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CAMINO REAL DE GUADALUPE (14) CARRASCALEJO- NAVATRASIERRA

CAMINO REAL DE GUADALUPE (12)

CARRASCALEJO- NAVATRASIERRA

Vista de La Jara desde el puerto de arrebatacapas

Antes de salir de Carrascalejo, pueden los aficionados dirigirse al embalse de Recuerda que abastece al pueblo de agua potable. Se encuentra en un hermoso lugar que se ha convertido en foco de atracción para los muchos pescadores de la zona que acuden a sus orillas para capturar buenos ejemplares de carpa o de black-bass.

Si hemos pernoctado en Carrascalejo, podemos subir hacia el puerto de Arrebatacapas siguiendo la carretera y disfrutando del paisaje y la vegetación de las laderas de la sierra de Altamira, donde el monte agreste se puebla de alcornoques, grandes madroños, castaños, chaparrales, brezo y un sin fin de plantas aromáticas que harán muy agradable el ascenso. La otra opción es intentar subir por el antiguo Camino Real partiendo desde el paraje donde se situaban las antiguas ventas de San Miguel. Ascenderemos siguiendo un trayecto similar al que sigue el cortafuegos que actualmente se puede ver desde abajo cómo sube hasta el mismo puerto. Aunque el antiguo camino tenía un trazado más curvo, está casi perdido en muchas zonas y es más operativo seguir el empinado cortafuegos.

Arquitectura popular en Navatrasierra

La vista panorámica que se observa desde el puerto de Arrebatacapas es impresionante, al norte el valle del Tajo, el Campo Arañuelo y la Sierra de Gredos; al este toda La Jara con la Sierra de La Estrella que destaca sobre la llanura y, más al fondo, la Jara Alta y los Montes de Toledo. Los días más claros pueden llegar a verse los edificios de Talavera al nordeste y podemos jugar a distinguir todos los pueblecitos que se reparten entre las tierras de colores pardo y verde oscuro de La Jara. Al sur se levantan las cresterías de la Sierra de Altamira y al oeste el valle del Gualija que se dirige hacia el Tajo y el de Los Guadarranques que se encamina en dirección opuesta, hacia el Guadiana.

La parada en este bonito collado nos hará recuperar el resuello por las fatigas de la subida. Aquí se ha construido una hornacina para recordarnos que nos encontramos en el camino de Guadalupe, pues en su panel de cerámica de Puente del Arzobispo se representa a la Virgen de las Villuercas y a los dos patrones de los pueblos limítrofes, San Pedro y San Mateo.

Puente de los Horcones en el camino Real antes de subir al Hospital del Obispo

Iniciamos el descenso y, después de recorrer unos setecientos metros, desciende a la derecha, hacia el valle, un camino de fuerte pendiente que nos llevará hasta el puerto de La Venta, hoy desaparecida como tantas otras. La senda sube después sobre la ladera del cerro de enfrente, por encima de un arroyo con una aliseda, para descender más tarde hasta las orillas del río Gualija. Este es el trayecto original del Camino Real o camino viejo, pero también tenemos la posibilidad de acercarnos hasta el pintoresco pueblecito de Navatrasierra, comprendido en el ayuntamiento de Villar del Pedroso. Es el único núcleo habitado de este valle que cuenta con uno de los índices de población por kilómetro cuadrado más bajos de la Península, un lugar ideal para aquellos que quieran perderse en una naturaleza todavía virgen con parajes solitarios de gran riqueza ecológica, como iremos viendo.

Empedrado en la calle Real de Navatrasierra

Este despoblamiento fue una de las causas que llevaron al paulatino abandono de este camino de Guadalupe, el más atractivo y antiguo de todos, pero el más inseguro, pues contemplando su paisaje podemos imaginar a las gentes que desde el siglo XIV se aventuraban por estas sierras, cuando sus montes y bosques estaban habitados por lobos y osos, como demuestra el hecho de que la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, bajo cuya jurisdicción se hallaban estos despoblados, pagara cantidades de cierta importancia a quienes mataran a los osos y a sus crías, más remuneradas estas últimas, presentando en sus dependencias de Talavera las garras de los animales que eran clavadas con un cartel en la puerta de su cárcel. Y es que esta institución de policía rural de la que hablaremos más tarde nació como una asociación de colmeneros que querían defenderse de los bandoleros y golfines que asolaban La Jara, y, como podemos imaginar, los plantígrados eran especialmente golosos con las colmenas de sus posadas, en las que causaban grandes destrozos.

Los grandes desiertos de los valles serranos del Gualija y el Guadarranque

Podemos imaginar las nieves y las tórridas temperaturas del verano, las alimañas, los bandoleros y los contrabandistas que, unido al cansancio, el hambre y las enfermedades que aquejaban a muchos de los peregrinos nos podrá dar una idea de cómo la muerte tuvo que ser algo muy habitual entre los caminantes que se atrevían a cruzar estos desiertos. Estas circunstancias motivaron la fundación en el siglo XIV del conocido como Hospital del Obispo, a mitad de camino entre Navatrasierra, último pueblo habitado del camino, y la puebla de Guadalupe. Por todo lo reseñado, el camino que discurre por Puerto de San Vicente y Alía fue tomando auge hasta conseguir casi sumergir en el olvido a este otro viejo Camino Real en el que tantos viajeros fueron asaltados o devorados por los lobos.

Otro camino alternativo asciende desde Carrascalejo directamente hasta Navatrasierra mediante una senda muy agradable sin pasar por el Puerto de Arrebatacapas sino por el puerto llamado de Navatrasierra.

En el próximo capítulo hablaremos del relieve apalachense, la geología y los fósiles que se muestran en el museo de Navatrasierra.

LA JARA BELLA Y OLVIDADA

LA JARA BELLA Y OLVIDADA

Artículo publicado en AhoraClm.com el 16-11-2017

La Jara Occidental desde el mirador de La Estrella

No creo que haya en todo el territorio nacional una comarca menos conocida, aun teniendo grandes atractivos, que La Jara, pero no les voy a hablar de la ciudad de Vascos, ni de los caminos de Guadalupe, de la Vía Verde o de sus cañadas.

