ALGUNAS PINCELADAS SOBRE ARQUITECTURA TALAVERANA

ALGUNAS PINCELADAS SOBRE ARQUITECTURA TALAVERANA

Vista de los pintorescos pórticos de la plaza del Reloj y la corredera en foto de Ruiz de Luna, donde se observa a la izquierda la antigua torre del Reloj. A principios de siglo todavía se conservaba una característica arquitectura vernácula.
Vista de los pintorescos pórticos de la plaza del Reloj y la Corredera en foto de Ruiz de Luna, donde se observa a la izquierda la antigua torre del Reloj. A principios de siglo todavía se conservaba una característica arquitectura vernácula.

Mohamed Al-Idrisi comentaba hace mil años cómo nuestra ciudad «es notable por su belleza», que «sus barrios son hermosos y antiguos» y «las casas están agradablemente dispuestas». Tal vez sea ésta la época de mayor pujanza e importancia relativa de Talavera entre las ciudades de la península.

Otra época de esplendor es el siglo XVI, la pequeña nobleza local es muy influyente y construye nunmerosos palacios y casonas que adornan las calles talaveranas. Dicen los vecinos en tiempos de Felipe II: «Las casas del pueblo son de buenos edificios de calicanto y ladrillo y otras de tapias con dos rafas de ladrillo bien edificados. Los pertrechos son de la misma tierra y las maderas se traen de los lugares del Colmenar y de Arenas que están a siete u ocho leguas.»

Esta primera descripción histórica sitúa  las tradiciones arquitectónicas de la ciudad dentro del mudejarismo, de la tradición musulmana que todavía se deja ver en muchos de nuestros edificios. Cal y cantos rodados además del tapial y el ladrillo configuran los aparejos más frecuentes en los paramentos de las viviendas. La mayor parte del granito es probablemente reaprovechado de los edificios antiguos romanos y árabes, ya que las zonas de donde se podía extraer la piedra se encuentran relativamente alejados, en el Berrocal, es decir en las sierrecillas próximas a Mejorada, Segurilla y Pepino.  Es esta la primera causa de la destrucción paulatina que irá sufriendo nuestro patrimonio, especialmente las murallas, ya que en la arquitectura popular es una constante el aprovechamiento de los materiales más cercanos.

Es realmente hermosa la vista de Talavera dibujada por Van der Wingaerde en 1567, en ella se aprecia un caserío homogéneo con pequeñas casitas de un piso en los populares barrios de los arrabales y una villa donde rodeadas por la muralla se observan edificaciones algo más pretenciosas de dos, incluso tres pisos con  bonitos corredores cubiertos en el nivel superior.

Vista de Van der Wingaerde del caserío talaverano en el siglo XVI con la capilla mayor de Santa catalina en construcción.
Vista de Van der Wingaerde del caserío talaverano en el siglo XVI con la capilla mayor de Santa catalina en construcción.

Viviendas distribuidas en su interior en torno a un patio con un pozo y conformando la más característica construcción talaverana, la casa-patio,  en la que una vez más podemos percibir la influencia musulmana en nuestra cultura, una disposición que se adapta además perfectamente a las tórridas temperaturas estivales de la ciudad. En este dibujo se observan incluso algunas torres que adornan los palacios de las clases dominantes y los campanarios y espadañas de las muchas iglesias y conventos que emergen del caserío.

Al cierre de la Real Fábrica de Sedas en el siglo XVIII sigue la Guerra de la Independencia en la que se llegan a dinamitar centenares de viviendas y con la que la decadencia de Talavera es ya un hecho consumado.

El ansia desarrollista del siglo XIX hace que se considere a las murallas y a los cascos históricos de las ciudades como una rémora, un obstáculo para el progreso y por ello se destruyen murallas y monumentos sin ninguna clase de prejuicios.

Vista aérea de la zona de Ronda del cañillo en los años 60, justo antes del boom urbanístico
Vista aérea de la zona de Ronda del Cañillo en los años 60, justo antes del boom urbanístico

Aún así, es tanto el patrimonio de una ciudad bimilenaria como Talavera que todavía durante el siglo XX se conservan numerosas edificaciones significativas y edificios de calidad más o menos reconstruidos y parcheados hasta que en los años sesenta y serenta la explosión demográfica que sufre la ciudad en un periodo muy corto de tiempo, la especulación con ciertas connivencias interesadas, y claros rasgos de caciquismo  remanente en una población tan ruralizada como Talavera, unido todo ello a las escasas posibilidades que el franquismo permitía para la concienciación y movilización ciudadana en este como en otros problemas. La destrucción urbanística y el ladrillo visto causaron entonces los estragos que hoy padecemos,

No vamos a hablar aquí de los dislates arquitectónicos y urbanísticos más recientes, pero para ello aconsejamos al lector entrar en nuestra sección “Museo de los Horrores”.

En este palacio desaparecido de los marqueses de Aravaca se observa la galería superior sobre arcos carpaneles frecuente en los edificios talaveranos desde el siglo XVI

PASTORES DEL ALTO GREDOS

PASTORES DEL ALTO GREDOS

Comenzamos una serie de cinco artículos publicados en el Diario de Ávila y La Tribuna de Talavera sobre la vida de los pastores del alto Gredos. En este primero entrevistamos al tío Pancho, uno de los últimos.

Zagal cuidando sus cabras en el alto Gredos Zagal cuidando sus cabras en el alto Gredos

Son muchas las formas de vida rural cuyos protagonistas son los últimos testigos de una supervivencia al límite. Cuando nos dejen, ya nadie sabrá sacarle a la naturaleza sus frutos como ellos lo hacían y una pérdida cultural irreparable se habrá producido. No hace falta ir a perdidas zonas de la Amazonía o de África para conocer pueblos cuya riqueza etnográfica es una joya del patrimonio antropológico universal.

En las cumbres de la sierra de Gredos van desapareciendo los cabreros que, aprovechando los pastos de altura, sobrevivían con su ganado en un ambiente muchas veces hostil pero que, a pesar de todas las penurias, les hacía disfrutar de una gran libertad si los comparamos con sus paisanos del llano.

Macizo central de Gredos con el Almanzor al fondo Macizo central de Gredos con el Almanzor al fondo

Para conocer a uno de estos pastores tuve el placer de entrevistar antes de su fallecimiento a Alejandro Garro Garro un candeledano conocido cariñosamente por sus vecinos como “tío Pancho” que nos llevará de la mano por la vida y las costumbres de los hombres de las risqueras y los piornales.

