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FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

Escena taurina en cerámica de Talavera del siglo XVII-XVIII

Jose Facundo de Vanga, Facundín, torero que había lidiado con notable éxito en Talavera en las últimas fiestas de Nuestra Señora del Prado, salió de Madrid en su caballo el miércoles tres de enero de 1748 muy de mañana. Chupeta (1) de tapiz de colores, vaquetilla (2) acanelada, calzones de terciopelo negro, medias y camisola blancas, capa parda, pañuelo blanco al cuello, montera de terciopelo negro forrada de pieles blancas, espada de media talla al cinto y ninguna otra arma porque, aunque tiene suya una escopeta, hace dos meses que la tiene a componer en la villa de Brunete porque se le torció en una caída del caballo. Le acompañan José Rodríguez, alias Faldillas, de profesión carnicero, por ser su pariente, y José Alvarez, empedrador, por venirse a pasear y acompañarle.

El motivo del viaje es entregar a don Francisco, boticario de Cebolla, un caballo de cinco años, pelo negro y con un poco de blanco en la frente que Facundín le había vendido y ajustado en trato por once doblones. Ya de paso, querían acercarse desde aquel pueblo a Talavera para llevar unos encargos que de la villa le habían hecho, concretamente una zalea (3) de pellejo con lana que le tenía encargada desde hacía tiempo don José Arellano, un sombrero de Salamanca para el mesonero Pedro Pérez y una caja de turrón de Madrid con que pretendía obsequiar a sus amigos de Talavera.

Aquel día comieron nuestros viajeros en la villa de El Álamo y durmieron en la de Casarrubios, en la posada que estaba en la plaza, frente a la botica. Al día siguiente, almorzaron de camino en la villa de Portillo en casa de El Torero, compañero de oficio de Facundín, que en el pueblo tenía una tienda de ultramarinos. De allí pasa a Santa Olalla donde pretenden visitar a otro colega de nombre Alfonso Pérez, más conocido como El Cortador de Maqueda (4), pero en esos momentos se encuentra preso en la cárcel de Toledo y no precisamente por temas taurinos. En su casa comen en compañía del cebollano don Blas de Mora con quien se dirigen después en amena conversación hasta Cebolla.

Entregado y cobrado el caballo que traían para don Francisco, pasan la noche en la posada de El Perdigón, situada en la plaza mayor del pueblo. A las tres de la tarde del día siguiente entraban nuestros protagonistas en una de las más concurridas posadas de Talavera, situada en las inmediaciones del Prado y regentada por Pedro Pérez y su mujer Juliana. En ella paraban habitualmente cuando venían a Talavera.

Toro representado en cerámica de Talavera

No sería más de media tarde, cuando el torero, durante un tranquilo paseo por la villa, conversaba con el zapatero Juan Vizente cerca de la plaza del Comercio (5). Allí, de repente, los cuadrilleros de la Santa Hermandad se le echan encima, le rodean y detienen, siendo conducido de inmediato a la cárcel de Roque Amador. Sus compañeros corren la misma suerte al ser presos mientras jugaban a las cañas en el mesón despreocupados. La Santa Hermandad había esperado pacientemente durante más de dos meses para apresarles. Todo indicaba que nuestros personajes coincidían en sus señas con tres salteadores que en el camino de Guadalupe habían robado a unos vecinos de Valdeverdeja. Juan Bravo, Tomas Vazquez y Manuel Igual iban de camino hacia Alía y Castilblanco a primera hora de la mañana del día nueve de diciembre de 1747. Querían vender madera y castañas y comprar trigo pero, al pasar por el sitio que llaman los Guadarranques, como a una legua del Puerto de San Vicente, salieron a ellos tres hombres embozados, dos a caballo y otro a pie. Uno de ellos de bastante estatura, zerrado de barva, con una montera a lo valenciano, capo de paño obscuro, quasi negro, con una espada o cuchillo largo al cinto y montando un caballo negro. Otro era mediado de talla, con capotillo oscuro y caballo bermejo que tenía una estrella y raia blanca toda la frente abajo hasta el hocico. El de a pie, un hombrecillo pequeño con capa parda, vestido de paño y zapatos blancos con hebillas.

-¡Deténganse! -les gritó el más alto.

Los dos de a caballo les amenazaban con las escopetas en la mano. Sin desmontar dieron orden a su compinche para que les atase, lo que efectuó rápidamente sacando de la faltriquera tres cordeles.

Una vez amarrados registran minuciosamente a las víctimas, quitándoles trescientos reales que llevaban para emplear en el trigo, además de una manta, una cincha, dos tarros con pimientos y dos costales de jerga de Don Benito(6), uno rayado de negro y otro con el nombre de Manuel Igual. Denunciado el hecho a la Santa Hermandad, empiezan de inmediato las pesquisas.

En el puente delos Guadarranques se producían numerosos asaltos a viajeros a Guadalupe

Las primeras pistas las encuentran los comisarios en la Villafrancade la Puente del Arzobispo. Los vecinos han visto pasar a unos transeúntes muy parecidos a los que describen los asaltados, cabalgando en derechura a la villa de Talavera. Ya en ella, se confirma que se han hospedado en el mesón que esta junto al Prado. No cabe duda acerca de su identidad: son Facundín el torero y sus amigos.

Aunque los encausados niegan los hechos con empecinamiento, las averiguaciones confirman lo sucedido, llegando incluso más lejos, pues de los informes que envía la Santa Hermandad al Tribunal de la Villa y Corte de Madrid, solicitando información sobre los antecedentes de los encartados, se deduce que nuestros bandoleros toreros han realizado reiterados salteamientos en el contorno de la capital, concretamente en el término de Brunete, donde los testimonios y descripciones tomados por la Justicia encajan a la perfección con la banda de Facundín.

Este nuevo giro de la situación hace que el tribunal de la capital reclame a los reos y la causa, pues tenemos que tener en cuenta que el primer delito conocido se comete dentro del ámbito jurisdiccional de aquel tribunal que se extendía cinco leguas en el contorno dc la capital. La Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, aunque es la que resuelve el caso, se inhibe. Facundín, Faldillas y el Empedrador son conducidos en cuerda de presos desde Talavera a Madrid.

  • Prenda de vestir con mangas ajustadas que cubría el cuerpo, tenía una faldilla pequeña

dividida en cuatro partes de arriba abajo. -»

(2) Cuero o piel de buey o vaca curtido.

(3) Piel dc oveja o carnero curtida con su lana. Se emplea bien como alfombra, forro de

zapatillas o para confeccionar prendas de abrigo.

(4) Persona que se dedica a cortar vestidos o calzado.

(5) Actualmente Plaza del Reloj.

(6) Tela de lana gruesa y tosca cuyo tejido forma rayas diagonales.

