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VIVIENDO COMO LOS CELTAS, LOS PASTORES DEL ALTO GREDOS (II)

VIVIENDO COMO LOS CELTAS
Majada de braguillas en El Raso de Candeleda

Majada de braguillas en El Raso de Candeleda

Cuando vemos un grupo de chozos y queseras en una majada de Gredos lo primero que nos viene a la cabeza son las construcciones de los castros celtas reconstruidos en Galicia, como el de Santa Tecla. Más cerca, en El Raso de Candeleda podemos ver reconstruidas las viviendas de un poblado vettón que ayudan a comprender las formas algo más complejas de vivienda de un núcleo urbano relativamente poblado como el que allí se asienta.

Las chozas de los pastores de la sierra tienen una tipología muy característica. Son construcciones circulares que tienen un diámetro que oscila entre los dos y los cuatro metros.

Se construyen generalmente sobre pequeñas elevaciones del terreno o sobre aterrazamientos que intentan evitar las humedades que la alta pluviosidad de aquellas alturas puede ocasionar. Constan de un muro levantado a piedra seca o con barro, “la pared”, con una altura que no suele sobrepasar el metro veinte de altura. La pared no suele tener huecos, si acaso, algún pequeño ventanuco y la puerta de madera con la altura del propio muro de piedra.

Rachones de roble en una majada en ruinas

Rachones de roble en una majada en ruinas

Sobre la pared apoyan los rachones de roble que proceden de troncos que han sido cortados longitudinalmente desgajándoles, por lo que suelen tener una cara cóncava que guía mejor las aguas filtradas de la techumbre vegetal. Sobre esos rachones se colocan, no sin destreza, las escobas, cuando la construcción se encuentra a baja altura de la montaña como es el caso de las majadas, y con piornos cuando la construcción se sitúa en los puestos de verano que aprovechan los pastos de altura. Algunos de los rachones son palos acabados en horca que forman el armazón inicial de la techumbre. En la junta del techo vegetal con la piedra se colocan a veces cepellones de tierra con hierba que impide la entrada de humedad en la choza. El techo de escobas o piorno se remata en el vértice del cono que forma con una lancha de piedra o con un bien atado y compacto capirucho vegetal. El suelo suele ser de tierra apisonada, aunque a veces está enlanchado con granito. En uno de los lados del interior de la choza el muro acaba rematado por una bisera formada por un lanchón de piedra, ya que debajo está el lugar donde se hace el fuego o “tiznera” y es necesario evitar incendios. El humo sale entre el ramaje del techo lo que a veces hacía poco habitables estas chozas

Casa con techumbre vegetal y remate en la cumbrera de medios troncos vaciados de roble

Casa con techumbre vegetal y remate en la cumbrera de medios troncos vaciados de roble

Cuando el buen tiempo lo permitía se hacía la vida en el exterior, en una terracilla también circular o semicircular llamada “estanza”. Está hecha generalmente con un pequeño murete de medio metro de altura, con el suelo enlanchado y sin puerta de acceso para evitar así que pasen los animales. En uno de los laterales se sitúa la cocina de verano al aire libre y en el contrario suele hacerse un emparrado o “solombrajo” con una parra o simplemente con hojas de helecho. La estanza suele estar dotada de una mesa de piedra hecha con una lancha de buen tamaño y con asientos también de granito alrededor.

El mobiliario de la choza no puede ser más sencillo. Del techo cuelgan los “carabancheles”, unos palos con las ramas cortadas que se cuelga del techo para a su vez colgar de él los pertrechos y los alimentos y evitar así a los roedores. Incluso a veces se coloca una tapa de lata en la parte superior para evitar así que desde el techo puedan acceder a las viandas los ratones. En la tiznera se instala el “jurganero” con dos horcas para poder colgar de él el puchero. Los tajos para sentarse son tajos compuestos por un asiento de madera y tres palos clavados en él a modo de patas. A veces encontramos algún rudimentario “vasal” fabricado con cuatro tablas y alguna alacena hecha sobre un hueco del muro. Todavía he podido ver alguna cama de las que se utilizaban antiguamente hechas con un marco de palo sostenido por cuatro patas y con cuerdas que van de un lado a otro del armazón. Los jergones se rellenaban sencillamente de hojas o de helechos secos. La iluminación se llevaba a cabo con candiles de aceite aunque también se utilizaban las lámparas de carburo los faroles de aceite o como recuerdan los más antiguos, con teas de pino.

Chozo en una majada de La Villa de Mombeltrán

Además de las chozas para los pastores había una serie de construcciones anejas frecuentes en casi todas las majadas. El “burrero” era una edificación de parecidas características a la choza pero algo más precaria en su construcción y de planta más alargada, Servía para guardar aperos y en caso de mal tiempo meter al caballo y así protegerlo.

Otras construcciones eran las zahurdas, generalmente levantadas con palos colocados como el armazón de un chozo y sobre los que se acumulaba tierra quedando debajo un hueco donde vivían los cerdos, que ya hemos dicho constituían un complemento económico importante en la vida de estos pastores, pues no sólo criaban los necesarios para su propio consumo, sino que tenían siempre algunos de cría que luego vendían y que eran alimentados con el suero de los quesos. Los gallineros eran pequeños chocillos con techo vegetal o con lanchas de piedra. Los hornos para cocer el pan se hacían sobre un plinto de piedra sobre el que se hacía la bóveda del horno con adobes dejando una puerta hecha con tres pequeños sillares de granito. Estos hornos se solían cubrir con un pequeño tejadillo que sobrepasaba la construcción por encima de la boca del horno dejando así un portalito.

Horno de una majada de rehabilitada de Guisando

LOS PASTORES DEL ALTO GREDOS

PASTORES DEL ALTO GREDOS

Comenzamos una serie de cinco artículos publicados en el Diario de Ávila y La Tribuna de Talavera sobre la vida de los pastores del alto Gredos. En este primero entrevistamos al tío Pancho, uno de los últimos.

Zagal cuidando sus cabras en el alto Gredos

Zagal cuidando sus cabras en el alto Gredos

Son muchas las formas de vida rural cuyos protagonistas son los últimos testigos de una supervivencia al límite. Cuando nos dejen, ya nadie sabrá sacarle a la naturaleza sus frutos como ellos lo hacían y una pérdida cultural irreparable se habrá producido. No hace falta ir a perdidas zonas de la Amazonía o de África para conocer pueblos cuya riqueza etnográfica es una joya del patrimonio antropológico universal.

En las cumbres de la sierra de Gredos van desapareciendo los cabreros que, aprovechando los pastos de altura, sobrevivían con su ganado en un ambiente muchas veces hostil pero que, a pesar de todas las penurias, les hacía disfrutar de una gran libertad si los comparamos con sus paisanos del llano.

