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ARQUITECTURA POPULAR 1: CONDICIONANTES CLIMÁTICOS, GEOGRÁFICOS E HISTÓRICOS

ARQUITECTURA POPULAR 1:

CONDICIONANTES CLIMÁTICOS, GEOGRÁFICOS E HISTÓRICOS

Comenzamos hoy con una serie de artículos sobre la arquitectura popular de las Tierras de Talavera. Hoy, condicionantes climáticos, geográficos e históricos

Arquitectura popular de Valdeverdeja
Arquitectura popular de Valdeverdeja

Talavera y su entorno, como zona históricamente fronteriza, oomo nudo de comunicaciones desde la antigüedad, ha sido influenciada por las culturas próximas y por los pueblos que por aquí han  pasado.

No se puede por tanto hablar de homogeneidad en su arquitectura popular, como sucede en muchos otros de sus elementos culturales y etnográficos. La variedad es la ley en esta oomarca natural de Talavera que como tal estudiaremos, olvidando las divisiones históricas o administrativas.

Podemos diferenciar, sin embargo, algunas subcomarcas con características propias, aunque sin trazar líneas de división absolutas. Sierra de San Vicente, Jara Alta, Jara Baja, Campana de Oropesa, Valdepusa, o el Valle del Tajo y el Horcajo son estas subcomarcas que más tarde estudiaremos específicamente.

Labranza en La Jara
Labranza en La Jara

Veremos reflejadas las influencias extremeñas, castellanas, leonesas y toledano-mudejaristas que han impregnado la estética y el utilitarismo de la vivienda en estas tierras. No son solamente condicionantes geográficos y culturales los que modifican la arquitectura sino que las variantes climáticas, la disponibilidad de materiales y las vías de comunicación, influirán en las formas de hábitat humano.

Climatología de la comarca de Talavera
Climatología de la comarca de Talavera

Condicionantes climáticos

El clima mediterráneo continental es común a toda nuestra comarca pero la occidentalidad nuestra situación lo suaviza un tanto dándole ciertas características oceánicas, como son una menor extremosidad en las temperaturas y algo más de pluviosidad que en los climas puramente mesetarios.

Otros factores son más locales como la humedad ambiente del valle del Tajo, la proximidad a Gredos de los pueblos más norteños o la cercanía de las sierras jareñas o de San Vicente a otras localidades.

En la Jara Baja, el régimen de precipitaciones es el de los climas secos, con precipitaciones medias anuales que no llegan a superar los quinientos milímetros por metro cuadrado, a medida que nos aproximamos al valle del Tajo aumentan las lluvias hasta aproximarse al clima casi subhúmedo de la misma Talavera con casi seiscientos milímetros o Calera con seiscientos treinta.

También es clima subhúmedo el de las cumbres jareñas o el de la Sierra de San Vicente. Solamente encontramos clima húmedo dentro de nuestra comarca en la parte más noroeste, en las zonas más cercanas a Gredos de los términos de Ventas de San Julián y Oropesa, con precipitaciones cercanas a los mil milímetros por metro cuadrado.

La influencia oceánica se manifiesta además en un menor número de heladas, y aunque las temperaturas máximas son similares a las del resto de la región, la temperatura media anual es por ello algo superior, debido a lo cual en pueblos como Calera, Cazalegas, Valdeverdeja o Talavera las temperaturas medias anuales son 16.6, 15,4, 15,7 y 15,3 respectivamente.

Arquitectura popular de El Casar de Talavera
Arquitectura popular de El Casar de Talavera

La nieve no suele resultar un problema salvo en las dos zonas serranas ya aludidas y en escasas ocasiones.

Aunque con las matizaciones reflejadas, no deja el nuestro de ser un clima mesetario con heladas invernales y veranos muy secos, con temperaturas que sobrepasan los cuarenta grados y con más de tres mil horas anuales de insolación.

Referencias históricas

A finales del siglo XVI se recogieron en buen número de los pueblos de nuestra comarca las llamadas «Relaciones de Felipe II », en ellas se interrogaba sobre diferentes cuestiones a los vecinos relevantes de villas y lugares y en las preguntas numeradas como 30 o 35, según el cuestionario de 1568 o el del año 1572 respectivamente, se pide que se diga “la suerte de las casas y edificios que se usan en el pueblo, y de qué materiales son, y si lo hay en la tierra o los traen de otra parte”.

Esgrafiados típicos en una vivienda de Cazalegas
Esgrafiados típicos en una vivienda de Cazalegas

El análisis de todos los datos extraídos de estas Relaciones nos aporta interesantes detalles sobre tradiciones arquitectónicas, utilización y extracción de materiales con el origen de los mismos, e incluso dimensiones de las viviendas. Tienen estos valiosos cuestionarios, el inconveniente de no haberse realizado o no estar publicados los correspondientes a los pueblos de la Campana de Oropesa y muchos de la sierra de San Vicente. En las «cartas puebla» con las que los señores medievales regulaban los nuevos asentamientos en sus territorios también se hallan algunas noticias sobre las características mínimas exigidas por el feudal a los repobladores de su señorío para la construcción de sus viviendas.

Del Catastro de Ensenada, realizado a finales del siglo XVIII pueden también entresacarse algunas referencias a las características y dimensiones de los inmuebles objeto de esta recopilación de datos fiscales. Pero para lo que nos interesa aquí es preciso conocer sobre todo las denominadas respuestas individuales de dicho Catastro.

El Diccionario Geográfico de Pascual Madoz (1845) nos ofrece escasos apartados donde a lo sumo se hacen alusiones a la calidad general de las viviendas de una localidad determinada.

Mucho más interesante es el Diccionario de los Pueblo de la Provincia de Toledo de Luis Monreno Nieto que, escrito a mediados del siglo pasado, acumula gran cantidad de referencias no solo a los materiales de las clases populares sino también a sus plantas, distribución, aparejos e incluso salubridad, y todo ello, justo en la época anterior a la masiva destrucción de nuestro patrimonio de arquitectura vernácula.

SOBRE EL CORDERO Y OTROS PRODUCTOS TALAVERANOS

SOBRE EL CORDERO Y OTROS PRODUCTOS TALAVERANOS

Oveja de raza talaverana
Oveja de raza talaverana

 

Este texto se leyó en  presentación de la asociación para la recuperación del cordero de raza autóctona talaverana, AGRATA por el titular de esta web, Miguel Méndez-Cabeza y por Angel Monterrubio

Bienvenidos a esta ciudad milenaria que con su caótico ski-line engaña al visitante, pues entre sus mamotretos de ladrillo visto esconde murallas, iglesias y conventos que no dejarán de admirarles a poco que se sumerjan por su villa cercada.

