MOLINOS DEL RÍO CEDENA

MOLINOS DEL RÍO CEDENA

Molino de Enmedio cerca de Villarejo de Montalbán

El Cedena, como río fronterizo, sirvió también a las localidades de la parte más oriental de La Jara y Valdepusa. Tenemos referencias de sus molinos ya en el siglo XVI, cuando en las relaciones de los pueblos de Hontanares, Navahermosa y Puebla de Montalbán se alude a ellos. Durante el siglo XVIII se enumeran en las relaciones de Lorenzana cuatro molinos y un batán localizados en el tramo alto del Cedena, mientras que en el catastro de Ensenada se refieren a ocho artificios de los que cuatro son molinos situados en su arroyo afluente de Malamonedilla o Pasadero. Los dueños de todos estos ingenios eran vecinos de Navahermosa. Localizados ya en el tramo bajo del río se sitúan hoy día los mismos tres molinos que se documentaban históricamente en el término de Villarejo de Montalbán

Molino con horno en Mel arroyo de Malamonedilla

Los tres primeros ejemplares del arroyo de Malamonedilla (Mm 1), (Mm 2) y (Mm 3) tienen un receptor muy similar de cubo-rampa fabricado en buena sillería. El primero de ellos cuenta con un horno de pan adosado (Foto 55), el segundo y el tercero nos permiten observar las borriquetas de obra que sostenían la piedra, dejando pasar debajo de ella la correa que movía en el primer caso una rueda secundaria y en el otro la maquinaria auxiliar. El segundo molino (Mm 2) tiene también la peculiaridad de haber adaptado un lavadero de ropa a su canal y el tercero se construyó utilizando como sillares tres aras romanas.

El cuarto y último de estos molinos es de rampa pero apenas puede observarse por la maleza que la rodea. Varias cocinillas de hortelano se encuentran adosadas a su edificio (Mm 4).

Plantas de molinos del río Cedena

Ya en el propio Cedena y en las proximidades de las ruinas de Malamoneda, se han destruido recientemente dos ejemplares (Ce 1) y (Ce 2). Un gran cubo de sillería daba movimiento a dos piedras en otro molino(Ce 3) datado sobre un dintel con fecha de 1895. Seguimos descendiendo el Cedena y el cuarto ingenio que encontramos tiene también un cubo como receptor (Ce 4). Igual sistema tiene el quinto que, con una gran roca en el centro del edificio, es un curioso ejemplo de cómo las construcciones de molinos se adaptaban a todo tipo de circunstancias topográficas adversas en las riberas (Ce 5).

Molino tercero del río Cedena

El sistema receptor del sexto molino se encuentra modificado por la adaptación del edificio a vivienda de recreo. A juzgar por la envergadura que manifiesta tuvo que desarrollar una considerable potencia (Ce 6). Río abajo, dentro de la misma urbanización, se sitúa otro ejemplar con dos plantas como el anterior. La más baja servía para los trabajos de molienda y la primera hacía las veces de vivienda (Ce 7). Todos los cubos del Cedena tienen como característica común el estar fabricados con sillería bien rematada. El octavo molino se encuentra más alejado, es de cubo y está dotado de cocina, cuadra, habitación y zaguán.

Molinos de Cedena y afluentes

A continuación se encuentran los molinos de Villarejo de Montalbán. Fechado en el siglo XVII, como constata la inscripción de un dintel, aunque con referencias históricas anteriores, encontramos el noveno molino, el conocido como molino Campanero (C 9) (Foto56). Está situado en un paraje sumamente ameno con un puente construido exclusivamente para su servicio. En el siglo XVIII pertenecía a una cofradía de Malpica mientras que el molino siguiente o molino de Enmedio (C 10) era propiedad de una capellanía de Los Navalmorales.

Molino Campanero en el Cedena

Los tres molinos de Villarejo de Montalbán continuaban funcionando en 1845, así como los cuatro de Malamonedilla y otros dos en la zona alta del Cedena, ya dentro del ambito de Hontanar.