En el día de la diluida Hispanidad he ido a uno de sus pueblos, da igual cual sea. Me pregunto cómo se habrá perdido por aquí una turista extranjera que caballera de su bicicleta se va poniendo como un tomate con este sol otoñal que le da a La Jara un tono africano, con la paja pisoteada por las ovejas de tanto rebuscar algo que llevarse a la boca, los almendros resistiendo a duras penas el calor con las hojas pardas y las jaras ya amarillentas y pringosas intentando retener las últimas moléculas de agua. Sin embargo, su olor y el de los cantuesos se hace más intenso con este calor tardío.

Patio jareño

Quería hacer unas fotos de esos pozos, zahurdas y chozos que se encuentra más frecuentemente en el entorno inmediato de los pueblos. Lugares de cuadras y muladares que, aunque afeados por las naves de construcción más reciente y las escombreras, siguen teniendo cierto aspecto de aduar marroquí.

Y paseo viendo caídas las alambradas que intentaban marcar una propiedad que ya a nadie interesa, y los últimos intentos de los años sesenta y setenta por hacer el campo productivo, con sus uralitas y sus ladrillos de gafa, e imagino la ilusión del campesino que no se resignó y que cavó un pozo con su alberquilla como último intento de volver fértil el escaso suelo aprovechable sobre las pizarras, con un motor de gasoil de dos tiempos que se oxida, al igual que una vieja furgoneta en la cerca de al lado, de esas que se ponían a modo de chozo improvisado, otro ejemplo de ese arte kitsch rural de somieres utilizados de portera y de bañeras de desecho recicladas como abrevaderos.

Pozo jareño cubierto

Recorro el pueblo con la cámara y sé, porque me lo han preguntado muchas veces, que las escasas vecinas, que hablan con fruición de médicos y enfermedades asomándose recelosas al ver pasar al forastero, piensan que soy del catastro o de la empresa de electricidad, y me miran con desconfianza, porque a los pueblos casi nunca ha venido nadie a darles nada, solo a estrujarles.

Como es puente, han llegado al pueblo algunas familias urbanas de hijos del pueblo, y veo en un patio a tres chicas mirando sus móviles sin hablarse entre ellas, devorando una bolsa de pringosos aperitivos refritos en saludable aceite de palma. Y pienso que ninguna sabrá distinguir un gorrión de un jilguero y que para ellas esto de venir al pueblo a ver a la abuela, sin wi-fi, solo es un coñazo que esperan pasar lo antes posible.

Colemas de La Jara fabricadas con corcho

Y me acerco a un bar pensando observar y escuchar a gentes del país, y solo encuentro una joven pareja de Madrid que chulea de su viaje de novios a Cancún ante un vecino de mono y gorra de la Caja Rural. Entro y me atiende un hombre con tatuajes que da la sensación de ser uno de esos urbanos que ha venido al pueblo huyendo románticamente de la ciudad y que no durará mucho aquí, como tantos otros. Un enorme cartel del grupo de rock duro alemán Rammstein preside el bareto, aunque por lo menos me ponen unos torreznillos y no unas gambas que ya degustó Viriato como me pusieron en el pueblo anterior, o cazón en adobo como si esto fuera la plaza de las Flores de Cádiz.

Tal vez no valga ya la pena guardar toda la cultura rural de nuestros pueblos que a nadie interesa y que los políticos desprecian absolutamente en su absoluta ignorancia. Quizá esto que hace uno no tenga ya ningún sentido y este polvo y las pajillas que levanta el aire solano, y que impregnan a la extranjera de la bici untada de crema, acabe también cubriendo las aldeas jareñas como acabó cubriendo las chozas de los hombres que hace cuatro mil años llevaron los pedruscos para levantar el dolmen de Azután, junto al que paso en ese momento, y que ni siquiera tiene un cartel que nos indique su presencia.

EL BANDIDO MORALEDA, UN PERSONAJE LEGENDARIO

EL BANDIDO MORALEDA, UN PERSONAJE LEGENDARIO

Primera parte

Como vamos recorriendo el río Pusa a su paso por Santa Ana hasta la cueva de Moraleda, taeremos hoy otra vez a este personaje legendario de La Jara y los Montes de Toledo.

El Bandido Moraleda
Bernardo Moraleda en foto de la revista Estampa de 1936

El siglo XIX fue el del bandolerismo más típico y tópico que dejó personajes que todavía se mueven entre la historia y la leyenda y que el pueblo ha ido magnificando, idealizando y fantaseando sobre los hechos reales o imaginarios de sus vidas. Hoy conoceremos a uno de ellos y mañana veremos diferentes aspectos de la vinculación del Bandido Moraleda con nuestra comarca y sus aspectos legendarios.

Bernardo Moraleda Ruiz parece que nació en Navas de Estena a mitad de la centuria, aunque se trasladó a Fuente del Fresno, localidad también ciudadrealeña que contaba con varios de sus vecinos dedicados al bandolerismo formando partidas tan famosas como las de dos parejas de hermanos, los “Purgaciones” y los “Juanillones”.

Muchos de estos bandoleros están a caballo entre las partidas carlistas con cierta ideología y el estricto bandidaje. Algunas fuentes los sitúan en las partidas carlistas del apodado “Merendón” y otras aseguran que Moraleda cabalgó junto al párroco de Alcabón, Lucio Dueñas, uno de aquellos curas trabucaires ultraconservadores que asolaron con sus partidas el territorio de La Mancha, los Montes de Toledo, La Jara y Extremadura, justo el mismo ámbito que antes había sido el refugio de los golfines provocando la formación de la Santa Hermandad de Toledo, la de Talavera y la de Ciudad Real, y también la misma zona que tras la Guerra Civil sería refugio de los maquis o guerrilleros antifranquistas.

Frecuentemente el oficio primero que tuvieron fue el de cabrero como es el caso de los “Juanillones” y del propio Moraleda, aunque parece que de niño fue recadero. Con ellos se echa al monte tras la segunda guerra carlista y a partir de 1873 son famosas sus correrías por los Montes de Toledo y la zona de La Jara más próxima a Navalucillos y Robledo del Mazo.

