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RUTA DE LOS TRES CASTILLOS

RUTA DE LOS TRES CASTILLOS

Castillo de Villalba en término de cebolla, frente a Malpica
Castillo de Villalba en término de cebolla, frente a Malpica

La comarca de Talavera fue tierra de atalayas y torres defensivas más que de grandes castillos. Era la propia ciudad con sus tres recintos amurallados, la fortaleza principal del alfoz.

Hoy vamos a ir al sector más occidental de esta tierra, a Valdepusa territorio segregado de La Jara, donde conoceremos tres castillos poco conocidos y realizaremos además un agradable  recorrido por las orillas del río que da nombre al señorío.

Esquema del recorrido de la ruta descrita de mi libro Rutas y Senderos de talavera y Comarca. Autor del dibujo de Jose maría Perianes

Esquema del recorrido de la ruta descrita de mi libro Rutas y Senderos de Talavera y Comarcas. Autor del dibujo de Jose maría PerianesPara comenzar esta ruta nos aproximaremos hasta Malpica de Tajo. Justo enfrente de la desviación de la carretera que nos trae desde Talavera podemos subir a observar en un cerro inmediato y rodeado de olivos el castillo de Villalba, edificado en tan estratégico lugar para controlar el paso de viajeros y ganados que durante siglos transitaban por estas cañadas y calzadas romanas.

Castillo de Villalba en Cebolla

Esta fortaleza dicen que estuvo habitada por templarios y está construida en ladrillo y canto rodado con argamasa y en ella se rodaron unas escenas de la película “Con el viento solano” de Mario Camus, premiada en Cannes.

Cruzamos el Tajo hacia Malpica y vale la pena dirigirse al puente de hierro desde donde se contempla una hermosa vista del castillo-palacio en el que residían y aún residen los señores que ostentaron el Señorío de Valdepusa. Nos encontramos ante una construcción residencial que, aunque está estratégicamente defendida por el río, tiene una función más palaciega que defensiva.

Castillo de Malpica de Tajo

En las proximidades de Malpica, podemos visitar, por un camino que parte de la carretera que se dirige a San Martin de Pusa a la izquierda, los restos de la villa romana de las Tamujas que, aunque se encuentra en un estado lamentable, nos da una idea de la planta de las viviendas que disfrutaban los poderosos señores romanos que explotaban las buenas tierras de la vega del Tajo.

Volvemos a Malpica y tomamos la carretera que se dirige al pueblecito de Bernuy y, al llegar al Pusa, nos desviamos por un camino que asciende por sus orillas, al principio entre huertecillos y regadíos y más tarde junto a más o menos degradadas fresnedas, alamedas, y saucedales. Ya más alejados de la orilla son los encinares y tierras de labor las que alegran el recorrido, en las laderas del valle, sobre todo si son muy empinadas, podemos encontrar manchas muy bien conservadas del bosque mediterráneo que originariamente cubría todas las rañas de la Jara y Valdepusa. No os extrañe que puedan saliros al paso varios guardas de caza, la abundancia de perdices y conejos que se cruzarán en el camino harán que os expliquéis tanta vigilancia, y es que esta zona es una de las más ricas en caza menor de la comarca. Los italianos acuden aquí atraídos por la caza del zorzal principalmente ya que los muchos olivos y acebuches que veréis en el trayecto son el habitat ideal para las palomas y zorzales de paso.

Los primeros pobladores medievales de estas tierras fueron ascendiendo río arriba y primero repoblaron la zona del actual San Martin de Pusa. Si subimos por la orilla sur encontraremos unos grandes muros de argamasa arruinados que no son otra cosa que los restos de uno de esos primeros intentos repobladores, Venta de Mozárabes; el nombre no puede ser más sugerente.

Ruinas del castillo de Santisteban en san Martín de Pusa
Ruinas del castillo de Santisteban en san Martín de Pusa

Llegamos al puente de la carretera de Talavera a los Navalmorales, y cerca de la orilla oeste podemos detenernos a observar un horno de tejar, con la boca de carga de fuego, la de carga de ladrillos que se sostienen sobre un entramado de arcos, «el hormiguero», y enfrente la caseta de los tejeros, el pozo del agua, la alberca de amasar el barro, la era donde se secaban los ladrillos antes de cocerse. Podemos detenernos e imaginar los afanes de estos artesanos antes de tomar un cordel a la izquierda que parte de la carretera junto a un caserío que se sitúa unos centenares de metros más arriba en dirección a Talavera. Avanzando unos quinientos metros sobre la primera terraza del río se encuentran los restos del tercer castillo, apenas un par de muros que se mantienen en pie milagrosamente, se trata del castillo de Santisteban, otro despoblado de los que más tarde darían origen a la población de San Martin. Vale la pena encaramarse junto a las ruinas para contemplar una bonita vista panorámica del valle del río Pusa.

Tomamos ahora el cordel que va paralelo al río, pero por la terraza superior, y discurre entre un bosquecillo de chaparros y acebuches que, si tenemos tiempo y ganas, podemos abandonar para descender a las orillas del río y dar un solitario y ameno paseo por el sotobosque.

El Pusa y el puente de Malpasillo cerca de Santa Ana de Pusa
El Pusa y el puente de Malpasillo cerca de Santa Ana de Pusa

Finalmente el cordel se une a la carretera o a un camino asfaltado que se dirige hacia Santa Ana de Pusa, el último de los lugares que se repoblaron en el señorío de Valdepusa. Es un pueblo con un entorno muy agradable, sobre todo el encajonado cauce del Pusa que forma pequeños cañones y tablas muy cerradas entre los batolitos graníticos. Para este paseo se parte desde el cementerio hasta la orilla misma donde se encuentran los restos de un molino de agua, pasamos la zona de Malpasillo lugar llamado así por poderse cruzar el río de un sólo pero peligroso paso, tan delgado es el corte que las aguas han labrado en la roca. Después pasamos junto a un bonito puente del siglo pasado y seguimos andando por la orilla durante unos tres kilómetros hasta llegar a un cañón de mayor altura y similar a los del Jébalo en Alcaudete o el Uso junto a la Ciudad de Vascos, en estos barrancos acabamos nuestro recorrido por el valle bajo del Pusa.

