LA PUERTA DE ZAMORA Y OTROS POSTIGUILLOS HASTA ACABAR EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO

LA PUERTA DE ZAMORA Y OTROS POSTIGUILLOS HASTA ACABAR EL SEGUNDO RECINTO

La puerta de Zamora vista por su lado norte, el que da a la cañada de Alfares. Se observan las columnas del pórtico de la cárcel de la Santa Hermandad, a la izquierda y a la deecha la iglesia de Santiago y la antigua torre del Reloj.
Grabado coloreado del siglo XIX propiedad del autor de este blog

Al final de la calle Postiguillo se encontraba el siguiente acceso. Esta vía urbana se llamaba así por finalizar en una pequeña puerta o postigo de la muralla que también se conoció como postigo de Rodrigo Niño.

A continuación se alzaba la Puerta de Zamora, que hoy conserva una de las dos torres que la flanqueaban y que formaba parte de la cárcel de la Santa Hermandad. Su construcción se realizó en mampostería y ladrillo al estilo mudéjar. La otra torre y el arco de la puerta se demolieron a finales del siglo pasado, aunque se conservan algunos grabados de época.

La cañada de Alfares es la calle que sustituyó a toda la ronda que discurría fuera de este segundo recinto amurallado hasta conectar con las riberas de la Portiña, siguiendo su recorrido paralelo a este arroyo hasta su desembocadura en el Tajo.

Puerta de Zamora en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI. Es bastante fidedigna con sus dos torres y el arco central,  hoy solo queda la torre de la derecha.

Al final de la calle Cererías se hallaba la conocida como Puerta de las Alcantarillas Nuevas o de la Villa. La torre de la iglesia de San Miguel  puede confundirse con  una de las torres del segundo recinto amurallado ya que se encontraba adosada a él. En sus inmediaciones se encontraba el Postigo de Vengamedel, sobre el que dice en el siglo XVIII el párroco de San Miguel:

«Inmediato a la parroquia, en el muro exterior del pueblo, hay un postigo que llaman de Vengamedel, por donde se dice que se ganó Talavera. Encima de este postigo hay un adorno y altar de una imagen de Eccce Homo muy milagrosa, con título de la Salud, de donde tomó principio la devoción del Santísimo Cristo que hoy se venera en la iglesia.»

La puerta de Zamira al fondo con su arco y la torre de la derecha. En primer plano el pórtico de la cárcel de la Santa Hermandad
Tore de la puerta de Zamora en su estado actual en una perspectiva similar a la del grabado anterior

La Puerta de las Alcantarillas Viejas o del  Pópulo se denominaba de esta manera por  haberse instalado en una hornacina sobre su arco una imagen de la Virgen del Pópulo que actualmente se custodia en la Colegial, donde hay una capillacon el mismo nombre. A su vez, el puente que comunicaba los arrabales nuevos, intramuros de este segundo recinto, con los arrabales viejos, enmarcados  por el tercer recinto amurallado, se llamaba el puente Pópulo.

Una séptima  puerta llamada de la Miel se localizaba por la zona de Jabonerías y en una habitación sobre su arco se instaló el Repeso de la Harina.

Este segundo recinto venía a morir en las inmediaciones de la puerta de Mérida, donde se unía con el trayecto de la muralla árabe. La obra del muro se construyó entre los siglos XII y XIII por lo que los escasos restos que todavía perduran podemos encuadrarlos dentro del estilo mudéjar adaptado a las construcciones militares.

El muro de la derecha seguiría un recorrido muy similar al de l segundo recinto amurallado a su paso por la Portiña de San Miguel

ARQUITECTURA POPULAR DE la tierra de talavera (XIII) OROPESA, VALDEVERDEJA, TORRICO Y PUENTE

ARQUITECTURA POPULAR DE OROPESA, VALDEVERDEJA, TORRICO Y PUENTE

Una de las viviendas de Oropesa con azulejería de Talavera

Oropesa, capital del señorío que empezamos a conocer en el capítulo anterior, es un pueblo relativamente rico monumentalmente hablando pero, en cuanto a la arquitectura tradicional, conserva pocos ejemplares característicos.

Mantiene la técnica general de la subcomarca en la utilización mayoritaria de la piedra y el adobe, quizá con una mayor proporción del enjalbegado y el enfoscado en el remate de las fachadas. Las casas que alojaron a la pequeña nobleza o a las instituciones religiosas muestran el aparejo mudejarista que no es propio de tierras tan occidentales como éstas. La sillería acompaña también a los edificios de más alcurnia.

Torre y reloj de la plaza de Oropesa

Hay varios ejemplares de arquitectura cultista de principios de siglo o de finales del anterior, con utilización en fachadas de paneles de azulejería de Talavera.

También de esta época es la torre del reloj de la plaza, sobre un arco neogótico y rematada con una estructura metálica que sostiene la campana. Muchos de nuestros pueblos rematan las torres de los ayuntamientos e incluso las de las iglesias con similares armazones de hierro de la época en que el modernismo y la torre Eiffel provocaban la modesta emulación de nuestros paisanos. Algunas de ellas no carecen de gracia y han sido conservadas en las remodelaciones de las casas consistoriales, como es el caso de Velada, por ejemplo.

Al sur del señorío de Oropesa se encuentran algunas villas con arquitectura popular de características similares, pero también con algunas peculiaridades.

Aparejo típico de las construcciones de Valdeverdeja

Hemos de referimos en primer lugar a Valdeverdeja, de la que diremos, sin lugar a dudas, que conserva el mayor número de ejemplares de vivienda tradicional de todas las tierras de Talavera. Aparte del cariño que los habitantes parecen tener por sus antiguas casas de piedra, hay otro factor que ha contribuido a su conservación, y es la despoblación masiva que en los años sesenta sufrió esta localidad que pasó de casi seis mil habitantes a los cuatrocientos que tiene en la actualidad.