Nació en Candeleda en 1913 y nos refiere con orgullo que a los once años era ya un zagal con ochenta chivas bajo su custodia. Cuando, como dice Alejandro, llegó la revolución en 1936 no quiso apuntarse a aquellos proyectos utópicos de la gente de cumbres abajo que tan lejos y extraños le sonaban, al fin y al cabo él ya vivía en su Arcadia serrana. Pero cuando fue quinto, no le quedó más remedio que servir en el ejército de los sublevados de Franco. Lo destinaron a Ávila donde ese curioso y aleatorio sistema militar de otorgar destinos le hizo tomar la jeringuilla para ser practicante. Para cualquier hombre del campo español el servicio militar es un periodo vital que queda grabado en su memoria por haber sido, generalmente, la única ocasión en que los campesinos han salido del pueblo y han conocido otras tierras y otras formas de vida. Por eso nos relata con todo lujo de detalles sus diferentes destinos en la comandancia militar, en un almacén de ropa y alimentación, donde las marciales penurias eran más livianas y donde comenzó a aprender a escribir por sí mismo, simplemente observando aquellos extraños signos y preguntando a otros su significado, con esa intuitiva forma de valerse de tantas gentes rurales que seguramente en otras circunstancias habrían destacado en una sociedad que les hubiera dado la oportunidad. Por contraposición a este buen destino con manduca asegurada nuestro hombre se las tuvo que ver como camillero en el frente de Córdoba donde dice con su gracejo serrano que a él y a sus compañeros “nos tupieron de huevos” para definir el fragor de la batalla. Recuerda también como en las minas de Almadén “me pudieron matar” en una disputa entre legionarios y guardias civiles.

Rebaño de cabras veratas pastando en gredos Rebaño de cabras veratas pastando en Gredos

Pero “un día empezó a sonar radio Franco, radio Franco y se acabó la guerra”. Volvió a su tierra y al morir su padre se tuvo que poner a servir por “catorce duros y catorce chivas al año” en una dehesa, pero en las tierras llanas asegura que le dolía la cabeza y aquellas aguas cárdenas que bebía en la calabaza de pastor no le sentaban tan bien como las aguas serranas y este fue el motivo que Alejandro da para justificar su vuelta a las soledades de las cumbres de Gredos. Sirvió después con un patrón de mote “Pielero” por cincuenta pesetas y doce chivos. Las cifras se mezclan en la cabeza de nuestro protagonista  y no llegamos de verdad a saber cual fue el acuerdo, las condiciones que ajustaba con uno u otro patrón.

El viejo pastor me sigue hablando de las condiciones en las que trabajaba con “su señor y su señora”, los que yo durante la conversación supongo que son sus patrones, pero tercia su hijo Ángel en la charla para indicarme que en la zona se llama “mi señor y mi señora” a los suegros, curiosa costumbre con tintes medievales.

Es así como se establece por su cuenta con ciento cincuenta cabras viviendo de majada en majada, de puesto en puesto por estas  sierras hasta que se bajó con su mujer a la finca que su padre compró por cien duros en el paraje del Alcornocal, cerca de Madrigal de la Vera, en terrenos menos ásperos e inseguros y donde a la sombra de uno de esos naranjos que dan aire levantino a  las laderas del sur de Gredos estamos conversando.

Vista parcial de la Majada de Braguillas

Ya hemos conocido al personaje que nos enseñará en semanas próximas la forma de vida de estas gentes solitarias que cuando bajaban a algunos de los pueblos de la Vera o del Valle del Tiétar eran despreciados, “tratándonos como salvajes o bobos” como me dice su otro hijo, Albino. Aunque lo que se podía deducir era más bien que en las gentes del llano lo que asomaba era la envidia de estos hombres que no tenían patrón que los maltratara, que vivían con absoluta independencia en sus chozas y que, eso sí, cuando iban al pueblo pagaban al contado y había quien se les arrimaba olvidando su desprecio para que se pagaran una ronda en la taberna. Eran hombres libres y eso, había a quien no le gustaba.

Pero comencemos ya a conocer la vida de estos hombres que durante el invierno vivían en las majadas, “las mahás”, dicho en el castellano extremeño de las laderas del sur de Gredos, y que en verano subían a los “puestos” de las alturas para aprovechar los pastos más frescos y viviendo en construcciones  más precarias.

EL RATERO ARREPENTIDO

EL RATERO ARREPENTIDO

Nueva causa criminal de la Santa hermandad de Talavera que se custodia en el archivo municipal y que se desarrolla en el extremo occidental de las Tierras de Talavera.

Paisaje en la zona de Los Guadarranques, cerca de Navatrasierra
Paisaje en la zona de Los Guadarranques, cerca de Navatrasierra

Retiró la perdiz que todavía se movía atrapada por la percha. El lazo trenzado con cerdas de caballo había cumplido con su cometido y, una vez más, podría Tiburcio llevar algo de comer a su mujer y a sus tres hijos. En un canchal cercano se oyeron rodar algunas piedras y el cazador se agachó ocultándose tras unos chaparros. Era una falsa alarma, un corzo había cruzado la pedrera. Podía seguir buscando entre los jarales y barbechos el fruto de sus artes prohibidas de caza.

Trabajosamente ascendió desde los Guadarranques hasta la alquería de Navatrasierra. Era casi de noche y los vecinos se habían retirado ya a sus chozas. Al pasar por un corral pudo observar que dos lienzos se curaban al oreo de la brisa que venía desde las sierras del Hospital del Obispo. Por un momento dudó, su mujer le había suplicado, llorando en su camastro, que dejara de una vez las raterías que le habían llevado a trabajar durante dos años, como preso forzado, en los jardines del Prado en Madrid y en un gran edificio donde los capataces decían que se iban a guardar valiosas pinturas.

No pensaba que fuera a ser descubierto en esta ocasión, al fin y al cabo nadie le había visto en todo el día. Pero tener que dar explicaciones a su mujer por los dos lienzos era difícil. Debería soportar durante días ese machaqueo permanente con el que el sexo femenino consigue conducir a su pareja por el camino adecuado. No era una perspectiva agradable. Además, ya se sospechaba de él por la desaparición de un macho cabrío de una machada en Guadarranquejo. En esta ocasión sí que había testigos. Unos porqueros vieron al perchero merodear por la zona y, además, se había ido de la lengua con un conocido  diciéndole que en su casa podrían comer mejores tajadas que en la taberna. El dueño de la res se había presentado en su casa encontrando un cuarto del animal colgado de la pared de su dormitorio. Había dado la excusa habitual, que había encontrado esos despojos en la sierra y que, probablemente, habían sido despedazados por algún lobo de los que abundaban en aquellos parajes.

