LA BATALLA DE TALAVERA (y 2) LA SANGRE CORRE EN LA PORTIÑA

LA BATALLA DE TALAVERA (y 2)

LA SANGRE CORRE EN LA PORTIÑA

Grabado de la colección del autor que muestra una recreación decimonónica de la Batalla de Talavera

Con estas acciones queda pues establecido el frente en una línea imaginaria que, bajando desde la atalaya de Segurilla siguiera por el arroyo de la Portiña para luego llegar hasta el Tajo, pasando cerca de la ermita del Prado por delante del caserío de Talavera.

Las fuerzas francesas se situarían al este de esa línea, las inglesas al oeste ocupando la mitad norte de la misma, en la zona cercana al actual embalse de La Portiña y sobre todo el cerro Medellín, y las españolas la mitad sur, desde el pajar de Vergara hasta la misma Talavera entre olivares y con el terreno surcado de zanjas.

El cerro Medellín domina todo el escenario de la batalla, por lo que desde el principio es objetivo de los franceses que ya el mismo día 27 por la noche intentan en una escaramuza tomar la altura, tanto por su valor estratégico como por encontrarse la mayor parte de las tropas inglesas situadas detrás del cerro.

El cerro de Medellín visto desde las elevaciones de Segurilla, fue escenario de la Batalla, sobre él se asentaron las tropas y baterías inglesas.

Antes se había producido el primer encuentro entre el ejército francés y los soldados españoles más novatos, de los cuales, algunos sorprendidos y asustados huyen en principio. Un episodio que se ha exagerado debido a las manipulaciones y opiniones negativas que sobre las fuerzas españolas difundieron en sus escritos los propagandistas ingleses. Parece que este ataque lo que pretendía en realidad era disimular el que sobre el cerro Medellín iban a acometer los franceses.

Podemos imaginar el escenario en el actual emplazamiento del muro de la presa de La Portiña. En el lado derecho mirando a Segurilla, sobre el llamado cerro del Cascajal, los franceses. En medio, el arroyo sin la presa actual y con su barranco de considerable profundidad, y a la izquierda los ingleses desplegados por las faldas del cerro Medellín.

El embalse de la Portiña ocupa gran parte del escenario de la Batalla de Talavera. En la zona del muro se dieron los combates más encarnizados.

Los franceses atacan inopinadamente a las diez de la noche y se empiezan a extender sin fuego artillero por las faldas del Medellín. Aunque son descubiertos por los soldados alemanes encuadrados en las fuerzas inglesas, el ejército aliado es sorprendido y el mismo general británico Hill, cuando viene de cenar en Talavera, es casi apresado por los franceses tirando de la brida de su caballo.

Aprovechando la sorpresa, un destacamento francés llega incluso a coronar el cerro Medellín, pero es desalojado nuevamente por las tropas inglesas, aunque éstas tienen bajas y pierden algunos cañones. Durante el resto de la noche hubo algunos tiroteos de nervios e incluso murieron varios oficiales ingleses bajo el propio fuego desatado por una falsa alarma.

Recreación de una acometida en la Batalla de Talavera

El día 28 amanece y los ingleses ven desplegadas las fuerzas napoleónicas frente a ellos con una gran batería de artillería concentrada en el cerro Cascajal. Para reforzar la ladera norte del cerro Medellín, Wellington pide ayuda a Cuesta que le envía varios destacamentos de caballería, de infantería y algunos cañones.

Los franceses inician el ataque con el sol deslumbrando a los aliados, y comienzan a batir con intenso fuego de artillería el Medellín. En principio se abren peligrosos huecos en las líneas aliadas causando bajas numerosas, pero aprovechando un hueco abierto en las tropas francesas, son atacadas por orden de Wellesley también por el flanco y se ven obligadas a retroceder.

Plano de la batalla de Talavera con los destacamentos franceses en azul, amarillo los españoles y granate los ingleses

Ante el fracaso de este ataque, se reúne un consejo de guerra francés en casa Salinas presidido por el mismo José Bonaparte, quien prefería dilatar nuevas acometidas hasta que el mariscal Soult llegara desde la zona de Salamanca para sorprender a los aliados por detrás, pero eso supone al menos resistir una semana a Cuesta y Wellington en Talavera y a Venegas en Toledo, por lo que al final deciden acometer un nuevo ataque cuidadosamente planeado en tres fases. En la primera de ellas se atacó a las cuatro de la tarde y en plena canícula el centro del frente, sobre el pajar de Vergara, pero las tropas inglesas y españolas, con especial actuación de la caballería, rechazaron a las napoleónicas, formadas en este caso por soldados alemanes y holandeses, entre los que causaron bastantes bajas capturando cañones y banderas.

Detalle del plano de la batalla con el frente más activo en el enfrentamiento. La flecha señala lasituación aproximada del muro de la presa de la Portiña.

Esta primera fase es en realidad una maniobra de distracción para atacar nuevamente el cerro Medellín. Los franceses al mando del general Lapisse, cruzan otra vez el arroyo de la Portiña e intentan tomar el cerro Medellín, pero la lucha es encarnizada, se encuentran en peor situación que los ingleses y, tras ser herido su general, que muere más tarde, se ven obligados a retirarse.

Los ingleses pasan a la ofensiva y persiguen a los franceses, pero estos, que se han retirado organizadamente, les hacen frente y se ven abocados a una situación muy comprometida sobre la que debe tomar el mando el mismo Wellington, que la reconduce, aunque sus guardias tienen bajas numerosas. Después de dos horas de combate, los dos ejércitos quedan exhaustos, nuevamente cada uno a un lado del arroyo.

Reculaje occidental de la Portiña, donde tuvo lugar el desastre de la caballería inglesa.

La tercera fase del plan francés consistió en el ataque al cerro Medellín por su cara norte y oeste. Al avanzar los franceses se encuentran con las tropas españolas de refuerzo pedidas a Cuesta y comienza el tiroteo en las faldas de la sierra de Segurilla en un combate muy duro que costará la vida al coronel que manda las tropas españolas. Los franceses titubean y Wellesley ordena atacar a su caballería, pero debido a una distancia excesiva hasta las tropas francesas y a la zanja de una torrentera, exagerada en dimensiones por las fuentes inglesas, el ataque es un desastre con numerosas bajas en la caballería británica. Pero los franceses desisten de la maniobra y ya no intentan acometer el cerro por el norte y el oeste.

La Portiña tras finalizar la batalla en un grabado de la colección del autor

Al amanecer del día 29 los franceses se retiran. No quieren dejar desprotegida la línea del Tajo con el peligro que ello supondría para un avance aliado sobre Madrid. Las cifras oficiales hablan de unas 5400 bajas inglesas entre muertos y heridos. Los que llevaron la peor parte fueron los soldados alemanes que luchaban bajo bandera inglesa. En el ejército galo las bajas son unas 7300. Los españoles tuvieron entre 1000 y 1500 bajas.

Aunque para muchos la Batalla de Talavera quedó en tablas el mismo Napoleón dice en una carta a su ministro de la Guerra que “lo cierto es que he perdido la batalla de Talavera” .

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