EL JÉBALO (4) POR EL CAÑÓN HASTA ALCAUDETE

EL JÉBALO (4) POR EL CAÑÓN HASTA ALCAUDETE

Valle medio del Jébalo y al fondo la sierra de La Estrella

Todos los ríos jareños tienen una zona de pequeños cañones graníticos cuando al salir hacia el valle del Tajo rompen el batolito granítico y así tenemos la zona del Pusa en Santa Ana, del Cedena en Villarejo de Montalbán, el Uso frente a La Estrella o el Jébalo junto a Alcaudete, inculo el Sangrera frente a Retamoso nos muestran barancos berroqueños que suelen tener una gran belleza.

Desde el muro del embalse del Jébalo hasta Alcaudete el paisaje tiene estas características y cuenta con pozas y chorreras entre grandes bloques graníticos. Son varios los yacimientos de l la Edad del Cobre o medievales que custodiaban la entrada del valle del Jébalo, alguno de ellos amurallado con grandes bloques de piedra. También contaba este tramo con algunos molinos de agua pero el último de ellos, ya a la salida del cañón ha sido muy desafortunadamente restaurado y luego abandonado.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es escanear0021.jpg

El Jébalo sale del cañón y riega la huerta de Alcaudete, donde se cultivan sus famosas lechugas. Ya hemos hablado en anteriores capítulos de la prehistoria en el valle: los grabados del Martinete, la inscripción ibérica de Los Maíllos, los yacimientos romanos de Los Villarejos etc, y ahora vamos conocer el pueblo de Alcaudete

La llamada Torre del Cura y la iglesia parroquial de Alcaudete

Alcaudete es palabra de origen árabe que habría derivado del latín africano “caput aqua” o “cabeza del agua”, es decir “manantial”. Según Jiménez de Gregorio la terminación “ete” sería una huella mozárabe que habría permanecido en el nombre de nuestro pueblo. No es extraño que los musulmanes aprovecharan estas huertas construyendo para su protección las dos torres que hoy podemos encontrar en su término. Por un lado la conocida como “El Torreón” o como “La Torre del Cura y la torre que se encuentra en la dehesa de Castellanos, que es de mayores dimensiones y está reformada con desafortunado gusto. En su interior está cubierta por una bóveda de arista en el primer piso.

Explicación en el moumento al primer repoblador de Alcaudete

A los pioneros cristianos que repoblaron estos inseguros territorios está dedicado el monumento que se sitúa a la entrada del pueblo En él se representa, en escultura de hierro sobre pedestal de ladrillo mudejarista, a uno de aquellos primeros jareños  de pie junto a la simbólica torre de Alcaudete y armado con la ballesta, que a su vez es símbolo de la actividad cinegética del primer repoblador de Alcaudete que, complementada por la explotación de las posadas de colmenas, la ganadería y los huertecillos habría constituido el modo de vida de los protagonistas de las primeras incursiones en el nuevo territorio conquistado.

Monumento a los repobladores jareños en Alcaudete

En el siglo XIII,  Fernando III el Santo dona a Talavera para su repoblación la dehesa de Los Xebalillos, en la que está incluido gran parte del actual término de Alcaudete. La noble familia talaverana de los Duque de Estrada tuvieron vinculación con estas tierras, como se deduce de que el “Torreón” perteneciera a Hernán Duque de Estrada durante el siglo XVI, aunque ya en el siglo XIV otro noble llamado Juan Ortiz Calderón, arrepentido de sus faltas, entre las que destacaba haber asesinado a un alcalde de Talavera, deja en herencia al arzobispo Pedro Tenorio Duque de Estrada la dehesa de Castellanos con su torre para que allí se funde un monasterio que, finalmente, acabaría radicándose en Talavera como monasterio jerónimo de Santa Catalina.

Aparejo de un muro de Alcaudete de tapial y canto rodado

CONJUNTO URBANO

Este pueblo de la Jara Baja se caracteriza por una arquitectura de ladrillo y, sobre todo, de adobe y tapial, generalmente enjalbegados y casi siempre levantando una sola planta. Sin embargo, en la zona central del caserío se conservan media docena de casonas de interés donde el granito y la rejería nos orientan a la existencia de cierta clase acomodada poco frecuente en el resto de la comarca. La zona de la plaza fue reconstruida por el organismo Regiones Devastadas debido las inundaciones que asolaron el pueblo, manteniendo un conjunto no desafortunado dentro de las típicas formas constructivas que se utilizaron en la época franquista, tanto en estas rehabilitaciones de zonas destruidas como en los llamados pueblos nuevos de colonización.

Alcaudete es de los pocos pueblos jareños que cuentan con alguna casona menos modesta que lo que es habitual encontrar en La Jara

Además de estos edificios urbanos, encontramos repartidas por su extenso término algunas viviendas rústicas en pizarra y granito, sobre todo al sur, además de las grandes labranzas del valle bajo del río en el norte, en torno a la Dehesa de Castellanos, con mayores dependencias y la entrada situada casi siempre bajo un palomar. Otros edificios peculiares son los de las huertas y molinos cercanos al casco urbano.

En el próximo capítulo acabaremos de conocer Alcaudete y llegaremos hasta la desembocadura del Jébalo en el Tajo.

EL RÍO JÉBALO (3) POR LA FRESNEDA

EL RÍO JÉBALO (3) POR LA FRESNEDA

Arquitectura popular en La Fresneda

Hoy vamos a conocer el siguiente tramo del río Jébalo y para ello vamos a reAlizar una excursión acercándonos al pueblecito jareño de La Fresneda, desde donde es más fácil el acceso a esta parte del río.

Aunque existen referencias del siglo XVIII a una labranza de Torrecilla “con cuatro casas con sus habitadores, los dos vecinos de Espinoso, y los otros dos, vecinos del lugar de Sevilleja”, el comienzo de la andadura del pueblo como tal se produce a mediados del siglo XIX, pues es conocido que La Fresneda fue fundada por un labrador llamado “el abuelo Lorenzo” al que se reproduce en un panel de cerámica de los que adornan la pequeña plaza local. Todavía se conoce cuál fue su casa y cómo se extendieron las edificaciones según crecía el vecindario descendiente de aquella primera familia pionera, con algunos vecinos más originarios de Buenasbodas. A lo largo del arroyo Valbellido se distribuye el caserío que conserva algunas construcciones y rincones de sabor jareño con sus muros de pizarra o blanqueados. Cerca del cementerio existe un calero, un horno para cocer la cal con la que antiguamente enjalbegaban las casas o fabricaban la argamasa para las construcciones.

