VIAJEROS POR TALAVERA EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX

TALAVERA EN LA LITERATURA

Viajeros por Talavera en los siglos XVIII y XIX

La calle Carnicerías surcada por diversos albañales que causaban tan mala impresión a los viajeros.. Dibujo de Enrique reaño sobre foto se Ruiz de Luna
La calle Carnicerías surcada por diversos albañales que causaban tan mala impresión a los viajeros.. Dibujo de Enrique reaño sobre foto se Ruiz de Luna

Un anónimo viajero que pasa por Talavera en 1700 contempla, como muchos otros, que las recientes lluvias torrenciales han derribado el puente Viejo; y a su paso por El Real de San Vicente anota que se está representando una comedia y que después de correr un toro “furioso” lo matan.

Es agradable la sensación que le produce nuestra ciudad al ilustrado viajero Antonio Ponz en 1784, pues comienza su descripción de ella diciendo: “El territorio hasta Talavera es de más de una legua; y siendo vega muy llana, se podría regar parte de ella con las aguas del Alberche, que me parece vienen someras. Esto, me dijeron, se ha pensado varias veces, pero no se ha hecho. Logra esta villa, que es una de las principales del arzobispado de Toledo una situación tan ventajosa como ninguna otra de cuantas he visto. Está fundada en medio de de la referida vega. Baña el Tajo sus murallas por el lado del mediodía, y en la situación es muy parecida a la ciudad de Córdoba. Dichas murallas se ven bastante arruinadas en aquel lado, y más en otras partes. De los antiguos nombres que dan nuestros escritores a Talavera, como Libura, Evura, Evora o Talabrica, escoja usted el que le parezca que sirve de origen al de hoy”.

La vega de Talavera siempre llamó la atención por su fertilidad y posibilidades de aprovechamiento
La vega de Talavera siempre llamó la atención por su fertilidad y posibilidades de aprovechamiento

A continuación el documentado visitante va describiendo puntualmente y con bastante extensión cada uno de los monumentos de Talavera, además de las Reales Fábricas de Sedas y de los alfares que todavía producen en su época la loza talaverana, aunque ya en franca decadencia.

Ya a principios del siglo XIX pasa por Talavera el francés Laborde: “Éntrase luego en una hermosa llanura circuida a lo lejos de pequeñas montañas, por cuyas raíces corre el Tajo. El camino es bastante bueno, pero mal cuidado. Desde ella se distingue ya a Talavera en toda su extensión, formando con sus grandes edificios, torres y chapiteles, un grupo de diversas pirámides, cuyo golpe de vista agradable, da una idea de la opulencia de esta ciudad. Llégase por fin a ella por una deliciosa alameda, pasando junto a la iglesia de la Virgen del Prado”.

Puerta de Mérida según grabado de la obra de Laborde en 1809. Recreación en dibujo de Enrique Reaño
Puerta de Mérida según grabado de la obra de Laborde en 1809. Recreación en dibujo de Enrique Reaño

Aparte de la agradable visión que le producen los numerosos monumentos de la ciudad, también describe la situación de Talavera en una “llanura descubierta, muy fértil, hermosa y alegre, y bajo un cielo bellísimo” Sin embargo, cuando se adentra en la ciudad dice que está mal planteada y que sus calles son estrechas y tortuosas, mal empedradas y algo sucias, impresión que como veremos será común a muchos otros viajeros.

Ya se habla de la existencia de dos paseos en Talavera: el del Prado y el llamado Paseo Francés que no es otro que el situado en la parte occidental de la ciudad y que se traza cuando en su entorno se levantan los edificios de las Reales Fábricas de Seda, en la zona que ahora conocemos como paseo de los Leones. También se refiere a la hermosura de la Plaza del Pan y a las murallas y sus puertas.

Del puente dice que tiene ¡35 arcos!, y que algunos son de madera. Hace después una descripción minuciosa de los principales monumentos de la ciudad y de las Reales Fábricas y también apunta la posibilidad de hacer el Tajo navegable y utilizar sus aguas para regadíos y así “asegurar las cosechas que no perecen sino por sequedad. Su vega amena y deliciosa produce mucho trigo, vino, aceite, seda, hortalizas y legumbres, los pastos de sus dehesas mantienen mucho ganado lanar, vacuno y de cerda”.

