MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA

MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA

HISTORIA

Monasterio de Santa Catalina con la cúpula en construcción y los claustros delante

 Como vimos en el capítulo referente a la Colegial, el Arzobispo de Toledo, D. Pedro Tenorio, a finales del siglo XIV, visto el escandaloso proceder de los canónigos de la iglesia mayor de Talavera, les ofreció llevar vida reglada, enclaustrándolos en un monasterio que a la sazón fundaría en el actual solar del convento de Santa Catalina, más conocido hoy por los talaveranos como San Prudencio. No fue del agrado de los canónigos la propuesta y el arcipreste de Hita nos describe su descontento en el Libro del Buen Amor.

Foto de Clifford de mediados del siglo XIX donde se aprecia todavía el edificio más meridional del claustro hoy desaparecidodesaparecido

El arzobispo había acompañado su oferta con la donación al futuro convento de numerosas propiedades, entre las que destacaba por su rentabilidad la de tres casas de aceña (molino de rueda vertical) que el arzobispo había heredado de su madre, los llamados molinos de Calbete, que pudieran ser los conocidos más tarde como molinos de Abajo. Al no ser aceptadas las condiciones por los canónigos, se lo propone a los jerónimos y envían para la nueva fundación, la cuarta de esta orden, a doce frailes del monasterio de la Sisla en Toledo que eligen como prior a fray Gonzalo de Olmedo. Se pone el nuevo convento bajo la advocación de Santa Catalina, a la que D. Pedro Tenorio tenía gran devoción, heredada la parecer de su madre, pues recordemos que tanto el puente como los molinos y el hospital de Puente del Arzobispo estaban también bajo el patrocinio de esta santa cuyo símbolo, la rueda con la que sufrió martirio, podemos contemplar en el testero de la iglesia, en el escudo de cerámica del monasterio que se encuentra en el Museo Ruiz de Luna y en el dintel de la puerta de entrada de los molinos de Puente del Arzobispo.

Rueda de Santa Catalina en el ábside del monasterio de su mismo nombre

Juan Ortiz Calderón era un caballero talaverano que poseía una gran fortuna; al parecer mató a un alcalde de nuestra ciudad y, desterrado en Portugal, conoció al obispo de Coimbra que entonces no era otro que D. Pedro Tenorio, al cual nombra su albacea testamentario. Entre las muchas propiedades de Juan Ortiz se hallaban las dehesas de Valdemorales, Pompajuela y Castellanos. En esta última, situada en el actual término de Alcaudete, dejó mandado se fundase un monasterio de jerónimos. Tenorio consideró más adecuado, por lo insalubre del terreno y por la insuficiencia de la dote, que la nueva institución se afincara en Talavera y para ello añadió al patrimonio del futuro convento varias paradas de molinos y algunas fincas que había heredado de su madre, Juana Duque, nacida en Talavera. Parte del terreno necesario para la construcción de la iglesia y las dependencias monacales, de muy inferiores proporciones a las actuales, fue cedido por los canónigos de la Colegial y otra parte fue donada por el concejo de la villa, comprando más tarde el monasterio manzanas enteras con diversas donaciones de talaveranos acaudalados.

Escudo de la orden jerónima en el muro sur del templo

El  Monasterio de Santa Catalina tenía por ello gran número de propiedades en toda la comarca, según Ildefonso Fernández, superiores a las de los otros dos grandes cenobios jerónimos, el de Guadalupe y el de El Escorial, ya que fue recibiendo durante siglos numerosas donaciones llegó a ser la mayor potencia económica de la comarca y el primer terrateniente. Estaban bajo su dominio la tercera parte de todos los bienes de instituciones religiosas. Cuando se desamortizó el convento era el décimo propietario de la provincia por la extensión de sus fincas.

Además de las propiedades ya enumeradas se donaron al monasterio grandes fincas como Maricantarillo, al sur de Talavera -cerca de las barrancas del Águila- las fincas de La Alcoba, El Pinar y Torrejón, situadas todas en el ámbito de El Casar de Talavera. Estas últimas posesiones estaban enclavadas en antiguos yacimientos romanos y guardaba por ello el monasterio una magnífica colección de monedas y otros objetos hallados allí. La dehesa de Lientes -junto al arroyo del mismo nombre-, numerosas posadas de colmenas, otras fincas cercanas a Talavera como Las Jarillas y Las Albueras. Propiedades diversas en Espinoso, Piedraescrita y Villar del Pedroso, Brujel, Gamonal, Calera, Fuentelapio y Valdeazores además de innumerables censos, capellanías y memorias que hacían de este monasterio de Santa Catalina una de las instituciones religiosas más ricas de España. Además, regentaban los frailes una botica que abastecía a la comarca, tenerías, lagares, molinos y aceñas del Tajo que tenían una elevada rentabilidad. En el siglo XVIII por ejemplo, llegó a tener hasta diez mil cabezas de ganado lanar.

Pueden todavía encontrarse numerosas superficies que estaban pintadas en los claustros mudéjares deSanta Catalina y hoy ocultas

Pedro Tenorio solamente tenía labrados el claustro alto y bajo con dos órdenes de celdas, sirviendo de iglesia que luego se denominó capilla del capítulo a la cual entraba el pueblo a través de la puerta del Serafín. Por ella también se accedía al cementerio de la Colegial, situado frente a la conocida entonces como calle Empedrada.

