NUESTROS RÍOS EN LA EDAD DEL BRONCE

NUESTROS RÍOS EN EL BRONCE ANTIGUO Y PLENO

Nuevo capítulo de la serie “Ríos de História” en el que se trata de los yacimientos de la Edad del Bronce en los ríos Cedena, Jébalo, Uso etc

Uno de los yacimientos de la Edad del Bronce se sitúa en la cumbre del Cerro del Oso en la Sierra de San Vicente Uno de los yacimientos de la Edad del Bronce se sitúa en la cumbre del Cerro del Oso en la Sierra de San Vicente

Cuando el hombre descubre que mezclando el cobre con el estaño se obtenía el bronce, metal mucho más resistente para la construcción de armas y herramientas nacen nuevas culturas que dejan también en nuestra tierra huellas de su paso.

El mítico reino de Tartessos, con su todavía no localizada capital situada entre Cádiz y Huelva creció y llegó a tener un gran desarrollo económico y cultural cantado entre otros por Homero o Platón. La riqueza de este reino que algunos identifican con la Atlántida era precisamente el comercio con el estaño que traían desde las islas Casitérides, especialmente la costa de Cornualles en Gran Bretaña. Esta vía comercial marítima más tarde se completó con otra terrestre que ascendía por el occidente peninsular, lo que más tarde sería la Vía de la Plata y por donde también ascenderían las influencias culturales hasta nuestro valle del Tajo y sus afluentes.

Materiales cerámicos y una azuela hallados en un yacimiento de la Edad del bronce junto al río Jébalo Materiales cerámicos y una azuela hallados en un yacimiento de la Edad del bronce junto al río Jébalo

Antes de llegar esas influencias, encontramos en los periodos iniciales del bronce yacimientos como el Riscal de Velasco, a las orillas del río Cedena, cuyos restos de muralla no sabemos si pertenecen al calcolítico o ya a la edad del bronce. Otro de estos poblados se situó en el Toril (Alcolea de Tajo) sobre un cerrete que domina la orilla derecha del río. Estos primeros hombres del bronce estaban relacionados culturalmente con otros yacimientos similares de Extremadura, aguas abajo en el valle del Tajo.

Yacimiento castreño de Alcaudete

En cuanto a los enterramientos de estas gentes contamos con los hallados en el Cerro del Obispo en Castillo de Bayuela, necrópolis de inhumación en “pithoi” que se localizan de costado, contorneados por bloques de granito formando una caja exterior y con una torta de cerámica que cubre la totalidad de la estructura. En el ajuar de estas sepulturas encontramos acompañamiento funerario propiamente dicho consistente en objetos del difunto inutilizados (cuchillos de sílex, hachas de piedra pulimentadas, molinos barquiformes, brazales de arquero, ídolos de cuernos, pesas de telar, crisoles, vasos, cazuelas, leznas…). También encontramos ajuar funerario de carácter ritual (cazuelas, vasos y cuencos rituales más pequeños y sin utilizar) además de ofrendas para el sustento de “la otra vida” como son cuartos de cáprido, bóvidos o de ganado lanar que se depositan entre el “pithoi” y las lajas de granito

Yacimientos de la Edad del Bronce en los afluentes al sur del Tajo Yacimientos de la Edad del Bronce en los afluentes al sur del Tajo

En el próximo Cerro del Castillo puede que habitara la población que utilizaba estos ritos de inhumación que tienen cierta correspondencia con prototipos argáricos.

Restos de la muralla del yacimiento del Cerro del Oso en El Real de San Vicente

La cultura material de este tipo de yacimientos es bastante homogénea, cerámicas sin decoración como vasos carenados, cuencos hemiesféricos, botellas, grandes orzas de provisiones etc…La industria lítica de láminas de sílex, dientes de hoz, molinos barquiformes y algún punzón de hueso .

Materiales hallados en el yacimiento de Riscal de velasco, junto al río Cedena Materiales hallados en el yacimiento de Riscal de Velasco, junto al río Cedena

También en el ámbito de la Sierra de San Vicente otro yacimiento fortificado de la Edad del Bronce se localiza en la cumbre conocida como Cabeza del Oso cerca de El Real de San Vicente, los escasos materiales recogidos nos hacen sospechar de una cronología similar a la del yacimiento anterior. En la cumbre más elevada de esta misma sierra, en el mismo cerro de San Vicente, se hallan fragmentos de cerámicas a mano encuadrables en la edad del Bronce,

Hachas pulimentadas de los yacimientos del río Cedena

GASTRONOMÍA DE LOS CABREROS DE GREDOS

GASTRONOMÍA DE LOS CABREROS DE GREDOS

Último artículo de los cuatro de la serie “Los pastores del Alto Gredos”

Haciendo quesos en el chozo Haciendo quesos en el chozo

Describíamos la pasada semana una jornada en la vida de los pastores del alto Gredos. Conocíamos su producción más rentable, el queso que también les servía de alimento. Hoy vamos a conocer algunos de los platos con los que se alimentaban los cabreros en su economía de absoluto aprovechamiento de los recursos. Era típico el desayuno con “sopas canas” que se hacían en un caldero de leche hirviendo al que se añadía un “resqueme” o refrito de aceite, pimentón, agua y coscurros de pan frito. Seguir leyendo GASTRONOMÍA DE LOS CABREROS DE GREDOS

