda de presos custodiados por los cuadrilleros de la Santa Hermandad

Esa Santa Hermandad, que los historiadores de la Guardia Civil consideran como la más directa y antigua precursora de su instituto armado, vestía de verde, color que más tarde imitaría el Duque de Ahumada. El yugo y las flechas de los Reyes Católicos o las colmenas fueron algunos de símbolos de nuestra Hermandad.

Esa institución tan paradigmáticamente talaverana tenía su sede en el edificio y cárcel que junto a la puerta de Zamora se levantaba en torno a la iglesia de Rocamador y que fue lamentablemente destruido hace unos años. La Santa Hermandad era una institución simbólica de la identidad talaverana que se reunía en pie de igualdad con las hermandades de Toledo y Ciudad Real en las llamadas Llegas, reuniones que se producían en puntos generalmente equidistantes de las tres ciudades como Navas de Estena o El Molinillo.Estas reuniones se llevaban a cabo con un estricto protocolo y ceremonial en el que las grandes comitivas se acompañaban de los cuadrilleros con sus vistosos trajes e incluso arrastraban a una gran concurrencia de gentes como músicos, danzantes o titiriteros.

Imaginemos a los cuadrilleros hermandinos recorriendo la Jara de pueblo en pueblo buscando pruebas y testimonios de los delitos cometidos en despoblado, investigando robos, asaltos, violaciones, delitos de cuatreros, incendiarios, bandoleros, falsificadores y timadores. ¿Qué falta nos hace acudir a Holliwood o al salvaje oeste cuando todos sus personajes, todos sus héroes y víctimas ya estaban inventados en La Jara cientos de años antes de que el imperialismo cultural americano nos hiciera tragar sus personajes de cartón piedra..

La jara fue históricamente refugio para gentes perseguidas, para gente marginada o automarginada de la sociedad que se echaba al monte por los más variados motivos, desde los golfines, considerados como el primer ejemplo de bandolerismo por los historiadores de este fenómeno social tan español, hasta los contrabandistas que cruzando sierra tras sierra desde Portugal o desde Andalucía utilizaban la Jara como lugar estratégico de paso hacia la capital del reino y el interior peninsular.

Maquis capturados por la Guardia Civil
Maquis capturados por la Guardia Civil

O los maquis que a partir de los primeros huidos de la represión de comienzos de la Guerra Civil, que tantos restos de fortificaciones dejó en nuestro territorio, forman grupos de guerrillas en las sierras jareñas que intentarían resistir hasta que una hipotética victoria de los aliados en la guerra europea hubiera precipitado una caída de la dictadura que nunca llegó. Otro episodio éste de la épica jareña en el que, como en toda actividad del hombre se produjeron hechos de valor y grandeza junto a otros de sangre, venganza y miseria humana. Nombres de maquis, “los de la sierra” como se conocían en La Jara, como el de Quincoces o Chaquetalarga están vinculados a una etapa de la historia que por razones obvias ha sido poco desentrañada, poco analizada objetivamente. Talavera, fue centro de referencia de las guerrillas antifranquistas de Gredos, La Jara y Extremadura que cuando iban sus mandos a reunirse en la huerta del tío Matapulgas, junto a la estación de ferrocarril fueron sorprendidos muriendo en la acción varios activistas que tenían su contacto y proveedor de armamento en un maquinista de la línea Madrid -Lisboa.

Los viajes y peregrinaciones son fuente inagotable de experriencia humana y de contacto entre los pueblos y las culturas, pero también de picaresca y delincuencia. Nuestra tierra fue recorrida por miles de peregrinos que cruzando el Puente del Arzobispo se encaminaron al segundo objetivo más frecuentado en la historia de las peregrinaciones españolas, me refiero a Guadalupe que desde la Edad Media atrajo a nobles, reyes y gentes modestas entre los que se mezclaban numerosos oportunistas y pícaros que se encargaba de vigilar la Santa Hermandad de Talavera, ya que Guadalupe pertenece a esa Gran Jara que después se dividiría por cuestiones políticas y burocráticas. Todavía permanecen en pie los hospitales de Puente, Villar del Pedroso y el Hospital del Obispo que recogían a los peregrinos enfermos, pero mientras que otras rutas de peregrinación son potenciadas y financiada su rehabilitación, nuestro Camino de Guadalupe sigue olvidado.

Capiteles del Humilladero de Guadalue, desde donde los peregrinos daban vista al monasterio por primera vez
Capiteles del Humilladero de Guadalue, desde donde los peregrinos daban vista al monasterio por primera vez

¿Qué más queréis en cuanto a personajes de aventura se refiere? ¿ Queréis fiebre del oro?, pues también la tuvimos, la Jara fue tierra mineral donde desde la antigüedad se intentaron explotar sus recursos. La mina de oro más rica de España de la época moderna se encontraba en La Nava de Ricomalillo, de ella se extraía el oro que serviría para acuñar las doblas Jaeñas, la mina de La Oriental, y tal era su riqueza que el rey tuvo que intervenir en cierto episodio del siglo XVIII cuando por un problema de concesiones fueron arrasadas y quemadas las chozas de los mineros por una tropa al mando del alcalde de Talavera. Pero no fue esta la única mina de La Jara, otras de hierro o de galenas argentíferas salpicaron el territorio y fueron bautizadas con nombres tan sugerentes como: Madmoiselle, Sultana, Fortuna, Feliz, Nueva California, Demasía, Potosí y muchas otras con nombre de mujer. Un borrico, unos serones, un pico y una pala era todo el armamento con el que estos mineros de fortuna se enfrentaban a la Jara más profunda dejándonos solamente las galerías abandonadas y las pobres casas donde residieron. Aunque verdaderas instalaciones industriales como las ferrerías del Mazo o de el Fresnedoso en Anchuras han quedado como abandonado recuerdo de aquella peculiar fiebre del oro jareña.

Bocamina en Anchuras
Bocamina en Anchuras

También podemos hacer películas de safaris en la Jara. La actividad cinegética ha sido y es todavía una de las actividades más características de las gentes jareñas. Ya en los grabados del Martinete aparecen arqueros y ciervos. Según los medievalistas, fue en estas tierras de Talavera donde se practicó por primera vez la caza con cimbel por ejemplo, o los osos, jabalíes y venados que cazaba Alfonso el Onceno por estos lugares. y aunque ya no hay osos en La Jara, hay que decir que la Santa Hermandad pagaba ciertas cantidades por acabar con algún ejemplar de ellos, lo cual se tenía que demostrar aportando la cabeza y las garras del animal, que eran exhibidos en las puertas de la Cárcel de la puerta de Zamora. El enfrentamiento a los animales salvajes era frecuente en las sierras y por ejemplo así describen las gentes de Robledo del Mazo su cercanía con las bestias salvajinas, como decían entonces: “ y ha sucedido en este lugar de cuatro a séis días a esta parte, entrar en el dicho lugar de día un lobo y encontrarse con las gallinas que andaban en el exido que está junto a las casas de este dicho lugar y andar retozando con ellas y echarle perros para ver si le podían matar y hacerles rostro y los perros volverse de miedo y volver el dicho lobo a retozar en las urracas que andaban en el dicho exido”. A quienes hayan visto la película bailando con lobos les sonará esta escena. O el más conocido episodio que da explicación al nombre de Robledo del Mazo cuando “ para evitar el dicho daño de los osos en las colmenas hicieron en el arroyo que dicen de los Regatos del Mazo, un argumento que la misma agua del arroyo a un mazo que le pusieron hechizo, daba grandes golpes de noche y de día para con ello espantar a los dichos osos”.

