Archivo de la categoría: Etnografía

MOLINOS DEL SANGRERA Y EL FRESNEDOSO

MOLINOS DEL SANGRERA Y EL FRESNEDOSO

Molino en el arroyo de Fresnedoso

El valle del Sangrera es el más occidental de los valles jareños. Uno de sus tributarios es el río Fresnedoso, sobre el que molían dos molinillos de cubo (Fr 1) y (Fr 2) que están en término de Espinoso del Rey.

Plantas de los dos molinos de Fresnedoso

El segundo tiene un cubo estrecho y algo inclinado que podríamos considerar un receptor híbrido tubo-cubo Un tercer molino se intuye por su canal y tal vez un pequeño cubo, justo en la desembocadura del Fresnedoso en el Sangrera (Fr 3). Seguir leyendo MOLINOS DEL SANGRERA Y EL FRESNEDOSO

LOS MOLINOS DE RIOFRÍO EN LA JARA

LOS MOLINOS DE RIOFRÍO EN LA JARA

Seguimos describiendo los molinos de La Jara con los ejemplares que se encuentran a orillas de Riofrío, un afluente del río Huso

Molino de cubo de Riofrío

El afluente del Uso con un mayor y más continuo caudal es Riofrío que, junto al comentado molino de Uso, es el de más antiguas referencias molineras en La Jara. La continuidad de su caudal ya era descrita en el siglo XVI, cuando se decía que con sus aguas podía molerse todo el año. Es esta la corriente provincial con un mayor aprovechamiento energético para la molienda, dado que en su recorrido de unos diez kilómetros quedan ruinas de nada menos que veintiún molinos. Dieciseis son de cubo y de ellos siete tienen suficiente altura como para ser considerados como de bombo. Seguir leyendo LOS MOLINOS DE RIOFRÍO EN LA JARA

MOLINOS DEL VALLE DEL JÉBALO         

MOLINOS DEL VALLE DEL JÉBALO

Molino en el Jébalo frente a Navaltoril

En el Jébalo, frente a los pueblecitos de Navaltoril y Robledillo, se encuentran sendos molinos construidos en mampostería de pizarra (Ge 1)

Molino del arroyo de las Lanchas junto a la carretera

(Foto 48) y (Ge 2). Antes de llegar a Las Humfrías se cruza el arroyo de Las Lanchas que cuenta con referencias a sus molinos ya desde el siglo XVI, temprano asentamiento molinero para tierras tan tardíamente repobladas. He podido visitar las ruinas de cinco artificios, (La 1) el más alto en la corriente es un pequeño molinejo de no más de cuatro metros de lado en el que un tubo o una rampa servían para mover su piedra. Inmediatamente después de salir de su cárcavo el agua era captada sin volver al cauce fluvial para, tras recorrer un canal elevado sobre mampostería, caer en el cubo del segundo ejemplar (La 2) de nada menos que diez metros de altura (Foto 49), uno de los más elevados de la provincia. El tercer y cuarto molinos de esta garganta (La 3) y (La 4) son los dos únicos con receptor de tubo de nuestra provincia, junto a los de Garganta Tejeda en la Sierra de San Vicente. Seguir leyendo MOLINOS DEL VALLE DEL JÉBALO         

MOLINOS DE LA JARA OCCIDENTAL

MOLINOS DE LA JARA OCCIDENTAL

Molino del arroyo de San Vicente

Pasaremos ahora a estudiar las peculiaridades de los numerosos molinos de La Jara y para ello comenzaremos el recorrido desde el oeste de la provincia. Dejaremos para otra ocasión los molinos que se encuentran en la actual provincia de Cáceres pero que pertenecieron a La Jara como territorio histórico talaverano.

En las orillas del arroyo de San Vicente molía un artificio de típica presa jareña en arco invertido de grandes dimensiones. En un edificio anejo se instaló un motor auxiliar de gasoil que precisó del depósito de agua habitual en estos casos para su refrigeración (Sv 1) (Foto 40). Seguir leyendo MOLINOS DE LA JARA OCCIDENTAL

HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA  Y VALDEPUSA ( y 2)

HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA  Y VALDEPUSA ( y 2)

Uno de los molinos del arroyo de las Lanchas

En el valle de Robledo del Mazo se molía en la garganta de las Lanchas o en Riofrío, lo que quiere decir que todavía no se habían construido los más cercanos molinos del curso alto del Gébalo. Ya casi en el curso medio de este río, en el paraje del Martinete, sí debía existir ya algún molino pues desde Espinoso bajaban a moler allí.