Hace miles de años el río Tajo no hacía honor a su nombre y aquí enfrente discurría por un ancho cauce lleno de islotes por donde era fácilmente vadeable por hombres y ganados. Al norte el farallón de Gredos, la espina dorsal de las Españas según Unamuno presenta un lugar accesible por donde se comunicaban las dos mesetas. Talavera es por tanto un cruce de caminos que se sitúa junto al mejor vado del Tajo y el más cercano al puerto del Pico.

La tribu céltica de los vetones recorría con sus ganados estas cañadas y dejaba por toda nuestra geografía sus verracos de piedra. Nuestra gran comarca, desde el Tiétar al Guadiana desde el Cedena hasta el Ibor siguió siendo tierra ganadera también con los romanos que calzaron los viejos caminos prehistóricos y construyeron puentes como el nuestro, fuente de riqueza inmemorial de nuestra ciudad por el trasiego de ganados que durante la Edad Media atravesaban nuestras grandes dehesas que no olvidemos pertenecían a la Lusitania, que los romanos nos colocaron en las que luego serían las extremaduras y muchas huellas gastronómicas quedaron también en el yantar de esa nuestra vecindad bellotera.

Millones de ovejas pasaban por Talavera y por el tupido entramado de cañadas, cordeles y veredas que la Mesta defendía con uñas y dientes y cuyo honrado concejo se reunió en Talavera en más de una ocasión. Tanto era el trasiego de ganados y el trato que aquí se hacía con ellos que Sancho IV concedió los privilegios necesarios para celebrar las ferias de San Mateo, precursoras del mayor mercado de ganados de España. Y tanto era el deambular de ovejas y tantos los bandoleros que acometían a los pastores y a sus rebaños en las despobladas tierras de La Jara que la primera policía rural de Europa, Nuestra Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, amparaba a los ganaderos percibiendo por ello el peculiar impuesto de la asadura por cada hato de ganado.

Oveja de raza talaverana
Oveja de raza talaverana

Todas las tierras de Talavera se llenaban en las invernadas de ovejas que por fuerza se cruzaban con las estantes y con el paso de los siglos vino a hacerse una raza nueva que ya estudiaba y describía el primer ingeniero agrónomo español que por supuesto era talaverano, el beneficiado de la iglesia de San Miguel que en su Obra de agricultura nos hablaba ya en el siglo XVI que “Venga la mansedad de la oveja, digamos algo de una animalía tan inocente, tan sin voces, ni ruido, tan quieta… y los provechos que de ellas a cada paso y siempre de ellas recebimos no es menester decirlo pues todos lo vemos y sentimos, y aún oso decir que sin ellas no podrían vivir las gentes o habíamos de andar desnudos y hechos salvajes que ellas dan de sí lanas para vestir reyes, caballeros y gentes de mediados estados y baxos y pastores pues sus carnes leche, queso, cueros ¿A quién no aprovecha?, ¿Quién no tiene de ello necesidad? O ¿Quién podía pasar sin ello?, Cierto que no hay ganado que tan provechoso sea a su dueño como las ovejas.”

Decir de las carnes y sus diferencias cómo es mejor la de los carneros que la de las ovejas y de los castrados que de los cojudos, de los primales que de los viejos y como los corderos son dañosos por participar mucho de la flegma, no es menester pues todos lo saben. Vean vuesas mercedes que los tiempos mudan pues en esto tal vez erraba nuestro paisano ya que como ahora podremos degustar y disfrutar del cordero talaverano aunque en el pasado la carne del carnero gordo y castrado fuera la preferida, de la mar el mero y de la tierra el carnero. Pero no todos pensaban así . El emperador Carlos V, ya en su retiro de Yuste, nos cuenta fray Hernando del Corral, biógrafo contemporáneo del gran comilón, se pirriaba por los tiernos corderos criados exclusivamente con pan blanco en los rebaños de las dehesas de la tierra de Talavera  del entorno de Guadalupe: “de los que gusta tanto el emperador”.

Y que el cordero talaverano hace milagros no lo vamos a negar que cuenta la leyenda que estando el pastor talaverano desollando un cordero para comerlo con otros pastores vióse rodeado de luces psicodélicas, alzó la vista y contempló a la Virgen encima exclamando Bienvenida seáis señora, no como aquel otro de la cernana ermita de Torrecilla que cogiendo la honda pegó una pedrada a la virgen que aún conserva en su imagen el hematoma de una encina y pidió se erigiera la consabida ermita que se llamó de Bienvenida.

Los árabes no nos dejaron sólo las murallas sino también recetas en las que el cordero se preparaba asado con canela, cilantro y deliciosa miel de La Jara (receta)

Y por supuesto para hacerle todos los honores servido en una incomparable vajilla de cerámica talaverana

No solamente su carne sino también es bueno su estiércol que ya dice Alonso de Herrera que si se amasa con vinagre quita las mancillas del cuerpo y si con aceite y cera sana las quemaduras.

Pero déjese vuestra merced cosas tan sucias que son muchos los placeres que en esas mesas nos aguardan y como dijo nuestro alcalde el bachiller don Fernando de Rojas en boca de la inmortal Celestina, tan presto se va el cordero como el carnero, que ninguno es tan viejo que no pueda vivir un año, ni tan mozo que hoy no pudiese morir. En eso abunda también nuestro arcipreste de Talavera cuando dice que el quito pecado capital es la gula, el que ama o es amado no puede excusar de excesivo comer e beber en yantares, cenas e placeres con su amante, que allí no hay rienda en comparar capones, pollos, cabritos, ansarones, carnero e vaca para los labradores; vino blanco e tinto, el agua vaya por el río, frutas de diversas clases, en primavera, guindas, ciruelas,a albérchigos, higos, brevas, duraznos, melones, peras vinosas  e de la Vera, manzanas, granadas,dulces y agridulces, uva moscatel, no olvidando en invierno torreznos de tocino asados con vino e azúcar, longanizas de especias, mantecados dulces, perdices e vino pardillo con el buen vino añejo a las mañanas. Por ende después de comer diversa carnes en abundancia, e mucho beber conviene lujuria cometer.