Calco de un cérvido en los grabados de El Martinete
Calco de un cérvido en los grabados de El Martinete

Cientos de kilómetros de cañadas y cordeles cruzan nuestro territorio camino de Extremadura o de la sierra de Gredos. Talavera y su tierra jareña tuvieron una gran relación con la trahumancia y su organismo regulador, el Honrado Concejo de la Mesta. Esta relación no fue siempre satisfactoria y numerosos enfrentamientos jalonaron la relación entre los serranos que deambulaban con sus merinas y los labradores linderos que se veían perjudicados por los abusos de tan omnipotente institución. Podemos imaginar al todopoderoso alcalde entregador impartiendo justicia en los humildes pueblos jareños sobre las usurpaciones de cañadas, aplicando la ley con suma dureza y seguido con gran pompa de un cortejo que en ocasiones llegaba a las trescientas personas.

Oveja de raza talaverana
Oveja de raza talaverana

Pero no son los cuadrilleros, bandoleros, mineros, cazadores, golfines o peregrinos o trashumantes los personajes que a mí más me sobrecogen de nuestra querida Jara. Son sus sencillos habitantes que durante siglos vivieron al límite de la supervivencia, como relataban los vecinos de uno de sus pueblos también en el siglo XVI “ que es lugar de pocos aprovechamientos e que antes saben que el dicho lugar viene de cada día en disminución que en crecimiento por ser la tierra miserable y de pocos aprovechamientos, lo cual es causa de irse a otros pueblos por la nescesidad”.

La verdadera epopeya de La Jara es la de sus gentes humildes y laboriosas que sacaban cuatro espigas de centeno a las pedregosas laderas, que conseguían hacer un huerto sobre la ribera de un arroyo donde antes solamente parecía que podrían crecer las pizarras y los cantuesos, que día y noche vivieron en las sierras con sus cabras rodeados de lobos y de soledad o que plantaron los nobles olivos sobre sus empinadas laderas, en fin la epopeya de la supervivencia con el único recurso del trabajo de unas manos que extrajeron su escaso fruto a esta tierra poco agradecida de rañas y canchales.

Placa de cerámica de Las Herencias que alude a una epidemia de cólera
Placa de cerámica de Las Herencias que alude a una epidemia de cólera

Gentes que por si esto fuera poco veían además como la naturaleza se ensañaba con ellos, gentes que dedicaban sus fiestas a los santos que les libraban de las pestilencias, el pedrisco, el pulgón o la langosta y celebraban por ejemplo en esta placa de cerámica de Las Herencias que una casa se hubiera podido construir en tiempos de cólera. Hombres y mujeres que durante siglos estuvieron íntimamente en contacto permanente con la muerte, que se vivía como algo cotidiano que sin embargo se olvidaba al llegar la fiesta, representada con numerosos y arcaicos rituales religiosos unos y con evidentes raíces paganas otros como estos que veis de la vaquilla de Aldeanueva o la subida de la bandera al mogorro para protegerse las gentes de La Nava de las tormentas, que siempre fueron las inclemencias del tiempo duras y caprichosas con La Jara que hasta tiene una fiesta en fuentes que conmemora una nevada en Agosto.

Pero esa es precisamente la belleza de esta tierra, la belleza de la sobriedad castellana que siglos de vida austera marcaron en el carácter de los jareños, que sin embargo tienen un algo de sureño en su amabilidad, en la buena acogida al forastero y en su habla peculiar y socarrona. Una belleza que además de en el paisanaje, se observa en un paisaje duro, casi bronco de tierras antiguas

Olivares en las rañas de La Jara
Olivares en las rañas de La Jara

La Jara es bella en su luz intensa, en su sol abrasador que ya dibujaron junto al estenilla los hombres de la Edad del bronce,

en su luz azul castellana y mesetaria,

en su suelo arisco y mineral donde hace millones de años vivieron extraños seres hoy petrificados en sus cuarcitas y pizarras.

en su olor de mil plantas aromáticas.

en sus rañas y secanos pardas que se encienden con el sol rojo que se refleja en sus tierras rojas en los atardeceres de verano.

en sus sierras, en sus cumbres,

en sus castillazos y atalayas.

en sus valles,

en sus barrancos

en sus riberos

es hermosa en sus arroyos

en sus lagos y represas

sus lagunas efímeras

en sus ríos molineros

y en el Tajo que es su linde

es hermosa en sus espacios gigantescos

y en sus broncos cañones

en su pavorosa soledad

y en su deliciosa soledad

en su monte bajo

y en su alto monte

en sus casi volcánicos canchales

y en sus frondosos castañares

sus iglesias

sus ermitas

en sus casas

y en su arte

y en sus gentes

y en sus gentes

y en sus gentes

LA ALCAZABA

LA ALCAZABA

Quiere el alcalde hacer visitable la alcazaba sin haberla excavado ¡¡¡. Ofrecemos aquí una información básica sobre este monumento que ofrece grandes posibilidades siempre que no se hagan las cutrerías habituales

Lápida con escritura cúfica de la torre de la alcazaba musulmana de Talavera, hoy extraviada
Lápida con escritura cúfica de la torre de la alcazaba musulmana de Talavera, hoy en el Museo Arqueológico Nacional
Torre de la alcazaba en la Ronda del Cañillo. La flecha señala el lugar de la lápida desaparecida
Torre de la alcazaba en la Ronda del Cañillo. La flecha señala el lugar de la lápida desaparecida

HISTORIA

Comenzaremos la descripción de las antiguas murallas talaveranas por el extremo suroriental, donde se encontraba la antigua alcazaba musulmana descrita así por el historiador musulmán Al-Razi «Talavera fiziéronla los antiguos sobre el río de Tejo, en el partimiento de los moros e de los Christianos. E el muro de Talavera es muy fuerte e mucho alto e de muchas altas torres. E quando andava la era de los moros de trezientos e veynte e çinco años, e mandó Mira bomelym, fijo de Mafomad que fiziesen en Talavera un departimiento entre los de la villa e los de fuera, e que fiziese ay un alçar en que morasen los almoxarifes».