Pena de vergüenza pública pasando la comitiva por la cárcel de la Santa Hermandad. De una publicación del IPIET de la Diputación de Toledo.

Si le cogían otra vez se arriesgaba a pasar seis años en presidio, así que decidió guardar los lienzos bajo una lancha de piedra. Continuó su camino hacia el pueblo y cuando se cruzó con un pastor de Navatrasierra le dijo que sabía donde se encontraban dos lienzos de lino, que si algún vecino los había echado en falta podría preguntar por ellos en Puerto de San Vicente, en casa de Tiburcio.

Puerto de San Vicente desde la cueva de la Fuentesanta
Puerto de San Vicente desde la cueva de la Fuentesanta

Cuando al día siguiente, después de colocar unos lazos, llegó a su pueblo, ya le estaban esperando el matrimonio dueño de los lienzos, el alcalde del pueblo y un comisionado de la Santa Hermandad de Talavera que andaba persiguiendo gentes de mal vivir por aquellos apartados lugares de La Jara. Este comisionado era un cuadrillero rústico, ni siquiera el Cuadrillero Mayor, ese tipo de hombre que cuando se le inviste de autoridad puede llegar a ser el más cruel de los humanos si se trata de juzgar a los de su misma clase.

No lo dudó un momento, aunque era el mismo Tiburcio el que se había autoinculpado, arrepentido de su acción, decidió enviarle sin contemplaciones a la cárcel de la Santa Hermandad en Talavera. El ratero se arrepintió mil veces de haberse delatado cuando comenzaron otra vez los interrogatorios. El fiscal, como reincidente que era, no estaba dispuesto a tener el más mínimo rasgo de piedad y, en la petición de pena que hacía al juez, hablaba, con palabras terribles para el perchero, de su mala inclinación y envejecido hábito de hurtar y usurpar lo ajeno. Repetía una vez más los delitos que habían llevado al infeliz a su anterior condena y Tiburcio los recordaba como algo muy lejano. El fiscal iba desgranando algunos de los pequeños hurtos que había cometido el acusado, pero nunca aludía a la precariedad, al hambre siempre amenazante que había acompañado a cada uno de los minutos de la miserable vida del cazador. Tenía que volver a escuchar sus pequeños robos de ganado y cómo, cuando fue sorprendido en cierta ocasión, intentó compensar a una de sus víctimas con una capa que a su vez había sido robada pero que, aseguraba, se había encontrado en un pajar. Unos serranos que pasaban hacia los pastos de Extremadura notaron la pérdida de una oveja coja y unos esquilones que también fueron encontrados en su poder. Hasta el hurto de seis haces de centeno de un barbecho se le restregaba por su conciencia. Pero lo que más le dolió fue el recuerdo del robo a su cuñado de una fanega de trigo y centeno que tenía en la troje. Cuántas veces había tenido que oír los gritos de su mujer reprochándole que  había hecho víctima de sus raterías hasta a su propio hermano.

Afortunadamente otros vecinos se apiadaron de él y no habían echado más leña al fuego, sabían de su situación y habían tenido compasión de Jerónima, su mujer, y sus tres hijos que, ahora que estaba nuevamente en la cárcel, andaban mendigando por las calles de Talavera.

En aquella primera ocasión habían cambiado su pena de seis años de presidio por otra más liviana de dos años de trabajos forzados en El Prado de Madrid. Incluso habían remitido la pena de doscientos azotes que acompañaba a la sentencia. Pero ahora no tendrían piedad. Estaba desesperado. Solamente le consolaba ver que su abogado defensor era un hombre sabio y que, a lo mejor, pensaba un truco para salvarlo.

Cuando ceía que ya todo estaba perdido, el licenciado encontró algunos fallos en el procedimiento del rústico comisionado de la Santa Hermandad. Esto, unido a la presencia de su miserable familia en la puerta de la prisión, consiguió que el juez tuviera un poco de compasión. Solamente le condenaron a seis años de destierro a diez leguas en contorno de Puerto de San Vicente y seis en contorno de la villa de Talavera. Por ahora se había salvado, pero ¿Qué haría él sin sus valles de Guadarranque, sin sus lazos y sus perdices?  La miseria seguía su ciclo inexorable.

(Causas Criminales de la Santa Hermandad de Talavera Sig. 41/12. Archivo Municipal )

LA IGLESIA DE PIEDRAESCRITA

LA IGLESIA DE PIEDRAESCRITA

Pantocrator románico mudéjar pintado en el ábside de la iglesia de Piedrescrita
Pantocrator románico mudéjar pintado en el ábside de la iglesia de Piedrescrita

Cuenta la leyenda que en tiempos medievales, “poco después de la expulsión de los sarracenos”, un vaquero de Espinoso aprovechaba con los  ganados propiedad de su amo talaverano las hierbas frescas del entorno y se le apareció la Virgen en un lugar cercano al pueblo, sobre una roca conocida como “El Canto de la Virgen”, donde hace unos años se ha erigido un sencillo monumento conmemorativo. Le encomendó la construcción de una ermita y los lugareños se empeñaban en erigirla en otro lugar diferente al que hoy le sirve de solar, sucediendo que los muros levantados por el día aparecían derruidos a la mañana siguiente, hasta que por fin el templo fue construido donde actualmente se ubica, justo en la divisoria entre las aguas del Guadiana y el Tajo. Está documentado históricamente que en 1188 el obispo Gonzalo Pérez otorga licencia para la construcción de una iglesia a un tal Nuño Nuñez y a su mujer Aderazo Gómez que aportaban la dote necesaria para su mantenimiento.

El templo es una edificación sencilla con un ábside que fue octogonal y, según parece, formaba únicamente la sencilla construcción primitiva, más tarde modificada añadiéndose la nave principal. El edificio tiene a los pies un campanario de tres huecos que fue construido en el siglo XVIII. Se accede a la iglesia por un pórtico descendiendo cuatro escalones, ya que el piso del templo se encuentra por debajo del nivel actual del suelo y hay constancia de la existencia de una antigua fuente dentro de la ermita que, como hemos dicho, es una iglesia en realidad. Los muros están fabricados en mampostería de lajas de pizarra con revoco exterior enjalbegado.