El viajero Francés Laborde que llega a Talavera en el siglo XIX señala también a algunos hijos ilustres de la ciudad y en el capítulo de “Usos y Costumbres” aparecen algunos datos curiosos sobre la vida en Talavera en 1809: “Los habitantes de Talavera son quietos y pacíficos; las diversiones son sencillas y poco diversificadas; alguna parte del año se representan comedias, se celebran algunos bailes, y uno de sus placeres es cantar en las calles por la noche, acompañándose de la zambomba. Esto dura desde todos los santos hasta Navidad en que cesa el uso de la zambomba y se sustituye por el pandero. Se conservan en Talavera algunos usos consagrados por la antigüedad. La mañana de Pascua de Resurrección, se levanta una hoguera en una de sus principales plazas, y se coloca en ellas una estatua colosal vestida a la moda que representa a Judas, y cuando pasa la procesión que se celebra del misterio de la Resurrección, se le da fuego y se reduce a cenizas”.

Panoramica de Talavera de la historia de Torrejón con las torres y chapiteles referidos en
Panoramica de Talavera de la historia de Torrejón  del siglo XVIII con las torres y chapiteles referidos en el texto.

Hace después una descripción sucinta de la fiesta de Las Mondas con datos ya conocidos y luego nos habla del clima: “El de Talavera es bellísimo, su cielo puro y sereno, los inviernos templados, las aguas muy buenas y los alimentos de sabrosa calidad; pero el verano es muy cálido, de lo que provienen tercianas intermitentes, o más bien de las aguas corrompidas que se encharcan en las calles y en los alrededores de la ciudad, lo que podría evitarse dándoles desagüe”.

Como vemos, el viajero observa, al igual que otros posteriores, lo caluroso de los veranos de Talavera e intuye que la causa de las fiebres tercianas, llamadas así porque la calentura le subía al paciente cada tres días, y que no son otra cosa que el paludismo, tienen algo que ver con las aguas estancadas, aunque piensa que se debe a su corrupción y no, como sabemos hoy día, a que en ellas se desarrolla el mosquito Anopheles que transmite con su picadura la enfermedad.

RUTA POR DONDE MORABA “EL MARAGATO”

POR DONDE MORABA “EL MARAGATO”alberche2

Salimos del valle del naciente del Alberche en dirección a Navalsauz por una zona donde el río va más encajonado, girando su cauce hacia el sur. Navalsauz es otro pueblecito en el que debemos destacar también su arquitectura popular, el bonito enclave en el que se
encuentra, elevado su caserío sobre un rincón en el valle del Alberche. La pequeña iglesia se sitúa en el cementerio y tiene una curiosa torre exenta.

El pueblo de Navalsauz en Gredos
El pueblo de Navalsauz en Gredos

Este camposanto llamó la atención del gran escritor nicaragüense Rubén Darío, cuando vino a este pueblecito a conocer a la familia de su tercera mujer y observó que era un cementerio sin cruces. Y es que el poeta conoció a Francisca Sánchez en un paseo por la Casa de Campo en Madrid con su amigo Valle Inclán. Era una muchachita de apenas dieciséis años y analfabeta, pero de una gran belleza, por lo que el nicaragüense que ya había contraído matrimonio con su primera mujer, ya fallecida, y se había separado de la segunda, convivió durante años con la joven abulense. Con ella tuvo un hijo y una hija, pero ambos murieron prematuramente. Un hijo de Francisca que llevaba el apellido de Rubén Darío vivió en Villarejo del Valle, donde editó algunas de las obras del gran hispanista. La casa de Francisca todavía se conserva y una placa la recuerda sobre la puerta.

Torre exenta de la iglesia de Navalsauz
Torre exenta de la iglesia de Navalsauz

La carretera de Ávila cruza sobre el Alberche y sigue descendiendo en dirección sur, paralela a la carretera en dirección a la Venta del Obispo, fundada en 1803 por el obispo Gómez de Salazar, no es la única que encontramos en el camino, pues el trasiego de gentes y mercancías por el Puerto del Pico ha sido por su situación estratégica muy intensa desde la prehistoria, y para muestra basta observar la calzada romana magníficamente conservada que sirve para unir las dos mesetas y de la que hablaremos en otro capítulo.

