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ARQUITECTURA POPULAR (y 15) VALDEPUSA Y EL HORCAJO

ARQUITECTURA POPULAR (y 15)

VALDEPUSA Y EL HORCAJO

Aparejo típico de la comarca del Horcajo con ladrillo y canto rodado

La zona más occidental de nuestra comarca comprende las subcomarcas del Horcajo; que son las tierras comprendidas entre el Tajo y el Alberche; y el señorío de Valdepusa con los pueblos que se sitúan en las orillas del río que le da nombre.

En el Horcajo es escasa la piedra, salvo los cantos rodados que afloran en las terrazas de los ríos, por ello y por una mayor influencia toledana se emplean con mayor profusión los aparejos mudejaristas de ladrillo que enmarcan entre verdugadas y machones, lienzos de muro fabricado en tapial o con mampostería. El adobe es también utilizado con enfoscado y enjalbegado  protector. Seguir leyendo ARQUITECTURA POPULAR (y 15) VALDEPUSA Y EL HORCAJO

ARQUITECTURA POPULAR XIV: EL BERROCAL

ARQUITECTURA POPULAR XIV:  EL BERROCAL

Chozo típico de El Berrocal

Las elevaciones de la pequeña Sierra de San Vicente se prolongan en dirección oeste hacia cotas de menor altitud, pero también con un predominio de materiales graníticos. Se trata de El Berrocal al que sumamos también en este capítulo las localidades de Parrillas y Navalcán por tener algunas características geográficas similares en cuanto a la arquitectura popular.

Como hemos visto es la disponibilidad de los materiales el factor que más condiciona la arquitectura tradicional y así, la subcomarca del Berrocal, situada sobre esas elevaciones, tiene muchas características comunes con la Sierra de San Vicente, ya que además le une con ella Ia dependencia durante parte de su historia de la ciudad de Ávila y la repoblación de algunos de sus pueblos y señoríos por caballeros abulenses, así como un predominio dc la actividad ganadera.

Puerta típica de Cervera con tejadillo

Los perfiles de sus viviendas son más altos y con los vanos y huecos más abundantes, aunque manteniendo la tónica en la economía de ventanas, consustancial a la arquitectura serrana castellana. Los muros son de fábrica mayoritaria en mampostería ripiada y con un poco de barro como aglutinante, sin embargo, las piedras tienen las juntas llagueadas con argamasa con mucha más frecuencia que en la Sierra de San Vicente. La sillería se utiliza en jambas y dinteles. El mayor índice de enfoscado de las fachadas puede deberse a una mayor disponibilidad de la cal necesaria para la fabricación de la argamasa.

Calle con arquitectura tradicional en Mejorada

Tanto en Montesclaros como en Velada o Pepino podemos todavía documentar hornos de cal o caleros, aunque con mucha mayor proporción en la primera localidad, donde se llegó a una gran especialización en el desarrollo del aprovechamiento de las vetas calizas que abundan en su término. Por esta razón y quizá por una mayor influencia cultural extremeña es también más frecuente encalado de las fachadas, siendo por ejemplo en Velada generalizado el acabado con enjalbegado de casi todos los muros.

Contrucción en Velada sobre grandes núcleos graníticos con mampostería y tapial enjalbegado

En Parrillas el aparejo granítico tiene una mayor vistosidad por lo oscuro de las piedras y por tenerlas mismas, formas menos redondeadas, bloques con aspecto de lanchas más aplanadas. En este pueblo son características las portadas de casas y corrales con dinteles formados por grandes lanchones graníticos sin labrar. En Velada es peculiar la utilización de grandes bloques sin labrar en las filas más inferiores de los muros, para igualar así el terreno pétreo irregular.

Puerta característica de la arquitectura parrillana

El ladrillo apenas se utiliza, salvo en Mejorada, donde se pueden ver arcos dc medio punto rebajado, machones y jambas construidos con este material. El adobe sí es utilizado, pero solamente para doblar las trojes o en dependencias secundarias, cuadras, pajares, etc.

Zaguán de entrada a un corral en Mejorada

Muchas viviendas tienen amplias “enramás” y es frecuente que el acceso a las mismas se haga sobre todo en las modestas, a través de patios alargados, a veces casi pasillos por su estrechura, flanqueados por flores y donde se suele situar la pila de lavar y alguna parra o higuera que proporciona sombra. Muchas casas conservan todavía las parras en la fachada principal pero apenas sin sobresalir de la misma, a modo simplemente de visera que proteja del clima más caluroso de esta zona, más extremado que en las zonas serranas elevadas.

Rincón típico en Montesclaros

Los tejados, al ser menos frecuentes las precipitaciones tienen una pendiente menor. Cervera de los Montes conserva algunos rincones con sabor popular y un mayor número de edificios de arquitectura tradicional. Son características sus entradas con pequeños tejadillos que no llegan a tener las proporciones del tejaroz qua protege habitualmente las puertas carreteras de las grandes portadas de la Campana de Oropesa o de la misma Talavera. Segurilla cuenta en algunas de sus fachadas con esgrafiados de motivos populares de tradición pastoril y es de destacar, también por su sabor popular, su graciosa ermita porticada que se sale un poco de la sobriedad del resto de las ermitas de la zona que tienen volúmenes cúbicos sin la más mínima ornamentación arquitectónica.

Arquitectura tradicional en Pepino

En el casco urbano de Navalcán quedan pocos ejemplares de arquitectura tradicional aunque son de destacar sus molinos del arroyo de la Pasadera, del Guadyerbas y el Tiétar. y sus dos puentecillos. El medieval de la entrada del pueblo felizmente restaurado y el llamado puente romano sobre el Guadyerbas. Esta es la localidad más poblada de la zona y sin embargo conserva en menor medida su patrimonio arquitectónico que Parrillas o Cervera, núcleos más pequeños y que por su mayor despoblación mantengan en pie más construcciones antiguas. Esta circunstancia se suele repetir en otros casos.

Ermita porticada de Segurilla

Las construcciones rústicas son menos numerosas que en la sierra y así, encontramos menos chozos o zahurdas diseminadas por el campo. Es, sin embargo, más frecuente encontrar las cochineras en las proximidades de los núcleos urbanos, aunque ya pervertidas por la uralita, azote de la arquitectura popular junto con el bloque de hormigón, el ladrillo visto y las puertas metálicas.

Muro de mampostería granítica en El Casar de Talavera

Esta comarca es atravesada también por numerosas cañadas y cordeles que a su paso por los términos de Velada y Parrillas fundamentalmente, han dejado algunos ejemplares de las ventas típicas donde pernoctaban los trashumantes, y el Parador de San Prudencio que dio servicio al gremio de carreteros que venían desde Gredos con cargamentos de madera destinada sobre todo a la construcción y hacían aquí su parada antes de llegar a Talavera. Como construcciones protoindustriales señalaré el molino de viento de Velada que todavia podría restaurarse ya que conserva completos sus muros. En Cervera queda en pie la fachada de lo que fueron dependencias anejas de las Reales Fábricas de Seda de Talavera donde se torcía el hilo en máquinas tiradas por bueyes.

