EXCURSIÓN A LAS BARRANCAS DE CASTREJÓN

A LAS BARRANCAS DE CASTREJÓN

Barrancas de Castrejón sobre el Tajo

Desde Talavera pasamos La Puebla camino de Toledo y llegamos, pasado el cruce de Burujón, al arroyo del Valle donde  una vez crucemos el puente, en el kilómetro 26, sale a la derecha la senda ecológica de las barrancas o de Castrejón. La pista es transitable en vehículo y aunque es mejor darse el corto paseíto, podemos llegar en coche hasta el merendero de Los Enebros. Seguir leyendo EXCURSIÓN A LAS BARRANCAS DE CASTREJÓN

LA PUEBLA DE MONTALBÁN

Verraco de La Puebla de Montalbán hallado en la Vega de los Caballeros

Vamos a visitar hoy La Puebla de Montalbán, pueblo que aunque forma parte de la comarca de los montes de Toledo siempre ha tenido muchos vínculos con Talavera y es cuna del autor de la Celestina, el bachiller Fernando de Rojas, que murió en nuestra ciudad habiendo sido uno de sus  alcaldes. En este pueblo, también famoso por sus frutales, especialmente sus melocotones, podremos visitar el Museo de La Celestina así como su patrimonio, entre cuyos elementos podemos destacar en primer lugar  la iglesia parroquial.

Ricón pintoresco en la plaza de La Puebla de Montalbán

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LA ERMITA DE PEÑITAS Y OTROS ELEMENTOS DEL PATRIMONIO OROPESANO

Ermita de la Virgen de Peñitas

Cuenta la leyenda que en este ameno paraje al sur del casco urbano de Oropesa se apareció la Virgen a un pastorcillo. El edificio es de sillería y mampostería con un pórtico de entrada a poniente. En sus muros vemos dos buenos paneles de cerámica talaverana que representan a la Virgen y a San Pablo. Dentro se adorna el altar con cerámica de Ruiz de Luna.

Ermita de la Virgen de Peñitas

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EXCURSIÓN A PEÑAFLOR

La gran roca de Peñaflor emerge a las orillas del Tajo

Parte nuestra excursión de hoy desde el pequeño pueblo de Berrocalejo, nombre que quiere decir tanto como lugar de berrocales, de paisaje granítico. Se encuentra justo en el lugar donde el Tajo desemboca en el embalse de Valdecañas y para acercarnos a él iremos por la autovía A-5 para, ya en territorio extremeño, tomar la carretera que va hacia El Gordo y seguir hasta Berrocalejo, que fue lugar del señorío de Miranda, aunque antes llegaron hasta aquí las tierras de Avila, cuyos caballeros repoblaron la zona en la Edad Media. Perteneció como Valdeverdeja a al Puebla de Enaciados, hoy despoblada y de la que hablaremos en otra excursión. Se han encontrado también piedras talladas del paleolítico y un verraco vettón.

Puente del Conde arruinado cerca de Peñaflor

Aunque el casco urbano es pequeño, podemos dar un paseo para ver su ermita, su calvario, el lavadero de pilas de piedra de Granadilla y la arquitectura popular de mampostería de granito. También son pintorescas la iglesia y la graciosa ermita porticada de Nuestra Señora de los Remedios.

Vista del pueblo de Berrocalejo

La excursión parte por el cordel que en dirección sur se dirige hacia las riberas del Tajo, cordel que deberemos abandonar como indica el plano para descender por la cuerda que se halla entre el arroyo de Peñaflor y el arroyo del Conde, hacia el risco de Peñaflor.  No tiene pérdida pues la gran roca enhiesta de Peñaflor nos orientará. En el descenso hacia ella iremos viendo a un lado y a otro los restos de dos recintos amurallados, sepulcros y sepulturas, además de ruinas de construcciones romanas y medievales que salpican todo el terreno.

Sepulturas romanas en la necrópolis de Peñaflor

Antes había incluso algunas aras con inscripciones epigráficas y algún miliario romano que han sido retirados por el expolio al que era sometido el yacimiento. También había una mina al otro lado del arroyo de Peñaflor y se localiza la cueva Humá al norte del paraje.