No se sabe a ciencia cierta cuál fue la causa por la que Moraleda comenzó su carrera delictiva. Para algunos fue una discusión con derramamiento de sangre con el patrón y dueño de las cabras que pastoreaba, aunque otros hablan de que mató a su mujer a los cuatro días de casarse o que fue desertor del ejército justo antes de partir con las tropas españolas hacia Filipinas. También se le acusa de haber asesinado a un pastor que lo había denunciado y a un capitán de voluntarios que lo perseguía con inquina.

El hecho de ser cabrero hace que se adapte perfectamente al terreno y que les sea a guardias civiles y otras fuerzas de la época muy difícil capturarle. En una ocasión en que se encuentra rodeado desarma a un guarda y disfrazado con su traje de escopetero consigue burlar el cerco lo que incrementa su leyenda.

También sabe comprar silencios y voluntades con sus monedas de cinco duros, de las que dicen tiene guardado un tesoro en un lugar de los montes de Retuerta del Bullaque, junto con un catalejo y sus armas, aunque cuando años más tarde, al salir de presidio, quiso recuperarlo  no lo encontró, o alguien lo había hallado antes.

Los delitos que las crónicas de la época nos relatan son el despojo de recuas de arrieros, atracos de recaudadores o secuestros y robos a propietarios o al alcalde de Fuente del Fresno, pueblo que llegan a asaltar cometiendo varios atracos. Se les acusó también de algunos asesinatos de civiles como el de un carretero, o de guardias y escopeteros, aunque forman también parte de la leyenda algunos comportamientos algo más cercanos al concepto romántico de bandido generoso. El más conocido de estos episodios tiene relación con uno de los personajes más importantes de la época, el general Prim.

Castillo de Prim, finca en Retuerta del Bullaque
Castillo de Prim, finca en Retuerta del Bullaque

Parece que en una de esas cacerías que daba el héroe de la batalla de Castillejos en su finca de los montes de Toledo con políticos y autoridades de la época, el hijo del general se perdió entre los jarales y dio la casualidad que cuando pedía auxilio se encontró con Moraleda que, llevándolo incluso a hombros por estar desfallecido, lo dejó junto al castillo de Prim, una casona almenada de su propiedad. Cuando el muchacho lo invitó a entrar para que su padre le recompensara, su salvador le dijo que era Moraleda, que estaba huido de la justicia y que por tanto no podía acompañarle al castillo.

Después de numerosos delitos las autoridades les siguen de cerca y les tienden una emboscada cuando se disponen a asaltar el tren en Villacañas, que pretendían previamente hacer descarrilar. Antes habían tenido éxito soltando el último vagón para desvalijarlo en Venta de Cárdenas secuestrando antes al jefe de estación y a otros ferroviarios.

Castillo del General Prim en los Montes de Toledo

De resultas de estas detenciones en Villacañas los dos “purgaciones” y un “juanillón” son detenidos, juzgados y ejecutados en Toledo en 1882 pero Moraleda huye saltando por una ventana en compañía del otro “juanillón” hasta Portugal. Parece que escapan por la Senda de los Contrabandistas que discurre a lo largo de las cumbres de las sierras oretanas sin tocar pueblo alguno entre Lisboa y Valencia.

Con el fruto de los robos se establecen cerca de la frontera poniendo un comercio de ultramarinos, pero son tantas las cartas que el compañero de Moraleda envía imprudentemente a su mujer que son descubiertos y detenidos. Son extraditados por el país vecino con la condición de que no sean ejecutados aunque se les achacan veintidós asesinatos, treinta tantos robos y tres secuestros.

Son condenados sin embargo a largas penas de presidio, casi ciento quince años, y enviados a Ceuta, donde el Juanillón muere por un proceso respiratorio. Bernardo Moraleda pasa muchos años todavía allí pasando penalidades y con los grilletes puestos lo que le ocasiona úlceras infectadas.  Su encarcelamiento sucede en 1882 y permanece allí hasta 1911, año en que es trasladado a Santoña para ser liberado en 1923 con 71 años.

Los hermanos Juanillones, compañeros de fechorías de Moraleda
Los hermanos Juanillones, compañeros de fechorías de Moraleda, El de la izquierda fue ejecutado y el de la derecha murió cuando estaba con Moraleda en el penal de Ceuta.

Como un mendigo camina hasta Retuerta de Bullaque donde intenta encontrar su botín escondido de cinco mil duros sin conseguirlo. Aunque al pueblo le atemorizaba su presencia, hasta el punto de que un antiguo delator abandonó el lugar, ya solo era un anciano artrítico y sin fuerzas.

Fue a pedir auxilio a la finca de Prim donde el administrador le puso al cargo de la bodega, pues no se olvidaba en la casa cómo había salvado al marqués de Castillejos, hijo del general. Muere en 1936 en el asilo de Ciudad Real, poco antes de que otra guerra civil eche al monte a otros españoles.

El río Pusa en las inmediaciones de la Cueva de Moraleda

RUTA DEL MIRADOR DE LA JARA

RUTA DEL MIRADOR DE LA JARA

La flecha indica la localización del mirador

Esta es una ruta muy sencilla en la que ascenderemos hasta la cumbre de la Sierra de La Estrella. Un lugar incomparable para disfrutar de hermosas vistas panorámicas no sólo sobre la comarca de La Jara, sino también sobre Las Villuercas, el valle del Tajo y, al fondo, la sierra de Gredos.

El ascenso se hace desde la pista que conduce a Aldeanueva de Barbarroya desde La Estrella, tomando a un kilómetro aproximadamente el camino llamado de Chozuelas, camino que sube por la ladera oeste de esta sierrecilla encantadora que se levanta como un bastión en medio de la Jara Baja. Conserva en la vertiente oriental su vegetación de bosque mediterráneo con arroyuelos que riegan terrazas y huertecillos. Sus cumbres fueron siempre un lugar estratégico de observación y refugio y hoy tiene un mirador con zona recreativa.

