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ARTE RUPESTRE EN LA NAVA

GRABADOS RUPESTRES EN LA NAVA DE RICOMALILLO

Detalle de los grabados de La Nava de Ricomalillo con hombres esquemáticos o "homúnculos"
Detalle de los grabados de La Nava de Ricomalillo con hombres esquemáticos o “homúnculos”

Estos grabados fueron descritos por primera vez por el autor de esta WEB y son una muestra del conocido como Arte Esquemático de la Edad del Bronce.

Los primeros pastores y agricultores de La Jara dejaron su arte sobre un afloramiento de lanchas de pizarra que emergen orientadas al sur junto a un camino en el paraje conocido como La Parrilla. Se sitúan al oeste de la población de La Nava de Ricomalillo en un paraje con amplia visibilidad sobre los jarales y pobres prados y barbechos del entorno.

Risco de pizarra sobre cuya superficie se han hecho los grabados
Risco de pizarra sobre cuya superficie se han hecho los grabados

 

Como en muchos de estos casos podemos ver pequeños homúnculos o hombrecillos esquemáticos piqueteados sobre la piedra, parecen representar una escena bélica o una danza guerrera y algunos de ellos tienen un curioso trazado que hace pensar al primer vistazo en una escuadrilla de aviones. Otros signos además de estos antropomorfos toman formas vulviformes, ancoriformes o puntiformes, aunque también se pueden ver otras inscripciones más modernas que completan el cuadro como alguna letra o lo que pudiera ser algún arma.

Panel principal de los grabados de La Nava de Ricomalillo
Panel principal de los grabados de La Nava de Ricomalillo

La estación rupestre se encuentra junto al camino que une La Nava de Ricomalillo con el río Uso y la Vía del Verde de La Jara,  y antes de llegar encontramos también la Fuente del Oro, de donde también cogían agua los lugareños para curar sus dolores reumáticos.

Algo más arriba, sobre la misma barrera a los pies de la que se sitúan los grabados, se encuentra una pequeña fuente con unos antiguos y precarios baños terapéuticos. Vemos como en otros casos, que estos lugares con arte rupestre coinciden con fuentes o baños a los que las gentes atribuyen propiedades mágicas o terapéuticas.

SOROLLA EN LAGARTERA

SOROLLA EN LAGARTERA

Grupo de lagarteranos en la obra Visión Española de Sorolla en la Hispanic Society de Nueva York. Escena de la "Fiesta del pan"
Grupo  con tipos lagarteranos en la obra “Visión Española” de Sorolla en la Hispanic Society de Nueva York. Escena de la “Fiesta del pan”

Estando en París el pintor valenciano de la luz el año 1911 recibe del magnate y gran amante de la cultura española Milton Hungtinton, el encargo de pintar los enormes murales que decorarían en Nueva York la Hispanic Society.

Se trata de una gran obra que se ha dado en llamar “Visión de España” con nada menos que 70 metros de largo y tres y medio de alto en el que se recogen figuras de personajes españoles de diferentes zonas del país en escenas que reproducen monumentos, fiestas y tradiciones.

El año siguiente el gran pintor invertirá su tiempo en recorrer España haciendo bocetos de tipos de todas las regiones para realizar un conjunto pictórico de inconmensurable belleza y de una gran superficie en el que queda reflejada entre otras cosas toda la variedad de la indumentaria popular.

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LA ERMITA DE CHILLA Y SU LEYENDA

LA ERMITA DE CHILLA Y SU LEYENDA
Erimta de la Virgen de Chilla en Candeleda
Erimta de la Virgen de Chilla en Candeleda
En un espléndido entorno se encuentra la ermita de la Virgen de Chilla, patrona de Candeleda, pero también muy vinculada a lugares tan lejanos como Calera y Chozas o Mejorada. Cuenta la leyenda que un pastor llamado Finardo, natural de Calera, cuidando sus ganados en el entorno de su pueblo, vio como se le aparecía la Virgen en dos lugares distintos del término de esa localidad. Uno de ellos se encuentra en las inmediaciones de la Vía Verde de la Jara, y en el lugar se ha construido una nueva ermita dedicada a la Virgen, aunque se ha cambiado el nombre de Virgen de Chilla por el Virgen del Valle. En la anterior capillita que existía en el lugar se puede ver una piedra con una curiosa inscripción  de difícil interpretación sobre la que es tradición tuvo lugar la aparición. Los caleranos, cuenta la leyenda, que en principio no hicieron caso al pastor, considerando que lo que contaba sólo eran fantasías, pero cuando éste se encontraba con su rebaño en las inmediaciones de la garganta de Chilla, tuvo lugar una nueva aparición en la que la Virgen curó una de sus cabras, lo que en este caso sí fue creído por las gentes de Candeleda porque María le estampó al pastor dos dedos en su rostro, y por ello erigieron una ermita en el lugar.