Portada y casa típica de Valdeverdeja

La casa verdeja está fabricada en mampuesto de granito claro combinado con una menor proporción de pizarra oscura, lo cual da al aparejo un aspecto muy vistoso. El adobe también se utiliza en doblados y dependencias auxiliares, aunque con un color rojizo o pardo, diferente del grisáceo empleado en las demás localidades que ya hemos  visitado.

Como en Herreruela, son frecuentes las grandes portadas de sillería qua suelen dar acceso a recogidos patios enlosados con grandes lanchas de granito labrado y con pozo y pila de lavar también de piedra en muchos de ellos. Algunas casas cuentan con balconcillos corridos que dan al interior del patio.

Quedan una docena de viviendas que aún conservan los balcones que en el capítulo anterior habíamos denominado como de “troje descubierta”, solanos o solanas.

Rincón típico en Valdeverdeja

Las portadas no son blasonadas, pero muchas de ellas conservan inscrita la fecha de construcción, casi siempre de principios del siglo XX, época que debió coincidir con años de auge económico en el pueblo. Las viviendas modestas cuentan también con su portadita y su patio, aunque de menores dimensiones.

Valdeverdeja se fundó al destruirse las casas de Puebla de Naciados por una plaga de hormiga blanca que causó el derrumbe de sus edificios. Parece, curiosamente, como si el verdejo hubiera construido desde entonces casas fuertes y seguras curándose un poco en salud.

En El Torrico no se conserva tanta arquitectura como en Valdeverdeja pero como peculiaridad se mantienen varios balcones corridos antiguos en algunas fachadas, lo cual es poco frecuente en esta comarca y nos habla de su ya referida repoblación medieval abulense

Aparejo de ladrillo, adobe y tapial con ripio de teja en Puente del Arzobispo

Alcolea y Puente del Arzobispo utilizan en sus aparejos mayoritariamente el adobe y el tapial, aunque es bastante frecuente que se refuerce en hiladas, en vanos y esquinazos con ladrillo interpuesto que da algo más de consistencia a los muros.

También como influencia de Castilla la Vieja constatamos la presencia de algunos edificios porticados, cuyo mejor ejemplo es el ayuntamiento de Valdeverdeja, aunque en Puente quedan algunos edificios aislados en las proximidades de la plaza, así como otro ejemplar en la plaza del Torrico.

La plaza de Valdeverdeja conserva un hermoso enlosado total de granito que, al parecer, se extendía antiguamente por otras calles.

Plaza de Valdeverdeja con los pórticos del ayuntamiento y enlosado del piso

En la arquitectura rústica de la zona encontramos, aunque en mucha menor densidad que en La Jara en la Sierra de San Vicente algunos ejemplares de chozo techado con falsa cúpula y las típicas parideras y zahurdas también de piedra y techadas con falsa cúpula con capa de compresión de tierra y piedras.

Pero lo más característico es la presencia dc numerosos pozos labrados en piedra repartidos por sus campos y acompañados de pilas de lavar también graníticas con las iniciales grabadas y, en ocasiones una cocinilla para dar servicio a un pequeño huertecillo anejo al lavadero.

Casa porticada en Puente del Arzobispo

Un paraje de gran interés etnográfico y del que hablaremos más detenidamente, con varias docenas de estos pocillos en el valle del arroyo de la Pradera o arroyo de los Pozos.

Merece un capítulo aparte la riqueza molinera del Tajo y los arroyos en esta zona y de ello hablaremos en otra entrada de este blog.

Reja en una vivienda de Valdeverdeja

LA PUERTA DE TOLEDO EN EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO

LA PUERTA DE TOLEDO

EN EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO

Cara exterior de la Puerta de Toledo, la que daría a La Trinidad. Dibujo de Luis Jiménez de la Llave en el siglo XIX

Seguimos el trazado del segundo recinto amurallado hasta llegar a la Cañada de Alfares y allí, en la desembocadura de la actual calle de San Francisco en la cañada de Alfares, se encontraba, hasta su demolición en 1861, la puerta de Toledo.

Corría el año 1862 y el talaverano Luis Jiménez de la Llave, a la sazón recién nombrado correspondiente de la Real Academia de la Historia , enviaba a esta institución una carta en la que modestamente comunicaba que le era «penoso tener que molestar su elevada atención para dar la noticia de una medida del Ilustre Ayuntamiento de esta villa, por la que se la priva del torreón más bien conservado de su exterior recinto y cuyo arco llamado de Toledo la prestaba entrada por aquella parte». Como vemos la desidia de la administración para con el patrimonio no es algo nuevo, ya que D. Luis, que tanto investigó sobre nuestro patrimonio, había intentado evitar el desaguisado pero, ya consumado el derribo, «con sorpresa de todos empezado y con general disgusto proseguido», envía esta notificación a las autoridades académicas para que al menos conozcan el atentado perpetrado contra uno de los más significados accesos del segundo recinto amurallado, la Puerta de Toledo.

Pero pasemos a la descripción que el mismo Jiménez de la Llave nos hace del monumento: «Su construcción tanto interior como exterior era de machones de ladrillo, fuerte mampostería con algún verdugo y mezcla con canto pelado en los macizos principales». Como vemos  se trata de una construcción con mampostería de granito en la base y aparejo mudéjar de ladrillo en los niveles más elevados, similar a la torre que todavía queda en pie de la Puerta de Zamora.

Cara interior de la Puerta de Toledo, la que daba a la calle de San Francisco. Dibujo de Luis Jiménez de la Llave en el siglo XIX

Nos encontramos ante un torreón almenado de unos diecisiete metros de altura y nueve y medio de ancho. La puerta tiene una luz de tres metros treinta centímetros aproximadamente y está recercada con sillería. Cuenta con una ventana semicircular en la cara posterior, la que daba a la ciudad, y otra en el muro exterior que descubre mediante un artificio del dibujo para que puedan apreciarse los cuatro arcos de ladrillo que separaban cada una de las tres naves interiores. Cuatro verdugadas de ladrillo decoran sus muros y en la base se abre la portada granítica, modificada en época posterior, mostrando sobre ella un escudo que, como dice la leyenda del dibujo, pertenecía al cardenal Tavera y sabemos por Ildefonso Fernández que estaba labrado en piedra blanca.