Vemos así como es Abderramán III quien ordena construir un alcázar en el año 936 para que residieran en él los gobernadores militares de la ciudad.
Esta alcazaba ocupaba el antiguo huerto de San Agustín. En recientes excavaciones arqueológicas se descubrieron los muros que dibujan el trazado de la planta del antiguo edificio. Según Francisco de Soto, Almanzor descansó en él cuando regresaba de sus campañas por Galicia.
Alfonso VI conquista Talavera en 1083 y nombra gobernador de su alcázar a Sancho del Carpio, ejecutado posteriormente por no haber sabido defender de los musulmanes el paso del río Tajo. Alfonso VII gustaba de pasar largas temporadas en el alcázar talaverano y hace algunas obras de acondicionamiento en el mismo. Alfonso VIII mejora las fortificaciones y reforma también este Alcázar Real. En 1351 muere degollada en este edificio doña Leonor de Guzmán, madre de Enrique II.
El alcázar es palacio arzobispal a partir de 1371, cuando Talavera pasa a depender del señorío de la mitra de Toledo. Durante el reinado de Enrique III vuelve por un corto periodo de tiempo a estar bajo la custodia real.
Durante la Guerra de las Comunidades acomete el ayuntamiento talaverano ciertas reparaciones y restablece la vigilancia del castillo para la cual eran precisos seis hombres. Su conservación debía ser precaria ya en el siglo XVI pues el arzobispo Jiménez de Cisneros inicia unas labores de acondicionamiento del alcázar al que ya se hace referencia como derruido.

Postal de los años 70 donde aparecen los restos de la alcazaba, escenario de parte de la leyenda de Nalvillos
Postal de los años 70 donde aparecen los restos de la alcazaba, escenario de parte de la leyenda de Nalvillos

DESCRIPCIÓN

Hay dos descripciones del alcázar muy valiosas para hacernos una idea de la estructura y distribución del edificio, la primera aparece en las Relaciones de Felipe II y dice:
«Al capítulo treinta y tres hay un alcázar hacia la parte del río, dentro del cual había buenos edificios de morada, los cuales están caídos, arruinados y deshechos como los antiguos. Había unos baños o algibes bien aderezados y no hondos, a los cuales se baxaba por pocos escalones y siempre tenían agua, y crecía y menguaba como el río y están cegados con los aposentos que estaban encima y se habían hundido, y arrimado al muro por la parte de dentro estaba una capilla de la advocación de San Juan, en que fue enterrada doña Leonor de Guzmán, madre del rey don Enrique, que hizo matar el rey don Pedro, teniéndola allí presa. Solía haber en tiempos en que residía un alcayde en el alcázar ciertas piezas de artillería de hierro y pequeñas puestas en unos leños en la torre del homenaje y balas de piedra e ballestas grandes de garrucha que se armaban con torno y en lo baxo, frontero de la puerta un tiro grande. Por la parte de fuera en lo del alcázar es la cerca muy grande».
La segunda es de Ildefonso Fernández, quien alude a la descripción de un licenciado llamado Plasencia que hablaba del alcázar como un edificio «muy fuerte y capaz, tanto como los mejores de Castilla, se hallaba dividido en tres partes principales con un hermosísimo patio central, de la siguiente manera: una que miraba al río Tajo y cuyas habitaciones adornaban dorados techos de madera, incrustados de leyendas alcoránicas. Desde este departamento se pasaba a lo largo del muro a las habitaciones de la segunda parte que caía al costado Norte y en cuyas paredes se ostentaban algunos escudos de armas de los arzobispos de Toledo como recuerdo de su señorial dominación cuando Talavera fue luego de su pertenencia. A la parte de poniente, hallábase el resto del edificio que servía para cuadras de la servidumbre, y oficinas indispensables de esta clase de palacios. En el centro del patio y arrimada al muro principal estaba la capilla dedicada a San Juan Bautista, y de la que se conservan afortunadamente dos reliquias…Es una de ellas la efigie del actual Cristo de la Misericordia y está en la capilla de San Ildefonso de la Colegial, y la otra una cruz grande de plata labrada que se halló entre los escombros del citado alcázar, siendo arzobispo D. Fray Bartolomé de Carranza que la regaló a la parroquia de Santa Leocadia donde se encuentra.»

Fotografía de Ruiz de Luna con la torre albarrana que quiere hacerse visitable y el muro oriental de la alcazaba
Fotografía de Ruiz de Luna con la torre albarrana que quiere hacerse visitable y el muro oriental de la alcazaba

El acceso principal se realizaba por una doble escalinata de piedra mientras que un postigo, en la parte opuesta, daba acceso al río. Entre sus dinteles y sillares se hallaron numerosas lápidas sepulcrales romanas y en la esquina con Ronda del Cañillo había una piedra con una inscripción que según la tradición popular decía: «Cuando el Tajo llegue aquí , Talavera , ¡Ay de ti !», pero según el autor del más completo estudio sobre nuestras murallas, Sergio Martínez Lillo, pudiera más bien haber sido la placa conmemorativa de las obras de fortificación de Abderramán III que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional. La planta del alcázar es rectangular con unas dimensiones aproximadas de 86×64 metros. Las excavaciones realizadas a la puerta de la alcazaba demostraron la existencia de un habitat tardorromano anterior de cierta importancia.

La alcazaba en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI
La alcazaba en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI

El testimonio gráfico del alcázar más valioso con el que contamos es el dibujo del siglo XVI de Van der Wingaerde , en él se aprecian hacia el oeste dos torres cuadradas que podían haber flanqueado una entrada y junto a ellas otra torre circular más baja. Señaladas con una “q” aparecen las que podrían haber sido dependencias más nobles con vistas al río, junto a la torre del homenaje. Más hacia el este se percibe una torre-campanario adosada a la muralla, posiblemente de la capilla de San Juan Bautista. Un puentecillo salva lo que parecen ser los restos del foso que antiguamente se inundaba en situaciones de peligro. Delante del alcázar se puede ver la pequeña muralla o barbacana de la que todavía hoy quedan algunos restos.
Bajo cuatro metros de sedimentos, que han ido dejando los años de explotación agrícola del Huerto de San Agustín, permanecen los muros de esta importante construcción islámica que, al no haber sido perturbada desde el siglo XVI, afloraría con su excavación, como han demostrado las catas arqueológicas realizadas en 1989 por Ramón Villa.