ROBO AL CALDERERO FRANCÉS

ROBO AL CALDERERO FRANCÉS

Una de las causas criminales del libro editado por el autor y el colectivo La Enramá en que se describen los procesos de esta institución talaverana de policía rural

Caminos cañadas como esta de Aldeanovita fueron escenario de los delitos que se relatan aquí

Rafael Muñoz era un hombre sin oficio alguno, “de malas costumbres y amigo de aplicar lo que no es suyo”. Sus raterías tenían irritado al vecindario, hasta que un hecho de mayor gravedad llegó a oídos de la Santa Hermandad de Talavera que tomó cartas en el asunto.

Agosto de 1782. Algunos vecinos de Aldeanueva de San Bartolomé se encuentran en la taberna refugiados del calor de la tarde y tomando unos vasos de vino. Un forastero, levantando la cortina, penetra en la estancia y rompe en sollozos. Con acento extraño cuenta cómo, en el camino de El Villar del Pedroso, había sido asaltado “por uno de Mohedas” que le había quitado todo su dinero dejándole maniatado.

Un corro de curiosos rodea al hombre mientras relata su desgracia. Dice ser francés y de oficio calderero. Casi al tiempo entra en la taberna un individuo. El francés se vuelve y atónito señala con el dedo al recién llegado gritando:

-¡Este pícaro es el que me ha robado!

El mohedano al oírlo emprende la huida tomando el camino de Puente del Arzobispo. Pero imprudentemente vuelve a Aldeanovita (1) al anochecer. Allí entabla conversación con unos mozos que se hallan tomando el fresco. El grupo se ve interrumpido por la llegada de un vecino que transmite a los presentes una orden del señor alcalde para que los allí congregados conduzcan al presunto ladrón a su presencia.

En el camino Rafael -que así se llama el ratero- intenta sobornar a los mozos diciéndoles que le dejen marchar y a cambio “les daría dos reales o una peseta (2) y él que se iría a donde Dios le cuidase”. Los muchachos no acceden y responden todos a una que “no le dejarán, que el señor alcalde le llamaba”.

Ya en presencia de la autoridad, se inicia el interrogatorio:

-¿Qué dinero has quitado a ese francés en el camino del Vïllar?

-Nada, yo no tengo dinero alguno -responde el ladrón.

-¡Regístradle! -ordena el alcalde.

De entre las piernas le extraen una bolsa de lana y se la entregan a la autoridad local, quien pregunta al francés:

-¿Cuánto dinero os han robado y en qué monedas?

-Dieciséis reales en plata, en una moneda de diez reales nueva, una peseta y un real de plata y veintitantos cuartos.

Abierta la bolsa, las monedas coinciden, aunque faltan nueve cuartos que ya había gastado el ratero. Inmediatamente, el alcalde ordena que sea preso en la cárcel de Aldeanueva de San Bartolomé y asegurado con prisiones. Al cabo de unos días Rafael se escapa de la celda.

Fuente en Mohedas de la jJra, uno de los pueblos escenario de los hechos

Esta es la gota que colma el vaso y la Santa Hermandad envía a Javier de Mejorada como juez comisionado para el caso. Se abren las diligencias y el presunto ladrón se excusa de los hechos diciendo que salió de su lugar a otros a buscar en qué trabajar; sin llevar para su alimento maravedí alguno, ni otra cosa que un pan. Y aunque practicó diligencias no hallo en que emplearse. Y así, en dos días no se desayunó y, viniendo al lugar de Mohedas, encontró en su camino a un mozo calderero a quien, manifestándole su necesidad, le dijo le diese un trozo de pan si llevaba, o para comprar uno, porque si no se lo quitaría. Y que temblando dicho calderero, le expresó no llevaba pan ni más que unos diecisiete reales, los cuales dio al que declara.

En cuanto a la fuga de la cárcel de Aldeanueva, contesta que fueron los regidores los que le soltaron cuando no estaba el alcalde, diciéndole “que se fuese a pedir limosna con su madre de Dios”.

Con motivo de la investigación del asalto al calderero aparecen otros delitos de Rafael cometidos en Mohedas y en Aldeanovita. El año anterior, en compañía de otro mozo, entraron en la vivienda de Domingo Ramos y robaron unos colgaderos de uvas alcanzándolos con un palo. Pero fueron vistos por unos vecinos cuando huían diciendo:

-¡Botova! que hay gente en la cocina -exclamaron al oír el ruido de un almirez.

En otra ocasión a este mismo vecino, “habiendo ido a bellotas al ejido”(3) deste lugar; en el que estaba dicho Rafael, éste, luego que vio al testigo se vino al lugar y se entró en las casas del testigo y, desquiciando una de sus puertas, entró en un cuarto y le quitó veinte reales que tenía en una moneda y con otras de plata en una jarra de la Puente vidriada, entre unos garbanzos que en ella había, los que, luego que vino el testigo del monte, echó de menos con el motivo de que, habiendo entrado en la casa, pisó unos garbanzos y presumió que el dicho Rafael u otro que había  entrado y le había llevado el dinero que tenía en la jarra con los garbanzos

En esta ocasión el ratero es descubierto cuando cambiaba el peso duro (5). La víctima del robo se dirigió a la viuda madre del ladrón y le dijo:

-Vitoria, vosotros queréis que yo os dé que sentir… porque esto de entrar a robar mi casa no se puede aguantar. Tu hijo me ha quitado un peso duro.

-Por el amor de Dios, calla que yo te los buscaré y daré -respondió la pobre mujer.

En viviendas como esta de Aldeanovita se produjeron algunas de las raterías descritas

Rafael acudió por la noche y le devolvió solamente quince reales y diez maravedíes. El valor del dinero restante se lo fue reintegrando su madre en bellotas. A otro vecino, Juan Gudiel, con el que estaba sirviendo, le quitó veinte reales y tres quesos de un arca, mientras que el amo metía una masa de pan en el horno. Un año antes había sido sorprendido después de robar tres ovejas y solamente se pudo recuperar una de ellas ya dezentada (5) de los cerdos y su carne se vendió para las ánimas de Aldeanovita.

En los testimonios se expresa así mismo que por su mal trabajo a nadie le apetece ni quiere tenerle en su casa. Es hombre que no tiene oficio ni hacienda alguna de que mantenerse y se le ve que viste y gasta y come sin tener  trabajo. Rafael es llevado a la cárcel de la Puerta de Zamora en Talavera. Al ser menor de edad judicial en esa época, pues tiene menos de veinticinco años, se nombra un curador ad littem(6) y un letrado que lo defienda.

(1)Con este nombre se conoce coloquialmente a Aldeanueva de San Bartolomé en la comarca de Talavera.

(2) Moneda que tenía un valor de dos reales de plata.

(3) Ejido es el campo comunal de un pueblo inmediato a él, que no se labra y donde suelen reunirse los ganados vecinales o establecerse las eras.

(4) Se refiere a la moneda de 20 reales.

(5) Equivale a encentada y en este caso viene a significar mordisqueada o comenzada a comer.

(6) Tutor legalmente nombrado por el juez para el cuidado de la hacienda y la defensa de las causas o pleitos de alguno, que por ser menor de edad, o falto de juicio, no puede defender-se por sí.

