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FOTOS ANTIGUAS DE LA CALLE CARNICERÍAS

FOTOS ANTIGUAS DE LA CALLE CARNICERÍAS

Calle Carnicerías. Segunda foto de Ruiz de Luna

Traemos hoy algunas fotografías de la calle Carnicerías que debe su nombre a que en ella se situaron desde antiguo las carnicerías municipales, pues esta actividad de la venta de carne era un monopolio del ayuntamiento y a ellas debían acudir a comprar los talaveranos. Parece que antes del siglo XVI se llamó calle de las Verduras

Va de la Plaza del Reloj a la Ronda del Cañillo y pero antiguamente  su tramo inferior era en parte la calle Pescaderías que venía desde el arco de San Agustín, hoy reconstruido,y más abajo la calle que se llamó del Cuerno desde antiguo y que continuaba con la calle Sevilla, llamada así por desembocar en la puerta del mismo nombre, de la que conservamos el arco.

Calle Carnicerías en una foto de Ruiz de Luna de los años 20. Albañales, labriegos y venta de melones y sandías.

Al final de ambas confluían por tanto, junto a la alcazaba, el primer y el segundo recinto amurallado. Hoy la calle está delimitada al oeste por la muralla de ese primer recinto y los muros de la alcazaba.

Inicio de la calle Carnicerías con el comercio de Genaro Suela a principios de siglo

En tiempos de la Segunda República se llamó de García Hernández en honor del militar fusilado junto a Fermín Galán por pronunciarse para la proclamación de la República. En los años sesenta esta segunda parte de la calle Carnicerías se reformó para de los dos callejones antes referido dejar una sola avenida con el nombre de Jose Antonio Primo de Rivera hasta que en los años 80 se denominó a toda la avenida calle Carnicerías.

Foto de Esperón de la calle Carnicerías hacia 1930, como vemos todavía era lugar de venta de sandías.
Foto de Esperón de la calle Carnicerías hacia 1930, como vemos todavía era lugar de venta de sandías.

Dos de las fotografías son vistas muy parecidas de la colección de postales que hizo Ruiz de Luna.

En ellas se ve una considerable actividad comercial, especialmente de melones y sandías. Se perciben curiosos tipos de campesinos de principios del siglo XX y los poco higiénicos albañales de aguas residuales que recorrían la ciudad y a los que se refirieron muchos viajeros por los charcos putrefactos y malos olores que producían, además de ser un medio ideal, el de las aguas estancada, para reproducirse los mosquitos que trasmitían el paludismo endémico en Talavera hasta hace unas décadas.

Detalle de la foto de Ruiz de Luna con algunos personajes
Detalle de la foto de Ruiz de Luna con algunos personajes

También es interesante la arquitectura tradicional con los balcones que cantaba el poeta Rafael Morales. También es de destacar la vista que nos ofrecen las fotografías de la antigua torre del Reloj.

Fusilados republicanos en la calle Carnicerías en septiembre de 1936
Fusilados republicanos en la calle Carnicerías en septiembre de 1936
Antiguo final de la calle Carnicerías en el arco de Sevilla

san agustín en azulejería talaverana

SAN AGUSTÍN

San Agustín en un azulejo del siglo XVI. Situado sobre la puerta de entrada al antiguo convento en la Corredera

Este obispo y gran doctor de la iglesia, al que se le considera el mayor teólogo de la cristiandad, nació allá por el año 354cerca de Hipona, en la región africana de Numidia. En el año 384 viaja a Milán para hacerse cargo de la cátedra de retórica y conoce a San Ambrosio. En el año 387 se produce su conversión cuando, tumbado bajo una higuera, escucha una voz de niño que le dice “Toma y lee”, y abre el libro de las Epístolas de San Pablo por el párrafo que decía: “No viváis en la inmoralidad y la impureza, sino revestidos de Nuestro Señor Jesucristo”. Llevó en su juventud una vida disoluta por lo que a veces se le representa con el pecho atravesado con flechas como símbolo de su arrepentimiento. Su madre le acompaña en muchos de sus viajes pero muere en Ostia y el santo vuelve solo a su patria, donde se hace sacerdote en 391 y es consagrado obispo en el 395. Vive en una comunidad como un monje, combatiendo las herejías de los donatistas y los maniqueos, entre cuyos miembros se contó antes de su conversión. Muere en el asedio de Hipona por los vándalos y durante esos días escribe “La Ciudad de Dios”.

El libro y el corazón como atributos de San Agustín

Otro pasaje de su vida, y tal vez el más conocido y representado desde el siglo XV, es el que se basa en una leyenda popular que relata cómo Agustín tenía profundas dudas sobre el dogma de la Santísima Trinidad. Iba pensando en ello paseando por la playa y encontró un niño que quería llenar un agujero en la arena con el agua del mar mediante una concha. Cuando Agustín quiso hacer ver al muchacho lo inútil de su esfuerzo, el niño, a veces representado como un ángel, le respondió que era todavía más inútil que una inteligencia humana intentara comprender el misterio de la Trinidad.

San Agustín en un panel de Ruiz de Luna en la iglesia de Arenas de San Pedro

 *Iglesia parroquial de Arenas de San Pedro. Panel lateral sobre el muro norte. Siglo XX. Policromía. Juan Ruiz de Luna. Figura del santo enmarcada por arco apuntado sobre columnas con decoración vegetal en intrados. El santo aparece revestido de obispo con el corazón en la mano simbolizando su amor a Dios.