DIBUJOS Y REPRESENTACIONES DEL TAJO EN EL SIGLO XVIII

DIBUJOS Y REPRESENTACIONES DEL TAJO EN EL SIGLO XVIII

Historia de Talavera de 1768. Manuscrito 82-biblioteca-clm
Historia de Talavera de 1768. Manuscrito 82-biblioteca-clm

Hay en el siglo XVIII algunas representaciones idealizadas de la ciudad y en algunas de ellas aparece el río Tajo, aunque de forma muy esquemática.

Es el caso de la vista de Talavera que se reproduce en una de las historias manuscritas de la ciudad la de fray Andrés de Torrejón que se encuentra en la Biblioteca de Castilla-La Mancha y que se hizo en 1768.

Detalle del grabado anterior con la parte occidental de la villa
Detalle del grabado anterior con la parte occidental de la villa

De izquierda a derecha podemos ver en la parte ribereña del dibujo en primer lugar lo que denominan “paseo de chopos” (10) donde se representan los árboles que ordenó plantar su director Juan Ruliére en el Paseo de los Leones para dotar al barrio de San Andrés de un paseo y jardín, ya que los otros parques de la ciudad, la Alameda y el Prado, se encontraban en el otro extremo de la villa.

También se señala al fondo la Puerta de Cuartos (9) y por primera vez podemos ver representados algunos edificios de la Real Fábrica de Sedas, y en concreto el edificio hoy desaparecido de la Afinaduría (11), donde se hacían los hilos de oro y plata para adornos y entorchados. Entre éste y la puerta de Cuartos estaría el único edificio que queda en pie de la factoría, el llamado de los Molinos Nuevos, que en el otro dibujo del mismo autor aparece como Casa de las Estofas de Oro y Plata.

Con el número 12 se señala el que en realidad era el mayor de todos los edificios de de la seda, el de la Hilanza el que hemos dicho que sería cárcel de presos políticos tras la Guerra Civil para ser derruido después. Con el número 13 se señala la desembocadura de la Portiña y detrás la muralla de Entretorres con una de las albarranas ya arruinada y un portillo abierto en el lienzo.

Detalle del grabado anterior
Detalle del grabado anterior

Más a la derecha se representa la Torre de Nazar que ya hemos comentado se adentraba en el río y sostenía una noria para elevar el agua. A continuación está la Puerta del Río que se dibuja con un arco de sillería y rematada con una especie de espadaña o un balconcillo. En el puente no se representan los molinos del primer ojo del mismo, sí aparecen los que había donde hoy se sitúa la central eléctrica y en el ángulo de l quiebro de su recorrido se puede ver lo que parece un mojón o un monolito junto al número 15 que probablemente tuviera algún escudo o inscripción de una de sus reconstrucciones.

A la derecha del puente se ve la desembocadura del arroyo de Papacochinos y dos pontezuelas que lo salvaban. Y a la derecha del puente aparece la isla de Los Molinos y la del Palodulce o Paloduz. Donde hasta no hace mucho se recogían las raíces del regaliz y se vendía como golosina.

Si seguimos por la ribera encontramos la puerta de Sevilla que todavía hoy día se mantiene en pie. En el lienzo de muralla se perciben dos portillos, probablemente en la zona de la alcazaba, y más al este la torre del Polvorín (20). A continuación se ve el “prado de la villa” con algunas casillas de las que la más cercana a la ermita del Prado y rematada con pequeña espadaña puede ser la ermita de San Joaquín y Santa Ana hoy desaparecida.

Detalle con las torres de iglesias y conventos de Talavera
Detalle con las torres de iglesias y conventos de Talavera

En el casco urbano se levantan las torres de iglesias y conventos de la que algunas han desaparecido como la cúpula de los carmelitas descalzos (8) la torrecilla de la iglesia de san Clemente (7) junto a la puerta de Mérida (6). Luego de izquierda a derecha vemos la torre de El Salvador (4), la desaparecida cúpula de los jesuitas (3), hoy teatro Palenque. También ha desaparecido la de San Pedro (30) hoy Almacenes Moro. Ya existía la torre del Reloj aunque diferente de la actual y a continuación el campanario de los jerónimos que hoy es una espadaña de ladrillo (5) y al final Santa Leocadia. La torre a su derecha podría ser la del hospital de San Lázaro en la calle Cristo de la Guía.

Otro esquema dieciochesco que veremos en la próxima entrada de «Ríos de Historia» solamente aporta una imagen esquemática de la Casa de la Hilanza y la Alameda junto a la ermita del Prado.

TALAVERA EN LA OBRA DE CERVANTES

TALAVERA EN LA OBRA DE CERVANTES

Soldados famosos representados en azulejería de Talavera entre los que se encuentra Cervantes. Es un panel que se encuentra en el Archivo General de la marina de El Viso del marqués y que imita al del pórtico de la Basílica del Prado pero nominando a los personajes
Soldados famosos representados en azulejería de Talavera entre los que se encuentra Cervantes. Es un panel que se encuentra en el Archivo General de la marina de El Viso del marqués y que imita al del pórtico de la Basílica del Prado pero nominando a los personajes

En la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII la alfarería de Talavera llega a conseguir su máxima calidad y difusión en los mercados nacionales, europeos y ultramarinos. Se convierte, como hemos dicho, en la cerámica de moda y también se beneficia de las pragmáticas reales que pretenden impedir el agravamiento de la situación económica mediante la prohibición del lujo excesivo de las casas nobles en los ajuares y vajillas de oro y plata, haciendo así que el uso de la loza talaverana se extienda aún más. Son muchas las alusiones a ella en la literatura del Siglo de Oro que dejaremos para otra entrada del blog.

Por eso, también en la obra de Cervantes aparecen alusiones a la loza de Talavera en “La Guarda Cuidadosa”. Una criada despierta los celos de su novio soldado cuando se interesa por un sacristán, y como no había cocina donde las sirvientas no manejaran las vajillas talaveranas, es muchas veces obligada la alusión a ellas. Elogia el enamorado el trabajo de su moza cuando limpia la loza y la consigue dar un brillo casi metálico, y al mismo tiempo quisiera que el pensamiento de su amada quedara igualmente limpio de pensamientos en su oponente: ¡Oh platera la más limpia que tiene, tuvo o tendrá el calendario de las fregonas! ¿Por qué así como limpias esa loza talaveril que tienes en las manos y la vuelves bruñida y tersa plata, no limpias esa alma de pensamientos bajos y soto-sacristaniles?

La fiesta de Las Mondas es descrita por Cervantes en su obra "Los Trabajos de Persiles y Segismunda
La fiesta de Las Mondas es descrita por Cervantes en su obra «Los Trabajos de Persiles y Segismunda

Lope de Vega no se cansa en muchas de sus obras de alabar la blancura y brillo de los platos talaveranos, y también Tirso de Molina se refiere a ello, junto a otros autores, entre los que incluso se encuentra una de las personas que tal vez hicieron más daño a don Miguel de Cervantes, el autor del Quijote de Avellaneda, que en una de las escenas de su libro hace pedir a una criada dos reales para evitar los palos que le dará su amo cuando se entere de que ha roto dos platos de Talavera.

