EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO (1)

EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO

Vista parcial del dibujo de Talavera del siglo XVI de Van der Wingaerde en el que se observa el tramo del segundo recinto amurallado que recorremos. Con la flecha roja, la torre del Polvorín con una estructura diferente a la actua y con un puentecito que cruzaba el Papacochinos junto a ella. Con la flecha amarilla la hoy desaparecida Puerta de Toledo. Con flechas verdes otras torres que hoy no existen.

 Aunque el segundo y el tercer recinto amurallados de Talavera son de más moderna ejecución, su erección venía condicionada en mayor medida por el concepto medieval de ciudad que por verdaderas necesidades de seguridad militar, de ahí que los materiales empleados en los lienzos de la muralla fueran de menor calidad y que solamente las puertas se construyeran con algo más de perdurabilidad. Las referencias históricas hablan casi siempre de que estos recintos se levantaron en “tapiería”, es decir en tapial de barro que, al descuidarse en su conservación, es víctima fácil de las inclemencias climatológicas y la erosión del tiempo. La cercanía del arroyo de la Portiña a tan endebles estructuras fue otro factor de ruina que se unió a la expansión de la ciudad y al escaso cuidado con el patrimonio que se ha tenido en Talavera tradicionalmente.

La puerta de Sevilla en una postal de los años setenta

El segundo recinto comenzaba su trazado también tangencialmente al alcázar, justo al final de la calle Carnicerías. Todavía se conserva una de sus puertas, la de Sevilla que, como en el caso de las puertas de Mérida, Toledo o Zamora, su nombre indicaba la ciudad principal en cuya dirección se encaminaban los viajeros que salían desde Talavera por una puerta determinada. A la recíproca, en ciudades como Plasencia o Córdoba existieron puertas llamadas “de Talavera” porque a través de ellas se dirigían los viajeros hacia nuestra ciudad. La puerta de Sevilla es muy sencilla, con un arco de medio punto construido en ladrillo con merlones sobre él y con las armas e inscripción muy deterioradas del cardenal Quiroga, arzobispo de Toledo que la manda edificar en 1579.

La puerta de Sevilla antes en los años 60

La muralla seguía la Ronda del Cañillo y todavía se observan algunos restos de los muros y de pequeñas torres redondas en el lienzo previo a la conocida como Torre del Polvorín, actual oficina de información turística. En su muro oriental se puede observar, formando parte del paramento, la conocida como Cabeza del Moro que da nombre a la calle y que no es otra cosa que la cabeza de un verraco céltico de la cultura vettona cuyo cuerpo forma parte de la estructura de la torre.

Torre del polvorín habitada en una foto antigua donde, en la base a la izquierda, se observa la «cabeza del Moro» que es un verraco vettón. El muro de tapial de la derecha, sobre mampostería granítica pudiera ser parte de la muralla antigua que en muchos tramos era construcción precaria de barro

El recorrido de este segundo recinto subía por la calle de Cabeza del Moro hasta llegar a la Puerta del Sol, donde desembocaba la calle del mismo nombre y cuya denominación no tiene otro origen que el hecho de hallarse orientada hacia el saliente.

Puerta del Río /22), y Puerta de Sevilla (28) y torre del Polvorín (20) con el arroyo Papacochinos sobre el que pasan dos puentes, en un dibujo de la historia de Talavera de la Biblioteca Regional

Seguimos el trazado hasta llegar a la Cañada de Alfares y allí, sobre la desembocadura en la misma de la actual calle de San Francisco, se encontraba, hasta su demolición en 1861, la puerta de Toledo que describiremos en la próxima entrada.

La torre del Polvorín en la actualidad. La flecha señala la base de mampostería de la muralla, aunque muy reconstruido

POR EL GUADYERBAS Y SOTILLO DE LAS PALOMAS

CAÑADA LEONESA ORIENTAL V

POR EL GUADYERBAS Y SOTILLO DE LAS PALOMAS

Recorrido aproximado 11 kilómetros, tres horas

La Cañada Leonesa Oriental por Sotillo y el Guadyerbas

Ya repuestos, volvemos a la cañada siguiéndola a pie. El tramo siguiente es uno de los pocos de la cañada que venimos recorriendo que son intransitables con todoterreno. Llegamos así hasta un agradable lugar situado a las orillas del río Guadyerbas. En este paraje rodeado de fresnos y praderas se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Guadyerbas, hoy convertida en pajar y de la que al menos desde el siglo XIII existen referencias históricas. Siempre tuvo fama la Virgen que acogía de buena intercesora para la lluvia: “Virgen de Guadyerbas, la hierba no nace/ y los corderitos se mueren de hambre/ Virgen de Guadyerbas, la del manto azul/ enviadnos agua para todo el común”, como decían los lugareños en unas coplillas. Es en realidad la iglesia de una antigua aldea hoy despoblada, como sucedió con el también cercano lugar de Parraces, del que cuentan que fue abandonado porque alguien envenenó sus aguas.

Ermita del Guadyerbas cerca de Sotillo

Un kilómetro después, llegaremos al pueblecito de Sotillo de las Palomas, otro lugar que formó parte del señorío de Navamorcuende, hasta que se hizo villa a finales del siglo XVII, aunque no queden restos de los símbolos erigidos en madera para atestiguarlo: “la horca fue colocada en el lugar de Fuente la Viña, en el camino de Marrupe, y la picota  en la plaza pública, frente a la Casa del Concejo”.

Escudo de los Dávila en el cabecero de la iglesia

El origen del  pueblo parece haber sido un palomar construido por un tal Juan Blazquez en la zona de la ermita de Guadyerbas por lo que se conoció como Soto del Palomar el paraje donde más tarde se asentaría. Daremos una vuelta por su caserío observando su arquitectura popular serrana, con las casas de una sola planta de mampostería granítica con los cercos de huecos y ventanas enjalbegados. Muchas de las viviendas tienen patio. Y echaremos un vistazo a su iglesia, que tiene cierto encanto con su espadaña y su portalillo sobre columnas de piedra. En su interior es de destacar el púlpito y un retablo barroco de cierta calidad.

Uno de los fresnos monumentales junto a la ermita de Guadyerbas

Un molino se sitúa en el Guadyerbas y tiene la curiosidad de haber funcionado con una máquina de vapor, aunque cuentan con sorna los mayores del pueblo que si hubiera seguido moliendo habría acabado con toda la leña de las magníficas dehesas que rodean a Sotillo.

Como fiestas de invierno celebran la Candelaria y San Sebastián, con el tradicional encendido del “chozo” por los quintos.

Desde aquí todo el cordel es transitable en vehículo hasta Velada, aunque en este primer tramo, si lo deseamos, podemos encaramarnos a pie hasta los restos de la medieval atalaya de Torrejón. Para ello deberemos tomar un camino que parte desde la entrada de la finca Carrascosa para llegar a la atalaya y desde allí, una vez hayamos disfrutado de las vistas y la soledad del paraje, descender de nuevo a la cañada por la cara occidental del cerro sobre el que se eleva.