Haciendo queso en Aldeanueva
Haciendo queso en Aldeanueva

Nuestro colectivo de estudio, defensa y divulgación del patrimonio talaverano quiere felicitar por esta iniciativa a AGRATA porque, como en tantos aspectos de la cultura y la economía de esta tierra, también el cordero talaverano estaba olvidado de todos. Olvidado como esta tierra donde las sandías de Velada se las llevan los murcianos para venderlas como suyas, los melones de Calera los comercializan gentes de Villaconejos, los espárragos de las vegas se envasan como riojanos y nuestro magnífico aceite de La Jara hemos permitido que se comercialice bajo la denominación de aceite de los Montes de Toledo. No se valora la magnífica caza mayor y menor de nuestra agreste naturaleza donde ya en la Edad Media se descubrió la caza de la paloma con cimbel y eran famosos los ballesteros y loseros talaveranos. A veces olvidamos la calidad de los vinos de Montearagón o los ya famosos caldos de Valdepusa, las aguas minerales de Belvís o de Calera. No valoramos las lechugas de Alcaudete, los garbanzos de Las Herencias base del exquisito cocido a la paja jareño, los dulces variadísimos de nuestros pueblos, el mazapán de Valdepusa, las castañas de El Real de San Vicente o los higos de Cebolla y la miel de La Jara. Qué decir de los quesos de Oropesa, Aldeanovita, Herreruela, Carrascalejo,  o la torta de Los Navalmorales. El cerdo forma parte fundamental de nuestra cultura gastronómica aunque son poco conocido los embutidos de Herreruela o de Bayuela y los magníficos cochinillos de toda la comarca que tiene en sus carnes otras grandes desconocidas porque, aunque somos un pueblo de tratantes no hemos sabido vender la burra. Pero iniciativas como la que hoy nos trae aquí ayuden a olvidar este olvido secular.

Las piaras de cerdos siempre abundaron en nuestras dehesas

TALAVERA EN LA OBRA DE CERVANTES

TALAVERA EN LA OBRA DE CERVANTES

Soldados famosos representados en azulejería de Talavera entre los que se encuentra Cervantes. Es un panel que se encuentra en el Archivo General de la marina de El Viso del marqués y que imita al del pórtico de la Basílica del Prado pero nominando a los personajes
Soldados famosos representados en azulejería de Talavera entre los que se encuentra Cervantes. Es un panel que se encuentra en el Archivo General de la marina de El Viso del marqués y que imita al del pórtico de la Basílica del Prado pero nominando a los personajes

En la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII la alfarería de Talavera llega a conseguir su máxima calidad y difusión en los mercados nacionales, europeos y ultramarinos. Se convierte, como hemos dicho, en la cerámica de moda y también se beneficia de las pragmáticas reales que pretenden impedir el agravamiento de la situación económica mediante la prohibición del lujo excesivo de las casas nobles en los ajuares y vajillas de oro y plata, haciendo así que el uso de la loza talaverana se extienda aún más. Son muchas las alusiones a ella en la literatura del Siglo de Oro que dejaremos para otra entrada del blog.

Por eso, también en la obra de Cervantes aparecen alusiones a la loza de Talavera en “La Guarda Cuidadosa”. Una criada despierta los celos de su novio soldado cuando se interesa por un sacristán, y como no había cocina donde las sirvientas no manejaran las vajillas talaveranas, es muchas veces obligada la alusión a ellas. Elogia el enamorado el trabajo de su moza cuando limpia la loza y la consigue dar un brillo casi metálico, y al mismo tiempo quisiera que el pensamiento de su amada quedara igualmente limpio de pensamientos en su oponente: ¡Oh platera la más limpia que tiene, tuvo o tendrá el calendario de las fregonas! ¿Por qué así como limpias esa loza talaveril que tienes en las manos y la vuelves bruñida y tersa plata, no limpias esa alma de pensamientos bajos y soto-sacristaniles?

La fiesta de Las Mondas es descrita por Cervantes en su obra "Los Trabajos de Persiles y Segismunda
La fiesta de Las Mondas es descrita por Cervantes en su obra «Los Trabajos de Persiles y Segismunda

Lope de Vega no se cansa en muchas de sus obras de alabar la blancura y brillo de los platos talaveranos, y también Tirso de Molina se refiere a ello, junto a otros autores, entre los que incluso se encuentra una de las personas que tal vez hicieron más daño a don Miguel de Cervantes, el autor del Quijote de Avellaneda, que en una de las escenas de su libro hace pedir a una criada dos reales para evitar los palos que le dará su amo cuando se entere de que ha roto dos platos de Talavera.

En «La Gitanilla», una de las novelas ejemplares de Cervantes, aparece Talavera en algún episodio como referencia geográfica de la acción, como no podía ser de otra manera cuando se habla de gitanos que recorren los caminos hacia Extremadura, pues siempre estuvo vinculada esta etnia al trato de caballerías y Talavera era uno de los mercados más frecuentados. De ahí la importancia que todavía hoy tiene la colonia gitana en Talavera.

Pero la obra en la que Cervantes hace alusiones más directas a nuestra ciudad es su novela póstuma, y puede que la más valorada por el propio autor: «Los Trabajos de Persiles y Segismunda». Es muy probable que el mismo Cervantes pasara por Talavera cuando fue en peregrinación a Guadalupe, para dejar allí en ofrenda sus grilletes de cautivo de los moros en Argelia. Una placa en cerámica talaverana situada en el precioso humilladero mudéjar desde el que los peregrinos daban por primera vista al monasterio de las Villuercas recuerda ese momento.

Los personajes de la novela pasan por Talavera a su vuelta de Guadalupe, y en el texto demuestra el autor conocer muy bien nuestra fiesta más emblemática, las Mondas.escanear0012

«La ida de Trujillo fue de allí a dos días la vuelta de Talavera, donde hallaron que se preparaba para celebrar la fiesta de la Monda, que trae su origen de muchos años antes de que Cristo naciese, reducida por los cristianos a tan buen punto y término, que si entonces se celebraba en honra de la diosa Venus por la gentilidad, ahora se celebra en honra y alabanza de la Virgen de las vírgenes. Quisieran esperar a verla; pero por no dar más espacio a su espacio, pasaron adelante, y se quedaron sin satisfacer su deseo”.

Sin satisfacer su deseo ni el nuestro, porque fue esta una gran ocasión que perdimos para que don Miguel hubiera hecho con su pluma universal una descripción de Las Mondas, tan esplendorosas en aquellos tiempos. También es muy curioso constatar que ya entonces era reconocido el origen pagano de estas fiestas.

Más tarde, en los capítulo VII y XVI del libro tercero de «Los Trabajos de Persiles y Segismunda», los personajes conocen a una moza talaverana a la que describen como «de gentil parecer, de hasta veintidós años, vestida a la española, limpia y aseadamente». Relata su historia la moza y resulta ser la mujer adúltera de un polaco llamado Ortel Baledre que, enamorado de ella en Talavera, la desposó, pero la talaverana se fugó con el mozo de un mesón. Apresados los adúlteros en Madrid, él murió en la cárcel y ella se vio obligada a seguir a un soldado español que iba a Italia y que no la trataba demasiado bien. Es el momento en que la talaverana se encuentra con Constanza, es cuando se produce el diálogo en el que Cervantes elogia a Talavera:

«-Desa manera -respondió Constanza-, ¿vos, señora, española debéis de ser?