ÚLTIMA CAUSA DE LA SANTA HERMANDAD REAL Y VIEJA DE TALAVERA

ÚLTIMA CAUSA DE LA SANTA HERMANDAD REAL Y VIEJA DE TALAVERA

Navatrasierra, donde discurren parte de los hechos, en pleno camino real de Guadalupe
Navatrasierra, donde discurren parte de los hechos, en pleno camino real de Guadalupe

Nos encontramos a primeros de junio de 1833 en Mohedas de la Jara. Hasta aquí se ha desplazado el hermano y comandante de la fuerza de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera para investigar el asalto sufrido por Juan Oliva, vecino de este lugar, que se dirigía hacia Puente del Arzobispo en compañía de un criado.

Según declara la víctima, había sido “asaltado por un hombre que por las señas que tenía y le habían referido, era uno de Carrascalejo(1) que se había dado al robo, quitando al testigo ochenta y un reales en metálico, en veinte pesetas, y lo demás calderilla, dos panes y un poco de cecina de fiambre…que ni al que declara ni al criado molestó el malhechor, pero sí amenazó con un arma de fuego que tenía puesta en el brazo”.

Tanto Juan Oliva como su criado reconocen al asaltante cuando se lo muestran a través de la ventana de la cárcel de Mohedas. Con el celo sistemático que ha caracterizado a la Santa Hermandad durante toda su existencia se continúan las pesquisas y, para ello, se traslada la comitiva con el preso a Campillo de la Jara. Allí se toma declaración a un vecino del lugar afectado también por las fechorías de Juan Gómez, El Boyero.

Se trata de Andrés López que se dirigía de La Estrella a Villar del Pedroso (2) montado en su jaca y buscando su trabajo de cedacero (3) y al pasar por el Cordel de las Merinas, “como a un tiro de bala”, le sorprendió un hombre que salió de entre unas peñas y le dijo que se apease y se echase boca abajo apuntándole con una escopeta corta. El ladrón tomó su dinero y quiso también robarle la capa, pero la víctima le rogó que se la dejase “pues que todos eran amigos y convecinos”, a lo que respondió el bandido:

-¡No digas nunca que conoces a nadie, que me dan intenciones de abrasarte!

También es reconocido El Boyero por su víctima de El Campillo. Prosigue el periplo indagatorio hermandino y llegan ahora a La Nava de Ricomalillo en busca de pruebas contra el preso. Como en otras ocasiones, se requiere al alcalde de la localidad para que ponga a disposición de la Santa Hermandad a los testigos que puedan aportar algún dato.

Puente de los Guadarranues, donde se producían numerosos asaltos de bandoleros.
Puente arruinado de los Guadarranques, donde se producían numerosos asaltos de bandoleros.

Comparece Manuel Muñoz que relata cómo “pasando el declarante a la villa de Castilblanco (4) a marquear (5) tierras, y al caer del lado allá del cerro que llaman Atravesado, en el sitio de los Guadarranques, salió de entre una madroña un hombre con una escopeta corta y una especie de lanza o chuzo atado a la boca de ella”, y apuntando al testigo, le dijo en voz alta:

-¡Paisano abajo!, ¡El dinero! ¡Pronto!

Manuel se ve obligado a entregar la peseta que llevaba para el viaje, además de una bota de vino y la merienda para el camino. El ladrón le permite el paso pero cuando se halla ya a cierta distancia le vuelve a llamar a voces, y le dice:

-¡Poco a poco!…, que todavía llevas más dinero…

Asustado, se registra la faldriquera y le entrega unas monedas balbuceando:

Aquí tengo otros cinco cuartos que me han quedado… haga vuestra merced lo que quiera.

Tráigalos vuestra merced. Que vuestra merced no los necesita para llegar al pueblo. Y cuidado con decir algo, porque si lo vuelvo a coger lo pagará todo -responde el salteador.

Este mismo testigo añade que un hortelano, al que comentó su desgracia al llegar a las huertas de Alía, le dijo que un religioso jerónimo de Talavera también había sido asaltado en los Guadarranques.

La siguiente jornada de las investigaciones se desarrolla en Belvís de la Jara. Aprovechando la estancia en este pueblo, es interrogado el propio acusado sobre los hechos que se le imputan. Conocemos así que nuestro protagonista tiene treinta y tres años, es casado y trabajador del campo. Acosado por la persecución que se le hacía y deseoso de mudar de vida, se presentó voluntariamente al comandante de la fuerza de la Santa Hermandad cuando éste requirió su presencia en Carrascalejo. El primer delito en el que se ve implicado es la ejecución de un robo de bastantes intereses en la casa de un hacendado de Alcaudete de la Jara. Pero al salir de la vivienda con sus cómplices, Ajofrín y Montanera, son perseguidos por los vecinos del pueblo capturándole solamente a él y escapando sus compinches.

Prisionero en la cárcel de esa localidad, declara dónde esconde el botín bajo promesa de perdón y libertad. Aunque descubre el escondite la justicia no cumple la promesa y El Boyero decide fugarse por una gatera del calabozo, después de haberse quitado los grillos, aprovechando el bullicio de la noche de las vísperas de La Candelaria. Huye a la sierra de Carrascalejo siendo desde entonces su ocupación la de hurtar lo que ha podido, viéndose perdido y sin tener otro recurso para vivir.

Se conocen de esta manera nuevos detalles sobre sus robos, así como otras fechorías. Al jerónimo de Talavera le había asaltado en Navatrasierra y robado trescientos cuarenta reales, aunque no le hizo mal alguno, ni siquiera desmontarle de la mula, aún cuando conoció que llevaba más dinero. Y dándole una peseta que le pidió.

También robó en el sitio de La Oliva cuarenta reales a un jabonero y en el mismo lugar asaltó al herrador de Valdelacasa quitándole una peseta y dejándole con otra, pues no llevaba más que dos.

La Hermandad intenta obtener datos sobre otros delincuentes y delitos y le preguntan sobre un famoso Antolín Martin, y sobre el robo que se hizo a unos vecinos de la Mina y de Helechosa en el que se derramaron los santos óleos que se llevaban a este último pueblo. El Boyero niega toda relación con tan horroroso atentado. Igualmente aclara que la escopeta y el polvorín que utilizaba en sus atracos, se los robó a un cabrero de El Castañar de Ibor (7).

Al llegar a Talavera se encierra al reo en la cárcel de la Santa Hermandad y se depositan las armas en su tribunal. Sin embargo, no se inicia el proceso judicial porque se intenta pasar la causa a la jurisdicción ordinaria. Para ello se remite un oficio al Corregidor que no acepta en principio este caso porque los hechos se han desarrollado en despoblado. Después de varias idas y venidas el corregidor asume el proceso pues el primer delito había sido cometido en una casa de Alcaudete. Lejos están ya los tiempos en que la Santa Hermandad intentaba abarcar una mayor jurisdicción, y no como en estos años finales de la institución que trata de eludir su responsabilidad.

