Archivo de la categoría: Arte y patrimonio

CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN DE LAS MADRES BERNARDAS

CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN

DE LAS MADRES BERNARDAS

Fachada de la iglesia del convento de la Encarnación de las Madres Bernardas

Doña María de Albornoz era la heredera de un rico mayorazgo de tres mil ducados creado por sus padres. Al enviudar, recayó también sobre ella el patrimonio de su marido el marqués de Aravaca, cuyo palacio se levantaba en la plaza del mismo nombre.

San Bernardo representado en azulejería del siglo XVIII sobre una de las puertas del convento de las bernardas

Una noche del verano de 1608, la marquesa salió con su servidumbre para bañarse en el Tajo, bajo el primer ojo del Puente Viejo. La señora y una criada fueron arrastradas por el agua, la sirvienta pudo salvarse por la intervención de un hombre que se arrojó al agua, pero doña María se ahogó perdiéndose en la oscuridad.Su cuerpo se encontró al día siguiente después de peinar el río con redes y barcas pues se habían recorrido las orillas la noche anterior con hachas encendidas sin hallar el cadáver. Fue enterrada en el panteón familiar de la capilla del Cristo de los Espejos de “La Colegial”.

Arbotantes sobre la fachada oeste del convento de las bernardas

Volvió el mayorazgo a su madre doña Teresa Saavedra que en 1610, con su otra hija llamada Catalina y monja profesa de San Benito, fundó un monasterio con el título de la Encarnación en sus propias casas, pues una de las cláusulas del mayorazgo establecía que, si quedara éste sin herederos, se emplearía su patrimonio en la fundación de un convento de monjas descalzas.

Una de las rejas del convento de las Bernardas

El templo se construyó bajo traza de Fray Lorenzo de San Nicolás. Es edificio de ladrillo, como es habitual en la obra de este arquitecto. La iglesia es de planta de salón y está coronada por una bóveda semiesférica. La decoración es la habitual de cornisas y molduras de yeso. Destacaremos los dos paneles de azulejos sobre las puertas de acceso del convento y de la iglesia con el motivo de San Bernardo y el misterio de La Encarnación respectivamente. Son pintorescos los arcos de los arbotantes que sirven de apoyo al edificio en su cara oeste.

La Encarnación representada en azulejería de Talavera del siglo XVII sobre la puerta principal de las bernardas

En la planta del siglo XIX que reproducimos se observa al este de la iglesia el coro y un dormitorio alargado que da a una pequeña huerta. Junto al muro que separa el convento de la plaza de San Agustín se puede ver un pequeño cementerio y la huerta principal con un corral y un basurero en el extremo sur de la misma que además contaba con un emparrado sobre machones. En torno al patio del Pozo discurre el claustro alrededordel que se distribuyen las dependencias habituales de los conventos: la cocina, dos refectorios, el capítulo, la entrada con el torno y los locutorios. Un patinillo más al sur daba acceso al ropero, almacenenes y un portal. También aparecen señalados los aljibes, carboneras, despensas, gallinero, horno y excusado.

Puerta tapiada del convento de las bernardas.

CURIOSIDADES Y PERSONAJES

El historiador talaverano Cosme Gómez de Tejada fue capellán de este convento, pero el personaje histórico más relevante relacionado con la institución fue el cardenal Gil de Albornoz, sobrino de los fundadores y protector del nuevo monasterio al que obsequió con un magnífico ajuar que hizo traer desde Roma. Allí murió manifestando su intención de ser enterrado en este convento de La Encarnación de Talavera donde, todavía hoy, se puede observar su sepulcro de jaspe suspendido en el muro oriental de la iglesia.

Sepulcro del Cardenal Gil de Albornoz en el convento de la Encarnación

Don Gil era vallisoletano y se decía en Talavera que durante su juventud estuvo enamorado de su infortunada prima Dª María, pero el padre de ella no permitió la relación, por lo que marchó a Salamanca donde comenzó una brillante carrera eclesiástica y política que le llevaría a ser embajador en Roma y capitán general del ejército en Milán.

IGLESIA, ERMITA, Y OTRAS COSILLAS DE VALDEVERDEJA

IGLESIA, ERMITA, Y OTRAS COSILLAS DE VALDEVERDEJA

Iglesia parroquial de Valdeverdeja

LA IGLESIA:

Bajo la advocación de San Blas, es un edificio de magníficas proporciones, pues no debemos olvidar que Valdeverdeja llegó a ser uno de los lugares más poblados de la comarca con casi seis mil habitantes. Se comenzó a construir en el siglo XVI y hubo de ser ampliado en el XVIII, cebándose en ella los avatares bélicos de la Guerra de la Independencia y de la Guerra Civil. Tiene planta de cruz latina con una gran nave central cubierta con bóveda de cañón con lunetos y dos naves laterales de escasa profundidad que alojan diferentes capillas cubiertas mediante cúpula de media naranja, al igual que la del crucero que se encuentra decorada con pinturas que representan a los evangelistas en las pechinas, además de otros motivos geométricos.

Púlpito granítico de la iglesia de Valdeverdeja
Detalle del púlpito de la iglesia de Valdeverdeja

También está decorada con molduras de motivos vegetales y geométricos la bóveda de la nave central y son además de destacar en el interior el bello púlpito granítico, el coro sobre arco rebajado y el enlosado con sepulturas. El acceso a la iglesia se realiza por la fachada sur mediante una portada de finales del siglo XIX con una inscripción alusiva que está precedida por un espacio porticado sobre columnas de granito. En la fachada norte se encuentra la puerta más antigua con arco de medio punto. Todo el templo está rodeado de una cerca de piedra que deja un espacioso atrio enlosado. El mobiliario y la imaginería son modernos, pues tanto el retablo como las tallas fueron destruidos durante la contienda del 36.

