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LA COCINA DE LAS MUJERES DE LA JARA

LA COCINA DE LAS MUJERES DE LA JARA

Cocina de lLa Jara recreada en la colección etnográfica del restaurante de Minas de Santa Quiteria
Cocina de lLa Jara recreada en la colección etnográfica del restaurante de Minas de Santa Quiteria

Nuestra comarca se encuentra entre dos zonas muy claras desde el punto de vista no sólo gastronómico sino también etnográfico, pues también en temas como el de la indumentaria tradicional o el del lenguaje nos hallamos en la línea fronteriza entre las culturas occidentales de repoblación leonesa y que comprende el reino de león y Extremadura, y la zona de la meseta inferior, incluida La Mancha.

Pero primero vamos a hacer un breve recorrido por la base de toda cocina, los productos empleados en ella, que además nos darán una idea de la geografía humana y la historia de la zona que estamos estudiando.

La Jara es comarca ganadera como demuestran desde antiguo los restos de animales domesticados en los yacimientos arqueológicos que ya desde la edad del Cobre muestran en sus restos la presencia de huesos de diferentes animales. Aquellos primeros agricultores y ganaderos que dejaron como muestra de su paso por aquí sus dólmenes como muestra de unas sociedades ya jerarquizadas que practicaban la agricultura y la ganadería produciendo unos excedentes que serían empleados de diferentes maneras, en diferentes guisos que no tenemos porqué pensar fueran sencillos o poco elaborados.

En la Edad del Hierro, poco antes de que llegaran los romanos el pueblo vettón recorría con sus ganados aquellas primitivas cañadas que luego comenzaría a regular el poderoso y Honrado Concejo de La Mesta cuyos jueces entregadores recorrían también las cañadas y cordeles jareños por donde circulaban las ovejas merinas y juzgaban severamente las incursiones de nuestros agricultores en las milenarias vías pecuarias.

Objetos de menaje de la colección etnográfica del restaurante de Minas de Santa Quiteria
Objetos de menaje de la colección etnográfica del restaurante de Minas de Santa Quiteria

Esos primeros “trashumantes que fueron los vettones hace dos mil años ya dejaron sus verracos, esculturas pétreas de cerdos o de toros con los que pretendían proteger a sus hatos y colocaban muchas veces como puertas de los corrales de sus castros, como amuletos que ahuyentaran todo mal de su principal sustento. Nuestra gran comarca, desde el Tajo hasta el Guadiana desde el Pusa hasta el Ibor siguió siendo tierra ganadera también con los romanos que calzaron los viejos caminos prehistóricos y construyeron puentes como el nuestro, fuente de riqueza inmemorial de nuestra ciudad por el trasiego de ganados que durante la Edad Media atravesaban nuestras grandes dehesas que no olvidemos pertenecían a la Lusitania, que los romanos nos colocaron en las que luego serían las extremaduras y muchas huellas gastronómicas quedaron también en el yantar de esa nuestra vecindad bellotera.

También en las villas romanas encontradas se han hallado huellas de la actividad ganadera que luego continuarían los pueblos visigodos que se extienden por los muchos asentamientos rurales que se extienden por el territorio. La Jara estuvo poblada en época musulmana por aguerridas tribus bereberes que integraban también las fuerzas que desde las torres, castillos y fortalezas de Talavera, Alcaudete, la Ciudad de Vascos, Azután, Castros, Espejel o Alija protegían la línea defensiva del Tajo de las incursiones de los cristianos. Estos pueblos del norte de África eran además gentes dedicadas especialmente a la ganadería que aprovecharon también sin duda los buenos pero efímeros pastos de La Jara para criar el cordero que entonces y hoy día es la carne más consumida por los moros, como conocemos realmente a esos pueblos que tenían una cultura muy diferente de la de los árabes propiamente dichos. También para los judíos que sabemos había en nuestra tierra es el cordero pascual alimento no ya alimento para el cuerpo sino para el alma, su cordero pascual, cordero que también es símbolo de Cristo, el cordero místico. Y no sólo une el cordero a las tres culturas, sino que también une a las dos mesetas castellanas, pues es manjar común a ambas.

Alacenas en una casa en ruinas de La Jara
Alacenas en una casa en ruinas de La Jara

La Jara se convierte en los tiempos de la Reconquista una tierra de nadie, tierra insegura que solamente se atreven a poblar gentes que puedan huir en un momento dado llevándose su medio de vida como los colmeneros y más tarde los ganaderos. La Cañada leonesa Oriental atraviesa nuestro territorio por lo que seguiremos viendo como hemos dicho circular millones de cabezas de ganado que aprovecharán los pastos jareños camino de Extremadura en invierno o de Castilla y sus sierras en verano. El mercado de ganados de Talavera, capital histórica de La Jara ya es una realidad desde el siglo XIII pero probablemente el rey Sancho IV lo único que hace es certificar la existencia de un trasiego y comercio ganadero más antiguo.

Y tanto era el deambular de ovejas y tantos los bandoleros que acometían a los pastores y a sus rebaños en las despobladas tierras de La Jara que la primera policía rural de Europa, Nuestra Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, amparaba a los ganaderos percibiendo por ello el peculiar impuesto de la asadura por cada hato de ganado.

Todas las tierras de Talavera se llenaban en las invernadas de ovejas que por fuerza se cruzaban con las estantes y con el paso de los siglos vino a hacerse una raza nueva, la talaverana, que ya estudiaba y describía el primer ingeniero agrónomo español que por supuesto era talaverano, el beneficiado de la iglesia de San Miguel que en su Obra de agricultura nos hablaba ya en el siglo XVI que “Venga la mansedad de la oveja, digamos algo de una animalía tan inocente, tan sin voces, ni ruido, tan quieta… y los provechos que de ellas a cada paso y siempre de ellas recebimos no es menester decirlo pues todos lo vemos y sentimos, y aún oso decir que sin ellas no podrían vivir las gentes o habíamos de andar desnudos y hechos salvajes que ellas dan de sí lanas para vestir reyes, caballeros y gentes de mediados estados y baxos y pastores pues sus carnes leche, queso, cueros ¿A quién no aprovecha?, ¿Quién no tiene de ello necesidad? O ¿Quién podía pasar sin ello?, Cierto que no hay ganado que tan provechoso sea a su dueño como las ovejas.”

Decir de las carnes y sus diferencias cómo es mejor la de los carneros que la de las ovejas y de los castrados que de los cojudos, de los primales que de los viejos y como los corderos son dañosos por participar mucho de la flegma, no es menester pues todos lo saben. Vean que los tiempos mudan pues en esto tal vez erraba nuestro paisano ya que en el pasado la carne del carnero gordo y castrado fuera la preferida, de la mar el mero y de la tierra el carnero. Pero no todos pensaban así. El emperador Carlos V, ya en su retiro de Yuste, nos cuenta fray Hernando del Corral, biógrafo contemporáneo del gran comilón, se pirriaba por los tiernos corderos criados exclusivamente con pan blanco en los rebaños de las dehesas de la tierra jareña del entorno de Guadalupe: “de los que gusta tanto el emperador”, que hasta Guadalupe llegaban entonces los territorio jareños, partidos en dos por la absurda división provincial del siglo XIX

Y que el cordero talaverano hace milagros no lo vamos a negar que cuenta la leyenda que estando el pastor talaverano desollando un cordero para comerlo con otros pastores vióse rodeado de luces psicodélicas, alzó la vista y contempló a la Virgen encima exclamando Bienvenida seáis señora, no como aquel otro de la cercana ermita de Torrecilla que cogiendo la honda pegó una pedrada a la Virgen que aún conserva en su imagen el hematoma de una encina y pidió se erigiera la consabida ermita que se llamó de Bienvenida.

Los árabes no nos dejaron sólo las murallas sino también recetas en las que el cordero se preparaba asado con canela, cilantro y deliciosa miel de La Jara.

No solamente su carne sino también es bueno su estiércol que ya dice Alonso de Herrera que si se amasa con vinagre quita las mancillas del cuerpo y si con aceite y cera sana las quemaduras, que como verán también en este libro, unía las recetas curativas a sus tratados científicos.

Desgraciadamente, la oveja autóctona talaverana ha ido recibiendo diferentes mezclas genéticas, sobre todo por algunos ganaderos que han intentado mejorar su carne cruzándola con la oveja manchega y su carne mediante carneros merinos, aunque una asociación de ganaderos de la comarca, AGRATA, pretende recuperar la pureza de esa especie.

Pero dejémonos de cosas tan sucias que son muchos los placeres que en la mesa nos aguardan y, como dijo en boca de la inmortal Celestina nuestro ilustre paisano, el alcalde y bachiller don Fernando de Rojas, dueño de tierras y colmenares en La Jara: Tan presto se va el cordero como el carnero, que ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan mozo que hoy no pudiese morir.

LA JARA ÉPICA Y ESTÉTICA

HOMENAJE A D. FERNANDO JIMÉNEZ DE GREGORIO

CONFERENCIA 18-3-1998

LA JARA ÉPICA Y ESTÉTICA

Este es el texto de la conferencia impartida por Miguel Méndez-Cabeza con motivo del homenaje que organizado por los colectivos de La Enramá y Arrabal, tributó Talavera a Don Fernando Jiménez de Gregorio

Chozo de pizarra en La Jara
Chozo de pizarra en La Jara

Es una satisfacción poder hacer una aportación personal con esta conferencia al homenaje que sin duda nuestra ciudad debía tributar al maestro, amigo y paisano que hoy preside esta mesa. Paisano que lo es y por partida doble, pues ya es talaverano de hecho y derecho pero también porque es jareño, nacido en uno de esos pueblos que fueron aldeas de Talavera, que ejerció de madre de todas ellas y también a veces, porqué no decirlo, un poco de madrastra.

