ROBO AL CALDERERO FRANCÉS

ROBO AL CALDERERO FRANCÉS

Una de las causas criminales del libro editado por el autor y el colectivo La Enramá en que se describen los procesos de esta institución talaverana de policía rural

Caminos cañadas como esta de Aldeanovita fueron escenario de los delitos que se relatan aquí

Rafael Muñoz era un hombre sin oficio alguno, “de malas costumbres y amigo de aplicar lo que no es suyo”. Sus raterías tenían irritado al vecindario, hasta que un hecho de mayor gravedad llegó a oídos de la Santa Hermandad de Talavera que tomó cartas en el asunto.

Agosto de 1782. Algunos vecinos de Aldeanueva de San Bartolomé se encuentran en la taberna refugiados del calor de la tarde y tomando unos vasos de vino. Un forastero, levantando la cortina, penetra en la estancia y rompe en sollozos. Con acento extraño cuenta cómo, en el camino de El Villar del Pedroso, había sido asaltado “por uno de Mohedas” que le había quitado todo su dinero dejándole maniatado.

Un corro de curiosos rodea al hombre mientras relata su desgracia. Dice ser francés y de oficio calderero. Casi al tiempo entra en la taberna un individuo. El francés se vuelve y atónito señala con el dedo al recién llegado gritando:

-¡Este pícaro es el que me ha robado!

El mohedano al oírlo emprende la huida tomando el camino de Puente del Arzobispo. Pero imprudentemente vuelve a Aldeanovita (1) al anochecer. Allí entabla conversación con unos mozos que se hallan tomando el fresco. El grupo se ve interrumpido por la llegada de un vecino que transmite a los presentes una orden del señor alcalde para que los allí congregados conduzcan al presunto ladrón a su presencia.

En el camino Rafael -que así se llama el ratero- intenta sobornar a los mozos diciéndoles que le dejen marchar y a cambio “les daría dos reales o una peseta (2) y él que se iría a donde Dios le cuidase”. Los muchachos no acceden y responden todos a una que “no le dejarán, que el señor alcalde le llamaba”.

Ya en presencia de la autoridad, se inicia el interrogatorio:

-¿Qué dinero has quitado a ese francés en el camino del Vïllar?

-Nada, yo no tengo dinero alguno -responde el ladrón.

-¡Regístradle! -ordena el alcalde.

De entre las piernas le extraen una bolsa de lana y se la entregan a la autoridad local, quien pregunta al francés:

-¿Cuánto dinero os han robado y en qué monedas?

-Dieciséis reales en plata, en una moneda de diez reales nueva, una peseta y un real de plata y veintitantos cuartos.

Abierta la bolsa, las monedas coinciden, aunque faltan nueve cuartos que ya había gastado el ratero. Inmediatamente, el alcalde ordena que sea preso en la cárcel de Aldeanueva de San Bartolomé y asegurado con prisiones. Al cabo de unos días Rafael se escapa de la celda.

Fuente en Mohedas de la jJra, uno de los pueblos escenario de los hechos

Esta es la gota que colma el vaso y la Santa Hermandad envía a Javier de Mejorada como juez comisionado para el caso. Se abren las diligencias y el presunto ladrón se excusa de los hechos diciendo que salió de su lugar a otros a buscar en qué trabajar; sin llevar para su alimento maravedí alguno, ni otra cosa que un pan. Y aunque practicó diligencias no hallo en que emplearse. Y así, en dos días no se desayunó y, viniendo al lugar de Mohedas, encontró en su camino a un mozo calderero a quien, manifestándole su necesidad, le dijo le diese un trozo de pan si llevaba, o para comprar uno, porque si no se lo quitaría. Y que temblando dicho calderero, le expresó no llevaba pan ni más que unos diecisiete reales, los cuales dio al que declara.

En cuanto a la fuga de la cárcel de Aldeanueva, contesta que fueron los regidores los que le soltaron cuando no estaba el alcalde, diciéndole “que se fuese a pedir limosna con su madre de Dios”.

Con motivo de la investigación del asalto al calderero aparecen otros delitos de Rafael cometidos en Mohedas y en Aldeanovita. El año anterior, en compañía de otro mozo, entraron en la vivienda de Domingo Ramos y robaron unos colgaderos de uvas alcanzándolos con un palo. Pero fueron vistos por unos vecinos cuando huían diciendo:

-¡Botova! que hay gente en la cocina -exclamaron al oír el ruido de un almirez.

En otra ocasión a este mismo vecino, “habiendo ido a bellotas al ejido”(3) deste lugar; en el que estaba dicho Rafael, éste, luego que vio al testigo se vino al lugar y se entró en las casas del testigo y, desquiciando una de sus puertas, entró en un cuarto y le quitó veinte reales que tenía en una moneda y con otras de plata en una jarra de la Puente vidriada, entre unos garbanzos que en ella había, los que, luego que vino el testigo del monte, echó de menos con el motivo de que, habiendo entrado en la casa, pisó unos garbanzos y presumió que el dicho Rafael u otro que había  entrado y le había llevado el dinero que tenía en la jarra con los garbanzos

En esta ocasión el ratero es descubierto cuando cambiaba el peso duro (5). La víctima del robo se dirigió a la viuda madre del ladrón y le dijo:

-Vitoria, vosotros queréis que yo os dé que sentir… porque esto de entrar a robar mi casa no se puede aguantar. Tu hijo me ha quitado un peso duro.

-Por el amor de Dios, calla que yo te los buscaré y daré -respondió la pobre mujer.

En viviendas como esta de Aldeanovita se produjeron algunas de las raterías descritas

Rafael acudió por la noche y le devolvió solamente quince reales y diez maravedíes. El valor del dinero restante se lo fue reintegrando su madre en bellotas. A otro vecino, Juan Gudiel, con el que estaba sirviendo, le quitó veinte reales y tres quesos de un arca, mientras que el amo metía una masa de pan en el horno. Un año antes había sido sorprendido después de robar tres ovejas y solamente se pudo recuperar una de ellas ya dezentada (5) de los cerdos y su carne se vendió para las ánimas de Aldeanovita.

En los testimonios se expresa así mismo que por su mal trabajo a nadie le apetece ni quiere tenerle en su casa. Es hombre que no tiene oficio ni hacienda alguna de que mantenerse y se le ve que viste y gasta y come sin tener  trabajo. Rafael es llevado a la cárcel de la Puerta de Zamora en Talavera. Al ser menor de edad judicial en esa época, pues tiene menos de veinticinco años, se nombra un curador ad littem(6) y un letrado que lo defienda.