Risco que emerge del Tajo en la entrada del embalse de Valdecañas junto al puente del Conde

El risco de Peñaflor es uno de esos lugares con restos arqueológicos que han dado lugar a toda clase de leyendas, como la que dice que fue escondido en una cueva de la peña un toro de oro, tapándose el hueco con una gran piedra. En un pequeño molino del paraje de la Canaleja también se aparece una moza encantada que sale a peinarse el día de San Juan desprendiendo un agradable olor a tomillo.

Puerta tradicional de una vivienda en El Gordo

Abajo vemos el río modificado por el reculaje del embalse de Valdecañas que también oculta el Puente del Conde, justo hacia donde iba el cordel antes mencionado y una supuesta calzada romana Fue volado durante la Guerra de la Independencia. Puede que tenga cimientos romanos, pero su obra actual se hizo en  el siglo XV por el Conde de Plasencia, don Pedro de Zúñiga, y de ahí su nombre.

En la otra orilla se encontraba otra de esas ciudades-fortaleza hispano musulmanas que jalonaban el Tajo y se perciben las arruinadas murallas y el castillo de Alija, que es como se denominaba. En el patio del castillo se ha levantado una desafortunada construcción.

El Gordo es una de las poblaciones con mayor número de nidos de cig:ueñas.

Las vistas son magníficas pues el gran embalse de Valdecañas, uno de los mayores de España, se extiende hacia el oeste como un mar interior y es muy abundante el número de especies de aves que rondan por la zona.

De vuelta a Talavera pararemos en El Gordo para ver la numerosa colonia de cigüeñas de la iglesia de este pueblo de tan curioso nombre, así como la cercana casa de postas que está cerca del puente de la autovía, una de las mejor conservadas y que también cuenta con algunos nidos.

PATRIMONIO OROPESANO 1, LA IGLESIA Y «LA COMPAÑÍA»

PATRIMONIO OROPESANO

LA IGLESIA

Portada plateresca de la iglesia de Oropesa

La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción conserva algunos elementos constructivos de comienzos del siglo XVI e incluso de finales del XV, época en la que existen documentadas reformas del templo por el IV señor de Oropesa. Esta parte más antigua estaría representada en la torre de las campanas por sus balaustres renacentistas y los pináculos y las gárgolas góticas que la adornan.

Según una tradición, un rayo provocó el derrumbamiento de gran parte del edificio, lo que supuso nuevas obras de reconstrucción promovidas por el III conde, don Fernando, que concluyeron en 1613 como reza una inscripción. Las obras las dirigió el discípulo de Juan de Herrera, Francisco de Mora, simultaneándolas con las de la Capilla de San Bernardo, y su aspecto más representativo es el pórtico sur del templo.

Iglesia de Oropesa. Fachada sur

Se trata de una iglesia con planta de cruz latina que presenta en el exterior altos contrafuertes. Tiene ábside poligonal de cinco paramentos y cuatro capillas laterales. El mayor interés del edificio radica en su portada oeste, una buena obra renacentista con los blasones de los Álvarez de Toledo y de los Pacheco-Figueroa y decoración plateresca de columnas y flameros. Enfrente se perciben todavía los restos de los arcos que debían sostener el pasadizo inacabado por el que hubieran accedido los condes a la iglesia desde el Palacio Nuevo.

Detalle de la portada de la iglesia de Oropesa

El mobiliario y las obras de arte del interior han sufrido diversas vicisitudes a lo largo de la historia. Parece que el retablo original de la capilla mayor estaba muy deteriorado y se sustituyó a finales del siglo XIX por otro neogótico que actualmente se encuentra en la iglesia de Velada. Éste a su vez, fue reemplazado en Oropesa por el que luce actualmente, procedente de la parroquia de Santiago en la villa abulense de Arévalo, cerrada al culto por las vicisitudes de la Guerra Civil. Las imágenes de Santiago, San Pedro y San Nicolás de Bari también proceden de dicha iglesia. En el centro se halla la imagen de la Asunción, titular de la iglesia y parece que los dos cuadros que se sitúan actualmente junto al acceso de la sacristía pertenecían al retablo original. Enfrente de esta puerta se encuentra el altar de San Alonso de Orozco con frontal de cerámica talaverana  de Ruiz de Luna. Otros cuadros y retablos de los diferentes altares y capillas proceden de templos y conventos desaparecidos en el señorío, como Guadyerbas Alta y Baja, Rosarito, San Bernardo etc.

