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LLEGAMOS A PUENTE DEL ARZOBISPO

LLEGAMOS A PUENTE DEL ARZOBISPO
 EL PUENTE

Recorrido aproximado 9 kilómetros, 3 horas y media

Desde Alcolea la cañada nos une con Puente del Arzobispo tras recorrer escasos dos kilómetros y pasar por un puente sobre el arroyo de Las Praderas

Puente de la cañada leonesa oriental sobre el arroyo de las Praderas en Alcolea

Aguas abajo de Talavera de la Reina eran muchas las leguas que recorría el Tajo sin que hubiera ni un solo puente estable desde el tiempo de los romanos. Talavera mantenía a ultranza sus derechos sobre el paso del río por los grandes beneficios económicos y estratégicos que ello le reportaba, y ponía por ello toda clase de dificultades a la construcción de algún otro puente que hiciera competencia al suyo, aunque a duras penas se mantuviera en pie y hubiera de sufrir continuas reparaciones causadas por las crecidas. Por este motivo, incluso llegó a haber encuentros violentos con las monjas del monasterio de San Clemente de Toledo, señoras de Azután que defendían el paso a través del Puente Pinos, muy precario en su construcción y situado bajo el embalse actual, cerca del muro. Las gentes que querían cruzar el Tajo y aventurarse en La Jara, bien para repoblarla o para dirigir hacia los pastos de invierno a sus ganados trashumantes, debían vadearlo en las zonas más favorables durante el estiaje o atravesarlo en las barcas y cajones que cruzaban el río y que estaban frecuentemente situados aguas arriba de las presas molineras.

Representación dl puente en azulejos puenteños representandolo con las torres hoy desaparecida

A finales del siglo XIV detentaba la mitra toledana el arzobispo Tenorio que tenía propiedades en la zona de Alcolea heredadas de su madre Juana Duque, perteneciente a una noble familia talaverana. El prelado frecuentaba la zona por esta razón y conocía de los peligros a los que debían hacer frente los miles de peregrinos que se dirigían al monasterio de Guadalupe. Conmovido por los riesgos que afrontaban, el arzobispo inició la construcción de un magnífico puente medieval.

Se trata de una construcción en sillería de gran solidez que en un principio tenía ocho ojos pero que en la actualidad cuenta con once, siendo de mayor amplitud los dos centrales bajo los que pasa la mayor parte del caudal. En dos de sus estribos hay practicadas dos puertas que permitían en tiempos de inseguridad acceder directamente al agua del río, pues sobre ellos se erigían antiguamente sendas torres fuertes para defensa del paso. En uno de estos estribos se encuentra todavía una inscripción en piedra con letras góticas que dice:

ESTA PUENTE CON LAS TORRES DELLA MANDÓ FAZER EL MUCHO HONRADO EN CHRISTO PADRE E SEÑOR DON PEDRO TENORIO POR LA GRACIA DE DIOS ARÇOBISPO DE TOLEDO, ACABOSE DE FAZER EN EL MES DE OCTUBRE EL AÑO DEL SEÑOR DE MIL CCCLXXXVIII AÑOS.

Placa fundacional en letra gótica del puente del Arzobispo

Por supuesto, las monjas dueñas del puente de Pinos que habían tenido que luchar contra el concejo talaverano para mantener sus derechos, ahora protestaban porque el nuevo puente construido por el arzobispo perjudicaba a sus intereses, hasta el punto de que el prelado hubo de firmar con ellas una concordia para mantener sus derechos y evitar enfrentamientos, permitiendo que cobraran sustanciosos beneficios por el ganado trashumante que cruzaba por él.

Para valorar bien las verdaderas dimensiones y la belleza arquitectónica de este puente, debemos descender a la orilla del río, aguas abajo, y desde allí observaremos su prestancia y lo seguro de su construcción.

Centenares de nidos de vencejos en un ojo del puente.

Los viajeros de todas las épocas quedaban sorprendidos por su belleza y en grabados antiguos todavía pueden verse las torres. El noble bohemio León de Rosmithal se admira en 1466 por las dos “lindas torres” que tiene el puente. En el siglo XVI refiere Navagero que Puente “es buen lugar, situado a orillas del Tajo, y tiene sobre él un hermoso puente de piedra con una torre”. Ponz dice en el siglo XVIII que es obra “digna, grandiosa y benéfica”.

Es sin lugar a dudas este puente uno de los mejores construidos en España durante la Baja Edad Media, y tanto es así que al cruzarlo el rey Juan I dijo que “fue un gran servicio de Dios e una de las más notables cosas que en mi reinado se hizo y especialmente por se hacer en el río Tajo, en lugar muy necesario” pues antes de su construcción “los que acostumbraban a ir al romeraje de Santa María de Guadalupe… peligraban muchos cristianos en las barcas que entonces eran en el río”.

Vista del Puente del Arzobispo

Parece que antes de éste existió otro de madera junto a una pequeña población llamada Alcherina. Después de la construcción del puente, unas chozas y pequeñas viviendas comienzan a asentarse en su entorno y al pasar el rey Juan I en 1390, nos cuenta el alcalde en el siglo XVI, que decide fundar una villa en torno del puente. Esta villa será declarada franca de los impuestos de la época por lo que se denominará en un principio La Villa Franca de La Puente del Arzobispo. Como hemos visto, la construcción del puente tuvo su origen en razones devotas y en otros motivos económicos no tan altruistas, pues las monjas de San Clemente percibían “el pontazgo que pagaba el ganado trashumante y todo ganado forastero de pezuña hendida, yeguada y muletadas”. El Alcaide de las torres se llevaba también en tiempos de Felipe II diez mil maravedíes,  un leño por cada carga de leña que pasara y mil maravedíes por cada esclavo fugitivo que se apresara en la villa, o bien se quedaba con él si no aparecía el dueño.

Grabado del siglo XIX que representa el puente del Arzobispo idealizado

LA LEYENDA DEL PUENTE

A pesar de todas estas circunstancias de índole económica, el pueblo tejió sobre la magnífica edificación una bonita leyenda: “En cierta ocasión bajaban las aguas bravas. Tanto que se habían llevado con la crecida algunos ojos del puente de Talavera y los tablones del puente Pinos. El arzobispo tenía que cruzar sin falta el río para acudir a las granjerías que su madre le dejó en herencia por estas tierras. Esperó varios días pero las aguas seguían bajando altas. Al cruzar, un remolino hizo casi zozobrar la barca y, al sujetarse el prelado en la pértiga del  barquero para no caer al río, su anillo se hundió en las aguas. Era una joya magnífica con un rubí del tamaño de un huevo de gorrión que le habían regalado los judíos de Toledo. Tan disgustado quedó su eminencia por la pérdida, que ofreció una bolsa de monedas al mozo que consiguiera sacarlo del fondo del Tajo. Muchos lo intentaron en los días siguientes pero no consiguieron encontrarlo aunque ya sabéis que el agua de este río si no hay riada es como un cristal.