Molino junto al casco urbano de Villarejo de Montalbán

Merece la pena detenernos en el tercer molino de Villarejo que está situado junto al mismo casco urbano (fig. 71). En realidad se trata de dos ingenios, un molino tradicional de rampa por un lado y otro de cubo-rampa que, mediante su adaptación a una turbina, dio luz al pueblo y movilizó una pequeña fábrica de harinas. Conserva casi intacta la maquinaria y es una pequeña joya de arqueología industrial que debería conservarse.

Planta del molino de Villarejo de Montalbán

Una turbina corcho de cinco caballos movía una dinamo AEG de tres kilowatios que suministraba una corriente de 110 voltios. Con ella apenas se daba luz a unas pocas bombillas que eran todo el alumbrado público que tenía Villarejo. La turbina proporcionaba además la energía necesaria para el funcionamiento del molino que, en tiempos de escasez de caudal, se veía obligado a utilizar un motor de gasolina Dion Bouton para completar la insuficiente energía hidráulica.

A través de un sistema de correas, no sólo se movilizaban las piedras, sino también la dechinadora, la limpiadora, el cernedor y el sistema de sinfines que llevaba en cadena la harina y el cereal de una máquina a otra.

LOS EMPALAOS DE VALVERDE DE LA VERA

LOS EMPALAOS DE VALVERDE DE LA VERA

Fotografía del Museo del Empalao

 El rito más conocido entre los de este pueblo, y todos los de la Vera en general, es el que se celebra en Semana Santa desde tiempo inmemorial conocido como de “Los Empalaos”. Se desarrolla el Jueves Santo por la noche y las primeras referencias a la “Cofradía de disciplinantes y Germandad de la Pasión de Jesucristo” datan del siglo XVI, cuando se escriben las primeras ordenanzas y reglamentos y se conceden indulgencias plenarias, aunque parece que el ritual y la hermandad existían desde fechas anteriores. Cuando Carlos V llegó a Yuste, le informaron sus ayudantes sobre los disciplinantes en términos que daban a entender que era costumbre un tanto bárbara y brutal, pues hasta finales del siglo XVII se azotaban violentamente los disciplinantes.

Otra de las fotografías del museo del Empalao

Vestir a los empalaos no solo es todo un ritual sino también una técnica delicada en la que no se debe apretar mucho las cuerdas porque dificultan la respiración, ni tampoco dejarlas demasiado flojas porque, aparte de no producir la mortificación del disciplinante, pueden acabar produciendo heridas. Tanto las llagas como los hematomas producidos eran tratados desde siempre con vino blanco que compraba la cofradía, aunque hoy día se utilizan otros remedios más actualizados.

La corona de espinas es uno de los elementos del atuendo de los Empalaos

Como nos describe Angel Correas, lo primero que se coloca al penitente es el “timón”, un palo redondo que formaba parte del arado romano tradicional y que sostiene a los brazos en cruz. Luego se van colocando las sogas alrededor de los brazos y el timón hasta la punta de los dedos, así como en torno al torso del empalao. La parte de abajo se viste con una enagua blanca de mujer.

Cristo de la iglesia de Valverde con la estola y los símbolos de la Pasión

En la cabeza se coloca un velo también blanco delante de la cara para guardar el anonimato del penitente. Por detrás del cuello se colocan dos espadas antiguas que sobresalen en aspa por encima de la cabeza. Encima del velo lleva una corona de espinas. El empalao siempre va descalzo y a mitad de cada brazo cuelgan tres “vilortas”, anillas de hierro que también formaban parte del antiguo arado y que van balanceándose y produciendo un sonido lúgubre al paso del disciplinante. Completa el vestuario del empalao una tela blanca rectangular como las que adornan muchas cruces y que y que como en ellas cuelga de los brazos.