Horno de cal cercano a La Fresneda

La iglesia se inauguró en 1944. Construida sobre un solar donado por una vecina, no desentona con la arquitectura tradicional local. Fue erigida con la financiación que proporcionó don Anastasio Granados, sacerdote que fue obispo auxiliar de Toledo pero que cuando era cura en pueblos cercanos durante la Guerra Civil hubo de huir y fue recogido y ocultado por los “fresneanos” durante la contienda.

Pero el mayor encanto de La Fresneda, además de sus gentes, es su entorno y aislamiento.

Labranza junto al embalse del Jébalo

Muy cerca del pueblo, aunque en término de Alcaudete, se encuentra el embalse del río Jébalo. Un paraje de gran belleza , con las aguas represadas entre encinares y olivares, y en cuyas orillas se asientan varias labranzas antiguas de bonita arquitectura tradicional, entre las que destacan la de Paniagua, que llegó a ser una verdadera aldea, o la de Los Villarejos, adquirida por los fresnedanos en parcelas y cuyo caserío domina la presa. En sus inmediaciones se han hallado restos romanos y una necrópolis de la Edad del Hierro que demuestran que no fue el abuelo Lorenzo el primero en asentarse en estos territorios. Si subimos el río unos dos kilómetros podremos bañarnos en pozas solitarias de aguas limpias entre fresnos y riscos de pizarra.

Sepultura tardorromana violada en el Prado de la Moneda antes de su inundación

Nos acercaremos desde el pueblo a la presa, desde el muro comenzamos el paseo y tomamos el camino que en dirección sur nos lleva por la orilla izquierda del río.

Podemos subir por la labranza conocida como Los Villarejos, desde la que hay una magnífica vista sobre el embalse y todo el valle del Jébalo, con sus encinares y olivares que han conquistado las pendientes de las empinadas barreras. El nombre de Los Villarejos, topónimo muy asociado siempre a antiguos poblamientos, nos indica que esta zona es rica en huellas arqueológicas de romanos y visigodos, pues se han hallado restos y sepulturas como la del cercano prado de la Moneda, de nombre también tan sugerente.

Horno de los Villarejos con gallinero bajo él y zahurdas a su lado

Seguimos el recorrido por el camino de circunvalación del embalse y vamos viendo algunas viviendas de pizarra y adobe típicas de La Jara.

A unos tres kilómetros, se encuentra el antiguo poblado de Paniagua, con una era central y algunas viviendas y cuadras que conservan el viejo sabor de las construcciones rurales de la comarca.

Uno de los edificios de labranza de Paniagua de arquitectura popular en pizarra

Por debajo de la aldea de Paniagua hay un puente por el que luego cruzaremos ya de regreso. Río arriba de este puente se suceden varias pozas muy hermosas entre pizarras, con la ribera festoneada de fresnos y acebuches. Malpasillo y Malpasillón son los nombres de dos de ellas que nos sugieren la facilidad para pasar el río de un salto debido a la cercanía de las rocas de ambas orillas.

Poza de Malpasillo en Jébalo juntoa la labranza de Paniagua

Desde aquí también puede ascenderse el río, si tenemos tiempo, hasta llegar a los parajes del poblado de Portezuelo y el de El Martinete, del que hablaremos en otra ruta por situarse en él unos grabados y pinturas rupestres.

Volvemos después de regreso y cruzamos por el puente peatonal mencionado, siguiendo la otra orilla del embalse hasta regresar de nuevo a La Fresneda.

Puente peatonal junto a la labranza de Paniagua

EL JÉBALO (2) DE ROBLEDO AL MARTINETE

EL JÉBALO (2) DE ROBLEDO AL MARTINETELa imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es escanear0304-663x1024.jpg

Salida del Jébalo del valle de Robledo del Mazo por El Portadillo

Siguiendo nuestro recorrido fluvial por el Jébalo salimos ya del valle de Robledo del mazo para recorrer una zona agreste  y solitaria que recomiendo recorrer en verano calzado con unas zapatillas viejas que nos permitan ir andando por el río y darnos un chapuzón de vez en cuando. El río está aquí muy limpio y podemos disfrutar de pozas y remansos con aguas trasparentes y no muy frías desde las que no será extraño ver algún corzo o venado y tropezarnos con alguna nutria.

Río Jébalo y el canal de la central eléctrica del Martinete

A mitad del recorrido nos encontramos con una presa arruinada que desviaba el agua para llevarla a la central hidroeléctrica del Jébalo, que dio luz a algunos pueblos de la comarca.

Podemos aquí coger el canal que parte de la presa y dejar el río para caminar más cómodo con unas magníficas  vistas sobre el valle fluvial.

Detrás del puente se ve la central de El Martinete

Llegamos por fin a un ensanchamiento del canal desde el que desciende un tubo que con el caudal que conducía movía la turbina eléctrica.

Cartel de la central eléctrica del Jébalo

Río abajo se encuentra el puente de la carretera de Espinoso a Buenasbodas con buenas pozas y tablas en la zona para pescar o refrescarse. Más abajo están los restos del artificio que da nombre al paraje, una construcción semiarruinada que alojaba un mazo o martinete que era movido por una rueda vertical que a su vez hacía girar un eje con dientes que hacía golpear un martillo contra las chapas de hierra o cobre que se querían afinar y moldear.

Ruinas del martinete que da nombre al paraje

y más abajo aún se encuentran los grabados rupestres del Martinete que hemos descrito más pormenorizadamente en otra entrada pero vamos a recordar que debemos seguir  por la ribera río abajo, mejor por la orilla derecha para evitar problemas con el guarda de la finca, y vamos observando la orilla contraria hasta que veamos una gran roca lamida por las aguas en cuya superficie se encuentra una muestra del llamado arte esquemático de la Edad del Bronce, aunque es probable una mayor antigüedad en su ejecución pues algunos especialistas retrasan su datación hasta la Edad del Cobre o Calcolítico, con más de 4500 años, e incluso otros llegan hasta el epipaleolítico añadiendo un par de milenios más.

Riberas del Jébalo cerca de El Martinete

La mayor parte de los grabados están realizados con técnica de piqueteado sobre unas superficies rocosas lamidas por el Jébalo en sus crecidas y situadas en un lugar intrincado que tiene algo de mágico por su entorno y por su aspecto de «capilla» o de recogido paraje religioso. Muchos de los motivos son homúnculos, es decir, hombrecillos esquemáticos en diferentes actitudes, como uno de ellos, por ejemplo, que parece representar un arquero caído.

Ciervo con gran cornamenta en los grabados del Martinete

También aparece la imagen de la cabeza de un cérvido y lo que da la sensación de ser una escena de lucha entre otro animal astado y un hombre. Además, se percibe un carro o una vivienda esquemática y otros signos y dibujos muy sencillos pero de difícil interpretación. Las figuras se distribuyen sobre un panel principal y otro secundario más elevado y situado más hacia el norte. Detrás de los grabados se observan también pinturas en tonos rojizos muy desvaídos en los que se distinguen dos imágenes formadas por círculos concéntricos con el típico aspecto de los ojos esquemáticos que caracterizan a muchos idolillos hallados en los dólmenes y en otras estaciones de arte esquemático.