Pórtico de la iglesia de Valdeverdeja y suelo enlosado de granito

LA ERMITA: La ermita de Nuestra Señora de los Desamparados se sitúa en un cerrete al sudoeste de la población disfrutándose desde allí de una hermosa vista panorámica del caserío y del entorno verdejo. Se construyó a finales del siglo XVII y se amplió derribando la primitiva capilla mayor y prolongando el edificio a mediados del XVIII. Sirvió de parroquia en las ocasiones en que por diferentes motivos la iglesia de San Blas hubo de ser reformada.

Ermita de Valdeverdeja

Se trata de una construcción en mampostería con sillares en las esquinas que cuenta con una sola nave, cabecera plana y presbiterio cubierto por bóveda semiesférica sobre pechinas rematada en linterna. Se accede a la ermita por un pórtico con tejadillo a los pies que protege una puerta adintelada. Sobre este acceso se levanta la espadaña de un solo hueco.

Calvario y calzada de subida a la ermita de Valdeerdeja

Para llegar a la ermita se asciende desde el pueblo por una pintoresca calzada de losas graníticas adornada con árboles y un bonito Viacrucis que, aunque fue levantado en el siglo XVIII, fue destruido en la pasada Guerra Civil volviendo a tallarse sus cruces de fuste ochavado en 1937.

Antigua farmacia que se conserva en Valdeverdeja

EL AYUNTAMIENTO: Otro edificio de interés es el ayuntamiento que ocupa la fachada oeste de la Plaza Mayor. Es construcción de mampostería con sillares en las esquinas que como elemento más característico cuenta en la planta baja con soportales sobre columnas graníticas. Fue construido a principios del siglo XVIII pero un incendio y diferentes reformas le han dado el aspecto que hoy presenta, al que se añade la torre del reloj que se edificó sobre otra anterior afectada por un rayo en 1926. Ésta es de ladrillo visto y se remata con una de esas típicas estructuras de hierro con templete que en aquella época se construyeron en muchas casas consistoriales de la zona. Enfrente del ayuntamiento se puede observar una de las fachadas de la casa curato.

Chozo de planta cuadrada y falsa cúpula en Valdeverdeja

En Valdeverdeja se conserva una antigua y curiosa farmacia de estilo mudejarista y, además de la arquitectura urbana de la que ya hemos hablado, se conservan en el entorno numerosas construcciones comochozos, fuentes o zahurdas de pintoresca construcción en granito. Capítulo aparte merecen los molinos del Tajo y de sus arroyos, la vieja central eléctrica o fábrica de la luz y el arroyo de los pozos nueos de los que hablamos en otras entradas.

RUTA DE LAS ATALAYAS ( y 2) MEJORADA Y EL CASAR

RUTA DE LAS ATALAYAS ( y 2) MEJORADA Y EL CASAR

Castillo de Mejorada

A continuación nos dirigiremos hacia Mejorada por la carretera, con unos dos kilómetros de recorrido. Preguntamos por el camino del castillo y nos dirigimos a él, haciendo un alto en esta pequeña fortaleza que fue residencia de los Señores de Mejorada y que probablemente estuvo previamente habitada por los árabes. Siguiendo el mismo camino hacia el sur, sobre un cerrete que se encuentra al otro lado del castillo, se erige la atalaya de Mejorada, la menos conocida de las que hoy veremos, por ser una pequeña torrecilla de observación de algo más de dos metros de altura.

Atalayuela de Mejorada

En el entorno de ese mismo cerro se encuentran un puentecito medieval y la llamada fuente de la Mora. A la salida de Mejorada, encontraremos en nuestro recorrido una ermita. La iglesia también es porticada y conserva buena azulejería talaverana del siglo XVI. Los dos pueblos vecinos, Segurilla y Mejorada,  mantienen algunos edificios de arquitectura vernácula en mampostería con muros blanqueados total o parcialmente.

Zaguán de en la arquitectura popular de Mejorada

 Desde Mejorada tomamos el camino de Gamonal, y por él continuaremos hasta dar vista a la atalaya que se yergue sobre el cerro Malojo, que es quizá la mejor conservada. En ella pueden observarse los huecos donde se sostenían las vigas de la escalera y los pisos de madera del edificio. Como en la otra atalaya, la puerta se encuentra elevada. En los alrededores de la torre todavía se pueden ver derrumbes y muros de los edificios donde probablemente habitaba la guarnición.

Atalaya de El Casar de Talavera

Bajamos de la atalaya otra vez hacia el camino de Gamonal, continuamos por él y como a un kilómetro, a la derecha, se encuentra la ermita de la Encarnación, una de las iglesias más antiguas de la comarca (s.XIV), ya que fue la parroquia de la antigua población de Gamonal que al venir tiempos más seguros y ante la escasez de agua del lugar, se despobló porque descendieron sus habitantes al actual emplazamiento. Acabamos bajando a Gamonal para dirigirnos desde allí por la carretera hasta Talavera. Si vamos andando, podemos volver también en los autobuses urbanos que van hasta este pueblo y así nos ahorraremos diez kilómetros de marcha.

Puente de Mejorada junto a la vereda de los Madroños

En el camino, sobre todo en el último tramo, hemos venido entre encinas y enebros, y también podemos encontrar algún zorro (no en vano se les llama zorreros cariñosamente a los habitantes de Mejorada). Desde las atalayas no es raro contemplar rapaces sobrevolando los vallecillos en busca de sus presas.

Fuente de la Mora en Mejorada

MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA

MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA

HISTORIA

Monasterio de Santa Catalina con la cúpula en construcción y los claustros delante

 Como vimos en el capítulo referente a la Colegial, el Arzobispo de Toledo, D. Pedro Tenorio, a finales del siglo XIV, visto el escandaloso proceder de los canónigos de la iglesia mayor de Talavera, les ofreció llevar vida reglada, enclaustrándolos en un monasterio que a la sazón fundaría en el actual solar del convento de Santa Catalina, más conocido hoy por los talaveranos como San Prudencio. No fue del agrado de los canónigos la propuesta y el arcipreste de Hita nos describe su descontento en el Libro del Buen Amor.