Otra inscripción se situaba en el lado superior izquierdo de la portada pero la suciedad no permite su lectura a Jiménez de la Llave, aunque adelanta que pudiera ser del siglo XVII. Más tarde Ildefonso Fernández escribe en su historia de Talavera que, tras el derribo, D. Luis guardó las dos piedras, ésta de la que hablamos era de color negro y transcribe su inscripción facilitada por el mismo de la Llave a Fernández:

«Esta obra se reedificó estando en esta villa el señor don Fernando, infante de España, cardenal de la Santa Iglesia de Roma, del título de Santa María del Pórtico, administrador perpetuo del arzobispado de Toledo, y regidor de ella, por su alteza, don Lorenzo de Loaisa y Figueroa, natural de Trujillo. Y obrero mayor de esta villa, Pascual Martínez de Rozas, procurador de ella, natural de Hinestrosa. Talavera año de 1624.»

Puerta de Toledo en el dibujo de Van der Wingaerde del siglo XVI marcada con una «S»

El arco de la parte interior de la portada parece realizado en ladrillo y, debido a su estrechura, se ven señaladas las marcas producidas por haberse picado el cerco para permitir el paso de los ejes de los carruajes más anchos.

Sobre la época de su construcción no se separa mucho de la Llave cuando dice que «parece que por lo menos debe atribuirse a los que tuvieron la gloria de reconquistar la villa a los moros por última vez, sin perjuicio de que pertenezcan a más remota época los robustos e irregulares trozos sobre que se hallaba elevado y que se distinguían ventajosamente del resto de la obra»

Insinúa por tanto el siglo XII o XIII como el de su edificación y aporta una prueba: «menos significativa pero siempre apreciable, un dinero de vellón de Sancho IV (SANCCI. REX.  rev.  CASTELLE LEGIONIS) hallado en los escombros.»

El dibujo realizado por el ilustre investigador de la historia se encuentra actualmente en la Real Academia, donde fue despachado con un escueto “A la comisión de antigüedades”. Nos aporta el único testimonio gráfico conocido hasta la fecha de esta puerta monumental hoy desaparecida, si exceptuamos una perspectiva muy inconcreta de la misma que se vislumbra en el dibujo de Talavera de Van der Wingaerde del siglo XVI.

REMEDIOS CASEROS DE LAS MUJERES DE LA JARA

REMEDIOS CASEROS DE LAS MUJERES DE LA JARA

La flor de la jara en su variedad llamada de las cinco llagas por las cinco manchas oscuras

Reproducimos aquí algunos remedios populares recogidos cuando elaboramos con asociaciones jareñas de mujeres, especialmente de La Estrella, el libro de la Cocina Tradicional en La Jara. Son tratamientos sencillos utilizados tradicionalmente en los pueblos de la comarca

PARA EL CATARRO

200 gr de higos pasiques

100 gr de pasas

4 palos de orégano

5 cucharadas de miel

1/2 litro de agua

Se pone a cocer 15 minutos a fuego lento, se deja enfriar y se toma una cucharada cada tres horas

PARA LA TOS

1 cucharada de harina

1 litro y mediol de miel

Se tuesta la harina. Se echa un vaso de agua y la miel. Se cuece y se hace una papilla espesa. Se toma muy caliente

PARA ABRIR EL APETITO

2 cucharadas grandes de anises

150 gr de cortezas de quina

1 copa de anís

1 l de vino

1 vaso de agua

Se pone todo a cocer durante 10 minutos a fuego lento, después se deja reposar 48 horas. Se toma una copita antes de las comidas

Ruscus aculeatus, planta que se utilizaba para el tratamiento de las hemorroides y que incluso dio su nombre a una crema utilizada para su tratamiento «Ruscus»

PARA EL CÓLICO NEFRÍTICO

Poner dos cebollas gordas a hervir en dos litros de agua. Reducir hasta que queden aproximadamente un litros de agua. Tomarse un poco en ayunas.

PARA LA COLITIS

Infusión de higo chumbo

PARA ABRIR EL APETITO

Infusión de hiel de la tierra

PARA LA CIRCULACIÓN

Infusión de “correhuela” blanca

PARA EL CONSTIPADO

Infusión de flor de la jara y de la amapola

PARA LAS HEMORRAGIAS

Infusión de “culantrillo”.

PARA LA INFLAMACIÓN

La hierba de la mora cocida y puesta en paños calientes

PARA PURIFICAR LA SANGRE

Infusión de «savia» o té de campo

El Colchicum autumnale se utiliza para la obtención de la colchicina, tratamiento para bajar el ácido úrico

PARA BAJAR LA TENSIÓN ARTERIAL

 Infusión de unas 15 hojas de oliva

PARA LA GARGANTA IRRITADA

Infusión de tomillo salsero y miel. Se hacen gárgaras y se puede tragar después

HISTORIA Y FOTOS DE LA PLAZA DEL PAN

FOTOS ANTIGUAS DE LA PLAZA DEL PAN

Plaza del Pan en una fotografía de principios de siglo de Ruiz de Luna, los tres edificios que se encuentran entre el Hospital de la Misericordia y el ayuntamiento no existen actualmente, no observamos la puerta con el escudo arzobispal que vemos hoy día. Al fondo se puede ver la cúpula rematada en linterna del convento de los jesuitas hoy desaparecida.

Aunque ha sufrido diferentes modificaciones a lo largo de la historia, la plaza del Pan es el centro histórico de la ciudad. Parece que se componía de dos plazuelas, la del Pan y la de Santa María, ésta frente a la Colegial y otra más al norte, aunque otros consideran que esas dos plazuelas eran en realidad la Plaza de Santa María, hoy arzobispo Tenorio, y la propia Plaza del Pan.

Lo que es cierto es que las dos plazas se fueron uniendo mediante la compra  por el ayuntamiento de diferentes edificaciones, aunque otros consideran que esas dos plazuelas eran en realidad la Plaza de Santa María, hoy arzobispo Tenorio, y la propia Plaza del Pan.

