CUATRO PASEOS AL NORTE DEL TAJO.

CUATRO  PASEOS AL NORTE DEL TAJO.

Hoy vamos a conocer el entorno de Talavera al norte del río y para ello recorreremos  pequeños trayectos que parten y finalizan en la ciudad.

Embalse de la Portiña, bajo cuyas aguas se desarrolló en gran parte la batalla de Talavera
Embalse de la Portiña, bajo cuyas aguas se desarrolló en gran parte la batalla de Talavera

1-RUTA DE LA BATALLA.

Salimos de Talavera desde los “Tres Olivos” por el camino de Santa Apolonia y tras cruzar el canal del Alberche y pasar debajo de la autovía llegamos a la antigua ermita de esta santa ya construida en época medieval y a donde se ha vuelto a ir en romería desde hace unos años. Allí concurrían antiguamente los talaveranos con la merienda, en carros o a pie, se instalaban algunos tenderetes y puestos de refrescos, se bailaba y se pasaba alegremente un día de campo hasta el atardecer.

Paralelo a la autovía discurre un cordel que nos lleva hasta la agradable presa de la Portiña. En este pequeño lago rodeado de cerros pintorescos podemos practicar la pesca u observar las muchas aves que se detienen en él. El que lo desee puede ascender hasta la atalaya de Segurilla por el camino o a pie  por el arroyo que nace cerca ella.

Todos estos parajes fueron escenario de la Batalla  de Talavera, en la que los españoles coaligados con los ingleses al mando del Duque de Welington, vencieron a las tropas napoleónicas. Un monumento junto a la autovía recuerda el hecho.

2-SENDEROS DEL BERROCAL

Portada de las dependencias en Cervera de las reales Fábricas de Seda de Talavera
Portada de las dependencias en Cervera de las reales Fábricas de Seda de Talavera

Cualquiera de los antiguos caminos que suben hacia los pueblos del Berrocal (Mejorada, Segurilla, Cervera…) o el ascenso de los arroyos que vienen desde esta granítica sierrecilla, nos proporcionarán un agradable paseo con buenas vistas y lugares amenos. Como ejemplo describiré el que, desde Pepino, nos lleva hasta Cervera subiendo por las orillas del arroyo de Molinillo, pasa por el antiguo molino de agua que le da nombre y entre cercados, prados, encinas y alcornoques nos lleva a Cervera donde nos detendremos en su arquitectura popular, su berroqueña iglesia y los restos de unas antiguas dependencias de la Real Fábrica de Sedas de Talavera que se instalaron en este pueblo. Conserva también un potro de herrar en buen estado y una ermita con buena azulejería  talaverana en el inicio del camino de Segurilla. De vuelta es interesante subir al Cerro del Cura, junto a la carretera, para contemplar la vista panorámica sobre el Berrocal y la Sierra de San Vicente.

Justo antes de iniciar la carretera el descenso hacia el cruce de Pepino, parte un camino hasta unos repetidores de televisión, cerca de ellos hay una pequeña chopera en una  antigua explotación de cal con su horno calero y una buena vista sobre el valle de la Portiña.

3-AL EMBALSE DE CAZALEGAS

Barrancas del Alberche en el embalse de Cazalegas
Barrancas del Alberche en el embalse de Cazalegas

Aunque es accesible por carretera nos acercaremos por el Camino de la Cabra, atravesamos huertas y regadíos hasta llegar al río Alberche donde había un antiguo vado, descendemos hasta el puente y cruzándolo podemos tomar un camino que, desde la otra orilla, pasa junto a una gravera y va atravesando campos hasta llegar al embalse.

La presa de Cazalegas es muy apropiada para iniciarse en el piragüismo, incluso en el camping hay una escuela de iniciación. Se puede además disfrutar del deporte de la pesca en un  bonito entorno. La vuelta la haremos por el canal y la carretera de San Román.

4-CAMINO DEL BARRO

Tablillas del reculaje del embalse de Azután
Tablillas del reculaje del embalse de Azután

Salimos de Talavera por el camino que servía a los ceramistas para acercarse a Calera a por el barro para sus trabajos y que discurre paralelo a la orilla norte del Tajo. Pasamos por los Molinos de Abajo que fueron también fábrica de alpargatas y central eléctrica pero que al menos cuentan con seiscientos años de antigüedad, como los que hoy en ruinas permanecen casi ocultos por la vegetación junto a una antigua gravera en la finca de Cabañuelas ya documentados en el siglo XII. Fueron como ella propiedad de la reina María de Portugal que da apellido a la ciudad.

Las orillas del Tajo, donde las graveras las han respetado, conservan islotes con tarayes y álamos blancos y guardan el sabor de lo que fue el río en Talavera, atravesamos canales y regadíos hasta llegar al reculaje del embalse de Azután en unos parajes de espadañas y zonas inundadas donde podremos contemplar innumerables bandadas de aves como anátidas o garzas, garcillas etc….

Para navegar con piragua son deliciosas las entradas del río por las desembocaduras de canales y arroyos. Volveremos por Calera donde probaremos sus ricos melones de secano y veremos el monumento a Fray Mateo de Cobisa, evangelizador  nada menos que de Taiwan.

En Talavera la Nueva preguntaremos por la villa romana de Saucedoso.

SAN BARTOLOMÉ EN AZULEJERÍA TALAVERANA

SAN BARTOLOMÉ EN AZULEJERÍA TALAVERANA

REPRESENTACIÓN DEL DIABLO EN UN PANEL DE AZULEJOS DE PIEDRAESCRITA EN EL QUE APARECE SAN BARTOLOMÉ. SIGLO XVI

San Bartolomé llegó a la India y se hospedó en uno de los templos de Astaroth. Un demonio hablaba desde el interior del ídolo para conseguir así que los vecinos del país adoraran a las viejas divinidades, pero el santo inmovilizó al diablo del ídolo con cadenas de fuego. Llegó a oídos del rey Polibio, gobernador de la región, que San Bartolomé había arrojado al diablo del cuerpo de un endemoniado y lo llamó para que  exorcizara a una hija lunática que tenía el monarca. En agradecimiento le ofreció numerosas riquezas que rechazó, instando al rey a que se bautizara. Polibio dejó su trono y llegó a ser obispo, pero tomó el mando su hermano Astiages que, en venganza por haber destruido el santo todos los ídolos paganos, ordenó someterlo a martirio apaleándole y crucificándole según algunos y desollándole según la mayoría de las fuentes legendarias. Después lo decapitaron y arrojaron su cuerpo al mar junto a los de otros cuatro mártires, metidos todos en cajas de plomo que flotaron milagrosamente hasta llegar a  la isla de Líparis en Sicilia, aunque otras leyendas sitúan sus reliquias en el Tíber, en la isla de San Bartolomé.

Una descripción física del santo que hace un demonio en la Leyenda Dorada lo pinta como hombre de cabellos ensortijados, con barba y semblante siempre alegre y risueño, tal como aparece en el panel de azulejos de El Casar de Talavera que lo representa. Un paralelo pagano del santo es el Sátiro Marsias, que sufrió el mismo suplicio a manos de Apolo, esta escena está representada en una escultura de Pérgamo que ha servido a muchos pintores para inspirarse al pintar el martirio de Bartolomé. Ha sido tradicionalmente considerado protector contra las enfermedades nerviosas.