*Convento de las Madres Agustinas. Talavera de la Reina. Siglo XVI. Policromía. Enmarcado en cenefa de cordoncillo, se trata de un azulejo encastrado sobre la portada de acceso del antiguo convento de las agustinas en la Corredera. Revestido de Obispo con el báculo y el libro como atributo. (en la imagen de inicio)

*Convento de las Madres Agustinas. Talavera de la Reina. Siglo XVIII. Policromía. Enmarcado en cenefa renacentista en azul y blanco que imita a otra igual en policromía del siglo XVII de los cuadros cerámicos de la basílica. Es un panel de gran calidad para la época en que fue realizado. Llama la atención la detallista decoración de las vestiduras y atributos del santo, aunque los rostros y el cuerpo del niño no tienen excesiva calidad en el dibujo. Los árboles de follaje escalonado rellenan los huecos posteriores de la composición.

*Iglesia de Piedrescrita. Robledo del Mazo (Toledo). Retablo de San Cristóbal. Siglo XVI. Policromía. El santo aparece investido de obispo con el Libro y el corazón como atributos.

*Convento de las madres agustinas de La Calzada de Oropesa (Toledo). Autor J. Cerro. Siglo XX. Gran panel que representa la escena del niño y la concha en un marco de atardecer junto al mar con acantilados El santo no viste como obispo sino como un hombre de su época, llevando el Libro en alusión a su obra y sabiduría, mientras escucha al niño en actitud dubitativa.

MARÍA MAGDALENA EN AZULEJERÍA TALAVERANA

SANTA MARÍA MAGDALENA

MARÍA MAGDALENA REPRESENTADA EN AZULEJERÍA TALAVERANA DEL SIGLO XVI EN LA IGLESIA DE EL CASAR DE TALAVERA

María Magdalena es una santa con la que se han confundido a lo largo de la historia hasta cuatro mujeres diferentes: la mujer pecadora que durante una comida en la casa de Simón el fariseo llena de perfume los pies de Jesús y luego los seca con sus cabellos; María de Betania, la hermana de Marta y de Lázaro que recibe a Cristo en su casa y le pide la resurrección de su hermano; la propia María de Magdala curada por Jesús del demonio que la poseía, y por último, también se le han atribuido algunos aspectos de la biografía de María Egipciaca. Se la ha considerado tradicionalmente como la imagen de la pecadora arrepentida y santificada y aunque la iglesia oriental consideró que eran tres mujeres distintas, la occidental las ha considerado la misma.

MARÍA MAGDALENA EN CERÁMICA DEL SIGLO XVI EN LA IGLESIA DE PIEDRAESCRITA

Su atributo más frecuente es el tarro del ungüento con el que perfumó los pies de Cristo. El pelo muy largo la cubre gran parte del cuerpo. El crucifijo y la calavera en muchas  ocasiones, y más raramente el látigo o una corona de espinas son símbolos de su   penitencia. Son varios los episodios en los que aparece representada. En primer lugar la de la cena de Simón en la que parece agachada ungiendo los pies de Cristo con el tarro. En ella a veces aparece Judas que se queja del derroche del perfume observando la escena. En casa de Marta y María se la observa escuchando las palabras de Jesús mientras su hacendosa hermana Marta la reprende por no trabajar y Jesús la defiende diciendo que lo que María hace es también necesario.

MARÍA MAGDLENA UNGE LOS PIES DE JESÚS EN LA CASA DE SIMÓN, AZULEJERÍA SIGLO XVI EN LA IGLESIA DE PIEDRAESCRITA

Otro pasaje muy representado en el arte es el “Noli me tangere” cuando después de la resurrección de Cristo se la aparece y al querer ella tocarle, Él se niega. Otros momentos en los que la santa está presente son el de la resurrección de Lázaro, la crucifixión, el Descendimiento de la Cruz o acompañada de las otras “santas mujeres”.

En el siglo XI, la devoción a la santa en la zona de la Provenza francesa hizo nacer numerosas leyendas, algunas basadas en pasajes de la vida de María Egipciaca, en las que se aseguraba que María Magdalena, Marta y Lázaro en un barco sin vela ni timón arribaron a Marsella y predicaron en el país el cristianismo, bautizando a muchos y retirándose la santa como ermitaña durante treinta años. Siete veces al día bajaban los ángeles y la subían al cielo, donde durante un tiempo observaba la Gloria. También se la ha pintado en su última comunión, administrada también por los ángeles o por Maximino, uno de sus compañeros de predicación.

MARÍA MAGDALENA ERMITAÑA EN LA IGLESIA DE PIEDRAESCRITA, SIGLO XVI

Encontramos en la comarca dos paneles de azulejos de Talavera que la representan en la cueva como ermitaña, uno de ellos en la parroquia de El Casar de Talavera y la otra en la ermita de Piedraescrita cuyos azulejos fueron cocidos en el siglo XVI.

De hace sólo unos años es un pequeño panel que se sitúa sobre la entrada principal de la parroquia de Garciotún, vestida con túnica, el pelo largo y sosteniendo la Cruz como símbolo de penitencia, y al fondo la iglesia del pueblo, en la que el día 22 de Julio se celebra a la santa con la muy interesante fiesta del Ramo en la que los mozos portan un ramo cónico de hojas y ramas de chopo adornados con frutas y banderas de colores. Se reparten tostones y albahaca y las mujeres cantan canciones de temas no siempre religiosos.

MARÍA MAGDALENA EN CERÁMICA DEL SIGLO XX DE C. GARRIDO EN EL TALLER DE EL CARMEN

En la iglesia de la Villa de Mombeltrán está representado en azulejos del siglo XVI el momento en que la Magdalena unge los pies de Jesús en la cena de Simón. Sobre la mesa se observa el tarro, un cuchillo y alimentos como pan y queso. Una escena similar se puede ver en la iglesia de Piedraescrita.