PEQUEÑA CRÓNICA DE UN PASEO A LOS BAÑOS DEL HORCAJO Y DE LA GUARRA

PEQUEÑA CRÓNICA DE UN PASEO A LOS BAÑOS DEL HORCAJO Y DE LA GUARRA

Alcornocales de las dehesas de Velada
Alcornocales de las dehesas de Velada

(Enero  2016)

Para disfrutar de este invierno de almendros en flor, mariposas tempranas y hasta alguna culebra tomando el sol, y para alejarnos de la bulla de corruptos y cantamañanas, mi amigo Rafael, el Archivero, y un servidor hemos decidido recorrer las dehesas inmensas y desconocidas que se extienden entre Velada y Oropesa,

Y como siempre nos ponemos un objetivo en nuestros periplos, decidimos acercarnos hasta los Baños de El Horcajo, uno de esos charcos en los que las gentes de la comarca encontraban alivio a sus males reumáticos o «carranclas», que dicen los pacientes lugareños.

Baños del Horcajo en Alcañizo

Baños de la guarra en Torralba,

 

Vamos viendo rótulos de sonoros topónimos  Cornocosillo, que lleva los alcornoques y las encinas en el nombre; Cerro Dávila apellido de guerrero, repoblador y noble abulense cuya familia dio origen a las casas nobles de Velada y Navamorcuende, dos de los primeros señoríos de Castilla;  Quejigoso otra especie de quercus más querenciosa de humedad que sus hermanos la encina y el alcornoque de estas dehesas; arroyo de Mangas de Cuero de misterioso nombre, como El Arenal del Lobo

Sólo algunos rebaños de ovejas aprovechan  los pastos donde pacen algunas grullas, y nos sorprenden en su cercanía con su enorme tamaño de pajarraco elegante y gritador.

Y cruzamos arroyos arenosos arañuelos con su ribete de fresnos deshojados pero que muestran algunas yemas en esta primavera prematura, y bosquetes de espinos aguardando a blanquear con sus flores estos sotobosques mediterráneos.

Unos guarros negros salen tropezando de una charca con su paso presuroso. Allí gozaban tranquilos hasta que nosotros, tal vez los únicos humanos que han visto en todo el día, les sorprendemos.

Soledad, encinas y más soledad y por fin llegamos a nuestro objetivo.

Charca de los baños de El Horcajo en Alcañizo
Charca de los baños de la Guarra en Torralba

Se trata de un arroyo que se ensancha en un paraje donde afloran algunas peñas de granito y que dada la escasez de la piedra en estos parajes ha sido utilizada como cantera. Y allí está el charco de los baños, pero resulta que estos son otros baños ya en término de Torralba. Lo distinguimos por unas estacas a modo de barandilla para quienes se quieran adentrar en la poza rodeada de juncales. Hay unas construcciones cercanas pero dan la sensación de ser ganaderas, no parece que haya precarias instalaciones balnearias. Sólo parece haber sido un revolcadero como tantos baños de «la guarra» que hay en la comarca, especialmente en La Jara y que tienen similar leyenda de descubrimiento. Una guarra o una jabalina, no sé porqué son siempre hembras, que estando tullidas y enfermas curaron al revolcarse en el charco y eso dio una pista a los humanos para seguir esa línea terapéutica para sus achaques.

Sentados, disfrutamos de un atardecer en que sólo se oye a las grullas volar sobre nosotros con el trompeteo característico, su canto peculiar de tenores llegados de Suecia o Finlandia, en ruta hacia sus dormideros del embalse del Guadyerbas o de Rosarito después de bellotear bajo las copas de las viejas encinas.

En nuestro deambular por estas dehesas podemos encontrarnos con rebaños de venados como estos

Intentamos localizar los baños de El Horcajo, pero parece que queda poco de ellos por la construcción de una presa en el arroyo.

Y recuerdo que, preguntando por ellos, un pastor me dijo en una visita anterior  que su padre vio llegar a una señora montada en una tartana que hubieron de acercar al charco por su imposibilidad para moverse, y que al poco de tomar las aguas salió la señora andando tan campante, que no le hizo falta ayuda ni para subir al carrillo Y además se comió medio queso con pan.

Pero su canto a las virtudes de aquellas aguas me sorprendió todavía más cuando me explicó hecho un Hipócrates, mientras se hurgaba la mellada dentadura con una aguja de espino, que a quien de verdad le sentaban bien aquellos baños era a los veratos. Y quedé pensativo sobre los curiosos mecanismos de la herencia genética y la fisiología que hacían a los habitantes de La Vera  merecedores de los favores de las ninfas y náyades arañuelas que sin duda habitan en el fondo del charco de los baños.

RUTA DE LOS DÓLMENES

RUTA DE LOS DÓLMENES

Dolmen de Azután con el corredor en primer plano
Dolmen de Azután con el corredor en primer plano

Nos dirigimos en esta ocasión hacia Puente del Arzobispo, cruzamos el puente, tomamos la carretera de La Estrella e inmediatamente de pasar junto a una gravera se encuentra a la derecha, sobre una pequeña elevación, el dolmen de Azután. Observaremos el conjunto rodeado por un túmulo de tierra y piedras. Orientado a poniente un pequeño pasillo o corredor formado por grandes lajas de granito nos conduce a un recinto circular, también formado por dos hileras concéntricas de  grandes lajas, llamadas ortostatos por los arqueólogos.

Esquema de la Ruta de los Dólmenes dibujada por Jose María Perianes para mi libro agotado Rutas y Senderos de Talavera y Comarcas

Esquema de la Ruta de los Dólmenes dibujada por Jose María Perianes para mi libro agotado Rutas y Senderos de Talavera y ComarcasNos encontramos ante un monumento del conocido como  Megalitismo Extremeño, concretamente un dolmen de corredor de doble cámara. Fue edificado hace más de cuatro mil años por hombres de la Edad del Cobre (Calcolítico), puede incluso que del Neolítico final. Aunque el destino de estas estructuras como enterramiento está comprobada, otras finalidades mágicas, religiosas o de función simbólica de dominio sobre el territorio de un grupo humano, parecen haber condicionado su construcción.

