CURIOSIDADES DE VENTAS Y VENTEROS EN LA COMARCA

SOBRE VENTAS Y VENTEROS

No debemos tener el concepto de que los peregrinos se encontrabancon establecimientos hosteleros de los que hoy estamos habituados a disfrutar, sino que simplemente disponían, en el mejor de los casos, de alguna pequeña habitación con un jergón y el pan cocido en la propia venta. A veces algún huevo, algún conejo o alguna modesta vianda que pudiera proporcionar el dueño de la misma. Pero en la mayoría de las ocasiones, una venta no era otra cosa que un techo y un poco de paja compartidos casi siempre con los animales.

A este respecto he encontrado un ejemplo curioso de la descripción de ventas y venteros en el siglo XVIII que se relata en “El Pelegrino Curioso” y que le sucede a un tal Bartolomé Villalba, vecino de Talavera que realiza el mismo trayecto que nosotros llevamos. Sale de Talavera y primero duerme en una venta de Calera donde “el ventero no decía verdad”, la siguiente noche pernocta en la Venta de la Cierva, en la que “pagando y rogando no pudo persuadir a la ventera que le diese un jarro para beber agua donde hubiese habido antes vino”, frase que parece aludir irónicamente a la costumbre de los venteros de “bautizar” fraudulentamente el agua con el vino.

La higiene no debía ser muy estricta pues el viajero compone unos versos en los que califica a la posadera entre otras lindezas de  “rabiosa puerca, sucia, desdeñada, infame y endiablada”.

Solamente los molineros superan a los venteros en las alusiones literarias en su fama de ladrones y defraudadores y nuestro viajero talaverano a Guadalupe se inspira en su experiencia para escribir unos versos:

“Enemigos de pobrezas /

venteros sois de contino /

pésaos de ver pan y vino, /

amigos de las larguezas /

no de pobre o peregrino”.

 

En Villar del Pedroso “ El Pelegrino” se queja de una ventera borracha cuando dice: “Tomada la posada, la huéspeda se apoderó tan reciamente del dios Baco que ni a sus hijas dejaba de infamar ni a los pelegrinos dejaba dormir”. Según nuestro viajero, sólo se hallan en los caminos “venteras marcadas, mesoneras sucias, posadas infames y tanta cochambre y martín, que el día bueno es víspera del malo”.

Cuando habla de “venteras marcadas”  puede que se refiera a las marcas que hacía sobre la piel la Santa Hermandad  a los delicuentes o a las cicatrices de las lesiones sifilíticas.

También cuenta cómo eran despreciados los huéspedes “de a pie” porque tomaban una cama entre varios y las mil tretas utilizadas por los venteros para robar los víveres y pertenencias de los viajeros, pues saben bien los posaderos “hurtar la carne, desfalcar del pescado con achaque del gato y desaparecer las cosas”.

Y hablando de ventas, es también curioso cómo Rubén Darío se queja de lo insalubres e incómodas que eran las ventas españolas y nos relata cómo viajando por Gredos ha de soportar los ronquidos y ventosidades de los arrieros en las ventas, donde apenas hay nada que comer y a veces la cama es un poco de paja.

En una finca en término de Oropesa llamada El Verdugal se produjo la detención del bandido conocido como El Maragato por un franciscano de Rosarito que lo desarmó cuando le exigía que le diera sus zapatos y le disparó impidiendo su huida. El hecho fue inmortalizado en seis cuadritos por Goya como, contamos en otra entrada de este blog, y se encuentran en el museo de Chicago.

Cuadros sobre la detención de El Maragato en la Venta de El Verdugal pintados por Goya

Una de las ventas más antiguas de España se encuentra en la actual autovía Nacional V frente a Alcañizo, es la venta de Pelabanegas, en realidad de Pero Benegas o Pedro Benegas.  Hoy sigue siendo un bar de carretera pero aparece ya como venta hace casi ochocientos años en un deslinde entre los términos de Talavera y Alcañizo.

 

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