Macizo central de Gredos con el Almanzor al fondo

Macizo central de Gredos con el Almanzor al fondo

Para conocer a uno de estos pastores tuve el placer de entrevistar antes de su fallecimiento a Alejandro Garro Garro un candeledano conocido cariñosamente por sus vecinos como “tío Pancho” que nos llevará de la mano por la vida y las costumbres de los hombres de las risqueras y los piornales.

Nació en Candeleda en 1913 y nos refiere con orgullo que a los once años era ya un zagal con ochenta chivas bajo su custodia. Cuando, como dice Alejandro, llegó la revolución en 1936 no quiso apuntarse a aquellos proyectos utópicos de la gente de cumbres abajo que tan lejos y extraños le sonaban, al fin y al cabo él ya vivía en su Arcadia serrana. Pero cuando fue quinto, no le quedó más remedio que servir en el ejército de los sublevados de Franco. Lo destinaron a Ávila donde ese curioso y aleatorio sistema militar de otorgar destinos le hizo tomar la jeringuilla para ser practicante. Para cualquier hombre del campo español el servicio militar es un periodo vital que queda grabado en su memoria por haber sido, generalmente, la única ocasión en que los campesinos han salido del pueblo y han conocido otras tierras y otras formas de vida. Por eso nos relata con todo lujo de detalles sus diferentes destinos en la comandancia militar, en un almacén de ropa y alimentación, donde las marciales penurias eran más livianas y donde comenzó a aprender a escribir por sí mismo, simplemente observando aquellos extraños signos y preguntando a otros su significado, con esa intuitiva forma de valerse de tantas gentes rurales que seguramente en otras circunstancias habrían destacado en una sociedad que les hubiera dado la oportunidad. Por contraposición a este buen destino con manduca asegurada nuestro hombre se las tuvo que ver como camillero en el frente de Córdoba donde dice con su gracejo serrano que a él y a sus compañeros “nos tupieron de huevos” para definir el fragor de la batalla. Recuerda también como en las minas de Almadén “me pudieron matar” en una disputa entre legionarios y guardias civiles.

Rebaño de cabras veratas pastando en gredos

Rebaño de cabras veratas pastando en Gredos

Pero “un día empezó a sonar radio Franco, radio Franco y se acabó la guerra”. Volvió a su tierra y al morir su padre se tuvo que poner a servir por “catorce duros y catorce chivas al año” en una dehesa, pero en las tierras llanas asegura que le dolía la cabeza y aquellas aguas cárdenas que bebía en la calabaza de pastor no le sentaban tan bien como las aguas serranas y este fue el motivo que Alejandro da para justificar su vuelta a las soledades de las cumbres de Gredos. Sirvió después con un patrón de mote “Pielero” por cincuenta pesetas y doce chivos. Las cifras se mezclan en la cabeza de nuestro protagonista  y no llegamos de verdad a saber cual fue el acuerdo, las condiciones que ajustaba con uno u otro patrón.

El viejo pastor me sigue hablando de las condiciones en las que trabajaba con “su señor y su señora”, los que yo durante la conversación supongo que son sus patrones, pero tercia su hijo Ángel en la charla para indicarme que en la zona se llama “mi señor y mi señora” a los suegros, curiosa costumbre con tintes medievales.

Es así como se establece por su cuenta con ciento cincuenta cabras viviendo de majada en majada, de puesto en puesto por estas  sierras hasta que se bajó con su mujer a la finca que su padre compró por cien duros en el paraje del Alcornocal, cerca de Madrigal de la Vera, en terrenos menos ásperos e inseguros y donde a la sombra de uno de esos naranjos que dan aire levantino a  las laderas del sur de Gredos estamos conversando.

Vista parcial de la Majada de Braguillas

Ya hemos conocido al personaje que nos enseñará en semanas próximas la forma de vida de estas gentes solitarias que cuando bajaban a algunos de los pueblos de la Vera o del Valle del Tiétar eran despreciados, “tratándonos como salvajes o bobos” como me dice su otro hijo, Albino. Aunque lo que se podía deducir era más bien que en las gentes del llano lo que asomaba era la envidia de estos hombres que no tenían patrón que los maltratara, que vivían con absoluta independencia en sus chozas y que, eso sí, cuando iban al pueblo pagaban al contado y había quien se les arrimaba olvidando su desprecio para que se pagaran una ronda en la taberna. Eran hombres libres y eso, había a quien no le gustaba.

Pero comencemos ya a conocer la vida de estos hombres que durante el invierno vivían en las majadas, “las mahás”, dicho en el castellano extremeño de las laderas del sur de Gredos, y que en verano subían a los “puestos” de las alturas para aprovechar los pastos más frescos y viviendo en construcciones  más precarias.

FRANCISCO NICULOSO PISANO, EL ITALIANO INTRODUCTOR DE LA CERÁMICA RENACENTISTA EN ESPAÑA. HISTORIA DE LA CERÁMICA DE TALAVERA (14)

Detalle de los azulejos planos y de arista en la iglesia parroquial de Flores (Ávila)

Mucho se ha especulado sobre si el italiano Niculoso Francisco “el Pisano” había estado en Talavera de la Reina y había introducido la cerámica renacentista en la villa, siendo por ello el precursor del gran impulso del arte del barro que hizo de Talavera sinónimo de cerámica en España y América.

Los que así lo defienden se basan en la cercanía geográfica de la última obra documentada del famoso ceramista italiano que se halla en la iglesia del pueblecito abulense de Flores, especulando por ello sobre la presencia de Niculoso en Talavera por la mera cercanía geográfica de esta obra que, por otra parte, adorna el sepulcro de un personaje sevillano originario de Flores. Porque es precisamente en Sevilla donde trabajó el Pisano y donde se alberga la mayor parte de sus obras de gran calidad.

Otro panel de la iglesia de Flores (Ávila) con el nombre del autor italiano

Se sabe poco de su vida antes de llegar a Sevilla. Nació en Pisa, o en alguno de los pueblos de su entorno, a finales del siglo XV, aunque hay referencias a documentos de la época en los que aparece como “el florentino”. Probablemente vino desde la Toscana a la ciudad del Guadalquivir atraído por el gran movimiento económico que suponía el hecho de que Sevilla se estaba convirtiendo en el mayor puerto de intercambio comercial entre España y sus colonias, con lo que esta circunstancia suponía en cuanto a concentración de fortunas y personajes enriquecidos que podían financiar la obra innovadora del “Pisano”.

La primera obra conocida de Pisano. Hecha en 1503 lauda sepulcral de Iñigo López de Santa An

Para su biógrafo Alfredo J. Morales, el artista italiano debió formarse y trabajar en alguno de los talleres de Faenza, Cafaggiolo o Casteldurante, para desplazarse después a Sevilla, donde se instala en Triana, barrio con larga tradición alfarera desde el tiempo de los romanos que contaba con el mayor número de hornos de alfar en la ciudad. Otros autores, sin embargo, han querido ver en su obra cierto influjo de las cerámicas de los Países Bajos.