La fiesta de verano en Sotillo se celebra al patrón, Santiago

El trayecto que vamos siguiendo es muy agradable, entre prados y dehesas con el Guadyerbas y sus amenos bosquecillos de ribera paralelos a nuestro recorrido. Nos cruzamos poco después con la carretera de Segurilla a Montesclaros. Cerca pasa el antiguo camino de Los Caleros por el que desde los hornos de Montesclaros se bajaba la cal hasta Talavera para luego comercializarla en la comarca e incluso en Madrid, ciudad que también tiene esculpidas con la piedra caliza de Montesclaros las esculturas de Neptuno y la Cibeles Hasta la capital llegaron los grandes bloques de piedra que por el cauce del Guadyerbas se llevaron a Velada y luego a Talavera y Madrid, donde los labraron para hacer las esculturas. El ayuntamiento de Montesclaros donó hace unos años al de Madrid la piedra necesaria para la restauración de una mano de la Cibeles después de haber sufrido atentados vandálicos de los forofos futboleros.

Arquitectura popular en Sotillo de las Palomas

A la izquierda de la cañada vamos viendo las elevaciones de El Berrocal, con su espeso bosque mediterráneo, más adehesado a la otra orilla del Guadyerbas, río al que podemos también descender por algún camino trasversal para disfrutar de sus hermosos bosques de ribera. Vamos llegando así al baldío de Velada famoso por la producción de sandías y carillas.

Gredos al fondo del valle del Guadyerbas por donde discurre la cañada

FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

Escena taurina en cerámica de Talavera del siglo XVII-XVIII

Jose Facundo de Vanga, Facundín, torero que había lidiado con notable éxito en Talavera en las últimas fiestas de Nuestra Señora del Prado, salió de Madrid en su caballo el miércoles tres de enero de 1748 muy de mañana. Chupeta (1) de tapiz de colores, vaquetilla (2) acanelada, calzones de terciopelo negro, medias y camisola blancas, capa parda, pañuelo blanco al cuello, montera de terciopelo negro forrada de pieles blancas, espada de media talla al cinto y ninguna otra arma porque, aunque tiene suya una escopeta, hace dos meses que la tiene a componer en la villa de Brunete porque se le torció en una caída del caballo. Le acompañan José Rodríguez, alias Faldillas, de profesión carnicero, por ser su pariente, y José Alvarez, empedrador, por venirse a pasear y acompañarle.

El motivo del viaje es entregar a don Francisco, boticario de Cebolla, un caballo de cinco años, pelo negro y con un poco de blanco en la frente que Facundín le había vendido y ajustado en trato por once doblones. Ya de paso, querían acercarse desde aquel pueblo a Talavera para llevar unos encargos que de la villa le habían hecho, concretamente una zalea (3) de pellejo con lana que le tenía encargada desde hacía tiempo don José Arellano, un sombrero de Salamanca para el mesonero Pedro Pérez y una caja de turrón de Madrid con que pretendía obsequiar a sus amigos de Talavera.

Aquel día comieron nuestros viajeros en la villa de El Álamo y durmieron en la de Casarrubios, en la posada que estaba en la plaza, frente a la botica. Al día siguiente, almorzaron de camino en la villa de Portillo en casa de El Torero, compañero de oficio de Facundín, que en el pueblo tenía una tienda de ultramarinos. De allí pasa a Santa Olalla donde pretenden visitar a otro colega de nombre Alfonso Pérez, más conocido como El Cortador de Maqueda (4), pero en esos momentos se encuentra preso en la cárcel de Toledo y no precisamente por temas taurinos. En su casa comen en compañía del cebollano don Blas de Mora con quien se dirigen después en amena conversación hasta Cebolla.

Entregado y cobrado el caballo que traían para don Francisco, pasan la noche en la posada de El Perdigón, situada en la plaza mayor del pueblo. A las tres de la tarde del día siguiente entraban nuestros protagonistas en una de las más concurridas posadas de Talavera, situada en las inmediaciones del Prado y regentada por Pedro Pérez y su mujer Juliana. En ella paraban habitualmente cuando venían a Talavera.

Toro representado en cerámica de Talavera

No sería más de media tarde, cuando el torero, durante un tranquilo paseo por la villa, conversaba con el zapatero Juan Vizente cerca de la plaza del Comercio (5). Allí, de repente, los cuadrilleros de la Santa Hermandad se le echan encima, le rodean y detienen, siendo conducido de inmediato a la cárcel de Roque Amador. Sus compañeros corren la misma suerte al ser presos mientras jugaban a las cañas en el mesón despreocupados. La Santa Hermandad había esperado pacientemente durante más de dos meses para apresarles. Todo indicaba que nuestros personajes coincidían en sus señas con tres salteadores que en el camino de Guadalupe habían robado a unos vecinos de Valdeverdeja. Juan Bravo, Tomas Vazquez y Manuel Igual iban de camino hacia Alía y Castilblanco a primera hora de la mañana del día nueve de diciembre de 1747. Querían vender madera y castañas y comprar trigo pero, al pasar por el sitio que llaman los Guadarranques, como a una legua del Puerto de San Vicente, salieron a ellos tres hombres embozados, dos a caballo y otro a pie. Uno de ellos de bastante estatura, zerrado de barva, con una montera a lo valenciano, capo de paño obscuro, quasi negro, con una espada o cuchillo largo al cinto y montando un caballo negro. Otro era mediado de talla, con capotillo oscuro y caballo bermejo que tenía una estrella y raia blanca toda la frente abajo hasta el hocico. El de a pie, un hombrecillo pequeño con capa parda, vestido de paño y zapatos blancos con hebillas.

-¡Deténganse! -les gritó el más alto.

Los dos de a caballo les amenazaban con las escopetas en la mano. Sin desmontar dieron orden a su compinche para que les atase, lo que efectuó rápidamente sacando de la faltriquera tres cordeles.

Una vez amarrados registran minuciosamente a las víctimas, quitándoles trescientos reales que llevaban para emplear en el trigo, además de una manta, una cincha, dos tarros con pimientos y dos costales de jerga de Don Benito(6), uno rayado de negro y otro con el nombre de Manuel Igual. Denunciado el hecho a la Santa Hermandad, empiezan de inmediato las pesquisas.

En el puente delos Guadarranques se producían numerosos asaltos a viajeros a Guadalupe

Las primeras pistas las encuentran los comisarios en la Villafrancade la Puente del Arzobispo. Los vecinos han visto pasar a unos transeúntes muy parecidos a los que describen los asaltados, cabalgando en derechura a la villa de Talavera. Ya en ella, se confirma que se han hospedado en el mesón que esta junto al Prado. No cabe duda acerca de su identidad: son Facundín el torero y sus amigos.

Aunque los encausados niegan los hechos con empecinamiento, las averiguaciones confirman lo sucedido, llegando incluso más lejos, pues de los informes que envía la Santa Hermandad al Tribunal de la Villa y Corte de Madrid, solicitando información sobre los antecedentes de los encartados, se deduce que nuestros bandoleros toreros han realizado reiterados salteamientos en el contorno de la capital, concretamente en el término de Brunete, donde los testimonios y descripciones tomados por la Justicia encajan a la perfección con la banda de Facundín.