*Iglesia de El Casar de Talavera. Talavera de la Reina. Frontal de altar del evangelio. Policromía. Siglo XVI. Enmarcada en recortes de ferroneríe con pequeñas flores y frutos en los huecos, y flecos simulados en la parte superior. San Bartolomé sujeta la cadena con la que tiene preso al diablo y en la otra mano la espada o cuchillo de su martirio. Varias terrazas y árboles esquemáticos adornan el fondo.

AZULEJOS DE RUIZ DE LUNA QUE REPRESENTAN A SAN BARTOLOMÉ EN LA IGLESIA DE BAYUELA

*Iglesia parroquial de Castillo de Bayuela. Friso de los apóstoles en el altar. Siglo XX.(hacia1933). Policromía. Autor Juan Ruiz de Luna. El santo aparece con el rollo en su mano derecha y el cuchillo utilizado para su martirio en la izquierda

iMAGEN DE SAN BARTOLOMÉ EN PANEL DEL SIGLO XVI DE PIEDRAESCRITA

*Iglesia de Piedraescrita. Robledo del Mazo (Toledo). Policromía. Siglo XVI. Enmarcado en columnas abalaustradas con decoración renacentista vegetal y de grutescos, friso de querubines en la parte superior. El diablo en este caso tiene rostro humano y Bartolomé sostiene el libro y el cuchillo sobre un fondo de montes y arquitecturas.

SAN BARTOLOMÉ EN UN PANEL DE LA BASÍLICA DEL PRADO TRAÍDO DEL HOSPITAL DE SAN ANTONIO ABAD. SIGLO XVI

* Basílica de Nuestra Señora del Prado. Talavera de la Reina. Retablo procedente del hospital de San Antonio Abad. Siglo XVI. Policromía. Enmarcado en columnas salomónicas y pilares decorados con motivos vegetales y grutescos en el friso superior. El diablo presenta un rostro con bigote a la moda de la época y el cuerpo tiene apariencia entre humana y de reptil con un aguijón en la cola. Bartolomé sostiene el Libro y el cuchillo. Fondo decorado con matas y un árbol de follaje en estratos. Uno de los azulejo no pertenece al panel.

LA MINERÍA DE LA JARA II: MAZOS, MARTINETES Y FERRERÍAS

Edificio de El Mazo en Los Navalucillos

LA MINERÍA DE LA JARAII:

MAZOS, MARTINETES Y FERRERÍAS

En este segundo capítulo de La Minería en La Jara comentamos los artificios hidráulicos que procesaban el mineral y el metal de las minas y ferrerías jareñas

Edificio del mazo de las ferrerías de Safont en Los Navalucillos
Edificio del mazo de las ferrerías de Safont en Los Navalucillos

La actividad minera ha dejado en el paisaje diferentes topónimos como impronta de aquellos afanes y así, encontramos términos como “Casa de la Mina”, “Camino de la Mina” o “Camino de los Plateros”, este último es el caso de una senda que daba servicio a una mina de plata en San Martín de Pusa, Los Navalucillos y Los Navalmorales  disputaron desde antiguo  su jurisdicción sobre Herrera, lugar con nombre minero ya documentado en el siglo XII, y con explotaciones de sus pozos hasta mediados del siglo pasado. Tuvo fama en toda la comarca la ermita de Nuestra Señora de la Herrera; a ella concurrían en su fiesta gran cantidad de comerciantes entre los que destacaban por su número los plateros y fabricantes de utillaje de labor, tal vez residuo esta feria de la antigua actividad metalúrgica del lugar. Las herraduras fabricadas en Los Navalmorales fueron también famosas, y llegaron a exportarse incluso fuera de nuestras fronteras, dando sustento a muchas familias de este pueblo.

Ruinas de los edificios de La Herrera convertidos en granja
Ruinas de los edificios de La Herrera convertidos en granja

Estos caminos mineros a los que nos hemos referido sirvieron para el trasiego incesante de material hacia los puntos de transformación como es el caso de la ferrería de San José, en el paraje de El Mazo, junto al río Pusa en los Navalucillos, donde para el transporte desde la Herrera y otros puntos de extracción en las sierras colindantes, se llegaron a emplear basta trescientas mulas.

El Mazo es otro topónimo de interés que indica la existencia de un gran martillo movido por energía hidráulica para la trituración del material, y sobre todo, para el forjado del hierro ya extraído. Además del ya aludido Mazo del Pusa, existe otros topónimos como “mazuelo”, en las cercanías del cruce del Jébalo con la carretera de Espinoso a Buenasbodas.

El Martinete que da nombre al paraje del río Jébalo. A la derecha el edificio del martinete y a la izquierda el muro sobre el que se apoyaba el eje de la rueda vertical
El Martinete que da nombre al paraje del río Jébalo. A la derecha el edificio del martinete y a la izquierda el muro sobre el que se apoyaba el eje de la rueda vertical

También, rio abajo, se encuentra el lugar que se conoce con el nombre de “El Martinete”, seudónimo de mazo, y que consiste en un artilugio que, como muestra el dibujo tomado de un martinete aún en buen estado en Navafría), acciona mediante el caudal derivado por el canal (C), al abrir la trampilla (T), una rueda vertical (R), que hace girar su eje. Dentro ya del edificio, el eje o árbol A tiene encajados cinco dientes o levas (L) que con el giro del mismo van golpeando sobre el mango del mazo propiamente dicho (M).

Edificio de ElMartinete sobre el Jébalo, antes de su destrucción

El mazo metálico podía pesar entre doscientos y mil kilos, y golpear con una frecuencia de 120 a 180 martillazos por minuto, con lo que podemos hacemos una idea de lo que estos artificios hidráulicos suponían en ahorro de trabajo físico a los procesos metalúrgicos. El martinete del Jébalo conserva todavía el canal y los muros del edificio, junto a otra dependencia en forma de torre, que correspondería al horno, también adosado al canal, lo cual nos hace pensar en que el agua accionaría un barquín, que no es otra cosa que un artilugio soplante, el cual, mediante otro eje, en este caso con solamente dos levas, movilizaría mediante un sistema de palanca dos grandes fuelles que avivarían el fuego de la fragua.

Esquema que representa el funcionamiento de un martinete
Esquema que representa el funcionamiento de un martinete

Otro topónimo que nos trae reminiscencias mineras es el de Robledo del Mazo. En las Relaciones de Felipe ll, los encuestados del agreste pueblo serrano dan como explicación al nombre del lugar que este dicho lugar antiguamente era posada de colmenas y siendo posada como dicho tienen, andaban en ellas ciertos osos que son muy perjudiciales para las colmenas, los cuales se las comían, y para evitar el dicho daño, hicieron en el arroyo que llaman de los Regatos del Mazo, un argumento de la misma agua del arroyo a un mazo que le pusieron hechizo, daba grandes golpes de noche y de día para con ellos espantara los tales osos que hacían daño, y por esta razón se vino a llamar Robledo del Mazo.

En el siglo XVI vemos como estos sencillos jareños llamaban a esta incipiente tecnología “hechizo”; por sus palabras parece que no llegaron a conocer el artilugio y es más probable a mi parecer que se tratara de un mazo minero reutilizado quizás para espantar a los golosos plantígrados, ya que no es poco el esfuerzo que requiere hacer la presa, el canal y el propio artificio para Iuego darle solamente esa utilidad. En las inmediaciones del cruce de la carretera de Anchuras con el río Fresnedoso podemos, todavía hoy, contemplarlas ruinas de una ferrería del siglo pasado, un gran cubo se mantiene en pie; con el agua en el contenida se movilizó una rueda probablemente horizontal, que a su vez accionaría la maquinaria, martinetes y barquines necesarios para la actividad metalúrgica.