Foto de Clifford de mediados del siglo XIX donde se aprecia todavía el edificio más meridional del claustro hoy desaparecidodesaparecido

El arzobispo había acompañado su oferta con la donación al futuro convento de numerosas propiedades, entre las que destacaba por su rentabilidad la de tres casas de aceña (molino de rueda vertical) que el arzobispo había heredado de su madre, los llamados molinos de Calbete, que pudieran ser los conocidos más tarde como molinos de Abajo. Al no ser aceptadas las condiciones por los canónigos, se lo propone a los jerónimos y envían para la nueva fundación, la cuarta de esta orden, a doce frailes del monasterio de la Sisla en Toledo que eligen como prior a fray Gonzalo de Olmedo. Se pone el nuevo convento bajo la advocación de Santa Catalina, a la que D. Pedro Tenorio tenía gran devoción, heredada la parecer de su madre, pues recordemos que tanto el puente como los molinos y el hospital de Puente del Arzobispo estaban también bajo el patrocinio de esta santa cuyo símbolo, la rueda con la que sufrió martirio, podemos contemplar en el testero de la iglesia, en el escudo de cerámica del monasterio que se encuentra en el Museo Ruiz de Luna y en el dintel de la puerta de entrada de los molinos de Puente del Arzobispo.

Rueda de Santa Catalina en el ábside del monasterio de su mismo nombre

Juan Ortiz Calderón era un caballero talaverano que poseía una gran fortuna; al parecer mató a un alcalde de nuestra ciudad y, desterrado en Portugal, conoció al obispo de Coimbra que entonces no era otro que D. Pedro Tenorio, al cual nombra su albacea testamentario. Entre las muchas propiedades de Juan Ortiz se hallaban las dehesas de Valdemorales, Pompajuela y Castellanos. En esta última, situada en el actual término de Alcaudete, dejó mandado se fundase un monasterio de jerónimos. Tenorio consideró más adecuado, por lo insalubre del terreno y por la insuficiencia de la dote, que la nueva institución se afincara en Talavera y para ello añadió al patrimonio del futuro convento varias paradas de molinos y algunas fincas que había heredado de su madre, Juana Duque, nacida en Talavera. Parte del terreno necesario para la construcción de la iglesia y las dependencias monacales, de muy inferiores proporciones a las actuales, fue cedido por los canónigos de la Colegial y otra parte fue donada por el concejo de la villa, comprando más tarde el monasterio manzanas enteras con diversas donaciones de talaveranos acaudalados.

Escudo de la orden jerónima en el muro sur del templo

El  Monasterio de Santa Catalina tenía por ello gran número de propiedades en toda la comarca, según Ildefonso Fernández, superiores a las de los otros dos grandes cenobios jerónimos, el de Guadalupe y el de El Escorial, ya que fue recibiendo durante siglos numerosas donaciones llegó a ser la mayor potencia económica de la comarca y el primer terrateniente. Estaban bajo su dominio la tercera parte de todos los bienes de instituciones religiosas. Cuando se desamortizó el convento era el décimo propietario de la provincia por la extensión de sus fincas.

Además de las propiedades ya enumeradas se donaron al monasterio grandes fincas como Maricantarillo, al sur de Talavera -cerca de las barrancas del Águila- las fincas de La Alcoba, El Pinar y Torrejón, situadas todas en el ámbito de El Casar de Talavera. Estas últimas posesiones estaban enclavadas en antiguos yacimientos romanos y guardaba por ello el monasterio una magnífica colección de monedas y otros objetos hallados allí. La dehesa de Lientes -junto al arroyo del mismo nombre-, numerosas posadas de colmenas, otras fincas cercanas a Talavera como Las Jarillas y Las Albueras. Propiedades diversas en Espinoso, Piedraescrita y Villar del Pedroso, Brujel, Gamonal, Calera, Fuentelapio y Valdeazores además de innumerables censos, capellanías y memorias que hacían de este monasterio de Santa Catalina una de las instituciones religiosas más ricas de España. Además, regentaban los frailes una botica que abastecía a la comarca, tenerías, lagares, molinos y aceñas del Tajo que tenían una elevada rentabilidad. En el siglo XVIII por ejemplo, llegó a tener hasta diez mil cabezas de ganado lanar.

Pueden todavía encontrarse numerosas superficies que estaban pintadas en los claustros mudéjares deSanta Catalina y hoy ocultas

Pedro Tenorio solamente tenía labrados el claustro alto y bajo con dos órdenes de celdas, sirviendo de iglesia que luego se denominó capilla del capítulo a la cual entraba el pueblo a través de la puerta del Serafín. Por ella también se accedía al cementerio de la Colegial, situado frente a la conocida entonces como calle Empedrada.

Por bula del papa Nicolás V se permite la construcción de un nuevo templo que comienza a edificarse en 1452, en presencia del arzobispo Alonso Carrillo, que se encontraba en Talavera y asistió al acto de “echar los cordeles”.

Detalle de la decoración del ábside de Santa Catalina

En 1455 se procedió a la construcción de una iglesia de mayores proporciones. Según el Conde de Cedillo, en la decoración del retablo intervinieron Juan de Borgoña y Copin de Holanda. Este templo ocupaba el espacio de la nave actual y a mediados del siglo XVI se construyó el crucero y la capilla mayor por bula de Pablo III, con la oposición de la Colegial que entabló un pleito contra el monasterio. Felipe II pernoctaba en el convento siempre que pasaba por Talavera. En 1624 se reconstruyó el cuerpo de la iglesia.