Para muchos, este espacio era ya el foro romano, a lo que orienta su forma rectangular, los restos arqueológicos que se han hallado en los edificios que la delimitan y el hecho de que el templo principal  tanto de época cristiana, como más tarde en época musulmana se encontraba en ella, e incluso puede que incluso desde época visigoda.

Restos de templos romanos en las excavaciones bajo el Centro Cultural Rafael Morales.
Fustes y capiteles romanos hallados en las excavaciones
Concentración de público, especialmente niños en el verano de 1917 en la Plaza del Pan

 

También se halla en su perímetro el principal hospital de la ciudad y otros palacios como el de los Girón, que fue también anteriormente el antiguo ayuntamiento donde habría ejercido sus funciones Fernando de Rojas como alcalde de Talavera y otros edificios de interés como la llamada casa de los Canónigos y otras casonas o palacios hoy desaparecidos.

La Plaza de Juan de Mariana se consideró hasta la instalación de su monumento como una parte de la plaza del Pan.

La plaza del Pan en la que se observa la Colegial y el palacio de los Girón, hoy delegación de la Junta de Comunidades revocado y con decoración de arquitecturas fingidas decorndo sus muros

En la Plaza del Pan se han desarrollado acontecimientos significados para nuestra ciudad y en ella se celebraba con especial esplendor la Fiesta de Toros en Las Mondas, aunque también se toreaba en cada plazuela de cada parroquia.

Celebración de un viacrucis en la plaza del Pan en los años cincuenta

La plaza ha tenido diferente mobiliario urbano con mayor o menor arbolado y mobiliario urbano decorado con más o menos cerámica o hierro en sus bancos y parterres.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es fotos-talavera-antigua-107.jpg

A lo largo de su historia ha tenido otros nombres según el devenir político: plaza de la Libertad, del General Primo de Rivera, de la Constitución, y muy brevemente de Fernanod VII o de Isabel II,

Portada con el escudo arzobispal y el de la ciudad que se encuentra actualmente en la plaza del Pan pero que no estaba aquí en origen sino en la Corredera, en el edifico de la Alhóndiga o almacén municipal de trigo
Instalación de arcos florales para celebración probablemente de la inauguración del puente de Hierro

LOS MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO EN EL TAJO

LOS MOLINOS DE PUENTE DEL ARZOBISPO EN EL TAJO

Molinos de Puente del Arzobispo

Ya hemos visto cómo los pequeños molinos de esta comarca eran insuficientes para dar servicio de molienda a tan extensa región, pues funcionaban apenas unos meses al año y a veces solamente días como se nos cuenta de los molinos de Corralejo en el mencionado catastro. Pero el Tajo tenía en este tramo una inmejorables condiciones para la construcción de grandes aceñas y molinos de regolfo por lo berroqueño y encajonado de su cauce.

Comenzaremos por los molinos de Puente del Arzobispo que eran los más concurridos y probablemente los más potentes de la zona, incluso de la provincia, y así en el siglo XVIII se dice de ellos que “no hay en el Tajo otros mejores ni más resistentes”[1]. No sería extraño que ya existieran en época musulmana, el Arzobispo Tenorio los hereda de su madre en el siglo XV, los reforma y revitaliza para ayudar a financiar al Hospital de Santa Catalina que albergaría a pobres, enfermos y transeúntes que pasaban por la villa en su peregrinaje hacia Guadalupe cruzando el puente que él mismo hizo construir (Foto21).

Vista de los molinos de Puente del Arzobispo desde aguas abajo de los mismos

En los años inmediatos a su fundación se dice de ellos que son “cuatro aceñas con cinco piedras muy veloces”. Durante el siglo XVIII dos de las ruedas se consideraban muy antiguas y una tercera estaba fechada en 1612. Las piedras tienen nombres que han conservado hasta la actualidad como Espolique, Santa Catalina o Pasapanda.

En 1730 entre las cargas del Hospital está el pago de jornales al maestro molinero y al arriero-maquilador, es decir al hombre que transportaba el grano y ayudaba en la molienda. En el Catastro de Ensenada, entre los artesanos del pueblo se nombra a un molinero al que se le regula de beneficio seis reales, cantidad que podemos considerar  cercana a la media de otros artesanos. El beneficio del molino es mucho mayor ya que aparecen estas piedras como las más rentables de la provincia junto a las de Santa Cruz de la Zarza con nada menos que 1000 fanegas de trigo anuales de utilidad.

Planta de los molinos de Puente del Arzobispo con sus piedras y dependencias

Jiménez de Gregorio en su historia de Puente, nos facilita unos curiosos datos sobre la reparación de la presa de estos molinos. Se adjudica la dirección de la obra a fray Pedro de Santa María, también conocido como fray Pedro de los Molinos, maestro de “obras y riberas” de los jerónimos de Talavera que como veremos estuvieron muy vinculados a la molinería de la Ciudad de la Cerámica donde llegaron a poseer dos grandes paradas. La obra en cuestión se presupuesta en 40.000 reales y se hace mediante “un encadenado de vigas gruesas con los olambres convenientemente reforzados con cuarterones y rollos, levantando siete pies en cuadro, entablado de cajones interpolados y todo reforzado con viejas piedras”.

Estos molinos presentan en la actualidad un aspecto impresionante con su gran edificio de al menos siete cuerpos con cuatro tajamares y hasta once piedras cada una con su nombre propio ( Rayo, Espolique, Vapor, San Juan, Santa Catalina). Tres de ellas se encuentran en un edificio separado del núcleo principal que se sitúa en un nivel más elevado sobre el cauce. Se trata del “molino de invierno” que se utilizaba cuando las crecidas  inundaban el resto de las piedras.

Otras dependencias se destinaban a cernedero, almacén para los costales e incluso a pecera para mantener fresco el pescado capturado en el cañal del molino. Por encima del edificio molinero propiamente dicho se puede todavía observar otra construcción donde se alojaban una herrería y carretería, las cuadras y los alojamientos. Tiene también estructura acabada en tajamar para soportar las crecidas que pudieran alcanzarla.

