Archivo de la etiqueta: Cerro de San Vicente

VIRIATO EN EL MONTE DE VENUS

VIRIATO EN EL MONTE DE VENUS

Dibujo del siglo XIX que representa a Viriato

El Cerro de San Vicente,  en el nacimiento  se ha conocido también como “El Cerro de Viriato” ya que aseguró el gran historiador alemán Schulten que ese era el llamado Monte de Venus y desde allí el famoso guerrero lusitano Viriato (150 -139 a. C. ) fustigó al ejercito romano.

El historiador y arqueólogo Schulten

Y es curioso constatar que la sierra de San Vicente vista desde la llanura del Tajo tiene el aspecto de una mujer tumbada cuyo pecho sería el propio vértice del cerro. De hecho es curioso que en pueblos como Cazalegas lo llamaran la “mujer muerta”. Sigue leyendo VIRIATO EN EL MONTE DE VENUS

LA CUEVA DE LOS SANTOS MÁRTIRES

LA CUEVA DE LOS SANTOS MÁRTIRES

Entrada a la cueva de los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta

La cumbre del cerro de San Vicente, el llamado monte de Venus que según el historiador alemán Schultén sirvió de refugio a Viriato para desde él hostigar a los ejércitos romanos, es uno de esos lugares llenos de magia en nuestra comarca.

Capilla del eremitorio de l cueva de los Santos Mártires. Al fondo el castillo musulmán.

Cuenta el paraje con restos de la atalaya y castillo musulmán, se encontró una estela dedicada a un dios prehistórico de la caza llamado Togote, yacimientos anteriores con cerámicas de la Edad del Bronce y la conocida como cueva de los Santos  Mártires y un eremitorio que daría origen al convento del Piélago. Sigue leyendo LA CUEVA DE LOS SANTOS MÁRTIRES

LA CUEVA DE LOS MÁRTIRES

TRES MUCHACHOS EN UNA CUEVA

Septiembre del año 306

Cueva de los Santos Mártires en la cumbre del cerro de San Vicente
Cueva de los Santos Mártires en la cumbre del cerro de San Vicente

 

Entre la grieta que dejan dos grandes moles de granito se asoman los ojos asustados de un joven mientras el viento agita su túnica. Desde la cumbre del Monte de Venus mira como el Tajo se acuesta en el valle. Al fondo, angustiado, vislumbra los tejados de los templos de la ciudad de Ébora. Vincencio ha recogido unas bellotas que lleva envueltas en un pedazo de lienzo. Vuelve sobre sus pasos hasta le entrada casi oculta de una cueva por la que desciende hasta su interior. Con las espaldas apoyadas sobre la piedra dos muchachas esperan aterradas, pero sonríen aliviadas al verle mientras le interrogan con su mirada.

-No se ven soldados. El día ha salido despejado y debemos continuar -dice entre imperativo y cariñoso su hermano.

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