ARQUITECTURA POPULAR DE la tierra de talavera (XIII) OROPESA, VALDEVERDEJA, TORRICO Y PUENTE

ARQUITECTURA POPULAR DE OROPESA, VALDEVERDEJA, TORRICO Y PUENTE

Una de las viviendas de Oropesa con azulejería de Talavera

Oropesa, capital del señorío que empezamos a conocer en el capítulo anterior, es un pueblo relativamente rico monumentalmente hablando pero, en cuanto a la arquitectura tradicional, conserva pocos ejemplares característicos.

Mantiene la técnica general de la subcomarca en la utilización mayoritaria de la piedra y el adobe, quizá con una mayor proporción del enjalbegado y el enfoscado en el remate de las fachadas. Las casas que alojaron a la pequeña nobleza o a las instituciones religiosas muestran el aparejo mudejarista que no es propio de tierras tan occidentales como éstas. La sillería acompaña también a los edificios de más alcurnia.

Torre y reloj de la plaza de Oropesa

Hay varios ejemplares de arquitectura cultista de principios de siglo o de finales del anterior, con utilización en fachadas de paneles de azulejería de Talavera.

También de esta época es la torre del reloj de la plaza, sobre un arco neogótico y rematada con una estructura metálica que sostiene la campana. Muchos de nuestros pueblos rematan las torres de los ayuntamientos e incluso las de las iglesias con similares armazones de hierro de la época en que el modernismo y la torre Eiffel provocaban la modesta emulación de nuestros paisanos. Algunas de ellas no carecen de gracia y han sido conservadas en las remodelaciones de las casas consistoriales, como es el caso de Velada, por ejemplo.

Al sur del señorío de Oropesa se encuentran algunas villas con arquitectura popular de características similares, pero también con algunas peculiaridades.

Aparejo típico de las construcciones de Valdeverdeja

Hemos de referimos en primer lugar a Valdeverdeja, de la que diremos, sin lugar a dudas, que conserva el mayor número de ejemplares de vivienda tradicional de todas las tierras de Talavera. Aparte del cariño que los habitantes parecen tener por sus antiguas casas de piedra, hay otro factor que ha contribuido a su conservación, y es la despoblación masiva que en los años sesenta sufrió esta localidad que pasó de casi seis mil habitantes a los cuatrocientos que tiene en la actualidad.

Portada y casa típica de Valdeverdeja

La casa verdeja está fabricada en mampuesto de granito claro combinado con una menor proporción de pizarra oscura, lo cual da al aparejo un aspecto muy vistoso. El adobe también se utiliza en doblados y dependencias auxiliares, aunque con un color rojizo o pardo, diferente del grisáceo empleado en las demás localidades que ya hemos  visitado.

Como en Herreruela, son frecuentes las grandes portadas de sillería qua suelen dar acceso a recogidos patios enlosados con grandes lanchas de granito labrado y con pozo y pila de lavar también de piedra en muchos de ellos. Algunas casas cuentan con balconcillos corridos que dan al interior del patio.

Quedan una docena de viviendas que aún conservan los balcones que en el capítulo anterior habíamos denominado como de “troje descubierta”, solanos o solanas.

Rincón típico en Valdeverdeja

Las portadas no son blasonadas, pero muchas de ellas conservan inscrita la fecha de construcción, casi siempre de principios del siglo XX, época que debió coincidir con años de auge económico en el pueblo. Las viviendas modestas cuentan también con su portadita y su patio, aunque de menores dimensiones.

Valdeverdeja se fundó al destruirse las casas de Puebla de Naciados por una plaga de hormiga blanca que causó el derrumbe de sus edificios. Parece, curiosamente, como si el verdejo hubiera construido desde entonces casas fuertes y seguras curándose un poco en salud.

En El Torrico no se conserva tanta arquitectura como en Valdeverdeja pero como peculiaridad se mantienen varios balcones corridos antiguos en algunas fachadas, lo cual es poco frecuente en esta comarca y nos habla de su ya referida repoblación medieval abulense

Aparejo de ladrillo, adobe y tapial con ripio de teja en Puente del Arzobispo

Alcolea y Puente del Arzobispo utilizan en sus aparejos mayoritariamente el adobe y el tapial, aunque es bastante frecuente que se refuerce en hiladas, en vanos y esquinazos con ladrillo interpuesto que da algo más de consistencia a los muros.

También como influencia de Castilla la Vieja constatamos la presencia de algunos edificios porticados, cuyo mejor ejemplo es el ayuntamiento de Valdeverdeja, aunque en Puente quedan algunos edificios aislados en las proximidades de la plaza, así como otro ejemplar en la plaza del Torrico.

La plaza de Valdeverdeja conserva un hermoso enlosado total de granito que, al parecer, se extendía antiguamente por otras calles.

Plaza de Valdeverdeja con los pórticos del ayuntamiento y enlosado del piso

En la arquitectura rústica de la zona encontramos, aunque en mucha menor densidad que en La Jara en la Sierra de San Vicente algunos ejemplares de chozo techado con falsa cúpula y las típicas parideras y zahurdas también de piedra y techadas con falsa cúpula con capa de compresión de tierra y piedras.

Pero lo más característico es la presencia dc numerosos pozos labrados en piedra repartidos por sus campos y acompañados de pilas de lavar también graníticas con las iniciales grabadas y, en ocasiones una cocinilla para dar servicio a un pequeño huertecillo anejo al lavadero.

Casa porticada en Puente del Arzobispo

Un paraje de gran interés etnográfico y del que hablaremos más detenidamente, con varias docenas de estos pocillos en el valle del arroyo de la Pradera o arroyo de los Pozos.

Merece un capítulo aparte la riqueza molinera del Tajo y los arroyos en esta zona y de ello hablaremos en otra entrada de este blog.

Reja en una vivienda de Valdeverdeja

ARQUITECTURA POPULAR XII, LA CAMPANA DE OROPESA

ARQUITECTURA POPULAR XII

LA CAMPANA DE OROPESA

Arquitectura de adobe y tapial de Alañizo

La tercera subcomarca con características propias en cuanto a arquitectura vernácula es la de la Campana de Oropesa. Casi todos sus núcleos urbanos se encuentran en las proximidades de las afloraciones graníticas que dominan las llanuras del Campo Arañuelo por lo que, en mayor o menor proporción se utiliza el granito como material de construcción. También está muy extendida la utilización del adobe y del tapial, principalmente en los pueblos más alejados de la piedra como Alcañizo, el ladrillo es poco utilizado en esta zona.

