EXCURSIÓN A LA IGLESIA DE MELQUE Y EL CASTILLO DE MONTALBÁN

MELQUE Y MONTALBÁN

Interior de la iglesia de Melque
Interior de la iglesia de Melque

Vamos hoy a conocer una zona de la comarca de los Montes de Toledo que, como la de Malamoneda, alberga numerosos restos arqueológicos de gran interés. Para ello nos dirigiremos desde Talavera a la Puebla de Montalbán, para luego ir en dirección sur hacia San Martín de Montalbán. Antes de llegar a esta localidad, encontraremos los indicadores que nos informan de la presencia de dos importantes lugares históricos. En primer lugar podemos acercarnos en coche hasta la iglesia de Santa María de Melque, aunque si queremos dar un paseíto podemos dejar el vehículo al otro lado de la carretera, ir hasta la iglesia y luego volver para ir al castillo, donde solamente se puede llegar andando en un recorrido de cuatro kilómetros escasos entre ida y vuelta.

La iglesia de Santa María de Melque es un monumento de gran importancia arqueológica y artística. Sobre un previo asentamiento romano se edificó esta iglesia visigoda que probablemente la mejor conservada de España de este periodo histórico. Se trata en realidad del templo de un conjunto monástico que todavía deja ver los restos de otras dependencias en el entorno, aunque aún no han sido totalmente excavadas.

Iglesia de Santa María de Melque
Iglesia de Santa María de Melque

Es una construcción mayoritariamente levantada con grandes bloques graníticos en el siglo VIII, con sus huecos en forma de arco de herradura y techada con grandes bóvedas peraltadas que dan al interior un aspecto realmente sobrecogedor por su aura de antigüedad y sus volúmenes pétreos. La torre central fue edificada posteriormente  por los árabes con una finalidad probablemente defensiva y de observación.

En el aula de interpretación aneja a la ermita conoceremos muchos más datos de este monumento, y si lo deseamos podemos también acercarnos al arroyo del Cubillo donde, como su nombre indica, se conservan los restos de un pequeño molinillo de gran antigüedad cuya presa para algunos sería romana.

Torre del homenaje del castillo de Montalbán
Torre del homenaje del castillo de Montalbán

El castillo de Montalbán solamente se puede ver mediante visitas guiadas y concertadas los fines de semana durante todo el año. Se trata de una de las mayores fortalezas de España y parece que se asienta donde primero hubo una fortificación musulmana.  Perteneció a los templarios por donación de Alfonso VII en el siglo XII. Fue cabeza de una de las encomiendas de esta orden, cuyos monjes soldado habrían dado desde el siglo XII seguridad a los repobladores de la vertiente norte de los Montes de Toledo.

En el siglo XV estaba secuestrado el rey Juan II, apenas un adolescente, por su primo Don Enrique, Infante de Aragón. Era en aquel tiempo su paje y hombre de confianza don Álvaro de Luna. Habían llegado con la corte después del secuestro en Tordesillas hasta Talavera, donde se habían celebrado las bodas de don Álvaro con su primera mujer y las de don Enrique con la hermana del Rey. Cuando disfrutaban de unos días de descanso urdió don Álvaro la huida para salvarse de la prisión de don Enrique y, con la excusa de que en el Alberche había una garza o un gran jabalí y que iban a cazarlo salió con el Rey y cincuenta caballeros, pero emprendieron la huida. Llegaron primero al castillo de Villalba en Cebolla, pero era fortaleza poco segura y cruzaron el Tajo en una barca, tomaron caballos a los hombres del señor de Valdepusa y siguieron su camino hasta el castillo de Montalbán, en el que entraron por un portillo después de desarmar a un hombre que había salido a por agua al pozo que todavía se conserva en la barbacana. A la llamada del Rey acudieron los cuadrilleros de la Santa Hermandad cuya ayuda permitió la resistencia contra el asedio de don Enrique, que levantó el campamento cuando se enteró de la próxima llegada de las fuerzas de su hermano Juan, el otro infante de Aragón que no veía con buenos ojos el secuestro del Rey por el poder que ello le daba a su hermano. Con este episodio comenzó el ascenso del poderoso valido don Álvaro de Luna que acabaría de forma trágica con su decapitación por orden del mismo rey don Juan que le había encumbrado.

La mejor defensa del castillo de Montalbán es el impresionante barranco del arroyo Torcón
La mejor defensa del castillo de Montalbán es el impresionante barranco del arroyo Torcón

Tiene el castillo de Montalbán una extensión aproximada de una hectárea y media, con un perímetro de unos 750 metros. Son impresionantes sus elevadas torres albarranas, características de esta fortaleza así como las de Escalona y Talavera, poblaciones donde se encuentran las mejores muestras de estas altas torres adosadas a la muralla y que sobresalen de las fortificaciones con un gran arco que deja paso por debajo de las mismas. La torre del homenaje es también accesible con las dependencias más nobles todavía conservadas. Una barbacana rodea todo el castillo e incluso protege con un pequeño recinto el pozo referido antes para abastecerse de agua.

En el siglo XIV se hicieron la mayor parte de las obras de ampliación y fortificación debidas a su propietario Alfonso Fernández Coronel, dueño del mismo desde que se deshizo la orden del temple en Castilla. Luego pasó a los Téllez de Girón señores de Montalbán.

En el pueblo de San Martín de Montalbán podemos visitar su iglesia parroquial y algunos rincones de arquitectura popular granítica. Cerca  del casco urbano se halla en el arroyo Torcón una zona de pic-nic desde la que podemos ascender río arriba viendo los restos de tres molinos y el llamado puente Canasta que se levanta sobre un pequeño desfiladero del río y que por su aspecto de gran antigüedad algunos consideran de construcción romana. También hay cerca de San Martín los restos de un dolmen y varios sepulcros rupestres.

EL PUENTE DEL ALBERCHE

EL PUENTE DEL ALBERCHE

Los dos únicos arcos del Puente del Alberche aún en pie
Los dos únicos arcos del Puente del Alberche aún en pie

 La red viaria romana unía Toletum con Emérita Augusta a través de Talavera (Caesaróbriga). Desde hace dos mil años nuestra ciudad era y es paso obligado de las comunicaciones del centro peninsualr con el occidente ibérico. Era por tanto obligado cruzar también, casi siempre, el puente del Alberche que, según los expertos, tiene parte de su sillería más antigua labrada en esa misma época romana.

Los restos que quedan del puente nos permiten todavía observar dos de los arcos, precisamente aquellos por los que discurre hoy el poco caudal del Alberche. El resto de pilares se cimentan sobre los restos de sillería del primitivo puente romano, que en algunos de ellos muestra todavía el arranque de los arcos.  Esos pilares son de ladrillo aunque se rematabn en la parte superior por sillares planos de granito. En algún tramo, especialmente en el extremo oriental del puente se percibe parte de la barandilla, también de ladrillo.

Pilar moderno del puente del Alberche sobre las antiguas estructuras romanas
Pilar moderno del puente del Alberche sobre las antiguas estructuras romanas

El río Alberche, aunque menos caudaloso que el Tajo, sufre en determinadas épocas grandes avenidas por los deshielos de Gredos o por las escorrentías serranas de épocas lluviosas. Como en el caso del puente sobre el Tajo, eran continuos los desperfectos y los arreglos consiguientes, que debía asumir el concejo talaverano para mantener transitable una de sus principales fuentes de ingresos, «por el mucho peligro que ay en el paso de la dicha puente» como se decía ya en 1501. Es popular el dicho de la comarca que avisa de estos peligros: «Si el Alberche y el Tajo se amistan, Talavera Dios te asista». Cuando el puente, en el que confluía también el transitado Camino de los Veratos, estaba inutilizado se cruzaba el río por el vado de La Cabra, situado a algo más de dos kilómetros río arriba.