MAGDALENA UNGE LOS PIES DE JESÚS EN LA CENA DE SIMÓN. CERÁMICA DEL SIGLO XVI EN LA IGLESIA DE LA VILLA DE MOMBELTRÁN

Es patrona de los peluqueros, peineteros, fabricantes de perfumes y ungüentos, de los jardineros, de las prostitutas arrepentidas y de las mujeres seducidas. Se la ha invocado tradicionalmente al hacer los ungüentos para que tengan el efecto deseado y también es protectora contra la peste.

LA MUERTE CUTRE

LA MUERTE CUTREcartelseportura

Nuestra natural tendencia al esperpento lleva a la degradación de muchas de nuestras costumbres, incluidas las fúnebres, y como siempre, el exceso y la incultura llevan a las grupales conductas hispanas por la vieja y muy hollada senda de lo grotesco.

En cualquier visita a los cementerios hemos visto los millones de flores de plástico que descoloridas, o todavía nuevas y con sus chillones colores, adornan los camposantos; esos falsos bronces desteñidos, o los verdaderos que se hurtan para venderlos como chatarra, son repuestos no porque se quiera honrar al difunto sino por esos viejos ingredientes que guían las hispánicas conductas que son la envidia y «el qué dirán», no vaya a fijarse el vecino o el pariente en que la sepultura no está lo debidamente atendida.

He visto enormes tibores imitación dinastía Ming con grandes floripondios y bien sujetos con cementazo para evitar el robo de quienes, y eso es lo más curioso de nuestra esperpéntica conducta, piensan que a su deudo muerto no le importará desde el otro mundo que los jarrones o las flores que se le ofrecen sean los que ha pagado un vecino de hipogeo, y de ahí que ya las cerámicas vasijas se vendan personalizadas con el nombre del que allí reposa.placacem

Pero lo que más me llama la atención es el ritual cutre que ahora se puede ver en cada sepelio, cuando dos operarios con un mono donde se lee, por ejemplo, «Talleres Fermi» desarrolla lo que he dado en denominar «el rito del rasillón», y es que como ya no se da tierra a los difuntos, sino que se les sepulta en su cajón  de obra, todos los deudos circunspectos y llorosos observan con gran atención cómo se va haciendo la masa de cemento con primor en la mezcla,  escuchan ese nuevo gori-gori que es el sonido de los golpes de paleta del operario que rompe el rasillón de ladrillo para su mejor encaje en la tumba, y como en muchos casos ya ni siquiera se dicen unas palabras o se reza sobre la sepultura, el proceso termina con un «ya está» del albañil, que se erige así en el improvisado capellán del mortuorio evento.

En los grandes cementerios hay una especie de curas de todo a cien que con desgana y eficiente rapidez van acogiendo a la entrada a los difuntos y en un pis-pas les dan boleta para el otro mundo. No sé si en otras más costosas pólizas se incluirá un más sentido sermón o algún poema de Jorge Manrique en el caso de laicos entierros. En mi pueblo, además, esa espiritual bienvenida del cadáver se da en un zaguán cubierto por los graníticos pilares del antiguo matadero municipal. Muy propio. Es también de reseñar que con algunas de esas pólizas mortuorias de pago mensual y tras toda una vida de cotización bien se podría el asegurado haber financiado la pirámide de Keops como sepulcro.

Y como esta sociedad cutre a todos nos iguala por abajo, hemos conseguido llegar a optar por descansar en primera instancia en un pudridero, como los reyes en El Escorial y así, en esos cajones de hormigón llamados nichos acabamos como sacos de gusanos nuestras miserables vidas, soltando incluso por las chimeneas del mortuorio dispositivo cierto olor a muerte que, en verano sobre todo, se percibe en algunos de esos campos de nichos. En este caso, el rito del rasillón es sustituido por el sentido proceso de la silicona, cuando los apenados deudos miran con igual atención que en el caso del rasillón, cómo se sellan con pistola de silicona los nichos, incluso precedida la sentida ceremonia por el mecánico sonido de la grúa que sube, como si de las alturas celestiales se tratara, a la fila de nichos del quinto piso al infeliz que ya no volverá a penar en esta perra y chabacana vida.

¡Ay, si los escritores románticos vieran en lo que ha quedado su mayor fuente de inspiración!

san antonio de padua en cerámica de talavera

SAN ANTONIO DE PADUA

Este santo es de origen portugués, ya que nació en Lisboa en el año 1195 en el seno de una noble familia. En realidad se llamaba Fernando y estudió en Coimbra haciéndose canónigo agustino. Después de un fallido viaje misionero a Marruecos fue a parar a Sicilia. Más tarde se unió a San Francisco y sus compañeros viviendo en una cueva.

Tuvo gran talento para la predicación y una gran formación en las escrituras por lo que viajó por Italia, Francia y España congregando a grandes multitudes para escucharle con tal entusiasmo que se decía que hablaba como un ángel. Conseguía que ciudades enteras hicieran penitencia, convertía a los herejes, recriminaba a los ricos su egoísmo y a los clérigos corruptos les conminaba a que cambiaran de vida. Tal era su ansia de predicación, que en cierta ocasión llegó a dar un sermón a los peces del mar que según la leyenda se asomaban a escucharle. Volvió San Antonio a Asís para el traslado de los restos de San Francisco y vivió dos años más en Padua hasta su muerte. Levantaron una iglesia en la ciudad donde enterraron sus restos, y cuenta la tradición que en cierta ocasión en la que abrieron su tumba encontraron su cuerpo descompuesto, salvo la lengua, que guardaron en un cofre adornado con piedras preciosas que se ha conservado hasta hoy en una capilla.

