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AL SALTO DE LA GARGANTA DE BLASCO CHICO

AL SALTO DE LA GARGANTA DE BLASCO CHICO

Cascada por rebosamiento del salto de Blasco Chico

 El ayuntamiento ha señalado dos rutas que son recomendables. La primera de ellas sube hasta las Chorreras y por ella podemos también visitar un paraje acondicionado como merendero junto a la fuente de las Jarillas.

Paraje de Las Jarillas en Gavilanes

Como se puede ver en el plano, el camino podemos iniciarlo desde el mismo casco urbano o desde la entrada indicada por el ayuntamiento en la carretera. Pasaremos por pinares y accederemos al mayor atractivo del pueblo, la garganta de Blasco Chico. En ella podemos contemplar una de las más hermosas cascadas de Gredos con más de treinta metros de altura en uno de sus escalones, lo que hace que pueda divisarse desde gran distancia en el valle del Tiétar y la sierra de San Vicente.

Compuertas del salto eléctrico de Blasco Chico

Esas grandes pendientes han hecho que en los años treinta se construyera una central eléctrica que mediante un tubo de gran longitud, aprovecha la caída del agua que se ha desviado desde la garganta mediante un canal hasta las compuertas del tubo. Cuando el agua es abundante, rebosa por un aliviadero y se precipita por unas paredes de roca en otra cascada igualmente impresionante pero situada en la ladera oriental de la garganta. A Blasco Chico le dan agua otras cuatro gargantillas, también de gran belleza, que forman un cono limitado al norte por los picos de Cabezo, Curandera o Guirnaldera.

 Recorrido aproximado 19 kilómetros, 5 horas

OTROS PASEOS 

Escalera de caracol de acceso a la torre de la iglesia medieval de Las Torres

También hay otras dos excursiones posibles: la primera se halla en la parte baja de la garganta, ya en el valle del Tiétar, donde se encuentran los restos de la vieja población de las Torres, en la que, como su nombre indica, podemos ver los restos de dicha torre medieval que para algunos es un yacimiento que podría estar ya poblado en época árabe e incluso romana.

Paisaje del entorno de Gavilanes

Pasaremos también junto a otra construcción medieval, la ermita de la Virgen del Helechal a la que en tiempos pasados se hacía una gran romería de los pueblos circundantes pero que cayó en franca decadencia cuando en el siglo XVIII, durante una de esas fiestas brillaron las navajas en un gran tumulto que se formó por disputas entre los vecinos de pueblos diferentes. Se encuentra esta antigua ermita junto a un viejo camino, rodeada de encinas y con las paredes arruinadas pero recuperables. En el ábside hay restos de argamasa que indican la existencia de una antigua decoración con azulejos hoy desparecida.

Ermita de la Virgen del Helechal en ruinas, cerca de Gavilanes

La otra ruta sube a las cumbres de la sierra recorriendo el valle que alimenta con sus gargantillas a la de la Chorrera o de Blasco Chico.

Paisaje de Gavilanes

La garganta de Mijares también discurre al este del pueblo, y cuenta además de con viejos molinos a los que venían moler desde muchos kilómetros a la redonda, con hermosos charcos transparentes para bañarse, especialmente el conocido como El Tudón, además de otros como el Negrillo, Loaysa o el Calderas.

RUTA DE CASAVIEJA AL PUERTO DEL ALACRÁN Y OTROS PASEOS

RUTA DE CASAVIEJA AL PUERTO DEL ALACRÁN Y OTROS PASEOS

Vamos a ascender desde Casavieja hasta el puerto del Alacrán, uno de esos puertos secundarios que pasaban al otro lado de la sierra por caminos de herradura, y que servía para el intercambio de los productos diferentes que se cultivaban en la fría vertiente norte y los de la más cálida cara sur de la sierra.

Presa de los Castaños en el entorno de Casavieja, al comienzo de la ruta

Se trata de una senda marcada con señales blancas y amarillas que se toma desde la carretera que va a la zona recreativa de fuente Helechosa, cerca de la presa y fuente de los Castaños, aunque hay posibilidad de subir en bicicleta o todoterreno por las pistas forestales acortando el camino considerablemente, opción que podemos elegir orientándonos con el plano adjunto.

Chorreras en la garganta de la Cereceda

Si se hace completa, es una excursión dura que salva un desnivel de más de 1000 metros y discurre por una senda entre pinos y robles con algún tramo de bosque de galería junto al arroyo de la Cereceda. No hay problema con el agua pues encontraremos varias fuentes aunque en la parte alta hay algunas zonas en las que la senda es difícil de identificar.

 Recorrido aproximado 12 kilómetros, 7 horas ida y vuelta con el recorrido completo.

El entorno de Casavieja tiene hermosos parajes para pasear entre prados con sus pajares y bosques de fresnos y robles

Otro paseo muy ameno y tranquilo se puede hacer deambulando por la parte norte de la pequeña meseta sobre la que se sitúa el caserío de Casavieja, y recorriendo hermosos prados y bosques de robles, fresnos y pino.

Otra de las rutas en torno a Casavieja es la indicada ruta de los molinos

Por último, también podemos hacer una interesante ruta marcada que recorre los numerosos molinos ribereños de la garganta de la Cereceda, pasando por el bonito puente medieval de la Márgara y por un antiguo horno de tinajas. Otros pequeños arroyos y gargantas son también hermosos pero desgraciadamente en su cabecera nos encontraremos con el desolado aspecto de la sierra quemada en gran parte hace unos años.

Entrada de la rampa de uno de los molinos de Caavieja

LA LEYENDA DE LOS SANTOS MÁRTIRES

SANTOS MÁRTIRES VICENTE SABINA Y CRISTETA La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es IMG_8436.jpg

Imágenes de los tres Santos Mártires en la Colegial, que probablemente proceden de la antigua ermita que se hallaba cercana a la actual iglesia del mismo nombre

Esta es la leyenda de los tres hermanos mártires talaveranos. De ellos tres, el varón dio nombre a la sierra donde nace el Guadyerbas, que hemos empezado a recorrer en capítulos anteriores.

Aunque se disputan varias ciudades el nacimiento de estos tres muchachos martirizados en tiempos de los romanos, la tradición da por hecho su nacimiento en Talavera de la Reina sinedo su principal adversario en esta polémica la ciudad también de origen  romano de Ébora en Portugal.