-¡Y cómo si lo soy! -respondió ella-. Y aún de la mejor tierra de Castilla

-¿De cuál? -replicó Constanza.

-De Talavera de la Reina -respondió ella».

 

Y esta escena es precisamente la que ha dado nombre a esta web.

SUBIDA AL CERRO DEL CASTILLO

Subida al Cerro del Castillo

Torre fortificada del poblado del cerro del Castillo. Al fondo el cerro del Oso y el Real de San Vicente
Torre fortificada del poblado del cerro del Castillo. Al fondo el cerro del Oso y el Real de San Vicente

 Recorrido aproximado 6 kilómetros. Entre 2 y 3 horas, según nos detengamos en los yacimientos arqueológicossubida-al-cerro-del-castillo

 Preguntamos en el pueblo de Castillo de Bayuela por el camino de “la Madalena”, que nos subirá hasta el antiguo emplazamiento medieval de este pueblo, “el castillo”. Pasamos por una vieja fuente restaurada y llegamos al lugar de donde parte la vaguada por la que asciende el camino, entre las dos elevaciones principales del cerro del Castillo. En la cumbre occidental se encuentra el antiguo pueblo amurallado medieval,  que a su vez se sitúa sobre los restos del viejo castro vettón. Podemos visitar la arruinada iglesia que mantiene su aspecto fortificado medieval en la torre, la portada de aires mudéjares y restos de sepulturas.

El cerro del Castillo está lleno de parajes amenos y vistas panorámicas
El cerro del Castillo está lleno de parajes amenos y vistas panorámicas

Desde aquí podemos acercarnos a una pequeña elevación al sudoeste que
también presenta restos de murallas, aunque más toscas, pues este otro yacimiento está datado hace unos cuatro mil quinientos años, en la Edad del Cobre. Entre ambos cerretes se encuentra una zona con alcornoques y grandes rocas en las que no sería extraño que veamos algún ejemplar de búho real.

Camino de subida al cerro del Castillo
Camino de subida al cerro del Castillo

La elevación oriental cuenta con restos de una necrópolis visigoda y con una vegetación entre los bloques graníticos de cornicabras, encinas, enebros y alcornoques, además de contar también con una magnífica vista panorámica sobre el valle del Alberche al sur y la Sierra de San Vicente al norte.

POrtada mudéjar de la iglesia del cerro del Castillo
POrtada mudéjar de la iglesia del cerro del Castillo

Descendemos hacia el norte por un agradable camino que va hasta la carretera, que a su vez nos llevará de vuelta hasta el pueblo, aunque los aficionados a la escalada pueden practicarla en unas vías abiertas en el cerro Garrido, situado al noroeste del cerro del Castillo.

torrecastillo
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RUTA DE LA BATALLA DE TALAVERA

Ruta por el escenario de la Batalla de Talavera

Recorrido aproximado 17 kilómetros, 4 horas y media

Hoy vamos a dar un paseo por el escenario de la que fue una de las batallas más importantes de la Guerra de la Independencia, recorrido que además nos servirá para conocer el entorno natural del embalse de la Portiña y las sierrecillas de El Berrocal.

Partimos de los Jardines del Prado en Talavera, donde se encuentra, junto a los arcos de entrada, el monumento erigido con cerámica en el año 2009, con motivo del segundo centenario de la confrontación de los franceses invasores y la coalición de ingleses y españoles, aunque en ambos ejércitos peleaban soldados de otras nacionalidades, como polacos, portugueses, holandeses o alemanes.

Seguimos por el paseo central hasta una rotonda en la que veremos un laurel que se plantó precisamente en el primer centenario. Llegamos a la Basílica del Prado, entonces ermita, frente a la que se exhibió y escarneció con disparos de las tropas el cuerpo del general San Juan, acusado por un clérigo trabucaire de haberse dejado vencer en la batalla de Somosierra, en la que los franceses pasaron el último obstáculo antes de entrar en Madrid. La misma ermita fue expoliada por los invasores, llevándose hasta cincuenta arrobas de plata y convirtiéndola en herrería y carretería, aunque se consiguió conservar la imagen escondida en los desvanes de la Colegial, y parte de su ajuar.

Laurel plantado en 1909 con motivo del primer centenario de la Batalla de Talavera

En la ermita se situaron las baterías que defendían la ciudad de las tropas que pudieran cruzar el Alberche, y aquí empezaba con destacamentos españoles el despliegue de las líneas aliadas en su extremo sur, mientras que aproximadamente a la altura del actual hospital se desplegaron las tropas de los franceses hasta el Alberche.

Desde la basílica nos dirigiremos a la avenida de Francisco Aguirre, que seguiremos en dirección oeste hasta llegar a la rotonda de la carretera de Cervera, pues la línea de despliegue de ambos ejércitos iba en dirección noroeste hasta esta zona en que paralelamente a ella se dispusieron a ambos lados y a prudente distancia  las fuerzas enfrentadas. Nosotros seguiremos por la orilla oeste del arroyo de la Portiña, recorriendo el mismo cauce o, más cómodos, por el camino que, pasando por el paraje de Piedrasmuchas, va hasta las depuradoras del embalse de la Portiña.

En el recorrido urbano que hemos hecho, entonces campos cultivados, y en el tramo de despliegue español hasta el Pajar de Vergara se produjo no se sabe bien porqué un episodio de confusión y una crisis de pánico en las tropas españolas que tenían encomendado ese sector, provocándose una desbandada que no tuvo mayores consecuencias en la batalla, aunque el hecho fue convenientemente magnificado por las crónicas de los ingleses, para intentar así aumentar el protagonismo de sus fuerzas.

Sobre el cerro Cascajal, en la zona de esta labranzo construida en 1909 se situaban las baterías francesas que batían el cerro Medellín

Una moza española llamada Isabel Moreno arengaba y llevaba agua a las tropas españolas y recibió la promesa de ser recompensada cuando finalizara la guerra, pero esta “Agustina de Aragón” talaverana no recibió premio alguno, y fue olvidada por las autoridades, pasada la contienda.

Pronto llegamos a la zona del entonces llamado Pajar de Vergara. Allí comenzaba el despliegue de los ingleses con la fortificación de esa labranza con zanjas y defensas hechas con montones de tierra. En este lugar se produjo, durante la primera fase del ataque general del día 28 de Julio, una de las actuaciones del ejército español que apoyando al inglés hizo que consiguieran los aliados detener a los franceses en uno de sus intentos de avance.