Dos años más tarde, en 1835, es abolida la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera.

(1) Pueblo de La Jara incluido actualmente en la provincia de Cáceres.

(2) Pueblo de La Jara actualmente incluido en la provincia de Cáceres.

(3) Es el oficio artesanal del que fabrica y vende cedazos. Consiste en un bastidor de madera sobre el que se ajusta otro del mismo material y que sujeta la tela o piel con los orificios más o menos gruesos según el material que se quiera cribar. En nuestra comarca se utilizaba la piel de perro. Los cedaceros ambulantes se llevaban los animales vivos que les facilitaban los clientes y en el siguiente viaje traían el cedazo ya fabricado.

(4) Pueblo de La Jara actualmente en la provincia de Badajoz

(5) Marcar, delimitar, deslindar y medir tierras. Oficio equivalente al de los antiguos agrimensores o los actuales topógrafos.

(6) Pueblo de La Jara actualmente incluido en la provincia de Cáceres

(7) Lugar que hoy se incluye en la comarca extremeña de Los Ibores pero que perteneció a la Tierra de Talavera.

PENA DE TORMENTO A DON ALEJANDRO PÉREZ CALDERÓN

PENA DE TORMENTO A DON ALEJANDRO PÉREZ CALDERÓN

Potro similar al que aparece en la causa
Potro similar al que aparece en la causa

PENA DE TORMENTO A DON ALEJANDRO PÉREZ CALDERÓN

Entre 1719 y 1721 tiene lugar en el tribunal de la Santa Hermandad uno de los procesos más espectaculares, casi novelesco, del siglo XVIII. Don Alejandro Pérez Calderón y Manuel Ramos estaban acusados y presos por haber cometido numerosos actos criminales por la Sierra de Madrid, Valle del Tiétar y Campo de Arañuelo, en un largo periplo delictivo de robos, hurtos, escalamiento, salteamiento, violación, heridas y muerte.

Durante la instrucción, comprendiendo el alcalde que no existe posibilidad de declaración voluntaria por parte de los encartados, y al no ser las pruebas concluyentes, decide solicitar los permisos oportunos para aplicar tortura a los acusados.

La autorización de la pena de tormento sorprendió y provocó una gran desesperación en la persona de don Alejandro, noble de Alcobendas venido a menos, más entregado a la vida y bienes ajenos que a otros negocios acordes con su origen. Pero no era sólo el rigor de la pena lo que le preocupaba, sino que también su honra y apellidos quedarían manchados para siempre. Era un noble de cuna y no actuaba solo en sus fechorías, pues le acompañaba Manuel Ramos Sanz, “hombre de sangre y calidad baja”, compinche en los horrendos crímenes que se les imputaban. Como él sufriría tormento (1).

El tribunal les había condenado, el diez de marzo de 1721, “a cuestión de tormento, por sí y en cabeza ajena”. Manuel Ramos no planteaba ningún problema jurídico, pero don Alejandro dada su noble extracción no debía sufrir esta pena tan plebeya. Era necesario evacuar consultas al rey Felipe V por mediación del Consejo de Castilla (2). El rey no sólo confirma la pena de tormento, sino que se adelanta al propio tribunal y ratifica de antemano por sentencia definitiva la que se dicte.

Todo se previene como de costumbre. El ejecutor del tormento se trae de Toledo sigilosamente y en secreto, por no haberlo al presente en esta villa. Igualmente se previene que los presos sean separados por ser muy estrecha la cárcel, de tal manera que dándole a uno tormento el otro escucharía por fuerza la confesión, de que se sigue graves ynconbenientes en las averiguaciones. El alcalde ordena que don Alejandro sea llevado, con las prisiones, guardias y custodia nezesarias a casa de Francisco Puebla, vecino que moraba enfrente de la cárcel. Mientras tanto se daría tormento a Manuel, por ser de menor hedad y menor resistenzia. Al tiempo se avisa a los oficiales de la Santa Hermandad para que a las nueve de la noche del tres de abril, estén preparados a las puertas de las casas de don Luis de Arellano Duque de Estrada Meneses y Pacheco, marqués de Villatoya y alcalde que lleva la causa (3).

Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII
Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII

Diez menos cuarto de la noche. Todo está dispuesto para comenzar en la cárcel de la Puerta de Zamora. Asisten al tormento además del alcalde, su asesor jurídico, el escribano, el ejecutor, un médico y un cirujano. No está presente el abogado de la parte, ni siquiera se le ha notificado la pena de tormento. Con posterioridad protestará ante el tribunal, por esto y por no haber admitido la recusación de uno de los asesores jurídicos, hecha por don Alejandro. Dicha circunstancia causará la reprimenda del presidente del Consejo de Castilla al marqués de Villatoya.

Pero sigamos con el asunto. La sala del tormento está ubicada en la planta superior de la cárcel. Una vez torturado Manuel Ramos la noche del tres de abril, “según la calidad y cantidad que determinó el alcalde”, por la mañana, se trajo a don Alejandro Pérez Calderón desde la casa del vecino. Acto seguido se le comunica de nuevo la sentencia y se le requiere por tres veces para que declare y confiese la verdad… en que está negativo, si no quiere experimentar el rigor del tormento; con apercivimiento que…los riesgos que de él se le siguieren serán de su quenta y riesgo.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es P1013473-1024x768.jpg

En este solar de la Puerta de Zamora se encontraban las dependencias donde fue torturado en directo don Alejandro por la Santa Hermandad de Talavera.

Don Alejandro no se impresiona y lo niega todo. Pero la presión continúa. Ahora, a la vista del potro, se le requiere de nuevo para que confiese sus delitos. Por respuesta se obtiene un no. El alcalde manda a Andrés de Brizuela, ejecutor venido de Toledo, que le desnude y prepare para el tormento, pues don Alejandro estaba con los grillos y prisiones nezesarias. Un nuevo requerimiento para que confiese resulta tan poco fructífero como los anteriores. Por lo cual el alcalde le toma juramento para iniciar inmediatamente el castigo. Sin embargo, aun falta un trámite por hacer; es el reconocimiento físico del reo antes de sufrir la pena.

Los peritos del examen no son otros que el médico y el cirujano (4). El primero en efectuar el rejistro (5) es el médico don Pedro de Herrera, que no halla impedimento alguno. Pero al parecer don Alejandro tiene algo abultadas las piernas, por lo que es llamado el cirujano Manuel Vicente Figuereo. Tras su inspección Ocular declara ser un morbo edematoso de las umedades de la prisión pero que, no obstante, ella no le sirbe ni puede serbir de ympedimento para la ejecución del tormento.