Cuando volvió el Arzobispo al cabo de unos meses y preguntó por su anillo. Unos pastores le dijeron que había sido imposible encontrarlo por más que hasta los zagales se sumergían en las pozas gritando  ¡A por el anillo del obispo!

Pues escuchad pastores -dijo el arzobispo Tenorio- Sed testigos de mi promesa: Si el anillo volviera a mí, he de construir un puente por el que ganados, peregrinos y viajeros crucen el río sin los trabajos con que ahora lo hacen.

Pasaron dos años y cuando el Arzobispo se disponía cierto día de primavera a comer en sus casas de Alcolea, ordenó le sirvieran uno de los grandes barbos del Tajo que tanto le gustaban y que se pescaban en el canal del molino de las monjas de Azután. Al abrir el pez las cocineras comenzaron a gritar y a reír pues entre las tripas brillaba el rubí. Conmovido por el hallazgo y considerándolo milagro de la Virgen de Guadalupe, esa misma noche ordenó que se comenzaran los trabajos para hacer un puente en el paraje donde había perdido su anillo”.

ALCOLEA Y DOS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS

CAÑADA LEONESA ORIENTAL IX

DOS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS Y ALCOLEA

En el entorno del muro del embalse de Azután hay dos yacimientos arqueológicos que visitaremos así como el aula de interpretación de los mismos que se halla en el poblado de El Bercial, uno de esos «pueblos nuevos» de colonización para a continuación visitar el pueblo de Alcolea  siguiendo con la cañada.

Yacimiento paleolítico de Puente Pino

Cerca del muro del embalse, se sitúan dos importantes yacimientos arqueológicos que están siendo excavados actualmente, uno de ellos es el llamado de Puente Pino, pertenece al paleolítico y está junto al aparcamiento de la presa, dentro de un pinar. Se han encontrado en su estudio numerosos útiles tallados de piedra.

Recreación de taller paleolítico de Puente Pino en el aula de interpretación del yacimiento en El Bercial

También se está excavando un castro de la segunda edad de hierro, Seguir leyendo ALCOLEA Y DOS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS

EN TORNO A EL BERCIAL Y EL EMBALSE DE AZUTÁN

CAÑADA LEONESA ORIENTAL IX

Verraco vettón doble de El Bercial y otro sencillo

Recorrido aproximado 14 kilómetros (con desviación a El Bercial de San Rafael y a los yacimientos de la presa de Azután), 6 horas.

La cañada cruza la carretera de Talavera a Puente del Arzobispo y, unos quinientos metros después, podemos desviarnos de la cañada si lo deseamos y tomar un camino que nos llevará al Bercial de San Rafael.

Alfonso VIII donó al Hospital del Rey de Burgos, regentado por el monasterio de las Huelgas Reales de esa misma ciudad, la dehesa que entonces se conocía como “Real Vosque, Villa y Casa de Vercial”. Su tierra se dividía en diez departamentos o millares donde pastaban las ovejas que eran propiedad del monasterio. Como tenía consideración de villa, tenía su rollo y su horca, así como la iglesia parroquial y una casa-palacio, actualmente en pie, donde residía el Caballero-Comendador, delegado de la abadesa del monasterio para administrar la cabaña. La campana del torreón tenía por fin “llamar a los pastores repartidos por la dehesa en el caso de ser acometidos en tal desierto de alguna invasión de gente de mal vivir o de algún incendio”. Contaban también con “fuertes y seguros calabozos con porzión de grillos y cadenas y todo género de prisiones”.

Los habitantes de los alrededores se beneficiaban de la finca con la recogida de criadillas de tierra, muy valoradas en toda España, y con la corta de retamas destinadas a los hornos alfareros de Puente del Arzobispo. Esta actividad contribuiría sin duda a la deforestación que actualmente se observa en el paisaje de la zona. En su término se encontraban, sobre la orilla del Tajo, los antiguos molinos de Ciscarros y el puente de Pinos que pertenecía a las monjas de San Clemente de Toledo, señoras del pueblo de Azután.

Fuente de La Solana con dos sepulcros romanos comoabrevaderos

Hoy día esta finca se denomina El Bercial de San Rafael y pertenece al patronato que financia al hospital de San Rafael de Madrid. Quedan muestras en su entorno de haber sido habitado el territorio desde antiguo, como demuestran los dos curiosos verracos unidos por el costado a modo de siameses y otro más deteriorado, tres esculturas zoomorfas que nos hablan de las raíces célticas de estas tierras que antes de los romanos estuvieron habitadas por los vettones que las esculpieron. Varios son los hallazgos que confirman la presencia romana en los alrededores, como la fuente de La Solana, que cuenta con dos sepulcros antropomorfos por abrevadero, o la fuente de El Arco, en la que se aprecia una piedra de molino romana formando parte de su estructura. Pero sin duda la pieza más valiosa se encuentra encastrada en el muro del hermoso patio del palacio. Se trata de una inscripción sobre mármol que según algunos eruditos se refiere a la muerte de un joven en unas carreras y según otros dice que el individuo en cuestión murió joven, demasiado rápidamente.

Estela romana de El Bercial

El último asentamiento se produce hace unas décadas cuando, en una parte expropiada de la finca, se construye un poblado del Instituto Nacional de Colonización, para aprovechar así las vegas más próximas al embalse de Azután, otro de los “pueblos nuevos” similar a los de Talavera la Nueva o Alberche del Caudillo.

UN PASEO HASTA EL EMBALSE DE AZUTÁN Y SUS YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS

Riberos del Tajo entre Calera y Alcolea

Andando podemos acercarnos desde Alcolea hasta el muro de hormigón que embalsa desde 1969 las aguas del Tajo para la producción de energía eléctrica. El inmenso lago artificial llega en su reculaje casi hasta Talavera, poco antes ya hemos hablado de la riqueza en avifauna de las llamadas “tablillas” de Azután junto al camino del Barro o en el reculaje de la desembocadura del Jébalo. Un ecosistema lacustre artificial que se prolonga hasta aquí y en el que asientan colonias de garcillas bueyeras, martinetes, garcetas, avetorillo, avetoro, garza imperial, calamón, aguilucho lagunero y pájaro moscón. En invierno anátidas de diferentes especies, grullas, cormoranes o águilas pescadoras alegran con su bullicio este gran lago mesetario.

El río discurre entre los más encajados riberos de Calera y Aldeanueva de Barbarroya en la otra orilla. Antes del embalse, el agua corría por estos parajes en “rapidos furiosos” que amedrentaban a los ingenieros que desde el siglo XVI recorrieron el río para intentar hacerlo navegable. Bajo sus aguas se encuentran los antiquísimos molinos de Ciscarros, una calzada romana o el puente Pinos que servía para cruzar el río antes de que el arzobispo Tenorio construyera el suyo. Estos riberos son un magnífico lugar para la práctica de la pesca y del piragüismo, disfrutando de la fauna que se concentra en sus encinares y acebuchales.