Por bula del papa Nicolás V se permite la construcción de un nuevo templo que comienza a edificarse en 1452, en presencia del arzobispo Alonso Carrillo, que se encontraba en Talavera y asistió al acto de “echar los cordeles”.

Detalle de la decoración del ábside de Santa Catalina

En 1455 se procedió a la construcción de una iglesia de mayores proporciones. Según el Conde de Cedillo, en la decoración del retablo intervinieron Juan de Borgoña y Copin de Holanda. Este templo ocupaba el espacio de la nave actual y a mediados del siglo XVI se construyó el crucero y la capilla mayor por bula de Pablo III, con la oposición de la Colegial que entabló un pleito contra el monasterio. Felipe II pernoctaba en el convento siempre que pasaba por Talavera. En 1624 se reconstruyó el cuerpo de la iglesia.

Varios fueron los monjes ilustres de este monasterio, el predicador Fray Alonso de Plasencia, los dos priores historiadores de Talavera, Fray Andrés de Torrejón y Fray Alonso de Ajofrín, y Fray Pedro de los Molinos, llamado así por ser arquitecto e ingeniero hidráulico que diseñó y construyó numerosas obras de aceñas y molinos de Talavera, Puente del Arzobispo y otros lugares de España. Fray Alonso de Oropesa fue su prior en tiempo de los Reyes Católicos. Fue familiar de Fray Hernando de Talavera y General de la Orden Jerónima.

Detalle de la decoración del ábside

También Cedillo nos dice que «durante la Guerra de la Independencia y con motivo de las varias estancias de los franceses en Talavera el convento quedó muy mal parado…el claustro bajo convirtieron en cuadra, la iglesia en depósito de granos, el claustro alto en enfermería, los panteones fueron abiertos, el molino de aceite destruido y las imágenes quemadas».

La decadencia del monasterio comienza en el siglo XVIII y tras varios escándalos de índole sexual y económico, que requieren la presencia de visitadores que inspeccionan las costumbres y la gestión económica de la institución, acaba por cerrarse en 1821 por un decreto de las cortes durante la oleada revolucionaria de Riego. Se abre otra vez en 1823 con la reacción absolutista para cerrarse definitivamente en 1835. Con la desamortización se vende su edificio y propiedades en lotes que se destinan a cuartel, casa de vecindad, fábrica de sedas y cerillas, almacén de paja y hasta circo de caballos.

detalle del muro sur de Santa Catalina

En 1882 vuelven los jesuitas a Talavera y se les dona el edificio para establecer en él la Compañía su Escuela Apostólica de San Jerónimo. En 1903 una comunidad de padres agustinos calzados se instalaron en la parte del edificio que habían ocupado anteriormente los jesuitas y establecieron allí  un colegio.

MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA: DESCRIPCIÓN

 MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA

DESCRIPCIÓN

Puerta llamada de «los Serafines»

 Las primitivas construcciones de esta iglesia, por ser en su mayoría edificadas a finales del siglo XIV e inicios del XV , fueron levantadas en estilo gótico-mudéjar, de ellas apenas nos quedan restos, solamente la conocida como puerta del Serafín, frente a la desembocadura de la calle Empedrada y alguna ventana cegada , como la que se observa en esa misma construcción frente a la torre de la Colegial. Algún otro detalle como la rejería o los canecillos y aleros nos orientan sobre la antiguedad de esta parte del monasterio de Santa Catalina.

Puerta sur de la iglesia del monasterio de Santa catalina

Ya hemos comentado que la misma puerta del Serafín era la que daba acceso al templo primitivo y por ello era necesario entonces pasar por el claustro para acceder al templo. Para remediarlo, en 1452, concede el papa Nicolás V permiso para construir una nueva iglesia cuyo edificio coincide con la nave de la actual. Precisamente el retablo de esta nueva construcción fue estofado por Copin de Holanda y pintado por Juan de Borgoña, aunque hoy ha desaparecido. La nave está cubierta por una bóveda de cañón y a los pies otra bóveda rebajada soporta el coro.

Cúpula de la iglesia de los jerónimos

Los canónigos de la Colegial se opusieron a la nueva edificación, como también se negaron a que se construyera la capilla mayor que, sin embargo, se comenzó a levantar en 1536 con el permiso de Pablo III . Esta parte del monasterio es la más característica del mismo y un elemento característico del paisaje urbano de la antigua Talavera. El padre Sigüenza, en su Historia de la Orden de San Jerónimo, decía: «Por ignorancia o malicia de los oficiales no se ha podido acabar fábrica de harta costa y apariencia, sin fundamentos, de tal suerte que estando casi cerrada la cúpula del cimborrio, se venía toda al suelo, y el mejor medio es deshacerla piedra a piedra.»  No hizo falta llegar a tanto, ya que se llamó a Juan de Herrera que se encontraba entonces construyendo otro monasterio jerónimo,el de El Escorial. Vino a Talavera y consiguió salvar el edificio, aunque quedaron como recuerdo de aquellos percances los antiestéticos machones y contrafuertes de la cara sureste del testero y las fisuras que todavía hoy  se perciben en el mismo.