VIDA PASTORIL DE LOS CABREROS DE GREDOS, LOBOS, NIEVE Y OTRAS COSILLAS

VIDA PASTORIL DE LOS CABREROS DE GREDOS

Refugio o ventera en la garganta Blanca Refugio o ventera en la garganta Blanca

Ayer describíamos la vivienda y otras dependencias de los cabreros del alto Gredos, además de diversas construcciones complementarias. Nos queda por conocer el recinto en el que se cerraba el ganado. Generalmente se construía con palos y ramajes dispuestos en forma de “berenga”, cuando se colocaban inclinados hacia el interior impidiendo así que los animales saltaran y escaparan y al mismo tiempo sirviendo de cobijo en caso de temporal. Cuando se colocaba otra fila de palos inclinados sobre los anteriores dejando en su interior un espacio habitable para el ganado, al que se accedía mediante aberturas llamadas portillas, entonces se denominaba “berengón”. La cumbrera del berengón remataba con un canalón de roble cóncavo vuelto hacia abajo. Los deshechos y el agua salían por un agujero de drenaje llamado “canilleja”

Con las cabras en la berenga

Estos lugares para encerrar a las cabras servían también como protección ante el ataque de los lobos que nuestro amigo Alejandro Garro ha conocido en las soledades de las alturas serranas rondando en torno a su ganado. Más peligroso era dormir con el ganado al sereno sin ningún tipo de protección, como sucedía en los traslados. Entonces había que dormir a “jogueril”, es decir con la hoguera encendida y la escopeta cargada, y más de una vez se veían obligados “ a liarse a tizonazos” con los troncos de la lumbre encendidos para defenderse del ataque del lobo. Hubo ocasiones en que fueron tan abundantes que se hizo necesario organizar batidas para eliminar a los depredadores por la mortandad que producían en el ganado. Unos pastores iban armados y otros actuaban de “echaores” para espantar y conducir a los lobos hasta la encerrona.

Berengas, chozos y casillas de la majada de Braguillas Berengas, chozos y casillas de la majada de Braguillas

No eran estos los únicos peligros que habían de afrontar los pastores serranos. No eran infrecuentes los accidentes provocados por caídas, algunos de ellos al intentar recuperar algún animal en situación comprometida sobre alguna risquera o, como sucedió en el paraje de los Hospitalones, con un macho montés herido que hizo precipitarse al vacío a un pastor. La climatología era sin embargo el peor enemigo y la humedad permanente con los pies mojados durante largos inviernos es un recuerdo poco agradable para algunos de estos pastores. Cuando le preguntamos a Alejandro por su protección contra el frío cuando dormía al sereno responde: “Pues mire usted con media manta arriba y media manta abajo”. También recuerda cómo antes se podían adquirir sombreros de paño que realmente eran impermeables y que ya es imposible encontrar o cómo se fabricaban botas y sandalias de cuero de una resistencia que hoy no superan los nuevos materiales, y de hecho, para los pastores, en su estricta economía de subsistencia el desembolso en metálico que les resultaba más gravoso era el que invertían en ropa y zapatos, porque el resto de sus necesidades eran cubiertas prácticamente con lo que ellos mismos producían.

Camillejas para de roble vaciado para dar de comer a las cabras Troncos de roble vaciado para dar de comer a las cabras

Las cabras que más se aprovechan en Gredos son las de la especie llamada serrana, la cabra verata y algunos híbridos de ambas, además de otras especies recientemente introducidas como la cabra “granaína”. En la conversación aparecen los sugerentes nombres de las especies vegetales que servían de pasto a los rebaños: alambrillo, calvitero, berceo, cerrillo o vainilla, el fruto de los piornos que a veces ocasionaba ciertas disputas entre los pastores de una vertiente y otra de Gredos. También se podía completar la alimentación del ganado con el ramaje de los robles, y algunos cubos de castañas o de bellotas. Los pastos del monte público solían ser subastados y en el monte privado los pastores eran “acogíos”, una forma de arrendamiento que ocasionaba a veces abusos por parte sobre todo de los administradores de las fincas que introducían cláusulas abusivas que no figuraban en los contratos como la entrega de cargas de leña o el apropiamiento indebido del estiércol, preciada mercancía principalmente para los hortelanos de la cara sur de la sierra.

queseracascada Quesera bajo una cascada

A veces llegaban los administradores a cobrar a los pastores el propio estiércol que producían sus cabras y que les era necesario para sus huertos familiares, o a cobrarles el ramón de los robles que se aprovechaba en las épocas de sequía y más escasez de pastos. Era tan ajustada su economía que a veces “no alcanzaban” siquiera a pagar el arrendamiento de los pastos y si además tenían la mala suerte de que la gota, la mamitis, la gripe u otras enfermedades del ganado afectaran a su majada, no era infrecuente que familias enteras quedaran en la ruina más absoluta sin ni siquiera un pedazo de pan que llevarse a la boca.

Su vida cotidiana era dura pasando largos ratos en la sierra labrando algún objeto de arte pastoril como huesos para adornar sus mochilas, morteros de madera, zajones o petacas de cuero etc. Aunque algunos pastores siguen ocupando sus ratos libres con esta artesanía, el transistor casi ha acabado con ella pero a supuesto una magnífica compañía y aún muchos de ellos guardan un recuerdo entrañable de un programa de Radio Andorra de canciones dedicadas con el que desde sus alturas comenzaron a conectarse con el resto del mundo.

Subiendo a la majada

De los dos centenares aproximados de majadas que poblaban las más recónditas gargantas de Gredos, hoy apenas quedan algunas que se cuentan con los dedos de una mano. Cuando el que esto escribe iba a mostrar el primero de estos artículos a Alejandro Garro, nuestro guía en este viaje pastoril, este pastor de las alturas falleció, sirvan mis palabras como pequeño homenaje a él y a los que como él son los últimos testigos de una forma de vida que se acaba.