Seguimos en  el sector defendido por las tropas inglesas cuando cruzamos el  Canal Bajo del Alberche y su carretera de servicio, y ascendemos hacia las depuradoras de agua de Talavera, cruzando también el arroyo del valle de las Doncellas.

Escenario de la batalla desde las alturas de El Berrocal

Nos encontramos ahora en la zona que sufrió con mayor crudeza el fragor de la batalla, justo en la base oriental del cerro Medellín que se encuentra a la izquierda, y se distingue por tener un chalet en su cumbre. Sobre sus alturas se situaron las baterías inglesas. Para observarlo mejor cruzaremos a territorio “enemigo” por el muro de la presa del arroyo de la Portiña. Allí vemos una construcción de principios del siglo XX en la parte más elevada del cerro Cascajal, donde se encontraba el grueso de las baterías y tropas francesas que intentarían la conquista del cerro Medellín, produciéndose en las inmediaciones del cauce del arroyo y en las lomas de ambas elevaciones los encuentros más violentos y el episodio, más bien legendario, en el que durante un receso de la batalla bajaron soldados de ambos ejércitos a beber al arroyo de La Portiña, donde se encuentran las ruinas de unos molinos que ya existían en aquella época.

Dibujo del escenario de la Batalla de Talavera editado con motivo del primer centenario

Podemos imaginar los repetidos intentos de los galos por ascender y rodear el cerro Medellín, y los miles de muertos que quedaron dispersos por el suelo expuestos al calor y la rapiña de los desvalijadores de cadáveres que, ante la necesidad general reinante cayeron sobre el campo de batalla al finalizar el enfrentamiento. Muchas son las hebillas, balas de cañón y otros objetos hallados cuando se labraron estos campos en tiempos posteriores.

Desde el cerro Cascajal y ya en territorio ocupado por las tropas francesas recorreremos ahora el embalse por su orilla, disfrutando de un paraje muy ameno en el que se practica la pesca y se pueden observar aves como la focha común, la polla de agua, el zampullín chico, ánades reales, somormujos, garzas, cigüeñas, especies limícolas y muchas más, para lo que podemos utilizar el observatorio del aula de la naturaleza del ayuntamiento.

Cuando damos la vuelta al pantano entramos de nuevo en la zona de la batalla y en  el campo inglés, aunque apoyado en algunas incidencias por la caballería española. Justo aquí, al norte del cerro Medellín se produjo otro de los episodios más comentados de la batalla, cuando durante una acometida de los ingleses, fueron muy castigados por los franceses con numerosas bajas, según versión de los británicos, por una supuesta zanja en la que dicen cayeron los caballos y jinetes siendo fácilmente masacrados. Analistas españoles y franceses dijeron que la zanja en cuestión nunca existió y que ésta es una excusa de los ingleses para justificar esa derrota. Pero los franceses no aprovecharon el momento y no consiguieron tomar el cerro Medellín, clave de la batalla. En este flanco de las líneas también tuvieron un papel destacado las fuerzas españolas en apoyo de las inglesas.

Casa de Salinas, de donde huyó Wellington a uña de caballo

Vemos descender el arroyo de la Atalaya desde la misma y observamos en la orilla oeste las elevaciones graníticas en las que se desplegaron tropas españolas que protegían ese flanco y que tuvieron una buena actuación. Seguimos hacia la ladera del cerro Medellín en dirección a la carretera de Mejorada hasta llegar a ella y continuamos en dirección a Talavera.

Justo antes de cruzar la autovía vemos a la izquierda la zona de descanso y el monumento de la Batalla, que se hizo cuando al hacer la autovía A-5 se descubrieron fosas comunes con las corazas y los restos de soldados muertos en la contienda.

En este monumento se representa en azulejo talaverano el despliegue de la batalla con los parajes que venimos visitando. El monumento es como un trípode que simboliza los tres ejércitos contendientes y en el hormigón están inscritos los batallones de cada uno que participaron en esta gran batalla, que se ha considerado ganada por el ejército aliado pero que más bien quedó en tablas porque el número de bajas, en total unas quince mil, fue prácticamente distribuido a partes iguales entre los dos ejércitos contendientes. Sobre la ladera del cerro Medellín vemos la labranza de Pero Gordillo que ya existía en la época, y un poco más arriba el monolito que se levantó también en la conmemoración del primer centenario de la batalla. Podemos volver a Talavera por la carretera de Mejorada o por un camino que va desde el canal entre huertas y paralelo a la carretera por la derecha.

FOTOS ANTIGUAS DE LA CALLE CARNICERÍAS

FOTOS ANTIGUAS DE LA CALLE CARNICERÍAS

Calle Carnicerías. Segunda foto de Ruiz de Luna

Traemos hoy algunas fotografías de la calle Carnicerías que debe su nombre a que en ella se situaron desde antiguo las carnicerías municipales, pues esta actividad de la venta de carne era un monopolio del ayuntamiento y a ellas debían acudir a comprar los talaveranos. Parece que antes del siglo XVI se llamó calle de las Verduras

Va de la Plaza del Reloj a la Ronda del Cañillo y pero antiguamente  su tramo inferior era en parte la calle Pescaderías que venía desde el arco de San Agustín, hoy reconstruido,y más abajo la calle que se llamó del Cuerno desde antiguo y que continuaba con la calle Sevilla, llamada así por desembocar en la puerta del mismo nombre, de la que conservamos el arco.

Calle Carnicerías en una foto de Ruiz de Luna de los años 20. Albañales, labriegos y venta de melones y sandías.

Al final de ambas confluían por tanto, junto a la alcazaba, el primer y el segundo recinto amurallado. Hoy la calle está delimitada al oeste por la muralla de ese primer recinto y los muros de la alcazaba.

Inicio de la calle Carnicerías con el comercio de Genaro Suela a principios de siglo

En tiempos de la Segunda República se llamó de García Hernández en honor del militar fusilado junto a Fermín Galán por pronunciarse para la proclamación de la República. En los años sesenta esta segunda parte de la calle Carnicerías se reformó para de los dos callejones antes referido dejar una sola avenida con el nombre de Jose Antonio Primo de Rivera hasta que en los años 80 se denominó a toda la avenida calle Carnicerías.

Foto de Esperón de la calle Carnicerías hacia 1930, como vemos todavía era lugar de venta de sandías.
Foto de Esperón de la calle Carnicerías hacia 1930, como vemos todavía era lugar de venta de sandías.

Dos de las fotografías son vistas muy parecidas de la colección de postales que hizo Ruiz de Luna.

En ellas se ve una considerable actividad comercial, especialmente de melones y sandías. Se perciben curiosos tipos de campesinos de principios del siglo XX y los poco higiénicos albañales de aguas residuales que recorrían la ciudad y a los que se refirieron muchos viajeros por los charcos putrefactos y malos olores que producían, además de ser un medio ideal, el de las aguas estancada, para reproducirse los mosquitos que trasmitían el paludismo endémico en Talavera hasta hace unas décadas.