En esta iglesia se custodian los restos de don Francisco de Toledo, virrey del Perú, y los  de algunos de los señores de Oropesa, como es el caso de los segundos condes que reposan bajo dos losas de mármol cerca de la entrada a la torre de las campanas.

Edificio de «la Compañía» en Oropesa

«LA COMPAÑÍA»

En el perfil monumental de Oropesa destaca otro gran edificio que se recorta en el cielo. Se trata de la llamada Capilla de San Bernardo, una enorme mole construida en buena sillería y fundada por Francisco de Toledo, Virrey del Perú, para ser enterrado en ella y ofrecer los servicios religiosos a los alumnos del anejo colegio  menor de jesuitas que también él instituyó, aunque en principio a la Compañía no le parecieron bien sus condiciones y lo abandonaron, para volver cuando el heredero de don Francisco y conde de Oropesa, don Juan Álvarez de Toledo, llegó a un acuerdo con los jesuitas.

Esta capilla debía haberse construido a la vuelta de América del virrey en 1581, pero su caída en desgracia ante Felipe II, que llevó a su encarcelamiento y muerte, retrasó las obras hasta comienzos del siglo XVII. Fueron también dirigidas por Francisco de Mora, discípulo de Herrera y principal ayudante suyo en El Escorial.

La cúpula de la capilla mayor de «la Compañía

La edificación tuvo algunos contratiempos y problemas de presupuesto que llevaron incluso al encarcelamiento del contratista. Esa precariedad fue probablemente la causa de la finalización en ladrillo de la gran cúpula que debería haberse fabricado en piedra, y éste fue precisamente el lugar por donde comenzó la ruina de la capilla, condicionada también por la expulsión de los jesuitas. Se cerró y volvió a abrir al culto en varias ocasiones por las guerras y desamortizaciones del siglo XIX. En 1930 el Duque de Frías, cuya casa se había vinculado a la capilla e incluso había alojado aquí su archivo hasta su traslado a Montemayor, en Córdoba, cedió la propiedad de la misma a la parroquia de Oropesa. Unos años más tarde se desmanteló todo el maderamen, retablos, puertas y ventanas quedando solamente la estructura pétrea del templo que llegó a tener hasta ocho capillas decoradas con magníficos cuadros y retablos además de un rico ajuar. La plata era abundante, como no podía ser de otra manera en una iglesia patrocinada por el Virrey del Perú, e incluso las campanas tenían en su composición una aleación muy rica en este metal. Su biblioteca era muy variada y valiosa, albergando además el archivo de la casa ducal de Frías.

Portada de la iglesia de «la Compañía»

Destaca en la construcción su gran altura y lo sobrio de su decoración arquitectónica con grandes superficies graníticas apenas interrumpidas por sencillos vanos rectangulares. Solamente en la fachada oriental encontramos una sencilla portada renacentista con una hornacina que alberga una cruz que a los lados presenta los escudos de la casa de Oropesa y en las alturas una sencilla espadaña como remate en cada lateral del frontón. Otras dos espadañas más sencillas se levantan detrás sobre dos contrafuertes.  El interior tiene planta de cruz latina con una sola nave de grandes proporciones y capillas laterales que se comunican entre sí. La capilla mayor estuvo adornada por un gran cuadro de Ricci de grandes dimensiones, representando a San Bernardo recibiendo la leche de la Virgen en un magnífico marco de madera labrada. Delante se instaló un cimborrio con adornos dorados. El edificio ha sido recientemente restaurado.