Retablo de la iglesia de los jerónimos de Santa Catalina

Diferentes avatares históricos hicieron perder a esta iglesia su primitiva grandeza. En la capilla mayor estaban los enterramientos de los señores de Gálvez y Jumela y en el claustro se hicieron sepultar numerosos caballeros y nobles talaveranos. Celebrábanse los oficios «con toda grandeza, puntualidad y magestad que puede encarecerse teniendo siempre capilla de sonoras voces e instrumentos. Los ornamentos son muchos, ricos y costosos. El aderezo de plata es muchísimo»

Detalle de la decoración renacentista del edificio de los jerónimos de Santa Catalina

El acceso actual al templo desde la calle se realiza a través de la portada de piedra de la fachada sur, un tanto vulgar si la comparamos con la grandeza del resto del edificio. En el interior destacaremos la capilla mayor. Los mármoles que la decoraban adornan ahora el altar mayor de la basílica de Ntra Sra del Prado. La cúpula es de grandes proporciones, las pechinas se ornamentan con relieves de los cuatro evangelistas y bajo ellas se sitúan las estatuas de cuatro doctores de la Iglesia. La sacristía es de gran belleza, octogonal y con cúpula toda de piedra, menos decadente que el renaciente estilo del resto de la iglesia. También al siglo XVII pertenece la grandiosa escalera de subida al coro, toda de sillería y suspendida en el vacío. Menos conocida aunque muy curiosa se nos muestra la escalera helicoidal de acceso al exterior de la cúpula, “la giralda”, que se rodea de balaustrada con adorno de pirámides.

Contrafuerte que se construyó por indicación de Juan de Herrera, arquitecto de El Escoria,l para evitar que aumentaran las grietas del edificio

Se mantiene en un estado lamentable el claustro sur, que durante años ha sido casa de vecindad hasta su amenaza de ruina. Se perciben los arcos  gótico-mudéjares ya cegados  y en algunas de pendencias pueden observarse restos de pinturas en los muros, muy similares a otras pequeñas muestras que persisten en la granja jerónima de La Alcoba y Guadalupe.

EXCURSIÓN AL CANTO AMARILLO EN GARCIOTÚM

Al Canto Amarillo

Molino del Saucedoso

Desde Garciotúm nos dirigiremos por la carretera en dirección oeste hasta llegar al arroyo de Las Cañadillas o Saucedoso, que ascenderemos corriente arriba observando los restos de estos curiosos artificios tan numerosos en la Sierra de San Vicente. También pasaremos junto a un puente levantado en el siglo XVII.

Puente sobre el arroyo Saucedoso

Llegaremos a la confluencia con el arroyo del Batán, llamado así por haber movido antiguamente uno de estas máquinas que daban el apresto a las lanas a fuerza de golpearlas con mazos movidos por el agua. Siguiendo su curso pasamos por parajes solitarios con una zona de pequeñas cascadas muy agradable.

Puente de los Pilones

Accedemos así a un camino que cruza sobre el llamado Puente de los Pilones, rústica obra de ingeniería realizada con enormes bloques graníticos. Justo enfrente, hacia el este, se divisa el Cancho Amarillo, gran bloque granítico que los líquenes han teñido de ese color, y que se asienta sobre una pequeña elevación  en un paraje ameno desde el que se contempla una hermosa vista panorámica de la sierra. Se trata del típico lugar con un halo misterioso, con algunos abrigos y cuevecillas y, cómo no, la leyenda de un tesoro, pues cuentan los lugareños que en el siglo pasado escribió un indiano que se había marchado a América al ayuntamiento local, advirtiendo de la existencia de un tesoro enterrado en este paraje, lo que despertó una auténtica fiebre del oro en la zona, y hasta desde  Pelahustán venían amparadas por la noche, gentes que cavaban durante horas con la esperanza de hallar las riquezas que escondía el cerro, aunque nunca las encontraron.

Uno de los enebros monumentales de los parajes que recorreremos

Seguimos hacia el cordel de merinas que desde Pelahustán se dirige hasta Talavera, para tomarlo en dirección noreste. Pero antes, podéis visitar en las cercas de la derecha un enebro monumental y el lugar donde se encuentra “El Calerón” un horno de cal tradicional, o calero. Benito Pérez Galdós hace una referencia a los mármoles de Garciotún en su novela “Angel Guerra”, pues eran explotados antiguamente en esta zona de piedra caliza y se utilizaron en la ornamentación de algunas iglesias de Talavera y su comarca.

Horno de Cal o Calero en Garciotúm

Continuamos nuestro trayecto dejando a la derecha un macizo granítico, Los Costizos, a los que iremos dando la vuelta, y si tenéis tiempo y ganas, os recomiendo que ascendáis a la cumbre por donde indica el plano y allí disfrutéis del panorama y del bosquecillo de enebros, alcornoques y encinas que lo adornan.