La mayor parte de los ganados trashumantes que pasaban por Talavera, salvo los que discurrían por  la cañada leonesa a través de Navamorcuende y Velada directamente hacia Puente del Arzobispo, se veían obligados a pasar por el puente del Alberche. La Mesta llega a firmar diferentes concordias con la villa para regular el paso de ganados por el puente y surgen algunos conflictos, uno de ellos en el siglo XVI, porque los arrendadores de la renta del puente del Alberche obligaban ilegalmente «a beuer o pagar un açunbre de vino» a los hermanos mesteños que sólo debían pagar realmente dos ovejas por cada mil cabezas y un dinero por cabeza de rebujal.

Entrada oriental al puente del Alberche
Entrada oriental al puente del Alberche

En los puentes no sólo se cobraban derechos de pontazgo por el paso de mercancías o ganado, también la Santa Hermandad Real y Vieja de Talavera aprovechaba estos lugares estratégicos para recaudar la “asadura”, impuesto destinado a financiarla, que sobre el ganado cobraba tan significativa institución que hacía funciones de “policía rural”  en las tierras de Talavera.

Vinculada a este puente estaba otra fuente de ingresos paralela del concejo talaverano, la Venta del Alberche, un lugar lleno de historia y trasiego de gentes que todavía conserva algunos edificios junto a la orilla occidental  aunque se encuentra en estado de abandono total. También, eran controlados en este punto los viajeros y mercancías durante los periodos epidémicos poniendo guardias que vigilaran el paso.

Dibujo de jesús Morales que representa a la Venta del Alberche poco antes de su demolición
Dibujo de jesús Morales que representa a la Venta del Alberche poco antes de su demolición

Por su valor estratégico sufrió este puente diversas vicisitudes bélicas entre las que destacaríamos la Batalla de Talavera, durante la Guerra de la Independencia. En ella jugó un papel estratégico esencial, siendo asignada su defensa a las tropas españolas. Como huella de esa importancia estratégica durante la Guerra Civil todavía pueden observarse los restos de los bunkers que lo defendían.

Uno de los búnkers de la Guerra Civil a la entrada del puente del Alberche
Uno de los búnkers de la Guerra Civil a la entrada del puente del Alberche

Cuando visitaban los reyes Talavera o cruzaban por la ciudad de paso hacia Extremadura o Portugal, las autoridades, clero y nobleza locales acudían a esperarles al puente de Alberche, aunque también se aguardaba a estas visitas regias o a otras de menor importancia en el puente Cordero, un poco más próximo a Talavera, sobre el arroyo de las Parras, justo en el mismo lugar donde se exhibían para público escarmiento los cuartos de los ajusticiados que habían sido despedazados.

PEDAZOS MENUDOS DE CARNE

PEDAZOS MENUDOS DE CARNE

Relato sobre el asesinato del General San Juan en Talavera durante la guerra de la Independencia

Dibujo que representa la batalla de Talavera
Dibujo que representa la batalla de Talavera

El criado miraba a su señor. Nunca le había visto tan triste e inseguro. Cabizbajo, no había ni siquiera probado el plato con la carne del cerdo sacrificado esa misma mañana para impedir que sirviera de alimento a las alimañas francesas.

Había ordenado que cerraran las ventanas y apagaran las velas, como si así fueran a impedir que los dragones y cazadores del mariscal Víctor, irrumpieran en su casa. Miraba al fuego con el ceño fruncido y el criado creyó ver en su rostro, iluminado por las llamas, el de uno de esos santos tan acongojados que observaba aburrido cuando acompañaba a la señora los domingos a la misa en la Colegial.

Don Manuel Espejel, regidor de Talavera, miraba al fuego sin verlo y pensaba en el sufrimiento que habían causado las tropas de Napoleón a todos sus paisanos en los últimos meses. Como miembro de la Municipalidad, había sabido desde el primer momento del engaño francés, y todavía se le encogía el estómago cuando recordaba la llegada de un veredero desde Móstoles con el mensaje de su alcalde que leyeron todos los regidores con alarma porque llamaba a salvar Madrid de los gabachos.

A finales de agosto, las iglesias se llenaron de una multitud de gentes para asistir a las acciones deogracias al Todopoderoso por la huida vergonzosa de los enemigos hasta más allá del Ebro. Tres meses después volvieron a estar repletas por los sufragios a los soldados españoles muertos en el campo de batalla el 29 y 30 de noviembre, cuando luchaban fieramente en la sierra de Madrid para que las tropas extranjeras no entraran de nuevo en la capital.

Grabado que representa los campos de Talavera tras la Batalla de Talavera
Grabado que representa los campos de Talavera tras la Batalla de Talavera

Recordaba con agrado el momento en que su amigo y paisano el coronel Genaro Rezábal había creado el regimiento de Voluntarios de Fernando VII con gentes entusiastas de Talavera y sus pueblos. Parece que estaba viendo a los reclutas sudar en los calurosos días de agosto mientras recibían la instrucción militar cerca de la Ermita del Prado. Todavía guardaba impresa en sus retinas la imagen de las madres saliendo a despedir a sus muchachos hasta el arroyo de Bárrago en su camino hacia Badajoz, donde se agruparían con otras fuerzas para hacer frente al francés, que ya se acercaba a Talavera.

Pero antes de que llegaran los gabachos contempló el discurrir por las calles de la villa de una interminable caravana con las gentes que desde la capital venían huyendo. Largas hileras de hombres y mujeres descompuestos entre los que se mezclaban monjas y frailes de las comunidades religiosas de la capital, prelados eclesiásticos y grandes títulos que portaban las pocas pertenencias que habían tenido tiempo de recoger, pero también iban patéticos empleados de la monarquía y multitud de familias desoladas que a su paso eran acogidas por el vecindario.

Entre esta multitud errante venía la Junta Central que, tras pernoctar en Talavera, siguió su camino hacia Badajoz donde organizaría la resistencia contra el invasor en los meses siguientes. Después de la derrota de Somosierra, las fuerzas españolas se dispersaron hacia el sur y el oeste de Madrid, viniendo a parar a Talavera los restos de un cuerpo de tropas.

Don Manuel había conocido a su general, se llamaba Benito San Juan e incluso le había invitado a comer en una ocasión, acudiendo en compañía de su lugarteniente Heredia. Había quedado su mujer impresionada por la caballerosidad y corrección del militar que les había relatado historias pavorosas sobre las injurias que los franceses habían ocasionado a los madrileños. ¡Cuánto dolor! y ¡Cuánta confusión!

Don Manuel tuvo que apartarse cuando un fraile con un espadón colgado en bandolera avanzaba por la Corredera en dirección al convento de los jesuitas, gritando a varias docenas de soldados que el general San Juan era un traidor y animándoles a tomar venganza. Él no pudo verlo, pero le dijo uno de los padres agustinos, confesor de sus hijas, que el militar se encontraba refugiado en la celda prioral y que peleó bravamente contra sus propios soldados antes de arrojarse a la desesperada por una ventana. Herido, recibió en la calle una descarga de fusilería que acabó con él.

Su cadáver fue arrastrado chorreando sangre por las calles de la villa. Los talaveranos no tomaron parte en semejante brutalidad e incluso habían intentado avisar a la Junta Central para evitar el triste desenlace. Heredia había sido ayudado a cruzar el río huyendo así de una muerte segura.

Iglesia de los jesuitas, ocupado actualmente por el teatro Palenque y el mercado de Abastos
Iglesia de los jesuitas, donde se ocultó el general San Juan ocupado actualmente por el teatro Palenque y el mercado de Abastos

La rabia contra la ocupación francesa fue descargada sobre el cuerpo del general al que colgaron de uno de los añosos álamos del paseo del Prado. Cuantos soldados venían por el camino real de Madrid fueron disparando sus fusiles contra los despojos del militar, de manera que sus carnes divididas en menudos pedazos quedaron esparcidas por el suelo sirviendo de alimento a los perros y a las aves.