El próximo viernes visitaremos los dos yacimientos arqueológicos y el pueblo de Alcolea

LA CAÑADA POR LOS PÁRAMOS DE ALCAÑIZO

LA CAÑADA LEONESA ORIENTAL VIII
NOS DESVIAMOS A ALCAÑIZO
Patio interior de la antigua Casa de Postas donde comienza nuestro recorrido de hoy
Recorrido aproximado 14 kilómetros (con desviación a Alcañizo) 3 horas y media
Desde la Casa de Postas tomamos nuevamente la cañada atravesando por un puente sobre la autovía Nacional-V. Comenzamos así un nuevo trecho de nuestro camino trashumante, sumamente deforestado pero que en invierno o primavera es agradable  recorrer por las llanuras de cereal y pasto que nos rodean, con la panorámica de las sierras de La Jara al sur y de Gredos al norte, rompiendo solamente la monotonía algunos chopos en los arroyos que dan algo de verticalidad al paisaje.
Puente de Alcañizo sobre el arroyo del mismo nombre
A unos dos kilómetros cruzamos una pista que nos llevaría a Calera tomándola hacia la izquierda y otros dos kilómetros más tarde, para amenizar el estepario trayecto que llevamos, podemos tomar un camino a la derecha que nos lleva a la población de Alcañizo, recorriendo sólo unos cuatro kilómetros. También tenemos la opción de seguir desde la Casa de Postas el cordel que va paralelo a la autovía para llegar a Alcañizo, para luego volver desde el pueblo a la Cañada Leonesa que venimos siguiendo desde Velada.

Son pocos los hallazgos arqueológicos del término, aunque en las orillas del arroyo de Alcañizo se encuentran algunas lascas paleolíticas similares a las de los yacimientos del Guadyerbas. Pero tal vez, el primer indicio de ocupación nos lo da el propio nombre del pueblo, de evidentes raíces árabes y que para algunos significaría lugar de cañaverales o cañizares y para otros “las iglesias”.

La Cañada Leonesa a su paso por los páramos de Calera y Alcañizo

El historiador arañuelo Miguel Ángel Reviriego sacó a la luz un documento de la Colegial de Talavera por el que doña María de Portugal, la reina que entonces era señora de esa ciudad, concede en el siglo XIV al alguacil de la misma, don Juan García de Palomeque “que pueda convertir en dehesa la casa de Alcañizo del Campo Arañuelo”. Esto es un dato que nos sugiere la pertenencia de Alcañizo a las Tierras de Talavera antes de pasar al señorío de Oropesa. Lo confirmaría el hecho de que al hacerse cargo los arzobispos toledanos del señorío de Talavera, se les permite ocupar el castillo de Alija y el lugar de Alcañizo que habían sido tomados contra ley por el feudal de Oropesa.

Arquitectura popular de Alcañizo

Pero antes de la fecha de estos datos históricos se pueden encontrar algunas otras referencias a lugares situados en el término de Alcañizo. Aparecen en deslindes de Ávila o del señorío de Velada con Talavera durante el siglo XIII, cuando aparecen por ejemplo lugares como Mengacenar o las Ventas de Perobenegas, topónimo hostelero del que es curioso constatar su pervivencia, pues todavía hoy día, después de setecientos años se mantiene el edificio de dichas ventas convertido en hotel de carretera junto a la autovía, habiéndose dedicado a estas funciones ininterrumpidamente durante ochocientos años. Pocos establecimientos podrán exhibir en España tal antigüedad. En esta venta salían a recibir los feudales de Oropesa a los reyes en viaje por estas tierras, y aquí esperó el señor de Oropesa la llegada del emperador Carlos I en viaje hacia Guadalupe.

Uno de los balnearios populares en el ámbito de la Dehesa del Horcajo, aunque estos son los baños de Torralba.

Cerca de allí, en la hermosa Dehesa del Horcajo, se halla unos de esos balnearios populares, apenas unas charcas de barro entre juncales, a los que las gentes han atribuido tradicionalmente propiedades curativas para el reuma, con la consabida leyenda de que una señora llegó a bañarse tullida en un carruaje sin poder apenas moverse desde hacía meses y salió de su chapuzón completamente restablecida y por su propio pie. Estos baños han tenido siempre fama sobre todo entre las gentes de la Vera que se desplazaban hasta aquí para intentar aliviar sus dolencias. El entorno de estas dehesas y arroyos del norte del término de Alcañizo es agradable para pasear entre sus encinares y los bosquecillos de ribera de sus arroyos. Ya en Alcañizo, podemos dar una vuelta por el pueblo. Veremos algunos ejemplares de arquitectura popular en adobe y ladrillo, algunas fuentes y lavaderos de granito y su rincón más pintoresco, el que rodea al puente que, construido en el siglo XVIII, tiene tres arcos con bóveda de cañón en ladrillo sobre pilares de granito, probablemente más antiguos que la actual construcción. Está rematado con barandilla de mampostería y en una de sus piedras puede verse la fecha de su construcción, 1760.

Otros elementos de arquitectura de Alcañizo en adobe y tapial

También visitaremos al otro lado del puente la iglesia parroquial bajo la advocación de Santiago. Se trata de un templo de una sola nave con ábside poligonal de cinco lados. La capilla mayor se separa del resto mediante arco rebajado y el coro está a los pies sostenido por una sola columna El acceso se realiza por dos puertas enfrentadas con arco rebajado de ladrillo, la del norte bajo soportal adintelado de dos columnas. Son curiosas las tres espadañas que se han ido superponiendo durante las diferentes fases constructivas y en el interior, las tablas pintadas del siglo XVIII, probables restos de un retablo.

Lavadero de Alcañizo

Además de la Venta de Perobenegas, o Pelabanegas que se dice ahora, en Alcañizo hay algunos bares y en su gastronomía hay que destacar un plato local, las patatas a la alcañizana, que podemos acompañar con los dulces característicos de la zona como floretas, mangas o suspiros. También son típicas las puches que se hacen sobre todo en las vísperas de boda. Como en todos los pueblos de la Campana de Oropesa, la artesanía del bordado está presente en Alcañizo. Entre las fiestas tradicionales es de destacar la soldadesca con el baile de la bandera y las cuestaciones típicas. Son también fiestas de verano las de Santiago el 25 de Julio y la de la Virgen del Rosario el último domingo de Agosto. A su ermita se celebra también una romería el último sábado de Mayo y en ella se ha instalado la campana de la capilla del Dehesón del Encinar.

RETOMAMOS LA CAÑADA LEONESA

Después de conocer Alcañizo volvemos a la cañada y continuamos nuestro trayecto rodeados de un paisaje cada vez más árido entre los barbechos de las llanuras cerealistas de Calera y Alcolea. El arroyo Torrejón va paralelo a la cañada al final del recorrido. Junto a la labranza que le da nombre  se sitúa una fuente de aspecto antiguo en la que se ha utilizado un sepulcro de granito, probablemente romano, para dar de beber al ganado. Podemos acercarnos a alguna de las arruinadas labranzas que se sitúan en las elevaciones cercanas y observar la arquitectura popular característica de Alcolea con la utilización mayoritaria del adobe como material de construcción.