Un mazo en el siglo XVIII. La rueda movida por el agua hace girar el eje que con sus dientes acciona el mazo y los fuelles de la fragua
Un mazo en el siglo XVIII. La rueda movida por el agua hace girar el eje que con sus dientes acciona el mazo y los fuelles de la fragua

Pero las instalaciones de mayor entidad fueron las ya referidas de las ferrerías de San José del Mazo. En 1844, don José Safont, rico hacendado catalán, especulador que había hecho su fortuna adquiriendo bienes desamortizados, compró un molino en las orillas del Pusa y construyó todo un complejo metalúrgico movido por energía hidráulica que se abastecía de una presa sobre el río, y para el que fue necesario construir un canal de gran longitud con acueductos para salvar arroyos y perforaciones costosas en el terreno pizarroso de las orillas. Lo construyó el ingeniero francés Elías Michelin (hay quien dice que era hermano del descubridor del neumático), que se encuentra enterrado en Los Navalucillos. Esta industria llegó a emplear a trescientos hombres, y supuso un gran impulso demográfico para la población de Los Navalucillos, ya que mantuvo su actividad fabril hasta principios de siglo.

Hoy en día estas ferrerías y martinetes no son más que ruinas, que antes de su completa destrucción deberían ser catalogadas, estudiadas y, en la medida de lo posible, restauradas por la administración pues son de un gran interés por su interés para la arqueología industrial y el patrimonio cultural de La Jara.

TAJO ABAJO, UN RELATO

TAJO ABAJO

Relato sobre uno de los planes de navegación del Tajo y los incidentes que tuvieron que pasar los ingenieros en su periplo para anotar los obstáculos a superar

Talavera en un esquema-de un proyecto de navegacion
Talavera en un esquema de el proyecto de navegación en cuyo estudio se basa el relato

Desde la barcaza se escuchaban los aleteos de los pájaros que salían espantados a su paso. Los meandros iban y venían por entre las buenas tierras de Malpica y Cebolla.

Desde que pasaron junto al castillo del señor de Valdepusa no habían tenido problemas con los rápidos, solamente necesitaron extremar la precaución al llegar a algunas presas arruinadas como la de los antiguos molinos de Mirillos o las azudas que dirigían el agua a los cañales de las pesqueras. El navío avanzaba silencioso espantando con su presencia a las nutrias, las ratas de agua y las gallinetas que chapoteaban asustadas ante la presencia del extraño monstruo de madera que había sido bautizado con el nombre de “Antonelli”, en memoria del ingeniero rumano que hizo el primer proyecto de navegación para el rey Felipe II. Las gentes detenían a sus bueyes sorprendidos por la curiosa aparición en medio del campo castellano de un barco descendiendo por el río.

Sobre la embarcación se afanaban varios hombres. El que parecía el jefe era Marco Artú, arquitecto a quien el brigadier Cabanes  había encargado el reconocimiento del Tajo. Otros dos hombres parecían tomar apuntes sobre la anchura del río o las presas que tenían que salvar y comprobaban con una plomada la profundidad de las aguas en las zonas arenosas. Uno de ellos dibujaba sobre una mesa clavada al tablado un plano en el que se referían todos los incidentes. Los pastores, los chiquillos y las mozas que lavaban en el río saludaban a los aventureros y acompañaban al “Antonelli” durante leguas. Sebastián y Agapito Alonso, Diego Cobo y Diego Antón eran los cuatro expertos marineros de agua dulce nacidos en la villa de Serradilla que manejaban con destreza la barcaza con los remos y las pértigas.

Pasada la desembocadura del Alberche se hizo difícil la navegación pues el rio se ensanchaba con islas abundantes y peligrosos bajíos de arena que podían hacer encallar al barco de exploración, cuanto más al que el brigadier Cabanes tenía proyectado utilizar para navegar, un navío movido por vapor del que había pedido informes y presupuestos a la casa Walis Mason de Birmingan. Habían llegado a la presa que dirigía el agua a los molinos del puente de Talavera, según dijo un hombre que además les regaló un manojo de paloduz de gran calidad que se daba abundantemente en uno de los islotes.

Ya podían ver las torres de las iglesias y conventos de la villa. A la derecha, una playa donde algunas carretas estaban siendo cargadas de arena para la construcción y a la izquierda una de las islas de mayor tamaño que habían visto en su recorrido, la Isla Grande.

Postal de los años 70 que muestra los primeros ojos del puente Viejo donde chocaron los navegantes
Postal de los años 70 que muestra los primeros ojos del puente Viejo donde chocaron los navegantes

Habían salido de Malpica a las seis y media de la mañana y eran las ya once cuando la expedición llegaba a Talavera. Junto al puente Viejo esperaba una muchedumbre presidida por el corregidor de la villa. Era el veinte de abril y en recorrer el río desde el Puente Verde de Aranjuez hasta aquí habían tardado trece días. Las lluvias de primavera habían ocasionado una considerable crecida que hizo muy difíciles las maniobras de los pilotos serradillanos para pasar bajo los arcos del puente. Debido a su estrechura, a la corriente y al nivel elevado de las aguas, el “Antonelli” impactó con una de las esquinas del camarote contra los muros del viejo puente ante la concurrencia de numerosos talaveranos. Después del susto, los curiosos acompañaron a la embarcación basta los molinos de Abajo donde presenciaron el descenso del navío por el muro de la presa. Los tripulantes fueron agasajados por la ciudad y prometieron que a la Vuelta pasearían a los vecinos en el navío.

Presa de los molinos de Abajo que hubieron de bajar con su barcaza los ingenieros del plan de navegación
Presa de los molinos de Abajo que hubieron de bajar con su barcaza los ingenieros del plan de navegación

A la mañana siguiente, prosiguieron su viaje para llegar hasta Puente del Arzobispo pero la jornada estuvo llena de incidentes ya que, desde Talavera hasta allí, se vieron obligados a salvar las presas de los molinos de Silos, Ciscarros y Azután, además de los rápidos que, en el tramo cercano a Aldeanueva de Barbarroya, producía la corriente al saltar sobre los riscos graníticos. Las barreras del Tajo se podían disfrutar en todo su esplendor primaveral, los acebuches, los almendros, los chaparros y las alamedas de los arroyuelos presentaban ese verdor vivaz que no volverían a mostrar en todo el año.

Los marinos de agua dulce comentaban con el ingeniero lo dificultoso que sería realizar el canal que, desde los molinos de Silos, debería llevar a los navíos hasta el arenoso arroyo de Alcañizo y más tarde hasta el Tiétar. Era difícil imaginarse a las barcazas navegando por las llanuras del Campo Arañuelo pero sería la solución si se querían salvar los muchos rápidos y presas de molino que obstaculizaban la corriente desde Silos hasta bien entrada Extremadura.