Detalle de la foto de Ruiz de Luna con algunos personajes
Detalle de la foto de Ruiz de Luna con algunos personajes

También es interesante la arquitectura tradicional con los balcones que cantaba el poeta Rafael Morales. También es de destacar la vista que nos ofrecen las fotografías de la antigua torre del Reloj.

Fusilados republicanos en la calle Carnicerías en septiembre de 1936
Fusilados republicanos en la calle Carnicerías en septiembre de 1936

Antiguo final de la calle Carnicerías en el arco de Sevilla

UN APÓSTOL ANTITAURINO POR ESTA TIERRA EN 1915

UN APÓSTOL ANTITAURINO POR ESTA TIERRA EN 1915

Eugenio Noel en la portada de una de sus novelas
Eugenio Noel en la portada de una de sus novelas

Vaya por delante que el que esto escribe no es antitaurino, más bien gusto de ver ritual tan magnífico, arcaico y colorido como es la Fiesta, pero también me sucede como a los japoneses que llevan a Las Ventas, que solo vemos un toro, ellos por necesidades de su intensa agenda turística y yo porque me canso.

Esto viene a cuento porque he encontrado a un curioso y olvidado escritor llamado Eugenio Noel que es un verdadero quijote del apostolado antitaurino. Resulta que a principios del siglo pasado inició un periplo por toda nuestra geografía para intentar convencer a nuestros compatriotas de que los toros eran una fiesta bárbara, pero no contento con esto decidió predicar también contra el flamenco, pues consideraba el “flamenquismo” algo así como una degradación de nuestra cultura. Fue recorriendo España con su aspecto ya un poco bohemio y demodé para la época a base de melena y bigotón a lo Balzac, recogiendo datos y costumbres que le dieran argumentos en su apostolado imposible.

Dos de los relatos recogidos en su libro “Los nervios de España” se localizan en nuestra región. El primero de ellos habla de su pernoctación en una venta manchega que a la entrada tenía un rótulo: “Aquí durmió El Quijote”, con esa eterna confusión nacional entre la realidad y la ficción. Como otros de sus escritos, está lleno de datos costumbristas y etnográficos, manejando además un riquísimo vocabulario de términos populares que a veces incluso hace difícil seguir sus textos.

Plaza de Segurilla, donde se desarrollan los acontecimientos del relato de Eugenio Noel
Plaza de Segurilla, donde se desarrollan los acontecimientos del relato de Eugenio Noel

El segundo artículo relata su asistencia a una capea en Segurilla, pueblo cercano a Talavera, donde un mozo se apuesta con otros que hace llorar a un toro, y para ello acaba clavándole al pobre animal una navaja de siete muelles en un ojo.

De paso por Talavera habla de la Fiesta de Toros, Las Mondas, y se maravilla de la azulejería de la ermita de la Virgen del Prado, pero le espanta que tenga adosada lo que él considera una horrorosa verruga, que no es otra que la plaza de toros de Talavera, que cuatro años después se convertiría en santuario del toreo por la muerte de Joselito. El viajero activista se ha documentado sobre Las Mondas, fiesta en honor de la diosa Ceres y luego de la Virgen del Prado, donde se llegaban a lidiar hasta veinte morlacos. Le sorprende que hasta hubiera un canónigo torero que organizaba los festejos con el regidor torero y también le escandaliza que el predicador de Segurilla no se pronuncie contra fiesta para él tan sanguinaria. La iglesia y otros estamentos se mostraron en contra del toreo e incluso hubo papas y prelados que la prohibieron, pero estos intentos fueron tan estériles como los de otros que quisieron prohibir la prostitución, y así no pocos curas se remangaban las sotanas para dar unos pases o correr delante de los astados.

Retrato del escritor antitaurino Eugenio Noel
Retrato del escritor antitaurino Eugenio Noel

Comete Noel el mismo error de muchos otros antitaurinos que es confundir el toreo reglado en sus suertes con los vesánicos y despreciables desahogos vestidos más o menos de antiguo ritual que a veces se desarrollan en nuestros pueblos.

Eugenio Noel murió, como buen intelectual español, de hambre y en un camastro alquilado de un hospital en abril de 1936,  tres meses antes de otra gran escabechina nacional sin toros de por medio.

TALAVERA EN LA LITERATURA Y LIBROS DE VIAJES DEL SIGLO DE ORO

TALAVERA EN LA LITERATURA Y LIBROS DE VIAJES DEL SIGLO DE ORO

Vista parcial del dibujo de Van der Wingaerde de Talavera en el siglo XVI
Vista parcial del dibujo de Van der Wingaerde de Talavera en el siglo XVI

Los viajeros que vienen a Talavera en el siglo XVI y comienzos del XVII llegan a la ciudad en su segunda época de mayor pujanza, cuando cuenta con una clase nobiliaria importante numérica y cualitativamente

 “Gente apacible agradable y cortesana, y en particular la noble, que es mucha, lucidísima y de las más calificadas casas de España”.

Como dice Gonzalo Céspedes y Meneses en sus novelas “El Español Gerardo” y “Varia fortuna del soldado Píndaro”, obra esta última en la que habla de Talavera como “una de las más amenas, alegres, abundantes y deleitosas poblaciones” donde la nobleza se entretiene en “caballos, toros, máscaras, sortijas, torneos y otros pasatiempos”. Es éste un buen novelista talaverano de la época.

Retrato de Francisco de Quevedo, buen conocedor de las gentes de mal vivir de Talavera
Retrato de Francisco de Quevedo, buen conocedor de las gentes de mal vivir de Talavera

Don Francisco de Quevedo hace algunas alusiones a Talavera en sus jácaras, como sucede en la “Carta de la Perala a Lampuga su bravo”, donde describe las relaciones entre una prostituta y su chulo y da la sensación de conocer de primera mano los prostíbulos talaveranos:

“Dejásteme en Talavera / a la sombra de un gitano / hombre gafo de los potros / y aturdido de los asnos / No son dotores los matasanos / sino los procesos y el escribano / A lo menos que se puede / pasan aquí los pecados / tierra barata de culpas / mucho amor y pocos cuartos / A una mujer forastera / los hijos del vidriado / no la dan Lampuga un gozque / si pueden darle un alano…”

Dibujo de Enrique Reaño de los corrales situados al sur de la colegial
Dibujo de Enrique Reaño de los corrales situados al sur de la colegial

El chulo de Talavera es un “gitano gafo de los potros”, o sea que tiene deformada la columna vertebral porque ha sido sometido a tormento para confesar sus delitos. También está “aturdido de los asnos”, es decir que ha sido sacado en vergüenza pública a lomos de un borrico.