Ahora que los grupos mediáticos dominantes nos dicen cual es la épica que debemos consumir, los humanos, siempre anhelantes de motivar nuestras aburridas vidas con lo heroico, y ahora que nuestros chavales son asaltados por la industria cinematográfica norteamericana, que antes de hacer una película ya sabe cuantos millones de dólares va a recaudar. Ahora que la gente joven piensa y hasta viste como deciden las grandes marcas multinacionales – a veces hasta visten de “yanquis pobres” como denuncia con ironía Camilo José Cela- a mí realmente se me llevan los demonios cuando veo que los héroes consumidos por nuestra juventud son musculosos héroes estúpidos cuyo nombre hay que traducir y además envueltos en una visión de la historia que hasta es ofensiva y sesgada para nosotros los españoles. Es el caso de la visión de la Inquisición que nos ha hecho tragar el mundo anglosajón en la que parece que España ha sido la madre de todas las infamias, cuando sabemos por ejemplo que el número de los que fueron quemados en la hoguera en muchos países de Europa es muy superior al de los que murieron en España a manos de tan terrible institución. Ahora, por ejemplo, debemos tragarnos en una película realizada por los descendientes de los cultivadores de algodón, una imagen de España como paradigma de nación esclavista. Una sarta de disparates en fin que además degustamos con delectación y lo que es peor, pagando por ello.

Pues bien, en un territorio pobre y olvidado que tenemos aquí cerca hay toda una épica, argumentos para mil novelas, madera humana para esculpir mil héroes en la imaginación. Porque quiero decirles que hoy mis palabras no quieren ser palabras de historia sino palabras de fantasía, de la fantasía que despiertan la historia y las gentes de La Jara en mi imaginación .

Dolmen de Azután
Dolmen de Azután

Y puestos a imaginar y a buscar aventuras, vayamos cuatro mil años atrás y veamos con nuestra neuronal máquina del tiempo cómo un grupo de hombres comienza a colonizar nuestro territorio jareño, imaginemos cómo traen por primera vez desde poniente la sabiduría de la agricultura. La humanidad ya no debe levantarse cada día por la mañana sin saber si va o no va a tener ese día un bocado que llevarse a la boca. La agricultura produce excedentes que deben ser custodiados del ataque de tribus cercanas y esto conlleva jerarquización de los pueblos. Esa renuncia de la libertad individual conduce sin embargo a poder llevar a cabo empresas ambiciosas como la construcción de dólmenes. Dólmenes como éste de Azután que podemos imaginar durante su construcción con esos primeros jareños sociales manejando rulos, palancas y toscas herramientas para cortar y transportar los enormes ortostatos de granito que conforman este primer monumento de La Jara.

Esas gentes que ya deben proteger de los enemigos cercanos sus primeros excedentes alimentarios o su valiosa producción mineral, se asientan en cerros elevados y fortificados con amurallamientos y empalizadas que dominan los valles de los ríos, verdaderas autopistas prehistóricas, para adentrarse en el fragoso terreno de nuestra tierra hasta llegar a las pobres pero superficiales y fácilmente aprovechables vetas de minerales jareños. Imaginemos la batalla entre los hombre de la Edad del Bronce que ocupaban por ejemplo las elevaciones del Jébalo contra otra tribu en el Pusa que hubiera perdido su cosecha por un incendio. Imaginemos guerreros como éste que aparece en la estela de Las Herencias con su casco su espada, su carro y su ajuar.

Estela de guerrero de Las Herencias de la Edad del Bronce
Estela de guerrero de Las Herencias de la Edad del Bronce

Un milenio después unas curiosas tribus célticas que van salpicando de extrañas esculturas de toros y cerdos nuestra tierra. Recorren los incipientes caminos ganaderos con su pobre ajuar de pueblos pastores en busca del aprovechamiento estacional de los pastos. Unos odres para el agua, una escudilla de madera y una mochila de cuero. Un pueblo este de los vettones que no ha dejado por ello casi restos arqueológicos. Solamente sus mágicos animales de piedra repartidos por toda La Jara y el resto de las tierras de Talavera.

Estos y otros pueblos son derrotados y deben descender de las elevaciones donde se asientan porque así lo consideran más seguro para su imperio los colonizadores romanos que van dejando pinceladas arqueológicas en los muros de nuestros modestos pueblecitos. Inscripciones y aras de una cultura latina sobre la que se levantará la nueva cultura cristiana. Hasta en las piedras sillares de las iglesias hallamos esas raíces romanas o en esas grandes tégulas y piedras de molino de mano que tropezamos en las orillas de cualquier arroyo, restos de esta nueva colonización que dejará repleto el territorio de “villares y villarejos”. Una recolonización más de esta tierra que lleva como un estigma en su nombre de “La Jara” la marca indeleble del inseguro desierto en que se convertirán una y otra vez sus tierras.

Capitel visigodo de Mohedas de La Jara
Capitel visigodo de Mohedas de La Jara

Otro pueblo más, el visigodo, se aventura a intentar sembrar estas duras tierras y suben por sus ríos y arroyos en una dispersión ruralizante a la que sucederá otra nueva fase de desierto. Dejan sus tumbas hechas de lajas de pizarra donde reposan hombres de buena envergadura pero que, en nuestro caso, apenas se acompañan en su último viaje de una jarrita junto a su cabeza y algún pequeño pendiente de nácar. De nuevo la épica de la supervivencia en una naturaleza dura, casi hostil.

Sepultura hecha de lajas en el prado de la Moneda en Los Villarejos en Alcaudete, hoy sumergido por embalse del Jébalo
Sepultura hecha de lajas en el prado de la Moneda en Los Villarejos en Alcaudete, hoy sumergido por embalse del Jébalo

España es conquistada por los musulmanes. Tariq y Muza se encuentran en la capital de La Jara, en Talavera, y aquí nos gusta creer en la leyenda de cómo el general presenta a su señor nada menos que la mesa de Salomón elaborada con oro y piedras preciosas que había arrebatado a los visigodos de Toledo, para así calmar sus iras. La Jara y Talavera se repueblan de aguerridas gentes norteafricanas, bárbaras según los propios árabes, los llamados bereberes, que en realidad se nombran a sí mismos como el pueblo amazigh. Guerreros que como tantas veces en la historia del Islam siguen al primer iluminado que quiere guardar las esencias de su religión. Ahmed ben Muáwiya, un cordobés apodado Ibn al-Quitt, que se hace pasar por Mahdí (es decir, por un imán misterioso, miembro de la familia de Mahoma que debía venir a restablecer la fe corrompida y someter a todo el universo al Islam), predica la guerra santa a los bereberes de la frontera inferior y media y les promete conquistar la fuerte ciudad de Zamora. Las gentes de Talavera y su alfoz se unen masivamente a la iniciativa. Al-Quitt consigue reunir un ejército de 60.000 hombres. Le ayuda el jefe de la fortaleza de Nafza, identificada con nuestra ciudad de Vascos, donde queda instalado el cuartel general. Cercada Zamora, fue derrotado y muerto el imán al Qitt en el año 901 y su cabeza colgada durante muchos días como trofeo de victoria en una de las puertas zamoranas.

Alcazaba de la ciudad de Vascos con el reculaje del embalse de Azután en el Uso
Alcazaba de la ciudad de Vascos con el reculaje del embalse de Azután en el Uso

Cuanto misterio encierra la ciudad de Vascos, una ciudad completa hispanomusulmana abandonada en un paraje tan agreste y hermoso junto a los despeñaderos del Uso. Pero no es la única, la fortaleza de Castros con los estribos de su puente, el castillo de Espejel, el castillo de Alija y el desaparecido de Canturias formaban esa impenetrable línea “maginot”, una casi inexpugnable línea defensiva que los árabes trazaron junto al Tajo para impedir así el avance de los cristianos. Era frontera de la marca media con los politeístas, como denominaban los musulmanes a nuestra tierra.

Puerta norte de la ciudad de Castros
Puerta norte de la ciudad de Castros

Esos castillos, pero sobre todo infinidad de torres, torrecillas y torrejones como esta de Alcaudete salpican La Jara. Desde ellas los musulmanes vigilaban el avance de los cristianos dicen algunos que avisando a los suyos con señales de humo. Más tarde, también los cristianos escudriñaban el horizonte temiendo las razzias del islam. Cuanto valor, cuanta necesidad obligaría a los pioneros repobladores de uno y otro bando que se atrevían a internarse en los desiertos jareños con sus rebaños y sus colmenas. Gentes con el miedo en el cuerpo, en una permanente inseguridad, viviendo miserablemente en sus chozas retamizas tantas veces quemadas, con sus ganados tantas veces robados, con sus mujeres violadas.

Torre medieval de Alcaudete de La Jara
Torre medieval de Alcaudete de La Jara

Conquista Alfonso VI Talavera y La Jara se convierte en la tierra de nadie donde solamente se atreven a internarse cazadores, pastores y colmeneros que inician la verdadera conquista de una tierra, conquista que no es la militar sino la aventura de la repoblación de LaJara por estas humildes gentes, siempre al límite de la supervivencia en una tierra salvaje. Nuevos caudillos integristas mueven a los mismos pueblos que hoy día se ahogan en sangre en Argelia, a penetrar nuevamente en territorio cristiano a sangre y fuego, son los almohades, los almorávides e incluso los benimerines, los que con sus continuas incursiones obligan a esos primeros y humildísimos jareños a refugiarse en las moradas, elevados escondrijos toscamente amurallados como el que lleva ese nombre, Risco de Las Moradas, el pico más alto de La Jara.

