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LA GUERRA DE LOS TRES PUENTES

LA GUERRA DE LOS TRES PUENTES

Puente del Arzobispo Puente del Arzobispo

Rodrigo acompañaba a sus carretas que traían desde la sierra largos troncos de madera. Servirían para montar las cimbras del puente que el arzobispo Tenorio había ordenado construir sobre el Tajo. El camino había sido largo desde El Arenal y la cañada que habían seguido se había convertido en un auténtico barrizal más difícil de transitar según se aproximaban  a Alcolea. Los bueyes ya no podían más pero esta vez no tendrían que vadear el río con la crecida ni pasar en las frágiles barcazas. Todavía recordaba a su amigo Sancho, ahogado en el río cuando se espantaron los caballos y volcaron la barca en la corriente fría de febrero hacía siete años. Ahora el puente que se construía serviría para evitar tantos trabajos e infortunios y además ayudaría a los miles de peregrinos que acudían a visitar el lugar donde se había aparecido la Virgen, en la dehesa de los Guadalupes.

El puente de Pinos, un poco más arriba de Azután era de madera y las ,últimas riadas lo habían destrozado. El puente de Talavera estaba muy alejado y obligaba a los viajeros a transitar por los inseguros montes de La Jara, arriesgándose siempre a ser asaltados por los golfines y gentes de mal vivir que frecuentaban los desiertos del otro lado del río.

Plano del proyecto de navegación del Tajo de Carducci del siglo XVII . Aguas arriba se situaba el Puente de Pinos, próximo al muro del embalse del mismo nombre Plano del proyecto de navegación del Tajo de Carducci del siglo XVII . Aguas arriba se situaba el Puente de Pinos, próximo al muro del embalse del mismo nombre

Picapedreros, albañiles y caballerías se afanaban mientras, desde la otra orilla, los criados de las monjas de San Clemente de Toledo que vivían junto a la torre de Azután miraban la obra con cara de pocos amigos provocando a los obreros con gestos y risotadas. El monasterio estaba presionando en la corte para evitar que don Pedro Tenorio levantara el magnífico puente que ya tenía labrados de buena sillería todos los ojos menos el central. El ganado y los peregrinos ya no cruzarían por el frágil puente de Pinos y el convento dejaría de percibir los jugosos beneficios que le reportaba.

Rodrigo ordenó descargar los troncos y llevar a los bueyes a beber. Entre los álamos de la orilla comenzaron a encenderse las hogueras junto a las tiendas de los obreros. Al cabo de un rato empezó a sonar la música y a correr el vino. Mañana era domingo y podrían descansar después de una semana de trabajo duro. Un calderero se acercó al grupo en el que cantaban Rodrigo y sus hombres.

-¿Pueden vuesas mercedes darme un trago? Al pasar he oído las voces y he creído que era fiesta en alguna aldea pero, por el barro de sus vestidos, más creo que andan de faena.

-Siéntese, y celebre con nosotros que en unas jornadas acabaremos el arco mayor del puente del Arzobispo.

-Pero ¿Qué puente es ese? Muchas veces he cruzado en barca el río por este lugar para vender mis calderos en las aldeas de La Jara y nunca escuché hablar de puente alguno.

Un hombre desdentado y con nariz de borrachín se levantó con el vaso de madera de sauce en la mano y dijo:

-Pues yo he de contaros su historia pero habréis de alañarme una tinajilla donde guardo el vino y que no ha mucho se rajó.

-¡Sea! Contestó el forastero.

-Pues dicen que en cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras. Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse el prelado en la pértiga del  barquero para no caer al río, su anillo se hundió en las aguas. Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. Tan disgustado quedó su eminencia por la pérdida, que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intentaron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando  ¡A por el anillo del obispo!

Pues escuchad pastores -dijo el arzobispo Tenorio- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí. Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el paraje donde había perdido su anillo.

¡Vive Dios!, que es hermosa la historia -dijo el calderero- pero mis viajes por toda España me han enseñado que ni nobles ni prelados levantan una paja del suelo si con ello no han de sacar para llenar de rubíes mil de mis calderos.