(1)Con este nombre se conoce coloquialmente a Aldeanueva de San Bartolomé en la comarca de Talavera.

(2) Moneda que tenía un valor de dos reales de plata.

(3) Ejido es el campo comunal de un pueblo inmediato a él, que no se labra y donde suelen reunirse los ganados vecinales o establecerse las eras.

(4) Se refiere a la moneda de 20 reales.

(5) Equivale a encentada y en este caso viene a significar mordisqueada o comenzada a comer.

(6) Tutor legalmente nombrado por el juez para el cuidado de la hacienda y la defensa de las causas o pleitos de alguno, que por ser menor de edad, o falto de juicio, no puede defender-se por sí.

LA IGLESIA DE SAN ANDRÉS

LA IGLESIA DE SAN ANDRÉS

Fragmmento del dibujo de la historia de Talavera del padre Torrejón donde aparece la iglesia de San Andrés detrás de la puerta de Cuartos

HISTORIA

La historia del barrio de la Puerta de Cuartos ha estado siempre relacionada con la iglesia y parroquia de San Andrés. Alrededor de ella giró la vida de esta popular barriada que aproximadamente coincide con los llamados arrabales viejos de la ciudad de Talavera. En el fondo del Monasterio de San Clemente de Toledo del Archivo Municipal de Talavera aparece la parroquia de “Sant Andree” en la escritura de unas casas vendidas en 1203. Otro documento de la Colegial de 1477 habla de la venta del huerto de un judío «en la collaçion de la iglesia de San Andrés». El templo primitivo debía ser de notable antigüedad porque al levantar los cimientos para realizarse las obras de reconstrucción de 1560 se encontró, como en la iglesia de San Miguel, «debajo de tierra un sepulcro labrado de ladrillo en el qual avía un pedaço de grana colorada y otras cosas que mostraban averse enterrado allí persona principal».

Panel de azulejos del siglo XVII que representan a San Andrés sobre la puerta norte del templo

La escasez de población en su entorno hace que durante el siglo XV este templo se convierta en anejo de la iglesia de Santa María o «Colegial», cuyo cabildo «ponía en ella un capellán que dijese misa, sin que hubiese en ella sacramento ni se enterrase en ella». Pero en 1520 «era esta parroquia por su mucha vecindad y mucho trabajo, de gran embarazo para la Colegial, y así acordó en cabildo de ponerla en manos del arzobispo de Toledo, que a la sazón lo era el Cardenal don Guillermo de Croy para que le proveyera de cura propio escribiéndole a Flandes…». Así, el seis de Junio de ese año, comienza la andadura independiente de esta iglesia con un tal Juan Velázquez como cura párroco de la misma.

«Era entonces esta parroquia muy estrecha y estaba muy mal parada de calidad que amenazaba ruina, por lo cual el año de 1560, siendo cura propio de ella el Ldo. Pero López natural de esta villa, deseoso de reparar su iglesia, dio traza de que entre los vecinos de su feligresía se hiciese un ofertorio que bastó para derribar lo viejo y crear cimientos de muy fuerte mampostería y se fue continuando esta fábrica hasta dejar acabada la capilla mayor; que después compró para su entierro Gaspar de Carbajal , hidalgo principal de esta villa.»

Pequeña torre espadaña mudéjar de la iglesia de San Andrés

Para ello nombró como «capitán a un hombre de poca hacienda pero grande ánimo» llamado Juan Gómez de la Torre, que comenzó a granjearse gran número de «soldados». Este Juan arrendaba el río para vender la pesca y «permitió Dios por su buena intención que prendiese en las redes y cayeran en los cañales tanta abundancia que tenía que echar algunos en el río … Con estos ingresos  vestía y armaba a sus soldados causando en la villa tanto regocijo en sus salidas, que animados también  por el ejemplo del «capitán», que ofreció muchos ducados, ofrecieron todos con ánimo devoto tanta cantidad que se començo luego a labrar la yglesia de Sant Andrés desde los cimientos». Nos encontramos ante una interesantísima descripción de uno de esos ritos festivos conocidos como soldadescas que, en este caso, tenía la función de obtener fondos para la reconstrucción de la iglesia. Posteriormente otros dos “capitanes” consiguieron fondos para el artesonado de la capilla y la sacristía, ya que el tejado de las tres naves iniciales se acabó en madera tosca por haberse terminado los fondos de la primera iniciativa.

En 1596 se permitió custodiar en ella el Santo Sacramento por comisión del talaverano, entonces gobernador del arzobispado, García de Loaysa y Girón que, a su vez, obtuvo permiso del príncipe Alberto, cardenal y arzobispo de Toledo. Presidió la ceremonia el abad de la iglesia de “Santiuste” de Alcalá de Henares con gran concurrencia del pueblo, el regimiento y el cabildo de la Colegial.

Cuenta Francisco de Soto que «Pasados algunos años, y siendo cura de esta iglesia el Ldo Juan Bautista Baillo, la quitó los pilares de ladrillo que tenía a los lados, y la dejó de una nave muy capaz y la acabó de levantar y perfeccionar con la capacidad y hermosura en que hoy está, en que gastó mucha cantidad de ducados de su propia hacienda, de que nos dejó memoria de su gran ánimo y celo».

Pila bautismal y azulejería de florón en la iglesia de San Andrés

Durante el siglo XVIII la iglesia y el barrio estuvieron fuertemente vinculados a la Real Fábrica de Sedas que se encontraba en su demarcación. Así lo refiere su párroco en 1784: «En el distrito de esta parroquial están establecidas las Reales Fábricas de Sedas, por el señor D. Fernando el sexto en el año de 1748, en las que se trabajaban todas las manufacturas de esta especie y texidos tanto anchos como angostos, de todas calidades y colores, con oro, plata y sin ellos, tisúes y demás telas de cualesquiera clase tanto en las que caben en seda fina como la filoseda y toda clase de media de telar». Algunas casullas y capas pluviales que se conservan en la sacristía son de gran belleza y seguramente proceden de dicha Real Fábrica.

A principios del siglo XIX la amenaza de ruina motivó que de nuevo se hicieran reformas en el templo, principalmente en la techumbre. Durante la Guerra Civil sirvió como refugio a los huidos republicanos.