En el año 1498 aparece viviendo en una casa propiedad del Cabildo un tal Niculoso, casado con la sevillana Leonor Ruiz. Su producción comienza a ser abundante y le reporta considerables beneficios. Tiene relaciones personales tanto con el alto clero, como con la nobleza sevillana, que le hacen sus encargos por la gran novedad y calidad de su obra artística, pues no solo tiene los conocimientos técnicos, sino que sus cualidades como pintor hacen de la suya una obra magnífica de gran calidad.

En 1508 con su segunda esposa, Elena Villar, paga “mil maravedíes y dos pares de buenas gallinas” al hospital de ciegos por unas casas para albergar su alfar, lo que indica que su taller progresaba y generaba importantes beneficios. Nace también ese año su hijo Juan Bautista y los padrinos de su bautizo son nobles y canónigos, lo que nos habla del ascenso social del gran ceramista. En 1511 nace su segundo hijo, Francisco. Fallece Niculoso en Sevilla en 1529 tras varias décadas desarrollando su trabajo en España.

Oratorio de la reina de los Reales Alcázares de Sevilla

Sorprenden en la ciudad sus nuevas técnicas y motivos decorativos, donde predomina la policromía y los grutescos “a lo romano” como motivos decorativos. Hasta entonces la producción cerámica andaluza se basaba en las tradiciones árabes y mudéjares, con sencillos motivos decorativos geométricos y vegetales y los azulejos de arista que, aunque parece que ya se producían en Sevilla con anterioridad a la llegada de Niculoso, su taller también los produce y los integra en sus obras, así como algunas piezas en relieve al estilo De la Robbia.

En 1503 ya se documenta alguna de sus primeras obras, como la lauda sepulcral de Iñigo López de Santa Ana. Al año siguiente se hacen en su alfar los azulejos del monasterio de Santa Paula y los de los Reales Alcázares, de los que se ha conservado el oratorio de la reina, un conjunto extraordinario cuya escena principal representa la Visitación, motivo también de otro panel de Niculoso que se encuentra en el Rijksmuseum de Amsterdam.

Retablo de la Visitación de los Reales Alcázares de Sevilla

Una de sus obras más importantes del italiano se encuentra en el pueblo pacense de Calera de León, en el Monasterio de Nuestra Señora de Tentudia que tiene, aunque no esté relacionada con su cerámica, una curiosa relación con la ciudad de Talavera, , pues en ella se encuentra un hospital de la orden de Santiago donde se hallaban los restos del maestre de la Orden de Santiago D. Pelayo Pérez Correa, famoso por sus victorias sobre los moros y por su intervención en la conquista de Jaén y Sevilla que murió encontrándose en Talavera y fue enterrado en el claustro del Hospital de Santiago, llamado hoy Santiaguito. Era este monje guerrero famoso por la leyenda que le hacía protagonista de un milagro en el que, por intercesión de la Virgen, se paró el sol para que hubiera tiempo de finalizar una batalla victoriosa para los cristianos contra los moros. Esa fama hizo que Felipe II, a su paso por Talavera camino de Lisboa, se acercara a visitar la tumba, en la que ya no estaba el cuerpo del maestre porque se había trasladado por orden de Fernando el Católico a Santa María de Tentudia. En la Talavera de 1494 este traslado fue todo un acontecimiento organizado por Pedro de Cervantes, caballero santiaguista y a la sazón regidor de la ciudad. Para la solemne ceremonia acudió el cabildo colegial y el concejo, que despidieron al cadáver acompañándolo hasta las afueras de la villa.

Panel de azulejos de representando la Anunciación en el monasterio de Santa María de Tentudia

Se inspira sus diseños en dibujos de Pinturiccio, Nicoletto Rosex de Módena y Zoán Andrea, o en grabados que ya se difundían en la época pertenecientes a libros de horas franceses o alemanes. Aunque treinta años antes de su llegada parece que se realizaban ya algunos trabajos “a la romana”, es Niculoso quien impulsa la utilización de azulejos planos, llamados así por no tener el relieve necesario en la superficie que precisaban los azulejos de arista, llamados así por estar separados los diferentes colores por relieves aplantillados.

No solo trabaja para las clases más pudientes de Sevilla, sino que su fama hace que reciba pedidos de toda España, de manera que llega a tener cierta fortuna, como nos indica el hecho de que se llegue a hacer un retrato, lujo reservado en la época sólo a personas con cierto nivel económico. Sabemos de la existencia de algunos documentos en los que se alude a pleitos del artista motivados por el alquiler de unas casas para su taller.

Detalle de la portada del monasterio de Santa Paula en Sevilla

En el año 1526 hace el retablo que adorna la iglesia del pueblo de Flores en la provincia de Ávila. La relativa cercanía de esa localidad a Talavera ha hecho que algunos aventuren la hipótesis y otros la certeza de que los azulejos fueron cocidos en la ciudad del Tajo, aunque ningún documento lo confirme.

Esta obra es descrita por Manuel Gómez Moreno en su Catálogo Artístico de la Provincia de Ávila, donde aventura por primera vez la posibilidad de la influencia de Niculoso en la cerámica talaverana:

“En la capilla de la Virgen del Rosario se han puesto como solería los azulejos arrancados del zócalo de la capilla de los Reyes (hoy están nuevamente instalados en ella). Desde luego recuerdan los de Francisco Niculoso en Sevilla y los de manufactura talaverana más antiguos; están coloridos a pincel, con blanco, amarillo de antimonio, azul y verde, y son de purísimo gusto italiano. A cada lado de la peana del altar hay cuadros compuestos de doce azulejos cada uno, con orla de moldura y follaje, coronas de frutas y hojas atadas con revueltas cintas y en medio estas alegorías: Un niño dormido con la mano apoyada en la mejilla, calavera delante y cinta en torno que dice “Memento mortis et no pecavis”. Otro niño volviéndose con espanto al ver la calavera, y esta sentencia: “Memorare in novísima tua et non pecavis in eternum”.

Les rodean otros muchos azulejos de la misma clase, que componían grutescos, un escudo de armas, que ignoramos a quien pertenezca, jarros, niños tocando el violín y terminados en macolla, y certelitos con estos letreros: “Memento mortis et non pecavis”. “Laus deo” S.P.Q.R. P. NICULOSO PISANO NICULOSUS ME FECIT 1526 ano de…”

El famoso ceramista firmaba “Niculoso Pisano Me Fecit”.