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RUTA DE LOS DÓLMENES

RUTA DE LOS DÓLMENES

Dolmen de Azután con el corredor en primer plano
Dolmen de Azután con el corredor en primer plano

Nos dirigimos en esta ocasión hacia Puente del Arzobispo, cruzamos el puente, tomamos la carretera de La Estrella e inmediatamente de pasar junto a una gravera se encuentra a la derecha, sobre una pequeña elevación, el dolmen de Azután. Observaremos el conjunto rodeado por un túmulo de tierra y piedras. Orientado a poniente un pequeño pasillo o corredor formado por grandes lajas de granito nos conduce a un recinto circular, también formado por dos hileras concéntricas de  grandes lajas, llamadas ortostatos por los arqueólogos.

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HISTORIA DE LOS MOLINOS DE AGUA (y II)

SEGUNDA PARTE DE LA HISTORIA DE LA MOLINERÍA DE MI LIBRO AGOTADO “Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo”

Autor:  Miguel Méndez-Cabeza

Ruinas del cárcavo de un molino en el Tiétar
Ruinas del cárcavo de un molino en el Tiétar

Mediante los molinos de sangre, dos hombres o un asno molturaban en la antigüedad unos cinco kilogramos en el mismo tiempo que un molino de agua de potencia media (5-10 Cv) conseguía moler 180 kilogramos de cereales. Este hecho y la gran difusión que durante el siglo XII alcanza este ingenio, han llevado a que en la historia de la tecnología algunos autores hallan considerado esta centuria como el verdadero inicio de la revolución industrial. Esta afirmación puede parecer exagerada, pero si tenemos en cuenta que en el siglo XIX toda una serie de industrias son movidas por turbina hidráulica -que no es sino una adaptación del modesto rodezno del molino harinero- y que esta turbina (fig. 3)  se adaptará posteriormente a la producción de energía eléctrica por la aplicación en 1855 de los principios de Faraday, podemos convenir al menos en otorgar al venerable molino de agua el título de abuelo del proceso industrial.

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BREVE HISTORIA DE LOS MOLINOS DE AGUA (I)

LOS MOLINOS DE AGUA DE LA PROVINCIA DE TOLEDO

(Fragmento del libro publicado por la Diputación de Toledo y ya agotado)

Autor: Miguel Méndez-Cabeza

Molinos de los Rebollos en el Tajo (Valdeverdeja)
Molinos de los Rebollos en el Tajo (Valdeverdeja)

I.- INTRODUCCIÓN HISTÓRICA A LA MOLINERÍA

   El concepto de máquina se define como el de “ un conjunto de piezas con movimientos combinados mediante el que se aprovecha una fuerza para producir un trabajo”. Podemos considerar al molino de agua -que es la aplicación más directa de la rueda hidráulica- como la primera máquina, el primer artificio que ahorra tiempo y energía al ser humano y a sus animales domésticos. Solamente la vela impulsó a las embarcaciones antes de que las aguas hicieran rodar las piedras de molino[1].

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HISTORIA DE LA ERMITA Y FIESTA DE SANTA APOLONIA

HISTORIA DE LA ROMERÍA Y ERMITA DE SANTA APOLONIA

Texto de un folleto editado por el ayuntamiento y cuyo texto escribimos el Colectivo “La Enramá”

Los romeros bailan ante la ermita de Santa Apolonia
Los romeros bailan ante la ermita de Santa Apolonia

Historia de una Tradición

La tradicional romería que Talavera de la Reina dedicaba a Santa Apolonia, cada nueve de febrero, se vino celebrando hasta finales de los años sesenta. Seguramente antes de que se abandonara el solar del pueblo que dio origen a la tradición; Peña del Cuervo. Era éste una de tantas aldeas que formaban el alfoz de Talavera y que se localizaba en la comarca del Berrocal. La ermita que hoy se conserva no es otra cosa que su pequeña iglesia parroquial, construida entre finales del XVI y principios del XVII. Su primera advocación fue la de San Silvestre. La aldea ya estaba prácticamente despoblada hacia finales de esta última centuria.

Pero vayamos por partes. En este solar se conoce la ocupación del hombre desde tiempos los romanos y la primera referencia histórica que tenemos se remonta nada menos que al año de 1288. Por esta época Sancho IV hizo donación de Mejorada y Segurilla a Juan García de Toledo, por los servicios prestados a la corona. En el amojonamiento entre aquéllos y Talavera podemos leer: “…e por el dicho camino viejo adelante a la asomante de Valdelenguas que va término de Talavera, e por hacer del Berrocal adelante como va a dar a la piedra de Santa Coloma, e por el dicho altor adelante como va a dar en la Torre del Almendral…” La localización no ofrece duda ya que el término de Mejorada discurre por el valle de Valdelenguas y la Torre del Almendral no es otra que la atalaya de El Casar de Talavera.