La presa, fabricada con bloques graníticos, cuenta hoy con unas dimensiones similares a las descritas por fray Pedro de los Molinos cuando la repara en 1730: 125 pies en la cabecera, 290 en la falda, grueso de cabeza a pies 300 pies, 15 a 18 pies en la profundidad y 9 a 10 en la rasante. Como vemos, esta descripción nos aporta una interesante terminología utilizada para denominar las medidas de una presa molinera.

Molinos o aceñas de Calatravilla fotografiados desde la Ciudad de Castros

Río abajo, en las proximidades de la fortaleza y puente de Castros, se pueden todavía observar los restos de una aceña que posiblemente fue la que aparece en los textos históricos como molinos de Calatravilla. Solamente quedan las ruinas del azud, un tajamar macizo para el apoyo del eje de la rueda vertical y otro edificio abovedado para albergar la sala del molino donde se puede percibir el orificio de entrada del eje de la rueda y el suelo que presenta dos niveles para que el más bajo permitiera acoger el juego de engranajes de linterna que cambiaba el movimiento vertical de la rueda en el giro horizontal de las piedras. También se perciben en los muros los huecos donde se alojaban las vigas que sostenían el entarimado que igualaba el nivel de la sala y sobre el que se colocaban las piedras.

Molinos de Calatravilla. Se observa el pontón de acceso en épocas de crecida.

El acceso al edificio se realiza, como en otras aceñas, por un lateral del mismo y a través de un puente de sillarejo en este caso. En los grabados antiguos y en los proyectos de navegación se puede comprobar cómo muchas de estas aceñas se adentraban en el cauce del río para mantener un caudal más continuo que no hiciera necesario subir y bajar continuamente el nivel de la rueda vertical, maniobra para la que estaban preparados estos ingenios. El caso más significativo que podemos observar es el de los molinos de Daicán en Toledo capital con sus tres cuerpos de aceña varados en el río. En estas aceñas de Calatravilla el puente es de cal y canto pero en la mayoría de las aceñas que aparecen en los grabados y en los proyectos de navegación se trata, por su aspecto, de precarias pasaderas de madera.Un largo espigón canaliza el agua a la salida de la rueda para evitar remansos y turbulencias que disminuirían el rendimiento.

[1] PORRES DE MATEO, J., RODRIGUEZ, H. y SANCHEZ,R.: Opus cit. p. 491.

EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO (1)

EL SEGUNDO RECINTO AMURALLADO

Vista parcial del dibujo de Talavera del siglo XVI de Van der Wingaerde en el que se observa el tramo del segundo recinto amurallado que recorremos. Con la flecha roja, la torre del Polvorín con una estructura diferente a la actua y con un puentecito que cruzaba el Papacochinos junto a ella. Con la flecha amarilla la hoy desaparecida Puerta de Toledo. Con flechas verdes otras torres que hoy no existen.

 Aunque el segundo y el tercer recinto amurallados de Talavera son de más moderna ejecución, su erección venía condicionada en mayor medida por el concepto medieval de ciudad que por verdaderas necesidades de seguridad militar, de ahí que los materiales empleados en los lienzos de la muralla fueran de menor calidad y que solamente las puertas se construyeran con algo más de perdurabilidad. Las referencias históricas hablan casi siempre de que estos recintos se levantaron en “tapiería”, es decir en tapial de barro que, al descuidarse en su conservación, es víctima fácil de las inclemencias climatológicas y la erosión del tiempo. La cercanía del arroyo de la Portiña a tan endebles estructuras fue otro factor de ruina que se unió a la expansión de la ciudad y al escaso cuidado con el patrimonio que se ha tenido en Talavera tradicionalmente.

La puerta de Sevilla en una postal de los años setenta

El segundo recinto comenzaba su trazado también tangencialmente al alcázar, justo al final de la calle Carnicerías. Todavía se conserva una de sus puertas, la de Sevilla que, como en el caso de las puertas de Mérida, Toledo o Zamora, su nombre indicaba la ciudad principal en cuya dirección se encaminaban los viajeros que salían desde Talavera por una puerta determinada. A la recíproca, en ciudades como Plasencia o Córdoba existieron puertas llamadas “de Talavera” porque a través de ellas se dirigían los viajeros hacia nuestra ciudad. La puerta de Sevilla es muy sencilla, con un arco de medio punto construido en ladrillo con merlones sobre él y con las armas e inscripción muy deterioradas del cardenal Quiroga, arzobispo de Toledo que la manda edificar en 1579.

La puerta de Sevilla antes en los años 60

La muralla seguía la Ronda del Cañillo y todavía se observan algunos restos de los muros y de pequeñas torres redondas en el lienzo previo a la conocida como Torre del Polvorín, actual oficina de información turística. En su muro oriental se puede observar, formando parte del paramento, la conocida como Cabeza del Moro que da nombre a la calle y que no es otra cosa que la cabeza de un verraco céltico de la cultura vettona cuyo cuerpo forma parte de la estructura de la torre.

Torre del polvorín habitada en una foto antigua donde, en la base a la izquierda, se observa la «cabeza del Moro» que es un verraco vettón. El muro de tapial de la derecha, sobre mampostería granítica pudiera ser parte de la muralla antigua que en muchos tramos era construcción precaria de barro

El recorrido de este segundo recinto subía por la calle de Cabeza del Moro hasta llegar a la Puerta del Sol, donde desembocaba la calle del mismo nombre y cuya denominación no tiene otro origen que el hecho de hallarse orientada hacia el saliente.

Puerta del Río /22), y Puerta de Sevilla (28) y torre del Polvorín (20) con el arroyo Papacochinos sobre el que pasan dos puentes, en un dibujo de la historia de Talavera de la Biblioteca Regional

Seguimos el trazado hasta llegar a la Cañada de Alfares y allí, sobre la desembocadura en la misma de la actual calle de San Francisco, se encontraba, hasta su demolición en 1861, la puerta de Toledo que describiremos en la próxima entrada.