Este nuevo giro de la situación hace que el tribunal de la capital reclame a los reos y la causa, pues tenemos que tener en cuenta que el primer delito conocido se comete dentro del ámbito jurisdiccional de aquel tribunal que se extendía cinco leguas en el contorno dc la capital. La Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, aunque es la que resuelve el caso, se inhibe. Facundín, Faldillas y el Empedrador son conducidos en cuerda de presos desde Talavera a Madrid.

  • Prenda de vestir con mangas ajustadas que cubría el cuerpo, tenía una faldilla pequeña

dividida en cuatro partes de arriba abajo. -»

(2) Cuero o piel de buey o vaca curtido.

(3) Piel dc oveja o carnero curtida con su lana. Se emplea bien como alfombra, forro de

zapatillas o para confeccionar prendas de abrigo.

(4) Persona que se dedica a cortar vestidos o calzado.

(5) Actualmente Plaza del Reloj.

(6) Tela de lana gruesa y tosca cuyo tejido forma rayas diagonales.

ARQUITECTURA POPULAR XII, LA CAMPANA DE OROPESA

ARQUITECTURA POPULAR XII

LA CAMPANA DE OROPESA

Arquitectura de adobe y tapial de Alañizo

La tercera subcomarca con características propias en cuanto a arquitectura vernácula es la de la Campana de Oropesa. Casi todos sus núcleos urbanos se encuentran en las proximidades de las afloraciones graníticas que dominan las llanuras del Campo Arañuelo por lo que, en mayor o menor proporción se utiliza el granito como material de construcción. También está muy extendida la utilización del adobe y del tapial, principalmente en los pueblos más alejados de la piedra como Alcañizo, el ladrillo es poco utilizado en esta zona.

Casa de la Hidalga en Calzada de Oropesa

Al ser estas tierras las más occidentales, deja ver su arquitectura la influencia de Extremadura, Calzada de Oropesa es el ejemplo más evidente. Allí podemos observar portadas de piedra, algunas blasonadas, que dan paso a un zaguán de distribución al estilo extremeño, son más frecuentes las grandes chimeneas y se generaliza el enjalbegado exterior de las viviendas. Es de destacar el barrio noroeste con pequeñas casitas de adobes muy modestas. Tuvo también Calzada un pequeño núcleo de clase más acomodada que ha dejado algunos hermosos ejemplares de casonas señoriales como la Casa de la Hidalga o la Casa de los de la Llave, por ejemplo.

Puertas carreteras de granito labrado típicas de Herreruela, Caleruela o Lagartera

En Herreruela encontramos también algunas peculiaridades como son las grandes portadas de puertas carreteras, enmarcadas con jambas y dinteles de piedra labrada de una sola pieza. Llevan un tejadillo protector y en muchos casos dan paso a agradables patios enlosados previos a la vivienda. Otra característica de este pueblo que también veremos en Lagartera es la presencia de balconadas en doblado que se forman al dejar sin cerrar una parte de las trojes y que son conocidas como solanos o solanas, que en muchas ocasiones se encuentran cerradas con cristaleras y servían para que las mujeres se dedicaran cómodamente a sus tradicionales labores de bordado.

Balconada en Lagartera

Otra característica más utilitaria de esta localidad es la presencia al sur de la población de numerosas zahurdas con una casita y un corral donde se criaba fundamentalmente cerdo ibérico, pero lo que quizá sea más distintivo de Herreruela es la presencia en muchas edificaciones populares de tres y hasta cuatro alturas contando con una especie de, semisótano en algunas casas.

La arquitectura de Caleruela es muy similar a la de Herreruela. En Lagartera es mucho más abundante la piedra. El adobe se utiliza casi exclusivamente en doblados y construcciones complementarias. Son típicos de Lagartera los portales de entrada o zaguanes donde exponen las casas los mejores platos de cerámica del ajuar y las labores famosas del lugar. Como en Herreruela, hay grandes portadas y muchas casas donde, en lugar de accederse por el portal, se entra por un patio decorado con flores, cerámica, etc. al más puro estilo sureño. Además de los balcones del tipo que hemos descrito en Herreruela, que dan en Lagartera algunas balconadas que nos sugieren la influencia con esta comarca de culturas serranas a través de la repoblación abulense de la Edad Media. El granito se utiliza en mampostería ripiada, con sillería en vanos y esquinazos, y algunos relieves de motivos religiosos en les dinteles.

Adobe y tapial sobre mampostería granítica en Caleruela

La arquitectura rústica es menos abundante aquí que en las comarcas serranas de La Jara o de la sierra de San Vicente ya que en este caso las poblaciones se encuentran más cercanas concentrando a los habitantes en torno a ellas y con núcleos de población dispersa solo en las grandes dehesas donde se encuentran las casillas de los guardas, peones y tractoristas. En ocasiones estas dehesas tienen auténticos palacios de los propietarios de las mismas, en algunos casos vinculados antiguamente a los Álvarez de Toledo, señores de Oropesa. Muchos de estos caseríos de las dehesas fueron antiguamente casi pequeñas poblaciones con su tejar. su herrería, su lagar, su horno para el pan etc.

Son típicos los patios enlosados con su pozo en la Campana de Oropesa

Esta comarca se encuentra surcada por numerosas cañadas y cordeles de ganados que atraviesan grandes distancias donde no había, entre Gredos y los núcleos de población de la Campana de Oropesa, ninguna posibilidad de refugio para viajeros y trashumantes, por ello. unas construcciones qua aparecieron en relación con las cañadas fueron las ventas. Tenían éstas una zona dc alojamiento para las bestias, horno de pan y alguna fuente cercana. En tomo a ellas se fueron agrupando pequeñas poblaciones como es cl caso de La Corchuela y Ventas de San Julián que como vemos, lleva en el nombre su origen hostelero.

Otras construcciones típicas do la comarca son las casillas de hortelano que aparecen a lo largo de las escasas corrientes de agua que la surcan. Es el caso de la zona de Las Vegas en término de Calzada; suelen ser pequeñas casillas de adobe para almacenar aperos y una cocinilla que sirve de alojamiento.

Llaveras típicas de la Campana de Oropesa, obra en su mayoría de la familia Igual

En esta zona es algo más abundante la rejería ya que hubo cierta tradición de herrería en Caleruela y también en Herreruela, como su propio nombre indica. Quedan algunos ejemplares de rejas exentas no carceleras como hemos visto hasta ahora, con alguna ornamentación discreta sin salirse de la sobriedad castellana. En Caleruela y Alcolea se asentaron algunos herreros de la familia Igual a los que pertenecen los curiosos diseños de llaveras y llamadores que podemos observar en muchas de las puertas de estos pueblos.