En «La Gitanilla», una de las novelas ejemplares de Cervantes, aparece Talavera en algún episodio como referencia geográfica de la acción, como no podía ser de otra manera cuando se habla de gitanos que recorren los caminos hacia Extremadura, pues siempre estuvo vinculada esta etnia al trato de caballerías y Talavera era uno de los mercados más frecuentados. De ahí la importancia que todavía hoy tiene la colonia gitana en Talavera.

Pero la obra en la que Cervantes hace alusiones más directas a nuestra ciudad es su novela póstuma, y puede que la más valorada por el propio autor: «Los Trabajos de Persiles y Segismunda». Es muy probable que el mismo Cervantes pasara por Talavera cuando fue en peregrinación a Guadalupe, para dejar allí en ofrenda sus grilletes de cautivo de los moros en Argelia. Una placa en cerámica talaverana situada en el precioso humilladero mudéjar desde el que los peregrinos daban por primera vista al monasterio de las Villuercas recuerda ese momento.

Los personajes de la novela pasan por Talavera a su vuelta de Guadalupe, y en el texto demuestra el autor conocer muy bien nuestra fiesta más emblemática, las Mondas.escanear0012

«La ida de Trujillo fue de allí a dos días la vuelta de Talavera, donde hallaron que se preparaba para celebrar la fiesta de la Monda, que trae su origen de muchos años antes de que Cristo naciese, reducida por los cristianos a tan buen punto y término, que si entonces se celebraba en honra de la diosa Venus por la gentilidad, ahora se celebra en honra y alabanza de la Virgen de las vírgenes. Quisieran esperar a verla; pero por no dar más espacio a su espacio, pasaron adelante, y se quedaron sin satisfacer su deseo”.

Sin satisfacer su deseo ni el nuestro, porque fue esta una gran ocasión que perdimos para que don Miguel hubiera hecho con su pluma universal una descripción de Las Mondas, tan esplendorosas en aquellos tiempos. También es muy curioso constatar que ya entonces era reconocido el origen pagano de estas fiestas.

Más tarde, en los capítulo VII y XVI del libro tercero de «Los Trabajos de Persiles y Segismunda», los personajes conocen a una moza talaverana a la que describen como «de gentil parecer, de hasta veintidós años, vestida a la española, limpia y aseadamente». Relata su historia la moza y resulta ser la mujer adúltera de un polaco llamado Ortel Baledre que, enamorado de ella en Talavera, la desposó, pero la talaverana se fugó con el mozo de un mesón. Apresados los adúlteros en Madrid, él murió en la cárcel y ella se vio obligada a seguir a un soldado español que iba a Italia y que no la trataba demasiado bien. Es el momento en que la talaverana se encuentra con Constanza, es cuando se produce el diálogo en el que Cervantes elogia a Talavera:

«-Desa manera -respondió Constanza-, ¿vos, señora, española debéis de ser?

-¡Y cómo si lo soy! -respondió ella-. Y aún de la mejor tierra de Castilla

-¿De cuál? -replicó Constanza.

-De Talavera de la Reina -respondió ella».

 

Y esta escena es precisamente la que ha dado nombre a esta web.

RUTA DE LA BATALLA DE TALAVERA

Ruta por el escenario de la Batalla de Talavera

Recorrido aproximado 17 kilómetros, 4 horas y media

Aquí os presentamos un recorrido básico, pero todos aquellos que estén interesados en recorridos guiados por el campo de batalla muy documentados pueden acceder a esta web de una joven empresa que organiza excursiones periódicas para conocerlas:

https://www.elprimeredecan.es/bienvenidos/

Hoy vamos a dar un paseo por el escenario de la que fue una de las batallas más importantes de la Guerra de la Independencia, recorrido que además nos servirá para conocer el entorno natural del embalse de la Portiña y las sierrecillas de El Berrocal.

Partimos de los Jardines del Prado en Talavera, donde se encuentra, junto a los arcos de entrada, el monumento erigido con cerámica en el año 2009, con motivo del segundo centenario de la confrontación de los franceses invasores y la coalición de ingleses y españoles, aunque en ambos ejércitos peleaban soldados de otras nacionalidades, como polacos, portugueses, holandeses o alemanes.

Seguimos por el paseo central hasta una rotonda en la que veremos un laurel que se plantó precisamente en el primer centenario. Llegamos a la Basílica del Prado, entonces ermita, frente a la que se exhibió y escarneció con disparos de las tropas el cuerpo del general San Juan, acusado por un clérigo trabucaire de haberse dejado vencer en la batalla de Somosierra, en la que los franceses pasaron el último obstáculo antes de entrar en Madrid. La misma ermita fue expoliada por los invasores, llevándose hasta cincuenta arrobas de plata y convirtiéndola en herrería y carretería, aunque se consiguió conservar la imagen escondida en los desvanes de la Colegial, y parte de su ajuar.

Laurel plantado en 1909 con motivo del primer centenario de la Batalla de Talavera

En la ermita se situaron las baterías que defendían la ciudad de las tropas que pudieran cruzar el Alberche, y aquí empezaba con destacamentos españoles el despliegue de las líneas aliadas en su extremo sur, mientras que aproximadamente a la altura del actual hospital se desplegaron las tropas de los franceses hasta el Alberche.

Desde la basílica nos dirigiremos a la avenida de Francisco Aguirre, que seguiremos en dirección oeste hasta llegar a la rotonda de la carretera de Cervera, pues la línea de despliegue de ambos ejércitos iba en dirección noroeste hasta esta zona en que paralelamente a ella se dispusieron a ambos lados y a prudente distancia  las fuerzas enfrentadas. Nosotros seguiremos por la orilla oeste del arroyo de la Portiña, recorriendo el mismo cauce o, más cómodos, por el camino que, pasando por el paraje de Piedrasmuchas, va hasta las depuradoras del embalse de la Portiña.

En el recorrido urbano que hemos hecho, entonces campos cultivados, y en el tramo de despliegue español hasta el Pajar de Vergara se produjo no se sabe bien porqué un episodio de confusión y una crisis de pánico en las tropas españolas que tenían encomendado ese sector, provocándose una desbandada que no tuvo mayores consecuencias en la batalla, aunque el hecho fue convenientemente magnificado por las crónicas de los ingleses, para intentar así aumentar el protagonismo de sus fuerzas.

Sobre el cerro Cascajal, en la zona de esta labranzo construida en 1909 se situaban las baterías francesas que batían el cerro Medellín

Una moza española llamada Isabel Moreno arengaba y llevaba agua a las tropas españolas y recibió la promesa de ser recompensada cuando finalizara la guerra, pero esta “Agustina de Aragón” talaverana no recibió premio alguno, y fue olvidada por las autoridades, pasada la contienda.