La torre del Polvorín en la actualidad. La flecha señala la base de mampostería de la muralla, aunque muy reconstruido

POR EL GUADYERBAS Y SOTILLO DE LAS PALOMAS

CAÑADA LEONESA ORIENTAL V

POR EL GUADYERBAS Y SOTILLO DE LAS PALOMAS

Recorrido aproximado 11 kilómetros, tres horas

La Cañada Leonesa Oriental por Sotillo y el Guadyerbas

Ya repuestos, volvemos a la cañada siguiéndola a pie. El tramo siguiente es uno de los pocos de la cañada que venimos recorriendo que son intransitables con todoterreno. Llegamos así hasta un agradable lugar situado a las orillas del río Guadyerbas. En este paraje rodeado de fresnos y praderas se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Guadyerbas, hoy convertida en pajar y de la que al menos desde el siglo XIII existen referencias históricas. Siempre tuvo fama la Virgen que acogía de buena intercesora para la lluvia: “Virgen de Guadyerbas, la hierba no nace/ y los corderitos se mueren de hambre/ Virgen de Guadyerbas, la del manto azul/ enviadnos agua para todo el común”, como decían los lugareños en unas coplillas. Es en realidad la iglesia de una antigua aldea hoy despoblada, como sucedió con el también cercano lugar de Parraces, del que cuentan que fue abandonado porque alguien envenenó sus aguas.

Ermita del Guadyerbas cerca de Sotillo

Un kilómetro después, llegaremos al pueblecito de Sotillo de las Palomas, otro lugar que formó parte del señorío de Navamorcuende, hasta que se hizo villa a finales del siglo XVII, aunque no queden restos de los símbolos erigidos en madera para atestiguarlo: “la horca fue colocada en el lugar de Fuente la Viña, en el camino de Marrupe, y la picota  en la plaza pública, frente a la Casa del Concejo”.

Escudo de los Dávila en el cabecero de la iglesia

El origen del  pueblo parece haber sido un palomar construido por un tal Juan Blazquez en la zona de la ermita de Guadyerbas por lo que se conoció como Soto del Palomar el paraje donde más tarde se asentaría. Daremos una vuelta por su caserío observando su arquitectura popular serrana, con las casas de una sola planta de mampostería granítica con los cercos de huecos y ventanas enjalbegados. Muchas de las viviendas tienen patio. Y echaremos un vistazo a su iglesia, que tiene cierto encanto con su espadaña y su portalillo sobre columnas de piedra. En su interior es de destacar el púlpito y un retablo barroco de cierta calidad.

Uno de los fresnos monumentales junto a la ermita de Guadyerbas

Un molino se sitúa en el Guadyerbas y tiene la curiosidad de haber funcionado con una máquina de vapor, aunque cuentan con sorna los mayores del pueblo que si hubiera seguido moliendo habría acabado con toda la leña de las magníficas dehesas que rodean a Sotillo.

Como fiestas de invierno celebran la Candelaria y San Sebastián, con el tradicional encendido del “chozo” por los quintos.

Desde aquí todo el cordel es transitable en vehículo hasta Velada, aunque en este primer tramo, si lo deseamos, podemos encaramarnos a pie hasta los restos de la medieval atalaya de Torrejón. Para ello deberemos tomar un camino que parte desde la entrada de la finca Carrascosa para llegar a la atalaya y desde allí, una vez hayamos disfrutado de las vistas y la soledad del paraje, descender de nuevo a la cañada por la cara occidental del cerro sobre el que se eleva.

La fiesta de verano en Sotillo se celebra al patrón, Santiago

El trayecto que vamos siguiendo es muy agradable, entre prados y dehesas con el Guadyerbas y sus amenos bosquecillos de ribera paralelos a nuestro recorrido. Nos cruzamos poco después con la carretera de Segurilla a Montesclaros. Cerca pasa el antiguo camino de Los Caleros por el que desde los hornos de Montesclaros se bajaba la cal hasta Talavera para luego comercializarla en la comarca e incluso en Madrid, ciudad que también tiene esculpidas con la piedra caliza de Montesclaros las esculturas de Neptuno y la Cibeles Hasta la capital llegaron los grandes bloques de piedra que por el cauce del Guadyerbas se llevaron a Velada y luego a Talavera y Madrid, donde los labraron para hacer las esculturas. El ayuntamiento de Montesclaros donó hace unos años al de Madrid la piedra necesaria para la restauración de una mano de la Cibeles después de haber sufrido atentados vandálicos de los forofos futboleros.

Arquitectura popular en Sotillo de las Palomas

A la izquierda de la cañada vamos viendo las elevaciones de El Berrocal, con su espeso bosque mediterráneo, más adehesado a la otra orilla del Guadyerbas, río al que podemos también descender por algún camino trasversal para disfrutar de sus hermosos bosques de ribera. Vamos llegando así al baldío de Velada famoso por la producción de sandías y carillas.

Gredos al fondo del valle del Guadyerbas por donde discurre la cañada

FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

FACUNDÍN EL BANDOLERO TORERO

Escena taurina en cerámica de Talavera del siglo XVII-XVIII

Jose Facundo de Vanga, Facundín, torero que había lidiado con notable éxito en Talavera en las últimas fiestas de Nuestra Señora del Prado, salió de Madrid en su caballo el miércoles tres de enero de 1748 muy de mañana. Chupeta (1) de tapiz de colores, vaquetilla (2) acanelada, calzones de terciopelo negro, medias y camisola blancas, capa parda, pañuelo blanco al cuello, montera de terciopelo negro forrada de pieles blancas, espada de media talla al cinto y ninguna otra arma porque, aunque tiene suya una escopeta, hace dos meses que la tiene a componer en la villa de Brunete porque se le torció en una caída del caballo. Le acompañan José Rodríguez, alias Faldillas, de profesión carnicero, por ser su pariente, y José Alvarez, empedrador, por venirse a pasear y acompañarle.