Los demonios conducen las almas de los condenados tras el Juicio Final. Azulejería de Piedraescrita del siglo XVI
Los demonios conducen las almas de los condenados tras el Juicio Final. Azulejería de Piedraescrita del siglo XVI

Pero lo realmente interesante desde el punto de vista artístico es el interior de este monumento. Sus paredes  están en gran parte recubiertas de valiosa azulejería talaverana del siglo XVI y XVII con escenas del Nuevo Testamento. En el lado de la epístola destaca un San Cristóbal de grandes dimensiones frente al que se sitúa un panel con una fila de arcabuceros similar al que se encuentra en la ermita de la Virgen del Prado de Talavera, aunque no es esta la única similitud en los motivos dibujados en Piedraescrita. Otros paneles representan a diferentes santos y en el testero se aparece un juicio final con la resurrección de los hombres que son extraídos de las tumbas por ángeles y demonios. Un azulejo parece representar al autor de parte de los paneles cerámicos.

En el cuarto de esfera que cubre la capilla podemos contemplar la pintura al fresco de un Pantocrátor con estrellas y una luna con cara femenina. Esta es la pintura románica más meridional del territorio nacional. Son también de interés un magnífico Cristo crucificado del siglo XVII, la pila bautismal y una escultura de la Virgen en cerámica talaverana.

Iglesia de Piedraescrita, situada en la divisoria de aguas entre el Tajo y el Guadiana
Iglesia de Piedraescrita, situada en la divisoria de aguas entre el Tajo y el Guadiana

Justo por encima del pueblo domina el paisaje la cumbre de Las Moradas, el pico más elevado de La Jara en el que persisten restos de amurallamientos donde se habrían refugiado los primeros pobladores cristianos huyendo de las razzias musulmanas.

En un risco de cuarcita que mira desde la cumbre hacia el caserío se percibe una especie de inscripción con más de siete metros de longitud y uno de altura que es en realidad un «gusano gigante», una cruciana o rastro de un trilobites en el fondo del mar que ocupó La Jara hace millones de años. También hay referencias al hallazgo de otras inscripciones hoy desaparecidas en el entorno de la iglesia que habrían justificado el nombre de “Piedra-escrita”.

Esta es una de las pocas esculturas de cerámica talaverana, Se encontró enterrada y fragmentada y se restauró

RUTA DESDE PUSA A CEDENA

RUTAS Y SENDEROS  13

DESDE PUSA A CEDENApusacedenaruta

Hoy nuestro paseo discurre por la parte más oriental de nuestra comarca, iniciamos nuestro recorrido en San Martin de Pusa. Vale la pena dar un paseo por el pueblo y observar algunos ejemplares de la arquitectura popular típica de la zona, es una arquitectura del llamado aparejo mudejarista o toledano, con fachadas con machones e hiladas de ladrillo que enmarcan paños de tapial o de mampostería. El palacio de los señores de Valdepusa que se encuentra en la plaza, es buena muestra de esta forma de construir, en el interior del palacio se esconde un verraco de piedra que formaba parte de la cimentación del edificio.

Iglesia de San martín de Pusa y delante la que fue casa del administrador de los marqueses de Valdepusa y lugar donde la tradición local asegura que durmió Santa Teresa
Iglesia de San martín de Pusa y delante la que fue casa del administrador de los marqueses de Valdepusa y lugar donde la tradición local asegura que durmió Santa Teresa

Desde la plaza nos dirigimos a la iglesia, una gran mole de ladrillo no exenta de gracia, en su interior podemos contemplar un magnífico sagrario de plata y ébano,  obsequio a la parroquia en el siglo XVII de los señores feudales.

En una casa cercana a la puerta oeste de la iglesia parece que pernoctó Santa Teresa en su andariego trajinar cuando volvía de Guadalupe vía Espinoso y se dirigía a ver a su sobrina en la Puebla de Montalbán.

Fuente de la plaza y detrás el palacio de los marqueses de Valdepusa
Fuente de la plaza y detrás el palacio de los marqueses de Valdepusa

No debemos marcharnos de San Martin sin conocer la Ermita del Cristo de Valdelpozo,también de aparejo mudejarista y bien conservado artesonado. En la casa aneja del santero ,en mitad de una habitación se encuentra el pozo donde fue arrojado el Cristo para preservarlo de la destrucción en tiempos tumultuosos.

Junto a la Iglesia discurre la carretera que nos llevará a Villarejo de Montalbán. Este pequeño pueblecito merece una parada para ver el puente romano que se encuentra aguas abajo del caserío. La iglesia también tiene cierto encanto, la escalera de caracol de la torre es de buena sillería de granito como el resto de la obra, y podemos observar en el coro algunos canecillos de madera bellamente labrados.

Seguimos por un camino paralelo al Cedena que asciende río arriba hasta encontrarnos con una elevación formada por grandes batolitos de piedra, es el conocido como Riscal de Velasco, y vale la pena ascender a la cumbre de este estratégico cerrete que albergó desde un yacimiento amurallado de la Edad del Bronce, hasta partidas de carlistas, pasando por un poblado romano y otro medieval. La vista sobre el valle del Cedena es muy hermosa.

Puente sobre el río Cedena junto al molino campanero
Puente sobre el río Cedena junto al molino campanero

Continuamos sin dejar el camino y los conejos y perdices se  cruzan con frecuencia, ya que es ésta una zona de gran abundancia cinegética. Llegamos a un caserío desde donde descendemos hasta el río, allí en un lugar donde la tranquilidad y soledad están aseguradas, encontramos un paraje de lo más ameno formado por el Molino Campanero del sigloXVII, un puentecillo que daba acceso a él y las praderas y arboledas cercanas al Cedena.

Vista desde la ermita de San Sebastián en Los navalmorales, con las rañas, olivares y sierras jareñas al fondo
Vista desde la ermita de San Sebastián en Los Navalmorales, con las rañas, olivares y sierras jareñas al fondo

Desde el Cortijo de los Pobres, que es el caserío antes aludido, parte un camino que nos conduce directamente a los Navalmorales. Otra alternativa es volver a Villarejo y tomar un camino asfaltado que nos lleva también  a este  pueblo, llamado así por estar antiguamente dividido en dos, Navalmoral de Pusa y Navalmoral de Toledo, que al fusionarse en el siglo pasado formaron la actual localidad, centro de comunicaciones y pequeña capital económica de la subcomarca de Valdepusa. Es de destacar la iglesia parroquial en piedra y ladrillo con una torre esbelta y con una curiosa reja adornando la ventana de una capilla.

