FOTOS ANTIGUAS DE LA CALLE SAN FRANCISCO

Calle San Francisco desde la plaza del Reloj en los años 60
La calle de San Francisco con el café Español en los años 30
Calle de San Francisco con el Metro Chico a la derecha

FOTOS ANTIGUAS DE LA CALLE SAN FRANCISCO

Presentamos hoy en nuestra sección de fotos antiguas algunas de las que tienen como protagonista a la popular y comercial calle de San Francisco. También ampliamos algunos de sus detalles para ver tipos de la época y algunas curiosidades.

Calle San Francisco en fototografía de Ruiz de Luna
Calle San Francisco en fototografía de Ruiz de Luna

El primer nombre conocido de la calle San Francisco, según Pedro Gayarre nos dice en su obra sobre el urbanismo talaverano en el siglo XV y XVI, es el de calle de las Ollas, lo que nos habla ya entonces, antes del apogeo de la cerámica talaverana, de una importante actividad alfarera en la ciudad.

El nombre que más tiempo ha llevado esta importante arteria es el actual de calle San Francisco debido al convento que allí se alojó y cuya iglesia luego quedó como iglesia parroquial de Santa Leocadia y Santa Eugenia y luego simplemente iglesia de San Francisco.

Final de la calle San Francisco con la antigua torre del Reloj al fondo y detrás la torre albarrana del Arco de San Pedro. Principios del siglo XX

Aunque también llevó mucho tiempo el de Calle de la Zapatería o Zapaterías, actividad que hasta muy recientemente ha tenido varios establecimientos en la misma.

Durante algún tiempo se llamó en el siglo XIX calle de Pi y Margall, presidente de la primera república

Tipos a la puerta de un comercio a la entrada de la calle de San Francisco, junto a la plaza del Reloj
Tipos a la puerta de un comercio a la entrada de la calle de San Francisco, junto a la plaza del Reloj. Los niños y su actitud, especialmente la del de la izquierda, no tienen desperdicio. Se ve algún rótulo comercial, como el de la sombrerería Vidal

La calle de San Francisco ha sido siempre una calle eminentemente comercial, es esa calle central con numerosos comercios que hay en todas las ciudades españolas y que en muchos casos es la «calle Real» por ser en general vías de comunicación principales para el acceso a la ciudad.

Nuestra calle partía de la actual Cañada de Alfares, frente a la Trinidad. Su comienzo era una de las puertas principales del segundo recinto amurallado. la puerta de Toledo, llamada así por ser el acceso de los que venían a Talavera desde la Imperial Ciudad, y luego desde Madrid.  También tenemos que decir que en realidad finalizaba frente a la puerta principal del primer recinto murado, una puerta musulmana monumental llamada luego Arco de San Pedro, lo que apoya la importancia de esta calle en el entramado urbanístico histórico de nuestro pueblo.

Estos que van a a continuación son muchos de los comercios de la calle San Francisco que recuerdo, aunque algunos solo por referencias de otros talaveranos mayores que yo.

Acera este:

Bar Chico, hasta hace poco Calzados  Cortés, Comercio Casa Tomás, Fotos Lafuente, Teléfonos, Correos, Cine Coliseum, Club Taurino ( en el callejón junto al coliseum), Banco Central, Carrión, Mi Tienda, La Exposición, Pinilla, Casa Tene, Nicanor Flores

Acera Oeste:

Viuda de Cruz confitería, tejidos y confección Laureano Prieto, Óptica Poly, alpargatería La Carroza, tejidos El Paraíso, Ferretería Santa Cruz, Imprenta Ébora, Almacenes Imperio, Fotógrafo Antoranz, calzados Cortés. Banesto, Vargas, Estilo, Ramiro Gómez, Lamagrande, Ivarte, Círculo de Labradores (luego Banco Central)

Son curiosas las pequeñas tiendas adosadas a la iglesia que son además herederas directas de los tenderetes de palo y lonas que se instalaban pegadas a los muros y murallas durante la Edad Media para luego ir consolidándose como construcciones menos precarias.

Calle San Francisco en su extremo de La Trinidad.
Calle San Francisco en su extremo de La Trinidad.

Vemos los albañales discurrir por las calles entre el empedrado y los floridos balcones talaveranos que han cantado sus poetas, Rafael Morales y Joaquín Benito de Lucas. En la foto se ve al fondo el convento de la Trinidad y diversos personajes que deambulan a principios del siglo XX . Algunas tiendas exhiben  sus productos textiles a la puerta de los establecimientos.

En el detalle inferior vemos a dos de esos personajes rústicos con sus varas de vaqueros o tratantes, sus grandes fajas, su montera y sus blusones  bordados en la pechera que me sugieren a las que actualmente utilizan en Parrillas como traje tradicional.

Tipos con atuendo tradicional pasean por la calle San francisco

Plaza de San Francisco, antiguo bar frente a la torre de la iglesia
Plaza de San Francisco, antiguo bar frente a la torre de la iglesia

Esta es la parte de la calle frente a la torre de la iglesia de San Francisco en la que observamos un elegante bar de principios de siglo con los parroquianos en la terraza y frente a ellos la torre con un soportal de entrada hoy desaparecido y que puede ser el que que los frailes solicitaron  permiso al concejo para su construcción.

Iglesia de san francisco con el soportal hoy desaparecido
Iglesia de san francisco con el soportal hoy desaparecido

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En esta fotografía de la calle San Francisco tomada a la altura de la iglesia es una muestra magnífica de todo el patrimonio arquitectónico que hemos perdido en Talavera, casas de lujosa factura en esta vía

 

Clientes en la terraza de un bar en la calle San Francisco
Clientes en la terraza de un bar en la calle San Francisco a principios de siglo
Calle de San Francisco desde la entrada de la iglesia del mismo nombre
Calle de San Francisco desde la entrada de la iglesia del mismo nombre

principal, aunque coexistan con los albañales y el empedrado de las calles por donde transitan los carros y los animales de los que se ven algunos excrementos.

Asfaltando la calle San Francisco. Todavía está en pie al fondo a la derecha el convento de la Trinidad
La oficina de correos en los años 20

UN PASEO POR GUADYERBAS LAS BAJAS

UN PASEO POR GUADYERBAS LAS BAJAS

En la entrada anterior hablábamos del Guadyerbas en su tramo medio hasta llegar a los arenales del baldío de Velada declarado parque fluvial con los sotos del Guadyerbas y que podéis encontrar en la entrada de este blog:

PARAJES Y PAISAJES DE VELADA, Los Arenales de El Baldío y Sotos del Guadyerbas

Roltulo que indica que entramos en el parque fluvial de Guadyerbas y los arenales del baldío de Velada
Roltulo que indica que entramos en el parque fluvial de Guadyerbas y los arenales del baldío de Velada

Desde la desembocadura del arroyo de Riolobos en el Guadyerbas, se introduce el río en el Baldío de Velada, planicie conocida en la zona como Los Llanos de Velada. Tanto las riberas del Guadyerbas como esta llanura en apariencia esteparia han sido recientemente reconocidas por la Junta de Comunidades con la figura de Parque Fluvial por la peculiaridad y riqueza de su ecosistema.