Prendas religiosas labradas en las Reales Fábricas de Seda

DESCRIPCIÓN

       «La iglesia es de una sola nave con cabecera separada por arco triunfal de medio punto y de sección ochavada, aparejado en ladrillo. Al fondo hornacina abocinada que soporta el retablo.

El coro se sostiene por sendos pies derechos de fuste circular y orden dórico; balaustre de madera de bolillos. Zócalo de cerámica, probablemente del siglo XVII.

Se cubre la nave por cerchas de madera a dos aguas y el cabecero por artesonado. Bajo el coro, pila bautismal  gótica cerrada con madera de bolillos del siglo XVIII.

El exterior es una fábrica de aparejo toledano que refleja fielmente el interior. Destacan los contrafuertes laterales, la espadaña en el hastial del pie y el ábside curvo del cabecero. Se cubre a dos aguas.»

Cuadro que representa la adoración de los magos copia de un Tiépolo en la iglesia de San Andrés

Esta descripción pertenece al inventario del Ministerio de Cultura y a ella podemos añadir algunos detalles. En el exterior destaca sobre la puerta de acceso de la fachada norte un panel de azulejos del siglo XVII representando a San Andrés mientras que en la sur se encuentra la primitiva espadaña de aspecto más antiguo que el resto de la fábrica del templo y que no carece de encanto.

En el interior debemos destacar el gran lienzo central del retablo, una pintura del siglo XVII representa al patrón de la iglesia y que algunos autores atribuyen a Maella. En este cuadro es de destacar la buena factura del rostro del santo. Sobre ella se sitúa un lienzo más pequeño con el motivo del bautismo de Cristo. Otras dos pinturas completan el patrimonio pictórico de la iglesia, una copia de la Adoración de los Magos de Tiépolo pintada en el siglo XIX y un cuadro de la Entrega de las Llaves a San Pedro, que podría, según César Pacheco, haber formado parte de uno de los altares laterales que estaba dedicado a este santo y cuya  interesante azulejería pasó luego a decorar el altar mayor.

Parte de la cerámica y  ajuar parece que pertenecieron a la desaparecida iglesia de San Clemente, como es el caso de un aguamanil de cerámica del XVI que lleva la leyenda “Soi de San Clemente”. Del mismo material, época y autor es una pila de agua bendita de cerámica, también de gran calidad pero cuya cruz de San Andrés dibujada en el centro nos orienta a su pertenencia a la propia parroquia. No debemos dejar de reseñar el artesonado octogonal en madera de lacería mudejarista tardía así como la cerámica de la sacristía.

Es de destacar también la decoración pintada de sus muros recientemente descubierta.

Aguamanil de cerámica de talavera del siglo XVIII procedente de la antigua iglesia de San Clemente

Todavía permanece encastrada en sus muros la inscripción que el sobrino del arriba mencionado mecenas de esta iglesia, Gaspar de Carvajal, mandó colocar en el siglo XVII para recordar la protección y las obras que realizó su tío enterrado en la capilla mayor. Algunos de los bancos con escudo en marquetería, y puede que alguna imagen, proceden del cercano convento de El Carmen. Debemos por último referirnos a otras imágenes como un Cristo crucificado del siglo XVII y un probable San Juan del XVI que se encuentran en la sacristía así como un San José que está en un lateral de la nave del templo y, según Nicolau de Castro, parece tener ciertas características que orientarían hacia talleres de la escuela madrileña del siglo XVIII.

FOTOS ANTIGUAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA PRESA DEL ALBERCHE

LA CONSTRUCCIÓN POR LOS PRESOS DE LA PRESA DEL ALBERCHE

Portadilla decorada con motivos cerámicos talaveranos de la memoria de la construcción de la presa y los canales

Traemos hoy una serie de fotografías de la construcción de la presa de Cazalegas que serviría para llevar el agua al canal Bajo del Alberche. Los regadíos que conllevó esta obra realizada por el régimen del general Franco con la mano de obra de presos forzados republicanos fue la causa principal del crecimiento de Talavera de la Reina en los años 60 y 70.

La presa es en realidad un dique hecho por la acumulación de la tierra extraída de las elevaciones del lado sur del embalse recubierta con hormigón. Reproducimos también algunos planos y esquemas, la mayor parte extraídos de la documentación de un estudio publicado por el ministerio de Obras Públicas de entonces.

Croquis de la presa del Alberche
Terrero de donde extraía la tierra para hacer el dique de la presa.
Excavación de los pilares de la presa
Construcción de los pilares de la presa
El dique de tierra, base de la presa
Otra instantánea de la construcción de los pilares de la presa de Cazalegas
Muro y pilares más avanzados en la obra de la presa
El muro avanzado ya de la presa del Alberche
Croquis de la presa de Cazalegas
Construcción del muro de hormigón y las torretas de las compuertas de la presa
Construcción de los aliviaderos de la presa de Cazalegas
Sistemas de elevación de las compuertas
Presa del Alberche ya casi finalizada

ARQUITECTURA POPULAR SIERRA SAN VICENTE (2) MAJADAS, CHOZOS, MOLINOS…

Majada reutilizada como zahurda

Otras construcciones del ámbito rústico de la Sierra de San Vicente son, por ejemplo las majadas o “majás”. Estas edificaciones abundan en el término de El Real de San Vicente y principalmente en los arroyos de Valdesanvicente y el Budial. Como quiera que los parajes por donde discurren estos arroyos están relativamente alejados del núcleo urbano, en estas “majás” se hacía vida durante épocas determinadas del año, ya sea para aprovechar los pastos frescos. Para la montanera de los encinares cercanos, o para la cosecha del escaso cereal que se cultivaba en estas tierras.

Boyería con pesebres de granito

Constan, en general, de un pajar casi siempre abierto por uno de sus lados con pilares de enebro o machones de piedra entre sus vanos, y tejado a una o dos aguas según su amplitud, de unas zahurdas para los cerdos de la matanza familiar, de una cocinilla para el alojamiento que en ocasiones se encuentra exenta y otras veces es una pieza del pajar, mejor o peor aislada del recinto de los animales y que se calienta mediante una chimenea que en el capítulo anterior denominábamos “de esquina”.