Así pues, a la hora de la una y cuarenta minutos de la mañana del día cuatro de abril, don Alejandro fue sentado por el ejecutor en el potro. Y estando en él le afianzó con un cordel por bajo de los brazos a una alcayata, y de las pies al potro, Y luego le dio la primera buelta de lígadura(6) al brazo yzquierdo. Y en ella le preguntó su señoría:

Cárcel de la Santa Hermandad, escenario del tormento de don Alejandro
Cárcel de la Santa Hermandad, escenario del tormento de don Alejandro

-¿Quiény cuántos rovaran las casas de doña Antonia de Quirós, vecina de Robledo de Chavela?

-¿ Quién rovó en las zercanías de las vosques de El Escorial a diferentes arrierao?

-¿Y quién rovó, y quién y quántos rovaron en el pinar de Santa Marina seis arrieros?

-¿ Quién y quántos rovaron al Salto de López diferentes arrieros y pasajeros y una mujer que biolentaron en presencia de su marido?

-¿Quién y quántos rovaran a la Encina Voticaria diferentes arrieros?

-¿Quiény quántos rovaran al señor obispo de Lima mas allá de la villa de Almaraz, en el año pasado de mil setezientos y diez y nueve?

-¿Quién y quántos rovaron e yrieron más de setenta gallegos a la entrada del monte de Parrillas, en el año de mil setezientos y die zy ocho?

-¿ Quién y quántos rovaron o unos caldereros en las zercanías de Montesclaros?

-¿ Quién y quántos quisieron rovar a Domingo González entre la villa de Casatejada y Navalmoral?

-A que respondió:

-No sé, señor. ¡Ay Dios mío!, no sé nada. Y si tal sé, no salga del sitio adonde estoi; que estava preso en la cárcel de Corte por el mes de mayo del año pasado de setezientos y diezyocho.

El noble delincuente no proporciona ninguna información y niega todas las acusaciones en las que está imputado. El juez decide continuar y ordena que se le dé la primera vuelta de ligadura en el brazo derecho. Persiste en su actitud anterior y sólo consigue decir que es “desgraziado y le an levantado este falso testimonio”.

Con un grito desgarrador exclama:

-¡Ay Virgen Santísima!… y puedo jurar a Dios y a setenta mil cruzes que no sé dónde cae el pinar de Santa Marina. Y ya tengo dicho a vuestra señoría estava en la cárzel de Corte por mayo de setezientos y diezyocho. Y que estava en Madrid cuando el rovo del señor obispo de Lima. Que para qué se le pregunta lo del rovo de los caldereros, si an benido a reconozerle a la cárcel y dijeron que no era él…

El juez prosigue con el tormento y ordena una nueva vuelta de ligadura en el brazo derecho requiriéndole a que diga la verdad. A lo que respondió

-¡Virjen Santísima! Señor, de todo lo que se me acumula en la causa ni sé cosa maldita… Yo no sé nada, señor No sé, señor…

Por lo qual mandó su señoría se prosiga. Y por dicho ofizial ejecutor se le dio primer tranpazo (7) del pie yzquierdo. Y en él se le volvió por su señoría a repreguntar quién y quántos yzieron los rovos y violenzia aquí contenido, con espresión de cada uno separado. A que dijo:

-Yo no lo sé, señor, como dios consiente que no permitierais, señor; vajara tu justizia a declararlo, que yo nazí con mucha honra y no puedo ejecutar cosas tan viles (8), Y que en cuanto al rovo de los caldereros, consta del reconozimiento de ellos, que no lo yzo. Y si vuestra señoría quiere que yo diga lo que no e echo, si me salba la conzienzia, lo diré. ¡Virjen de la Soledad! ¡Madre mia!

Prosigue la tortura visto que el penitenciado está en negativo. Ahora el trampazo va dirigido al pie derecho con igual interrogatorio. La respuesta es la misma, dice no lo sabe y grita:

-¡Ay Virjen Santísíma! que me quiebra el muslo. Señor, yo no lo sé. ¡Confesión!

Don Alejandro aguanta cuanto puede, pues su libertad pende de un hilo y él lo sabe. Al menor desfallecimiento, a la menor de las debilidades provocadas por el dolorosísimo castigo, el hilo puede trocarse en soga y pender su cuerpo en el patíbulo. También sabe esto el juez que dirige la sesión de tortura. Por eso ordena al ejecutor que continúe, dando ahora la primera vuelta de garrote (6) en el brazo izquierdo. El atormentado noble responde:

-¡Ay Virjen Santísíma! … En la causa de Madrid está provado y los señores de la Sala del Crimen me dieron por libre. Déjelo vuestra señoría, que yo no sé nada… Y el royo del Salto de López y estupro de la muxer, no lo sé… Y era menester toda España para rovar a setenta gallegos… Y ya tengo dicho estava en Madrid al tienpo que se rovó al señor obispo de Lima… Y en quanto al rovo de los caldereros,… en mi vida he sido amigo de hacer calderos…

Aún en estas circunstancias tan especiales el sufrido gentilhombre se permite el lujo de dar unos chispazos de humor a su crítica situación. Cosa que no debía alegrar mucho al acompañamiento.

Alternándose el tormento en sus miembros se le da garrote en el otro brazo.

-¡Virjen Santísima del Carmen!

De nuevo es apercibido para que diga la Verdad, porque en su defecto se continuará con el rigor del tormento. Como su actitud no cambia, el juez manda al executor de la justizia prosiga. Y le dio primera vuelta de mancuerda” (7).

-¡Ay!, que se me quiebran los brazos… Yo no lo sé, señor, ¡ay!… No lo sé señor, que tengo quebrado este brazo…

Segunda vuelta de garrote en el brazo izquierdo.

-Yo no sé nada, señor…¡Virjen Santísíma! No tengo que responder nada más de lo que tengo respondido.

Segunda vuelta de garrote en el brazo derecho.

-¡Ay, Virjen Santísima! No lo sé, señor…¡Virjen Santísima del Prado! No lo sé señor…

Y viendo su negativa se le dio segundo tranpazo del pie yzquierdo. Y en él se le bolbió, por su señoría, a preguntar quién y quántos ejecutaron los referidos rovos, con expresión de cada uno de por sí. A que dijo:

-¡Ay!, no lo sé, señor. Señor no lo sé…

Segunda vuelta de trampazo en el pie derecho.

-Por amor de Dios, señor, que me quiebra el pie… No lo sé señor. ¡Ay Bírjen Santísíma!, yo no sé nada, señor…

La sesión continúa alternando las distintas modalidades de tormento de cuerdas en el potro. Don Alejandro, casi desvanecido por el dolor, niega una y otra vez las acusaciones clamando entre vuelta y vuelta, e implorando incansablemente socorro a la Virgen.