Arquitectura popular en el entorno de Garciotúm

Tomaremos para volver el camino de Nuño Gómez, que discurre entre prados, encinares y enebrales. Las rapaces nocturnas y diurnas anidan en los berrocales de todo nuestro recorrido y no será extraño que nos topemos con algunas.

CUANDO TALAVERA ACABABA EN AVENIDA SALVADOR ALLENDE

CUANDO TALAVERA ACABABA EN AVENIDA SALVADOR ALLENDE

Vista parcial de una postal de principios del siglo XX con el caserío en el que sobresalen las torres de conventos e iglesias
Detalle de la anterior. Se ve la confluencia de Antonio Torres y Cristo de la Guía

Hoy la zona entre los Jardines del Prado  y el Parque de la Alameda es una zona ajardinada levemente bajo la que se sitúa un aparcamiento. Durante muchos años se situaron allí las atracciones feriales y antes aún se celebraban mercados de ganado.

Allí desembocaban calles como el Cristo de la Guía o Antonio Torres y se sitúa entre la avenida de Toledo y la esquina donde comienza Ronda del Cañillo.

Foto del plan de En sanche de 1945 con la avenida Salvador Allende y al fondo los pinos de los Arcos del Prado

El único elemento urbano que se situaba entre la línea de fachadas y la plaza de Toros era la antigua ermita de San Joaquín y Santa Ana que se puede ver en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI.

El Prado con la ermita de la Virgen y la ermita de San Joaquín y Santa Ana e primer plano

Hay otras antiguas fotografías en las que se en las típicas casas de dos plantas con balcones de la arquitectura tradicional talaverana y al fondo las torres de los conventos e iglesias de la ciudad. Santa Catalina, la Colegial, la Torre del Reloj,  San Pedro, el convento Jesuita o Palenque con la cúpula todavía en pie etc…

Frente de fachadas en lo que hoy es avenida Salvador Allende en fotografía de principios de siglo

Otras fotos aéreas de los años sesenta nos permiten ver las atracciones feriales o el ganado de la feria, aunque otras de estas fotos las dejaremos para otra entrada.

La esquina Salvador Allende-con Ronda del Cañillo vista desde el sur en foto aérea de los años 60. Al fonde la carpa del Circo junto a los Jardines del Prado
La confluencia de Salvador de Allende y Ronda del Cañillo vista desde el este
Foto aérea en la que se puede ver Salvador allende desde el oeste con los jardines del Prado y a la derecha todavía la Alameda
Vista aérea de los años 60 con la placita en la que acababa Antonio Torres y todavía sin construir el edificio de Ronda del Cañillo esquina a Salvador Allende
Vista aérea de Salvador Allende con la desembocadura de Antonio Torres y Cristo de la Guía. Por delante la explanada del ferial.
Otra vista parcial de Salvador Allende en su tramo norte con las atracciones feriales y a la derecha la confluencia del paseo de los Arqueros
Confluencia de Ronda del Cañillo con Salvador Allende

 

CONOCIENDO GARCIOTÚM

CONOCIENDO GARCIOTÚM

Arquitectura popular en Garciotún

Nuestra excursión comienza hoy en el pequeño pueblo serrano de Garciotúm. El nombre de esta localidad, así como el de las otras dos que vamos a visitar, procede del nombre de los respectivos caballeros abulenses que repoblaron sus términos en la Edad Media, allá por el siglo XI y XII: García Fortún, Nuño Gómez, o un tal Pelayo, en el caso de Pelahustán, que fueron premiados por sus hazañas en la reconquista con el territorio sobre el que luego se asentarían estos tres pueblos de la Sierra de San Vicente. También un paraje con el nombre de “la ermita caída” pudiera sugerirnos en Garciotúm un poblamiento antiguo.

Piedra labrada de origen desconocido que puede para algunos tratarse de una ventana visigoda

Garciotúm fue aldea de Castillo de Bayuela, capital del señorío de Montesclaros, hasta hacerse villa en el año 1670. Antes de hacer la ruta visitaremos la ermita, la pintoresca placita de la iglesia, que es construcción del siglo XV, y un llamativo y original monumento megalítico moderno que se halla junto a la carretera. También daremos una vuelta por sus calles observando su arquitectura popular de mampostería granítica. Siempre tuvo una población reducida pero su entorno está adornado de un encanto natural especial.

Monumento granítico en Garciotún

Sí que existe, sin embargo, una referencia literaria a Garciotún, nada menos que de Benito Pérez Galdós que, en su novela “Angel Guerra”, hace una alusión a «los mármoles de Garciotún», aunque también hay constancia de la utilización de esta piedra en la Colegial talaverana o en la Basílica del Prado de la misma ciudad.

Su término se compone de prados y monte más o menos adehesado cruzando por él la cañada ganadera que desde Pelahustán se dirige hasta Talavera pasando por Castillo de Bayuela. Estas circunstancias han hecho que la actividad económica se halla centrado desde siempre en la ganadería y en la explotación de pequeños huertecillos, algunos frutales y cultivos hoy desaparecidos como los linares y el capullo de seda.