Oropesa y el macizo central de Gredos desde el mirador de la Jara

Este lado de la sierra es el más deforestado, tanto por los cultivos del hombre como por los incendios, siendo la ladera de saliente mucho más poblada de monte. Aun así, vamos subiendo entre almendros, olivos silvestres o acebuches, cornicabras y chaparros hasta un collado en el que el camino gira a la derecha llevándonos hasta la cumbre. Desde allí, la vista es magnífica y podemos distinguir decenas de poblaciones. Al norte se contemplan las cumbres nevadas de Gredos y el farallón de la sierra que se levanta de forma imponente al fondo de las llanuras y dehesas de Oropesa y Campo Arañuelo. Abajo podemos distinguir los caseríos de Navalmoralejo, Puente del Arzobispo, Azután y las murallas de la Ciudad de Vascos con el embalse de Azután al fondo. Al este, vemos el río Uso, la Vía Verde, el caserío de Aldeanuela de Barbarroya y la Cabeza del Conde. Si miramos hacia el sur aparecen las cumbres de la Jara Alta y las llanuras de esta comarca que se extienden hasta el Puerto del Rey y el Puerto de San Vicente. A poniente, podemos percibir los caseríos de Villar del Pedroso, Carrascalejo y la parte del territorio de La Jara incluido en la provincia de Cáceres, con las ásperas cumbres de la sierra de Altamira y las Villuercas al fondo.

La sierra de Altamira y la Jara occidental desde el mirador

En la cima de la Sierra Ancha, justo en el collado situado al sur de la cumbre, podemos visitar los restos del amurallamiento de un castro de la Edad del Hierro en el que es curioso observar los huecos habitables disimulados en el grueso del muro que servían como refugio. Probablemente, estas cuevas camufladas también fueron utilizadas como escondite por los cristianos que, tras la reconquista, se atrevían a repoblar estas tierras inhóspitas batidas por las razzias de almohades y almorávides que les obligaban a esconderse en estas alturas que eran denominadas “moradas” por los asustados repobladores que dejaron en otras elevaciones de La Jara topónimos y murallas similares.

El embalse de Azután con Talavera al fondo desde el mirador

El otro pico de la sierra es La Buha, el cerro más puntiagudo, en cuya cumbre se sitúa una antigua explotación minera. La forma del monte y la cueva minera han hecho que la fantasía popular haya querido ver un antiguo volcán en la cumbre de esta montaña, e incluso se cuenta la anécdota de que cuando en cierta ocasión un ganadero quemó unas alpacas de paja creyeron algunos vecinos que el volcán entraba en erupción.

En la falda oriental de la sierra se ha preparado una zona recreativa en torno a una fuente situada en un agradable paraje al que se puede acceder desde la pista que conduce a Aldeanueva de Barbarroya por un camino que parte a la izquierda por la falda de la sierra.

El cerro de la Buha al fondo desde la puente de La estrella

MOLINOS DE LA JARA OCCIDENTAL

MOLINOS DE LA JARA OCCIDENTAL

Molino del arroyo de San Vicente

Pasaremos ahora a estudiar las peculiaridades de los numerosos molinos de La Jara y para ello comenzaremos el recorrido desde el oeste de la provincia. Dejaremos para otra ocasión los molinos que se encuentran en la actual provincia de Cáceres pero que pertenecieron a La Jara como territorio histórico talaverano.

En las orillas del arroyo de San Vicente molía un artificio de típica presa jareña en arco invertido de grandes dimensiones. En un edificio anejo se instaló un motor auxiliar de gasoil que precisó del depósito de agua habitual en estos casos para su refrigeración (Sv 1) (Foto 40).

Uno de los molinss del río

En el río Pedroso, a su paso por Mohedas de La Jara, encontramos hoy las ruinas de cuatro ejemplares. El primero está dotado de un cubo de gran altura, unos nueve metros, afianzado con un vistoso refuerzo escalonado de mampostería de pizarra . Es un hermoso ejemplar en cuanto a su arquitectura popular se refiere. De los otros tres molinos, dos son de cubo y uno de presa, habiéndose este último adaptado también a motor.

El arroyo Cubilar y su tributario el Majano cuentan en sus orillas con las ruinas de siete molinos (Ma 1), (Ma 2), (Ma 3)  y (Cu 1), (Cu 2), (Cu 3) y (Cu 4) (Foto 41). Todos son de presa en arco invertido con edificios muy toscos de  pizarra. Únicamente tienen como dependencias la sala del molino y en algún caso una pequeña cuadra adosada. Por su cercanía a Campillo de la Jara pudieran ser estos los artificios que aparecen en las relaciones de Felipe II como molinos “de sequera”.

Presa de uno de los molinos del río Huso

En las cercanías de Puerto Rey y Minas de Santa Quiteria hay dos molinos, uno sobre el río Fresnedoso con restos de un cubo y otro sobre el arroyo de Valderromero cuyo receptor es una presa en arco invertido (Frg 1) y (Vr 1) .

En término de Navalmoralejo, sobre el Andilucha, podemos todavía hoy visitar los restos de un molino con dos grandes rampas paralelas que movilizaban dos piedras. Los canales tienen dos grandes ensanches antes de las rampas que hacían las veces de balsa (Ad1).

Presa de un molino sobre el río Huso

En el río Uso todos los molinos movían sus piedras  con las típicas presas jareñas, salvo el último de ellos (U 7) que contaba con tres rampas de buenas dimensiones (Foto 42). Estos molinos del Uso son en general  de mayor tamaño que sus paisanos de la Jara, estando generalmente dotados de una cuadra y una cocina además de la sala del molino.

En el tercero de ellos (U 3) encontramos uno de los pocos casos de doble presa con doble canal pues, situado en la misma desembocadura del arroyo Cubilar en el Uso, toma caudal de ambas corrientes. Cuenta con dos cárcavos y en uno de ellos parece haberse alojado la única cuba de regolfo que funcionó en la comarca de La Jara.

Entrada a las rampas de un molino en el río Huso

El molino número cinco del río Uso (U 5) se adapta muy bien a la topografía de la ribera mediante una curiosa planta muy alargada. Es de los pocos casos en que el vector de paso del agua bajo el edificio no sigue una dirección perpendicular a la corriente fluvial, sino que esta es casi paralela al eje mayor del edificio molinero (Foto 43).

Molino abovedado en el río Huso

El sexto molino (U 6) es el que presenta aspecto de mayor antigüedad. Tiene cegado el receptor y parte de la sala que, para dotarle de mayor resistencia, está abovedada y presenta huellas de varias reformas y adaptaciones. Está construido, junto al séptimo de los molinos del Uso, en típica arquitectura popular de mampostería granítica, material menos frecuente que la pizarra en los molinos jareños. El séptimo ejemplar también se sitúa en el encajonado cauce bajo del Uso, donde sus avenidas hicieron necesario el recrecido de sus muros dado que las aguas lo destejaban al no estar anteriormente cerrado con bóveda.