Y queriendo proseguir en el terzer tranpazo de los pies por el ofizial ejecutor de la justizia, se reconozíó tener las piernas y muslos ynchados y muy enbarados. Se mandó por su señoría entrase el dicho Manuel Vicente Figuereo, zirujano, le reconozca de vajo del juramento que tiene fecho y declare el estado en que se alla. Y que si de proseguir en el tormento se le podrá sobrebenir riesgo, 0 aczídente por donde pueda perder la bida o mienbro alguno,

Visto y reconocido por el cirujano insiste en que por ser el dicho don Alejandro demasiado de fornido y grueso, y el potro estrecho, tiene con esijenzia de que se le quiebre el muslo o se le disloque la rodílla, por lo qual es de sentir no se puede proseguir sin riesgo conozido. Ante el peritaje del especialista, el juez manda cesar la ejecución del tormento y que se le ponga en un quarto, en cama y los dichos médíco y zirujano le asistan y curen aplicándole los remedios y medizinas que fuesen necesarias y allaren conduzentes.

No hubo más tormento, ni para el hidalgo ni para su compinche. Ninguno de los dos confiesa delito alguno. No obstante, el tribunal les sentencia a penas de presidio y destierro. La entereza y firmeza demostrada en el potro los libró, sin duda alguna, de una segura pena de muerte por ahorcamiento en el patíbulo del Prado.

  • 1.- Ya adelantábamos que los casos de tormento en el tribunal de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera son poco comunes. Traemos aquí éste por dos razones, la primera ya dicha, la segunda es más excepcional ya que éste es el único caso de tormento ejecutado en la persona de un noble, aunque de baja estofa, que se conserva en el archivo de la audiencia hermandina.
  • 2.- El rey era quién únicamente podía autorizar el tormento. El Consejo de Castilla, a través del cual se tramita el asunto, se corresponde hoy con nuestro Tribunal Supreme.
  • 3.- Las casas del palacio del marqués de Villatoya todavía pueden reconocerse en la plaza que lleva su mismo nombre. Es un edificio de construeeión gótica con una hermosa portada.
  • 4.- Para ser médico o cirujano se necesitaba haber cursado determinados estudios y pasar un examen ante el “Protomedicato», tribunal examinador compuesto por los tres médicos del rey. Hasta el más humilde de los oficios relacionado con la medicina, como es el caso de los barberos, debían superar una prueba de aptitud si querian ejercer la profcsión.
  • 5.- Esta palabra se utiliza todavía en la zonas rurales como sinónimo de reconocimiento médico.
  • 6.- Tormento que se daba apretando los cordeles a modo de torniquete. Es uno de los antecedentes de nuestro castizo garrote vil.
  • 7.- Se entendía por trampazo la última de las vueltas que se dan en el tormento de cuerdas, en nuestro caso es la primera, seguramente por la comprensión general del término.
  • 8.- Hace referencia aquí al delito de violación del que es acusado.
  • 9.- Ligadura fuerte que se hace con una cuerda gruesa, dándole vueltas con un palo o garrote. No difería mucho de los anteriores.
  • 10.-.- En este caso, se refiere a la vuelta que se da con la mano en el torno o rueda del potro, del cual el reo permanece atado por los píes, produciéndose el estiramiento del cuerpo al estar las manos atadas a una alcayata en la pared.

FECHORÍAS DE DOS DESERTORES

FECHORÍAS DE DOS DESERTORES

Nueva causa criminal del libro de «La Enramá» (Miguel Méndez-Cabeza, Rafael Gómez y Angel Monterrubio) sobre los procesos de de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera. Desertores y salteadores en el camino de Madrid.

Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII
Cuadrillero de la Santa Hermandad del siglo XVIII

Una noche fría de Febrero, dos hombres jóvenes yacen arrebujados en el suelo. En el silencio de los barbechos se pueden escuchar  voces y risas desde las cercanas y siempre concurridas ventas de El Bravo . Hombro con hombro, van recordando su corta pero accidentada vida.

Uno de nuestros protagonistas es gallego, se llama Andrés y nació en una aldea de Mondoñedo. Cuando tenía doce años había salido de su tierra y , como otros muchos  paisanos suyos, se había asentado en Talavera donde se ganaba la vida recogiendo aceituna y sarmenteando[1] hasta que se colocó como mozo de cocina con el Conde de la Oliva[2]. A su servicio se trasladó más tarde a Madrid.

Tres años estuvo empleado en su casa trabajando después durante un tiempo como mozo de esquina[3] y luego volvió a sus labores en la cocina esta vez con la Marquesa de Breda. Sirvió en mesones y hosterías hasta que, deslumbrado por el uniforme, el caballo y las armas, acabó alistándose en el Regimiento de Caballería de Borbón.

Conoce allí a otro soldado natural de Letur en Murcia. Se trata de Juan Pérez del Río que había sentado plaza en esta ciudad en el Regimiento de Infantería de la Reina, pero al trasladar el destacamento a Cádiz, deserta. Se encamina a Granada donde se alista de nuevo en una compañía capitaneada por don Nicolás Duque de Estrada [4]. Con él pasa el murciano a Alicante donde es reclamado por su padre para ayudarle en las faenas agrícolas. En Enero de 1760 se alista en el mismo regimiento que su compañero gallego. Ambos deciden desertar en Toledo la noche del 24 de Febrero.

Andrés tenía un hermano en Talavera y hacia nuestra ciudad se encaminan los dos desertores sin entrar en poblado para acabar, como hemos visto, durmiendo cerca de El Bravo. Reinician por la mañana su camino y cuando se encuentran a una legua del Alberche deciden asaltar a algún caminante ocultándose para ello detrás de unas junqueras[5].

La primera víctima que acierta a pasar por el lugar es Juan Suer, un francés de veintinueve años. Al igual que otros muchos compatriotas suyos, trabaja como tejedor de seda y lana en las Reales Fábricas de Seda de nuestra ciudad. Por ser natural de La Picardía se le conoce en Talavera con el apodo de Picar.

El francés volvía de buscar trabajo en Santo Domingo[6] y había hecho noche en las ventas de El Bravo. Cree el infeliz que los dos hombres que están sentados junto al camino detrás de unas matas se encuentran descansando pero, al llegar a su altura,  se levantan de un salto y sacando una escopeta y una espada se las colocan junto al rostro mientras le amenazan diciendo:

¡ Suelta el dinero y todo lo que traes encima o te quitamos la vida!

Asustado les da los veintiséis cuartos que lleva en la faltriquera mientras suplica mintiendo para salvarse:

– No me matéis soy un pobre desertor de Francia  que ando perdido.

Al ver la víctima las ropas y correajes militares de los dos bandidos, intenta con rápidos reflejos despertar en ellos la solidaridad entre desertores.

Los dos salteadores le interrogan:

-¿Has estado alguna vez en Talavera o conoces a alguien allí?

También miente en esta ocasión cuando responde que no. Los asaltantes le proponen:

– Si eso es así, vente con nosotros con la condición que has de hacer todo lo que te mandemos.

El galo simula aceptarlo mientras le devuelven lo robado.

Al rato de ocurrir esta escena pasa un hombre caballero en una mula y aunque intercambian unas palabras no se deciden a asaltarle. Dos pastores cuidan su ganado algo apartados del camino y nuestros desertores se dirigen a ellos amenazándoles para que les den un cordero. Los pobres zagales responden temiendo las iras del dueño del rebaño:

-¡ Son de mi amo, más quiero que me quitéis la vida que no el cordero!