Vale la pena recorrer los caminos que surcan el Baldío debido a que en algunos lugares nos dará la sensación por sus arenales de que nos encontramos en una playa, o en un desierto. Allí crecen plantas xerófilas específicas de suelos esteparios que bruscamente pueden dar paso a otros lugares donde crecen los helechos como si nos encontráramos en las húmedas laderas de Gredos. En otras ocasiones encontramos islotes de vegetación con bosquecillos de alcornoque acompañados de brezo o robles de buen porte. Si nos acercamos al Guadyerbas nos sorprenderá su tupida vegetación de ribera con fresnos, sauces, alisos, espinos o endrinos en parajes que constituyen toda una sorpresa, especialmente en las zonas de La Aliseda, La Fresneda, El Toril, o Casillas.

Pero sigamos con nuestro recorrido por el embalse de Navalcán y la parte más baja de su cauce hasta su desembocadura en el Tiétar.

NAVALCÁN Y SU ENTORNO

Restos del Dolmen de navalcán, casi siempre sumergido bajo el embalse
Restos del Dolmen de navalcán, casi siempre sumergido bajo el embalse

Desde el paleolítico dejaron los seres humanos huellas de su paso por estas tierras, y por ello se encuentran útiles de sílex en las orillas del Guadyerbas. En la Edad del Cobre se levantó el dolmen que actualmente se sitúa bajo las aguas del embalse de Navalcán. Sí que se pueden ver en el Museo de Santa Cruz de Toledo los dos grandes bloques de piedra de la entrada que tienen grabadas dos serpientes como también representaba un menhir hoy desaparecido que se encontraba en el reculaje del pantano. Los restos romanos y medievales completan el patrimonio histórico del entorno navalqueño. En la repoblación abulense de estos territorios Navalcán habría estado incluida en el Sexmo de Las Herrerías junto a otros lugares como Arenas de San Pedro o Ramacastañas para, a finales del siglo XIV, pasar con otras aldeas cercanas a formar parte del señorío de Oropesa, contra el que mantendría durante su historia numerosos pleitos por diferentes problemas sobre dehesas y aprovechamientos.

Partimos en esta excursión del muro del embalse de Navalcán y nos dirigimos por la orilla izquierda del Guadyerbas descendiendo a cierta distancia de las orillas, siguiendo por el borde de las elevaciones sin bajar hasta el cauce, pues las grandes piedras hacen más difícil andar por él. El sendero se hace más claro cuando giramos en dirección oeste.

Después de un tramo con grandes bloques rodados y pozas en el cauce, llegamos primero a los restos de los machones de mampostería de un puente que probablemente sostuviera una estructura de madera para permitir el paso. Siguiendo un sendero empedrado llegamos luego a un antiguo puente medieval cuyo arco, muy aplanado, parece ir a derrumbarse de un momento a otro y es el que se conoce en la zona como el “Puente Romano”. Algo más abajo observaremos aún los restos de los pilares de otro puente también de aspecto antiguo.

El llamado puente romano de sobre el Guadyerbas
El llamado puente romano de sobre el Guadyerbas

Cruzando el “Puente Romano” podemos acceder en la otra orilla y ver un viejo molino de agua que conserva su cubo y sus construcciones auxiliares de vivienda, cuadras, zahúrdas etc… Al norte, cerca de allí, se encuentra el yacimiento tardorromano de El Rondal.

El lugar es adecuado para la pesca del black-bass y también abundan los cangrejos americanos, tanto en las pozas del río como en la balsa posterior al puente, a la que dan sombra varios  álamos de buen tamaño donde se abre el valle del Guadyerbas en un paraje muy ameno.

Molino en el Guadyerbas por debajo del puente Romano
Molino en el Guadyerbas por debajo del puente Romano

En sus inmediaciones se encontraba una de las antiguas aldeas del entorno del actual pueblo de Navalcán en los primeros años de la repoblación cristiana, allá por el siglo XIII, Estos primitivos lugares poblados desaparecieron hacia el siglo XVIII, según dice la tradición, por una plaga de carcoma que asoló el caserío definitivamente. Se trata de la aldea de Guadyerbas las Bajas y hoy apenas quedan algunos restos, como un amago de calle delimitada por fresnos que se dirige hacia la iglesia, de la que apenas podemos vislumbrar grandes fragmentos de muros derruidos y construidos con argamasa, además de los cimientos y el arranque de los muros del templo cuando estaba en pie.

Horno de cal de guadyerbas todavía con la última carga de cal sin cocer
Horno de cal de guadyerbas todavía con la última carga de cal sin cocer

Desde allí nos acercaremos a un par de hornos que se encuentran al sudeste de la iglesia, el primero es un tejar situado sobre una pequeña elevación donde todavía se puede ver el horno propiamente dicho, que se completa con la era donde se extendían los ladrillos antes de cocerlos y la pila donde se amasaba el barro. También completa el patrimonio etnográfico de este rincón un calero u horno de cal en el que podemos ver la “boca de dar fuego” en la parte inferior y la “boca de cargar” en la parte superior. Por ésta se cargaba el horno con las piedras calizas del entorno para cocerlas y así hacer la cal. Tiene este horno la peculiaridad de haberse abandonado con toda su carga justo antes de cocerse.

Ruinas de la iglesia de Guadyerbas las Bajas
Ruinas de la iglesia de Guadyerbas las Bajas

Como vemos, todo un curioso patrimonio por el que es interesante curiosear en un entorno natural muy agradable de praderas y risqueras de granito a las orillas del río Guadyerbas. Desde aquí podemos subir por la carretera que vuelve al muro del pantano, desviándonos antes unos trescientos metros por el arroyo del Estanco que cruza la carretera, y que debe su nombre a una antigua presa que para algunos tendría origen romano. Volveremos después nuevamente a la carretera y llegaremos por ella a nuestro punto de partida.

El tramo que nos queda hasta la desembocadura en el Tiétar discurre entre prados donde pastan las vacas y los venados de las fincas colindantes en un paisaje con predominio del encinar.

EL GUADYERBAS ALTO Y MEDIO

EL GUADYERBAS MEDIO

Visitamos hoy el tramo alto y medio del río Guadyerbas con su paisaje y patrimonio. En parte recorrido por el mármol de Cibeles y Neptuno

El primer tramo del Guadyerbas discurre saltando en chorreras y casacadillas
El primer tramo del Guadyerbas discurre saltando en chorreras y casacadillas

El río Guadyerbas nace en El Piélago, lugar del que hablamos en otro capítulo. Es en este hermoso paraje donde el Padre Juan de Mariana habla de las mil fuentes que manan entre las cumbres de la Sierra de San Vicente. En aquellas umbrías se acumulaba la nieve en hondos pozos donde se llevaba en bolas o en caballerías y se helaba para luego dar buenos beneficios a los frailes del convento. Allí comienzan a unirse los regatos del deshielo entre prados frescos y tupidos rebollares donde hay una zona de esparcimiento y un campamento.

Es uno de los parajes más amenos de la comarca. Este río de resonancias árabes, “río de las hierbas” antes de despeñarse por chorreras hacia la presa pasa entre un conjunto de tres molinos de agua de los que uno de ellos es casi monumental pues tiene todo el edificio y el cubo fabricados en buena sillería. El primero es curioso porque mediante una presa que recorre la ladera recoge los regatos y el agua de escorrentía para mover después los tres artificios.

Estamos pues en el naciente del río Guadyerbas, y si es época lluviosa podemos dar un breve paseo por sus orillas viendo cómo desciende con bonitas chorreras y pequeñas cascadas.

Vale la pena también acercarnos a la presa y disfrutar del paisaje de su lámina de agua rodeada de robledales.

