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LA JARA: LABRANZAS, BALNEARIOS, MOLINOS Y OTROS ELEMENTOS

ARQUITECTURA POPULAR XI

LA JARA: LABRANZAS, BALNEARIOS, MOLINOS Y OTROS ELEMENTOS

Arquitectura popular jareña de Aldeanueva de San Bartolomé

Dentro de las construcciones rústicas, solamente nos queda por referimos en La Jara a las construcciones de mayor envergadura, las labranzas. Se sitúan éstas en las zonas de mayor fertilidad del suelo que son las rañas y los valles bajos de los ríos, corno el Jébalo y el Tajo. Su distribución se suele configurar como una serie de construcciones con diversas funciones, como cuadras, viviendas de los peones, el guarda e incluso de “los amos”, pajares y almacenes, que se sitúan todas ellas en torno de un gran patio o corral casi siempre empedrado.

Labranza en Alcaudete con el típico palomar sobre la entrada

Una peculiaridad de las grandes labranzas de La Jara es que muchas de ellas tienen sobre el portalón de acceso un palomar bajo el cual quedan protegidas las puertas y se aprovecha el espacio techado a modo de zaguán. Son ejemplos de este tipo de grandes labranzas las situadas a lo largo del valle del Jébalo en lo que fue la Dehesa de Castellanos.

Dentro de la arquitectura popular que podríamos llamar protoindustrial, encontramos en esta zona, como en la de la sierra de San Vicente, un gran número de molinos de agua en los arroyos de cierta entidad. En casi todos los casos se trata de molinos de cubo, estos cubos son en ocasiones de gran altura para aumentar la potencia del artilugio, y esto, unido a que están casi todos ellos fabricados en piedra, les da un aspecto que les hace ser una de las construcciones más estéticas de nuestra arquitectura rural. Existe otro tipo de molinos con una represa anterior al edificio que tiene la forma aproximada de un arco y que son característicos de La Jara.

Uno de los molinos jareños de Riofrío

Capítulo aparte merecen los balnearios populares donde hasta hace solo unos años, cuando cerraron los baños del Vivaque en BeIvís de la Jara, las gentes de la comarca van a intentar que las aguas medicinales calmen sus dolores.

Otros balnearios populares, aunque hoy en ruinas, son magníficos ejemplos de funcionalidad de la arquitectura popular, es el caso de los baños de La Retortilla, próximos a la vía del tren abandonada, en las cercanías de La Nava de Ricomalillo. No les falta detalle. La cocina de campana para el servicio de huéspedes y personal, los almacenes con espacio para las tinajas del agua y del aceite, un palomar (no olvidemos las propiedades reconstituyentes que se le atribuían al caldo de pichón), dos pisos de alojamiento con habitaciones con vistas al valle del río Uso y la sierra de La Estrella, la cuadra, la cantina, las dependencias para los empleados y el edificio de los baños con la retorta para calentar el agua que da nombre al balneario, el aljibe, y las bañeras dobles e individuales. Este edificio se encuentra en el más absoluto abandono, como casi todo nuestro patrimonio etnográfico, y no sería mala idea, ya que se encuentra junto a la Vía Verde de la Jara, rehabilitarlo incluso como balneario y destinarlo a albergue para turismo rural.

Fuente de la Ferrumbrosa en Aldeanovita, que abasteció a los baños del mismo nombre hoy desparecidos

Otros balnearios populares se encuentran en Aldeanueva de San Bartolomé, los de La Ferrumbrosa, donde, aunque simplemente queda la fuente, el pueblo quiere rehabilitarlos como recurso turístico. Los de La Parrilla, también próximos a La Nava de Ricomalillo y, por último, en Gargantilla, hasta hace poco, acudían las gentes a intentar aliviarse “las reúmas” en sus baños del arroyo del Cañar.

Las viviendas de los núcleos urbanos de La Jara varían en la utilización de los materiales, y así en la Jara Baja es más frecuente el tapial y el adobe, con una mayor o menor combinación con el ladrillo. Es el caso de Alcaudete, Belvís, Las Herencias o La Pueblanueva. En Aldeanueva de Barbarroya y Navalmoralejo, al abundar el granito, encontramos que la mayor parte de las viviendas se fabrican con este material; la pizarra es abundante en el resto de La Jara en combinación con las cuarcitas según las zonas.

Conjunto de labranzas de El Martinete

Las viviendas más humildes, de los pegujaleros, tienen dos o tres dormitorios, cocina, despensa, un portal de acceso engorronado y el doblado, si lo hay, la troje dividida o no en “apartijos” que separaban los productos del campo que allí se almacenaban y los muebles, trastos y aperos en desuso. Una de las habitaciones se destinaba a veces a sala de respeto pero, en las viviendas modestas, la vida se hacía alrededor de la cocina y esa dependencia apenas se utilizaba.

Rincón de Sevilleja de la Jara

En la casa del labrador más pudiente, las dependencias son más numerosas, hay dormitorios, sala, comedor, mas dependencias de almacén y el doblado no solo se destina a troje sino que total o parcialmente se aprovecha para habitaciones. Las cuadras, corrales y enramadas nos indican la mayor actividad económica de estos labradores relativamente acomodados. El exterior de las viviendas estaba generalmente blanqueado, en su totalidad o solo, alrededor de las puertas y ventanas en las viviendas de piedra de la Jara Alta.

Vivienda típica de Navalucillos de ladrillo y mampostería de cuarcita

En las poblaciones más occidentales se hace ver la influencia extremeña en detalles como por ejemplo las grandes chimeneas, o el portal de entrada abovedado de algunas casas; por el contrario, en la zona oriental, por ejemplo en La Pueblanueva o San Bartolomé, se observa la influencia de la arquitectura de Toledo y el valle del Tajo, con el empleo mayoritario de aparejo mudejarista que se hace más evidente todavía en el estado de Valdepusa.

Aruitectura urbana de la Jara Baja con los vanos rematados por arcos de medio punto rebajados

Es característico de algunos pueblos como Navalucillos o Belvís el empleo en las puertas y ventanas del arco de medio punto rebajado en lugar del adintelado simple de las tradicionales viviendas rústicas, aunque parece que es una adquisición tardía por influencia de albañiles portugueses. Estos dos pueblos tienen una arquitectura con peculiaridades específicas en el casco urbano, aunque la arquitectura rural siga las líneas generales del resto de La Jara. En Navalucillos, por ejemplo, se utiliza lacería sencilla de ladrillo en los remates de aleros y ventanas mientras que en Belvís se pinta una franja de color alrededor de puertas y vanos.

ARQUITECTURA POPULAR X: MATERIALES, SOLADOS Y TECHUMBRES EN LA JARA

 

MATERIALES, SOLADOS Y TECHUMBRES EN LA JARA

Suelo de pizarra el suelo de una vivienda en ciudad de Vascos

Las casillas y cocinillas de la Jara son un ejemplo muy ilustrativo de como, en la arquitectura tradicional el hombre utiliza los materiales que le son más próximos, consiguiendo así una economía de medios y una adaptación sumamente sostenible al terreno.

En una casilla de las sierras jareñas, por ejemplo, el suelo lo forman las mejores ymas grandes lanchas de pizarra que el campesino haya podido encontrar en el entorno de su vivienda. puede también haberlas extraído de afloraciones  pizarrosas cercanas con un pico, o con una maceta y una cuña metálica que se introduce en las vetas de la roca, separando lajas fácilmente, ya que las pizarras jareñas son blandas en general. El barro húmedo servirá de lecho a las lanchas formando así el enlosado que se completa a veces con engorronado de cuarcita en los huecos que dejan entre sí las pizarras. Cuando éstas no se encuentran cercanas el suelo se hace de barro apisonado o de engorronado de canto rodado y a veces. en las cercanías de los ríos, de pequeños fragmentos de pizarra rodada de forma alargada que deja suelos muy vistosos.