Su culto se incrementa a partir del siglo XV cuando los portugueses lo convierten en un santo nacional y llevan su devoción a todas sus colonias, extendiéndose por todo el mundo, sobre todo entre las clases más desfavorecidas.

*Iglesia parroquial de Velada (Toledo) Siglo XX. Policromía. Enmarcado en cenefa de roleos con flores en las esquinas. El santo aparece abrazado al niño que a su vez está de pie sobre el Libro. San Antonio sostiene el lirio con la mano.

*Capilla de San Antonio. Nombela (Toledo). Siglo XX. Policromía. Enmarcado en cenefa de cadeneta recta y curva y otra con dos volutas que flanquean a una flor verde central. Representa la escena de la predicación a los peces, acompañado de varios personajes con túnica que lo observan.

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*Museo Ruiz de Luna. Talavera de la Reina. Siglo XVIII. Policromía. Este panel forma parte de otro mayor situado sobre la entrada del antiguo Convento de la Madre de Dios, en el que pidió ser sepultado Fernando de Rojas. La imagen de San Antonio se enmarca en cenefa de roleos y el santo aparece entre nubes con sus atributos habituales del Niño, el lirio y el Libro.

*Ermita de la Virgen de Gracia de Velada. Retablo lateral. Siglo XVII. Policromía. Las figuras son esbeltas y el dibujo aunque muy rectilíneo, es seguro y de calidad. El retablo enmarca las figuras entre columnas, mármoles simulados y cenefas de hojas de acanto y cadeneta. El santo aparece con su hábito y sus atributos habituales del Niño, la Cruz, el Libro y la palma del martirio.

San Antonio en azulejería en la ermita Virgen de Gracia de Velada

*Capilla de San Antonio. Nombela (Toledo). Siglo XX. Policromía. Enmarcado en cenefas de cadeneta recta y curva y otra con dos volutas que flanquean una flor verde central. Representa a San Antonio con una custodia en la mano y un asno arrodillado, en referencia al momento en que para convencer a un incrédulo judío le dijo que, si era cierto que la sagrada forma contenía a Cristo, hasta el animal lo reconocería.

Milagro del asno en la capilla de San Antonio de Padua de Nombela

*Museo Ruiz de Luna. Siglo XIX (1817). Policromía con predominio de tonos amarillos y manganeso. Placa enmarcada por sencillos filetes. Fecha y nombre del santo en cartela  de rocalla. Nubes con querubines en esquinas superiores El santo se presenta con el Niño en brazos y el lirio en la mano.

*Iglesia del despoblado de Mañosa. Cebolla (Toledo). Siglo XVI. Policromía. Frontal en el que la imagen está enmarcada por azulejos de repetición de florón, dos bandas amarillas y flecos fingidos. El santo aparece sobre terraza con matas y arquitectura  en el fondo y lleva sus atributos de la Cruz, el Libro y el Niño con la bola del mundo.

*Iglesia parroquial de La Villa de Mombeltrán. Retablillo de San Francisco. Siglo XVI. Policromía. En la parte superior cenefa de ovas y perlas con cartela con el nombre del santo, que aparece con el Libro, el Niño y la palma del martirio como atributos.

*Iglesia parroquial de Candeleda (Ávila). Siglo XVI. Policromía de predominio de azul y amarillo. Autor Juan Fernández. Enmarcado en columnas abalaustradas de decoración renacentista con ángeles, querubines y grutescos de brazos vegetales. El santo se presenta  sin atributos, solamente en actitud de orar y en ambiente oscuro y un tanto tétrico por los árboles sin hojas.

San Antonio en el retablo de Candeleda

*Basílica de Nuestra Señora del Prado. Siglo XX (1954). Policromía. Panel que forma parte del púlpito ejecutado y donado por el taller de Ruiz de Luna. Concretamente este cuadro se pinta en referencia a Antonio Ruiz de Luna Arroyo, hijo del ceramista. Enmarcado en cenefa de hojas de acanto amarillas sobre fondo verde con grutescos en el friso superior. El santo se presenta arrodillado sobre nubes con querubines y lleva el Niño y el lirio como atributos.

*Convento franciscano de Velada (Toledo) Panel de azulejos sobre la entrada principal. Siglo XVIII. Policromía. El marqués de Velada fue protector de los franciscanos y es probable que por eso aparezca esta representación. Enmarcado con cenefa de motivos vegetales formando cruces y círculos alternos. Se le dibuja con el hábito de franciscano y con un libro abierto en la mano izquierda sobre el que aparece el Niño. En la mano derecha sujeta un lirio. Fondo de nubes que enmarcan orla amarilla. Árboles en pisos, matas, flores y un conejo acompañan a la imagen del santo.