Presa del río Guadyerbas en Navamorcuende
Presa del río Guadyerbas en Navamorcuende rodeado de robledales y pinares

El río va descendiendo hasta un agradable lugar situado a sus orillas. En este paraje rodeado de fresnos y praderas se encuentra la ermita de Nuestra Señora de Guadyerbas, hoy convertida en pajar y de la que al menos desde el siglo XIII existen referencias históricas. Siempre tuvo fama la Virgen que acogía de buena intercesora para la lluvia: “Virgen de Guadyerbas, la hierba no nace/ y los corderitos se mueren de hambre/ Virgen de guadyerbas, la del manto azul/ enviadnos agua para todo el común”, como decían los lugareños en unas coplillas. Es en realidad la iglesia de una antigua aldea hoy despoblada, como sucedió con el también cercano lugar de Parraces, del que cuentan que fue abandonado porque alguien envenenó sus aguas.

Ermita del Guadyerbas cerca de Sotillo de las Palomas
Ermita del Guadyerbas cerca de Sotillo de las Palomas

El paisaje es sumamente agradable mientras vamos descendiendo el Guadyerbas: alcornoques de gran porte, tupidos encinares que se pierden en el horizonte,  ejemplares aislados de quejigo y de roble que enmarcan las praderas y cercados, y que nos hablan de una actividad mayoritariamente ganadera.

Junto al casco de Sotillo se mantienen las ruinas de un molino que funcionó durante un tiempo con una máquina de vapor cuando el caudal era escaso. Eran tiempos de escasez en la posguerra, pero el gasto de leña era tal que el invento fracasó. Va descendiendo el río junto a un cerro donde se halla una atalaya medieval en el paraje de Torrejón.

Molino en Guadyerbas junto a Sotillo
Molino en Guadyerbas junto a Sotillo

Grandes fresnos junto al Guadyerbas
Grandes fresnos junto al Guadyerbas

Paralelamente al río discurre la Cañada Leonesa Oriental. El paisaje es encantador, entre berrocales, prados y bosque mediterráneo solitario. La única compañía que se suele encontrar es el ganado bravo que en ocasiones pasta en las fincas colindantes por lo que debe caminarse con precaución.

Desde Montesclaros baja hacia el río la Ruta de la Cal que va uniendo los hornos en los que se cocía la cal, producto característico de esta localidad con el que se blanqueaban las viviendas de la comarca y se hacía la argamasa para utilizarla en la construcción.

Allí mismo se encontraba una cantera de mármol cuyos filones, fueron aquellos de los cuales en 1779 se arrancaron las moles de piedra con las que se esculpirían las esculturas de Cibeles y Neptuno de Madrid. Desde estas viejas canteras se observan otras más modernas todavía en explotación. Bajamos por el camino hacia el río continuando el mismo recorrido que siguió la materia prima de los emblemáticos monumentos madrileños, llegamos al Guadyerbas. Por su cauce se arrastraron sobre su arena los grandes bloques de mármol con el que se harían las dos esculturas hasta Velada para luego ser llevados hasta Madrid por un capataz con el significativo nombre de Pedro de la Paliza.

Podemos destacar en el recorrido otros dos viejos molinos desde hace mucho abandonados y una cercana Venta que daba servicio a los ganaderos trashumantes.

Nolino posiblemente romano junto a Riolobos
Nolino posiblemente romano junto a Riolobos

La cañada nos lleva hasta el Riolobos, un afluente del Guadyerbas que discurre por los términos de Mejorada y Velada. En sus riberas hubo también población romana y medieval, de las que sólo nos quedan algunos muros cubiertos por los sauces y el cubo de un antiquísimo molino que ya se nombra en documentos de principios del siglo XII, aunque los restos arqueológicos del entorno y el aspecto de su argamasa ha llegado a hacer pensar a algunos en el posible origen romano de ese artificio. Casi enfrente, pero en la otra orilla se encuentra el molino Burdías, único ingenio de la provincia que funcionó mediante una gran rueda gravitatoria de cangilones y siete metros de diámetro, parecida a la de las norias, que movía sus piedras, aunque hoy ha sido adaptado como vivienda.

La desembocadura de Riolobos en el Guadyerbas está cubierta de sotos muy frescos y agradables entre los que podremos practicar la pesca de bogas y barbos que suben en gran cantidad en las primaveras lluviosas. El Baldío de Velada con sus arenales comienza aquí, pero de ello hablaremos mañana.

CUATRO MAQUIS EN LA HUERTA DE MATAPULGAS: RELATO

CUATRO MAQUIS  EN LA HUERTA DE  MATAPULGAS

(Septiembre de 1946)

"Carlos " y "Lyón" los dos guerrilleros protagonistas del relato.
«Carlos » y «Lyón» los dos guerrilleros protagonistas del relato.

Nunca había creído en eso de que poco antes de morir te pasa por la cabeza la película de tu vida. Siempre pensó que eran cosas de curas para llamar al arrepentimiento a los más descreídos. Pero lo cierto es que, caído entre los surcos del maizal, mientras notaba que la sangre empapaba su chaqueta, le venían a la memoria fragmentos desordenados de su vida.

No sabía porqué, pero se acordaba de escenas que creía olvidadas en las que aparecía de niño corriendo por los prados de Asturias. No podía olvidar sus penalidades en el campo de concentración, su condena a muerte y el día que escapó del campo de concentración de los vencedores. Recordaba como si fuera ayer el momento en que el partido le encomendó la tarea de aglutinar a los elementos dispersos que luchaban en las sierras de la zona centro y Extremadura para formar la primera agrupación de guerrilleros antifranquistas. No había sido fácil, entre los hombres huidos de la represión en la Guerra Civil y los que, más tarde, habían decidido tomar las armas contra el régimen había militantes anarquistas y socialistas que desconfiaban de los manejos del partido. Otros, sin embargo, no querían perder su protagonismo personal y seguían una estrategia individual que rayaba a veces en el bandolerismo de supervivencia.

Mientras notaba un agudo dolor en el costado recordaba el aspecto serio, de hombre duro y curtido que tenía Quincoces, el guerrillero de Aldeanovita que tanto luchó por las sierras de La Jara. Qué diferente de Reguilón, el maestro nacional que se echó al monte y regó de propaganda todo el valle del Tiétar. Era un luchador del fusil y de la pedagogía que incluso consiguió organizar un pequeño taller de impresión en la casa del tío Quintín, guarda de La Calera, junto a Montesclaros. Le vino a la mente la figura alargada de Chaquetalarga, el guerrillero al que más querían y apoyaban las mujeres. O el Francés, que tanto dio que hablar por las sierras extremeñas hasta que cayó en una emboscada allá, cerca de Monfragüe. Hombres recelosos porque habían sido perseguidos como alimañas y a los que él mismo había conseguido hilvanar en una incipiente y frágil organización guerrillera que esperaba la victoria de los aliados para  ayudar desde el monte en la caída del  franquismo que creían inminente.

Talavera había sido la ciudad elegida como centro de operaciones. Cuantas veces había tenido que viajar con el Maquinista, ferroviario que conducía el expreso Madrid-Cáceres y que transportaba en el ténder de su locomotora hombres y armamento. También se acordó de Colorín el kioskero de Navalmoral de la Mata que les servía eficazmente de estafeta.