En el interiordel propio muro de la muralla castreña de la Sierra de la Estrella hay refugios o "moradas"
En el interiordel propio muro de la muralla castreña de la Sierra de la Estrella hay refugios o «moradas»

Después de la batalla de Las Navas de Tolosa se consolidan las fronteras y se afianza esa pequeña gran epopeya que fue la repoblación de los territorios jareños. Son colmeneros los primeros habitantes que van asentándose por toda La Jara con sus posadas de colmenas. Una especie de corral situado en pendiente y fabricado con muro de mampostería algo elevado para impedir el acceso de los osos, que además siempre debía situarse cercano a una corriente de agua por ser necesario para las abejas. Las colmenas hechas de corcho con virus de jara se cerraban con barro y boñiga de caballo. Esos colmeneros que basaban su industria en la escasez de edulcorantes de la época fueron también cultivando las tierras cercanas a sus colmenas, cultivando primero pequeños huertecillos y alguna tierra de pan llevar para después, junto a pastores y cazadores ir agrupándose en pequeñas aldehuelas que irían dando origen a los pueblos actuales. Sobrecoge la soledad y la incomunicación de aquellos pioneros jareños.

Pero aquellos colmeneros debían protegerse de los muchos bandidos que infectaban la Jara y que aprovechaban esas soledades para cometer todo tipo de atropellos contra ellos. Es así como se organiza un sistema de autoprotección popular que a principios del siglo XIV se sustanciaría en la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera que mediante expeditivos métodos justicieros asaeteaba atados a un árbol a los delincuentes atrapados in fraganti. ¡Cuantas escenas de persecuciones y llamadas nocturnas de favor a campana tañida podemos imaginar, cuantos miles de argumentos novelescos guarda el archivo de la Santa Hermandad.

Cuerda de presos custodiados por los cuadrilleros de la Santa Hermandad
Cuerda de presos custodiados por los cuadrilleros de la Santa Hermandad

Esa Santa Hermandad, que los historiadores de la Guardia Civil consideran como la más directa y antigua precursora de su instituto armado, vestía de verde, color que más tarde imitaría el Duque de Ahumada. El yugo y las flechas de los Reyes Católicos o las colmenas fueron algunos de símbolos de nuestra Hermandad.

Esa institución tan paradigmáticamente talaverana tenía su sede en el edificio y cárcel que junto a la puerta de Zamora se levantaba en torno a la iglesia de Rocamador y que fue lamentablemente destruido hace unos años. La Santa Hermandad era una institución simbólica de la identidad talaverana que se reunía en pie de igualdad con las hermandades de Toledo y Ciudad Real en las llamadas Llegas, reuniones que se producían en puntos generalmente equidistantes de las tres ciudades como Navas de Estena o El Molinillo.Estas reuniones se llevaban a cabo con un estricto protocolo y ceremonial en el que las grandes comitivas se acompañaban de los cuadrilleros con sus vistosos trajes e incluso arrastraban a una gran concurrencia de gentes como músicos, danzantes o titiriteros.

Imaginemos a los cuadrilleros hermandinos recorriendo la Jara de pueblo en pueblo buscando pruebas y testimonios de los delitos cometidos en despoblado, investigando robos, asaltos, violaciones, delitos de cuatreros, incendiarios, bandoleros, falsificadores y timadores. ¿Qué falta nos hace acudir a Holliwood o al salvaje oeste cuando todos sus personajes, todos sus héroes y víctimas ya estaban inventados en La Jara cientos de años antes de que el imperialismo cultural americano nos hiciera tragar sus personajes de cartón piedra..

La jara fue históricamente refugio para gentes perseguidas, para gente marginada o automarginada de la sociedad que se echaba al monte por los más variados motivos, desde los golfines, considerados como el primer ejemplo de bandolerismo por los historiadores de este fenómeno social tan español, hasta los contrabandistas que cruzando sierra tras sierra desde Portugal o desde Andalucía utilizaban la Jara como lugar estratégico de paso hacia la capital del reino y el interior peninsular.

Maquis capturados por la Guardia Civil
Maquis capturados por la Guardia Civil

O los maquis que a partir de los primeros huidos de la represión de comienzos de la Guerra Civil, que tantos restos de fortificaciones dejó en nuestro territorio, forman grupos de guerrillas en las sierras jareñas que intentarían resistir hasta que una hipotética victoria de los aliados en la guerra europea hubiera precipitado una caída de la dictadura que nunca llegó. Otro episodio éste de la épica jareña en el que, como en toda actividad del hombre se produjeron hechos de valor y grandeza junto a otros de sangre, venganza y miseria humana. Nombres de maquis, “los de la sierra” como se conocían en La Jara, como el de Quincoces o Chaquetalarga están vinculados a una etapa de la historia que por razones obvias ha sido poco desentrañada, poco analizada objetivamente. Talavera, fue centro de referencia de las guerrillas antifranquistas de Gredos, La Jara y Extremadura que cuando iban sus mandos a reunirse en la huerta del tío Matapulgas, junto a la estación de ferrocarril fueron sorprendidos muriendo en la acción varios activistas que tenían su contacto y proveedor de armamento en un maquinista de la línea Madrid -Lisboa.

Los viajes y peregrinaciones son fuente inagotable de experriencia humana y de contacto entre los pueblos y las culturas, pero también de picaresca y delincuencia. Nuestra tierra fue recorrida por miles de peregrinos que cruzando el Puente del Arzobispo se encaminaron al segundo objetivo más frecuentado en la historia de las peregrinaciones españolas, me refiero a Guadalupe que desde la Edad Media atrajo a nobles, reyes y gentes modestas entre los que se mezclaban numerosos oportunistas y pícaros que se encargaba de vigilar la Santa Hermandad de Talavera, ya que Guadalupe pertenece a esa Gran Jara que después se dividiría por cuestiones políticas y burocráticas. Todavía permanecen en pie los hospitales de Puente, Villar del Pedroso y el Hospital del Obispo que recogían a los peregrinos enfermos, pero mientras que otras rutas de peregrinación son potenciadas y financiada su rehabilitación, nuestro Camino de Guadalupe sigue olvidado.

Capiteles del Humilladero de Guadalue, desde donde los peregrinos daban vista al monasterio por primera vez
Capiteles del Humilladero de Guadalue, desde donde los peregrinos daban vista al monasterio por primera vez

¿Qué más queréis en cuanto a personajes de aventura se refiere? ¿ Queréis fiebre del oro?, pues también la tuvimos, la Jara fue tierra mineral donde desde la antigüedad se intentaron explotar sus recursos. La mina de oro más rica de España de la época moderna se encontraba en La Nava de Ricomalillo, de ella se extraía el oro que serviría para acuñar las doblas Jaeñas, la mina de La Oriental, y tal era su riqueza que el rey tuvo que intervenir en cierto episodio del siglo XVIII cuando por un problema de concesiones fueron arrasadas y quemadas las chozas de los mineros por una tropa al mando del alcalde de Talavera. Pero no fue esta la única mina de La Jara, otras de hierro o de galenas argentíferas salpicaron el territorio y fueron bautizadas con nombres tan sugerentes como: Madmoiselle, Sultana, Fortuna, Feliz, Nueva California, Demasía, Potosí y muchas otras con nombre de mujer. Un borrico, unos serones, un pico y una pala era todo el armamento con el que estos mineros de fortuna se enfrentaban a la Jara más profunda dejándonos solamente las galerías abandonadas y las pobres casas donde residieron. Aunque verdaderas instalaciones industriales como las ferrerías del Mazo o de el Fresnedoso en Anchuras han quedado como abandonado recuerdo de aquella peculiar fiebre del oro jareña.

Bocamina en Anchuras
Bocamina en Anchuras

También podemos hacer películas de safaris en la Jara. La actividad cinegética ha sido y es todavía una de las actividades más características de las gentes jareñas. Ya en los grabados del Martinete aparecen arqueros y ciervos. Según los medievalistas, fue en estas tierras de Talavera donde se practicó por primera vez la caza con cimbel por ejemplo, o los osos, jabalíes y venados que cazaba Alfonso el Onceno por estos lugares. y aunque ya no hay osos en La Jara, hay que decir que la Santa Hermandad pagaba ciertas cantidades por acabar con algún ejemplar de ellos, lo cual se tenía que demostrar aportando la cabeza y las garras del animal, que eran exhibidos en las puertas de la Cárcel de la puerta de Zamora. El enfrentamiento a los animales salvajes era frecuente en las sierras y por ejemplo así describen las gentes de Robledo del Mazo su cercanía con las bestias salvajinas, como decían entonces: “ y ha sucedido en este lugar de cuatro a séis días a esta parte, entrar en el dicho lugar de día un lobo y encontrarse con las gallinas que andaban en el exido que está junto a las casas de este dicho lugar y andar retozando con ellas y echarle perros para ver si le podían matar y hacerles rostro y los perros volverse de miedo y volver el dicho lobo a retozar en las urracas que andaban en el dicho exido”. A quienes hayan visto la película bailando con lobos les sonará esta escena. O el más conocido episodio que da explicación al nombre de Robledo del Mazo cuando “ para evitar el dicho daño de los osos en las colmenas hicieron en el arroyo que dicen de los Regatos del Mazo, un argumento que la misma agua del arroyo a un mazo que le pusieron hechizo, daba grandes golpes de noche y de día para con ello espantar a los dichos osos”.

Calco de un cérvido en los grabados de El Martinete
Calco de un cérvido en los grabados de El Martinete

Cientos de kilómetros de cañadas y cordeles cruzan nuestro territorio camino de Extremadura o de la sierra de Gredos. Talavera y su tierra jareña tuvieron una gran relación con la trahumancia y su organismo regulador, el Honrado Concejo de la Mesta. Esta relación no fue siempre satisfactoria y numerosos enfrentamientos jalonaron la relación entre los serranos que deambulaban con sus merinas y los labradores linderos que se veían perjudicados por los abusos de tan omnipotente institución. Podemos imaginar al todopoderoso alcalde entregador impartiendo justicia en los humildes pueblos jareños sobre las usurpaciones de cañadas, aplicando la ley con suma dureza y seguido con gran pompa de un cortejo que en ocasiones llegaba a las trescientas personas.