Varios fueron los monjes ilustres de este monasterio, el predicador Fray Alonso de Plasencia, los dos priores historiadores de Talavera, Fray Andrés de Torrejón y Fray Alonso de Ajofrín, y Fray Pedro de los Molinos, llamado así por ser arquitecto e ingeniero hidráulico que diseñó y construyó numerosas obras de aceñas y molinos de Talavera, Puente del Arzobispo y otros lugares de España. Fray Alonso de Oropesa fue su prior en tiempo de los Reyes Católicos. Fue familiar de Fray Hernando de Talavera y General de la Orden Jerónima.

Detalle de la decoración del ábside

También Cedillo nos dice que «durante la Guerra de la Independencia y con motivo de las varias estancias de los franceses en Talavera el convento quedó muy mal parado…el claustro bajo convirtieron en cuadra, la iglesia en depósito de granos, el claustro alto en enfermería, los panteones fueron abiertos, el molino de aceite destruido y las imágenes quemadas».

La decadencia del monasterio comienza en el siglo XVIII y tras varios escándalos de índole sexual y económico, que requieren la presencia de visitadores que inspeccionan las costumbres y la gestión económica de la institución, acaba por cerrarse en 1821 por un decreto de las cortes durante la oleada revolucionaria de Riego. Se abre otra vez en 1823 con la reacción absolutista para cerrarse definitivamente en 1835. Con la desamortización se vende su edificio y propiedades en lotes que se destinan a cuartel, casa de vecindad, fábrica de sedas y cerillas, almacén de paja y hasta circo de caballos.

detalle del muro sur de Santa Catalina

En 1882 vuelven los jesuitas a Talavera y se les dona el edificio para establecer en él la Compañía su Escuela Apostólica de San Jerónimo. En 1903 una comunidad de padres agustinos calzados se instalaron en la parte del edificio que habían ocupado anteriormente los jesuitas y establecieron allí  un colegio.

MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA: DESCRIPCIÓN

 MONASTERIO JERÓNIMO DE SANTA CATALINA

DESCRIPCIÓN

Puerta llamada de «los Serafines»

 Las primitivas construcciones de esta iglesia, por ser en su mayoría edificadas a finales del siglo XIV e inicios del XV , fueron levantadas en estilo gótico-mudéjar, de ellas apenas nos quedan restos, solamente la conocida como puerta del Serafín, frente a la desembocadura de la calle Empedrada y alguna ventana cegada , como la que se observa en esa misma construcción frente a la torre de la Colegial. Algún otro detalle como la rejería o los canecillos y aleros nos orientan sobre la antiguedad de esta parte del monasterio de Santa Catalina.

Puerta sur de la iglesia del monasterio de Santa catalina

Ya hemos comentado que la misma puerta del Serafín era la que daba acceso al templo primitivo y por ello era necesario entonces pasar por el claustro para acceder al templo. Para remediarlo, en 1452, concede el papa Nicolás V permiso para construir una nueva iglesia cuyo edificio coincide con la nave de la actual. Precisamente el retablo de esta nueva construcción fue estofado por Copin de Holanda y pintado por Juan de Borgoña, aunque hoy ha desaparecido. La nave está cubierta por una bóveda de cañón y a los pies otra bóveda rebajada soporta el coro.

Cúpula de la iglesia de los jerónimos

Los canónigos de la Colegial se opusieron a la nueva edificación, como también se negaron a que se construyera la capilla mayor que, sin embargo, se comenzó a levantar en 1536 con el permiso de Pablo III . Esta parte del monasterio es la más característica del mismo y un elemento característico del paisaje urbano de la antigua Talavera. El padre Sigüenza, en su Historia de la Orden de San Jerónimo, decía: «Por ignorancia o malicia de los oficiales no se ha podido acabar fábrica de harta costa y apariencia, sin fundamentos, de tal suerte que estando casi cerrada la cúpula del cimborrio, se venía toda al suelo, y el mejor medio es deshacerla piedra a piedra.»  No hizo falta llegar a tanto, ya que se llamó a Juan de Herrera que se encontraba entonces construyendo otro monasterio jerónimo,el de El Escorial. Vino a Talavera y consiguió salvar el edificio, aunque quedaron como recuerdo de aquellos percances los antiestéticos machones y contrafuertes de la cara sureste del testero y las fisuras que todavía hoy  se perciben en el mismo.

Retablo de la iglesia de los jerónimos de Santa Catalina

Diferentes avatares históricos hicieron perder a esta iglesia su primitiva grandeza. En la capilla mayor estaban los enterramientos de los señores de Gálvez y Jumela y en el claustro se hicieron sepultar numerosos caballeros y nobles talaveranos. Celebrábanse los oficios «con toda grandeza, puntualidad y magestad que puede encarecerse teniendo siempre capilla de sonoras voces e instrumentos. Los ornamentos son muchos, ricos y costosos. El aderezo de plata es muchísimo»

Detalle de la decoración renacentista del edificio de los jerónimos de Santa Catalina

El acceso actual al templo desde la calle se realiza a través de la portada de piedra de la fachada sur, un tanto vulgar si la comparamos con la grandeza del resto del edificio. En el interior destacaremos la capilla mayor. Los mármoles que la decoraban adornan ahora el altar mayor de la basílica de Ntra Sra del Prado. La cúpula es de grandes proporciones, las pechinas se ornamentan con relieves de los cuatro evangelistas y bajo ellas se sitúan las estatuas de cuatro doctores de la Iglesia. La sacristía es de gran belleza, octogonal y con cúpula toda de piedra, menos decadente que el renaciente estilo del resto de la iglesia. También al siglo XVII pertenece la grandiosa escalera de subida al coro, toda de sillería y suspendida en el vacío. Menos conocida aunque muy curiosa se nos muestra la escalera helicoidal de acceso al exterior de la cúpula, “la giralda”, que se rodea de balaustrada con adorno de pirámides.