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MINEROS EN LA JARA, UN RELATO

MINEROS DE LA JARA, OCTUBRE 1877

Minas junto al río Uso en Sevilleja de la Jara
Minas junto al río Uso en Sevilleja de la Jara

Sentado sobre un montón de escorias, Agapito mira desolado hacia la bocamina. Observa el paisaje impregnado de esa suciedad triste que siempre acompaña a los trabajos mineros. Al fondo, en el nacimiento del río Uso, se oye la berrea de los venados que, con sus escaramuzas de macho en celo, demuestran que el impulso de la vida late todavía con fuerza entre los robledales y los alcornocales de la sierra. Agapito piensa que hasta los ciervos y los jabalíes son más felices que él, que la naturaleza es más generosa con las alimañas que con él mismo, aunque el cura les haya dicho tantas veces en los sermones que Dios hizo al hombre para que fuera el rey de la creación.

Había decidido cerrar su pozo cuando ayer murió su socio Manuel el de Almadén. Todo el mundo le llamaba así en Sevilleja porque, aunque era arriero, había sucumbido a la tentación de robar en los Guadarranques un par de caballerías a la comitiva de una marquesa en peregrinación a Guadalupe. Hirió al ser descubierto a uno de sus mozos y la Santa Hermandad lo hizo preso. La condena a las minas de azogue de Almadén era peor que una condena de muerte. Pero tuvo la suerte de que uno de los encargados fuera familia de su mujer y pudo regresar con vida. Manuel había perdido sus mulas y en el pueblo desconfiaban de él, ya no podría ser arriero. Vino con la salud muy resentida, con la sangre envenenada del mercurio, pero con la seguridad de que si la suerte le había salvado del azogue también le favorecería encontrando una buena veta de oro.

Ruinas de las "minas de Antonio" en Sevilleja
Ruinas de las “minas de Antonio” en Sevilleja

Agapito envolvió el cadáver de su compañero en unos sacos de arpillera y lo echó sobre la borrica. El animal también daba la sensación de estar triste y cansado de aquel lugar donde no se acercaban ni los cabreros. Solamente jarales amarillentos, como queriendo secarse, y esa tierra áspera de pizarras sin hierba que se extendía hasta Anchuras.

Cuánto esfuerzo y cuánta soledad, para que al final la miseria siguiera siendo la compañera de su vida. Miraba a sus albarcas y veía asomar sus pies teñidos del color verdoso del mineral. Había tenido que fabricarse él mismo su calzado con una raíz de fresno y unas lías de esparto, ya no tenían ni para comprar sal. Les quedaba pan de centeno mohoso y algún conejo que Manuel había cogido en los cepos. En primavera colocaba sus cañales sobre las chorreras del río y las anguilas y pececillos que cogía con destreza les ayudaban a matar el hambre. El hambre, siempre amenazante, siempre asomada en la boca del estómago, como advirtiendo de que podría llegar a ser más dolorosa.

Todos los árboles que rodeaban a la mina habían ido secándose cuando la lluvia quemaba las raíces con los venenos de las escorias. Solamente quedaba un fresno junto al arroyo con una rama gruesa y robusta de la que Agapito había pensado colgarse por el cuello en no pocas ocasiones. Ahora la miraba en silencio hasta que una urraca con su graznido le despertó de su ensimismamiento.

Era el cuarto pozo que abría, el cuarto intento de llegar a ser un hombre feliz sin tener que esperar jornales de otros para poder comer. Era tanto el entusiasmo y la esperanza en la fortuna que sintió la primera vez que abrió una galería en la tierra, que la puso por nombre Nueva California. A Agapito le habían contado que en ese lugar lejano se habían hecho ricos muchos como él. Su segundo intento se produjo cuando nació su hija Matildita y así llamó a este nuevo intento que también fracasó. En la tercera obtuvo algún dinerillo al principio de trabajar la veta, pero luego se agotó, acabando con la ilusión que había depositado en su mina Potosí, que hasta hizo que le escribieran el nombre en un tablón y lo clavó a la entrada.

Bocamina de las explotaciones de galenas argentíferas junto al río Uso
Bocamina de las explotaciones de galenas argentíferas junto al río Uso

Al levantarse, notó ese dolor en la espalda que, desde que le cayó encima uno de los encofrados, le mantenía despierto tantas noches. Se acercó al pozo y fue enrollando la escala de palos y cuerda. Mientras, recordaba la primera vez que entró en esta mina y el susto que se llevó cuando en una de las galerías inundadas encontró los huesos de un hombre que alguna guerra olvidada había dejado allí, como ocultándolo a la historia. Según el maestro del pueblo este pozo era obra de los antiguos y esto animó a Agapito a intentar buscar la veta que seguramente ocultaban sus entrañas.

El minero cogió los capachos de esparto remendados con los que había sacado tantas arrobas de escoria y los llenó con sus pobres pertenencias y sus herramientas. Picos, mazos, punteros, cuñas y almadanas colgaban junto al cuerpo de su amigo como si fueran las armas de un caballero. Tomó el camino polvoriento hacia Sevilleja. El polvo había sido el verdadero compañero de su vida. ¡Dios Santo! -pensó- cuánto polvo habré tragado en toda mi vida. Al entrar en el pueblo, los niños se apartaban aterrados al paso de aquel hombre de pelo y rostro sucios y renegridos.