Casa de la Hidalga en Calzada de Oropesa

Al ser estas tierras las más occidentales, deja ver su arquitectura la influencia de Extremadura, Calzada de Oropesa es el ejemplo más evidente. Allí podemos observar portadas de piedra, algunas blasonadas, que dan paso a un zaguán de distribución al estilo extremeño, son más frecuentes las grandes chimeneas y se generaliza el enjalbegado exterior de las viviendas. Es de destacar el barrio noroeste con pequeñas casitas de adobes muy modestas. Tuvo también Calzada un pequeño núcleo de clase más acomodada que ha dejado algunos hermosos ejemplares de casonas señoriales como la Casa de la Hidalga o la Casa de los de la Llave, por ejemplo.

Puertas carreteras de granito labrado típicas de Herreruela, Caleruela o Lagartera

En Herreruela encontramos también algunas peculiaridades como son las grandes portadas de puertas carreteras, enmarcadas con jambas y dinteles de piedra labrada de una sola pieza. Llevan un tejadillo protector y en muchos casos dan paso a agradables patios enlosados previos a la vivienda. Otra característica de este pueblo que también veremos en Lagartera es la presencia de balconadas en doblado que se forman al dejar sin cerrar una parte de las trojes y que son conocidas como solanos o solanas, que en muchas ocasiones se encuentran cerradas con cristaleras y servían para que las mujeres se dedicaran cómodamente a sus tradicionales labores de bordado.

Balconada en Lagartera

Otra característica más utilitaria de esta localidad es la presencia al sur de la población de numerosas zahurdas con una casita y un corral donde se criaba fundamentalmente cerdo ibérico, pero lo que quizá sea más distintivo de Herreruela es la presencia en muchas edificaciones populares de tres y hasta cuatro alturas contando con una especie de, semisótano en algunas casas.

La arquitectura de Caleruela es muy similar a la de Herreruela. En Lagartera es mucho más abundante la piedra. El adobe se utiliza casi exclusivamente en doblados y construcciones complementarias. Son típicos de Lagartera los portales de entrada o zaguanes donde exponen las casas los mejores platos de cerámica del ajuar y las labores famosas del lugar. Como en Herreruela, hay grandes portadas y muchas casas donde, en lugar de accederse por el portal, se entra por un patio decorado con flores, cerámica, etc. al más puro estilo sureño. Además de los balcones del tipo que hemos descrito en Herreruela, que dan en Lagartera algunas balconadas que nos sugieren la influencia con esta comarca de culturas serranas a través de la repoblación abulense de la Edad Media. El granito se utiliza en mampostería ripiada, con sillería en vanos y esquinazos, y algunos relieves de motivos religiosos en les dinteles.

Adobe y tapial sobre mampostería granítica en Caleruela

La arquitectura rústica es menos abundante aquí que en las comarcas serranas de La Jara o de la sierra de San Vicente ya que en este caso las poblaciones se encuentran más cercanas concentrando a los habitantes en torno a ellas y con núcleos de población dispersa solo en las grandes dehesas donde se encuentran las casillas de los guardas, peones y tractoristas. En ocasiones estas dehesas tienen auténticos palacios de los propietarios de las mismas, en algunos casos vinculados antiguamente a los Álvarez de Toledo, señores de Oropesa. Muchos de estos caseríos de las dehesas fueron antiguamente casi pequeñas poblaciones con su tejar. su herrería, su lagar, su horno para el pan etc.

Son típicos los patios enlosados con su pozo en la Campana de Oropesa

Esta comarca se encuentra surcada por numerosas cañadas y cordeles de ganados que atraviesan grandes distancias donde no había, entre Gredos y los núcleos de población de la Campana de Oropesa, ninguna posibilidad de refugio para viajeros y trashumantes, por ello. unas construcciones qua aparecieron en relación con las cañadas fueron las ventas. Tenían éstas una zona dc alojamiento para las bestias, horno de pan y alguna fuente cercana. En tomo a ellas se fueron agrupando pequeñas poblaciones como es cl caso de La Corchuela y Ventas de San Julián que como vemos, lleva en el nombre su origen hostelero.

Otras construcciones típicas do la comarca son las casillas de hortelano que aparecen a lo largo de las escasas corrientes de agua que la surcan. Es el caso de la zona de Las Vegas en término de Calzada; suelen ser pequeñas casillas de adobe para almacenar aperos y una cocinilla que sirve de alojamiento.

Llaveras típicas de la Campana de Oropesa, obra en su mayoría de la familia Igual

En esta zona es algo más abundante la rejería ya que hubo cierta tradición de herrería en Caleruela y también en Herreruela, como su propio nombre indica. Quedan algunos ejemplares de rejas exentas no carceleras como hemos visto hasta ahora, con alguna ornamentación discreta sin salirse de la sobriedad castellana. En Caleruela y Alcolea se asentaron algunos herreros de la familia Igual a los que pertenecen los curiosos diseños de llaveras y llamadores que podemos observar en muchas de las puertas de estos pueblos.

En la comarca que estamos describiendo es escasa la arquitectura protoindustrial ya que al no haber grandes corrientes de agua, existen pocos molinos o artilugios hidráulicos, es de destacar sin embargo la existencia de los restos del molino de viento más occidental de la provincia, el de Torralba de Oropesa y un impresionante edificio situado en el Tiétar conocido como “las máquinas de Monteagudo”, y qua no es otra cosa que una antigua fábrica de harinas de finales del pasado siglo movida por una turbina hidráulica.

La propia Oropesa participa de todas estas características generales, pqro conserva menos elementos de arquitectura popular,

Seguiremos con La Campana y las Villas en la próxima entrada.

LA JARA: LABRANZAS, BALNEARIOS, MOLINOS Y OTROS ELEMENTOS

ARQUITECTURA POPULAR XI

LA JARA: LABRANZAS, BALNEARIOS, MOLINOS Y OTROS ELEMENTOS

Arquitectura popular jareña de Aldeanueva de San Bartolomé

Dentro de las construcciones rústicas, solamente nos queda por referimos en La Jara a las construcciones de mayor envergadura, las labranzas. Se sitúan éstas en las zonas de mayor fertilidad del suelo que son las rañas y los valles bajos de los ríos, corno el Jébalo y el Tajo. Su distribución se suele configurar como una serie de construcciones con diversas funciones, como cuadras, viviendas de los peones, el guarda e incluso de “los amos”, pajares y almacenes, que se sitúan todas ellas en torno de un gran patio o corral casi siempre empedrado.

Labranza en Alcaudete con el típico palomar sobre la entrada

Una peculiaridad de las grandes labranzas de La Jara es que muchas de ellas tienen sobre el portalón de acceso un palomar bajo el cual quedan protegidas las puertas y se aprovecha el espacio techado a modo de zaguán. Son ejemplos de este tipo de grandes labranzas las situadas a lo largo del valle del Jébalo en lo que fue la Dehesa de Castellanos.

Dentro de la arquitectura popular que podríamos llamar protoindustrial, encontramos en esta zona, como en la de la sierra de San Vicente, un gran número de molinos de agua en los arroyos de cierta entidad. En casi todos los casos se trata de molinos de cubo, estos cubos son en ocasiones de gran altura para aumentar la potencia del artilugio, y esto, unido a que están casi todos ellos fabricados en piedra, les da un aspecto que les hace ser una de las construcciones más estéticas de nuestra arquitectura rural. Existe otro tipo de molinos con una represa anterior al edificio que tiene la forma aproximada de un arco y que son característicos de La Jara.