Oveja de raza talaverana
Oveja de raza talaverana

Pero no son los cuadrilleros, bandoleros, mineros, cazadores, golfines o peregrinos o trashumantes los personajes que a mí más me sobrecogen de nuestra querida Jara. Son sus sencillos habitantes que durante siglos vivieron al límite de la supervivencia, como relataban los vecinos de uno de sus pueblos también en el siglo XVI “ que es lugar de pocos aprovechamientos e que antes saben que el dicho lugar viene de cada día en disminución que en crecimiento por ser la tierra miserable y de pocos aprovechamientos, lo cual es causa de irse a otros pueblos por la nescesidad”.

La verdadera epopeya de La Jara es la de sus gentes humildes y laboriosas que sacaban cuatro espigas de centeno a las pedregosas laderas, que conseguían hacer un huerto sobre la ribera de un arroyo donde antes solamente parecía que podrían crecer las pizarras y los cantuesos, que día y noche vivieron en las sierras con sus cabras rodeados de lobos y de soledad o que plantaron los nobles olivos sobre sus empinadas laderas, en fin la epopeya de la supervivencia con el único recurso del trabajo de unas manos que extrajeron su escaso fruto a esta tierra poco agradecida de rañas y canchales.

Placa de cerámica de Las Herencias que alude a una epidemia de cólera
Placa de cerámica de Las Herencias que alude a una epidemia de cólera

Gentes que por si esto fuera poco veían además como la naturaleza se ensañaba con ellos, gentes que dedicaban sus fiestas a los santos que les libraban de las pestilencias, el pedrisco, el pulgón o la langosta y celebraban por ejemplo en esta placa de cerámica de Las Herencias que una casa se hubiera podido construir en tiempos de cólera. Hombres y mujeres que durante siglos estuvieron íntimamente en contacto permanente con la muerte, que se vivía como algo cotidiano que sin embargo se olvidaba al llegar la fiesta, representada con numerosos y arcaicos rituales religiosos unos y con evidentes raíces paganas otros como estos que veis de la vaquilla de Aldeanueva o la subida de la bandera al mogorro para protegerse las gentes de La Nava de las tormentas, que siempre fueron las inclemencias del tiempo duras y caprichosas con La Jara que hasta tiene una fiesta en fuentes que conmemora una nevada en Agosto.

Pero esa es precisamente la belleza de esta tierra, la belleza de la sobriedad castellana que siglos de vida austera marcaron en el carácter de los jareños, que sin embargo tienen un algo de sureño en su amabilidad, en la buena acogida al forastero y en su habla peculiar y socarrona. Una belleza que además de en el paisanaje, se observa en un paisaje duro, casi bronco de tierras antiguas

Olivares en las rañas de La Jara
Olivares en las rañas de La Jara

La Jara es bella en su luz intensa, en su sol abrasador que ya dibujaron junto al estenilla los hombres de la Edad del bronce,

en su luz azul castellana y mesetaria,

en su suelo arisco y mineral donde hace millones de años vivieron extraños seres hoy petrificados en sus cuarcitas y pizarras.

en su olor de mil plantas aromáticas.

en sus rañas y secanos pardas que se encienden con el sol rojo que se refleja en sus tierras rojas en los atardeceres de verano.

en sus sierras, en sus cumbres,

en sus castillazos y atalayas.

en sus valles,

en sus barrancos

en sus riberos

es hermosa en sus arroyos

en sus lagos y represas

sus lagunas efímeras

en sus ríos molineros

y en el Tajo que es su linde

es hermosa en sus espacios gigantescos

y en sus broncos cañones

en su pavorosa soledad

y en su deliciosa soledad

en su monte bajo

y en su alto monte

en sus casi volcánicos canchales

y en sus frondosos castañares

sus iglesias

sus ermitas

en sus casas

y en su arte

y en sus gentes

y en sus gentes

y en sus gentes

MOLLEJAS EN LA JARA

Choperas y robledales del valle del Fresnedoso en Espinoso de la Jara
Choperas y robledales del valle del Fresnedoso en Espinoso de la Jara

Nos encaminamos hacia “Bartolo” que nos acoge con uno de esos paneles de azulejos tan pintorescos que han colocado a la entrada de los pueblos  los planes de desarrollo rurales con fondos europeos. Este dice “San Bartolomé de las Abiertas, punto geométrico de La Jara”. Evidente mensaje,  ya que aunque el centro geométrico es uno,  los puntos geométricos son infinitos y La Jara tiene muchas fanegas de superficie.  Unos apuntan como autor a un maestro y otros a un concejal o funcionario municipal.

Majada en el valle del Uso y al fondo el pico de la Buha en la sierra de La Estrella
Majada en el valle del Uso y al fondo el pico de la Buha en la sierra de La Estrella

 

Contemplamos los labrados rojizos de las rañas,  los barbechos dorados y ya repateados por el ganado en un otoño  largo y seco, y los olivos plateando reverdecidos por la lluvia. Pasamos junto a la entrada de la Bodega de Capilla del Fraile donde venden vino y ese aceite jareño que ya en el siglo XVIII se comparaba con el ámbar o el vino duro y sabroso de esta tierra dura. Otra hacienda más junto a la de Osborne o el marqués de Griñón, que se han dado cuenta de los tesoros  que destilan en sus entrañas estas tierras de cantos y arcillas.

La Nava de Ricomalillo vista desde las minas de oro
La Nava de Ricomalillo vista desde las minas de oro

Torrecilla se despierta ante nosotros con el humo ya de algunas chimeneas pegado a sus tejados,  sobresaliendo sobre el caserío la graciosa espadaña de seis huecos de su iglesia. En Espinoso tomamos la carretera que discurre con dirección a Guadalupe y que probablemente no se ha arreglado desde los tiempos de Primo de Rivera, el general “empedraor”. Y comenzamos a subir a las sierras jareñas en paralelo al río Fresnedoso, nombre muy fluvial pues hay otros tres homónimos en la zona. Filas de chopos amarillos que ascienden en formación por los vallejones de los arroyos, luego los pinares de repoblación limpios por los trabajos forestales,  los robledales que comienzan ya a coger el tono marrón de sus hojas secas y los canchales que se festonean con  las chaparreras donde vemos ir a esconderse a los venados y los corzos. Subimos a la mayor elevación de La Jara después de Rocigalgo, el monte de “Las Moradas”, nombre que indica la posibilidad de huidas poblaciones durante las razzias de la Edad Media. Contemplamos el valle del naciente Jébalo con sus pueblecillos desperdigados entre olivares, jarales y madroñeras,  y en lo más alto vemos fósiles de mares ancestrales elevados hasta allí por las fuerzas telúricas que retorcieron las cuarcitas.La Jara, La Nava de Ricomalillo, Espinoso del Rey, San Bartolomé de las Abiertas

Una venta de La Nava nos acoge con fotos de cazadores antiguos, y entre risas y botellines “del” Mahou volvemos a Talavera, capital de La Jara, tras meternos en un santiamén una ración de mollejas que rebañamos con delectación.  Al pasar por Belvís, impregnados del olor espeso del monte, pensamos que tal vez lo importante de la vida sean cosas como zamparse una ración de mollejas  en La Nava de Ricomalillo con una pitarrona jareña.

Chozo en Aldeanovita

INTRODUCCION AL ESTUDIO DEL CALCOLITICO EN LA JARA

INTRODUCCION AL ESTUDIO DEL CALCOLITICO EN LA JARA

Miguel Méndez-Cabeza y Jesús Carrobles Santos  

A don Fernando Jiménez de Gregorio, en homenaje particular con este artículo sobre los orígenes de La Jara, su tierra.

INTRODUCCIÓN

Vistas de La Jara desde el cerro Castrejón en Aldeanovita, donde se sitúa uno de los yacimientos referidos
Vistas de La Jara desde el cerro Castrejón en Aldeanovita, donde se sitúa uno de los yacimientos referidos

En los últimos años y con motivo de la realización del Inventario Arqueológico de la provincia de Toledo, de la Excma. Diputación Provincial, se han localizado una serie de yacimientos en la zona de la Jara que ponen de manifiesto la existencia de un tipo de poblados que creemos son interesantes, al ser por ahora los asentamientos estables más antiguos conocidos en esta zona de la provincia y estar posiblemente asociados a la realidad funeraria megalítica que también está empezando a ser descubierta.

Nuestra intención es, a falta de excavaciones arqueológicas que aseguren las conclusiones que vamos a exponer, realizar un estudio de los datos existentes y presentar una hipótesis de trabajo sobre estos yacimientos representativos de una de las primeras fases de nuestra prehistoria.

Calcolítico significa cobre, estas son las trincheras de la mina de La Borracha, cercana al yacimiento de Castrejón
Calcolítico significa cobre, estas son las trincheras de la mina de La Borracha, cercana al yacimiento de Castrejón

I.-CATÁLOGO DE YACIMIENTOS Y MATERIALES

  1. El Castrejón (Aldeanueva de San Bartolomé)

PATRON.-Poblado ubicado en la parte superior de un cerro que, de forma aislada, se destaca en el valle del Andilucha, sobre una zona en la que con algún relieve suave, predominan las llanuras con suelos no muy evolucionados, aunque lo suficiente como para permitir una agricultura de secano con ciertas garantías, al ser una Zona húmeda por la proximidad a alguna de las principales alturas de los Montes de Toledo. El asentamiento se ubica sobre una antigua vía de comunicación (Cañada Leonesa Oriental) que desde los pasos del Tajo por Azután y posteriormente por Puente del Arzobispo, se dirige hacia el sur a través del Puerto de San Vicente

ESTRUCTURAS.-Aislando la zona superior del cerro, se localiza un recinto amurallado caracterizado por un muro realizado por bloques de mediano y gran tamaño junto a piedras pequeñas, que aprovechando los afloramientos rocosos, rodean por completo la elevación, dando lugar a un recinto irregular formado en zonas por simple acumulación y sin cara vista. En el interior se documentan numerosas estructuras de hábitat realizadas con muros de mampostería trabadas con barro, pertenecientes a la última de las fases existente en este lugar.