Son escasas las techumbres de pizarra porque en la Jara esta piedra solo se lamina en lanchas de grueso calibre. En este caso solamente curbre el muro de una construcción secundaria.

La tradición de la utilización de la pizarra como enlosado, arranca en estas tierras, al menos de época visigoda, cuando las tumbas repartidas por todo el campo jareño se construían con grandes lanchas.  Los árabes continúan utilizándola y como ejemplo nos referimos a los llamados Baños de la Mora, en la Ciudad de Vascos, que podemos hoy todavía contemplar con el enlosado de pizarra original. Podemos remontarnos a épocas más antiguas en la utilización de la pizarra en monumentos funerarios y así el dolmen de La Estrella, con más de cuatro mil años, tiene algunos ortostatos de este material, también la estela de Las Herencias que representan un guerrero de la Edad del Bronce con su carro y su armamento es de este material.

Solado de engorronado de pizarras y cuarcitas rodadas combinadas el cuarzo blanco en La Estrella

Los muros se fabrican con los materiales más cercanos y fáciles de manejar, cuarcitas, pizarras, canto rodado o tapial se escogen en función de la accesibilidad principalmente, y se unen con el material más a mano y más barato, el barro; si es preciso ripiar las desiguales caras de los bloques de piedra se utilizarán fragmentos de pizarra o trozos de tejas rotas de anteriores construcciones; si es necesario enlucir algún muro se hará igualmente con barro, pero más arcilloso, de grano más fino y mezclado con paja de centeno para dar una mayor consistencia al rudimentario enfoscado.

Cuando se quieren salvar vanos se fabricarán los dinteles con troncos de encina o de fresno y la estructura de la techumbre se realizará igualmente con madera pero sin pasar por la serrería. Se escogerá el tronco adecuado, se le quitará la corteza para evitar el más fácil ataque por los parásitos y se dejará a secar aislado del suelo el tiempo necesario, ya que la instalación en el maderamen de alguna pieza verde podría llevar al pandeo e incluso la ruina de la techumbre.

Chimemea en una casilla de Paniagua en término de Alcaudete de la Jara. Una viga curva en la parte más alta, otra sobre la que se sostiene la campana hecha con palos, y cañizo protegido por torta de barro. A la izquierda el poyete donde dormía el pastor y una pequeña alacena

La mayor parte de estas construcciones rústicas están techadas a teja vana, es decir, con el armazón del tejado directamente sobre la habitación, sin cielo raso. Son edificios sencillos tejados a dos aguas, los dos aguilones se levantan sobre los muros laterales, en los que no se suelen dejar huecos que debiliten la estructura, la viga se apoya sobre los vértices de los aguilones y precisa ésta de una longitud considerable que sostenga toda la techumbre de la estancia, además de tener un perfil rectilíneo que iguale y nivele todo el caballete del tejado. Estas vigas rectas se solían obtener del álamo negro de las riberas o bien sobre todo en las mayores  construcciones urbanas, se importaban de Gredos o de Talavera donde se podían adquirir los troncos de pino con las dimensiones necesarias. Sobre la viga se apoyan las alfangías o cabrios, palos relativamente rectos sobre los que se colocará el cañizo o la jara que sostendrá el entortado de barro sobre el cual se colocan las tejas árabes. Las viviendas más primitivas utilizan la jara, pero en las del llano o los núcleos urbanos es más frecuente ver la techumbre de cañizo. Las cañas se disponen atadas entre sí con cuerdas de cáñamo o una caña principal algo mas fuerte (caña maestra) que va paralela a cada uno de los cabrios. Si los vanos que debe salvar la viga son excesivos se refuerza su apoyo con uno o más caballos, éstos son troncos que ya no tienen porqué ser rectilíneos, incluso suelen ser troncos curvos de fresno con la convexidad hacía el tejado y con un tarugo  suplemento vertical que lo une con la viga para ayudar así a sostener su peso. Estos caballos se apoyan en los muros paralelos a la viga y a veces desde la misma viga parten dos cabríos, un tanto curvo también, que apoyan sobre los extremos  del caballo para formar lo que se llama refuerzo «en tijera», que distribuye aún mejor las cargas. Los cabrios, por su extremo opuesto a la viga, descansan clavados’ y atados sobre un rollo o palo redondo que se ha colocado en la parte superior del muro.

Viga sobre la que se sostienen los cabrios y sobre ellos la jara, encima de la que se hecha la torta de barro y por último las tejas

La imprescindible chimenea no puede utilizar materiales más sencillos, una viga de madera más o menos recta apoyada en los muros sostiene una campana fabricada con cabrios y cañizo pero enfoscada con una gruesa capa de barro que impide el incendio. De la misma forma, sólo que con una base de adobe o de tapial se hacían los escasos tabiques que separaban las dependencias. Las tejas, la cal y la clavazón eran los únicos materiales que debía el campesino jareño adquirir en los pueblos más cercanos, a veces intercambiándolos en una economía de trueque, casi de subsistencia.

ARQUITECTURA POPULAR IX: LA JARA

ARQUITECTURA POPULAR  IX:

LA JARA

Mampara en una era de Espinoso del Rey

Describiremos ahora algunas de las peculiaridades de la arquitectura de la extensa comarca de La Jara, a la que nos parece conveniente dividir en Jara Alta o Serrana y Jara Baja, esta división es bastante clara ya que los condicionantes de materiales, clima y funcionalidad de las construcciones son, aunque con características comunes, bastante específicos de ambas zonas.

Hay un texto fundamental para el conocimiento de la arquitectura popular de esta comarca y es como no podía ser de otra manera de don Fernando Jiménez de Gregorio,  se titula La vivienda en La Jara toledana, y, al estar escrito en los años cincuenta nos aporta datos preciosos en cuanto a la arquitectura popular no perdurable como son los chozos y mamparas hechos de paja y que la emigración y los cambios obvios en el campo español desde esa fecha han hecho desaparecer.

Chozo de falsa cúpula de Navalmoralejo, construido en pizarra y granito

El chozo de pastor solía ser circular y de cúpula redonda, su armazón era de varas de sauce o de álamo y la cubierta de pajas de centeno. La mampara era una construcción más sencilla, de forma rectangular o de medio chozo, que se utilizaba ya sea como protección de los aires a la entrada del chozo de pastor, simplemente como protección más precaria cuando no era necesario construir un chozo o como chívería o chivitil para proteger al ganado recién nacido o al perro.

Falsa cúpula de un chozo por aproximación de las hiladas de piedra

En la Jara Serrana se utilizaban a veces chozos en ángulo, a modo de tienda de campaña, con o sin mampara protectora. El guango es una construcción que se utiliza todavía y es más bien una protección del labrador o del hortelano que consiste en cuatro palos que se utilizan como pilares y sobre los cuales se extiende la hojarasca, la retama o las jaras para formar una sombra que también resguardará en caso de algún chubasco o tormenta, enl a cara del sur o del poniente se puede construir una pared, también vegetal que proteja del sol o del aire, Cuando el guango se limita simplemente a la estructura de la techumbre, sin paredes, se denomina también sombrajo o chungano. Cuando este tipo de construcciones se hacen en los patios y corralones de las viviendas, pegadas a los muros de las casas, se conocen con el nombre de enramadas o enramás, y pueden, con el tiempo, cubrirse con un emparrado e incluso tejarse.