La cañada junto al Alberche camino de la Cueva del Maragato
La cañada junto al Alberche camino de la Cueva del Maragato

Desde el Puerto del Pico desciende el río Piquillo hasta confluir con el Alberche, y en su trayecto encontramos la venta de San Miguel, la venta Rasca, la venta Rasquilla, frente a la que se encuentra otro hostal en un edificio con aspecto de haber sido construido en el siglo XIX, además de la venta del Obispo. Pero no son las únicas, ya que si seguimos ascendiendo camino de Ávila, antes de subir hacia la cueva del Maragato, vemos que la calzada discurría antiguamente por el lado opuesto al que hoy día va la carretera. Se intentó arreglar para mejorar el tránsito en época de Carlos III, aunque no se finalizaron las obras. En él se encontraba el venturro del Quinto y más adelante, junto al cruce de Navalacruz, estaba la venta de Marchamalo, de la que sí permanece en pie el edificio con su horno. Junto al cruce de Cepeda la Mora están las ruinas de la Posada de Santa Teresa, cuyo edificio se intentó modificar de forma poco afortunada, aunque quedan alguna puerta y sillares del viejo edificio que nos demuestran su construcción en el siglo XVI. Había algunas ventas más hasta llegar a Ávila pero se salen del ámbito del valle del Alberche que vamos recorriendo.

Arroyo del Pinar en San Martín del Pimpollar
Arroyo del Pinar en San Martín del Pimpollar

El río, al llegar frente a la venta de Rasquilla recibe las aguas del río Arenillas. Alegre riachuelo que entre prados y berrocales desciende paralelo a la carretera de San Martín del Pimpollar, pueblo que junto a Hoyos de Miguel Muñoz, se encuentra también en el valle del Alberche. San Martín cuenta con dos puentes antiguos y pintorescos y en su iglesia parroquial vemos una antigua cruz reutilizada para los caídos en la Guera Civil. Celebra sus fiestas el 11 de Noviembre, día del santo que le da nombre. En su entorno son de destacar algunos lugares en torno al río del Pinar, con un paraje de vistosas cascadas camino de Los Trampales. Cerca del casco urbano se encuentran tres antiguos molinos de agua.

Hoyos de Miguel Muñoz es uno de esos pueblos abulenses que llevan el nombre del repoblador que lo fundó. Se trata de una pequeña localidad que celebra sus fiestas el día de San Lorenzo, el diez de agosto, y la Purísima en diciembre. Además de su pintoresco casco urbano con edificios de granito y tinados techados de piornos para guardar los carros, tiene parajes interesantes como la barrera del Sanar, donde un viejo dicho popular asegura que hay tesoros o metales preciosos. También podemos subir a una elevación en la que se han situado varias antenas y desde la que hay una magnífica vista panorámica de estas sierras. Desde este pueblecito un tanto mágico acuden los vecinos en torno al día de San Lorenzo a ver las perseidas o lágrimas de san Lorenzo, una lluvia de pequeñas estrellas fugaces que se producen en torno a la fecha de celebración del santo. También hay una excursión interesante a la fuente de la Mora, donde dicen que se peinaba y lavaba una muchacha en la época de dominación musulmana.

La Cueva del maragato señalada por la flecha
La Cueva del maragato señalada por la flecha

LA EXCURSIÓN

 A la Cueva del Maragato

 Hoy vamos a visitar la Cueva del Maragato siguiendo una ruta que parte del cruce de la carretera de Navalsauz con la de Ávila. Seguimos hacia Navalsauz por la cañada leonesa, que en este tramo coincide con la carretera, hasta que a unos trescientos metros nos desviamos por la propia cañada que va paralela al Alberche por su orilla occidental. Aquí el río es coto truchero y lo recorremos hasta pasar frente al molino Parranca. Poco después llegaremos a un antiguo puente conocido como la puente Mocha, nombre que tienen muchos de los antiguos puentes medievales y romanos que no cuentan con los pretiles protectores. Más adelante llegaremos a unas viejas majadas desde donde subiremos por la calzada hasta la cueva del Maragato que podemos visitar desviándonos un poco hacia el risco en el que se encuentra. Bajaremos nuevamente hasta las majadas y ascenderemos por las riberas del Alberche hasta otro molino que se encuentra junto a unas chorreras, para desde allí subir hasta Navalsauz, visitando el patrimonio referido en el texto anterior y volviendo después por la carretera al punto inicial.

 Recorrido aproximado 13 kilómetros, tres horas