Calco de un ciervo en los grabados del Martinete

En la msma orilla pero más abajo aún desemboca el arroyo de los Maíllos cerca de la aldea de El Portezuelo, hoy finca particular. En ese arroyo se encontró una roca con una inscripción en lengua prerromana, probablemente ibérica que encontró Jiménez de Gregorio.

Inscripción ibérica de Los Maíllos
Cornicabra gigante en el valle del Jébalo

NUESTROS RÍO; El JÉBALO (1) PIEDRAESCRITA

NUESTROS RÍOS

El JÉBALO (1) PIEDRAESCRITA

El tejado de la iglesia de Piedraescrita vierte sus aguas a dos cuencas, la del Tajo la del Guadiana

Vamos a ir recorriendo nuestros ríos y aprovecharemos para conocer los atractivos de sus valles y de los pueblos por los que van atravesando. El río Jébalo podemos considerar que nace en Piedraescrita, aunque con las aportaciones en su nacimiento de la garganta de las Puentecillas

Iniciamos el recorrido del río Jébalo, y lo escribo con «J» porque como defiende Jiménez de Gregorio aparece escrito como Xébalo en los documentos antiguos. Río de jabalíes es una de las propuestas que nos quieren solucionar el significado de su nombre.

Piedraescrita desde la ladera del risco de Las Moradas

Nace como hemos dicho cerca del pueblecito jareño de Piedraescrita, cuya ermita se sitúa en la misma divisoria de aguas del Tajo y el Guadiana por lo que las precipitaciones  de su tejado en el lado norte caerían al Jébalo.

Un camino va paralelo al cauce y se dirige en dirección norte discurriendo junto a un pequeño altarcillo que nos recuerda que allí se apareció  la imagen. Siguiendo ese camino llegamos al río cerca del paraje donde se pasa la imagen de la Virgen en un ritual curioso entre los pueblos de Espinoso y Piedraescrita, y del que hablaremos en el próximo capítulo de esta serie.

Arquitectura popular de Piedraescrita

Pero antes visitaremos primero este agradable pueblecito del que existen antiguas referencias a su iglesia como un lugar que servía de refugio a los peregrinos de Guadalupe que se aventuraban por estas sierras.

Las gentes de la comarca siempre se han encomendadoa la Virgen de Piedraescrita en tiempos de sequía.

LA IGLESIA: Cuenta la leyenda que en tiempos medievales, “poco después de la expulsión de los sarracenos”, un vaquero de Espinoso aprovechaba con los  ganados propiedad de su amo talaverano las hierbas frescas del entorno y se le apareció la Virgen en un lugar cercano al pueblo, sobre una roca conocida como “El Canto de la Virgen”, donde hace unos años se ha erigido un sencillo monumento conmemorativo.

Cuenta la leyenda que la Virgen encomendó al vaquero la construcción de una ermita y los lugareños se empeñaban en erigirla en otro lugar diferente al que hoy le sirve de solar, sucediendo que los muros levantados por el día aparecían derruidos a la mañana siguiente, hasta que por fin el templo fue construido donde actualmente se ubica, justo en la divisoria entre las aguas del Guadiana y el Tajo.

Está documentado históricamente que en 1188 el obispo Gonzalo Pérez otorga licencia para la construcción de una iglesia a un tal Nuño Nuñez y a su mujer Aderazo Gómez que aportaban la dote necesaria para su mantenimiento.

Pantocrator románico mudéjar de la iglesia de Piedraescrita

El templo es una edificación sencilla con un ábside que fue octogonal y, según parece, formaba únicamente la sencilla construcción primitiva, más tarde modificada añadiéndose la nave principal. El edificio tiene a los pies un campanario de tres huecos que fue construido en el siglo XVIII. Se accede a la iglesia por un pórtico descendiendo cuatro escalones, ya que el piso del templo se encuentra por debajo del nivel actual del suelo y hay constancia de la existencia de una antigua fuente dentro de la ermita que, como hemos dicho, es una iglesia en realidad. Los muros están fabricados en mampostería de lajas de pizarra con revoco exterior enjalbegado.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es P3201098.jpg

Azulejería del siglo XVI que representa a Dios Padre en la iglesia de Piedraescrita

Pero lo realmente interesante desde el punto de vista artístico es el interior de este monumento. Sus paredes  están en gran parte recubiertas de valiosa azulejería talaverana del siglo XVI y XVII con escenas del Nuevo Testamento. En el lado de la epístola destaca un San Cristóbal de grandes dimensiones frente al que se sitúa un panel con una fila de arcabuceros similar al que se encuentra en la ermita de la Virgen del Prado de Talavera, aunque no es esta la única similitud en los motivos dibujados en Piedraescrita. Otros paneles representan a diferentes santos y en el testero se aparece un juicio final con la resurrección de los hombres que son extraídos de las tumbas por ángeles y demonios. Un azulejo parece representar al autor de parte de los paneles cerámicos. Considero esta iglesia de Piedraescrita uno de los santuarios de la cerámica talaverana cuyo contenido ampliaremos en otra ocasión

En el cuarto de esfera que cubre la capilla podemos contemplar la pintura al fresco de un Pantocrátor con estrellas y una luna con cara femenina. Esta es la pintura románica más meridional del territorio nacional. Son también de interés un magnífico Cristo crucificado del siglo XVII, la pila bautismal y una escultura de la Virgen en cerámica talaverana.

El «gusano» de Piedraescrita, rastro de un trilobites en la cumbre de Las Moradas

Justo por encima del pueblo domina el paisaje la cumbre de Las Moradas, el pico más elevado de La Jara en el que persisten restos de amurallamientos donde se habrían refugiado los primeros pobladores cristianos huyendo de las razzias musulmanas. En un risco de cuarcita que mira desde la cumbre hacia el caserío se percibe un fósil que es el rastro de un trilobites de más de 7 metros de longitud,  y no conozco ejemplar de cruciana, que así se llaman estas huellas fosilizadas, con un mayor tamaño. También hay referencias al hallazgo de otras inscripciones hoy desaparecidas en el entorno de la iglesia que habrían justificado el nombre de “Piedra-escrita”.