Seguimos nuestro camino hasta llegar al cruce de Navalmoralejo que tomaremos a la derecha para dirigirnos a esta pequeña localidad llamada cariñosamente en la zona “el Cuco”. Al llegar al puente sobre el arroyo Andilucha detendremos el vehículo, subiendo el cauce llegaremos a un cerrete dominante sobre el valle llamado del Castillejo, allí se encuentran los restos de una atalaya musulmana y desde él se contempla una hermosa vista. Es agradable también el paraje que, subiendo por la ribera desde la carretera, se halla junto al antiguo puente del camino viejo que anteriormente conducía al pueblo.

Puente antiguo en el camino viejo de Navalmoralejo
Puente antiguo en el camino viejo de Navalmoralejo

La iglesia del lugar tiene su encanto y es curioso observar que uno de los sillares de la base de la espadaña no es otra cosa que un ara romana con dos rostros ya desgastados por el tiempo grabados en la piedra.

Otro lugar de interés por el matiz de magia que lo envuelve, es la Peña Fariza, a ella se acude en la la fiesta de invierno de San Antonio y por ella resbalan los vecinos y forasteros en un ritual que se repite año tras año.

Salimos de Navalmoralejo por el cordel dirigiéndonos en dirección sur hasta encontrarnos con el camino que desde La Estrella se dirige a Carrascalejo. Allí la cañada se hace impracticable con coche pero podemos seguir andando o en bicicleta hasta la  mina de la Borracha, sus  grandes zanjas y sus galerías  nos recuerdan que la Jara estuvo en la antigüedad horadada por centenares de explotaciones mineras, las primeras fueron explotadas en la época en que se construyeron los dólmenes, cuando el hombre balbuceaba en el dominio de los metales.

Torre musulmana cercana a Navalmoralejo

Volvemos sobre nuestros pasos y nos dirigimos, por el camino donde dejamos el coche, en dirección este hacia la Estrella, para desviarnos a continuación por otro  que va en dirección sur hacia la finca de la Aldehuela. Allí deberemos preguntar para visitar el dolmen que lleva su nombre. Este monumento megalítico es similar al de Azután con una mayor utilización de la pizarra y grabados de hombres esquemáticos en alguna de sus piezas, así como “cazoletas, huecos circulares grabados  en los ortostatos y de significación simbólica desconocida.

El otro dolmen importante de la comarca, es el de Navalcán, sumergido en el embalse del Guadyerbas. Tenía grabadas en los dos ortostatos de la entrada sendas figuras de serpiente que hoy pueden observarse en el Museo de Santa Cruz de Toledo.

Salimos a la carretera, junto a Aldeanueva de San Bartolomé, el cerro Castrejón domina el pueblo y si ascendemos a él podemos contemplar los restos de un poblado amurallado de la Edad del Bronce. También se vislumbran restos de los muros de las viviendas y el derrumbe de la muralla, e incluso, si observamos con atención, algún grabado rupestre representando a “homúnculos”,figuras humanas esquemáticas como las de los dólmenes. Con esto habremos finalizado un recorrido que nos lleva 4000 años atrás, con los primeros hombres que cultivaron la tierra y explotaron los afloramientos metalíferos de La Jara.

 

Dolmen de La Estrella
Dolmen de La Estrella

¿Qué había dentro ?

La curiosidad habrá hecho que os preguntéis qué se encontró en las excavaciones de estos dólmenes: huesos con muestras de incineraciones rituales ya que estaban teñidos de pigmentos de color ocre, hachas de piedra pulimentadas, hojitas y puntas de flecha de sílex, cerámica hecha a mano pues el torno no se había inventado todavía, y también algunos fragmentos de cerámica campaniforme. Este tipo de monumentos ha sido violado desde antiguo por lo que las piezas metálicas que se pudieran haber encontrado de bronce o de oro ya habían desaparecido. Es curioso que se encontraran balas soviéticas de la  guerra civil, el dolmen de Azután había alojado un nido de ametralladoras.

EL CAMINO DE CARLOS V

“Nueve veces fui a Alemania la Alta, seis he pasado en España, siete en Italia, diez he venido aquí, a Flandes, cuatro, en tiempo de paz y guerra, he entrado en Francia, dos en Inglaterra, otras dos fui contra África, las cuales todas son cuarenta, sin otros caminos de menos cuenta que por visitar mis tierras tengo hechos. Y para esto he navegado ocho veces el mar Mediterráneo y tres el Océano de España, y agora será la cuarta que volveré a pasarle para sepultarme.”

Carlos V llega a Yuste
Carlos V llega a Yuste

Artículo de Miguel Méndez-Cabeza en el Atlas de Caminería Histórica del profesor Criado del Val

EL CAMINO DE CARLOS V

El llamado “Camino de Carlos V” surge de un hecho histórico concreto. En el año 1555 el emperador Carlos I de España decide abdicar en su hijo Felipe II para retirarse al monasterio de Yuste, escogido por las suaves condiciones climáticas de la comarca de la Vera que le deberían hacer más llevadera su patología reumática y gotosa, además de una posible depresión.

La flota de su último viaje a España estaba integrada por sesenta naves guipuzcoanas, vizcaínas, asturianas y flamencas. El emperador iba a bordo de la nave capitana “La Bertendona”. En la salida le acompañaron su hijo Felipe II, a quien despidió afectuosamente dándole algunos consejos para su gobierno y conducta, sus hermanas las reinas viudas de Francia y de Hungría, su hija María y su yerno Maximiliano, rey de Bohemia, además de una brillante comitiva de flamencos y españoles.

Plano con el recorrido de la Ruta de Carlos V
Plano con el recorrido de la Ruta de Carlos V

Parte la flota del puerto holandés de Gante el 17 de septiembre de 1556.  Después de una travesía de 10 días, llega el 28 de Septiembre al puerto de Laredo en Cantabria donde el emperador permaneció descansando cinco días antes de acometer la larga marcha hasta el monasterio extremeño. El trayecto exacto recorrido por el Emperador tenía unas 90 leguas y se dividió en 21 escalas para dormir, aunque se conoce más en algunos tramos por los relatos de viajeros, crónicas o cartas que nos dicen dónde descansa Carlos V, que normalmente pernocta en casas de nobles cercanos, dependencias de la Iglesia o en casonas y palacios alquilados. El séquito del emperador, que viajaba sentado en carroza, estaba compuesto por cerca de 250 personas, entre alabarderos, secretarios, ayudas de cámara y criados. Sus hermanas, Leonor y María le acompañaron en todo el viaje

Inicia el camino con muy mal humor, pues no habían llegado a Laredo ni los médicos que debían asistirle ni los nobles que le acompañarían en el viaje, especialmente don Luis de Quijada, hombre de su confianza. Tampoco le habían suministrado los cuatro mil ducados que financiarían sus primeros días de estancia en España.