Puente de Talavera en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI Puente de Talavera en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI

Rodrigo soltó una sonora carcajada diciendo:

-Razón tenéis amigo que muchos maravedíes cruzan por encima de los puentes y ya mi abuelo me contó que desde Talavera vinieron en sus tiempos gentes del concejo para tirar a las monjas el suyo y hasta hubo sangre, pues muchos dineros perdía la villa. Ahora toman las reverendas madres la misma medicina con el puente del Arzobispo.

UN PASEO A LA FORTALEZA DE CASTROS

Un paseo a la Fortaleza de Castros

Puerta norte de la fortaleza de Castros Puerta norte de la fortaleza de Castros

Desde Puente del Arzobispo nos acercaremos en un agradable paseo ribereño hasta otro de los enclaves árabes que defendían la línea fronteriza del río Tajo. Menos conocido que la ciudad de Vascos pero situado en un lugar también muy pintoresco y con una población de menor entidad que ella y no amurallada como el famoso yacimiento del río Uso.

Se trata de la fortaleza musulmana de Castros que, aunque se encuentra en término del jareño pueblo de Villar del Pedroso, es más accesible desde aquí. Los lugareños conocen el paraje como “La Muralla” y para ir hasta allí tomaremos un camino que sale inmediatamente a la izquierda del propio puente del Arzobispo, discurriendo por la ribera del río.

Desde esta orilla tenemos una bonita vista de la villa con el puente, los molinos y el caserío. Después de andar unos dos kilómetros, tropezamos con la desembocadura del río Pedroso, que se despeña en cascada sobre el Tajo en un hermoso paraje. Una curiosa leyenda dice que una mora que vivía en el castillo que vamos a visitar, despechada por mal de amores, se arrojó desde estas alturas al río y todavía se la puede ver saltando y se escuchan sus lamentos en las noches de luna del día de San Juan.

Tajamares del puente árabe bajo la fortaleza de Castros Tajamares del puente árabe bajo la fortaleza de Castros

Justo en el codo que hace el río Pedroso antes de su desembocadura, se observan sobre el cauce los restos de un batán, con cuyos beneficios dejó también estipulado el arzobispo Tenorio que se financiaran los hospitales de Puente. Siguiendo el cauce del riachuelo nos encontramos con el bonito conjunto que forman un puente y un molinillo de ribera. En la elevación situada entre los dos ríos se sitúa la fortaleza que formaba, junto a las de Vascos, Espejel, Alija, Azután, Canturias o Talavera, una fuerte línea defensiva destinada a impedir que los cristianos atravesaran la frontera natural del Tajo en su avance hacia el sur.

En este caso nos encontramos ante una alcazaba con un poblado alrededor, sin contar en este caso con el amurallamiento que rodea al caserío en la Ciudad de Vascos pero que, como se deduce por sus características constructivas, también se levantó entre los siglos IX y XI por las aguerridas gentes bereberes con las que los árabes repoblaron estas orillas. La vista desde sus murallas es impresionante y vemos al río Tajo que discurre por terreno quebrado con su cauce cortado por las azudas o presas que llevaban agua a los molinos, como las aceñas del Conde de Oropesa, un gran edificio que se contempla algo más abajo de esta fortaleza Castros. Parece que este castillo tenía también como misión la defensa de un puente que se encuentra a sus pies y del que se mantienen todavía los tajamares. Río arriba se ven en la otra orilla los arruinados molinos de Calatravilla y más arriba aún, los molinos de Puente del Arzobispo y su presa.

Torre fuerte interior y murallas de la fortaleza de Castros Torre fuerte interior y murallas de la fortaleza de Castros

La puerta principal es la que da al norte y es la que mejor se conserva con sus dos torres de arquitectura califal que la flanquean. Hay también una arruinada torre fuerte central con una puerta y buena sillería y varios lienzos bien conservados de muralla con varias torres que lo refuerzan.