Don Manuel no pudo evitar un escalofrío al recordar estos hechos mientras se llevaba un vaso de vino a los labios. ¿Hasta cuándo duraría esto? El horror de la guerra no había hecho nada más que comenzar y la sangre seguiría corriendo, el labrador no sabía porqué pero presentía que su pueblo todavía debería soportar mucho sufrimiento.

Cuando la angustia le oprimía el pecho, dos culatazos en la puerta le despertaron de su ensimismamiento.

RUTA DE LOS FÓSILES

Ruta de los FósilesRUTAFOSILES

Crucianas de la colección depositada en el ayuntamiento de Puerto de San Vicente
Crucianas de la colección depositada en el ayuntamiento de Puerto de San Vicente

Vamos a conocer hoy otra zona de La Jara “profunda”, el triángulo formado por las localidades de Puerto, Mohedas y Campillo de la Jara. De la ruta principal se pueden hacer varias derivaciones interesantes que señalaremos.

Partimos de Campillo, pero antes nos vamos a acercar hasta la estación de la vía muerta que cruza la Jara y de la que ya hemos hablado en otra ruta, avanzamos en dirección sur unos cientos de metros hasta que la vía cruza a la otra orilla del Huso, subimos ahora a pie un kilómetro hasta la desembocadura del Riofrío y si tenemos tiempo ascendemos por él contemplando los magníficos ejemplares de arquitectura popular que son los numerosos molinos de agua de sus riberas, hoy abandonados. Junto a la vía se ha restaurado otro molino que se encuentra en el río Huso,

Embalse del arroyo de San Vicente junto a la Vía Verde, a la derecha.
Embalse del arroyo de San Vicente junto a la Vía Verde, a la derecha.

Es obligado pasear por las calles de Campillo de la Jara ya que conservan también edificios y rincones de arquitectura tradicional jareña en pizarra y visitar su iglesia, donde se encuentra uno de los antiguos retablos de la iglesia de El Salvador de Talavera.

Arquitectura popular en pizarra de Campillo de la Jara
Arquitectura popular en pizarra de Campillo de la Jara

Preguntamos por el camino de Mohedas y recorremos los seis kilómetros de olivares y jarales que nos separan de este pueblo que cuenta con una iglesia digna de visitar con una curiosa estructura en que la entrada principal se sitúa en la base de la torre, en el interior se conservan algunos paneles de cerámica de Talavera y debemos detenernos en la portada sur no exenta de belleza. Entre sus construcciones de arquitectura tradicional destaca la casa de D. Juan Alvarez de Castro  que fue obispo de Coria y fue asesinado por los franceses. En el patio hay un capitel visigodo y también son de interés arqueológico las estelas romanas de la puerta de la ermita, que tiene la misma advocación que la de Talavera, la Virgen del Prado.

Estela romana como poyete en la ermita de Mohedas
Estela romana como poyete en la ermita de Mohedas

Para ir a Puerto de San Vicente podemos volver por el camino de Campillo hasta la Cañada Leonesa Oriental, y por ella descender en dirección sur hasta este agradable pueblecito formado alrededor de antiguas ventas en el camino de Guadalupe.

Siguiendo la carretera en dirección sur, llegamos a cruzarnos nuevamente con la Vía Verde de La jara entre eucaliptales y madroños y podemos pasear por ella.

Los aficionados a la paleontología tienen aquí magníficos parajes para intentar encontrar fósiles de hace millones de años; se hallan incrustados en las pizarras de la zona, ya que las que ahora vemos como montañas están formadas por antiguos fondos marinos elevados por plegamientos de épocas posteriores. En el llamado tunel de la Loba de la misma vía en el lado extremeño era tal la densidad que ha habido que prohibir su extracción, pues se estaba expoliando el yacimiento.Casa del obispo y héroe de la Guerra de la Independencia don Juan Antonio Castro

Desde Puerto, donde hay una pequeña colección de fósiles en el ayuntamiento, tomamos de nuevo la carretera que, paralela a la sierra, nos conducirá otra vez hasta Mohedas. El que lo desee puede detenerse a recoger níscalos o madroños entre los pinares de repoblación que bajan por las laderas, y los más valientes pueden ascender siguiendo cualquiera de los arroyetes que bajan de la sierra para, paseando entre huertos abandonados donde antes se cultivaban frutales, castaños, encinas, alcornoques y rebollos en los más alto, llegar hasta las agrestes cumbres con risqueras de cuarcita desde donde la vista panorámica sobre La Jara y los valles de los Guadarranques y Gualija es impresionante. Un lugar interesante es la llamada Cueva de los Doblones de sugerente nombre de tesoros perdidos.

Vista desde el cerro Castrejón de las dehesas jareñas y al fondo Mohedas y las sierras de Altamira
Vista desde el cerro Castrejón de las dehesas jareñas y al fondo Mohedas y las sierras de Altamira

Cuando contempléis el cerrado bosque mediterráneo que se extiende hacia el oeste, no os extrañará que toda esta zona fuera escenario de las andanzas de bandidos, golfines, contrabandistas y, más recientemente, refugio de guerrilleros maquis tras la Guerra Civil.

La zona es una de las más desconocidas y salvajes de nuestra comarca y en ella se dan numerosas monterías. La fauna, jabalíes, corzos, venados y rapaces son fáciles de observar si nuestro paseo por estos desiertos es lo suficientemente silencioso.

En los tres pueblos nombrados, podemos pedir en alguno de los bares que nos sirvan alguna comida sencilla pero económica.

En otra entrada hablaremos de Navatrasierra y su museo de fósiles en el geoparque de Ibores -Jara-Villuercas.

El mar de La Jara

Hace unos quinientos millones de años, La Jara estaba cubierta por el mar. En su fondo habitaban curiosos bichejos que al morir caían al fondo y eran sepultados por los limos antes de descomponerse. Más tarde, altas temperaturas y elevadas presiones endurecieron y petrificaron esos sedimentos dejando la huella de las partes duras de esos animales, que quedaron así impresas en las pizarras y cuarcitas como las de Puerto de San Vicente, Los Navalucillos o Robledo del Mazo. Trilobites, arqueciotus, crucianas, braquiópodos y gasterópodos son algunos de los fósiles que podemos encontrar en estas sierras.

DOS ESCENAS DE LA VIDA DE SANTA ANA EN AZULEJERÍA ANTIGUA DE TALAVERA

San Joaquín y Santa Ana ante la puerta Dorada. Iglesia de Piedraescrita

Esta escena se basa en la Leyenda Dorada y en evangelios apócrifos como el Protoevangelio de Santiago  Además del dogma de la Inmaculada Concepción, la Iglesia propuso como doctrina que la concepción de María también se produjo “sine mácula”.

Joaquín era un hombre rico que tras veinte años de matrimonio con Ana no había tenido descendencia. En cierta ocasión no le dejaron hacer una ofrenda en el templo por no haber tenido hijos y, disgustado por ello, se retiró al desierto con sus ganados. Allí se le apareció un ángel que le anunció que Ana concebiría una hija que sería la madre de Jesús.

Decoración lateral renacentista del panel de la puerta dorada

Una aparición similar tuvo Ana cuando se preguntaba bajo un laurel porqué hasta los gorriones tenían descendencia y ella no. El ángel les dijo a ambos que se reunieran ante la Puerta Dorada de Jerusalén y esa es la escena representada, cuando se abrazan y se besan, momento que principalmente los franciscanos defendieron como instante de la concepción de la Virgen “sin concupiscencia”.

