CAMINO DE LOS BANDOLEROS A GUADALUPE (14) OBSERVAMOS LOS BUITRES Y LLEGAMOS A ALÍA

Buitreras de peña Amarilla

Ascendemos ahora cuatro kilómetros y encontramos un miradero desde el que se puede observar un paraje de gran belleza junto al desfiladero de la Peña Amarilla. Enfrente  observamos unas cuevas en torno de las que sobrevuelan numerosas aves entre las que podemos distinguir numerosos buitres. Abajo, apenas pueden vislumbrase las aguas del río que percibimos más bien por el ruido que hacen al discurrir bajo las umbrías de las alisedas.

Muy cerca, siguiendo camino hacia Alía, se ha abierto recientemente una casa rural donde podemos alojarnos,  comer o adquirir productos locales. A partir de aquí está señalizado el antiguo camino que nos conduce hasta Alía, aunque si lo deseamos podemos continuar por la carretera.

Buitre Leonado

 EL REY DE LAS CRESTAS

En las cumbres de las descarnadas crestas cuarcíticas de las sierras de La Jara y Las Villuercas podemos observar manchas blanquecinas sobre las paredes verticales de los riscos. Están producidas por los excrementos de las colonias de buitres que anidan en estas atalayas rocosas.

El buitre leonado ( Gyps Fulvus ) es el más abundante en la zona con más de ciento treinta parejas anidando en estos cantiles. Se distingue por su color pardo y por su cuello carnoso y desnudo al que adorna una corona de plumas también pardas. Tiene una longitud de hasta ciento veinte centímetros y una envergadura de dos metros y medio.

Aprovechan las corrientes térmicas para lanzarse desde las cumbres y desarrollar su vuelo majestuoso de observación del territorio. Cuando perciben la presencia en los valles o en las dehesas de algún animal muerto comienzan a volar en círculos descendentes que delatan la presencia de carroña a sus compañeros en varios kilómetros a la redonda.

En las zonas más elevadas e inaccesibles forman sus colonias de nidificación donde cada pareja cuida de su único polluelo, alternándose para su protección y utilizando el mismo nido durante varios años. También podemos encontrar en la zona al buitre negro (Aegypius Monachus ) que anidan más frecuentemente en los bosques, sobre las copas de grandes encinas o alcornoques, pero que a veces comparte la comida con el buitre leonado, el cual aprovecha en mayor medida las vísceras y el interior del cadáver, mientras que el buitre negro come con preferencia las partes más duras y correosas.

Empedrado en la entrada de la iglesia de Alía

ALÍA

El mismo nombre de Alía lleva marcada la presencia musulmana en su territorio pues, según algunos autores, querría decir “la alta” en árabe. Otros quieren ver en la palabra la huella histórica de un moro llamado Alí y los más aventurados van más lejos con su imaginación y se atreven a decir que Alía es la “Helice” que atacó el caudillo cartaginés Amílcar Barca. Existen referencias a la existencia de tres antiguas fortificaciones en el pueblo, una en el cerro de Santa Catalina, otra en las inmediaciones del actual casco urbano y la última, con leyenda de moros incluida, en el llamado Cerro del Moro.

Alía es junto a Valdecaballeros uno de los primeros pueblos de La Jara que se hicieron villa durante el reinado de Felipe II, dejando así de pertenecer a las Antiguas Tierras de Talavera, aunque en muchos aspectos como los económicos, históricos o geográficos persistieron los antiguos vínculos. Así lo demuestra por ejemplo que todavía en el siglo XVII tuviera Alía que pleitear para no tener que acudir hasta Talavera con su ofrenda durante las fiestas de Las Mondas, o que la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera vigilara sus caminos hasta bien entrado el siglo XIX.

Puente camino de Alía

Sancho IV el Bravo había donado a Talavera para su repoblación tres grandes dehesas al sur del Tajo, una de ellas era la del Puerto de Ivan Román dentro de la cual estaban incluidas Alía y la actual Puebla de Guadalupe, ya que en la antigua demarcación del pueblo que hoy visitamos, en la conocida entonces como Dehesa de los Guadalupes, es donde, según la tradición, tuvo lugar la aparición de la Virgen fundándose después el monasterio. En el año 1337 Alfonso XI, por privilegio concedido en Sevilla, segregaría  las tierras del monasterio del término de Alía y por tanto del alfoz talaverano.

En 1455 el arzobispo Carrillo gana una sentencia contra el maestre de la orden de Alcántara, don Alfonso de Sotomayor y contra su villa de la Puebla de Alcocer. El proceso se inició porque, favorecido el maestre por su amistad con el condestable don Álvaro de Luna, había usurpado en tiempos de Juan II gran parte de las tierras talaveranas del sur y el arzobispo y su villa reclamaban sus derechos. En 1460, hallándose el noble don Juan Gaitán en Alía, comisionado por el concejo talaverano, se hizo el deslinde y amojonamiento entre Guadalupe y Talavera, aunque son numerosos los pleitos entablados entre la villa del Tajo y el monasterio por  cuestiones de utilización de pastos por los ganados guadalupanos, tránsito de vino, trigo y otras mercancías por los términos de Alía camino de Guadalupe o por haber labrado los habitantes de La Puebla de Santa María en tierras de Alía, que más tarde se encontró también vinculada al señorío del marqués de Cortes de Graena.

Durante 1835 el pueblo sufrió las correrías de las partidas carlistas y en la Guerra Civil fue abundante la sangre derramada por los excesos de ambos bandos. En la posguerra también soportaron muchos de sus habitantes la represión derivada de la presencia de maquis en el territorio y los violentos métodos del teniente coronel Gómez Cantos encargado de su persecución.

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