VISITAMOS VELADA Y SALIMOS PARA ALCOLEA

VISITAMOS VELADA Y SALIMOS PARA ALCOLEA

Recorrido aproximado  12 kilómetros, 3 horas y media

Palacio arruinado de los marqueses de Velada

 

Seguimos conociendo el patrimonio de Velada antes de seguir por la cañada. Lamentablemente los restos del palacio apenas se tienen en pie, sin que nadie haga nada por remediarlo, las ruinas del palacio de los Marqueses de Velada, famoso en otros tiempos por sus jardines con fuentes y estanques y sus plantaciones de “naranjos, limones y cidros y zamboos y otros árboles y  flores de mucha fruta”. Hasta hace poco se apreciaban en su interior las grandes estancias, la bodega, la repostería y la sala cubierta de azulejos talaveranos del siglo XVII, sobre la que se ve todavía una linterna de ladrillo y cupulilla rematada por una cruz. También quedan restos del estanque y alguna reja de interés. El escudo de los marqueses ha sido repicado en el dintel de la entrada principal. Sus muros mantienen aún el rótulo de Cuartel de Milicias Falangistas, destino que tuvo el edificio durante la Guerra Civil. También poseían los marqueses de Velada un magnífico palacio frente a la catedral de Ávila que ha sido rehabilitado como lujoso hotel y restaurante.

Este retrato pintado por Goya de la familia y corte del infante don Luis de Borbón pudo haberse pintado a caballo entre Velada y Arenas como se deduce por la edad de la condesa de Chinchón y su hermana nacidas y bautizadas en Velada

El templo parroquial ha sufrido diferentes reconstrucciones de las cuales, la más importante fue ocasionada por un incendio acaecido en 1541 cuando una noche de febrero “habiéndose dexado los niños que andaban con la iglesia una texa con brasas en la tribuna, se debió caer alguna brasa y se incendió la tribuna que era de madera de pino…”. El desastre afectó al campanario, a la techumbre y a los retablos siendo el destrozo casi total.

Iglesia parroquial de Velada

En aquella primera rehabilitación se debió instalar el artesonado que podemos contemplar actualmente y que es plano, de estilo mudéjar tardío con cuadrados policromados que presentan piña central en algunos de ellos. Más tarde, en 1750 se construyó la esbelta torre actual. En el año 1779 se hicieron las portadas con sus pórticos. Los franceses ocasionaron graves destrozos y robaron toda la plata y vestiduras ricas. Parece que el segundo retablo era muy parecido a uno de los de la catedral de Plasencia pero fue destruido en 1936. El templo es espacioso, de una sola nave y se compone de dos cuerpos separados por el arco toral. El presbiterio está cubierto por bóveda y en los dos altares laterales aparecen, aunque deteriorados, frontales de antigua cerámica de Talavera. El ábside plano se cubre con sencilla bóveda de crucería y en el coro, situado a los pies, se encuentra el órgano. En el entorno de la iglesia se sitúa el cementerio, sobre cuya portada se puede ver una calavera dibujada en panel de azulejos del siglo XVIII.

Estilizada torre dieciochesca de la iglesia de Velada

Junto a la cabecera de la iglesia corre una fuente abrevadero con las armas de la casa de Velada. En la plaza del Rollo vemos el rollo jurisdiccional  que le da nombre y que se ha reconstruido basándose en la de San Román de los Montes por haber pertenecido ambas poblaciones al mismo señorío, aunque existían algunas de las piezas antiguas y testimonios fotográficos. Es obra del siglo XVI sobre gradería y base con detalles florales, rematada en pináculo con escamas del que salen los canes. En el penúltimo tambor de granito presenta escudo y argollas.

Elrollo de Velada en dibujo de Enrique Reaño

También podemos bajar a la plaza del ayuntamiento presidida por fuente granítica y pasear por el casco viejo de Velada, donde todavía se observan numerosos ejemplares de viviendas de arquitectura tradicional en mampostería granítica, a veces de grandes bloques y generalmente enjalbegada, con algunos rincones pintorescos.

Fuente y pilón de Velada con los escudos de los Dávila y los Álvarez de Toledo

En cuanto a las fiestas es de destacar en Mayo la concurrida romería a la ermita de la Virgen de Gracia con las típicas pujas y baile celebrados en su agradable entorno. En septiembre la “fiesta de los toros”, típica fiesta veraniega con toros, peñas, actuaciones y una cena colectiva al final con el guiso hasta hace poco de las reses toreadas. La sencilla fiesta patronal se celebra en honor a San Bernardino de Siena el día veinte de Mayo.

Ermita de Santa Ana en Velada

Junto al palacio de los marqueses de Velada el curioso puede visitar un convento franciscano cuya iglesia se ha restaurado hace unos años y actualmente se dedica a actividades culturales Se fundó este convento en 1572 por doña Juana de Toledo, madre del segundo marqués de Velada. El marqués fundador era ayo de Felipe III, a cuyo servicio se encontraba también Francisco de Mora, maestro mayor de obras y arquitecto real que realizó las trazas del convento. El edificio es de planta rectangular y está precedido por un atrio cercado. La portada es curiosa, adintelada entre semicolumnas, luce en el segundo cuerpo un bonito panel de azulejo talaverano de 1715 que representa a San Antonio de Padua y sobre él una columna dórica exenta que remata el conjunto y que en realidad es el tiro de la chimenea del refectorio conventual.

Convento franciscano de Velada, hoy centro cultural

En principio, el convento debería haberse unido al palacio por un arco del que se aprecian los restos de los enjarjes y bajo el que hoy discurriría la calle que lleva a la fuente que primitivamente daba agua a Velada y a las dependencias y jardines palaciegos. Por una puerta que se encuentra bajo el coro, a los pies de la iglesia, se comunica la iglesia con el convento propiamente dicho que cuenta con un peculiar claustro de reducidas dimensiones levantado en buena sillería de granito y en torno al que se reparten las celdas de los franciscanos.

SALIMOS DE VELADA PARA ALCOLEA

Menhir de la laguna del Conejo, en término de Gaminal y junto a la cañada

Partimos desde Velada en dirección sur por la cañada y cerca del paraje conocido como la laguna del Conejo, a la derecha de nuestro camino, se encuentra sobre una elevación un curioso menhir que. Se trata de un bloque granítico con la típica forma apuntada de los menhires que tiene en su cara sur numerosos huecos semiesféricos, las “cazoletas”, cuyo significado ritual para las gentes que lo erigieron hace cuatro mil quinientos años desconocemos. Algunas de estas cazoletas están comunicadas por canalitos cuyo simbolismo también ignoramos.