Capilla de Los navalmorales con imagen del Cristo y azulejería talaverana de repetición con un original motivo,
Capilla de Los navalmorales con imagen del Cristo y azulejería talaverana de repetición con un original motivo,

Es de interés el ascenso a la ermita del Cristo que se levanta en la cumbre de la sierrecilla cercana, para contemplar desde ella las tierras rojas y los olivares, recomendable al atardecer.

Otros parajes dignos de una visita son los baños medicinales, de ellos parte un arroyo rodeado de huertecillos y agradable para el paseo. También son curiosos los pozos de las antiguas minas de La Herrera, situados junto a la carretera que conduce a Navahermosa y que abastecieron de mineral a las ferrerías del Mazo en Los Navalucillos.

Tanto en San Martin como en los Navalmorales podemos comer  platos caseros y caza en varios establecimientos y a precios muy asequibles.

Aceite y mazapán

No debemos marcharnos sin adquirir aceite de oliva virgen de la mayor calidad y de menor coste que los embotellados. Hay una cooperativa en Los Navalmorales y otra en San Martin donde comprarlo y reponerse del viaje con una rebanada de pan de pueblo con aceite y azúcar.

Tanto en San Martin como en Los Navalmorales se fabrica un mazapán exquisito, almendra y azúcar como únicos componentes y horno tradicional con leña de retama, tienen el secreto.

En término de los pueblos de Valdepusa se sitúan las bodegas de Griñón, Osborne y Capilla del Fraile que han dado realce al vino que desde hace mucho tiempo era ya considerado en la comarca pero sin el prestigio de las marcas señaladas.

RENTABILIZAR LA HISTORIA

RENTABILIZAR LA HISTORIA

Estatua de Juan de mariana en un artículo de Blanco y negro de los años 60
Estatua de Juan de mariana en un artículo de Blanco y Negro de los años 60

En cierta ocasión pude visitar en el hermoso pueblo manchego de Villanueva de los Infantes el convento donde murió don Francisco de Quevedo. Se invitaba al turista a conocer la celda donde pasó sus últimos días y murió el gran genio español. Pasé a la estancia entre japoneses y un grupo de profesores universitarios interesados por conocer lugar tan culturalmente señalado. Por supuesto que estos visitantes comieron y compraron productos típicos en Villanueva dejándose allí algún dinerillo.

Unos meses más tarde supe que la celda en cuestión había sido redecorada con viejos muebles que nunca estuvieron en contacto con las posaderas del malhumorado escritor y que, con un poquito de imaginación y la ayuda de vecinos y chamarileros, se había ambientado adecuadamente la estancia. En la plaza adyacente al convento se puede además contemplar un monumento dedicado al autor del Buscón. Es absolutamente lógico que se explote la imagen de tan ilustre vecino aunque sea con pequeñas dosis de “turismo –ficción”, pues parece además que los restos que se veneran como los del tullido insigne son los de un mocetón bien formado de robusta osamenta, según estudio realizado hace un siglo.

Escultura que representa a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan
Escultura que representa a Fernando de Rojas en la Plaza del Pan

Hace unos días visitaba Salamanca y podía pasear por el jardín de Melibea y en Valladolid pude también conocer la casa de Cervantes, con buena decoración de época pero utilizando objetos que nunca coexistieron con don Miguel, entre ellos, por cierto, buena cerámica de Talavera.  Ávila con Santa Teresa es otro ejemplo de cómo algunas ciudades saben rentabilizar su historia y sus personajes ilustres para hacer que el turista se acerque a ellas.

Cenotafio de García de Loaisa, confesor de Carlos V y fundador del convento de Santo Domingo en Talavera

Si queremos quitar a Talavera su aire y fama de ciudad un tanto rústica, mezclados con su aspecto de ciudad dormitorio, y darnos así un poquito de “caché”, sin renunciar por supuesto a los vínculos que desde siempre hemos tenido con el mundo agropecuario, sería interesante potenciar el reconocimiento de los muchos personajes históricos que nacieron o vivieron aquí.

Boceto de monumento a la Batalla de Talavera que no se llegó a realizar
Boceto de monumento a la Batalla de Talavera que no se llegó a realizar

Porque resulta, por ejemplo, que por nuestras calles corrieron de niños Fray Hernando de Talavera  y Rodrigo Arias Maldonado, el “Doctor Talavera”, dos hombres influyentes ante Isabel la Católica que contribuyeron en gran medida a que se iniciara la empresa americana. Pues bien, la casa natal de fray Hernando estuvo a punto de derrumbarse aunque ha sido felizmente recuperada. Podemos aprovechar el tirón que tanto su figura como la de Maldonado o Francisco de Aguirre tendrían para el turismo y para el prestigio de nuestro pueblo.

Fray Hernando cuenta ya con un monumento en la ciudad como lo tiene, aunque no muy apropiado, Fernando de Rojas. Se ha erigido uno más bien modesto a la Celestina. Pero digo yo que el autor de la considerada como segunda obra más universal de nuestra literatura podría dar mucho más de sí en cuanto a dar a Talavera la pátina cultural que tanto necesita. Una ruta digna de La Celestina y del que fue alcalde de nuestra ciudad debería instalarse sin importar que se hayan de hacer nuevas placas cerámicas que sirvan de guía por los lugares vinculados con él y su obra, y por su puesto el acceso al claustro de la Colegial, donde se encuentran sus restos, debería estar garantizado. La figura del arcipreste de Talavera, otro literato de gran talla, tampoco ha sido resaltada en modo alguno como personaje vinculado a nuestra ciudad.

Para llamar la atención sobre el aspecto histórico de Talavera, qué mejor símbolo que el Padre Juan de Mariana, al que se refería Benito Pérez Galdós en el centenario de la Batalla de Talavera declarando que “Talavera es la patria de la Historia por haber sido la patria de Mariana”. Creo que el centenario de su figura debería haber merecido algo más que el paripé académico que se celebró.

Otras disciplinas podrían tener también como patrones a algunos de nuestros más ilustres personajes. Por ejemplo a Gabriel Alonso de Herrera, primer estudioso nacional de la agricultura y la ganadería. El campo y el medio ambiente tendrían en él un magnífico patrón de prestigio para haber instaurado en Talavera estudios universitarios de Medio Ambiente, pero claro, tuvieron que ponerlos en Toledo donde se deben estudiar los selváticos bosques de la Sagra, o las agrestes llanuras manchegas.