Busto de Carlos V en el monasterio de Yuste

CANTABRIA

El 5 de Octubre sale de Laredo en compañía del alcalde de Durango, ascendiendo el valle del río Ansón hasta el puerto de Los Tornos, y atravesando los pueblos de Colindres, Limpias y Ampuero, donde pernocta el día 6 de octubre. Luego sigue por Rasines y Ramales, durmiendo el día 7 en el pueblo vizcaíno de Lanestosa. El día 8 pasan por Soba pernoctando en el municipio castellano de Agüera, en la merindad burgalesa de Montija. Este camino que vamos recorriendo se seguía desde la Edad Media para unir los puertos cántabros con las merindades del norte de Burgos y poder así sacar hacia Europa las mercaderías de la pujante ciudad castellana, y también se utilizaba frecuentemente en los viajes de monarcas, nobles y comerciantes que se dirigían hacia Flandes.

Cuatro leguas separaban Agüera de Medina de Pomar, donde pernoctó el día 9 de Octubre, concretamente en el llamado Arco de la Cadena, donde se situaba la casa- torre del alcaide. Un hito conmemora el paso del Emperador en esta hermosa ciudad medieval y en otros pueblos que son final de etapa.

Después de pasar por Bisjueces cruzó por el Puente de Arenas, de origen romano, aunque con parte de su estructura de los siglos XVI y el XIX, y siguió por la población de El Almiñe por donde discurre la llamada “Calzada del Pescado”, ya que por ella se introducía desde la costa la pesca en Castilla.

El 11 de octubre durmió en Pesadas de Burgos y el día 12, antes de llegar a la ciudad castellana, pasa por Villalta y pernocta en la villa de Hontomín, en una casa cercana a la iglesia, según tradición local.

Después de pasar por Vilimar entró en Burgos, donde permaneció del 13 al 16 de Octubre. Su paso por aquí se conmemora en el arco de Santa María, levantado en el siglo XIX. Sobre él aparece la efigie del Emperador junto a otros personajes importantes en el nacimiento del reino de Castilla. Sale de la actual provincia de Burgos pasando por Celada del Camino

Ruinas del monasterio de Yuste antes de su restauración

PALENCIA

Ya en la provincia de  Palencia duerme el 17 de octubre en Palenzuela. De aquí a Torquemada recorre tres leguas el día 18 y de Torquemada a Dueñas cuatro leguas más el día 19. Había estado indispuesto pero llegó a este pueblo en mejor estado de salud.

VALLADOLID

El día 20 entra en Cabezón de Pisuerga, a cuatro leguas y ya en la provincia de Valladolid. Allí le esperaba su nieto D. Carlos al que todavía no conocía. Partió después de comer para Valladolid, donde hizo la entrada de noche ese mismo día. Allí permanece hasta el 4 de Noviembre durmiendo en el antiguo palacio real que hoy alberga la Capitanía General. Dos semanas en las que está acompañado por sus hermanas, Leonor y María, su hija Juana y su nieto Carlos.

Ese mismo día 4 sale por la Puerta del Campo después de haber comido en público y de haber recibido las muestras de cariño y respeto de la población, nobles y prelados. Por la noche llega a dormir a Valdestillas y el día 5 arriba a Medina del Campo. Allí dormiría en casa del cambista y consejero real Rodrigo de Dueñas, que hizo un recibimiento ostentoso, llegando a poner un brasero de oro macizo y quemando en él palos de canela de Ceilán, lo cual consiguió que el monarca no sólo no quisiera admitir al cambiante a que le besara la mano, sino que además ordenó pagar la estancia en su palacio, conocido hoy como la Casa Blanca, una hermosa mansión renacentista.

AVILA

El 7 de noviembre durmió en Horcajo de las Torres en la provincia de Ávila, donde al llegar dijo “Gracias a Dios que no tendré ya más visitas ni recepciones”.

Palacio de Carlos V anejo al monasterio de Yuste

SALAMANCA

Partieron de aquí  el 7 noviembre para llegar a Peñaranda de Bracamonte. Carlos V se alojó aquella noche en la mansión de los Bracamonte, posiblemente en el palacio de la Puerta del Sol. El día 8 de noviembre durmió en Alaraz después de pasar por Macoteras. Y salió de la provincia de Salamanca por Gallegos de Solmirón, donde es tradición que durmió en la casa del cura.

AVILA

El 10 de noviembre llegan al Barco de Ávila donde la comitiva recibió unas colchas que se habían pedido para mejorar las condiciones del viaje de Su Majestad.

EXTREMADURA

Cuando llegaban de noche a Tornavacas, el Rey se entretuvo en ver pescar truchas con luces en el río Jerte, y después le fueron servidas para cenar el 11 de noviembre de 1556.

El 12 noviembre de viaje hacia Jarandilla S. M. atravesó el Puerto de las Yeguas entre los valles del Jerte y de La Vera, escogiendo así este camino más corto pero más penoso que el que discurre por el valle hasta Plasencia. Pasó con grandes dificultades, ya en la litera, ya en silla de manos, e incluso a cuestas de los lugareños. Al coronar la cima del puerto, dijo: «Ya no franquearé otro puerto que el de la muerte». Después de cruzar el llamado hoy Puente de Carlos V en la garganta de la Serrá. Llegó cansado pero a buena hora a Jarandilla y se alojó en el castillo del Conde de Oropesa, hoy parador de Turismo. Visitó unos días más tarde las obras de acondicionamiento del palacio que habitaría adosado al monasterio jerónimo de Yuste junto al pueblo de Cuacos.

En abril del año 2007 se constituyó la Red de Cooperación de Ciudades y Municipios en la Ruta de Carlos V: Laredo-Yuste. En varias localidades como Medina de Pomar se sienten perfectamente identificados con la ruta, e incluso durante la segunda quincena del mes de septiembre se rememora la presencia imperial con una fiesta medieval.