Pilares de piedra y enebro y techumbre de una majada

Un muro cierra el recinto por delante de estos edificios formando el corral. Dentro del alargado pajar se almacena el forraje y al mismo tiempo se resguarda el ganado, vacuno u ovino, por lo que se pueden encontrar dentro de él y del corral tanto pesebres como bebederos de piedra o de grandes troncos vaciados.

Majada con pesebre fabricado con un tronco vaciado

Pueden añadirse en ocasiones a las dependencias referidas algún gallinero e incluso una cuadra para las caballerías. Podemos también encontrar las dependencias antes referidas aisladas, sin agruparse en majadas y así, es frecuente encontrar zahurdas o “chajurdas” aisladas en montes o dehesas. Las parideras, donde las crías de cerdos, ovejas o cabras pasan más protegidas de las inclemencias sus primeros días de vida.

Parideras en San Román de los Montes

Estas construcciones son muy características de estas sierras y consisten en cubículos de un metro y medio de lado aproximadamente, techados con falsa bóveda y pegados lateralmente unos a otros, sin ningún hueco exterior salvo la pequeña puerta por donde accede el animal al interior. Estas Puertas se alinean de cara al corralillo común y según su número, hasta veinticinco, se disponen linealmente o en forma de U.

Chozo en Hinojosa de San Vicente

La portalera es la denominación que se da en Castillo de Bayuela a la unión de un pajar-cuadra con un corral y a veces una cocinilla. Ya hemos comentado que la arquitectura de la Sierra de San Vicente es una arquitectura eminentemente  granítica, como graníticos son todos los bienes inmuebles del patrimonio etnográfico de la comarca; las fuentes abovedadas de gran belleza, cuyos prototipos son las de Almendral y La Iglesuela, las cruces y calvarios, los puentes  con aspecto casi megalítico por el empleo de grandes lajas de granito de hasta cuatro metros de longitud, los lavaderos con sus agrupaciones de varias pilas con las iniciales del dueño grabadas, los pesebres de cuadras y boyerías y los edificios industriales tradicionales, lagares y molinos.

Puente de granito en Marrupe

Los molinos de esta comarca son muy numerosos, ya que las pendientes considerables y los caudales no muy abundantes, pero sí bastante continuos, hacen de esta pequeña sierrecilla un lugar idóneo para su construcción, y de hecho ya en el siglo XV, hay constancia documental de la existencia de algunos de ellos, aunque dedicaremos capítulos sucesivos de esta serie a su descripción, diremos aquí que son construcciones de gran belleza, con concentraciones importantes en el arroyo Saucedoso junto al llamado Puente Romano de Castillo de Bayuela; en el arroyo que discurre por el mismo casco urbano de El Real de San Vicente, en el arroyo Guadmora.

Lavadero en Segurilla

Su cárcavo, hueco abovedado o adintelado que aloja el rodezno al cual mueven las aguas, es su característica más vistosa, en cuanto a la estética del edificio, junto al cubo en el que se acumula el agua antes de mover al salir por el saetín, el rodezno que al girar movilizará la piedra volaera del molino. Aunque el sistema de receptor de cubo es frecuente también la rampa lo es, y otro tipo muy característico de esta tierra, el tubo. Movidos con este sistema existen varios ejemplares en la Garganta Tejea, es esta peculiaridad  una de las muchas muestras de la influencia de las vecinas tierras abulenses en la arquitectura popular local.

Molino de Agua en Hinojosa de San Vicente

Otra construcción popular es la ermita ya que se suele guiar por las mismas pautas utilitarias que el resto de edificios de la arquitectura tradicional. En esta tierra las ermitas suelen ser de planta cuadrada aparejo de sillarejo más o menos elaborado, algunas enjalbegadas e incluso otras como la de Nuño Gomez con un pequeño pórtico de columnas de piedra. El tejado es a cuatro aguas y son ejemplos típicos las de Marrupe, Hinojosa, Almendral o Pelahustán, aunque otras como las de Navamorcuende o la de Guadyerbas son más bien iglesias y se salen del ámbito de la arquitectura popular.

Fachada de San Román con decoración de motivos pastoriles

Salvo algún esgrafiado o algún dibujo popular en revocos o chimeneas, ya hemos hecho referencia a la sobriedad decorativa, aunque existen algunas excepciones como la encantadora decoración dibujada del altar y la hornacina de la ermita de San Roque en Hinojosa, o una fachada pintada con motivos pastoriles en una casa de San Román.

Los herrajes son igualmente sobrios, así como las cerraduras y rejería, ´típicamente castellana machihembrada, solamente destacar la frecuencia de unos picaportes con formas sugerentemente eroticas que dibujan infantilmente unos órganos sexuales masculinos.

CERÁMICA DE TALAVERA EN EL MUSEO DE ARTES DECORATIVAS

CERÁMICA DE TALAVERA EN EL MUSEO DE ARTES DECORATIVAS

Modelo contemplando una vitrina de cerámica de Talavera en los años 50

El Museo Nacional de Artes Decorativas se encuentra en la calle Montalbán de Madrid y es uno de esos pequeños museos que no por poco conocidos dejan de tener un extraordinario interés.

Jabalí representado en un plato de la serie tricolor

La cerámica de Talavera tiene una magnífica representación a la altura de su importancia en la historia de las artes decorativas en España, Esa alfarería que aparece en la pintura del Siglo de Oro en mesas de santos, monjes y nobles o que decoraba con azulejería los frontales de altares y arrimaderos de los palacios y capillas. Y se da importancia a nuestra artesanía más representativa hasta el punto de que uno de sus carteles publicitarios del propio museo muestra una foto de una modelo en los años 50 posando ante una vitrina de cerámica talaverana.

Hay una buena muestra de sus fondos que se siguen enriqueciendo con nuevas piezas de nuestra artesanía tanto de alfarería como de azulejería decorativa palaciega, mucho más rara que la de motivos religiosos.

También es de gran interés representación de una cocina del Siglo de Oro con abundancia de alfarería talaverana tan utilitaria en la época.