Iglesia parroquial de Garciotún

En el siglo pasado ocurrió una anécdota curiosa cuando un indiano escribió al ayuntamiento contando como él mismo había visto esconder un valioso tesoro en el llamado Cancho Amarillo, paraje curioso y digno de visitar, lleno de abrigos y cuevecillas. Durante una temporada, se despertó la fiebre de los buscatesoros, que acudían armados de pico y pala, incluso de noche en el caso de los vecinos de pueblos cercanos, que intentaban así eludir la vigilancia de los lugareños, celosos guardianes de un tesoro que jamás apareció. El Cancho Amarillo se encuentra próximo al llamado Puente de los Pilones, magnífico ejemplo de ingeniería popular construido con grandes bloques graníticos.

Ermita de la Purísima de Garciotún

Aguas abajo del puente podemos descender a parajes solitarios en una zona de pequeñas cascadas. También son dignos de visitar los molinos del arroyo Saucedoso, que se hallan en un bonito lugar donde también podemos observar el llamado» Puente Romano» de Castillo de Bayuela datado en el siglo XVII. Funcionó también en Garciotúm un horno de cal todavía conservado en el paraje de El Calerón, en cuyas proximidades se hallan magníficos ejemplares de enebro. Antes de partir de Garciotúm visitaremos un curioso y espectacular monumento de granito con inscripciones grabadas y hecho por un particular junto a la carretera. También podemos callejear observando su arquitectura popular serrana.

En próximos capítulos hablaremos de la curiosa fiesta de «la Malena»

FOTOS ANTIGUAS DEL MERCADO DE GANADOS (2)

FOTOS ANTIGUAS DEL MERCADO DE GANADOS ( 2)

Las ovejas en su lugar habitual de exposición entre Salvador Allende y la Plaza de Toros

Un Poco de historia

Es de todos conocida la vinculación de nuestras Tierras de Talavera con el mundo de la ganadería en todos sus aspectos. Su mercado de ganados, con referencias históricas desde el siglo XIII, la abundancia de pastizales, en tierras poco propicias para la agricultura como La Jara y la Sierra de San Vicente; o los pastos ribereños de las numerosas corrientes fluviales que surcan nuestra comarca son algunos de los factores que unieron desde antiguo a sus habitantes con el mundo pecuario.

Pero otra actividad casi olvidada condicionó en gran manera las formas de vida de nuestras gentes vinculándonos al mundo pastoril, y es la importancia que tuvo Talavera como nudo de comunicaciones de esa red de cañadas y cordeles por donde un incesante trasiego de ganados, sobre todo de oveja merina, constituyó desde la Edad Media una de las actividades económicas más importantes de España hasta el siglo XIX, la trashumancia.

Talavera es una ciudad que se formó en torno a un vado del Tajo, antes incluso de que se construyera el puente romano, cruzarían por nuestro río ‘ganados y personas a través de ese tramo del cauce rico en islotes y arenales  más fácilmente vadeable que otros trayectos del Tajo con fondos más profundos y orillas más ásperas. Su situación geográfica en el camino natural que desciende desde el puerto del Pico, aumentó su importancia estratégica junto al hecho de trascurrir también por nuestras tierras otra vía romana que unía Toletum con Emérita Augusta.

Sancho IV concede en 1294 la celebración de una feria ocho días antes de San Andrés y ocho después, para que la villa sea “ más rica, la tierra mejor poblada y sus gentes más honradas”.  En esas ferias el ganado y las mercancías no estaban gravadas con impuestos por lo que la afluencia se fue haciendo cada vez mayor.

En la anterior entrada de fotos antiguas hablamos del antiguo teso de ganados, su situación y la distribución de los distintos tipos de ganado en los distintos espacios.

El ganado ovino se situaba entre la actual calle Salvador Allende y la plaza de Toros, como se ve en la primera de las fotografías.

También hay una serie de fotografías más modernas que las de la entrada anterior donde se ven las vacas en su lugar habitual entre el actual Asilo de Ancianos y la Actual Confederación Hidrográfica del Tajo.

Dos orgullosos propietarios de una vaca delante del asilo de ancianos
Otros dos magníficos ejemplares de vacuno delante del Asilo de Ancianos
Un semental junto a los «Bloques del ayuntamiento!, probablemente en los últimos años que se celebró en mercado en el antguo eso.

Más tarde el mercado de ganados se desplazó hacia el río situándose en lo que hoy día es el parque de la Alameda, mientras que en el entorno de los Jardines del Prado se situaban las atracciones del recinto ferial.

El mercado cuando ya se celebraba en terreno ocupado por el actual parque de la Alameda

En la zona había varios pilones para beber el ganado y tenderetes donde se vendían objetos artesanales relacionados con la ganadería y la agricultura: cencerros, guarnicionería, herramientas etc…

Mercado de ganados en el actual parque de la Alameda con las ovejas en primer plano
Tratante de caballerías en el mercado de ganados de la Alameda
Tratos en el mercado de ganados
Tratos de vacuno en el mercado de ganados de Talavera

FOTOS ANTIGUAS DEL MERCADO DE GANADOS (1)

FOTOS ANTIGUAS DEL MERCADO DE GANADOS (1)

Postal de Ruiz de Luna con el mercado de ganados en los primeros años del siglo XX. Al fondo el convento de la Trinidad que luego fue fábrica de harinas

Traemos hoy las fotos más antiguas del mercado de ganados de Talavera, cuando a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX se celebraba en el teso situado en la zona que hoy estaría comprendida entre la calle Muñoz Urra y la actual Salvador Allende hasta la ermita del Prado sin entrar en el parque.