Majada en La Nava de Ricomalillo con sus corrales y cocinilla

El paso siguiente en la evolución de la habitación más primitiva es el chozo de piedra con techumbre de falsa cúpula por aproximación de las hiladas de piedra, similar al descrito para la Sierra de San Vicente pero fabricada más frecuentemente en pizarra, por su abundancia en la zona.

Estas construcciones son comunes a todas las subcomarcas de Talavera y se ha especulado con su probable origen común de ascendencia céltica, lo cierto es que en los yacimientos de Ia Edad del Bronce y de la Edad del Hierro diseminados por nuestras tierras aparecen fondos de cabaña y restos de construcciones con esa misma forma sólo que techados con cubierta vegetal.

Las cocinillas son otro tipo de construcciones elementales de La Jara, podemos encontrarlas en los olivares, los huertos y parcelas de cultivo que se encuentran algo alejados del casco urbano y donde el agricultor debe permanecer períodos de tiempo algo más largos, por lo cual a veces precisa pernoctar. También cumplen la función estas pequeñas edificaciones, de servir de almacén donde se guardan herramientas y aperos que sería molesto y trabajoso trasportar cada vez  que se acudiera a laborar allí. El edificio es sumamente sencillo, una puerta, uno o dos ventanucos en los muros, una chimenea generalmente de campana con uno o dos poyetes a su lado para dormir sobre ellos o para sentarse al amor de la lumbre.

Alacenas en una de las dependencias de los Baños de la Retortilla

En los muros se dejan algunos huecos a modo de hornacinas y de alacenillas para depositar en ellos algún utillaje y alimentos fuera del alcance de los ratones. Las cocinillas tienen otra utilidad muy específica que es servir, alrededor de las eras, casi siempre algo alejadas del casco, de residencia temporal mientras se trilla el cereal de la familia labradora que permanece así más cerca de su preciado tesoro, el grano, y puede no solo trabajar más cómodamente sino custodiar también el fruto de su trabajo.

Las cocinillas como vemos están vinculadas en mayor medida a la Jara Baja, al mundo agrícola, mientras que las llamadas aquí casillas son muy similares pero más unidas al mundo ganadero de las tierras serranas de la Jara Alta. Son estas casillas y labrancillas de una estética muy llamativa por estar fabricadas en pizarra y cuarcita y por estar situadas en parajes mås agrestes, con grandes desniveles que les dan un aspecto peculiar. Como están en lugares muy alejados de los pueblos tienen alguna dependencia más quelas cocinillas, la pequeña cuadra donde guardar el borrico o la mula. La cochinera o zahurda y a veces la majada donde dejar el aprisco, casi siempre de cabras. Algunas de mayor entidad, o en caso de haber varias agrupadas pueden tener un horno para cocer el pan.

Zahurdas construidas en pizarra en término de Alcaudete de La Jara

En toda la Jara serrana pueden verse lo que a primera vista no son más que corralizas circulares, que, aunque a veces se utilicen como tales, no son otra cosa que los restos de lo que fueron las primeras explotaciones de esta comarca tras la repoblación, las posadas de colmenas. No olvidemos que hasta el siglo XVIII hubo osos en estas tierras y era necesario proteger la miel de estos y otros animales. Siguiendo con las construcciones rústicas son de destacar, también dentro del ámbito de las zonas más elevadas, los restos hoy prácticamente despoblados de algunas aldeas con apenas unas decenas de habitantes, formadas por varias casillas agrupadas generalmente en torno a una era. Entre las mejor conservadas, son de destacar las del entorno del río Jévalo, El Portezuelo, Paniagua. El Martinete o El Majuelo, hermosos conjuntos de arquitectura en pizarra que las autoridades culturales deberían preservar de la ruina.

Casilla en los olivares de Belvís

ARQUITECTURA POPULAR SIERRA SAN VICENTE (2) MAJADAS, CHOZOS, MOLINOS…

Majada reutilizada como zahurda

Otras construcciones del ámbito rústico de la Sierra de San Vicente son, por ejemplo las majadas o “majás”. Estas edificaciones abundan en el término de El Real de San Vicente y principalmente en los arroyos de Valdesanvicente y el Budial. Como quiera que los parajes por donde discurren estos arroyos están relativamente alejados del núcleo urbano, en estas “majás” se hacía vida durante épocas determinadas del año, ya sea para aprovechar los pastos frescos. Para la montanera de los encinares cercanos, o para la cosecha del escaso cereal que se cultivaba en estas tierras.

Boyería con pesebres de granito

Constan, en general, de un pajar casi siempre abierto por uno de sus lados con pilares de enebro o machones de piedra entre sus vanos, y tejado a una o dos aguas según su amplitud, de unas zahurdas para los cerdos de la matanza familiar, de una cocinilla para el alojamiento que en ocasiones se encuentra exenta y otras veces es una pieza del pajar, mejor o peor aislada del recinto de los animales y que se calienta mediante una chimenea que en el capítulo anterior denominábamos “de esquina”.

Pilares de piedra y enebro y techumbre de una majada

Un muro cierra el recinto por delante de estos edificios formando el corral. Dentro del alargado pajar se almacena el forraje y al mismo tiempo se resguarda el ganado, vacuno u ovino, por lo que se pueden encontrar dentro de él y del corral tanto pesebres como bebederos de piedra o de grandes troncos vaciados.

Majada con pesebre fabricado con un tronco vaciado

Pueden añadirse en ocasiones a las dependencias referidas algún gallinero e incluso una cuadra para las caballerías. Podemos también encontrar las dependencias antes referidas aisladas, sin agruparse en majadas y así, es frecuente encontrar zahurdas o “chajurdas” aisladas en montes o dehesas. Las parideras, donde las crías de cerdos, ovejas o cabras pasan más protegidas de las inclemencias sus primeros días de vida.

Parideras en San Román de los Montes

Estas construcciones son muy características de estas sierras y consisten en cubículos de un metro y medio de lado aproximadamente, techados con falsa bóveda y pegados lateralmente unos a otros, sin ningún hueco exterior salvo la pequeña puerta por donde accede el animal al interior. Estas Puertas se alinean de cara al corralillo común y según su número, hasta veinticinco, se disponen linealmente o en forma de U.

Chozo en Hinojosa de San Vicente

La portalera es la denominación que se da en Castillo de Bayuela a la unión de un pajar-cuadra con un corral y a veces una cocinilla. Ya hemos comentado que la arquitectura de la Sierra de San Vicente es una arquitectura eminentemente  granítica, como graníticos son todos los bienes inmuebles del patrimonio etnográfico de la comarca; las fuentes abovedadas de gran belleza, cuyos prototipos son las de Almendral y La Iglesuela, las cruces y calvarios, los puentes  con aspecto casi megalítico por el empleo de grandes lajas de granito de hasta cuatro metros de longitud, los lavaderos con sus agrupaciones de varias pilas con las iniciales del dueño grabadas, los pesebres de cuadras y boyerías y los edificios industriales tradicionales, lagares y molinos.

Puente de granito en Marrupe

Los molinos de esta comarca son muy numerosos, ya que las pendientes considerables y los caudales no muy abundantes, pero sí bastante continuos, hacen de esta pequeña sierrecilla un lugar idóneo para su construcción, y de hecho ya en el siglo XV, hay constancia documental de la existencia de algunos de ellos, aunque dedicaremos capítulos sucesivos de esta serie a su descripción, diremos aquí que son construcciones de gran belleza, con concentraciones importantes en el arroyo Saucedoso junto al llamado Puente Romano de Castillo de Bayuela; en el arroyo que discurre por el mismo casco urbano de El Real de San Vicente, en el arroyo Guadmora.