Se detuvieron en los magníficos molinos de Puente del Arzobispo y conversaron con todos aquellos campesinos que desde Oropesa, Lagartera, Valdeverdeja o El Torrico bajaban al río a moler con sus vistosas vestiduras. Pasaron al día siguiente junto a los pilares del puente de Castros mientras la fortaleza árabe les contemplaba desde lo alto. Fue un día duro pues  hubieron de bajar su barco por las muchas presas de molino que cortaban el río en el re-corrido entre las aceñas del Conde y el Puente del Conde dinamitado en la guerra con los franceses. Desde sus arcos arruinados se divisaba la otra Talavera, la Vieja. Sobre su caserío se elevaban los arcos y columnas de un templo romano que llamó la atención de los viajeros. Al pasar delante de la desembocadura del rio lbor, el Tajo salía de las antiguas tierras de Talavera.

El Tajo a su paso por Talavera la Vieja antes de ser inundada. Al fondo se ven los arcos del templo de Diana, hoy junto al puente de la carretera de Guadalupe
El Tajo a su paso por Talavera la Vieja antes de ser inundada. Al fondo se ven los arcos del templo de Diana, hoy junto al puente de la carretera de Guadalupe

LA MINERÍA EN LA JARA I

LA MINERÍA EN LA JARA I

Trincheras de la mina de cobre de La Borracha cerca de Aldeanovita
Trincheras de la mina de cobre de La Borracha cerca de Aldeanovita

Hace ya más de cuatro milenios, en la Edad del Cobre, unos pueblos que empezaban a conocer la metalurgia se situaron en cerros fácilmente defendibles, en las vías de comunicación que eran entonces los riachuelos que descendían de las sierras de La Jara. Eran las llamadas culturas del periodo Calcolítico Precampaniforme, conocían ya la agricultura y el pastoreo, pero solamente la explotación de recursos mineros superficiales  justifican  la densidad despoblamiento de estas zonas poco rentables para la agricultura, si las comparamos con las muy cercanas del valle del Tajo. De hecho, se han hallado trincheras con un claro intento de beneficiar el mineral, en las cercanías de estos asentamientos de la Edad del Cobre, en los valles del Jébalo, Uso, Cedena  y Pusa.

Restos de la mina de oro en sierra jaeña en 1945
Restos de la mina de oro en sierra jaeña en 1945

Los pueblos que construyeron los dólmenes de Azután, o de la Estrella siguieron aprovechando las vetas, pobres pero muy  superficiales  y por tanto de fácil acceso, de las tierras de Talavera, otras explotaciones de su entorno así lo atestiguan. Muchas trincheras y pozos de La Jara de difícil datación, pueden orientar hacia un aprovechamiento minero del hierro por parte de los pueblos prerromanos y de los mismos romanos, a los que se relaciona ya con los primeros intentos de extraer el mineral de la principal mina de esta comarca, la mina de oro de La Nava de Ricomalillo, ésta, llamada La Oriental, así como la mina de la Sierra Jaeña, con la que no debemos confundirla, parece que estuvieron unidas por un antiguo camino o calzada con la Ciudad de Vascos. Las escorias halladas en las excavaciones arqueológicas de esta impresionante ciudad hispanomusulmana parecen añadir ese aspecto minero a la ya conocida función defensiva de la frontera del Tajo contra los cristianos.

Ruinas de las instalaciones de la mina de oro La Oriental en Sierra Jaeña
Ruinas de las instalaciones de la mina de oro Pilar en Sierra Jaeña

En el siglo XVI aparecen las primeras referencias documentadas a intentos, muchas veces fallidos, de prospecciones y explotaciones mineras en La Jara. La población actual de La Mina de Santa Quiteria se fundó cuando a mediados de esa centuria los habitantes de la vieja aldea de Cordobílla se trasladan junto a una mina de plomo en la que encontraban más trabajo.

En 1599 se da una pragmática por la que se ordena llevar un registro de minas, y por tanto, desde esa fecha podemos tener datos más concretos de las explotaciones.

La mina de oro «La Oriental» a la que ya nos hemos referido, se sigue labrando en el 1690 con abandonos y reaprovechamientos sucesivos durante los siglos XVIII y XIX. En Buenasbodas se han conocido cajas fuertes con el nombre de la mina, y llegaron a funcionar varios hornos de pan y un mortero para pulverizar el mineral. En la Historia de Talavera de Cosme Gómez de Tejada, hay una referencia a las doblas de oro finísimo acuñadas con el metal de estas minas.

Galería de la mina de Sierra Jaeña
Galería de la mina de Sierra Jaeña

En el siglo XVIII se produjo un curioso episodio, cuando se intenta por parte de varios socios recomenzar la extracción del mineral en La Oriental; las desavenencias entre ellos hacen que una de las partes reclame a la Corona sus supuestos derechos. El Rey ordena al corregidor de Oropesa que tome las medidas necesarias para interrumpir los trabajos, éste parece escurrir el bulto, tal vez por encontrarse la mina fuera de su jurisdicción, y dice encontrarse enfermo, delegando en el alcalde de Talavera, el cual acude a la explotación arrasando y quemando las viviendas y chozas de los trabajadores y las dependencias donde se procesaba el mineral. El evidente abuso autoridad supuso incluso lesiones físicas para algunos mineros e hizo que se entablen procesos judiciales donde se reconocen los daños causados, pero ya la mina quedó de nuevo sin explotación.

Potosí, Mariposa, Nueva California, Abundancia, El Desquite, El Porvenir, Matildita, Ultra-tumba, El Disloque, La Sultana, Fortuna, o Mina del Miedo son algunos de los sugerentes nombres con los que los paisanos del siglo XIX bautizaban a sus pozos en nuestra particular fiebre del oro jareña.

Si subimos a las cumbres de las sierras de Sevilleja podemos percibir sobre el terreno los montones de escoria, los pozos y trincheras que desde la prehistoria se han venido excavando, pero parece que al igual que en el Oeste americano, aventureros y visionarios intentaron enriquecerse rápidamente.

Cofre reforzado de las minas para guardar el polvo de oro
Cofre reforzado de las minas para guardar el polvo de oro

En algunas ocasiones eran personajes ilustrados, como sacerdotes (mina de Don Juan), militares (teniente-coronel Mendez-Cabeza, en una mina de Arroyo Blanco en Aldeanueva de Barbarroya) o acaudalados locales los que iniciaban prospecciones con más riesgos que beneficio en la mayor parte de las ocasiones.

Pero otras veces, vecinos humildes de los pueblos de La Jara emulaban a los dueños de las pocas explotaciones pro-ductivas y después de trabajar en alguna de ellas como asalariados emprendían la aventura en solitario o en pequeños grupos.

Las duras condiciones que de por sí lleva aparejado el laboreo minero se agravaban con las condiciones de aislamiento y las climatológicas, ya que las minas se encontraban localizadas en su mayor parte en los lugares más inhóspitos de lo que yo denomino La Jara profunda, las zonas más deforestadas y desiertas de los términos de Sevilleja, Campillo, Aldeanovita etc… Podemos imaginarnos a estas pobres gentes armadas de su miseria y de su ilusión por encontrar algún filón que les permitiera abandonar sus, en muchas ocasiones, paupérrimas tierras.

Picos, palas, bateas y algún borrico eran todo su armamento para extraer el material de profundos pozos, algunos de más de veinte metros, y transportarlos hasta las zonas de lavadero que en estas tierras de La Jara podían encontrarse muy lejos, por la sequedad del suelo pizarroso.