Sobre la misma loma del castillo pero más al este se ven restos de una atalaya  y algunas otras estructuras que reforzaban la defensa.

Molinos de Calatravilla, frente a la fortaleza de Castros

LA LEYENDA DEL PUENTE DEL ARZOBISPO

LA LEYENDA DEL PUENTE DEL ARZOBISPO 

Grabado del siglo XIX que representa el puente idealizado del Arzobispo Tenorio todavía con sus torres
Grabado del siglo XIX que representa el puente idealizado del Arzobispo Tenorio todavía con sus torres

A pesar de todas las circunstancias de índole económica que llevaron a la construcción de esta magnífica obra del siglo XIV, el pueblo tejió sobre la magnífica edificación una bonita leyenda:

En cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras. Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse el prelado en la pértiga del  barquero para no caer al río, su anillo se hundió en las aguas. Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. Tan disgustado quedó su eminencia por la pérdida, que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intentaron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

Fotografía del puente construido por el Arzobispo Tenorio que muestra los dos pilares que sostenían las torres hoy desaparecidas
Fotografía del puente construido por el Arzobispo Tenorio que muestra los dos pilares que sostenían las torres hoy desaparecidas

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando  ¡A por el anillo del obispo!

Pues escuchad pastores -dijo el arzobispo Tenorio- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

El puente del Arzobispo en azulejería de Puente del Arzobispo

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí. Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el paraje donde había perdido su anillo”.

Los ingresos obtenidos del pontazgo por el paso de millones de ovejas merinas por la cañada leonesa es otra razón, aunque menos poética.

Nidos de Vencejos en el Puente del Arzobispo

 

CAMINO DE GUADALUPE (8) UNA EXCURSIÓN A LA FORTALEZA DE CASTROS

UNA EXCURSIÓN A LA FORTALEZA DE CASTROS

Puerta Sur de la fortaleza musulmana de Castros

Ya que estamos en Puente nos acercaremos en un agradable paseo ribereño hasta la fortaleza musulmana de Castros que, aunque se encuentra en término de Villar del Pedroso, es más accesible desde aquí. Los lugareños conocen el paraje como “La Muralla” y para ir hasta allí cruzaremos el puente e inmediatamente tomaremos un camino que sale a la derecha bajando por la ribera del río. Desde esta orilla tenemos una pintoresca vista de la villa con el puente, los molinos y el caserío. Seguir leyendo CAMINO DE GUADALUPE (8) UNA EXCURSIÓN A LA FORTALEZA DE CASTROS

CAMINO REAL DE GUADALUPE (8) UNA PARADA EN PUENTE, ARTESANÍA Y FESTEJOS 

UNA PARADA EN PUENTE, ARTESANÍA Y FESTEJOS 

Alfarero en una feria de artesanía en Puente

La construcción del puente y el trasiego de gentes, ganados y mercancías que supuso, unido a las exenciones de impuestos de una villa franca como esta de Puente del Arzobispo, atrajo desde su fundación a una numerosa población de artesanos y comerciantes entre los que se encontraban numerosos judíos.

Cerámica de Puente del Arzobispo

La artesanía es por tanto una actividad que nace con el propio pueblo, conocido hasta hoy día principalmente por su cerámica. La historia de la alfarería de Talavera y Puente discurre por caminos paralelos y, como se deduce de las excavaciones realizadas en su testar -lugar donde se han ido arrojando durante siglos los cascotes y piezas defectuosas cocidas en los hornos- todas las variaciones que en el transcurso del tiempo sufrieron las decoraciones y Seguir leyendo CAMINO REAL DE GUADALUPE (8) UNA PARADA EN PUENTE, ARTESANÍA Y FESTEJOS 

EL CAMINO REAL DE GUADALUPE (6) LOS PUENTES DE PUENTE

EL CAMINO REAL DE GUADALUPE (6) LOS PUENTES DE PUENTE

Puente entre Alcolea y Puente del Arzobispo sobre el arroyo de Bienvenida

Antes de llegar a Puente del Arzobispo desde Alcolea hemos de cruzar un puente sobre el arroyo de Bienvenida por donde cruzaban peregrinos y ganados que discurrían por el Camino Real y la Cañada Leonesa Oriental. Es un buen puente de un solo ojo construido en buena sillería.