Contrafuerte que se construyó por indicación de Juan de Herrera, arquitecto de El Escoria,l para evitar que aumentaran las grietas del edificio

Se mantiene en un estado lamentable el claustro sur, que durante años ha sido casa de vecindad hasta su amenaza de ruina. Se perciben los arcos  gótico-mudéjares ya cegados  y en algunas de pendencias pueden observarse restos de pinturas en los muros, muy similares a otras pequeñas muestras que persisten en la granja jerónima de La Alcoba y Guadalupe.

EL CLAUSTRO DE LA COLEGIAL DE TALAVERA

EL CLAUSTRO DE LA COLEGIAL DE TALAVERA

Pináculos góticos en el remate de los contrafuertes del claustro

El mismo Francisco de Soto dice que «el claustro de esta Santa Iglesia no cede a los mejores del reino; es muy largo, ancho y alto, y todo él está fabricado de piedra de sillería muy curiosamente labrado», con motivos entre los que hay que destacar las gárgolas de animales fantásticos y los pináculos de remate de los contrafuertes con gruesas hojas de acanto.

Planta del Claustro de la colegial en un plano del siglo XIX

Fue levantado en 1469 y cada una de sus cuatro galerías cuenta con seis tramos con sus bóvedas  de nervios vistos sobre una pareja de arcos cruceros y pilarillos adornados con perlas. Se abren al patio por grandes arcos ojivales elevados sobre un podio y reforzados con contrafuertes.

Bóvedas del claustro de la Colegial

Sobre el suelo aparecen lápidas con inscripciones diferentes y en él se encuentran actualmente los restos de Fernando de Rojas, autor de La Celestina. El pozo central tiene una pila que es un antiguo sepulcro romano para algunos y árabe para otros.

Panel de azulejos talaveranos que indican el lugar donde yacen los restos del escritos y alcalde de Talavera

Hoy ha sido reformado a mi modo de ver desafortunadamente, perdiendo su palmera, y se ha enlosado, retirándose el sepulcro del pozo.

Sepulcro que hacía de pila junto al pozo del claustro

Desde el claustro se daba acceso al antiguo cementerio anejo a la Colegial que se estableció en una antigua huerta llamada «de Moctezuma» por haber pertenecido al Duque del mismo nombre.

Carrillo dieciochesco del Corpus, en el claustro de la Colegial

En el claustro se exhiben algunos fragmentos escultóricos como lo que parece una representación de la imposición de la casulla a San Ildefonso. Un curioso carrillo utilizado en las desfiles del Corpus del siglo XVIII, una pilastra visigoda, y dos altarcillos con retablos barrocos deteriorados.

Altar y retablo en el claustro de la Colegial

CAPILLA DEL CRISTO DE LOS ESPEJOS Y SACRISTÍA DE LA COLEGIAL

LA CAPILLA DE SAN ILDEFONSO O DEL CRISTO DE LOS ESPEJOS

Cristo de los Espejos y una Dolorosa del siglo XVIII de la escuela madrileña en la base.

Corresponde a la cabecera de la nave lateral sur, en ella podemos contemplar el llamado Cristo de los Espejos. Según Francisco de Soto éste era el Cristo de las Misericordias que se hallaba anteriormente en la capilla del antiguo alcázar de Talavera. Y también alojó al llamado «Cristo Santiaguito» que hoy se encuentra en la ermita y que perteneció al antiguo Hospital de Santiago.

La imagen actual es en realidad una obra realizada en 1759 por José Zazo y Mayo por lo que probablemente el historiador Soto  se refiriera a otra imagen. Este escultor que tiene otras obras en Talavera nació en el cercano pueblo de Nombela en 1720 y desarrolló su trabajo en Madrid, donde murió.

Caída de Cristo en la capilla de San Ildefonso o del Cristo de los Espejos

También aloja esta capilla un retablo neoclásico de parecida factura al del altar mayor con un cuadro de grandes dimensiones donde aparece la Caída de Cristo camino del Calvario, y puede ser obra de un pintor de la escuela madrileña del siglo XVII llamado Pedro Núñez.

Enterramiento femenino que pudo ser de doña Juana Duque, madre de el arzobispo Tenorio, en la capilla del Cristo de los Espejos o de San Ildefonso

Esta capilla y parte de la obra de la nave de la epístola fueron financiadas por un caballero que guerreó en compañía de Alfonso XI, Alonso Díaz de Medina y su esposa. Más tarde perteneció a la familia del arzobispo talaverano Gil de Albornoz, a un indiano llamado Juan de Prada, que era descendiente de otro de su mismo nombre paje de Juan II, y a la de un corregidor de la villa y mayordomo de la Santa Inquisición llamado Diego Montero de Espinosa y su mujer, de la familia Gaytán y Meneses.

SACRISTÍA

Desde esta capilla se pasa a la sacristía a través de una dependencia techada con una bóveda gótica. es una dependencia con decoración de yeso construida en el siglo XVIII y de planta rectangular cubierta con bóveda de cañón.

El mayor tesoro que aquí se guarda es la imagen de la Virgen rubia que sostiene al niño en postura y gesto de travesura infantil mostrando sus genitales, por lo que alguna severa descripción del siglo XVIII dice que es «deshonesto»  y feo,aunque realmente está lleno de encanto. . Es una imagen del siglo XV de gran calidad. Está policromada y estofada, y presenta claras influencias flamencas y tal vez relacionada con la escuela de Burgos. Probablemente formó parte del retablo de la capilla mayor. La imagen se encuentra en un retablo dieciochesco similar al del Cristo de los Espejos.

También en la sacristía un tal Becerra pintó varios lienzos con imágenes de la vida de la Virgen. Hay que destacar además la existencia de una curiosa fuente-aguamanil de mármol.