Los Santos mártires comparecen ante el pretor Dacio

San Vicente y sus hermanas fueron obligados a comparecer ante el pretor romano Dacio en un templo  que se situaba en el solar de la antigua parroquia de San Esteban, situada en la calle del mismo nombre, allí fue conminado el santo a que renegara de su religión cristiana, pero se negó, y dice la leyenda que sus pies y su báculo dejaron sus marcas en la piedra que hoy se conserva en la Colegial de la ciudad.

Piedra de San Vicente, con las plantas y el báculo marcados en la piedra. Capilla de la Colegial

Vicente no abjuró y pudo huir de sus captores por la noche, emprendiendo camino hacia el norte y escondiéndose los tres hermanos en la cueva que se encuentra en la cumbre del Cerro de San Vicente o Monte de Venus, donde también dejaron marcadas sus espaldas en la piedra. Allí se construyó más tarde un eremitorio en torno a la cueva y más tarde un monasterio carmelita en las cercanías de los que hablaremos en otro capítulo.

Piedra de San Vicente de la iglesia de Santiago

Juan de Mariana dice en su historia de España, libro 40 capítulo 53: “A cuatro leguas de Talavera, en el Piélago, hay una cueva enriscada y espantosa, con la cual todos los pueblos comarcanos tienen devoción, por tener averiguado y firme, que los santos Vicente, Sabina y Cristeta, cuando huyeron de Ébora (Talavera),estuvieron allí escondidos y en memoria de esto, allí edificaron un templo y un castillo con el nombre de San Vicente…En esta cueva dicen Soto y Texada, y yo lo he oído a varias personas, que han entrado en ella, se ven en una peña grande estampados los tres cuerpos de los tres santos hermanos, siendo muy común la tradición de que estos se verificó renovándose el milagro de ablandarse las piedras como si fueran de cera…”

Los Santos Mártires emprenden la huida.Representación en el cenotafio de la basílica de San Vicente en Ávila y son perseguidos por los romanos

Estos tres santos y patronos de Talavera que fueron martirizados en Avila tras la persecución de Diocleciano, Se escondieron, según la creencia popular, en esa cueva que se sitúa en una de las dos elevaciones de la cresta del cerro de San Vicente, junto al vértice geodésico.

Los tres muchachos siguieron en su huida hasta la ciudad de Ávila, donde fueron apresados, pero al negarse a abjurar del cristianismo sufrieron martirio.

Martirio de los Santos Mártires primero descoyuntados sus huesos

Murieron cuando después de emplear varios sistemas de tormento, les aplastaron la cabeza con una piedra según algunos o con una prensa según otros.

Martirio de los Santos Mártires con la cabeza siendo aplastada. El Judío se burla y le ataca la gran serpiente

Un judío que se reía del respeto de los abulenses por los restos de los mártires fue atacado por una serpiente que salió de la cueva de la Soterraña en Ávila y, arrepentido, dio el dinero para construir una iglesia sobre su sepultura.

El judío comienza la construcción de la basílica convertido al cristianismo

Hoy es la magnífica iglesia románica de San Vicente y en ella se aloja un precioso cenotafio en el que se custodiaban los restos y en el que se cuenta su historia en hermosos relieves escultóricos. Son patrones de Ávila y Talavera de la Reina pero sus reliquias sufrieron diversas vicisitudes por las que fueron repartidas en diversos lugares de España.

Basílica románica de San Vcente en Ávila

NOS ACERCAMOS DESDE EL HUSO A LA NAVA DE RICOMALILLO

NOS ACERCAMOS DESDE EL HUSO A LA NAVA DE RICOMALILLO

Desde la estación de la vía Verde de la Jara que está junto al Huso y que habría dado servicio a La Nava y  Fuentes nos acercamos a conocer el primero.

Paisaje jareño desde las alturas cercanas a La Nava

LA NAVA DE RICOMALILLO

HISTORIA

En el paraje del término de La Nava conocido como El Llano de Guerra aparecieron varias lápidas sepulcrales cuando se abrió la carretera. Fueron recogidas algunas de ellas por el erudito talaverano Jiménez de la Llave y las transcribió el padre Fidel Fita a finales del siglo pasado. “Anio hijo de Alpeto, toledano, de cincuenta años, aquí yace séate la tierra leve” dice una de ellas. Otra hace referencia a un tal Lucio Cornelio, natural de Clunia, y una tercera recuerda a un tal Mesón, hijo de Burro, natural de Ávila. Todos estos personajes de diferente origen nos sugieren que ya desde entonces tenía La Nava ese carácter de cruce de caminos entre las calzadas romanas que unían Talavera con el sur de la península por un lado y Toledo con Mérida por otro, y puede que de ahí derivara lo cosmopolita y variado de estos antiguos “naveros” entre los que también aparecía una tal Festiva esclava de Lucio Ayoseco.

Diferentes piezas numismáticas y hasta un tesorillo de finísimas monedas de oro acuñadas en Milán han confirmado la presencia romana en nuestro pueblo. Para algunos añejos estudiosos se correspondería con la antigua población de Nóliba, la que según Tito Livio conquistó Quinto Fulvio Nobilior cuando pasó de la Oretania a la Carpetania para conquistar Toledo.

Grabados rupestres de arte esquemático de la Edad del Bronceen La Nava de Ricomalillo

Pero también existen en este pueblo evidencias de pobladores que ocuparon estos lugares al menos mil quinientos años antes que los romanos. Se trata de los pueblos de la Edad del Bronce que dejaron en el paraje de La Zarzuela una serie de grabados del llamado Arte Esquemático sobre unas grandes lajas de pizarra que emergen del suelo junto al camino que por la Fuente del Oro une La Nava con la Vía del Verde de La Jara.

Como en muchos de estos casos aparecen pequeños homúnculos o hombrecillos esquemáticos piqueteados sobre la piedra, algunos de ellos con un curioso trazado que hace pensar en una escuadrilla de aviones. Otros signos toman formas vulviformes, ancoriformes o puntiformes, aunque también se pueden ver otras inscripciones más modernas que completan el cuadro. Algo más arriba, sobre la misma barrera a los pies de la que se sitúan los grabados, se encuentra una pequeña fuente con unos antiguos y precarios baños terapéuticos.

Arquitectura popular en pizarra de La Nava de Ricomalillo

En el siglo XII los almorávides sevillanos emprenden la persecución religiosa contra los mozárabes, cristianos que habitaban territorio musulmán, viéndose obligados a huir muchos de ellos. El obispo Clemente de Sevilla viene a refugiarse a Talavera y solicita del Concejo den la villa tierra para que los fieles que le acompañan puedan establecerse. Se les concede el territorio de Sevilleja de La Jara dentro de cuya demarcación se encontraba entonces La Nava. Algunos conocedores de la historia mozárabe han querido identificar también a nuestra población con la antigua Setfilla.