5 RUTAS MOLINERAS POR LA SIERRA DE S. VICENTE

EXCURSIONES MOLINERAS POR LA SIERRA DE SAN VICENTE

Molinos de Guadyerbas en Navamorcuende
Molinos de Guadyerbas en Navamorcuende

En mi libro sobre los molinos de agua de la provincia de Toledo describo los casi trescientos molinos distribuyéndolos por zonas, Una de esa zonas con más de cincuenta artificios es la que abarca la Sierra de San Vicente y sus prolongaciones de El Berrocal por el oeste y la sierra de La Higuera y valle del Alberche por el este.

No tenemos aquí espacio para describir el funcionamiento de estas venerables construcciones que son la primera máquina, el primer ingenio que inicia para algunos la revolución industrial de los humanos, pero sí recomiendo la lectura de mi obra aludida para introducirse en su conocimiento y después visitarlos con mayor conocimiento del tema.

Muchos de esos edificios se hallan en ruina casi completa y apenas distinguimos su planta, y por ello vamos a recomendar una serie de paseos para conocer los más significativos y los que se encuentran en mejor estado o los que están más agrupados en las riberas de nuestros arroyos y pueden hacer más productiva nuestra excursión.

Primera Ruta: Subamos desde Navamorcuende hacia el Piélago y antes de llegar a coronar vemos a nuestra izquierda un cubo solitario de sillarejo con su saetín o conducto por el que salía el agua que movía el rodezno. La propia carretera se ha llevado por delante la sala del molino. Si desde él seguimos su antiguo canal entre el rebollar observamos que se trata de un curioso molino de escorrentía abastecido de caudal por canales labrados en las laderas próximas además de por una fuente cuya corriente se acumulaba en una represa. De este ejemplar sale directamente el agua a otro por debajo ya de la carretera que tiene un receptor en rampa y no en cubo como el anterior. Pero es el tercero, por debajo de los anteriores, el edificio molinero tal vez de mayor entidad de la Sierra. Perteneció al convento y tiene tres pisos y un enorme cubo al que llega el agua por un canal elevado sobre mampostería. Al cárcavo se accedía por una escalera helicoidal. Del cuarto artifico apenas se percibe su vieja rampa arruinada.

Molino en el arroyo del Batán en Garciotún-Bayuela
Molino en el arroyo del Batán en Garciotún-Bayuela

Segunda Ruta: por la cantidad de molinos asentados en sus riberas haremos una segunda excursión a la zona del denominado “puente romano” de Castillo de Bayuela, un puente del siglo XVII en torno al que se localizan seis ejemplares vinculados tanto a Bayuela como a Garciotún. Nos acercaremos por carretera y, yendo hacia Garciotún, nos detendremos donde cruza el arroyo bajo la carretera y subiremos siguiendo sus riberas. Los tres molinos más bajos son muy parecidos, con un cubo de base muy inclinada o cubo-rampa. El tercer artificio toma sus aguas del arroyo del Batán, nombre que nos indica que éste u otro edificio desparecido pudieron haber sido un ingenio también movido por el agua para abatanar los paños. El cuarto es de doble captación, pues toma el agua de ambas corrientes. El siguiente tiene la peculiaridad de asegurar la estanqueidad de su cubo con unos cilindros de cerámica llamados atanores en la terminología molinera. Otro molino tiene su anclaje en los mismos pilares del puente. Todos ellos son de una pintoresca arquitectura popular en mampostería de granito.

Molino de Garganta Tejea en Real de San Vicente
Molino de Garganta Tejea en Real de San Vicente

Tercera Ruta: Desde la gasolinera de El Real de San Vicente parte un camino que en un agradable paseo nos llevará hasta la Garganta Tejea, donde se pueden observar las ruinas de cinco molinos vinculados a El Real y Almendral. El primero de ellas capta el agua con una pequeña presa de dos metros de largo con un canal excavado en la misma chorrera. Desde su propio cárcavo el agua va al siguiente ejemplar. La pendiente es pronunciada y actualmente se puede ver un tubo de hierro por el que descendía el agua, aunque quedan restos que nos demuestran que antes era utilizada una conducción hecha sobre un tronco vaciado de castaño. Esos tubos se cubrían con lanchas de granito para protegerlos. El cuarto edificio era de mayor entidad pues tenía dos plantas y movía dos piedras. Es éste otro conjunto de interés etnográfico por ser de los pocos molinos con receptor “de tubo”y están además situados en un entorno natural de gran belleza.

Molino de Guadmora en Hinojosa de San Vicente
Molino de Guadmora en Hinojosa de San Vicente

Cuarta Ruta: Desde Hinojosa desdenderemos por una senda que va hasta el arroyo Guadmora, en término de esta localidad, encontramos dos pintorescas construcciones molineras. Seguiremos bajando por el camino paralelo a la ribera de este arroyo y ya en término de Bayuela encontraremos otros dos magníficos ejemplares en mampostería de granito que como los anteriores tienen su receptor de cubo y un de ellos también sirvió de batán.

Molino del Tiétar en La Iglesuela
Molino del Tiétar en La Iglesuela

Quinta ruta: Desde el puente de la carretera de la Iglesuela a Casavieja podemos ascender río arriba y visitar un ejemplar que era de gran belleza pero ha sido restaurado de forma no muy afortunada y más arriba otro ejemplar con su presa con un entorno natural de gran interés con cigüeña negra. Era de dos piedras y estuvo reconvertido a motor de gasoil cuando no había caudal suficiente. Si nos quedan fuerzas bajaremos luego el río hasta llegar al molino de Castillo, que se caracteriza por un canal de mampostería elevado de bloques graníticos.

Y molinos sueltos: Desde el propio casco de San Román se ascienden doscientos metros y encontramos un bonito molino en el arroyo de Las Tenebreras. Cerca del casco de Buenaventura hay otro buen ejemplar, así como en el mismo caserío de El Real donde podemos ver otros cuatro. Junto a Sotillo de las Palomas, por debajo del puente de la carretera, se encuentra sobre el Guadyerbas otro curioso ejemplar muy accesible que se intentó mover en tiempos de guerra con motor de vapor de agua, una especie de curiosa locomotora molinera.

UNA MAJADA DE CELTAS DEL SIGLO XX

No muchos conocen esta magnífica restauración de una majada de pastores de Gredos rehabilitada muy cerca del castro celta de El Raso en Candeleda.