Fachada de «la Compañía» en Oropesa

 

UN PASEÍTO POR MONTEAGUDO, EN EL TIÉTAR

Máquinas de Monteagudo y puente sobre el Tiétar

Recorrido aproximado 7 kilómetros, 2 horas

 Como el conocimiento detenido del patrimonio de Oropesa nos llevará su tiempo, vamos hoy a dar simplemente un paseo por la zona conocida como Monteagudo, para lo que nos desplazaremos hasta el límite de provincia por la carretera que une Oropesa y Candeleda. En el camino cruzaremos por la pequeña población de la Corchuela, de la que ya hablamos en un capítulo de la Cañada Leonesa Occidental. Su entorno es muy hermoso por la vegetación que adorna al arroyo de Alcañizo. Seguir leyendo UN PASEÍTO POR MONTEAGUDO, EN EL TIÉTAR

EL SEÑORÍO Y CONDADO DE OROPESA

Monumento a Francisco Álvarez de Toledo junto a «la Compañía» de Oropesa

Vamos a conocer algunos datos sobre el linaje que durante siglos gobernó este señorío, una de las casas nobiliarias más antiguas de España cuyo origen según historias legendarias se remonta nada menos que a un tal Pedro de Toledo que habría sido hermano del emperador de Bizancio y que vino a España a luchar con Alfonso VI contra los árabes en 1085. Varios de sus descendientes ya afincados en la ciudad del Tajo desempeñaron cargos importantes en la misma, entre ellos el de Alcalde Mayor. Después de varias generaciones, Juan Álvarez de Toledo comienza a llevar los apellidos que darían nombre a su linaje y uno de sus hijos, don García Álvarez de Toledo, sería el primer señor de Oropesa, Valdecorneja y la Casa del Horcajo, hoy dehesa cercana a Alcañizo. Sirvió como ayo a uno de los hijos de Pedro I el Cruel que le concedió el Maestrazgo de la Orden de Santiago. Cuando el hermanastro del rey se subleva, don García se pasa al bando de Enrique de Trastamara que le hace renunciar a la orden de caballería concediéndole a cambio el señorío que nos ocupa. Seguir leyendo EL SEÑORÍO Y CONDADO DE OROPESA

EL NOMBRE DE OROPESA Y SU CASTILLO

UN NOMBRE DE LEYENDA

Escudo de Oropesa en azulejería talaverana

En el siglo XVIII se atribuía la fundación de Oropesa nada menos que a un capitán egipcio que acompañaba a Hércules en una expedición de Ávila a Trujillo. El capitán se habría llamado Oróspedo Arúnculo, de donde derivarían los nombres de Oropesa y la comarca adyacente del Campo Arañuelo, según dato recogido por García Gil y Fernández Arroyo. Pero la leyenda con más arraigo popular y que recientemente se ha recreado en jornadas medievales es la que justifica el nombre por el rescate entregado a los moros para obtener la libertad de una doncella. El precio era el peso en oro de la dama de donde habría derivado el nombre de Oro-pesa, y de ahí que el escudo heráldico de la población sea una dama sobre un castillo sosteniendo una balanza en una mano y la cruz en la otra. El tributo de este tipo a reyes moros aparece realmente en las crónicas y en la literatura épica medievales.

Escudo de Oropesa labrado en la muralla

Aunque este tema de la toponimia es siempre escurridizo, otros autores quieren ver la procedencia del nombre de Oropesa en declinaciones y latines que indicarían que “Oros” significa monte, refiriéndose a la pequeña sierra de La Ventosilla sobre la que asienta el pueblo, y el sufijo “pes” o “pedis” haría referencia a que el casco urbano se situaría a los pies de esa montaña, lo cual evidentemente no es cierto.

Detalle de la torre del homenaje del castillo de Oropesa

EL CASTILLO DE OROPESA

Ya hemos conocido la existencia en época romana de un “castillo comediano” que tal vez se asentara sobre un castro céltico anterior aprovechando las estratégicas elevaciones de la pequeña sierra de la Ventosilla, que domina desde la altura todas las llanuras del Campo Arañuelo hasta Gredos y que protege el paso de la importante calzada y cañada que desde Toledo iba a Mérida pasando por Talavera y Oropesa.

torres meridionales del complejo del castillo de Oropesa

A la época musulmana puede que pertenezcan algunos muros terrizos de la zona nororiental de la fortaleza que tradicionalmente se ha conocido como el “Castillo Viejo”o “Patio Musulmán”. Alfonso X manda restaurar y ampliar el castillo y que se pueble su entorno. Desde la creación del señorío de Oropesa, por merced de Enrique II a García Álvarez de Toledo, hasta su transformación en condado en 1477, parece que se sitúa en el tiempo la construcción del “Castillo Nuevo”.