San Joaquín y Santa Ana ante la Puerta Dorada. Detalle. Iglesia de Piedraescrita

*Iglesia de Piedraescrita. Robledo del Mazo (Toledo). Policromía. Siglo XVI. Joaquín y Ana ante la puerta pintada de amarillo para indicar que era la Puerta Dorada. Esta cerámica es del siglo XVI, y es a finales de esta centuria cuando se empieza a sustituir esta representación por la de la Inmaculada Concepción, y de hecho, en las escenas de la basílica del Prado realizadas ya en el siglo XVII no aparece esta escena. Enmarcada por querubines y columnas abalaustradas con decoración renacentista.

Santa Ana se pregunta por qué es estéril

*Iglesia de Piedraescrita. Robledo del Mazo (Toledo). Policromía. Siglo XVI. Ana arrodillada se pregunta por qué no tiene descendencia bajo un árbol cuyas hojas intentan representar las de un laurel, con los pajarillos y la cría en su nido. Es curioso el remate del muro con un bardal de ramas entrelazadas.

Decoración renacentista de «candelieri» y grutescos en el lateral de una de estos paneles

Escena enmarcada por friso superior e inferior de grutescos de blanco en reserva sobre azul, además de filetes y cordoncillo.

SANTIAGO EN AZULEJERÍA TALAVERANA

SANTIAGO EL MAYOR

Panel del siglo XVI que representa a Santiago Matamoros en la iglesia de El Casar

Santiago el Mayor, o el hijo de Zebedeo, es conocido así para diferenciarlo de Santiago el Menor. Era de una familia de pescadores de Galilea y se le considera hermano de San Juan Evangelista, los conocidos como “hijos del trueno”, por su temperamento y la vehemencia con que defendían sus creencias. Forma parte con Pedro, Andrés y Juan  del primer grupo de discípulos de Cristo. Tras la muerte de Jesús marcha a predicar a Siria para luego volver a Jerusalén donde convierte al mago Hermógenes después de hacer ambos una demostración de sus poderes. En el año 44 es decapitado por orden de Herodes Agripa.

Se conoce poco más de su vida y por ello el resto de sus referencias están basadas en leyendas posteriores como la que le hace predicar en España, volver a Jerusalén para ver a la Virgen y ser allí ejecutado y, en otra rocambolesca leyenda ser traído su cadáver embalsamado a España y ser enterrado en casa de una mujer llamada Lupa que se convierte al cristianismo.

En 813, reinando Alfonso II el Casto, un ermitaño llamado Paio dijo a Teodomiro, obispo de Iria Flavia en Galicia, que había visto unas extrañas luces sobre un monte. Bajo las luces encontraron una tumba en la que se hallaba un cadáver decapitado con la cabeza bajo el brazo. A partir de ese hallazgo Teodomiro difundió la leyenda de la predicación de Santiago en España, aunque la arqueología indica que el cristianismo no llega a Hispania hasta el siglo III. Para explicar su viaje a Jerusalén la leyenda dice que la Virgen se le apareció sobre el pilar que hoy se venera en Zaragoza induciéndole a ir a verla a Judea.

Santiago Matamoros en azulejería de la iglesia del antiguo despoblado de Mañosa en Cebolla

*Antigua iglesia del despoblado de Mañosa. Cebolla (Toledo ). Policromía. Siglo XVI. Enmarcado en compleja greca de varios componentes. Primero de filetes blancos y amarillos, cadeneta geométrica de trazados rectos con floretas amarillas en los lados y otra de eslabones curvos con florecilla central en la parte superior. El santo viste coraza con cruz de Santiago y presenta piernas desproporcionadas con el torso. Caballo blanco con crines abundantes. Miembros, cabezas y armamento del enemigo esparcido por el suelo. Nubes espirales rellenan las esquinas.

Lo que es cierto es que bajo la catedral de Compostela hay realmente un cementerio utilizado en varias épocas y que en él se han hallado materiales cristianos pertenecientes al siglo III, restos suevos y visigodos, de ahí vendría la teoría de que el paraje era anteriormente un “campus stellae”, un campo de estelas funerarias. En 1122 el papa Calixto II impulsó la peregrinación a Santiago cuando proclamó que los años en que el 25 de Julio cayera en domingo sería Año Santo Jacobeo.

Dos son las representaciones con las que contamos. Una de ellas es la más frecuente y es la conocida como de “Santiago Matamoros”. El apóstol se convirtió para los españoles en el santo protector en las batallas de la reconquista y por ello aparece en un caballo blanco, vestido de guerrero con armadura y otras veces de peregrino,  portando un estandarte y blandiendo la espada, mientras el caballo pisotea a los sarracenos y se pueden ver brazos, piernas y cabezas amputados a los musulmanes en la batalla. Esta imagen del apóstol deriva de la leyenda de la batalla de Clavijo, cuando en 930 el rey Ramírez de Castilla tuvo un sueño antes de la batalla en el que el santo le prometía que vencería, y al día siguiente se apareció montado en su caballo blanco dirigiendo a las tropas hasta la victoria. La cruz de Santiago tiene forma de espada con el travesaño acabado en forma de lirio por ambas partes.

Panel de la iglesia de Piedrescrita que representa a Santiago Matamoros

Iglesia de Piedraescrita. Robledo del Mazo (Toledo). Policromía. Siglo XVI. Escena incompleta enmarcada en cabezas de querubín con Santiago matamoros sobre miembros y armas de los musulmanes.

Placa cerámica del pórtico de la ermita de la Virgen del Prado representando a Santiago Matamoros

Basílica de Nuestra Señora del Prado. Talavera de la Reina. Siglo XVI. Policromía. Marco ovalado de ferroneríe con serpientes entrelazadas y florecillas. Santiago Matamoros con un enemigo vestido a la romana a sus pies, con armas y miembros esparcidos. Dos vieiras aluden a santiago peregrino.

La otra forma más frecuente es la de Santiago Peregrino, que se representa a partir del siglo XIII, con el sombrero de ala ancha, el capote de los peregrinos y su atributo más característico, la concha de vieira en el sombrero o en el morral. Este atributo tiene un  origen poco claro y se empezó a utilizar desde el siglo XII. Su significado ha sido explicado en varias leyendas entre las que podemos señalar la que dice que un príncipe gallego al acercarse a sus reliquias se vio cubierto de estos moluscos.

Imagen de Santiago Peregrino en la iglesia de Mejorada

Un ejemplo es  este panel de la Iglesia parroquial de Mejorada (Toledo). Policromía. Siglo XVI. Frontal de altar en el que la imagen aparece enmarcada por florones en los lados y volutas y róleos en la parte superior que rodean a un marco de ferronerie adornado con frutos, matas y espadañas. Santiago Peregrino vestido con capote anaranjado con estampado de vieiras que adorna también el sombrero. Báculo y calabaza en la mano izquierda y rosario en la derecha.

Retablo cerámico de Santiago del Museo Ruiz de Luna

Museo Ruiz de Luna. Talavera de la Reina. Siglo XX. Policromía. Decoración en la parte superior con diferentes grecas de ovas, metopas y hojas de acanto y pequeñas esculturas de querubines En las esquinas de la escena la cruz de santiago y las vieiras entre grutescos que también adornan los pilares laterales. En la parte inferior cartela con el nombre del autor con roleos laterales y nueva greca de grutescos en azul. Santiago matamoros inspirado claramente en el que se encuentra sobre las columnas del pórtico de la basílica del Prado y que presenta imagen realista de del pisoteo de los musulmanes por el caballo. Un árbol, nubes oscuras y las banderas de los árabes ocupan el fondo.