Teso desde la Trinidad hasta la zona de la Confederación Hidrográfica del Tajo, a la izquierda los jardines del Prdo y la carreera de Madrid
Curioso potro de herrar cubierto por un tejadillo en detalle de la postal anterior de Ruiz de Luna

El ganado caballar de tiro y asnal se situaba en la zona cercana a la tapia del huerto del monasterio de la Trinidad. El vacuno a continuación, en la zona del Humilladero, conocida así por haber habido uno de estos elementos religiosos, hasta lo que hoy es la delegación de la Confederación Hidrográfico del Tajo.  Los cerdos se situaban junto a la orilla del río. Las ovejas se colocaban desde Salvador Allende hasta la plaza de Toros, aunque esa zona la veremos en otro capítulo. El ganado caballar de monta se situaba en las verjas del Prado.

El mercado de ganados en la zona de ganado caballar cercano al Humilladero Se ven algunas casetas que daban servicio de comidas y bebidas a ganaderos y trashumantes
Un gran olmo da sombra a tratantes y ganaderos de caballar junto a la tapia del convento de la Trinidad

La primera de las fotografías es la mitad de una postal panorámica que nos muestra la zona ocupada como hemos dicho por el ganado caballar y vacuno.

Los ganados debían llegar al mercado sin entrar en el casco urbano discurriendo por la ronda del Cañillo al sur o la cañada de la sierra y la calle Carretas al norte. Se permitía la construcción de casetas para servir comida y bebida a los concurrentes pero debían hlevantarse con ciertas medidas de seguridad que vigilaba el ayuntamiento y también había una serie de posadas del Prado en lo que hoy es la acera oeste de Salvador Allende.

Detalle de ganaderos con su tradicional vestimenta, sus blusas y monteras con la vara.

Los comerciantes de productos ganaderos y herramientas y objetos artesanales colocaban sus tenderetes en la acera entre la actual iglesia de San Francisco y la «Tropical».

Postal de Camino que retrata el mercado de ganados en la misma zona
Zagalillos con un rebaño de cabras. También es de destacar el vestuario de la época con el hombre de montera, chaleco y blusó,y la mujer con pañuelo y guardapies

 

SUBIMOS AL CERRO DEL CASTILLO EN BAYUELA

SUBIMOS AL CERRO DEL CASTILLO EN BAYUELA

Cerro del Castillo con la torre medieval en la cumbre

Preguntamos en el pueblo por el camino de “la Madalena”, que nos subirá hasta el antiguo emplazamiento medieval de este pueblo, “el castillo”. Pasamos por una vieja fuente restaurada y llegamos al lugar de donde parte la vaguada por la que asciende el camino, entre las dos elevaciones principales del cerro del Castillo.

La iglesia medieval en ruinas en el cerro del Castillo

En la cumbre occidental se encuentra el antiguo pueblo amurallado medieval,  que a su vez se sitúa sobre los restos del viejo castro vettón. Podemos visitar la arruinada iglesia que mantiene su aspecto fortificado medieval en la torre, la portada de aires mudéjares y restos de sepulturas.

Portada mudéjar de la iglesia del Castillo

Desde aquí podemos acercarnos a una pequeña elevación al sudoeste que también presenta restos de murallas, aunque más toscas, pues este otro yacimiento está datado hace unos cuatro mil quinientos años, en la Edad del Cobre. Entre ambos cerretes se encuentra una zona con alcornoques y grandes rocas en las que no sería extraño que veamos algún ejemplar de búho real.

Paraje en el Cero del Castillo

La elevación oriental cuenta con restos de una necrópolis visigoda y con una vegetación entre los bloques graníticos de cornicabras, encinas, enebros y alcornoques, además de contar también con una magnífica vista panorámica sobre el valle del Alberche al sur y la Sierra de San Vicente al norte.

Muralla del castro del cerro del Castillo

Descendemos hacia el norte por un agradable camino que va hasta la carretera, que a su vez nos llevará de vuelta hasta el pueblo, aunque los aficionados a la escalada pueden practicarla en unas vías abiertas en el cerro Garrido, situado al noroeste del cerro del Castillo.

Vista de prados y encinares desde el cerro del Castillo

 Recorrido aproximado 6 kilómetros. Entre 2 y 3 horas, según nos detengamos en los yacimientos arqueológicos

Camino de ascenso al cerro del Castillo

UN PASEO POR BAYUELA

UN PASEO POR BAYUELA

Vista de Castillo de Bayuela con el cerro del Castillo detrás en el que se alza la torre de la iglesia medieval

Castillo de Bayuela es la capital histórica de la vertiente sur de la Sierra de San Vicente. Fue villa por privilegio de Enrique III y antes tierra de Ávila. Perteneció al marquesado de Montesclaros y su condición de villa la atestigua su rollo o picota, la más monumental de nuestro territorio que el conde de Cedillo describe diciendo que  “es esbelto y elegante. Sobre una gradería de cinco escalones se levanta una columna toscana cuyo capitel sustenta a cuatro salientes animales. Síguese un tallo con dos escudos en que campan los conocidos blasones de los Mendoza y termina el monumento con un farol o templete compuesto de cuatro columnillas y la cubierta graciosamente adornada con pináculos.