Puerta sur del castillo y la torre del homenaje al fondo

Lo primero que llama la atención es la torre del homenaje, una esbelta construcción que se sitúa en el centro del lienzo de muralla occidental junto al patio del palacio, actual parador de turismo. La torre está rematada por cuatro garitones en los que se pueden ver encastrados los escudos de los Álvarez de Toledo y los Zúñiga, y un parapeto volado sobre canecillos y defendido por cañoneras y saeteras cruciformes. Actualmente se accede al castillo por la planta baja de esta torre y se puede ascender por sus tres plantas hasta el ático a través de una escalera de madera. La vista panorámica es impresionante. En la planta primera se conserva el solado antiguo y una puerta cegada que daba paso a construcciones hoy desaparecidas. Desde la planta segunda se accede al adarve de la muralla. La planta tercera conserva dos miradores palaciegos y una chimenea.

Aspillera de una de las torres de la fachada este del castillo

La entrada dispuesta en codo para su mejor defensa y los variados aparejos utilizados hacen pensar a investigadores como Ramón Villa en diferentes fases constructivas y en que este primer nivel de la torre pudiera ser incluso de época musulmana.

Una segunda torre se sitúa en el ángulo noroccidental, también tiene en su interior un mirador y se accede a su plataforma desde el adarve. A continuación un lienzo de muralla une las torres segunda y tercera conservando algunos tramos de tapial por lo que, como he señalado, se ha especulado con su origen árabe. De la tercera torre que se encuentra a mitad del lienzo norte de la muralla apenas se conservan los cimientos de su planta circular. La cuarta torre se sitúa en la esquina nororiental y también es circular, aunque mejor conservada y de mayores proporciones. La quinta torre es maciza y de planta semicircular y la sexta es cuadrada y con dos garitones protegiendo dos portillos que la flanquean. Es de las más recientemente construidas y podemos observar en su sillería numerosas marcas de los canteros que la ejecutaron. En el ángulo sudeste del castillo se encuentra la séptima torre, que es de planta cuadrada y de estructura muy maciza aunque bastante arruinada en su parte superior. Esta dotada de mirador y de una escalera de caracol que daba acceso a la plataforma. Por fin, la torre octava se encuentra en el ángulo suroccidental y es circular en su base y semicircular en su planta alta. En el lienzo occidental se abrió en el siglo XVIII un acceso para el patio de armas.

Torre adosada al muro oriental del castillo

En el interior del castillo debemos destacar una escalinata más ornamental que defensiva en el lado occidental, un aljibe situado en el llamado patio musulmán y las caballerizas adosadas al lienzo oriental de muralla que actualmente se utilizan como sala de exposiciones. En la excavación arqueológica de las mismas se descubrieron restos de un edificio anterior y unos moldes para la fundición de campanas que hoy se pueden contemplar a través del solado de vidrio.

Cubo de la muralla de Oropesa reutilizado como vivienda en el portillo del cementerio

Además del castillo, Oropesa conserva una parte considerable de su muralla circundante que podemos empezar a recorrer a partir del ángulo noroccidental del Parador con la Puerta del Paseo. La muralla se mantiene todavía en pie hasta la puerta de La Vega y después, hasta la carretera con un portillo que aún se conserva. A partir de aquí, la destrucción de la muralla ha sido casi total y solamente se conserva un pequeño tramo formando parte de la fachada de una institución bancaria, tampoco se puede ver en la plaza, ni se conserva la antigua Puerta de la Villa, situada antiguamente en el lado septentrional de la plaza. Pero siguiendo su trazado unos metros sí se conserva un tramo considerable aunque no con la altura original. Otra puerta desaparecida era la Puerta de Talavera y ya sobre el cementerio Viejo, delimitándolo por uno de sus lados, se conserva otro lienzo que acaba en una torre circular reutilizada como vivienda y que formaba parte del llamado Portillo del Cementerio.

Vista del castillo desde la esquina noreste

UN POCO DE HISTORIA OROPESANA

Vista general del conjunto monumental de Oropesa

Los restos arqueológicos que se hallan diseminados al norte de Oropesa, aunque se encuentren a menudo en jurisdicción de la villa, están más cercanos a otros municipios, pues la complicada división de términos y dehesas que resultó de las exenciones de las villas respectivas hace que, por ejemplo, muchos de los restos paleolíticos del Guadyerbas se encuentren en término de Oropesa, así como el menhir llamado de Parrillas y otros muchos hallazgos.