PARAJES Y PAISAJES DE VELADA, Los Arenales de El Baldío y Sotos del Guadyerbas

PARAJES Y PAISAJES DE VELADA

Los Arenales de El Baldío y Sotos del Guadyerbas y otras cosillas

Camino sobre los arenales del Baldío de Velada
Camino sobre los arenales del Baldío de Velada

Esta es una villa que, a primera vista, da la sensación al visitante de no ser precisamente un pueblo rico en recursos naturales. Tal vez sea debido a esa idea sobre Velada que tiene el forastero por identificar su entorno con lo que en la comarca se conocen como “los llanos de Velada” y que no es otra cosa que el Baldío con su aspecto de llanura árida y arenosa que da al viajero una sensación casi desértica. Seguir leyendo PARAJES Y PAISAJES DE VELADA, Los Arenales de El Baldío y Sotos del Guadyerbas

VIVIENDO COMO LOS CELTAS, LOS PASTORES DEL ALTO GREDOS (ii)

VIVIENDO COMO LOS CELTAS
Majada de braguillas en El Raso de Candeleda

Majada de braguillas en El Raso de Candeleda

Cuando vemos un grupo de chozos y queseras en una majada de Gredos lo primero que nos viene a la cabeza son las construcciones de los castros celtas reconstruidos en Galicia, como el de Santa Tecla. Más cerca, en El Raso de Candeleda podemos ver reconstruidas las viviendas de un poblado vettón que ayudan a comprender las formas algo más complejas de vivienda de un núcleo urbano relativamente poblado como el que allí se asienta.

Las chozas de los pastores de la sierra tienen una tipología muy característica. Son construcciones circulares que tienen un diámetro que oscila entre los dos y los cuatro metros.

Se construyen generalmente sobre pequeñas elevaciones del terreno o sobre aterrazamientos que intentan evitar las humedades que la alta pluviosidad de aquellas alturas puede ocasionar. Constan de un muro levantado a piedra seca o con barro, “la pared”, con una altura que no suele sobrepasar el metro veinte de altura. La pared no suele tener huecos, si acaso, algún pequeño ventanuco y la puerta de madera con la altura del propio muro de piedra.

Rachones de roble en una majada en ruinas

Rachones de roble en una majada en ruinas

Sobre la pared apoyan los rachones de roble que proceden de troncos que han sido cortados longitudinalmente desgajándoles, por lo que suelen tener una cara cóncava que guía mejor las aguas filtradas de la techumbre vegetal. Sobre esos rachones se colocan, no sin destreza, las escobas, cuando la construcción se encuentra a baja altura de la montaña como es el caso de las majadas, y con piornos cuando la construcción se sitúa en los puestos de verano que aprovechan los pastos de altura. Algunos de los rachones son palos acabados en horca que forman el armazón inicial de la techumbre. En la junta del techo vegetal con la piedra se colocan a veces cepellones de tierra con hierba que impide la entrada de humedad en la choza. El techo de escobas o piorno se remata en el vértice del cono que forma con una lancha de piedra o con un bien atado y compacto capirucho vegetal. El suelo suele ser de tierra apisonada, aunque a veces está enlanchado con granito. En uno de los lados del interior de la choza el muro acaba rematado por una bisera formada por un lanchón de piedra, ya que debajo está el lugar donde se hace el fuego o “tiznera” y es necesario evitar incendios. El humo sale entre el ramaje del techo lo que a veces hacía poco habitables estas chozas

Casa con techumbre vegetal y remate en la cumbrera de medios troncos vaciados de roble

Casa con techumbre vegetal y remate en la cumbrera de medios troncos vaciados de roble

Cuando el buen tiempo lo permitía se hacía la vida en el exterior, en una terracilla también circular o semicircular llamada “estanza”. Está hecha generalmente con un pequeño murete de medio metro de altura, con el suelo enlanchado y sin puerta de acceso para evitar así que pasen los animales. En uno de los laterales se sitúa la cocina de verano al aire libre y en el contrario suele hacerse un emparrado o “solombrajo” con una parra o simplemente con hojas de helecho. La estanza suele estar dotada de una mesa de piedra hecha con una lancha de buen tamaño y con asientos también de granito alrededor.

El mobiliario de la choza no puede ser más sencillo. Del techo cuelgan los “carabancheles”, unos palos con las ramas cortadas que se cuelga del techo para a su vez colgar de él los pertrechos y los alimentos y evitar así a los roedores. Incluso a veces se coloca una tapa de lata en la parte superior para evitar así que desde el techo puedan acceder a las viandas los ratones. En la tiznera se instala el “jurganero” con dos horcas para poder colgar de él el puchero. Los tajos para sentarse son tajos compuestos por un asiento de madera y tres palos clavados en él a modo de patas. A veces encontramos algún rudimentario “vasal” fabricado con cuatro tablas y alguna alacena hecha sobre un hueco del muro. Todavía he podido ver alguna cama de las que se utilizaban antiguamente hechas con un marco de palo sostenido por cuatro patas y con cuerdas que van de un lado a otro del armazón. Los jergones se rellenaban sencillamente de hojas o de helechos secos. La iluminación se llevaba a cabo con candiles de aceite aunque también se utilizaban las lámparas de carburo los faroles de aceite o como recuerdan los más antiguos, con teas de pino.

Chozo en una majada de La Villa de Mombeltrán

Además de las chozas para los pastores había una serie de construcciones anejas frecuentes en casi todas las majadas. El “burrero” era una edificación de parecidas características a la choza pero algo más precaria en su construcción y de planta más alargada, Servía para guardar aperos y en caso de mal tiempo meter al caballo y así protegerlo.

Otras construcciones eran las zahurdas, generalmente levantadas con palos colocados como el armazón de un chozo y sobre los que se acumulaba tierra quedando debajo un hueco donde vivían los cerdos, que ya hemos dicho constituían un complemento económico importante en la vida de estos pastores, pues no sólo criaban los necesarios para su propio consumo, sino que tenían siempre algunos de cría que luego vendían y que eran alimentados con el suero de los quesos. Los gallineros eran pequeños chocillos con techo vegetal o con lanchas de piedra. Los hornos para cocer el pan se hacían sobre un plinto de piedra sobre el que se hacía la bóveda del horno con adobes dejando una puerta hecha con tres pequeños sillares de granito. Estos hornos se solían cubrir con un pequeño tejadillo que sobrepasaba la construcción por encima de la boca del horno dejando así un portalito.