Se lanzan sobre el muchacho derribándolo y registran sus pertenencias encontrando solamente un mendrugo de pan que se llevan como único botín.

Continúan los tres hombres apostados en el mismo lugar cuando pasan dos arrieros[7] con tres pollinos. Son asaltados mientras les gritan:

-¡Traed acá todo el dinero si no queréis perder la vida!

Los desgraciados  se hincan de rodillas suplicando.

– Somos pobres, no tenemos dinero.

En efecto se trata de un nuevo robo fallido pues solamente les hallan en el registro nueve o diez reales que les devuelven dejándoles seguir adelante.

Las nuevas víctimas de nuestros bandidos principiantes son otros dos arrieros de Lagartera que se dirigen a Madrid con una carga de cecina[8] y otros encargos. También creen que los bandoleros están descansando, pero al llegar a su altura les salen al paso, Andrés con la carabina y Juan con la espada desnuda.

-¡ Ea perros ! No abléis palabra que si abláis os han de arder las vozes.

Uno de los arrieros les suplica:

-Señores, déjennos vuesas mercedes por Dios y tomen el dinero que llevamos.

Son apartados del camino detrás de unas retamas mientras de rodillas suplican que no les maten. Uno de ellos saca diez o doce reales que lleva sueltos ofreciéndoselos a los bandidos.

Al ver la pequeña cantidad que le ofrece, Andrés, el desertor gallego, agarra con furia al pobre hombre gritándole:

– ¡Perro! , pues no llevas más dinero que eso para Madrid.

Dominados por el pánico, los trajinantes sacan una bolsa de badana[9] con 142 reales, en dos moneditas de oro de veinte reales cada una y lo demás en pesetas de a cuatro o cinco reales. Los asaltantes continúan su registro hallándoles un reloj de plata que el cura de Lagartera les había encomendado para su reparación en Madrid. También encuentran una navaja, un tintero, un rosario y un pañuelo.

Después de despojar a sus víctimas les obligan a desnudarse mientras les apuntan con la carabina. El frío de Febrero les hace suplicar:

Por amor de Dios, vamos sudando, dejadnos el saio[10] siquiera.

Pero sin apiadarse responden:

-Anda perro desnúdate pronto.

Juan, el desertor murciano, se pone la chupa, calzones y montera[11]de uno de los arrieros y Andrés la enguarinilla[12] de paño pardo del otro, al estilo de la tierra. Después de maniatar con los brazos atrás a sus víctimas, se disponen para asaltar a algún otro viajero. Se trata en esta ocasión de un serrano con su borrico al que apean y atan con una soga. En las alforjas del pollino encuentran cuatro zapatos de cordobán[13] nuevos para mujer y unas medias encarnadas, un pañuelo pintado de azul, unas calcetas, una bota de vino, unas tripas llenas de manteca y un morral de pellejo con cartas.

Los ladrones emprenden la huida después de este último robo dirigiéndose hacia el río Alberche. Mientras, los arrieros consiguen desatarse y completamente desnudos emprenden de nuevo su camino hacia Madrid. En El Bravo, un criado de los agustinos de La Calzada[14] les da unos calzoncillos para que cubran sus vergüenzas.

Los desertores, aunque el río baja crecido y los hechos ocurren en invierno, lo cruzan a nado y vestidos internándose en la dehesa de Salinas hasta llegar a otro arroyo junto al que se secan, cuentan el dinero y descansan hasta que se pone el sol.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es P4241918-1024x768.jpg

En la conversación que mantienen deciden llegar a Talavera, allí dice conocer Andrés a una mujer muy rica  a la que no será difícil robar. Sus planes no quedan ahí pues se proponen , después de cometer este nuevo crimen,  matar a los dos primeros jinetes que pasen tomando sus caballos para huir a otras tierras. Andrés advierte a sus acompañantes que no comenten nada de lo sucedido y se ponen de acuerdo en decir que los tres vienen de Guadalupe, pues el hermano de Andrés es persona respetable y no quiere que conozca sus andanzas.

Toman dirección hacia la villa caminando entre el monte y las viñas para mejor disimular su presencia llegando a Talavera a las ocho de la tarde. Se dirigen a una casa de las afueras en el paraje conocido como “Los Tamujales”.

Preguntan a una mujer por la casa del hermano de Andrés al que hacía seis años que no veía. La vecina les conduce hasta la vivienda donde en ese momento solamente se halla su mujer que, hospitalaria, se dispone a preparar una tortilla de torreznos a los recién llegados mientras manda avisar a su marido que se encuentra trabajando en una bodega. Para acompañar la merienda deciden los dos desertores enviar al francés a por vino.

Fachada de la casa de la dirección de las Reales Fábricas, donde acude el francés en busca de la ayuda del director Rulière. Es el llamado Patio de San José
Fachada de la casa de la dirección de las Reales Fábricas, donde acude el francés en busca de la ayuda del director Rulière. Es el llamado Patio de San José

Pero en vez de dirigirse a la bodega, el supuesto desertor se encamina a la casa del compatriota más influyente en la villa. Se trata de Juan Rulière, director de las Reales Fábricas de Seda de Talavera[15]. Le relata temeroso y amedrentado lo que le ha sucedido con los dos desertores y cómo se ha visto obligado a seguirles en sus robos y asaltos. El ingeniero Rulière le recomienda que acuda con el vino que le ha sido encargado, pero da las órdenes pertinentes a un sargento y cuatro soldados del destacamento que custodia las Reales Fábricas para que, siguiéndole hasta la casa donde se encuentran los delincuentes, procedan a su detención.

Al entrar en la casa, encuentra el tejedor francés al grupo dando cuenta de la tortilla de torreznos con dos mujeres que sirven la mesa y un muchacho llamado Pedro que trabajaba en la tienda de otro francés  que, al haber tenido relación con nuestro protagonista, lo reconoce mientras éste hace señas desesperadamente para que no le delate. En ese mismo instante llega la guardia que grita imprudentemente desde la calle:

-¡ Picar, Picar!

Las voces acaban de descubrir a Andrés la encerrona y se lanza a coger la escopeta. El francés trata de evitarlo y forcejean mientras se une a la lucha el sargento que acaba de entrar. Se producen momentos de confusión y caen las velas mientras que los tres ruedan a oscuras. Suenan tres tiros y uno de ellos hiere a Picar en el codo y el antebrazo.

Al fin es reducido Andrés y  es conducido atado y custodiado por los cuatro soldados a la cárcel de la Santa Hermandad pues sus delitos se han cometido en despoblado y por tanto es a ella a quien corresponde juzgarlos.

Juan Pérez , el segundo desertor, se escapa por una ventana y pasa la noche escondido en un olivar. Al día siguiente toma el camino de San Román de los Montes, se detiene en una taberna y allí se repone con un poco de pan y vino. Sigue su camino ascendiendo hacia la sierra de San Vicente pero al llegar a Hinojosa es apresado por dos cuadrilleros.