Lo que sí es seguro es que hubo influencia tanto de la cerámica sevillana sobre la talaverana como viceversa, sin que sea necesario que el propio Niculoso Pisano estuviera personalmente en Talavera de la Reina y, aunque pudiera haber comenzado en Sevilla la moda de la utilización de las técnicas y estilo italiano en la cerámica, se debe sin duda a los talleres talaveranos la gran difusión que alcanzó la azulejería renacentista en toda España, ya que en Sevilla ni siquiera Juan Bautista, el hijo del Pisano siguió ejerciendo felizmente el oficio de su padre, pues nunca llegó a alcanzar su calidad artística. Por otra parte, ya se conocían y se intentaban imitar en los talleres talaveranos las obras de mayólica italiana, sobre todo al estilo de Faenza y de la ciudad de Urbino, y especialmente las del taller de Orazzio Fontana.

Panel de azulejos del Monasterio de Santa María de Tentudia en Calera de León (Badajoz). Representa el nacimiento de la Virgen

Personalmente no creo que, como se ha especulado, Niculoso Francisco Pisano tuviera una influencia directa en el inicio de la producción de azulejos planos renacentistas en Talavera. Ni los motivos y grutescos, ni el estilo pictórico, ni las técnicas y colores, tienen similitud alguna con los azulejos talaveranos, aunque sin duda la moda de la azulejería “a la romana” fue Niculoso quien la introdujo en España e indirectamente influyó en la producción famosa de Talavera de la Reina, hoy declarada Patrimonio de la Humanidad.

Escena de la Visitación en el Rijksmuseum de Amsterdam. Firmado como Niculoso Italiano

 

san esteban EN AZULEJERÍA TALAVERANA

San Esteban representado en azulejería de Talavera del sigloXVI en la ermita de Virgen de Gracia de Velada

SAN  ESTEBAN

Fue después de Jesús el primer mártir del cristianismo. Murió en Jerusalén en el año 33. Nombrado por los apóstoles para ser uno de los primeros siete diáconos o servidores, “hombres de buena reputación llenos de espíritu y sabiduría”, como se dice en “Los Hechos de los Apóstoles”.

Destaca el santo por su entrega alos pobres y a la predicación del cristianismo, intentando incluso convertir alos sacerdotes judíos, por lo que el sanedrín le juzgó acusándole de haber blasfemado contra Dios y Moisés. Cuando les llama “reacios de oído” les acusa de haber matado al mesías y asegura que en ese momento está viendo el cielo abierto y a Jesús sentado a la diestra de Dios Padre, los sacerdotes se enfurecen y la multitud lo saca a la calle para lapidarlo. Mientras le apedrean sus ropas son dejadas a los pies de un joven llamado Saulo que en ese momento aprueba el martirio de Esteban, escena que se piensa es una referencia a san Pablo antes de su conversión. Las últimas palabras antes de morir son “Padre perdónales este pecado”.

En el siglo X se escribió una vida fabulosa de san Esteban en la que se dice que el día de su nacimiento fue secuestrado por el demonio, pero fue rescatado por un obispo llamado Julián .

El hallazgo de sus reliquias y su periplo posterior tiene también numerosos aspectos legendarios. En el año 415 un sacerdote llamado Luciano es informado en sueños por el  rabí Gamaliel, tutor de Pablo, del lugar donde se encuentran enterrados los restos de San Esteban. Las reliquias son halladas, un olor agradable e intenso se extiende cuando se abre su tumba y se decide trasladarlas a Roma pasando antes por Costantinopla y dejándose parte de ellas en otras iglesias del recorrido. Al llegar a Roma se quiere situarlas junto al cuerpo de san Lorenzo, santo nacido en España, pero, al no haber sitio suficiente y ser su sepulcro demasiado pesado, el cuerpo de san Lorenzo se desplaza milagrosamente con su sepultura a un lado para dejarle sitio al cuerpo de Esteban, por lo que el santo de la parrilla fue llamado desde entonces el “español cortés”.

Detalle del apedreamiento de San Esteban

Las escenas de su vida más representadas en el arte son la ordenación del santo por san Pedro, san Esteban predicando, el hallazgo de sus reliquias y sobre todo su lapidación, como en el caso de la imagen que nos acompaña hoy. Pertenece a uno de los paneles del retablo principal de la ermita de la Virgen de Gracia de Velada que, a diferencia de lo smanieristas paneles de los retablos laterales parece haber sido realizado por el ceramista Loaysa en el siglo XVI.

En ella aparece Esteban con su dalmática de diácono, con la que es representado al igual que san Lorenzo y san Vicente de Zaragoza. Casi siempre se le dibuja recibiendo las piedras arrodillado en actitud orante, joven, imberbe y con el cabello cortado con la tonsura clerical. Las piedras que le son lanzadas en la escena aparecen en otras representaciones como atributo específico del santo ya sea sobre su cabeza, en la mano, sobre el hombro e incluso en algún pliegue del vestido, a veces manchadas de sangre. Otros elementos que se pueden ver a veces son la palma del martirio, un incensario, la estola o el libro del Evangelio.

Su festividad es el 26 de diciembre y entre los oficios a los que protege se encuentran los picapedreros, escolares varones, toneleros, cocheros, albañiles, sastres, tejeros y otros. Es el más antiguo de los santos protectores de animales y especialmente de los caballos.

En cuanto a las enfermedades, ha sido un santo tradicionalmente invocado contra las piedras en el riñón o la vesícula, los dolores de costado y para pedir por una buena muerte.

HISTORIA FÁCIL DE LA CERÁMICADE TALAVERA (7) LOS VISIGODOS

LOS VISIGODOS EN TALAVERA

Botella visigoda hallada en la villa de Saucedo

A comienzos del siglo V llegan las primeras oleadas de pueblos bárbaros a nuestra tierra. Los hispano-romanos que, en plena decadencia del imperio, habían sufrido un proceso de ruralización ven llegar en primer lugar a los alanos que permanecen aquí hasta el año 409.

No sabemos si la actual Talavera se correspondía con la Caesaróbriga romana o coincidía más bien con la que los visigodos llamarían Aquis y que fue sede episcopal, o la Elbora  que además fue ceca en la que se acuñaron monedas, y era identificada con Talavera por Lucas de Tuy. Lo cierto es que nuestra ciudad se encontraba tanto en lo político como en lo eclesiástico en el ámbito de la Lusitania, provincia de la que, ya desde los tiempos romanos, había sido límite occidental. Los suevos ocupan la comarca en la tercera década del siglo V y permanecen en ella hasta el año 456, cuando a su vez son desplazados por los visigodos que, tras algunos años de inseguridad y luchas con los suevos de gran crueldad y destrucción, se asientan aquí definitivamente con Eurico en el año 468.

Las dos terceras partes de las muchas villae que sin duda se repartían por las vegas talaveranas caen en manos godas, permaneciendo el resto en propiedad de los hispanorromanos. Puede que Aquis fuera una de esas villae que con la cristianización se convirtieron en basílicas, como la de las Tamujas en Malpica o la de Saucedo en Talavera la Nueva.