Lavadero en Segurilla

Su cárcavo, hueco abovedado o adintelado que aloja el rodezno al cual mueven las aguas, es su característica más vistosa, en cuanto a la estética del edificio, junto al cubo en el que se acumula el agua antes de mover al salir por el saetín, el rodezno que al girar movilizará la piedra volaera del molino. Aunque el sistema de receptor de cubo es frecuente también la rampa lo es, y otro tipo muy característico de esta tierra, el tubo. Movidos con este sistema existen varios ejemplares en la Garganta Tejea, es esta peculiaridad  una de las muchas muestras de la influencia de las vecinas tierras abulenses en la arquitectura popular local.

Molino de Agua en Hinojosa de San Vicente

Otra construcción popular es la ermita ya que se suele guiar por las mismas pautas utilitarias que el resto de edificios de la arquitectura tradicional. En esta tierra las ermitas suelen ser de planta cuadrada aparejo de sillarejo más o menos elaborado, algunas enjalbegadas e incluso otras como la de Nuño Gomez con un pequeño pórtico de columnas de piedra. El tejado es a cuatro aguas y son ejemplos típicos las de Marrupe, Hinojosa, Almendral o Pelahustán, aunque otras como las de Navamorcuende o la de Guadyerbas son más bien iglesias y se salen del ámbito de la arquitectura popular.

Fachada de San Román con decoración de motivos pastoriles

Salvo algún esgrafiado o algún dibujo popular en revocos o chimeneas, ya hemos hecho referencia a la sobriedad decorativa, aunque existen algunas excepciones como la encantadora decoración dibujada del altar y la hornacina de la ermita de San Roque en Hinojosa, o una fachada pintada con motivos pastoriles en una casa de San Román.

Los herrajes son igualmente sobrios, así como las cerraduras y rejería, ´típicamente castellana machihembrada, solamente destacar la frecuencia de unos picaportes con formas sugerentemente eroticas que dibujan infantilmente unos órganos sexuales masculinos.

ARQUITECTURA POPULAR VII: la SIERRA DE SAN VICENTE (1)

ARQUITECTURA POPULAR VII: SIERRA DE SAN VICENTE

Balcón con tejadillo en La Iglesuela

A continuación haré una somera descripción de las peculiaridades de la arquitectura tradicional de las subcomarcas talaveranas y comenzaré por la Sierra de San Vicente.

Esta zona, por proximidad geográfica,por circunstancias históricas como la repoblación y dominio de la ciudad de Ávila sobre ella e incluso, por condicionantes climáticos mas similares a las zonas serranas de Gredos. Tiene una serie de características comunes con la arquitectura de los pueblos de la otra orilla del Tiétar.

Encontramos como allí tejados con faldones muy prolongados, huecos y vanos pequeños y escasos, incluso los balcones de madera techados, con una mayor abundancia de ellos en los pueblos más norteños como es el caso de La Iglesuela.

En cuanto a materiales el más abundante con mucho es el granito, generalmente en mampostería irregular calzada con barro y ripio, pero con sillería más o menos elaborada en vanos y esquinazos.

Portalillo típico de El Almendral con muros de mampostería blanqueada

En Navamorcuende, capital de uno de los dos señoríos históricos de la sierra encontramos algunas casas más pudientes en las cuales, al menos en la fachada, domina la sillería. En Pelahustán, sin embargo, hubo una tradición de buenos canteros ya que hasta en casas modernas encontramos un buen labrado de piedras. Es de destacar la peculiaridad de Nuño Gómez donde, aunque el granito se encuentra próximo y abundante, hay un claro predominio del adobe no solamente en la fabricación de las trojes y doblados si no también en la construcción de muros completos. En Cardiel, pueblo que se encontraba más alejado de los afloramientos graníticos es también frecuente la utilización del adobe e incluso del tapial de barro que se refuerza con verdugadas y machones de ladrillo. En los tejados se emplea mayoritariamente la teja árabe, salvo en los chozos, en que se utiliza la falsa bóveda de lajas de piedra con capa de compresión de barro, a la cual ya hemos aludido en capítulos anteriores.

Enlanchado granítico en un adarve de El Almendral

En la Sierra de San Vicente se tiene fácil acceso a un tipo de madera que se utiliza con profusión en la construcción de las techumbres, nos referimos al enebro. Pocos árboles pueden ofrecer una resistencia a las inclemencias del tiempo y a los insectos como él, y una capacidad de carga que hace que se utilice incluso para pilares en el caso de los troncos más gruesos. Su empleo más frecuente es para alfangías de los tejados o, en los tejaroz que cubren entradas de puertas carreteras e incluso en el soporte de vanos de construcciones rústicas como cuadras y majadas. Tiene el inconveniente de que sus troncos no suelen ser excesivamente largos por lo que a veces las techumbres precisan de una fila intermedia de pilares entre muro y muro que las sostengan. En las viviendas de las poblaciones es por esto más frecuente la utilización del pino o del castaño, este último también bastante abundante en la sierra.

Vivienda de sillería y mampostería de granito en Pelahustán

Lo más frecuente es que las viviendas tradicionales presenten directamente la piedra, aunque en otras ocasiones se enlucían con una mezcla de cal y arena o se enjalbegaban. En los pueblos mas sureños (Castillo. Cardiel, Nuño Gómez) no es raro ver fachadas decoradas con esgrafiado, que es un sistema de dibujo, con motivos geométricos o vegetales generalmente, que se realiza por sobrerrelieve en el enlucido de cal y arena de la pared.

Ameal de la Sierra de San Vicente

Las chimeneas son de campana en los núcleos urbanos aunque en el exterior del edificio no presentan grandes dimensiones a diferencia de otras zonas de las tierras de Talavera con una mayor influencia extremeña. Es característico de las construcciones rústicas, como los pajares un tipo peculiar de chimenea muy sencilla que yo denomino «en esquina» y que consiste en un tronco de enebro atravesado en un esquinazo de la dependencia, a modo de hipotenusa del triángulo formado con los dos muros, sobre ese madero se construye un murete de adobes hasta el techo que hace las veces de campana.

Decoración de esgrafiado en una vivienda de Nuño Gómez

Los cimientos suelen ser de piedra seca y los suelos de baldosa de ladrillo. En ocasiones de lajas de grandes, o de la misma roca viva en dependencias secundarias, para los animales o para el almacenamiento.

Tienen las casas cinco piezas: portal, cocina y tres habitaciones. Las viviendas son generalmente de una planta a dos aguas, las que están dobladas utilizaban la segunda planta, doblado o troje como dependencia secundaria con utilidad de pajar, almacén y granero o en tiempos pasados, para la cría del gusano de seda.

En El Real de San Vicente y Castillo de Bayuela era muy frecuente que destinaran el doblado o pajar al que se accedía desde el exterior por una pequeña portilla que facilitaba la carga y descarga de la paja desde el exterior. Como anécdota recordemos que el pueblo de Castillo de Bayuela se asienta en la actualidad en el lugar que antiguamente se conocía como Pajares y que a los de este pueblo se les denomina «pajariegos», e incluso el trajín de los pajares ha quedado cristalizado en un refrán «Los de Castillo pajariegos, que toda la paja encierran, un año que no la cerraron se murieron las becerras».