El motivo del viaje es entregar a don Francisco, boticario de Cebolla, un caballo de cinco años, pelo negro y con un poco de blanco en la frente que Facundín le había vendido y ajustado en trato por once doblones. Ya de paso, querían acercarse desde aquel pueblo a Talavera para llevar unos encargos que de la villa le habían hecho, concretamente una zalea (3) de pellejo con lana que le tenía encargada desde hacía tiempo don José Arellano, un sombrero de Salamanca para el mesonero Pedro Pérez y una caja de turrón de Madrid con que pretendía obsequiar a sus amigos de Talavera.

Aquel día comieron nuestros viajeros en la villa de El Álamo y durmieron en la de Casarrubios, en la posada que estaba en la plaza, frente a la botica. Al día siguiente, almorzaron de camino en la villa de Portillo en casa de El Torero, compañero de oficio de Facundín, que en el pueblo tenía una tienda de ultramarinos. De allí pasa a Santa Olalla donde pretenden visitar a otro colega de nombre Alfonso Pérez, más conocido como El Cortador de Maqueda (4), pero en esos momentos se encuentra preso en la cárcel de Toledo y no precisamente por temas taurinos. En su casa comen en compañía del cebollano don Blas de Mora con quien se dirigen después en amena conversación hasta Cebolla.

Entregado y cobrado el caballo que traían para don Francisco, pasan la noche en la posada de El Perdigón, situada en la plaza mayor del pueblo. A las tres de la tarde del día siguiente entraban nuestros protagonistas en una de las más concurridas posadas de Talavera, situada en las inmediaciones del Prado y regentada por Pedro Pérez y su mujer Juliana. En ella paraban habitualmente cuando venían a Talavera.

Toro representado en cerámica de Talavera

No sería más de media tarde, cuando el torero, durante un tranquilo paseo por la villa, conversaba con el zapatero Juan Vizente cerca de la plaza del Comercio (5). Allí, de repente, los cuadrilleros de la Santa Hermandad se le echan encima, le rodean y detienen, siendo conducido de inmediato a la cárcel de Roque Amador. Sus compañeros corren la misma suerte al ser presos mientras jugaban a las cañas en el mesón despreocupados. La Santa Hermandad había esperado pacientemente durante más de dos meses para apresarles. Todo indicaba que nuestros personajes coincidían en sus señas con tres salteadores que en el camino de Guadalupe habían robado a unos vecinos de Valdeverdeja. Juan Bravo, Tomas Vazquez y Manuel Igual iban de camino hacia Alía y Castilblanco a primera hora de la mañana del día nueve de diciembre de 1747. Querían vender madera y castañas y comprar trigo pero, al pasar por el sitio que llaman los Guadarranques, como a una legua del Puerto de San Vicente, salieron a ellos tres hombres embozados, dos a caballo y otro a pie. Uno de ellos de bastante estatura, zerrado de barva, con una montera a lo valenciano, capo de paño obscuro, quasi negro, con una espada o cuchillo largo al cinto y montando un caballo negro. Otro era mediado de talla, con capotillo oscuro y caballo bermejo que tenía una estrella y raia blanca toda la frente abajo hasta el hocico. El de a pie, un hombrecillo pequeño con capa parda, vestido de paño y zapatos blancos con hebillas.

-¡Deténganse! -les gritó el más alto.

Los dos de a caballo les amenazaban con las escopetas en la mano. Sin desmontar dieron orden a su compinche para que les atase, lo que efectuó rápidamente sacando de la faltriquera tres cordeles.

Una vez amarrados registran minuciosamente a las víctimas, quitándoles trescientos reales que llevaban para emplear en el trigo, además de una manta, una cincha, dos tarros con pimientos y dos costales de jerga de Don Benito(6), uno rayado de negro y otro con el nombre de Manuel Igual. Denunciado el hecho a la Santa Hermandad, empiezan de inmediato las pesquisas.

En el puente delos Guadarranques se producían numerosos asaltos a viajeros a Guadalupe

Las primeras pistas las encuentran los comisarios en la Villafrancade la Puente del Arzobispo. Los vecinos han visto pasar a unos transeúntes muy parecidos a los que describen los asaltados, cabalgando en derechura a la villa de Talavera. Ya en ella, se confirma que se han hospedado en el mesón que esta junto al Prado. No cabe duda acerca de su identidad: son Facundín el torero y sus amigos.

Aunque los encausados niegan los hechos con empecinamiento, las averiguaciones confirman lo sucedido, llegando incluso más lejos, pues de los informes que envía la Santa Hermandad al Tribunal de la Villa y Corte de Madrid, solicitando información sobre los antecedentes de los encartados, se deduce que nuestros bandoleros toreros han realizado reiterados salteamientos en el contorno de la capital, concretamente en el término de Brunete, donde los testimonios y descripciones tomados por la Justicia encajan a la perfección con la banda de Facundín.

Este nuevo giro de la situación hace que el tribunal de la capital reclame a los reos y la causa, pues tenemos que tener en cuenta que el primer delito conocido se comete dentro del ámbito jurisdiccional de aquel tribunal que se extendía cinco leguas en el contorno dc la capital. La Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera, aunque es la que resuelve el caso, se inhibe. Facundín, Faldillas y el Empedrador son conducidos en cuerda de presos desde Talavera a Madrid.

  • Prenda de vestir con mangas ajustadas que cubría el cuerpo, tenía una faldilla pequeña

dividida en cuatro partes de arriba abajo. -»

(2) Cuero o piel de buey o vaca curtido.

(3) Piel dc oveja o carnero curtida con su lana. Se emplea bien como alfombra, forro de

zapatillas o para confeccionar prendas de abrigo.

(4) Persona que se dedica a cortar vestidos o calzado.

(5) Actualmente Plaza del Reloj.

(6) Tela de lana gruesa y tosca cuyo tejido forma rayas diagonales.