En el entorno de estos establos en el camino de Los Caños, se produjeron parte de los hechos narrados

Cuántas reuniones clandestinas en la taberna de la tía Patro, en esta ciudad de Talavera que al final iba a ser su tumba sin que nadie, ni siquiera el partido, se lo agradeciera. Qué paradoja, qué absurdo, el día que Lyon, ese médico o practicante , nadie lo sabía, metido a maquis, traía las órdenes de destituirle, ambos morirían junto a la huerta donde el tío Matapulgas tantas veces le había acogido cuando viajaba de un lado a otro del Tajo para enlazar las partidas de guerrilleros de una y otra sierra. No comprendía cómo pero había caído en desgracia ante el Comité Central. Tal vez la ruptura total de Reguilón con el partido y la caída del Francés tuvieran que ver con ello; la mala suerte hizo que en la garganta de Alardos muriera Tito, su sustituto en una refriega con la guardia civil. El hecho cierto es que Lyón, Julián, el comunista cubano que había venido a España a luchar contra Franco, y José, el hermano del Maquinista, habían sido encontrados por la brigada de información de Madrid.

La vista se le nublaba, quería huir pero no podía, le habían dado y también a Lyón, que durante unos segundos había gemido cerca de él. Entre las mazorcas de maíz que, en el septiembre caluroso de la ciudad del Tajo, esperaban a ser recolectadas vio aparecer un tricornio de los guardias civiles de Talavera que ayudaban a la policía política de Madrid en la cacería. Antes de morir escuchó el tableteo de una ametralladora y se preguntó si habrían cogido también a Julián y a José, mientras veía junto a su cabeza uno de esos zapatos viejos pero bien lustrados con betún que llevaba la polícia y que tantas veces había mirado mientras le golpeaban en los interrogatorios.

Jesús Bayón González alias Carlos, que fuera jefe de la agrupación de guerrillas Extremadura-Centro y Manuel Tabernero Antonio, alias Lyón y Robert, jefe de la 12  División Gredos murieron cerca de la estación de ferrocarril de Talavera de la Reina, en la llamada huerta de Machuca o del tío Matapulgas. Unas semanas antes habían sido atracados y muertos los pagadores de la empresa Huarte que en Madrid construía el estadio de Chamartín.

Jose Antonio Llerandi, alias Julián. La carta hallada a su madre llevó al final de Carlos y Lyón
Jose Antonio Llerandi, alias Julián. La carta hallada a su madre llevó al final de Carlos y Lyón

Las indagaciones realizadas llevaron al registro del domicilio en Ávila de la madre de Jose Antonio Llerandi alias Julián, donde se encontró una carta en la que indicaba la dirección a la que debía serle enviado el correo en la huerta de Talavera. La policía interroga a la hija del tío Matapulgas que descubre el escondite de los guerrilleros en la troje de otra huerta cercana. La Brigada de Información Central  pide ayuda a la guardia civil de Talavera y los rodean, Carlos y Lyón mueren  entre los maizales y Julián vuelve a la huerta de Matapulgas donde es arrestado y tras consejo de guerra es más tarde fusilado. José consigue llegar hasta un apeadero cercano al río Alberche y toma el tren hasta Madrid consiguiendo escapar.

Otros dijeron que solo escucharon los tiros, dos, el que dirigieron los dos maquis a sus cabezas antes de que les apresaran y les obligaran a delatar a sus compañeros.

Se produce con este hecho una caída en cadena de otros miembros del P.C.E. y de diferentes organizaciones vinculadas al partido comunista en Madrid, entre ellas la de los estudiantes universitarios y el impresor de La Estrella Roja. Para algunos, estos hechos fueron importantes en el cambio de estrategia que supondría el principio del fin de la resistencia armada organizada frente al franquismo en España, aunque incluso hasta finales de la década de los cincuenta quedarían partidas residuales como la de Veneno que continuarían actuando en el monte.

EL TAJO FRONTERIZO

EL TAJO FRONTERIZO

Un nuevo capítulo de «Ríos de Hstoria» en el que tratamos del Tajo como frontera entre cristianos y musulmanes en Talavera y su «korá» o provincia musulmana

Castillo árabe de Espejel junto al Tajo en Valdelacasa

Llama la atención de algunos arqueólogos el hecho de que siendo Talavera una importante ciudad musulmana, los restos que nos quedan de aquella Talabira pujante son relativamente pobres. Aventuran la hipótesis de que en la Edad Media, tanto en la época árabe como en la cristiana, los asedios, asaltos y razzias de uno y otro bando produjeron en varias ocasiones la destrucción de gran parte del caserío e incluso de parte de las murallas, por lo que son frecuentes los niveles arqueológicos de arrasamiento que se encuentran en las excavaciones. Los reyes castellanos, y sobre todo los leoneses como Alfonso I, don García, Ordoño II o Ramiro II atacaron Talavera en numerosas ocasiones, e incluso en “Las Mocedades del Cid” se hace referencia a que nuestro épico héroe nacional venció al jefe moro de Talavera.

La atalaya de El Casar vigila la vega talaverana

Nuestra ciudad tenía una gran importancia estratégica tanto en la defensa de la frontera del Tajo contra los cristianos como en el control que le encomendaron los califas cordobeses sobre la ciudad de Toledo, que en numerosas ocasiones se levantó contra ellos, atacando a la guarnición de Talavera que contaba para su defensa con aguerridos soldados bereberes. Incluso, en época tan temprana como el año 741, cuando se sublevan diferentes núcleos bereberes de la península, entre ellos el de Talavera, debe venir el general Baly ben Bisr al Qusayri para sofocar la rebelión con tropas árabes sirias, y aunque vence a los rebeldes en Guazalete, muere de resultas de las heridas recibidas. En el 795 vuelven a refugiarse en Talavera los bereberes sublevados en la zona de Ronda. En el año 857 los bereberes toledanos hacen una incursión hasta Talavera poniéndola sitio, tal vez en venganza por la matanza que hicieron los talaveranos en el clan de los Banu-Majsi de Toledo. En el año 951 Abderramán III se encuentra en Toledo y envía soldados a sofocar una nueva rebelión de bereberes.

Las torres albarranas de El Charcón en un dibujo de Enrique Reaño sobre grabado del siglo XIX

También fueron frecuentes los ataques a nuestra ciudad desde otros reinos taifas como el de Badajoz, cuando se fragmentó Al-Andalus. De hecho, es posible que las atalayas que salpican nuestro territorio no sólo vigilaran la llegada de las huestes cristianas, sino también la de las tropas de taifas enemigos. Estas atalayas aparecen en algunas crónicas árabes como “torres de señales”, ya que en ellas se encendían hogueras que con el humo avisaban a los talaveranos para que se protegieran refugiándose en el interior de la muralla.

La torre llamada del Polvorín, del segundo recinto amurallado

En la época cristiana Talavera hubo de resistir los frecuentes asedios de los almohades, los almorávides y los benimerines, estos últimos ya en el siglo XIII, por lo que no es extraño que sus habitantes decidieran construir las emblemáticas y magníficas torres albarranas que fortalecieron nuestros muros, además del segundo y tercer recinto amurallado. Es fácil deducir, por los diferentes aparejos de piedra que se observan en los lienzos de la muralla, que ha habido las numerosas reconstrucciones que los talaveranos se vieron obligados a hacer en algunos de los muros.

Durante uno de esos asedios los árabes destruyeron la presa de los molinos de Abajo para que, al descender el nivel del río, fuera más fácil acceder al interior de la villa, ya que las aguas lamían la muralla por su cara sur. Ya nos hemos referido a que precisamente en esa zona se encontraba la torre de Nazar que se introducía en el cauce del río.