En la comarca que estamos describiendo es escasa la arquitectura protoindustrial ya que al no haber grandes corrientes de agua, existen pocos molinos o artilugios hidráulicos, es de destacar sin embargo la existencia de los restos del molino de viento más occidental de la provincia, el de Torralba de Oropesa y un impresionante edificio situado en el Tiétar conocido como “las máquinas de Monteagudo”, y qua no es otra cosa que una antigua fábrica de harinas de finales del pasado siglo movida por una turbina hidráulica.

La propia Oropesa participa de todas estas características generales, pqro conserva menos elementos de arquitectura popular,

Seguiremos con La Campana y las Villas en la próxima entrada.

LAS PUERTAS DE LA MURALLA DEL PRIMER RECINTO

LAS PUERTAS DE LA MURALLA DEL PRIMER RECINTO

Dibujo sobre fotografía del siglo XIX. Se observa sobre el arco la imagen gótica de la Virgen que se ve adosada a uno de los muros de la ermita del Prado

Nos ocuparemos ahora de las puertas que daban acceso a  este primer recinto murado. Comenzaremos por la que fue la más monumental de todas ellas, la puerta de San Pedro, que todavía hoy da nombre a la calle en la que se situaba. Fue derribada en 1885 y se apoyaba en la antigua muralla árabe aunque modificada y agrandada en varias ocasiones. De una de estas reconstrucciones tenemos referencias, concretamente de la reforma que realizó el Cardenal D. Pedro González de Mendoza, cuyo escudo aparecía sobre la puerta que, además, estaba dotada de rastrillo para asegurar el acceso. El padre Fita refiere que había en esta puerta una inscripción que decía: «Esta puerta mandó alçar el cardenal nuestro Señor el año de MCCCCXCIIII años, siendo corregidor el comendador Juan de Horosco». Su estructura declara la época de la reforma ya que en los dibujos que han llegado hasta nosotros se aprecia que la puerta es construcción típica del siglo XV con su arco carpanel y su decoración de bolas con tres pináculos. Sobre el central de ellos se situaba una imagen gótica de la Virgen con doselete, actualmente está adosada a uno de los muros del interior de la Ermita de la Virgen del Prado. También decoraban la puerta algunas pinturas de temas religiosos alusivos a la Eucaristía que, según dice el padre Fita, habrían sido pintadas en el siglo XVI o el XVII: «en la cúspide representa la custodia del sacramento, con varias figuras a los lados y en las gradas inferiores: ya alegóricas como la Fe; ya históricas como Santo Tomás de Aquino, el noble autor del Pange Lingua, ya bíblicas en fin y muy adecuadas, de mayor tamaño que el natural, como David con su arpa y Moisés con el rótulo profético, tomado del Deutoronomio, XVIII, 15».

Arco de San Pedro visto desde la antigua iglesia, luego almacenes Moro y hoy Merkamueble. Es curiosa la galería que ocupaba la parte superior en ambos lados.

En los lienzos de muralla inmediatos, había alguna inscripción epigráfica romana dedicada a Pompeyo. Sobre la cimentación de una de las torres que protegían esta puerta se construyó la antigua torre del Reloj y sobre el arco discurría un pasadizo para dar acceso al relojero. En una casa particular, que tenía a la inmediata torre albarrana formando parte de su estructura, existía todavía en el siglo XVIII una tinaja, cuyo dibujo realizó  Pedro Guerra y que muestra su escritura árabe.

Tinaja árabe hallada en el arco de San Pedro
Puerta de Mérida según grabado de la obra de Laborde en 1809. Recreación en dibujo de Enrique Reaño

Hasta que en 1881 el ayuntamiento de Talavera decide utilizar los sillares de la Puerta de Mérida para la construcción del cementerio actual, se mantuvo en pie  esta entrada de la muralla de la cual solamente queda hoy día parte de la estructura semicircular del torreón norte, el situado junto a la casa de la Panadería, aunque recientes excavaciones han descubierto el trazado original de los muros y torres inmediatos.

Foto donde observamos los escasos restos de la puerta de Mérida antes de su demolición en el siglo XIX

En el grabado de Laborde del siglo pasado, pueden observarse las dos torres semicirculares de construcción musulmana y otra estructura central con dos arcos; entre ambos se sitúa una hornacina y todo el conjunto está sostenido por dos pilares de planta rectangular que tienen aspecto de ser una construcción posterior a la edificación árabe. Al fondo del arco parece observarse un edificio que podría tratarse de la antigua iglesia de San Clemente, aunque la perspectiva estaría un tanto idealizada por el autor,  pues las ruinas actuales de esta antigua iglesia talaverana se encuentran situadas más a la derecha.

Detalle de un dibujo de la historia de Talavera de la Biblioteca Regional del siglo XVIII del siglo donde se representa la Puerta delRío (22) junto a la de Sevilla (28) del segundo recinto

En el sur de la ciudad y dando acceso al puente “romano” se encontraba la Puerta del Río, derribada en 1862 y de la que solamente nos queda como testimonio gráfico el tantas veces referido grabado de Van der Wingaerde, en él aparece este acceso junto a una torre cuadrada, no albarrana y que tiene una mayor altura de la habitual en las torres musulmanas similares del recinto

Puerta del Río y Molinos del primer ojo del puente

Todo el trayecto de la muralla junto al Tajo fue también demoliéndose durante el pasado siglo, hasta no quedar apenas restos de la misma, salvo un  pequeño lienzo, que parece pertenecer a la barbacana, conservado todavía frente a la cuesta de San Clemente. Parte de los lienzos de este tramo sur se encuentran sepultados bajo los escombros que se arrojaron sobre la muralla para poder dar anchura suficiente a la Ronda Sur. Una fotografía de Ruiz de Luna nos muestra los restos de la muralla lamida por el río con un torreón que se introducía en el cauce y que se hallaba junto al postigo de Nazar o de la Victoria.

Muralla ribereña en la zona del lagar y entorno de los jeronimos donde se observa la puerta de Nazar con su torreón

Según Jiménez de Gregorio podría tener este nombre por haber tomado por allí la ciudad los musulmanes en alguno de sus muchos asedios. El torreón de Nazar tiene aspecto de ser más bien el soporte de una rueda de arcaduces, similar a la albolafia de Córdoba, que todavía se conserva, y que servía para elevar el agua a la ciudad con la misma fuerza de la corriente fluvial. Hay constancia de que sobre este torreón tenían los jerónimos situado un artificio para subir agua a una huerta inmediata.

Otro postigo era el de El Águila llamado así probablemente por tener sobre el mismo el escudo de los Reyes Católicos.

La flecha señala el hueco entre la muralla y la plaza de Abastos donde se habría situado la llamada Puerta de las Cebollas

Tres puertas más se abrieron en este primer recinto, pero ya en época  medieval tardía, la Puerta Nueva o de las Cebollas que daba acceso a la villa desde la Corredera y se situaba junto al Palenque. La Puerta de las Pescaderías, en la calle del mismo nombre, también llamada del Alcázar por hallarse en sus inmediaciones, junto al muro norte y dando acceso a la zona del convento de los agustinos. Parece que ambas fueron reformadas en 1579.