Pronto llegamos a la zona del entonces llamado Pajar de Vergara. Allí comenzaba el despliegue de los ingleses con la fortificación de esa labranza con zanjas y defensas hechas con montones de tierra. En este lugar se produjo, durante la primera fase del ataque general del día 28 de Julio, una de las actuaciones del ejército español que apoyando al inglés hizo que consiguieran los aliados detener a los franceses en uno de sus intentos de avance.

Seguimos en  el sector defendido por las tropas inglesas cuando cruzamos el  Canal Bajo del Alberche y su carretera de servicio, y ascendemos hacia las depuradoras de agua de Talavera, cruzando también el arroyo del valle de las Doncellas.

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Nos encontramos ahora en la zona que sufrió con mayor crudeza el fragor de la batalla, justo en la base oriental del cerro Medellín que se encuentra a la izquierda, y se distingue por tener un chalet en su cumbre. Sobre sus alturas se situaron las baterías inglesas. Para observarlo mejor cruzaremos a territorio “enemigo” por el muro de la presa del arroyo de la Portiña. Allí vemos una construcción de principios del siglo XX en la parte más elevada del cerro Cascajal, donde se encontraba el grueso de las baterías y tropas francesas que intentarían la conquista del cerro Medellín, produciéndose en las inmediaciones del cauce del arroyo y en las lomas de ambas elevaciones los encuentros más violentos y el episodio, más bien legendario, en el que durante un receso de la batalla bajaron soldados de ambos ejércitos a beber al arroyo de La Portiña, donde se encuentran las ruinas de unos molinos que ya existían en aquella época.

Dibujo del escenario de la Batalla de Talavera editado con motivo del primer centenario

Podemos imaginar los repetidos intentos de los galos por ascender y rodear el cerro Medellín, y los miles de muertos que quedaron dispersos por el suelo expuestos al calor y la rapiña de los desvalijadores de cadáveres que, ante la necesidad general reinante cayeron sobre el campo de batalla al finalizar el enfrentamiento. Muchas son las hebillas, balas de cañón y otros objetos hallados cuando se labraron estos campos en tiempos posteriores.

Desde el cerro Cascajal y ya en territorio ocupado por las tropas francesas recorreremos ahora el embalse por su orilla, disfrutando de un paraje muy ameno en el que se practica la pesca y se pueden observar aves como la focha común, la polla de agua, el zampullín chico, ánades reales, somormujos, garzas, cigüeñas, especies limícolas y muchas más, para lo que podemos utilizar el observatorio del aula de la naturaleza del ayuntamiento.

Cuando damos la vuelta al pantano entramos de nuevo en la zona de la batalla y en  el campo inglés, aunque apoyado en algunas incidencias por la caballería española. Justo aquí, al norte del cerro Medellín se produjo otro de los episodios más comentados de la batalla, cuando durante una acometida de los ingleses, fueron muy castigados por los franceses con numerosas bajas, según versión de los británicos, por una supuesta zanja en la que dicen cayeron los caballos y jinetes siendo fácilmente masacrados. Analistas españoles y franceses dijeron que la zanja en cuestión nunca existió y que ésta es una excusa de los ingleses para justificar esa derrota. Pero los franceses no aprovecharon el momento y no consiguieron tomar el cerro Medellín, clave de la batalla. En este flanco de las líneas también tuvieron un papel destacado las fuerzas españolas en apoyo de las inglesas.

Casa de Salinas, de donde huyó Wellington a uña de caballo

Vemos descender el arroyo de la Atalaya desde la misma y observamos en la orilla oeste las elevaciones graníticas en las que se desplegaron tropas españolas que protegían ese flanco y que tuvieron una buena actuación. Seguimos hacia la ladera del cerro Medellín en dirección a la carretera de Mejorada hasta llegar a ella y continuamos en dirección a Talavera.

Justo antes de cruzar la autovía vemos a la izquierda la zona de descanso y el monumento de la Batalla, que se hizo cuando al hacer la autovía A-5 se descubrieron fosas comunes con las corazas y los restos de soldados muertos en la contienda.

En este monumento se representa en azulejo talaverano el despliegue de la batalla con los parajes que venimos visitando. El monumento es como un trípode que simboliza los tres ejércitos contendientes y en el hormigón están inscritos los batallones de cada uno que participaron en esta gran batalla, que se ha considerado ganada por el ejército aliado pero que más bien quedó en tablas porque el número de bajas, en total unas quince mil, fue prácticamente distribuido a partes iguales entre los dos ejércitos contendientes. Sobre la ladera del cerro Medellín vemos la labranza de Pero Gordillo que ya existía en la época, y un poco más arriba el monolito que se levantó también en la conmemoración del primer centenario de la batalla. Podemos volver a Talavera por la carretera de Mejorada o por un camino que va desde el canal entre huertas y paralelo a la carretera por la derecha.

UN APÓSTOL ANTITAURINO POR ESTA TIERRA EN 1915

UN APÓSTOL ANTITAURINO POR ESTA TIERRA EN 1915

Eugenio Noel en la portada de una de sus novelas
Eugenio Noel en la portada de una de sus novelas

Vaya por delante que el que esto escribe no es antitaurino, más bien gusto de ver ritual tan magnífico, arcaico y colorido como es la Fiesta, pero también me sucede como a los japoneses que llevan a Las Ventas, que solo vemos un toro, ellos por necesidades de su intensa agenda turística y yo porque me canso.

Esto viene a cuento porque he encontrado a un curioso y olvidado escritor llamado Eugenio Noel que es un verdadero quijote del apostolado antitaurino. Resulta que a principios del siglo pasado inició un periplo por toda nuestra geografía para intentar convencer a nuestros compatriotas de que los toros eran una fiesta bárbara, pero no contento con esto decidió predicar también contra el flamenco, pues consideraba el “flamenquismo” algo así como una degradación de nuestra cultura. Fue recorriendo España con su aspecto ya un poco bohemio y demodé para la época a base de melena y bigotón a lo Balzac, recogiendo datos y costumbres que le dieran argumentos en su apostolado imposible.

Dos de los relatos recogidos en su libro “Los nervios de España” se localizan en nuestra región. El primero de ellos habla de su pernoctación en una venta manchega que a la entrada tenía un rótulo: “Aquí durmió El Quijote”, con esa eterna confusión nacional entre la realidad y la ficción. Como otros de sus escritos, está lleno de datos costumbristas y etnográficos, manejando además un riquísimo vocabulario de términos populares que a veces incluso hace difícil seguir sus textos.