El enebro es un árbol de gran resistencia para la arquitectura popular en la Sierra de San Vicente

Es muy característico del paisaje serrano la presencia del «ameal». Es esta una construcción muy sencilla que consiste en un vallado circular de mampostería granítica, de 1 a 1,5 metros de altura y de 3 a 6 metros de diámetro, con un tronco de enebro en el centro, alrededor del cual se va acumulando el pasto o el heno de los prados y así almacenarlo hasta la época de escasez de hierba fresca. No olvidemos que la sierra ha sido eminentemente ganadera y por tamo no es de extrañar que sean numerosísimos los chozos que se reparten por todo su territorio, para servir de alojamiento a los pastores en caso de inclemencia del tiempo o cuando los pastos se encuentran muy alejados del pueblo para pernoctar. Esos chocillos de piedra tienen un especial encanto por lo bien integrados que se encuentran en el paisaje. Algunos de ellos tienen una precaria chimenea, apenas un orificio en el techo y una concavidad en el muro, no tienen puerta y en su interior solamente un hueco en la pared a modo de alacena, o simplemente un palo donde colgar los enseres y una lancha de piedra como asiento.

pajar de Garciotún levantado en adobe con el boquerón para cargar la paja en la troje

ARQUITECTURA POPULAR VI LA ARQUITECTURA POPULAR EN LAS RELACIONES DE FELIPE II

Chozos de Navalcán junto al Tiétar techados con escoba

Las Relaciones de Felipe ll como fuente de datos en cuanto a la utilización de materiales:

No parece que hace quinientos años fuera generalizado el uso de la piedra en nuestras construcciones, sino que su empleo ha ido aumentando paulatinamente desde entonces, en pueblos donde las edificaciones de piedra son hoy la mayoría, como en Castillo de Bayuela, en 1572 “son pocas aunque piedra hay mucha” o el caso de Gamonal donde solamente había «algunas casas de piedra tosca en los cimientos». Puente del Arzobispo es el único lugar donde además de los cimientos son también de piedra «algunas fronteras» (fachadas). Otros pueblos con piedra en los cimientos son San Martín de Pusa y La Estrella, donde además se especifica que la piedra es pizarrosa.

Muro de cantos rodados de cuarcita con ripio de fragmentos de teja en Alcaudete de la Jara

Es curioso constatar que en La Jara, donde tan rica ha llegado a ser la arquitectura de pizarra, sólo hubiera en aquel entonces muros de mampostería y barro en Aldeanueva de San Bartolomé y que en el resto de lugares jareños no se haga alusión nada más que a construcciones de tierra.

Talavera tenía edificios de «calicanto y ladrillo» y en Villanueva del Horcajo se utilizaba, como hoy en el cercano Montearagón, el aparejo de pequeño canto rodado con cal. En Cobisa, despoblado cercano a Calera, solamente se utilizaba la piedra para «esquinas y pilares». La mayor parte de los lugares de estas tierras de Talavera tenían sus edificaciones de barro y en las Relaciones así aparece. Dicen sus vecinos tener casas de tierra, de barro, de tapias, o de tapiería, y algunas de las Relaciones, como las de Illán de Vacas o Mañosa, especifican si las tapias son de dos, tres e incluso cuatro alturas.

El ladrillo, al contrario de lo que ocurre con la piedra, sí que aparece ya en el siglo XVI en los mismos lugares en los que todavía hoy se conserva la tradición de su utilización: Talavera, Valdepusa (San Martín), El Horcajo (Cerralbos, Cazalegas) y proximidades de Talavera ( Las Herencias, Cobisa). Tejares como los de Carrizo, próximos a Cebolla, o los de Talavera debían tener bastante centralizada la producción de tejas y ladrillos ya que, por ejemplo, en el caso del primero hay varias alusiones en los pueblos de su entorno en los mismos lugares en los que todavía hoy se conserva la tradición de su utilización.

En algunos lugares de construcciones terrizas se alude a las «rafas» o verdugadas de ladrillo y a los «machones» del mismo material que reforzaban las endebles edificaciones de barro. Aunque los tejados de retama o de paja  abundan más en los pueblos de La Jara, no son exclusivos de esta comarca, y así por ejemplo en Gamonal, Calera y Chozas y Alcañizo abundan las cubiertas vegetales en las casas. Todos son pueblos situados al oeste por lo que nos preguntamos si no tendría este hecho explicación por una influencia cultural extremeña.

En Robledo del Mazo se habla incluso de techos de zarzas. En Alcañizo o el Casar, por ejemplo, son de paja y en la mayoría de los pueblos son de retama con una mayor o menor proporción de viviendas tejadas.

Los muros en algunas ocasiones se revocaban con cal y arena

Son numerosas las referencias al tipo de madera que se utilizaba en las construcciones y concretamente al abastecimiento de pino desde Gredos, a través de Talavera en los pueblos situados al sur del Tajo.

Además de las maderas abundantes en el entorno de las villas y lugares a los que nos hemos referido en el capítulo anterior hay algunos datos interesantes que nos ilustran sobre la menor degradación del medio ecológico en aquella época, por ello se utiliza la madera de madroño en algunas localidades de La Jara, o el enebro, que no ha retrocedido tanto, en la Sierra de San Vicente y se utiliza por ejemplo en El Bravo o en Cardiel de los Montes.

Muros de mampostería granítica en Sotillo de las Palomas

En el Catastro de Ensenada podemos encontrar datos sobre tejares, hornos caleros y canteras que nos ayudarán a comprender el abastecimiento de materiales de construcción en el siglo XVIII.

Madoz en su Diccionario aporta algunas noticias sobre las construcciones en la Campana de Oropesa, y por ejemplo en 1845 son en Herreruela las casas “de piedra de grano sin labrar, con bastantes tapias toscas y de poco precio”, en El Torrico son de «piedra pizarrosa». En La Jara sí que es generalizado el uso de la piedra como describe Madoz en los apartados de Puerto de San Vicente y de Navalmoralejo.

Sencillo herraje para cerraduras muy numerosos en la Campana de oropesa y muchos de ellos fabricados por Bernardo Igual, herrero de Alcolea de Tajo

HIERRO:  Los herrajes, cerraduras, rejas, toda la clavazón y las grapas y abrazaderas de los muros y del maderamen eran generalmente fabricados por el herrero local, o adquiridos en Talavera, donde también conseguían el hierro estos artesanos.

ARQUITECTURA POPULAR V, LADRILLO, TEJA Y CAL

ARQUITECTURA POPULAR V, LADRILLO, TEJA Y CAL

Horno tejar cerca de Azután, junto al arroyo Andilucha
Horno tejar cerca de Azután, junto al arroyo Andilucha

EL LADRILLO

Volvamos al Diccionario de Autoridades, en él se nos dice que el ladrillo es «un pedazo de tierra amasado y cocido, de un pie de largo y algo menos de ancho y con tres de grueso, que sirve para la fabricación de casas». Esta definición corresponde con el ladrillo macizo «de era», tradicionalmente utilizado en nuestra arquitectura popular. Más estrecho y también muy utilizado es el de medio pie y, aunque hay otras medidas y formas caprichosas (redondos, estrella…) empleadas, sobre todo, en la arquitectura mudejarista de Toledo capital, no es frecuente su manejo en la zona en estudio y menos en la arquitectura estrictamente popular. Esas formas sencillas de ladrillo se pueden ver, sobre todo, en la misma Talavera y en el señorlo de Valdepusa, incluyendo los pueblos jareños de Navalucillos o Espinoso, en aparejos que luego describiremos.