El Cirineo siempre auxilia y acompaña al Empalao

El empalao va siempre acompañado del “cirineo” que antes se denominaba hermano de luz, pues llevaban las velas que lo alumbraban o actualmente la lámpara de aceite, y auxiliaban al empalao ante cualquier caída o incidencia. Va vestido con una manta antigua o una capa. Las mujeres no se visten de empalao pero sí pueden ser penitentes vestidas de “nazareno”, descalzas, con velo negro y corona de espinas, y llevando una pequeña cruz

Otro de los personajes de los Empalaos es

El recorrido sigue las estaciones del vía crucis que se reparten por el pueblo y en las tres cruces de la estación del Calvario que se encuentra junto a la carretera se recita a las doce de la noche una poesía dedicada a la “Madre Afligida”. También se acercan a rezar un padrenuestro a la ermita del Cristo. Antiguamente también se vestían y azotaban los empalaos la noche del dos de Mayo pues era la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.

En Valverde de la Vera se puede visitar un Museo delEmpalao donde además podemos conocer la casa típica verata y una pequeña muestra etnográfica.

Elementos etnográficos en el Museo del Empalao

VALVERDE DE LA VERA, CAPITAL DEL SEÑORÍO

VALVERDE, CAPITAL DEL SEÑORÍO

Ventana  de la iglesia de Valverde de la Vera

Tanto los pueblos veratos que ya conocemos, Madrigal y Villanueva, como las pequeñas localidades de Viandar y Talaveruela, pertenecieron al estado señorial de Valverde de la Vera, pueblo del que no tenemos noticias hasta el siglo XIII, en que es otorgado como señorío por Sancho IV a Nuño Pérez de Monroy y su descendencia. Esta familia, que tenían como castillo la magnífica fortaleza de Belvís de Monroy, también construyeron la de Valverde, al que en alguna ocasión pusieron sitio la familia de los Almaraz, señores de este pueblo arañuelo y enemigos acérrimos de los Monroy. Uno de los “almaraces” murió precisamente en uno de los sitios que pusieron al castillo verato y fue después vengado por su hijo asesinando éste a su vez a un Monroy. Seguir leyendo VALVERDE DE LA VERA, CAPITAL DEL SEÑORÍO

AL CHORRO DE LA VENTERA, LA MAYOR CASCADA DE GREDOS

Al Chorro de La Ventera,la mayor cascada de Gredos

El Chorro de la Ventera

 Como venimos observando, casi todos los pueblos del Valle del Tiétar están vinculados a una o dos gargantas serranas que son las que les proporcionan el agua para sus regadíos y su consumo. En el caso de Villanueva de la Vera son dos las gargantas principales que discurren por su término: la de Minchones y la de Gualtaminos.

Las Juntas,confluencia de La Hoz y Minchones

La primera de ellas nace en la parte occidental del término y discurre de oeste a este recibiendo afluentes como la garganta del Chorro, donde se sitúa la cascada mayor del sistema central, el Chorro de la Ventera, que entre la caída vertical de sus aguas y las chorreras posteriores tiene unos ochenta metros de desnivel. Son tales sus dimensiones que en las épocas de deshielo o grandes lluvias es visible desde los llanos de Campo Arañuelo. Es un paraje muy hermoso rodeado de grandes robles y donde es muy frecuente la presencia de cabras monteses que beben en las pozas transparentes.

Garganta de Minchones cerca de Las Juntas

Para llegar a El Chorro iremos hasta la confluencia de la carretera de Madrigal a Villanueva con la propia garganta de Minchones. Tomaremos el camino que parte de su orilla oriental y subiremos por él, viendo enfrente el cerro del Castrejón que, como su nombre indica, aloja un castro céltico. Abajo vemos la presa y vamos disfrutando de las vistas recorriendo la pista entre pinares hasta llegar a la confluencia del camino que ya conocemos que va desde Madrigal hasta el Recuéncano, cruzaremos la garganta de Minchones por un puente de tubos y seguiremos el camino como indica el plano. Llegaremos al final a una portera cerrada que podemos pasar por un pequeño portillo que hay en el vallado junto a ella y bajaremos hasta la garganta de Minchones para seguirla por la orilla, o por el camino si tenemos permiso, hasta llegar a la confluencia de la garganta del Chorro, por la que subiremos a las cascadas por la orilla de nuestra izquierda.