El rey Wamba convierte a Elbora en sede episcopal presionando al metropolitano de Mérida, de nuestro obispado fugaz se conocen los nombres de dos obispos Leovigildo y Marino. También en ese monasterio se encontraba el sepulcro de San Pimenio que se traslada a Aquis en tiempo de Ervigio, año 681. Los suevos continúan atacado la lusitania por lo que no cesa el proceso de ruralización al que también contribuye la endémica lucha interna de las facciones visigodas, Witiza parece que destruyó las murallas de la ciudad en su política de destruir las defensas de las ciudades no adeptas a él.

Otro rey godo, Liuva, hijo de Recaredo, fue, según se cuenta en los cronicones en 1079 el párroco de Santa Justa de Toledo, quien en el año 601 “con celo cristiano mandó quitar los ídolos (Ceres, Palas y Júpiter) y derribar el templo, fabricó nueva y suntuosa ermita y en ella colocó la imagen de Nuestra Señora de la Madre de Dios del Prado” También San Ildefonso, tomó a la ermita bajo su protección, según los antiguos historiadores talaveranos, aunque con poco fundamento. En la iconografía de su cerámica aparece este obispo toledano que vivió en el siglo VII, cuando le es impuesta la casulla por la Virgen.

Capitel visigodo en Mohedas de La Jara

Entre los hallazgos arqueológicos de la época podemos enumerar algunos fragmentos de elementos arquitectónicos como fustes de columna, un cimacio de tipología emeritense del siglo VII, pedazos de celosías y varias fíbulas entre las que resalta una aquiliforme del Museo Arqueológico Nacional. La pilastra del museo Ruiz de Luna es de los elementos más significativos entre los de antiguas construcciones visigodas que se han hallado en la ciudad

Tapa de la sepultura de Litorio hallada en La Trinidad y que hoy se encuentra en la Basílica del Prado

Pero la pieza más interesante de la arqueología talaverana de este periodo, es la lápida sepulcral de Litorio, aunque está datada en época visigoda, pertenece a un hispanorromano, Litorio. Se encontró en 1512 cuando un hombre cavaba un pozo junto al que fue monasterio de La Trinidad, al comienzo de la calle que hoy lleva ese nombre. Se trataba de un sepulcro de mármol blanco, aunque la tapa de pizarra negra es la que se conserva con una inscripción que dice: LITORIUS FAMULUS DEY VIXIT ANNOS PLUS MINUS LXXV. REQUIVIT IN PAZE DIE VIII KLS JULIOS ERA DXXXXVIII (Litorio, siervo de Dios, vivió años setenta y cinco, poco más o menos: reposó en paz a 23 de Junio, era de 548). Una cruz y un crismón con su alfa y omega se hallan también grabados en la lápida. Según Ildefonso Fernández, puede que este Litorio fuera hijo de otro del mismo nombre, general en Roma que fue apresado por los godos y que tuvo un vástago que vivió y murió en Ebura de la Carpetania.

Cuenco visigodo hallado en Valdepusa

En el yacimiento romano de Saucedo se ha constatado también la transformación de la gran sala de la villae en una basílica paleocristiana, en el lado sudoeste se ha encontrado una piscina bautismal de inmersión con escalera de ascenso y descenso, una plaqueta decorada de mármol servía de sumidero y se dibuja en ella una roseta hexapétala, también se halló un altar paleocristiano con un crismón grabado. La planta es rectangular con ábside cuadrado. En los mosaicos destaca un neptuno que entre los primeros cristianos tuvo el significado simbólico de la salvación, otro de los motivos es el delfín que como el pez simbolizó al Salvador, una crátera es también motivo paleocristiano. Otros mosaicos tienen motivos geométricos o una mujer con una cornucopia. Las monedas que se han documentado en el yacimiento nos hablan de una ocupación continuada desde el siglo II al VIII.

Jarrito hallado en Los Navalmorales. Como éste son los que se encuentran en muchas de las tumbas visigodas.

Las piezas cerámicas tal vez más representativas so los jarritos y botellas que aparecen con mucha frecuencia en los enterramientos visigodos. Es el caso de la necrópolis del Cerro de los Moros en Torrecilla de la Jara, donde aparecieron en las tumbas estas vasijas junto a la cabeza de los difuntos, de considerable altura, por cierto. No se sabe si formaba parte de rituales para que el muerto tuviera alimentos en su paso al más allá o simplemente contenían perfumes.

En cuanto a las vajillas de uso doméstico es difícil a veces diferenciarlas de las cerámicas de uso común tardorromanas porque las tipologías permanecen en el tiempo dada la romanización de estos pueblos germánicos recién llegados. Suelen estar hechas a torno lento con cocción oxidante y a veces algo alisadas las superficies.

La mayor parte son vasijas algo toscas y con escasa decoración, solamente algún zig-zag o algunas incisiones de repetición. Se han hallado ollas, jarras, jarritos y pucheros de pequeño tamaño tal vez de uso individual, botellas con pitorro o botijitas, cuencos, tazas etc…

21 FOTOS MÁS DE INUNDACIONES EN TALAVERA ( y 2)

El río Alberche desbordado en la presa de Cazalegas

Vamos a conocer otra serie de fotos de inundaciones en Talavera. En la entrada anterior vimos algunas fotos de inundaciones del Tajo y otras provocadas por el arroyo de La Portiña. Hoy comenzamos con esta de la presa del Alberche a punto de desbordarse en el embalse de Cazalegas.

Otras fotos son de la entrada este de Talavera, siempre inundada cuando las crecidas del Alberche llegaban a un Tajo con gran caudal e inundaban la entrada oriental de la ciudad desde el puente del Alberche hasta los jardines del Prado y la Alameda.

El Centro Regional de Salud Pública inundado con la Nacional V

CIMASA, comercial mecánico agrícola era un establecimiento que se inundaba con frecuencia en las crecidas del Tajo

Cimasa, «la ILTA» e INMONTA inundadas a la entrada de Talavera

CIMASA y la Nacional V inundadas

Entrada oriental de Talavera por la nacional V durante una inundación

El Tajo desbordado

El Tajo con enorme caudal por el puente Viejo

El Tajo desbordado con el tejar de Ruiz de Luna delante

El kiosko de Valerio y la Alameda inundados

Inundaciones en la plaza de la Trinidad a principios del siglo XX. Detalle

Otra serie de fotografías pertenecen a lugares y momentos en los que se inunda la parte occidental de Talavera por las crecidas del arroyo de la Portiña.