Santiago Matamoros en una placa cerámica del Museo Ruiz de Luna

*Museo Ruiz de Luna . Talavera de la Reina. Siglo XVI. Policromía. Santiago «Matamoros» con los miembros cercenados del enemigo y las armas en el suelo. Lleva estandarte y sombro del siglo XVI.

Panel que representa a Santiago Peregrino en cerámica de Ruiz de Luna en Castillo de Batyuela

Iglesia parroquial de Castillo de Bayuela. Representación de los apóstoles en el retablo. Siglo XX. Policromía. Autor Juan Ruiz de Luna.

Santiago aparece como peregrino con el libro en una mano y el báculo y la calabaza de peregrino en la otra. Viste el capote de peregrino sobre el que se ven las vieiras.

LAS PIEDRAS DE MOLINO

LAS PIEDRAS DE MOLINO

Nuevo capítulo de mi libro sobre los Molinos de Agua de la Provincia de Toledo, ya agotado y que nos habla de las piedras molederas y algún otro elemento del interior del molino.

Interior de uno de los grandes molinos del Tajo. En primer plano el rayado de una piedra solera, detrás varios conjuntos de muela solera y volaera
Interior de uno de los grandes molinos del Tajo. En primer plano el rayado de una piedra solera, detrás varios conjuntos de muela solera y volaera

Las muelas o piedras de molino son dos, la solera y la corredera o volaera. Esta última se sitúa en posición superior y es la piedra móvil a la que el rodezno imprime su movimiento rotatorio. En nuestra provincia, sobre todo en los molinos de arroyo, las piedras preferidas por nuestros molineros eran las de granito. Se llamaban también piedras morenas o españolas (Foto 12) en contraposición con las blancas o francesas de las que más tarde hablaremos.

Con frecuencia eran talladas por el mismo molinero en las afloraciones berroqueñas próximas o bien se encargaban a los canteros locales. Las cualidades de las piedras de algunos de nuestros pueblos eran conocidas desde antiguo, tal es el caso de Valdeverdeja, que aparece reflejado en las relaciones de Felipe II, o el de Aldeanueva de Barbarroya que se cita en las Relaciones del Cardenal Lorenzana del siglo XVIII.

Llama la atención, en muchos lugares de gran inaccesibilidad, la dificultad que deberían vencer los molineros para el transporte de las muelas a los molinos. A algunos de ellos solamente se podía llegar a través de caminos de herradura y por testimonios de los propios molineros sabemos que estos problemas se solventaban mediante la utilización de rulos, palancas, cuñas y el tiro experto de las narrias por las caballerías.

Piedras morenas o españolas de granito que muestran los rayones y la lavija
Piedras morenas o españolas de granito que muestran los rayones y la lavija

Algunos molineros preferían labrar las dos piedras al mismo tiempo, mientras que otros tallaban solamente la solera que cuando sufría el desgaste suficiente se colocaba de corredera, encargándose entonces al picapedrero una nueva solera. Muchas veces se labraban las piedras de afloraciones graníticas próximas y todavía hoy se pueden observar los huecos circulares dejados por la extracción de las muelas.

Ya sabemos que el trigo, para ser convenientemente molido sin quemarse y para no molturarse de forma incompleta, debe discurrir adecuadamente desde el interior de las piedras hasta el exterior. Para conseguir este efecto y el del tronzado del grano se realizaba una labor muy característica de los molineros, la del repicado de las muelas. La piedra se divide desde su interior hacia fuera en varias partes, el ojo, el pecho, el antepecho y el moliente como podemos observar en la figura 27 donde aparecen también los modelos de repicado más frecuentes. En nuestro ámbito geográfico la parte de la piedra más cercana al ojo o pecho se llama entrada, y la parte externa o moliente se conoce como mordiente o afinadero.

Rayado o repicado de las piedras con sus partes diferentes
Rayado o repicado de las piedras con sus partes diferentes

Las dos caras molederas de ambas piedras presentan un repicado, característico por la forma de su dibujo en bajorelieve conocido como de rayones, que son líneas radiales pero excéntricas dispuestas en forma de abanico.

Aunque tradicionalmente se han descrito complejas tipologías para la picadura de las piedras, en nuestra zona, tal vez por la mayor utilización de la piedra granítica que es poco apta para la filigrana en el repicado[1], las muelas suelen tener un dibujo sencillo y bastante similar en todos los molinos. De hecho, simplemente presentan unas picaduras radiales principales más o menos excéntricas o rayones y, entre estos, otras  líneas de picadura más fina conocidas como abanicos, los trazos son rectos en algunas ocasiones y curvos en otras, aunque sin mayores complicaciones en  diseño y composición del rayado.

Herramientas de repicado y cabria de un molino harinero
Herramientas de repicado y cabria de un molino harinero

Las piedras graníticas o españolas tenían repicado un número de  rayones muy variable, entre cuatro y cuarenta, mientras que las francesas solían mostrar en su dibujo entre diez y catorce líneas principales. La picadura puede disponerse en sentido dextrógiro o levógiro, pero si la piedra solera está picada hacia la izquierda, la corredera deberá estarlo siempre hacia la derecha y viceversa. Con esto se consigue el efecto de tijera necesario para que el tronzado del grano rompa la cascarilla.

En la piedra corredera debe hacerse la picadura coincidiendo su sentido con el de giro del rodezno, que a su vez dependerá del lado de la rueda sobre el que incida el chorro de agua cuando sale del saetín.

Las herramientas utilizadas para el repicado son: la pica que tiene el borde de percusión lineal, la piquetilla, parecida pero con hojas metálicas intercambiables, y el pico, de percusión puntiforme. Con estos útiles, después de haber pasado una regla con mazarrón u otro colorante que resaltara las desigualdades de la piedra, se labraban primero las estrías principales, después se esbastaban, es decir, se quitaban las  mayores irregularidades y a continuación se picaba el cordoncillo o trazo más fino que formaba los abanicos.

Piedra francesa que como se ve está compuesta de varias partes unidas por un zuncho circular
Piedra francesa que como se ve está compuesta de varias partes unidas por un zuncho circular

Las piedras francesas son menos frecuentes en los molinos toledanos aunque es más fácil encontrarlas en los molinos de mayor envergadura, en los mejor comunicados y en los más modernos o de transición a fábricas de harina.

Estas piedras se componen de varias piezas en forma de sector circular o Aporción de queso@ que se unen con cemento y cinchos metálicos. Procedían de varias fábricas en Francia, como las de La Ferté, Lhor y Dordogne y eran adquiridas por los molineros en los comercios concesionarios de Toledo, Talavera o Madrid (Foto 13). Se introdujeron en España a partir del siglo XIX y tenían la ventaja de necesitar repicarse con una frecuencia diez veces menor que las graníticas, según el testimonio de los propios molineros. Ya en el siglo XVI se describen también muelas similares que se consideran indicadas para los lugares en que la escasez de piedra o la inaccesibilidad del molino desaconsejen las piedras enterizas.[2]

Piedra francesa
Piedra francesa de La Ferté

El grosor de las piedras de molino varía entre los veinte y los cincuenta centímetros, aunque he observado muelas todavía sin desgastar de sólo nueve centímetros de grueso. A veces se encuentran también pequeñas piedras con tan solo un metro y diez centímetros de diámetro, cuando lo habitual es que midan entre uno treinta y uno cuarenta. Puede que estas pequeñas piedras estén hasta cierto punto relacionadas con la terminología de molinillo o de molineta tan frecuentes en la toponimia de los pequeños arroyos. Tal vez se refieran estas palabras en concreto a molinos de menor potencia o rendimiento aunque no puede asegurarse, ya que en ocasiones se pueden encontrar muelas pequeñas en molinos grandes o en corrientes de mayor caudal y por el contrario, en artificios de pequeños arroyuelos, encontramos obras de mayor envergadura y con capacidad para movilizar grandes piedras.