Camino de Piedraescrita con la piedra que señala el lugar de la aparición. paralelo al camino va el Jébalo naciente

VIAJE CON HUMOR A LAS TIERRAS DE GABRIEL Y GALÁN (y 2)

BUSCANDO AL POETA ENTRE ENCINAS Y JAMONES (y 2)

Un viaje con humor a los espacios de Gabriel y Galán

Pasamos por Guijuelo jamonil secadero universal

Partimos hacia Guijuelo y al llegar, Ángel, relamiéndose al presentir el aroma del guarril elemento muestra a su compañero casi con entusiasmo los cientos de secaderos de jamones que se reparten hasta por cocheras, pisos y toda clase de dependencias: en cada rincón cuelga un jamón. Aquí estuvo destinado el poeta como maestro pero nada parece quedar como recuerdo de su presencia en este pueblo donde penden los perniles como guirnaldas. Delata la presencia de esos secaderos en los edificios un a modo de pasillo extensible para que, aculando los camiones, tan preciada mercancía no sufra la contaminación del medio ambiente, y dan la sensación de ser una de esas consecuencias de las medidas que las administraciones ponen como condición sine qua non para cualquier actividad industrial y que son exigidas con puntual severidad por inspectores circunspectos, aunque las cosas verdaderamente importantes en esta como en otras actividades se hagan de forma menos imperiosa y la pringue impregne puertas suelos cercanos a los cargaderos.

Busto de Gabriel y Galán en su pueblo natal

Los viajeros van justos de tiempo y no se acercan al pueblo de Granadilla, donde una placa recuerda a la que fue vivienda de la familia de la mujer del poeta. Las fincas que recorría el vate escribiendo sus poemas y vigilando a los trabajadores de su suegro se hallan en gran medida bajo el embalse de Gabriel y Galán que rodea la península en la que se sitúa el viejo y abandonado caserío con muralla y torre defensiva que se está restaurando por una escuela taller.

Desde allí parten los viajeros en busca de la casa natal del poeta en Frades de la Sierra pueblecito al llegar y encuentra la casa con su portalillo previo no muy bien reconstruido según se ven otras casillas humildes que todavía permanecen desde tiempos gabrielgalánicos.

Casa natal de gabriel y Galán en Frades

Pero al salir de la rústica vivienda que contiene una exposición sobre el hijo ilustre quedan los viajeros espantados por la esperpéntica arquitectura, prodigio de mal gusto que se levanta ante el que fue solar del poeta, dorados en rejas y ventanas maniquíes metálicos, dos edificios de la misma propiedad exponentes supremos de lo hortera y de la absoluta falta de sentido estético. Se trata de una tienda de pieles que se intitula ….que se culmina con un enorme globo terráqueo que emerge en medio de la estepa y en el otro, un secadero de jamones de puertas pringosas por el trasiego de tan prosaica mercancía, se culmina tan magna obra de colorines con nada más y nada menos que un caballero medieval dorado de gran tamaño armado, pásmese el lector, de un ebúrneo jamón.

Cababallero del jamón frente al casa natal de Gabriel y Galán

Esa es la España que tenemos con autonomías, diputaciones y ayuntamientos llenos de asesores, políticos y funcionarios de los que ni uno solo se ha dignado manifestar su oposición a que a unos metros de la casa de uno de los escritores que mejor expresó la armonía entre el  medio rural y el ser humano se encuentren tan altas y esperpénticas construcciones coronadas por el caballero de la pata de guarro.

Los viajeros se preguntan por lo que opinaría el bueno de don José María que a la ciudad la llamaba despectivamente “modernópolis” y parece que esa cutremodernez hortera ha llegado hasta los más apartados rincones.

Esperpéntico edificio entre encinares y barbechos del pueblo de Gabriel y Galán

Cruzan los viajeros en su recorrido el Puente del Congosto y descienden del vehículo para pasear puente medieval, o romano, que nunca se acaba de saber esto en tantos y tantos puentes, y pasan por él sobre el Tormes para dar una vuelta al castillo, también de los Alba, y visitar la iglesia donde un batallón de mujeres y el curilla joven adecentan el interior para una boda. Como en tantas de las iglesias visitadas una de las señoras hace encomiable descripción del templo resaltando sus atractivos y poniéndolo a la altura de las más afamadas catedrales.

Berlanguiano rótulo de Sheriff aficionado al jamón

Volvemos por Piedrahita y visitamos el edificio en el que durante otros cinco años ejerció su magisterio desasnando a los niños que corretearían por su plaza pintoresca donde las señoras juegan al cinquillo. Algunos comercios tienen el decadente y encantador aspecto de los comercios rurales que existieron hasta que en los años sesenta comenzaron todos a querer parecerse a las ciudades. Estas vetustas mercerías y guarnicionerías tienen todo el aspecto de haber sido conocidos por el maestrillo poeta. De refilón vemos el dieciochesco palacio de los Alba, ilustrado edificio que se intentó erigir entre sierras, vacas, chorizos y morcillas de calabaza, de las que compramos buena muestra. Lo cortés no quita lo valiente.

Gabriel y Galán con sus alumnos de Piedrahita

Los viajeros se detienen a yantar donde la guía de la casa natal del poeta les recomienda y allí sobre un trozo de mantel de papel, después de engullir el suculento menú que, aunque barato, ofrece las magníficas carnes del terreno, ya un tanto avinados en la sobremesa, los viajeros se acuerdan de una tarea encomendada y sobre un trozo de mantel con manchas de grasa y tinto escriben el texto de una placa de cerámica que se va a colocar en Talavera para gloria y recuerdo de Gabriel Alonso de Herrera, paisano precursor de las ciencias agronómicas europeas pero como tantos hombres ilustres, olvidado hasta en la tierra que le vio nacer y ejercer de cura beneficiado de la iglesia de San Miguel.

No hay ningún responsable político que tenga la sensibilidad suficiente para conservar la casa de postas que abre la puerta de Extremadura y para aprovechar uno de los pocos edificios que causaban la admiración de aquellos curiosos ingleses del siglo XIX con su trasiego de arrieros, putas y bandoleros, si no hay nadie que adecente la sepultura y lleve unas flores al poeta que tiene una calle dedicada en cada pueblo de Extremadura, si no hay ayuntamiento ni diputación que conserve el entorno de la casa natal del autor que mejor ha trasmitido el amor por la naturaleza, no habrá ninguna posibilidad de atraer realmente al turista que no encontrará playas ni paseos marítimos en esta tierra, pero sí podrá hallar una rica cultura y un hermoso patrimonio que disfrutar.