No sería el agua de todas formas un gran problema en los asedios, por ser conocida desde antiguo la existencia de pozos en casi todas las viviendas de Talavera en el centro de sus casas-patio de clara tradición musulmana. Esos pozos se hallan en todos los estratos arqueológicos de la ciudad. Entre las leyendas locales relacionadas con los asedios destaca la de los pasadizos y túneles que pasaban al otro lado del río, pero que según parece formaban más bien parte del alcantarillado romano. En aquellos episodios bélicos destacaron los ballesteros cristianos de Talavera, famosos desde el medievo por su destreza con los arcos y ballestas.

Arco de herradura en la entrada al castillo árabe de Marco en Villar del Pedroso

Comienza la repoblación de los antiguos distritos árabes en que se dividía la tierra de Talavera, uno de ellos era Bask, la ciudad de Vascos junto a la desembocadura del Uso en el Tajo,  que abarcaría probablemente gran parte de La Jara, la Ladera (al-sanad) y la Vega (Al –fash) de nuestro gran río con las mejores tierras de cultivo. Esas zonas más ricas y cercanas a la propia ciudad estaban desde la época musulmana explotadas con cultivos de secano pero también con huertas. Era la árabe una civilización con gran dominio de la cultura del agua y que ha dejado en nuestro vocabulario castellano numerosas palabras relacionadas con la horticultura y la hidrología. La Talavera reconquistada muestra algunos topónimos heredados de esas explotaciones como la “almunia de la Reina”, la “huerta del Rey” y otras muchas.

EL TIÉTAR POR LA SIERRA DE SAN VICENTE Y EL BERROCAL

EL TIÉTAR POR LA SIERRA DE SAN VICENTE  Y EL BERROCAL

Seguimos hoy con el segundo tramo del Tiétar al paso del río por los pueblos ribereños de la Sierra de San Vicente y El Berrocal, con su naturaleza y patrimonio

El Tiétar, sigue descendiendo y deja a su izquierda los pueblos de la Sierra de San vicente como La Iglesuela. En esta zona el río es de singular belleza por discurrir entre un bosque de pinos autóctonos. Además, en estos parajes es muy abundante la cigüeña negra y un gran número de rapaces y otras especies de aves.

El Tiétar va cogiendo caudal de otras gargantas
El Tiétar va cogiendo caudal de otras gargantas

Descendemos después el Tiétar por su misma ribera si vamos andando, o por un camino que nos conduce a la carretera de Casavieja. Junto al puente de la carretera, río arriba, se halla otro puente más antiguo en un paraje muy ameno, donde podemos, como en el resto del trayecto fluvial, intentar pescar algún barbo, cachuelo e incluso black-bass.

Cárcavo de un viejo molino en el Tiétar
Cárcavo de un viejo molino en el Tiétar

En el descenso del río se adornan las orillas con algunas alisedas, saucedales, choperas y fresnedas, en los lugares, donde el regadío y las plantaciones de espárragos, no han deteriorado el bosque de ribera. También encontraremos tres ejemplares de molino de agua que dan un toque pintoresco al entorno, sobre todo el conocido como de Castillo construido en obra de buena sillería con un gran canal elevado.

Puente sobre el Tiétar en término de La Iglesuela
Puente sobre el Tiétar en término de La Iglesuela

En el valle del Tiétar, por el término de Lanzahita podemos encontrar zonas cultivadas que producen entre otros productos sus famosas sandías y sus carillas (legumbre de pequeño tamaño que presenta una mancha negra en el centro). Pero también podemos disfrutar de bellas dehesas con encinares y manchas de alcornoque o de roble, además de las solitarias orillas del río Tiétar con amenos rincones donde perdernos.

Caballos enjaezados después de cruzar el Tiétar en la romería entre Lanzahita y Hontanares
Caballos enjaezados después de cruzar el Tiétar en la romería entre Lanzahita y Hontanares

UNA ROMERÍA  QUE CRUZA EL RÍO

La fiesta más peculiar de Lanzahita es la romería, celebración de gran antigüedad que algunos datan en el siglo XVI y que basa su tradición en una curiosa leyenda. La imagen del Cristo de la Luz fue encontrada por un pastor cerca del vecino pueblo de Hontanares, en las proximidades del río Tiétar. Esta imagen fue llevada a Lanzahita, pare ser custodiada en la ermita de la Virgen del Prado, pero desapareció para ser hallada otra vez en el lugar de su aparición. Nuevamente se llevó a Lanzahita, pero volvió a aparecer en Hontanares. El pastor indicó que le había sido revelado que el Cristo debía estar en Hontanares, por lo que se le construyó una ermita en este pueblecito, hoy su iglesia. Los vecinos de Lanzahita olvidaron el culto a la imagen y todo tipo de desgracias cayeron sobre el pueblo, por lo que se volvió a recuperar la devoción al Cristo, llevando todos los años en romería un cirio que se bendice previamente en la ermita de la Virgen del Prado.

Ofrenda en la romería entre Lanzahita y Hontanares
Ofrenda en la romería entre Lanzahita y Hontanares

La fiesta está declarada de interés turístico regional y durante ella los caballistas y carruajes engalanados van hasta el Tiétar acompañando al cirio tradicional. El último tramo del camino se hace a la carrera en un espectáculo lleno de alegría y colorido y, después de la procesión con el Cristo por las calles de Hontanares se hace una comida campestre a orillas del río. 

Molino de Castillo en el Tiétar
Molino de Castillo en el Tiétar

El entorno de Buenaventura es muy ameno con sus dehesas, los bosques ribereños del Tiétar y otros parajes de interés, como son la charca de la Margañona, desde donde subiremos al oeste del caserío y a la que podemos acceder siguiendo el arroyo de Pedro García que va saltando en pequeñas cascadas, como lo hace el arroyo que baja desde Navamorcuende en el paraje de las Chorreras, por donde podemos subir en un recorrido que nos lleve al pueblo vecino.

Tiétar a su paso por el término de La Iglesuela
Tiétar a su paso por el término de La Iglesuela

PIONEROS DE LA JARA

PIONEROS DE LA JARA

Cumbres de La Jara Alta y su monte cerrado
Cumbres de La Jara Alta y su monte cerrado

Rodrigo estaba ya cansado de los abusos del señor. Él amaba la aldea donde nació pero el día que, no pudiendo pagar al conde, recibió en la cara un golpe con la fusta de uno de sus soldados, decidió que para morir de miseria no hacía falta engordar a nadie y que él y su familia podían iniciar una vida tan miserable pero menos humillante en otro lugar. Cogió los cuatro trastos, los envolvió en una manta y andando con sus cuatro hijos y su mujer se encaminó hasta Talavera. Había oído decir que en la tierra de esta villa no ponían muchas trabas para asentarse en sus montes de La Jara y cruzó el Tajo buscando un poco de libertad.

Contaban con dos costales de centeno y unos cuantos panes para comenzar una nueva vida dominando un pedazo de las duras tierras jareñas. Su primo Leonardo había llegado a la zona dos años atrás y tal vez les echara una mano hasta que se pudieran mantener por sí mismos. Llegaron en marzo y Rodrigo no perdió el tiempo, trabajando con su hijo mayor de sol a sol con el gruñido del hambre en el estómago, fue limpiando de piedras y zarzas un cachillo tierra que se encontraba junto al arroyo. Había que hacer rápidamente un huerto que ese verano les diera algo de comer. Con las pizarras del arroyo fabricó una pequeña presa que las lluvias de primavera destruyeron en dos ocasiones, pero él no se amilanó. Con el barro y los juncos de las orillas volvió a restaurarla y a excavar un canal de veinte varas que llevaba el agua hasta su embrión de civilización. Tuvo que cerrar con ramas el huerto porque por las noches los jabalíes destrozaban los cultivos pero, a pesar del granizo que cayó en mayo, consiguió algo que llevar a la boca de los suyos.