Otros elementos molineros descritos en el texto según Los Veintiún libros de Juanelo
Otros elementos molineros descritos en el texto según Los Veintiún libros de Juanelo

Como hemos visto anteriormente, el diámetro habitual de las piedras oscila entre 1,30 y 1,40 metros, aunque algunas llegan a medir hasta 1,60. La anchura habitual es de unos treinta centímetros, pero el grosor de la solera puede llegar hasta los sesenta. El ojo u orificio central de la muela viene midiendo entre 15 y 30 centímetros. El peso oscila entre media y dos toneladas, siendo recomendable un peso elevado si las piedras se destinan a moler cebada.

Lo más frecuente es que  las piedras tengan sus dos caras paralelas aunque se puede encontrar algún ejemplar levemente troncocónico con las caras molederas algo inclinadas hacia afuera.

El tiempo entre dos repicados varía en función del tipo de piedra y del tiempo de molienda. La clase de piedra también influye, ya que en las graníticas el repicado puede llegar a ser necesario cada dos días, mientras que en las francesas el tiempo de repicado podía dilatarse hasta dos meses. El tipo de granito también es muy variable e igualmente cambia su duración dependiendo del grano, composición mineralógica y grado de degradación de la roca.

La picadura podía llegar a suponer una considerable pérdida de tiempo y trabajo en el transcurso del trabajo del molinero, sobre todo en aquellos molinos situados en corrientes de escaso caudal donde la molienda solamente era posible en contado número de meses e incluso de unas pocas semanas durante el año.

Hay que señalar que para picar las muelas era necesario levantar esos dos mil kilos de piedra y darles la vuelta para que mostraran su cara moliente. Se utilizaba para esta operación una barra que levantaba solamente unos centímetros la piedra para, a continuación, ir introduciendo unas cuñas que facilitaban la colocación bajo la muela de unos rodillos sobre los que se deslizaba con facilidad. Entonces se metía un palo o lobilla por el ojo y haciendo palanca se volcaba la piedra apoyándose en otro madero o torno.

El sistema de palancas antes descrito era sumamente engorroso, lento y no exento de peligros para el molinero hasta que, a mediados del siglo pasado, se dota a muchos molinos del sistema de cabrias (fig. 28A). Consistía en dos semilunas metálicas partidas y sujetas a un tornillo también metálico que sube y baja la piedra. Las semilunas tienen en su extremo un pivote cada una para introducirlo en sendos huecos laterales de la piedra que servirán de anclaje. Con este cómodo sistema la muela puede levantarse, girarse y apoyarse mucho más fácilmente que con el viejo método de las palancas. Estas pequeñas grúas apoyan frecuentemente por su extremo superior el madero vertical sobre una de las alfangías del techo, mientras que el inferior se sostiene en el suelo y así puede pivotar el brazo horizontal. De él cuelgan las dos semilunas metálicas sujetas por el tornillo de elevación mediante el que ascienden o descienden las piedras.

Al objeto de que la harina no pueda esparcirse saliendo por la junta de ambas piedras se coloca, abrazando toda la circunferencia de las mismas un redor de esparto como sistema más simple para impedirlo. En otras ocasiones se dota al sistema de un tambor o guardapolvo que es un mueble de madera octogonal o circular que envuelve al conjunto de las dos muelas impidiendo que se derrame la harina, recogiéndola y dirigiéndola hacia un orificio o pitera que a su vez desemboca en el harinal o harinero, lugar donde se almacena la harina.

Estos depósitos son a veces simples costales colocados bajo la pitera, en otras ocasiones se trata de troncos vaciados, como en algún molino de Riofrío, o sencillamente un cajón de madera. En la mayoría de los molinos el harinal es un hueco rectangular situado en el suelo junto a las piedras, un depósito fabricado de obra o mediante la colocación de tres lajas de granito o de pizarra.

Desde el harinal, con el cogedor y la paleta del molinero, se va almacenando la harina en sacos para su posterior cernido. En los molinos más avanzados tecnológicamente en lugar de este sistema manual de transporte se empleaban cintas elevadoras de cacillos o los tornillos de Arquímedes que llevaban la harina hasta la cernedora (fig. 25).

Este artefacto forma parte de la maquinaria aneja que podemos encontrar en muchos de nuestros molinos. Es bastante frecuente tropezarnos con sus restos descomponiéndose de los molinos de ribera, dentro de la sala de moler o en dependencias anejas. La función de la cernedora es la de separar la harina del salvado o cascarilla del grano. Se logra mediante cilindros cernedores en los que una tela de cedazo envuelve una estructura prismática o cilíndrica hecha con armadura de listones de madera. Esta estructura gira con una correa transmisora conectada al eje del rodezno principal o a otro rodezno accesorio. En los pequeños molinos es frecuente encontrar cernedoras movidas manualmente mediante una manivela.

Con el sistema de las cernedoras ha coexistido hasta nuestros días el más sencillo método de hacer este trabajo a mano mediante cribas o cedazos que se movían sobre una artesa en la que se recogía la harina.

En las fábricas de harina el cernido es más complejo, consiguiéndose una limpieza mucho más efectiva mediante artilugios mecánicos que juegan con los diversos diámetros de los orificios que tienen las telas de los cedazos, generalmente elaborados con seda.

 

[1] ILLA, A. Opus cit.  pp. .95-103. En esta obra ni siquiera nombra el autor a las piedras de granito que considera deben ser erradicas de la molinería. Aun así persiste en España su utilización hasta que dejan de funcionar los molinos maquileros en los años sesenta

[2] LOS VEINTIÚN LIBROS…: Opus cit. p. 351, fig 204.

TALAVERA DESDE LA OTRA ORILLA EN EL SIGLO XVI (y4)

TALAVERA DESDE LA OTRA ORILLA EN EL SIGLO XVI (y4)

Puerta del Río y Molinos del primer ojo del puente
Puerta del Río y Molinos del primer ojo del puente

9.-PUERTA DEL RÍO  Y MOLINOS

Podemos observar claramente la Puerta del Río, una de las puertas principales del primer recinto amurallado, pues daba paso al puente que comunicaba a la villa con sus tierras de La Jara. Está flanqueada por una torre que la protege, aunque no es tan monumental como lo eran las puertas de Mérida y San Pedro. Tal vez lo que parece un blasón de grandes proporciones a la derecha de la puerta podría intentar ennoblecer esa importante entrada de Talavera junto a la residencia de los señores de la villa, los arzobispos de Toledo que residían en el alcázar, aunque también podría ser una puerta de entrada a las dependencias palaciegas.

Destacan también dos edificios simétricos junto al inicio del puente. Se trata de los molinos que aprovechaban el primer ojo del puente viejo. Pertenecieron al ayuntamiento pero hubo intentos de aprovecharlos por parte de la nobleza talaverana, aunque  hubo  regidores que lo impidieron defendiendo los intereses de la villa.

Cada uno de los molinos cuenta con dos edificaciones paralelas y entre las dos se perciben dos salidas del agua. Esa estructura nos hace pensar en que se trata de molinos de rueda vertical, es decir aceñas, aunque ya en esa época había molinos de los llamados «de regolfo», una especie de turbina primitiva que aprovechaba la fuerza centrífuga del agua y no el movimiento de las paletas impulsadas por el agua que movía a las ruedas verticales. Las casas son de considerable altura para salvar las crecidas y para alojar en el piso de abajo el engranaje de los ejes que cambiaba el movimiento vertical de la rueda en el giro horizontal de las piedras molederas. También se puede ver una rampa que da acceso al segundo molino dejando pasar por debajo el agua que sale de los cárcavos del primero. También es de señalar que, aunque se trata de molinos junto a un gran río con subidas considerables de nivel, no estén abovedados como suele suceder en otros, sino que se encuentre cubierto simplemente con teja árabe.