Bocamina de una vieja explotación minera en Anchuras
Bocamina de una vieja explotación minera en Anchuras

Todavía a principios de siglo, los habitantes de La Nava, veían como algunos entusiastas intentaban buscar pepitas de oro con la batea en el arroyo Joyegoso que desciende de La Oriental, al más puro estilo de las películas del Oeste. Incluso en los años posteriores a la Guerra Civil, hubo intentos de sacarle a estos jarales algo más que unas pocas espigas de centeno, y así, en la década de los cuarenta, aún se tramitan permisos de prospección y explotación. La mayor parte de las vetas de La Jara occidental son de galenas argentíferas y de blenda, y la última intentona minera en esta comarca quiso aprovechar, en los años ochenta, la plata de una de ellas en Anchuras, otro pueblo de La Jara con gran tradición minera además de los ya nombrados, y de Los Navalucillos, en La Jara Oriental.

De aquellas antiguas explotaciones quedan conducciones y paredones en ruinas, de las dependencias para el procesado del material, ruinas de algunas viviendas y de los martinetes y ferrerías -como la del Mazo en el río Pusa-. De todas ellas hablaremos en otro artículo. Es interesante la visita de estos pozos y galerías donde se escondieron bandoleros y guerrilleros, y que en nuestra última contienda civil tuvieron una utilidad mucho menos productiva que la minera, acoger a los represaliados de ambos bandos cuyos cadáveres fueron arrojados a ellos, pero esa es otra historia.

MOLINOS ÁRABES Y ROMANOS DEL TAJO

IV.- INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LOS MOLINOS DE AGUA DE LA PROVINCIA DE TOLEDO

Comenzamos un nuevo capítulo de mi libro agotado «Los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo». Describiremos su historia desde los romanos hasta los árabes

Molinos que para algunos son probablemente romanos en el arroyo del Cubillo de Carranque
Molinos que para algunos son probablemente romanos en el arroyo del Cubillo de Carranque

1.-Hasta los árabes

¿Hubo molinos de agua en el valle del Tajo durante la época romana? Puede que la arqueología nos dé algún día una respuesta. Hoy solamente podemos aventurar conjeturas, ya que sí se ha constatado la existencia de presas como la del arroyo de Comeleches (Foto 14)  junto a la villa romana de Carranque y la del molino del arroyo del Cubillo, también próxima a una zona rica en restos arqueológicos como es la de la iglesia visigoda de Melque; ambas presas por su aspecto y contexto pudieran haber sido romanas

Es lógico pensar que si el Fuero Juzgo de los godos hace algunas referencias a la legislación molinera, en Toledo, que fue capital de la Hispania Visigoda, hubiera existido alguno de estos artificios[1].

Ya hemos comentado las referencias de Al- Idrisi, viajero árabe del siglo XI, a los molinos de Talavera. Sus crónicas están basadas según algunos autores en otras de viajeros de épocas anteriores a la suya y por tanto puede que esas alusiones haya que datarlas en realidad  en época tan temprana  como es el siglo IX[2].

En sus obras «Historia de Tulaytula»[3] y «Las Calles de Toledo=[4], Julio Porres nos hace referencia a determinadas citas de fechas inmediatas al año 1085, cuando se reconquista Toledo, en las que aparecen molinos toledanos como los de Azumel (Assomail), molinos de Daicán (Dar Axam) y los de Arsagrazu (Afagraza) que, por sus nombres y antigüedad bien pudieran haber funcionado en época musulmana.

Aceñasa en la Vista de Toledo de El Greco que habrían estado aguas abajo de la actual estación de autobuses
Aceñas de Arzagrazu  en la Vista de Toledo de El Greco que habrían estado aguas abajo de la actual estación de autobuses

El término «aceña», como tantas otras palabras relacionadas con la molinería y la tecnología del agua, es de origen árabe y tanto los restos visibles todavía hoy en día de los molinos de Daicán como los de Arsagrazu (o de Río Llano) que se pueden observar en el cuadro del Greco «Paisaje de Toledo» (fig. 29), presentan por sus característicos tajamares el aspecto de haber sido aceñas, es decir molinos de rueda vertical, los más arcaicos de estos ingenios.[5]

Restos de los molinos de daicán sobre el Tajo en Toledo
Restos de los molinos de daicán sobre el Tajo en Toledo

J.C. Gómez Menor, en su «Historia de la Antigua Tierra de Talavera», sugiere que el término Marrupe, nombre de un pequeño municipio de la Sierra de San Vicente, puede derivar de «Mazarupet» o «Másar ar rubait», traducido como molino de la pequeña rápita. Al respecto solamente podemos decir que en el arroyo Marrupejo existen restos de seis molinos con aspecto y referencias de considerable antigüedad.[6]

En el arroyo de Riolobos, íntimamente relacionados con yacimientos arqueológicos de datación tardorromana y con alusiones a su existencia ya desde el siglo XIII[7], encontramos hoy los restos de dos molinos, siendo uno de ellos muy interesante por su cubo arruinado con aparejo en sus muros de aspecto vetusto aunque de difícil asignación cronológica a simple vista.

Molino de Riolobos. en Velada¿Fue romanos?
Molino de Riolobos. en Velada¿Fue romanos?

Tras la reconquista en el año 1085, los cristianos aprovechan la mayoría de los azudes y los edificios de molinos que los árabes abandonan sobre el Tajo. Así, los molinos de la Reina que en 1142 son cedidos por Alfonso VIII a la Orden de Calatrava,[8] no son otros que los molinos de Daicán . La misma orden posee otros molinos conocidos como de «Calatravilla» (fig. 22 A) junto al puente y fortaleza musulmana de Castros en el término actual de El Torrico pero cercanos a Puente del Arzobispo. Existen tempranas referencias a esta parada molinera ya en el siglo XIII[9] (Foto 15).

Molinos de Calatravilla. Son antiguas aceñas de rueda vertical y las flechas señalan los soportes de la misma
Molinos de Calatravilla. Son antiguas aceñas de rueda vertical y las flechas señalan los soportes de la misma

Bury al Sultan era la Torre del Sultán que fue cedida en 1135 por Alfonso VII a Miguel Midiz para su repoblación con azudas, canales y molinos[10]. Este lugar no es otro que Azután, que más tarde pasaría a las monjas de San Clemente de Toledo que además serían dueñas de sus molinos.

También son muy cercanas a la ocupación árabe las referencias a los molinos de Uso, junto a la ciudad de Vascos[11]. Jiménez de Gregorio recoge alusiones históricas medievales a tres azudes sobre el río Tajo en el entorno de esta ciudad hispano musulmana.[12]

[1] SAENZ DE SANTA MARÍA, A.: Molinos Hidráulicos en el Valle del Ebro. Vitoria, Diputación Foral de Alava, 1985, pp. 127-133.

[2] GARCÍA MERCADAL, J.: Opus cit. p. 45.

[3] PORRES MARTIN- CLETO,  J. : Historia de Tulaytula, Diputación Provincial,Toledo,  plano de la p. 89.

[4] PORRES MARTÍN CLETO, J. : Historia de las Calles de Toledo, véanse los epígrafes correspondientes «Molinos de Daicán» y «Molinos de Azumel» y las láminas 281-284.

[5] GLICK, T.F. : Cristianos y Musulmanes en la España Medieval , 711-1250. Madrid, Alianza Editorial, 1991, pp. 66-69. La visión del mundo musulmán en la península, como una red de ciudades abastecido por sus huertas periféricas, frente al más ruralizado mundo cristiano, nos hace pensar en una concentración molinera junto a las ciudades árabes como Talavera o Toledo donde molerían aceñas de mayor envergadura mientras que el mundo cristiano habría estado más relacionado con el rústico molino de rodezno construido sobre pequeñas corrientes.