Uno de los molinos jareños de Riofrío

Capítulo aparte merecen los balnearios populares donde hasta hace solo unos años, cuando cerraron los baños del Vivaque en BeIvís de la Jara, las gentes de la comarca van a intentar que las aguas medicinales calmen sus dolores.

Otros balnearios populares, aunque hoy en ruinas, son magníficos ejemplos de funcionalidad de la arquitectura popular, es el caso de los baños de La Retortilla, próximos a la vía del tren abandonada, en las cercanías de La Nava de Ricomalillo. No les falta detalle. La cocina de campana para el servicio de huéspedes y personal, los almacenes con espacio para las tinajas del agua y del aceite, un palomar (no olvidemos las propiedades reconstituyentes que se le atribuían al caldo de pichón), dos pisos de alojamiento con habitaciones con vistas al valle del río Uso y la sierra de La Estrella, la cuadra, la cantina, las dependencias para los empleados y el edificio de los baños con la retorta para calentar el agua que da nombre al balneario, el aljibe, y las bañeras dobles e individuales. Este edificio se encuentra en el más absoluto abandono, como casi todo nuestro patrimonio etnográfico, y no sería mala idea, ya que se encuentra junto a la Vía Verde de la Jara, rehabilitarlo incluso como balneario y destinarlo a albergue para turismo rural.

Fuente de la Ferrumbrosa en Aldeanovita, que abasteció a los baños del mismo nombre hoy desparecidos

Otros balnearios populares se encuentran en Aldeanueva de San Bartolomé, los de La Ferrumbrosa, donde, aunque simplemente queda la fuente, el pueblo quiere rehabilitarlos como recurso turístico. Los de La Parrilla, también próximos a La Nava de Ricomalillo y, por último, en Gargantilla, hasta hace poco, acudían las gentes a intentar aliviarse “las reúmas” en sus baños del arroyo del Cañar.

Las viviendas de los núcleos urbanos de La Jara varían en la utilización de los materiales, y así en la Jara Baja es más frecuente el tapial y el adobe, con una mayor o menor combinación con el ladrillo. Es el caso de Alcaudete, Belvís, Las Herencias o La Pueblanueva. En Aldeanueva de Barbarroya y Navalmoralejo, al abundar el granito, encontramos que la mayor parte de las viviendas se fabrican con este material; la pizarra es abundante en el resto de La Jara en combinación con las cuarcitas según las zonas.

Conjunto de labranzas de El Martinete

Las viviendas más humildes, de los pegujaleros, tienen dos o tres dormitorios, cocina, despensa, un portal de acceso engorronado y el doblado, si lo hay, la troje dividida o no en “apartijos” que separaban los productos del campo que allí se almacenaban y los muebles, trastos y aperos en desuso. Una de las habitaciones se destinaba a veces a sala de respeto pero, en las viviendas modestas, la vida se hacía alrededor de la cocina y esa dependencia apenas se utilizaba.

Rincón de Sevilleja de la Jara

En la casa del labrador más pudiente, las dependencias son más numerosas, hay dormitorios, sala, comedor, mas dependencias de almacén y el doblado no solo se destina a troje sino que total o parcialmente se aprovecha para habitaciones. Las cuadras, corrales y enramadas nos indican la mayor actividad económica de estos labradores relativamente acomodados. El exterior de las viviendas estaba generalmente blanqueado, en su totalidad o solo, alrededor de las puertas y ventanas en las viviendas de piedra de la Jara Alta.

Vivienda típica de Navalucillos de ladrillo y mampostería de cuarcita

En las poblaciones más occidentales se hace ver la influencia extremeña en detalles como por ejemplo las grandes chimeneas, o el portal de entrada abovedado de algunas casas; por el contrario, en la zona oriental, por ejemplo en La Pueblanueva o San Bartolomé, se observa la influencia de la arquitectura de Toledo y el valle del Tajo, con el empleo mayoritario de aparejo mudejarista que se hace más evidente todavía en el estado de Valdepusa.

Aruitectura urbana de la Jara Baja con los vanos rematados por arcos de medio punto rebajados

Es característico de algunos pueblos como Navalucillos o Belvís el empleo en las puertas y ventanas del arco de medio punto rebajado en lugar del adintelado simple de las tradicionales viviendas rústicas, aunque parece que es una adquisición tardía por influencia de albañiles portugueses. Estos dos pueblos tienen una arquitectura con peculiaridades específicas en el casco urbano, aunque la arquitectura rural siga las líneas generales del resto de La Jara. En Navalucillos, por ejemplo, se utiliza lacería sencilla de ladrillo en los remates de aleros y ventanas mientras que en Belvís se pinta una franja de color alrededor de puertas y vanos.

ARQUITECTURA POPULAR X: MATERIALES, SOLADOS Y TECHUMBRES EN LA JARA

 

MATERIALES, SOLADOS Y TECHUMBRES EN LA JARA

Suelo de pizarra el suelo de una vivienda en ciudad de Vascos

Las casillas y cocinillas de la Jara son un ejemplo muy ilustrativo de como, en la arquitectura tradicional el hombre utiliza los materiales que le son más próximos, consiguiendo así una economía de medios y una adaptación sumamente sostenible al terreno.

En una casilla de las sierras jareñas, por ejemplo, el suelo lo forman las mejores ymas grandes lanchas de pizarra que el campesino haya podido encontrar en el entorno de su vivienda. puede también haberlas extraído de afloraciones  pizarrosas cercanas con un pico, o con una maceta y una cuña metálica que se introduce en las vetas de la roca, separando lajas fácilmente, ya que las pizarras jareñas son blandas en general. El barro húmedo servirá de lecho a las lanchas formando así el enlosado que se completa a veces con engorronado de cuarcita en los huecos que dejan entre sí las pizarras. Cuando éstas no se encuentran cercanas el suelo se hace de barro apisonado o de engorronado de canto rodado y a veces. en las cercanías de los ríos, de pequeños fragmentos de pizarra rodada de forma alargada que deja suelos muy vistosos.

Son escasas las techumbres de pizarra porque en la Jara esta piedra solo se lamina en lanchas de grueso calibre. En este caso solamente curbre el muro de una construcción secundaria.

La tradición de la utilización de la pizarra como enlosado, arranca en estas tierras, al menos de época visigoda, cuando las tumbas repartidas por todo el campo jareño se construían con grandes lanchas.  Los árabes continúan utilizándola y como ejemplo nos referimos a los llamados Baños de la Mora, en la Ciudad de Vascos, que podemos hoy todavía contemplar con el enlosado de pizarra original. Podemos remontarnos a épocas más antiguas en la utilización de la pizarra en monumentos funerarios y así el dolmen de La Estrella, con más de cuatro mil años, tiene algunos ortostatos de este material, también la estela de Las Herencias que representan un guerrero de la Edad del Bronce con su carro y su armamento es de este material.