Turbinas de la central eléctrica de Minchones

El paraje entre alcornoques y robles de buen porte, es impresionante, sobre todo si vamos en época de lluvias o deshielo, y no es extraño que encontremos cabras montesas en las inmediaciones. La subida es algo dura y empinada pero podemos si lo deseamos observar la cascada desde abajo con pozas en las que podemos refrescarnos.

Restos de queseras cerca del Chorro de laVentera

Como hemos visto en la ruta anterior, otro de los afluentes que desemboca en la orilla izquierda es la garganta de la Hoz, que como su nombre indica discurre en gran parte de su trazado por un cañón de grandes pendientes con numerosas pozas de aguas limpias y de color esmeralda de las que la más conocida y frecuentada es la del Recuéncano, una charca de grandes dimensiones con una enorme roca granítica por la que los bañistas se deslizan a modo de un gran tobogán, aunque el recorrido de esta garganta nos deparará numerosas sorpresas y parajes solitarios de gran belleza. Desde la confluencia de La Hoz con Minchones, en el lugar llamado de Las Juntas, la corriente gira en dirección sur para continuar su trayecto pasando por una antigua central eléctrica en ruinas que conserva restos oxidados de sus antiguas turbinas, y más tarde llega hasta un pequeño embalse situado a los pies de un castro céltico que conserva los restos de sus murallas pétreas.

La garganta de Gualtaminos se halla más cerca del núcleo urbano de Villanueva y es de menor caudal y longitud, aunque cuenta con lugares de interés como las accesibles cascadas del Diablo.

Casadada del Diablo en la garganta de Gualtaminos

UN BAÑO EN EL RECUÉNCANO, PASEO EN GREDOS

Un baño en el Recuéncano

Arquitectura popular en el valle de Minchones

 Aunque nuestro objetivo de hoy está en término de Villanueva de la Vera, vamos a partir desde Madrigal por la pista que lleva a El Burreño. Preguntaremos por su comienzo a las afueras del pueblo, en su extremo norte. Después seguiremos por la pista asfaltada entre castaños y robles hasta llegar a un pinar donde se acaba el asfalto. A la derecha vamos viendo las huertas y majadas veratas repartidas por el arroyo de Helechoso y El Burreño. Trasponemos después al valle de Minchones parándonos a contemplar las magníficas vistas.

La garganta de Minchones desde el collado de Burreño

Pasamos entre robles y llegamos a la majada de “Los Abuelitos” continuando hasta llegar al puente de tubos que cruza la garganta de Minchones. Allí pararemos y subiremos por la orilla oriental hasta llegar a una poza de grandes dimensiones. 

Higos puestos a secar en El Alcornocal, cerca de la garganta de la Hoz

Se encuentra en la garganta de la Hoz, un afluente de Minchones que desemboca en la orilla izquierda  y que, como su nombre indica, discurre en gran parte de su trazado por un cañón de grandes pendientes con numerosas pozas de aguas limpias y de color esmeralda de las que la más conocida y frecuentada es la del Recuéncano, una charca de grandes dimensiones con una enorme roca granítica por la que los bañistas se deslizan a modo de un gran tobogán, aunque el recorrido completo de esta garganta,3 o 4 kilómetros río arriba, nos deparará numerosas sorpresas y parajes solitarios de gran belleza.

Garganta de la Hoz desde el arroyo del Molinillo

Desde el mismo puente podemos también bajar por una senda en la misma orilla de saliente hasta la confluencia de La Hoz con Minchones, en el hermoso paraje de Las Juntas, aunque en el camino encontraremos otras pozas.

 Recorrido aproximado 14 kilómetros 3 horas y media

Quesera en El Alcornocal, por encima de El Recuéncano

 

VISITAMOS VILLANUEVA DE LA VERA

VISITAMOS VILLANUEVA DE LA VERA

Rótulo en cerámica que representa la plaza de Villanueva de la Vera

Villanueva de la Vera tiene el mayor término de la comarca y, como Madrigal, perteneció al estado señorial de Valverde hasta que consiguió su independencia con el privilegio de Villazgo de 1643.