Horno de una majada de rehabilitada de Guisando

LOS PASTORES DEL ALTO GREDOS

PASTORES DEL ALTO GREDOS

Comenzamos una serie de cinco artículos publicados en el Diario de Ávila y La Tribuna de Talavera sobre la vida de los pastores del alto Gredos. En este primero entrevistamos al tío Pancho, uno de los últimos.

Zagal cuidando sus cabras en el alto Gredos

Zagal cuidando sus cabras en el alto Gredos

Son muchas las formas de vida rural cuyos protagonistas son los últimos testigos de una supervivencia al límite. Cuando nos dejen, ya nadie sabrá sacarle a la naturaleza sus frutos como ellos lo hacían y una pérdida cultural irreparable se habrá producido. No hace falta ir a perdidas zonas de la Amazonía o de África para conocer pueblos cuya riqueza etnográfica es una joya del patrimonio antropológico universal.

En las cumbres de la sierra de Gredos van desapareciendo los cabreros que, aprovechando los pastos de altura, sobrevivían con su ganado en un ambiente muchas veces hostil pero que, a pesar de todas las penurias, les hacía disfrutar de una gran libertad si los comparamos con sus paisanos del llano.

Macizo central de Gredos con el Almanzor al fondo

Macizo central de Gredos con el Almanzor al fondo

Para conocer a uno de estos pastores tuve el placer de entrevistar antes de su fallecimiento a Alejandro Garro Garro un candeledano conocido cariñosamente por sus vecinos como “tío Pancho” que nos llevará de la mano por la vida y las costumbres de los hombres de las risqueras y los piornales.

Nació en Candeleda en 1913 y nos refiere con orgullo que a los once años era ya un zagal con ochenta chivas bajo su custodia. Cuando, como dice Alejandro, llegó la revolución en 1936 no quiso apuntarse a aquellos proyectos utópicos de la gente de cumbres abajo que tan lejos y extraños le sonaban, al fin y al cabo él ya vivía en su Arcadia serrana. Pero cuando fue quinto, no le quedó más remedio que servir en el ejército de los sublevados de Franco. Lo destinaron a Ávila donde ese curioso y aleatorio sistema militar de otorgar destinos le hizo tomar la jeringuilla para ser practicante. Para cualquier hombre del campo español el servicio militar es un periodo vital que queda grabado en su memoria por haber sido, generalmente, la única ocasión en que los campesinos han salido del pueblo y han conocido otras tierras y otras formas de vida. Por eso nos relata con todo lujo de detalles sus diferentes destinos en la comandancia militar, en un almacén de ropa y alimentación, donde las marciales penurias eran más livianas y donde comenzó a aprender a escribir por sí mismo, simplemente observando aquellos extraños signos y preguntando a otros su significado, con esa intuitiva forma de valerse de tantas gentes rurales que seguramente en otras circunstancias habrían destacado en una sociedad que les hubiera dado la oportunidad. Por contraposición a este buen destino con manduca asegurada nuestro hombre se las tuvo que ver como camillero en el frente de Córdoba donde dice con su gracejo serrano que a él y a sus compañeros “nos tupieron de huevos” para definir el fragor de la batalla. Recuerda también como en las minas de Almadén “me pudieron matar” en una disputa entre legionarios y guardias civiles.

Rebaño de cabras veratas pastando en gredos

Rebaño de cabras veratas pastando en Gredos

Pero “un día empezó a sonar radio Franco, radio Franco y se acabó la guerra”. Volvió a su tierra y al morir su padre se tuvo que poner a servir por “catorce duros y catorce chivas al año” en una dehesa, pero en las tierras llanas asegura que le dolía la cabeza y aquellas aguas cárdenas que bebía en la calabaza de pastor no le sentaban tan bien como las aguas serranas y este fue el motivo que Alejandro da para justificar su vuelta a las soledades de las cumbres de Gredos. Sirvió después con un patrón de mote “Pielero” por cincuenta pesetas y doce chivos. Las cifras se mezclan en la cabeza de nuestro protagonista  y no llegamos de verdad a saber cual fue el acuerdo, las condiciones que ajustaba con uno u otro patrón.

El viejo pastor me sigue hablando de las condiciones en las que trabajaba con “su señor y su señora”, los que yo durante la conversación supongo que son sus patrones, pero tercia su hijo Ángel en la charla para indicarme que en la zona se llama “mi señor y mi señora” a los suegros, curiosa costumbre con tintes medievales.

Es así como se establece por su cuenta con ciento cincuenta cabras viviendo de majada en majada, de puesto en puesto por estas  sierras hasta que se bajó con su mujer a la finca que su padre compró por cien duros en el paraje del Alcornocal, cerca de Madrigal de la Vera, en terrenos menos ásperos e inseguros y donde a la sombra de uno de esos naranjos que dan aire levantino a  las laderas del sur de Gredos estamos conversando.

Vista parcial de la Majada de Braguillas

Ya hemos conocido al personaje que nos enseñará en semanas próximas la forma de vida de estas gentes solitarias que cuando bajaban a algunos de los pueblos de la Vera o del Valle del Tiétar eran despreciados, “tratándonos como salvajes o bobos” como me dice su otro hijo, Albino. Aunque lo que se podía deducir era más bien que en las gentes del llano lo que asomaba era la envidia de estos hombres que no tenían patrón que los maltratara, que vivían con absoluta independencia en sus chozas y que, eso sí, cuando iban al pueblo pagaban al contado y había quien se les arrimaba olvidando su desprecio para que se pagaran una ronda en la taberna. Eran hombres libres y eso, había a quien no le gustaba.