Dejamos el menhir y seguimos por la cañada que, hemos de advertir, en época de lluvias tiene algunos lugares a lo largo de este tramo hasta Alcolea con barrizales, “trampales” según el lenguaje local, que pueden darnos algún disgusto si circulamos en todoterreno. Cuando la cañada va a cruzar la autovía, vemos a la derecha un edificio semiarruinado levantado en buen aparejo de ladrillo. Nos podemos acercar a curiosear en él pues se trata de una casa de postas. Se construyeron en el siglo XVIII ésta y otras similares, como la de Calzada de Oropesa o la de Cazalegas, a lo largo de las grandes vías de comunicación para hacer más rápido y cómodo el viaje, el servicio de correos y el transporte de mercancías. En ellas se cambiaban las caballerías por otras de refresco y descansaban los viajeros. Todavía conserva restos de las caballerizas en el piso bajo, las habitaciones en el primer piso y las chimeneas en las salas de espera. Puede ser sugerente imaginar entre estas ruinas el ambiente tantas veces descrito por los viajeros románticos con las prostitutas, jugadores, soplones de los bandoleros, soldados, comerciantes y arrieros. Está declarada Bien de Interés Cultural pero la administración hace bien poco por conservarla.

Interior de la casa de postas junto a la cañada y la nacional V

 

CAÑADA LEONESA ORIENTAL VI: HACIA VELADA POR SUS LLANOS

CAÑADA LEONESA ORIENTAL VI

HACIA VELADA POR SUS LLANOS

Recorrido aproximado 12 kilómetros, 3 horas y media

Venta Viñas en la Cañada Leonesa Oriental
Rótulo de la Venta Viñas:
«parador Venta Viñas Felipe Carvajal»

Esta etapa comienza en la carretera que va de Segurilla a Montesclaros, cuando cruza sobre el río Guadyerbas. Tomamos la cañada y, como a un kilómetro de la carretera y justo antes de cruzar un pequeño arroyo, encontramos una antigua venta de las muchas que jalonaban los caminos ganaderos. Todavía podemos leer en el muro “Parador de Venta Viñas de Felipe Carvajal. Estos sencillos establecimientos hosteleros rurales ofrecían en zonas despobladas como ésta albergue a lo trashumantes, un poco de comida caliente o simplemente pan, para lo que estaban muchas de ellas dotadas de un horno, un techo y forraje para las caballerías. La cama era muchas veces el pajar.

Alcornocales del Baldío de Velada

La cañada nos lleva hasta el Riolobos, un afluente del Guadyerbas que nos veremos obligados a vadear. Aunque si llevara mucho caudal o fuera invierno nos veríamos obligados a remontarlo hasta algunos puentecillos que hay en los huertos de sus orillas, aguas arriba.

Camino en los arenales delBaldío de Velada

En sus riberas hubo también población romana y medieval, de las que sólo nos quedan algunos muros cubiertos por los sauces y el cubo de un antiquísimo molino que ya se nombra en documentos de principios del siglo XII, aunque los restos arqueológicos del entorno y el aspecto de su argamasa ha llegado a hacer pensar a algunos en el posible origen romano de ese artificio. Casi enfrente, pero en la otra orilla se encuentra el molino Burdías, único ingenio de la provincia que funcionó mediante una gran rueda gravitatoria de cangilones y siete metros de diámetro, parecida a la de las norias, que movía sus piedras, aunque hoy ha sido adaptado como vivienda.

La desembocadura de Riolobos en el Guadyerbas está cubierta de sotos muy frescos y agradables entre los que podremos practicar la pesca de bogas y barbos que suben en gran cantidad en las primaveras lluviosas

La vía pecuaria cruza el arroyo de Riolobos introduciéndose en el Baldío de Velada, planicie conocida en la zona como Los Llanos de Velada. Tanto las riberas del Guadyerbas como esta llanura en apariencia esteparia han sido recientemente reconocidas por la Junta de Comunidades con la figura de Parque Fluvial por la peculiaridad y riqueza de su ecosistema.

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Vale la pena recorrer los caminos que surcan el Baldío debido a que en algunos lugares nos dará la sensación por sus arenales de que nos encontramos en una playa, o en un desierto. Allí crecen plantas xerófilas específicas de suelos esteparios que bruscamente pueden dar paso a otros lugares donde crecen los helechos como si nos encontráramos en las húmedas laderas de Gredos. En otras ocasiones encontramos islotes de vegetación con bosquecillos de alcornoque acompañados de brezo o robles de buen porte. Si nos acercamos al Guadyerbas nos sorprenderá su tupida vegetación de ribera con fresnos, sauces, alisos, espinos o endrinos en parajes que constituyen toda una sorpresa, especialmente en las zonas de La Aliseda, La Fresneda, El Toril, o Casillas.

Pero también es sorprendente cómo en medio de estos llanos de aspecto árido aparece una tabla de agua formada por la presa que sobre el arroyo de Los Huertos permite dar agua potable a la villa de Velada con dos mil ochocientos habitantes, y es que bajo estos arenales se halla una capa freática muy superficial, lo que es en parte la causa de estas variaciones de vegetación. Ya en la etapa anterior hemos descrito la especial explotación de estos terrenos, con las famosas sandías y carillas de Velada.

Fuente de Praomaría en Velada

No es extraño que en la misma cañada encontremos aterrizando con sus aparatos a los aficionados al vuelo ultraligero o al aeromodelismo, que utilizan unas antiguas pistas de aterrizaje que aún se perciben y que son los restos de un viejo aeródromo de la Guerra Civil, del que además quedan algunos hangares readaptados en una granja cercana y los escombros del polvorín de las instalaciones militares que estalló por accidente.

La cañada asciende y pronto cruzamos la carretera de Ávila a Talavera en la zona conocida como de Los Paradores, que nos indica el destino que tenían las construcciones que allí se asientan y que, aunque en un principio daban servicio a trashumantes y viajeros que utilizaban la cañada, hoy han quedado como mesones y restaurantes.

Molino de viento en Velada

A la derecha del camino podemos ver lo que algunos confunden con una atalaya y que no es otra cosa que un molino de viento que perteneció a los Marqueses de Velada, que intentaban así contar con un ingenio que moliera la producción cerealística de su señorío, pues el arenoso cauce del Guadyerbas era poco propicio para la construcción de molinos de agua.

Justo enfrente de esta zona de los paradores se encuentran las ermitas de San Cristóbal y la antigua e interesante de la Virgen de Gracia. Se encuentra al este del pueblo, bajo las últimas estribaciones del Berrocal y es una de las joyas del patrimonio de Velada. No conocemos los orígenes de la misma, aunque hay que señalar que en su entorno se encuentran restos de haber habido población con cerámicas medievales e incluso tégulas romanas. El que esto escribe se ha preguntado alguna vez si no sería éste el despoblado de Colilla, que las crónicas medievales sitúan cerca de Velada, pero por ahora las primeras noticias que tenemos de la ermita pertenecen a las Relaciones de Felipe II, en las que se dice que “como a tres tiros de ballesta del pueblo está la ermita donde vienen en procesión de muchos lugares de las tierras de Talavera el seis de mayo, día de San Juan de Portalatina, y que otras aldeas de la tierra de Oropesa vienen el día segundo de Pascua de Espíritu Santo por ser mucha la devoción de los comarcanos al haber sanado en la dicha su casa algunos enfermos coxos, habiendo venido enfermos e yendo sanos dexando en la dicha ermita las muletas e báculos con que andaban”.