Solado de engorronado de pizarras y cuarcitas rodadas combinadas el cuarzo blanco en La Estrella

Los muros se fabrican con los materiales más cercanos y fáciles de manejar, cuarcitas, pizarras, canto rodado o tapial se escogen en función de la accesibilidad principalmente, y se unen con el material más a mano y más barato, el barro; si es preciso ripiar las desiguales caras de los bloques de piedra se utilizarán fragmentos de pizarra o trozos de tejas rotas de anteriores construcciones; si es necesario enlucir algún muro se hará igualmente con barro, pero más arcilloso, de grano más fino y mezclado con paja de centeno para dar una mayor consistencia al rudimentario enfoscado.

Cuando se quieren salvar vanos se fabricarán los dinteles con troncos de encina o de fresno y la estructura de la techumbre se realizará igualmente con madera pero sin pasar por la serrería. Se escogerá el tronco adecuado, se le quitará la corteza para evitar el más fácil ataque por los parásitos y se dejará a secar aislado del suelo el tiempo necesario, ya que la instalación en el maderamen de alguna pieza verde podría llevar al pandeo e incluso la ruina de la techumbre.

Chimemea en una casilla de Paniagua en término de Alcaudete de la Jara. Una viga curva en la parte más alta, otra sobre la que se sostiene la campana hecha con palos, y cañizo protegido por torta de barro. A la izquierda el poyete donde dormía el pastor y una pequeña alacena

La mayor parte de estas construcciones rústicas están techadas a teja vana, es decir, con el armazón del tejado directamente sobre la habitación, sin cielo raso. Son edificios sencillos tejados a dos aguas, los dos aguilones se levantan sobre los muros laterales, en los que no se suelen dejar huecos que debiliten la estructura, la viga se apoya sobre los vértices de los aguilones y precisa ésta de una longitud considerable que sostenga toda la techumbre de la estancia, además de tener un perfil rectilíneo que iguale y nivele todo el caballete del tejado. Estas vigas rectas se solían obtener del álamo negro de las riberas o bien sobre todo en las mayores  construcciones urbanas, se importaban de Gredos o de Talavera donde se podían adquirir los troncos de pino con las dimensiones necesarias. Sobre la viga se apoyan las alfangías o cabrios, palos relativamente rectos sobre los que se colocará el cañizo o la jara que sostendrá el entortado de barro sobre el cual se colocan las tejas árabes. Las viviendas más primitivas utilizan la jara, pero en las del llano o los núcleos urbanos es más frecuente ver la techumbre de cañizo. Las cañas se disponen atadas entre sí con cuerdas de cáñamo o una caña principal algo mas fuerte (caña maestra) que va paralela a cada uno de los cabrios. Si los vanos que debe salvar la viga son excesivos se refuerza su apoyo con uno o más caballos, éstos son troncos que ya no tienen porqué ser rectilíneos, incluso suelen ser troncos curvos de fresno con la convexidad hacía el tejado y con un tarugo  suplemento vertical que lo une con la viga para ayudar así a sostener su peso. Estos caballos se apoyan en los muros paralelos a la viga y a veces desde la misma viga parten dos cabríos, un tanto curvo también, que apoyan sobre los extremos  del caballo para formar lo que se llama refuerzo «en tijera», que distribuye aún mejor las cargas. Los cabrios, por su extremo opuesto a la viga, descansan clavados’ y atados sobre un rollo o palo redondo que se ha colocado en la parte superior del muro.

Viga sobre la que se sostienen los cabrios y sobre ellos la jara, encima de la que se hecha la torta de barro y por último las tejas

La imprescindible chimenea no puede utilizar materiales más sencillos, una viga de madera más o menos recta apoyada en los muros sostiene una campana fabricada con cabrios y cañizo pero enfoscada con una gruesa capa de barro que impide el incendio. De la misma forma, sólo que con una base de adobe o de tapial se hacían los escasos tabiques que separaban las dependencias. Las tejas, la cal y la clavazón eran los únicos materiales que debía el campesino jareño adquirir en los pueblos más cercanos, a veces intercambiándolos en una economía de trueque, casi de subsistencia.

ARQUITECTURA POPULAR IX: LA JARA

ARQUITECTURA POPULAR  IX:

LA JARA

Mampara en una era de Espinoso del Rey

Describiremos ahora algunas de las peculiaridades de la arquitectura de la extensa comarca de La Jara, a la que nos parece conveniente dividir en Jara Alta o Serrana y Jara Baja, esta división es bastante clara ya que los condicionantes de materiales, clima y funcionalidad de las construcciones son, aunque con características comunes, bastante específicos de ambas zonas.

Hay un texto fundamental para el conocimiento de la arquitectura popular de esta comarca y es como no podía ser de otra manera de don Fernando Jiménez de Gregorio,  se titula La vivienda en La Jara toledana, y, al estar escrito en los años cincuenta nos aporta datos preciosos en cuanto a la arquitectura popular no perdurable como son los chozos y mamparas hechos de paja y que la emigración y los cambios obvios en el campo español desde esa fecha han hecho desaparecer.

Chozo de falsa cúpula de Navalmoralejo, construido en pizarra y granito

El chozo de pastor solía ser circular y de cúpula redonda, su armazón era de varas de sauce o de álamo y la cubierta de pajas de centeno. La mampara era una construcción más sencilla, de forma rectangular o de medio chozo, que se utilizaba ya sea como protección de los aires a la entrada del chozo de pastor, simplemente como protección más precaria cuando no era necesario construir un chozo o como chívería o chivitil para proteger al ganado recién nacido o al perro.

Falsa cúpula de un chozo por aproximación de las hiladas de piedra

En la Jara Serrana se utilizaban a veces chozos en ángulo, a modo de tienda de campaña, con o sin mampara protectora. El guango es una construcción que se utiliza todavía y es más bien una protección del labrador o del hortelano que consiste en cuatro palos que se utilizan como pilares y sobre los cuales se extiende la hojarasca, la retama o las jaras para formar una sombra que también resguardará en caso de algún chubasco o tormenta, enl a cara del sur o del poniente se puede construir una pared, también vegetal que proteja del sol o del aire, Cuando el guango se limita simplemente a la estructura de la techumbre, sin paredes, se denomina también sombrajo o chungano. Cuando este tipo de construcciones se hacen en los patios y corralones de las viviendas, pegadas a los muros de las casas, se conocen con el nombre de enramadas o enramás, y pueden, con el tiempo, cubrirse con un emparrado e incluso tejarse.

Majada en La Nava de Ricomalillo con sus corrales y cocinilla

El paso siguiente en la evolución de la habitación más primitiva es el chozo de piedra con techumbre de falsa cúpula por aproximación de las hiladas de piedra, similar al descrito para la Sierra de San Vicente pero fabricada más frecuentemente en pizarra, por su abundancia en la zona.