Arquitectura popular en Villanueva de la Vera

Es otro de los pueblos de la comarca que cuenta con un mayor número de edificaciones de arquitectura tradicional, con numerosas portadas de piedra adinteladas o con arcos de medio punto que llevan fechas de ejecución del edificio principalmente del siglo XIX y algunas del XVIII. Las balconadas se reparten por todo el caserío en muchos casos con gran aproximación entre las de ambos lados de la calle. Los balaustres de los balcones son muy variados en su corte o torneado y los aleros llegan casi a tocarse en muchas de lasabigarradas callejuelas que rodean a la Plaza Mayor que, por otra parte, es también  muy pintoresca, con viviendas porticadas sobre pies de granito o de madera muy elevados en algunos casos, Algunas construcciones tienen hasta cuatro alturas, el ayuntamiento está presidido por una curiosa espadaña de piedra sobre la que se ha instalado el reloj. Delante se encuentra la antigua fuente con su pilón circular.

Detalle de arquitectura popular en Villanueva

Entre los monumentos que debemos visitar se encuentra la iglesia parroquial, edificada en mampostería con sillería en las esquinas y en algunos otros elementos como sus grandes contrafuertes. La portada principal se sitúa en el lado norte y es de arco carpanel con dos arquivoltas, basas, columnillas y capiteles góticos decorados con follaje. Sobre ella hay una hornacina y dos escudos de los Zúñiga y los Velasco, señores del lugar. La portada oeste y la del muro sur son más modestas estando la segunda tapiada en la actualidad.

Calabaceros, uno de los ritos de la curiosa fiesta del Peropalo

El interior se divide en tres naves por pilares de buena altura sobre los que cargan los arcos. La capilla mayor se cubre con bóveda de crucería y en cuanto al patrimonio del templo hemos de señalar los paneles de cerámica renacentista talaverana. Uno de ellos representa a Santa Úrsula y las Once mil Vírgenes, y el otro una cruz de curioso diseño. El retablo mayor es churrigueresco y de cierta calidad, aunque la iglesia cuenta con otros retablos del siglo XVIII. En sus hornacinas se exhiben imágenes con cierto interés, algunas del siglo XVI.

Una de las Ermitas de Villanueva de la Vera

También cuenta Villanueva con dos ermitas de aire popular, la de Santa Ana y la de San Antón, situadas en ambos extremos del pueblo.

No debemos de irnos sin adquirir el queso verato o el tasajo.

Dejaremos para otra ocasión la descripción de la compleja e ineresantísima fiesta del Peropalo.

HASTA EL CIRCO DE GREDOS POR EL CAMINO DE LOS NEVEROS

HASTA EL CIRCO DE GREDOS POR EL CAMINO DE LOS NEVEROS (o al Almanzor por Peña Chilla)

 El punto de partida de esta excursión comienza en uno de los lugares más altos accesibles con vehículo todo terreno o en bicicleta, aunque podemos hacer andando el recorrido completo desde el Raso o desde el aparcamiento de la garganta Tejea, al final del camino del castro.

Vista de algunos edificios de la majada de Braguillas

 

Partimos de El Raso y tomamos el camino del castro vettón que podemos visitar de paso, continuando por la misma pista casi hasta el final de la misma, en el paraje de Pinillos. Doscientos metros antes del aparcamiento asciende otra pista en dirección sur que tomaremos, aunque si vamos en coche o en bicicleta hay que advertir del mal estado de la misma por las numerosas piedras sueltas del camino.

Como a dos kilómetros de nuestro recorrido encontramos a la izquierda unas rejas que protegen las pinturas rupestres de Peña Escrita, sobre las que ya hemos hablado.

El embalse de Rosarito desde la ruta que vamos a hacer hoy.