Ermita de Virgen de Gracia en dibujo de Enrique reaño

El edificio es de planta cuadrada con acceso por un pórtico y portada con arco de medio punto, cuyas piedras originales se han montado junto a la ermita al haberse hecho una entrada más amplia. Pero la mayor riqueza que alberga este monumento es una magnífica azulejería de Talavera cubriendo el ábside y en dos paneles que adornaban dos altares laterales hoy desaparecidos. Los azulejos que cubren las paredes y la bóveda del ábside son más antiguos y representan escenas de la vida de la Virgen, además de las armas del marqués de Velada y símbolos de la orden franciscana. Se ejecutaron probablemente a finales del siglo XVI y se ha especulado con que su autor fuera Hernando de Loaysa, gran ceramista que tiene obras singulares en el palacio del Infantado de Guadalajara y en palacios y conventos de Valladolid, entre otras. Pero sin lugar a dudas, la cerámica más peculiar y de mayor calidad por la magnífica ejecución de su pintura es la que decora los retablos de los altares laterales hoy desaparecidos. Se percibe un diseño de características manieristas en los dibujos de los santos y virtudes en ella representados. La estilización de las figuras ha hecho que algunos hayan querido ver en los diseños originales la mano de discípulos del Greco.

San Cristobal representado en azulejería del siglo XVII en la ermita Virgen de Gracia de Velada

Cuenta también Velada con otra ermita en la parte septentrional del casco urbano bajo la advocación de Santa Ana. Preside la placita del mismo nombre y tiene planta rectangular en mampostería y sillería de granito donde se percibe una ampliación posterior a la construcción original. Cuenta con una pequeña espadaña para su campana y en su interior una buena y antigua imagen de Santa Ana con la Virgen en brazos y ésta a su vez sosteniendo al Niño. La tercera ermita que se mantiene en Velada es la de San Cristóbal, de reciente construcción en la zona del Barbud por los profesionales del transporte del pueblo y donde se celebra la fiesta de la hermandad.

POR EL GUADYERBAS Y SOTILLO DE LAS PALOMAS

CAÑADA LEONESA ORIENTAL V

POR EL GUADYERBAS Y SOTILLO DE LAS PALOMAS

Recorrido aproximado 11 kilómetros, tres horas

La Cañada Leonesa Oriental por Sotillo y el Guadyerbas

Ya repuestos, volvemos a la cañada siguiéndola a pie. El tramo siguiente es uno de los pocos de la cañada que venimos recorriendo que son intransitables con todoterreno. Llegamos así hasta un agradable lugar situado a las orillas del río Guadyerbas. En este paraje rodeado de fresnos y praderas se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Guadyerbas, hoy convertida en pajar y de la que al menos desde el siglo XIII existen referencias históricas. Siempre tuvo fama la Virgen que acogía de buena intercesora para la lluvia: “Virgen de Guadyerbas, la hierba no nace/ y los corderitos se mueren de hambre/ Virgen de Guadyerbas, la del manto azul/ enviadnos agua para todo el común”, como decían los lugareños en unas coplillas. Es en realidad la iglesia de una antigua aldea hoy despoblada, como sucedió con el también cercano lugar de Parraces, del que cuentan que fue abandonado porque alguien envenenó sus aguas.

Ermita del Guadyerbas cerca de Sotillo

Un kilómetro después, llegaremos al pueblecito de Sotillo de las Palomas, otro lugar que formó parte del señorío de Navamorcuende, hasta que se hizo villa a finales del siglo XVII, aunque no queden restos de los símbolos erigidos en madera para atestiguarlo: “la horca fue colocada en el lugar de Fuente la Viña, en el camino de Marrupe, y la picota  en la plaza pública, frente a la Casa del Concejo”.

Escudo de los Dávila en el cabecero de la iglesia

El origen del  pueblo parece haber sido un palomar construido por un tal Juan Blazquez en la zona de la ermita de Guadyerbas por lo que se conoció como Soto del Palomar el paraje donde más tarde se asentaría. Daremos una vuelta por su caserío observando su arquitectura popular serrana, con las casas de una sola planta de mampostería granítica con los cercos de huecos y ventanas enjalbegados. Muchas de las viviendas tienen patio. Y echaremos un vistazo a su iglesia, que tiene cierto encanto con su espadaña y su portalillo sobre columnas de piedra. En su interior es de destacar el púlpito y un retablo barroco de cierta calidad.

Uno de los fresnos monumentales junto a la ermita de Guadyerbas

Un molino se sitúa en el Guadyerbas y tiene la curiosidad de haber funcionado con una máquina de vapor, aunque cuentan con sorna los mayores del pueblo que si hubiera seguido moliendo habría acabado con toda la leña de las magníficas dehesas que rodean a Sotillo.

Como fiestas de invierno celebran la Candelaria y San Sebastián, con el tradicional encendido del “chozo” por los quintos.

Desde aquí todo el cordel es transitable en vehículo hasta Velada, aunque en este primer tramo, si lo deseamos, podemos encaramarnos a pie hasta los restos de la medieval atalaya de Torrejón. Para ello deberemos tomar un camino que parte desde la entrada de la finca Carrascosa para llegar a la atalaya y desde allí, una vez hayamos disfrutado de las vistas y la soledad del paraje, descender de nuevo a la cañada por la cara occidental del cerro sobre el que se eleva.

La fiesta de verano en Sotillo se celebra al patrón, Santiago

El trayecto que vamos siguiendo es muy agradable, entre prados y dehesas con el Guadyerbas y sus amenos bosquecillos de ribera paralelos a nuestro recorrido. Nos cruzamos poco después con la carretera de Segurilla a Montesclaros. Cerca pasa el antiguo camino de Los Caleros por el que desde los hornos de Montesclaros se bajaba la cal hasta Talavera para luego comercializarla en la comarca e incluso en Madrid, ciudad que también tiene esculpidas con la piedra caliza de Montesclaros las esculturas de Neptuno y la Cibeles Hasta la capital llegaron los grandes bloques de piedra que por el cauce del Guadyerbas se llevaron a Velada y luego a Talavera y Madrid, donde los labraron para hacer las esculturas. El ayuntamiento de Montesclaros donó hace unos años al de Madrid la piedra necesaria para la restauración de una mano de la Cibeles después de haber sufrido atentados vandálicos de los forofos futboleros.

Arquitectura popular en Sotillo de las Palomas

A la izquierda de la cañada vamos viendo las elevaciones de El Berrocal, con su espeso bosque mediterráneo, más adehesado a la otra orilla del Guadyerbas, río al que podemos también descender por algún camino trasversal para disfrutar de sus hermosos bosques de ribera. Vamos llegando así al baldío de Velada famoso por la producción de sandías y carillas.