Plantas esquemáticas de los molinos del Pedroso, cerca de Mohedas

Probablemente las aguas del embalse de Azután ocultan los restos de un octavo molino del Uso que podría haber estado más cercano a la Ciudad de Vascos y ser el que se nombra en el Libro de la Montería.

Otro de los molinos del Pedroso

SANGRERA (5) PASANDO POR RETAMOSO

SANGRERA (5) PASANDO POR RETAMOSO

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es escanear0191-1024x689.jpgSeguimos nuestro recorrido fluvial y poco después de la confluencia con el río Fresnedoso se encuentra en la ribera del río Sangrera y rodeado de un entorno muy agradable  el molino del Grajo. Es un magnífico ejemplar de molino de cubo de grandes proporciones y construido en mampostería granítica con tres pisos en los que se distribuyen sus dependencias, la maquinaria y el motor suplementario de gasoil para épocas de sequía.

A partir de aquí el río, tras atravesar un ameno soto de fresnos, entra como otras corrientes fluviales de La Jara en un cañón granítico que en este caso es algo menos profundo pero tiene algunos lugares pintorescos por lo encajonada del río, para luego salir a una zona de vega mucho más ancha que discurre entre  las barreras que delimitan las rañas jareñas el término que atravesamos es el de

Río Sangrera a su paso por término de Retamoso

RETAMOSO

PATRIMONIO HISTÓRICO -ARTÍSTICO

Entre los valles del río Pusa y el Sangrera se asienta este pequeño pueblo que comenzó su andadura histórica siendo una alquería o labranza de Torrecilla, desde donde, a mediados del siglo XVI, vinieron algunos labradores que se asentaron en las orillas de los arroyos Retamoso y Piloncillo. En anteriores escritos medievales aparece “Retamosa”, en alusión a una zona rica en vegetación de retamas.

Empedrado a la entrada de la iglesia de Retamoso

Es uno de los lugares, dehesas y alijares que aparece en una sentencia del siglo XV del deán Riaza, vicario del arzobispo toledano que le envía, como señor que es de Talavera y sus tierras, con el objetivo de que recupere para los propios de la villa determinados territorios no labrados que se destinaban para pasto de los ganados de sus moradores. En el ámbito de la cercana labranza de Valdelostrigos se encontró una lápida romana dedicada a los dioses infernales, pero no parece cierta sin embargo la identificación que hacen algunos historiadores de Retamoso con este lugar cercano de Valdelostrigos, porque el párroco de Torrecilla dice en 1782: “ más adelante, a distancia de una legua hacia poniente, hay otra labranza que llaman Valdelostrigos, que se compone de ocho casas y siete labradores”. Sin embargo asegura que “desde levante al norte, como a distancia de tres cuartos de legua (deTorrecilla) está una labranza que llaman Retamoso, la cual se compone de veinte y dos casas en donde residen sus labradores con toda su familia y criados, que su labor compone treinta pares de bueyes”.

Iglesia parroquial de Retamoso

También pertenece al actual término de Retamoso la labranza de Castrejón que, además de tener un nombre que sugiere la existencia de un yacimiento arqueológico situado en una elevación y probablemente fortificado, es lugar donde se han hallado restos y sepulturas que sugieren la presencia de los romanos y de pueblos prehistórico en la zona.

El pueblo se sitúa entre suaves vallejuelos en el borde de las rañas y su riqueza más característica son los hermosos olivares que lo rodean alternándose con los campos de cereal donde abundan liebres, conejos y perdices.

Palomar en Retamoso

CONJUNTO URBANO

La arquitectura popular es variada en sus materiales pues se utiliza tanto el tapial y como el adobe con zócalo de pequeñas cuarcitas. Algunas fachadas aparecen enjalbegadas o revocadas con cal y arena con algún esgrafiado. Tienen una o dos plantas con la troje o granero en la de arriba. El caserío se distribuye a las orillas del arroyo que cruza el pueblo de sur a norte

Soldadesca de Retamoso en los años 80

FIESTAS

Las fiestas están dedicadas a la Inmaculada como patrona local y se celebran el once y doce de Septiembre, aunque se han trasladado al mes de Agosto por la mayor afluencia de hijos del pueblo. Tiene su procesión y las celebraciones profanas acostumbradas en los festejos estivales. En Retamoso también se baila la “Pera” al igual que en Torrecilla y San Bartolomé de las Abiertas, aunque el ritmo no es exactamente igual.

Arquitectura popular mudejarista en Retamoso

Se está revitalizando la soldadesca local con sus alabarderos, pinche, abanderado etc., participando en distintos momentos festivos como en el entierro de la sardina que como otros elementos del carnaval todavía se conservan entre las gentes de Retamoso. También se celebraba otra fiesta de invierno, concretamente San Sebastián, día en que salían los “tiznaos”, llamados así porque los mozos se pintaban con aceite quemado e intentaban manchar a las mozas. También se encendían hogueras.

Carro pintado en Retamoso

 GASTRONOMÍA

Son platos típicos el salmorejo y la sopa de asadurillas además de las puches dulces que se hacen en la matanza. Como en Torrecilla, se aprovechan diferentes especies vegetales silvestres como las collejas o los cardillos, y se hacen tortillas de “ajopuerro”. La caza menor es muy abundante y en pocos pueblos nos cruzaremos en la carretera con tantas liebres y conejos.

En las fiestas se hacen los bollos de leche pero no debemos despreciar los cortadillos, los mantecados y las tortas de chicharrones.

EL SANGRERA (2) LLEGAMOS A TORRECILLA

EL SANGRERA (2) LLEGAMOS A TORRECILLA

El Sangrera va hacia Torrecilla, al fondo a la izquierda

Dejamos en el anterior capítulo el río cruzando la carretera de Los Navalmorales a Espinoso, que coincide en parte con la antigua calzada romana. A la derecha sobre el alto de la raña, a la derecha se encuentra Los Villarejos, cuyo nombre indica la existencia de poblaciones antiguas, lo que se confirma por los restos hallados en su entorno.