Rescates en la inundaciones de la Portiña en el Puente de la Villa

Quiosco de puente de la Villa y calle San Gines al fondo

Inundación de La Portiña por la calle del Carmen

Inundaciones de La Portiña

Inundaciones de La Portiña en la zona norte de Talavera

Inundaciones de La Portiña por la zona de la carretera de Cervera

Inundación de la Portiña

La carretera inundada por la Portiña de San Miguel

Inundación en la Portiña de San Miguel, puente de la Villa  y plaza de la Cruz Verde

Inundaciones de la Portiña

HISTORIA FÁCIL DE LA CERÁMICA DE TALAVERA (6) LOS ROMANOS

CERÁMICA ROMANA EN TALAVERA

Vasija romana con el nombre de la propietaria; Marcela una tal marcela

En la segunda Edad del Hierro las tierras de Talavera se hallaban pobladas por los vettones, como ya hemos visto. El  caudillo lusitano Viriato se refugiaba en la sierra de San Vicente desde donde atacaba a las legiones romanas, según aventura el alemán Schulten. También en la cumbre de esa sierra es tradición que se ocultaron de las autoridades romanas los Santos Mártires Vicente Sabina y Cristeta.

No comparto la idea de algunos historiadores sobre que Talavera fuera fundada exnuovo, en el solar que hoy ocupa, sino que muy probablemente hubo poblaciones y culturas anteriores en la confluencia del Tajo y la Portiña, precisamente en esa zona del casco antiguo más elevada sobre el río Tajo, donde creo que tarde o temprano se hallarán restos de poblados indígenas de épocas anteriores a los romanos.

Tras la conquista, Talavera quedó incluida en la Lusitania, cuyo límite discurre cerca del pueblo de Santa Olalla, coincidiendo con la línea que separa la comarca de Talavera y la de Toledo, ciudad ésta más enmarcada en el mundo de los carpetanos. En el año 69 Vespasiano otorga a nuestra ciudad el carácter de municipio.

Marca a punzón de Calvinus, el primer alfarero talaverano conocido. ( LC Juan Tovar,. Del artículo de Manuel Rico en Cuaderna 21-22

No conocemos el momento exacto en el que se funda Caesaróbriga, la Talavera romana. Muchas de las excavaciones de nuestras calle y edificios sabemos que no han sido realizadas, en general, con la metodología adecuada o no se han publicado las memorias de esas actuaciones, y lo que es peor, muchos de los restos han sido destruidos o sumergidos en cemento, o, como se pretende hacer en las nuevas construcciones del casco viejo, cubriéndolos con una losa de hormigón que tapa los restos y, aunque no los destruye, pero sí impide durante muchos años su estudio.

Es evidente que Talavera fue una ciudad romana de importancia donde en el periodo tardío del imperio y en época visigoda incluso se creó un obispado, el de Aquis, sufragáneo de la diócesis de Mérida. Los restos de edificios romanos hallados en el entorno de la plaza del Pan, que muy probablemente fue el foro romano en torno al que se articulaban las dependencias de los edificios públicos y los templos principales, como sucede ahora. Así nos lo muestran las ruinas visitables del hospital de la Misericordia, las del solar de los juzgados o las del patio del Ayuntamiento, o los elementos de granito y mármol labrados hallados en las excavaciones.

Una calzada importante discurría al norte del Tajo y otra al sur, además de algunas secundarias. Como también cruzaban el territorio otras por las actuales cañadas leonesas oriental y occidental, ésta última con la impresionante calzada de el Puerto del Pico. Era por tanto Caesaróbriga una ciudad situada estratégicamente con importantes comunicaciones, como también demuestran los restos del puente romano, cercano y en parte coincidente con el puente Viejo o medieval.

Decoración estampillada de cerámica de uno de los alfares romanos de Talavera. ( LC Juan Tovar en «Talavera de la Reina en la Antigüedad» de Dionisio Urbina

Se han hallado villas romanas como la de Saucedo, baños en esa excavación y en otras localizaciones como en la Ronda del Cañillo. También se han encontrado pinturas y mosaicos de gran interés, así como calles calzadas, templos, y magníficas esculturas de bronce como el Hércules o la Venus. Las murallas visigodas y árabes se cimentan y se componen con restos de la muralla romana entre cuyos elementos se pueden observar estelas, bases y fustes de columnas..

También se han hallado varias necrópolis como la que ya descubrió el Padre Fita junto a La Portiña y, lo que es más significativo, Talavera cuenta con un conjunto epigráfico con inscripciones de la época en un número tal que ponen a nuestra ciudad a la altura de otras romanas importantes de la península. Hay estelas dedicadas a las ninfas, a los dioses manes, a Júpiter o a dioses indígenas como Togote o Aricona. Los nombres de los difuntos y sus dedicatorias nos orientan sobre el origen de algunos de ellos procedentes de otras ciudades romanas como Clunia o Segísama. Nos informa también esa epigrafía de otros datos curiosos sobre algunos de nuestros antepasados romanizados como alguno que pertenecía a la Legión VII Gemina, otro de la tribu quirina o una mujer de la dignidad sacerdotal flamínica llamada Domicia Proculina. También consta un arúspice llamado Iconio.

Así mismo ha descrito el colectivo La Enramá un posible monumento romano en Torrehierro, finca que cuenta también con otra necrópolis con buenos sepulcros. También en la Vegas de Santamaría, junto al Tajo se ha excavado un mausoleo tardorromano en cuyo interior se encontró un sepulcro esculpido que se halla en el Museo Arqueológico Nacional.

Moldes del alfar de terra sigillata de Talavera.( LC Juan Tovar ) en «Talavera de la Reina en la Antigüedad» de Dionisio Urbina

Las villas romanas más conocidas en el entorno Talaverano son las de Saucedo, la Órbiga, La Alcoba, Pompajuela, Las Tamujas, Bercenuño, por decir solo algunos ejemplos más significativos.

Yo personalmente no descarto que, si se sistematizaran y se hicieran de forma adecuada las prospecciones y excavaciones sin interferencia de constructores y con vigilancia estricta de la Junta y el ayuntamiento, tarde o temprano se hallaría el teatro romano y algún otro edificio público de importancia.

Cerámica de terra sigillata de Talavera. Domingo Portela. Cuaderna 20-21

Son de gran interés los hallazgos numismáticos y la cerámica de la que trata este artículo. El arqueólogo Dionisio Urbina ha hecho el trabajo hasta ahora más completo sobre la Talavera romana y en él nos descubre algunas cuestiones al respecto.