Menhir hoy desaparecido situado junto al embalse de Guadyerbas. Se observan numerosas cazoletas.

Son numerosos los útiles de piedra tallada y pulimentada hallados que representan la huella del hombre del paleolítico o de la Edad del Cobre respectivamente, así como los monumentos megalíticos que confirman la presencia humana en esta época, entre dos mil y dos mil quinientos años antes de Cristo. Algunos fondos de cabaña hallados por el autor en la orilla del embalse y un yacimiento en el Golín de la Senda con lascas de sílex y cerámica son muestra de los poblados que en esta época y a lo largo de la Edad del Bronce poblaron el valle del Guadyerbas en término de Oropesa. De la Edad del Hierro contamos con abundantes muestras de que el pueblo vettón habitó la zona dejando sus esculturas zoomorfas como legado. Concretamente en la finca Valdepalacios se conserva un verraco al que le falta la cabeza.

Industria paleolítica de sílex de los yacimientos del río Guadyerbas

Los romanos dejaron una epigrafía abundante, como nos describe Jiménez de Gregorio con una lápida dedicada a Júpiter y otras dos invocando a los dioses manes de las que una de ellas hace referencia a un “castillo Comediano”. Es tradición que esta última desapareció en una restauración de la ermita encontrándose actualmente embutida en el muro. También son numerosos los restos de enterramientos y yacimientos tardorromanos repartidos por sus campos entre los que fue excavado el conocido como de El Rondal, cerca de Guadyerbas las Bajas y que, por los restos hallados de un horno de fundición y algunas herramientas y clavos de hierro y bronce, podemos deducir tuvo utilidad como lugar de producción metalúrgica. Otra villa romana fue localizada junto a una necrópolis en el entorno de la laguna de las Limas.

Guerrero en azulejería de Ruiz de Luna en el Hogar Rural de 1946, situado en la plaza mayor

En el casco urbano se encontró una estatuilla femenina en terracota con datación probablemente romana. Hay autores que aceptan la hipótesis de una primitiva fortificación romana de Oropesa que defendería el estratégico paso de la cañada y calzada que desde Talavera  (Caesaróbriga) se dirigía a Mérida (Emérita Augusta). Algunos fragmentos de cerámica y lo estratégico de su situación, además de algunos topónimos de la zona nos hacen pensar en la pervivencia de población musulmana en Oropesa y su entorno.

Este gran torreón es probablemente el más antiguo de la fortaleza de Oropesa, para algunos podía remontarse a época musulmana

La reconquista de la zona estuvo a cargo de los caballeros abulenses que batieron toda la comarca quedando como huella de aquellas conquistas medievales la pertenencia eclesiástica de La Campana de Oropesa a la diócesis de Ávila hasta hace unas décadas. La repoblación propiamente dicha comenzaría en el siglo XII y ya con Alfonso X se concedieron en 1274 ciertas franquicias a los pobladores del castillo. Nace así la población actual de Oropesa como tal.

Muralla medieval de Oropesa

En 1281 la dona este mismo rey a la Orden Militar de Santa María de España que después se incorporaría a la Orden de Santiago. A comienzos del siglo XIV el castillo es propiedad de uno de sus hijos, el infante don Juan, que otorga a sus defensores los privilegios propios de los Caballeros de Extremadura. Permanece Oropesa vinculada a miembros de la familia real como don Juan el Tuerto y sus descendientes, doña Leonor de Guzmán, favorita del rey Alfonso XI y asesinada en Talavera por su esposa la reina doña María de Portugal, y el infante don Juan de Aragón, hasta que en 1369 se une a la noble casa de los Álvarez de Toledo por donación de Enrique II a don García Álvarez de Toledo.

Uno de los dibujos murales en el Hospital de San Juan Bautista. Algunos de ellos son de época medieval

Continuará

¿QUIÉN TIENE LA PINTURA DE ÁNIMAS DE EL SALVADOR ?