Nava es palabra prerromana que significa algo así como lugar húmedo elevado. El solar ocupado por esta nava aparece en el siglo XIV en el Libro de la Montería de Alfonso XI como “Rencón  de Malillo”, así que ya tenemos el nombre y el apellido de este pueblo jareño que antes pudo llamarse Nóliba y Setfilla, aunque la imaginación popular haya querido ver el origen del nombre en “La Nava del Rico Oro Amarillo” en referencia a las minas de Sierra Jaeña que luego visitaremos.

Hasta el año 1787 La Nava siguió incluida como aldea aneja al término de Sevilleja pero los naveros decidieron solicitar a Talavera su emancipación por los abusos que según ellos cometían los justicias de la población vecina.

Torres de la iglesia y ayuntamiento de La Nava

 LA IGLESIA

La iglesia de la Nava era también aneja de la de Sevilleja pero fue quemada durante la Guerra Civil. Posteriormente rehabilitada en la posguerra, fue reformada en época reciente mediante reconstrucción con cuarcitas de la zona y ladrillo, adaptándose al paisaje urbano aunque haya perdido todo su valor artístico por la destrucción de la contienda.

Arquitectura popular en La Nava de Ricomalillo

CONJUNTO URBANO

Tiene, sin embargo, gran interés la arquitectura popular que forma, sobre todo en la zona alta del casco, un conjunto de interés que debería ser conservado por sus antiguas casas de pizarra y sus calles empedradas, estrechas e irregulares que dibujan rincones con sabor tradicional.

Fuente del lavadero de La Nava

Son varios los lugares de interés que podemos visitar en el entorno del pueblo. En primer lugar podemos acercarnos a visitar un antiguo lavadero de curiosa estructura con la fuente abovedada y la zona de lavado hecha de pizarras en línea que servían para restregar la ropa. El lugar se conoce como lavadero de la Fuente de La Solana, ha sido acondicionado y se  accede a él por un camino paralelo a la carretera que discurre en dirección sur.

Curioso letrero del lavadero de La Nava de Ricomalillo

EMPEZAMOS A CONOCER EL HUSO VIAJANDO A SUS FUENTES

EMPEZAMOS A CONOCER EL HUSO VIAJANDO A SUS FUENTES

Sierra de Sevilleja con uno de sus característicos canchales
Sierra de Sevilleja con uno de sus característicos canchales

Ya hemos recorrido en anteriores ocasiones algunos itinerarios que nos han introducido al conocimiento de la Jara Alta pero el de hoy es especialmente apropiado para hacernos una idea de la gran diversidad paisajística,de la gran variedad geológica y vegetal de esta comarca. Además nos servirá para conocer el tramo más alto del río Huso comenzando su andadura desde las fuentes de su naciente.

Otra de las bocaminas del río Huso

Partimos en esta ocasión desde Sevilleja, núcleo rural al sur de La Jara y pequeña capital histórica de la zona. Esa Jara del extremo meridional que yo denomino «La Jara Profunda».

Debe su nombre este pueblo a los repobladores mozárabes que fueron alojados aquí por el concejo de Talavera debido a la persecución religiosa musulmana en épocas de intolerancia. Cerca de aquí existió otro lugar repoblado por mozárabes de Córdoba que se llamó Cordobilla, cerca del actual pueblecito de Gargantilla, anejo de Sevilleja.

Hacia en nacimiento del Huso

La arquitectura popular urbana de Sevilleja, conserva todavía numerosos rincones con sabor que es interesante conocer paseando por el pueblo antes de emprender camino hacia el nacimiento del río Huso (o Uso), aunque de ello hablaremos en la próxima entrada. Tomamos un camino que, dirigiéndose en dirección sudeste ,discurre paralelo a la Sierra de Sevilleja. Se levanta ésta a nuestra izquierda con la vegetación tupida de sus laderas, interrumpida por los característicos canchales de cuarcitas ,tan característicos de las sierras jareñas.

Una de las precarias instalaciones mineras de Sevilleja con la bocamina

Sobre una pequeña elevación cercana a la orilla sur del Huso se encuentra la mina de Antonio y cerca de ella los muros de las antiguas instalaciones para el aprovechamiento del mineral, un poco más adelante se sitúa la mina Paraiso, nombre sugerente como muchos de  los de las minas de la comarca : Ultratumba, Sultana, Feliz, Fortuna, California etc…,nombres que enterraron las ilusiones de paisanos nuestros que intentaron con un burrillo, un pico, un cedazo y una pala salir de la miseria y encontrar su Potosí, nombre que por cierto lleva otra de estas explotaciones.

Ruinas de la mina de Antonio en Sevilleja
Ruinas de la mina de Antonio en Sevilleja

Frente a la mina de Antonio cruzamos el río y nos dirigimos, por un camino paralelo a la otra orilla, hacia el naciente entre semiderruidas construcciones rústicas. Majadas,huertos y corrales, salpican el paisaje que va perdiendo su aridez según ascendemos. Comienzan a aparecer los primeros castaños y alcornoques y el monte de chaparros y madroños se va haciendo cada vez más espeso, las umbrías se salpican de fresnos, arces de Montpellier y hasta algún tejo aislado entre los que no es raro ver corzos ,venados y los baños donde acaban de revolcarse los jabalíes y todavía desprenden olor a montuno, suavizado por el penetrante y pringoso aroma de las jaras y las numerosas especies aromáticas que pueblan estos montes.

Canchales y bosque mediterráneo puro en las sierras de La Jara

Subimos paralelamente al río hasta su nacimiento junto a las fuentes de la Parihuela y la de la Sabina y desde allí podemos llegar por los senderos que los ciervos y han ido marcando en los canchales, o por el borde de los mismos, salvando la pendiente de unos cien metros que todavía nos queda hasta la cumbre.

La flora de La Jara es muy variada, una peonía florecida

Tomamos luego una pista  que recorre la cumbre de la sierra de Sevilleja. El trayecto es muy regular y casi llano en la mayor parte del recorrido, el paisaje es impresionante. Al sur áridas lomas sólo habitadas por jaras que nos llevan a pensar en los sinsabores de las gentes que no hace más de cincuenta años, todavía intentaban sacar cuatro espigas de centeno a estos pizarrales,  no por áridos menos  hermosos. Al norte vamos contemplando mientras recorremos la pista de la cumbre, los vallecillos del arroyo de las Lanchas y del naciente de Riofrío con bosque de rebollos y pinos de repoblación, cuyo color excesivamente vivo para estas tierras no acaba de encajar en el paisaje jareño.

inmensos jarales de la "Jara Profunda" desde la sierra de Sevilleja
inmensos jarales de la «Jara Profunda» desde la sierra de Sevilleja

Llegamos al final de la pista y nos detenemos a observar el mar de relieves suaves que conforman las tierras de la Jara profunda. Si el día es claro los caseríos del Campillo, Puerto o Mohedas se dejan ver con las Sierras de Guadalupe al fondo.