La montonera en la Edad media
La montonera en la Edad media

Cuando no estaba en el huerto se le veía en la raña rozando el suelo de las tierras labrantías, sudaba arrancando jaras y cortando chaparros con su astraleja. Tenía que conseguir limpiar de monte la tierra suficiente para sembrar pan. Su centeno esperaba la sementera, y ojalá el año fuera bueno. Rodrigo no quería ni pensar en lo que sucedería si se arruinaba esa primera cosecha, la idea de su familia mendigando le revolvía las tripas.

De vez en cuando, su primo Leonardo se acercaba por allí con las cabras y siempre tenía un poco de leche o de queso que dar a sus hijos. Un día le comentó que la soledad de la majada no era buena y que tal vez algún día se bajara de la sierra para vivir junto a Rodrigo y su familia sin miedo a los osos, a los lobos y a los golfines.

El pan negro de su primer centeno les supo a gloria bendita, quizá ya no tuvieran que comer gachas de bellotas para matar el hambre. Su hijo Martín tenía una habilidad especial para cazar conejos con los lazos y las losas. Desde pequeño había mostrado curiosidad por ver cómo su padre colocaba las lanchas de piedra con un cebo y el palito que las sostenía en el justo equilibrio hasta que los pequeños animales la hacían caer atrapándolos. Otras veces se iba al río y colocaba en las chorreras sus cañales que se llenaban, sobre todo en primavera, de barbos, bogas y cachuelos. Con todo esto y algún corzo que de vez en cuando cazaba con su ballesta Rodrigo conseguían algo de chicha en el puchero.

La Jara desde las minas de oro de Sierra Jaeña

Un buen día llegaron dos nuevas familias. Rodrigo miró las manos de los hombres y supo que eran gente de bien, gente que como él querían arrancar un poco de vida a esas tierras rojas. Su hermano Leonardo ya se había acercado a vivir con ellos y había levantado la choza junto a la suya en un par de días. La alquería iba creciendo y las mujeres tenían con quien hablar. Entre todos limpiaron una vieja fuente que habían abandonado los pastores y ya no tuvieron que ir más hasta el arroyo a por agua con la borrica. A veces Leonardo sacaba su rabel, el que había hecho con una raíz de fresno, una piel de cabra, y unas crines de caballo y tocaba alguno de esos romances que había aprendido de los serranos que pasaban por el cordel con sus ganados hacia Extremadura. En una ocasión cambiaron una piel de oso por un pellejo de vino y hasta bailaron siendo felices por unas horas.

Monummento a los repoblacores medievales en Alcaudete
Monummento a los repoblacores medievales en Alcaudete

Los días pasaban despacio, las mujeres habían cultivado algo de lino en las navas frescas de la sierra y lo tejían para vestir a los suyos. Un día Herminia le dijo a Rodrigo que ya estaba bien de dormir en la choza, que a ver cuando empezaba a hacerla la casita que había prometido años atrás. Rodrigo fue construyendo de barro y pizarra la ilusión de su mujer y todos los hombres de la alquería fueron un día al río para cortar el álamo más recto que hubiera para viga maestra de la humilde mansión. Primero la techarían con retamas y jaras pero, en cuanto la cosa estuviera un poco mejor, irían al tejar más cercano y Herminia podría tener un techo de verdad. Los cerdos y las gallinas andaban ya con su bullicio rodeando la alquería.

Un día pasaron por allí gentes del concejo de Talavera que les reprendieron por haber cortado unas encinas. Al poco tiempo recibieron órdenes de la villa para que los once vecinos de la aldea hicieran población y que la población se haga junto al arroyo de los Espinos, y que en medio de la población hagan una iglesia y dejen sitio para cementerio y junto a ella lugar para la plaza que sea buena y ancha, y que las casas que se hicieran en el dicho lugar salgan las bocas de ellas a la dicha iglesia y plaza. Y que las casas que cada vecino haga sean de ocho tapias en largo y en ancho, con su corral, quince tapias, y que las tales casas vayan por orden una junta a otra y dejen de anchura a las calles que pueda pasar una carreta y más.

Todo lo cumplieron Rodrigo y sus vecinos, pronto llegó el cura beneficiado del pueblo más cercano por orden de la parroquia madre del lugar en Talavera. Un buen día se reunieron los vecinos y se dieron cuenta de que no tenían patrón en el pueblo. Metieron cuatro o cinco nombres de santos en un sombrero y el que extrajo la mano de Rodrigo sería desde entonces festejado por los vecinos.

Había nacido un pueblo.

NUESTROS RÍOS: TIÉTAR, PRIMER TRAMO

NUESTROS RÍOS: TIÉTAR, PRIMER TRAMO

Comenzamos hoy una nueva serie sobre nuestors ríos en la que haremos un recorrido por sus cauces y con los elementos culturales y naturales que se ven en sus inmediaciones.

El Tiétar nace en la Venta del Cojo
El Tiétar nace en la Venta del Cojo

Hoy comenzamos a recorrer uno de los ríos más importantes de nuestra comarca. Se trata del río Tiétar, que nace en el límite entre las provincias de Madrid y Ávila, cerca de la carretera nacional 501 y justo en la frontera de los términos de Santa María del Tiétar y Rozas de Puerto Real. La carretera discurre por el trazado de la antigua Cañada Leonesa Oriental y junto a ella se sitúa la Venta del Cojo, que daba servicio a los ganaderos trashumantes y en cuyo entorno brotan los manantiales que darán los primeros caudales a nuestro río.

Santa María del Tiétar, antes Escarabajosa, y Sotillo de la Adrada, los primeros pueblos del valle del tiétar
Santa María del Tiétar, antes Escarabajosa, y Sotillo de la Adrada, los primeros pueblos del valle del tiétar

Durante gran parte de sus ciento cincuenta kilómetros discurre al sur de la sierra de Gredos, de la que recibe por su orilla derecha el caudal de las gargantas de la sierra, mientras sirve de frontera entre las provincias de Ávila y Toledo, para adentrarse más adelante en Cáceres, donde desemboca en el Tajo, recorriendo antes la comarca de La Vera.

Casillas y Sotillo de la Adrada son los primeros pueblos del señorío de La Adrada que vamos a encontrar en nuestro recorrido por el Valle del Tiétar, cuya cabeza, La Adrada, fue capital del estado al comienzo de la Edad Media.

Castillo en la cabeza del señorío de La Adrada por cuyos pueblos discurre el Tiétar en su cabecera.
Castillo en la cabeza del señorío de La Adrada por cuyos pueblos discurre el Tiétar en su cabecera.

En 1393, el condestable de Castilla y corregidor de Ávila don Ruy López Dávalos recibió del rey Enrique III un gran señorío al sur de Gredos que incluía lugares tan lejanos como La Adrada, Arenas de San Pedro, Castillo de Bayuela o Puebla de Santiago del Arañuelo, muy cerca ya del Tajo en las proximidades del actual pueblo de Valdeverdeja. En 1422 le son confiscados estos territorios y de ellos La Adrada, Arenas y Bayuela pasan a formar parte de los extensos territorios del otro condestable, don Álvaro de Luna como herencia de su mujer. Tras su ejecución por orden del Rey, Bayuela y Arenas siguen en poder de su esposa la “Triste Condesa”, ya que habían sido recibidos por ella en herencia de su padre, pero La Adrada y los pueblos que formaban el estado (Sotillo, Casasviejas, Casillas, Fresnedilla, Piedralaves e Iglesuela) los recibe don Beltrán de la Cueva como donativo de Enrique IV. Pasará todo este territorio a manos de su segundo hijo don Antonio de la Cueva y Mendoza, separándose así del señorío de Mombeltrán en manos del duque de Alburquerque, hermano mayor de la familia.