Como hemos comentado, también en aquella época, Talavera era una ciudad comercial debido a su situación comunicada y estratégica. Los talleres artesanales parece que se situaron especialmente en la parte occidental del casco y la riqueza generada hizo que las clases dominantes demandaran determinadas mercancías de lujo como la cerámica más elaborada, la llamada de “terra sigillata”. También son necesarios los recipientes cerámicos para contener las mercancías especialmente de índole alimentario destinadas all comercio que generaría la ciudad. Es por ello que incluso sabemos de la existencia de alfares locales e incluso de empresarios o alfareros, como “Calvinus” que dejaron su marca en las piezas elaboradas por él. La mayor parte de esos talleres se han hallado en los yacimientos excavados al oeste de la ciudad y en ellos se han documentado zonas soladas con ladrillo para secar las piezas antes de su cocción, testares o basureros donde se arrojaban las piezas rotas o defectuosas, además de restos de moldes, y atifles y ajustadores para colocar y separar las vasijas en los hornos etc…

Son piezas de lujo para la mesa y decoradas con forma de botellas, cuencos y platos. También aparecen otros elementos de lujo, como las cerámicas llamadas de paredes finas que incluso llegan a ser de tan escaso espesor que se denominan en “cáscara de huevo”. Las “marmoratas” llevan un acabado jaspeado imitando al mármol, aunque se han encontrado, en menor cantidad. También se halló en la zona de la calle de la Lechuga la marca de otro alfarero, Zoilus, pero en este caso parece ser que su producción deriva de Tuccci (Martos, Jaén). También se encuentran desde tiempo de Augusto cerámicas campanienses que en Italia eran de color negro pero que aquí se imitan pero son terminadas con tonos rojizos debido al barniz aplicado.

Por todo ello el arqueólogo Dionisio Urbina nos dice “cuenta Talavera con una industria cerámica desde el siglo I y los datos arqueológicos parecen confirmar su permanencia en épocas tardías e hispanomusulmana lo que extiende a casi dos mil años la tradición alfarera… de la ciudad de la cerámica”.

También se hallan otras cerámicas pintadas de tradición indígena que elaboraban los pueblos vettones antes de la conquista romana, además de algunas de importación como las “sigillatas orientales” de las llamadas de “engobe rojo pompeyano”y otras de origen norteafricano de tonalidades más claras.

En los últimos siglos de dominación romana se va produciendo una ruralización que conlleva también una economía más autárquica con talleres locales que elaboran cerámica de menor calidad. Empiezan a aparecer los motivos cristianos en la decoración que, por otra parte, ya no se hace con molde, sino con estampillados y decoración a ruedecilla, en tonos anaranjados y grises, así como otras cerámicas locales de tonos oscuros que intentan imitar a las lujosas cerámicas campanienses

Capitel romano hallado en el término de Velada

ARTE RUPESTRE EN LA NAVA

GRABADOS RUPESTRES EN LA NAVA DE RICOMALILLO

Detalle de los grabados de La Nava de Ricomalillo con hombres esquemáticos o "homúnculos"
Detalle de los grabados de La Nava de Ricomalillo con hombres esquemáticos o «homúnculos»

Estos grabados fueron descritos por primera vez por Miguel Méndez-Cabeza, autor de esta WEB, y son una muestra del conocido como Arte Esquemático de la Edad del Bronce.

Los primeros pastores y agricultores de La Jara dejaron su arte sobre un afloramiento de lanchas de pizarra que emergen orientadas al sur junto a un camino en el paraje conocido como La Parrilla. Se sitúan al oeste de la población de La Nava de Ricomalillo en un paraje con amplia visibilidad sobre los jarales y pobres prados y barbechos del entorno.

Risco de pizarra sobre cuya superficie se han hecho los grabados
Risco de pizarra sobre cuya superficie se han hecho los grabados

 

Como en muchos de estos casos podemos ver pequeños homúnculos o hombrecillos esquemáticos piqueteados sobre la piedra, que parecen representar una escena bélica o una danza guerrera y algunos de ellos tienen un curioso trazado que hace pensar al primer vistazo en una escuadrilla de aviones.

Otros signos además de estos antropomorfos toman formas vulviformes, ancoriformes o puntiformes, aunque también se pueden ver otras inscripciones más modernas que completan el cuadro como alguna letra o lo que pudiera ser algún arma.

Panel principal de los grabados de La Nava de Ricomalillo
Panel principal de los grabados de La Nava de Ricomalillo

La estación rupestre se encuentra junto al camino que une La Nava de Ricomalillo con el río Uso y la Vía del Verde de La Jara,  y antes de llegar encontramos la Fuente del Oro, de donde también cogían agua los lugareños para curar sus dolores reumáticos.

Algo más arriba, sobre la misma barrera a los pies de la que se sitúan los grabados, se encuentra una pequeña fuente con unos antiguos y precarios baños terapéuticos. Vemos como sucede en otros casos, que estos lugares con arte rupestre coinciden con fuentes o baños a los que las gentes atribuyen propiedades mágicas o terapéuticas.

Uno de los grabados de La Nava que representa un homúnculo esquemático

PARAJES EN EL ENTORNO DE VALDELACASA, SIGUIENDO EL CAMINO DE CARLOS V A GUADALUPE (12)

Castillo de Espejel

Son numerosos los parajes pintorescos de su término. En primer lugar, debemos visitar el castillo de Espejel a las orillas del Tajo donde los aficionados al piragüismo pueden realizar recorridos solitarios por esta zona del río donde a su paso levantarán el vuelo las cigüeñas negras, las rapaces o las garzas. En las orillas del río Pizarroso visitaremos el embalse donde los aficionados pueden practicar la pesca y, aguas abajo, cerca ya del Tajo, el terreno se hace más abrupto y hay parajes de interés como los que rodean a los dos arruinados molinos. Los olivares colonizan las riberas con sus casillas de bonita arquitectura tradicional.

Caseta de olivar techada con falsa cúpula en las orillas del Tajo

Valdelacasa tiene también una parte serrana, refugio desde antiguo de las gentes que en diversas épocas se echaron al monte, con paisajes curiosos como sus bravías cumbres cuarcíticas o la llanura situada entre la sierra y el Gualija conocida como el Planchón. El río Gualija corre por aquí montaraz entre sobrecogedoras soledades y se remansa en pequeñas pozas donde podemos tomar un baño y donde no será raro ver a los venados o a los corzos bajar a beber y a los buitres volar sobre los riscos.

Riberos del Tajo en la zona de Valdelacasa

Ahora hablaremos de uno de esos personajes. Como ya comentamos en el capítulo de “Aldeanovita”, en término de Valdelacasa, en el paraje conocido como Las Gargantillas cayó el guerrillero “Quincoces”, luchador antifranquista de estas sierras, muerto en una emboscada de la Guardia Civil tras capturar a un enlace originario de Valdelacasa que también murió en el encuentro, además de su hermano que acompañaba a Jesús Gómez Recio.Estos hechos sucedieron justo el día antes de abandonar la lucha para huir a Francia. Dicen que en el paraje queda un majano como mudo testigo del lugar en que encontraron la muerte los tres maquis.