Desde aquí descendemos hasta Sevilleja por una senda. Los aficionados al parapente han tomado este balcón como trampolín para sus descensos.

Guerrilleros antifranquistas o maquis detenidos por la Guardia Civil
Guerrilleros antifranquistas o maquis detenidos por la Guardia Civil

Épica jareña

La ruta de hoy enmarca el ambiente idóneo para dejar volar la imaginación y recordar que estas agrestes y, durante muchos años, casi despobladas» tierras de nadie» fueron refugio de desertores, perseguidos, golfines, bandidos generosos, maquis e incluso contrabandistas que accedían por estas sierras al interior peninsular eludiendo la vigilancia de zonas más pobladas.Los mineros, cuadrilleros de la Santa Hermandad, y rebaños trashumantes completan este retablo de personajes con el que podrían escribirse mil novelas

DESCRIPCIÓN DE LA COLEGIAL 1

DESCRIPCIÓN DE LA COLEGIAL 1

Elementos gótico mudéjares del ábside de la Colegial

Aunque, como hemos visto, el edificio fue modelado a lo largo de su historia con diferentes reformas y estilos, lo más característico e interesante de la Colegial reside en sus primitivas estructuras mudéjares. Puede que el ábside y las dependencias conventuales que se asoman hoy a la plaza del arzobispo Tenorio sean las únicas que quedan hoy día del edificio más antiguo que probablemente se comenzara en la época de este prelado. Pero la mayoría de los elementos gótico mudéjares, incluido el rosetón y la portada principal, serían algo posteriores y se habrían ido construyendo como el análogo monasterio de Guadalupe a lo largo del siglo XV. Algunos autores defienden para ambos monumentos la misma autoría, la del maestro Rodrigo Alonso cuya sepultura está señalada en el santuario de las Villuercas por un azulejo talaverano.

Detalle de la ornamentación de la puerta occidental de La Colegial

La iglesia de Santa María la Mayor es un templo de planta rectangular que tiene la orientación tradicional con la cabecera hacia naciente. La nave central es más ancha y alta que las dos laterales y las tres están divididas en seis tramos. La planta carece de crucero. La capilla mayor es de planta poligonal y está iluminada por siete ventanales, mientras que los ábsides laterales son de base rectangular que en sus bóvedas se hace poligonal mediante pequeñas trompas. Los materiales empleados en su construcción son la mampostería y la sillería granítica y el ladrillo aplantillado típico de las construcciones mudéjares. Los elementos más elaborados que fueron fabricados en piedra son los pilares, capiteles y dovelas, mientras que el ladrillo se ha empleado en las molduras de los arcos y las bóvedas, los modillones de las cornisas, el rosetón de la entrada principal y las pirámides de los contrafuertes que la flanquean.

Magnífico rosetón gótico mudéjar sin parangón en el arte español

En su arquitectura destaca la compacta torre formada por tres cuerpos. El primero de ellos es de época mudéjar y se construyó de mampostería de grandes bloques poco labrados, abriéndose en su cara oeste un ajimez o pequeña ventana partida en dos por una columnita. Su estructura es similar a la llamada torre de San Gregorio del monasterio de Guadalupe. El segundo cuerpo es de sillería granítica, rematado con balaustrada culminada en bolas y, junto al tercero que es octogonal, fue construido en 1705 por el cardenal Portocarrero. «Sus campanas son de las mejores de Castilla, aunque entren las de Toledo» según aseguraba el historiador Francisco de Soto.

Torre de la Colegial donde se observan las dos épocas de la construcción, el siglo XV la base y el XVIII la superior.

El acceso principal al templo se sitúa en la cara de poniente. Su elemento más característico es un rosetón gótico flamígero fabricado en el siglo XV con infinidad de pequeñas piezas de ladrillo mudéjar aplantillado. Sus tres hermanos de la iglesia de Guadalupe son anteriores, sin el estilo gótico del talaverano sino puramente mudéjares en su diseño. Como sucede con otros elementos de esta iglesia, se mezclan en esta puerta principal varias épocas y estilos. Así, el rosetón se enmarca bajo un frontón del siglo XVIII y sobre un poco afortunado balcón bajo el que se sitúa la portada formada por siete arcos ojivales abocinados sobre buenos capiteles decorados con figuras humanas similares a las de la puerta de entrada del monasterio guadalupano y su Humilladero. Aparecen también encastrados en el muro dos pequeños escudos del arzobispo Juan Contreras.

Escudo del arzobispo Juan Contreras sobre la puerta oeste de la Colegial

Otra puerta llamada de la Concepción o de los Apóstoles se abre en la cara norte del edificio y cuenta con un portal de acceso cubierto por bóveda de crucería. Se halla desvirtuado su antiguo aspecto por un arco de medio punto en el que se pueden ver los escudos arzobispales del cardenal Quiroga, pues se reformó bajo su mandato al hacerse obras en la capilla aneja de Santa Leocadia. También se pintó en aquella época una imagen de la Virgen y el Niño, con San Pedro y San Pablo a los lados, que estaba alumbrada día y noche para que acudiera allí el pueblo a rezar.

Deteriorada pintura que representa a San Pablo en la puerta norte de la Colegial

El terreno de aluvión fluvial sobre el que se erige el edificio hizo necesarias diferentes obras de refuerzo. Entre ellas destacan los arcos de la nave central que intentaban impedir el derrumbe del templo, aunque por esta inestabilidad del terreno todavía se percibe la inclinación del imafronte de la entrada principal. Si a esta circunstancia añadimos las numerosas capillas que a lo largo de la historia le fueron siendo adosadas a la iglesia podemos comprender porqué el monumento ha perdido el estilo y el aspecto de grandiosidad original. Se pueden observar por ejemplo, libres de otras edificaciones, los enormes arbotantes que lo adornan en el grabado de Van der Wingaerde del siglo XVII.