El río va festoneado de álamos y fresnos y atraviesa un paisaje más llano de barbechos y olivares con chaparreras en las barreras que limitan el valle del río con las rañas.. Atravesamos cerca de un paraje donde dice la leyenda que junto a una piedra se aparecía una señora vestida de blanco. la piedra desapareció al hacer el camino y parece que tenía un grabado en su parte superior.

Arquitectura popular de Torrecilla de La Jara

Como en tantos pueblos de La Jara, también en Torrecilla los vetones dejaron los verracos como recuerdo de su paso por aquí acompañados de sus ganados. Tres de estas características esculturas zoomorfas han aparecido en el pueblo y, aunque una de ellas se encuentra actualmente en Madrid, otra sí que podemos observarla formando parte de un monumento erigido en un pequeño jardín. Junto a la iglesia, en otro jardincillo, se ha colocado un sepulcro de granito probablemente tardorromano. No sabemos si este sarcófago tiene que ver con el que en las Relaciones de Felipe II dicen los informantes que existía en Torrecilla con la inscripción “Aquí yace Vera, sacrificada a los dioses que nos dan infierno”. Son numerosos los yacimientos de esta época dispersos por el término, como sucede en Los Villarejos, donde no sólo el topónimo, sino también los restos arqueológicos encontrados confirman esa presencia, al igual que junto al río Sangrera donde se halló una pequeña figura de bronce.

Uno de los verracos hallados en Torrecilla de la Jara

Consumada la invasión de los visigodos se produce en esta zona una dispersión de asentamientos rurales, como el que estaba situado a las orillas del río Fresnedoso y tenía su cementerio excavado sobre una elevación conocida como el Cerro de los Moros. Allí se encontraban numerosas sepulturas formadas por lajas de pizarra en las que aparecían restos óseos de individuos de altura considerable, hasta que el vandalismo destrozó la mayoría y un particular llevó algunas de las lanchas que las cubrían a Alcaudete. El ajuar de las tumbas era muy modesto, pues solamente se hallaba en algunas de ellas una pequeña vasija de un asa de clara tipología visigoda con algún pendiente de nácar o algún otro pequeño resto metálico. La existencia de cipos o piedras verticales indicarían la datación de algunas de las tumbas ya como de época musulmana.

Sepulcro y piedra molinera halladas en Torrecilla

El nombre de la población deriva de una de las numerosas torres de observación y defensa o atalayas que en la Edad Media servían a moros y cristianos para la detección inmediata del enemigo en los inseguros territorios jareños. Al principio Torrecilla se llamó “de los Valles” porque, al encontrarse en una situación media entre la sierra y la Jara Baja, su término está surcado por numerosos valles de arroyos y ríos que descienden desde la Jara Alta; como el Pusa en su límite oriental, el Castaño, el Sangrera, el Fresnedoso, el Valbellido o el Jébalo en su frontera occidental, por citar solamente los más importantes. También su patrona, la Virgen del Valle lleva ese antiguo apellido del pueblo y se encuentra alojada en la ermita erigida en las orillas del río Fresnedoso.

Puente de granito sobre el río Sangrera en Torrecilla

En el siglo XV ya aparecen algunas referencias a Torrecilla en sentencias relacionadas con las heredades talaveranas o en otro curioso documento de la Santa Hermandad fechado en 1505 mediante el que se premia a sus habitantes por la caza de un oso.

A principios de siglo se creó una leyenda en torno a la figura de Moraleda, un bandido generoso que parece dejó familia en Torrecilla en una vivienda que aún permanece en pie frente al monumento del verraco. Sus robos y asaltos se cometieron en su mayor parte en la comarca, refugiándose en una cueva cercana al río Pusa a la que también dio nombre.

Rincón de arquitectura popular en Torrecilla

CONJUNTO URBANO

En el casco urbano existe un bonito puente de construcción popular en granito que salva los vanos mediante grandes lajas del mismo material. En cuanto a la arquitectura rural, en Torrecilla podemos observar casas de adobe y tapial muy sencillas, y otras de mampostería de granito, como sucede con el conjunto que se encuentra junto al mencionado puente. Por último, podemos ver las viviendas de estilo mudéjar tradicional o toledano junto a otras que tienen en sus fachadas al ladrillo como protagonista enmarcando lienzos de mampostería de granito muy similares a las que caracterizan al cercano pueblo de Espinoso. De los tres viejos molinos que se encontraban en término de Torrecilla hoy apenas quedan restos.

Iglesia parroquial de Torrecilla de la Jara

LA IGLESIA

La iglesia se construyó en el último tercio del siglo XV y ha sido recientemente restaurada. Fue aneja de la de Alcaudete hasta 1774 y se encuentra bajo la advocación de San Miguel Arcángel. Sus muros están construidos de ladrillo y mampostería y tiene  planta de cruz latina con el ábside plano. La entrada se sitúa en la cara norte a través de una puerta con arco de medio punto. Es peculiar y graciosa la espadaña de ladrillo situada a los pies y compuesta de tres cuerpos, los dos primeros con dos arcos y el tercero con uno y rematado en frontón. En el interior del templo son de destacar la pila bautismal con vasija de cerámica talaverana del siglo XVIII y el retablo principal, también de este siglo, que, al igual que sucede con el de Campillo de la Jara, adornaba una de las capillas de la iglesia de El Salvador de Talavera.

Retablo de la igleisa de Torrecilla procedente de la iglesia de El Salvador de Talavera

HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA  Y VALDEPUSA ( y 2)

HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA  Y VALDEPUSA ( y 2)

Uno de los molinos del arroyo de las Lanchas

En el valle de Robledo del Mazo se molía en la garganta de las Lanchas o en Riofrío, lo que quiere decir que todavía no se habían construido los más cercanos molinos del curso alto del Gébalo. Ya casi en el curso medio de este río, en el paraje del Martinete, sí debía existir ya algún molino pues desde Espinoso bajaban a moler allí.