Materiales hallados entre otros en el yacimiento de Castrejón y Cabeza del Conde
Materiales hallados entre otros en el yacimiento de Castrejón y Cabeza del Conde

MATERIALES.- (Fig. 2-22 a 25).Se han encontrado algunas cerámicas a mano, entre las que únicamente vamos a destacar una gran fuente de borde engrosado (Fig. 2-22), junto a algunos cuencos y fuentes de labio redondeado simple. También se localizó un fragmento de pesa de telar prismática con decoración de incisiones oblicuas (Fig. 2-23). En este yacimiento también aparecen numerosos restos de cerámicas a torno, no dibujadas ni tratadas en este artículo.

FASES.-Tras la descripción del material se pueden presumir dos fases distintas de población. Por un lado una primera calcolítica, en la que se realizaría el recinto amurallado y por otro, una segunda fase medieval a la que pertenecerían las estructuras de hábitat existentes y posiblemente algunos de los tramos del recinto amurallado.

La Cabeza del Conde en La Estrella, uno de los yacimientos calcolíticos de La Jara

  1. Cabeza del Conde (La Estrella)

PATRON.- Poblado ubicado en la parte superior de un cerro de naturaleza granítica que en su parte superior presenta una amplia meseta, casi por completo aislada naturalmente, desde la que se domina visual y de forma efectiva el Valle del Uso que constituye la principal vía de comunicación de los Montes de Toledo al Valle del Tajo en la zona. El terreno próximo se caracteriza por los afloramientos rocosos que, salvo al norte, en el que a considerable desnivel existe una llanura de tierra bastante pobre, hacen imposible cualquier aprovechamiento agrario de la zona.

ESTRUCTURAS.-Como ya hemos dicho anteriormente, existe en lo más alto del cerro un recinto natural, formado por grandes piedras de granito que únicamente han debido complementarse en algunas zonas, en las que se aprecia un gran muro realizado con piedras de pequeño y mediano tamaño dispuestas en seco. Se trata sin duda de una fortificación, de la que no podemos precisar sus características, dado el derrumbe que cubre las zonas en las que aparece y la vegetación natural que impide conocer datos como el grosor, etc. En el interior del recinto se documentan distintas alturas aterrazadas en las que aparecen restos de estructuras de hábitat que aprovechan los afloramientos rocosos para protegerse de los agentes atmosféricos. Son muros de mampostería de escaso grosor, realizados con piedras de pequeño tamaño dispuestas en seco.

MATERIALES.- (Fig. 2-26 a 31). Se documentaron escasos materiales cerámicos, entre los que destacan algunas ollas de borde entrante, bien con el borde marcado (Fig. 2-26), apuntado (Fig. 2-27) o de tendencia recta (Fig. 2-31). También han aparecido algunos cuencos (Fig. 2-29, 30) y ollas de paredes verticales (Fig. 2-28). En lo referente a la industria lítica, aparecieron algunos restos de talla en sílex y fundamentalmente en cuarcita.

FASES DE OCUPACIÓN .- Según el material localizado, existen al menos dos fases de ocupación claramente distintas. En primer lugar, un poblamiento presumiblemente calcolítico, como luego veremos, al que hay que asociar los tramos conocidos del recinto amurallado y gran parte de las estructuras de hábitat citadas. En segundo lugar habría una segunda fase no bien definida cronológicamente y que, asociada a la cerámica a torno, habría que relacionar con alguna de las estructuras de hábitat más expuestas a la intemperie, que interpretamos como pertenecientes a pastores que a lo largo de los últimos siglos han aprovechado alguno de los resguardos naturales para construir sus cabañas, a veces sobre estructuras mucho más antiguas.3.

Alcaudete de la Jara II

Yacimiento de Alcaudete II cubierto de retama en flor
Yacimiento de Alcaudete II cubierto de retama en flor

PATRON.-Poblado ubicado en la parte superior de un cerro caracterizado por los afloramientos graníticos, que de nuevo conforman una meseta en la que se establece el asentamiento. El acceso se realiza únicamente desde el oeste, al ser el resto de los flancos fuertes barrancos que acaban en el cauce del Jébalo, en una Zona más interna que el que estudiaremos a continuación, pero desde donde también se ejerce un profundo control visual y de posibles rutas que desde la Jara Alta se dirigen al Valle del Tajo. El terreno cercano es quebrado en la Zona este y ondulado al oeste, con ciertos afloramientos graníticos que permiten, no obstante, la existencia de una agricultura necesariamente pobre por la naturaleza de la tierra, no existiendo ninguna zona de suelo aluvial cercana al yacimiento objeto de estudio.

ESTRUCTURAS.- Aislando la meseta citada, se documenta una curva de nivel bastante marcada identificable con el recinto amurallado, escasamente visible por la existencia de una gran vegetación, que en los escasos lugares en los que puede entreverse, parece estar realizado con piedras de pequeño y mediano tamaño dispuestas en seco que, aprovechando los afloramientos, cerca por completo el cerro, sin que se observen diferentes técnicas constructivas. En el interior existen diversos aterrazamientos que regularizan la superficie cercada, sin que se pueda asegurar la existencia de estructuras de hábitat visibles por la existencia, ya comentada, de una fuerte vegetación.

MATERIALES.- Por la vegetación que venimos citando, únicamente se recogieron algunos fragmentos de cerámicas a mano, atípicos, que no permiten realizar ningún tipo de valoración.

FASES DE OCUPACION.- Ante la escasez de materiales y estructuras documentadas, únicamente podemos presumir la existencia de una única fase de ocupación para este yacimiento, no descartando que posteriores hallazgos puedan hacer cambiar este panorama.

  1. Alcaudete de la Jara I

    El valle del Jébalo con el yacimiento Alcaudete 1 a la izquierda
    El valle del Jébalo con el yacimiento Alcaudete 1 a la izquierda

PATRON.-Asentamiento ubicado en la parte superior de un Cerro, con numerosos afloramientos graníticos que forma una pequeña meseta en su parte superior. Presenta un fácil acceso desde el Este, al situarse al final de una serie de elevaciones y es difícil en el resto, al existir un gran desnivel con respecto al cauce del Jébalo, cuyo valle domina en gran medida, siendo la primera gran elevación que existe sobre este río desde su desembocadura en el Tajo. El terreno circundante es bastante quebrado, caracterizándose por los afloramientos graníticos, bancos de arena, producto de la descomposición de los anteriores y escasa existencia de tierras cultivables, que se localizan únicamente en un pequeño valle perteneciente al arroyo de las Alamedas que, por su humedad y buena calidad del suelo, permite la explotación agrícola intensiva del lugar.

ESTRUCTURAS.- En la meseta natural antes mencionada, se localiza la existencia de una serie de estructuras de defensa, pertenecientes presumiblemente a diversas fases, que aíslan esta Zona de los alrededores en los que en algunos puntos también aparecen materiales, sin que existan huellas de ningún tipo de estructuras. La muralla documentada presenta tres tramos perfectamente diferenciados: En su lado oeste y norte existe un lienzo realizado por simple acumulación de grandes piedras caballeras en los bordes de la meseta natural sin ningún tipo de talla, llenando posteriormente los huecos con piedras de regular tamaño que hacen inaccesibles estos flancos. En la esquina noreste y sobre todo a lo largo del lado este, protegiendo la zona más accesible, se localizó un muro realizado por bloques de piedra algo trabajados en su cara externa y con un grosor total cercano a 1,60 m. El interior del muro está realizado con piedras de pequeño tamaño dispuestas en seco, siendo escasos los lugares en los que es posible ver las características de la cara interna, que parece estar realizada con piedras algo mayores, pero en ningún caso del tamaño de las de la cara externa. En la Zona sur, salvo en la esquina suroeste donde aparecen los grandes bloques, aparece un lienzo de características similares al descrito anteriormente, con la única particularidad de presentar en su cara externa un mayor número de piedras regulares que en la zona central y para dar lugar a un pequeño portillo, llegan incluso a ser auténticos sillares algo irregulares. En el interior del recinto y aprovechando los afloramientos rocosos, también se ven restos de muros de mampostería que no permiten, no obstante, definir ninguna estructura completa.

MATERIALES.- (Fig. 3).El material cerámico se caracteriza por la presencia de algunos vasos de paredes rectas y bordes algo exvasados (Fig. 3-11, 2, 8, 10 y 13), alguno de los cuales presenta una orejeta bajo el borde. También han aparecido diversos cuencos (Fig. 3-5, 6 y 7), una gran fuente de labio algo apuntado (Fig. 3-4) y algunas formas carenadas (Fig. 3-11, 12 y 15). En lo referente a la industria lítica, destaca fundamentalmente la existencia de una gran cantidad de restos de talla y útiles en cuarcita de aspecto absolutamente arcaizante, con auténticos cantos trabajados, etc. En sílex únicamente han aparecido algunos restos de talla.

FASES DE OCUPACION.-A la vista de los materiales y estructuras documentadas, se puede ver claramente la existencia de dos fases de ocupación, una primera calcolítica en la que, aprovechando la meseta, se realizaría un recinto amurallado que no incluye a toda la población en el interior, ya que ésta parece ubicarse también en toda una amplia zona de los alrededores más cercanos. Con posterioridad y aprovechando las posibilidades estratégicas del lugar, en una fase indeterminada de la Edad Media, se poblaría de nuevo la zona, ahora únicamente en la meseta, reconstruyendo parte de los lienzos de muralla presumiblemente calcolíticos en el lado este o edificando casi completamente el lado sur, dando lugar a un castillete que debió de servir de punto de control de todo el valle del Jébalo.