Ermita del despoblado de La Oliva

DOS EXCURSIONES

El término de El Villar es muy extenso y gran parte de nuestro recorrido hasta Guadalupe lo haremos todavía a través de su demarcación, pero, antes de alejarnos, a una distancia de algo más de seis kilómetros hacia el suroeste, podemos acercarnos a otra de las diecisiete heredades del Pedroso que Fernando III otorgó a Talavera para que las repoblara. Se trata de La Oliva, despoblado situado en una hermosa dehesa con buenos ejemplares de encina y alcornoque y que, al igual que El Villar, muestra signos de las diferentes culturas que se asentaron allí a través de los siglos. Se han hallado al menos tres verracos en su entorno, de los cuales quedan dos, uno apenas reconocible en un prado cercano a la arruinada iglesia y el otro, situado junto a la vivienda de los propietarios actuales de la finca, que es conocido como el “Toro Mocho” por haber perdido parte del morro. Para algunos eruditos, los cimientos de la iglesia tienen en sus aparejos la apariencia de haber sido romanos, civilización que confirma su presencia por la inscripción de un ara que se sitúa frente a la puerta norte, entre otros restos arqueológicos. La construcción de la iglesia medieval pudo hacerse en su mayor parte durante el siglo XV, como indican los arcos conopiales de sus portadas. La cúpula ochavada que cubre el ábside tiene aspecto de haber sido construida en el siglo XVIII y en ella todavía se percibe el camarín donde se alojaba la Virgen de las Misericordias, aparecida sobre una oliva según la tradición y con fama de milagrosa en la comarca.

Molinos de Espejel

Si todavía tenemos ganas de andar unos dos kilómetros, podemos descender por el camino de La Barca hasta el río Tajo, donde disfrutaremos de un paraje de singular belleza que sobrevuelan las rapaces y en el que se encontraban antiguamente los viejos molinos de Los Sacristanes y de Tani, hoy sumergidos por el embalse de Valdecañas, aunque todavía hoy asoma fantasmal una antigua central eléctrica que daba luz a Valdelacasa y Valdeverdeja, un curioso ejemplo de arquitectura industrial de los años treinta.

Entrada a la ermita de la Virgen de Burguilla con el jarro de azucenas, símbolo de la Virgen, sobre el dintel.

La otra excursión nos llevará a conocer la ermita de la Virgen de Burguilla, en la carretera de El Villar a Valdelacasa. En realidad se trata de una imagen de la Virgen de Guadalupe que se entronizó en este paraje ya en el siglo XV y que servía como adelanto e impulso al peregrino para llegar hasta la Virgen de Las Villuercas. El edificio, que también perteneció con su dehesa al monasterio, mantiene algunas huellas de su antigua utilidad conventual e incluso unas cochineras de mampostería que por sus dimensiones podríamos calificar de monumentales si no fuera por el fin a que estuvieron destinadas. Hasta Burguilla se realiza una romería desde ambos pueblos limítrofes el ocho de septiembre.

UN POCO DE HISTORIA OROPESANA

Vista general del conjunto monumental de Oropesa

Los restos arqueológicos que se hallan diseminados al norte de Oropesa, aunque se encuentren a menudo en jurisdicción de la villa, están más cercanos a otros municipios, pues la complicada división de términos y dehesas que resultó de las exenciones de las villas respectivas hace que, por ejemplo, muchos de los restos paleolíticos del Guadyerbas se encuentren en término de Oropesa, así como el menhir llamado de Parrillas y otros muchos hallazgos.

Menhir hoy desaparecido situado junto al embalse de Guadyerbas. Se observan numerosas cazoletas.

Son numerosos los útiles de piedra tallada y pulimentada hallados que representan la huella del hombre del paleolítico o de la Edad del Cobre respectivamente, así como los monumentos megalíticos que confirman la presencia humana en esta época, entre dos mil y dos mil quinientos años antes de Cristo. Algunos fondos de cabaña hallados por el autor en la orilla del embalse y un yacimiento en el Golín de la Senda con lascas de sílex y cerámica son muestra de los poblados que en esta época y a lo largo de la Edad del Bronce poblaron el valle del Guadyerbas en término de Oropesa. De la Edad del Hierro contamos con abundantes muestras de que el pueblo vettón habitó la zona dejando sus esculturas zoomorfas como legado. Concretamente en la finca Valdepalacios se conserva un verraco al que le falta la cabeza.

Industria paleolítica de sílex de los yacimientos del río Guadyerbas

Los romanos dejaron una epigrafía abundante, como nos describe Jiménez de Gregorio con una lápida dedicada a Júpiter y otras dos invocando a los dioses manes de las que una de ellas hace referencia a un “castillo Comediano”. Es tradición que esta última desapareció en una restauración de la ermita encontrándose actualmente embutida en el muro. También son numerosos los restos de enterramientos y yacimientos tardorromanos repartidos por sus campos entre los que fue excavado el conocido como de El Rondal, cerca de Guadyerbas las Bajas y que, por los restos hallados de un horno de fundición y algunas herramientas y clavos de hierro y bronce, podemos deducir tuvo utilidad como lugar de producción metalúrgica. Otra villa romana fue localizada junto a una necrópolis en el entorno de la laguna de las Limas.

Guerrero en azulejería de Ruiz de Luna en el Hogar Rural de 1946, situado en la plaza mayor

En el casco urbano se encontró una estatuilla femenina en terracota con datación probablemente romana. Hay autores que aceptan la hipótesis de una primitiva fortificación romana de Oropesa que defendería el estratégico paso de la cañada y calzada que desde Talavera  (Caesaróbriga) se dirigía a Mérida (Emérita Augusta). Algunos fragmentos de cerámica y lo estratégico de su situación, además de algunos topónimos de la zona nos hacen pensar en la pervivencia de población musulmana en Oropesa y su entorno.

Este gran torreón es probablemente el más antiguo de la fortaleza de Oropesa, para algunos podía remontarse a época musulmana

La reconquista de la zona estuvo a cargo de los caballeros abulenses que batieron toda la comarca quedando como huella de aquellas conquistas medievales la pertenencia eclesiástica de La Campana de Oropesa a la diócesis de Ávila hasta hace unas décadas. La repoblación propiamente dicha comenzaría en el siglo XII y ya con Alfonso X se concedieron en 1274 ciertas franquicias a los pobladores del castillo. Nace así la población actual de Oropesa como tal.

Muralla medieval de Oropesa

En 1281 la dona este mismo rey a la Orden Militar de Santa María de España que después se incorporaría a la Orden de Santiago. A comienzos del siglo XIV el castillo es propiedad de uno de sus hijos, el infante don Juan, que otorga a sus defensores los privilegios propios de los Caballeros de Extremadura. Permanece Oropesa vinculada a miembros de la familia real como don Juan el Tuerto y sus descendientes, doña Leonor de Guzmán, favorita del rey Alfonso XI y asesinada en Talavera por su esposa la reina doña María de Portugal, y el infante don Juan de Aragón, hasta que en 1369 se une a la noble casa de los Álvarez de Toledo por donación de Enrique II a don García Álvarez de Toledo.

Uno de los dibujos murales en el Hospital de San Juan Bautista. Algunos de ellos son de época medieval

Continuará