En este recorrido por el primer recinto amurallado podemos observar la existencia de postigos o pequeñas entradas de las que la más peculiar, en la zona de la calle Carnicerías, es una entrada acodada para que el ángulo de acceso dificulte la entrada al enemigo. Este elemento parece tener muy pocos paralelos en la arquitectura militar musulmana.

Una de las peculiares puertas de la alcazaba a las que se refiere el texto

LA JARA: LABRANZAS, BALNEARIOS, MOLINOS Y OTROS ELEMENTOS

ARQUITECTURA POPULAR XI

LA JARA: LABRANZAS, BALNEARIOS, MOLINOS Y OTROS ELEMENTOS

Arquitectura popular jareña de Aldeanueva de San Bartolomé

Dentro de las construcciones rústicas, solamente nos queda por referimos en La Jara a las construcciones de mayor envergadura, las labranzas. Se sitúan éstas en las zonas de mayor fertilidad del suelo que son las rañas y los valles bajos de los ríos, corno el Jébalo y el Tajo. Su distribución se suele configurar como una serie de construcciones con diversas funciones, como cuadras, viviendas de los peones, el guarda e incluso de “los amos”, pajares y almacenes, que se sitúan todas ellas en torno de un gran patio o corral casi siempre empedrado.

Labranza en Alcaudete con el típico palomar sobre la entrada

Una peculiaridad de las grandes labranzas de La Jara es que muchas de ellas tienen sobre el portalón de acceso un palomar bajo el cual quedan protegidas las puertas y se aprovecha el espacio techado a modo de zaguán. Son ejemplos de este tipo de grandes labranzas las situadas a lo largo del valle del Jébalo en lo que fue la Dehesa de Castellanos.

Dentro de la arquitectura popular que podríamos llamar protoindustrial, encontramos en esta zona, como en la de la sierra de San Vicente, un gran número de molinos de agua en los arroyos de cierta entidad. En casi todos los casos se trata de molinos de cubo, estos cubos son en ocasiones de gran altura para aumentar la potencia del artilugio, y esto, unido a que están casi todos ellos fabricados en piedra, les da un aspecto que les hace ser una de las construcciones más estéticas de nuestra arquitectura rural. Existe otro tipo de molinos con una represa anterior al edificio que tiene la forma aproximada de un arco y que son característicos de La Jara.

Uno de los molinos jareños de Riofrío

Capítulo aparte merecen los balnearios populares donde hasta hace solo unos años, cuando cerraron los baños del Vivaque en BeIvís de la Jara, las gentes de la comarca van a intentar que las aguas medicinales calmen sus dolores.

Otros balnearios populares, aunque hoy en ruinas, son magníficos ejemplos de funcionalidad de la arquitectura popular, es el caso de los baños de La Retortilla, próximos a la vía del tren abandonada, en las cercanías de La Nava de Ricomalillo. No les falta detalle. La cocina de campana para el servicio de huéspedes y personal, los almacenes con espacio para las tinajas del agua y del aceite, un palomar (no olvidemos las propiedades reconstituyentes que se le atribuían al caldo de pichón), dos pisos de alojamiento con habitaciones con vistas al valle del río Uso y la sierra de La Estrella, la cuadra, la cantina, las dependencias para los empleados y el edificio de los baños con la retorta para calentar el agua que da nombre al balneario, el aljibe, y las bañeras dobles e individuales. Este edificio se encuentra en el más absoluto abandono, como casi todo nuestro patrimonio etnográfico, y no sería mala idea, ya que se encuentra junto a la Vía Verde de la Jara, rehabilitarlo incluso como balneario y destinarlo a albergue para turismo rural.

Fuente de la Ferrumbrosa en Aldeanovita, que abasteció a los baños del mismo nombre hoy desparecidos

Otros balnearios populares se encuentran en Aldeanueva de San Bartolomé, los de La Ferrumbrosa, donde, aunque simplemente queda la fuente, el pueblo quiere rehabilitarlos como recurso turístico. Los de La Parrilla, también próximos a La Nava de Ricomalillo y, por último, en Gargantilla, hasta hace poco, acudían las gentes a intentar aliviarse “las reúmas” en sus baños del arroyo del Cañar.

Las viviendas de los núcleos urbanos de La Jara varían en la utilización de los materiales, y así en la Jara Baja es más frecuente el tapial y el adobe, con una mayor o menor combinación con el ladrillo. Es el caso de Alcaudete, Belvís, Las Herencias o La Pueblanueva. En Aldeanueva de Barbarroya y Navalmoralejo, al abundar el granito, encontramos que la mayor parte de las viviendas se fabrican con este material; la pizarra es abundante en el resto de La Jara en combinación con las cuarcitas según las zonas.

Conjunto de labranzas de El Martinete

Las viviendas más humildes, de los pegujaleros, tienen dos o tres dormitorios, cocina, despensa, un portal de acceso engorronado y el doblado, si lo hay, la troje dividida o no en “apartijos” que separaban los productos del campo que allí se almacenaban y los muebles, trastos y aperos en desuso. Una de las habitaciones se destinaba a veces a sala de respeto pero, en las viviendas modestas, la vida se hacía alrededor de la cocina y esa dependencia apenas se utilizaba.

Rincón de Sevilleja de la Jara

En la casa del labrador más pudiente, las dependencias son más numerosas, hay dormitorios, sala, comedor, mas dependencias de almacén y el doblado no solo se destina a troje sino que total o parcialmente se aprovecha para habitaciones. Las cuadras, corrales y enramadas nos indican la mayor actividad económica de estos labradores relativamente acomodados. El exterior de las viviendas estaba generalmente blanqueado, en su totalidad o solo, alrededor de las puertas y ventanas en las viviendas de piedra de la Jara Alta.

Vivienda típica de Navalucillos de ladrillo y mampostería de cuarcita

En las poblaciones más occidentales se hace ver la influencia extremeña en detalles como por ejemplo las grandes chimeneas, o el portal de entrada abovedado de algunas casas; por el contrario, en la zona oriental, por ejemplo en La Pueblanueva o San Bartolomé, se observa la influencia de la arquitectura de Toledo y el valle del Tajo, con el empleo mayoritario de aparejo mudejarista que se hace más evidente todavía en el estado de Valdepusa.

Aruitectura urbana de la Jara Baja con los vanos rematados por arcos de medio punto rebajados

Es característico de algunos pueblos como Navalucillos o Belvís el empleo en las puertas y ventanas del arco de medio punto rebajado en lugar del adintelado simple de las tradicionales viviendas rústicas, aunque parece que es una adquisición tardía por influencia de albañiles portugueses. Estos dos pueblos tienen una arquitectura con peculiaridades específicas en el casco urbano, aunque la arquitectura rural siga las líneas generales del resto de La Jara. En Navalucillos, por ejemplo, se utiliza lacería sencilla de ladrillo en los remates de aleros y ventanas mientras que en Belvís se pinta una franja de color alrededor de puertas y vanos.