En las relaciones de Espinoso también se declara que se muele en el río Fresnedoso. Se trata de seis molinos a los que se califica de retamizos, término que alude a la precariedad de estas construcciones de techo de retama. Pero es posible que por extensión se definan así a algunos sencillos artificios que se construirían con un pequeño apoyo en alguna roca del río sobre la que situar un par de vigas de madera que a su vez sostuvieran la piedra. Estos molinillos primitivos pero prácticos aparecen descritos en zonas nórdicas de Europa pero precisamente la precariedad de su construcción habría impedido su conservación hasta hoy.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es escanear0016.jpg

Otro dato curioso que podemos extraer de las Relaciones de los pueblos jareños es la mención que se hace en el interrogatorio de Campillo de la Jara de unos molinos calificados como de “sequera” en el arroyo Cubilar. Puede que sea ésta una referencia a los molinos que en el presente estudio denomino “de presa en arco invertido” por la forma que tienen las plantas de los cubos de muchos molinos de La Jara donde, debido a la escasez de caudal se almacenaba el agua en estas presas-cubo para poder así moler en tiempos de sequía. Se trata de cubos de tan grandes dimensiones que podríamos considerarlos como un tipo intermedio con el molino de presa de acceso directo, diferenciándose de éste en que la presa no se encuentra en el cauce del río y sí están dotados de canal en el caso jareño. También la misma palabra “Cubilar” que da nombre al arroyo, puede que haga referencia toponímica al gran número de cubos de molino que movía este pequeño arroyo.

Molino del arroyo de San Vicente

En Torrecilla y Espinoso molían ya en el siglo XVI algunos artificios situados sobre el Sangrera y el Pusa. En esta época es curioso constatar la existencia de un número de piedras incluso superior al actual, hecho que solamente se produce en la comarca que nos ocupa.

En la parte norte de La Jara durante todo el año, y en el resto de su extensión cuando se agostaban los arroyos, acudían las gentes a moler en las grandes aceñas del Tajo más cercanas. Hay un mayor número de alusiones como destino a los molinos de Silos y a los de Ciscarros pero es lógico pensar, a pesar de no haber citas concretas de moliendas en Talavera o Puente del Arzobispo, que también acudieran a estas grandes paradas, más teniendo en cuenta la férrea normativa de la cabeza del señorío más arriba comentada. En este sentido, solamente hay una respuesta de Las Herencias que narra cómo sus habitantes iban a moler a Cabañuelas, cerca de Talavera.[1]

Durante el siglo XVIII sigue aumentando la dispersión de los pequeños molinos maquileros y en Sevilleja ya muelen nada menos que quince piedras en el Riofrío, crece el número de ellos en otros arroyos más lejanos y aislados como el Fresnedosillo o el de San Vicente.[2]

Uno de los molinos de Riofrío

 

La Cuenca del Guadiana, en el sur de La Jara, tenía además otros arroyos molineros como el de Valdemoro, el Estenilla y otro río también llamado Fresnedoso, adonde  se iba a moler desde localidades como Puerto Rey, Minas de Santa Quiteria, Los Alares, Valdeazores y Anchuras que entonces formaba parte de la tierra de Talavera .

A mediados del pasado siglo todavía se construían nuevos molinos. Madoz nos informa en su diccionario de que en el Uso y el Cubilar hay un total de catorce molinos, seis de ellos arruinados. En Mohedas muelen seis sobre el Pedroso y en Belvis ya se ha construido uno sobre el Tamujoso[3].

Cuenta el párroco de Aldeanueva de Barbarroya en las relaciones del cardenal Lorenzana que, en este pueblo jareño de paisaje granítico, se fabrican gran cantidad de piedras de molino[4].

[1] Ibidem.: Opus cit. Ver “Las Herencias”

[2] JIMÉNEZ DE GREGORIO, F. : Opus. cit. Los Pueblos de …ver “Sevilleja”

[3] MADOZ, P.:Opus cit. p. 260.

[4] PORRES DE MATEO, J., RODRIGUEZ, H. Y SANCHEZ,R.: Opus cit. p. 92.

Atanores formando el cubo de un molino en el naciente del río Sangrera

VISITANDO UN MUSEO DE FÓSILES EN LA JARA

UN MUSEO DE FÓSILES EN LA JARA

EL MUSEO DEL GEOPARQUE DE VILLUERCAS EN NAVATRASIERRA

Trilobites

He tenido la oportunidad de visitar el museo de fósiles y de interpretación de la particular geología de las Villuercas en un pueblo jareño actualmente en la provincia de Cáceres, Navatrasierra.

Gráfico del museo de Navatrasierra que muestra un esquema de los plegamientos geológicos de los valles del Gualija y Guadarranques

Este pueblecito serrano se halla en pleno Camino Real de Guadalupe y es entidad local menor dependiente de Villar del Pedroso, pero con sus apenas 180 habitantes ha potenciado tanto este recurso como el camino de peregrinación y otras iniciativas. Un paseo hasta allí es sumamente agradable y podremos entre otras cosas disfrutar de las impresionantes vistas desde el puerto de Arrebatacapas o la naturaleza agreste de los valles del Gualija o el Guadarranque, pero dejaremos para otro día todos esos atractivos cuando vayamos analizando los recorridos por el Camino de Guadalupe.

Crucianas sobre cuarcitas en el museo de Navatrasierra

Accederemos por Puente del Arzobispo, Villar del Pedroso Carrascalejo para, después de pasar el puerto,  encontrarnos ya en Navatrasierra, pueblecito que aún conserva algunos elementos de la arquitectura popular de pizarra y cuarcita y en cuyo subsuelo se han hallado por los propios vecinos en obras y excavaciones muchos de los fósiles exhibidos y donados por ellos. Muchos de ellos, especialmente los trilobites son de gran tamaño, hasta de 20 centímetros.

Uno de los gráficos que muestran la fauna que hace quinientos millones de años vivían en el mar que inundaba La Jara

El museo se encuentra abierto viernes y sábado y las mañanas de los domingos y un joven geólogo explica de manera divulgativa y sencilla los secretos del relieve apalachense, uno de los geológicamente más antiguos y que da sus características formas al relieve de esta zona con sus empinadas sierras paralelas y sus cresterías en las cumbres que en realidad son fondos marinos elevados hace quinientos millones de años por grandes presiones tectónicas entre los dos continentes primigenios.