Apenas un hilo de agua es el Tiétar a su paso por Sotillo de la Adrada, pero el río discurre por los agradables parajes del puente Mosquea sobre el Tiétar y el puente Chico sobre un pequeño afluente en la orilla izquierda. Aguas abajo, donde la carretera de La Iglesuela cruza también el río, se encuentra la puente Mocha, otro pintoresca construcción medieval. Todo el recorrido discurre entre pinares muy amenos en un trazado llano muy agradable.

Puente Mosquea sobre el Tiétar
El Puente Mosquea y la Puente Mocha son dos magníficas obras  sobre el Tiétar

Puente Chico sobre un afluente cerca del tiétar
Puente Chico sobre un afluente cerca del tiétar

Al término de gavilanes se une en el siglo XIX el de la aldea de Las Torres, la más vieja población del lugar que queda así desierta desde entonces.

Ruinas de la iglesia del despoblado de Las Torres, uno de los primeros núcleos habitados del valle del Tiétar
Ruinas de la iglesia del despoblado de Las Torres, uno de los primeros núcleos habitados del valle del Tiétar

Al despoblarse el núcleo cercano al ríode las Torres en 1773 situado  , el altar mayor de la iglesia se trasladó a Mijares.

El Tiétar es en este primer tramo poco caudaloso pues todavía ha recogido el caudal de pocas gargantas. Alamos, blacos, alisos y sauces festonean sus riberas que a veces son muy intrincadas en su vegetación y llegan a formar galerías. Suele en verano detenerse el río en pozas a veces muy extensas y al final empiezan a aparecer las primeras rocas graníticas y los primeros playazos por arrastre de las arenas graníticas de Gredos.

El Tiétar adolescente comienza a recorrer su valle
El Tiétar adolescente comienza a recorrer su valle

Alamedas, alisedas y saucedales festonean sus orillas
Alamedas, alisedas y saucedales festonean sus orillas

Los cultivos de regadío con espárragos y maizales comienzan a aprovechar sus aguas
Los cultivos de regadío con espárragos y maizales comienzan a aprovechar sus aguas

«RÍOS DE HISTORIA» EL TAJO MORO ( y 2)

«RÍOS DE HISTORIA» EL TAJO MORO ( y 2)

Torre medieval de Alcaudete, actual casa del cura
Torre medieval de Alcaudete, actual casa del cura

También se fortificaban los lugares estratégicos que dominaban los ríos y arroyos de nuestra comarca instalando torres, torrejones, torrecillas y atalayas distribuidas por toda la geografía comarcana. Es el caso de la torre de Alcaudete defendiendo el valle del Jébalo, de la de Navalmoralejo defendiendo la entrada del valle del arroyo Andilucha.

No vamos a entrar en una detallada descripción del recinto amurallado árabe, el que hoy conocemos como primer recinto amurallado y que tiene diferentes tipos de torres (semicirculares, cuadradas..) y puertas como el Arco de San Pedro, la de Mérida o la del Río) pero sí podemos señalar que la zona de la muralla que linda con el Tajo conserva restos en su parte occidental, junto a la Portiña, aunque los restos de las torres albarranas que se conservan en la zona de la calle de La Lechuga son ya de época cristiana. Sí se conserva un tramo de un lienzo que se sitúa junto al puente de Hierro que conserva la salida de una tarjea de probable origen romano. Entre el puente de hierro y el puente Viejo, sí que existía sin embargo una torre todavía visible en las fotosy en los grabados antiguos que se introduce en el cauce del río un poco al oeste del lagar de los jerónimos (museo Etnográfico) y que sostenía una rueda de  arcaduces que elevaba el agua del río a la ciudad en época musulmana y más tarde a una huerta del monasterio jerónimo. Se trata de la puerta de Nazar, muy similar a la que todavía se mantiene en pie en Córdoba bajo el nombre de la Albolafia, era un artificio movido por la propia corriente para elevar el agua muy similar a la que había también en Toledo en la zona de Safont y que aparecía en los cuadros del Greco y que también ha sido recientemente restaurada. Si seguimos el recorrido aguas arriba  nos encontramos el puente Viejo que aunque no conozcamos referencias históricas de época árabe, ya existía en época romana.

Torre musulmana del castillo del Cerro de San Vicente

Es posible que el azud que daba agua al molino que se situaba en el primer ojo del puente sirviera también para inundar la barbacana en caso de asedio por los cristianos y que también existieran tanto la presa que alimenta a los molinos de Arriba en Palomarejos, como la que lleva la corriente a los actuales molinos de Abajo. Lo mismo sucede con los molinos y batán de Cabañuelas, de los que tenemos referencias en documentos muy tempranos posteriores a la reconquista, por lo que igual que los anteriores existirían con toda probabilidad en época musulmana.

El la torre más occidental del alcázar talaverano podemos aún hoy ver el hueco donde se encastraba una placa de mármol en la que se conmemoraba el fortalecimiento de las murallas árabes de Talabayra por Abderramán III, aunque el pueblo había querido ver en aquella inscripción con escritura cúfica otro mensaje: «Cuando el Tajo llegue aquí, Talavera ¡ay! de tí» condicionado por el temor que desde hace siglos han tenido los talaveranos por las grandes crecidas del río. Esa placa de mármol fue llevada a la Real Academia de la historia por el propio ayuntamiento a petición del erudito decimonónico Luis Jiménez de la Llave privando de este importante elemento histórico y arqueológico a la ciudad, aunque hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional

2-Placa fundacional de la alcazaba árabe Talavera que conmemoraba su construcción por Abderramán III
2-Placa fundacional de la alcazaba árabe Talavera que conmemoraba su construcción por Abderramán III

Muy cerca de allí estaba la fuente que daba nombre a la actual Ronda del Cañillo, fuente que es también muy probable que condicionara la instalación aquí del alcázar árabe por facilitar el abastecimiento de agua potable y no en zonas más elevadas como por ejemplo la cuesta de San Clemente. Esa fuente se denominó durante algún tiempo fuente de Tetuán, no por ninguna causa de época musulmana sino por hechos de las guerras del norte de -Africa en el siglo XIX.

La llamada fuente de Tetuán, junto a la alcazaba, en la Ronda del Cañillo
La llamada fuente de Tetuán, junto a la alcazaba, en la Ronda del Cañillo

Otro hecho curioso para reseñarlo es el gran parecido que tiene el perfil ribereño de nuestra ciudad  con la propia Córdoba, capital del Califato, de la que Talavera fue siempre aliada con sus tropas bereberes contra la levantisca Toledo. En Córdoba incluso había una puerta de Talavera al norte de su casco antiguo que daba nombre a la salida de la ciudad hacia Talabayra, la ciudad que los propios árabes llamaban «la ciudad más al norte de Al-Andalus, en la frontera con los politeÍstas» es decir con los cristianos, que eran llamados así por los musulmanes por creer en la Trinidad y en los santos.