MOROS FAMOSOS DE TALAVERA

MOROS FAMOSOS DE TALAVERA

Murallas árabes de Talavera lamidas por el Tajo en una foto de Ruiz de Luna

Conocemos hoy a varios personajes curiosos y pintorescos de la Talavera musulmana que fueron famosos en Al-Andalus, desde aguerridos integristas que acabaron sus días víctimas de su fundamentalismo, hasta famosos juristas o un rey de Menorca.

En aquellos tiempos, había fanáticos musulmanes que, predicando la guerra santa, llevaban sus creencias religiosas hasta el extremo. Uno de ellos, que fue famoso en Al-Andalus, era un asceta que vivía en nuestra ciudad y se llamaba Muhammad inb-Zahir. Se trataba de uno de esos místicos cercanos al sufismo que se retiraban del mundo.

En este caso, imbuido de fervor a la vuelta de un viaje a oriente, no quiso ya vivir en su casa familiar de Murcia y se construyó una choza de maleza en una huertecilla donde se alimentaba de lo que cultivaba. Intentaba siempre unirse a cualquiera de las expediciones de yihad o guerra santa que llegaba a sus oídos, por lo que se desplazó a vivir a Talavera para estar más cerca de la frontera con los cristianos. En una de esas expediciones contra los infieles en el año 989 perdió la vida víctima de su entusiasmo religioso.

Otro de estos fanáticos fue Ahmed ben Muawiya apodado Ibn-al Quit o El Gato. Se dedicó a predicar la guerra santa en la frontera, sobre todo entre los bravos bereberes de la comarca de Talavera. Encontró especial apoyo en el comandante de la ciudad de Vascos, conocida entonces como Nafza, desde donde se organizó una expedición de castigo contra Zamora, ya que desde allí partían las fuerzas que atacaban entonces Talavera y la marca media.

Alcazaba y barrios excavados de la Ciudad de Vascos

Al-Quit era de sangre real y descendiente de Hisham I. Tenía aficiones de astrólogo y fue convencido por otro santón llamado Al-Sarrach, famoso porque predicaba de pie sobre un burro, para que animara a las gentes bereberes del valle del Guadiana, y más tarde de nuestra comarca, a la guerra santa para expulsar a los cristianos de Zamora. Consiguió reunir en nuestra tierra a una horda fanática de sesenta mil hombres, valiéndose entre otras artimañas de que era astrólogo aficionado y de que impresionaba a la multitud con juegos de manos, como uno en el que hacía rezumar agua de unas pajillas secas sujetas en su puño.

Aseguraba a sus tropas que en cuanto estuvieran ante las murallas de Zamora, éstas se derrumbarían por sus poderes. Al llegar ante la ciudad del Duero, envió un mensaje insolente al rey Alfonso III que, enfurecido, salió a su encuentro, aunque en un primer momento de la batalla se vio obligado a retirarse tras las murallas. Pero no se sabe por qué el cabecilla de los bereberes de la ciudad de Vascos abandonó al iluminado y pendenciero, Al-Quit, siguiéndole después otras fuerzas en la deserción.

El 10 de Julio de 901 fue derrotado por el rey leonés y su cabeza quedó colgada sobre una de las puertas de Zamora. Allí acabó la historia tragicómica de este hombre que engatusaba a sus ejércitos, reclutados en gran parte en las tierras de Talavera, con su verborrea, sus impolutos vestidos blancos y sus trucos.

Alfonso III

Otro musulmán talaverano llamado Abu Othman Caid Ben Haken Al Karashi fue rey de Menorca con vasallaje a Jaime I, al que parece que entregó la isla traicionando al reyezuelo anterior.

Nacido en Talavera en el año1205, además de justo y buen gobernante, fue hombre muy culto, escritor y poeta, con profundos
conocimientos de derecho y medicina. Había reunido en su corte una importante colección de libros científicos y allí acudían sabios musulmanes y cristianos a las reuniones de intelectuales que organizaba. Pero tenía por otra parte una negra fama de sanguinario, llegando en su cruel intransigencia a infligir penas de tortura y muerte a los que bebían vino o cometían otras faltas similares. También fue famoso en Al Ándalus un cadí o juez de Talavera que, a pesar de su cargo, vivía de lo que cultivaba con sus propias manos.

RUTA POR LA CAÑADA A NAVAMORCUENDE

CAÑADA LEONESA ORIENTAL IV

DE ALMENDRAL A NAVAMORCUENDE

Recorrido aproximado 8 kilómetros, 2 horas y media

A la salida de Almendral se sitúa una de las fuentes más bonitas de todo el camino ganadero y, justo enfrente, un antiguo lagar convertido en bar y casa rural.  Reiniciamos el camino y, también en medio del cordel, nos encontramos con la ermita de San Sebastián
que, como muchas otras de la sierra, tiene planta cuadrada y está levantada en sillería granítica. Guarda en su interior una graciosa imagen popular del santo atravesado por las flechas de su martirio.

Continuamos el camino y vamos ascendiendo entre jarales, encinas y rebollares, mientras contemplamos al norte la sierra de Gredos con los pueblecillos colgados de su falda.

Navamorcuende rodeado de prados

Llegamos a Navamorcuende, que es la capital señorial del occidente de la sierra de San Vicente. Se trata de uno de los señoríos más antiguos, pues ya fue otorgado por el rey Alfonso X el Sabio en 1276, cuando lo recibe el caballero Blasco Ximénez por sus señalados servicios al monarca, con facultades de repoblación y vasallaje. Esta familia formaba parte del mismo tronco de caballeros abulenses de la familia Dávila, famosos guerreros en la Edad Media y estirpe de la que derivan varias casas nobiliarias como la de Velada, casa con la que los señores locales mantuvieron largos pleitos cuando se creó el marquesado de Navamorcuende en 1641, pues reclamaban su titularidad. Comprendían sus estados las localidades de Marrupe, Sotillo, Buenaventura, Almendral y Cardiel. El Conde de Cedillo llegó a conocer el rollo jurisdiccional que daba al pueblo categoría de villa.

Cúpula granítica en la entrada de la iglesia parroquial de Navamorcuende

Es obligada una parada para visitar la magnífica iglesia parroquial de Santa María de la Nava, una soberbia construcción de sillería granítica de armónicas proporciones y adornada de contrafuertes y pináculos renacentistas rematados en bolas. En ella cabe destacar también la impresionante torre y la cúpula pétrea del pórtico principal y de la sacristía, dependencia que probablemente pertenece a una construcción anterior como indica su bóveda ojival del siglo XV. El ábside está decorado con dos grandes pilastras dóricas. Otros detalles que realzan el edificio son la ventana del baptisterio, las bolas de granito que rematan las columnas y balaustradas y el escudo de los Dávila en el exterior del ábside. El edificio está rodeado por un pretil de piedra y es obra de Pedro de Tolosa, discípulo de Juan de Herrera que trabajó también en El Escorial. En el interior se guarda una imagen barroca interesante de Cristo “amarrao” a la columna.