Acabaremos con un nuevo capítulo sobre la gastronomía de los pastores de Gredos

VIVIENDO COMO LOS CELTAS, LOS PASTORES DEL ALTO GREDOS (ii)

VIVIENDO COMO LOS CELTAS
Majada de braguillas en El Raso de Candeleda

Majada de braguillas en El Raso de Candeleda

Cuando vemos un grupo de chozos y queseras en una majada de Gredos lo primero que nos viene a la cabeza son las construcciones de los castros celtas reconstruidos en Galicia, como el de Santa Tecla. Más cerca, en El Raso de Candeleda podemos ver reconstruidas las viviendas de un poblado vettón que ayudan a comprender las formas algo más complejas de vivienda de un núcleo urbano relativamente poblado como el que allí se asienta.

Las chozas de los pastores de la sierra tienen una tipología muy característica. Son construcciones circulares que tienen un diámetro que oscila entre los dos y los cuatro metros.

Se construyen generalmente sobre pequeñas elevaciones del terreno o sobre aterrazamientos que intentan evitar las humedades que la alta pluviosidad de aquellas alturas puede ocasionar. Constan de un muro levantado a piedra seca o con barro, “la pared”, con una altura que no suele sobrepasar el metro veinte de altura. La pared no suele tener huecos, si acaso, algún pequeño ventanuco y la puerta de madera con la altura del propio muro de piedra.

Rachones de roble en una majada en ruinas

Rachones de roble en una majada en ruinas

Sobre la pared apoyan los rachones de roble que proceden de troncos que han sido cortados longitudinalmente desgajándoles, por lo que suelen tener una cara cóncava que guía mejor las aguas filtradas de la techumbre vegetal. Sobre esos rachones se colocan, no sin destreza, las escobas, cuando la construcción se encuentra a baja altura de la montaña como es el caso de las majadas, y con piornos cuando la construcción se sitúa en los puestos de verano que aprovechan los pastos de altura. Algunos de los rachones son palos acabados en horca que forman el armazón inicial de la techumbre. En la junta del techo vegetal con la piedra se colocan a veces cepellones de tierra con hierba que impide la entrada de humedad en la choza. El techo de escobas o piorno se remata en el vértice del cono que forma con una lancha de piedra o con un bien atado y compacto capirucho vegetal. El suelo suele ser de tierra apisonada, aunque a veces está enlanchado con granito. En uno de los lados del interior de la choza el muro acaba rematado por una bisera formada por un lanchón de piedra, ya que debajo está el lugar donde se hace el fuego o “tiznera” y es necesario evitar incendios. El humo sale entre el ramaje del techo lo que a veces hacía poco habitables estas chozas

Casa con techumbre vegetal y remate en la cumbrera de medios troncos vaciados de roble

Casa con techumbre vegetal y remate en la cumbrera de medios troncos vaciados de roble

Cuando el buen tiempo lo permitía se hacía la vida en el exterior, en una terracilla también circular o semicircular llamada “estanza”. Está hecha generalmente con un pequeño murete de medio metro de altura, con el suelo enlanchado y sin puerta de acceso para evitar así que pasen los animales. En uno de los laterales se sitúa la cocina de verano al aire libre y en el contrario suele hacerse un emparrado o “solombrajo” con una parra o simplemente con hojas de helecho. La estanza suele estar dotada de una mesa de piedra hecha con una lancha de buen tamaño y con asientos también de granito alrededor.

El mobiliario de la choza no puede ser más sencillo. Del techo cuelgan los “carabancheles”, unos palos con las ramas cortadas que se cuelga del techo para a su vez colgar de él los pertrechos y los alimentos y evitar así a los roedores. Incluso a veces se coloca una tapa de lata en la parte superior para evitar así que desde el techo puedan acceder a las viandas los ratones. En la tiznera se instala el “jurganero” con dos horcas para poder colgar de él el puchero. Los tajos para sentarse son tajos compuestos por un asiento de madera y tres palos clavados en él a modo de patas. A veces encontramos algún rudimentario “vasal” fabricado con cuatro tablas y alguna alacena hecha sobre un hueco del muro. Todavía he podido ver alguna cama de las que se utilizaban antiguamente hechas con un marco de palo sostenido por cuatro patas y con cuerdas que van de un lado a otro del armazón. Los jergones se rellenaban sencillamente de hojas o de helechos secos. La iluminación se llevaba a cabo con candiles de aceite aunque también se utilizaban las lámparas de carburo los faroles de aceite o como recuerdan los más antiguos, con teas de pino.

Chozo en una majada de La Villa de Mombeltrán

Además de las chozas para los pastores había una serie de construcciones anejas frecuentes en casi todas las majadas. El “burrero” era una edificación de parecidas características a la choza pero algo más precaria en su construcción y de planta más alargada, Servía para guardar aperos y en caso de mal tiempo meter al caballo y así protegerlo.

Otras construcciones eran las zahurdas, generalmente levantadas con palos colocados como el armazón de un chozo y sobre los que se acumulaba tierra quedando debajo un hueco donde vivían los cerdos, que ya hemos dicho constituían un complemento económico importante en la vida de estos pastores, pues no sólo criaban los necesarios para su propio consumo, sino que tenían siempre algunos de cría que luego vendían y que eran alimentados con el suero de los quesos. Los gallineros eran pequeños chocillos con techo vegetal o con lanchas de piedra. Los hornos para cocer el pan se hacían sobre un plinto de piedra sobre el que se hacía la bóveda del horno con adobes dejando una puerta hecha con tres pequeños sillares de granito. Estos hornos se solían cubrir con un pequeño tejadillo que sobrepasaba la construcción por encima de la boca del horno dejando así un portalito.