Estas construcciones son comunes a todas las subcomarcas de Talavera y se ha especulado con su probable origen común de ascendencia céltica, lo cierto es que en los yacimientos de Ia Edad del Bronce y de la Edad del Hierro diseminados por nuestras tierras aparecen fondos de cabaña y restos de construcciones con esa misma forma sólo que techados con cubierta vegetal.

Las cocinillas son otro tipo de construcciones elementales de La Jara, podemos encontrarlas en los olivares, los huertos y parcelas de cultivo que se encuentran algo alejados del casco urbano y donde el agricultor debe permanecer períodos de tiempo algo más largos, por lo cual a veces precisa pernoctar. También cumplen la función estas pequeñas edificaciones, de servir de almacén donde se guardan herramientas y aperos que sería molesto y trabajoso trasportar cada vez  que se acudiera a laborar allí. El edificio es sumamente sencillo, una puerta, uno o dos ventanucos en los muros, una chimenea generalmente de campana con uno o dos poyetes a su lado para dormir sobre ellos o para sentarse al amor de la lumbre.

Alacenas en una de las dependencias de los Baños de la Retortilla

En los muros se dejan algunos huecos a modo de hornacinas y de alacenillas para depositar en ellos algún utillaje y alimentos fuera del alcance de los ratones. Las cocinillas tienen otra utilidad muy específica que es servir, alrededor de las eras, casi siempre algo alejadas del casco, de residencia temporal mientras se trilla el cereal de la familia labradora que permanece así más cerca de su preciado tesoro, el grano, y puede no solo trabajar más cómodamente sino custodiar también el fruto de su trabajo.

Las cocinillas como vemos están vinculadas en mayor medida a la Jara Baja, al mundo agrícola, mientras que las llamadas aquí casillas son muy similares pero más unidas al mundo ganadero de las tierras serranas de la Jara Alta. Son estas casillas y labrancillas de una estética muy llamativa por estar fabricadas en pizarra y cuarcita y por estar situadas en parajes mås agrestes, con grandes desniveles que les dan un aspecto peculiar. Como están en lugares muy alejados de los pueblos tienen alguna dependencia más quelas cocinillas, la pequeña cuadra donde guardar el borrico o la mula. La cochinera o zahurda y a veces la majada donde dejar el aprisco, casi siempre de cabras. Algunas de mayor entidad, o en caso de haber varias agrupadas pueden tener un horno para cocer el pan.

Zahurdas construidas en pizarra en término de Alcaudete de La Jara

En toda la Jara serrana pueden verse lo que a primera vista no son más que corralizas circulares, que, aunque a veces se utilicen como tales, no son otra cosa que los restos de lo que fueron las primeras explotaciones de esta comarca tras la repoblación, las posadas de colmenas. No olvidemos que hasta el siglo XVIII hubo osos en estas tierras y era necesario proteger la miel de estos y otros animales. Siguiendo con las construcciones rústicas son de destacar, también dentro del ámbito de las zonas más elevadas, los restos hoy prácticamente despoblados de algunas aldeas con apenas unas decenas de habitantes, formadas por varias casillas agrupadas generalmente en torno a una era. Entre las mejor conservadas, son de destacar las del entorno del río Jévalo, El Portezuelo, Paniagua. El Martinete o El Majuelo, hermosos conjuntos de arquitectura en pizarra que las autoridades culturales deberían preservar de la ruina.

Casilla en los olivares de Belvís

ARQUITECTURA POPULAR SIERRA SAN VICENTE (2) MAJADAS, CHOZOS, MOLINOS…

Majada reutilizada como zahurda

Otras construcciones del ámbito rústico de la Sierra de San Vicente son, por ejemplo las majadas o “majás”. Estas edificaciones abundan en el término de El Real de San Vicente y principalmente en los arroyos de Valdesanvicente y el Budial. Como quiera que los parajes por donde discurren estos arroyos están relativamente alejados del núcleo urbano, en estas “majás” se hacía vida durante épocas determinadas del año, ya sea para aprovechar los pastos frescos. Para la montanera de los encinares cercanos, o para la cosecha del escaso cereal que se cultivaba en estas tierras.

Boyería con pesebres de granito

Constan, en general, de un pajar casi siempre abierto por uno de sus lados con pilares de enebro o machones de piedra entre sus vanos, y tejado a una o dos aguas según su amplitud, de unas zahurdas para los cerdos de la matanza familiar, de una cocinilla para el alojamiento que en ocasiones se encuentra exenta y otras veces es una pieza del pajar, mejor o peor aislada del recinto de los animales y que se calienta mediante una chimenea que en el capítulo anterior denominábamos “de esquina”.

Pilares de piedra y enebro y techumbre de una majada

Un muro cierra el recinto por delante de estos edificios formando el corral. Dentro del alargado pajar se almacena el forraje y al mismo tiempo se resguarda el ganado, vacuno u ovino, por lo que se pueden encontrar dentro de él y del corral tanto pesebres como bebederos de piedra o de grandes troncos vaciados.

Majada con pesebre fabricado con un tronco vaciado

Pueden añadirse en ocasiones a las dependencias referidas algún gallinero e incluso una cuadra para las caballerías. Podemos también encontrar las dependencias antes referidas aisladas, sin agruparse en majadas y así, es frecuente encontrar zahurdas o “chajurdas” aisladas en montes o dehesas. Las parideras, donde las crías de cerdos, ovejas o cabras pasan más protegidas de las inclemencias sus primeros días de vida.

Parideras en San Román de los Montes

Estas construcciones son muy características de estas sierras y consisten en cubículos de un metro y medio de lado aproximadamente, techados con falsa bóveda y pegados lateralmente unos a otros, sin ningún hueco exterior salvo la pequeña puerta por donde accede el animal al interior. Estas Puertas se alinean de cara al corralillo común y según su número, hasta veinticinco, se disponen linealmente o en forma de U.

Chozo en Hinojosa de San Vicente

La portalera es la denominación que se da en Castillo de Bayuela a la unión de un pajar-cuadra con un corral y a veces una cocinilla. Ya hemos comentado que la arquitectura de la Sierra de San Vicente es una arquitectura eminentemente  granítica, como graníticos son todos los bienes inmuebles del patrimonio etnográfico de la comarca; las fuentes abovedadas de gran belleza, cuyos prototipos son las de Almendral y La Iglesuela, las cruces y calvarios, los puentes  con aspecto casi megalítico por el empleo de grandes lajas de granito de hasta cuatro metros de longitud, los lavaderos con sus agrupaciones de varias pilas con las iniciales del dueño grabadas, los pesebres de cuadras y boyerías y los edificios industriales tradicionales, lagares y molinos.

Puente de granito en Marrupe

Los molinos de esta comarca son muy numerosos, ya que las pendientes considerables y los caudales no muy abundantes, pero sí bastante continuos, hacen de esta pequeña sierrecilla un lugar idóneo para su construcción, y de hecho ya en el siglo XV, hay constancia documental de la existencia de algunos de ellos, aunque dedicaremos capítulos sucesivos de esta serie a su descripción, diremos aquí que son construcciones de gran belleza, con concentraciones importantes en el arroyo Saucedoso junto al llamado Puente Romano de Castillo de Bayuela; en el arroyo que discurre por el mismo casco urbano de El Real de San Vicente, en el arroyo Guadmora.