Portada de la edición italiana del Libro de Agricultura de gabriel Alonso de herrera
Portada de la edición italiana del Libro de Agricultura de gabriel Alonso de herrera

Hagamos que estos y otros muchos paisanos ilustres estén más presentes en calles y eventos culturales, vamos a querernos un poquito más y no olvidemos a los mejores de nuestros paisanos.

LOS TRAJES TRADICIONALES DE TALAVERA

EL TRAJE TRADICIONAL TALAVERANO

Capítulo de mi libro con fotografías de Vicente Canseco » Los Trajes tradicionales en la Tierra de Talavera» ,en el que se habla de los dos trajes típicos de Talavera de la Reina

TRAJE BAILADORES BLANCO Y NEGRO 1936
TRAJE BAILADORES BLANCO Y NEGRO 1936

El traje típico antiguo ha estado casi perdido durante muchos años por el crecimiento y pérdida de las raíces rurales de Talavera, además del éxito cosechado por el que diseñó Ruiz de Luna de “Alfarera de Gala” que llevó a la práctica sustitución del anterior.

Gracias al entusiasmo e investigación de la asociación de amas de casa consumidores y usuarios “El Prado” de Talavera se ha recuperado el traje tradicional que se ha intentado sea lo más parecido posible al utilizado por nuestras bisabuelas.

Traje tradicional de Talavera, más sobrio y castellano que el de Alfarera de Gala de Ruiz de Luna
Traje tradicional de Talavera, más sobrio y castellano que el de Alfarera de Gala de Ruiz de Luna

Tiene su diseño muchas características comunes con los trajes de su entorno. Lleva camisa negra con bordaduras que se cubre con corpiño negro de terciopelo, el cual en realidad es un jubón sin mangas pues no lleva la atadura delantera de los corpiños ni las hombreras. En las fotos antiguas las mujeres aparecen casi siempre con el busto cubierto por mantón de Manila o mantón con bordados locales.

La falda tiene vuelo considerable y es de tela de raso azul oscura. Se decora en su tercio inferior con tres cintas anchas bordadas en dorado. El pelo se adorna en la coronilla con cinta ancha similar a las de la falda.

Las enaguas son blancas y asoman bajo la falda con su decoración de puntillas y pasacintas con cinta azul.

Calza zapato negro de tacón bajo y medias blancas caladas de ganchillo decoradas con motivos geométricos.

Se complementa con las joyas del aderezo: collar, pendientes y alfileres para el pelo e incluso con ánfora a Talavera apoyada sobre la cadera.

Otra imagen del ABC, Blanco y negro con dos "bailadores". El traje de varón es similar en los dos casos
Otra imagen del ABC, Blanco y negro con dos «bailadores». El traje de varón es similar en los dos casos

El traje de varón es común para los dos trajes talaveranos. Cubierto por sombrero negro, lleva camisa blanca sencilla y chaleco negro, que más bien es chaqueta corta sin mangas, pues tiene solapas. El fajín es azul de lana con flecos de cordón hasta la rodilla.

El pantalón es negro y bombacho, dejando al descubierto las medias caladas de ganchillo y el zapato negro.

La cantante Rosamil con el traje de alfarera de gala en una postal de los años 70
La cantante Rosamil con el traje de alfarera de gala en una postal de los años 70

EL TRAJE DE ALFARERA DE GALA

Este traje fue diseñado en 1929 por Ruiz de Luna con motivo de los espectáculos organizados en la Exposición Universal de Barcelona y la Exposición Iberoamericana de Sevilla.

Los colores son el azul y blanco dominantes en la cerámica talaverana y el amarillo típico de sus cenefas renacentistas, aunque algunos se hacen exclusivamente en azul y blanco, colores que también se justifican por ser los de la bandera talaverana.

La cabeza va cubierta por pañoleta blanca con la cenefa de roleos renacentistas habitual en la decoración de nuestra alfarería. La camisa es blanca con el cuello abierto, o cerrado con pasacintas y cinta azul, y va decorada con bordados o puntillas. Las mangas también pueden llevar las cintas y las puntillas.

El corpiño es azul, abierto o cerrado con cordón

El mandil está también pintado en sus bordes laterales e inferior con cenefa renacentista en amarillo, azul y blanco, desarrollando los típicos motivos vegetales y algún grutesco, En el centro lleva dibujado el escudo de la ciudad con la torre y los dos toros.

La falda lleva vuelo considerable y es también blanca con ancha cenefa renacentista a unos quince centímetros del borde.

Las medias blancas son caladas de ganchillo. El zapato es azul Talavera con lazo azul o blanco decorado con cenefa renacentista.

Los motivos originalmente eran pintados, aunque hoy día ya se fabrican cintas de tela con la cenefa estampada.

DISEÑO DE FANTASÍA DE TRAJE DE TALAVERANA DE CARLOS PONTES
DISEÑO DE FANTASÍA DE TRAJE DE TALAVERANA DE CARLOS PONTES

NINFAS Y FUENTES SANTAS EN LA COMARCA

LAS NINFAS

Finalizamos hoy los dos capítulos de «Ríos de Historia» dedicados a las deidades del agua, los ríos y las fuentes en la antigüedad: Ninfas, baños y fuentes santas

5.-Ara dedicada a las ninfas hallada en el siglo XVII por el padre Ajofrín en Saucedo con su descripción
5.-Ara dedicada a las ninfas hallada en el siglo XVII por el padre Ajofrín en Saucedo con su descripción

También fueron veneradas en nuestra tierra otras deidades relacionadas con las aguas como son las ninfas, asumiendo probablemente por sincretismo otro culto prerromano anterior que tenían los vettones y lusitanos, pues se distribuyen por su territorio numerosas dedicatorias, especialmente en Baños de Montemayor, donde se han hallado más de una treintena de inscripciones.

En Talavera no está relacionada su referencia con aguas mineromedicinales como el caso citado sino que solamente sabemos que el padre Ajofrín halló en el siglo XVII en el camino de La Alcoba, pero más bien en las inmediaciones de la villa de Saucedo un ara dedicada a las ninfas de la que solo existe un dibujo que reproducimos.

La dedicatoria es de una liberta llamada Alia, una esclava a la que se ha concedido la libertad, cuyo amo era un tal Nereo, nombre griego, y dice NYNFYS /ALIA / NEREI / L.VOTUM / L.A.S.M. que quiere decir “Alia, liberta de Nereo, le cumplió un voto con libre ánimo a las ninfas”.