[6] GÓMEZ MENOR, J.C. : La Antigua Tierra de Talavera. Toledo, Ayuntamiento de Talavera de la Reina, 1965, p. 9.

[7] SUAREZ ALVAREZ, M. J. : La Villa de Talavera en la Edad Media. Oviedo, Universidad de Oviedo y Diputación Provincial de Toledo, 1982, p. 67.

[8] PORRES MARTÍN CLETO, J. : Opus cit. Historia de las calles … p. 423.

[9] JIMENEZ DE GREGORIO, F. : Historia de la Villafranca de la  Puente del Arzobispo. Toledo, Diputación Provincial, 1989, p. 80.

[10] RODRÍGUEZ -PICAVEA MATILLA, E.: La Villa de Talavera en plena Edad Media. Excmo. Ayto de Talavera,Talavera, 1996, p.67.

 [11] ALFONSO XI. : Libro de la Montería. Universidad de Granada, Granada 1992. p. 564.

 [12] FERNANDO JIMÉNEZ DE GREGORIO. A Tres puentes sobre el Tajo en el Medievo@, Hispania n1 LV, C.S.I.C. Instituto Jerónimo Zurita, Madrid, 1954, pp. 18-20.

ANTIGUO HOSPITAL DE LA MISERICORDIA, HOY CENTRO CULTURAL RAFAEL MORALES

El Hospital de la Misericordia, hoy Centro Cultural Rafael Morales en la Plaza del Pan
El Hospital de la Misericordia, hoy Centro Cultural Rafael Morales en la Plaza del Pan

Talavera es una ciudad situada en un importante nudo de comunicaciones y además muy cercana a la Villa y Corte de Madrid. Estas circunstancias han condicionado desde antiguo el paso de indigentes transeúntes, soldados de paso o licenciados en sus regimientos, peregrinos a Guadalupe o gallegos que, tras dedicarse a la siega en la comarca, se quedaban por estas tierras en situación de precariedad económica. Todas estas gentes, además de los pobres locales y los de comarcas cercanas históricamente deprimidas, hacían necesaria una infraestructura hospitalaria que atendiera a todos estos desvalidos.

Reloj y galerías altas del antiguo Hospital

SANTO HOSPITAL DE LA MISERICORDIA

El más importante de los antiguos hospitales de Talavera es el Santo Hospital de La Misericordia. El edificio está situado en la plaza del Pan, frente a la Colegial, que los talaveranos han conocido hasta hace pocos años como la Casa de Socorro.

Fue fundado en 1475 por un visitador del arzobispo Carrillo llamado Hernando de Alonso que, al mismo tiempo, funda el Hospital de la Piedad en el pueblo jareño de Villar del Pedroso, en el camino de Guadalupe, pues además de canónigo de la Colegial había sido cura de esa localidad donde todavía se mantiene en pie el edificio con su portada gótica y la placa conmemorativa de su fundación.

Portada del Hospital de la Misericordia con los tres blasones
Portada del Hospital de la Misericordia con los tres blasones

Queda financiada la institución talaverana con una cuantiosa dote de su fundador. En 1591, el caballero talaverano Juan Castrillo y su hermana Juliana de Guzmán dejan también sus bienes al hospital y su escudo aparece en la portada flanqueando al de Hernando de Alonso junto al de otro benefactor, Sancho de Villageda, que financió una sala de convalecientes. Al llegar la Desamortización eran numerosas las propiedades donadas para su mantenimiento y ello había determinado una desahogada administración de la benéfica institución..

Sobre este hospital ha publicado un trabajo Manuel Hernández Lanchas, en él podemos ir conociendo la evolución de los reglamentos y ordenanzas del mismo. Su administración se hallaba tutelada por el Deán y el cabildo de la Colegial aunque recaía la organización más directa y el servicio espiritual del centro sobre un capellán que tenía la obligación de residir en él y dar cuenta de los ingresos y gastos al Cabildo. El hospital acogía a todos los pobres que lo solicitaran, los sanos por una sola noche «e otro día que se vayan donde Dios les ayudare» sin embargo, los enfermos podrían permanecer hasta que «sanen o fallescan».

El breviario era el blasón del canónigo Hernando de Alonso, fundador de este y otros hospitales como el de Villar del Pedroso
El breviario era el blasón del canónigo Hernando de Alonso, fundador de este y otros hospitales como el de Villar del Pedroso

El Cabildo nombraba de entre los canónigos un Visitador al que correspondería la supervisión del hospital, el capellán o los capellanes, pues llegaron a ser tres, tenían, además de la obligación de asistir espiritualmente a los ingresados, la de realizar una serie de oficios religiosos en memoria del fundador y otros benefactores. El médico solía ser alguno de los titulares de la localidad que recibía una pequeña cantidad por su trabajo. El cirujano daba la tercera parte de sus cortos emolumentos al sangrador. Primero un hospitalero y más tarde un matrimonio que hacía de enfermero y enfermera, según el sexo de los hospedados, desempeñaban las labores asistenciales más directas.

El hospital fue uno de los primeros edificios destruidos y saqueados por los franceses. A principios del siglo XIX fue preciso habilitar sus dependencias para, además de sus doce camas habituales, recibir en su troje las camas y enfermos del Hospital de San Juan de Dios. Las enfermedades contagiosas y venéreas así como los tísicos no se admitían en el centro, tampoco las parturientas y niños expósitos que eran enviados a otras instituciones.

Las dolencias con las que más frecuentemente se ingresaba eran el paludismo, endémico en Talavera y todo el Campo Arañuelo, las gastroenteritis, cuyos enfermos tenían asignados la ropa y los colchones viejos ya que la diarrea los “pudría”, y todas aquellas enfermedades compañeras de la miseria y la inanición como úlceras en las extremidades, patología respiratoria, parasitosis y alcoholismo.

Interior del antiguo hospital, hoy centro cultural Rafael Morales

Entre sus dependencias en el siglo XIX figuraban, en la planta baja, los dormitorios comedor y patio para tener separados a los niños, depósito de cadáveres, depósito de “inmundicias”, de ropas y de camillas. Lavadero y tendedero para la ropa de los enfermos, fregadero de los utensilios de los enfermos, despensa, cuarto para la bomba de incendios, tornos y “cuarto de locos”, además de algunos cuartos del portero, situados en el sótano.

En la planta superior estaba la sala de cirugía o de San Miguel, la enfermería de hombres llamada sala de los Santos Mártires, la de mujeres o de Nuestra Señora del Prado, alacenas, cocina, refectorio, cuarto de cofres, alacena para documentación y la capilla con un altar de San José, además de las dependencias de las hermanas.

En 1837 la Junta Municipal de Beneficencia se hace cargo de éste y de los demás hospitales talaveranos, desapareciendo como institución religiosa y pasando a ser Hospital Municipal casi hasta nuestros días.