El proceso se desarrolla rápidamente por la abundancia de testigos y hallarse comprobados los hechos. Los reos son condenados a diez años de presidio en África pero antes deben recibir cada uno doscientos azotes en Talavera. El día uno de Abril de 1761 a las once de la mañana se saca a los presos»en bestias de albarda, rapados el pelo y la varba, con sogas de esparto al cuello, atados de pies y manos y desnudos de medio cuerpo arriva».  El recorrido es el acostumbrado o de estilo por las calles de la villa mientras se les azota y se pregonan sus delitos.

El ocho de Abril, ambos son remitidos en cuerda de presos hasta la cárcel de Toledo para desde allí ser enviados a los penales de África[16].

[1] Aunque el paisaje talaverano de hoy está dominado por el regadío, en la época de los hechos los cultivos de secano como el olivo y viñedo eran los más extendidos. Andrés recoge aceituna, uno de los cultivos sociales más importantes aún en la actualidad por los jornales invernales que produce. Sarmentador es el oficio del que recoge los sarmientos podados de las viñas.

[2] El palacio de los Condes de la Oliva todavía se mantiene frente al teatro Victora. Los establecimientos comerciales en él alojados deterioran el aspecto de uno de los pocos palacios que todavía quedan de la antiguamente numerosa nobleza talaverana.

[3] Mozo de cuerda, peón que se contrata para la carga y el trasporte eventual de mercancías con sus propias fuerzas.

[4] Varios hijos de esta antigua y noble familia de Talavera fueron militares famosos. Juan garcía Duque ganó fama por sus proezas combatiendo en la Orden de Calatrava. Diego Duque fue maestresala de los Reyes Católicos y coronel de caballería. Fernán Duque mayordomo de Juana la Loca y embajador en Inglaterra. Manuel Duque fue ayudante de Felipe V. Son todos miembros de la misma estirpe que se enterraban en el monasterio de la Trinidad al que protegían.

[5] Una legua equivale a unos cinco kilómetros y medio por lo que las primeras fechorías de Andrés y Juan habrían tenido lugar cerca del actual cruce de la carretera que va a Cazalegas desde la Nacional V.

[6] Probablemente Val de Santo Domingo, pueblo situado entre Maqueda y Torrijos.

[7] Arriero es el hombre que trasporta mercancías de unos pueblos a otros. La palabra deriva de la interjección ¡Arre!

[8] Carne seca y salada, también denominada tasajo. Era una de las provisiones que se llevaban durante los viajes. Puede fabricarse con carne de cualquier mamífero pero lo más habitual es que fuera de cabra aunque la más considerada era la cecina de burro joven.

[9] Cuero fino y blando generalmente de piel de carnero o de cordero muy utilizado para hacer bolsas que servían como monedero.

[10] Casaca hueca , larga y sin botones que regularmente suele usar la gente del campo

[11] La chupa es una vestidura ajustada al cuerpo y larga hasta las rodillas que abraza las demás vestiduras interiores.Encima de ella no se lleva más ropa que la casaca.

La montera es una cubierta de la cabeza con un casquete redondo, cotado en cuatro cascos y con una vuelta o caída alrededor para cubrir la frente y las orejas.

[12] En varias causas criminales se hace alusión a esta prenda que debía ser característica del vestuario de la comarca. Por otras descripciones podemos deducir que debía tratarse de una especie de blusón amplio de tejido fuerte.

[13] Piel del macho cabrío curtida y aderezada, se dice que el nombre procede de haberse trabajado con gran fama por su calidad en la ciudad de Córdoba.

[14] Tenían los agustinos en La Calzada de Oropesa una de las industrias textiles más prósperas de Castilla. En sus telares se fabricaban gran cantidad de hábitos y ropas religiosas fundamentalmente.

[15] En 1748 se establecen en Talavera estas fábricas y se pone a su mando a este francés nacido en Lyon. Fue perseguido en su país por no aclaradas cuestiones comerciales y después de una novelesca huida a Basilea estudia la maquinaria textil. En Amsterdan conoce a un caballero que le recomienda al ministro español José de Carvajal que le toma bajo su protección . Vienen a nuestra ciudad donde deciden positivamente sobre la idoneidad de nuestra ciudad para el establecimiento de la industria sedera de la que es nombrado director Juan Rulière comprometiéndose a traer operarios franceses expertos en el trabajo textil. Uno de ellos fue seguramente el protagonista de nuestra historia.

[16] Una de estas cuerdas de presos de la Santa Hermandad aparece en el Quijote . Se trata del episodio en que el Ingenioso Hidalgo se enfrenta a los cuadrilleros liberando a los reos.

ÚLTIMA CAUSA DE LA SANTA HERMANDAD REAL Y VIEJA DE TALAVERA

ÚLTIMA CAUSA DE LA SANTA HERMANDAD REAL Y VIEJA DE TALAVERA

Puerta de Zamora y a la izquierda las columnas de la portada de la Santa Hermandad
Puerta de Zamora y a la izquierda las columnas de la portada de la Santa Hermandad

Nos encontramos a primeros de junio de 1833 en Mohedas de la Jara. Hasta aquí se ha desplazado el hermano y comandante de la fuerza de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera para investigar el asalto sufrido por Juan Oliva, vecino de este lugar, que se dirigía hacia Puente del Arzobispo en compañía de un criado.

Según  declara la víctima, había sido asaltado por un hombre que por las señas que tenía y le havían referido, hera uno de Carrascalejo[i] que se havía dado al robo, quitando al testigo ochenta y un reales en metálico,  en veinte pesetas, y lo demás calderilla, dos panes y un poco de cecina de fiambre… que ni al que declara ni al criado molestó el malhechor, pero sí amenazó con un arma de fuego que tenía puesta en el brazo.Tanto Juan Oliva como su criado reconocen al asaltante cuando se lo muestran a través de la ventana de la cárcel de Mohedas. Seguir leyendo ÚLTIMA CAUSA DE LA SANTA HERMANDAD REAL Y VIEJA DE TALAVERA

REDADA DE GITANOS EN LA JARA ( Y 2)

REDADA DE GITANOS EN LA JARA ( Y 2)

Comienzan los interrogatorios a los testigos por el oficial hermandino. El primero en declarar es el arrendador de la alcabala del viento (1), que confirma la dedicación de los encausados al chalaneo, al trueque y cambios de caballerías. Sin embargo, reconoce que le han pagado los impuestos correspondientes. También afirma que no tienen domicilio ni vecindad. Pero más tarde nos enterarnos de que la habían solicitado en Valdecaballeros (2) sin que se les concediese. Les achaca también el que vivan en cuadrilla y confirma los prejuicios del vecindario, cuando dice que aceptan los trueques propuestos por los gitanos “a causa de no tener desazón con ellos”. Seguir leyendo REDADA DE GITANOS EN LA JARA ( Y 2)