La vista panorámica se va haciendo impresionante sobre el valle del Tiétar con los embalses de Rosarito y de Navalcán, los regadíos de la Vera, las llanuras del Campo Arañuelo y al fondo las sierras de La Jara y Las Villuercas. Cruzamos el arroyo de la Vejiga y después de un recorrido total desde El Raso de unos 13 kilómetros habremos llegado al paraje de El Hornillo o Jornillo.

Majada del Hornillo

Desde la pequeña plataforma de aparcamiento vemos a la izquierda, mirando al norte, una vieja majada. A la derecha parte un camino que asciende en dirección nordeste hasta un paraje de grandes bloques graníticos con verdes prados cruzados por el arroyo que parte de la fuente que da nombre al lugar Majalvenero. Aquí es donde podéis equivocaros pues la tendencia natural es seguir hacia el collado desde donde se contempla una magnífica vista sobre la garganta de Chilla y el arroyo del Chorro, pero no es ese el camino mejor, pues nos conviene más subir hacia la izquierda en dirección a otra elevación llena de bloques graníticos para seguir el camino de los Neveros o de Tío Domingo que va más próximo a la cresta y que se transitaba para llegar a un pozos de nieve.

Chorreras de la Vejoga

El camino está marcado con pequeños majanos de piedra y discurre por un paisaje similar de granito con mogorros como el del Helechar y collados como el de El Barril o el de Hinojoso, desde donde contemplamos a uno y otro lado las gargantas de Tejea y Chilla. La vegetación apenas presenta algunos ejemplares de roble pues predominan los piornales y los cantuesares. Pronto damos vista a la peña de Chilla de 2009 metros. El camino discurre por su lado este que es un enorme lanchón inclinado. Por el lado oeste, el que da a la garganta Tejea, es mucho más abrupta y casi siempre rondan buitres en torno a ella. Ya antes habremos visto alguna cabra hispánica que abunda por la zona, sobre todo en los pastos del naciente del arroyo del Chorro.

Bosques en las laderas de nuestro recorrido

A continuación, el camino nos lleva hasta el pequeño collado o silla de La Peña donde el paisaje se hace casi lunar, con el gran bloque pétreo del macizo central de Gredos enfrente.

Desde los casi mil novecientos metros de este collado se asciende hasta los casi dos mil seiscientos del Almanzor en un recorrido sobre el mapa de sólo dos kilómetros, lo que nos orienta sobre la gran pendiente que hemos de subir y lo penoso de esta última parte del recorrido, aunque las vistas nos compensarán del esfuerzo. Pasamos primero el risco Redondo luego el risco del Cachorro, el cuchillar de las Navajas que ya nos sugiere lo  peligroso del paso y por la portilla Bermeja accedemos por fin hasta el Almanzor. Para los no acostumbrados a estas cumbres tal vez sea mejor conformarse con llegar solamente a Peña Chilla.

macizo central de gredos con el Almanzor a la izquierda visto desde nuestro recorrido

Recorrido aproximado desde El Raso 22 kilómetros, desde el aparcamiento de Tejea 14 kilómetros, desde el Hornillo 7 kilómetros. Recorrido completo desde El Raso, solo ida, 7 horas.

ENTRAMOS EN LA VERA POR MADRIGAL

ENTRAMOS EN LA VERA POR MADRIGAL

Puente sobre la garganta de Alardos en Madrigal de la Vera

Entramos en la comarca de La Vera y en la comunidad extremeña y, aunque esta zona es continuación del valle del Tiétar, tiene características geográficas y etnográficas muy particulares. Es también una zona cuyas poblaciones se sitúan en el piedemonte de Gredos y cuyos habitantes han tenido desde antiguo una gran vinculación con la cultura del agua y los regadíos, además de la tradicional ocupación de los pueblos serranos en la ganadería de caprino.

La Garganta de Alardos delimita ambas comunidades y es por venir del macizo central, con elevaciones de sus picos por encima de los 2.500 metros, una de las corrientes más caudalosas, aunque las captaciones para agua potable y regadíos hagan que no dé esa imagen. Esta garganta es salvada por un magnífico puente medieval, el “puente Viejo” con un gran arco justo en la zona más turística inmediata a Madrigal. Esta zona tiene algunas pozas, camping y restaurantes muy frecuentados por turistas que hacen que este pueblo, no muy rico en recursos patrimoniales, sea uno de los más visitados.