Horno de una majada de rehabilitada de Guisando

LOS PASTORES DEL ALTO GREDOS

PASTORES DEL ALTO GREDOS

Comenzamos una serie de cinco artículos publicados en el Diario de Ávila y La Tribuna de Talavera sobre la vida de los pastores del alto Gredos. En este primero entrevistamos al tío Pancho, uno de los últimos.

Zagal cuidando sus cabras en el alto Gredos

Zagal cuidando sus cabras en el alto Gredos

Son muchas las formas de vida rural cuyos protagonistas son los últimos testigos de una supervivencia al límite. Cuando nos dejen, ya nadie sabrá sacarle a la naturaleza sus frutos como ellos lo hacían y una pérdida cultural irreparable se habrá producido. No hace falta ir a perdidas zonas de la Amazonía o de África para conocer pueblos cuya riqueza etnográfica es una joya del patrimonio antropológico universal.

En las cumbres de la sierra de Gredos van desapareciendo los cabreros que, aprovechando los pastos de altura, sobrevivían con su ganado en un ambiente muchas veces hostil pero que, a pesar de todas las penurias, les hacía disfrutar de una gran libertad si los comparamos con sus paisanos del llano.

Macizo central de Gredos con el Almanzor al fondo

Macizo central de Gredos con el Almanzor al fondo

Para conocer a uno de estos pastores tuve el placer de entrevistar antes de su fallecimiento a Alejandro Garro Garro un candeledano conocido cariñosamente por sus vecinos como “tío Pancho” que nos llevará de la mano por la vida y las costumbres de los hombres de las risqueras y los piornales.

Nació en Candeleda en 1913 y nos refiere con orgullo que a los once años era ya un zagal con ochenta chivas bajo su custodia. Cuando, como dice Alejandro, llegó la revolución en 1936 no quiso apuntarse a aquellos proyectos utópicos de la gente de cumbres abajo que tan lejos y extraños le sonaban, al fin y al cabo él ya vivía en su Arcadia serrana. Pero cuando fue quinto, no le quedó más remedio que servir en el ejército de los sublevados de Franco. Lo destinaron a Ávila donde ese curioso y aleatorio sistema militar de otorgar destinos le hizo tomar la jeringuilla para ser practicante. Para cualquier hombre del campo español el servicio militar es un periodo vital que queda grabado en su memoria por haber sido, generalmente, la única ocasión en que los campesinos han salido del pueblo y han conocido otras tierras y otras formas de vida. Por eso nos relata con todo lujo de detalles sus diferentes destinos en la comandancia militar, en un almacén de ropa y alimentación, donde las marciales penurias eran más livianas y donde comenzó a aprender a escribir por sí mismo, simplemente observando aquellos extraños signos y preguntando a otros su significado, con esa intuitiva forma de valerse de tantas gentes rurales que seguramente en otras circunstancias habrían destacado en una sociedad que les hubiera dado la oportunidad. Por contraposición a este buen destino con manduca asegurada nuestro hombre se las tuvo que ver como camillero en el frente de Córdoba donde dice con su gracejo serrano que a él y a sus compañeros “nos tupieron de huevos” para definir el fragor de la batalla. Recuerda también como en las minas de Almadén “me pudieron matar” en una disputa entre legionarios y guardias civiles.

Rebaño de cabras veratas pastando en gredos

Rebaño de cabras veratas pastando en Gredos

Pero “un día empezó a sonar radio Franco, radio Franco y se acabó la guerra”. Volvió a su tierra y al morir su padre se tuvo que poner a servir por “catorce duros y catorce chivas al año” en una dehesa, pero en las tierras llanas asegura que le dolía la cabeza y aquellas aguas cárdenas que bebía en la calabaza de pastor no le sentaban tan bien como las aguas serranas y este fue el motivo que Alejandro da para justificar su vuelta a las soledades de las cumbres de Gredos. Sirvió después con un patrón de mote “Pielero” por cincuenta pesetas y doce chivos. Las cifras se mezclan en la cabeza de nuestro protagonista  y no llegamos de verdad a saber cual fue el acuerdo, las condiciones que ajustaba con uno u otro patrón.

El viejo pastor me sigue hablando de las condiciones en las que trabajaba con “su señor y su señora”, los que yo durante la conversación supongo que son sus patrones, pero tercia su hijo Ángel en la charla para indicarme que en la zona se llama “mi señor y mi señora” a los suegros, curiosa costumbre con tintes medievales.

Es así como se establece por su cuenta con ciento cincuenta cabras viviendo de majada en majada, de puesto en puesto por estas  sierras hasta que se bajó con su mujer a la finca que su padre compró por cien duros en el paraje del Alcornocal, cerca de Madrigal de la Vera, en terrenos menos ásperos e inseguros y donde a la sombra de uno de esos naranjos que dan aire levantino a  las laderas del sur de Gredos estamos conversando.

Vista parcial de la Majada de Braguillas

Ya hemos conocido al personaje que nos enseñará en semanas próximas la forma de vida de estas gentes solitarias que cuando bajaban a algunos de los pueblos de la Vera o del Valle del Tiétar eran despreciados, “tratándonos como salvajes o bobos” como me dice su otro hijo, Albino. Aunque lo que se podía deducir era más bien que en las gentes del llano lo que asomaba era la envidia de estos hombres que no tenían patrón que los maltratara, que vivían con absoluta independencia en sus chozas y que, eso sí, cuando iban al pueblo pagaban al contado y había quien se les arrimaba olvidando su desprecio para que se pagaran una ronda en la taberna. Eran hombres libres y eso, había a quien no le gustaba.