Motivos decorativos de cerámicas árabes talaveranas según trabajo de Alberto Moraleda
Motivos decorativos de cerámicas árabes talaveranas según trabajo de Alberto Moraleda

Ese perfil con el puente romano en los dos casos, los molinos varados en el río, la albolafia o la rueda de la torre de Nazar y los perfiles de la colegial y su catedral con el edificio de San Prudencio con gran parecido con las torres cordobesas de la catedral-mezquita.

El acceso principal se realizaba por una doble escalinata de piedra  mientras que un postigo, en la parte opuesta, daba acceso al río. Entre sus dinteles y sillares se hallaron numerosas lápidas sepulcrales romanas. La planta del alcázar es rectangular con unas dimensiones aproximadas de 86×64 metros. Las excavaciones realizadas a la puerta de la alcazaba demostraron la existencia de un habitat tardorromano anterior de cierta importancia.

RÍOS DE HISTORIA: EL TAJO MORO

ÍOS DE HISTORIA: EL TAJO MORO

Torre de Nazar, donde se situaba la rueda que subía agua a la ciudad
Torre de Nazar, donde se situaba la rueda que subía agua a la ciudad

La primera referencia al Tajo aparece en las crónicas árabes en un episodio que se produce al inicio de la invasión musulmana cuando se produce cerca de nuestro río el encuentro entre Muza, que ordena desde el norte de África la invasión de España y su lugarteniente Tarik, el jefe de sus tropas y esclavo liberado por el propio Muza. Ese encuentro aparece en algunas crónicas como sucedido en Talavera y en otros estudios aventuran la posibilidad de haberse producido el encuentro más bien en la zona de Albalat, asentamiento árabe cercano al puente de Almaraz, aguas abajo de Talavera.

En dicho encuentro que también aparece en relatos literarios como en las Crónicas Moriscas de Washington Irving: «tan pronto como Tarik supo que Muza se aproximaba a la ciudad, salió para encontrarlo en Talavera, acompañado muchos de sus más distinguidos compañeros de armas, llevando consigo una recua de caballos y mulas cargados con un gran botín, mediante el cual pensaba conciliar el favor de su jefe…Así pues, cuando Tarik estuvofrente a él, Muza lo observó durante unos instantes con severo e indignado semblante. ¿Por qué has desobedecido mis órdenes?…

Foto de Ruiz de Luna del río en los años 20 con la muralla árabe ribereña del Tajo
Foto de Ruiz de Luna del río en los años 20 con la muralla árabe ribereña del Tajo

He procedido de esa forma -le replicó Tarik- porque pensé que así serviría mejor la causa del islam y colmaría tus deseos. Cuanto he realizado ha sido en calidad de servidor tuyo. Contempla tu parte como comandante en jefe que eres del botín que he reunido

Así diciendo descubrió el inmenso tesoro en oro y plata y costosas blancas y piedras preciosas que traía. 

Cuentan algunos cronistas que Muza golpeó a Tarik con su látigo y lo destituyó, aunque luego hubo de restituirle en su puesto por orden de Damasco. Entre las riquezas que Tarik presentó a Muza cuentan otras leyendas que se encontraba la mítica mesa del rey Salomón la mayor joya conocida por sus metales y piedras preciosas que el general musulmán arrebató a los reyes godos de Toledo.

También los viajeros árabes nos dejaron descripciones de nuestra ciudad en la que aparecen algunos aspectos relacionados con los ríos y el agua. es el caso de la descripción que hace de Talabayra el geógrafo Al-Idrisi:

Lucerna o candil árabe de Talavera
Lucerna o candil árabe de Talavera

Talavera es una gran villa construida en la orilla del Tajo; el castillo está perfectamente fortificado y la villa es notable por su belleza, extensión y la variedad de sus producciones. Los bazares son dignos de verse y las casas están agradablemente dispuestas. Un gran número de molinos se elevan sobre las aguas del río. Capital de una provincia importante, Talavera está rodeada de campos fértiles. Sus barrios son hermosos y antiguos y se encuentran allí monumentos de remota antigüedad. Está situada a setenta millas de Toledo. La villa de Toledo, al oriente de Talavera, es una capital no menos importante.

Esos molinos de los que habla este cronista son los mismos sobre los que más tarde se asentarían los actuales. Se trata de aceñas, los grandes molinos de rueda vertical que iremos viendo a lo largo del río con sus característicos tajamares entre los que se sitúa la rueda que luego, mediante el cambio del movimiento vertical en horizontal mediante un engranaje conseguía mover las piedras. Todavía no se habían extendido los molinos de cubo en los pequeños ríos y las venerables aceñas centralizaban toda la molienda.

Rótulo de la calle del Baño de Talavera
Rótulo de la calle del Baño de Talavera

También se nos habla de los baños árabes de Talavera donde todavía nos queda una referencia en la calle del Baño. Estas y otras instalaciones balnearias eran las herederas de las romanas y la cultura musulmana les las desarrolló en todas sus ciudades, como es el caso de los baños cuyos restos permanecen todavía en pie en el arroyo de la Mora en la ciudad de Vascos.

Los árabes desarrollaron toda una cultura del agua de la que por ejemplo en el idioma castellano nos han quedado numerosas palabras que sería largo enumerar pero entre las que podemos poner como ejemplo la propia aceña, el azud o presa, acequia, albañal, aljibe, noria…

También podemos encontrar numerosos rastros del árabe en la toponimia de nuestros ríos y arroyos, como es el caso del Alberche, Guadyerbas, Guadalupejo, Gualija, Guadarranque, Albaladiel, Guadmora,palabras todas ellas de origen musulmán, aunque algunas como Guadhierbas ya son mixtas pues contiene elementos árabes -guad y castellano -hierba como el de algunas huertas y parajes de nuestra vega como Aldahui, Alijar, Aflejes, Alcoba, Alija, Allozar, Mencachón (Ben-Cachón), Allozar, Almofrague, Baharil.O pueblos como Alcaudete, «Nava-Almorcuende», Alía, Azután,Garvín, Alcolea, Mohedas o Marrupe, que para algunos significa «masar-ar-rubait» o «molino de la pequeña rápita», otro topónimo acuático etc.

Tinaja con insrcripción en árabe hallada en la puerta de la muralla musulmana del Arco de San Pedro. Según dibujo del siglo XVIII

Muchas de esas palabras también están condicionadas por la fuerte presencia de la población mozárabe en la zona, cuya prueba más importante es que después de la reconquista a esa población se le permitió en Talavera seguir rigiéndose por el Fuero Juzgo, la antigua normativa de esos cristianos arabizados culturalmente que vivían en territorio musulmán.
Otro de los elementos de la herencia musulmana están relacionados con las murallas de una ciudad como Talavera, capital, como dice Al Idrisi, de una provincia importante, un «iqulim» o comarca que era independiente de Toledo y tenía su propio gobernador y su juez o cadí cuya población dependía de Talabayra, ciudad con una gran importancia estratégica pero que se hallaba en un llano, junto a un río y que por tanto el mismo debía formar parte de su sistema defensivo, además de las murallas que los árabes hicieron mayores y más fuertes.

Es conocido que para hacer más difícil el asalto a la ciudad en el recinto amurallado ribereño se dispuso que un azud desviara el agua del río para inundar la barbacana bajo las murallas y que así se defendiera mejor la ciudad. El problema es que con toda probabilidad ya existía entonces la presa de los molinos de Abajo reteniendo el agua para mover las aceñas y que cuando en cierta ocasión se asediaba la ciudad, bastó con romper esa presa para que bajara el nivel de las aguas y así poder asaltar Talavera con mayor facilidad.