Quesera bajo una cascada en término de Madrigal de la Vera

Su arquitectura popular es una de las que cuenta con un mayor número de edificaciones tradicionales de interés, pues sobre todo en la parte más alta del casco urbano hay numerosas viviendas de entramado, muchas de ellas con balcones y solanas en el segundo o el tercer piso, pues es el pueblo verato que mayores alturas tiene en estas edificaciones.

La iglesia parroquial es de nueva construcción, aunque utilizando elementos de la primitiva, construida en el siglo XV, como demuestra su portada conservada en la fachada sur. También cuenta Madrigal con varias fuentes, como la de los Seis Caños, o con algunos molinos, entre los que destacamos uno que fue central eléctrica y hoy es casa rural y otro que todavía puede funcionar con energía hidráulica y que está destinado a moler pimentón.

Fuente de los Seis Caños en Madrigal de la Vera

El término de Madrigal se extiende a lo largo de la ribera occidental de la garganta, en la que confluyen otros afluentes con atractivos parajes naturales. En la cabecera confluye la garganta del Sauce y la Tejea sobre la que se yerguen los dos picos de los Hermanitos de Tejea, llamados así para diferenciarlos de sus homónimos del Circo de Gredos. Por debajo de ellos se encuentra un castro vettón con restos de su antiguo amurallamiento y que tal vez sea el más elevado de estas sierras. Por la orilla del lado de Madrigal convergen otras corrientes, como las de Encinoso, El Hornito, Regaderas, o Helechoso, que cuentan con algunos lugares de gran belleza, entre largas chorreras que descienden desde las cumbres. En la orilla de Candeleda se asienta el castro de El Raso del que ya hemos hablado, y en la desembocadura de la garganta el santuario prerromano de Postoloboso que estuvo dedicado al dios Uaélico, relacionado con el culto pastoril a los lobos y que siguió durante siglos teniendo su función religiosa como ermita justo enfrente de la presa de Rosarito, embalse que sirve para regar con sus aguas los regadíos de La Vera especialmente los de tabaco, ya que más del noventa por ciento del tabaco rubio nacional se planta en la vega verata del Tiétar, y es por ello que vemos salpicados por el valle numerosos secaderos. Este cultivo es el actualmente mayoritario junto al pimiento del que se extrae el magnífico pimentón de La Vera.

Portada de la iglesia de Madrigal de la Vera

Los veratos siempre han sabido adaptarse a cualquier tipo de regadío ya que el microclima suave de la comarca ha hecho que se cultiven desde frambuesas a kiwis y otras plantas más propias de climas tropicales. La elevada pluviosidad de la zona con hasta 1200 litros por metro cuadrado en las cercanías de la sierra y temperaturas que en invierno suelen estar 3 o 4 grados por encima de las cercanas zonas mesetarias y en verano otros tres o cuatro por debajo, hace que veamos naranjos e incluso plataneros delante las viviendas y labranzas. La variedad de cultivos es muy acusada y así encontramos en las zonas de secano las típicas especies mediterráneas, como el olivo, la viña o las magníficas higueras cuyo fruto se exporta seco o fresco.

Esta cultura del agua y el regadío en La Vera es muy antigua y ya en el siglo XVII, en las relaciones de los productos que se vendían en la Plaza mayor de Madrid aparecen numerosas especies frutales procedentes de La Vera. No es extraño por ello que todavía se pueda recorrer el llamado Camino Real de Veratos que unía la comarca con la Villa y Corte.

Arquitectura popular en Madrigal de la Vera

SUBIENDO LA GARGANTA LÓBREGA

SUBIENDO LA GARGANTA LÓBREGA

 Es ésta una garganta de longitud considerable que lleva este nombre hasta su confluencia con la Garganta Blanca, donde juntas forman la Garganta de Santa María. Lóbrego quiere decir oscuro y tenebroso, pero aunque algo más umbrosa, no creo que estos hermosos parajes merezcan nombre tan miedoso.