BUSCANDO A GABRIEL Y GALÁN ENTRE ENCINAS Y JAMONES

BUSCANDO AL POETA ENTRE ENCINAS Y JAMONES (1 de 2)

Un viaje con humor a los espacios de Gabriel y Galán

Nos encaminamos hacia Guijo de  Granadilla

Los viajeros han salido de madrugada para venir a parar por vez primera en la jornada donde desde la vetusta Vía de la Plata convertida en autovía se toma la desviación hacia el pueblo donde murió don José María Gabriel y Galán. Desde la terraza y mojando un donut en el café equivalente yanqui de nuestras autóctonas rosquillas pero de más escaso fundamento, vemos viejas construcciones que en su tiempo fueron ventas y mesones que alojaron trashumantes y trajinantes y que tuvieron su último pálpito vital vendiendo mimbres y otros objetos artesanales elaborados en material tan poco lusitano como el bambú.

Junto a la mesa una máquina expendedora expone a la solanera unos sándwich que en formación exhiben sus salsas y mahonesas para una mejor reproducción de salmonellas y estafilococos. Los viajeros ríen con el rótulo que anuncia tan sufridos alimentos: “Pica-pica” se intitula el invento y pensamos que el título está bien traído por el prurito que producirán en los esfínteres del sufrido usuario cuando deba aligerarse tirando de pantalón en próximas cunetas salvadoras.

Ven los exploradores de literarios solares cómo se anuncia la ciudad romana de Cáparra con su arco famoso pero es largo el recorrido y además es lunes, día maldito de la semana para los curiosos de museos y pedruscos en general. Van los viajeros comentando la belleza de los sanos encinares que asombran los buenos pastos que las lluvias abundantes han dejado este año y aparecen las primeras vacas coloradas y cochinos retozones.

Rótulo en la ermita del Cristu Benditu, motivo de uno de los poemas más conocidos de Gabriel y Galán. A la entrada de Guijo de Granadilla

Llegamos a Guijo de Granadilla pueblo donde vivió sus últimos años don Jose María y justo a la entrada del caserío se levanta la ermita que aloja la imagen del Cristu Benditu al que dedicó uno de sus más conocidos poemas. Recuerdan los visitantes cómo estas terminaciones en u de la alta Extremadura nos hablan de la repoblación leonesa, en definitiva de un asturianu mal hablau. La ermita ha perdido parte del sabor rústico, pues ya no tiene el pórtico pintoresco que han visto en viejas fotografías.

Recorren el casco y disfrutan de algunos rincones y construcciones que vieron pasar al maestro que casó con la hija de los terratenientes. Muchas de las casas están adornadas  con una parra que recorre la fachada. La iglesia donde el pío vate escucharía tantas veces la misa está cerrada. Muestra en puertas y sillares la cruz de San Andrés que nos habla de su advocación. Es construcción berroqueña de cierto empaque en la que curiosean los viajeros y descubren una gárgola con aspecto de ángel feo y cabezón.

Siempre llama en los pueblos poco turísticos la atención de los vecinos la presencia de forasteros a los que muchas veces confunden con cobradores de la luz que miran los contadores o con alguien que viene desde la capital para tocar los cojones, porque en general es a eso a lo que van los enviados de la administración a los pequeños lugares.

Vivienda de Guijo de Granadilla donde vivió Gabriel y Galán, hoy casa museo

Una señora setentona, como ve a los viajeros hacer fotografías de la iglesia, deja de desconfiar de ellos y  les dice que tiene una medicina que es gratis, andar, se toca las chocolatinas chuleando de abdominales planos y cuenta que no solo echar un pie detrás de otro la mantiene en forma, que en la cama flexiona las piernas y otras gimnasias y que por ello no está como otras más jóvenes que ella “que se mean encima y ni se menean”.

Callejeando llegan a la plaza, presidida por un busto del poeta. Mira hacia el ayuntamiento adornado con el mismo balcón desde el que con motivo de hacerle hijo adoptivo recitó un largo poema el nuevo “hijo del Guijo”. Se trata de solo para mi aldea y los viajeros, que han hecho no pocos pregones en octosílabos para las fiestas de los pueblos de su tierra, observan cómo se trata de una composición sencilla destinada a gentes sencillas, que incluso puede parecer algo ramplona. Tampoco tiene ni una sola alusión al lugar en sí o a sus gentes, vamos que lo mismo se podía haber escrito para el Guijo de Granadilla que para San Feliú de Guixols.

Dominando la plaza sobre un plinto sobreelevado está la casa museo del poeta, donde murió joven y comenzando su carrera literaria. Es casa que se nota caciquil y un tanto pretenciosa adornada de alta reja y una terracita con balaustre. Hoy día solamente la mitad de ella es visitable pues la casona sufrió las particiones familiares. Observan los viajeros que se encuentra abierta en edificio anejo la biblioteca municipal y entran por si aun siendo lunes suena la flauta y les enseña el museo un alma caritativa.

Juanjo es el bibiotecario, hombre grande que custodia también la casa del poeta y nos recibe en bermudas dada la canícula extremeña. Con entusiasmo se ofrece a enseñárnosla. Comentamos a la entrada uno de los documentos enmarcados en el que aparece un extracto del registro con el certificado de defunción del poeta. Siempre se dijo que falleció de una pulmonía por la tupina de agua que se pegó un día frío en el que hubo de cabalgar para asistir a un sepelio, pero parece que ya antes andaba mantujo el vate y en el certificado dice algo así como fiebre nerviosa gástrica que algunos médicos, entre ellos un nieto suyo también facultativo piensan que se trató en realidad de una apendicitis con peritonitis lo que le llevó a la tumba.

Certificado de defunción de Gabriel y Galán

Todavía conservan algunas de las habitaciones las pinturas un tanto pretenciosas, imitación de papel pintado de principios de siglo, la casa del terrateniente, aunque no está mal la cocina con útiles etnográficos entre los que se encuentra algo que llama la atención de los visitantes, unos rústicos zancos para andar por los prados encharcados del pueblo como si de algún pueblo gallego se tratara. Deben ser cosas del cambio climático.

Conmueve la mesa auténtica con tablero de pizarra donde escribió el poeta y las alcobas con elementos originales, hasta un reclinatorio, que no es extraño por la profunda religiosidad del vate, un punto beatorra. Viejas fotografías, algunas interesantes y pintorescas, como la de don José María vestido de charro o la de su madre, “el ama” de su poema. Carteles y paneles de exposiciones de cuando había “conquibus” para eventos culturales completan la exposición.

En el umbral preguntan al guía por la consideración general que ha quedado en el alma popular de El Guijo con respecto a su ciudadano más famoso y responde Juanjo con una frase terminante, “un santo, la gente le consideraba un santo”. Sorprende a los viajeros la respuesta y piensan que para que la opinión general respecto a Gabriel y Galán fuera esa, siendo el personaje el yerno del cacique, es que realmente debería ser buena gente.