Fuente con inscripción de Carlos IV junto a la iglesia de Navamorcuende

El templo da a dos plazas, la mayor tiene una de las mayores tradiciones taurinas de la comarca, y en la otra podemos ver una graciosa fuente del siglo XVIII con una inscripción de Carlos IV. También hay un crucero junto a la iglesia y algún pilón.

Ermita del Cristo en Navamorcuende

La arquitectura popular es también interesante, aunque no quedan muchos edificios tradicionales de mampostería granítica. Sí podemos visitar algunos edificios singulares, como el palacio inacabado de los marqueses, edificio del siglo XVIII hoy arruinado, salvo la zona reutilizada como bar. También podemos acercarnos a la salida del pueblo hasta la ermita del Cristo de los Remedios, un edificio dieciochesco de considerables proporciones para su fin y pintoresco por su espadaña y su portalillo cubierto. Otros edificios de interés son los molinos de arroyo Lugar y otros tres situados ya en el Piélago que dejaremos, junto a otras muchas cosas de interés, como el convento, para un viaje específico a este paraje singular situado en la sierra y sobre el que hemos descrito una de las rutas de la Sierra de san Vicente.

Robledales de Navamorcuende bajo el arco iris

Sus taurinas fiestas se celebran del 7 al 11 de septiembre en honor de Nuestra Señora de la Nava. Antes de reiniciar nuestro camino trashumante podemos recuperarnos en uno de los restaurantes del pueblo en los que destacan los asados.

Un viejo azulejo nos indica todavía el nombre de una calle dedicada a maese Leví, un judío de la numerosa aljama de Navamorcuende que tenía a finales del siglo XV una reconocida fama de “galeno sangrante”. Ejerció también en Talavera y parece que su fama llegó incluso a la corte, donde reclamaron sus servicios, aunque también fue procesado por la muerte del hijo del alguacil de Sotillo, con el que parece se pasó de sangrías. Hubo en el pueblo otros judíos que fueron procesados por la inquisición, como el pescadero del pueblo que era a su vez cobrador del señor feudal.

MOLINILLOS DE LOS ARROYOS DE LA CAMPANA DE OROPESA Y VELADA

MOLINILLOS DE LOS ARROYOS DE LA CAMPANA DE OROPESA Y VELADA

Restos del antiguo molino de Riolobos que para algunos pudiera ser romano

En término de Velada y sobre el arroyo de Navalarroyo se halla un antiguo molino de cubo del que no he podido encontrar referencias históricas ni cartográficas (Nv1). Muy próximo se encuentra otro afluente del Guadyerbas llamado arroyo del Molinillo, los restos del artificio que le daba nombre fueron recientemente destruidos por la construcción de una presa y tampoco existen sobre él noticias documentales (Mi1).

Más arriba y en la orilla sur del Guadyerbas desemboca el Riolobos. En esta corriente se encuentra el único ejemplar de rueda gravitatoria de la provincia (fig. 23) (Rl1). Junto a él podemos contemplar los restos de un cubo con aspecto muy antiguo (Rl 2) y que se sitúa en un entorno de yacimientos arqueológicos romanos y medievales. Ya hemos comentado antes que desde el siglo XII existen noticias sobre los molinos de Riolobos.

El tramo del Guadyerbas que discurre por esta comarca solamente contaba con un molino de cubo de dos piedras cerca de Navalcán en el paraje conocido como «del puente romano» (G6) ( Foto 18). Por referencias del siglo XVIII, es posible que existiera otro ejemplar sobre el Guadyerbas en término de Velada pero no he encontrado vestigios del mismo.

Molino del Guadyerbas cercano al puente romano
Plantas esquemáticas de los molinillos a que alude el texto

Esta escasez de molinos en el término indujo al marqués de Velada a construir en su villa un artificio de viento que ha conservado el escudo nobiliario sobre su portada hasta hace unos años. Sin embargo, existen en el propio casco urbano de este municipio, sobre otro arroyo llamado del Molinillo, restos de un molino de presa de acceso directo del que solamente queda en pie el muro de la presa y las tres grandes vigas graníticas que mantenían la estructura del cárcavo y sostenían la piedra. (Ml1).

Las vigas de granito y la presa es lo único que queda de esta sencillísima instalación

En el sur de la comarca, existen dos ejemplares sobre el arroyo de Corralejo aunque se encuentran muy arruinados. El primero tiene un sistema de cubo con un curioso canal  que se ha modificado para dar acceso en rampa a una pequeña cuba de regolfo. Las ruinas de una bóveda aneja demuestran que anteriormente movilizó un rodezno con el cubo al que servía el canal después modificado (Co1). Aguas abajo de este mismo arroyo se encuentra otro molino de cubo que, como el primero, tiene escaso diámetro, cerca de 1,30 metros pero una gran altura (Co2) los dos presentan aspecto de gran antigüedad y su primitivo diseño es similar.

Molinillo del arroyo de Corralejo en Lagartera

Cerca del pueblo de El Torrico discurre el arroyo del Corchito sobre el que se hallan los molinos de Tarrara (Tr1). Cuentan con una presa de acceso directo recientemente modificada por haberse dedicado el paraje a zona recreativa. Presenta un extraño cubo embutido en el mismo muro y que solamente tiene cuarenta centímetros de diámetro. Este tipo de receptor puede sugerirnos el aprovechamiento de este ingenio no sólo como molino sino también como barquín o como batán aprovechando la misma presa. No existen, sin embargo, referencias históricas a las instalaciones metalúrgicas o textiles para las que hubieran trabajado esos artificios en esta villa. Más abajo, sobre este mismo arroyo, se perciben los restos de otros dos molinos pero la maleza y la ruina apenas permiten constatar su mera existencia (Tr2) y (Tr3).

Plantas de algunos molinillos a que alude el texto

Sobre el arroyo del Pilón encontramos cinco pequeños molinos de variada tipología. El primero de ellos podríamos denominarlo como de presa-cubo por las grandes proporciones de su receptor (Pi1). Desde su socaz parte un canal elevado sobre una estructura de mampostería arruinada que lleva el agua al segundo ejemplar (Pi2) del que solamente nos queda un cubo muy deteriorado. Es más interesante el tercero (Pi3) que está dotado de un gran cubo con una balsa previa pero que además cuenta con un sistema de captación de aguas de escorrentía y por ello nos encontramos en realidad ante un molino mixto de cubo-balsa-escorrentía (Foto 19).

Plantas esquemáticas de algunos molinillos a los que alude el texto

Seguimos el arroyo del Pilón corriente abajo y tropezamos con otro ejemplar con un pequeño cubo de apenas un metro de diámetro pero diez de altura (Pi4). El quinto y último molino (Pi5) se ha edificado en una ladera muy escarpada con un cubo-balsa de planta alargada para una mejor adaptación a la considerable pendiente del terreno. El canal accede a la balsa mediante un sifón previo que permite el paso subterráneo del agua para que, dado lo dificultoso del terreno, puedan acceder al molino los hombres y caballerías. El edificio no está abovedado sino tejado, como sucede con la mayoría de los molinos de arroyo porque no suelen sufrir inundaciones. Al contrario que los grandes artificios del Tajo que, dada la frecuencia de avenidas, están todos cerrados con fuertes bóvedas.