Arquitectura en ladrillo y cuarcita típica de Navalucillos y Espinoso del Rey
Arquitectura en ladrillo y cuarcita típica de Navalucillos y Espinoso del Rey

En el resto de las tierras de Talavera solamente se utilizan en remate de los muros, esquinazos; apoyo de las boquillas del tejado, y en algunos machones y verdugadas que refuercen las estructuras de adobe o tapial. No es tema de este estudio una descripción detallada de los tejares y sus procesos de fabricación, pero sí diremos que Talavera, por su tradición alfarera, estuvo desde antiguo bien servida de tejares para la fabricación de tejas y ladrillos, incluso hasta un nivel industrial, pero eso no impidió que repartidos por sus tierras se encuentren, aún hoy, numerosos hornos de tejar que abastecían a los pueblos e incluso exclusivamente a fincas y dehesas.

En estos hornos se cocían los ladrillos tras sacarlos de sus moldes o «gradillas» introduciéndolos por la parte superior del tejar a través de la “boca de carga” y colocándolos con espacios intermedios de aireación que les daba un peculiar aspecto que hizo que se les denominara con el significativo nombre de «hormigueros». Unos arcos de ladrillo en forma de parrilla separaban a estos hormigueros del foco de calor que se cargaba de leña por una entrada lateral e inferior o «boca de dar fuego».

Para solado, pero bastante restringidamente, se utilizaban los ladrillos cuadrados o baldosas que precisaban de una cocción a mayor temperatura y un tipo de barro algo diferente, que les dieran una mayor resistencia.

TEJA:

Tejadillo típico en Sevilleja de La Jara
Tejadillo típico en Sevilleja de La Jara

La teja árabe es la que únicamente se ha utilizado en nuestra arquitectura popular y se enriende por tal «una pieza de barro cocida hecha en forma de canal, para cubrir por fuera los lechos y recibir y vaciar las aguas de las lluvias».

Sus dimensiones clásicas son de cuarenta y dos por quince por veinte centímetros, y solamente puedo utilizarse en pendientes superiores al veinticinco por ciento, para evitar el reflujo de las aguas, e inferiores al cuarenta por ciento de forma que no resbalen las tejas. El barro destinado a la fabricación de tejas no debe contener cal para evitar poros y grietas que originarían goteras. Un molde metálico recibe el barro y el llamado “burrito de madera” comprime al mismo dándole forma de teja que luego cocerá en el tejar.

CAL:

Horno de cal o calero en la Fresneda de la Jara
Horno de cal o calero en la Fresneda de la Jara

La cal era utilizada tanto para la elaboración de argamasas que unieran los mampuestos como para el blanqueo o «enjalbegado» de los muros. Las rocas calizas se extraían de las vetas que afloraban a cielo abierto y en las proximidades se construían los hornos de cocer la cal o «caleros». Estas explotaciones están distribuidas por toda la geografía talaverana pero es en el pueblo de Montesclaros donde se produjo, por la abundancia de yacimientos calizos, una mayor especialización de sus habitantes en el aprovechamiento de la cal.

Desde esta villa, la cal era conducida en mulas y carretas basta Talavera, donde era distribuida a todos los pueblos deficitarios en este material. Era tal el trasiego de cal que incluso en la toponimia ha quedado un «camino de los caleros» y también es frecuente la denominación de parajes e incluso pueblos (Calera) y despoblados (La Calera) por la existencia de hornos de cal en ellos. Como es lógico, en los terrenos aluviales del Tajo no encontramos estas explotaciones calizas, pero con una mayor dispersión que en Montesclaros sí que podemos hallarlas en la Jara y Valdepusa, por ejemplo en Fuentes, La Fresneda o Pueblanueva, además de en otros lugares del berrocal como Mejorada, Segurilla y Pepino. Dentro de la Campana de Oropesa es curiosa la concentración del cerro de Los Caleros en El Torrico .Con sus hornos y las casillas de los artesanos. Para hacer el mortero de cal los albañiles hacían un círculo de arena, colocaban los pedazos de cal viva en su interior y añadían el agua, haciendo la mezcla con legones a continuación.

ARQUITECTURA POPULAR EN LAS TIERRAS DE TALAVERA III, OTROS MATERIALES

ARQUITECTURA POPULAR EN LAS TIERRAS DE TALAVERA III, OTROS MATERIALES

Muro de cuarcitas en Piedrescrita
Muro de cuarcitas en Piedrescrita

Cuarcitas: En los canchales de los terrenos terciarios de La Jara se encuentran bloques de cuarcita fragmentada con formas poliédricas que, por la limpieza de fractura de sus caras y lo anguloso de sus formas, se emplean directamente en la construcción de muros, principalmente en las zonas serranas qua están más próximas a los canchales o pedrizas.

Si descendemos a las tierras de raña, las cuarcitas que allí encontramos son más redondeadas por un mayor rodamiento además de tener un menor diámetro. Se utilizan también en mampostería y si sus formas son excesivamente redondeadas se fragmentan en dos con un golpe de almadana y así so consiguen dos buenas caras para el exterior do los muros. Si seguimos bajando, en los valles jareños o en los terrenos aluviales de los ríos de toda la comarca, encontramos la cuarcita en forma do cantos rodados de difícil utilización en los muros de las viviendas por la poca resistencia de los aparejos con ellos conseguidos, pero que sí se empleaban en las cercas preparando las dos caras externas del muro con estos cantos superpuestos y una capa central de barro que los aglutinaba, aunque era necesario cubrir el muro en su parte superior con teja, ladrillo o un “bardal” o cubierta vegetal, que protegieran la valla de las aguas.

Camino engorronado en Belvís de La Jara
Camino engorronado en Belvís de La Jara

En las comarcas graníticas podemos encontrar también cantos rodados de este material, como es el caso de las gargantas del valle del Tiétar, en la parte norte de la sierra de San Vicente o en Navalcán y Parrillas, más al oeste.

Todos estos aparejos en los que se utiliza el canto rodado precisan de un más elaborado ripio para el ajuste de la mampostería. El “engorronado”, con pequeños cantos rodados, fue el pavimento más utilizado en nuestros pueblos, incluso en Talavera, donde todavía hoy puede observarse en las calles del Hospital o San Sebastián por ejemplo.

Machón en aparejo de ladrillo y cantos rodados
Machón en aparejo de ladrillo y cantos rodados

En la subcomarca del Horcajo hay una excepción a la utilización de cantos rodados en muros de carga, aquí sí se utilizaban, aunque unidos por argamasa, por la escasez de estos materiales.

Construcción del valle de Valdevendega levantada con lentejones de caliza
Construcción del valle de Valdevendega levantada con lentejones de caliza

Piedra caliza: Dado que en nuestra comarca existen escasos afloramientos de roca caliza es muy infrecuente su utilización. Solamente he hallado un ejemplo en el valle de Valdevendega cerca de Pueblanueva. Se empleaban pequeñas piedras aplanadas o lentejones para la construcción de muros de aparejo en espiga.

Pizarras como remate de muros y aleros en La Jara
Pizarras como remate de muros y aleros en La Jara. Los muros son de mampostería de pizarra de colores más ferruginosos

Pizarra: El único lugar de nuestra tierra donde puede encontrarse pizarra en abundancia es en La Jara, principalmente en los valles del río Uso y del Jébalo. En el valle medio del Uso es donde se halla la pizarra de mayor calidad, es de color negro y más dura, por lo que de ella se extraen lajas más grandes y delgadas. Incluso hoy día se explotan canteras de pizarra en la zona del Uso próximas a La Nava de Ricomalillo y Fuentes.