Pero comencemos ya a conocer la vida de estos hombres que durante el invierno vivían en las majadas, “las mahás”, dicho en el castellano extremeño de las laderas del sur de Gredos, y que en verano subían a los “puestos” de las alturas para aprovechar los pastos más frescos y viviendo en construcciones  más precarias.

EL GUERRILLERO DE LA JARA

EL GUERRILLERO DE LA JARA

1946

Guerrilleros antifranquistas durante una acción Guerrilleros antifranquistas durante una acción

Los guardias civiles arrastran pesadamente sus capotes entre el monte bajo. Van despacio, los fríos bajan la savia de la jara y sus tallos se hacen quebradizos. Cualquier mal paso puede ser escuchado por los maquis y echar a perder toda la operación. Más de doscientos hombres entre guardias y falangistas se despliegan en silencio por las barreras del cerro de Ballesteros, cerca de Navalvillar de Ibor. Un grito del comandante hace que dé comienzo el ataque sorpresa contra la partida de “Quincoces”. El campamento debía ser sorprendido pero el grupo de “Jabato” da la voz de alarma y comienza el enfrentamiento con los guardias que les desbordan en número. Muere el mismo “Jabato”, el “Jopo” y “Sergio”. La desbandada es general y cinco guerrilleros más son detenidos.

Entre los brezos, el “Mejicano” se aplasta en el suelo junto a “Daniela” mujer del “Madroño” que ha sido hecho preso. Los dos observan aterrados cómo un guardia va recogiendo las municiones y la máquina de escribir que han dejado los guerrilleros en la huida se acerca a un canasto de esparto y se agacha al oír el llanto de un niño de pecho. Toma al niño y avisa al cabo que le ordena que se lo lleve. El “Mejicano” tiene que sujetar a la mujer que intenta saltar sobre el guardia para recuperar a su hijo, pero sabe que si lo hace es casi seguro que acabará acribillada a balazos y mordiéndose los puños  se traga las lágrimas contra el barro.

Los supervivientes corren como animales perseguidos por una reala y cruzan el Gualija resbalando con los cantos del río y calándose hasta los huesos un frío treinta de Diciembre. Las cuevas de la sierra o los doblaos de las labranzas y los molinos serán el escondite donde se oculten como alimañas maldurmiendo su pavor. Pronto será fácil encontrar una justificación ante ellos mismos que les lleve a abandonar la lucha armada y, resbalando por la cuesta del miedo, del acoso y de las palizas a sus familiares, es posible que pronto lleguen incluso a la delación. Otros, más fuertes o más convencidos, continuarán en la sierra. Entre ellos, el jefe de la catorce división, Jesús Gómez Recio, el tratante de “Aldeanovita” conocido como “Quincoces”, la leyenda guerillera de la Sierra de Altamira.

Jesús Gómez Recio, "Quincoces" el maqui de Aldeanovita en una fotografía durante el servicio militar Jesús Gómez Recio, “Quincoces” el maqui de Aldeanovita en una fotografía durante el servicio militar

Escondido entre las risqueras de la cumbre Jesús puede contemplar las llanuras pardas de su tierra, La Jara se extiende a sus pies y enfrente asoma la sierra de La Estrella como un volcán. Mientras esperan la hora de encontrarse con el “Manco”, su enlace de Valdelacasa, “Quincoces” piensa en lo precario de su situación. Desde lo de cerro Ballesteros todo ha ido de mal en peor. En Sevilleja han desertado “Cartón” y “Pepillo”, en los enfrentamientos de Los Alares y Piedraescrita han muerto “Salamanca”, “Acero” y “Compadre” y, después, todo ha sido un goteo de muertes y deserciones en cadena. Jesús es un hombre serio pero ya es también un hombre triste. Están lejos los tiempos en que tenían en jaque a los guardias e incluso se reunían en Talavera con los compañeros de Gredos y los de “Chaquetalarga” para coordinar ofensivas finales que nunca llegaron. Recuerda cuando tomaron el pueblo de Higuera de Albalat y, aunque temerosa, la población cantó con ellos la Internacional mientras él les arengaba desde el balcón del ayuntamiento. Todavía entonces pensaban que los ingleses y los franceses harían caer la dictadura de Franco. Jesús es guerrillero, ir rateando por las labranzas y majadas para comer o haciendo secuestros para sobrevivir no es la idea que “Quincoces” tiene de la lucha revolucionaria y, aunque ha habido algunos golpes afortunados como el de la central eléctrica de Belvis de Monroy, su lucha es ya sólo una pelea por la supervivencia. Lo mejor será huir a Portugal o a Francia, pero antes van a contactar con el “Manco” en la Gargantilla Ciega de Valdelacasa, es necesario conseguir munición y documentación.

A su lado fuma un cigarro “Lenín”, hermano del “Manco” mientras esperan a que anochezca. Jesús observa un grupo de buitres sobrevolando el valle del Gualija y recuerda sus días felices en Aldeanueva, con sus cinco hijos y una inquietud por mejorar la miserable vida de sus paisanos que le comía las tripas. Hasta llegó a ser alcalde por más que su mujer Isabel, conociendo su genio, quisiera alejarle de la política. Por eso consiguió que se trasladaran al Pantano de Cijara para comenzar una nueva vida que rompió el alzamiento fascista. El miedo a los culatazos nocturnos en la puerta y a las palizas hacen que Jesús se escape de la cárcel de su pueblo y nazca el mito de “Quincoces”.