Por detrás de la puerta del Río y casi alineada con ella se ve otra puerta de grandes dimensiones que probablemente es la de San Pedro, con la plaza del Comercio (del Reloj hoy) por detrás. A la derecha y marcada con una «F» se ve la entonces modesta espadaña de la iglesia de San Francisco, por aquella época convento franciscano. Más a la derecha también se representa el convento de la Trinidad.

Puente Viejo y Molinos de Arriba.
Puente Viejo y Molinos de Arriba.

EL PUENTE VIEJO

Aunque nos referiremos más extensamente a los molinos y el Puente Viejo en próximos capítulos, vemos en el dibujo de Wingaerde que ya entonces presentaba la construcción un aspecto lamentable con reparaciones de de vigas y tablones en todo su recorrido. En primer lugar se observa un derrumbe justo en el arco en el que cambia de dirección y que actualmente también se encuentra caído en el lado aguas arriba.

Se han pintado numerosos viandantes que portan lo que podrían ser cañas de pescar o lanzas. En el río se percibe la corriente sobre el azud o presa que derivaba el agua hacia los molinos del primer ojo del puente.

También contemplamos en su recorrido el edificio de los llamados Molinos de Arriba, que pertenecieron a los jerónimos y sobre los que hoy se asienta la vieja central eléctrica. Como sucede hoy día, uno de los ojos del puente sirve para que salga el agua del cárcavo del artificio. El edificio se presenta como de considerable envergadura y también cubierto con teja. En la fachada se ve lo que parece una gran puerta que daría paso a un zaguán.

Frente al molino se observa en el caserío de la villa una serie de torres y lienzos de muralla que en su mayoría se hayan hoy derribados y que parecen representar las torres y puertas en torno al alcázar en el entorno de las calles Carnicerías y Pescaderías.

Más al norte se puede ver la iglesia de San Lázaro, aunque yo más bien pienso que es la de Santa Leocadia con dos torres y una puerta de entrada de buenas dimensiones. Ya fuera de las murallas se ve la ermita de San Juan hoy desaparecida pero que sigue dando nombre al barrio situado entre las calles Trinidad y Matadero. Acabamos el recorrido del puente sobre nuevos arcos arruinados y una presa levantada en la actual zona de La Presilla para proteger el puente de una mayor destrucción

Alcázaba de Talavera en el dibujo de Van der Wingaerde
Alcázaba de Talavera en el dibujo de Van der Wingaerde

EL ALCÁZAR

La representación de la alcazaba en este dibujo es, junto a un plano levantado de sus ruinas por las tropas francesas en la Guerra de la Independencia, la que más datos puede aportar sobre este importante monumento talaverano lleno de historia.

Por delante del noble edificio se puede ver un puentecillo sobre el arroyo Papacochinos que desembocaba en sus inmediaciones. Detrás se percibe la pequeña la muralla de altura más baja que formaba la barbacana. Hoy día podemos ver excavado ese espacio junto al muro sur del alcázar, conocido hoy como huerto de San Agustín porque sobre sus ruinas se fue acumulando tierra y se hizo la huerta del convento al que se accedía por el arco restaurado hace unos años.

En la fachada principal se ven tres grandes ventanales por donde se habrían asomado los arzobispos y reyes que se alojaron con frecuencia en sus dependencias palaciegas. A la derecha de estos huecos vemos una torrecilla y tras la muralla un aguilón de un edifico de buenas proporciones.

Al oeste del alcázar se dibuja la que por confusión el pintor llama de Toledo y en realidad es la Puerta del Sol que también daba nombre a la calle actual por encontrarse orientada a saliente o también la puerta de Pescaderías, pero en ningún caso estaría la puerta de Toledo tan al sur del recinto, aunque el dibujante confunde a veces el primer y segundo recinto amurallado.

Al fondo ha representado la Puerta de Zamora marcada con una “R” flanqueada por sus dos antiguos torreones pero su situación se ha desplazado demasiado al este.

El-prado-con-la-ermita-de-la-virgen-y-la-ermita-de-San-Joaquin-y-Santa-Ana
El-prado-con-la-ermita-de-la-virgen-y-la-ermita-de-San-Joaquin-y-Santa-Ana

ARRABALES Y EL PRADO

Fuera del recinto amurallado se extienden los arrabales de la villa que en el lado oriental se continúan con el Prado. El dibujo deja ver el camino que venía de Madrid los arroyos que circulaban entonces por sus inmediaciones y que daban la frescura a los prados, así como a la orilla del Papacochinos la ermita de San Joaquín y Santa Ana situada sobre lo que hoy es el aparcamiento subterráneo junto a los jardines. Más tarde, el arroyo pasa bajo un puente junto a la muralla. En la esquina superior izquierda se ve un edificio que podía corresponder al antiguo humilladero.

Al fondo se ve la ermita de la Virgen del Prado con una construcción más modesta que se ampliaría con las reformas de los siglos XVII y XVIII. Se ven restos de las alamedas pero da la sensación de ser menos ricas en arbolado que las que posteriormente conocimos salvo en las islas.

MARÍA MAGDALENA EN AZULEJERÍA TALAVERANA

SANTA MARÍA MAGDALENA

MARÍA MAGDALENA REPRESENTADA EN AZULEJERÍA TALAVERANA DEL SIGLO XVI EN LA IGLESIA DE EL CASAR DE TALAVERA

María Magdalena es una santa con la que se han confundido a lo largo de la historia hasta cuatro mujeres diferentes: la mujer pecadora que durante una comida en la casa de Simón el fariseo llena de perfume los pies de Jesús y luego los seca con sus cabellos; María de Betania, la hermana de Marta y de Lázaro que recibe a Cristo en su casa y le pide la resurrección de su hermano; la propia María de Magdala curada por Jesús del demonio que la poseía, y por último, también se le han atribuido algunos aspectos de la biografía de María Egipciaca. Se la ha considerado tradicionalmente como la imagen de la pecadora arrepentida y santificada y aunque la iglesia oriental consideró que eran tres mujeres distintas, la occidental las ha considerado la misma.

MARÍA MAGDALENA EN CERÁMICA DEL SIGLO XVI EN LA IGLESIA DE PIEDRAESCRITA

Su atributo más frecuente es el tarro del ungüento con el que perfumó los pies de Cristo. El pelo muy largo la cubre gran parte del cuerpo. El crucifijo y la calavera en muchas  ocasiones, y más raramente el látigo o una corona de espinas son símbolos de su   penitencia. Son varios los episodios en los que aparece representada. En primer lugar la de la cena de Simón en la que parece agachada ungiendo los pies de Cristo con el tarro. En ella a veces aparece Judas que se queja del derroche del perfume observando la escena. En casa de Marta y María se la observa escuchando las palabras de Jesús mientras su hacendosa hermana Marta la reprende por no trabajar y Jesús la defiende diciendo que lo que María hace es también necesario.

MARÍA MAGDLENA UNGE LOS PIES DE JESÚS EN LA CASA DE SIMÓN, AZULEJERÍA SIGLO XVI EN LA IGLESIA DE PIEDRAESCRITA

Otro pasaje muy representado en el arte es el “Noli me tangere” cuando después de la resurrección de Cristo se la aparece y al querer ella tocarle, Él se niega. Otros momentos en los que la santa está presente son el de la resurrección de Lázaro, la crucifixión, el Descendimiento de la Cruz o acompañada de las otras “santas mujeres”.