En las relaciones de Espinoso también se declara que se muele en el río Fresnedoso. Se trata de seis molinos a los que se califica de retamizos, término que alude a la precariedad de estas construcciones de techo de retama. Pero es posible que por extensión se definan así a algunos sencillos artificios que se construirían con un pequeño apoyo en alguna roca del río sobre la que situar un par de vigas de madera que a su vez sostuvieran la piedra. Estos molinillos primitivos pero prácticos aparecen descritos en zonas nórdicas de Europa pero precisamente la precariedad de su construcción habría impedido su conservación hasta hoy. Seguir leyendo HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA  Y VALDEPUSA ( y 2)

HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA Y VALDEPUSA 1

HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA Y VALDEPUSA 1

Este viejo molino bastardo del río Uso puede ser el referido en el Libro de la Montería del siglo XIV

El suelo de La Jara es, en la mayor parte de su extensión, un terreno muy pobre que sólo en las rañas se puede considerar algo más fértil. Este es el principal motivo por el que, en conjunto, fue la suya una economía agrícola casi de subsistencia con escasos excedentes cerealísticos. Paradójicamente es, sin embargo, una de las comarcas que cuenta con un mayor número de pequeños molinos de arroyo situados en corrientes que todavía al recorrerlas hoy, incluso durante épocas lluviosas, nos preguntamos cómo pudieron llegar a mover las piedras de molino con tan escaso caudal. Seguir leyendo HISTORIA DE LOS MOLINOS DE LA JARA Y VALDEPUSA 1

LOS POZOS NUEVOS DE VALDEVERDEJA

LOS POZOS NUEVOS DE VALDEVERDEJA

Vista general del curso medio del arroyo de los Pozos Nuevos o arroyo Malezo. Al fondo, Puente del Arzobispo.

Al sureste del casco urbano de Valdeverdeja, a menos de dos kilómetros se encuentra un conjunto etnográfico de gran interés. Una senda recorre la mayoría de las decenas de pozos que servían para lavar a los habitantes de Valdeverdeja. También eran utilizados a veces como fuente de agua potable para los verdejos que la trasportaban al pueblo a lomos de caballerías, como también llevaban la ropa que era necesario lavar. Es un territorio de granito degradado en cuyo subsuelo se acumula el agua en no mucha cantidad, pero suficiente para las necesidades de una familia e incluso en alguna ocasión cultivar si había la tierra necesaria algún pequeño huertecillo. Seguir leyendo LOS POZOS NUEVOS DE VALDEVERDEJA

LAS MONDAS HOY Y LOS RITUALES DE PODER

LAS MONDAS HOY Y LOS RITUALES DEL PODER

Escultura romana que representa a la diosa Ceres en Cáceres

En 1992, Con motivo de unas jornadas arqueológicas en Talavera, el catedrático Manuel Fernández Miranda quiso conocer la fiesta de las Mondas y nos acercamos a ver el cortejo a su paso por la Portiña de San Miguel. Todavía recuerdo su cara de espanto al ver desfilar a los Pitufos, los Picapiedra, chicas vestidas de sevillana y otros esperpentos. Y él, conocedor de los trabajos de Caro Baroja, y esperando contemplar al menos retazos de arcaicos rituales festivos quedó ojiplático al tiempo que murmuraba: ¡Este es un país de excesos!

Algo han mejorado las Mondas desde entonces, especialmente aquellos aspectos en los que hay participación popular, con los bailes ilusionados de los pueblos y asociaciones vestidos con sus trajes típicos, tan ricos en nuestra comarca.  Merecen reconocimiento esos vecinos que se entregan a la fiesta con entusiasmo y dándole su atractivo colorido Seguir leyendo LAS MONDAS HOY Y LOS RITUALES DE PODER

LOS CABREROS DE GREDOS, VIVIENDO COMO LOS CELTAS

VIVIENDO COMO LOS CELTAS

Majada de braguillas en El Raso de Candeleda Majada de braguillas en El Raso de Candeleda

Cuando vemos un grupo de chozos y queseras en una majada de Gredos lo primero que nos viene a la cabeza son las construcciones de los castros celtas reconstruidos en Galicia, como el de Santa Tecla. Más cerca, en El Raso de Candeleda podemos ver reconstruidas las viviendas de un poblado vettón que ayudan a comprender las formas algo más complejas de vivienda de un núcleo urbano relativamente poblado como el que allí se asienta.

Las chozas de los pastores de la sierra tienen una tipología muy característica. Son construcciones circulares que tienen un diámetro que oscila entre los dos y los cuatro metros.