Guerrilleros de la zona centro detenidos Guerrilleros de la zona centro detenidos

Abajo humean las casas de la labranza de Marcos y entre la penumbra se van perdiendo de vista los muros de un viejo castillo donde, como Jesús, unos hombres se defendían de otros hombres por estas sierras en las que, desde siempre, se echaron al monte gentes perseguidas.

Ha llegado la hora, los dos hombres van descendiendo hacia las casillas del valle donde, por las señales convenidas que ha dejado el “Manco”, saben que no hay peligro de emboscada. Pero no saben que el de Valdelacasa ha sido detenido hace unos días y con los expeditivos métodos de cuartelillo ha revelado el lugar donde ha de encontrarse con su hermano y su jefe. Él mismo sale a recibirlos por el camino y el grupo desciende sierra abajo. Los dos hermanos se adelantan charlando y “Quincoces” queda algo retrasado cuando se escucha el primer tiro que viene de entre las jaras. El fuego cruzado de los guardias civiles acaba con la vida de los tres hombres.

En Gargantilla Ciega todavía puede verse un montón de piedras, el majano que señala el lugar donde cayó Jesús Gómez Recio, el guerrillero de La Jara.

LOS CAMINOS USURPADOS

LOS CAMINOS USURPADOS

La Cañada Leonesa Oriental a su paso por Aldeanovita La Cañada Leonesa Oriental a su paso por Aldeanovita

Todavía a principios de los años 80 se podía transitar por la mayoría de los caminos públicos sin que candados y porteras cerradas a cal y canto impidieran el paso a los que querían disfrutar de la naturaleza.

Poco a poco la situación se ha ido deteriorando hasta el punto de que son centenares los caminos que desde hace siglos servían para unir pueblos y parajes recónditos y ahora han sido usurpados por propietarios que hacen de su capa un sayo sin que haya nadie que recupere lo que es propiedad de todos. Utilizan para ello métodos tan mezquinos como meter el arado al camino antiguo haciéndolo intransitable, y trazar otro paralelo pero ya dentro de su finca para así impedir el paso, poner carteles falsos de “finca privada, prohibido el paso”, encharcarlos, y otros arteros procedimientos.

Camino empedrado cerca de Belvís de la Jara

La principal causa de este problema es sin duda la caza, todas esas fincas que los nuevos ricos del ladrillo, entre otros, adquirieron con su dinero fresco, y algo pestilente en muchos casos, para dar tono a su ascenso en la categoría social, y así la caza, como el golf, se convirtieron en signo de riqueza y status. Esas propiedades fueron rápidamente cercadas con altos vallados muchas veces ilegales y en su interior se criaron venados como si fueran borregos para cazarlos como en caseta de feria o vendérselos a los italianos como si fueran salvajes criaturas, cuando en realidad estaban casi estabulados y comiendo pienso. Además, se hicieron tremendos casoplones que enseñar a socios y amistades en una perpetua y berlanguiana escopeta nacional. Y para mantener sus mansos venados sin que los furtivos pudieran cazarlos a cantazos cerraron los caminos públicos con la arrogancia que les daba su influencia de señorito sobre el alcalde de turno que, salvo honrosas excepciones, no se atrevía a denunciar la usurpación y molestar con ello al influyente propietario. La Guardia Civil, que antiguamente vigilaba realmente el patrimonio caminero, ahora solamente suele tomar medidas si hay una denuncia previa.

Puente, camino y lavadero en La Estrella Puente, camino y lavadero en La Estrella

Así, poco a poco se va expoliando nuestro patrimonio viario, que además es un recurso de primer orden para el turismo rural. Y tanto es así, que cualquier persona que deambule por el campo sin otra intención que disfrutar de la naturaleza es considerada como sospechosa que se va a llevar los conejos en el bolsillo. Realmente han conseguido con todo esto poner puertas al campo, aunque hay comunidades autónomas, como Extremadura, donde aquella persona que cierra un camino es quien tiene que probar que es privado, mientras que en otras regiones como la nuestra, primero se cierran y luego vete tú a un proceso judicial y tengas pleitos y los ganes.

Un camino empedrado con granito cerca de Segurilla

Es necesario que los ayuntamientos hagan un inventario exhaustivo de los caminos y que luego se amojonen. Es el instrumento necesario para que no se produzcan las expropiaciones forzosas que se vienen haciendo de facto y que, además de vulnerar la legalidad por apropiarse de lo ajeno, vulneran derechos fundamentales cuando los guardas de las fincas te salen al paso como si fueras un delincuente, interrogándote e incluso tomándose atribuciones policiales,  pidiéndote la documentación e intentando a veces hasta registrar tu vehículo, todo ello adobado con malos modos de mastín enfurecido.

Las vías pecuarias principales sí que se van amojonando por la administración, aunque no obligan a retranquearse al que se ha venido fuera de la linde apropiándose de parte de la cañada, pero es una buena iniciativa que debe continuar, como también debe cambiar la normativa y se debe dar al SEPRONA y a la guardería medioambiental atribuciones más ejecutivas sobre nuestros caminos para así impedir este expolio permanente.