Plaza de Segurilla, donde se desarrollan los acontecimientos del relato de Eugenio Noel
Plaza de Segurilla, donde se desarrollan los acontecimientos del relato de Eugenio Noel

El segundo artículo relata su asistencia a una capea en Segurilla, pueblo cercano a Talavera, donde un mozo se apuesta con otros que hace llorar a un toro, y para ello acaba clavándole al pobre animal una navaja de siete muelles en un ojo.

De paso por Talavera habla de la Fiesta de Toros, Las Mondas, y se maravilla de la azulejería de la ermita de la Virgen del Prado, pero le espanta que tenga adosada lo que él considera una horrorosa verruga, que no es otra que la plaza de toros de Talavera, que cuatro años después se convertiría en santuario del toreo por la muerte de Joselito. El viajero activista se ha documentado sobre Las Mondas, fiesta en honor de la diosa Ceres y luego de la Virgen del Prado, donde se llegaban a lidiar hasta veinte morlacos. Le sorprende que hasta hubiera un canónigo torero que organizaba los festejos con el regidor torero y también le escandaliza que el predicador de Segurilla no se pronuncie contra fiesta para él tan sanguinaria. La iglesia y otros estamentos se mostraron en contra del toreo e incluso hubo papas y prelados que la prohibieron, pero estos intentos fueron tan estériles como los de otros que quisieron prohibir la prostitución, y así no pocos curas se remangaban las sotanas para dar unos pases o correr delante de los astados.

Retrato del escritor antitaurino Eugenio Noel
Retrato del escritor antitaurino Eugenio Noel

Comete Noel el mismo error de muchos otros antitaurinos que es confundir el toreo reglado en sus suertes con los vesánicos y despreciables desahogos vestidos más o menos de antiguo ritual que a veces se desarrollan en nuestros pueblos.

Eugenio Noel murió, como buen intelectual español, de hambre y en un camastro alquilado de un hospital en abril de 1936,  tres meses antes de otra gran escabechina nacional sin toros de por medio.

FOTOS ANTIGUAS DE LA CALLE CARNICERÍAS

FOTOS ANTIGUAS DE LA CALLE CARNICERÍAS

Calle Carnicerías. Segunda foto de Ruiz de Luna

Traemos hoy algunas fotografías de la calle Carnicerías que debe su nombre a que en ella se situaron desde antiguo las carnicerías municipales, pues esta actividad de la venta de carne era un monopolio del ayuntamiento y a ellas debían acudir a comprar los talaveranos. Parece que antes del siglo XVI se llamó calle de las Verduras

Va de la Plaza del Reloj a la Ronda del Cañillo y pero antiguamente  su tramo inferior era en parte la calle Pescaderías que venía desde el arco de San Agustín, hoy reconstruido,y más abajo la calle que se llamó del Cuerno desde antiguo y que continuaba con la calle Sevilla, llamada así por desembocar en la puerta del mismo nombre, de la que conservamos el arco.

Calle Carnicerías en una foto de Ruiz de Luna de los años 20. Albañales, labriegos y venta de melones y sandías.

Al final de ambas confluían por tanto, junto a la alcazaba, el primer y el segundo recinto amurallado. Hoy la calle está delimitada al oeste por la muralla de ese primer recinto y los muros de la alcazaba.

Inicio de la calle Carnicerías con el comercio de Genaro Suela a principios de siglo

En tiempos de la Segunda República se llamó de García Hernández en honor del militar fusilado junto a Fermín Galán por pronunciarse para la proclamación de la República. En los años sesenta esta segunda parte de la calle Carnicerías se reformó para de los dos callejones antes referido dejar una sola avenida con el nombre de Jose Antonio Primo de Rivera hasta que en los años 80 se denominó a toda la avenida calle Carnicerías.

Foto de Esperón de la calle Carnicerías hacia 1930, como vemos todavía era lugar de venta de sandías.
Foto de Esperón de la calle Carnicerías hacia 1930, como vemos todavía era lugar de venta de sandías.

Dos de las fotografías son vistas muy parecidas de la colección de postales que hizo Ruiz de Luna.

En ellas se ve una considerable actividad comercial, especialmente de melones y sandías. Se perciben curiosos tipos de campesinos de principios del siglo XX y los poco higiénicos albañales de aguas residuales que recorrían la ciudad y a los que se refirieron muchos viajeros por los charcos putrefactos y malos olores que producían, además de ser un medio ideal, el de las aguas estancada, para reproducirse los mosquitos que trasmitían el paludismo endémico en Talavera hasta hace unas décadas.

Detalle de la foto de Ruiz de Luna con algunos personajes
Detalle de la foto de Ruiz de Luna con algunos personajes

También es interesante la arquitectura tradicional con los balcones que cantaba el poeta Rafael Morales. También es de destacar la vista que nos ofrecen las fotografías de la antigua torre del Reloj.

Fusilados republicanos en la calle Carnicerías en septiembre de 1936
Fusilados republicanos en la calle Carnicerías en septiembre de 1936

Antiguo final de la calle Carnicerías en el arco de Sevilla

SOBRE EL CORDERO Y OTROS PRODUCTOS TALAVERANOS

SOBRE EL CORDERO Y OTROS PRODUCTOS TALAVERANOS

Oveja de raza talaverana
Oveja de raza talaverana

 

Este texto se leyó en  presentación de la asociación para la recuperación del cordero de raza autóctona talaverana, AGRATA por el titular de esta web, Miguel Méndez-Cabeza y por Angel Monterrubio

Bienvenidos a esta ciudad milenaria que con su caótico ski-line engaña al visitante, pues entre sus mamotretos de ladrillo visto esconde murallas, iglesias y conventos que no dejarán de admirarles a poco que se sumerjan por su villa cercada.

Hace miles de años el río Tajo no hacía honor a su nombre y aquí enfrente discurría por un ancho cauce lleno de islotes por donde era fácilmente vadeable por hombres y ganados. Al norte el farallón de Gredos, la espina dorsal de las Españas según Unamuno presenta un lugar accesible por donde se comunicaban las dos mesetas. Talavera es por tanto un cruce de caminos que se sitúa junto al mejor vado del Tajo y el más cercano al puerto del Pico.

La tribu céltica de los vetones recorría con sus ganados estas cañadas y dejaba por toda nuestra geografía sus verracos de piedra. Nuestra gran comarca, desde el Tiétar al Guadiana desde el Cedena hasta el Ibor siguió siendo tierra ganadera también con los romanos que calzaron los viejos caminos prehistóricos y construyeron puentes como el nuestro, fuente de riqueza inmemorial de nuestra ciudad por el trasiego de ganados que durante la Edad Media atravesaban nuestras grandes dehesas que no olvidemos pertenecían a la Lusitania, que los romanos nos colocaron en las que luego serían las extremaduras y muchas huellas gastronómicas quedaron también en el yantar de esa nuestra vecindad bellotera.