Plato de la serie de la mariposa en el que se representa un león
Cuenco de cerámica polícroma del siglo XVI
Panel de azulejos muy similar a los que decoran el palacio que aloja el museo de Valladolid
Panel de azulejos decorativos del siglo XVI en cerámica de Talavera
Azulejo de cerámica polícroma que representa a San Juan Bautista
Albarelo de cerámica de Talavera del museo de artes decorativas
Diferentes objetos de cerámica de talavera en el Museo de Artes Decorativas
Cocina del siglo de oro con vajilla y elementos habituales de la época en cerámica de Talavera
Más objetos de cerámica de Talavera y otras en una cocina del siglo XVII
Plato agallonado de cerámica de Talavera polícroma del siglo XVII

ARQUITECTURA POPULAR VII: la SIERRA DE SAN VICENTE (1)

ARQUITECTURA POPULAR VII: SIERRA DE SAN VICENTE

Balcón con tejadillo en La Iglesuela

A continuación haré una somera descripción de las peculiaridades de la arquitectura tradicional de las subcomarcas talaveranas y comenzaré por la Sierra de San Vicente.

Esta zona, por proximidad geográfica,por circunstancias históricas como la repoblación y dominio de la ciudad de Ávila sobre ella e incluso, por condicionantes climáticos mas similares a las zonas serranas de Gredos. Tiene una serie de características comunes con la arquitectura de los pueblos de la otra orilla del Tiétar.

Encontramos como allí tejados con faldones muy prolongados, huecos y vanos pequeños y escasos, incluso los balcones de madera techados, con una mayor abundancia de ellos en los pueblos más norteños como es el caso de La Iglesuela.

En cuanto a materiales el más abundante con mucho es el granito, generalmente en mampostería irregular calzada con barro y ripio, pero con sillería más o menos elaborada en vanos y esquinazos.

Portalillo típico de El Almendral con muros de mampostería blanqueada

En Navamorcuende, capital de uno de los dos señoríos históricos de la sierra encontramos algunas casas más pudientes en las cuales, al menos en la fachada, domina la sillería. En Pelahustán, sin embargo, hubo una tradición de buenos canteros ya que hasta en casas modernas encontramos un buen labrado de piedras. Es de destacar la peculiaridad de Nuño Gómez donde, aunque el granito se encuentra próximo y abundante, hay un claro predominio del adobe no solamente en la fabricación de las trojes y doblados si no también en la construcción de muros completos. En Cardiel, pueblo que se encontraba más alejado de los afloramientos graníticos es también frecuente la utilización del adobe e incluso del tapial de barro que se refuerza con verdugadas y machones de ladrillo. En los tejados se emplea mayoritariamente la teja árabe, salvo en los chozos, en que se utiliza la falsa bóveda de lajas de piedra con capa de compresión de barro, a la cual ya hemos aludido en capítulos anteriores.

Enlanchado granítico en un adarve de El Almendral

En la Sierra de San Vicente se tiene fácil acceso a un tipo de madera que se utiliza con profusión en la construcción de las techumbres, nos referimos al enebro. Pocos árboles pueden ofrecer una resistencia a las inclemencias del tiempo y a los insectos como él, y una capacidad de carga que hace que se utilice incluso para pilares en el caso de los troncos más gruesos. Su empleo más frecuente es para alfangías de los tejados o, en los tejaroz que cubren entradas de puertas carreteras e incluso en el soporte de vanos de construcciones rústicas como cuadras y majadas. Tiene el inconveniente de que sus troncos no suelen ser excesivamente largos por lo que a veces las techumbres precisan de una fila intermedia de pilares entre muro y muro que las sostengan. En las viviendas de las poblaciones es por esto más frecuente la utilización del pino o del castaño, este último también bastante abundante en la sierra.

Vivienda de sillería y mampostería de granito en Pelahustán

Lo más frecuente es que las viviendas tradicionales presenten directamente la piedra, aunque en otras ocasiones se enlucían con una mezcla de cal y arena o se enjalbegaban. En los pueblos mas sureños (Castillo. Cardiel, Nuño Gómez) no es raro ver fachadas decoradas con esgrafiado, que es un sistema de dibujo, con motivos geométricos o vegetales generalmente, que se realiza por sobrerrelieve en el enlucido de cal y arena de la pared.

Ameal de la Sierra de San Vicente

Las chimeneas son de campana en los núcleos urbanos aunque en el exterior del edificio no presentan grandes dimensiones a diferencia de otras zonas de las tierras de Talavera con una mayor influencia extremeña. Es característico de las construcciones rústicas, como los pajares un tipo peculiar de chimenea muy sencilla que yo denomino «en esquina» y que consiste en un tronco de enebro atravesado en un esquinazo de la dependencia, a modo de hipotenusa del triángulo formado con los dos muros, sobre ese madero se construye un murete de adobes hasta el techo que hace las veces de campana.

Decoración de esgrafiado en una vivienda de Nuño Gómez

Los cimientos suelen ser de piedra seca y los suelos de baldosa de ladrillo. En ocasiones de lajas de grandes, o de la misma roca viva en dependencias secundarias, para los animales o para el almacenamiento.

Tienen las casas cinco piezas: portal, cocina y tres habitaciones. Las viviendas son generalmente de una planta a dos aguas, las que están dobladas utilizaban la segunda planta, doblado o troje como dependencia secundaria con utilidad de pajar, almacén y granero o en tiempos pasados, para la cría del gusano de seda.

En El Real de San Vicente y Castillo de Bayuela era muy frecuente que destinaran el doblado o pajar al que se accedía desde el exterior por una pequeña portilla que facilitaba la carga y descarga de la paja desde el exterior. Como anécdota recordemos que el pueblo de Castillo de Bayuela se asienta en la actualidad en el lugar que antiguamente se conocía como Pajares y que a los de este pueblo se les denomina «pajariegos», e incluso el trajín de los pajares ha quedado cristalizado en un refrán «Los de Castillo pajariegos, que toda la paja encierran, un año que no la cerraron se murieron las becerras».