Gredos al fondo del valle del Guadyerbas por donde discurre la cañada

RUTA POR LA CAÑADA A NAVAMORCUENDE

CAÑADA LEONESA ORIENTAL IV

DE ALMENDRAL A NAVAMORCUENDE

Recorrido aproximado 8 kilómetros, 2 horas y media

A la salida de Almendral se sitúa una de las fuentes más bonitas de todo el camino ganadero y, justo enfrente, un antiguo lagar convertido en bar y casa rural.  Reiniciamos el camino y, también en medio del cordel, nos encontramos con la ermita de San Sebastián
que, como muchas otras de la sierra, tiene planta cuadrada y está levantada en sillería granítica. Guarda en su interior una graciosa imagen popular del santo atravesado por las flechas de su martirio.

Continuamos el camino y vamos ascendiendo entre jarales, encinas y rebollares, mientras contemplamos al norte la sierra de Gredos con los pueblecillos colgados de su falda.

Navamorcuende rodeado de prados

Llegamos a Navamorcuende, que es la capital señorial del occidente de la sierra de San Vicente. Se trata de uno de los señoríos más antiguos, pues ya fue otorgado por el rey Alfonso X el Sabio en 1276, cuando lo recibe el caballero Blasco Ximénez por sus señalados servicios al monarca, con facultades de repoblación y vasallaje. Esta familia formaba parte del mismo tronco de caballeros abulenses de la familia Dávila, famosos guerreros en la Edad Media y estirpe de la que derivan varias casas nobiliarias como la de Velada, casa con la que los señores locales mantuvieron largos pleitos cuando se creó el marquesado de Navamorcuende en 1641, pues reclamaban su titularidad. Comprendían sus estados las localidades de Marrupe, Sotillo, Buenaventura, Almendral y Cardiel. El Conde de Cedillo llegó a conocer el rollo jurisdiccional que daba al pueblo categoría de villa.

Cúpula granítica en la entrada de la iglesia parroquial de Navamorcuende

Es obligada una parada para visitar la magnífica iglesia parroquial de Santa María de la Nava, una soberbia construcción de sillería granítica de armónicas proporciones y adornada de contrafuertes y pináculos renacentistas rematados en bolas. En ella cabe destacar también la impresionante torre y la cúpula pétrea del pórtico principal y de la sacristía, dependencia que probablemente pertenece a una construcción anterior como indica su bóveda ojival del siglo XV. El ábside está decorado con dos grandes pilastras dóricas. Otros detalles que realzan el edificio son la ventana del baptisterio, las bolas de granito que rematan las columnas y balaustradas y el escudo de los Dávila en el exterior del ábside. El edificio está rodeado por un pretil de piedra y es obra de Pedro de Tolosa, discípulo de Juan de Herrera que trabajó también en El Escorial. En el interior se guarda una imagen barroca interesante de Cristo “amarrao” a la columna.

Fuente con inscripción de Carlos IV junto a la iglesia de Navamorcuende

El templo da a dos plazas, la mayor tiene una de las mayores tradiciones taurinas de la comarca, y en la otra podemos ver una graciosa fuente del siglo XVIII con una inscripción de Carlos IV. También hay un crucero junto a la iglesia y algún pilón.

Ermita del Cristo en Navamorcuende

La arquitectura popular es también interesante, aunque no quedan muchos edificios tradicionales de mampostería granítica. Sí podemos visitar algunos edificios singulares, como el palacio inacabado de los marqueses, edificio del siglo XVIII hoy arruinado, salvo la zona reutilizada como bar. También podemos acercarnos a la salida del pueblo hasta la ermita del Cristo de los Remedios, un edificio dieciochesco de considerables proporciones para su fin y pintoresco por su espadaña y su portalillo cubierto. Otros edificios de interés son los molinos de arroyo Lugar y otros tres situados ya en el Piélago que dejaremos, junto a otras muchas cosas de interés, como el convento, para un viaje específico a este paraje singular situado en la sierra y sobre el que hemos descrito una de las rutas de la Sierra de san Vicente.

Robledales de Navamorcuende bajo el arco iris

Sus taurinas fiestas se celebran del 7 al 11 de septiembre en honor de Nuestra Señora de la Nava. Antes de reiniciar nuestro camino trashumante podemos recuperarnos en uno de los restaurantes del pueblo en los que destacan los asados.

Un viejo azulejo nos indica todavía el nombre de una calle dedicada a maese Leví, un judío de la numerosa aljama de Navamorcuende que tenía a finales del siglo XV una reconocida fama de “galeno sangrante”. Ejerció también en Talavera y parece que su fama llegó incluso a la corte, donde reclamaron sus servicios, aunque también fue procesado por la muerte del hijo del alguacil de Sotillo, con el que parece se pasó de sangrías. Hubo en el pueblo otros judíos que fueron procesados por la inquisición, como el pescadero del pueblo que era a su vez cobrador del señor feudal.

ALMENDRAL DE LA CAÑADA «LEONESA ORIENTAL»

CAÑADA LEONESA ORIENTAL III

Una estampa repetida desde hace siglos, las ovejas por la Cañada Leonesa Oriental a su paso por Almendra

ALMENDRAL DE LA CAÑADA

Recorrido aproximado 10 kilómetros, dos horas y media

Salimos de Fresnedilla y, tal como indica el plano, en una curva de la carretera que une esta localidad con El Real de San Vicente sale la cañada en dirección oeste hacia Almendral, entrando así en la provincia de Toledo.

Discurre la vía pecuaria amplia y respetada en toda su anchura, como en los orígenes de estos caminos ganaderos que algunos remontan hasta tiempos prehistóricos, cuando los vettones y pueblos ganaderos aún más antiguos se movían con sus ganados para aprovechar los pastos de las zonas cálidas en invierno y las frescas y serranas en verano. Vamos entre encinares y cercados, con la Sierra de San Vicente al sur y el farallón de Gredos al norte, hasta que, recorridos aproximadamente seis kilómetros, parte un camino hacia la izquierda que va hasta los Baños de la Pólvora, un balneario popular donde se podían tomar baños fríos y calientes de aguas medicinales con propiedades que, según sus usuarios, son beneficiosas para las enfermedades reumáticas. Disponía de alojamiento y servicio de comidas en un ambiente aislado y rústico.

Baños de la Pólvora balneario popular cercano a la cañada

Poco antes del caserío se levantan en medio del cordel las ruinas de la ermita del Cristo de la Sangre.

Ermita del Cristo en Plena cañada leonesa oriental

El pueblo se llamó Almendral de Arriba hasta 1916, en que su apellido pasó a ser “de la Cañada”, precisamente la que vamos conociendo. El cordel de ganados ha marcado incluso la toponimia de los pueblos de su recorrido.

Fuente en plena cañada a su paso por Almendral

Aunque existen los restos de los que pudiera haber sido un dolmen en el lugar conocido como “Los Majanos” junto al arroyo de las Fuentes, la primera referencia al lugar es de 1337, año en el que parece haber restos de una torre musulmana en su entorno, lo que explicaría el nombre de “Almenar”(atalaya o torre de observación) fuera con más probabilidad el nombre original, que habría derivado en Almendral. Cosas de la toponimia que podemos creer o no. No conocemos su primitiva localización aunque sí se encuentran restos de población medieval por todo el término, como en el paraje de “Las Artesas”, llamado así por la existencia de sepulcros medievales labrados en la piedra y que en la imaginación popular simulan las artesas, esos recipientes rectangulares en los que se hace la matanza o se guarda el pan.