LA MINERÍA EN LA JARA I

LA MINERÍA EN LA JARA I

Trincheras de la mina de cobre de La Borracha cerca de Aldeanovita
Trincheras de la mina de cobre de La Borracha cerca de Aldeanovita

Hace ya más de cuatro milenios, en la Edad del Cobre, unos pueblos que empezaban a conocer la metalurgia se situaron en cerros fácilmente defendibles, en las vías de comunicación que eran entonces los riachuelos que descendían de las sierras de La Jara. Eran las llamadas culturas del periodo Calcolítico Precampaniforme, conocían ya la agricultura y el pastoreo, pero solamente la explotación de recursos mineros superficiales  justifican  la densidad despoblamiento de estas zonas poco rentables para la agricultura, si las comparamos con las muy cercanas del valle del Tajo. De hecho, se han hallado trincheras con un claro intento de beneficiar el mineral, en las cercanías de estos asentamientos de la Edad del Cobre, en los valles del Jébalo, Uso, Cedena  y Pusa.

Restos de la mina de oro en sierra jaeña en 1945
Restos de la mina de oro en sierra jaeña en 1945

Los pueblos que construyeron los dólmenes de Azután, o de la Estrella siguieron aprovechando las vetas, pobres pero muy  superficiales  y por tanto de fácil acceso, de las tierras de Talavera, otras explotaciones de su entorno así lo atestiguan. Muchas trincheras y pozos de La Jara de difícil datación, pueden orientar hacia un aprovechamiento minero del hierro por parte de los pueblos prerromanos y de los mismos romanos, a los que se relaciona ya con los primeros intentos de extraer el mineral de la principal mina de esta comarca, la mina de oro de La Nava de Ricomalillo, ésta, llamada La Oriental, así como la mina de la Sierra Jaeña, con la que no debemos confundirla, parece que estuvieron unidas por un antiguo camino o calzada con la Ciudad de Vascos. Las escorias halladas en las excavaciones arqueológicas de esta impresionante ciudad hispanomusulmana parecen añadir ese aspecto minero a la ya conocida función defensiva de la frontera del Tajo contra los cristianos.

Ruinas de las instalaciones de la mina de oro La Oriental en Sierra Jaeña
Ruinas de las instalaciones de la mina de oro Pilar en Sierra Jaeña

En el siglo XVI aparecen las primeras referencias documentadas a intentos, muchas veces fallidos, de prospecciones y explotaciones mineras en La Jara. La población actual de La Mina de Santa Quiteria se fundó cuando a mediados de esa centuria los habitantes de la vieja aldea de Cordobílla se trasladan junto a una mina de plomo en la que encontraban más trabajo.

En 1599 se da una pragmática por la que se ordena llevar un registro de minas, y por tanto, desde esa fecha podemos tener datos más concretos de las explotaciones.

La mina de oro «La Oriental» a la que ya nos hemos referido, se sigue labrando en el 1690 con abandonos y reaprovechamientos sucesivos durante los siglos XVIII y XIX. En Buenasbodas se han conocido cajas fuertes con el nombre de la mina, y llegaron a funcionar varios hornos de pan y un mortero para pulverizar el mineral. En la Historia de Talavera de Cosme Gómez de Tejada, hay una referencia a las doblas de oro finísimo acuñadas con el metal de estas minas.

Galería de la mina de Sierra Jaeña
Galería de la mina de Sierra Jaeña

En el siglo XVIII se produjo un curioso episodio, cuando se intenta por parte de varios socios recomenzar la extracción del mineral en La Oriental; las desavenencias entre ellos hacen que una de las partes reclame a la Corona sus supuestos derechos. El Rey ordena al corregidor de Oropesa que tome las medidas necesarias para interrumpir los trabajos, éste parece escurrir el bulto, tal vez por encontrarse la mina fuera de su jurisdicción, y dice encontrarse enfermo, delegando en el alcalde de Talavera, el cual acude a la explotación arrasando y quemando las viviendas y chozas de los trabajadores y las dependencias donde se procesaba el mineral. El evidente abuso autoridad supuso incluso lesiones físicas para algunos mineros e hizo que se entablen procesos judiciales donde se reconocen los daños causados, pero ya la mina quedó de nuevo sin explotación.

Potosí, Mariposa, Nueva California, Abundancia, El Desquite, El Porvenir, Matildita, Ultra-tumba, El Disloque, La Sultana, Fortuna, o Mina del Miedo son algunos de los sugerentes nombres con los que los paisanos del siglo XIX bautizaban a sus pozos en nuestra particular fiebre del oro jareña.

Si subimos a las cumbres de las sierras de Sevilleja podemos percibir sobre el terreno los montones de escoria, los pozos y trincheras que desde la prehistoria se han venido excavando, pero parece que al igual que en el Oeste americano, aventureros y visionarios intentaron enriquecerse rápidamente.

Cofre reforzado de las minas para guardar el polvo de oro
Cofre reforzado de las minas para guardar el polvo de oro

En algunas ocasiones eran personajes ilustrados, como sacerdotes (mina de Don Juan), militares (teniente-coronel Mendez-Cabeza, en una mina de Arroyo Blanco en Aldeanueva de Barbarroya) o acaudalados locales los que iniciaban prospecciones con más riesgos que beneficio en la mayor parte de las ocasiones.

Pero otras veces, vecinos humildes de los pueblos de La Jara emulaban a los dueños de las pocas explotaciones pro-ductivas y después de trabajar en alguna de ellas como asalariados emprendían la aventura en solitario o en pequeños grupos.

Las duras condiciones que de por sí lleva aparejado el laboreo minero se agravaban con las condiciones de aislamiento y las climatológicas, ya que las minas se encontraban localizadas en su mayor parte en los lugares más inhóspitos de lo que yo denomino La Jara profunda, las zonas más deforestadas y desiertas de los términos de Sevilleja, Campillo, Aldeanovita etc… Podemos imaginarnos a estas pobres gentes armadas de su miseria y de su ilusión por encontrar algún filón que les permitiera abandonar sus, en muchas ocasiones, paupérrimas tierras.

Picos, palas, bateas y algún borrico eran todo su armamento para extraer el material de profundos pozos, algunos de más de veinte metros, y transportarlos hasta las zonas de lavadero que en estas tierras de La Jara podían encontrarse muy lejos, por la sequedad del suelo pizarroso.

Bocamina de una vieja explotación minera en Anchuras
Bocamina de una vieja explotación minera en Anchuras

Todavía a principios de siglo, los habitantes de La Nava, veían como algunos entusiastas intentaban buscar pepitas de oro con la batea en el arroyo Joyegoso que desciende de La Oriental, al más puro estilo de las películas del Oeste. Incluso en los años posteriores a la Guerra Civil, hubo intentos de sacarle a estos jarales algo más que unas pocas espigas de centeno, y así, en la década de los cuarenta, aún se tramitan permisos de prospección y explotación. La mayor parte de las vetas de La Jara occidental son de galenas argentíferas y de blenda, y la última intentona minera en esta comarca quiso aprovechar, en los años ochenta, la plata de una de ellas en Anchuras, otro pueblo de La Jara con gran tradición minera además de los ya nombrados, y de Los Navalucillos, en La Jara Oriental.

De aquellas antiguas explotaciones quedan conducciones y paredones en ruinas, de las dependencias para el procesado del material, ruinas de algunas viviendas y de los martinetes y ferrerías -como la del Mazo en el río Pusa-. De todas ellas hablaremos en otro artículo. Es interesante la visita de estos pozos y galerías donde se escondieron bandoleros y guerrilleros, y que en nuestra última contienda civil tuvieron una utilidad mucho menos productiva que la minera, acoger a los represaliados de ambos bandos cuyos cadáveres fueron arrojados a ellos, pero esa es otra historia.

PIEDRA, MADERA Y BARRO

PIEDRA, MADERA Y BARRO

Un relato sobre arquitectura popular en La Jara

Casa de majada en El Portezuelo, junto al río Jébalo
Casa de majada en El Portezuelo, junto al río Jébalo

Mariano miraba a su mujer que se despertaba remolona sobre el lecho de retamas y paja del chozo. El ruido que hacía el pastor al soplar sobre el fuego había despertado a Crisanta. Se volvió perezosa y su mirada se cruzó con la del hombre que era su marido desde hacía dos años y que compartía felizmente su pobreza con ella.

Pero ese día amanecía radiante y podía verse el cielo castellano, el cielo invernal más azul, por la abertura que dejaba la manta que su marido había colocado en la puerta para impedir el paso de la humedad de la mañana. La leche recién ordeñada hervía ya en el cazo que Mariano compro el día que fueron con su tío el arriero a Talavera.

Casi ningún pastor podía permitirse el pequeño capricho de ir de viaje de novios, pero él siempre había sido el favorito de su tío e incluso les invitó a comer y dormir en una fonda llena de tratantes y algún viajante de mercería. Por la noche les llevó al «liceo», una iglesia abandonada por los frailes y dedicada ahora a salón de baile donde esa noche tocaba una orquesta de Madrid. Bebieron gaseosa y vino y fue tal vez la noche más feliz de sus vidas.

Después, la soledad de la sierra, el ruido de los búhos,  los aullidos de los lobos y los jabalíes hozando en el prado habían sido los sonidos, tan terroríficos al principio, que impedían a Crisanta conciliar el sueño. Aunque poco a poco había ido acostumbrándose, como al intenso olor de cabra que despedían las ropas de su marido, ese olor que se le hacía casi agradable cuando en mitad de la noche despertaba asustada y se acurrucaba con su hombre.

Pozo y casa en la dehesa de Montarcos, en belvís de La Jara
Pozo y casa en la dehesa de Montarcos, en Belvís de La Jara

Por entre las juntas de las pizarras que formaban la bóveda del techo salía el humo del hogar, pero la leña húmeda consiguió hacer toser a la mujer. Mariano al levantarse apenas emitía algún gruñido antes de irse a ordeñar, pero más solícito que de costumbre, arropó a la mujer y dijo:

­-Quédate otro rato, anda.

-Tenía que quedarme preñada todos los días, para que así miraras por mí -respondió sonriendo la mujer- ¡Anda bolo! Que yo iré limpiando, vete al ganao.