En los versos siguientes viene a decir que Talavera es ciudad permisiva “barata de culpas” “mucho amor”, o sea prostitución y “pocos cuartos”, ya que afirma que los talaveranos a los que llama “hijos del vidriado”, es decir ceramistas, no te dan un duro si te pueden dar una perra gorda que viene a significar lo del gozque, que es un perro pequeño y el alano que es una especie canina de envergadura considerable.

Un talaverano más que aparece en la obra de Quevedo es otro miembro del hampa llamado “Añasco de Talavera, aquel “hidalgo postizo / hallador de lo guardado / santiguador de bolsillos…” es decir, un falso hidalgo que tiene por oficio el de ladrón. En la obra de Lope de Vega, aparte de las referencias a la cerámica que veremos en otro lugar, aparece Talavera como la ciudad de origen de uno de los personajes principales de la obra “La Serrana de la Vera”, en la que un joven caballero dice haber nacido en nuestra ciudad. Al referirse a que es sobrino de un obispo y desarrollarse la obra en la época de Carlos V, cuando el obispo García de Loaysa era su confesor, podemos deducir que se está refiriendo a un caballero miembro de la vieja familia de los Loaysa en Talavera.

Sepulcro de García de Loaysa, confesor de Carlos V en el convento de Santo Domingo, su fundación
Sepulcro de García de Loaysa, confesor de Carlos V en el convento de Santo Domingo, su fundación

En 1659 un noble francés llamado Francisco Bertaut comenta a su paso por Talavera el dato curioso de que “En el año de 1518, el papa León X quiso dividir el arzobispado de Toledo, que hallaba demasiado grande, y hacer un obispado en Madrid y otro en Talavera, y hasta nombró para comisario al cardenal Adriano” pero no se pudo ejecutar por negarse los de Toledo y su arzobispo.

En 1672 el joven francés A. Jouvin pasa por aquí y hace una guía de su viaje. Al llegar a Cebolla y contemplar la fértil vega del Tajo dice que es “un terreno semejante al paraíso terrenal, donde está la venta de Montearagón, la venta y el puente del Alberche, que se pasa sobre un puente de madera un río grueso que viene de las montañas de la sierra de Toledo, que se ven a mano derecha, que desagua allí cerca en el Tajo, que sigue por un llano el más fértil de España, donde está Talavera de la Reina”. Aunque confunde a la Sierra de Gredos con los Montes de Toledo, aparece nuevamente aquí el lugar común de todos los viajeros, la percibida fertilidad del terreno. De la ciudad dice el viajero que “está dividida en ciudad vieja y nueva. La vieja está cerrada de gruesas y fuertes murallas, y la nueva, que es más grande, no tiene murallas pero sí varias calles grandes, donde viven ricos mercaderes, pero principalmente cerca de la plaza mayor, donde está el Ayuntamiento, adornado por un hermoso reloj. Se estima por toda España la vajilla de loza de Talavera, desde donde se entra en un llano cubierto de olivares para ir a Calera”. Luego continúa su viaje hasta Guadalupe.

En capítulo aparte veremos las ocasiones en que Cervantes hace alusiones a nuestra ciudad en su obra.

RUTA DEL MENHIR

RUTA DEL MENHIRruta-del-menhir

El paseo de hoy discurre entre los vecinos pueblos de Velada y Gamonal. Partiremos de este último que hoy es entidad local menor dependiente del ayuntamiento de Talavera, a cuya Tierra siempre perteneció, aunque como pueblo independiente.

Menhir de la laguna del conejo entre Velada y Gamonal
Menhir de la laguna del conejo entre Velada y Gamonal

Gamonal cuenta con algunos elementos patrimoniales que debemos reseñar. En primer lugar, hay que destacar su iglesia con un altar de azulejería talaverana de Ruiz de Luna. También tiene el pueblo un vía crucis con un calvario pintoresco, algunos rincones de arquitectura popular en mampostería de granito con muros blanqueados y el lavadero desde el que parte nuestra ruta.

Se trata de un lavadero tradicional con numerosas pilas de piedra en dos círculos que rodean a sendos pozos de los que se extraía el agua. Se ha adecentado la zona con un parque.

Lavadero de Gamonal, vista parcial
Lavadero de Gamonal, vista parcial

Gamonal es pueblo de tradiciones festivas. La antiquísima fiesta de las Mondas que se celebra en Talavera se conserva gracias a que durante dos décadas los vecinos de Gamonal siguieron haciendo su ofrenda a la Virgen del Prado, como desde el tiempo de los romanos se hacía ya con la diosa Ceres.

Desde este pueblo se llevaba un carrito tirado por dos carneros y decorado con flores y banderitas que hoy día es el símbolo de esta fiesta, aunque se hacían y hacen actualmente otras ofrendas diferentes por otras localidades de las Tierras de Talavera.

También conservan la tradición de salir al campo para hacer “calvote” comiendo bellotas, castañas… el día antes de Todos los Santos, o también salen de comida campestre durante el “jueves de comadre”, en carnaval. Aunque su fiesta más característica es también en carnaval con el desfile de los quintos en soldadesca.

LA EXCURSIÓN

 Ruta del menhir

 Recorrido aproximado 12 kilómetros, tres horas y media

 Desde el lavadero tomaremos el camino que sale en dirección norte, justo en la raqueta del cruce de la carretera de Ávila, e iremos ascendiendo por él. A unos quinientos metros se ven a la izquierda unos pequeños taludes arenosos donde algunas mujeres de Gamonal extraían la arena y la vendían en Talavera para fregar las sartenes. Alguna de ellas falleció atrapada por la tierra cuando se derribó la pequeña galería de la que la extraían.

Ruinas de la ermita de la Encarnación
Ruinas de la ermita de la Encarnación

Seguimos subiendo por este camino y, aproximadamente a dos kilómetros del inicio, podemos desviarnos hacia el noroeste hasta la ermita de la Encarnación, antigua iglesia de un despoblado medieval anterior al actual asentamiento de Gamonal. Conserva todavía los muros muy deteriorados, la espadaña sobre un muro fortificado y también se percibe que tuvo un pequeño pórtico en la entrada sur.

Cruz del cCncho del Niño
Cruz del cCncho del Niño

Desde allí seguiremos  campo a través hasta la elevación que se percibe a poniente sobre con una roca con un vértice geodésico. Ésta es el Cancho del Niño que, como el resto del paraje inmediato del Cerro de los Lobos debe su nombre a que según una tradición, en una ocasión el hijo de una lavandera que jugaba por la zona se alejó de su madre y fue devorado por un lobo. Desde allí seguiremos por estas estribaciones del Berrocal, según indica el plano, hasta llegar a una vaguada que desciende en dirección oeste y que llega hasta la ermita Virgen de Gracia, patrona de Velada, que cuenta con una interesantísima azulejería Talavera del siglo XVI y XVII con una zona arreglada para las romerías.