Majada de Braguillas rehabilitada en El Raso de Candeleda
Majada de Braguillas rehabilitada en El Raso de Candeleda

En un agradable paseo desde la plataforma de aparcamiento del castro o desde el mismo castro según indica el plano adjunto,  se puede subir hasta un collado cercano donde todavía se conserva este magnífico conjunto que nos ilustra sobre una forma de vida que hasta hace pocos años se ha mantenido en estos valles del sistema central poblados hace dos mil años por los vettones.

Dos de las construcciones restauradas de la majada de Braguillas

Los chozos y corrales para el ganado, las queseras para permitir la temperatura adecuada para la fermentación del queso manteniendo la temperatura a menos de 14 º, o los hornos de pan son algunos elementos de estas majadas rehabilitadas con acierto por el Parque de Gredos y que también podemos visitar por ejemplo en el Nogal del Barranco, cerca de «la Cabra», el monumento donde acaba la carretera que desde Guisando nos aproxima a Los Galayos.

Chozo y berenga o corral de cabras en la majada de braguillas

Mampostería de granito para los muros, techos de piornos o escobas y remates de las cumbreras con troncos partido por la mitad y vaciados son algunos de los elementos que comentaremos más extensamente en otras entradas próximas sobre las formas de vida de los pastores del alto Gredos.

Excavaciones del castro y su muralla desde la senda que lleva a la majada de Braguillas

Hay que pedir la llave de la majada de Braguillas al guarda del castro de El Raso para ascender en menos de una hora. La majada de Guisando no está cercada y es de libre acceso

Esquema del acceso a la majada de Braguillas

ACABAMOS EL CAMINO DE LOS IBORES A GUADALUPE CONOCIENDO NAVALVILLAR

Arquitectura popular cerca de Navalvillar

Dejamos Castañar y tenemos dos opciones para continuar camino de Guadalupe. O bien seguimos por la carretera hacia Navalvillar, o descendemos nuevamente hacia el río y continuamos el camino paralelo al Ibor siguiéndolo en dirección sur. Si tomamos esta segunda opción llegamos a cruzarnos con la garganta Salóbriga que aguas arriba, bajo el viaducto de la carretera, cuenta un paraje muy bonito con dos viejos molinos en umbrías muy amenas.

Cada vez se cultivan más cerezosen el valle del Ibor

Si descendemos aguas abajo del arroyo, hasta su desembocadura en el Ibor también nos encontramos con otro viejo molino de pizarra en la confluencia. Aguas abajo de él, se levanta el edificio de una antigua ferrería que servía para procesar el metal extraído de las minas cercanas.
Desde garganta Salóbriga ascendemos hacia Navalvillar por la antigua carretera o por el camino que aquí se convierte en una senda.

Portada mudéjar de la iglesia de Navalvillar de Ibor

El propio nombre de Navalvillar ya nos indica la existencia de una población anterior, pues “nava” quiere decir llanura elevada y húmeda, mientras que “villar” hace referencia a la existencia previa a la repoblación de ruinas de antiguos caseríos de época indeterminada. Pero la primera alusión documentada al pueblo, o al menos al paraje donde hoy se sitúa, se encuentra en el documento del siglo XIII referido en el capítulo anterior por el que Sancho IV dona a Talavera la dehesa de Castrejón de Ibor, concretando su amojonamiento y apareciendo el paraje de Navalvillar como uno de los incluidos en dicha dehesa. Así, perteneció este pueblo a las Antiguas Tierras de Talavera y por tanto al señorío de los arzobispos de Toledo, hasta el siglo XIX en que la división provincial le incluyó en Cáceres, aunque quedó como recuerdo de aquella vieja viculación la actual pertenencia a la demarcación eclesiática de la mitra toledana.

Navalvillar desde el valle del Ibor

La iglesia de Navalvillar es construcción del siglo XVI, pero las reformas y vicisitudes bélicas apenas han dejado huellas de su antiguo patrimonio.
La principal atracción de este pueblo es su agreste y rica naturaleza con los bosques de castaños, los alcornocales y los lugares de interés que se sitúan en torno al Ibor y la garganta Salóbriga, con los parajes que antes hemos referido entre otros de interés.

Alcornocales en el valle del Ibor

En la gastronomía de Los Ibores no debemos olvidarnos del magnífico queso de cabra con denominación de origen que se produce en estas sierras con sus diferentes variedades. Esos magníficos pastos también hacen que el cabrito de la zona sea delicioso acompañándolo si queremos con unas buenas migas. Las aguas del Ibor y de sus arroyos riegan con sus aguas limpias los huertecillos que producen verduras de calidad, entre las que destacaremos las judías. También en esas aguas se crían los magníficos peces que podemos capturar y degustar. De postre, las roscas de muédago o las cerezas que se cultivan en la zona.

Paisaje con molino en Navalvillar

En cuanto a la artesanía, Castañar y Navalvillar son dos pueblos donde se pueden adquirir labores tradicionales en unos casos con los motivos y técnicas autóctonos y en otros de tipo lagarterano. Las fiestas populares de Navalvillar se celebran el diez de febrero, Santa Escolástica, y el dieciseis de agosto, San Roque.

Labores en Navalvillar

Desde Navalvillar hasta el empalme con la carretera que viene del ya descrito Camino Viejo o Camino Real de Guadalupe y del Hospital del Obispo hay cerca de diez kilómetros. El camino antiguo discurre paralelo a la carretera por su lado oriental y se une con el Camino Viejo en el paraje conocido como de la Venta Real, que dio servicio antiguamente a los romeros y de la que hoy no quedan apenas restos. El tramo de este camino de Los Ibores que continúa hasta Guadalupe coincide con el Camino Viejo en su trayecto final.

CONOCEMOS CASTAÑAR Y SALIMOS PARA NAVALVILLAR CAMINO DE GUADALUPE

Frescos con pinturas del siglo XVI que decoran un púlpito de la iglesia de Castañar representando a los padres de la Iglesia, en la imagen San Jerónimo

Conocida la historia, vamos ahora a conocer el patrimonio de Castañar de Ibor. La iglesia merece una visita pues conserva un buen retablo y un curioso púlpito decorado con pinturas del siglo XVI.La iglesia es de una sola nave y está revocada y blanqueada en su exterior ocultando así sus muros de mampostería. En el interior un arco gótico mudéjar de influencia guadalupana da acceso a una capilla y otro a la sacristía.

