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LAS BARRANCAS AL SUR DEL TAJO

LAS BARRANCAS AL SUR DEL TAJO

Una de las barrancas del término de Pueblanueva junto a las Vegas de Santa María
Una de las barrancas del término de Pueblanueva junto a las Vegas de Santa María

La gran erosión y las especiales características edafológicas de las barrancas labradas en las terrazas del terciario al sur de Talavera condicionan un paisaje muy peculiar con una vegetación característica.

Las barrancas más conocidas son las de Burujón río arriba de la Puebla de Montalbán, pero las de los términos de Talavera, Pueblanueva o Las Herencias no tienen nada que envidiarlas en altura y riqueza ecológica.

Talavera a los pies de las elevaciones de las errazas del Tajo

En las laderas con más pendiente predomina el  enebro ( Juníperus Oxicedrus ) que con sus profundas raíces y su predilección por zonas secas y soleadas se llega a criar en barreras casi verticales.

En las zonas más sombrías se ven ejemplares aislados de quejigo ( Quercus Fagínea ) y en los tramos más húmedos puede observarse todavía algún álamo blanco ( Pópulus Alba) resto de los bosques de ribera que antes de su degradación subirían acompañando a los arroyos de las barrancas desde su desembocadura en el Tajo. Por supuesto la encina está también representada aunque en forma de chaparros o de ejemplares de escaso porte en general.

Las barrancas del término de Las Herencias cubiertas de coscoja
Las barrancas del término de Las Herencias cubiertas de coscoja

Pero la mayor superficie de los empinados suelos de las barrancas se hallan ocupados por la coscoja  (Quercus Coccífera), casi siempre en forma de arbusto, se distingue de las pequeñas encinas o chaparros por ser su hoja de un verde más claro y vivo, tener las hojas con pequéñas acículas en sus bordes y por su bellota, más pequeña y con la caperuza espinosa. Un insecto que la coloniza, el Cocus Infectorius, se utilizó para la extracción de tintes color carmesí. Para este mismo fin se utilizó también la  llamada ¿retama de tintoreros?.

Otros arbustos frecuentes en nuestras barrancas son el espino blanco (Crataegus Monogyna)y el espino amarillo, este último menos abundante. Se sitúan en los ribazos de los arroyos junto a las zarzas y juncales

Las plantas aromáticas están representadas por el romero, el tomillo y la mejorana. Algunas rapaces tienen en ellas un hábitat inmejorable

Las barrancas de Talavera y en las de Las Herencias cuentan con tricheras, búnkers y polvorines en cuevas de la Guerra Civil. De hecho su especial geología ha hecho que se aprovechen para hacer enormes túneles para almacenar proyectiles de artillería en el polvorín del Cerro Negro. También es terreno especialmente adecuado para el circuito de motocross que alberga campeonatos mundiales.

LOS MERENDEROS DEL RÍO, PATRIMONIO PERDIDO

LOS MERENDEROS DEL RÍO, PATRIMONIO CULTURAL PERDIDO

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Tres kioscos playeros en la playa de los arenales del Tajo
Tres kioscos playeros en la playa de los arenales del Tajo

a Plataforma del Tajo premió hace dos años al Kiosco Puente Romano por haberse mantenido a través de los años como único exponente de lo que fueron estos establecimientos, verdaderos chiringuitos playeros que servían para el esparcimiento de los talaveranos y como alivio de las duras canículas de esta tierra.

Había kioscos en la Presilla, en el Paredón, en Los Arenales, donde llegaron a instalarse hasta tres, el del Puente Romano y el de Miralrío, situado en la huerta que se situaba donde hoy está el colegio madre de La Esperanza. También se disfrutaba del Alberche en el embalse de Cazalegas y

Imagen del Kiosco del Paredón poco después de ser clausurado
Imagen del Kiosco del Paredón poco después de ser clausurado

La ensalada, el pollo, el conejo, los filetes empanados, y el vino con gaseosa eran los más habituales componentes de las comidas y meriendas a la orilla del río donde se disfrutaba del baño y a veces por la noche la guitarra y la jarana alegraban los veranos fluviales de los talaveranos. Los limpios arenales eran lugar de encuntro de jóvenes y parejas de enamorados que sesteaban a la sombra de los álamos blancos. Bancos y mesas de madera . cámaras refrigeradas con barras de hielo y servicios bastante precarios eran suficientes para el solaz y esparcimiento de nuestros paisanos.

Familia talaverana bañándose en el río Tajo junto a uno de los kioscos de Los Arenales
Familia talaverana bañándose en el río Tajo junto a uno de los kioscos de Los Arenales y al fondo el casco histórico de Talavera

Tan atractivas eran nuestras playas que durante los años 50 y 60 se acercaba cientos de personas desde Madrid en el llamado “tren botijo” llamado así porque después de pasar un día playero los madrileños regresaban a la capital con el típico botijo de cerámica de recuerdo.

Bañistas junto a un kiosco de Los Arenales
Bañistas junto a un kiosco de Los Arenales

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA ( y 4)

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA  (4)

HASTA HOY

El último de los cuatro artículos que recibieron el Premio Cabañeros de Periodismo medioambiental 

Desde la Edad Media se fueron ganando terrenos de cultivo rozando jarales
Desde la Edad Media se fueron ganando terrenos de cultivo rozando jarales

Consolidado el dominio cristiano de las Tierras de Talavera, tras la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212, los reyes adehesan el territorio entre el Tajo y el Guadiana en grandes parcelas que conceden a sus servidores, a la Iglesia o a los concejos como el de Talavera. La condición de propiedad privada, o de propiedad comunal variará sustancialmente las posibilidades de conservación del ecosistema en una zona determinada.

Los alijares eran los territorios “de tierra áspera, inculta y pedregosa vestida de monte bajo y arbustos” que pertenecían al concejo talaverano y que los vecinos presionaban para “rozar y demontar sin pena alguna e sin tributo, pero respetando encinas, robles y alcornoques”. Se adehesaban en definitiva estos terrenos pero, como vemos, en todas las épocas había una cierta conciencia conservacionista del arbolado que luego pudo ser más o menos respetada por los particulares. Al final, la necesidad humana fue la que más condicionó la conservación del entorno y vemos cómo los ejidos, baldíos y todas las zonas próximas a los núcleos de población han resultado más deforestados, especialmente si eran de propiedad comunal. Con las especies cinegéticas sucede algo similar, baste constatar su exterminio casi total en las actuales zonas de “caza libre”.

Se fueron adehesando las mejores tierras de cultivo en llanos y rañasSe fueron adehesando las mejores tierras de cultivo en llanos y rañas

Las épocas de penuria hacen avanzar el territorio cultivado hasta suelos poco rentables que se deforestan y entran en el maligno ciclo de la erosión. No hace falta ir al Sahel para ver ejemplos. En la última posguerra grandes extensiones de monte bajo, jarales en su mayoría, fueron cultivados en la comarca de La Jara, en zonas de gran pendiente llamadas barreras se hacía pasar un borriquillo con unas gradas primitivas, un palo con unos clavos, que arañara el suelo apenas existente para conseguir unas pocas espigas de centeno con las que elaborar el pan “negro”. Hoy las retamas delatan ese desesperado intento, previo a las emigraciones masivas de los años sesenta, de intentar extraer un poco de fruto a la tierra. Todavía viven talaveranos que han pasado un par de días en el calabozo por haber ido a cortar un haz de retamas en el Cerro Negro para intentar comer en la posguerra vendiéndolo para los hornos alfareros.

Hasta mediados de este siglo mantuvo el hombre ese delicado equilibrio para conseguir esa especie de “ecología intuitivamente racional” que ha conseguido que durante siglos el medio natural de nuestra sociedad fundamentalmente agraria apenas sufriera cambios significativos. Porque es bien cierto que desde la Edad Media apenas se modificó el medio ambiente, al menos en la zona que nos ocupa,.

La vida rural estaba integrada en el medio de una manera “natural”. Desde la vivienda a la artesanía todo se elaboraba con materiales del entorno, pero sin herir de gravedad a la naturaleza. La arquitectura popular tiene por eso un encanto especial porque no desentona del medio, y así, el barro de los adobes o del enlucido de las paredes, las pizarras en La Jara o el granito en la Sierra de San Vicente y El Berrocal se adaptan al paisaje, casi se camuflan en el entorno.

Valle del río Guadyerbas con Gredos al fondo

La extracción de materiales era limitada y no perjudicaba al ecosistema como esos enormes boquetes en la vega talaverana que dejan las graveras y que, aunque abastecen a las empresas constructoras de materiales, comienzan a ser un problema medioambiental.

Esa vida rural tampoco dejaba residuos, todo se reciclaba con la ayuda del cerdo familiar; y hasta las heces humanas y animales se convertían en nitrógeno vivificador. Es cierto que las vigas y puntales de las casas serranas eran de enebro, o de fresno y álamo en La Jara; que los herreros de los pueblos utilizaban la madera de brezo por el gran poder calórico de su carbón; o que los rabeles para animar las fiestas, o las tarras y especieros, pobre ajuar de nuestros campesinos, se hacían con raíz de fresno; la enea, el junco merino, el mimbre o el sauce trabajados hábilmente proporcionaban cestas o canastas desde el neolítico sin que jamás faltaran estas plantas en regatos y arroyos.

Decenas de miles de moreras y morales como estos fueron cultivados en las Tierras de Talavera para alimentar el gusano de las Reales Fábricas de Seda
Decenas de miles de moreras y morales como estos fueron cultivados en las Tierras de Talavera para alimentar el gusano de las Reales Fábricas de Seda

Con las aguas sucedió algo similar, las presas molineras construidas desde la ocupación árabe no modificaban radicalmente el entorno ni los cauces, y son numerosas las referencias históricas a la abundancia de anguilas hasta en los arroyos más insignificantes, arroyos que movían piedras de molino de dos toneladas y que hoy no mueven ni un chinarro (hay quien todavía asegura que el clima no ha cambiado). Con las grandes presas dejaron de subir las anguilas y se repoblaron sus aguas con especies que van desplazando a las autóctonas. Otras repoblaciones fueron más beneficiosas, sin embargo, y no causaron daño ecológico como la de los canales del Alberche con el Gambusia, pececillo tropical que ayudó a erradicar las larvas del mosquito anófeles, y el paludismo endémico en esta tierra.

Durante cientos de años en muy poco se modificó el medio natural casi autárquico de nuestros campos. Solamente se vulneraba esa ley cuando factores de demanda externa se introducían en los ciclos de producción. El carboneo de dehesas por la proximidad de Madrid provocó una mayor deforestación durante el siglo pasado. En Navalucillos sucedió lo mismo pero esta vez era la necesidad de las ferrerías de El Mazo, diseñadas por Michelin hermano del inventor del neumático, las que precisaban energía para sus hornos. Grandes masas de robles se perdieron a finales del siglo XIX y principios del XX por la fabricación de traviesas de ferrocarril

La Cabaña Real de Carreteros, de organización similar a la Mesta, tenía en Talavera uno de sus puntos estratégicos y por aquí pasaban miles de pinos de especies autóctonas también cortados en Gredos para distribuirse por toda España, servían para la construcción de viviendas urbanas más pretenciosas utilizados como vigas maestras y alfangías. Otras especies, sin embargo, fueron introducidas a lo largo de la historia y se adaptaron a nuestro paisaje. Es el caso de los castaños, o el de las más de cien mil moreras que se plantaron en la comarca de Talavera en el siglo XVIII para suministrar capullo a su Real Fábrica de Sedas.

Pero desde los años sesenta, con el desarrollo y el alejamiento de las formas de vida tradicionales comienza el deterioro del medio perdiéndose el sentido natural de las cosas,  se acaba con el concepto de aprovechamiento ajustado y racional de los recursos que otro talaverano, allá por el siglo XVI, fue pionero en estudiar, Gabriel Alonso de Herrera con su Libro de Agricultura.

DE LAS POSADAS DE COLMENAS A LAS DEHESAS

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA 3

Tercer artículo de cuatro que obtuvieron el Premio Cabañeros de periodismo medioambiental de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

DE LAS POSADAS DE COLMENAS A LAS DEHESAS

Monumento al primer repoblador medieval de Alcaudete de La Jara
Monumento al primer repoblador medieval de Alcaudete de La Jara

Tras la reconquista de Talavera en el siglo XI, vuelven los cristianos y comienzan los titubeantes intentos de repoblación del inhóspito y desierto territorio de La Jara durante varias centurias. Primero se aprovechan unas cuantas colmenas y después se van rozando los encinares y jarales para conseguir tierras “de pan llevar”.

Estos pioneros se enfrentan a tierras casi vírgenes habitadas todavía por osos, como en Robledo del Mazo donde, en el siglo XVI, justifican sus habitantes el nombre del pueblo porque sus abuelos al llegar a ese hermoso valle tienen que luchar con la glotonería de los plantígrados que destrozan sus posadas de colmenas, consiguen ingeniárselas mediante un mazo movido por una rueda hidráulica que machaca incesantemente espantando a los osos.

Los cultivos se fueron asentando tras rozar el monte bajo y los bosques de La jara

Los cultivos se fueron asentando tras rozar el monte bajo y los bosques de La jaraLos venados, los corzos y los jabalíes campan a sus anchas por una comarca salvaje donde se esconden golfines y bandidos aumentando la inseguridad de sus pobres habitantes. Se funda por ello una de las primeras  policías rurales de Europa, la Santa Hermandad Vieja de Toledo, Talavera y Villa Real, que vigilará los caminos y despoblados de los Montes de Toledo y entre cuyos símbolos figuran un jabalí y una colmena por su vinculación a meleros y ballesteros, primeros hombres que se aventuran en esas tierras.

En algunos aspectos, al igual que las actuales patrullas de medio ambiente de la Guardia Civil, tenía esta Hermandad Vieja competencias que pudiéramos considerar como “ecológicas”, ya que cuidaban sus cuadrilleros de impedir rozas, talas y carboneos ilegales que las férreas ordenanzas talaveranas intentaban impedir.

En épocas de hambruna era, a veces, la tala de un poco de leña, el único recurso de subsistencia y tanto era así que el concejo talaverano se vio obligado a dar un bando llamando a los vecinos a evitar las cortas abusivas de leña porque si no vendría la ruina para ellos e “incluso los ricos hombres” serían pasto del hambre y la miseria. Egoísta e interesado concepto éste de la conciencia ecológica pero que, aplicado hoy, puede hacernos ver también cómo el deterioro de algún paraje natural o de la capa de ozono son un problema de todos los estratos de la sociedad.

Ciervos en una dehesa de Oropesa

Pero en esas ordenanzas municipales había además, como hoy, normativas menos afortunadas que por ejemplo premiaban el exterminio de “alimañas” pagando por cada ejemplar de “oso, lobo, o raposa” que se demostrara fehacientemente haber dado muerte mediante la entrega de su cabeza y garras. La caza, como siempre, ejemplo de la esquizoide relación amor -desamor entre el hombre y la naturaleza.

Todavía en el medievo la caza era al menos una actividad más noble, el hombre se enfrentaba al animal con las flechas de su ballesta y su astucia, cualidad desarrollada en las Tierras de Talavera cuando se descubre aquí la caza de paloma con cimbel, como se refiere en actas municipales del siglo XV.

Un siglo antes esa actitud dual entre el cazador que depreda y al mismo tiempo admira el medio natural la encontramos en las sabrosas descripciones de parajes y cazaderos que nos hace el Libro de la Montería de Alfonso XI , rey que recorrió la Sierra de San Vicente por ser “buen monte de oso en invierno”. Pero antes que él, ya se habían fijado en el encanto de esta sierrecilla los mismísimos romanos, que la bautizaron con el nombre de su diosa de la naturaleza, Monte de Venus la llamaron.

Una fuente en El Piélago en la Sierra San Vicente
Una fuente en El Piélago en la Sierra San Vicente

Ya hemos hablado del talaverano Padre Juan de Mariana, preceptor de Felipe III que vino aquí a inspirarse para escribir el libro “Del Rey y la institución real” en el que por primera vez se justifica el tiranicidio.

Soplan templadísimos vientos libres de todo miasma, brotan de todas partes las más frescas aguas, corren acá y acullá fuentes cristalinas, cosas todas por las que no sin razón fue aquel lugar llamado Piélago. Alegre es allí el sol, alegre el cielo, alegre por demás la tierra cubierta de tomillo, borraja, acedera , peonía y mucho más de yezgos y de helechos…        

Todavía hoy la Sierra de San Vicente no desmerece de esa descripción de finales del siglo XVII.

Pero no es este el único documento histórico que describe o ensalza alguno de los parajes de nuestra comarca, las Relaciones de Felipe II cuentan con jugosas descripciones de la flora y la fauna que nos ayudan a comprender los cambios en el medio natural y, curiosamente, sorprende que la degradación, sobre todo del manto vegetal, no ha sido tan intensa como podríamos pensar. Vayamos por ejemplo al otro extremo de la comarca, a Mohedas de la Jara donde en 1572  “El monte es abundoso de leña de enzina, alcornoques y robles, quexigos e jaras, madroño e brezo. Descripción exacta de la actual vegetación de monte mediterráneo de la sierra de Altamira en Mohedas.

Dejamos pasar doscientos años y en 1784, el cura del pueblo responde a su obispo que en ese pueblo jareño ” se cría con abundanzia benado, zierbas, corzos, benaetes, jabalíes, muchos lobos, zorros, gatos monteses, guarduños, lobos zerbales, conejos, liebres, perdizes, abertruzes, quebrantahuesos, águilas, vilanos, víboras ponzoñosas muchas y otros animalejos que se ignoran sus nombres.

No sabemos si el párroco quiso sorprender al obispo con lo de las avestruces o si aplicaba ese nombre a alguna otra especie de ave.

NATURALEZA EN LA FRONTERA

NATURALEZA EN LA FRONTERA

2º ARTÍCULO DE 4 de la serie LA NATURALEZA Y LA HISTORIA : Premio Cabañeros de periodismo medioambiental

Murallas árabes lamidas por el río Tajo que tanto condicionó la historia de la comarca

La llegada de los pueblos bárbaros ocasiona una nueva dispersión de la población. Son numerosos en toda la provincia de Toledo los yacimientos rurales tardorromano-visigodos. Aparecen dispersos, siguiendo el curso de los arroyos que bajan de los Montes de Toledo y la Jara, numerosos asentamientos de modestas gentes que, según algunos autores, podrían haber tenido en la miel una importante fuente de recursos, pues no debemos olvidar que la capital del reino visigodo estaba en Toledo y que en aquella época el único edulcorante conocido era el producto de las colmenas. Es este aprovechamiento melero uno de los más respetuosos con el ecosistema y el que también arrastraría tras la reconquista cristiana, a los pioneros de la repoblación a las alquerías, embriones de los pueblos de nuestros montes.

Tinaja musulmana hallada en Talavera en el Arco de San Pedro en un dibujo del siglo VIII

Y llegaron los árabes, de nuevo la vuelta a la ciudad, la vida de los musulmanes giraba, al contrario que la de los cristianos del norte, alrededor de  pequeñas o grandes ciudades con un alfoz rural en su entorno que albergaba una escasa población dispersa. Talavera era una de esas ciudades y reunía además otra de las características preferidas por los seguidores de Mahoma, la presencia de un río. Era la suya una “civilización hidráulica” y son en estas tierras los primeros que construyen aceñas, molinos de agua que necesitan de una presa o azuda.

Muchas de las aceñas y molinos del Tajo ya molían en tiempos de los árabes

Azudas que eran también necesarias para llenar los arcaduces de las norias que a su vez colmarían las albercas. Todas estas palabras y muchas más son huellas imborrables de la Cultura del Agua que nos legaron. Esas huertas, que todavía permanecen en las vegas talaveranas con su cenador, su corredor emparrado, su noria, su alberca y sus palmeras, son hijas de  esa cultura respetuosa con el agua que nos legaron los antiguos habitantes de la ciudad que ellos llamaron Talvira. Parece que no hubiera pasado el tiempo cuando Ibn Luyun en el siglo XIV recomienda …hágase una acequia que corra entre la umbría. Plántese junto a la alberca macizos siempre verdes que alegren la vistaen el centro habrá un pabellón en que sentarse con vistas a todos lados…y que haya parrales que cubran los paseos.

Cuando digo cultura respetuosa es porque, para ellos, el agua es un tesoro precioso, no valoran el exceso, el derroche, aprecian ese modesto chorrito que resuena en el jardín como canta Ben-Raisa : Qué bello surtidor que apedrea el cielo como estrellas fugaces que saltan como ágiles acróbatas.

La suya es una naturaleza interior, una naturaleza doméstica, el jardín, una naturaleza que hace necesario sacar del diccionario nuevamente esas palabras de inequívocas raíces árabes o mozárabes: alhelí, aladierno, alcornoque, almendro, albahaca, arrayán…

Las fortalezas como esta de Castros, jalonaban el Tajo

En esa cultura del agua, los baños eran el lugar de encuentro y comunicación, todavía hoy podemos en la impresionante Ciudad de Vascos, visitar en el arroyuelo de Los Baños las ruinas de una de esas instalaciones en un paraje encantador de acebuches, almendros y chaparros.

Pero toda la comarca de la Jara fue durante mucho tiempo, tierra de nadie, un lugar desierto, salvaje e inhóspito donde quienes se aventuraban a asentarse deberían no sólo convivir con osos y lobos, sino también  arriesgarse a perecer ellos y sus cultivos víctimas de las razzias y quemas de ambos bandos. En la cultura árabe el medio ambiente tradicional es el desierto y se asocia con el demonio y el miedo pero el jardín es la forma simbólica islámica del paraíso coránico en la tierra.

Pero esa naturaleza solitaria, ese locus desertus que decían los cristianos del otro lado de la frontera, siempre indujo a la mística y así, algunos eremitas-soldados árabes se retiraron a esos lugares apartados e inseguros, a las rápitas, como la que dio nombre a Marrupe, pueblecito de la sierra de San Vicente, cuyo nombre según los eruditos quiere decir Mazar-al – Rubait,  molino de la pequeña rápita o convento.

Por contraposición los lugares frescos, arbolados, con su arroyete, eran ese locus amoenus donde Berceo situaba las apariciones de la Virgen y los pastorcillos tenían sus visiones místicas.

La cultura árabe y la cristiana se identificaban a ambos lados del Tajo como dos sistemas ecológicos distintos, uno predominantemente cerealícola hacia el norte y otro típicamente mediterráneo hacia el sur con viñedos ,olivares y “oasis” de regadío con un papel menor de los cereales ; y ahí justo en esa frontera militar y ecológica defendida por las fortalezas de Vascos, Castros, Canturias ,Espejel y Alija se encontraba “La ciudad de Talavera, el punto más lejano de las marcas de los musulmanes, y una de las puertas de entrada a la tierra de los politeístas; es ciudad antigua, sobre el río Tajo”. Como decía en el siglo XI el geógrafo andalusí Al-Bakri.

Agua y jardín, pero también razzias, incendios y frontera de destrucción fueron algunas de las huellas que los árabes unas veces y los cristianos otras dejaron en los montes y los campos de Talavera.

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA (1)

LA NATURALEZA Y LA HISTORIA (1)

Primero de los cuatro artículos que por los que el autor de este blog recibió el Premio Cabañeros de Periodismo de la Junta de Comunidades de Castilla- La Mancha 

Dolmen de Azután
Dolmen de Azután

En el calderoniano “gran teatro del mundo” hay un teatrito pequeño y provinciano que se llama Talavera. Ese escenario natural era descrito por uno de sus hijos, padre de la ciencia histórica en España, como: “un valle de cuatro mil pasos de anchura que cortan ríos de amenísimas riberas, entre ellos el Tajo, célebre por sus brillantes arenas de oro, por su extenso cauce y por los muchísimos arroyos que le dan tributo”.

El Padre Juan de Mariana, autor del texto, nos da la primera constante, la referencia permanente en la naturaleza de Talavera y sus Antiguas Tierras, el río Tajo. A sus orillas dejó el hombre las primeras huellas de su existencia, cantos trabajados en las terrazas que un río cuaternario y descomunal fue labrando en el curso de milenios y deshielos fantásticos.

Bifaces del paleolítico inferior hallados en las terrazas del Tajo

También allí quedó la primera huella agresiva del hombre hacia el medio natural, osamentas de grandes mamíferos despedazados por toscas herramientas fabricadas por toscos homínidos. Pero estos seres tan frágiles y poco numerosos, apenas un habitante por kilómetro cuadrado en las zonas más pobladas, eran sólo partículas insignificantes en aquella naturaleza virgen y exultante.

Con el neolítico viene la agricultura y el pastoreo, pero a estas tierras interiores llega ya muy tarde, muy crecido, en forma de calcolítico, las excelentes tierras de las vegas talaveranas comenzaron en esta época a sufrir las primeras talas, las primeras rozas que despejaban el sin duda impenetrable bosque de ribera que abrazaba al Tajo en todo su recorrido, en esas vegas construyeron esos grupos ya jerarquizados sus dólmenes, como el de Azután en el Tajo o el de Navalcán en el Guadyerbas, son hitos que parecen decir : Este pedazo de naturaleza dominada es nuestra, de nuestro grupo. Aunque son símbolo de una nueva sociedad jerarquizada que obtiene de su trabajo excedentes de alimentos que debe defender.

Estas gentes ya conocen el fuego y también su poder destructivo que les ayudará con las quemas y rozas para conseguir nuevas tierras y pastos, pero también para manipular los metales y así, aparecen infinidad de pequeños yacimientos sobre los cerros elevados del curso de los ríos que se adentran en los montes de La Jara y que intentan aprovechar las afloraciones superficiales de cobre, las primeras heridas que el ser humano araña en la corteza de estas tierras.

Ciervo con su cornamenta de los grabados rupestres de El Martinete
Ciervo con su cornamenta de los grabados rupestres de El Martinete

Pero este hombre de hace cuatro o cinco milenios, aunque iba aprendiendo a dominar los recursos naturales, seguía cazando, pescando y recolectando, conocía los lugares donde la abundancia de caza era mayor y aunque entonces salvajes y casi inaccesibles llegaba a ellos por el cauce de los ríos, primeras autopistas humanas, y allí, en los santuarios de la caza, dibujó y grabó ciervos y arqueros como los del Martinete, en la cabecera del río Jébalo, en un lugar que todavía hoy sobrecoge en su agreste soledad sólo turbada por la berrea de los venados, descendientes afortunados de aquellos que cazaban los jareños de la Edad del Bronce.

Verraco de Torralba de Oropesa
Verraco de Torralba de Oropesa

Fuera de las vegas del Tajo, los suelos de La Jara al sur, y la Sierra de San Vicente y el Berrocal al norte, nunca fueron fértiles, sus bosques fueron adehesados o talados y convertidos en prados y cercados de una antiquísima tradición ganadera unida a esa red de cañadas y cordeles que algunos remontan a tiempos prerromanos, así lo atestiguan los muchos verracos, toros y cerdos de piedra esculpidos por el pueblo vettón hace más de dos mil años.

Pero yo voy más lejos, curiosamente los monumentos megalíticos de la comarca jalonan la Cañada Leonesa, y esta disposición nos orientaría hacia la posible existencia de estas vías de comunicación desde hace quizá cincuenta siglos. El hombre ya sale de su limitado entorno y percibe pastos cálidos al sur y pastos frescos al norte, y emprende el camino, tal vez siguiendo antiguas sendas por donde discurrían los animales salvajes desde tiempos prehistóricos. Y por ello nuestra red transhumante es patrimonio histórico y natural de todos, patrimonio vivo milenario.

Plano de monumentos megalíticos de la comarca talaverana
Plano de monumentos megalíticos (dólmenes y menhires) de la comarca talaverana y su relación con las dos cañadas leonesas

Cuando llegan los romanos, desde la fragosidad de la sierra de San Vicente son atacados por aquellos pueblos lusitanos y vettones coaligados bajo el mando de Viriato que hostigan a los legionarios forrajeros,  buscadores de pastos. Mas al imperio, una vez dominadas las belicosas tribus locales pastoriles, le interesan más las ricas tierras de la vega del Tajo y allí asientan sus villae continuándose la antropización de este valle que comienza así a perder sus alamedas, fresnedas y taraieras, y de esta última palabra, que hace referencia a los bosques de atarfas o tarais, hay quien hace derivar el primitivo nombre de Talavera.

Un relato breve: COLMENEROS, 1486

Colmenas de corcho en La Jara
Colmenas de corcho en La Jara

COLMENEROS, 1486

Marcela se acercó hasta la entrada del muro de piedra que circundaba la posada de colmenas y permaneció allí, quieta. Con un movimiento de cabeza llamó a su hijo Bartolomé. Ella sabía bien que una mujer mientras estuviera con su flor no debía acercarse a las abejas. Ni siquiera cuando hubiera comido ajos o cebollas, pues eran animalias muy delicadas a las que también molestaban los malos olores.

El muchacho se acercó a ella y tomó la cantarilla de vino, la hogaza y el pedazo de queso  que les había traído para el almuerzo. Su marido dejó de encalar el poyete de pizarra cogida con barro que acababa de levantar para dar asiento a las colmenas.

 

Imagen medieval que representa un huerto con colmenas

Imagen medieval que representa un huerto con colmenasDespues de comer se lavó cuidadosamente las manos en el arroyo del Endrino. Sabía que las abejas debían ser tratadas con mucha limpieza y que un colmenero no podía jamás ser sucio ni borracho. Así se lo enseñó en cierta ocasión el beneficiado de la parroquia de San Miguel, don Gabriel Alonso de Herrera. Incluso le dijo que debía ser casto, pues ya los antiguos aseguraban que la diosa de la castidad tenía a su cargo las abejas. Además, si ellas son castas y limpias, es razón que las trate persona casta y limpia.

Pasó aquel día un buen rato con don Gabriel, respondiendo a las muchas preguntas que el cura le hizo sobre la granjería de la miel. Se hizo su amigo y siempre que iba por la villa le llevaba un cirio de la cera de sus abejas para alumbrar a la Quinta Angustia.

El olor de la jara, tan dulce que a veces podía casi paladearse, lo invadía todo. Bartolomé se acercó a orinar a unas junqueras y, de pronto, se agachó, levantando orgulloso una gran culebra a la que desnucó con un brusco movimiento de muñeca. Bien sabía por las enseñanzas de su padre que los lagartos, las culebras y escuerzos sólo hacían daño en la posada. El padre se levantó y fue cojeando otra vez hacia el caldero de la cal para acabar su tarea.

Colmeneros en el pueblo jareño de Carrascalejo

A veces, cuando Bartolomé veía a su padre renqueando, sentía un escalofrío y, al mismo tiempo, una extraña sensación de orgullo. Recordaba cómo siendo niño acompañaba una mañana a su padre a visitar las colmenas más lejanas de su casa, en la sierra del Atalayón.

Tal vez por el ruido del río que venía crecido o debido al fuerte viento en contra, se dieron de bruces con un oso al entrar en el colmenar. Andaba golosineando con los panales. Los había sacado de los corchos que habían rodado de un zarpazo despedazados por el suelo. Con un salto de sus patas traseras el enorme animal se abalanzó sobre el colmenero, mientras su hijo se ocultaba llorando detrás de la pared. No pudo Bartolomé ver la pelea de la bestia con su padre hasta que, herido, se acercó hasta él arrastrándose y gimiendo. El animal, antes de morir de una certera cuchillada en el cuello, le había desgarrado la pantorrilla de un zarpazo.

Paisaje jareño típico. Los colmeneros fueron los primeros en repoblarlo

Costó curar la herida, pero su vecino el hortelano, que había ido a vender unos canastos de priscos a Talavera, llevó la cabeza y las garras del oso hasta la cárcel de la Santa Hermandad cobrando la recompensa. La Santa Hermandad se fundó para vigilar los yermos y despoblados y defender de bandidos a los colmeneros. Ellos premiaban a los que acababan con sus enemigos y uno muy importante era el oso.

Y cuando más tarde fue toda la familia a la feria, todavía estaban clavados los despojos en la puerta y, debajo, un pliego con el nombre de su padre que los viandantes miraban con curiosidad. Desde entonces, Bartolomé decidió que él también sería colmenero algún día.

La estancia donde iban a ser instaladas las colmenas ya estaba preparada, el muro tenía más de dos varas de alto para dificultar el paso a los osos. El viento del norte no dañaría a las colmenas pues se había instalado en una buena solana.

El agua limpia del arroyo corría muy cerca y el suelo estaba bien saneado. La pizarra afloraba inclinada como dientes de perro y el agua de la lluvia correría sin pudrir los corchos. Bartolomé recibió la orden de limpiar el monte cercano. Su padre no quería que volviera a suceder como cuando, dos años antes, el fuego que prendieron unos pastores para aumentar el pasto quemó sus dos mejores posadas.

Símbolos de de la Santa Hermandad entre los que se encuentra una colmena en recuerdo de que la institución comenzó siendo una hermandad de colmeneros. También aparece un jabalí y el yugo y las flechas de los Reyes Católicos, por ser hermandad real-

Todo estaba preparado. Hasta habían guiado dos acebuches junto a la pared para que así anidaran en ellos los enjambres que se salieran de los corchos. Pero había que atraer a las abejas, y Bartolomé ya sabía que debería untar las ramas de los árboles con un poco de aguamiel.