ARQUITECTURA POPULAR XII, LA CAMPANA DE OROPESA

ARQUITECTURA POPULAR XII

LA CAMPANA DE OROPESA

Arquitectura de adobe y tapial de Alañizo

La tercera subcomarca con características propias en cuanto a arquitectura vernácula es la de la Campana de Oropesa. Casi todos sus núcleos urbanos se encuentran en las proximidades de las afloraciones graníticas que dominan las llanuras del Campo Arañuelo por lo que, en mayor o menor proporción se utiliza el granito como material de construcción. También está muy extendida la utilización del adobe y del tapial, principalmente en los pueblos más alejados de la piedra como Alcañizo, el ladrillo es poco utilizado en esta zona.

Casa de la Hidalga en Calzada de Oropesa

Al ser estas tierras las más occidentales, deja ver su arquitectura la influencia de Extremadura, Calzada de Oropesa es el ejemplo más evidente. Allí podemos observar portadas de piedra, algunas blasonadas, que dan paso a un zaguán de distribución al estilo extremeño, son más frecuentes las grandes chimeneas y se generaliza el enjalbegado exterior de las viviendas. Es de destacar el barrio noroeste con pequeñas casitas de adobes muy modestas. Tuvo también Calzada un pequeño núcleo de clase más acomodada que ha dejado algunos hermosos ejemplares de casonas señoriales como la Casa de la Hidalga o la Casa de los de la Llave, por ejemplo.

Puertas carreteras de granito labrado típicas de Herreruela, Caleruela o Lagartera

En Herreruela encontramos también algunas peculiaridades como son las grandes portadas de puertas carreteras, enmarcadas con jambas y dinteles de piedra labrada de una sola pieza. Llevan un tejadillo protector y en muchos casos dan paso a agradables patios enlosados previos a la vivienda. Otra característica de este pueblo que también veremos en Lagartera es la presencia de balconadas en doblado que se forman al dejar sin cerrar una parte de las trojes y que son conocidas como solanos o solanas, que en muchas ocasiones se encuentran cerradas con cristaleras y servían para que las mujeres se dedicaran cómodamente a sus tradicionales labores de bordado.

Balconada en Lagartera

Otra característica más utilitaria de esta localidad es la presencia al sur de la población de numerosas zahurdas con una casita y un corral donde se criaba fundamentalmente cerdo ibérico, pero lo que quizá sea más distintivo de Herreruela es la presencia en muchas edificaciones populares de tres y hasta cuatro alturas contando con una especie de, semisótano en algunas casas.

La arquitectura de Caleruela es muy similar a la de Herreruela. En Lagartera es mucho más abundante la piedra. El adobe se utiliza casi exclusivamente en doblados y construcciones complementarias. Son típicos de Lagartera los portales de entrada o zaguanes donde exponen las casas los mejores platos de cerámica del ajuar y las labores famosas del lugar. Como en Herreruela, hay grandes portadas y muchas casas donde, en lugar de accederse por el portal, se entra por un patio decorado con flores, cerámica, etc. al más puro estilo sureño. Además de los balcones del tipo que hemos descrito en Herreruela, que dan en Lagartera algunas balconadas que nos sugieren la influencia con esta comarca de culturas serranas a través de la repoblación abulense de la Edad Media. El granito se utiliza en mampostería ripiada, con sillería en vanos y esquinazos, y algunos relieves de motivos religiosos en les dinteles.

Adobe y tapial sobre mampostería granítica en Caleruela

La arquitectura rústica es menos abundante aquí que en las comarcas serranas de La Jara o de la sierra de San Vicente ya que en este caso las poblaciones se encuentran más cercanas concentrando a los habitantes en torno a ellas y con núcleos de población dispersa solo en las grandes dehesas donde se encuentran las casillas de los guardas, peones y tractoristas. En ocasiones estas dehesas tienen auténticos palacios de los propietarios de las mismas, en algunos casos vinculados antiguamente a los Álvarez de Toledo, señores de Oropesa. Muchos de estos caseríos de las dehesas fueron antiguamente casi pequeñas poblaciones con su tejar. su herrería, su lagar, su horno para el pan etc.

Son típicos los patios enlosados con su pozo en la Campana de Oropesa

Esta comarca se encuentra surcada por numerosas cañadas y cordeles de ganados que atraviesan grandes distancias donde no había, entre Gredos y los núcleos de población de la Campana de Oropesa, ninguna posibilidad de refugio para viajeros y trashumantes, por ello. unas construcciones qua aparecieron en relación con las cañadas fueron las ventas. Tenían éstas una zona dc alojamiento para las bestias, horno de pan y alguna fuente cercana. En tomo a ellas se fueron agrupando pequeñas poblaciones como es cl caso de La Corchuela y Ventas de San Julián que como vemos, lleva en el nombre su origen hostelero.

Otras construcciones típicas do la comarca son las casillas de hortelano que aparecen a lo largo de las escasas corrientes de agua que la surcan. Es el caso de la zona de Las Vegas en término de Calzada; suelen ser pequeñas casillas de adobe para almacenar aperos y una cocinilla que sirve de alojamiento.

Llaveras típicas de la Campana de Oropesa, obra en su mayoría de la familia Igual

En esta zona es algo más abundante la rejería ya que hubo cierta tradición de herrería en Caleruela y también en Herreruela, como su propio nombre indica. Quedan algunos ejemplares de rejas exentas no carceleras como hemos visto hasta ahora, con alguna ornamentación discreta sin salirse de la sobriedad castellana. En Caleruela y Alcolea se asentaron algunos herreros de la familia Igual a los que pertenecen los curiosos diseños de llaveras y llamadores que podemos observar en muchas de las puertas de estos pueblos.

En la comarca que estamos describiendo es escasa la arquitectura protoindustrial ya que al no haber grandes corrientes de agua, existen pocos molinos o artilugios hidráulicos, es de destacar sin embargo la existencia de los restos del molino de viento más occidental de la provincia, el de Torralba de Oropesa y un impresionante edificio situado en el Tiétar conocido como “las máquinas de Monteagudo”, y qua no es otra cosa que una antigua fábrica de harinas de finales del pasado siglo movida por una turbina hidráulica.

La propia Oropesa participa de todas estas características generales, pqro conserva menos elementos de arquitectura popular,

Seguiremos con La Campana y las Villas en la próxima entrada.