6.-Mosaico de la villa de Saucedo que representa dos delfines con las colas entreladas en un tridente
6.-Mosaico de la villa de Saucedo que representa dos delfines con las colas entreladas en un tridente

Hay que recordar que Saucedo y La Alcoba se encuentran en parajes cercanos y a veces hubo confusión entre los restos que se hallaban en un lugar y en otro. Sí sabemos que en las cercanías había dos fuentes salutíferas, la del Piojo y la de La Tejada, y que también cerca de Alberche existe otro yacimiento cerca de una Fuente Vieja.

Aunque dedicaremos otro artículo a las muchas “fuentes santas” que se reparten por la comarca sí tenemos que decir que los romanos también tenían cultos a las “fons”, algunas de ellas con nombres que mantienen su antiguo nombre, como es la fuente Caldelas en Segurilla y que se refieren en general a fuentes medicinales que en ocasiones afloran a alta temperatura. Algunas de esas fuentes santas fueron luego cristianizadas, como es el caso de las de las ermitas de Parrillas o la Iglesuela con la advocación de Nuestra Señora de la Fuente Santa.

Otras veces estas fuentes se encuentran en cuevas que también se dedicaban a veces a las ninfas venerándolas en este “antrum” o cueva. Un ejemplo de estas fuentes santificadas lo tenemos en la cueva de la Fuente Santa en Puerto de San Vicente que para el que esto escribe se trataría de una antigua explotación minera, lo que nos hablaría de la gran antigüedad de esta mina.

Cueva de la Fuentesanta en Puerto de San Vicente
Cueva de la Fuentesanta en Puerto de San Vicente

En ocasiones las ninfas se han representado como sirenas y así es como aparecen desde hace años en los cuernos artesanales de nuestros pastores utilizados para beber en las fuentes o para llevar el “avío” del gazpacho que mezclarán con el agua.

En la misma villa de Saucedo, lugar con sauces y por tanto con humedad surgente, aparecen otros símbolos relacionados con el agua en sus mosaicos como sucede con el que representa a los tridentes de Neptuno entrelazados con dos imágenes de peces. Ya también con el agua están relacionados los restos de un completo balneario romano y ya cristianizado el lugar la existencia de una magnífica pila bautismal donde el agua sigue siendo elemento simbólico fundamental de una nueva sociedad, de una nueva religión, de una nueva cultura.

Fuente santa de Parrillas

Otra de las fuentes con un aspecto mágico en la comarca es la fuente de Mencachón, cerca de El Membrillo, a la que alude Julio Caro Baroja porque en los cronicones talaveranos aparece como una fuente a la que se encomendaban los vecinos para protegerse de las tormentas.

Fuente Santa de La Iglesuela

TRES MUCHACHOS EN UNA CUEVA

TRES MUCHACHOS EN UNA CUEVA

Septiembre del 306

Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente o Monte de Venus
Cueva de los Santos Mártires en el Cerro de San Vicente o Monte de Venus

Entre la grieta que dejan dos grandes moles de granito se asoman los ojos asustados de un joven mientras el viento agita su túnica. Desde la cumbre del Monte de Venus mira como el Tajo se acuesta en el valle. Al fondo, angustiado, vislumbra los tejados de los templos de la ciudad de Ébora. Vincencio ha recogido unas bellotas que lleva envueltas en un pedazo de lienzo. Vuelve sobre sus pasos hasta le entrada casi oculta de una cueva por la que desciende hasta su interior. Con las espaldas apoyadas sobre la piedra dos muchachas esperan aterradas, pero sonríen aliviadas al verle mientras le interrogan con su mirada.

– No se ven soldados. El día ha salido despejado y debemos continuar – dice entre imperativo y cariñoso su hermano.

Los Santos Mártires Vicente Sabina y Cristeta representados en azulejería de Ruiz de Luna en la iglesia de Castillo de Bayuela
Los Santos Mártires Vicente Sabina y Cristeta representados en azulejería de Ruiz de Luna en la iglesia de Castillo de Bayuela

Aunque las hace estremecer el aire que azota la cumbre esa mañana, al salir de su refugio, la luz y el tibio sol de otoño las reconfortan. Con un poco agua de un fontarrón cercano lavan las heridas de sus pies defendidos de una caminata de nueve horas bajo la lluvia tan sólo por unas pobres sandalias. Antes de descender hacia el Piélago, el muchacho mira desconfiado hacia atrás y recuerda las historias que le contaba su abuelo. Aquí mismo se había fortificado el famoso guerrero Viriato y tuvo en jaque a los romanos desde estas alturas. Pero el lusitano al menos tenía armas. Vincencio, sin embargo, sólo tiene la certeza que empapaba todas sus vísceras de que la religión del judío crucificado, la que dice que los pobres heredarán la tierra, era la religión verdadera. Tan seguro estaba que hacía dos días, delante de Dacio, el gobernador que había encerrado a la piadosa Leocadia en las mazmorras de Toledo, había renegado de los viejos dioses asegurando que cuando los romanos los adoraban era como si veneraran a un montón de piedras y palos. Vincencio no lo creía, pero oyó decir a los soldados que le custodiaban que, en la piedra sobre la que descansaba cuando compareció ante el gobernador, quedaron marcados, como si la roca fuera de cera, sus pies y el báculo que le sostenía.

Capilla del eremitoriode la cueva de los Santos Mártires
Capilla del eremitoriode la cueva de los Santos Mártires

Esos mismos soldados le liberaron esa noche y con sus hermanas Sabina y Cristeta había huido entre encinas y enebros hasta el Monte de Venus. No podía permitir que el empecinamiento que Dacio achacaba sólo al fanatismo de los cristianos afectara a sus hermanas. Pero ellas, tanto y con tanta vehemencia habían escuchado hablar a su hermano sobre la nueva religión, que ya le acompañaban en lo que para unos era delirio y para otros eran convicciones profundas. Estaban ya dispuestas a morir con él sin renunciar al nuevo Dios que los emperadores perseguían con tanta saña.

Caminando entre los robles habían llegado al otro extremo de aquellos montes y podían ver frente a ellos la alta sierra de Gredos que deberían cruzar si querían ponerse a salvo. Unos pastores que los encontraron comiendo moras junto al río Tiétar les dieron refugio esa noche. No subieron por el puerto del Pico pues, junto a la calzada, siempre había soldados que controlaban el paso del ganado y de las mercancías. La senda por la que les condujo uno de los cabreros era empinada pero más segura. Después de alimentarse de carne seca durante cuatro días llegaron, tras atravesar los piornales y las praderas de las cumbres, hasta la ciudad de Ávila. Uno de los pastores, interrogado por los soldados, delató a los hermanos y cuando llegaron a la ciudad de los fríos inviernos estaban esperando para apresarles.