Otras especies de fósiles como gasterópodos y bivalvos

Además de la magnífica colección de fósiles se exponen gráficos y un audiovisual didácticos y atractivos que hace que esta visita valga la pena para después disfrutar del entorno por las muchas rutas del Geoparque de las Villuercas cuyos planos también te facilitan en el museo. Después podremos refrescarnos y tomar alguna tapilla en los bares de la localidad.

Los trilobites se hacían una «bola» para defenderse como hacen actualmente las cochinillas de humedad

Otros ejemplares de trilobites

NUESTROS RÍO; El JÉBALO (1) PIEDRAESCRITA

NUESTROS RÍOS

El JÉBALO (1) PIEDRAESCRITA

El tejado de la iglesia de Piedraescrita vierte sus aguas a dos cuencas, la del Tajo la del Guadiana

Vamos a ir recorriendo nuestros ríos y aprovecharemos para conocer los atractivos de sus valles y de los pueblos por los que van atravesando. El río Jébalo podemos considerar que nace en Piedraescrita, aunque con las aportaciones en su nacimiento de la garganta de las Puentecillas

Iniciamos el recorrido del río Jébalo, y lo escribo con «J» porque como defiende Jiménez de Gregorio aparece escrito como Xébalo en los documentos antiguos. Río de jabalíes es una de las propuestas que nos quieren solucionar el significado de su nombre.

Piedraescrita desde la ladera del risco de Las Moradas

Nace como hemos dicho cerca del pueblecito jareño de Piedraescrita, cuya ermita se sitúa en la misma divisoria de aguas del Tajo y el Guadiana por lo que las precipitaciones  de su tejado en el lado norte caerían al Jébalo.

Un camino va paralelo al cauce y se dirige en dirección norte discurriendo junto a un pequeño altarcillo que nos recuerda que allí se apareció  la imagen. Siguiendo ese camino llegamos al río cerca del paraje donde se pasa la imagen de la Virgen en un ritual curioso entre los pueblos de Espinoso y Piedraescrita, y del que hablaremos en el próximo capítulo de esta serie.

Arquitectura popular de Piedraescrita

Pero antes visitaremos primero este agradable pueblecito del que existen antiguas referencias a su iglesia como un lugar que servía de refugio a los peregrinos de Guadalupe que se aventuraban por estas sierras.

Las gentes de la comarca siempre se han encomendadoa la Virgen de Piedraescrita en tiempos de sequía.

LA IGLESIA: Cuenta la leyenda que en tiempos medievales, “poco después de la expulsión de los sarracenos”, un vaquero de Espinoso aprovechaba con los  ganados propiedad de su amo talaverano las hierbas frescas del entorno y se le apareció la Virgen en un lugar cercano al pueblo, sobre una roca conocida como “El Canto de la Virgen”, donde hace unos años se ha erigido un sencillo monumento conmemorativo.

Cuenta la leyenda que la Virgen encomendó al vaquero la construcción de una ermita y los lugareños se empeñaban en erigirla en otro lugar diferente al que hoy le sirve de solar, sucediendo que los muros levantados por el día aparecían derruidos a la mañana siguiente, hasta que por fin el templo fue construido donde actualmente se ubica, justo en la divisoria entre las aguas del Guadiana y el Tajo.

Está documentado históricamente que en 1188 el obispo Gonzalo Pérez otorga licencia para la construcción de una iglesia a un tal Nuño Nuñez y a su mujer Aderazo Gómez que aportaban la dote necesaria para su mantenimiento.

Pantocrator románico mudéjar de la iglesia de Piedraescrita

El templo es una edificación sencilla con un ábside que fue octogonal y, según parece, formaba únicamente la sencilla construcción primitiva, más tarde modificada añadiéndose la nave principal. El edificio tiene a los pies un campanario de tres huecos que fue construido en el siglo XVIII. Se accede a la iglesia por un pórtico descendiendo cuatro escalones, ya que el piso del templo se encuentra por debajo del nivel actual del suelo y hay constancia de la existencia de una antigua fuente dentro de la ermita que, como hemos dicho, es una iglesia en realidad. Los muros están fabricados en mampostería de lajas de pizarra con revoco exterior enjalbegado.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es P3201098.jpg

Azulejería del siglo XVI que representa a Dios Padre en la iglesia de Piedraescrita

Pero lo realmente interesante desde el punto de vista artístico es el interior de este monumento. Sus paredes  están en gran parte recubiertas de valiosa azulejería talaverana del siglo XVI y XVII con escenas del Nuevo Testamento. En el lado de la epístola destaca un San Cristóbal de grandes dimensiones frente al que se sitúa un panel con una fila de arcabuceros similar al que se encuentra en la ermita de la Virgen del Prado de Talavera, aunque no es esta la única similitud en los motivos dibujados en Piedraescrita. Otros paneles representan a diferentes santos y en el testero se aparece un juicio final con la resurrección de los hombres que son extraídos de las tumbas por ángeles y demonios. Un azulejo parece representar al autor de parte de los paneles cerámicos. Considero esta iglesia de Piedraescrita uno de los santuarios de la cerámica talaverana cuyo contenido ampliaremos en otra ocasión

En el cuarto de esfera que cubre la capilla podemos contemplar la pintura al fresco de un Pantocrátor con estrellas y una luna con cara femenina. Esta es la pintura románica más meridional del territorio nacional. Son también de interés un magnífico Cristo crucificado del siglo XVII, la pila bautismal y una escultura de la Virgen en cerámica talaverana.

El «gusano» de Piedraescrita, rastro de un trilobites en la cumbre de Las Moradas

Justo por encima del pueblo domina el paisaje la cumbre de Las Moradas, el pico más elevado de La Jara en el que persisten restos de amurallamientos donde se habrían refugiado los primeros pobladores cristianos huyendo de las razzias musulmanas. En un risco de cuarcita que mira desde la cumbre hacia el caserío se percibe un fósil que es el rastro de un trilobites de más de 7 metros de longitud,  y no conozco ejemplar de cruciana, que así se llaman estas huellas fosilizadas, con un mayor tamaño. También hay referencias al hallazgo de otras inscripciones hoy desaparecidas en el entorno de la iglesia que habrían justificado el nombre de “Piedra-escrita”.

Camino de Piedraescrita con la piedra que señala el lugar de la aparición. paralelo al camino va el Jébalo naciente