Detalle del rollo jurisdiccional de Castillo de Bayuela

 

Es obra de principios del siglo XVI”. La palabra “bayuela”, unos lo relacionan con los bayales o linares cultivados en la zona y otros la hacen derivar de “Valle de Alá”. Cuando los pobladores medievales bajan del cerro se asientan en un lugar llamado “Pajares”, absorbido luego por el caserío actual.

Verracos de Castillo de Bayuela

Existen numerosos restos arqueológicos en el entorno que nos hablan del poblamiento de la zona desde el paleolítico. Muy cerca de la plaza se pueden ver dos verracos de granito que nos demuestran la presencia del pueblo celta de los vettones, que habitaban estas tierras antes de la llegada de los romanos, dos mil años atrás. La mayor de estas esculturas zoomorfas fue bajada desde el cerro del castillo por los quintos en el año treinta y seis. Aunque no es bien conocido su significado, se ha especulado sobre su función protectora de los ganados, una especie de grandes amuletos benefactores, aunque otros han querido explicar su presencia como señalización de pastos o abrevaderos. Fueron reutilizados ya en época romana como monumentos funerarios.

Iglesia de Castillo de Bayuela

Tampoco debemos dejar de visitar la iglesia parroquial renacentista por el magnífico retablo de cerámica de Ruiz de Luna, una de las obras cumbre de este gran artista que recuperó a principios del siglo XX la artesanía más emblemática de la comarca. También es de destacar la azulejería del presbiterio que representa los santos de la diócesis de Ávila, a la que perteneció la sierra de san Vicente hasta los años cincuenta. El templo es todo de mampostería y sillería reforzada con contrafuertes. La torre campanario es de planta cuadrada y con la sencillez y el aspecto sobrio y compacto de tantas iglesias de la Sierra de San Vicente. La cornisa está adornada con perlas y la portada meridional es la más monumental, con dos pilastras dóricas estriadas y un entablamento que cercan un arco de medio punto sobre el que se encuentra una hornacina.

Detalle de la portada de la iglesia de Bayuela
Remate del magnífico retablo de Ruiz de Luna en la iglesia de Castillo de Bayuela

Son de destacar también algunos rincones de arquitectura tradicional entre cuyas peculiaridades debemos señalar las bonitas porteras repartidas por cercas y prados, los aparejos de mampostería granítica y los “boquerones”, pequeñas puertecillas elevadas para guardar la paja en los doblados, pues no en vano se dice en la comarca: Los de Bayuela pajariegos, que toda la paja encierran, y un año que no la cerraron se murieron las becerras.

Puerta en la arquitectura popular de Bayuela

Entre las fiestas debemos señalar sus festejos taurinos con encierros en verano, la fiesta de San Blas en la que se presenta a los niños al santo para que los proteja de las enfermedades de la garganta y las fiestas patronales de san Andrés.

Son famosos sus embutidos y es un pueblo con amor a sus tradiciones y a su cultura popular. Aquí se encuentra un centro de interpretación de la cultura y la naturaleza de la Sierra de San Vicente.

Portera tradicional en Castillo de Bayuela

Otros elementos de interés son los molinos del arroyo Saucedoso y el cercano puente de los Molinos, datado en 1607, a los que nos acercaremos en la ruta del “Cancho Amarillo”.

ESTANCIAS REALES EN TALAVERA (y 2)

ESTANCIAS REALES EN TALAVERA (y 2)

Escudo de los Reyes Católicos que actualmente se halla en la Basílica del Prado y que se trajo aquí desde la cárcel de la Santa Hermandad real y Vieja de Talavera en la puerta de Zamora

También camino de Guadalupe y de Andalucía visitan Talavera en varias ocasiones los Reyes Católicos. Estos y otros monarcas solían en general tomar el camino viejo de Guadalupe, por Puente del Arzobispo, Villar del Pedroso, Puerto de Arrebatacapas y Hospital del Obispo. Durante una de las estancias llegan cartas de unos moros de Granada de la tribu de los abencerrajes que querían hacerse cristianos. Según algunos, viajaron a Talavera donde fueron bautizados.

Vista la magnificencia de las fiestas de Mondas en Talavera, quieren los reyes que los fondos que se obtienen en la ermita y en las corridas de toros pasen a engrosar los fondos destinados a la guerra de Granada pero se opone fray Hernando de Talavera aduciendo que esas cantidades están destinadas al culto de la Virgen.

Los problemas sucesorios de los comienzos del reinado de Isabel hace que pase hacia Extremadura en varias ocasiones para conocer la situación y establecer las alianzas necesarias. Durante una de sus estancias, la reina ordenó que se embargaran las rentas del arzobispo de Toledo y un capitán de su confianza tomó Talavera por la noche para evitar que la ciudad, que estaba bajo el señorío de los arzobispos toledanos, se pasara al campo enemigo. En la primavera de 1477 pasa la reina camino de Guadalupe. Los dos monarcas vuelven en el otoño de 1482 a la ida y a la vuelta de otro viaje a Guadalupe, monasterio donde construyeron un palacio que la reina denominaba “mi paraíso”.