El enebro es un árbol de gran resistencia para la arquitectura popular en la Sierra de San Vicente

Es muy característico del paisaje serrano la presencia del «ameal». Es esta una construcción muy sencilla que consiste en un vallado circular de mampostería granítica, de 1 a 1,5 metros de altura y de 3 a 6 metros de diámetro, con un tronco de enebro en el centro, alrededor del cual se va acumulando el pasto o el heno de los prados y así almacenarlo hasta la época de escasez de hierba fresca. No olvidemos que la sierra ha sido eminentemente ganadera y por tamo no es de extrañar que sean numerosísimos los chozos que se reparten por todo su territorio, para servir de alojamiento a los pastores en caso de inclemencia del tiempo o cuando los pastos se encuentran muy alejados del pueblo para pernoctar. Esos chocillos de piedra tienen un especial encanto por lo bien integrados que se encuentran en el paisaje. Algunos de ellos tienen una precaria chimenea, apenas un orificio en el techo y una concavidad en el muro, no tienen puerta y en su interior solamente un hueco en la pared a modo de alacena, o simplemente un palo donde colgar los enseres y una lancha de piedra como asiento.

pajar de Garciotún levantado en adobe con el boquerón para cargar la paja en la troje

CUANDO ERA EL TAJO EL QUE SE SALÍA DE MADRE (I)

CUANDO ERA EL TAJO EL QUE SE SALÍA DE MADRE

Adjuntamos en esta entrada algunas fotografías de inundaciones de Talavera procedentes de una exposición de la Universidad de Mayores y de la colección del popular Telesforo Jiménez, que con su barca y su familia auxiliaba a las víctimas y ayudaba a sacar a los ahogados del Tajo a consecuencia de los baños de verano. En los años 70, antes del trasvase se produjeron las últimas grandes inundaciones del Tajo.

El Tajo de lado a lado en una vieja postal
Telesforo con su barca junto a la gasolinera Edán
Telesforo y su familia en las actuaciones por las inundaciones
La Trinidad inundada a principios de siglo
Inundación aguas abajo del puente atirantado
Inundación del Tajo en la zona de Gomhersa
Inundación en la zona de Gomhersa. Universidad de Mayores
El Tajo en una inundación de los años 60
Inundación de huertas y granjas del Tajo en los años 70

LOS MOLINOS DE AGUA HACIA SU OCASO

LOS MOLINOS DE AGUA HACIA SU OCASO

Nuevo capítulo de mi obra agotada “Los Molinos de Agua en la Provincia de Toledo” en el que se trata sobre su historia desde el siglo XIX a la actualidad

Molino Nuevo de Valdeverdeja

Con la desamortización cambian de manos no sólo los molinos de propiedad eclesiástica sino que también afectan las expropiaciones a molinos concejiles[1].

En el siglo XIX la coincidencia con los edificios actuales es todavía mayor y en el caso del trayecto del Tajo desde Puente del Arzobispo hasta el límite de provincia, los molinos que he podido estudiar hoy en día, corresponden uno por uno con los que ya existían en 1842, salvo el conocido como Molino Nuevo que, como su nombre indica, fue construido más recientemente[2].

Durante las tres últimas décadas del siglo XIX y primera del XX se observan y documentan abundantes reconstrucciones y algunas nuevas edificaciones que están dotadas de los últimos adelantos tecnológicos. Una prueba de ello es la abundancia de inscripciones con fechas de esa época que se pueden observar en los revocados.

A prtir del siglo XIX se comienzan a levantar fábricas de harina más que molinos con maquinaria movido por ruedas y cintas accionadas por las ruedas hidráulicas

En estos años comienzan a instalarse turbinas hidráulicas adaptadas a los antiguos molinos de rodezno. Es el caso del molino del Estanco en Riofrío, algunos molinos manchegos que antes se movieron por el sistema de regolfo y un ejemplar de Villarejo de Montalbán que además suministraba energía eléctrica a este pequeño pueblo.

Se llegan a construir también algunas fábricas de harina por turbina hidráulica con una mayor complejidad en sus instalaciones. La fuerza del agua ya no moviliza sólo las piedras sino que también dinamiza toda la maquinaria accesoria como limpiadoras, dechinadoras, cernedoras, cintas y tornillos de Arquímedes para el transporte del grano etc. Algunos ejemplos de esta industria molturadora directamente descendiente del molino de agua son  Las Máquinas de Monteagudo en Oropesa, las fábricas de Villacañas o las de Toledo y Talavera[3].

Fábrica de harinas de las «Maquínas de Monteagudo» del siglo XIX junto a un viejo molinillo hidráulico en el Tiétar

La introducción del motor diésel, principalmente a partir de los años treinta, precipita la decadencia de nuestros viejos artificios. Aun así muchos de estos motores se adaptarán a los molinos de agua para completar su rentabilidad en épocas de sequía, aumentando así el periodo útil de los mismos. El motor se solía instalar en la misma sala del molino o en dependencias anejas. Desde allí movilizaba con una correa el eje de la piedra u otros ejes que suministraban energía a la maquinaria accesoria. Es característica en la imagen de estos molinos con motor, la presencia de un depósito de agua exterior de unos dos metros cúbicos de capacidad que era necesario para la refrigeración de los antiguos motores diésel.

Viejo motor diésel de un molino del arroyo de San Vicente

La Guerra Civil disminuye tanto los abastecimientos mecánicos como el suministro de petróleo y se producen así casos curiosos, como el del molino Ovejero de Parrillas que dejó de funcionar porque tras una avería una de las piezas del motor debía suministrarse desde zona nacional y otra desde la parte republicana. Otro caso de adaptación a la penuria de la época es el de un molino en Sotillo de las Palomas que fue impulsado por un motor de vapor de agua, al parecer adaptado de una vieja locomotora. Cuentan los testigos que generaba tal gasto de madera que apenas pudo funcionar un par de meses pues si no se hubiera detenido su funcionamiento habría acabado con la riqueza forestal de la Sierra de San Vicente, donde se localizaba sobre el río Guadyerbas.

Este molino del Guadyerbas en Sotillo de las Palomas funcionó en la guerra civil con un motor de vapor de agua

Pasada la contienda, el Servicio Nacional del Trigo asume el monopolio cerealístico como respuesta del régimen a la carestía de la posguerra[4], pero paga  precios muy reducidos a los agricultores que, ante esta circunstancia y la demanda de «pan blanco» de estraperlo que era en general de mayor calidad, prefieren ocultar al menos parte de sus cosechas para consumo propio o para venderla a particulares en condiciones mucho más ventajosas.

Pero todo este trigo, digamos sumergido, debe molerse en algún lugar oculto de la inspección de los temidos agentes de Fiscalía de Tasas que vigilan y penalizan el estraperlo, precintando las piedras de los molineros que burlan los controles estatales, al no declarar ni inscribir en el libro obligatorio de registro de maquilas la cantidad total del cereal que se ha molido realmente.

En el estudio ya clásico en antropología que Julián A. Pitt-Rivers dedicó al pueblo gaditano de Grazalema a principios de los años cincuenta, se describe esta misma situación que por su interés y por coincidir en esencia con los testimonios que he recogido entre los molineros toledanos reproduzco a continuación[5].