Arbotantes en la fachada norte de la Colegial

El mismo Francisco de Soto dice que «el claustro de esta Santa Iglesia no cede a los mejores del reino; es muy largo, ancho y alto, y todo él está fabricado de piedra de sillería muy curiosamente labrado», con motivos entre los que hay que destacar las gárgolas de animales fantásticos y los pináculos de remate de los contrafuertes. Fue levantado en 1469 y cada una de sus cuatro galerías cuenta con seis tramos con sus bóvedas  sobre una pareja de arcos cruceros y pilarillos adornados con perlas. Sobre el suelo aparecen lápidas con inscripciones diferentes y en él se encuentran actualmente los restos de Fernando de Rojas, autor de La Celestina. Según Ildefonso Fernández el pozo central tiene una pila que es un antiguo sepulcro romano.

Plano del siglo XIX del claustro de la Colegial. En la leyenda señala el pozo, el callejón de acceso al cementerio con sus capillas, otras capillas, altares y panteones

Desde el claustro se daba acceso al antiguo cementerio anejo a la Colegial que se estableció en una antigua huerta llamada «de Moctezuma» por haber pertenecido al Duque del mismo nombre.

El interior del templo sorprende por lo magnífico de sus proporciones. Las columnas se componen de ocho columnillas menores que se separan en sendos nervios al llegar a las bóvedas. Aunque se percibe mal por la altura a la que se encuentran, los capiteles se adornan con bustos humanos, ángeles, músicos e incluso figuras femeninas.

Vista general de la nave central de la colegial con los arbotantes de refuerzo que se construyeron para evitar que se abriera el edificio

Ya hemos comentado cómo fue necesario reforzar la estructura con cuatro arcos rebajados que atraviesan a media altura la nave central afeando la perspectiva del conjunto. Sus ventanales se hallan semicegados y los de las capillas están tapiados completamente. Sólo en la parte trasera norte, que da a la plaza del Cardenal Tenorio, se observan los arcos mudéjares de los ventanales sobre capiteles similares a los de la entrada principal. Están realizadas con ladrillo aplantillado y enmarcados en alfiz al más puro estilo mudéjar y con gran parecido a los de Guadalupe, aunque más sencillos.

Ventana gótico mudéjar de la Colegial

EXCURSIÓN AL PIÉLAGO

CONOCER EL PIÉLAGO

El río Guadyerbas nace en El Piélago en un paraje lleno de magia y elementos históricos y arqueológicos enmarcados por una hermosa naturaleza. En esta excursión vamos a intentar conocerlo

Robledales y castañares de El Piélago
Robledales y castañares de El Piélago

unpaseoporpiélagoPodemos acceder al Piélago desde el Real de San Vicente o desde Navamorcuende, con una distancia desde Talavera de algo más de treinta kilómetros. En el primer caso subiremos entre castañares y en el segundo atravesaremos un hermoso rebollar.

El punto de partida del sendero se sitúa junto a un pinar, justo en el lugar donde la carretera deja de ascender e inicia el descenso en uno u otro sentido. Desde allí recorreremos unos trescientos metros en dirección Navamorcuende hasta un camino que parte desde una curva hacia el repetidor que se sitúa en la cumbre del Cerro Cruces. Cuando hemos avanzado unos cien metros observamos unos muros derruidos a la izquierda, nos acercaremos a ellos y observaremos que se trata de uno de los pozos de nieve donde los frailes del convento cercano acumulaban apisonada la nieve en capas que alternaban con paja. Luego la trasportaban en caballerías hasta Talavera en recipientes de corcho y durante la noche, para tener así menos pérdidas, constituyendo una de las mayores fuentes de ingresos para los frailes. Fue la única forma de refrigeración hasta finales del siglo pasado y de ahí su interés económico. Con ella se hacían también medicamentos pues se creía en su poder curativo, además de los primeros helados ya documentados desde el siglo XVII.

Pozo de nieve de El Piélago
Pozo de nieve de El Piélago

Seguimos por la ladera del Cerro Pelados y atravesamos un pinar contemplando a la izquierda la cuenca formada entre las elevaciones de Cruces, Pelados y San Vicente, que conocemos como El Piélago, lugar llamado así por tener hasta  las cien  fuentes que se contaban en el siglo XVIII. Llegamos junto a la base del cerro de Las Cruces y tomamos el camino que por su loma nos lleva entre robles y rebollos hasta los repetidores de televisión, desde donde podemos disfrutar de una vista incomparable sobre la Sierra de Gredos y sus pueblos, además de las localidades de la cara norte de la Sierra de San Vicente, como Almendral o La Iglesuela.

Una vez disfrutemos del paisaje, descendemos por el camino que bajaba paralelo a una antigua línea eléctrica hasta llegar a la carretera, que pasa entre un conjunto de tres molinos de agua de los que uno de ellos es casi monumental pues tiene todo el edificio y el cubo fabricados en buena sillería.

Seguimos la carretera y cruzamos el río Guadyerbas en su nacimiento, y si es época lluviosa podemos dar un breve paseo por sus orillas viendo cómo desciende con bonitas chorreras y pequeñas cascadas. Volvemos a la carretera y seguimos hasta llegar a la zona de esparcimiento y un campamento.

El Guadyerbas al salir de los robledales de El Piélago
El Guadyerbas al salir de los robledales de El Piélago

Allí podremos descansar, para a continuación seguir de nuevo por la carretera hasta el convento, construcción en ruinas del siglo XVII y XVIII que tiene su encanto típicamente romántico, con su hiedra y su aspecto sombrío. Poco antes del convento, parte de la carretera un camino hacia la derecha, hasta él retrocederemos, y tras recorrer unos trescientos metros veremos a la izquierda, entre los pinos, las ruinas del edificio de otro pozo de nieve.

Desde aquí mismo, o mejor desde el punto inicial de partida, ascenderemos por la linde de los pinos, hasta la cumbre del cerro de San Vicente y allí, junto al vértice geodésico, se encuentra la cueva de los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta, y sobre ella los restos de la ermita que erigió Francisco de Raudona, un hombre casado con una viuda del pueblo de San Román que andando por estos parajes creyó durante una experiencia mística ver en la cueva las marcas sobre la roca de las espaldas de los mártires patrones de Talavera, escondidos aquí cuando huían de las persecuciones del emperador Diocleciano. Sobre la pared de la izquierda se observa una pililla y una cruz labradas en la piedra.

Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente
Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente


A quinientos metros al sur de la cueva está el castillo. Parece que fue musulmán en su origen, y así lo confirman dos enormes cimitarras grabadas sobre la cara sur de la roca que lo sostiene, aunque una de ellas está parcialmente destruida por haberse fragmentado el batolito de granito. La parte más antigua es una torre que se encuentra a saliente y que es de estilo y época califal. La vista panorámica es desde aquí  impresionante: los valles del Alberche y el Tajo, Talavera al fondo a la derecha, al sur los Montes de Toledo y La Jara, más al oeste el Campo Arañuelo y las Sierras de Guadalupe, y debajo Hinojosa, El Real o Garciotún, casi como si fuéramos a caernos sobre ellos.