Palacio de los Condes de la Oliva, donde se alojaron algunos reyes de paso por nuestra ciudad

Vuelven en la primavera de 1502 para recibir a su hija Juana y a su marido Felipe el Hermoso con los que se encuentran en Cebolla. Felipe duerme en Talavera ese mismo verano y el rey Fernando vuelve a pasar por aquí camino de Andalucía para supervisar la armada.

Durante otra de las estancias de la reina en Talavera intentan llevarse el Santísimo de la iglesia de la Trinidad, que entonces se encontraba a las afueras de la villa y un tanto aislada. Como quiera que en el barrio hay gran número de residentes mudéjares y judíos, doña Isabel, pensando en protegerlo, pide a los escribanos de la villa que velan el Santísimo en la iglesia de Santiago, que lo hagan a partir de entonces en la del monasterio de la Trinidad para darle más seguridad.

Fernando el Católico pasa también, ya viudo de doña Isabel por Talavera camino de Andalucía donde va a pasar revista a la flota. En su último viaje ya en 1515 descansa don Fernando en Talavera antes de viajar a Extremadura donde muere en el pueblecito de Madrigalejo, según algunos a causa de un brebaje compuesto de testículos de toro y ciertas hierbas con el que sus médicos intentaban aumentar su potencia sexual.

El emperador Carlos I pasó y pernoctó en varias ocasiones en Talavera, también camino de Extremadura y Guadalupe, de donde volvió atravesando la Jara hoy adscrita a la comunidad extremeña, por el pueblo jareño de Garvín donde parece que fue huésped de la familia Duque de Estrada, en la torre que allí poseían.

Felipe II consideró a la ermita de la Virgen del Prado como la «Reina de las ermitas»

Felipe II pasa en varias ocasiones por Talavera y durante todas ellas se hospeda en el monasterio de los jerónimos, su orden predilecta. Como su padre y sus abuelos, va de paso para Guadalupe donde en 1570 agradecerá a la Virgen de Las Villuercas su victoria sobre los moriscos sublevados. Seis años más tarde se reúne en el monasterio con su sobrino el rey de Portugal don Sebastián, que le intenta convencer de que se sume a su empresa en África en la que acabará perdiendo la vida.

También pasa el rey Prudente hacia Portugal con su cuarta esposa Ana de Austria, precisamente a tomar posesión del reino de Portugal que le correspondía por herencia dinástica a la muerte de su sobrino. La reina morirá en Badajoz y su cadáver volverá a pasar por Talavera camino de Madrid, como sucedió con los restos de la hija de Juana la Loca, doña Leonor, casada con Francisco I de Francia y muerta en Talavera la Real.

Panel de azulejos que representa el escudo real de Carlos II, pues el el monarca en la fecha que aparece de 1674. No sería por tanto como se ha dicho en ocasiones el de Felipe V que visitó el alfar de Mansilla

María Luisa de Saboya acude a esperar a su esposo Felipe V a la vuelta de sus campañas victoriosas en Portugal durante la Guerra de Sucesión. La reina visita el alfar de Mansilla quien la agasaja tan generosamente que le hace hidalgo. La situación bélica hace que el rey pernocte en Talavera en otras ocasiones. Con su segunda esposa y acompañado del que sería Fernando VI pasa años más tarde para que el infante contraiga matrimonio con la princesa portuguesa doña Bárbara de Braganza. El matrimonio es doble pues la infanta María Ana se casará también con el futuro rey de Portugal José I.

También pasa el infante don Luis que luego viviría en Velada y Arenas de San Pedro desterrado de la corte por su hermanastro Carlos III. Años más tarde María Ana reina viuda de Portugal volvería a pasar por Talavera a visitar a su hermano Carlos.

También pasa Carlos IV por Talavera camino de la guerra con Portugal y en otra ocasión para cazar en Arenas de San Pedro visitando el palacio de Velada, donde vivió su tío el infante don Luis.

Fernando VII desterró a Portugal a su hermano don Carlos que pasó de camino también por Talavera. aunque se prohibió que se les hicieran agasajos.

Palacio de Villatoya donde pernoctaron algunos de los monarcas de paso porTalavera

Los reyes suelen dormir a su paso en los monasterios o en las casas y palacios de los nobles como las de los condes de la Oliva, los marqueses de Villatoya o en las casas de don Manuel Cerdán. Se les salía a recibir al paraje del Olivón, un gran árbol situado junto al arroyo Cordera. Cuando venían de Portugal se les recibía en el arroyo de Bárrago. Corridas de toros, arcos florales, trucos de tramoya, fuegos artificiales, cañas y torneos danzas, misas solemnes y besamanos son los actos más frecuentes que se realizan en honor de los reyes. Esto supone además otros gastos que debe hacer el Concejo para arreglar los caminos y el puente del Alberche

Página Talavera y su Tierra de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies