Archivo de la categoría: Naturaleza y rios

CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (15) OBSERVAMOS LOS BUITRES Y LLEGAMOS A ALÍA

Buitreras de peña Amarilla

Ascendemos ahora cuatro kilómetros y encontramos un miradero desde el que se puede observar un paraje de gran belleza junto al desfiladero de la Peña Amarilla. Enfrente  observamos unas cuevas en torno de las que sobrevuelan numerosas aves entre las que podemos distinguir numerosos buitres. Abajo, apenas pueden vislumbrase las aguas del río que percibimos más bien por el ruido que hacen al discurrir bajo las umbrías de las alisedas.

Muy cerca, siguiendo camino hacia Alía, se ha abierto recientemente una casa rural donde podemos alojarnos,  comer o adquirir productos locales. A partir de aquí está señalizado el antiguo camino que nos conduce hasta Alía, aunque si lo deseamos podemos continuar por la carretera.

Buitre Leonado

 EL REY DE LAS CRESTAS

En las cumbres de las descarnadas crestas cuarcíticas de las sierras de La Jara y Las Villuercas podemos observar manchas blanquecinas sobre las paredes verticales de los riscos. Están producidas por los excrementos de las colonias de buitres que anidan en estas atalayas rocosas.

El buitre leonado ( Gyps Fulvus ) es el más abundante en la zona con más de ciento treinta parejas anidando en estos cantiles. Se distingue por su color pardo y por su cuello carnoso y desnudo al que adorna una corona de plumas también pardas. Tiene una longitud de hasta ciento veinte centímetros y una envergadura de dos metros y medio.

Aprovechan las corrientes térmicas para lanzarse desde las cumbres y desarrollar su vuelo majestuoso de observación del territorio. Cuando perciben la presencia en los valles o en las dehesas de algún animal muerto comienzan a volar en círculos descendentes que delatan la presencia de carroña a sus compañeros en varios kilómetros a la redonda.

En las zonas más elevadas e inaccesibles forman sus colonias de nidificación donde cada pareja cuida de su único polluelo, alternándose para su protección y utilizando el mismo nido durante varios años. También podemos encontrar en la zona al buitre negro (Aegypius Monachus ) que anidan más frecuentemente en los bosques, sobre las copas de grandes encinas o alcornoques, pero que a veces comparte la comida con el buitre leonado, el cual aprovecha en mayor medida las vísceras y el interior del cadáver, mientras que el buitre negro come con preferencia las partes más duras y correosas.

Empedrado en la entrada de la iglesia de Alía

ALÍA

El mismo nombre de Alía lleva marcada la presencia musulmana en su territorio pues, según algunos autores, querría decir “la alta” en árabe. Otros quieren ver en la palabra la huella histórica de un moro llamado Alí y los más aventurados van más lejos con su imaginación y se atreven a decir que Alía es la “Helice” que atacó el caudillo cartaginés Amílcar Barca. Existen referencias a la existencia de tres antiguas fortificaciones en el pueblo, una en el cerro de Santa Catalina, otra en las inmediaciones del actual casco urbano y la última, con leyenda de moros incluida, en el llamado Cerro del Moro.

Alía es junto a Valdecaballeros uno de los primeros pueblos de La Jara que se hicieron villa durante el reinado de Felipe II, dejando así de pertenecer a las Antiguas Tierras de Talavera, aunque en muchos aspectos como los económicos, históricos o geográficos persistieron los antiguos vínculos. Así lo demuestra por ejemplo que todavía en el siglo XVII tuviera Alía que pleitear para no tener que acudir hasta Talavera con su ofrenda durante las fiestas de Las Mondas, o que la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera vigilara sus caminos hasta bien entrado el siglo XIX.

Puente camino de Alía

Sancho IV el Bravo había donado a Talavera para su repoblación tres grandes dehesas al sur del Tajo, una de ellas era la del Puerto de Ivan Román dentro de la cual estaban incluidas Alía y la actual Puebla de Guadalupe, ya que en la antigua demarcación del pueblo que hoy visitamos, en la conocida entonces como Dehesa de los Guadalupes, es donde, según la tradición, tuvo lugar la aparición de la Virgen fundándose después el monasterio. En el año 1337 Alfonso XI, por privilegio concedido en Sevilla, segregaría  las tierras del monasterio del término de Alía y por tanto del alfoz talaverano.

En 1455 el arzobispo Carrillo gana una sentencia contra el maestre de la orden de Alcántara, don Alfonso de Sotomayor y contra su villa de la Puebla de Alcocer. El proceso se inició porque, favorecido el maestre por su amistad con el condestable don Álvaro de Luna, había usurpado en tiempos de Juan II gran parte de las tierras talaveranas del sur y el arzobispo y su villa reclamaban sus derechos. En 1460, hallándose el noble don Juan Gaitán en Alía, comisionado por el concejo talaverano, se hizo el deslinde y amojonamiento entre Guadalupe y Talavera, aunque son numerosos los pleitos entablados entre la villa del Tajo y el monasterio por  cuestiones de utilización de pastos por los ganados guadalupanos, tránsito de vino, trigo y otras mercancías por los términos de Alía camino de Guadalupe o por haber labrado los habitantes de La Puebla de Santa María en tierras de Alía, que más tarde se encontró también vinculada al señorío del marqués de Cortes de Graena.

Durante 1835 el pueblo sufrió las correrías de las partidas carlistas y en la Guerra Civil fue abundante la sangre derramada por los excesos de ambos bandos. En la posguerra también soportaron muchos de sus habitantes la represión derivada de la presencia de maquis en el territorio y los violentos métodos del teniente coronel Gómez Cantos encargado de su persecución.

CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (14), ASALTOS EN GUADARRANQUE

Puente de los Guadarranques, lugar de frecuentes asaltos de bandoleros

Una vez traspuesto el puerto de San Vicente comenzamos el descenso hacia el valle de Los Guadarranques. La carretera coincide con la antigua cañada de merinas en muchos tramos de su recorrido, aunque al principio discurre a la derecha paralela a ella. Pasado el kilómetro 144 atravesamos sobre la vía abandonada de la línea Talavera -Villanueva de la Serena, sobre la que se ha trazado la denominada Vía Verde de La Jara que no llega hasta aquí por interrumpirse en la estación de Minas-Puerto la posibilidad de acceso debido a la inundación de los túneles que atraviesan la sierra de Altamira y al derrumbe de taludes. Esta zona de la vía que encontramos ahora, cercana al conocido como túnel de La Loba, es a la que nos referíamos anteriormente por su riqueza en fósiles.

Dibujo que recrea una comitiva de la Santa Hermandad junto a su cárcel de la puerta de Zamora en Talavera

Recorridos algo más de nueve kilómetros desde Puerto nos cruzamos primero sobre el arroyo de Guadarranquejo y enseguida llegamos al río Guadarranque. Sobre este último se pueden observar en un bonito paraje los restos de un puente arruinado que durante siglos fue lugar obligado de paso para los peregrinos, viajeros y ganados trashumantes para los que la mesta a finales del siglo XV ordenó que se hiciera “una puente de cal e canto firme e recya”. Su situación estratégica y lo agreste y aislado del entorno hicieron que fuera un lugar ideal para que los salteadores de caminos desvalijaran a sus víctimas.

Ejecución de un reo representada en un sello de la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera

 Golfines y Bandoleros: Ya hemos comentado cómo estas tierras fueron grandes despoblados, tierra de nadie entre los bandos musulmán y cristiano.

 Los golfines eran desertores de los ejércitos cristianos medievales, soldados de fortuna e incluso componentes de la pequeña nobleza que agrupados en bandas recorrían estos montes desde Guadalupe hasta La Mancha asaltando viajeros, ganaderos o colmeneros que se atrevieran a pasar por aquí o intentaran asentarse en la zona.

Para proteger a esos primeros pobladores, colmeneros fundamentalmente, se fundó la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera que unida a las de Toledo y Ciudad Real se constituyeron como una de las primeras policías rurales de Europa y antecedente directo de la Guardia Civil.

Cuadrillero de la Santa Hermandad de Talavera dibujado en un documento

La institución permanece en funcionamiento hasta el siglo XIX y son numerosos las causas criminales de esta Hermandad que se guardan en el Archivo Municipal de Talavera. Nos cuentan las fechorías de cuatreros, bandoleros, rateros, incendiarios, contrabandistas y toda clase de delincuentes que se refugiaban en estas soledades.

El lugar de Los Guadarranques aparece con gran frecuencia en estas causas como escenario de numerosos salteamientos. Durante el siglo XVIII hay también frecuentes referencias al paso de bandas de contrabandistas que atemorizaban a los escasos habitantes de estos despoblados. A mediados del siglo XIX desaparece la Santa Hermandad pero el bandolerismo en la zona persiste con bandoleros famosos que todavía figuran en la memoria de la población con nombres como Alonso Joroba y Fernando Pina, Samaniego, Moraleda, Pericaina, Run Run  y otros. 

En tierra de Deleitosa

mataron a Samaniego

a Pericaina en Guarranque

y a Luengos en Cañamero  

Palacio de los Golfines de Abajo en Cáceres, Antes de ser nobles, los golfines fueron bandoleros que rindieron servicios de mercenarios a los reyes

 Más tarde hicieron correrías por la comarca partidas de carlistas y grupos de maquis como los de Quincoces o Chaquetalarga también se refugiaron en estos montes en su actividad guerrillera. Incluso hace unos pocos años fue asaltado un camionero en estas soledades en las que podemos detenernos a la sombra de los riscos y de los cerrados bosques de ribera para soñar con las aventuras que sucedieron en este lugar que nada tiene que envidiar en el aspecto novelesco a Despeñaperros o al desfiladero de Pancorbo.

LAS TABLILLAS  DE AZUTÁN Y EL PARAJE DE LOS CASTILLOS, CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (3)

LAS TABLILLAS  DE AZUTÁN Y EL PARAJE DE LOS CASTILLOS

Paraje de Los Castillos en Las Herencias

Las Herencias es un pueblo ribereño del Tajo y casi hasta su caserío se acercan las aguas del reculaje del embalse de Azután. En esta zona, al inundar el río las antiguas vegas, forma pequeñas tablas de poca profundidad, pero de humedad casi permanente, que atraen hacia su vegetación palustre de carrizos, eneas y mimbreras numerosas especies que hacen del lugar un observatorio privilegiado para los amantes de las aves, que pueden encontrar aquí garzas imperiales, garcillas, cigüeña negra y gran variedad de anátidas y limícolas.

Tablllas de Azután

El paisaje es de gran belleza pues, además de las zonas inundadas, la vegetación de ribera está representada por los álamos blancos, sauces y tarays y al sur destacan las elevadas barrancas del cerro de Los Castillos.

Orillas del Tajo en el paraje de Los Castillos

LOS CASTILLOS

Vale la pena visitar este paraje natural recientemente acondicionado por el ayuntamiento y subir hasta la cumbre para disfrutar del paisaje con el río a los pies y al norte las vegas talaveranas, las elevaciones de El Berrocal y, en los días claros, las cumbres de Gredos. Este cerro de Los Castillos es también un importante yacimiento arqueológico habitado desde la Edad del Cobre, hace cuatro mil quinientos años, pero, como lugar dominante que es, fue habitado también en la Edad Media y durante la Guerra Civil, cuando se cavaron las trincheras que todavía se perciben y que con pequeños túneles asomaban a las paredes del barranco que hoy sobrevuelan los grajos y desde donde se dominaba el estratégico vado del río y una antigua barca que cruzaba a Calera y Chozas.

Uno de los bunkers republicanos cercanos al paraje de Los Castillos

En 1801 se produjo un derrumbe de las tierras que forman estas elevadas terrazas sobre el Tajo causando un gran estruendo e interrumpiendo la corriente del río durante unos minutos. Algo similar sucedió dos kilómetros río abajo en el paraje conocido como Canturias, donde se levantaban las ruinas de un castillo árabe y restos arqueológicos romanos que se desplomaron al río en su totalidad.

Paisaje al trasponer de Las Herencias al Valle del Jébalo

RUTA PARA CONOCER EL PIÉLAGO, NACIMIENTO DEL GUADYERBAS

CONOCER EL PIÉLAGO

Ya hemos conocido en anteriores entradas la naturaleza del Piélago, bonito paraje donde nace el río Guadyerbas. Hoy vamos a dar una vuelta por su entorno mediante una ruta, aunque luego iremos conociendo cada uno de los elementos patrimoniales que aquí señalamos.

 Recorrido aproximado 10 kilómetros,  2 horas y media, aunque si lo deseamos podemos seguir el Guadyerbas en su descenso hasta el embalse y volver en otra hora larga.

Bosques del Piélago

Podemos acceder al Piélago desde el Real de San Vicente o desde Navamorcuende, con una distancia desde Talavera de algo más de treinta kilómetros. En el primer caso subiremos entre castañares y en el segundo atravesaremos un hermoso rebollar.

El punto de partida del sendero se sitúa junto a un pinar, justo en el lugar donde la carretera deja de ascender e inicia el descenso en uno u otro sentido. Desde allí recorreremos unos trescientos metros en dirección Navamorcuende hasta un camino que parte desde una curva hacia el repetidor que se sitúa en la cumbre del Cerro Cruces.

Pozo de nieve en el Piélago

Cuando hemos avanzado unos cien metros observamos unos muros derruidos a la izquierda, nos acercaremos a ellos y observaremos que se trata de uno de los pozos de nieve donde los frailes del convento cercano acumulaban apisonada la nieve en capas que alternaban con paja. Luego la trasportaban en caballerías hasta Talavera en recipientes de corcho y durante la noche, para tener así menos pérdidas, constituyendo una de las mayores fuentes de ingresos para los frailes. Fue la única forma de refrigeración hasta finales del siglo pasado y de ahí su interés económico. Con ella se hacían también medicamentos pues se creía en su poder curativo, además de los primeros helados ya documentados desde el siglo XVII.

Cueva de los Santos Mártires

Seguimos por la ladera del Cerro Pelados y atravesamos un pinar contemplando a la izquierda la cuenca formada entre las elevaciones de Cruces, Pelados y San Vicente, que conocemos como El Piélago, lugar llamado así por tener hasta  las cien  fuentes que se contaban en el siglo XVIII. Llegamos junto a la base del cerro de Las Cruces y tomamos el camino que por su loma nos lleva entre robles y rebollos hasta los repetidores de televisión, desde donde podemos disfrutar de una vista incomparable sobre la Sierra de Gredos y sus pueblos, además de las localidades de la cara norte de la Sierra de San Vicente, como Almendral o La Iglesuela.

Ruinas del eremitorio y cueva de los Santos Mártires

Una vez disfrutemos del paisaje, descendemos por el camino que bajaba paralelo a una antigua línea eléctrica hasta llegar a la carretera, que pasa entre un conjunto de tres molinos de agua de los que uno de ellos es casi monumental pues tiene todo el edificio y el cubo fabricados en buena sillería.

Seguimos la carretera y cruzamos el río Guadyerbas en su nacimiento, y si es época lluviosa podemos dar un breve paseo por sus orillas viendo cómo desciende con bonitas chorreras y pequeñas cascadas. Volvemos a la carretera y seguimos hasta llegar a la zona de esparcimiento y un campamento.

Allí podremos descansar, para a continuación seguir de nuevo por la carretera hasta el convento, construcción en ruinas del siglo XVII y XVIII que tiene su encanto típicamente romántico, con su hiedra y su aspecto sombrío. Poco antes del convento, parte de la carretera un camino hacia la derecha, hasta él retrocederemos, y tras recorrer unos trescientos metros veremos a la izquierda, entre los pinos, las ruinas del edificio de otro pozo de nieve.

Torreón oriental del castillo del cerro de San Vicente

Desde aquí mismo, o mejor desde el punto inicial de partida, ascenderemos por la linde de los pinos, hasta la cumbre del cerro de San Vicente y allí, junto al vértice geodésico, se encuentra la cueva de los Santos Mártires Vicente, Sabina y Cristeta, y sobre ella los restos de la ermita que erigió Francisco de Raudona, un hombre casado con una viuda del pueblo de San Román que andando por estos parajes creyó durante una experiencia mística ver en la cueva las marcas sobre la roca de las espaldas de los mártires patrones de Talavera, escondidos aquí cuando huían de las persecuciones del emperador Diocleciano. Sobre la pared de la izquierda se observa una pililla y una cruz labradas en la piedra.

Convento de El Piélago

A quinientos metros al sur de la cueva está el castillo. Parece que fue musulmán en su origen, y así lo confirman dos enormes cimitarras grabadas sobre la cara sur de la roca que lo sostiene, aunque una de ellas está parcialmente destruida por haberse fragmentado el batolito de granito. La parte más antigua es una torre que se encuentra a saliente y que es de estilo y época califal. La vista panorámica es desde aquí  impresionante: los valles del Alberche y el Tajo, Talavera al fondo a la derecha, al sur los Montes de Toledo y La Jara, más al oeste el Campo Arañuelo y las Sierras de Guadalupe, y debajo Hinojosa, El Real o Garciotún, casi como si fuéramos a caernos sobre ellos.

Molino de Guadyerbas en el piélago

HISTORIA Y MAGIA: Pocos lugares tienen como éste una carga histórica y mágica tan acusada. Dice la tradición y la hipótesis histórica del historiador y arqueólogo alemán Schulten, que desde esta sierra atacaba el caudillo lusitano Viriato a las huestes romanas, y que sería el cerro de San Vicente el que los romanos conocieron como Monte de Venus, que tuvo para ellos unas connotaciones mágicas y religiosas. En él se encontraron sepulturas romanas y una dedicatoria a un dios celta prerromano llamado Togote. También los mártires Vicente sabina y Cristeta, los templarios, que algunos defienden que estuvieron por estos pagos, además de los ermitaños, hacen del Cerro de San Vicente un lugar ideal para los amantes de lo esotérico.

Se puede comer en Navamorcuende y en el Real en varios restaurantes donde son de destacar las carnes a buenos precios.

PEPINO Y CERVERA, DOS FIESTAS Y DOS ENCINAS

DOS FIESTAS POR SAN BLAS:

San Blas en Pepino

En los dos pueblos que visitamos hoy se celebra San Blas el 3 de Febrero.

En Cervera se sale de ronda por el pueblo cantando y se lanza pelusa de las espadañas en las calles, un ritual muy antiguo de los llamados de “agravio” que se dan especialmente en las fiestas de invierno.

Lanzando la pelusa en Cervera de los Montes

 

También es significativo que en las dos fiestas se adorne con roscas, cintas y frutos la imagen del santo, lo que nos sugiere que esto es más bien un ritual de fertilidad cristianizado con la advocación de San Blas, protector contra las enfermedades de la garganta cuya devoción se extendió desde antiguo debido a la gran mortandad ocasionada por infecciones como la difteria, que acababan con la vida de muchos niños.

Dando el palo al chozo en Pepino

Otro aspecto de raíz pagana de la fiesta es el gran fuego que se hace en Pepino, el llamado “chozo”, al que se dan palos para que salten chispas, lo que dará buena suerte al año siguiente al que lo hace. Fuego, frutos, pelusa…como vemos, elementos que poco tienen que ver con el santo obispo.

Encina monumental de Meregil en Cervera

Y DOS ENCINAS

La encina de Meregil en Cervera

También nos acercaremos, como indica el plano, hasta la encina Meregil, un ejemplar monumental de este árbol al que se llega por un agradable sendero señalizado y cuyo corazón se haya deteriorado por haberse aprovechado para extraer de él la madera para hacer los badajos de los cencerros.

Se encuentra sobre un plinto redondo de piedra y desde el lugar se contempla una espléndida vista sobre la zona occidental de la sierra de San Vicente y el valle del Tiétar con el farallón de Gredos.

Detalle del «corazón» de la encina Meregil

La encina de Doña Germana en Pepino

Es curiosa la leyenda de esta encina monumental que se encuentra a algo más de tres kilómetros de la población de Pepino en dirección este por el cordel que une esta localidad con San Román de los Montes.

No sabemos por qué se dice que en ella se columpió doña Germana de Foix, la bella y joven noble francesa que se casó en segundas nupcias con Fernando de Aragón tras la muerte de su esposa Isabel la Católica.

Precisamente murió el rey en Madrigalejo, en la provincia de Cáceres cuando para que pudiera yacer con la muchacha, al ya anciano rey le dieron un brebaje compuesto de hierbas y testículos de toro, y a la mañana siguiente amaneció muerto, vamos que falleció víctima de un «viagrazo».Encina de doña Germana en término de Pepino

Puede que en alguno de los viajes de la corte pasaran los monarcas por Talavera y se columpiara en la vetusta encina doña Germana, ¿quién lo sabe? Lo que sí es cierto es que la joven reina tuvo tras la muerte del rey Fernando una apasionada relación con su nietastro Carlos V de la que nació una hija bastarda.

Está el árbol monumental en la misma linde del camino y su tronco está hendido en dos. Su copa es más frondosa y globular que la de la encina Meregil.

Cerca de ella hay otra encina peculiar llamada en Pepino «La Tiesa» por estar podada de forma que ha alcanzado gran altura.

 

UN BAÑO EN EL RECUÉNCANO, PASEO EN GREDOS

Un baño en el Recuéncano

Arquitectura popular en el valle de Minchones

 Aunque nuestro objetivo de hoy está en término de Villanueva de la Vera, vamos a partir desde Madrigal por la pista que lleva a El Burreño. Preguntaremos por su comienzo a las afueras del pueblo, en su extremo norte. Después seguiremos por la pista asfaltada entre castaños y robles hasta llegar a un pinar donde se acaba el asfalto. A la derecha vamos viendo las huertas y majadas veratas repartidas por el arroyo de Helechoso y El Burreño. Trasponemos después al valle de Minchones parándonos a contemplar las magníficas vistas.

La garganta de Minchones desde el collado de Burreño

Pasamos entre robles y llegamos a la majada de “Los Abuelitos” continuando hasta llegar al puente de tubos que cruza la garganta de Minchones. Allí pararemos y subiremos por la orilla oriental hasta llegar a una poza de grandes dimensiones. 

Higos puestos a secar en El Alcornocal, cerca de la garganta de la Hoz

Se encuentra en la garganta de la Hoz, un afluente de Minchones que desemboca en la orilla izquierda  y que, como su nombre indica, discurre en gran parte de su trazado por un cañón de grandes pendientes con numerosas pozas de aguas limpias y de color esmeralda de las que la más conocida y frecuentada es la del Recuéncano, una charca de grandes dimensiones con una enorme roca granítica por la que los bañistas se deslizan a modo de un gran tobogán, aunque el recorrido completo de esta garganta,3 o 4 kilómetros río arriba, nos deparará numerosas sorpresas y parajes solitarios de gran belleza.

Garganta de la Hoz desde el arroyo del Molinillo

Desde el mismo puente podemos también bajar por una senda en la misma orilla de saliente hasta la confluencia de La Hoz con Minchones, en el hermoso paraje de Las Juntas, aunque en el camino encontraremos otras pozas.

 Recorrido aproximado 14 kilómetros 3 horas y media

Quesera en El Alcornocal, por encima de El Recuéncano

 

HASTA EL CIRCO DE GREDOS POR EL CAMINO DE LOS NEVEROS

HASTA EL CIRCO DE GREDOS POR EL CAMINO DE LOS NEVEROS (o al Almanzor por Peña Chilla)

 El punto de partida de esta excursión comienza en uno de los lugares más altos accesibles con vehículo todo terreno o en bicicleta, aunque podemos hacer andando el recorrido completo desde el Raso o desde el aparcamiento de la garganta Tejea, al final del camino del castro.

Vista de algunos edificios de la majada de Braguillas

 

Partimos de El Raso y tomamos el camino del castro vettón que podemos visitar de paso, continuando por la misma pista casi hasta el final de la misma, en el paraje de Pinillos. Doscientos metros antes del aparcamiento asciende otra pista en dirección sur que tomaremos, aunque si vamos en coche o en bicicleta hay que advertir del mal estado de la misma por las numerosas piedras sueltas del camino.

Como a dos kilómetros de nuestro recorrido encontramos a la izquierda unas rejas que protegen las pinturas rupestres de Peña Escrita, sobre las que ya hemos hablado.

El embalse de Rosarito desde la ruta que vamos a hacer hoy.

La vista panorámica se va haciendo impresionante sobre el valle del Tiétar con los embalses de Rosarito y de Navalcán, los regadíos de la Vera, las llanuras del Campo Arañuelo y al fondo las sierras de La Jara y Las Villuercas. Cruzamos el arroyo de la Vejiga y después de un recorrido total desde El Raso de unos 13 kilómetros habremos llegado al paraje de El Hornillo o Jornillo.

Majada del Hornillo

Desde la pequeña plataforma de aparcamiento vemos a la izquierda, mirando al norte, una vieja majada. A la derecha parte un camino que asciende en dirección nordeste hasta un paraje de grandes bloques graníticos con verdes prados cruzados por el arroyo que parte de la fuente que da nombre al lugar Majalvenero. Aquí es donde podéis equivocaros pues la tendencia natural es seguir hacia el collado desde donde se contempla una magnífica vista sobre la garganta de Chilla y el arroyo del Chorro, pero no es ese el camino mejor, pues nos conviene más subir hacia la izquierda en dirección a otra elevación llena de bloques graníticos para seguir el camino de los Neveros o de Tío Domingo que va más próximo a la cresta y que se transitaba para llegar a un pozos de nieve.

Chorreras de la Vejoga

El camino está marcado con pequeños majanos de piedra y discurre por un paisaje similar de granito con mogorros como el del Helechar y collados como el de El Barril o el de Hinojoso, desde donde contemplamos a uno y otro lado las gargantas de Tejea y Chilla. La vegetación apenas presenta algunos ejemplares de roble pues predominan los piornales y los cantuesares. Pronto damos vista a la peña de Chilla de 2009 metros. El camino discurre por su lado este que es un enorme lanchón inclinado. Por el lado oeste, el que da a la garganta Tejea, es mucho más abrupta y casi siempre rondan buitres en torno a ella. Ya antes habremos visto alguna cabra hispánica que abunda por la zona, sobre todo en los pastos del naciente del arroyo del Chorro.

Bosques en las laderas de nuestro recorrido

A continuación, el camino nos lleva hasta el pequeño collado o silla de La Peña donde el paisaje se hace casi lunar, con el gran bloque pétreo del macizo central de Gredos enfrente.

Desde los casi mil novecientos metros de este collado se asciende hasta los casi dos mil seiscientos del Almanzor en un recorrido sobre el mapa de sólo dos kilómetros, lo que nos orienta sobre la gran pendiente que hemos de subir y lo penoso de esta última parte del recorrido, aunque las vistas nos compensarán del esfuerzo. Pasamos primero el risco Redondo luego el risco del Cachorro, el cuchillar de las Navajas que ya nos sugiere lo  peligroso del paso y por la portilla Bermeja accedemos por fin hasta el Almanzor. Para los no acostumbrados a estas cumbres tal vez sea mejor conformarse con llegar solamente a Peña Chilla.

macizo central de gredos con el Almanzor a la izquierda visto desde nuestro recorrido

Recorrido aproximado desde El Raso 22 kilómetros, desde el aparcamiento de Tejea 14 kilómetros, desde el Hornillo 7 kilómetros. Recorrido completo desde El Raso, solo ida, 7 horas.

SUBIENDO LA GARGANTA LÓBREGA

SUBIENDO LA GARGANTA LÓBREGA

 Es ésta una garganta de longitud considerable que lleva este nombre hasta su confluencia con la Garganta Blanca, donde juntas forman la Garganta de Santa María. Lóbrego quiere decir oscuro y tenebroso, pero aunque algo más umbrosa, no creo que estos hermosos parajes merezcan nombre tan miedoso.

Garganta Lóbrega. majada del Castaño

La ruta que describimos hoy consiste en recorrer en coche la pista de la Garganta Blanca aparcando en el refugio de la Albarea, como hemos indicado también para el acceso a la Garganta Blanca. Desde allí continúa la pista en dirección este, pero se encuentra cerrada por una cadena. Podemos seguir a pie por la pista durante veinte minutos hasta la zona de confluencia de la garganta Lóbrega con la Blanca. La pista finaliza precisamente en el comienzo de la garganta Lóbrega, donde deberemos seguir por una senda que asciende por la orilla occidental, aunque al principio esta senda está casi perdida.

La Garganta Lóbrega desde la majada del Castaño

Pronto pasamos el paraje conocido como la majada de Jacinto y cerca se une el camino que sube desde la propia garganta. Pasamos el arroyo de Parrolejo y el camino mejora hasta la Quebradilla, donde elevada sobre la loma se encuentra la Majada de Riole. Enfrente vemos junto a la garganta las majadas de Robledillo y del Castaño. El camino continúa bastante practicable hasta Las Cerradillas, donde junto a un pequeño castañar se sitúan las ruinas de algunos corrales, casas y un horno de pan.

Visión de la garganta Lóbrega desde La Mira

El camino comienza a ser más árido con más rocas y menos arbolado, pasamos la Vega de los Muertos y en la siguiente vega del Pelicanto podemos seguir la orilla derecha por una senda estrecha, abrupta y poco visible, o pasar a la orilla izquierda, donde el camino es más practicable, a través de varios prados hasta el arroyo del Jocino, donde el camino vuelve a pasar a la orilla oeste. Pasamos por unos corrales y covachones llegando hasta el fondo de la garganta. Allí el camino pasa de nuevo a la orilla izquierda para ascender hacia La Mira, la segunda cumbre de Gredos después del  pico Almanzor.

Berengón en una majada de la Garganta Lóbrega

 Recorrido aproximado desde La Albarea hasta el fondo de la garganta 8 kilómetros, ida y vuelta 4 horas

 Otra posibilidad para acceder a esta garganta es seguir a pie desde Candeleda la garganta de Santa María por el camino que el rey Alfonso XIII hizo construir para acceder mejor a los cazaderos que se encuentran en torno al Refugio del Rey, cerca de las elevaciones del Puerto de Candeleda.

La tercera forma de acceso es mucho más larga pero de gran belleza por el recorrido que nos lleva hasta ella. Iniciamos el acceso desde la carretera que va de Candeleda a Poyales donde, aproximadamente a los cinco kilómetros, parte la pista forestal de la garganta, que sube por el valle del río Muelas para luego girar a la derecha y pasar por la fuente de la Hoya y la Casa del Guarda. Arriba, a la derecha, dejamos un puesto de observación forestal y rodeando el monte vamos a dar entre robledales y pinares a la Garganta de Santa María, pero manteniéndonos todavía a una considerable altura de la ladera.

Otra vista de la Garganta Lóbrega con sus enebrales

Vamos descendiendo por la pista a través de parajes de gran belleza con el macizo central del alto Gredos enfrente y una vista privilegiada sobre el espaldar del circo de la Laguna Grande. Llegamos después de más de doce kilómetros de recorrido hasta la garganta Lóbrega e incluso nos introducimos en ella hasta la majada de Cimorro. Desde aquí deberemos seguir por una senda que nos llevará garganta arriba hasta la majada de Robledillo. Después, la senda asciende hasta un bonito conjunto de arquitectura popular que es la majada del Castaño con varios chozos y un berengón o construcción de techo vegetal que sirve para alojar a las cabras. También desde esta majada podemos tomar un camino que nos lleva a un paraje muy agreste con chorreras en el arroyo del Castaño. La vegetación predominante de la garganta Lóbrega es el enebro con bosquetes de robles.

Inicio de la garganta Lóbrega

EXPLORANDO LA GARGANTA DE CHILLA

Explorando la Garganta de Chilla

Garganta de Chilla al comienzo del camino al que se llega desde la ermita

 A esta garganta le da nombre la Peña de Chilla, un risco prominente que se encuentra sobre la cuerda que la delimita por el oeste. Esta zona es conocida también por encontrarse en ella el santuario de la Virgen de Chilla en las laderas. Partimos desde El Raso hacia el castro celta y en la primera curva tomamos una pista que nos conduce por otro camino hasta una explanada donde podemos dejar el vehículo si lo llevamos. Comenzamos a andar por la orilla oeste y pronto nos cruzamos con el arroyo del Chorro, que desciende formando cascadas y chorreras, dos de las cuales se encuentran cerca del camino, arroyo arriba.

Casa del llano de … el mejor acceso para recorrer el tramo alto de Chilla

En la zona más alta se encuentra una majada hasta la que sube directamente una senda desde la Vega de la Zarza. Pasamos junto a un corral y luego ascendemos algo para pasar por encima de un castañar, hasta llegar a dicha vega de la Zarza en cuyo entorno se encuentran varias majadas y chozos, además de un puente de madera sobre la garganta que es mejor cruzar para seguir por la otra orilla.

Arroyo del Chorro, afluente de la garganta de Chilla

Seguimos nuestro camino ascendiendo y, junto a la confluencia de los dos arroyos que bajan en ese mismo lado, encontramos restos de otras majadas. El paisaje comienza a tomar la forma típica de los cauces altos de las gargantas de Gredos con los grandes bloques graníticos rodados y la vegetación escasa que les caracteriza. Llegamos así a la vega del Enebral desde donde la pendiente se hace mucho mayor formando el gran farallón del macizo central.

Esta planta es parásito de las raíces de otras especies

Podemos volver por una senda muy agradable que llega hasta el mismo santuario de Chilla, junto a la fuente y el altar al aire libre que se encuentra cerca de la ermita. Bajaremos después por el camino indicado hasta el puente de Chilla para subir luego hasta El Raso.

Tramo alto de la garganta de Chilla

Recorrido aproximado 17 kilómetros, 5horas

ASCENDIENDO LA GARGANTA TEJEA

 Ascenso por la garganta Tejea

Pozas en la Garganta Tejea

 Puede que el nombre de esta hermosa garganta, afluente de la de Alardos, derive de la existencia de tejos, especie arbórea hoy en remisión en toda la sierra. Nos podemos introducir en su alto recorrido siguiendo desde el Raso por la pista que lleva al castro vettón.

Puente sobre la Garganta Tejea

Siguiéndola hasta el final llegamos a una zona donde se puede dejar el vehículo y desde donde parte una senda que lleva hasta el puente Pinillos para después, cruzando el puente, seguir por la orilla oeste ascendiendo por la garganta. Pasada la vega de las Berceas (berzas) es mejor coger la senda que sube hasta unas majadas para después llegar a los Chozos de tío Domingo y la fuente del Brial. A partir de aquí el paisaje se va haciendo más árido con grandes canchales de piedra y llegamos a la vega del Zapato, desde donde poco antes sale una senda que asciende por la ladera de la izquierda, aunque luego se pierde. El final de la garganta es muy abrupto y su cauce desciende muy encajonado por la zona de los Barquetes.

Los Hermanitos de Tejea

El paseo es muy ameno, con el sonido de la garganta, los chozos, queseras y majadas, que nos encontramos en el trayecto, y las agradables pozas trasparentes donde podremos bañarnos. No es extraño que veamos cabras monteses.

Aquellos que lo deseen pueden subir por una vaguada hasta los Hermanitos de Tejea, dos picachos gemelos con vistas desde su cara oeste sobre un paisaje de gran belleza con despeñaderos impresionantes. Delante del más sureño de los dos picos se perciben los restos de la muralla de otro castro.

Majada de Braguillas

Podemos también subir desde el aparcamiento final por una pista que sale a la derecha hasta las pinturas rupestres y la majada de Braguillas, a la que igualmente se puede subir por un sendero desde el castro de El Raso.

En el plano solamente figura el trayecto que se realiza desde la pequeña zona de aparcamiento, pues desde El Raso, pasando por el castro, no hay pérdida ya que solamente debemos seguir la pista. Este aparcamiento del que hablamos es también el mejor lugar para darnos acceso a la cabecera de la garganta de Alardos.

 

Recorrido aproximado 11 kilómetros, 3 horas y media

Con subida a los Hermanitos de Tejea 5 horas