Eccehomo al que se refiere el texto, aunque hoy día no esté en la Sacristía

También se encuentran en la sacristía dos bustos de un Ecce Homo y de la Dolorosa que antiguamente se situaban sobre peanas finamente decoradas. Juan Nicolau ha relacionado estas obras con la escuela granadina y el entorno de José de Mora.

A continuación de esta capilla se encuentra la puerta de la sacristía vieja con un rótulo que dice en latín: «Estad limpios los que lleváis los vasos del Señor».

Puerta de la Sacristía Vieja con el rótulo aludido en el texto

ACABAMOS LAS CAPILLAS DE LA COLEGIAL

ACABAMOS LAS CAPILLAS DE LA COLEGIAL

Rejería de la capilla de San Juan Bautista de la Colegial

CAPILLA DE SANTA ANA

La siguiente capilla es la de Santa Ana, también llamada de los Reyes, en ella es de destacar su antigua cerámica.

Hernando Suárez de Toledo fue Limosnero Mayor de Felipe II y ayo de su hijo el infortunado Príncipe D. Carlos. Al morir dejó dispuesto que se celebrara un aniversario a Santiago por el alma de su discípulo, de ahí el segundo nombre de la capilla que perteneció más tarde a los Condes de la Oliva, cuyo palacio se encuentra frente al Teatro Victoria. Antiguamente servía de paso al claustro y por este motivo estuvo dotada de reja por ambos lados.

Fragmentos del retablo mayor con escenas de la vida de la Virgen

Aunque tuvo un retablo plateresco hoy exhibe otro en el que las imágenes sobre la vida de la Virgen sí pertenecen probablemente al primitivo.

Sepulcro de doña Mencía Suárez en la capilla del Pópulo

CAPILLA DE SANTA MARÍA DEL PÓPULO

A continuación, la capilla de Santa María del Pópulo, fundada en 1471 por la familia de los Montenegro, más tarde condes de Villariezo, debido a la devoción que tenían a esta imagen de un monasterio agustino de Roma. Es de destacar la urna funeraria gótica adornada con ramaje en que se sepultó a una tal Mencía Suarez, hija de un regidor talaverano.

Cuenta Fray Andrés de Torrejón que en el escudo de los Montenegro aparecen tres cabezas porque uno de sus antepasados dio muerte en una justa a tres caballeros que importunaban a una dama.

Relieve de San Juan Bautista en su capilla

CAPILLA DE SAN JUAN BAUTISTA

A continuación, se sitúa el paso al claustro que no es otra cosa que la antigua capilla de S. Juan Bautista. Nos lo delata un relieve empotrado del Bautismo de Cristo. También se recoge aquí, como ya hemos visto, la Quinta Angustia, obra pictórica, como muchas de las que adornan la colegial de la época de transición del siglo XV al XVI. Fue también Hernando de Alonso el fundador de esta capilla y, tras el incendio del Hospital de la Misericordia, fueron trasladados aquí sus restos mortales.

Pila bautismal de la Colegial

CAPILLA BAUTISMAL

Él mismo regaló también la pila bautismal que se sitúa hoy en la siguiente capilla, última de nuestro recorrido, que se halla decorada con magnífica cerámica antigua de Talavera adornada de hermosos motivos de lacerías vegetales. Según la historia de la cerámica del padre Vaca “es la obra más exquisita en su género que se hizo en Talavera”. Es una obra de magnífico colorido y dibujo, ejecutada en el siglo XVI con estilo de tradición mudéjar.

Frontal magnífico de azulejería talaverana del siglo XVI con clara tradición mudéjar

El coro fue concedido en 1415 a Gutierre Gaytán para su enterramiento, no sin antes pleitear con el cabildo para ser sepultado en la capilla mayor. En nuestro paseo por las capillas debemos observar las columnas y bóvedas donde nos sorprende a veces la presencia de restos mudéjares de las antiguas estructuras mezclados con las nervaduras de las bóvedas góticas en ocasiones de hermosa factura. Es el  caso de la capilla de Santa María del Pópulo.

Imagen de la Virgen del Rosario en la capilla

RUIZ DE LUNA Y LA CAPILLA DEL CRISTO DEL MAR O DE SAN FRANCISCO DE LA COLEGIAL

RUIZ DE LUNA Y LA CAPILLA DEL CRISTO DEL MAR O DE SAN FRANCISCO

Retablo de Ruiz de Luna para la capilla del Cristo del Mar. En la esquina la estatua orante del fundador de la capilla.

Ya hemos visto las capillas de la Colegial de su lado norte. En este mismo lado del evangelio junto a  la puerta norte, la llamada de los Apóstoles,  la Capilla de San Francisco que también se llamó de San Jerónimo y que desde 1943 se conoce como la Capilla del Cristo del Mar, imagen probablemente de finales del siglo XV que se halla enmarcada por un magnífico retablo de cerámica ejecutado y donado por Ruiz de Luna.

Acoge también una escultura orante del clérigo Francisco Méndez de Arellano, fundador de la capilla en 1529. Dejó rentas para decir misa a cincuenta pobres y después darles una limosna de un duro a cada uno. También dejó fondos para que todos los días del año se diera de comer a los indigentes encarcelados, para sacar de la cárcel a los pobres con deudas, y con el fin de rescatar cautivos naturales de Talavera.

Estatua orante de Francisco Méndez-Arellano

Aunque no fueron suficientes, dejó más fondos para la creación de tres cátedras en Talavera. Se sepultó a mediados del siglo XVI en esta capilla a su familiar Francisco Ramírez de Arellano que fue camarero del papa Paulo III y trajo de Roma varias reliquias, entre las que Francisco de Soto destaca una espina de Cristo que todavía se conserva y una canilla de San Blas.

Después pasó a ser capilla propiedad de D. Rodrigo Albornoz, tío del Cardenal talaverano D. Gil de Albornoz, fundador del colegio de Bolonia y que está enterrado en el sarcófago de yeso que hay en la Iglesia de las Monjas Bernardas en el lado del Evangelio.
Cuando se extinguió el patronato de esta familia dio el Calbildo la Capilla a D. Diego Montero de Espinosa, vecino y corregidor de Talavera.