Se construyen generalmente sobre pequeñas elevaciones del terreno o sobre aterrazamientos que intentan evitar las humedades que la alta pluviosidad de aquellas alturas puede ocasionar. Constan de un muro levantado a piedra seca o con barro, “la pared”, con una altura que no suele sobrepasar el metro veinte de altura. La pared no suele tener huecos, si acaso, algún pequeño ventanuco y la puerta de madera con la altura del propio muro de piedra.

Rachones de roble en una majada en ruinas Rachones de roble en una majada en ruinas

Sobre la pared apoyan los rachones de roble que proceden de troncos que han sido cortados longitudinalmente desgajándoles, por lo que suelen tener una cara cóncava que guía mejor las aguas filtradas de la techumbre vegetal. Sobre esos rachones se colocan, no sin destreza, las escobas, cuando la construcción se encuentra a baja altura de la montaña como es el caso de las majadas, y con piornos cuando la construcción se sitúa en los puestos de verano que aprovechan los pastos de altura. Algunos de los rachones son palos acabados en horca que forman el armazón inicial de la techumbre. En la junta del techo vegetal con la piedra se colocan a veces cepellones de tierra con hierba que impide la entrada de humedad en la choza. El techo de escobas o piorno se remata en el vértice del cono que forma con una lancha de piedra o con un bien atado y compacto capirucho vegetal. El suelo suele ser de tierra apisonada, aunque a veces está enlanchado con granito. En uno de los lados del interior de la choza el muro acaba rematado por una bisera formada por un lanchón de piedra, ya que debajo está el lugar donde se hace el fuego o “tiznera” y es necesario evitar incendios. El humo sale entre el ramaje del techo lo que a veces hacía poco habitables estas chozas

Casa con techumbre vegetal y remate en la cumbrera de medios troncos vaciados de roble Casa con techumbre vegetal y remate en la cumbrera de medios troncos vaciados de roble

Cuando el buen tiempo lo permitía se hacía la vida en el exterior, en una terracilla también circular o semicircular llamada “estanza”. Está hecha generalmente con un pequeño murete de medio metro de altura, con el suelo enlanchado y sin puerta de acceso para evitar así que pasen los animales. En uno de los laterales se sitúa la cocina de verano al aire libre y en el contrario suele hacerse un emparrado o “solombrajo” con una parra o simplemente con hojas de helecho. La estanza suele estar dotada de una mesa de piedra hecha con una lancha de buen tamaño y con asientos también de granito alrededor.

El mobiliario de la choza no puede ser más sencillo. Del techo cuelgan los “carabancheles”, unos palos con las ramas cortadas que se cuelga del techo para a su vez colgar de él los pertrechos y los alimentos y evitar así a los roedores. Incluso a veces se coloca una tapa de lata en la parte superior para evitar así que desde el techo puedan acceder a las viandas los ratones. En la tiznera se instala el “jurganero” con dos horcas para poder colgar de él el puchero. Los tajos para sentarse son tajos compuestos por un asiento de madera y tres palos clavados en él a modo de patas. A veces encontramos algún rudimentario “vasal” fabricado con cuatro tablas y alguna alacena hecha sobre un hueco del muro. Todavía he podido ver alguna cama de las que se utilizaban antiguamente hechas con un marco de palo sostenido por cuatro patas y con cuerdas que van de un lado a otro del armazón. Los jergones se rellenaban sencillamente de hojas o de helechos secos. La iluminación se llevaba a cabo con candiles de aceite aunque también se utilizaban las lámparas de carburo los faroles de aceite o como recuerdan los más antiguos, con teas de pino.

Chozo en una majada de La Villa de Mombeltrán

Además de las chozas para los pastores había una serie de construcciones anejas frecuentes en casi todas las majadas. El “burrero” era una edificación de parecidas características a la choza pero algo más precaria en su construcción y de planta más alargada, Servía para guardar aperos y en caso de mal tiempo meter al caballo y así protegerlo.

Otras construcciones eran las zahurdas, generalmente levantadas con palos colocados como el armazón de un chozo y sobre los que se acumulaba tierra quedando debajo un hueco donde vivían los cerdos, que ya hemos dicho constituían un complemento económico importante en la vida de estos pastores, pues no sólo criaban los necesarios para su propio consumo, sino que tenían siempre algunos de cría que luego vendían y que eran alimentados con el suero de los quesos. Los gallineros eran pequeños chocillos con techo vegetal o con lanchas de piedra. Los hornos para cocer el pan se hacían sobre un plinto de piedra sobre el que se hacía la bóveda del horno con adobes dejando una puerta hecha con tres pequeños sillares de granito. Estos hornos se solían cubrir con un pequeño tejadillo que sobrepasaba la construcción por encima de la boca del horno dejando así un portalito.

Horno de una majada de rehabilitada de Guisando