En el siglo XI, la devoción a la santa en la zona de la Provenza francesa hizo nacer numerosas leyendas, algunas basadas en pasajes de la vida de María Egipciaca, en las que se aseguraba que María Magdalena, Marta y Lázaro en un barco sin vela ni timón arribaron a Marsella y predicaron en el país el cristianismo, bautizando a muchos y retirándose la santa como ermitaña durante treinta años. Siete veces al día bajaban los ángeles y la subían al cielo, donde durante un tiempo observaba la Gloria. También se la ha pintado en su última comunión, administrada también por los ángeles o por Maximino, uno de sus compañeros de predicación.

MARÍA MAGDALENA ERMITAÑA EN LA IGLESIA DE PIEDRAESCRITA, SIGLO XVI

Encontramos en la comarca dos paneles de azulejos de Talavera que la representan en la cueva como ermitaña, uno de ellos en la parroquia de El Casar de Talavera y la otra en la ermita de Piedraescrita cuyos azulejos fueron cocidos en el siglo XVI.

De hace sólo unos años es un pequeño panel que se sitúa sobre la entrada principal de la parroquia de Garciotún, vestida con túnica, el pelo largo y sosteniendo la Cruz como símbolo de penitencia, y al fondo la iglesia del pueblo, en la que el día 22 de Julio se celebra a la santa con la muy interesante fiesta del Ramo en la que los mozos portan un ramo cónico de hojas y ramas de chopo adornados con frutas y banderas de colores. Se reparten tostones y albahaca y las mujeres cantan canciones de temas no siempre religiosos.

MARÍA MAGDALENA EN CERÁMICA DEL SIGLO XX DE C. GARRIDO EN EL TALLER DE EL CARMEN

En la iglesia de la Villa de Mombeltrán está representado en azulejos del siglo XVI el momento en que la Magdalena unge los pies de Jesús en la cena de Simón. Sobre la mesa se observa el tarro, un cuchillo y alimentos como pan y queso. Una escena similar se puede ver en la iglesia de Piedraescrita.

MAGDALENA UNGE LOS PIES DE JESÚS EN LA CENA DE SIMÓN. CERÁMICA DEL SIGLO XVI EN LA IGLESIA DE LA VILLA DE MOMBELTRÁN

Es patrona de los peluqueros, peineteros, fabricantes de perfumes y ungüentos, de los jardineros, de las prostitutas arrepentidas y de las mujeres seducidas. Se la ha invocado tradicionalmente al hacer los ungüentos para que tengan el efecto deseado y también es protectora contra la peste.

TALAVERA DESDE LA OTRA ORILLA EN EL SIGLO XVI ( 3)

7.-MURALLA DE LA ZONA DEL ACTUAL PUENTE DE HIERRO

Muralla en la zona del actual puente de Hierro y la Colegial
Muralla en la zona del actual puente de Hierro y la Colegial

La muralla ribereña se conserva mucho mejor que en la actualidad pues hoy día apenas un pequeño tramo del lienzo se mantiene aguas abajo del puente de Hierro.

También se percibe el inicio de de la barbacana justo al lado de la puerta de la muralla que se encontraba al final de la calle Jose Luis Gallo frente al puente de Hierro. Se ve arruinada con un torreón que la proteje pero con una senda que sube a ella desde la orilla del río Tajo.

Puerta de la muralla situada en la zona situada por delante del ambulatorio
Puerta de la muralla situada en la zona situada por delante del ambulatorio

Por detrás de la muralla estamos ante la parte más rica del caserío como se puede observar por las casas de varias alturas, dotadas algunas con galerías de arquillos rebajados en el último piso a las que ya nos hemos referido.

La colegial muestra sus arbotantes y el gran rosetón de la entrada, aunque la disposición de la fachada es bastante diferente que hoy día. No estaba construida la torre actual y solo tenía el templo una pequeña torrecilla situada más al este y al sur del templo. La otra torre alargada y almenada en su culminación parece más bien una de las torres de algún palacio señorial (Girones?) que se construyeron en las ciudades españolas durante el siglo XIV y XV. Más a la izquierda y marcado con una «Y» se ve un edificio de mayores dimensiones que los circundantes y que señala Van der Wingaerde como palacio de Juan Laca do Strado y que podría corresponder al palacio de Juan Duque de Estrada Aquí residieron personajes destacados, entre ellos Juan Duque de Estrada, caballero que participó en el cerco de Granada y una vez conquistada la ciudad, se le nombró embajador de los Reyes Católicos ante el Papa Inocencio VII.

La Colegial dibujada por Van der Wingaerde en el siglo XVI, obsérvese la torre diferente de la actual que se levantó en el siglo XVIII
La Colegial dibujada por Van der Wingaerde en el siglo XVI, obsérvese la torre diferente de la actual que se levantó en el siglo XVIII

Al norte, pero ya en el extrarradio de la ciudad señala el pintor con una «K» un edificio como «S Talm», aunque el parecido del edificio y lo que parece una espadaña nos recuerdan al edificio de Santa Apolonia, pero con el inconveniente de que debería haberla situado más al noroeste de la ciudad.

Muralla ribereña en la zona del lagar y entorno de los jeronimos
Muralla ribereña en la zona del lagar y entorno de los jeronimos

8.- MURALLA DE LA ZONA DEL LAGAR Y ENTORNO DE LOS JERÓNIMOS

Seguimos nuestro recorrido y vemos cómo el río casi lame la muralla, por lo que no parece que esa ribera permitiera el paso cómodo de viandantes entre el muro y el río. En uno de los lienzos del muro se observa más marcada la sillería primitiva de la muralla.

Al fondo se señala con una «D» la torre de la iglesia de San Miguel y por delante de ella lo que puede ser la fachada del convento de la Madre de Dios donde se enterró a Fernando de Rojas, autor que también señala en su testamento que era dueño de unas casas entre la Colegial y el río, que bien pudiera ser una de las que dibuja Van der Wingaerde.

Con una «C» se señala la iglesia de San Pedro que ocupaba hasta su derribo el solar de los actuales almacenes de «Moro».

En este tramo del río ribereño de la ciudad tenía el concejo regulada la pesca con caña, practicada especialmente por los fijosdalgo de la villa, como nos descubre Pedro Gayarre en su excelente trabajo sobre el urbanismo talaverano en la época. Vemos más adelante cómo en el dibujo aparecen varios personajes con caña al hombro en el puente.

Iglesia en obras del monasterio jerónimo de Santa Catalina, por delante el mal llamado claustro de los canónigos
Iglesia en obras del monasterio jerónimo de Santa Catalina, por delante el mal llamado claustro de los canónigos

La orilla del río en el tramo ribereño frente al monasterio de Santa Catalina nos muestra algunos datos curiosos. Aparece la puerta de Nazar aunque no se percibe la torre que se adentraba en el río para mediante una rueda de cangilones subir agua a una huerta de los frailes y que probablemente era sucesora de otra rueda musulmana similar a la Albolafia de Córdoba que aún hoy se puede ver restaurada y nos puede dar una idea de cómo era la de Talavera. Esa torre sin embargo sí se puede ver en una fotografía de Ruiz de Luna de principios del siglo XX.

Delante del edificio de la iglesia del monasterio se observa el claustro mudéjar de los jerónimos que perece actualmente víctima de la incuria de nuestra ciudad y sus gobernantes con el patrimonio y que erróneamente se ha venido en denominar «claustro de los canónigos»

La iglesia estaba siendo en el momento de hacerse el dibujo reparada en su techumbre con una curiosa grúa para ejecutar las obras.

La que pudiera ser puerta de nazar de la muralla, rematada por un casetón
La que pudiera ser puerta de Nazar de la muralla, rematada por un casetón

A la derecha, aunque es difícil la interpretación, podemos ver un tramo de muralla que podría corresponder al primer recinto y la placita con viandantes podría ser la que hoy conocemos como plaza del Reloj. Al fondo se puede observar el que sería segundo recinto amurallado. Señalada con una «x» se ve una gran torre fortificada que corresponde al palacio del capitán Salcedo.