Escalera de la casa de Gabriel y Galán en Guijo de Granadilla

Antes de marchar los viajeros se toman unos botellines con el custodio del solar del poeta, la tapa es guarro, cortezas que rezuman apetitoso colesterol y choricillos con gran cantidad de deliciosos triglicéridos reconfortantes. Lo engullen los viajeros aún jugándose la vida, pero como no somos nadie y si no que se lo digan al poeta que murió en primera versión de una tupina de agua y un “constipao mal curao”, que es diagnóstico frecuente entre españoles.

Aprovechando el calor del Mahou, nuestro guía aprovecha para trincar a los viajeros para unas jornadas culturales. Anda la cosa de la cultura a la cuarta pregunta pues en España siempre se ha considerado algo superfluo y así nos va. Pero en el medio rural ya es indigencia y no tienen los ayuntamientos ni para las medallas de bakelita de las carreras de sacos y los partidos de solteros contra casados, que es la mayor manifestación cultural que va quedando en las cada vez más decadentes aldeas.

Juanjo endilga a los forasteros hacia el cementerio y allá se dirigen, aparcan bajo frondosas encinas y comentan el curioso rótulo de la entrada del camposanto que prohíbe “la circulación en el recinto”, suponen los curiosos viajeros que será el tráfago de las ánimas benditas.

Sepultura de Gabriel y Galán en Guijo de Granadilla

El cementerio mantiene todavía una zona sin nichos, esos nuevos pudrideros que a Miguel le dan un poco de grima. No puede en estos terrenos de clima extremo y extremeño haber césped como en los cementerios europeos pero pequeños cardos verdean el suelo. Tardan en encontrar el enterramiento de GyG pero al final damos con ella.  Jaramagos y hierbajos adornan la abandonada tumba del hombre más sensible que pisó estas tierras. Leen los viajeros uno de sus poemas y vuelven a lamentarse una vez más del desierto cultural patrio origen de todos nuestros males y no hablan de flores naturales y rituales decimonónicos sino de respeto y cariño por lo nuestro.

LLEGAMOS A VENTAS DE SAN JULIÁN POR LA CAÑADA

LLEGAMOS A VENTAS DE SAN JULIÁN POR LA CAÑADA

Calvario de Ventas de San Julián

En Ventas de San Julián no debemos dejar de visitar la iglesia parroquial que en tiempos fue aneja de la de La Corchuela. Construida en el siglo XVI, está coronada con una espadaña de ladrillo Es un edificio de mampostería y sillería modesto en su exterior. Tiene acceso a través de portada rematada con arco ojival y ábside plano con contrafuertes. El interior se distribuye en una sola nave con el presbiterio cubierto por bóveda de arista y separado de la nave por arco de triunfo de medio punto sobre pilastras en piedra con moldura renacentista. El coro se levanta a los pies sobre un pilar de granito. La iglesia guarda retablos barrocos de interés y debemos reparar en la imaginería con tallas del siglo XVI y XVII.

Fachada oeste y espadaña de la iglesia de Ventas de San Julián

En Ventas de San Julián hay que visitar, además de la iglesia parroquial, el calvario que se sitúa en el cerro del cementerio. La cruz de la estación de la Pasión tiene la peculiaridad de ser la única de la comarca que tiene el Cristo labrado en granito, ya que en la zona suelen ser cruces sencillas, sin imagen esculpida.

Cristo del calvario de Ventas

Al oeste del caserío, siguiendo la cañada, todavía se mantiene en pie el “Venturro” un viejo edificio que fue parada de los ganaderos trashumantes y uno de los pocos en la zona que todavía se mantienen habitados.

Las dos fiestas del pueblo están dedicadas al patrono San Julián cuyo nombre era también el de la dehesa sobre la que se asentaron las ventas que dieron origen al pueblo. La fiesta de verano es la primera semana de Septiembre y la de invierno se celebra el 28 de Enero, día del santo. En cuanto a la gastronomía son de destacar los platos a base de la abundante caza del término pero no debemos marcharnos sin probar el delicioso pan y los dulces caseros tradicionales que se elaboran en su tahona.

El Venturro daba servicio a los ganaderos trashumantes que discurrín por la cañada

Faustino Espejel era un artesano de Ventas que hasta hace poco labraba objetos de arte pastoril como cucharas, morteros, saleros o sellos del pan, objeto éste que se utilizaba en los pueblos antiguamente para marcar los panes que se cocían en los hornos locales con la harina que aportaba cada vecino, de forma que sellando cada hogaza se sabía a qué dueño pertenecían, pues la composición de la masa podía variar de unos a otros con diferencias en la cantidad o la calidad de los cereales. Pero la más interesante de las producciones de Faustino es el rabel, instrumento de pastores por antonomasia que este singular artesano, merecidamente homenajeado por su pueblo con el nombre de una calle, ha venido fabricando hasta hace poco, tocándolo además con maestría en un interesante repertorio de canciones tradicionales. Todos sus objetos se hallan adornados con motivos geométricos labrados en la madera que generalmente es de raíz de fresno.

Almirez labrado de arte pastoril

El entorno de Ventas de San Julián da para numerosas excursiones, no sólo por sus cañadas, sino también por las hermosas dehesas de los alrededores, surcadas por el arroyo de Alcañizo y otros que aquí se funden entre verdes bosquecillos de ribera de fresnos y espinos para ir a desembocar al Tiétar, cuyas aguas embalsa la cercana presa de Rosarito.

Cerca de Ventas de San Julián, en la dehesa del Verdugal por la que pasaremos en la próxima jornada se produjeron dos asaltos, uno de ellos inmortalizado por Goya, pero de eso hablaremos en otra jornada.

Dehesas de Ventas de San Julián con Gredos al fondo

DE CORCHUELA A VENTAS POR LA CAÑADA

DE CORCHUELA A VENTAS POR LA CAÑADALa imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es clocc4-1024x193.png

Iglesia de La Corchuela

Debemos vadear varios arroyos que en época de lluvias pueden dificultar el paso, llegando por fin al arroyo de Alcañizo. La cañada, una vez cruzado el arroyo, pasa junto a la iglesia y después junto al cementerio de La Corchuela. Éste es un arroyo muy parecido al río Guadyerbas, y como él conserva en sus riberas numerosas piezas de industria lítica trabajada hace miles de años, sobre todo lascas de sílex de muy variadas tonalidades que fueron labradas por los hombres del paleolítico.

Estos fueron los primeros pobladores de La Corchuela que hoy día es un pequeño lugar del señorío de Oropesa, incluido actualmente en su ayuntamiento. Compartía cura y parroquia con Las Ventas de San Julián y, al igual que este pueblecito, vio nacer su caserío alrededor de las ventas y mesones que daban refugio, agua y yantar a los trashumantes y sus ganados. Sufrió un golpe su economía cuando disminuyó el trasiego de los ganados mesteños por el llamado Camino Real de Gallegos y cuando se vendió, entre otras propiedades comunales, el ejido propio de este arrabal oropesano. Junto al caserío, podemos visitar una fuente restaurada donde bebían pastores y ganados cuyo entorno se ha adecentado por la Escuela Taller de Oropesa, habilitándose una zona de fiestas con su tribuna y un pequeño edificio construido según la arquitectura popular de la zona y que sirve de cantina.