Otra vez los ofrecimientos de renuncia, otra vez mantenerse en esa curiosa fe que a Daciano, en realidad, le parecía tan falsa como la suya propia, una forma más de someter a los que debían someterse. Los desnudaron y los sacaron fuera de la ciudad y después les azotaron hasta la extenuación. En el tormento que llaman hecúleo descoyuntaron sus miembros sobre una cruz en aspa. Como no acababan con sus vidas apretaron las cabezas de los tres hermanos en una prensa formada por dos tablones poniéndoles, en fin, grandes losas de piedra y golpeando sobre ellas con grandes mazos hasta que sus sesos quedaron desparramados.

Después de muertos los arrojaron  a una cueva que llaman de la Soterraña. Y dicen las gentes de Ávila que, como no permitieran los soldados que nadie enterrase los cuerpos, una gran serpiente salió de las profundidades levantada la cerviz y dando temerosos silbidos. Cuentan que un judío miraba sus cuerpos con poca reverencia y la culebra se enroscó en su cuerpo casi asfixiándole hasta que prometió, convirtiéndose al cristianismo, levantar un templo que custodiara los cuerpos de los tres muchachos de Ébora.

LOS SANTOS MÁRTIRES HUYEN DE TALAVERA. DETALLE DEL CENOTAFIO DE LOS SANTOS MÁRTIRES EN LA BASÍLICA DE SAN VICENTE DE ÁVILA

UN HISTÓRICO HALLAZGO DEL ARCHIVERO MUNICIPAL: LA FIRMA DE FERNANDO DE ROJAS EN UN DOCUMENTO

REPRESENTACIÓN DE FERNANDO DE ROJAS EN UNA DE LAS PRIMERAS EDICIONES DE LA CELESTINA

En el archivo municipal ha aparecido “por primera vez una firma autógrafa de Fernando de Rojas, autor de “La Celestina” que fue alcalde de Talavera de la Reina, donde vivió entre 1509 y 1541”.

En rueda de prensa con el archivero municipal, Rafael Gómez, ha explicado que hasta la fecha en todos los documentos que se conocían en los que intervenía Fernando de Rojas como actuante oficial “no había aparecido jamás firma ni rúbrica alguna, ni siquiera como alcalde de la ciudad, responsabilidad que tuvo en diversas etapas históricas”.

Gómez ha avanzado que la firma de Fernando de Rojas apareció con la última documentación adquirida por el ayuntamiento y perteneciente al Archivo Nobiliario de la casa Villatoya.  “Por fin estamos en condiciones de afirmar que Fernando de Rojas nos dejó su huella más personal: la firma con su nombre y rúbrica. Lo único, hasta la fecha, que personaliza a uno de los grandes escritores de la literatura castellana moderna”. Ha añadido que es “un hecho de gran transcendencia que supera las fronteras nacionales”.

El archivero municipal ha indicado que el documento ya fue restaurado en el siglo XIX y consistió en pegar una tira de papel en la doblez medial del documento, que estaba roto y donde aparece la firma, para dar solidez y consistencia al mismo. Esta restauración dejó desajustada la firma y rúbrica de Rojas por la rotura del soporte de papel. El documento consta de 5 páginas contenidas en tres folios; y en el último de ellos está la firma de Fernando de Rojas.

RAFAEL GÓMEZ, ARCHIVERO MUNICIPAL

El documento está fechado el 18 de junio de 1511 y trata sobre los heredamientos, montes, tierras y otros bienes que son en Bencachón, Aceituna y Sauquillo, para que sea protegido y amparado el derecho que Alonso Fernández Aceituno tiene sobre ellos. Comienza el texto así:

“En la villa de Talavera a diez y ocho días del mes de junio, año del nascimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil e quinientos e once años. Este dicho día ante el muy virtuoso señor bachiller Fernando de Rojas, alcalde mayor en la dicha villa por el noble señor licenciado Francisco de Barrionuevo, del consejo del muy ilustre y reverendísimo señor don Fray Francisco Ximénez… etc”.

Fernando de Rojas interviene, como profesional que es (bachiller en leyes), en un acto jurídico. “Y por primera vez refrendando, actuando y dando oficialidad a lo contenido en dicho documento, con el aval de su firma y su rúbrica, y con la autenticación de la firma del notario o escribano público, Juan Castillo”.

No obstante Rafael Gómez ha dicho que “lo mejor está al final; ya que una vez identificado el actuante como alcalde mayor faltaba concluir el documento con la firma del mismo y ante la presencia del notario o escribano público. Dice el texto”:

Ante Juan Castillo, escribano y notario público dado por las autoridades apostólica y real. E otro sí escribano  público, uno de los del número de dicha villa de Talavera que fui presente a todo lo que dicho es en uno con el dicho señor alcalde que aquí firmó su nombre,  Bachiller de Rojas, e con los dichos testigos. Y de mandamiento del dicho señor alcalde (…).

FIRMA DE FERNANDO DE ROJAS HALLADA EN EL ARCHIVO MUNICIPAL DE TALAVERA

“Tanto el papel, como la tinta, así como la firma que suponemos ya manuscrita del propio Fernando de Rojas cumplen con los parámetros documentales de la época y con los modismos y formalidades coetáneos del siglo XVI”, por lo tanto, ha asegurado  Gómez “no nos cabe ninguna duda de que estamos ante la primera firma manuscrita de tan insigne talaverano que muy pronto se naturalizaría en nuestra ciudad”.

Ha explicado igualmente que paralelamente y ante la posibilidad de que pudiera haber alguna muestra o firma más relacionada Fernando de Rojas, “se revisó y releyó el texto completo, y sorpresivamente, Rojas nos da una alegría aunque de manera indirecta en una anotación marginal sin aparente relación con el asunto”.

La mención se encuentra en el folio 54 vuelto del mismo documento. Se trata del testamento de Inés Méndez (de la Casa Villatoya fallecida en 1542), que deja a su criado, Juan del Encina “una viña que yo tengo al pago de Terrumbre, hasta dos o tres hoces, e alinda con una viña del bachiller Rojas….”. El pago de Terrumbres está al noroeste de la ciudad, próximo al pago de Pastera en la zona conocida popularmente como “La Tomatera”. Pero Rojas había fallecido el año anterior y su cuerpo sepultado en convento de la Madre de Dios.