El presbiterio está cubierto con bóveda de crucería y entre su patrimonio escultórico se debe destacar el Cristo de La Avellaneda datado en el siglo XV y que fue traído aquí tras el despoblamiento del pequeño lugar. Es a la devoción de esta imagen a la que está dedicada la romería que se realiza desde Castañar hasta el pequeño lugar en el mes de Mayo. En la sacristía se guarda otro Cristo de pequeñas dimensiones pero de buena factura y otro más de estilo popular se encuentra expuesto presidiendo la capilla bautismal en la que también destaca una gran pila granítica con una pililla de cerámica de Puente del Arzobispo.

Iglesia parroquial de El Castañar

Aunque la arquitectura tradicional del caserío ha sido sustituida en su gran mayoría por casas de nueva construcción levantadas por los emigrantes que volvieron al pueblo, todavía se conservan algunos rincones con encanto.

Es de gran interés una cueva descubierta en 1964 en la Solana del Helechal por un agricultor al que se le hundieron las mulas mientras trabajaba la tierra. Sus formaciones calizas se distribuyen en salas a las que se ha bautizado por su aspecto como la sala roja, la sala blanca o la sala jardín y también cuenta con pequeños lagos subterráneos. Es de grandes dimensiones y todavía no está completamente explorada. Ha sido declarada Monumento Natural de Extremadura y actualmente se puede pedir cita para la visita al Geoparque de Villuercas.

Cárcavo de un molino del río Ibor. El agua que sale por el saetillo mueve el rodezno.

Desde Castañar parten algunas rutas que nos permiten adentrarnos en un entorno privilegiado por sus riquezas naturales. En primer lugar podemos dirigirnos al extenso bosque de castaños que da nombre al pueblo y entre cuyas agradables umbrías es agradable pasear. También existen parajes serranos cercanos donde llaman la atención los tupidos robledales o los ejemplares monumentales de castaño, como los que se encuentran cerca del collado del Postuero camino de las Chorreras de Calabazas, pequeñas cascadas a las que se accede por una senda pintoresca que también nos puede llevar a los solitarios montes de Calabazas, donde es difícil encontrar a nadie salvo a la fauna salvaje y a los arroyuelos de aguas continuas que bajo sus alisedas esconden rincones de lo más ameno en los que podemos tomar un baño.

Tanto en la carretera que une Bohonal con Mesas de Ibor, como en la que nos lleva a Robledollano desde Castañar existen lugares de interés en las inmediaciones del río Ibor. En el primer caso encontramos un puente medieval que servía para el trasiego de los ganados trashumantes que discurrían por una cañada.

Chozo en un castañar del río Ibor

También podemos visitar un antiguo molino de los conocidos como “de regolfo”, debido al sistema hidráulico que hacía girar las piedras con la corriente del río que aquí discurre por unas riberas de gran belleza. En el segundo de los cruces enumerados hay un merendero junto a las zonas de baño y el agua del canal que daba servicio a una central eléctrica se despeña sobre una cascada cerca de la confluencia del río Viejas con el Ibor. Cerca del puente de la carretera de Fresnedoso hay también parajes ribereños muy agradables además de las ruinas de unas antiguas herrerías y molinos aguas abajo de otro merendero.

En las sierras cercanas son abundantes los fósiles, testigos de la existencia de un antiguo mar que hace millones de años cubría esta zona y cuyos lechos marinos hicieron elevarse plegamientos geológicos posteriores. Los limos sedimentados fueron convertidos por grandes presiones en las pizarras y cuarcitas  sobre las que hoy encontramos los trilobites y otros animalejos fosilizados en aquellos lejanos tiempos.

En el Castañar son dos las fiestas principales, la concurrida romería del Cristo de La Avellaneda, celebrada en mayo, y la fiesta patronal de San Benito Abad que tiene lugar el once de julio. Se ha abierto un camping y también puede dormirse en un hostal que es además restaurante y ofrece comidas.

 

SEGUIMOS HACIA GUADALUPE DESDE LA AVELLANEDA A CASTAÑAR DE IBOR

Castañar monumental en término de El Castañar de Ibor

Desde La Avellaneda podemos encaminarnos hacia el sur por una pista en buen estado que nos llevará hasta la carretera que va desde Castañar de Ibor a Robledollano. Durante el camino podemos recrearnos con el paisaje del valle medio del Ibor con sus galerías de alisos que en algunos lugares ocultan pozas transparentes donde podemos bañarnos y pescar. En el trayecto encontramos algunos ejemplares de la arquitectura popular de estas sierras así como algunos molinos pintorescos. Los olivares suben por las laderas hasta donde el monte y los canchales se aferran todavía al terreno haciendo el paisaje más agreste.

Huertos en el valle del río Ibor

Si lo deseamos podemos desviarnos del camino al llegar a la carretera y subir a la derecha para llegar a Castañar, población situada en el lugar que desde la Edad Media se conocía como el Castrejón de Ibor. El topónimo ya nos indica la existencia de una población prehistórica localizada en un cerro fortificado. Este antiguo poblamiento también ha dejado restos como las cerámicas y útiles líticos encontrados en la llamada cueva del Aguzal, donde además se pueden observar muestras del arte esquemático de los habitantes de aquella época.

Cruz en el Castañar de Ibor

En la cueva conocida como La Mina, situada junto al río Ibor, existen pinturas rupestres más antiguas, ya que están datadas en el Paleolítico Superior y representan una de las escasas muestras del arte de esta época que existe en España, además de las situadas en la cornisa cantábrica. Dos cérvidos, dos équidos, un posible oso y dos cuadrúpedos aparecen representados sobre la colada calcítica aprovechando el primitivo artista los volúmenes de la piedra para dar relieve a sus representaciones como sucede en las pinturas de las cuevas de Altamira.