Mientras el pastor estaba de careo veía de lejos a su mujer afanarse cogiendo leña y acercándose a la fuente a por agua. Andaba ya torpe con la tripa, estaba de seis meses y pronto tendría que irse con su madre al pueblo. No debía parir en aquel chozo y su hijo no se criaría ahumado en aquel cuchitril. Si las cabras parían bien sacaría un poco de dinerillo y acometería su proyecto, haría una casa para su familia.

Mientras pensaba en esto, Mariano tomó una plancha de corcho y con navaja tan gastada como afilada comenzó a darle forma redondeada a uno de los bordes, después la uniría a otras piezas con virus de jara y formaría una cuna para su hijo. Ya había matado otros ratos de pastoreo tallando un sonajero de una rama de espino y después haría un castillejo de corcho para meter al chaval mientras la madre se afanaba en la majada.

Su hermano le trajo al monte la noticia, la partera había dicho que era un muchacho muy hermoso. El pastor bajó al pueblo con las monedas que le habían dejado los cabritos. Antes de que volvieran al monte su mujer y el niño tenía que cubrir aguas.

Fue al herrero y encargó ochenta clavos para unir las alfangías a la viga maestra. En el comercio le vendieron cuatro costales de cal de Montesclaros. Aunque la casa iba a levantarla de piedra y barro necesitaría algo de argamasa para la chimenea y el caballete del tejado. Bajó después al tejar de tío Jacinto que había sido amigo de su padre, Mariano le echaría una mano y así las tejas le saldrían apañás de precio. Ya podía empezar pues el resto de lo que necesitaba para su casa lo tenía en el monte: piedra, barro y madera.

En una solana frente al arroyo decidió hacer los cimientos, cortó las jaras e igualó el terreno tirando con una cuerda el trazado de los muros. Tomó su azada y fue excavando los cimientos. En algunos lugares la pizarra se encontraba somera y tuvo que romperla con una cuña y la almadana, mientras que en otras partes de la cimentación el desnivel hizo necesario que fuera con el borrico a por grandes cantos rodados del arroyo para rellenar la zanja.

Con paciencia fue levantando las paredes, primero una fila de lanchas de pizarra y luego, para sentar la hilera siguiente, una capa de barro que había traído de los trampales, donde tantas veces se atascaba la borrica al pasar con el arado. Mariano iba dando la vuelta a las lajas hasta encontrarlas la cara adecuada en lo que parecía un juego de rompecabezas con un ritmo tan lento que, al principio, le hacía pensar a Mariano que su hijo ya habría entrado en quintas cuando él acabara la casa.

Pero cuando terminó la jornada y observó su obra mientras devoraba una gruesa loncha de tocino con largos y pausados tragos de vino, pudo calcular que en unas semanas habría levantado los muros y, aunque le dolían los riñones, sonreía mientras ordeñaba a las cabras pensando en la cara que pondría Crisanta cuando viera su nuevo hogar.

Con la ayuda de su hermano bajó hasta el arroyo a por el tronco de fresno que había escogido con tanto cuidado para descortezarlo y así evitar que se pudriera o se lo comieran las termitas. Invitó a los pastores vecinos que le ayudaron a subir la viga maestra y luego se bebieron el aguardiente que guardaba para una ocasión así. Sobre la viga clavó las alfangías y sobre ellas las jaras y la torta de barro que iban a sostener a las tejas.

Piedra, madera y barro, un hogar que nacía de la tierra, que era parte de esa tierra en la que luego él y su mujer y su hijo y los hijos de sus hijos se iban a deshacer en polvo con el que otros que vendrían después  amasarían el barro de sus casas.

Arquitectura popular en Aldeanovita

LA FRESNEDA DE LA JARA

LA FRESNEDA DE LA JARA

Arquitectura popular de La Fresneda
Arquitectura popular de La Fresneda

Si tomamos una carretera que se dirige en dirección oeste desde la parte alta del casco urbano de Torrecilla llegaremos primero al ameno paraje donde se sitúa la ermita de la Virgen del Valle junto al río Fresnedoso. Aguas abajo se levanta el cerro de los Moros, donde se localiza la necrópolis visigoda ya aludida. Seguimos la carretera pasando arroyos y rañas elevadas desde las que tenemos hacia el sur hermosas vistas de la Jara Alta y llegamos al entrañable pueblecito de La Fresneda, un lugar donde, sin caer en el tópico, encontraremos a gentes realmente acogedoras.

Horno de cal en La Fresneda
Horno de cal en La Fresneda

Aunque existen referencias del siglo XVIII a una labranza de Torrecilla “con cuatro casas con sus habitadores, los dos vecinos de Espinoso, y los otros dos, vecinos del lugar de Sevilleja”, el comienzo de la andadura del pueblo como tal se produce a mediados del siglo XIX, pues es conocido que La Fresneda fue fundada por un labrador llamado “el abuelo Lorenzo” al que se reproduce en un panel de cerámica de los que adornan la pequeña plaza local. Todavía se conoce cual fue su casa y cómo se extendieron las edificaciones según crecía el vecindario descendiente de aquella primera familia pionera. A lo largo del arroyo Valbellido se distribuye el caserío que conserva algunas casas y rincones de sabor jareño con los muros de pizarra o blanqueados. Cerca del cementerio existe un calero, un horno para cocer la cal con la que antiguamente  enjalbegaban las casas o fabricaban la argamasa para las construcciones.

Horno de pan adosado a una vivienda con zahurda bajo el propio horno en el valle del Jébalo
Horno de pan adosado a una vivienda con zahurda bajo el propio horno en el valle del Jébalo

La iglesia se inauguró en 1944. Construida sobre un solar donado por una vecina, no desentona con la arquitectura tradicional. Fue erigida con la financiación que proporcionó don Anastasio Granados, sacerdote que fue obispo auxiliar de Toledo pero que cuando era cura durante la Guerra Civil en pueblos cercanos hubo de huir y fue recogido y ocultado por los “fresneanos” durante la contienda.

Labranza a las orillas del embalse del río Jébalo
Labranza a las orillas del embalse del río Jébalo

Pero el mayor encanto de La Fresneda además de sus gentes es su entorno y aislamiento. Muy cerca del pueblo, aunque en término de Alcaudete, se encuentra el embalse del río Jébalo. Un paraje de gran belleza con las aguas represadas entre encinares y olivares y en cuyas orillas se asientan varias labranzas antiguas de bonita arquitectura tradicional, entre las que destacan la de Paniagua, que llegó a ser una verdadera aldea, o la de Los Villarejos, adquirida por los fresnedanos en parcelas y cuyo caserío domina la presa. En sus inmediaciones se han hallado restos romanos y una necrópolis de la Edad del Hierro que demuestran que no fue el abuelo Lorenzo el primero en asentarse en estos territorios. Si subimos el río unos dos kilómetros podremos bañarnos en pozas solitarias de aguas limpias entre fresnos y riscos de pizarra.

El valle del Jébalo en la zona de Los Villarejos
El valle del Jébalo en la zona de Los Villarejos

OLIVARES DE LA JARA

OLIVARES DE LA JARA

Artículo aparecido en 1998 en el que se recrea la vida en los pueblos de La jara en la época de la recogida de aceituna. Fue escrito hace casi veinte años y algunas cosas han cambiado, como la creciente despoblación o la presencia de inmigrantes cogiendo la aceituna

Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo
Olivares en La Jara, La Nava de Ricomalillo

El invierno ha cubierto de escarcha las rañas y las barreras, los pueblos cada vez más desiertos de La Jara adquieren una animación inusual, “pa la aceituna” vuelven incluso los hijos del pueblo que marcharon a Madrid o a Barcelona para así ayudar en las faenas del olivar y poder sacar un dinerillo que viene bien a sus ajustadas economías. A veces basta con sacar aceite “ pal gasto” de la casa y poder así recordar a su tierra cuando se aliñen la “ensalá” o se frían un huevo de esos de corral  que les han guardado los abuelos .

Es tiempo de recogida, vuelve la vida a La Jara, por los caminos de piedra y tierra “colorá” van saliendo los jareños hacia los olivares. Unos llevan con mucho cuidado el utilitario que la emigración les permitió comprar y con el que pueden volver al pueblo en las fiestas y algún fin de semana, otros, que consiguieron permanecer en esta tierra dura, han conservado el borriquillo o la mula que les siguen haciendo “buen apaño” para “ la poca labor”  que todavía mantienen.  Los cascos de las caballerías van rompiendo el hielo de los charcos y pisoteando los trampales las gentes adormiladas se dispersan por los olivares “ pa sacarse los cuatro jornalillos” que da la aceituna y que todavía pueden a duras penas mantener en los pueblos a sus habitantes. Mire usted, si no fuera por las olivas ya no quedaban aqui na más que los viejos. Los viejos tractores llevan a los aceituneros en los remolques, las mujeres hablando y riendo, algunos de los jóvenes van adormilados intentando despejarse de “ los medios” que se tomaron la noche anterior. Uno de ellos incluso se ha quedado dormido “arregostao” en las mantas y las varas.

Este año hay buena cosecha, ha llovido a su tiempo y ni los aires ni los pedriscos “han tirao” la aceituna. Pero habrá que trabajar duro, la abundancia de fruto ha bajado los precios y tendrán que llenar muchos sacos para conseguir el dinerillo que ayude a ir tirando un año más arraigados a la tierra que hasta se permite en estas fechas atraer trabajadores de otras latitudes, como las cuadrillas de gitanos que en sus grandes furgonetas llegan en invierno para sacarse unos jornales duros pero libres, o para ir “al rebusco” del fruto que quedó en el suelo.