Castillo musulmán de la Sierra de San vicente
Castillo musulmán de la Sierra de San vicente

HISTORIA Y MAGIA: Pocos lugares tienen como éste una carga histórica y mágica tan acusada. Dice la tradición y la hipótesis histórica del historiador y arqueólogo alemán Schulten, que desde esta sierra atacaba el caudillo lusitano Viriato a las huestes romanas, y que sería el cerro de San Vicente el que los romanos conocieron como Monte de Venus, que tuvo para ellos unas connotaciones mágicas y religiosas. En él se encontraron sepulturas romanas y una dedicatoria a un dios celta prerromano llamado Togote. También los mártires Vicente sabina y Cristeta, los templarios, que algunos defienden que estuvieron por estos pagos, además de los ermitaños, hacen del Cerro de San Vicente un lugar ideal para los amantes de lo esotérico.

Se puede comer en Navamorcuende y en el Real en varios restaurantes donde son de destacar las carnes a buenos precios.

Recorrido aproximado 10 kilómetros,  2 horas y media, aunque si lo deseamos podemos seguir el Guadyerbas en su descenso hasta el embalse y volver en otra hora larga.

RÍO SANGRERA (1)

Valle del nacimiento del Sangrera, al fondo el Risco Ñañas

RÍO SANGRERA (1)

Hoy vamos a comenzar a recorrer otro de los ríos jareños que aunque poco caudaloso también guarda sus encantos y su patrimonio: El Sangrera

Nace el Sangtrta en la confluencia de los términos de Torrecilla de la Jara, Espinoso del Rey y Navalucillos, con la confluencia de tres arroyos, el llamado de la Ruda y otros dos pequeños arroyuelos que nacen bajo el risco Ñañas, paraje mágico del que luego hablaremos. En realidad la mayor parte del naciente se encuentra en término de Torrecilla de la Jara y allí es donde está una de las captaciones de agua potable del pueblo.

Las rañas de La Jara desde el risco Ñañas

El valle de la Ruda, con nombre de planta medicinal es un lugar donde desde ya en el siglo XVII venían de otros lugares para recolectar diferentes especies de plantas que se utilizaban en la farmacopea tradicional. Fue también una zona conocida por los muchos cerezos que se cultivaban y de los que ya abandonados quedan ejemplares escasos, aunque persisten algunas de las calanizaciones utilizadas para el riego de los frutales y huertecillos que allí se cultivaban.

Sale luego el río Sangrera en dirección norte entre los cerros de Valdefuentes y El Molinillo, cuyo nombre se debe a un antiguo molino del que apenas queda el pequeño cubo hecho de atanores.

Cubo de uno de los molinillos del Sangrera que tiene la peculiaridad de estar formado de piezas cilíndricas llamadas atanores. T

Al risco Ñañas se asciende entre pinos, madroños y rebollares. Se trata de una gran risquera cuarcítica con un covacho donde se ha situado un mirador desde el que disfrutaremos de una hermosa vista sobre la Jara Oriental y Valdepusa con una gran variedad de colores por los olivares barbechos y rojas tierras labradas. Es uno de esos lugares que tienen un halo de misterio entre los habitantes de la comarca pues se dice que en las noches de San Juan sale una mora a peinarse a la luz de la luna. También hay un risco cercano que se mueve y suena cuando las gentes se balanceaban sobre él.

Seguimos nuestro recorrido fluvial entre fresnedas y pequeñas zonas de pasto y cultivo hasta llegar a la carretera de Toledo a Guadalupe que parece haber coincidido en parte con una calzada romana, de la que aún se puede ver algún tramo situado más al este. Y eso nos lleva a visitar Ispinum, el pueblo de Espinoso del Rey del que hoy vamos a conocer su historia antes de seguir nuestro periplo por el Sangrera.

Fresnedas en el naciente del Sangrera

Esta vía romana sería directa heredera de una antigua calzada que comunicaba Toledo (Toletum) con Mérida (Emérita Augusta), y que además enlazaba con otra vía secundaria que llegaba desde Talavera (Caesaróbriga) hasta Puerto de San Vicente. Basándose en la descripción de esta calzada algunos historiadores han querido ver en nuestro Espinoso la Ispinum de los romanos.

Pocos elementos arqueológicos tenemos que nos puedan ayudar a conocer la historia de Espinoso del Rey. Solamente se tiene constancia del hallazgo de una moneda romana, concretamente un dupondio, probablemente de la época de Constantino, y algunas ruinas antiguas de muros y basas de columnas. En los términos de otras poblaciones limítrofes se han hallado otros restos, como en el cercano paraje de Los Villarejos, cuyo nombre indica ya la presencia de habitación humana anterior. La historiadora local Concepción Rueda refiere la existencia aún reconocible de algunos tramos de esta calzada en las inmediaciones del pueblo, así como la existencia de un yacimiento castreño amurallado con abundantes restos cerámicos y estructuras de antiguas viviendas sobre una elevación. Son también numerosos los hallazgos de asentamientos rústicos hispano-romanos y visigodos en el curso del río Fresnedoso.

Una de las viviendas tradicionales de Espinoso

Como el resto de La Jara, Espinoso estaría poblado en época musulmana por los componentes de tribus bereberes que defendían la zona fronteriza talaverana contra el avance de los cristianos que, una vez conquistada la fortificada villa del Tajo, avanzaron con sus colmenas y ganados repoblando tímidamente los desiertos jareños. Sancho IV El Bravo otorgó a Talavera, entre otras, la dehesa de los Xebalillos, que comprendía los territorios situados en torno a la cabecera del río Jébalo, en cuyo ámbito se localiza Espinoso.

Rollo jurisdiccional de Espinoso del Rey

Pero en 1579, necesitado Felipe II de fondos para sus empresas bélicas, decide vender a los lugares de su reino el derecho a convertirse en villas independientes de sus señoríos. El primero en separarse de Talavera, y por tanto del señorío arzobispal, fue el lugar de Espinoso pasando a estar bajo la jurisdicción real directa, de ahí el apellido “del Rey” que lleva nuestro pueblo. Como símbolo de la nueva condición de villa que toma se erige el rollo jurisdiccional. Los vecinos deciden comprar su independencia  al monarca alarmados porque un aventurero flamenco llamado Comelín intenta comprar el lugar para vendérselo a un noble talaverano. Con todo ceremonial se hace el amojonamiento del término que, por su aislada situación y cercanía a las sierras jareñas, siempre estuvo muy relacionado con los cuadrilleros de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera. Es tradición local que aquí pernoctó Santa Teresa, precisamente cuando seguía este antiguo camino romano entre Toledo y Guadalupe.