Pero comencemos ya a conocer la vida de estos hombres que durante el invierno vivían en las majadas, “las mahás”, dicho en el castellano extremeño de las laderas del sur de Gredos, y que en verano subían a los “puestos” de las alturas para aprovechar los pastos más frescos y viviendo en construcciones  más precarias.

LAS FUENTES DE LA SIERRA DE SAN VICENTE (1)

Manatial en en Cervera de los Montes conocida como Fuentesanta

 Manantial en en Cervera de los Montes

Desde el paleolítico, el hombre ha asociado el agua con el renacer de la vida y la fertilidad de la tierra. El conjunto luna-agua-mujer ha sido asumido por diferentes culturas como el círculo antropocósmico de la fecundidad. Nuestra civilización greco-romana es una de las muchas en las que su cosmogonía, sus religiones, afirman que al principio sólo existía el agua y que de ella surgió la vida.

Los pueblos vettones, que habitaban nuestra sierra hace dos mil años, también veneraban a dioses acuáticos o que moraban en las aguas. En nuestro ámbito, en un yacimiento arqueológico cercano como es el del castro de El Raso se encontró un exvoto de bronce arrojado a la corriente de la garganta de Alardos. En el poblado vettón de Ulaca, en Ávila, se ha descrito un complejo labrado en el granito con depósitos y escalinatas que podría estar relacionado con ritos de agua y sangre de este pueblo que, además, como pueblo céltico que era, consideraba entre sus lugares sagrados a las fuentes y los ríos. Los romanos, tal vez como herencia de divinidades locales anteriores, han dejado en la epigrafía de la villa de Saucedo en Talavera, entre otras, la referencia a las ninfas en un ara votiva. Entre todas las ninfas, las náyades eran las que habitaban en las fuentes de agua.

 Fuente en término de La Iglesuela

El rito iniciático de la religión cristiana, el bautismo, está directamente relacionado con el agua y es lógico que fuentes a las que probablemente se asociaron cultos antiguos hayan acabado convirtiéndose en “fuentes santas” como la de La Iglesuela. Las fuentes siempre estuvieron vinculadas a esos lugares frescos, amenos y en plena naturaleza donde en la Edad Media se localizaban siempre las apariciones marianas, el locus amoenus que frecuentemente aparece en los relatos de Gonzalo de Berceo.

Esta amenidad convierte a las fuentes en uno de esos hitos naturales, siempre agradables, en el recorrido del viajero por los parajes más atractivos de nuestra Sierra de San Vicente. Es lo que sorprendió, por ejemplo, al padre Juan de Mariana, precursor de las ciencias históricas en España, cuando vino aquí para escribir el libro que pretendía ser el manual de instrucción de Felipe III y que por las avanzadas ideas que propugnaba para su época llegó a costarle la cárcel. En el prólogo de su tratado “Del Rey y la Institución Real” nuestro ilustre paisano dice acerca de El Piélago: Brotan de todas partes las más frescas aguas, corren acá y acullá fuentes cristalinas, cosas todas por las que no sin razón fue aquel lugar llamado Piélago.

Cuerno de pastor para beber con la representación muy frecuente de una sirena o ninfa.

 Cuerno de pastor para beber con la representación muy frecuente de una sirena o ninfa.

Piélago se define como el lugar del mar que dista mucho de la tierra pero, por extensión, podríamos asimilarlo a un lugar de aguas abundantes. Tan abundantes que un cronista del siglo dieciocho llegaba a decir que en la sierra había contado más de mil fuentes. Fuentes de muy diversa categoría. Desde el manantial que ha sido algo excavado y delimitado mediante algunas lanchas de granito en la tierra de su naciente hasta las, casi monumentales, fuentes que servían de abrevadero o lavadero en las cañadas o en los ejidos de los pueblos serranos.

Las fuentes siempre han representado la imagen cíclica de la vida, el agua cae del cielo en forma de don de los dioses, penetra en la tierra y vuelve a aflorar en las fuentes, es el enlace entre el mundo alto y el bajo, entre las divinidades celestes y los poderes ctónicos.

 Fuente en San Román de los Montes

Cuando el agua no mana directamente del terreno el hombre ha sabido desde antiguo que es necesario cavar para conseguir el preciado líquido y por ello ha excavado los pozos. En la sierra de San Vicente podemos encontrar numerosos muchos de ellos que intentan utilizar los acuíferos superficiales que apenas permiten aprovechar los duros e impermeables suelos graníticos de la zona. Son numerosísimos estos pocillos y tienen un especial encanto por su rústica arquitectura. Encontramos, en primer lugar, pozos con el brocal formado simplemente por lanchas de granito hincadas en el suelo sin ni siquiera argamasa que las una. Este tipo es muy numeroso, por ejemplo, en el arroyo de los Pozos de Marrupe.

Pozo con pequeñas pilas labradas en Castillo de Bayuela

 Pozo con pequeñas pilas labradas en Castillo de Bayuela

El  hueco subterráneo del pozo suele, en general, estar fabricado de mampostería granítica con un par de lanchas horizontales que tapan parcialmente la boca del mismo. El brocal puede estar construido de grandes sillares rectangulares bien trabajados y engarzados entre sí con grapas de hierro. Un tercer tipo se construye utilizando mampostería y argamasa con la típica forma cilíndrica de los pozos y no con planta cuadrada o poligonal, que es más frecuente en los anteriores. Por último, aunque no son abundantes, también podemos encontrar algunos ejemplares en los cuales el brocal ha sido fabricado de una sola pieza, labrando y perforando un gran bloque de granito.