Fue lugar del señorío de Navamorcuende, por lo que debía pagar al feudal una gallina por el solar donde asentaban sus viviendas.

Torre de la vieja iglesia del Salvador. hoy cementerio, tras la cruz blanca la cripta en la que se retiraba Ana de Almendral

No debemos dejar de visitar el cementerio, que en realidad es de la primitiva iglesia de El Salvador, arruinada ya. Sus antiguos muros guardan el pintoresco camposanto, con una de las viejas capillas convertida en un panteón familiar. En el muro oriental se puede ver una a modo de alacena de decoración gótica que serviría probablemente de sagrario. Al oeste se sitúa los restos de la torre y de la cripta donde, según sus escritos, tuvo sus primeras experiencias místicas la beatificada Ana de San Bartolomé, la que fuera secretaria de confianza de Santa Teresa, y la que con ella compartió proceso inquisitorial. Nació en 1549 y en sus memorias han quedado algunas anécdotas de su infancia en Almendral, como cuando la vaca “Cereza” la salvó de morir por la mordedura de un perro rabioso llevándola al pueblo sobre su lomo, o cómo los bueyes se amansaban para trillar con facilidad y no alterar las oraciones de Ana. Acabó sus días en una de las fundaciones carmelitas de Bélgica. Ha sido recientemente beatificad y se le ha erigido un monumento en Almendral junto a una fuente abovedada.

Monumento a la secretaria de Santa teresa, Beata Ana de San Bartolomé

Otros lugares con halo de magia se encuentran en el término, como La Mora Encantada, un lugar cerca de los molinos de Tejea, donde dicen que a los pastores que pasaban por allí se les metían serpientes por la boca.

En el pueblo encontraremos también algunos rincones pintorescos con arquitectura tradicional en mampostería granítica, y veremos también la actual iglesia y las agujas de piedra del antiguo cerramiento de la plaza para las corridas de toros.

Ermita de San Sebastián junto a la Cañada con otra de sus fuentes.

En el término, lo que más llama la atención en es el gran robledal que puebla toda la cara norte del cerro de Cruces, aunque también valen la pena los paseos por el entorno de la garganta Torinas, donde quedan restos de algún molino de agua. En una relación de 1951 se habla de la riqueza natural de nuestro pueblo y se dice que había raposos, tejones erizos, hurones, gatos monteses y alguna nutria.

LA CAÑADA LEONESA ORIENTAL II POR LA HIGUERA Y FRESNEDILLA

LA CAÑADA LEONESA ORIENTAL II

POR LA HIGUERA Y FRESNEDILLA

Recorrido aproximado 10 kilómetros, 2 horas y media

Nacimiento del Tiétar cerca de la Venta del Cojo

La Cañada Leonesa Oriental entra en el valle del Tiétar justo junto a su nacimiento en la Venta del Cojo en Santa María del Tiétar, y discurre paralela al río hasta entrar en la población de Higuera de las Dueñas. Llamada así por haber pertenecido a las monjas,  “dueñas” en lenguaje medieval, del monasterio de San Clemente de Ávila. Luego pasó su señorío al monasterio de San Benito en 1332. Don Álvaro de Luna lo compra para redondear sus estados de la zona.

Esta población no perteneció al señorío de La Adrada, pero sí formó parte del extenso alfoz de Ávila. Higuera da nombre a la sierra que se encuentra al sur de su caserío, a cuya cumbre podemos llegar por una pista y contemplar unas hermosas vistas sobre el valle del Tiétar, Gredos y la Sierra de San Vicente. También la ladera norte de la misma tiene bonitos bosques de robles con vaguadas y arroyuelos que bajan hacia el llano con una vegetación que hace agradable el paseo.

Panel de azulejería talaverana del siglo XVI que representa a San Juan Evangelista en la iglesia de Higuera de las Dueñas

Su monumento más destacado es una iglesia del gótico tardío que presenta una buena portada enmarcada en alfiz y decorada con bolas, como tantas iglesias del siglo XV en Ávila. Las bóvedas de crucería son de calidad y cuenta en la capilla mayor con un buen retablo barroco y paneles de azulejería talaverana representando a los evangelistas. A la entrada del pueblo se encuentra una cruz y una fuente de piedra con pilón de los siglos XVI y XVII. También cuenta el pueblo con arquitectura tradicional en granito y alguna casona de interés. La portada posee un arco con doble filas de dovelas y un alfiz que rodea todo el marco. Su torre esbelta y cuadrada se sitúa en el lienzo norte del templo, al igual que su entrada principal. En su interior cabe destacar, su precioso presbiterio, al que se accede a través de un arco gótico apuntado con dovelas. Resalta su retablo rococó, dorado y de grandes dimensiones, con motivos vegetales y ángeles. La cubierta es una buena bóveda de crucería con nervios, todo ello bien conservado, al igual que el coro. El templo se divide en tres naves. La central más amplia y cubierta con un noble artesonado y separada de las demás por seis grandes columnas graníticas. Cabe mencionar la bien labrada pila bautismal, y ya en el exterior una cruz pétrea sobre un pedestal al que se accede por gradas de granito.

Fuente de Fresnedilla junto a la Cañada Leonesa Oriental

La arquitectura popular de su caserío se conserva relativamente bien con algunas casonas de cierta entidad.

Desde Higuera podemos dar un paseo por una pista asfaltada que luego se hace camino y nos lleva hasta un pequeño puente medieval sobre un arroyo, llamado Puente Chico y, ya en el Tiétar, otro puente magnífico entre pinares llamado Puente Mosquea, aunque esta excursión podemos hacerla desde La Adrada tal como se indica en la ruta de este pueblo incluida en las del valle del Tiétar.

El llamado Puente Chico cerca de Higuera de las Dueñas

Fresnedilla es un pueblecito que sí perteneció al señorío de La Adrada y que, como Higuera, se encuentra en plena cañada, por lo que ambas localidades estuvieron muy vinculadas a la trashumancia. Su iglesia se construyó también en el siglo XVI, aunque es más modesta que la de Higuera y está presidida por una espadaña. Era famosa por tener un buen retablo de azulejería de Talavera, aunque todavía cuenta con algunas imágenes populares del siglo XVIII y con una pila bautismal de cerámica talaverana de la misma centuria.

También podemos ver una fuente y un  pilón a la entrada, en los que tantos ganados trashumantes habrán abrevado. Pero tal vez, lo más curioso de su patrimonio etnográfico es una rústica plaza de toros que conserva las agujas en las que se sujetaban los palos de cerramiento del coso, y unos burladeros hechos con grandes lajas de granito que protegían a los toreros. Cuenta también este pueblecito con algunos rincones de arquitectura popular típica de la zona. Se celebran todavía interesantes fiestas de quintos y en “Las Candelas” se hacen luminarias.

Burladero de la rústica plaza de toros de Fresnedilla, hoy reutilizado como jardinera