Molinillo del arroyo de la Pradera en valdeverdeja

En el cercano arroyo de la Pradera encontramos un primer molino de escorrentía mixto, pues además del muro que recoge las aguas de las laderas cercanas cuenta con una presa sobre el arroyo, desembocando ambos sistemas en un receptor de rampa (Pr1). La segunda molineta, como llamaban en Valdeverdeja a estos pequeños molinos, es de cubo y su edificio se encuentra muy deteriorado (Pr2). A continuación movía este arroyuelo un molino de presa de acceso directo. El muro es de estructura escalonada y está datada en una inscripción como una construcción edificada en el siglo XVIII (Pr3). El cuarto y último artificio se halla muy cercano ya a la desembocadura en el Tajo y era accionado por una rampa. Tiene además la peculiaridad, típica de la Campana de Oropesa, de haber sostenido su techumbre con arcos de tipo carpanel (Pr4).

Cubo-rampa  del segundo Molinillo en el arroyo de Malezo en Valdeverdeja

En el arroyo Malezo o Piejachica, próximos al casco urbano de Valdeverdeja y situados sobre la escarpada desembocadura del arroyo sobre el Tajo, se localizan dos ejemplares: el primero es también de presa escalonada de acceso directo (Pj1) y el segundo, pocos metros más abajo sobre una gran pendiente y casi colgado de los riscos graníticos (Pj2), era accionado por una rampa.

El primer molinillo del arroyo Malezo en las mescarpadas orillas cercanas al Taljo

Caleruela y Lagartera cuentan en su toponimia con la referencia a dos «arroyos del Molinillo», en el primer caso quedan restos apenas identificables de la estructura por haberse construido después sobre el edificio un molino de aceite (Mc1). De el segundo no he conseguido encontrar ni siquiera las ruinas.

ALMENDRAL DE LA CAÑADA «LEONESA ORIENTAL»

CAÑADA LEONESA ORIENTAL III

Una estampa repetida desde hace siglos, las ovejas por la Cañada Leonesa Oriental a su paso por Almendra

ALMENDRAL DE LA CAÑADA

Recorrido aproximado 10 kilómetros, dos horas y media

Salimos de Fresnedilla y, tal como indica el plano, en una curva de la carretera que une esta localidad con El Real de San Vicente sale la cañada en dirección oeste hacia Almendral, entrando así en la provincia de Toledo.

Discurre la vía pecuaria amplia y respetada en toda su anchura, como en los orígenes de estos caminos ganaderos que algunos remontan hasta tiempos prehistóricos, cuando los vettones y pueblos ganaderos aún más antiguos se movían con sus ganados para aprovechar los pastos de las zonas cálidas en invierno y las frescas y serranas en verano. Vamos entre encinares y cercados, con la Sierra de San Vicente al sur y el farallón de Gredos al norte, hasta que, recorridos aproximadamente seis kilómetros, parte un camino hacia la izquierda que va hasta los Baños de la Pólvora, un balneario popular donde se podían tomar baños fríos y calientes de aguas medicinales con propiedades que, según sus usuarios, son beneficiosas para las enfermedades reumáticas. Disponía de alojamiento y servicio de comidas en un ambiente aislado y rústico.

Baños de la Pólvora balneario popular cercano a la cañada

Poco antes del caserío se levantan en medio del cordel las ruinas de la ermita del Cristo de la Sangre.

Ermita del Cristo en Plena cañada leonesa oriental

El pueblo se llamó Almendral de Arriba hasta 1916, en que su apellido pasó a ser “de la Cañada”, precisamente la que vamos conociendo. El cordel de ganados ha marcado incluso la toponimia de los pueblos de su recorrido.

Fuente en plena cañada a su paso por Almendral

Aunque existen los restos de los que pudiera haber sido un dolmen en el lugar conocido como “Los Majanos” junto al arroyo de las Fuentes, la primera referencia al lugar es de 1337, año en el que parece haber restos de una torre musulmana en su entorno, lo que explicaría el nombre de “Almenar”(atalaya o torre de observación) fuera con más probabilidad el nombre original, que habría derivado en Almendral. Cosas de la toponimia que podemos creer o no. No conocemos su primitiva localización aunque sí se encuentran restos de población medieval por todo el término, como en el paraje de “Las Artesas”, llamado así por la existencia de sepulcros medievales labrados en la piedra y que en la imaginación popular simulan las artesas, esos recipientes rectangulares en los que se hace la matanza o se guarda el pan.

Fue lugar del señorío de Navamorcuende, por lo que debía pagar al feudal una gallina por el solar donde asentaban sus viviendas.

Torre de la vieja iglesia del Salvador. hoy cementerio, tras la cruz blanca la cripta en la que se retiraba Ana de Almendral

No debemos dejar de visitar el cementerio, que en realidad es de la primitiva iglesia de El Salvador, arruinada ya. Sus antiguos muros guardan el pintoresco camposanto, con una de las viejas capillas convertida en un panteón familiar. En el muro oriental se puede ver una a modo de alacena de decoración gótica que serviría probablemente de sagrario. Al oeste se sitúa los restos de la torre y de la cripta donde, según sus escritos, tuvo sus primeras experiencias místicas la beatificada Ana de San Bartolomé, la que fuera secretaria de confianza de Santa Teresa, y la que con ella compartió proceso inquisitorial. Nació en 1549 y en sus memorias han quedado algunas anécdotas de su infancia en Almendral, como cuando la vaca “Cereza” la salvó de morir por la mordedura de un perro rabioso llevándola al pueblo sobre su lomo, o cómo los bueyes se amansaban para trillar con facilidad y no alterar las oraciones de Ana. Acabó sus días en una de las fundaciones carmelitas de Bélgica. Ha sido recientemente beatificad y se le ha erigido un monumento en Almendral junto a una fuente abovedada.

Monumento a la secretaria de Santa teresa, Beata Ana de San Bartolomé

Otros lugares con halo de magia se encuentran en el término, como La Mora Encantada, un lugar cerca de los molinos de Tejea, donde dicen que a los pastores que pasaban por allí se les metían serpientes por la boca.

En el pueblo encontraremos también algunos rincones pintorescos con arquitectura tradicional en mampostería granítica, y veremos también la actual iglesia y las agujas de piedra del antiguo cerramiento de la plaza para las corridas de toros.

Ermita de San Sebastián junto a la Cañada con otra de sus fuentes.

En el término, lo que más llama la atención en es el gran robledal que puebla toda la cara norte del cerro de Cruces, aunque también valen la pena los paseos por el entorno de la garganta Torinas, donde quedan restos de algún molino de agua. En una relación de 1951 se habla de la riqueza natural de nuestro pueblo y se dice que había raposos, tejones erizos, hurones, gatos monteses y alguna nutria.

Página Talavera y su Tierra de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes

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