Monumento a fray Juan de los Ángeles

En esta misma zona recreativa, se halla el monumento a un hijo ilustre de La Corchuela, fray Juan de los Ángeles, un escritor místico considerado casi del nivel de fray Luis de León y que vivió en el siglo XVI, siendo predicador de la corte de Felipe II y escritor de obras religiosas contemplativas como “Manual de Vida Perfecta”, “Cantar de los Cantares de Salomón”, “Vergel Espiritual del Ánima Religiosa” y otras.

Nidos de cigüeñas en La Corchuela, junto al arroyo de Alcañizo

Hace unas décadas La Corchuela fue recolonizada dotándose el pequeño caserío de algunos edificios públicos. En la casa del cura hay un bonito panel con cerámica de Ruiz de Luna y no debemos de olvidarnos de visitar la iglesia del pueblo, construcción del siglo XV con acceso mediante arco de medio punto y con fachada rematada en espadaña. En su interior son de destacar sus retablos, de los que el central aloja la pequeña pero hermosa imagen sedente del Cristo de la Humildad, celebrado en la comarca con una fiesta entrañable el domingo de Pentecostés. También son dignos de reseñar la granítica pila gótica bautismal y el púlpito, labrado del mismo material. El muro se halla recorrido por un bonito viacrucis de cerámica talaverana de Niveiro.

Cerámica de Ruiz de Luna en La Corchuela

El entorno de La Corchuela es sumamente agradable, el arroyo de Alcañizo tiene sus riberas pobladas de grandes fresnos y alcornoques y si paseamos por sus orillas podemos toparnos con los venados que corretean por la finca de El Alcornocal. Otro paraje de interés por su bien conservada dehesa mediterránea es la finca de experimentación agropecuaria de El Dehesón del Encinar. Esta finca se encuentra siguiendo el camino que discurre junto a la iglesia en dirección este y también contaba con buena cerámica de Ruiz de Luna en su capilla, cerámica que hoy se custodia en el museo talaverano. Siguiendo el arroyo abajo, en la otra orilla se encontraba otra de las aldeas de Oropesa y el palacio de La Bobadilla, del que tras el incendio de 1812 apenas quedan restos de los cimientos y de una fuente. Era este paraje lugar de caza y recreo de los condes de Oropesa y hay referencias de que en sus inmediaciones funcionó una fábrica de vidrio.

Desde Corchuela vamos recorriendo la cañada por dehesas solitarias con arroyetes con alguna chopera y fresnedas. Pasamos junto a la llamada Cruz de Ramón, que aunque lo he intentado no he encontrado quien me dijera el origen de ese nombre. Estas cruces muchas veces se ponían para recordar un hecho luctuoso, alguna muerte por accidente o por salteadoes.

Y llegamos a Ventas tras un recorrido de unos siete kilómetros.

Cruz en la cañada poco antes de llegar a Ventas de San Julián

POR LA CAÑADA Y EL GUADYERBAS HASTA  CORCHUELA

CAÑADA LEONESA OCCIDENTAL III

POR LA CAÑADA Y EL GUADYERBAS HASTA  CORCHUELA

Recorrido aproximado 17 kilómetros, 5 horas

Emblase del Guadyerbas en Navalcán

Seguimos nuestro periplo trashumante desde Parrillas. Tenemos dos opciones: ir en dirección sur, partiendo de la plaza donde se ha erigido el rollo, para volver así a la cañada, o bien recorrer la carretera en dirección inversa de nuevo hasta la cañada y así seguir completo el trazado pecuario desde donde lo dejamos para acercarnos a visitar Parrillas.

Antes de que las aguas del embalse de Navalcán anegaran la cañada en su recorrido original, deberíamos haber seguido su viejo trazado en dirección a poniente, pero debido a la inundación de la misma, ahora nos vemos obligados a tomar un camino que se dirige en dirección sur para cruzar el Guadyebas por la cola del pantano a través de un puente de nueva construcción y seguir así su nuevo trazado por la orilla sur.

Dolmen de Navalcán salvo los dos ortostatos con serpientes grabadas, con el embalse casi vacío por lo que se puede contemplar

Después de unos kilómetros nos encontramos con el Guadyerbas, río de gran interés ecológico cuyo entorno ha sido protegido recientemente como Parque Fluvial del Río Guadyerbas y los Baldíos de Velada. A primera vista, el escaso caudal que parece llevar en superficie puede engañarnos y llevarnos a pensar que se trata de poco más que un arroyuelo, pero la humedad que su cauce arenoso mantiene en el subsuelo hace que sus orillas se adornen con un precioso bosque de ribera que cuenta con rincones de gran belleza y parajes que pueden ser una sorpresa para el caminante.

Acogedoras fresnedas, alcornocales y encinares con ejemplares de gran porte, bosquecillos de espino albar nevados de flores en primavera y rojos en el otoño por sus frutos que en algunos lugares se combinan con el morado de los endrinos. Choperas, algunas alisedas y helechales que afloran sorpresivamente con su verde vivo en medio de los arenales esteparios.

Industria paleolítica de la cultura del Guadyerbas

El embalse de Navalcán sirve para el abastecimiento de agua potable a los pueblos del entorno, aunque en épocas de sequía también se utiliza como complemento para el embalse de Rosarito, que con sus aguas fertiliza las huertas veratas. El embalse del Guadyerbas se encuentra rodeado de bosque mediterráneo adehesado y bien conservado, donde no es raro que nos crucemos con los venados y con grandes bandos de grullas que en los atardeceres invernales se concentran en las orillas sobrevolando sus aguas con su peculiar graznido. Otras especies que podemos observar en este entorno privilegiado, según el naturalista Ignacio García del Pino, son la avutarda, el sisón o el alcararaván, sobre todo en las llanuras cerealistas pseudoesteparias de la zona. También se han podido detectar varios nidos de cigüeña negra y una población importante de gorrión moruno. Entre las rapaces, el águila calzada, el aguilucho cenizo y algunas parejas de águila imperial ibérica en las inmediaciones de la desembocadura del Guadyerbas en el Tiétar. El cernícalo primilla cuenta con la mayor población de Castilla- La Mancha, y todo el territorio se ha declarado por la Unión Europea como Zona Especial de Protección para Aves.

El embalse es muy frecuentado por los pescadores que intentan capturar las especies más frecuentes en el mismo, como son la carpa común, el barbo, la boga y el black –bass.