Otro puente blasonado con un escudo arzobispal se sitúa en el rincón sudeste del casco urbano cerca de la desembocadura del mismo arroyo.

Puentecillo sobre el arroyo de Bienvenida junto al casco urbano

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ROLLOS DE LA JARA Y LA CAMPANA DE OROPESA

ROLLOS  DE LA JARA Y LA CAMPANA DE OROPESA

El rollo de Espinoso del Rey, único en La Jara

Rollo de Espinoso del Rey
Rollo de Espinoso del Rey

En 1579, necesitado Felipe II de fondos para sus empresas bélicas, decide vender a los lugares de su reino el derecho a convertirse en villas independientes de sus señoríos.

El primero en separarse de Talavera, y por tanto del señorío arzobispal, fue el lugar de Espinoso pasando a estar bajo la jurisdicción real directa, de ahí el apellido “del Rey” que lleva nuestro pueblo. Como símbolo de la nueva condición de villa que toma se erige el rollo jurisdiccional. Los vecinos deciden comprar su independencia  al monarca alarmados porque un aventurero flamenco llamado Comelín intenta comprar el lugar para vendérselo a un noble talaverano. Con todo ceremonial se hace el amojonamiento del término que, por su aislada situación y cercanía a las sierras jareñas, siempre estuvo muy relacionado con los cuadrilleros de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera que lo defendían de los bandoleros. Seguir leyendo ROLLOS DE LA JARA Y LA CAMPANA DE OROPESA

MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO, Patrimonio en peligro 10

MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO, Patrimonio en peligro 10

Puente del Arzobispo y sus molinos en el plano de navegación del Tajode Carduchi del siglo XVII

FICHA DE BIEN EN PELIGRO

Denominación.-

Molinos de Puente del Arzobispo

 Término Municipal.-

Puente del Arzobispo

 Situación.-

Río Tajo, junto al casco urbano Seguir leyendo MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO, Patrimonio en peligro 10

EXCURSIÓN A LA FORTALEZA DE CASTROS Y LA OLIVA

UNA EXCURSIÓN DESDE PUENTE

A LA OLIVA POR LA FORTALEZA DE CASTROS

Recorrido aproximado 12 kilómetros, 3 horas y media

También desde Puente del Arzobispo nos acercaremos en un agradable paseo ribereño hasta la fortaleza musulmana de Castros que, aunque se encuentra en término de Villar del Pedroso, es más accesible desde aquí. Los lugareños conocen el paraje como “La Muralla” y para ir hasta allí tomaremos un camino público que coincide con un cordel y que sale inmediatamente a la izquierda del puente, discurriendo por la ribera del río. Justo al comenzar nuestra ruta vemos enfrente los molinos de Santa Catalina que también podremos curiosear de vuelta en el pueblo Seguir leyendo EXCURSIÓN A LA FORTALEZA DE CASTROS Y LA OLIVA

NOS DESPEDIMOS DE PUENTE CON SU ARTESANÍA Y FESTEJOS

POR LA CAÑADA LEONESA ORIENTAL X
PUENTE: ARTESANÍA Y FESTEJOS

 