¿QUIÉN TIENE LA PINTURA DE ÁNIMAS DE EL SALVADOR ?

Pintura de la capillita de ánimas de El Salvador

En la esquina noroeste de la iglesia de El Salvador había una hornacina que tradicionalmente estaba siempre iluminada.

Justo en las excavaciones de esa zona se hallaron restos de enterramientos humanos, lo que induce a pensar en que allí se encontraba el primitivo cementerio de la parroquia.

Según el culto católico, las ánimas del purgatorio son todas las almas que mantienen algún pecado cuya penitencia no se ha saldado de forma suficiente en vida para poder entrar directamente al cielo. Por ello, se entiende que las ánimas benditas, o sea las que ya están en gracia de Dios, son las que pueden interceder en favor de estos pecadores mediante el sacrificio y la oración de los vivos.

Fue un culto especialmente extendido en los siglos XV y XVI y la Virgen del Carmen o la Asunción eran advocaciones consideradas buenas intercesoras en estos menesteres de sacar almas del sufrimiento del purgatorio.

En el año 1500 se instituyó en la iglesia de San Andrés la Cofradía de las Ánimas del Purgatorio bajo el título de Nuestra Señora de la Piedad que, según nos cuenta Francisco de Soto, comenzó su andadura solamente con limosnas, se fue enriqueciendo con muchos censos y heredades que le fueron donados. En 1842 se  anexiona la parroquia de San Andrés a la de El Salvador  localizándose aquí la cofradía desde entonces.

Los varones cofrades no podían sobrepasar el número de cien, mientras estaba permitido a las mujeres ser un número ilimitado. Tenía una curiosa normativa para mantener las buenas relaciones entre sus miembros y así, las reyertas entre ellos estaban penalizadas con doscientos maravedíes y el hermano que no denunciara estas riñas  sería multado con una libra de cera. Los motes estaban castigados con media libra. Se decían misas por los hermanos difuntos y todos iban a los entierros.

El primer domingo de mes acudían los miembros de la cofradía a la iglesia de San Andrés con candelas encendidas y el tercer domingo de septiembre se instalaba en la iglesia una tumba cubierta con el paño de la cofradía y delante la cruz con dos hachas.

Esta cofradía pedía limosna los domingos en la plaza con una comitiva de tambores y cofrades con cetros o varas.

Dicha celebración, no deja de ser parte de nuestras tradiciones e identidad como cultura, guardando siempre un respeto a aquellas personas que nos antecedieron. Este hecho en particular se puede relacionar en paralelo con aquella festividad que realizaban los habitantes del Imperio Romano como lo era la adoración de los dioses Manes, que el caso de España pasará a la
creencia y culto a los difuntos.

El fondo de la hornacina de El Salvador  era una pintura de buena factura que representa a dos ánimas entre las llamas del purgatorio. Iconográficamente, es típica esta representación de las ánimas solas, entre las llamas, desnudas, mirando al cielo, con las manos juntas en actitud de suplicante

Cupón conmemorativo de la coronación de la Virgen del Prado en el que se señala con una flecha el lugar donde se encontraba la capillita de ánimas de El Salvador.

Se conocen desde antiguo las cofradías de ánimas que realizaban numerosos rituales vinculados especialmente a las fiestas de Todos los Santos o de Fieles Difuntos en otoño, pero también a fiestas de invierno y soldadescas, y un ejemplo cercano es el carnaval de animeros y animeras de Valdeverdeja que mostrábamos en una entrada anterior.

Cuando se realizaban las obras de reforma de El Salvador, que luego se quedó el ayuntamiento por permuta con la Iglesia, el colectivo «La Enramá » denunciamos que o se había destruido o había desaparecido la pintura. Se nos respondió que en ningún caso se había destruido y que el bloque de obra con la pintura se encontraba en el propio templo y allí se podría contemplar.

Pasan los años y yo no veo la pintura por ningún lado, aunque quien debería tenerla es el ayuntamiento porque formaba parte de los muros del templo.

¿DONDE ESTÁ LA PINTURA? ¿QUIÉN SE LA HA LLEVADO?

Espero que algún responsable de nuestro patrimonio sepa contestar este enigma

Página Talavera y su Tierra de Miguel Méndez-Cabeza Fuentes

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