En 1926 fue reformado por el alcalde Justiniano López Brea.carteljstiniano

CURIOSIDADES

En un corral del hospital existió posiblemente una mezquita durante la dominación musulmana ya que, durante unas obras de remodelación, se halló una inscripción en caracteres cúficos que decía: «En este lugar no es lícito pensar cosa mala, cuanto más hacerla». También se encontró en los cimientos del mismo hospital cuando se iba a labrar una capilla otra piedra con una inscripción que decía: «Santifica señor esta casa, la cual yo indigno sacerdote Hernando Alonso edifiqué en reverencia de tu santo baptismo; e plégate señor de oIr en las alturas de tu sancta gloria las plegarias de los que aquí entraren, porque de nuestras obras merezcamos ser perdonados. Amén»

TALAVERA Y LOS TOROS

TALAVERA Y LOS TOROS

En el capítulo sobre la fundación mítica de Talavera vemos cómo la influencia del reino de Tartessos llegó hasta nuestra tierra. Su mítico rey Gerión fue famoso por las manadas de toros salvajes que pastaban en sus campos y hay leyendas locales que le vinculan con el nacimiento del Alberche.

Hércules matando al rey Gerión con sus tres cabezas y sus manadas de toros
Hércules matando al rey Gerión con sus tres cabezas y sus manadas de toros

Existen también testimonios arqueológicos de que se halló un toro de bronce cuando se excavaron los cimientos del convento de los jerónimos, lo que nos indica un culto táurico prehistórico o romano en Talavera. Por otra parte, los verracos de piedra, muchos de ellos con forma de toro, se extienden por toda nuestra geografía como testimonio de la importancia que nuestros antepasados los vettones daban a estas esculturas zoomorfas que colocaban a la puerta de las cercas en las que encerraban a sus ganados, seguramente con un sentido de protección religiosa.

Escudo despiezado que procede de la Puerta de Cuartos
Escudo despiezado que procede de la Puerta de Cuartos con la mitad en que aparecen los toros

Al menos desde los tiempos de los romanos, se celebra en Talavera la antiquísima fiesta de las Mondas que llamó la atención de cronistas y escritores del siglo de Oro, incluso de Cervantes, que en su novela de los Trabajos de Persiles y Segismunda hace una admirada alusión a ella. Sabemos por diferentes testimonios históricos que se celebraban corridas en todas las plazas de las diferentes parroquias de la ciudad, lo que quiere decir que en muchas ocasiones se llegaban a torear hasta siete corridas simultáneas con veintitantos toros diarios. De hecho, estas fiestas, que primero se hicieron en honor de la diosa Ceres y luego de la Virgen del Prado sabemos que se llamaron durante mucho tiempo fiestas de Toros, con todo un ritual relacionado con la fiesta taurina que sería largo de describir, pero que sabemos unía a todos los poderes y clases de la villa, desde el pueblo llano hasta los nobles, la Iglesia o el propio Ayuntamiento.

Plaza de toros de Talavera a principios del siglo XX
Plaza de toros de Talavera a principios del siglo XX

La plaza de Talavera es conocido que desde tiempo inmemorial estaba unida con el edificio de la propia ermita de la Virgen del Prado, a la que tantos capotes han ofrecido las mejores figuras del toreo. Es curioso que nos quede todavía esa muestra de los cultos religiosos primitivos unidos a los toros. En estas fiestas de Mondas toreaban los nobles de Talavera en los siglos XVI y XVII, tal vez debido a la indisoluble vocación ganadera de esta tierra y a la destreza que les daba la práctica de los más diversos lances no sólo en las Mondas sino también en las fiestas de la Virgen de septiembre y en muchas otras ocasiones.

La plaza de toros estuvo desde antiguo unida a la ermita y el hospital de la Virgen del Prado
La plaza de toros estuvo desde antiguo unida a la ermita y el hospital de la Virgen del Prado

Lo cierto es que ese ambiente taurino del Siglo de Oro y posteriores en nuestra ciudad llamó la atención de novelistas como el talaverano Céspedes y Meneses, e hizo que los muchos nobles que tenían entonces sus casonas y palacios en Talavera tuvieran fama de ser diestros en el manejo de los toros.

Uno de sus mejores representantes fue el marqués de Velada, que llegó a torear con una grave cornada en la Plaza Mayor con los intestinos a la vista según los cronistas. Sus faenas merecieron los halagos de Felipe IV y los sonetos de Góngora o Quevedo.

Hay otros datos que relacionan a Talavera con la fiesta de los toros, como el hecho histórico de que uno de los jóvenes hijos de la noble familia de los Duque de Estrada fuera el primer torero de a pie que recogen las crónicas.

Verraco vettón que representa un toro en Castillo de Bayuela
Verraco vettón que representa un toro en Castillo de Bayuela

La suerte de torear a caballo y alancear el toro “a la espera” se relata por primera vez en las crónicas de las fiestas de las Mondas y se decía entonces que los talaveranos estaban especialmente dotados para realizarla.

Y otro detalle de importancia: en el Soto del Piul, cercano a Talavera y que tal vez coincida con el soto de Entrambosríos se criaron los primeros toros bravos de los que hay referencia histórica, por lo que podemos decir que estamos ante la primera ganadería brava conocida.

A todo ello se une la afición de toda la comarca, que conserva en pueblos como los de la sierra de San Vicente las viejas agujas de piedra para cerrar con palos las plazas y los burladeros también hechos de piedra, para poder celebrar corridas y encierros. En el mismo callejero de Talavera conservamos todavía la calle del Toro Encohetado como muestra de viejos ritos táuricos como fue el toro de fuego, con el que ya los antiguos contaban que los íberos derrotaban a sus enemigos atándoles en los cuernos antorchas encendidas.

Agujas de granito para el cerramiento de las plazas para la celebración de festejos taurinos
Agujas de granito para el cerramiento de las plazas para la celebración de festejos taurinos

Sin embargo, curiosamente, talaveranos ilustres como Alonso de Herrera, fray Hernando de Talavera o el padre Mariana se manifestaron en sus escritos contra la crueldad de la fiesta de los toros.

La desgraciada muerte de Joselito hizo que Talavera tuviera un coso taurino de culto, un «santuario» en el mundo del toreo.

UN CUADRO DE 1610 QUE REPRESENTA EL RÍO Y EL PUENTE VIEJO DE TALAVERA

UN CUADRO DE 1610 QUE REPRESENTA EL RÍO Y

EL PUENTE VIEJO DE TALAVERA

Cuadro del Louvre-de-Brueghel el Viejo que representa el puente Viejo de Talavera
Cuadro del Louvre-de-Brueghel el Viejo que representa el puente Viejo de Talavera

Debemos a Alberto Loarte Prieto un interesante artículo en el que desvela el descubrimiento de un cuadro del pintor Jan Brueghel el Viejo que representa de forma muy idealizada el puente Viejo de Talavera que vamos a comentar. Tanto éste cuadro como otra versión alegórica del mismo se encuentran en el museo del Louvre de París.

Se trata de un óleo sobre cobre de pequeñas dimensiones (28cm x20,5cm) que representa el puente visto desde lo que hoy sería la calle Puerta del Río con numerosos personajes y un gran trasiego de gentes y ganados en torno a la entrada del mismo. La escena ha sido idealizada ya sea porque el pintor, si es que estuvo en Talavera, lo pintó de memoria o porque se basara en algún grabado anterior.

A la izquierda aparece un edificio de considerable altura que aunque está rematado con una pequeña espadaña, podría representar los molinos que antiguamente aprovechaban la corriente bajo el primer ojo del puente. También podría tratarse de alguna edificación pública que controlaba el paso y del puente y el cobro del pontazgo como más tarde estuvo la casilla de peones camineros.