Alfarero de Puente del Arzobispo en el torno

La construcción del puente  con el trasiego de gentes, ganados y mercancías que supuso, unido a las exenciones de impuestos de una villa franca como ésta de Puente del Arzobispo, atrajo desde su fundación a una abundante población de artesanos y comerciantes entre los que se encontraban numerosos judíos.
CERÁMICA: La artesanía es por tanto una actividad que nace con el propio pueblo, conocido hasta hoy día por su cerámica principalmente. La historia de la cerámica de Talavera y Puente discurre por caminos paralelos y, como se deduce de las excavaciones realizadas en su testar —lugar donde se han ido arrojando durante siglos los cascotes y piezas defectuosas cocidas en los hornos—  todas las variaciones que en el transcurso del tiempo sufrieron las decoraciones y técnicas de su cerámica han sido bastante similares. Aún así, hay ciertas características que tradicionalmente se han asociado con el arte del barro de Puente. Una de ellas es el tono verde esmeralda de muchas de sus producciones, la segunda es el fondo más cremoso de su vidriado que lo diferencia del más blanco de la cerámica talaverana debido a la mayor cantidad de estaño en su composición. En tercer lugar, algunos de los motivos más repetidos por sus pintores, como “elpino”, que en realidad tiene forma de ciprés y aparece sólo o en número de tres decorando muchos de sus platos.

Piezas de cerámica en un escaparate de Puente del Arzobispo

Otro motivo típico en la cerámica de Puente es la “cola de gallo” acompañada de diversos motivos florales y la encantadora “pajarita”, un ave estilizada también abundante entre los motivos de esta alfarería. La cerámica de Puente del Arzobispo siempre ha tenido fama, sobre todo en sus producciones antiguas, por los motivos populares en los que se ve la mano del humilde artesano que decora su obra con sencillez artística llena encanto y de sabor popular. De todas formas, otras series famosas similares a las de Talavera, como la de las “mariposas”, la “tricolor”, las alcoreñas, los cántaros del siglo XIX con motivos de héroes de la Guerra de la Independencia a caballo o con la efigie del rey Fernando VII y otros, no han tenido nada que envidiar a los de la hermana ciudad alfarera, aunque sus precios también fueran más populares.

Herramientas de espartero de un artesano local de Puente

Actualmente producen cerámica alrededor de sesenta talleres que en muchos casos comercializan su propia producción. No debe el trashumante marcharse sin llevar una de esas piezas de cerámica de Puente. En cuanto a la cacharrería, siempre fue bueno el barro de Puente para “agua”, no para “fuego” siendo sus botijos y cántaros  muy apreciados, aunque hoy día los podemos ver sobre todo en su versión vidriada y decorada de cerámica.

Representación del rito de mojar la vara en el río Tajo por los gitanos de Puente

LAS FIESTAS: Como ya hemos dicho, el Arzobispo Tenorio era muy devoto de Santa Catalina y por ello puso bajo su advocación muchas de sus fundaciones. Esta es la patrona del pueblo cuya fiesta se celebra el 25 de noviembre con la “Quema del Chozo” por la noche entre otros actos.

Como no podía ser menos, en Puente se tiene también devoción a las santas alfareras Justa y Rufina, patronas de los ceramistas, cuya festividad es el 19 de julio. Pero el acontecimiento festivo que fue desde siempre más conocido y concurrido en Puente del Arzobispo es la Feria de San Juan. Ese día se celebraba antiguamente un mercado de ganados al que acudían los serranos y veratos a comerciar con sus cerezas y gentes de diversos lugares que traían sus ajos para vender. Venían a esta feria agricultores, ganaderos y tratantes, entre ellos los de raza gitana que bajaban al Tajo a mojar sus varas para tener más suerte en sus negocios, un ritual de los muchos que tienen que ver con el agua en el día de San Juan y que se pueden encontrar repartidos por toda nuestra geografía. Por último, la romería a la ermita de la Virgen de Bienvenida se celebra los lunes de Pascua y es muy concurrida por los puenteños, aunque antiguamente venían gentes de toda la comarca.

Salimos de Puente y cruzamos el río para tomar la cañada que va paralela a la carretera de Villar del Pedroso, y que en este tramo coincide además con el antiguo camino real a Guadalupe que tantos peregrinos llevó al monasterio de las Villuercas. Incluso quedan las ruinas de algunas ventas situadas en la orilla de la cañada, pero antes de seguir nuestro camino haremos una excursión hasta la fortaleza de Castros que conoceremos la semana próxima.

Escena en azulejería popular de la ermita de Bienvenida en Puente del Arzobispo