Garganta Lóbrega. majada del Castaño

La ruta que describimos hoy consiste en recorrer en coche la pista de la Garganta Blanca aparcando en el refugio de la Albarea, como hemos indicado también para el acceso a la Garganta Blanca. Desde allí continúa la pista en dirección este, pero se encuentra cerrada por una cadena. Podemos seguir a pie por la pista durante veinte minutos hasta la zona de confluencia de la garganta Lóbrega con la Blanca. La pista finaliza precisamente en el comienzo de la garganta Lóbrega, donde deberemos seguir por una senda que asciende por la orilla occidental, aunque al principio esta senda está casi perdida.

La Garganta Lóbrega desde la majada del Castaño

Pronto pasamos el paraje conocido como la majada de Jacinto y cerca se une el camino que sube desde la propia garganta. Pasamos el arroyo de Parrolejo y el camino mejora hasta la Quebradilla, donde elevada sobre la loma se encuentra la Majada de Riole. Enfrente vemos junto a la garganta las majadas de Robledillo y del Castaño. El camino continúa bastante practicable hasta Las Cerradillas, donde junto a un pequeño castañar se sitúan las ruinas de algunos corrales, casas y un horno de pan.

Visión de la garganta Lóbrega desde La Mira

El camino comienza a ser más árido con más rocas y menos arbolado, pasamos la Vega de los Muertos y en la siguiente vega del Pelicanto podemos seguir la orilla derecha por una senda estrecha, abrupta y poco visible, o pasar a la orilla izquierda, donde el camino es más practicable, a través de varios prados hasta el arroyo del Jocino, donde el camino vuelve a pasar a la orilla oeste. Pasamos por unos corrales y covachones llegando hasta el fondo de la garganta. Allí el camino pasa de nuevo a la orilla izquierda para ascender hacia La Mira, la segunda cumbre de Gredos después del  pico Almanzor.

Berengón en una majada de la Garganta Lóbrega

 Recorrido aproximado desde La Albarea hasta el fondo de la garganta 8 kilómetros, ida y vuelta 4 horas

 Otra posibilidad para acceder a esta garganta es seguir a pie desde Candeleda la garganta de Santa María por el camino que el rey Alfonso XIII hizo construir para acceder mejor a los cazaderos que se encuentran en torno al Refugio del Rey, cerca de las elevaciones del Puerto de Candeleda.

La tercera forma de acceso es mucho más larga pero de gran belleza por el recorrido que nos lleva hasta ella. Iniciamos el acceso desde la carretera que va de Candeleda a Poyales donde, aproximadamente a los cinco kilómetros, parte la pista forestal de la garganta, que sube por el valle del río Muelas para luego girar a la derecha y pasar por la fuente de la Hoya y la Casa del Guarda. Arriba, a la derecha, dejamos un puesto de observación forestal y rodeando el monte vamos a dar entre robledales y pinares a la Garganta de Santa María, pero manteniéndonos todavía a una considerable altura de la ladera.

Otra vista de la Garganta Lóbrega con sus enebrales

Vamos descendiendo por la pista a través de parajes de gran belleza con el macizo central del alto Gredos enfrente y una vista privilegiada sobre el espaldar del circo de la Laguna Grande. Llegamos después de más de doce kilómetros de recorrido hasta la garganta Lóbrega e incluso nos introducimos en ella hasta la majada de Cimorro. Desde aquí deberemos seguir por una senda que nos llevará garganta arriba hasta la majada de Robledillo. Después, la senda asciende hasta un bonito conjunto de arquitectura popular que es la majada del Castaño con varios chozos y un berengón o construcción de techo vegetal que sirve para alojar a las cabras. También desde esta majada podemos tomar un camino que nos lleva a un paraje muy agreste con chorreras en el arroyo del Castaño. La vegetación predominante de la garganta Lóbrega es el enebro con bosquetes de robles.

Inicio de la garganta Lóbrega