No es extraño ver a los caballeros bajar hasta el río con sus caballerías pues antiguamente había rampas a los dos lados del puente para hacer más accesible el paso de ganados a la orilla, incluso aparecen en las fotografías del siglo XIX de Cliford. En las épocas de estiaje y sobre todo si estaban abiertas las compuertas de la azuda de los molinos de Abajo el agua bajaba de nivel y debido a la gran anchura del río en este tramo y la escasa profundidad podían los animales pastar en las islas.

Se representan comerciantes y arrieros con sus mercancías, frailes y viandantes. El puente se encuentra muy idealizado, con sus arcos más altos y estilizados, aunque sí que se percibe algún arco arruinado como era habitual en nuestro puente siempre en precaria situación por su asiento arenoso y las crecidas. No se dibuja sin embargo el quiebro que hace el puente con sus tres primeros arcos siguiendo el primitivo trazado romano. El Cerro Negro se representa como una pequeña cordillera montuosa con vegetación abundante y no como la línea de terrazas y barrancas que es en realidad.

El pintor nació en Bruselas, fue hijo de Peter Brueghel el Viejo y amigo de Rubens con quien colaboró en la realización de algunas obras por su dominio de la pintura de bodegones y vegetales. Estudió en Amberes y viajó a Italia donde obtuvo reconocimiento por su obra mientras estuvo al servicio del cardenal Federico Borromeo. Vuelve a Amberes y en 1609 es nombrado pintor del Archiduque Alberto de Austria y la Infanta Isabel Clara Eugenia a quienes Felipe II concede el gobierno de los Paises Bajos por ser ella hija del Rey prudente e Isabel de Valois. El cuadro se pintó en 1610, cuando el pintor flamenco llevaba residiendo 12 años en Amberes. Es fácil por tanto que Brueghel no estuviera jamás en Talavera pero sí estuvo sin duda su señor el archiduque cuando entre los años 1585 y 1598 era arzobispo de Toledo y por tanto señor de Talavera cuya residencia era el alcázar talaverano desde donde precisamente se contemplaba el escenario que aparece en el cuadro. Puede que entre el patrimonio o los recuerdos del archiduque hubiera algún cuadro o grabado que sirviera de modelo a esta pintura de Brueghel.

El templo de la Sibila deTivoli en una composicion de Brueghel junto al puente de Talavera
El templo de la Sibila deTivoli en una composicion de Brueghel junto al puente de Talavera

Existe también en el Louvre otro cuadro de tema alegórico muy curioso pintado al óleo sobre cobre en una plancha circular. Representa el mismo puente de Talavera pero a la izquierda de él se ha pintado sobre una elevación el templo de la Sibila de Tívoli. La sibila es una profetisa mitológica que tenía uno de los templos principales en esta ciudad cercana a Roma que aparece esquemáticamente pintado. En este cuadro se reflejan junto a personajes que deambulan por el puente con mercancías, frailes y jinetes que bajan al río a dar de beber a sus caballerías, algunas figuras femeninas y lo que parece un monje que bendice a los transeúntes rociándoles con agua mediante lo que parece una rama.

También se percibe una empalizada a la derecha del puente y una especie de cobertizo de un mesón a la izquierda con un personaje sentado bebiendo. Se diferencia también del otro cuadro en que en el río se ve una barca y que en el otro extremo del puente se ha dibujado una edificación.

EL TAJO DE CERVANTES, GARCILASO O GÓNGORA

EL RÍO DE LAS ARENAS DE ORO

Nuevo capítulo de la serie «Ríos de Historia» sobre las referencias literarias del Tajo en el Siglo de Oro

Especies ribereñas en azulejo talaverano
Especies ribereñas en azulejo talaverano

En el siglo de Oro se estableció un tópico literario sobre las doradas arenas del Tajo hasta el punto que en el prólogo de El Quijote, Cervantes llama a uno de sus amigos para que le explique cómo redactarlo bien. Y este le responde: “Para mostraros hombre erudito en letras humanas y cosmógrafo, haced de modo que en vuestra historia se nombre al río Tajo […]: El Río Tajo fue así dicho por un Rey de las Españas; tiene su nacimiento en tal lugar y muere en el mar océano, besando los muros de la famosa ciudad de Lisboa, y es opinión que tiene las arenas de oro, etc.”.

Especies ribereñas en azulejo talaverano
Especies ribereñas en azulejo talaverano

Para Garcilaso de la Vega, en su égloga III, el Tajo es el río de donde salen las ninfas que la protagonizan: “De cuatro ninfas que del Tajo amado salieron juntas, a cantar me ofrezco…”.  Las églogas de Garcilaso cuentan la historia de dos pastores, Salicio y Nemoroso, que a orillas del Tajo cuentan sus problemas y el río se convierte en un lugar donde nacen las leyendas y se desarrollan los amores pastoriles. La “Égloga III” nos ofrece una belleza idealizada del Tajo, que corresponde a una naturaleza idílica relacionada con el tópico medieval del “locus amoenus” con las características habituales de estos parajes: frescura, aboleda, flores y hierba, aves, agua.

Especies ribereñas en azulejo talaverano
Especies ribereñas en azulejo talaverano

Cerca del Tajo, en soledad amena, / de verdes sauces hay una espesura / toda de hiedra revestida y llena, / que por el tronco va hasta el altura / y así la teje arriba y encadena / que el sol no halla paso a la verdura; / el agua baña el prado con sonido, / alegrando la vista y el oído.

Con tanta mansedumbre el cristalino / Tajo en aquella parte caminaba / que pudieran los ojos el camino / determinar apenas que llevaba. / Peinando sus cabellos de oro fino, / una ninfa del agua do moraba, / la cabeza sacó, y el prado ameno / vido de flores y de sombras lleno.

Moviola el sitio umbroso, el manso viento, / el suave olor de aquel florido suelo; / las aves en el fresco apartamiento / vio descansar del trabajoso vuelo; / secaba entonces el terreno aliento / el sol, subido en la mitad del cielo; / en el silencio solo se escuchaba / un susurro de abejas que sonaba.

Especies ribereñas en azulejo talaverano
Especies ribereñas en azulejo talaverano

Otras hermosas descripciones del Tajo y sus amenas riberas podemos encontrar del mismo autor:

Las telas eran hechas y texidas / de’l oro quel felice Tajo embía, / apurado después de bien cernidas / las menudas arenas do se cría, / y de las verdes ovas… (Egl. III, vv, 105-112)

Corrientes aguas, puras, cristalinas / árboles que os estáis mirando en ellas / verde prado de fresca sombra lleno / aves que allí sembráis vuestras querellas / yedra que por los árboles caminas / torciendo el paso por su verde senda / yo me vi tan ajeno del grave mal que siento / que de puro contento / con vuestra soledad me recreaba / o con el pensamiento discurría / por donde no hallaba / sino memorias llenas de alegría.

Especies ribereñas en azulejo talaverano
Especies ribereñas en azulejo talaverano

También Luis de Góngora, poeta cordobés del siglo de Oro, en el tercer acto de su obra de teatro “Las Firmezas de Isabela” pone en boca de su personaje Emilio la descripción del Tajo y Toledo: “Ese turbante de labor africana, a quien el Tajo su blanca toca es, listada de oro, ciñó las sienes de uno y de otro moro”.