La palabra manantial se define como “ el nacimiento del agua” y generalmente se entiende por tal el lugar donde la humedad del suelo es suficiente como para aflorar a la superficie y así, con una pequeña excavación se consigue el acúmulo de agua suficiente como para que puedan beber el ganado o las personas. Estos manantiales eran conocidos sobre todo por los pastores que realizaban una labor de mantenimiento sobre las vetas acuíferas superficiales. En la actualidad, la disminución del pastoreo ha causado la pérdida de no pocos de estos manantiales. Alrededor de la afloración del agua se colocaban unas sencillas lanchas de piedra y, a veces, una teja, una caña o un pedazo de corcho que dirigía el pequeño chorro y hacía más fácil beber o recoger el agua en un recipiente. Por ello es frecuente encontrar en la toponimia fuentes con nombres como fuente de la Teja o fuente del Corchito, por ejemplo.

 Fuente en Marrupe

El  recipiente tradicionalmente más utilizado por los pastores era un cuerno con asa de cuero o sin ella y decorado muchas veces con motivos de arte pastoril como la efigie del dueño y sus iniciales, motivos vegetales o animales y un curioso motivo de un ser mitad pez y mitad mujer que para algunos etnólogos no es sino la representación tradicional de las ninfas de las fuentes, y no de las sirenas marinas, poco conocidas como motivo mitológico por nuestras rústicas gentes castellanas.

san esteban EN AZULEJERÍA TALAVERANA

San Esteban representado en azulejería de Talavera del sigloXVI en la ermita de Virgen de Gracia de Velada

SAN  ESTEBAN

Fue después de Jesús el primer mártir del cristianismo. Murió en Jerusalén en el año 33. Nombrado por los apóstoles para ser uno de los primeros siete diáconos o servidores, “hombres de buena reputación llenos de espíritu y sabiduría”, como se dice en “Los Hechos de los Apóstoles”.

Destaca el santo por su entrega alos pobres y a la predicación del cristianismo, intentando incluso convertir alos sacerdotes judíos, por lo que el sanedrín le juzgó acusándole de haber blasfemado contra Dios y Moisés. Cuando les llama “reacios de oído” les acusa de haber matado al mesías y asegura que en ese momento está viendo el cielo abierto y a Jesús sentado a la diestra de Dios Padre, los sacerdotes se enfurecen y la multitud lo saca a la calle para lapidarlo. Mientras le apedrean sus ropas son dejadas a los pies de un joven llamado Saulo que en ese momento aprueba el martirio de Esteban, escena que se piensa es una referencia a san Pablo antes de su conversión. Las últimas palabras antes de morir son “Padre perdónales este pecado”.

En el siglo X se escribió una vida fabulosa de san Esteban en la que se dice que el día de su nacimiento fue secuestrado por el demonio, pero fue rescatado por un obispo llamado Julián .

El hallazgo de sus reliquias y su periplo posterior tiene también numerosos aspectos legendarios. En el año 415 un sacerdote llamado Luciano es informado en sueños por el  rabí Gamaliel, tutor de Pablo, del lugar donde se encuentran enterrados los restos de San Esteban. Las reliquias son halladas, un olor agradable e intenso se extiende cuando se abre su tumba y se decide trasladarlas a Roma pasando antes por Costantinopla y dejándose parte de ellas en otras iglesias del recorrido. Al llegar a Roma se quiere situarlas junto al cuerpo de san Lorenzo, santo nacido en España, pero, al no haber sitio suficiente y ser su sepulcro demasiado pesado, el cuerpo de san Lorenzo se desplaza milagrosamente con su sepultura a un lado para dejarle sitio al cuerpo de Esteban, por lo que el santo de la parrilla fue llamado desde entonces el “español cortés”.

Detalle del apedreamiento de San Esteban

Las escenas de su vida más representadas en el arte son la ordenación del santo por san Pedro, san Esteban predicando, el hallazgo de sus reliquias y sobre todo su lapidación, como en el caso de la imagen que nos acompaña hoy. Pertenece a uno de los paneles del retablo principal de la ermita de la Virgen de Gracia de Velada que, a diferencia de lo smanieristas paneles de los retablos laterales parece haber sido realizado por el ceramista Loaysa en el siglo XVI.

En ella aparece Esteban con su dalmática de diácono, con la que es representado al igual que san Lorenzo y san Vicente de Zaragoza. Casi siempre se le dibuja recibiendo las piedras arrodillado en actitud orante, joven, imberbe y con el cabello cortado con la tonsura clerical. Las piedras que le son lanzadas en la escena aparecen en otras representaciones como atributo específico del santo ya sea sobre su cabeza, en la mano, sobre el hombro e incluso en algún pliegue del vestido, a veces manchadas de sangre. Otros elementos que se pueden ver a veces son la palma del martirio, un incensario, la estola o el libro del Evangelio.

Su festividad es el 26 de diciembre y entre los oficios a los que protege se encuentran los picapedreros, escolares varones, toneleros, cocheros, albañiles, sastres, tejeros y otros. Es el más antiguo de los santos protectores de animales y especialmente de los caballos.

En cuanto a las enfermedades, ha sido un santo tradicionalmente invocado contra las piedras en el riñón o la vesícula, los dolores de costado y para pedir por una buena muerte.