A En realidad la organización de control de productos alimenticios no controla más que el cincuenta por ciento de la cosecha. Esto es fácil de explicar. Los funcionarios responsables de inspeccionar la producción son también agricultores. Se declara menos de lo que se siembra y de la extensión declarada sólo se admite haber cosechado la mitad. Además, al agricultor se le permite retener grano para la siembra del año siguiente y cierta cantidad más para su manutención, en lugar de la parte del racionamiento que le corresponde. Puesto que el precio que paga el gobierno por el grano no guarda relación con el precio real, un agricultor que hiciera todos los años una honesta declaración pronto quedaría arruinado. El grano declarado es recogido por el inspector y, según dice la gente, para proveer la insuficiente ración de pan se envía al pueblo otro grano de inferior calidad. Este es el grano que se muele en el molino oficialmente autorizado, que es eléctrico y está situado en Grazalema. La cosecha no declarada sigue un camino diferente y más natural de productor a consumidor. Se deposita en molinos oficialmente clausurados y sirve para abastecer de pan no racionado que se vende abiertamente en las casas de campo. Hay en la zona una gran cantidad de molinos que trabajan ilegalmente. Aprovechan las corrientes de agua que vienen de la sierra. Lo traen en burros que hacen el viaje en solitario o por parejas, a veces de noche por miedo al inspector.

Afortunadamente para los molineros la Guardia Civil era, en general, más benévola con ellos y con los estraperlistas que los agentes de Fiscalía de Tasas. Había varias  razones, los molinos eran lugar de refugio para los guardias si había malas condiciones climatológicas, en ellos se realizaban relevos y controles de las patrullas pues muchas veces eran los únicos lugares poblados en las zonas agrestes. Les diré como anécdota que un molino sobre el río Sangrera conservaba todavía sobre las puertas antiguas pintadas de la Federación Anarquista Ibérica junto a las firmas de los guardias civiles que hacían allí sus relevos en los años treinta y cuarenta cuando deambulaban partidas de maquis por la zona.

Se establecía por todo lo anterior una lógica relación humana entre los guardias y los molineros. La penuria de postguerra acuciaba a todos y un costal de harina de vez en cuando en la puerta del cuartelillo suavizaba la vigilancia, según me relataba un viejo molinero. En este periodo de estraperlo muchos molineros se enriquecieron cobrando maquilas abusivas de hasta el cincuenta por ciento de la harina. Los molinos más alejados o peor comunicados son los que más se aprovecharon de estas circunstancias. Cuantas jugosas anécdotas he escuchado a los molineros sobre esta época, pero eso sí, una vez que les convencía de que mi persona no tenía nada que ver con instituciones estatales y solamente me guiaba el interés etnográfico, y eso que solamente había transcurrido medio siglo desde que sus molinos dejaron de funcionar.

Casi todos los molineros tenían preparados escondites muy diversos para ocultar el grano o la harina molida ilegalmente. Falsos techos, cubículos secretos, trampillas, cuevas, agujeros tapados con lanchas de pizarra o simplemente los jarales más cercanos servían para esconder rápidamente la mercancía de los ojos de los inspectores o de la Guardia Civil.

Un molinero me relataba cómo, nada más salir el agente que le había precintado las piedras y todavía caliente el plomo, se movía el alambre del precinto para que quedara holgado y poder así precintarlo y desprecintarlo a voluntad según la demanda estraperlista. En otras ocasiones se levantaba con delicadeza la piedra volaera que se había precintado y se colocaba otra diferente para moler. Un molinero relataba cómo incluso era avisado por el propio cabo de la Guardia Civil que enviaba por delante de él una perrita que advertía con su presencia de la no deseada visita de los temidos agentes de Fiscalía de Tasas.

A veces los avisos no eran suficientes y el molinero era cogido in fraganti. Por ejemplo, aquel que tras limpiar escrupulosamente toda la maquinaria del molino y una vez convenientemente reprecintada la piedra,

fue denunciado por haber olvidado sacudir una prenda tan integrada en el físico de nuestros campesinos como es la boina, que con su blancura lo delató ante el funcionario.

He escuchado el relato de penosas travesías nocturnas, incluso de vadeos de corrientes fluviales  para eludir la vigilancia. Es el caso de gentes de El Carpio de Tajo que cruzaban el río para acudir a los molinos menos vigilados de Villarejo de Montalbán para, después de la travesía nocturna, estar de vuelta antes de que saliera el sol.

Sin embargo, esta época de bonanza para los molineros era la del canto del cisne de los molinos de agua pues, aunque algunos molineros se lucraron considerablemente con las circunstancias antes referidas, el avance de la electrificación rural durante la década de los cincuenta y el abaratamiento de los combustibles, junto con la motorización del transporte, hicieron aparecer molinos no hidráulicos en muchos pueblos. Además, estos nuevos molinos estaban situados en el mismo casco urbano y a disposición más cómoda de los agricultores.

Aparecen, en fin, las fábricas de harina situadas en las cabeceras de comarca donde al mismo tiempo también se localizan los grandes silos estatales de almacenamiento de grano. El molino de agua agoniza en los años sesenta sirviendo ya solamente para la molienda de piensos en lugares muy puntuales y más bien apartados. En los ochenta no localicé ningún molino corriente y moliente en nuestra provincia si bien, alrededor de una docena mantienen su maquinaria en relativo buen estado.

[1] HIGUERUELA DEL PINO, L. : La Desamortización en Talavera de la Reina, Ayuntamiento Talavera,Talavera, 1995, pp. 22 y 27. PORRES MARTIN-CLETO, J. La Desamortización del Siglo XIX en Toledo, Toledo, 1966.

[2] MADOZ, P. : Diccionario Geográfico, Facsímil de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha sobre la obra de 1842, Salamanca , 1987, ver ATajo@ y los epígrafes de cada uno los pueblos ribereños.

[3] FERNANDEZ SANCHEZ, I. : Historia de Talavera de la Reina, 1896, facsímil, Talavera , 1983.p. 334.

[4] MAPA NACIONAL DE ABASTECIMIENTOS DE 1945, Madrid, 1946, p. 242 y EL SECTOR HARINERO EN LA PROVINCIA DE TOLEDO, Toledo, Federación Empresarial Toledana, 1966, pp. 17-22.