Santas Justa y Rufina, patronas de los alfareros

Pero la capilla de San Francisco tiene actualmente otro nombre la del Cristo del Mar, con una curiosa historia relacionada con la religiosidad de Juan Ruiz de Luna.

Nuestro gran ceramista no sólo era un gran artista, sino un gran empresario que supo vender su obra por todo el mundo. Entre otras iniciativas comerciales quiso extender su cerámica por América y por ello envió allí a dos de sus hijos en 1934 para difundirla mediante una exposición en Buenos Aires. Entonces, los viajes trasatlánticos se hacían por mar y don Juan tenía el lógico temor de que les sucediera algo a sus hijos Juan y Salvador, por lo que entraba a diario a rezar ante a una imagen de Cristo crucificado solitaria que se hallaba junto a la puerta norte del templo y  que a él le provocaba una especial devoción. Durante dos meses se estuvo arrodillando en el reclinatorio que estaba delante del crucifijo hasta que volvieron sus hijos y prometió hacer una gran obra para agradecer que volvieran sanos y salvos de su periplo marítimo.

Detalle de la reja dela capilla del Cristo del Mar

La Guerra Civil retrasó el cumplimiento de su promesa, pues incluso estuvo la Colegial llena de material bélico durante aquellos azarosos años. Cuando volvió a entrar no vio el crucifijo y pensó si no habría sido destruido, pero afortunadamente se encontraba en la parroquia de Santa Leocadia, entonces en la iglesia de San Francisco. Más tarde restauraría Ruiz de Luna una imagen de San Francisco que había en la capilla para sustituir al Cristo que se iba a traer de dicha iglesia.

Se decidió a comenzar su empresa pidiendo permiso al arcipreste y al obispo. El 3 de mayo de 1942 comenzaron las obras, y  primero se limpió la capilla vendiéndose un viejo retablo que tenía a la iglesia de San Martín de Pusa.

Ruiz de Luna estaba entonces enfermo e incluso sufrió una intervención quirúrgica pero el panel de azulejos para esa misma capilla que representaba a las Santas Justa y Rufina quedaron terminados en septiembre de 1942 y fue inaugurado con la presencia del arzobispo Pla y Daniel que bendijo la capilla. Éstas fueron las palabras de nuestro ilustre paisano como ofrenda de su obra, en la que participaron sus tres hijos.

Ofrenda.
Excmº. Señor.
Mis 70 años en los 79 que llevo vividos son remunerados con exceso en este acto en que V.E. bendecirá esta obra mía que también lo es de mis hijos, labor lograda con perseverancia y amoroso
obstinación. Hoy Excmº Señor hago entrega de ella, sintiendo que mi posición económica no me permita dejarla dotada como era costumbre en la antigua Nobleza.
Los elementos que constituyen el decorado de esta Capilla están hechos con modesta arcilla, materia avalorada por el fuego y nuestra fe Cristiana. “Cristo del Mar” le he titulado, advocación que espera de V.E. ser refrendada, en atención a mi estado de ánimo cuando hice la promesa y en honor, sobre todo, a que esta Sagrada Imagen ha hecho resurgir en los corazones talaveranos su proverbial piedad para allegar fondos y realizar las obras de restauración de nuestra querida Colegial.
A continuación de este acto de bendición de la Capilla el señor Arzobispo hizo el acto de desagravio por los destrozos de la Iglesia terminando con una exhortación a los fieles para que llegasen fondos para la restauración de este hermoso templo, cuyo resultado fue reunir unas ochenta mil pesetas como inicial de suscripción, cuyas obras dieron comienzo el 26 de Abril de 1943.

En julio de 1943, en un acto familiar en el que se bautizó a una de sus nietas y cuando ya Ruiz de Luna contaba 80 años, fue inaugurada la capilla con toda su obra cerámica instalada.

El retablo es copia en cerámica de la de la madre del obispo García de Loaysa en alabastro que se conserva en la iglesia del antiguo convento de Santo Domingo.

Esta es la descripción de la capilla que hace el propio Juan Ruiz de Luna y que me ha llegado de un fragmento de sus memorias inéditas:

Es de planta cuadrilonga de 4 metros 50 cms. Por 5,60 y altura de techo 7,50.
Se le hizo un zócalo de azulejos en tableros o fondos de dibujo repetido, espaciados por pilastras de composición, todo ello enmarcado con mampuestos de rasilla imitando piedra berroqueña del país, esmeradamente imitada, como así también el cornisamento general y las aristas que dividen en cuatro pañoletas la bóveda del techo, que se reúnen en un florón o pendolón con cartel heráldica, pero sin armas. Los fondos de estas pañoletas como las de las paredes están blanqueados.
Este Retablo de cerámica policromada de gusto Plateresco de 6,50 metros de alto, está coronado con un medallón con Virgen tenante por dos ángeles, de puro estilo Luca della Robbia, como así también las columnas y cornisamentos, que constituyeron el Retablo que estuvo expuesto en el pabellón de Castilla la Nueva de la Exposición Hispano Americana celebrada en Sevilla el año 1929-1930 que fue galardonado con el Gran Premio, conjunto que complementan una magnífica mesa de altar, con relieves de cerámica policromada y fondo con tres medallones en forma de Camafeos, con un barco en el centro como alegoría al Santísimo Cristo y de los dos restantes, San Francisco de Asís y San Antonio de Pádua, muy de la devoción del donante. Como detalle original y de gran acierto artístico es de notar el fondo sobre el que se destaca el Santo Cristo, de azulejos de reflejo metálico que dan al cuadro un efecto asombroso.