Una vez que hemos cruzado el puente sobre el Guadyerbas seguimos nuestro camino por la orilla sur. Jnto a la desembocadura del segundo arroyo que debemos vadear se situaba el conocido como menhir de Parrillas o del Guadyerbas. Se trata de un monumento megalítico que se habría erigido en el Calcolítico o Edad del Cobre hace unos cuatro mil quinientos años, como confirman los hallazgos de cerámica encontrados en la excavación que se hizo a sus pies y que desgraciadamente dejó sin sustentación al monolito, lo que ocasionó que se desplomara y fuera robado. Tenía 1,70 metros de altura y en su superficie se podían ver anchos grabados obtenidos por piqueteado y abrasión posterior. Se trata de cazoletas o huecos semiesféricos labrados y unidos verticalmente por una línea que sugiere según la arqueóloga P. Bueno la presencia de una serpiente similar a las que más tarde veremos en el dolmen de Navalcán. Otras líneas verticales más finas forman también dibujos serpentiformes mientras que otro motivo grabado en la zona superior presenta forma de dientes de sierra. Como iremos viendo, es frecuente que cerca de las cañadas se sitúen éste y otros monumentos megalíticos de la comarca, lo que nos orienta sobre la gran antigüedad de estos caminos ganaderos.

Entre el embalse y Corchuela podemos encontrar grupos numerosos de venados

DEL TIÉTAR A PARRILLAS POR LA CAÑADA

CAÑADA LEONESA OCCIDENTAL II

DESDE EL TIÉTAR A La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es clocc2-758x1024.png

Antes de hacer este tramo debemos atravesar el río Tiétar

Recorrido aproximado 12 kilómetros, tres horas

Más cuatro de la desviación a Parrillas, ida y vuelta, otra hora más.

Cañada Leonesa occidental a su paso por los términos de Velada y Parrillas

Vamos a comenzar nuestros periplos trashumantes por la cañadaque desciende desde el Puerto del Pico hasta Ramacastañas cruzando así el Tiétar y pasando de una Castilla a la otra. Aquí comenzaremos nuestro camino de hoy, siguiendo la que en los planos aparece como Cañada de Arenas de San Pedro a Navalmoral de la Mata. Vamos a seguirla desde el puente del Tiétar en dirección sur, adentrándonos en el término de la villa de Parrillas que, en nuestro ascenso paralelo a la carretera que va a Talavera, vamos a ir dejando a la derecha. Cuando coronamos el repecho, entramos en las tierras de Velada y unos metros después, parte un camino a la izquierda que nos llevará, si queremos desviarnos, en un agradable paseo de unos dos kilómetros y medio hasta un pueblo desaparecido que se llamó Aldea de Arango y que  se conoce actualmente con el nombre de la finca donde se halla, El Bosque.

Parador de San Prudencio, junto a la cañada Leonesa occidental y la carretera de Arenas

En realidad éste fue un conato de pueblo, una colonización fallida promovida en 1863, mediante la que el terrateniente y senador del reino don Andrés Arango quiso colonizar estas sierrecillas despobladas. Conserva todavía su iglesia, el cementerio, el caserío de la finca y los restos escasos de algunas viviendas de aquella población que solo duró unas décadas pero de la que se conservan en la parroquia de Velada los libros de nacimientos y defunciones. Muy cerca, en el arroyo de Navalarroyo, se conserva un molino muy antiguo, situado en una zona de praderas y alcornocales. En el arroyo de Nahínos se pueden ver dos buenos puentes graníticos con los que don Andrés quiso facilitar la explotación de sus tierras y, entre ambos, unas cascadas pintorescas. El colegio público de Velada lleva el nombre de Andrés Arango porque a su patrocinio se debe la fundación primitiva de las escuelas “velaínas” dotadas con diez mil pesetas de las de entonces.

Puente construido en l aldea de Arango por su fundador, hoy finca El Bosque

Desde Aldea de Arango volvemos a la cañada, vamos descendiendo por el cordel y dejando algunos caseríos a la derecha que en su mayoría sirvieron como ventas y paradores para los trashumantes. En el quiebro que hace el la cañada separándose de la carretera de Arenas vemos un viejo edificio que se conoce como El Parador de San Prudencio o Parador de Aguirre. Se llama así porque era propiedad de la Fundación Aguirre de Talavera, debido a que está situada en La Aliseda, una de las fincas de cuyos beneficios se financia el patronato benéfico. En la institución solamente podían ser admitidos en su origen niños de Talavera, Velada (por estar localizadas en su término las fincas de Aguirre) y Vitoria por ser este terrateniente originario de esa ciudad, cuyo patrón es San Prudencio. Este parador tenía como usuarios principales a los carreteros que bajaban desde la Sierra de Gredos cargados de madera para Talavera y Madrid. Antiguamente, cuando estaba en activo la Cabaña Real de Carreteros, los carreteros cargaban loza en Talavera, para luego transportarla a Sevilla donde se embarcaba para las Américas.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es IMG_1044-1024x636.jpg

La cañada continua entre paredes de piedra en un entorno de bosque mediterráneo y algunos prados a los lados con otros caseríos y antiguos paradores que incluso tienen hornos donde se debieron cocer no pocos panes para los serranos que pasaban por aquí con sus ganados.

Tramo calzado de la Cañada Leonesa Oriental

Llegamos después de seis kilómetros de recorrido hasta la carretera que se desvía desde la de Arenas a Talavera para ir a los pueblos de Parrillas y Navalcán. Aquí abandonamos la cañada si queremos visitar estos dos pueblos de fuerte personalidad. Solamente recorridos unos metros de la carretera vemos un indicador que nos orienta hacia la ermita de la Fuente Santa, recientemente reconstruida por los parrillanos y donde se celebra una concurrida romería. Es curioso cómo, cerca de aquí, se encontró un ara funeraria romana alusiva a las ninfas, deidades romanas de las aguas, en un entorno que cuenta con dos ermitas vinculadas a las aguas salutíferas, como son ésta de la Fuente Santa y la de San Juan Bautista, advocación vinculada también a diversos aspectos y rituales relacionados con el agua.

Fuente Santa que da nombre a la Virgen de la ermita de Parrillas

La ermita de la Virgen de la Fuente Santa es de fundación desconocida, aunque se tienen datos de su existencia al menos desde el siglo XVI. La planta original era similar a la actualmente reconstruida y en ella existía un retablo del siglo XVIII, aunque ahora la capilla está adornada con azulejo talaverano moderno. También se ha restaurado con gusto la casa del santero y la antigua fuente. El paraje es agradable con una pradera donde se desarrolla la romería y la procesión en torno a la ermita con las consabidas pujas posteriores.

Romería en la ermita de la Virgen de la Fuente Santa