RELATO DE UN VIAJE A LAS HURDES

RELATO DE UN VIAJE A LAS HURDES

Estampa hurdana en Riomalo de Arriba

La lectura del diario de viaje de Marañón a Las Hurdes en compañía de Alfonso XIII despertó en mí una curiosidad que me impulsó a viajar a esta comarca llena de maravillas. Me llamaba especialmente la atención ese empeño de sabios y políticos por negar lo evidente históricamente hablando, que esta comarca había padecido una miseria que aunque no era excepcional en España ni mucho menos, se negaba siempre despachando la cuestión con un “eso es la leyenda negra de las Hurdes”. No era políticamente correcto recordar esos tiempos pasados aunque todavía cercanos y era curioso que saltando como un resorte todos negaban lo evidente.

Ya conocía ejemplos similares como en aquella ocasión, cuando elaborando el que esto escribe una guía sobre la vía abandonada que discurre entre Talavera de la Reina y Villanueva de la Serena para aprovecharla como recurso turístico, quise hacer ver a los políticos que el nombre que los vecinos de los pueblos cercanos daban a esa vía férrea era el de Vía del Hambre y que así es como yo creía que debía ser denominada. Se llamaba así porque en los años cincuenta había dado trabajo a muchos obreros de los pueblos por donde discurría pero los padres de la patria se negaron a que la vía llevara ese nombre, como si fuera un baldón, un oprobio para los vecinos. Finalmente se le puso el nombre de Vía Verde de La Jara, un nombre que sinceramente creo tiene mucho menos gancho para el turista.

Pero quizá no tenga mucha importancia porque en general quienes recorren hoy esas vías y rutas son en la mayor parte de los casos aprendices de vigoréxicos que se les da una higa que en su camino halla artesanía, pinturas rupestres o minas de oro en los que curiosear. Lo importante es el tiempo invertido en realizar el recorrido.

Una de las modestas casas hurdanas tradicionales

Así que quise ver con mis propios ojos lo que podía quedar de lo que describían Unamuno, Maurice Legendre o Antonio Ferres y me dirigí hacia Las Hurdes. Recorriendo los accesos hasta la comarca en sus pueblos más altos voy observando desde la cómoda aunque curvilínea carretera los preciosos senderos que, paralelos a los ríos y arroyos me recuerdan que Alfonso XIII llevaba guías en su expedición para adentrarse por aquellos vericuetos. Como aquel que cuando el ministro de la gobernación pidió café con leche, el «sherpa» real contestó que aunque no había en una distancia importante una sola vaca y siendo las pequeñas cabras hurdanas poco productoras del lácteo y ministerial capricho, él se lo conseguiría. Volvió al poco con la leche y cuando el jefe de todos los guardias y policías del solar patrio la degustaba fue sabedor por boca del guía de que la leche era de su propia mujer y el prócer comenzó a dar tales arcadas y hacer tales aspavientos que asustó a toda la comitiva real afeitándose luego sus largos mostachos que creía contaminados. Otro tabú más, pues al ser humano le produce más repugnancia la leche de mujer que la de cáprido por ejemplo.

Pizarra sobre pizarra fueron trazando año tras año, siglo tras siglo esos senderos encantadores que suben y bajan entre enebros y jarales. Dan ganas de recorrerlos todos aunque solo sea por prolongar el uso de algo que tantos afanes costó a aquellas gentes descalzas que aparecen en las conmovedoras fotos de los años veinte.

Rincón hurdano

Pendientes que sobrecogen y que hacen recordar al curioso cómo habían de trasponerlas los que iban a enterrar a sus difuntos, como recrea Buñuel en su Tierra sin Pan, o los que simplemente querían ver a un familiar o a la novia en otro valle.

Y  esas terrazas tan pintorescas que se elevan comiendo terreno las laderas de piedra, fertilizándola con idas y venidas para coger el humus de las madroñeras y hasta el último pedacito de materia orgánica que pueda enriquecerlo, como cuenta el antropólogo Legendre que tanto amó a esta tierra. Y algo queda todavía de aquella agricultura heroica porque al iniciar un camino hacia el río Hurdano veo como un abuelete encorvado recoge tres hojas de higuera ya caídas y las coloca con un poco de paja que corta de la cuneta con sumo cuidado y lo deposita todo junto al tallo de un solitario cerezo plantado en una minúscula terracilla de altos muros a la que se accede por una empinada y rústica escalinata de lanchas de pizarra.

Quedan todavía por aquí y por allá retazos de aquella vida al límite de unas gentes generosas. Busco a alguien que me venda unas cerezas, lo pregunto en un bar de El Gasco y uno de los paisanos que están en la barra sale aprisa del establecimiento, yo supongo que va a avisar a alguien que pueda vendérmelas, pero al cabo de unos momentos vuelve con una bolsa de la que asoman las hojas de las cerezas recién cogidas. Me las tiende con una sonrisa y cuando le pregunto qué le debo:

-Ná, lo que hace falta es que le gusten a usté.

Gran meandro del Alagón en Riomalo de Abajo

Lo mismo me sucedió cuando dos días después visité La Huetre, otra de las aldeas que mejor conservan el aire hurdano. Dos ancianas jubiladas conversan a la solana.

-Somos como hermanas. Siempre que pasa por aquí echa un vistazo para ver que no me he muerto. Pero no me saque retratos con la máquina, que a mí me da lo mismo, pero si le ve mi hijo se va a enfadar- le dice a uno de mis compañeros.

Comprendemos que los hurdanos están hartos de los turistas de la miseria que vienen todavía buscando unas Hurdes que ya no existen pero de las que sí quedan pistas y retazos, como la arquitectura popular, esas viviendas que eran calificadas como zahúrdas por los escritores de comienzos del siglo XX. Aquello conjuntos de viviendas primitivas que parecían caparazones de tortugas prehistóricas tendidas sobre las laderas todavía pueden verse en agrupaciones repartidas por algunos rincones de las aldeas. Observamos un grupo de ellas totalmente desprovistas de sus tejados de pizarra que enseñan sus vigas pudriéndose a la intemperie.

-¿Qué ha pasado con el techo de esas casas, con lo bonitas que son –pregunta mi compañero.