Molino en el río Ibor

Pero es en un documento de 1293 custodiado en el Archivo Municipal de Talavera de la Reina donde encontramos la primera referencia concreta a esa dehesa de Castrejón de Ibor en la que se asienta actualmente Castañar. Se trata de un privilegio del rey Sancho IV donando a Talavera esta dehesa además de otras dos que ya se encontraban en su demarcación territorial:
“Sepan Quantos esta carta vieren como nos don Sancho por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo…por hacer bien y merced al conçejo de Talavera porque han pocos pueblos e non han común ninguno e porque el Rey nuestro padre les tomó el montadgo que solían aver que era su común, por la merced que hizo a los pastores, dámosles tres dehesas en su término, que las ayan e se aprovechen dellas para su común y las puedan arrendar y hacer en ellas toda cosa que su pro sea. La rimera dehesa es en los Xebalillos…e la otra dehesa es la de Ibarromán…e la otra dehesa es del Castrejón de Ibor como van las cumbres y vierten las aguas contra Ibor e por (río) Vieja arriva fasta o nace, e dende a la mano yzquierda como vierten las aguas fazia Ibor fasta ençima de Navalvillar e dende como atraviesa la sierra fasta en Calabaças e dende fasta en la ventera fasta en la Mesa como vierten las aguas fazia Avellaneda, e dende como atraviesa Ibor fasta en el Castrejón. E mandamos que aia Talavera estas dehesas para siempre jamás con las aguas e los pastos e con los montes e con las mudas de los açores e de los falcones que en ella son o fueren de aquí adelante e defendemos firmemente que ninguno sea osado de les entrar en ellas”.

El Castañar de Ibor

Como vemos, la riqueza en aves rapaces de la zona hace que los derechos sobre ellas aparezcan específicamente en el privilegio. También es curioso constatar cómo la delimitación de la dehesa se corresponde perfectamente con la unión de los actuales términos de Castañar y Navalvillar.
Algunos historiadores consideran que esta donación fue una forma de reconciliarse con la población talaverana tras la terrible represión que hubieron de sufrir los caballeros de la villa que se habían puesto de parte de Alfonso X en la guerra que tuvo con su hijo Sancho, quien tomó venganza según la leyenda descuartizando a muchos de ellos y colgando sus despojos de la puerta de la muralla llamada Puerta de “Cuartos”.
De esta época medieval pudiera proceder la torre que se hallaba en una elevación cercana al pueblo y de la que ahora solamente queda el topónimo. Castañar perteneció a Talavera y a sus señores los arzobispos de Toledo hasta el siglo XIX en que, como la parte occidental de La Jara, pasó a integrarse en la provincia de Cáceres.

SALIMOS DE BOHONAL PARA EL DESPOBLADO DE LA AVELLANEDA CAMINO DE GUADALUPE

Arquitectura popular en Bohonal de Ibor

Hay un hostal a la entrada de Bohonal y en los bares de la localidad nos pueden dar algo de comer.

La fiesta de verano es San Bartolomé y todavía se conserva una curiosa costumbre el día de la Cruz de Mayo, concretamente el día dos de este mes, por la que los quintos van de noche marcando con cruces las puertas de las casas donde vive alguna moza por la que se sientan inclinados y a la que quieran halagar con este gesto. El segundo sábado de mayo se acude en romería a una ermita levantada a la Virgen de Guadalupe junto a la carretera de Mesas de Ibor.

Cruces en las puertas de las mozas durante la fiesta de las Cruz de Mayo en Bohonal en Bohonal

Entre los productos autóctonos debemos destacar el aceite de oliva que se comercializa en su almazara.
Desde Bohonal vamos a adentrarnos en Los Ibores siguiendo la ruta que está señalizada por ARJABOR a poco más de un kilómetro del pueblo y que es el antiguo camino entre Navalmoral de la Mata y Castañar de Ibor.

Nuestro camino discurre por el arruinado caserío de La Avellaneda

Discurre por parajes solitarios en trayecto paralelo al arroyo de Valdeazores hasta ascender a la Raña de Las Mesillas, donde confluye con la actual carretera.Nosotros no vamos continuar por ella sino que un poco más adelante dejaremos el asfalto y tomaremos un camino que desciende a la derecha hasta La Avellaneda.

La iglesia de La Avellaneda

Éste es un antiguo lugar, casi despoblado donde sobreviven fantasmales las ruinas de la mayor parte de las casas y alguna que otra mantenida a duras penas por sus dueños. Se trata del más antiguo asentamiento de la dehesa de Castrejón de Ibor que el rey Fernando III el Santo donó a la villa de Talavera, hoy de la Reina, para su repoblación. Perteneció a su concejo y por tanto al señorío de los arzobispos toledanos hasta el siglo XIX. En 1835, con la división provincial estas antiguas tierras de Talavera pasaron a pertenecer a Cáceres junto con parte de La Jara que actualmente se encuentra en la comunidad extremeña.

El cristo de La Avellaneda, hoy en la iglesia de Castañar de Ibor

La Avellaneda tiene una iglesia muy deteriorada construida en el siglo XV que conserva su espadaña pero a la que le han sido desmontados los contrafuertes. Dicen que en la despoblación del lugar tuvo que ver una plaga de termitas y que sus habitantes pasaron a vivir a Castañar, desde donde se celebra todos los años una concurrida romería hasta este lugar encantador situado en el valle del río Ibor por donde continuaremos nuestro periplo hacia Guadalupe.

El embalse de Valdecañas, todo un mar interior

El entorno aequeológico de Bohonal: En las terrazas del Tajo, desde la desembocadura del Gualija hasta el extremo occidental del término, se han hallado numerosas piezas de industria lítica trabajadas por el hombre del paleolítico inferior. Son abundantes los bifaces y raspadores que se pueden encontrar en los sedimentos movidos por el oleaje del embalse de Valdecañas en parajes como Los Navazos o las Cabrerizas.

La puente de Gualija

En las covachas graníticas formadas en la zona de confluencia del río Ibor con el Tajo se han encontrado restos neolíticos y calcolíticos en un entorno agreste de gran belleza y en esa misma zona, en el paraje conocido como Los Pibores, se conserva un buen dolmen, aunque su reutilización como cochinera lo ha deteriorado. Restos de otros cuatro dólmenes más se hallan en el término de Bohonal aunque tampoco se han conservado estos monumentos megalíticos en condiciones óptimas.

También en la Edad del Hierro dejaron los pueblos vetones muestras de su paso por aquí, hasta cinco verracos que se enumeran en las Relaciones de Felipe II y en el testimonio de un erudito del siglo XVIII que nos dejó algunos dibujos. Una de esas esculturas se conservan actualmente en Peraleda y es una cabeza de jabalí en la que se perciben perfectamente los colmillos.