Las colmenas habían sido fabricadas en las largas noches de invierno, a la luz de las velas que ellos mismos hacían con la cera más sucia de sus panales, que las buenas ya las teníanapalabradas en Guadalupe. Habían escogido las mejores cañas de corcho del alcornocal del Puerto, que no tuvieran hendiduras ni resquebrajamientos, y las habían clavado con virus de jara afilados y endurecidos al fuego. En Piedraescrita  consiguieron una carga de estiercol de becerro que, mezclado con barro, sellaría las colmenas salvándolas del frío y de las sabandijas.Con unos palos de encina atados en forma de portera cerraron en la corraliza los corchos que esperaban sus enjambres.

Bartolomé pensó que, al fin y al cabo, este no era un mal oficio. Solamente el silencio del monte, con el aullido del lobo acompañándole muchas noches, le producía cierto sobresalto. Pero no era el miedo lo que le más le angustiaba. Solamente le turbaba la posibilidad de que a Blanca, la muchacha que le estuvo mirando en la fiesta del pueblo, no le gustara vivir en la soledad de la alquería.

Aunque, cuando contempló que la temprana primavera ya teñía los cerros de enfrente con sus cantuesos de color morado, y que la jara, el cantueso, el tomillo y el romero llenaban de olores el aire pensó que la cosecha sería buena. Podría comprarle a Blanca ese pañuelo que miraba con tanta atención cuando se lo ofreció el buhonero después de la romería.

LAS GARGANTAS DE GREDOS QUE QUIEREN USURPAR LOS REGANTES Y ESPECULADORES MURCIANOS

Garganta Eliza
Artículo en prensa sobre el trasvase del Tajo Medio

Tanto los regantes de Almería como el SCRATS , sindicato patronal que defiende los intereses de los regantes y especuladores urbanísticos de Murcia, han expresado sin tapujos su deseo de expoliar también los recursos hídrológicos de Gredos y sus gargantas. El llamado Trasvase del Tajo Medio solamente es una excusa para llevarse el agua limpia de las gargantas del Gredos y el valle del Tiétar.

Chorreras del Diablo en la garganta de Gualtaminosen Gredos

Es evidente que ningún alemán se va a comer un producto regado con las aguas putrefactas del embalse de Valdecañas o del de Azután. Su estrategia consiste en traerse la infraestructura del trasvase hasta esos embalses para luego prolongarla unos pocos kilómetros hasta el Tiétar y el Alagón.

Dentro de esa estrategia está también el proyecto de llevar agua  potable a los pueblos de La Vera desde la llamada presa de la Garganta en Aldeanueva de la Vera, desvinculando así a los pueblos veratos de sus respectivas gargantas.

Plano del proyecto del trasvase del Tajo Medio

Hay proyectos de los años 70 y también de la época de Borrel en el ministerio que en cualquier momento pueden reactivar.

Aquí mostramos algunas imágenes de lo que nos quieren robar.

¡ CUIDADO, LO VAN A SEGUIR INTENTANDO !

Charca de la garganta Blenca
Poza de la garganta Blenca
Bosque de ribera en la Garganta de Chilla
Bosque de ribera en la Garganta de Chilla
Chorreras en la garganta Eliza

 

EL”GUSANO” GIGANTE DE LA JARA

EL”GUSANO” GIGANTE DE LA JARA, HALLAZGO DE UN INTERESANTE FÓSIL  EN LA CUMBRE DE LAS MORADAS

El autor junto al "gusano" de Las Moradas
El autor junto al “gusano” de Las Moradas

Hace unos años subí con mis amigos de La Enramá a las cumbres de las Moradas o “Las Morás”, la segunda elevación de La Jara después del pico Rocigalgo. Nos llamaba la atención el lugar por los numerosos topónimos como Atalayón o Castillazo que pueden sugerir yacimientos arqueológicos en aquellas alturas de la Sierra de La Hiruela, en término del municipio de Robledo del Mazo y en el ámbito de las aldeas de Piedraescrita y Navaltoril.

La flecha señala el lugar aproximado de la ubicación del “gusano”

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TEJOS MILENARIOS DE NAVALTORIL

LOS TEJOS MILENARIOS

Ejemplar milenario de tejo en Navaltoril, Robledo del Mazo
Ejemplar milenario de tejo en Navaltoril, Robledo del Mazo

Los ejemplares de esta desconocida tejeda son de grandes dimensiones u de gran antigüedad como se deduce del grosor de sus troncos que en algunos de ellos han sido quemados en su interior. Comparado el mayor de ellos con otros repartidos por el territorio nacional que son considerados como los más antiguos de Europa, como el de Bermiego en Asturias, no tienen éstos nada que envidiarles.

Se encuentra esta mancha de tejos en la umbría de la sierra de la Hiruela, frente a la aldea de Navaltoril en el municipio de Robledo del Mazo. Seguir leyendo TEJOS MILENARIOS DE NAVALTORIL