Fragmento de un retablo lateral de la ermita de Velada que representa a Santa Águeda con sus pechos en la bandeja como atributo de su martirio
Fragmento de un retablo lateral de la ermita de Velada que representa a Santa Águeda con sus pechos en la bandeja como atributo de su martirio

Desde aquí seguiremos paralelamente a la carretera de Ávila que cruzaremos antes de que trasponga hacia los llanos del Baldío, dirigiéndonos hacia lo que parece una torre o atalaya, y que en realidad es un molino de viento que perteneció a los marqueses de Velada, cuyo escudo lucía sobre la puerta, aunque fue robado. Desde allí la vista es magnífica sobre los Llanos de Velada, donde se producen sus magníficas sandías y carillas, y el valle del Guadyerbas festoneado por su bosque de ribera, ambos protegidos por su riqueza ambiental, y al fondo, la sierra de Gredos. Podemos descender unos cientos de metros hasta la pintoresca fuente de Praomaría, junto al camino que desciende a los Llanos del Baldío velaíno, para desde aquí regresar por ese mismo camino a Velada,

Éste es un pueblo con un patrimonio considerable y digno de detenernos, como describimos en el capítulo en el que la Cañada Leonesa Oriental pasa por aquí.

Detalle del menhir mostrando sus cazoletas en término de Talavera de la Reina (Gamonal) y señalado uno de sus canales por la flecha
Detalle del menhir mostrando sus cazoletas en término de Talavera de la Reina (Gamonal) y señalado uno de sus canales por la flecha

Partimos después desde Velada en dirección sur por la cañada hasta donde se cruza con el Carril de las Mulas, y cerca del paraje conocido como la laguna del Conejo, a la derecha de nuestro camino, se encuentra sobre una elevación un curioso menhir que, como otros monumentos megalíticos de la comarca, también se localiza junto a estas viejas vías pecuarias. Se trata de un bloque granítico con la típica forma apuntada de los menhires que tiene en su cara sur numerosos huecos semiesféricos, las llamadas “cazoletas”, cuyo significado ritual para las gentes que lo erigieron hace cuatro mil quinientos años desconocemos.  Algunas de estas cazoletas están comunicadas por canalitos cuyo simbolismo también ignoramos.

Después nos dirigiremos por ese mismo carril de las Mulas hasta Gamonal, el punto de partida.

UN PASEO POR LAS BARRANCAS DE PUEBLANUEVA

UN PASEO POR LAS BARRANCASun-paseo-por-las-barrancas-b

Barrancas de Las Vegas de Santa María
Barrancas de Las Vegas de Santa María

La orilla sur del Tajo conforma a su paso por Talavera un paisaje muy peculiar debido a las grandes barrancas excavadas por el río y a los arroyos que rompen las terrazas cuaternarias.

Estas formaciones tienen un pequeño ecosistema con una fauna y una flora características.

Para comenzar nuestra ruta de hoy, vamos a aproximarnos en vehículo o bicicleta hasta el punto inicial. Cruzamos el río por el puente de Hierro y nos encaminamos hacia nuestro objetivo por la carretera que nos lleva a San Bartolomé de las Abiertas. Nos desviamos en dirección a La Pueblanueva y, pasados unos cuatrocientos metros del kilómetro número seis, nos desviamos en dirección norte. El camino llega a la labranza de Charquitos, donde dejaremos el vehículo para descender andando hacia el arroyo del Boquerón .

Otra de las vistas de las barrancas de Pueblanueva

Lo seguimos y pasamos junto a una fuente abrevadero. Más abajo vamos viendo como pequeñas barrancas afluentes del arroyo dicho se van haciendo más espectaculares hasta llegar a las últimas junto al río, donde hay bosquetes de ribera de álamo blanco, tarayeras y playazos sobre la ribera. Después de curiosear en la zona subiremos por la loma indicada hasta una zona de siembra a la que llega un camino por el que finalizaremos el ascenso a la raña.

Son varias las especies de orquídeas que podemos encontrar en las barrancas
Son varias las especies de orquídeas que podemos encontrar en las barrancas

En el recorrido podemos asomarnos a contemplar los barrancos que quedan a la izquierda del camino. En los arroyos que descienden por las barrancas podemos ver espeso monte de coscoja,  que es una especie de quercus, familia de las encinas, pero que crece más achaparrada y en terrenos algo más calizos, y que se caracteriza por tener las hojas con borde irregular, punzante y de un verde más vivo que las de la encina. Los chaparros, los enebros, en las zonas más secas y empinadas, las cornicabras y algo de romero y esparto suelen acompañar a estos coscojares. En las zonas bajas y húmedas hay algún álamo blanco y a veces quejigos dispersos. En estas cárcavas podemos observar infinidad de córvidos y alguna nidificación de rapaces que anidan en sus paredes.

Llegamos así a una bifurcación que tomaremos a la izquierda pasando por el cerro de Santa María, donde antiguamente hubo una población medieval. Descendemos hacia el río y vamos a visitar en la vega, un monumento funerario romano, tal como indica el plano, aunque probablemente tengamos que preguntar a los hortelanos de la zona.

Dibujo del sarcófago hallado en el mausoleo Las Vegas de Pueblanueva

La cámara sepulcral tardorromana es impresionante, aunque su entorno se halla bastante descuidado. En su interior se encontró un magnífico sepulcro romano paleocristiano bellamente labrado y que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional. Aquel que lo desee puede dirigirse hacia la población de Las Vegas, poblado de «Colonización» de los años cincuenta que es quizá el que, de todos los pueblos creados con los regadíos, conserva mejor ese aire tan homogéneo y característico de estos lugares de nueva fundación.

Volvemos sobre nuestros pasos subiendo nuevamente hacia el cerro de Santa María y observamos desde allí las barrancas y el gran meandro que hace el río junto a ellas. Nos detendremos a contemplar una magnífica vista de la comarca de Talavera y toda la vega del Tajo que la circunda con Gredos y la Sierra de San Vicente al fondo y el Soto de Entrambosrríos, llamado así por encontrarse en la confluencia del Alberche con el Tajo, La vista es impresionante con grandes y peligrosos cortados que caen a plomo desde alturas cercanas a los cien metros sobre el cauce del Tajo

Mausoleo romano de Las Vegas antes de su limpieza
Mausoleo romano de Las Vegas antes de su limpieza