Aceitunas de los olivares jareños
Aceitunas de los olivares jareños

El olivo es un árbol noble, sagrado para algunas civilizaciones que prohibían cortarlos. Durante la Guerra de la Independencia una de las actitudes de los franceses que más odio provocó entre nuestras gentes fue la tala brutal del olivar que entonces rodeaba a Talavera. Durante la represión de los gabachos en nuestra ciudad rompieron tantas zafras y tinajas que el aceite corría por las calles dejando durante semanas al caserío invadido por  su olor característico.

El olivo ofrece mucho y pide muy poco a cambio. Después de la recogida de la aceituna habrá que podar las olivas, miles de pequeñas columnas de humo se levantaran en los limpios y azules cielos invernales de La Jara cuando se queme “el ramón” para que el barrenillo no encuentre en las muertas ramas lugar donde multiplicarse. También habrá que limpiar y labrar las empinadas barreras donde las mulas o los tractores deben desafiar a la gravedad provocando no pocos accidentes por el vuelco de las máquinas.

Las cooperativas con su moderna maquinaria han sustituido a los antiguos lagares de rulo o de viga. Al menos ya no se llevan los italianos la mayor parte del beneficio vendiendo el aceite jareño como si se tratara de aceite siciliano.

Al atardecer, largas colas de olivareros con los sacos de pienso o de abono repletos de aceituna esperan a la puerta de las almazaras para pesar y entregar su fruto saliendo después sonrientes con un papelito que da fe de los kilos de aceituna recogidos que luego serán molturados para dar ese magnífico aceite que desgraciadamente llevará la denominación de “Montes de Toledo”, una denominación vergonzosa para nuestra tierra y que vuelve a olvidar la propia identidad de La Jara.

Olivares de Belvís

Tanta es la aceituna molida que los arroyos se teñían de negro todos los inviernos por  el «alperchín»  que corría por ellos, hasta que se excavaron balsas de sedimentación que lo almacenara para no perjudicar así los ecosistemas fluviales de los riachuelos jareños. No quiere el olivo manchar ese suelo que él mismo retiene con sus raíces impidiendo la desertización. El olivo lucha contra el desierto porque no se vaya el suelo, porque no se vayan las gentes que producen ese delicioso aceite que a duras penas mantiene con vida a estos pueblos, ese verde fluido que hoy por hoy es la sangre de La Jara.

GANADERÍA Y GASTRONOMÍA EN LA JARA

PEQUEÑA HISTORIA DE LA JARA COMO COMARCA GASTRONÓMICAMENTE GANADERA

Piara de cerdos por las dehesas de la comarca
Piara de cerdos por las dehesas de la comarca

Texto que escribí para el libro agotado «La Cocina de las Mujeres de la Jara» . Este libro parte de una idea, la de la difusión de la cocina de la comarca de La Jara por Coral Martín que en recuerdo y homenaje de las recetas que le enseñó Flores, su madre, ha tenido la idea de recoger recetas de las mujeres jareñas para mediante este libro dar a conocer la cultura gastronómica de esta tierra tan desconocida en ese como en otros muchos aspectos.

Nuestra comarca se encuentra entre dos zonas muy claras desde el punto de vista no sólo gastronómico sino también etnográfico, pues también en temas como el de la indumentaria tradicional o el del lenguaje nos hallamos en la línea fronteriza entre las culturas occidentales de repoblación leonesa, que comprende el reino de León y Extremadura, y la zona de la meseta inferior, incluida La Mancha.

Pero primero vamos a hacer un breve recorrido por la base de toda cocina, los productos empleados en ella, que además nos darán una idea de la geografía humana y la historia de la comarca que estamos estudiando.

La Jara es tierra ganadera, como demuestran desde antiguo los restos de animales domesticados en los yacimientos arqueológicos que ya desde la Edad del Cobre nos indican por sus hallazgos la presencia de huesos de diferentes animales. Aquellos primeros agricultores y ganaderos que dejaron como señal de su paso por aquí sus dólmenes, que nos hablan de unas sociedades ya jerarquizadas que practicaban la agricultura y la ganadería produciendo unos excedentes que serían empleados de diferentes maneras, en diferentes guisos que no tenemos porqué pensar fueran sencillos y poco elaborados.

Verraco vettón de Villar del Pedroso
Verraco vettón de Villar del Pedroso

En la Edad del Hierro, poco antes de que llegaran los romanos, el pueblo vettón recorría con sus ganados aquellas primitivas cañadas que luego comenzaría a regular el poderoso y Honrado Concejo de La Mesta cuyos jueces entregadores recorrían también las cañadas y cordeles jareños por donde circulaban las ovejas merinas y juzgaban severamente las incursiones de nuestros agricultores en las milenarias vías pecuarias.

Esos primeros “trashumantes” que fueron los vettones, hace dos mil años ya, dejaron sus verracos, esculturas pétreas de cerdos o de toros con los que pretendían proteger a sus hatos y para ello los colocaban muchas veces como puertas de los corrales de sus castros, a modo  de grandes amuletos que ahuyentaran todo mal de su principal sustento. Nuestra gran comarca, desde el Tajo hasta el Guadiana, desde el Pusa hasta el Ibor siguió siendo tierra ganadera también con los romanos, que calzaron los viejos caminos prehistóricos y construyeron puentes, fuente de riqueza por el trasiego de ganados que durante la Edad Media atravesaban nuestras grandes dehesas. Un territorio que no olvidemos pertenecía a la Lusitania, región en la que los romanos nos colocaron y que más tarde serían las extremaduras, de donde proceden muchas huellas que yantar gastronómicas de esa nuestra vecindad bellotera.

También en las villas romanas encontradas se han hallado huellas de

Calco de un grabado de la Edad del Bronce de El Martinete en el río Jébalo. Representa la cabeza de un ciervo
Calco de un grabado de la Edad del Bronce de El Martinete en el río Jébalo. Representa la cabeza de un cérvido

la actividad ganadera que luego continuarían los pueblos visigodos que se extienden por los muchos asentamientos rurales que se extienden por el territorio. La Jara estuvo poblada en época musulmana por aguerridas tribus bereberes que integraban también las fuerzas que desde las torres, castillos y fortalezas de Talavera, Alcaudete, la Ciudad de Vascos, Azután, Castros, Espejel o Alija protegían la línea defensiva del Tajo de las incursiones de los cristianos. Estos pueblos del norte de África eran además gentes dedicadas especialmente a la ganadería que aprovecharon también sin duda los buenos pero efímeros pastos de La Jara para criar el cordero que entonces y hoy día es la carne más consumida por los moros, como conocemos realmente a esos pueblos del Magreb que tenían una cultura también gastronómica muy diferente a la de los árabes propiamente dichos. Los ajuares de cocina más completos los encontramos en la ciudad hispano musulmana de Vascos, en cuyas viviendas excavadas se han hallado ollas, cazuelas, tapaderas, anafes, platos para hacer pan etc…aunque también se han encontrado en las viviendas más pudientes restos de los recipientes de cerámica utilizados en la mesa, como ataifores y jofainas para los sólidos y jarros, jarras y redomas para los líquidos. Tinajas y orzas servían tanto para contener el agua como para guardar los alimentos sólidos, al igual que los silos excavados en el suelo granítico de algunas viviendas. Muchos son también los molinos de mano que se han sacado en las excavaciones, destinados a moler el grano para hacer el pan en cada casa y a veces los cereales y leguminosas que se echaban al ganado. Cencerros, herraduras o tijeras de esquilar nos orientan sobre la actividad eminentemente ganadera de la ciudad jareña musulmana, lo que sin duda se traducía en una dieta en la que la leche, el queso y el ganado ovino y caprino habrían sido fundamentales.

Cuerno y cuzarro de corcho pastoriles para la elaboración del gazpacho
Cuerno y cuzarro de corcho pastoriles para la elaboración del gazpacho

También para los judíos que sabemos había en nuestra tierra el cordero es no sólo alimento para el cuerpo sino también para el alma, su cordero pascual, que a su vez es también símbolo de Cristo, el cordero místico. Y no sólo une el cordero como alimento a las tres culturas, sino que también une a las dos mesetas, pues es manjar común a ambas castillas.

La Jara se convierte en los tiempos de la Reconquista en una tierra de nadie, tierra insegura que solamente se atreven a poblar gentes que puedan huir rápidamente en un momento dado, llevándose con ellos su medio de vida, como son sobre todo los colmeneros y más tarde los ganaderos. La Cañada Leonesa Oriental atraviesa nuestro territorio por lo que, como hemos dicho, seguiremos viendo durante esos siglos circular millones de cabezas de ganado que aprovecharán los pastos jareños camino de Extremadura en invierno o de Castilla y sus sierras en verano.

El mercado de ganados de Talavera, capital histórica de La Jara, ya es una realidad desde el siglo XIII pero probablemente el rey Sancho IV lo único que hace es certificar la existencia de un trasiego y comercio ganadero mucho más antiguo.

Ganado representado en el panel de azulejos de San Antonio Abad en Piedraescrita en cerámica talaverana del siglo XVI

EXCURSIÓN A LOS MOLINOS DE RIOFRÍO EN LA JARA

EXCURSIÓN A LOS MOLINOS DE RIOFRÍOrutariofrio

En el ámbito de Buenasbodas y Gargantilla, aunque muchos molineros eran de La Nava de Ricomalillo,  se localizan gran parte de los molinos de cubo de Riofrío. Nada menos que veintitrés artificios se reparten a lo largo de los aproximadamente diez kilómetros de cauce de este río jareño.

Molino de Riofrío y dependencias anexas de vivienda, cuadras...
Molino de Riofrío y dependencias anexas de vivienda, cuadras…

Ya hay constancia de la existencia de al menos uno de estos molinos en el siglo XIV y forman un conjunto de gran interés etnográfico pues se aprovecha prácticamente toda la potencia del agua por captarse casi inmediatamente el caudal para mover el rodezno de un molino nada más salir del cárcavo del anterior, aguas arriba. Seguir leyendo EXCURSIÓN A LOS MOLINOS DE RIOFRÍO EN LA JARA