Las pizarras de colores ferruginosos y grises se hallan repartidas por casi toda la comarca jareña pero son de inferior calidad.

La pizarra se emplea en el levantamiento de muros pero con barro como aglutinante, siendo raras las paredes hechas con pizarra y mortero de cal.

Con las lanchas más fuertes y regulares se pueden solar viviendas y cuadras, o se forman alacenas, poyos y bancos corridos en las cocinas, y también se emplean en el remate superior de los muros, donde se apoyan las últimas tejas de “las canales” formando los aleros.

Algunos chozos jareños tienen la techumbre formada por una falsa bóveda hecha mediante superposición de las lanchas algo desplazadas hacia el centro de la bóveda.

Techo de pizarra en un chozo. Está construido por aproximación de hiladas o falsa cúpula
Techo de pizarra en un chozo. Está construido por aproximación de hiladas o falsa cúpula

Las pizarras de estas tierras no tienen la suficiente calidad como para cortarse en lajas tan finas que se puedan usar para tejados, salvo en pequeñas superficies techadas de construcciones menores, como hornos, zahurdas o chozos.

Igual que el granito, las lanchas de un mayor grosor se emplean para enlosado de lavaderos, abrevaderos, canales, albercas y en algunas ocasiones para suelos doblados de extensión limitada, como es, el caso de los palomares, que se construyen mediante un entramado de palos sobre los que se sostienen las pizarras.

Portera de enebro en el real de San Vicente, tal vez la madera más resistente a la intemperie de nuestro entorno
Portera de enebro en el real de San Vicente, tal vez la madera más resistente a la intemperie de nuestro entorno

Madera: Varía mucho su utilización según la especies disponibles en cada zona, y así el castaño sí que era empleado en la sierra de San Vicente o en los pueblos serranos de La Jara, pero en tierras más bajas se aprovechaba el álamo, la encina, el fresno y el enebro para vigas y pilares aunque cuando se precisaba de vigas y alfangías o cuartones de mayor calidad o más largas y rectas se compraba madera de pino traídas desde Arenas de San Pedro o La Adrada.

Desde la Edad Media era importante Talavera como centro de intercambio de mercancías del gremio de carreteros que, con una organización similar a La Mesta, llegaban a nuestra ciudad con sus cargamentos madereros para después seguir viaje hasta Sevilla cargados de loza talaverana.

De ese ir y venir a Gredos aún nos quedan testimonios como las ruinas del parador de San Prudencio en término de Velada donde pernoctaban estos carreteros para saliendo de madrugada llegar a Talavera a la mañana siguiente.

Chozo de la majada de Braguillas techado con escoba
Chozo de la majada de Braguillas techado con escoba

Otros materiales vegetales empleados en la construcción vernácula eran la caña, la jara, la retama, la escoba y la paja, además del ramón o rama fina de los árboles utilizado para cubierta de muros o bardales o en zahúrdas.

ARQUITECTURA POPULAR II: EL GRANITO

ARQUITECTURA POPULAR II: EL GRANITO

Mampostería de granito con ripio de pizarra y ladrillo en Aldeanueva de barbarroya
Mampostería de granito con ripio de pizarra y ladrillo en Aldeanueva de barbarroya

Varios son los afloramientos graníticos de la comarca en estudio, el más extenso es el formado por la sierra de San Vicente y las elevaciones, próximas a Talavera de El Berrocal que no son sino prolongaciones hacia el oeste de esa tierra.

Desde la desembocadura del rio Jébalo, el Tajo vuelve a encajonarse y hace asomar el zócalo continental pétreo, de ahí que hasta su entrada en Extremadura, los pueblos más cercanos a sus orillas dispongan de granito en abundancia para sus construcciones. Lugares como Aldeanueva de Barbarroya ya en tiempos de Felipe ll tenían las casas «hechas de piedra e tierra e teja, todo del mesmo lugar».

En la orilla norte la abundancia de la roca se extiende hacia el norte alcanzando a Oropesa y los demás pueblos de su entorno más o menos encaramados en la sierrecilla granítica que domina todo el Campo Arañuelo, y así por ejemplo Herreruela en el siglo XIX y según Madoz, tiene sus casas fabricadas «de piedras de grano sin labrar con bastantes tapias toscas y de poco precio». Otros afloramientos graníticos mas puntuales salpican el territorio, como es el caso de Santa Ana de Pusa, Navalcán y Parrillas.

Enlosado granítico en Herreruela de Oropesa
Enlosado granítico en Herreruela de Oropesa

Esta roca se utiliza en toda su variedad de dimensiones y formas, como por ejemplo los fragmentos de menor tamaño, y más o menos aplanados, que se utilizan como «ripio». Éste es el relleno que separa los bloques de mampostería, calzando y ajustando a los mismos por presión. Este ripio procede en muchas ocasiones de la fragmentación de los materiales rocosos quebrados o desechados, y así lo define el «Diccionario de Autoridades».elementosarqgranito

Cuando las piedras son de formas más cúbicas y de un mayor volumen se utilizan para la construcción de los muros “en seco” si las piedras no están unidas por argamasa, o en mampostería cuando sí que se utiliza mortero de cal para la unión de los bloques entre sí, pero sin guardar orden en tamaños y medidas. Puede que para ir conformando el muro se utilice en lugar del mortero de cal y arena simplemente el barro como aglutinante en los muros.

Cantero introduciendo las cuñas en las cuñeras que ha labrado previamente
Cantero introduciendo las cuñas en las cuñeras que ha labrado previamente

Como los suelos de estas zonas graníticas suelen ser aptos principalmente para pastos, las “cercas” y “vallaos” que separan unos prados de otros se fabricaban en seco con las piedras que, dispersas por los prados, molestaban el crecimiento del pasto en esos mismos terrenos. Con una “narria”, que es una rastra triangular de palo tirada por caballerías y sin ruedas.  Se transportaban los grandes bloques de piedra de un lugar a otro sirviéndose del auxilio de palancas y de rodillos.

Los vallaos se levantaban con piedras de diferentes tamaños; desde pequeñas lanchas superpuestas hasta grandes lajas colocadas verticalmente, pasando por los más habituales bloques de tamaño medio y formas más o menos cubicas. Cuando sobraba piedra de la limpieza del prado se amontonaba en los llamados majanos, que en ocasiones servían parael deslinde de tierras o el señalamiento de caminos.

Las grandes lanchas graníticas se utilizaban también como dinteles de las «porteras» de entrada a cercas y corrales. El granito ya trabajado sirve asimismo para todo tipo de recercado de vanos, jambas, dinteles, ménsulas, etc. Los postes graníticos se utilizaban para sostener las parras y enramadas, y en longitudes memores para el tendido de vallados de alambre. El granito labrado o sin labrar se ha utilizado para el enlosado de zonas húmedas (abrevaderos, lavaderos) y encenagadas por el estiércol (corrales, cochineras), o simplemente para el piso de patios y viviendas.

Puerta de un corral formada por grandes bloques graníticos como jambas y dintel
Puerta de un corral formada por grandes bloques graníticos como jambas y dintel

Aunque no es muy frecuente, pequeños lentejones sin labrar colocados en hileras de piedras inclinadas en un sentido las de una fila y en el opuesto las de la siguiente, es decir «en espiga», se utilizaban para la elevación de cercas en lugares donde no abundaba el material de mayor tamaño. Otras veces se uülizaban estas losetas irregulares como remate superior de los vallados en una sola hilera.