Una venta trashumante, El Venturro, junto a la cañada leonesa occidental

ENTRE EL TIÉTAR Y EL GUADYERBAS

RUTA ENTRE EL TIÉTAR Y EL GUADYERBASrutatiétarguadyerbas
Un kilómetro antes de llegar a Parrillas, atraviesa la carretera la cañada que, desde el Puerto del Pico, discurre hacia Extremadura por las llanuras de la Campana de Oropesa. Tomamos esa cañada en dirección suroeste llegando hasta las orillas del Embalse del Guadyerbas, donde el aficionado a la pesca puede intentar capturar alguna carpa, barbos, bogas y black-bass, aunque las desafortunadas repoblaciones con peces gato y percasoles han degradado la práctica de este deporte en casi todos los embalses.

Riberas del Tiétar

El siguiente tramo del trayecto continúa por la misma orilla del pantano que, si el nivel de  las aguas no es muy elevado, es practicable. En el caso contrario después de disfrutar del embalse y sus magníficas vistas sobre Gredos y las dehesas del entorno volveremos a la carretera y continuaremos por ella el recorrido hacia el oeste.

Arquitectura popular de Parrillas

Nos encontramos ya en el muro de la presa y desde allí seguimos la carretera como un kilómetro más hasta que volvemos a encontrar el río a la derecha .En este paraje se encontraba uno de los núcleos de población que dieron origen a Navalcán y del cual hoy apenas quedan restos, con algunos muros escasamente visibles y, si os fijáis bien, una calleja entre pequeños fresnos que conduce a un grueso muro de argamasa, único testigo de lo que fue la iglesia del pueblecito de Guadyerbas las Bajas.

Molino en el Guadyerbas

Este paraje es adecuado para detenerse a reponer fuerzas y dar un paseo observando primero un tejar sobre una pequeña elevación donde todavía se percibe el horno, la era donde se extendían los ladrillos antes de cocerlos y la pila donde se amasaba el barro. Al otro lado del río se encuentra un molino en un paraje de fresnos y praderas muy ameno, y siguiendo su canal aguas arriba llegamos a un antiguo puente medieval cuyo arco, muy aplanado, parece ir a derrumbarse de un momento a otro. El lugar es adecuado para la pesca del black-bass y también abundan los cangrejos americanos.

Puente "romano" de navalcán sobre el Guadyerbas Puente “romano” de navalcán sobre el Guadyerbas

Volvemos a Navalcán y tomamos la pista que frente a la piscina conduce a la captación de aguas en el Tiétar. Se distingue por ir casi paralela a una pequeña línea eléctrica. Un kilómetro antes de llegar al río hay una desviación a la derecha que nos conduce hasta el molino de Peña ,es un paraje muy agradable ,donde se puede pernoctar si vamos a pie y queremos doblar la jornada, pues el molino es abovedado y dentro hay arena.

El río corre limpio hasta Junio cuando desgraciadamente, las captaciones de agua de las urbanizaciones y pueblos de Gredos y la escasa depuración de las aguas residuales que generan, lo deterioran hasta el punto de no ser recomendable para el baño. Pero las primaveras del Tiétar son de singular belleza y también nos permiten practicar la pesca, sobre todo de barbos y bogas.

Arquitectura popular de Parrillas

Desandamos el camino hasta Navalcán ,aquí podemos reponer fuerzas en los dos o tres restaurantes ,carillas y cochinillo o chanfaina, por ejemplo, y dar una vuelta por el pueblo visitando un pequeño puente medieval restaurado por la escuela taller, algunos elementos de arquitectura popular, un monumento a los conquistadores que desde estas tierras fueron a las Américas y otro a los emigrantes. Los amantes de la artesanía pueden adquirir en Navalcán labores de mantelería que, aunque menos conocidas que las de Lagartera, en nada tienen que envidiarlas.

También podemos visitar un pequeño museo etnográfico donde además se exhiben las fotos donadas por Arthur Miller,  escritor y premio Nobel cuya esposa, después de Marylin Monroe, fue Inge Morth que hizo las instantáneas en los años 50 durante una boda local.

Una de las fotos de una boda en Navalcán de Inge Morth que se exhiben en el museo. Una de las fotos de una boda en Navalcán de Inge Morth que se exhiben en el museo.

Seguimos después nuestro camino hasta Parrillas, pueblo con mucho sabor que todavía conserva rincones con pintoresca arquitectura tradicional. También aquí ha restaurado la escuela taller un potro de herrar, la placita del pilón y se han erigido un rollo en memoria del 350 aniversario del privilegio de villazgo de este pequeño pueblo al que desde aquí felicitamos por conservar su patrimonio etnológico. Otro ejemplo de su buen hacer es la reconstrucción de la Ermita de la Fuente Santa que podemos visitar, camino ya de Talavera y donde se celebra en mayo una concurrida romería.

Las labores de Navalcán

Se pueden adquirir en Navalcán a buen precio típicas labores tradicionales. Los eruditos dicen que son absolutamente autóctonas y remontan sus motivos al siglo III d.C. Parece que sus esvásticas, rombos y meandros son de origen copto y de una gran influencia oriental. Son bordados de los denominados “de tejidillo” y tradicionalmente se hacían sobre lino con hilo de lana ,especulándose con la influencia sobre bordados incas que habrían llevado los navalqueños que pasaron a América en la conquista.

HISTORIA DE LA ALCAZABA

Dibujo de Enrique Reaño sobre una foto antigua que muestra los arruinados muros de la alcazaba Dibujo de Enrique Reaño sobre una foto antigua que muestra los arruinados muros de la alcazaba

HISTORIA DE LA ALCAZABA (el Huerto de San Agustín)

Comenzaremos la descripción de las antiguas murallas talaveranas por el extremo suroriental, donde se encontraba la antigua alcazaba musulmana descrita así por el historiador musulmán Al-Razi «Talavera fiziéronla los antiguos sobre el río de Tejo, en el partimiento de los moros e de los Christianos. E el muro de Talavera es muy fuerte e mucho alto e de muchas altas torres. E quando andava la era de los moros de trezientos e veynte e çinco años, e mandó Mira bomelym, fijo de Mafomad que fiziesen en Talavera un departimiento entre los de la villa e los de fuera, e que fiziese ay un alçar en que morasen los almoxarifes». Vemos así como es Abderramán III quien  ordena construir un alcázar en el año 936 para que residieran en él los gobernadores militares de la ciudad.