Retablo de Ruiz de Luna del Cristo del Mar en la Colegial. Foto del Libro del VIII centenario de la Colegiata Mayor de Santa María

En la meseta o Credencia del Evangelio está la escultura orante de alabastro del canónigo D. Francisco Méndez Arellano, ya descrito y la de al lado de la Epístola está completamente hueca, dispuesta
para levantar la solería de ella, para que cuando haya pasado el tiempo reglamentario y las leyes de Sanidad y la Autoridad Eclesiástica lo autorizase, sea trasladados en un cajoncito los restos del donante para estar al lado de su Santísimo Cristo del Mar que es su venerable deseo.

 

CAPILLA DE SANTA LEOCADIA, SAN SEBASTIÁN Y QUINTA ANGUSTIA EN LA COLEGIAL

CAPILLA DE SANTA LEOCADIA, SAN SEBASTIÁN Y QUINTA ANGUSTIA EN LA COLEGIAL

Cuadro de Santa Leocadia que preside la capilla del mismo nombre obra de Blas de Prado

La siguiente capilla del lado norte si seguimos hacia poniente desde la de los Samtos Mártires es la de Santa Leocadia. En ella es de destacar un buen retablo emparentado con los realizados por el Greco para Santo Domingo el Antiguo de Toledo, según el profesor Juan Nicolau. En la predela se representan en relieve algunas escenas del martirio de la santa y en la parte central se enmarca la mejor pintura que guarda la Colegial según el mismo autor y “pintura muy estimable” para el conde de Cedillo.

El autor es Blas de Prado, fue pintada en 1592 y está en su estilo muy influenciada por la corriente manierista. Tiene por motivo a la santa saliendo de su tumba y San Ildefonso cortando un fragmento de su velo en presencia de Recesvinto. El otro cuadrito de la parte superior del retablo representa a la Virgen y el Niño mientras unos ángeles la ofrecen unas rosas. Blas de Prado fue un pintor renacentista nacido en Camarena en 1545. Fue enviado por Felipe II a pintar en Marruecos unos retratos de la familia del sultán. Destacan entre sus obras una Virgen con el Niño y un retrato del venerable Alonso de Villegas, ambos en el Museo del Prado. Fue también autor de buenos bodegones y algunos ven en su estilo influencias rafaelistas.

También se encuentran en esta capilla dos cuadros de Tristán que representan a San José y a San Jerónimo, y que probablemente proceden del monasterio de Santa Catalina.

Cuadro de San José obra de Tristán en la capilla de Santa Leocadia

Fundó esta capilla el canónigo Alonso de Paz en 1588 y en ella radicaba la Hermandad de la Purificación que ayudaba con «socorros y entierros» a los clérigos pobres de la villa y de fuera de ella. Tuvo también la función de capilla de la parroquia de Santa María propiamente dicha y por ello tenía anexa una pequeña dependencia que hacía las veces de sacristía. Hoy día se utiliza también también para decir en ella las misas de diario.

Es interesante otro retablo con una pintura de San José que parece se encontraba antes en la sacristía y es obra de Antonio Palomino sobre un buen altar de mármol. Este pintor de origen valenciano nació en 1655 y trabajó en Córdoba donde comenzó a trabajar haciendo copias. Marchó a Madrid en 1678 donde con el apoyo de Claudio Colello y Lucas Jordán fue nombrado pintor del rey en 1688. A partir de entonces realizó numerosas obras tanto en frescos como en lienzo escribiendo además imprescindibles obras sobre historiografía del arte español.

San Jerónimo en una obra de Tristán que se encuentra en la capilla de Santa Leocadia

También se conserva una pintura de la Virgen del Sagrario. A finales del siglo XVIII el deán Bartolomé de Cisneros hizo pintar el recinto y colocar un retablo con la Virgen del Sagrario, siendo a su muerte enterrado en esta capilla que está cerrada por una gran reja renacentista y cuenta con un zócalo de azulejería talaverana del siglo XVII.

CAPILLA DE SAN SEBASTIÁN

Rejería con el escudo de en la capilla de San Sebastián

Iluminada por una gran ventana con buena reja que da a la Plaza del Pan se encuentra una capilla erigida por Hernando de Alonso, fundador también del Hospital de la Misericordia ( lo que hasta hace poco fue «Casa de Socorro»,  frente a la Colegial). Ésta que fue capilla bautismal con la pila donada por él mismo, sala capitular adornada con cerámica en la que se reunía el cabildo de los canónigos y capilla de San Sebastián, acabó convirtiéndose en la sala que alberga el rico archivo de este templo y de las demás parroquias talaveranas.

En ella se encuentran representados los apóstoles en 12 cuadros que proceden también del monasterio jerónimo y que se hallaban antes de su traslado aquí en la iglesia de El Salvador.  Se inspiran en grabados de Hendrick Goltzius de 1617.

Capilla de San Sebastián con veijos documentos de l archivo de la colegial y cuadros representando a los apóstoles
Fotografía de la Colegial de la revista Blanco y negro en la que todavía se puede ver el coro con la capilla de la Quinta Angustia hoy desparecida

CAPILLA DE LA QUINTA ANGUSTIA

En el trascoro se instaló la capilla de la Quinta Angustia hoy desaparecida. Estuvo adornada con un grupo escultórico hispano flamenco del siglo XVI sobre el mismo tema que acabó en la capilla de San Juan Bautista, hoy  dependencia de paso al claustro. La cámara que nos ocupa sirvió como enterramiento del primer marqués de Sofraga, miembro de los consejos de Estado y de Guerra de Felipe III, aunque su fundación también se debió a Hernando de Alonso, que además financió la construcción del púlpito. Este clérigo siempre ponía por armas  en sus obras un libro, pues le gustaba decir que «las armas de un sacerdote no eran otras sino el breviario».

El grupo escultórico de la Quinta Angustia que se ve en la foto anterior y que ahora está instalada en la capilla de entrada al claustro