-Vino un señor que las compró muy baratas diciendo que iba a hacer unas casas rurales de esas. Vino un día con camiones y se llevó todas las pizarras y no volvimos a saber de él.

-¿Pero no dijeron nada las autoridades?

-Hubo quien protestó, pero ahí las tienen ustedes, echas una ruina.

– Con lo que habremos pasao en esos cuchitriles dice la otra mujeruca

SIGUIENDO EL JÉBALO POR EL VALLE DE ROBLEDO DEL MAZO

NUESTROS RÍOS, EL JÉBALO 2

SIGUIENDO EL JÉBALO POR EL VALLE DE ROBLEDO DEL MAZO

El río Jébalo a su paso por el valle de Robledo del Mazo

Vamos a conocer ahora el resto del hermoso valle de Robledo del Mazo, formado por este pueblo jareño y sus cuatro aldeas situadas en torno a la cabecera del río Jébalo que nace cerca de Piedraescrita como ya sabemos.

Ya cerca de Navaltoril, otra de las aldeas del valle del   se encuentra el lugar donde las gentes de Espinoso y Piedraescrita desarrolan un curioso ritual sobre el río pasando la imagen de un pueblo al otro.

Cada siete años, durante los meses de Mayo a Septiembre, o bien por necesidad causada por plagas o sequía, y también con una duración de cuatro meses, tienen derecho los espinoseños a tener en su poder la venerada y antigua imagen. El traslado a Espinoso es todo un acontecimiento para el pueblo y la imagen es acompañada por los agrestes parajes serranos que deben atravesarse rezando y cantando coplillas  a la Virgen.

Romería de Piedraescritade 2016 en el momento de cruzar el Jébalo con la imagen FOTO DE LA VOZ DEL TAJO

Primero se lleva la imagen a la vecina aldea de Navaltoril, también situada en el valle de Robledo. Allí se celebra una multitudinaria misa de campaña que preside también la imagen de la Inmaculada de Navaltoril con asistencia de gentes de todos los pueblos de los alrededores. Después se conduce la imagen hasta el paraje conocido como “El Agua de las Juntas” donde, en el mismo lecho del río Jébalo, entregan la imagen las autoridades del valle a las de Espinoso. El camino es largo y para el recorrido se despoja a la Virgen de su corona y se la pone un manto para que no se moje, pues es mucha la fe en su intercesión para traer la lluvia en tiempos de sequía. Es recibida con las calles engalanadas con arcos florales y hierbas aromáticas alfombrando el suelo, entre la emoción de todo el vecindario que la espera en el paraje conocido como el “Plaerón

Iglesia de Navaltoril

Navaltoril es otra de las aldeas de Robledo del Mazo que todavía conserva una arquitectura popular con sabor serrano en un entorno muy agradable, ya que el pueblo se sitúa desde el siglo XV en un antiguo postuero de ganados entre los prados de una nava. Cuenta con dos molinos arruinados cercanos en las riberas del Jébalo. Uno de ellos se encuentra cerca del pueblo y junto a él podemos ver un rústico.

Puente sobre el Jébalo cerca de navaltoril. Ingeniería popular en un puente de roncos jara y tierra apisonada

El otro molino está frente al cruce de la carretera que nos subirá hasta la pequeña aldea de Robledillo, cuyo caserío se sitúa en la cota más alta en la comarca y también está rodeado de un marco natural privilegiado. Es una labranza de Robledo que comienza su andadura en el siglo XVIII conociéndose el nombre de su fundador como “el abuelo Cirilo Galán”.  Cuenta el pueblo con una piscina natural y si continuamos por la misma carretera en dirección a Espinoso podemos disfrutar de la zona de recreo que se ha preparado en torno al ameno paraje de la fuente de La Teja. Otra bonita excursión desde Robledillo es la que nos acerca dirigiéndonos hacia el oeste por una senda hasta el paraje de Vallesú donde mana una caudalosa fuente.

Plaza de Robledillo

Desde Robledillo volvemos a descender hasta el valle de Robledo y continuamos la carretera en dirección oeste pasando por el lugar de Las Humfrías que, como las otras aldeas del municipio, conserva algunas muestras de la arquitectura tradicional y las ruinas de varios molinos en el cercano arroyo de Las Lanchas, pintoresco por sus cascadas.

El caserío de las Humfrías y al fondo el monte conservado con el original bosque mediterráneo en su aspecto original con los canchales típicos de las sierras jareñas

ROBLEDO DEL MAZO

Historia

El pueblo de Robledo del Mazo se fundó a mediados del siglo XV, según se deduce del testimonio de uno de los vecinos que declaran en las Relaciones de Felipe II. Refiere que uno de los fundadores fue su padre, quien con otros cuatro colmeneros se asentó en el valle para explotar una posada de colmenas. El mismo testigo asegura que el nombre del lugar deriva de que los osos que por entonces andaban por aquellas sierras jareñas causaban daños a las colmenas buscando la miel. Para espantarlos, los primeros pobladores de aquellos robledales instalaron en un arroyo un artificio al que “ pusieron hechizo” para que, movido por las aguas, diera sonoros martillazos que ahuyentaran a los animales.

Cascadas del arroyo de Las Lanchas cerca de Las Humfrías

Un testimonio del siglo XVIII asegura que “un incendio redujo a cenizas toda la población y aún los vestidos de la imagen titular, De suerte que habiendo quedado Diego García único vecino y alcalde, entregó en el ayuntamiento de la villa de Talavera su vara y jurisdicción, que con dicho motivo se agregó a la del lugar de Sevilleja. Mas, habiéndose reunido de su calamidad los vecinos dispersos, lograron reintegrarse el dominio privativo del egido y solar del pueblo”. 

CONJUNTO URBANO

Arquitectura popular jareña en el valle de Robledo

El núcleo urbano de Robledo se reparte por la ladera de su asentamiento, con las casas siguiendo calles empinadas y formando grupos bastante homogéneos de viviendas de pizarra enjalbegadas. Las construcciones son de una tipología característica en la Jara serrana, de finalidad totalmente utilitaria, y forman un conjunto curioso que conserva todavía algunos rincones con agradable sabor rural.

IGLESIA

El templo de Robledo  es muy sencillo y también sufrió los avatares bélicos. Estuvo bajo la advocación de Nuestra Señora del Robledo durante el siglo XVI para, más tarde, ser Nuestra Señora de la Encarnación su patrona. La iglesia se independizó de la de Piedraescrita en 1.676 .

Paisaje en el valle del Jébalo cerca de Robledo