[5]PITT RIVERS, J.A. : Un pueblo de la Sierra de Grazalema, Madrid, Alianza Editorial, 1989, pp. 81 y 82.

CUANDO LA LUZ LLEGÓ A TALAVERA

CUANDO LA LUZ LLEGÓ A TALAVERA

Central eléctrica del Puente, la segunda de España después de la de Gerona

Las presas o azudas que, al menos desde tiempos árabes, servían para mover las piedras de molino que molturaban los cereales de la fértil vega talaverana, constituían una base inmejorable para aprovechar la energía hidráulica del Tajo en la producción de energía eléctrica. Por eso no es extraño que solamente seis años después de que Thomas Alba Edison iluminase con lámparas de incandescencia el Mento Park de Nueva York, se alumbrara por primera vez con luz eléctrica la Plaza de la Constitución, hoy del Reloj, de Talavera. Según nos cuenta Julián Quiroga, trabajador del sector eléctrico talaverano e investigador del mismo, el 18 de Noviembre de 1886 se trató en el ayuntamiento talaverano, regido a la sazón por don Justiniano Luengo, de la concesión del servicio de alumbrado público a los hermanos Miguel y Vicente Fernández Santamaría. La fuerza motriz se tomaría de los molinos del puente Viejo y se conduciría por las calles de Puerta del Río, San Bernardo, plazas de San Pedro y Villatoya, y Arco de San Pedro, para instalar en la plaza del Reloj una lámpara de cinco bujías que iluminaría la misma desde la puesta del sol hasta la una de la madrugada.

La central del puente edificios anejos. Todavía mantiene el rótulo de Hidroeléctrica Renilla

En 1891 la misma empresa extiende la red eléctrica a otras calles talaveranas mediante corriente alterna y transformadores que permitían una corriente de 110 voltios. Se trata de una de las primeras instalaciones de España junto a la de Gerona. Era propiedad de la misma empresa y considerada como una instalación ejemplar en Europa. En lo que sí parece que Talavera fue pionera, pues no se conoce otra instalación anterior, es en el transporte de corriente alterna de alta tensión, con un recorrido de unos 800 metros desde los molinos del Puente hasta la plaza. Todavía se conservan perdidas por el casco urbano palomillas con aisladores de porcelana de aquella primitiva instalación, y en fotos antiguas del puente se pueden observar los postes de madera que servían para llevar el fluido eléctrico.

Central eléctrica y molinos de Abajo

En los molinos de Abajo había en 1895 una instalación molturadora más compleja, una fábrica de harinas movida por una turbina a cuyo eje se adaptó un generador de corriente, siendo así la segunda instalación desde la que se produciría electricidad para nuestra ciudad. En 1903 se constituye sobre la base de esta instalación de los molinos de Abajo, una sociedad llamada Hidroeléctrica Avial, perteneciente a don Alejandro Avial y su esposa Victoriana Palavicino.

Postes originales que llevaban la corriente eléctrica a la plaza del Reloj en una antigua postal

Esta empresa es vendida en 1928 a Félix Moro, los hermanos Carrión y Francisco Gómez París, constituyéndose otra sociedad llamada Central Eléctrica La Milagrosa. Mientras, la empresa de los hermanos Fernández Santamaría que explotaba la central de los molinos del Puente vendió en 1919 la explotación a Hidroeléctrica Renilla, sociedad que ya había aprovechado para producir electricidad unos molinos de Cebolla y que luego se extendería por la sierra de San Vicentey Gredos.

Esta misma empresa instaló en 1929 una central térmica de reserva en la isla de los Molinos para aumentar la energía disponible y en 1934 mejoró sus turbinas y pasó a denominarse “Central Virgen del Pilar”.

Captación del agua de la central de Gavilanes

En 1935 construye el mayor salto de España de la época con 425 metros en el pueblo serrano de Gavilanes para dar luz a Talavera con una línea de 33 kilómetros de recorrido. Se denomina Hidroeléctrica Santa Teresa y se finaliza en 1956.

En 1958 se amplían las instalaciones de la Milagrosa pero en 1960 la gran empresa Hidroeléctrica Española, entre otras, van adquiriendo las pequeñas centrales consolidando uno de los monopolios típicos del franquismo. Ta m b i é n adquiere las instalaciones de Renilla, desapareciendo estas pequeñas empresas pioneras del abastecimiento eléctrico en nuestra tierra y en España.

Aliviadero formando cascada en el salto de Gavilanes.A la derecha discurre el tubo, aunque se percibe peor

Aquellos viejos molinos árabes que llamaron la atención de los viajeros medievales y que fueron la primera industria talaverana sirvieron también para traer la primera tecnología industrial a nuestra ciudad.

TRES CARTELES ANTIGUOS DE FERIAS

FERIAS

Cartel de ferias de 1954 representando un globo vestido de talaverana con el fondo del perfil de la ciudad

Las Ferias de Talavera de la Reina tienen una antigüedad de casi ochocientos años, pues desde el reinado de Sancho IV se concedió privilegio para su celebración. Siempre estuvieron vinculadas al tradicional Mercado de Ganados, celebrándose actualmente el 15, 16 y 17 de Mayo las ferias de San Isidro, y las de San Mateo el 20, 21 y 22 de Septiembre.

Cartel de ferias de 1955 con la imagen de la torre de El Salvador

Hoy día siguen siendo un foco de atracción para todas las gentes de la comarca que acuden a Talavera para disfrutar de sus atracciones. Los espectáculos ofrecidos al público son mayoritariamente gratuitos con artistas de nivel nacional al que se suman los talaveranos y los numerosos visitantes venidos de un entorno cada vez más amplio que se dan una vuelta por el recinto ferial, compran algún objeto en las muestra de artesanía o acuden a las corridas de Toros.

Cartel de Ferias de 1955 que representa una talaverana a lomos de un borrico

En los últimos años se ha instalado la Plaza de La Comarca donde los visitantes se divierten, comen y beben en las numerosas casetas que representan a los diferentes pueblos del entorno. La zona de “marcha” se concentra en la otra plaza más frecuentada del recinto, la Plaza de la Juventud donde los últimos grupos actúan para la gente joven que disfruta en numerosas casetas de establecimientos locales y asociaciones culturales y sociales. En las ferias de Mayo se celebra procesión en honor de san Isidro con actos religiosos y desfile de carrozas protagonizados por las asociaciones de agricultores de la vega talaverana y cena de hermandad.