Lavadero en Segurilla

Su cárcavo, hueco abovedado o adintelado que aloja el rodezno al cual mueven las aguas, es su característica más vistosa, en cuanto a la estética del edificio, junto al cubo en el que se acumula el agua antes de mover al salir por el saetín, el rodezno que al girar movilizará la piedra volaera del molino. Aunque el sistema de receptor de cubo es frecuente también la rampa lo es, y otro tipo muy característico de esta tierra, el tubo. Movidos con este sistema existen varios ejemplares en la Garganta Tejea, es esta peculiaridad  una de las muchas muestras de la influencia de las vecinas tierras abulenses en la arquitectura popular local.

Molino de Agua en Hinojosa de San Vicente

Otra construcción popular es la ermita ya que se suele guiar por las mismas pautas utilitarias que el resto de edificios de la arquitectura tradicional. En esta tierra las ermitas suelen ser de planta cuadrada aparejo de sillarejo más o menos elaborado, algunas enjalbegadas e incluso otras como la de Nuño Gomez con un pequeño pórtico de columnas de piedra. El tejado es a cuatro aguas y son ejemplos típicos las de Marrupe, Hinojosa, Almendral o Pelahustán, aunque otras como las de Navamorcuende o la de Guadyerbas son más bien iglesias y se salen del ámbito de la arquitectura popular.

Fachada de San Román con decoración de motivos pastoriles

Salvo algún esgrafiado o algún dibujo popular en revocos o chimeneas, ya hemos hecho referencia a la sobriedad decorativa, aunque existen algunas excepciones como la encantadora decoración dibujada del altar y la hornacina de la ermita de San Roque en Hinojosa, o una fachada pintada con motivos pastoriles en una casa de San Román.

Los herrajes son igualmente sobrios, así como las cerraduras y rejería, ´típicamente castellana machihembrada, solamente destacar la frecuencia de unos picaportes con formas sugerentemente eroticas que dibujan infantilmente unos órganos sexuales masculinos.

ARQUITECTURA POPULAR VII: la SIERRA DE SAN VICENTE (1)

ARQUITECTURA POPULAR VII: SIERRA DE SAN VICENTE

Balcón con tejadillo en La Iglesuela

A continuación haré una somera descripción de las peculiaridades de la arquitectura tradicional de las subcomarcas talaveranas y comenzaré por la Sierra de San Vicente.

Esta zona, por proximidad geográfica,por circunstancias históricas como la repoblación y dominio de la ciudad de Ávila sobre ella e incluso, por condicionantes climáticos mas similares a las zonas serranas de Gredos. Tiene una serie de características comunes con la arquitectura de los pueblos de la otra orilla del Tiétar.

Encontramos como allí tejados con faldones muy prolongados, huecos y vanos pequeños y escasos, incluso los balcones de madera techados, con una mayor abundancia de ellos en los pueblos más norteños como es el caso de La Iglesuela.

En cuanto a materiales el más abundante con mucho es el granito, generalmente en mampostería irregular calzada con barro y ripio, pero con sillería más o menos elaborada en vanos y esquinazos.

Portalillo típico de El Almendral con muros de mampostería blanqueada

En Navamorcuende, capital de uno de los dos señoríos históricos de la sierra encontramos algunas casas más pudientes en las cuales, al menos en la fachada, domina la sillería. En Pelahustán, sin embargo, hubo una tradición de buenos canteros ya que hasta en casas modernas encontramos un buen labrado de piedras. Es de destacar la peculiaridad de Nuño Gómez donde, aunque el granito se encuentra próximo y abundante, hay un claro predominio del adobe no solamente en la fabricación de las trojes y doblados si no también en la construcción de muros completos. En Cardiel, pueblo que se encontraba más alejado de los afloramientos graníticos es también frecuente la utilización del adobe e incluso del tapial de barro que se refuerza con verdugadas y machones de ladrillo. En los tejados se emplea mayoritariamente la teja árabe, salvo en los chozos, en que se utiliza la falsa bóveda de lajas de piedra con capa de compresión de barro, a la cual ya hemos aludido en capítulos anteriores.

Enlanchado granítico en un adarve de El Almendral

En la Sierra de San Vicente se tiene fácil acceso a un tipo de madera que se utiliza con profusión en la construcción de las techumbres, nos referimos al enebro. Pocos árboles pueden ofrecer una resistencia a las inclemencias del tiempo y a los insectos como él, y una capacidad de carga que hace que se utilice incluso para pilares en el caso de los troncos más gruesos. Su empleo más frecuente es para alfangías de los tejados o, en los tejaroz que cubren entradas de puertas carreteras e incluso en el soporte de vanos de construcciones rústicas como cuadras y majadas. Tiene el inconveniente de que sus troncos no suelen ser excesivamente largos por lo que a veces las techumbres precisan de una fila intermedia de pilares entre muro y muro que las sostengan. En las viviendas de las poblaciones es por esto más frecuente la utilización del pino o del castaño, este último también bastante abundante en la sierra.

Vivienda de sillería y mampostería de granito en Pelahustán

Lo más frecuente es que las viviendas tradicionales presenten directamente la piedra, aunque en otras ocasiones se enlucían con una mezcla de cal y arena o se enjalbegaban. En los pueblos mas sureños (Castillo. Cardiel, Nuño Gómez) no es raro ver fachadas decoradas con esgrafiado, que es un sistema de dibujo, con motivos geométricos o vegetales generalmente, que se realiza por sobrerrelieve en el enlucido de cal y arena de la pared.

Ameal de la Sierra de San Vicente

Las chimeneas son de campana en los núcleos urbanos aunque en el exterior del edificio no presentan grandes dimensiones a diferencia de otras zonas de las tierras de Talavera con una mayor influencia extremeña. Es característico de las construcciones rústicas, como los pajares un tipo peculiar de chimenea muy sencilla que yo denomino «en esquina» y que consiste en un tronco de enebro atravesado en un esquinazo de la dependencia, a modo de hipotenusa del triángulo formado con los dos muros, sobre ese madero se construye un murete de adobes hasta el techo que hace las veces de campana.

Decoración de esgrafiado en una vivienda de Nuño Gómez

Los cimientos suelen ser de piedra seca y los suelos de baldosa de ladrillo. En ocasiones de lajas de grandes, o de la misma roca viva en dependencias secundarias, para los animales o para el almacenamiento.

Tienen las casas cinco piezas: portal, cocina y tres habitaciones. Las viviendas son generalmente de una planta a dos aguas, las que están dobladas utilizaban la segunda planta, doblado o troje como dependencia secundaria con utilidad de pajar, almacén y granero o en tiempos pasados, para la cría del gusano de seda.