Fragmento del dibujo de Talavera de Van der Wingaerde que muestra el alcázar en el siglo XVI Fragmento del dibujo de Talavera de Van der Wingaerde que muestra el alcázar en el siglo XVI

Esta alcazaba ocupaba el antiguo huerto de San Agustín. En recientes excavaciones arqueológicas se descubrieron los muros que dibujan el trazado de la planta del antiguo edificio. Según Francisco de Soto,  Almanzor descansó en él cuando regresaba de sus campañas por Galicia.

Arcos mudéjares del ábside de la capilla del Alcázar de Talavera

Alfonso VI conquista Talavera en 1083 y nombra gobernador de su alcázar a Sancho del Carpio, ejecutado posteriormente por no haber sabido defender de los musulmanes el paso del río Tajo. Alfonso VII gustaba de pasar largas temporadas en el alcázar talaverano y hace algunas obras de acondicionamiento en el mismo. Alfonso VIII mejora las fortificaciones y reforma también este Alcázar Real. En 1351 muere degollada en este edificio doña Leonor de Guzmán, madre de Enrique II.

Placa fundacional de la construcción por Abderramán III de la alcazaba y las murallas reforzadas. Actualmente en el Museo Arqueológico Nacional Placa fundacional de la construcción por Abderramán III de la alcazaba y las murallas reforzadas. Actualmente en el Museo Arqueológico Nacional

El alcázar es palacio arzobispal a partir de 1371, cuando Talavera pasa a depender del señorío de la mitra de Toledo. Durante el reinado de Enrique III vuelve por un corto periodo de tiempo a estar bajo la custodia real.

Antigua postal con las murallas de la alcazaba árabe de Talavera

Durante la Guerra de las Comunidades acomete el ayuntamiento talaverano ciertas reparaciones y restablece la vigilancia del castillo para la cual eran precisos seis hombres. Su conservación debía ser precaria ya en el siglo XVI pues el arzobispo Jiménez de Cisneros inicia unas labores de acondicionamiento del alcázar al que ya se hace referencia como derruido.

Fotografía aérea 1934, vista parcial con la Alcazaba

SANTORAL DEL BARRO: Santa Apolonia

Ermita de la Virgen de Gracia de Velada. Retablo lateral. Siglo XVII. Policromía con predominio de naranjas, amarillos y azules. Las figuras son esbeltas y el dibujo aunque muy rectilíneo, es seguro y de calidad, por lo que algunos han querido identificar a su autor con algún pintor del taller de El Greco. El retablo enmarca las figuras entre columnas, mármoles simulados y cenefas de hojas de acanto y cadeneta. La santa sostiene la palma del martirio y una muela con las tenazas.

Ermita de la Virgen de Gracia de Velada. Retablo lateral. Siglo XVII. Policromía con predominio de naranjas, amarillos y azules. Las figuras son esbeltas y el dibujo aunque muy rectilíneo, es seguro y de calidad, por lo que algunos han querido identificar a su autor con algún pintor del taller de El Greco. El retablo enmarca las figuras entre columnas, mármoles simulados y cenefas de hojas de acanto y cadeneta. La santa sostiene la palma del martirio y una muela con las tenazas.

SANTA APOLONIA

Apolonia vivió en el siglo III en Alejandría. Durante el año 249, siendo una anciana diaconisa, sufrió martirio en las persecuciones que desencadenó contra los cristianos el emperador Filippo el Árabe. En aquel tiempo, un astrólogo pagano azuzaba al pueblo contra los cristianos, asegurando que la ciudad sería destruida porque blasfemaban contra sus dioses.

Masas enardecidas saquearon los barrios de la ciudad donde vivían los discípulos de Cristo ejecutando y martirizando a sus moradores. Santa Apolonia, fue golpeada con mazas y después de ser lapidada, la sentaron sobre una piedra, la abrieron la boca introduciéndola un trozo de hierro y con unas tenazas le fueron arrancando los dientes uno a uno destrozándola las mandíbulas. Algunos de sus torturadores habían encendido una pira y el cabecilla se mofaba preguntándola: ¿Dónde está tu Dios del amor que podría librarte de estos dolores? Si apostatas serás libre. Quisieron obligarla a pronunciar frases blasfemas bajo la amenaza de quemarla viva pero consiguió librarse de sus verdugos y ella misma se arrojó a las llamas. Acción que provocaría más tarde debates teológicos sobre si estaba o no justificado este “suicidio”.

La muela y las tenazas como atributo de la santa que simboliza su martirio

Se la representa casi siempre como una bella joven, aunque en la época de su martirio era ya una anciana. Aparece generalmente con vestido rojo y manto verde o pardo. Casi siempre lleva la corona real o de flores por haber sido virgen. La palma es símbolo del martirio y su atributo más frecuente son las tenazas sujetando una muela, o los dientes en una bandeja.La devoción en Talavera a Santa Apolonia queda patente no sólo por la alusión de su ilustre alcalde Fernando de Rojas en la Celestina, sino por la romería que se hace en el día de su festividad hasta la ermita dedicada a ella en El Berrocal.