Millones de ovejas pasaban por Talavera y por el tupido entramado de cañadas, cordeles y veredas que la Mesta defendía con uñas y dientes y cuyo honrado concejo se reunió en Talavera en más de una ocasión. Tanto era el trasiego de ganados y el trato que aquí se hacía con ellos que Sancho IV concedió los privilegios necesarios para celebrar las ferias de San Mateo, precursoras del mayor mercado de ganados de España. Y tanto era el deambular de ovejas y tantos los bandoleros que acometían a los pastores y a sus rebaños en las despobladas tierras de La Jara que la primera policía rural de Europa, Nuestra Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, amparaba a los ganaderos percibiendo por ello el peculiar impuesto de la asadura por cada hato de ganado.

Oveja de raza talaverana
Oveja de raza talaverana

Todas las tierras de Talavera se llenaban en las invernadas de ovejas que por fuerza se cruzaban con las estantes y con el paso de los siglos vino a hacerse una raza nueva que ya estudiaba y describía el primer ingeniero agrónomo español que por supuesto era talaverano, el beneficiado de la iglesia de San Miguel que en su Obra de agricultura nos hablaba ya en el siglo XVI que “Venga la mansedad de la oveja, digamos algo de una animalía tan inocente, tan sin voces, ni ruido, tan quieta… y los provechos que de ellas a cada paso y siempre de ellas recebimos no es menester decirlo pues todos lo vemos y sentimos, y aún oso decir que sin ellas no podrían vivir las gentes o habíamos de andar desnudos y hechos salvajes que ellas dan de sí lanas para vestir reyes, caballeros y gentes de mediados estados y baxos y pastores pues sus carnes leche, queso, cueros ¿A quién no aprovecha?, ¿Quién no tiene de ello necesidad? O ¿Quién podía pasar sin ello?, Cierto que no hay ganado que tan provechoso sea a su dueño como las ovejas.”

Decir de las carnes y sus diferencias cómo es mejor la de los carneros que la de las ovejas y de los castrados que de los cojudos, de los primales que de los viejos y como los corderos son dañosos por participar mucho de la flegma, no es menester pues todos lo saben. Vean vuesas mercedes que los tiempos mudan pues en esto tal vez erraba nuestro paisano ya que como ahora podremos degustar y disfrutar del cordero talaverano aunque en el pasado la carne del carnero gordo y castrado fuera la preferida, de la mar el mero y de la tierra el carnero. Pero no todos pensaban así . El emperador Carlos V, ya en su retiro de Yuste, nos cuenta fray Hernando del Corral, biógrafo contemporáneo del gran comilón, se pirriaba por los tiernos corderos criados exclusivamente con pan blanco en los rebaños de las dehesas de la tierra de Talavera  del entorno de Guadalupe: “de los que gusta tanto el emperador”.

Y que el cordero talaverano hace milagros no lo vamos a negar que cuenta la leyenda que estando el pastor talaverano desollando un cordero para comerlo con otros pastores vióse rodeado de luces psicodélicas, alzó la vista y contempló a la Virgen encima exclamando Bienvenida seáis señora, no como aquel otro de la cernana ermita de Torrecilla que cogiendo la honda pegó una pedrada a la virgen que aún conserva en su imagen el hematoma de una encina y pidió se erigiera la consabida ermita que se llamó de Bienvenida.

Los árabes no nos dejaron sólo las murallas sino también recetas en las que el cordero se preparaba asado con canela, cilantro y deliciosa miel de La Jara (receta)

Y por supuesto para hacerle todos los honores servido en una incomparable vajilla de cerámica talaverana

No solamente su carne sino también es bueno su estiércol que ya dice Alonso de Herrera que si se amasa con vinagre quita las mancillas del cuerpo y si con aceite y cera sana las quemaduras.

Pero déjese vuestra merced cosas tan sucias que son muchos los placeres que en esas mesas nos aguardan y como dijo nuestro alcalde el bachiller don Fernando de Rojas en boca de la inmortal Celestina, tan presto se va el cordero como el carnero, que ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan mozo que hoy no pudiese morir. En eso abunda también nuestro arcipreste de Talavera cuando dice que el quito pecado capital es la gula, el que ama o es amado no puede excusar de excesivo comer e beber en yantares, cenas e placeres con su amante, que allí no hay rienda en comparar capones, pollos, cabritos, ansarones, carnero e vaca para los labradores; vino blanco e tinto, el agua vaya por el río, frutas de diversas clases, en primavera, guindas, ciruelas,a albérchigos, higos, brevas, duraznos, melones, peras vinosas  e de la Vera, manzanas, granadas,dulces y agridulces, uva moscatel, no olvidando en invierno torreznos de tocino asados con vino e azúcar, longanizas de especias, mantecados dulces, perdices e vino pardillo con el buen vino añejo a las mañanas. Por ende después de comer diversa carnes en abundancia, e mucho beber conviene lujuria cometer.

Haciendo queso en Aldeanueva
Haciendo queso en Aldeanueva

Nuestro colectivo de estudio, defensa y divulgación del patrimonio talaverano quiere felicitar por esta iniciativa a AGRATA porque, como en tantos aspectos de la cultura y la economía de esta tierra, también el cordero talaverano estaba olvidado de todos. Olvidado como esta tierra donde las sandías de Velada se las llevan los murcianos para venderlas como suyas, los melones de Calera los comercializan gentes de Villaconejos, los espárragos de las vegas se envasan como riojanos y nuestro magnífico aceite de La Jara hemos permitido que se comercialice bajo la denominación de aceite de los Montes de Toledo. No se valora la magnífica caza mayor y menor de nuestra agreste naturaleza donde ya en la Edad Media se descubrió la caza de la paloma con cimbel y eran famosos los ballesteros y loseros talaveranos. A veces olvidamos la calidad de los vinos de Montearagón o los ya famosos caldos de Valdepusa, las aguas minerales de Belvís o de Calera. No valoramos las lechugas de Alcaudete, los garbanzos de Las Herencias base del exquisito cocido a la paja jareño, los dulces variadísimos de nuestros pueblos, el mazapán de Valdepusa, las castañas de El Real de San Vicente o los higos de Cebolla y la miel de La Jara. Qué decir de los quesos de Oropesa y Aldeanovita o la torta de Los Navalmorales. El cerdo forma parte fundamental de nuestra cultura gastronómica aunque son poco conocido los embutidos de Herreruela o de Bayuela y los magníficos cochinillos de toda la comarca que tiene en sus carnes otras grandes desconocidas porque, aunque somos un pueblo de tratantes no hemos sabido vender la burra. Pero iniciativas como la que hoy nos trae aquí ayuden a olvidar este olvido secular.

Las piaras de cerdos siempre abundaron en nuestras dehesas