En El Real de San Vicente y Castillo de Bayuela era muy frecuente que destinaran el doblado o pajar al que se accedía desde el exterior por una pequeña portilla que facilitaba la carga y descarga de la paja desde el exterior. Como anécdota recordemos que el pueblo de Castillo de Bayuela se asienta en la actualidad en el lugar que antiguamente se conocía como Pajares y que a los de este pueblo se les denomina «pajariegos», e incluso el trajín de los pajares ha quedado cristalizado en un refrán «Los de Castillo pajariegos, que toda la paja encierran, un año que no la cerraron se murieron las becerras».

El enebro es un árbol de gran resistencia para la arquitectura popular en la Sierra de San Vicente

Es muy característico del paisaje serrano la presencia del «ameal». Es esta una construcción muy sencilla que consiste en un vallado circular de mampostería granítica, de 1 a 1,5 metros de altura y de 3 a 6 metros de diámetro, con un tronco de enebro en el centro, alrededor del cual se va acumulando el pasto o el heno de los prados y así almacenarlo hasta la época de escasez de hierba fresca. No olvidemos que la sierra ha sido eminentemente ganadera y por tamo no es de extrañar que sean numerosísimos los chozos que se reparten por todo su territorio, para servir de alojamiento a los pastores en caso de inclemencia del tiempo o cuando los pastos se encuentran muy alejados del pueblo para pernoctar. Esos chocillos de piedra tienen un especial encanto por lo bien integrados que se encuentran en el paisaje. Algunos de ellos tienen una precaria chimenea, apenas un orificio en el techo y una concavidad en el muro, no tienen puerta y en su interior solamente un hueco en la pared a modo de alacena, o simplemente un palo donde colgar los enseres y una lancha de piedra como asiento.

pajar de Garciotún levantado en adobe con el boquerón para cargar la paja en la troje

ARQUITECTURA POPULAR VI LA ARQUITECTURA POPULAR EN LAS RELACIONES DE FELIPE II

Chozos de Navalcán junto al Tiétar techados con escoba

Las Relaciones de Felipe ll como fuente de datos en cuanto a la utilización de materiales:

No parece que hace quinientos años fuera generalizado el uso de la piedra en nuestras construcciones, sino que su empleo ha ido aumentando paulatinamente desde entonces, en pueblos donde las edificaciones de piedra son hoy la mayoría, como en Castillo de Bayuela, en 1572 “son pocas aunque piedra hay mucha” o el caso de Gamonal donde solamente había «algunas casas de piedra tosca en los cimientos». Puente del Arzobispo es el único lugar donde además de los cimientos son también de piedra «algunas fronteras» (fachadas). Otros pueblos con piedra en los cimientos son San Martín de Pusa y La Estrella, donde además se especifica que la piedra es pizarrosa.

Muro de cantos rodados de cuarcita con ripio de fragmentos de teja en Alcaudete de la Jara

Es curioso constatar que en La Jara, donde tan rica ha llegado a ser la arquitectura de pizarra, sólo hubiera en aquel entonces muros de mampostería y barro en Aldeanueva de San Bartolomé y que en el resto de lugares jareños no se haga alusión nada más que a construcciones de tierra.

Talavera tenía edificios de «calicanto y ladrillo» y en Villanueva del Horcajo se utilizaba, como hoy en el cercano Montearagón, el aparejo de pequeño canto rodado con cal. En Cobisa, despoblado cercano a Calera, solamente se utilizaba la piedra para «esquinas y pilares». La mayor parte de los lugares de estas tierras de Talavera tenían sus edificaciones de barro y en las Relaciones así aparece. Dicen sus vecinos tener casas de tierra, de barro, de tapias, o de tapiería, y algunas de las Relaciones, como las de Illán de Vacas o Mañosa, especifican si las tapias son de dos, tres e incluso cuatro alturas.

El ladrillo, al contrario de lo que ocurre con la piedra, sí que aparece ya en el siglo XVI en los mismos lugares en los que todavía hoy se conserva la tradición de su utilización: Talavera, Valdepusa (San Martín), El Horcajo (Cerralbos, Cazalegas) y proximidades de Talavera ( Las Herencias, Cobisa). Tejares como los de Carrizo, próximos a Cebolla, o los de Talavera debían tener bastante centralizada la producción de tejas y ladrillos ya que, por ejemplo, en el caso del primero hay varias alusiones en los pueblos de su entorno en los mismos lugares en los que todavía hoy se conserva la tradición de su utilización.

En algunos lugares de construcciones terrizas se alude a las «rafas» o verdugadas de ladrillo y a los «machones» del mismo material que reforzaban las endebles edificaciones de barro. Aunque los tejados de retama o de paja  abundan más en los pueblos de La Jara, no son exclusivos de esta comarca, y así por ejemplo en Gamonal, Calera y Chozas y Alcañizo abundan las cubiertas vegetales en las casas. Todos son pueblos situados al oeste por lo que nos preguntamos si no tendría este hecho explicación por una influencia cultural extremeña.

En Robledo del Mazo se habla incluso de techos de zarzas. En Alcañizo o el Casar, por ejemplo, son de paja y en la mayoría de los pueblos son de retama con una mayor o menor proporción de viviendas tejadas.

Los muros en algunas ocasiones se revocaban con cal y arena

Son numerosas las referencias al tipo de madera que se utilizaba en las construcciones y concretamente al abastecimiento de pino desde Gredos, a través de Talavera en los pueblos situados al sur del Tajo.

Además de las maderas abundantes en el entorno de las villas y lugares a los que nos hemos referido en el capítulo anterior hay algunos datos interesantes que nos ilustran sobre la menor degradación del medio ecológico en aquella época, por ello se utiliza la madera de madroño en algunas localidades de La Jara, o el enebro, que no ha retrocedido tanto, en la Sierra de San Vicente y se utiliza por ejemplo en El Bravo o en Cardiel de los Montes.

Muros de mampostería granítica en Sotillo de las Palomas

En el Catastro de Ensenada podemos encontrar datos sobre tejares, hornos caleros y canteras que nos ayudarán a comprender el abastecimiento de materiales de construcción en el siglo XVIII.

Madoz en su Diccionario aporta algunas noticias sobre las construcciones en la Campana de Oropesa, y por ejemplo en 1845 son en Herreruela las casas “de piedra de grano sin labrar, con bastantes tapias toscas y de poco precio”, en El Torrico son de «piedra pizarrosa». En La Jara sí que es generalizado el uso de la piedra como describe Madoz en los apartados de Puerto de San Vicente y de Navalmoralejo.

Sencillo herraje para cerraduras muy numerosos en la Campana de oropesa y muchos de ellos fabricados por Bernardo Igual, herrero de Alcolea de Tajo

HIERRO:  Los herrajes, cerraduras, rejas, toda la clavazón y las grapas y abrazaderas de los muros y del maderamen eran generalmente fabricados por el herrero local, o adquiridos en Talavera, donde también conseguían el hierro estos artesanos.