Hasta ahora hemos visto, sobre todo las formas de utilización del granito tal como se encuentra en la naturaleza. Si ya intervienen los canteros nos encontraremos con distintos grados de trabajo y acabado en la piedra. El «esbastao» consiste simplemente en eliminar, con una maceta o una almadana los ángulos y salientes de las piedras que nos son molestos para su utilización. La piedra “del corte” es aquella que se ha obtenido por fragmentación de un batolito mediante cuñas metálicas que se introducen en las «cuñeras», éstas son orificios longitudinales abiertos en la roca con punteros.

Portada típica de la zona de la Campana de Oropesa en sillería granítica
Portada típica de la zona de la Campana de Oropesa en sillería granítica

Con esta operación se consiguen formas de escaso acabado que el «abujardao» procura hacer menos toscas; la bujarda es una herramienta con forma de mazo pero con salientes múltiples y piramidales en su cara de impacto. El picado, labrado, e incluso lijado de la piedra acabarán dando una textura más o menos fina a la misma. Se denomina sillería a la construcción con estos materiales debidamente escuadrados y labrados.

Muro de mampostería en Herreruela con sillería en la ventana
Muro de mampostería en Herreruela con sillería en la ventana

La fragilidad y descomposición, el color, y el grano de la piedra ha dado fama a determinados pueblos por la calidad de su granito como es el caso de Valdeverdeja, Lagartera o AIdeanueva de Barbarroya. En otros lugares como la sierra de San Vicente se ha trabajado poco la sillería, aunque sí que abunda la mampostería, en parte, por una menor calidad de los granitos de la zona.

ARQUITECTURA POPULAR 1: CONDICIONANTES CLIMÁTICOS, GEOGRÁFICOS E HISTÓRICOS

ARQUITECTURA POPULAR 1:

CONDICIONANTES CLIMÁTICOS, GEOGRÁFICOS E HISTÓRICOS

Comenzamos hoy con una serie de artículos sobre la arquitectura popular de las Tierras de Talavera. Hoy, condicionantes climáticos, geográficos e históricos

Arquitectura popular de Valdeverdeja
Arquitectura popular de Valdeverdeja

Talavera y su entorno, como zona históricamente fronteriza, oomo nudo de comunicaciones desde la antigüedad, ha sido influenciada por las culturas próximas y por los pueblos que por aquí han  pasado.

No se puede por tanto hablar de homogeneidad en su arquitectura popular, como sucede en muchos otros de sus elementos culturales y etnográficos. La variedad es la ley en esta oomarca natural de Talavera que como tal estudiaremos, olvidando las divisiones históricas o administrativas.

Podemos diferenciar, sin embargo, algunas subcomarcas con características propias, aunque sin trazar líneas de división absolutas. Sierra de San Vicente, Jara Alta, Jara Baja, Campana de Oropesa, Valdepusa, o el Valle del Tajo y el Horcajo son estas subcomarcas que más tarde estudiaremos específicamente.

Labranza en La Jara
Labranza en La Jara

Veremos reflejadas las influencias extremeñas, castellanas, leonesas y toledano-mudejaristas que han impregnado la estética y el utilitarismo de la vivienda en estas tierras. No son solamente condicionantes geográficos y culturales los que modifican la arquitectura sino que las variantes climáticas, la disponibilidad de materiales y las vías de comunicación, influirán en las formas de hábitat humano.

Climatología de la comarca de Talavera
Climatología de la comarca de Talavera

Condicionantes climáticos

El clima mediterráneo continental es común a toda nuestra comarca pero la occidentalidad nuestra situación lo suaviza un tanto dándole ciertas características oceánicas, como son una menor extremosidad en las temperaturas y algo más de pluviosidad que en los climas puramente mesetarios.

Otros factores son más locales como la humedad ambiente del valle del Tajo, la proximidad a Gredos de los pueblos más norteños o la cercanía de las sierras jareñas o de San Vicente a otras localidades.

En la Jara Baja, el régimen de precipitaciones es el de los climas secos, con precipitaciones medias anuales que no llegan a superar los quinientos milímetros por metro cuadrado, a medida que nos aproximamos al valle del Tajo aumentan las lluvias hasta aproximarse al clima casi subhúmedo de la misma Talavera con casi seiscientos milímetros o Calera con seiscientos treinta.

También es clima subhúmedo el de las cumbres jareñas o el de la Sierra de San Vicente. Solamente encontramos clima húmedo dentro de nuestra comarca en la parte más noroeste, en las zonas más cercanas a Gredos de los términos de Ventas de San Julián y Oropesa, con precipitaciones cercanas a los mil milímetros por metro cuadrado.

La influencia oceánica se manifiesta además en un menor número de heladas, y aunque las temperaturas máximas son similares a las del resto de la región, la temperatura media anual es por ello algo superior, debido a lo cual en pueblos como Calera, Cazalegas, Valdeverdeja o Talavera las temperaturas medias anuales son 16.6, 15,4, 15,7 y 15,3 respectivamente.

Arquitectura popular de El Casar de Talavera
Arquitectura popular de El Casar de Talavera

La nieve no suele resultar un problema salvo en las dos zonas serranas ya aludidas y en escasas ocasiones.

Aunque con las matizaciones reflejadas, no deja el nuestro de ser un clima mesetario con heladas invernales y veranos muy secos, con temperaturas que sobrepasan los cuarenta grados y con más de tres mil horas anuales de insolación.

Referencias históricas

A finales del siglo XVI se recogieron en buen número de los pueblos de nuestra comarca las llamadas «Relaciones de Felipe II », en ellas se interrogaba sobre diferentes cuestiones a los vecinos relevantes de villas y lugares y en las preguntas numeradas como 30 o 35, según el cuestionario de 1568 o el del año 1572 respectivamente, se pide que se diga “la suerte de las casas y edificios que se usan en el pueblo, y de qué materiales son, y si lo hay en la tierra o los traen de otra parte”.

Esgrafiados típicos en una vivienda de Cazalegas
Esgrafiados típicos en una vivienda de Cazalegas

El análisis de todos los datos extraídos de estas Relaciones nos aporta interesantes detalles sobre tradiciones arquitectónicas, utilización y extracción de materiales con el origen de los mismos, e incluso dimensiones de las viviendas. Tienen estos valiosos cuestionarios, el inconveniente de no haberse realizado o no estar publicados los correspondientes a los pueblos de la Campana de Oropesa y muchos de la sierra de San Vicente. En las «cartas puebla» con las que los señores medievales regulaban los nuevos asentamientos en sus territorios también se hallan algunas noticias sobre las características mínimas exigidas por el feudal a los repobladores de su señorío para la construcción de sus viviendas.

Del Catastro de Ensenada, realizado a finales del siglo XVIII pueden también entresacarse algunas referencias a las características y dimensiones de los inmuebles objeto de esta recopilación de datos fiscales. Pero para lo que nos interesa aquí es preciso conocer sobre todo las denominadas respuestas individuales de dicho Catastro.

El Diccionario Geográfico de Pascual Madoz (1845) nos ofrece escasos apartados donde a lo sumo se hacen alusiones a la calidad general de las viviendas de una localidad determinada.

Mucho más interesante es el Diccionario de los Pueblo de la Provincia de Toledo de Luis Monreno Nieto que, escrito a mediados del siglo pasado, acumula gran cantidad de referencias no solo a los materiales de las clases populares sino también a sus plantas, distribución, aparejos e incluso salubridad, y todo ello, justo en la época anterior a la masiva destrucción de nuestro patrimonio de arquitectura vernácula.